CAPÍTULO 13
Un relámpago estalló a lo lejos, dejando ver la panza de unas nubes bajas de color morado y negro. Volvería a llover antes de que amaneciera.
Naruto conducía de forma automática, limpiando su mente de todo pensamiento. No podía permitirse pensar en Nōnō Yakushi, pues la esperanza podría llevarle a ver similitudes que no existían. Tampoco podía pensar en Hinata, o de lo contrario se rompería totalmente su concentración. Procuró no esperarse nada de la escena que estaba a punto de ver, procuró no recordar cómo la había descrito Hinata. Una vez más, no quería formarse prejuicios, tenía que verlo todo claramente.
Todavía era lo bastante temprano para que el tráfico fuera denso. Ansioso por llegar a la salida, se situó demasiado pegado a un enorme camión remolque. Entonces, uno de los neumáticos recauchutados del vehículo escogió ese momento para soltarse, y lanzó hacia arriba una pieza de gran tamaño que fue a chocar contra el morro de su coche. Maldiciendo, Naruto retrocedió hasta una distancia más segura, pero la distracción le fue útil, pues sirvió para que su mente se apartara de todo lo que estaba intentando apartar.
Tardó algo más de diez minutos en llegar al número 3311 de la avenida del Ciprés. La calle estaba invadida por el surtido habitual de vehículos oficiales y de curiosos. Naruto salió del coche y se puso a escudriñar a la gente con agudo interés, buscando alguien que le resultaba familiar. Si un mismo tipo había matado a las dos mujeres, era probable que se encontrara también en la escena de Nōnō Yakushi.
Nada; ninguno de aquellos curiosos le trajo a la mente nada conocido.
La avenida del Ciprés estaba en un barrio ligeramente de más categoría que el vecindario de los Yakushi. Las casas no eran más grandes, pero tenían unos diez años menos Había un pequeño cobertizo adosado que hacía de garage, y allí era donde estaban apiñados el mayor número de hombres de uniforme, aunque había un patrullero montando guardia juntó a la puerta principal, y esperaba que hubiera otro en la parte de atrás.
Sakura y su compañero, Utakata, eran los detectives que estaban de servicio ese fin de semana, y ya se encontraban allí. Sakura se desgajó del grupo nada más ver a Naruto.
-Qué hay, muñeco -le dijo, al tiempo que le ponía una mano en el brazo para detenerle- No hay prisa. Vamos a charlar un momento.
Si se hubiese tratado de otra persona, Naruto se la habría quitado de encíma. Pero era Sakura, y aquélla escena del crimen era suya. No le habría llevado aparte sin una buena razón. La miró y alzó una ceja en gesto interrogante.
-Dicen que pediste que te informaran de cualquier parte de asesinato con arma blanca de una mujer-dijo Sakura.
Naruto asintió brevemente, con la esperanza de que la detective no estuviera irritada por el hecho de que él anduviera husmeando en uno de sus casos.
Ella le palmeó el brazo, tranquilizándole.
-Me imaginé que no lo habrías hecho sin tener una buena razón, así que te he guardado la escena del crimen hasta que llegaras Lo consideraremos un regalo de cumpleaños.
-¿Que has guardado la escena? -repitió Naruto, aturdido-. ¿Quieres decir que aún no ha entrado nadie?
-Exacto. El patrullero que encontró el cadáver se merece una medalla Retrocedió nada más verla, no tocó nada excepto el tirador de la puerta, y protegió toda la zona. Probablemente sea la escena más virgen que te encontrarás en tu vida. Kabuto está de camino
-Le esperaremos -decidió Naruto--. Gracias, Sakura. ¿Cómo es que un patrullero encontró el cadáver?
Ella repasó sus notas.
-El nombre de la víctima es Mei Terumi, divorciada, sin hijos. Su ex marido vive en Minnesota. Trabajaba de secretaria en uno de los despachos de abogados más grandes, era muy buena en su trabajo. Había hecho planes para salir a cenar con una amiga, otra de las secretarias del bufete. Al no presentarse, la amiga intentó llamar, pero no hubo respuesta. Evidentemente, Mei Terumi solía ser muy puntual, y últimamente había tenido problemas médicos, así que la amiga se preocupó. Vino hasta aquí para ver qué había pasado. El coche de la víctima estaba en el garaje, había una luz encendida y se oía la televisión funcionar, pero no contestaba nadie a la puerta. Entonces fue a la casa de un vecino y llamó a1911. Los agentes de patrulla Omoi y Umino se encontraban cerca y llegaron aquí antes que el equipo de urgencias. Llamaron a la puerta y no contestó nadie. El agente Umino forzó la cerradura de la puerta principal, vio a la víctima inmediatamente y volvió a salir. - Sakura cerró el cuaderno-. La amiga se llama Tezuma. Está sentada en el garaje. Alcanzó a ver brevemente el cadáver y se encuentra bastante alterada.
Otro automóvil se añadió a la congestión. Naruto le dirigió una mirada e identificó a Sai. Sakura hizo lo mismo, y volvió a mirar a Naruto con expresión irónica.
-Bueno, ¿vais a decirme lo que ocurre?
-Queremos buscar similitudes con el caso Yakushi -dijo Naruto en voz baja-. Creemos que podría ser el mismo asesino.
Sakura abrió los ojos como platos, y su pecoso rostro adquirió una expresión de horror cuando comprendió las implicaciones.
-Oh, mierda -jadeó-. Incluso es el mismo día de la semana.
-No creas que no me he percatado de ello.
Acababa de ver los titulares de los periódicos que mencionaban al «Matarife del Sábado».
Se preguntó qué apodo sensacionalista emplearía la prensa si se estableciera la hora de la muerte antes de medianoche, con lo cual se trataría de un asesinato cometido en viernes. ¿El Follador del Viernes?
Sai se reunió con ellos, resplandeciente con sus pantalones de lino de color marfil y una camisa de seda azul cielo. Llevaba el pelo perfectamente peinado, su exótico rostro recién afeitado, y no había una sola arruga a la vista. Naruto se preguntó cómo demonios lo haría.
Puso a Sai al corriente de lo ocurrido hasta el momento. Sakura preguntó:
-¿Queréis interrogar a la amiga?
Naruto negó con la cabeza.
-Este caso es tuyo. Lo único que queremos es ver la escena del crimen.
-Ya sabéis que no tenéis que esperar a Kabuto.
-Ya lo sé. Sólo me gustaría que se lo encontrara lo más limpia posible.
-Yo diría que nunca se va a encontrar una escena más limpia- Sakura palmeó a ambos al estilo maternal que le era característico y regresó con el grupo del garaje.
-Es una casa -dijo Sai innecesariamente-. No hay ningún ciprés, pero la dirección es avenida del Ciprés. Estábamos en la pista correcta. Va a resultar interesante ver si el televisor es uno de esos modelos de pantalla grande y está colocado sobre un pedestal.
Naruto se metió las manos en los bolsillos.
-¿Tenemos en realidad alguna duda?
-Yo no.
-Yo tampoco. Maldita sea.
-He llamado al teniente. Tiene que estar a punto de llegar.
Llegó Kabuto, en la furgoneta de escenas del crimen, y desdobló su larguirucho cuerpo de detrás del volante al tiempo que Naruto y Sai acudían a su encuentro.
Kabuto no estaba de buen humor. Los miró a ambos con cara de pocos amigos.
-No sé por qué he tenido que encargarme personalmente de este caso. Tengo a gente competente de servicio. ¿Por qué ha insistido Sakura en hacerme venir?
Obviamente, Sakura había percibido algo inusual en todo aquello, bendita fuera. Naruto se preguntó si su marido le rompería la nariz si él le diera un beso.
-Este caso es especial-le dijo a Kabuto mientras le ayudaba a descargar el equipo-. Para empezar, la escena está virgen. Tú eres la primera persona que va a pisarla.
Kabuto se paró en seco.
-Os estáis cachondeando de mí. -Los ojos empezaron a brillarle-. Eso no ocurre nunca.
-Esta vez, sí. No esperes encontrártelo otra vez en toda tu vida.
-¿Tengo aspecto de ser un optimista? Está bien, ¿cuál es la segunda cosa?
Sai estaba examinando fríamente a los curiosos que murmuraban.
-La segunda cosa es que creemos que esto ha sido obra del mismo tipo que mató a Nōnō Yakushi.
-Dios... - Kabuto suspiró y sacudió la cabeza en un movimiento negativo-. Dios, ojalá no me lo hubierais dicho. Nos ha caído una buena, pero supongo que ya lo sabéis.
-Hemos estado pensando en ello. ¿Es éste todo el material que traes?
-Sí. Muy bien, vamos a ver lo que tenemos.
Naruto llamó al agente Umino para que los acompañase. Un patrullero que había hecho tan buen trabajo merecía ser incluido. Umino era joven, no hacía mucho que había salido de la academia, y estaba pálido bajo su piel bronceada. Pero se mantuvo firme mientras relataba con todo detalle lo que había hecho, hasta les dijo la distancia aproximada de la puerta a la que se encontraba el cadáver.
-¿Se puede ver el cuerpo desde la calle al abrir la puerta? -preguntó Sakura. Ella y Utakata se les habían unido.
Umino negó con la cabeza.
-Hay un pequeño vestíbulo, con la sala de estar a la derecha. Cuando la vi, ya había dado un paso al interior.
-Está bien. Kabuto, es todo tuyo.
Kabuto abrió la puerta y entró. El resto le siguió, pero todos se detuvieron en el pequeño vestíbulo de la entrada y cerraron la puerta a su espalda. La televisión, sintonizada en un canal dedicado exclusivamente a películas, emitía en aquel momento una de Fred Astair y Ginger Rogers. El volumen estaba demasiado alto, como si Mei Terumi fuera un poco dura de oído. O era eso, o era que alguien había subido el volumen para ahogar los gritos. Kabuto apretó el botón de encendido y la pantalla se apagó, llenando la habitación de un bendito silencio.
Naruto y Sai, de pie en el vestíbulo, observaron: el televisor. Era un aparato de treinta y cinco pulgadas, muy moderno y estilizado, dispuesto sobre un pedestal.
Ninguno de los dos dijo nada.
Kabuto comenzó silenciosamente su ritual de recogida de pruebas.
Desde donde estaban ellos sólo era visible la mitad superior del cadáver. La víctima estaba desnuda, y su torso parecía haber sido destrozado por un animal salvaje La mancha de sangre rodeaba completamente el sofá y salpicaba las paredes y la alfombra, y Naruto recordó la extraña frase que había empleado Hinata, vueltas y más vueltas, a rededor del árbol. Pero no era un árbol, era el sofá.
¿Por qué había usado Hinata aquella frase? ¿Era algo que había dicho o pensado el asesino? ¿El muy hijo de puta se había divertido Viendo cómo Mei Terumi luchaba por su vida?
Se abrió la puerta tras ellos y entró el teniente Jiraiya Al mirar aquella carnicería se puso pálido.
-Oh, Dios
La primera escena había sido más horripilante, pero la habían contemplado como algo excepcional, sin conexión con otra cosa. Sin embargo, esta vez sabían a de qué iba. Esta vez estaban mirándola como la obra de un loco que iba a repetir aquello una y otra vez, asesinando a mujeres inocentes y destrozando las vidas de sus familias y amigos, hasta que ellos pudieran pararlo. y sabían que las circunstancias no obraban a su favor, los asesinos en serie eran famosos por ser difíciles de apresar
Pero esta vez, pensó Naruto con gravedad, tenían algo que el asesino no podía haber previsto. Tenían a Hinata.-
Utakata dijo,
- Naruto, tú y Sai echad una mirada Ya sabéis lo que andáis buscando.
-Ésa es la razón por la que deberíais hacerlo tú y Sakura -repuso Sai. Sus pensamientos habían sido los mismos que los de Naruto, como casi siempre-- Sólo infórmanos de lo que encontréis, y luego nosotros iremos a verlo.
Utakata asintió con un gesto. Sakura y él se apresuraron a empezar con su registro metódico de la casa Kabuto hizo venir al equipo de huellas dactilares, y se pusieron a esparcir polvo negro sobre toda superficie dura Pronto la casa estaba llena de gente, la mayor parte moviéndose por ahí, algunos de hecho trabajando. Por fin el cuerpo de Mei Terumi fue introducido en una bolsa y retirado del lugar Naruto oyó el clamor de las voces de los reporteros en la calle y vio los focos de televisión. No iban a poder mantener el asunto en secreto mucho más tiempo, pero pensó que no se podría sacar gran cosa de un segundo asesinato a cuchilladas ocurrido en el plazo de una semana
En cambio, si había un tercero, ningún reportero que se preciase lo consideraría una coincidencia. Aunque los casos no mostraran similitudes, habría suficiente interés para justificar un «segmento especial», fuera lo que fuera aquella palabreja.
Jiraiya se llevó aparte a Naruto y Sai.
-Si tiene la pinta de ser obra del mismo tipo. ..
-Lo es -dijo Naruto.
-Todo es tal como lo describió Hinata -añadió Sai-. Hasta la clase de televisor.
-¿Existe algún modo de que ella lo supiera antes que nadie? Ya sé, ya sé -dijo Jiraiya, alzando las manos-. Fui yo el que pensó en un principio que ella podría ayudarnos, y vosotros fuisteis los que pensasteis que sobraba, pero se trata de una pregunta que hay que responder.
-No -dijo Naruto-. Dejamos claro que no había forma de que ella hubiera estado en la escena del primer asesinato, y anoche yo estuve con ella. Me llamó cuando comenzó la visión, y fui directo a su casa.
-De acuerdo. Quiero ver a todo el mundo en mi despacho mañana por la mañana a las diez. Estudiaremos lo que tenemos, veremos lo nuevo que haya encontrado Kabuto, formaremos un grupo especial de operaciones. Informaré al jefe, y que él decida cuándo y cuánto decirle al ayuntamiento.
-Espero que sepa contenerse -dijo Naruto-. La información escapa del ayuntamiento igual que de un colador.
Jiraiya parecía disgustado.
-Esto no es algo que él pueda guardarse para sí. Le costaría el empleo que los medios se enteren de la historia sin haber informado a los jefazos.
-Entonces pídale que nos conceda un par de días por la menos. Los dos asesinatos se han cometido en una noche de viernes o a primeras horas del sábado, de modo que si sigue esa pauta, el asesino no volverá a actuar hasta dentro de casi otra semana. Cuanto más tiempo podamos trabajar sin que él sepa que le andamos buscando, más posibilidades tenemos de cogerle.
-Hablaré con él -fue todo lo que Jiraiya estuvo dispuesto a prometer. En realidad, Naruto no había esperado más.
Utakata y Sakura se reunieron con ellos.
-El arma del crimen fue un cuchillo de cocina, probablemente propiedad de la víctima - informó Utakata-. Es igual que otros que hay en la cocina. El tipo entró por la ventana del dormitorio de invitados cortando la persiana.
-Anoche llovió --dijo Naruto--. ¿Habéis encontrado alguna huella bajo la ventana?
Sakura negó con la cabeza.
-Nada. Tuvo mucho cuidado.
-O bien entró antes de que empezara a llover y aguardó en el dormitorio -sugirió Sai.
Aquella idea hizo que Sakura palideciera.
-Oh, Dios, eso me da escalofríos, pensar que estuvo dentro de la casa durante horas, sin que ella lo supiera.
-¿Y qué pasó después? -preguntó el agente Umino. Se sonrojó un poco cuando todos se volvieron hacia él-. Quiero decir que debía de estar lloviendo cuando se marchó. ¿No sería probable que hubiera dejado huellas entonces?
-Sólo si salió por el mismo sitio por el que entró -dijo Naruto-. Y no había razón alguna para que lo hiciera. Lo único que tuvo que hacer fue salir por la puerta. Eso llamaría mucho la atención en caso de que lo viera alguien, lo cual dudo. La acera y la rampa de enttrada son de hormigón; no hay huellas.
-Es evidente que la víctima llevaba puesto un pijama en el momento de la agresión - continuó Sakura, mirando sus notas-. Hemos encontrado uno con manchas de sangre en la cesta de la ropa sucia. Estamos analizando el grupo sanguíneo para cerciorarnos de que pertenece a la víctima.
-¿Y qué hay de la posibilidad de un marido o un novio?- preguntó Jiraiya.
-Nada. Según su amiga, hay un ex marido que vive en Minesota, pero llevan veinte años divorciados, y hace casi ese tiempo que Mei Terumi no tiene contacto con él. Tampoco tenía novio actualmente. Bien muchachos, decidme: ¿os parece que tiene pinta de que el mismo tipo mató a las dos mujeres?
-Me temo que sí -contestó Naruto-. ¿La víctima frecuentaba bares, gimnasios, algún sitio en el que estuviera en contacto con muchos hombres?
-No lo sé. No hemos llegado a tanto en el interrogatorio a la amiga. ¿Por qué no habláis vosotros con ella mientras terminamos aquí? De cualquier modo, todos vamos a poner en común nuestras notas -sugirió Utakata. Por el tono que empleó, con mucho gusto habría dejado toda la investigación en manos de Naruto y Sai.
Una tapia baja de bloques de cemento, dispuestos en dos filas, circundaba el cobertizo garaje por su lado abierto. Tezuma estaba sentada en la tapia, acurrucada sobre sí misma, con la mirada vacía y fija en la multitud de policías que pululaban a su alrededor. Era una rubia alta y esbelta, con el pelo muy corto a lo chico, y llevaba unos largos pendientes que le llegaban casi a los hombros. A pesar de los pendientes, no iba vestida como para una fiesta; llevaba sandalias, unos pantalones amarillos ajustados y una larga túnica blanca con un loro chillón amarillo y morado. Naruto observó que llevaba también varios anillos, pero ninguno de ellos era una alianza de matrimonio.
Tomó asiento junto a ella en la tapia, y Sai, como siempre más altivo, se apoyó en el coche de la víctima, que se encontraba a algo menos de un metro de distancia.
-¿Es usted Tezuma? -preguntó Naruto, sólo para asegurarse.
Ella le dirigió una mirada de vaga sorpresa, como si no se hubiera dado cuenta de que le tenía sentado al lado.
-Sí. ¿Quién es usted?
-El detective Uzumaki. -Luego señaló a Sai-. Y el detective Shimura.
-Encantada de conocerlos -dijo ella cortésmente, y en el acto sus ojos adquirieron una expresión de horror-. Oh, Dios, ¿cómo puedo decir eso? No estoy encantada de conocerlos. Están aquí por lo de Mei...
-Sí, así es. Lo siento, sé que ha significado una fuerte impresión para usted. ¿Le importaría responder a unas pocas preguntas más?
-Ya he hablado con esos otros dos detectives.
-Lo sé. Pero se nos han ocurrido otro par de cosas, y todo lo que usted pueda decirnos ayudará a encontrar al asesino.
Tezuma inhaló profundamente. Estaba temblando, y se abrazaba los brazos. La noche era cálida y hacía bochorno, pero estaba notando los efectos del shock. Naruto no llevaba una chaqueta que pudiera prestarle, de modo que pidió a un patrullero que estaba cerca de allí que trajera una manta. Unos minutos más tarde llegó la manta, y él se la echó por los hombros a la chica.
-Gracias --dijo ella, arrebujándose en los pliegues.
-De nada.
Su instinto le impulsaba a rodearla con un brazo y consolarla, pero se sintió reprimido y se contentó con palmearle la espalda. La única mujer a la que podía abrazar ahora era Hinata; por alguna razón, al tomarla había dejado a un lado para siempre a las demás mujeres. Era nerviosamente consciente de aquel cambio, pero lo obligó a retroceder hasta su subconsciente para pensar en ello más tarde, cuando tuviera tiempo.
-Le ha dicho a la detective Haruno que la señorita Terumi no tenía novio en la actualidad. ¿Ha roto recientemente con alguien, o ha tenido alguna cita casual?
Ella sacudió la cabeza negativamente.
-No.
-¿Nadie? ¿Ningún novio fijo desde que se divorció?
Tezuma se recompuso lo suficiente para levantar la cabeza y miró a Naruto con una sonrisa temblorosa y glacial.
-Naturalmente. -Aquella única palabra fue amarga-. Tuvo una relación de doce años con uno de los abogados del bufete. Él le dijo que se casarían cuando se divorciara de su mujer, pero el momento no era propicio mientras se ocupaba de hacer carrera. Después llegó el momento propicio, obtuvo el divorcio, y se casó enseguida con una jovencita de veintitrés años. Mei quedó destrozada, pero llevaba mucho tiempo trabajando en el bufete y no podía permitirse el lujo de empezar otra vez desde cero. Él quería continuar con la relación, pero Mei rompió, muy en silencio. Por lo menos él no intentó que la despidieran, pero no creo que hubiera ningún motivo para ello. La relación entre ellos no era un secreto; todo el mundo lo sabía.
-¿Cuándo ocurrió todo eso?
-Vamos a ver. Hará unos cuatro años.
-¿A quién ha estado viendo desde entonces?
-Yo no tengo idea de que haya estado viendo a nadie. Quizás una o dos veces, justo después de que terminara esa relación, pero sé que llevaba por lo menos un año sin salir con nadie. Empezó a tener problemas de salud y no se sentía muy bien para esas cosas. Solíamos salir a cenar una vez por semana o así; la ayudaba a animarse un poco.
-¿Qué problemas de salud?
-Varias cosas. Tuvo una endometriosis grave, y por fin hace como un año tuvieron que hacerle una histerectomía. Úlcera de estómago, tensión alta. Nada que hiciera peligrar su vida, pero pareció venirle todo encima al mismo tiempo, y eso la deprimió. Últimamente se había desmayado un par de veces. Por eso me preocupé tanto cuando no apareció en el restaurante a la hora.
Habían llegado a un callejón sin salida en lo que se refería a los ex novios, pero Naruto en realidad no había esperado nada distinto. Simplemente estaba cubriendo todas las bases.
-¿Mencionó alguna vez a alguien que hubiera conocido recientemente? ¿Discutió con alguien, o comentó que alguien la hubiera seguido?
Tezuma negó una vez más.
-No. Mei tenía muy buen carácter, se llevaba bien con todo el mundo. Ni siquiera perdió los nervios cuando A se casó con aquel yogurcito. De hecho, lo más cerca que estuvo de enfadarse en serio fue cuando se le abrió una blusa por las costuras la primera vez que la lavó. A Mei la encantaba la ropa, y era muy especial a ese respecto.
-¿Iba a algún sitio de manera regular, donde pudiera haber conocido a alguien?
-No, como no sea la tienda de comestibles.
-Todo el mundo tiene una serie de actividades repetitivas -insistió Naruto con suavidad. Tenían que descubrir el modo en que el asesino escogía a sus víctimas. Nōnō Yakushi y Mei Terumi tenían algo en común, algo que llamó la atención del asesino. Vivían en barrios distintos, de modo que tenía que ser otra cosa, y descubrirla resultaba vital-. ¿Iba a la peluquería regularmente, a la biblioteca, algo así?
- Mei tenía un precioso cabello de color rojo. Se lo arreglaba cada pocas semanas en una pequeña peluquería que está cerca de la oficina. Se llama The Hairport. La estilista es una tal Kathy, creo. Puede que sea Kathleen o Katherine, algo parecido. ¿La biblioteca? No, Mei no era muy lectora. La encantaban las películas; alquilaba un montón de ellas-
-¿Dónde las alquilaba? .
-En el supermercado. Decía que tenían una buena selección de vídeo, y así se ahorraba tener que hacer una parada de más.
-¿En qué supermercado compraba?
-En Philips, a eso de un kilómetro de aquí.
Se trataba de un supermercado de barrio, no uno donde habría comprado Nōnō Yakushi.
Pero Naruto tomó nota de todo; no sabrían exactamente lo que tenían hasta que comparasen todos los detalles con el caso Yakushi
-¿Y usted?-le preguntó-. ¿Está casada?
-Viuda Hace siete años. Mei me ayudó a salir de una racha difícil, así fue como nos hicimos amigas íntimas. Ya éramos amigas antes, sabe, trabajábamos en la misma oficina muchas horas, pero entonces fue cuando realmente llegué a conocerla Era… era verdaderamente una gran amiga -Las lágrimas rodaron por las mejillas de Tezuma.
Naruto la palmeó un poco más, consciente pero sin hacer caso de la enigmática mirada de Sai no había hablado ni una sola vez, pues le había dejado a él todo el trabajo de interrogar. Lo hacía alguna que otra vez, cuando decidía que Naruto tendría mejor suerte a la hora de obtener respuestas.
-Lo síento -dijo Tezuma, todavía llorando- Sé que no les he ayudado mucho.
-Sí que lo ha hecho -la tranquilizó Naruto--. Nos ha ayudado a eliminar varias cosas, así que ahora sabemos en qué concentrarnos para no desperdiciar el tiempo en callejones sin salida - Básicamente aquello era mentira; lo único que tenían eran callejones sin salida. Pero la mujer necesitaba todo el consuelo posible, con mentiras o sin ellas.
-¿Tengo que ir a la comisaría, o algo? Es curioso -dijo, secándose los ojos y probando a esbozar una sonrisa patética-, sé cómo funciona la ley en última instancia, en los tribunales, pero no conozco nada de las fases más duras.
-No, no es necesario que venga a la comisaría -respondió él, calmándola-. ¿Tiene la detective Haruno su dirección y su número de teléfono?
-Creo que sí. Sí, recuerdo habérselo dado
-Entonces no veo por qué no puede irse a su casa, si le apetece ¿Quiere que pida a alguien que la acompañe? ¿O que llame a alguien, una amistad o un familiar, para que se quede con usted esta noche?
Ella miró alrededor con gesto distraído.
-No puedo dejar mi coche aquí.
-Si quiere que la lleve alguien, haré que un patrullero la lleve en su coche y que otro le siga para traerle de vuelta. ¿ Le parece ?
Pero ella no parecía capaz de decidirse. Todavía estaba demasiado aturdida e impresionada para pensar con claridad. Naruto tomó la decisión por ella, la puso de pie, llamó a un patrullero y dispuso que la llevasen a su casa, y también le dio instrucciones para que llamase a alguna amiga o un familiar que se quedara con ella esa noche. Ella asintió dócilmente como un niño que recibiera instrucciones para hacer las tareas escolares.
-Tengo una sobrina que vive cerca -dijo Tezuma-. La llamaré. -y miró a Naruto como si le estuviera pidiendo permiso para llamar a su sobrina en vez de a una amiga. Él la palmeó y le dijo que de acuerdo, y la envió con el patrullero, que siguió el ejemplo de Naruto y la trató con la misma delicadeza que a un niño perdido.
Cuando Naruto se volvió, Sai seguía tan enigmático como un gato.
-¿Qué? -le preguntó para probar.
Sai levantó las cejas.
-No he dicho nada.
-Pero estás pensando en algo. Tienes esa expresión de sonrisa satisfecha en la cara.
Quería a aquel tipo como a un hermano, pero de verdad que había veces en las que le entraban ganas de romperle aquella bonita cara. Pero cuando Sai estaba en uno de sus peculiares estados de ánimo, no había nada que pudiera sonsacarle información alguna. Naruto pensó en hacerle beber un par de cervezas que le aflojaran la lengua, pero en vez de eso decidió largarse. Dejaría lo de la cerveza para mejor ocasión.
No quedaba nada que hacer salvo ayudar a Sakura y Utakata a atar los cabos sueltos: cerciorarse de que la basura era recogida para examinarla más tarde; registrar la casa en busca de documentos personales tales como un diario, agendas de teléfonos y direcciones, pólizas de seguro de vida. Al morir, Mei Terumi perdería toda su intimidad. Rebuscarían en sus armarios, buscando esa pequeña coincidencia que la relacionara con Nōnō Yakushi. Fuera lo que fuera lo que ambas mujeres tenían en común, era la clave para dar con el asesino. Si el pobre Sasori Yakushi no se hubiera suicidado, podría haberles ayudado a localizar aquel nexo crucial, y tal vez hubiera encontrado una razón para vivir en el hecho de ayudar a descubrir al asesino de su esposa.
Kabuto había llevado sus magros hallazgos al laboratorio para empezar a analizarlos; el departamento forense tenía el cadáver de Mei Terumi, aunque había poco que añadir, aparte de la hora aproximada de la muerte. Podrían haberles ahorrado tiempo y molestias; Naruto sabía cuál era la hora de la muerte, porque Hinata le había llamado.
La preocupación había dibujado arrugas nuevas en el rostro del teniente cuando supervisó con gesto adusto cómo trazaban en el suelo el contorno del lugar que había ocupado el cuerpo de la víctima.
-Que todo el mundo esté en mi despacho mañana a las diez -dijo--. Por el momento, váyanse a casa y duerman un poco.
Naruto consultó su reloj. Era casi la una, y de pronto se dio cuenta de que no había dormido mucho la noche anterior.
-¿Vas a volver a casa de Hinata? -le preguntó Sai.
Deseaba hacerlo. Dios, sí que lo deseaba.
-No, no quiero molestarla -dijo--. Estará dormida.
-¿Tú crees?
Recordó la forma en que le miró cuando se marchó, aquella expresión asustada de nuevo en su rostro demacrado. Cayó en la cuenta de que ni siquiera la había besado. Ya tenía la mente en la escena del crimen, y había dejado a Hinata totalmente fuera. Acababa de hacerle el amor, se había separado de su cuerpo caliente para contestar a la llamada del busca y se había ido sin darle un beso.
-Maldita sea -dijo cansado. Sai dijo:
-Te veré por la mañana -y se metió en su coche.
Probablemente aún le esperaba Ino Yamanaka. Ella también era policía; comprendería que él hubiera tenido que marcharse tan súbitamente. Pero Hinata no era policía; era una mujer que había estado demasiado sola toda su vida, una mujer que había soportado una carga de dolor suficiente para diez vidas. Era fuerte, increíblemente fuerte; no se había venido abajo, pero llevaba las cicatrices, tanto físicas como mentales. Hizo falta tener agallas para permitir que él le hiciera el amor, ¿y qué había hecho él? Había sido la primera vez, y él la había convertido en un «aquí te pillo, aquí te mato»; ni siquiera le había dado las gracias.
Si pudiera alcanzarlo, se daría una patada a sí mismo en el trasero. Hinata no estaría dormida; estaría sentada en el sofá, inmóvil y silenciosa, esperando su regreso. No podía protegerla manteniéndola más que él. Era un testigo presencial, desde el veía a través de los ojos de él mientras él apuñalaba y mataba alegremente.
Naruto condujo deprisa, ahora que las calles estaban mucho más vacías. Empezó a llover, pues la lenta tormenta por fin había alcanzado la ciudad. Tuvo la sensación de estar repitiendo lo mismo de la noche del viernes, cuando recorrió a toda velocidad las calles para acudir al lado de Hinata.
Tal como esperaba, cuando llegó a la rampa de entrada y apagó el motor, vio que había una luz encendida en la sala de estar. Antes de que saliera del coche, Hinata abrió la puerta y se quedó allí de pie, con su silueta recortada contra la luz, aguardándole. Aún llevaba puesta la delgada bata, y Naruto distinguió el contorno de su cuerpo a través de la tela. Corrió bajo la lluvia y salvó de un salto los dos escalones del porche. Ella no dijo nada, sólo retrocedió ligeramente para dejarle entrar. No tuvo que preguntarle qué habían encontrado, porque ya lo sabía.
Estaba cansada, con la cara demacrada y profundas ojeras. En aquellos ojos se veía un agotamiento que iba más allá de lo físico, además del sutil aire distante que volvía a rodearla de nuevo.
Naruto deseaba ofrecerle consuelo, si ella lo aceptaba. Deseaba cuidar de ella, proporcionarle la curación de la inconsciencia del sueño. Ella podría relajarse sabiendo que se encontraba a salvo. Deseaba abrazarla durante toda la noche, ofrecerle el primitivo consuelo animal de su proximidad.
Eso era lo que deseaba hacer. Pero cuando ambos se miraron en silencio, con el repiqueteo de la lluvia siguiendo la cadencia de su corazón, acelerado de repente, Naruto olvidó todas las cosas nobles que tenía pensado hacer. La había hecho suya sólo unas horas antes, en la posesión física del apareamiento, pero los habían interrumpido. El acto se había completado, pero no así el sello final de la carne. La verdadera intimidad no se alcanzaba en la penetración y el orgasmo, sino en los momentos de tranquilidad de después, en los pequeños detalles que entrelazaban dos vidas. Naruto había dejado aquello sin terminar, y sus instintos eran demasiado primitivos y seguros para ignorar ese hecho.
Cerró la puerta con llave, sin apartar la mirada de Hinata. A continuación, sin prisa, la tomó en brazos y la llevó al dormitorio, deteniéndose un momento para apagar la lámpara.
No hubo recriminaciones por parte de Hinata, no hubo rechazo. Se tendió en silencio en el lugar de la cama en el que Naruto la había deposotadp, y esperó mientras él se quitaba la ropa con gesto impaciente. Naruto le retiró la bata por segunda vez aquella noche. Su cuerpo desnudo resplandeció suavemente en la oscuridad. Sintió su deliciosa suavidad bajo su peso, sintió como sus muslos se abrían para rodearle. Naruto le acogió la cabeza entre las manos y la besó con lento apetito al tiempo que sondeaba su cuerpo, hasta que encontró la húmeda hendidura y empujó. Se vio envuelto en el calor y la estrechez de ella, una sensación que hizo que su miembro se estremeciera con tal violencia que se le escapó un gemido en la boca de Hinata.
-Hazme olvidar-rogó ella, susurrando con desesperación
Naruto se abrió paso hasta la empuñadura y sujetó a Hinata al tiempo que ella se arqueaba para ajustar su cuerpo al tamaño y la fuerza de él. Emitió un leve quejido, y sus pezones erectos se clavaron en el pecho de Naruto.
Sólo podía darle el olvido de la pasión, llenar sus sentidos con su cuerpo y con el placer que pudiera provocarle. No podía hacer que desapareciera la noche, pero sí podía convertir la oscuridad en un refugio privado para ambos. Podía sofrenar su propia pasión ingobernable y cerciorarse de que ella estuviera con él esta vez; y después, yaciendo en medio del cálido silencio, abrazarla para que, durante toda la noche, ella sintiera su calor y el firme latido de su corazón y supiera que no estaba sola.
Continuará...
