CAPÍTULO 14
Hinata se agitó ligeramente y despertó de pronto, sorprendida al caer en la cuenta de que había alguien en la cama con ella. Sabía quién era, lo recordaba todo, pero aun así se encontraba en ese momento de estupor en el que la conciencia se ajusta a la realidad.
Naruto había dormido con ella también la noche anterior a ésta, pero ella no se había dado cuenta Era la primera vez que se despertaba con un hombre muy duro y muy caliente rumbado a su lado, con un gran brazo que le rodeaba la cintura y la anclaba a la cama. Menos mal que él la tenía abrazada, reflexionó, porque ocupaba casi todo el espacio, y bien podría haberse caldo al suelo si él no la sujetase.
Gitó la cabeza para mirarle, encantada por la novedad de tener un hombre desnudo en la cama, de tener a Naruto desnudo en la cama. Saboreó el momento como un pequeño y silencioso oasis de felicidad.
La suave luz de la mañana, filtrada por una fina lluvia, se reflejaba en la curva del hombro de Naruto. Apoyó con delicadeza la mano en el músculo de la articulación para sentir la fría dureza de aquella carne, la fuerza en reposo de aquel brazo. Él se estremeció ligeramente bajo su contacto y la estrechó más contra la curva de su cuerpo antes .de volver a hundirse en sus sueños con un gruñido. Irradiaba calor como el animal saludable que era, a pesar de la fresca superficie de su piel.
Hinata se sentía tan caliente ya gusto como si estuviera envuelta en la ropa de rama, en vez de tenerla hecha un revoltijo en el suelo.
En toda su vida, nunca había sido demostrativa físicamente porque las barreras mentales siempre se habían entrometido. Pero el daño psíquico que había sufrido en manos de Otsutsuki había demolido aquellas barreras, y la noche pasada Naruto le había mostrado vigorosamente, varias veces, que ahora podía entregarse plenamente a lo físico.
Se sentía trémula de dicha frente a aquel mundo nuevo que se había abierto ante ella, un mundo que había creído permanentemente cerrado. Amaba a Naruto, él había reclamado su cuerpo y le había entregado el suyo propio. Hinata siempre se había sentido sola en la oscuridad, pero no era noche, y había comprendido lo que él le dijo con su cuerpo, con su hambre. Existía la muerte, sí, pero la vida caminaba de la mano con ella. Allí fuera existía el mal, pero entre ellos dos había habido placer, una básica y alborozada celebración de la vida y de la carne. Siempre se había protegido a sí misma del mundo, al verse distinta desde su nacimiento a causa de sus capacidades, mientras que Naruto había disfrutado y dominado aquel torrente de calor y de vida. Era fiero y vital en su intensidad, hacía frente a la vida con las mismas armas que ésta y salía victorioso. La noche pasada, con Naruto, Hinata se había liberado de las restricciones que se había impuesto a sí misma.
Y ahora aquel enorme boxeador yacía totalmente, maravillosamente, desnudo en su cama.
Gozaba de la libertad de su poderoso cuerpo, de explorar y excitar a su antojo. Se sentía como una niña en un parque de atracciones, como una aventurera que abriese la puerta sellada de la cámara del tesoro. Había tanto que ver y hacer que se estremeció de gusto ante tantas posibilidades Rendirse completamente a las necesidades de su cuerpo, averiguar con exactitud qué necesidades eran ésas… Casi no podía soportarlo.
Pasó la mano por el pecho de Naruto, deleitándose en la aspereza del vello grueso y rizado al rozar contra su palma. Debajo de la mata de vello había una capa de músculos sólidos como una roca, calientes y duros. Encontró sus tetillas, círculos planos y oscuros con unas puntas diminutas en el centro, puntas que se endurecieron cuando las tocó. Fascinada, frotó una de aquellas puntas con la yema del dedo y observó cómo los escalofríos arrugaban la piel.
Un profundo gemido que surgió del pecho de Naruto la hizo levantar la vista. Estaba despierto, con los ojos cielo aún soñolientos y los párpados pesados. Más abajo, su sexo se encogió y estiró, presionando contra el estómago de ella.
-¿Te gusta lo que ves? -Su voz por la mañana era como un trueno distante, ronca y apenas audible.
-Sí. Mucho. -Su propia voz sonaba también más áspera de lo normal.
Naruto se tumbó de espaldas y extendió los brazos y las piernas.
-Entonces echa una buena mirada.
La tentación era irresistible. Aunque habían hecho el amor varias veces, había sido a oscuras. Hinata no había podido ver el cuerpo de su amante, sólo había podido sentirlo.
Ahora que él le dio permiso, no hubo forma de negar la fascinación que le producía. Se puso de rodillas, sin darse cuenta ni preocuparse de su propia desnudez, concentrada en explorar aquel nuevo territorio repleto de maravillas.
Le apoyó ambas manos en el pecho y acarició las tetillas de él con los pulgares, contemplando con gran placer cómo volvían a endurecerse. Miró a Naruto con los ojos brillantes por el descubrimiento.
-A ti también te gusta esto.
Naruto tragó saliva. Respiraba agitadamente, su amplio pecho se expandía con la fuerza de cada inspiración.
-Sí. Mucho.
Casi se le paró el corazón al ver la luminosa sonrisa que ella le obsequió.
Hinata volvió a centrar la atención en él, se inclinó y le acarició una tetilla con la lengua, y después la chupó con suavidad. Naruto reprimió un gemido al tiempo que un estremecimiento le recorría de arriba abajo. Entonces Hinata prestó atención a la otra tetilla y le aplicó el mismo trato mientras sus manos le rodeaban el torso, moldeando su forma, aprendiendo la textura de su piel.
Naruto contuvo la respiración y hundió los dedos en el colchón en un intento de controlarse.
Oh, Dios, cuánto deseaba tocarla, apenas podía soportar aquello. Nunca había experimentado nada tan insoportablemente suave, tan exquisitamente doloroso, como aquella forma de explorar su cuerpo, y tuvo la sensación de que todavía iba a ser mucho peor.
Hinata deslizó las manos hasta las matas de vello de las axilas, disfrutando de aquel tacto sedoso que parecía incongruente en un hombre tan rudo. La piel de aquellos lugares escondidos, protegidos, era tan suave como la de ella.
La densa mata de vello del pecho se estrechaba en una delgada línea que discurría por el centro del vientre, rodeaba el ombligo y después volvía a ensancharse en los genitales. Hinata la siguió con un dedo, hacia abajo, hasta que su mano rozó la tensa erección de Naruto. Se detuvo un instante, ya continuación giró la mano y cerró los dedos alrededor de él. Naruto profirió un gemido tembloroso y sus piernas se agitaron inquietas antes de volver a quedar inmóvil. Hinata levantó la otra mano y lo retuvo entre sus palmas, examinándolo con absorta fascinación. Estaba alucinada por los contrastes, por el frío que contenía un intenso calor, por la piel suave encima de una dureza de acero. Naruto era muy grueso, y pulsante de excitación.
Pensó en llevar aquel grosor al interior de su cuerpo, y su excitación aumentó; se oía a sí misma respirar en rápidos jadeos. La sangre le golpeaba las venas y empezó a sentir demasiado calor y la piel demasiado tirante.
La pura masculinidad de Naruto resultaba muy hermosa. Tomó los testículos en sus manos, muy suavemente, y el poderoso cuerpo de Naruto se arqueó y tembló de la cabeza a los pies.
-Dios mío -dijo con voz estrangulada.
-¿Dios? -preguntó Hinata.- con suavidad-. ¿O yo? -Se sintió embriagada por la sensación del poder femenino que ejercía sobre él.
-Tú. O los dos. Me da igual.
Ella tenía sus lugares secretos mojados e hinchados, vibrantes de necesidad. El sexo, incluso la noche pasada con Naruto, siempre había sido algo que le habían hecho a ella; esta vez quería, necesitaba poseer ella el control de su cuerpo, y también del de Naruto. Quería darle placer y también tomarlo. Quería la agradable seguridad sexual de una mujer libre de miedos y restricciones. Estaba harta de barreras.
Con un suspiro semejante a una suave brisa de primavera, le montó a horcajadas y sostuvo su verga firme mientras la colocaba en posición y se dejaba caer lentamente sobre ella. Dolió un poco; se mordió el labio al sentir la incomodidad que le producía aquel estiramiento de sus blandas carnes para admitirle a él. Pero también estaba la maravilla de sentir aquel calor y aquella dureza entrar cada vez más profundo en su cuerpo, y se recreó en el lento movimiento, centímetro a centímetro. Era una sensación tan exquisita, que se elevó hasta casi salirse del todo y volvió a empezar. Una y otra vez.
Naruto asió la sábana con los puños y su frente se perló de sudor. Hinata estaba abarcándole sólo hasta la mitad antes de deslizarse de nuevo hacia arriba, y Naruto creyó enloquecer sin remedio. No se atrevía a tocarla, porque si lo hiciera, perdería el control. La iniciativa era de ella, hasta el final. Hinata tenía una expresión solemne, soñadora, absorta mientras exploraba el placer que podía extraer del cuerpo de él. Estaba concentrada exclusivamente en sus propias sensaciones físicas mientras subía y bajaba, pero Naruto no se sentía excluido. El hecho de observarla aprendiendo a conocer su sensualidad resultaba tan excitante como otras muchas cosas, y la manera en que lo hacía le estaba matando de placer.
Hinata cerró los ojos bajo la oleada casi abrumadora de pasión y deleite. Todo lo que había aprendido la noche anterior no era nada comparado con esto; ahora su cuerpo sabía el éxtasis sublime que lo aguardaba, y gozaba igualmente de cada paso del proceso que llevaba hasta allí. Luchó contra la necesidad de precipitarse a toda prisa hacia el final, quería saborear cada una de las deliciosas explosiones de sensaciones que tenían lugar en el interior de su cuerpo al elevarse sobre Naruto, al sentir el roce de su sexo en sus tejidos internos sumamente sensibles, seguido de aquel indescriptible momento en que la penetración se hacía más profunda al volver a caer. Gimió en voz alta, notando que se aproximaba el orgasmo, inexorablemente. Aún no, pensó apenas. Estaba disfrutando demasiado de aquello. No había ninguna prisa.
Naruto se agitaba sobre la sábana. Oh, Dios, si Hinata no se daba prisa, iba a morirse.
Aquella manera superficial de montarle estaba atormentando la cabeza hinchada de su miembro con una presión casi incesante. Un ronco rugido le surgió del pecho. Quería empujar, más profundo, necesitaba empujar más de lo que nunca había necesitado ninguna otra cosa, pero se negó a permitirse hacerlo. Ya habría ocasiones en las que sus necesidades tuvieran prioridad. Esta vez le tocaba a Hinata. Tembló con la intensidad del placer que le provocaba.
Pensó que el corazón le iba a explotar; con toda seguridad, su verga estaba a punto de hacerlo.
Hinata ya estaba muy mojada y había incrementado el ritmo. La sábana ajustable se salió cuando Naruto tiró de ella. Se arqueó, con todo el cuerpo tan rígido que su peso se apoyaba tan sólo en los talones y los hombros. Una especie de niebla le cegaba los ojos.
- Hinata -Pronunció aquella palabra con voz gutural, casi irreconocible. A pesar de si mismo, estaba suplicando-- Más dentro... por favor. Más dentro. Coge... todo el resto
Si ella le oyó, no reaccionó. Estaba perdida en su propio torbellino de sensaciones, ajena a todo lo demás Tenía las manos apoyadas en el pecho de él, los ojos cerrados. Sus caderas se balanceaban. Un gemido ahogado salió de sus labios, y con un movimiento convulsivo se hundió en las profundidades de aquel torbellino, con todo el cuerpo abandonado al placer que lo inundaba
La rítmica tensión de los músculos internos de Hinata sobre él hizo añicos la última brizna de control que le quedaba a Naruto Con un gruñido explosivo, dejó de asir mortalmente la sábana y aferró las convulsas caderas de Hinata, obligándola a bajar al tiempo que él elevaba sus propias caderas de golpe y se hundía en ella a todo lo largo. Eyaculó a la primera embestida, el orgasmo explotó en él en una potente oleada acompañada de convulsiones.
Sujetó a Hinata contra sí con manos despiadadas, implacables, hasta que todo terminó para los dos y ella quedó rendida sin fuerzas sobre su pecho Los corazones de ambos retumbaban juntos, sacudiendo sus cuerpos.
Naruto tuvo la sensación de no tener fuerzas para moverse otra vez. Hinata se sentía como si fuera cera caliente, derretida y vertida sobre él. Ninguno de los dos podía soportar el hecho de separar el cuerpo del otro.
Naruto recorrió con la mano la esbelta trayectoria de la columna vertebral de ella. No sabía con cuántas mujeres había hecho el amor en su vida, pero lo que sí sabía era que lo que había sentido con ellas no era nada comparado con lo que sentía ahora No había habido otra mujer como Hinata; todo lo que la rodeaba a ella era nuevo. Nunca se había sentido tan fascinado por los detalles del cuerpo de una mujer, de suave y fragante femineidad. Nunca se había concentrado tan intensamente en una mujer, hasta el punto de captar sus mínimos cambios de expresión y percibir el menor matiz de sus emociones. Desde el principio mismo había estado atento al menor de sus movimientos, su cuerpo y sus sentidos estaban sintonizados con ella Ni siquiera se acordaba del nombre de su última amante; sólo existía Hinata.
Pero por mucho que deseara pasar el resto del día donde se encontraba ahora, los números digitales de color rojo del reloj que había junto a la cama continuaban dando cuenta del silencioso, implacable paso del tiempo. Eran las ocho y cuarto. Tenía que ducharse y afeitarse, desayunar y estar en la ciudad a las diez.
-Tengo que irme -murmuró.
Hinata no levantó la cabeza de su pecho. Naruto siguió acariciándole la columna.
-¿Adónde?
-A la comisaría. Tenemos una reunión con el teniente a las diez.
Hinata no se puso tensa, pero él percibió la inmovilidad que le sobrevino.
-¿Es sobre lo ocurrido anoche?
-Sí. Fue él.
-Lo sé. -Calló por un instante--. ¿Y qué va a pasar ahora?
-Juntaremos los datos que tenemos de los dos casos y trataremos de hallar lo que las víctimas tenían en común. Luego designaremos un grupo especial de trabajo que se concentrará en ese tipo. Puede que llamemos al FBI.
Hinata dijo con calma:
-Si me necesitáis para que lo cuente todo otra vez, lo haré.
Naruto sabía lo que aquel ofrecimiento iba a costarle a Hinata, y sabía que ella ya había reunido fuerzas para pagar ese coste. Se enfrentaría al ridículo, a la incredulidad, a la sospecha; eso era lo que había recibido de él, aunque él se había sentido tan atraído que apenas podía pensar con claridad. Hinata sabía a lo que se estaba ofreciendo, y de todas maneras estaba dispuesta a hacerlo.
Naruto le dio un apretón.
-No quiero hacerte pasar por eso.
-Pero lo harás si es necesario.
-Sí.
Para alivio suyo, vio que no había herido los sentimientos de Hinata; ella aceptaba la necesidad. Le acarició el pelo.
-Hay una cosa que tengo que decirte -dijo de mala gana-. No quiero que lo leas en los periódicos ni que lo veas en las noticias.
Ella aguardó, convencida de que iba a ser algo malo. Naruto deseó no tener que decírselo, pero ya lo había retrasado todo lo posible. El día anterior Hinata no estaba en absoluto en forma para ver las noticias, pero hoy era distinto. No quería que estuviese sola cuando se enterase.
-El viernes por la noche se suicidó Sasori Yakushi.
La respiración que había estado aguantando escapó en un suspiro. Cuánto dolor, pensó con tristeza.
-Ya son tres-dijo-. En una semana ha matado a tres personas.
-Le atraparemos -le aseguró Naruto, aunque los dos sabían que aquello distaba mucho de ser seguro Naruto volvió a mirar el reloj. Las ocho y veinte
Rodó con Hinata hasta quedar encima de ella, y después separó con suavidad los cuerpos de ambos
-¿Quieres ducharte conmigo?
Hinata también miró el reloj.
-No, voy a preparar el desayuno. Estará listo para cuando termines.
-De acuerdo. Gracias, cariño.
Divertida al ver con qué rapidez había aceptado su oferta de hacerle el desayuno, Hinata se vistió y fue a la cocina. Normalmente Comía cosas sencillas, fruta y cereales, pero un hombre de aquel tamaño probablemente necesitaría más. Puso a hacer el café ya continuación descolgó la sartén para tortitas que rara vez utilizaba Mientras ésta se calentaba, batió la mantequilla ¿Cuánto comería Naruto? Ella no era capaz de terminarse una tortita, pero sospechaba que podría poner dos o tres sin ningún problema
Oía el ruido que hacía la ducha y también le oyó a él silbar. La cafetera ya estaba siseando y tosiendo del modo característico de todas las cafeteras. Le estaba preparando el desayuno a Naruto. El aire doméstico de todo aquello la dejó atónita, y se le cayeron los brazos a los costados Jamás había preparado el desayuno, ni ninguna otra comida, a nadie en su vida.
Durante seis años había trabajado para construirse una vida segura, protegida, ordinaria y solitaria. Pero en una sola semana su vida había cambiado totalmente, y todavía estaba luchando para encontrar el equilibrio. Todo lo seguro, lo protegido y lo ordinario se había ido por el desagüe; y era evidente que también había desaparecido su soledad No era algo que la irritase; había disfrutado del hecho de poder hacer las cosas a su ritmo, de quedarse levantada toda la noche leyendo si le apetecía, de comer lo que se le antojara en el momento. Antes de Otsutsuki, había deseado intensamente tener una relación, casarse, tener hijos. Sin embargo, después de Otsutsuki sólo había querido que la dejaran en paz.
Y en vez de eso, había un hombre en su ducha. y no un hombre cualquiera, sino Naruto Uzumaki. Un policía detective serio, duro, de aterradora intensidad, que nunca iba a ninguna parte desarmado... y que era el hombre más generoso que había conocido. Se entregó de un modo que ella jamás hubiera esperado, dada la hostilidad de sus primeros encuentros. Había acudido a ella sin vacilar, después de su desesperada petición de ayuda la noche del viernes, y desde entonces sólo había visto ternura en él. Ya se había sentido atraída por él antes, pero se había enamorado de él por su resuelta generosidad. Le necesitó, y allí estaba él. Era así de simple.
Oyó que se cerraba el grifo de la ducha, y luego oyó el agua corriendo en el lavabo mientras Naruto se afeitaba. Terminó los preparativos para el desayuno: un poco de azúcar espolvoreado sobre las tortitas, fresas y un jarabe que había calentado en el microondas.
Estaba sirviendo el café cuando Naruto se presentó en la cocina. Llevaba puestos sólo unos pantalones, y Hinata sintió que se le aflojaban las rodillas al ver aquel pecho ancho y musculoso. Tenía el pelo mojado y la cara recién afeitada, con dos leves cortes que decoraban su mandíbula. Respiró hondo, aspirando su masculino aroma a humedad, jabón y una pizca de almizcle.
Él sonrió al ver el desayuno que le aguardaba.
-Tortitas -dijo apreciativamente-. Esperaba que hubiera cereales.
Hinata rió.
-Eso es lo que suelo comer yo.
-Yo normalmente agarro una rosquilla, o una galleta energética.-Se sentó y empezó a comer con obvio deleite.
Hinata chasqueó la lengua en gesto reprobatorio.
-Toda esa grasa y colesterol.
-Eso es lo que dice Sai.
-¿Cuánto tiempo lleváis siendo compañeros? -No había tratado mucho a Sai, pero le había gustado. Le recordaba a una pantera, esbelto y exótico, con esa misma fuerza ágil y peligrosa.
-Nueve años. Patrullamos juntos antes de convertirnos en detectives, lo cual hicimos los dos al mismo tiempo. - Naruto se aplicó a las tortitas con gran entusiasmo.
-Eso es más de lo que duran muchos matrimonios.
Naruto sonrió abiertamente.
- Sí, pero si yo tuviera que dormir con él, no habría durado un solo día.
-¿Has estado casado? - Hinata se mordió el labio nada más hacer la pregunta. Su propia intimidad la había considerado tan valiosa durante la mayor parte de su vida que rara vez formulaba una pregunta personal-. No importa, olvídalo.
-¿Por qué? - Naruto se encogió de hombros-. No me importa que me lo preguntes. Nunca he estado casado, ni tampoco comprometido. -Se aclaró la garganta, obviamente pensaba que aquello requerí una explicación- Pero soy heterosexual
-Ya me he dado cuenta -repuso ella secamente.
Naruto volvió a sonreír, y su mirada color cielo se posó cálidamente sobre Hinata.
-Para tu información, tengo treinta y cuatro años, mi familia vive en Fort Lauderdale, y tengo tres hermanos y dos hermanas, todos casados y contribuyendo al crecimiento de la población Entre los cinco, tengo dieciocho sobrinas y sobrinos, de edades que van desde los dos a los diecinueve años. Cuando nos juntamos todos en vacaciones, es un zoo. Viven rodos en Florida, aunque estamos repartidos por todo el estado. También están los tíos y los primos, pero no voy a meterme en eso. -Observó a Hinata detenidamente mientras hacía un resumen de su enorme familia, sabedor de que para una persona que hubiera vivido como Hinata semejante cantidad de parientes podría resultar alarmante.
Nunca había querido incluir a ninguna de sus novias en su vida privada, pero con Hinata todo era diferente. Todavía no había decidido hasta qué punto era diferente, pero aceptaba que ciertamente lo era Hinata intentó imaginarse una familia tan extensa, pero no pudo. Siempre se había visto obligada a reducir al mínimo las relaciones de cualquier tipo, y aunque en los seis últimos años esa limitación no había sido necesaria, todavía se aferraba a ella, reacia a hacerse vulnerable.
-Mí madre murió en un incendio cuando yo tenía tres años-dijo Hinata-. Cayó un rayo en nuestra casa Yo no me acuerdo de nada excepto del fuerte estampido, más grande de lo que te puedas imaginar, hasta el aire pareció disolverse. Una luz blanca lo quemó todo Una vecina consiguió sacarme de la casa, y sólo sufrí quemaduras leves. Mi madre se encontraba en la parte de la casa donde cayó directamente el rayo
-Las tormentas deben de ponerte nerviosa --comentó Naruto.
-Deberían, pero no. Nunca les he tenido miedo, ni siquiera inmediatamente después. -Ya había comido suficiente tortita, de modo que dejó el tenedor y cogió la taza de café-. Los rayos hacen cosas curiosas. El doctor Hiruzen tenía la teoría de que la enorme descarga de electricidad alteró o incrementó de alguna forma mis procesos mentales normales y me hizo más sensible a la energía eléctrica que irradian otras personas. Antes de eso yo era lo que se entiende como normal, pero después me volví difícil, me alteraba fácilmente.
-Tal vez fuera porque perdiste a tu madre.
-Tal vez. ¿Quién sabe? Puede que tuviera las capacidades especiales ya antes, pero simplemente no tenía la edad suficiente para hacerme entender. Por lo que me han contado, mi madre era una persona callada y serena, así que a lo mejor su presencia me calmaba. En cualquier caso, mi padre lo tuvo muy difícil para criarme. Cuanto más frustrado y enfadado se ponía, más lo notaba yo. No tenía idea de cómo aislarme de aquella influencia. Los dos éramos personas muy infelices.
» Yo era la chiflada del barrio. Cuando empecé a ir al colegio no hacía muchos amigos, pero no me importaba porque era demasiado agotador. Entonces encontré a un bebé que se había perdido, y salió en los periódicos, y el doctor Hiruzen fue a hablar con mi padre. Fui al instituto a que me hicieran unas pruebas, me gustó la paz y el silencio que se respiraba allí, y me quedé. Aquello supuso un alivio tanto para mi padre como para mí.
-¿Dónde está ahora? -preguntó Naruto.
-Muerto. Durante un tiempo fue a verme de vez en cuando, pero resultaba incómodo para los dos. Las visitas fueron espaciándose cada vez más. Volvió a casarse cuando yo tenía catorce años, creo, y se mudó a Dakota del Sur. Yo vi a su mujer sólo una vez. Era bastante agradable, pero se sentía muy nerviosa conmigo. Tenía dos hijos de su primer matrimonio, pero ella y mi padre no tuvieron ninguno. Mi padre murió de un grave infarto cuando yo tenía veinte años.
-¿No tienes más familiares?
-Algunos tíos y tías, y unos primos a los que no he visto nunca.
Había estado prácticamente sola desde pequeña, pensó Naruto. No había tenido abrazos ni arrumacos, no se había divertido durante la adolescencia yendo a dormir a casa de alguna amiga. Se preguntó si habría sido alguna vez niña de verdad, si habría jugado. Probablemente no. En Hinata había algo muy de adulto, una madurez mental que era superior a su edad. Pero a pesar de su infancia poco ortodoxa y su, por necesidad, austero estilo de vida, era sorprendentemente normal. Casi cualquier excentricidad habría estado justificada por la manera en que había crecido, pero ella no tenía ninguna manía o costumbre extraña.
Excepto la de recoger las ondas del pensamiento de un asesino en serie.
Naruto echó una mirada al reloj y tomó el último sorbo de café.
-Tengo que irme, cariño. Ha sido estupendo. ¿Qué tenemos de cena?
Atrapada entre la diversión, la esperanza y un terror absoluto al ver que él, evidentemente, planeaba quedarse de nuevo en su casa, lo único que pudo hacer Hinata fue echarse a reír.
-Acabas de tomar el desayuno -dijo entre risas.
Él le pellizcó la barbilla.
-Hasta en el poema del Rubaiyat el viejo Omar concedía prioridad a la comida.
-Yo creía que lo primero era el vino.
-Eso dice mucho de él, ¿no crees? -Le hizo un guiño y fue al dormitorio para terminar de vestirse mientras Hinata empezaba a recoger la mesa. Se sentía contenta. Naruto iba a volver aquella noche.
Le gustaría saber cómo llevaba Naruto sus relaciones sentimentales. ¿Se sentía satisfecho con pasar una noche juntos de vez en cuando, quizá sólo los fines de semana? ¿O vendría todas las noches, pasaría un rato con ella, haría el amor y después regresaría a su casa? Hinata no sabía qué esperar. Él parecía exudar un aire de profunda satisfacción que la hacía pensar que estaba muy complacido con el resultado del fin de semana en lo personal, pero a lo mejor era sólo que estaba saciado sexualmente. Hinata no tenía bastante experiencia para distinguir una cosa de la otra, suponiendo que hubiera algo que distinguir. A pesar de su bondad, de su ternura, incluso de su pasión, a pesar del hecho de que ella se había enamorado perdidamente de él, era consciente de que en realidad no le conocía.
Naruto salió del dormitorio poniéndose la sobaquera.
-Se me había olvidado que aquí no tengo ninguna chaqueta -dijo con el ceño fruncido--. Tendré que parar en mi casa a coger una, así que tendré que echar a correr. -Se inclinó para besarla-. Adiós, cariño. No sé cuánto durará esto.
Hinata apoyó las manos en su pecho y se irguió de puntillas para besarle otra vez.
-Tengo que hacer la compra, si quieres que haya algo para cenar. Si no estoy aquí, estaré haciendo eso.
Naruto la rodeó con sus brazos y la estrechó contra sí, obligándola a pegar sus caderas a las de él. Le cubrió la boca con la suya en un beso tan intenso y hambriento que ella se quedó sin fuerzas en sus brazos, temblorosa de placer. Las manos de Naruto buscaron sus pechos y la acariciaron entre las piernas. La empujó sobre los armarios de la cocina y la izó rápidamente encima de ellos, para situar las caderas entre los muslos abiertos de Hinata. Ella se aferró a sus fuertes hombros, sintiendo el cuero de la sobaquera bajo las palmas.
Naruto apartó la boca con un gruñido.
-Dios santo. No podemos hacer esto. No tengo tiempo. -El sudor brillaba en su frente, y sus ojos habían adquirido una expresión intensa, que a punto estuvo de hacer que Hinata le rogara que se quedase. Pero ella sabía mejor que nadie cuál era el precio del deber, y se obligó a sí misma a soltarle.
-Vete -le dijo-. Vamos.
Él retrocedió e hizo una mueca al tiempo que bajaba una mano para recolocarse.
-Regresaré lo antes que pueda, pero es posible que tarde varias horas. ¿Tienes otra llave de la casa?
-Sí, por supuesto.
-Dámela.
Él no albergaba la menor duda ni vacilación, pensó Hinata mientras bajaba al suelo de un salto y corría a buscar su bolso. Le dio a Naruto la llave extra, y él se la guardó en el llavero.
Hizo el ademán de acercarse a ella para otro beso más, pero se contuvo a tiempo.
-Después -dijo, guiñándole un ojo, y se encaminó hacia la puerta.
Una vez que se hubo marchado, Hinata se derrumbó en el sofá y trató de hacer un recuento de su vida. Estaba recelosa, incluso asustada, de lo que había sucedido, pero por nada del mundo se hubiera perdido aquella experiencia. Por primera vez en su vida estaba enamorada, y era maravilloso.
.
.
Para sorpresa de Naruto, el jefe de policía se hallaba presente en la reunión. Mifune, alto y de cabellos blancos, y encorvado causa de haber pasado demasiados años detrás de una mesa, era de todos modos un policía de carrera que había ido subiendo por el escalafón y tenía más de cuarenta años de servicio a la cintura. Era un perro viejo y pícaro que se las había arreglado para mantenerse a guardia de la oleada de nuevas tecnologías que invadía el trabajo policial, en vez de atrincherarse tercamente en los métodos desfasados que había aprendido en su juventud.
El atestado despacho de Jiraiya no era lo bastante grande para que cupiera todo el mundo, así que se fueron a una sala de juntas y cerraron la puerta. Kabuto estaba allí, con el rostro lleno de arrugas y los ojos enrojecidos, prueba de que había permanecido despierto toda la noche. Estaban todos los detectives, la mayoría de ellos obviamente desconcertados por aquella reunión en un domingo por la mañana, sobre todo con la presencia del jefe.
Jiraiya bebía café como si fuera lo único que le mantenía activo. A juzgar por su aspecto, no había dormido mucho, y la mano con que sostenía la taza de café le temblaba ligeramente a causa del exceso de cafeína.
Todo el mundo se hizo con una taza de café y se acomodó en el asiento elegido. Naruto decidió quedarse de pie y se apoyó pared.
Jiraiya miró la pila de papeles que había en la mesa delante de él, y suspiró. Era evidente que no tenía ganas de comenzar, como si el hecho de poner aquello oficialmente en forma de palabras fuese más real.
-Señores, tenemos un grave problema -dijo--. Sólo contamos con dos casos para comparar, pero las similitudes entre ambos son tan abrumadoras que estamos bastante seguros de que hay un asesino en serie en Orlando.
Un silencio mortal llenó la estancia. Los detectives intercambiaron miradas unos con otros.
-Se nos alertó de la posibilidad -continuó, sin entrar en detalles-, y ése es el motivo por el que podemos ponernos tan rápidamente. -Pasó algunos de los documentos al detective que tenía su derecha-. Coge uno y pasa los demás. Éstos son los expedientes de Nōnō Yakushi y Mei Terumi. Leed los dos detenidamente. La señora Yakushi fue asesinada el viernes de la semana pasada, la señorita Terumi lo fue este viernes por la noche.
-¿Y qué tenemos, pues? -preguntó Kiba.
Jiraiya miró a Kabuto.
-Nada -dijo Kabuto sin más-. Nada de nada. No hay huellas dactilares; el asesino lleva guantes. Tampoco hay semen, aunque los daños sufridos en las vaginas de las dos mujeres indican que fueron violadas. O bien utiliza un condón, o se vale de un objeto extraño. Tampoco he encontrado cabellos sueltos. Ni huellas de pisadas, ni fibras de la ropa, ni testigos. No tenemos nada.
-A ver si lo entiendo -dijo el jefe Mifune. Sus ojos perforaron al grupo-. ¿Debo decir al alcalde que hay suelto en la ciudad un asesino en serie y que no tenemos la menor prueba sobre él? ¿Que aunque, por algún milagro, lográsemos ponerle la mano encima, no podríamos relacionarlo con los crímenes?
-Algo así -dijo Kabuto.
-¿Cómo podéis estar tan seguros de que se trata del mismo tipo? Sólo ha habido dos asesinatos, y las muertes a puñaladas no son tan infrecuentes. ..
-¿Dos muertes a puñaladas que no han dejado absolutamente ninguna prueba? - interrumpió Naruto-. Las dos han tenido lugar un viernes por la noche, aproximadamente a la misma hora. Los dos asesinatos han sido cometidos con un cuchillo de la cocina de la víctima, y las dos veces el arma ha sido abandonada en el sitio. Es el mismo hombre. -No mencionó a Hinata, y apostaría a que Jiraiya tampoco iba a hacerlo. Habría que llamarla tarde o temprano, pero él quería que fuera tarde, cuando fuera el momento adecuado y todo estuviera bajo su control.
-¿Existe alguna conexión entre las dos víctimas? -preguntó Kiba.
Naruto miró a Sakura y Utakata, que se habían ocupado del informe sobre Mei Terumi. Sakura sacudió la cabeza en un gesto negativo.
-Todavía hay varias personas con las que necesitamos hablar, pero hasta el momento no hemos encontrado ninguna conexión. Las víctimas no se parecían físicamente, no vivían en el mismo barrio. La señora Yakushi era ama de casa, la señorita Terumi era secretaria de bufete. No frecuentaban los mismos sitios. Que nosotros hayamos podido descubrir, nunca se conocieron entre sí.
-Podemos obtener de la compañía telefónica una lista de las llamadas que hicieron desde los dos domicilios, y compararlas. A lo mejor tenemos suerte y aparece algún número en común -dijo Sai-. Además, en la basura siempre se encuentran cosas interesantes.
-Y necesitamos conseguir copias de cheques suyos cobrados.- Naruto escribió una nota para sí-. Y también copias de los cargos en tarjetas de crédito que haya. Hay una conexión; siempre hay una conexión.
-Voy a esperar uno o dos días antes de decírselo al alcalde -dijo el jefe, mirándolos a todos con cara de pocos amigos-. Hasta que tengan pruebas un poco más concretas, para que no me sienta tan ridículo como me siento en este momento.
-La carencia total de pruebas circunstanciales es en sí misma una característica -señaló Naruto-. Yo creo que deberíamos llevar el caso a que lo analizara el FBI.
Tal como había esperado, el rostro del jefe adquirió una expresión agria.
-Malditos federales -le espetó-. ¿ Está usted diciendo que no es lo bastante bueno para hacer esto solo, Uzumaki ?
Naruto se encogió de hombros. Todos los policías eran muy celosos de su jurisdicción, y a nadie, sobre todo a los más antiguos, le gustaba pasar nada al FBI. En ese caso era inevitable que los federales se llevarán todo el mérito.
-La Unidad de Apoyo a la Investigación está especializada en esto y yo diría que necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir. No tengo ninguna necesidad de demostrar que tengo la verga grande que la de ellos.
-A ti te es fácil decir eso -señaló Sakura-. ¿ y yo, qué?
-¿Y el resto de nosotros ? -terció Utakata en tono plañidero.
La habitación estalló en carcajadas y comentarios gruesos. Jiraiya se sonrojó ante aquella falta de decoro, pero no pudo evitar sonreír también. Naruto le hizo un guiño a Sakura, y ella se lo devolvió.
-Si todos ustedes han terminado de comparar centímetros... o la falta de ellos --dijo el jefe, alzando la voz-, tal vez podamos volver al asunto que tenemos entre manos. Muy bien, es posible que se lo pasemos al FBI, pero no se hará hasta que yo lo diga, y no hasta que haya hablado con el alcalde. ¿Entendido? Primero agoten todas las demás vías.
-No podemos permitirnos el lujo de esperar tanto. Sólo faltan cinco días para el próximo viernes.
-Ya sé en qué día de la semana estamos -replicó el jefe--. Hablaré con él el martes por la tarde, y eso es lo más pronto que lo haré. Eso quiere decir que tienen ustedes dos días para encontrar algo, de modo que les sugiero que se pongan a trabajar.
Continuará...
