Un joven Simba caminaba de un lugar al otro dentro de la roca del Rey, si bien cualquier otro león ya se hubiera mareado después de dar tantas vueltas como las que había dado él, Simba simplemente se sentía incapaz de permanecer quieto. Sentía un gran cúmulo de intensos nervios e inseguridades agobiar su pecho.
Y es que hoy era uno de los días más importantes en la vida de cualquier león, no solo dejaría de ser oficialmente un cachorro sino que también sería su primera cacería por lo que tendría que perseguir y matar a un animal, para después mostrar su premio frente a todos los miembros de la manada que estarían esperando por él. No sabía si sería capaz de hacerlo, después de todo sus ultimas prácticas no habían salido tan bien que digamos.
Temía avergonzar a su padre y avergonzarse a si mismo al ser incapaz de realizar una cacería exitosa por su propia cuenta. Sacudió la cabeza agitando la corta melena que comenzaba a crecer mientras pateaba alguna que otro piedra con sus patas delanteras. No le gustaba sentir tanto miedo al fracaso, además de que al ser el príncipe del reino, él futuro Rey debía lucirse mucho más que los otros leones jóvenes.
Sus amigos ya habían realizado sus propias cacerías y habían resultado bien, Nala había sido de las mejores, cazando una cebra de buen tamaño. Bufó, su amiga siempre terminaba superándolo en todo, desde cachorro había intentado vencerla en luchas y hasta el día de hoy seguía sin lograrlo, pero aun así en situaciones normales no le importaría que Nala fuera mucho mejor cazadora.
Después de todo ese era el trabajo de las hembras, pero ahora él debía mostrar que era tan bueno como ellas, nadie querría un Rey que no pudiera cazar nada por su cuenta. Emitió un gruñido a la par que sacaba sus garras arañando el suelo, lo ultimo que quería era pasar vergüenza frente a sus padres, especialmente de su tío, no deseaba que Scar lo viera como un tonto cachorro. Apretó sus mandíbulas molesto, golpeando una piedra con mucha fuerza mandándola a volar en el aire con un zarpazo.
-Vaya...vaya...veo que estamos algo molestos por aquí-Comento Scar con voz sarcástica mientras entraba y se sentaba sobre el suelo.
-¡Tío Scar!-Exclamo Simba volteando hacia el león más grande, sentándose abruptamente para disimular su nerviosismo.
-¿Preocupado por la prueba de cacería de hoy?-Cuestiono Scar seriamente. Simba bajo la cabeza llevando las orejas hacía atrás mientras asentía lentamente -No debes preocuparte. Saldrás bien-Aseguro el león de pelaje oscuro.
-P-Pero...¿Y si...y si...no soy lo suficientemente bueno? ¿Y si no logró cazar nada antes del atardecer? ¿Y si me equivoco y la presa escapa? ¿Y si termino herido? ¿Y si decepciono a todos? ¿Y si decepciono a Papá?-Dijo Simba rápidamente, de forma que casi no se entendía que lo que decía. Scar se acerco lentamente a él, hasta quedar a unos cuantos centímetros de su sobrino.
-No deberías preocuparte tanto por la opinión de los demás, eso terminara haciendo que te decepciones a ti mismo-Aconsejo Scar sintiendo su oscuro corazón contraerse al ver el miedo y la inseguridad en las pupilas rojas de su sobrino.
-Pero es que...tampoco quiero decepcionarte a ti-Murmuro Simba mirando tiernamente a su tío, Scar jadeo a la par que sus latidos se aceleraron violentamente.
Y justo como lo había hecho miles de veces de cachorro, Simba acomodó su cabeza debajo del cuello del otro león, frotando su mejilla contra el pelaje oscuro de Scar, mientras su corta melena rojiza se mezclaba con la oscura de su tío. Comenzó a ronronear frotándose contra su cuerpo cuando Scar paso una pata alrededor de él atrayéndolo hacía si.
Scar lamió la mejilla de su sobrino y este sonrío sumamente contento, adorando las atenciones que recibía de él. Frotando sus cabezas juntas. Simba no sabía en que momento de su infancia había comenzado a ver a su tío de otra forma, quizás desde siempre, pero ahora que comenzaba a entrar en la madurez comenzaba a sentir la necesidad de pasar más y más tiempo, así de cerca de Scar. Quería tenerlo cerca, que lo abrazara y lo divirtiera con su graciosa forma sarcástica de hablar.
Sabía que su tío no era cercano a nadie, incluso su propio padre parecía solo un conocido cuando los veías relacionarse, pero era muy consciente que él mismo era una gran excepción a la regla. Desde que tuvo memoria invadía el espacio personar de su tío, este se tomaba la molestia de responder sus preguntas y de jugar con él. Podía decirse que Simba era el león que conocía a Scar en su totalidad, o el mejor por lo menos.
-Estarás excelente, no te agobies-Susurro Scar en su oreja haciéndolo temblar -Además...tu nunca podrías decepcionarme pequeño Simba-Murmuro mientras se alejaba de su sobrino tomando una distancia prudente.
-¡¿En cerio Tío?!-Exclamo Simba con una gran sonrisa mientras agitaba la cola de un lado a otro. El león de pelaje oscuro no estaba seguro a que iba dirigido ese ''en cerio'' pero decidió responder igual.
-Por supuesto-Aseguro Scar -Ahora sal. Llevan casi una hora esperándote-Dijo tranquilamente mientras comenzaba a caminar hacía la salida. Simba rápidamente se reincorporo corriendo hasta su lado.
-Muchas gracias por animarme-Murmuro Simba frotándose contra su costado. Scar sonrío levemente. Entonces ambos salieron siendo recibidos por toda la manada, Mufasa y Sarabi estaban en la cabeza, Simba rápidamente corrió hacia ellos.
-Estoy listo-Anunció el príncipe con una sonrisa. Sus padres lo observaron satisfechos.
-Estoy segura que te irá muy bien hijo-Dijo la Reina.
-Ten mucho cuidado-Pidió Mufasa.
-Así será-Asintió Simba con confianza renovada.
Dirigió su mirada un momento hacía la multitud, sus amigos le sonrieron, Mheetu y Kuzimu le mostraban abiertamente su apoyo, al igual que Tama y Nala, su mirada se poso sobre su tío quién le dio un leve asentimiento con la cabeza. Simba sonrío y salió corriendo hacía la sabana. Después de algunas cuantas horas de perseguir a los caribú el príncipe comenzaba a desesperarse.
Parecía que todo lo que hacía delataba su presencia, respiro hondo tratando de recordar todas las enseñanzas que había recibido a lo largo de los años. Desenvaino sus garras sintiendo la tierra debajo de sus patas, relajo su cuerpo y concentro su mente, cambiando de objetivo.
Scar se encontraba en su cueva, descansando la cabeza sobre sus patas delanteras. Dejó salir un profundo suspiro mientras sentía una sensación molesta en la boca del estomago. Se supone que debía estar junto al resto de la manada a la espera del regreso de Simba, pero mientras nadie lo veía se había escapado, sabía que seguramente lidiaría con la ira de Mufasa más tarde pero por el momento no le importaba.
Dirigió su mirada hacía la gran inmensidad de la sabana emitiendo un suave gemido, le preocupaba como terminarían desarrollándose las cosas, temía que Simba pudiera resultar herido o peor, hubiera querido brindarle su ayuda, pero eso era algo que debía hacer solo. No le gustaba dejarle las cosas por su cuenta, Simba solo era un cachorro inocente que no conocía nada sobre el mundo real, el cruel mundo real.
Y pensar que lo había despreciado desde que supo que esa bola de pelos venía a despojarlo de su derecho al trono, pero una vez aquel pequeño león poso sus ojos sobre él, sonriéndole de una forma que nadie lo había hecho desde su madre Uru, sin prejuicios, sin desdén, sin miedo, sin menospreciarlo...solo una infinita curiosidad y una gran ternura. Simba no tenía más de dos semanas de edad cuando Mufasa y Sarabi decidieron presentárselo, debido a su ausencia en la presentación del príncipe.
No había querido verlo cuando nació, no había querido conocerlo cuando lo presentado, ni siquiera se había molestado en aprenderse su nombre, y aun así le colocaron a ese cachorro que tanta negatividad despertaba en él, a sus patas. Scar no había podido suprimir una mueca de desagrado, y aun así Simba corrió hacia él, trepándolo, curioseándolo de aquí y haya.
Todo bajo la atenta supervisión de sus padres, sabiendo que no podría hacer nada en contra de las acciones del cachorro Scar simplemente se tumbo en el suelo, dejándolo hacer y deshacer a su antojo. La pequeña bola de pelos camino sobre su espalda, se acurruco en su melena e incluso se atrevió a morderle juguetónamente una oreja.
La ternura del pequeño que siguió visitándolo y anhelando su compañía aunque no la necesitara, lo cautivo poco a poco, hasta el punto que no le molestaba su presencia, permitiéndole al pequeño cachorro aventurero venir y acostarse sobre su espalda. Aunque siempre trato de mantener distancia entre ellos, pero Simba no parecía dispuesto a aceptarlo, siempre invadiendo su espacio la mayor cantidad de tiempo que pudiera.
Y hoy día podía decir sinceramente que lo quería, siendo justamente este sentimiento el causante de que no hubiera intentado deshacerse del príncipe para acender al trono. Porque por extraño que pareciera le resultaba más reconfortante la presencia de su consentido sobrino, que incluso lo hacía reír de vez en cuando, que el ser el líder de toda la manada.
Ahora no podía pensar que algo pudiera pasarle, y si tenía algún accidente de cacería prefería no estar presente para verlo. Sabía que no era el único que sentía fuertes sentimientos, Simba también se mostraba muy interesado en él, más de lo que un sobrino debería estar por su tío. La primera vez que lo noto fue cuando Zira, una leona perteneciente a otra manada se mostró interesada en él durante su estadía en las tierras del reino.
Simba no se separo de su lado ni un solo momento, marchando su territorio todo el tiempo permaneciendo permanentemente frente a él, limitando la distancia entre Zira y su tío, incluso se había atrevido a gruñirle a la leona. El comportamiento posesivo de Simba hacia él y la forma en que lo miraba y en que lo trataba hacia que no pudiera pasar por alto su fijación por él.
Y con cada día que pasaba, a Scar se le hacía más difícil esconder sus sentimientos. Simba comenzaba a alcanzar la madurez, pronto sería un león hecho y derecho, pudiendo reclamar a una pareja y reproducirse. El hecho de que Simba necesitaría una Reina que gobernara a su lado y le diera un heredero le dolía profundamente, pero la posibilidad de que Simba decidiera ir en contra de las normas era aun más preocupante.
No es como si fuera malo que dos machos formara pareja, o la gran diferencia de edad entre amos o incluso el que compartieran lazos sanguíneos, después de todo el propio Mufasa era primo de Sarabi. Pero el hecho de que Scar fuese justamente él, él hermano despreciado y marginado del Rey era el problema. Mufasa jamás permitiría tal cosa, seguramente preferiría mil veces ver a su hijo muerto que al lado de su detestable hermano menor.
Scar suspiro tristemente ante lo imposible que sería su amor, claro si es que Simba de verdad sintiera algo más que aprecio hacía su persona. En ese momento la gran pata de un búfalo cayo frente a él, interrumpiendo sus pensamientos bruscamente, el león se levanto rápidamente observando la parte del animal, para luego reparar en la presencia de Simba frente a él.
Este estaba cubierto de sangre, a causa de la presa a la que había cazado, tenía una gran sonrisa en su rostro y una mirada sumamente satisfecha, respiraba agitadamente, mientras esperaba expectante la reacción de su tío hacía su pequeño regalo. Scar permaneció sumamente serio sabiendo lo que significaba lo que su sobrino estaba haciendo. No le regalabas parte de tu presa a alguien a quién no quisieras cortejar.
-Quisiera poder despertar para poder ver la luz de otro día-Comento Scar de forma dramática, Simba ladeo la cabeza confundido -Mufasa me matara una vez vea que me has traído esto a mi. No es algo que debes hacer a la ligera-Explico el león.
-¡Pero no hice nada malo. Zazu dijo que después de tu primera cacería lo mejor que puedes hacer es darle una parte a la persona más importante para ti!-Exclamo Simba en defensa. Scar se sorprendió ante la declaración.
-Hay Simba...a veces no se si eres muy inocente o un tonto nato-Comento el león de pelaje oscuro.
-¿Qué? ¿Acaso no te gusta lo que casé? Si es así puedo cazar algo que sea más de tu agrado-Dijo Simba rápidamente.
Scar negó lentamente con la cabeza para luego dirigir sus pasos hasta quedar frente a su sobrino, este se sonrojo violentamente al sentir la suave lengua de su tío limpiar los rastros de sangre que había sobre sus labios y bigotes. Comenzó a ronronear disfrutando del contacto. Entonces Scar rompió la caricia.
-Dime que no te vieron todos venir hasta aquí-Dijo el león mayor. Simba sonrío pícaramente.
-Tranquilo. Me escabullí, nadie lo sabe. Todos creen que sigo de cacería-Respondió tranquilamente el príncipe. El mayor suspiro con alivio -¿Porque le tienes tanto miedo a mi Papá?-Cuestiono repentinamente Simba para sorpresa de su tío.
-Es complicado, talvez algún día te cuente la historia-Dijo Scar pacientemente. Simba hizo una mueca inconforme pero asintió de acuerdo -Ahora ve con la manada, de seguro han de estar preocupados. Especialmente Mufasa quién debe estar arrancándose la melena en este momento-Comento. Simba río ante esto. Para luego darse la vuelta para irse no sin antes lamer cariñosamente la mejilla de su tío.
