CAPÍTULO 15

No había precisamente montones de cosas que pudieran hacerse en un domingo. La llamada a la peluquería The Hairport, donde Mei Terumi solía cortarse el pelo, ni siquiera fue atendida por el contestador, sino que sonó el timbre de forma indefinida. No había bancos abiertos. Sin embargo, la compañía telefónica trabajaba y protegía el derecho del público a ponerse en contacto con quien deseara veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Allí siempre había alguien, de modo que Naruto se puso a la tarea de obtener un listado de todas las llamadas que se habían hecho desde el domicilio de Terumi.

Jiraiya organizó un grupo especial de trabajo, para el que escogió a Naruto, Sai, Sakura y Utakata, pues eran los cuatro que ya estaban trabajando en los dos casos conocidos. Todos los demás casos que llevaban ellos fueron repartidos entre los otros detectives, a quienes les advirtió de que atasen tantos cabos sueltos como pudieran, porque era probable que todos ellos formasen parte del grupo especial sin mucho tardar.

Entre una cosa y otra, ya eran más de las cuatro cuando Naruto y Sai pudieron por fin salir del edificio. Naruto parpadeó al mirar el brillante cielo antes de ponerse las gafas de sol.

Tras la lluvia de la mañana, el día se había convertido en un horno, y la lluvia sólo había servido para aumentar la humedad, pues el calor convertía el agua en vapor.

-¿ Cómo está Ino ? -preguntó.

Sai se molestó.

-Hablas como si estuvieras esperando que nos fuguemos en cualquier momento y eso, colega, no va a suceder.-Calló un instante-. Ino está bien.

-¿Sigue en tu casa?

Sai consultó su reloj.

-No.

Naruto soltó una risita.

-Todavía no, ¿eh? ¿Tal vez esté de camino? Has hecho una llamada antes de marcharnos; veamos, ¿ a quién puedes haber llamado?

-Que te jodan -dijo Sai-. ¿Adónde vas tú?

-A casa. A mi casa.

Las negras cejas de Sai se alzaron en gesto inquisitivo.

-A coger más ropa -terminó Naruto, con cierta satisfacción

-¿Por qué no haces una maleta y te mudas?

-Lo haría, pero aún así tengo que ir a casa todos los días a recoger el correo, de modo que eso no me ahorraría molestias. Con el tiempo, la mayor parte de mi ropa acabará en la casa de Hinata.

-Todas tus otras novias se mudaron a vivir a tu casa - señaló Sai.

- Hinata es distinta. Se siente a salvo en su casa, y no querrá dejarla.

Además, no le gustaba la idea de que Hinata se trasladara a su casa. Como había señalado Sai, a lo largo de los años varias mujeres habían tenido allí su domicilio provisional. En aquel momento a Naruto le gustó y lo disfrutó, pero al final ellas no resultaron ser muy importantes para él, desde luego no tan importantes ni interesantes como su trabajo. Hinata era en efecto distinta; no pertenecía a aquella categoría de mujeres olvidables.

El hecho de pensar en su casa le puso nervioso. Siempre le había parecido adecuada, pero es que él nunca había sido melindroso. Y de pronto sentía deseos de cambiarlo todo.

- Mi casa necesita un poco de atención-decidió bruscamente-. Ésta es una buena ocasión para ocuparme de ello.

-¿Qué clase de atención?

-Mantenimiento. Pintarla, pulir los suelos. El baño necesita una renovación completa.

-Ya veo. -Los oscuros ojos de Sai empezaron a brillar. Aquello era algo que le llevaba aguijoneando varios años-: y ya puestos, ¿qué tal si cambiaras los muebles? Los trastos que tienes ahora deben de tener unos veinte años.

-La casa pertenecía a mis abuelos. Cuando me la dejaron a mí, los muebles ya estaban dentro.

-Eso es lo que parece. ¿ y cómo lo ves? ¿ Vas a cambiar los muebles también?

Naruto reflexionó un momento. A diferencia de la mayoría de los policías, y sin contar a Sai, su cuenta bancaria gozaba de buena salud. Estaba soltero y no tenía gustos caros en cuanto a comida, ropa o coches. Había heredado la casa de sus abuelos, así que no tenía ninguna hipoteca que pagar todos los meses. De hecho, vivía con la mitad de sus ingresos, de modo que la otra mitad se había ido acumulando en el banco durante años. En varias ocasiones había pensado en comprarse un barco, ¿pero cuándo iba a tener tiempo para usarlo? No se le habían ocurrido otros proyectos en que gastarse el dinero. Su casa ciertamente necesitaba un cambio. Le gustaría llevar a Hinata allí de vez en cuando, aunque en realidad no se la imaginaba viviendo con él, y quería que tuviera un aspecto agradable, por ella. Desgraciadamente, ahora tenía exactamente el aspecto de lo que era: el hogar de un soltero. y de un soltero que no prestaba mucha atención a su entorno, además. No era el típico guarro que iba dejando comida y latas de cerveza vacías por todas partes, pero tampoco se le daba muy bien limpiar el polvo o poner las cosas en su sitio.

-Está bien -dijo-. También cambiaré los muebles.

Sai se frotó las manos:

-Empezaré mañana.

Naruto miró a su amigo con recelo.

-¿Qué quieres decir con eso de que vas a empezar mañana? Vas a estar ocupado. Yo me encargaré de llamar a los pintores ya los carpinteros, y el fin de semana próximo escogeré muebles nuevos.

-No va a ser así exactamente, colega. Ya estamos de acuerdo en que tu gusto en todo excepto en cuestión de mujeres es atroz. Tienes Un gusto excelente para las mujeres. El resto déjamelo a mí.

-¡Demonios, no! Te conozco. Tú pondrías en la sala de estar una de esas alfombritas que cuestan una fortuna, y yo no me atreveré ni a pisarla. Mi cuenta bancaria no es tuya, «colega».

-Tomaré eso en cuenta. Y no escogeré alfombras caras. Al contrario que tú, yo tengo un gusto excelente. Será un lugar en el que podrás estar cómodo, pero estará muchísimo más bonito. A Hinata le gustará -añadió travieso.

Naruto le miró ceñudo, y Sai le dio una palmada en el hombro.

-Tú relájate y disfruta.

-Eso me suena a que me van a joder.

-Puedo hacértelo por unos diez mil. ¿Qué tal te suena eso?

-Me suena a una jodienda carísima. ¿Qué tal cinco mil?

Sai soltó un bufido.

-Sólo si quieres dormir en un futón y sentarte en un saco de alubias.

Diez mil. Era mucho dinero. Pero Sai tenía razón, el muy engreído cabrón: tenía buen gusto. La casa necesitaba una reforma, y él la quería limpia y reciente para Hinata, aunque nunca fuera a vivir en ella. Ninguna de las otras mujeres había dejado mucha huella, pero quería hacer desaparecer hasta el menor indicio de ellas.

-¿Cómo vas a encontrar tiempo para hacerlo? -preguntó, mascullando.

-¿Sabes lo que es un teléfono? No hay problema. Haré que entreguen el material, me dejaré caer por allí para echarle un vistazo, y si no me gusta, la tienda se lo volverá a llevar.

-Llevas demasiado tiempo siendo rico. Necesitas salir de la estratosfera y vivir como la gente normal, para variar.

-Los consumidores ostentosos como yo creamos puestos de trabajo y hacemos que crezca la economía. Ya es hora de que hagas tu parte.

-Ya he aceptado, maldita sea.

-Entonces, deja de quejarte. - Sai consultó de nuevo su reloj-. Tengo que irme. Si tienes una llave extra de la casa, tráemela por la mañana.

-Claro -contestó Naruto, preguntándose si su casa sería reconocible como el mismo domicilio cuando Sai hubiera acabado con ella. Aun así, se mataban dos pájaros de un tiro: La casa necesitaba verdaderamente un cambio, y eso le daba una excusa perfecta para mudarse a casa de Hinata mientras durase la reforma. Entró en el coche silbando.

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Hora y media más tarde, Hinata, de pie en la puerta, se quedó muda de asombro al ver a Naruto descargar trajes y cajas del coche.

-¿Qué es todo eso? -preguntó con voz desmayada. Una pregunta tonta; veía bien a las claras lo que era. La pregunta que en realidad quería formular era: «¿por qué?», pero supuso que también conocía la respuesta.

Era posible que a Naruto le gustase mucho la parte física de aquella relación, pero ella no podía permitirse olvidar que, con independencia de todo, él era policía. ¿Qué mejor modo de vigilarla que mudándose a vivir con ella? De esa forma sabría inmediatamente si tenía otra visión.

-Mis cosas. Tengo la casa en obras, de modo que tengo que largarme de allí un par de semanas. -Se detuvo en el porche, mirando fijamente a Hinata-. Perdona por no preguntártelo, pero lo de la obra ha sido una decisión repentina.

-Ya veo. - Hinata consiguió esbozar una sonrisa irónica-. Trasladarse aquí es una buena forma de estar encima de la situación, supongo. Figurada y literalmente hablando.

Naruto dejó la caja con mucho cuidado en el porche. Su expresión era a la vez fría y vacía.

-¿ Qué significa eso exactamente ?

Hinata se alzó de hombros.

-¿ Puedes decir sinceramente que mudarte a mi casa no tiene nada que ver con los asesinatos, con toda esta situación?

-No -dijo él impulsivamente. Era la verdad. No podía. Hinata era su mejor oportunidad de pescar a aquel hijo de puta, pero no era sólo eso. Había visto cómo la afectaban las visiones, el precio físico y mental que le suponían. Por las dos razones, además del hecho de que se sentía violentamente atraído hacia ella, quería estar cerca de Hinata.

Ella permaneció en silencio por espacio de unos instantes, estudiando la situación. Se habían convertido en amantes, pero su instinto le aconsejaba que se tomase las cosas despacio. Las circunstancias habían decretado otra cosa y los habían arrojado a ambos a una olla a presión. Aunque ella quisiera ahora pisar el freno, avanzar paso a paso en aquella extraña relación, esas mismas circunstancias continuaban alineándose en su contra. Naruto era, por encima de todo, un policía, y ella constituía su conexión directa con un asesino. Hasta que atraparan a éste, no podría esperar que Naruto se mantuviera muy alejado de ella. Simplemente tendría que recordar que la razón principal por la que estaba allí era su trabajo; era seguro que él no se había en irse a vivir con todas las mujeres con las que se había acostado.

Se apartó a un lado y dijo:

-Es sólo para que nos entendamos. Entra.

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Sai lanzó un largo silbido cuando Naruto entró a la mañana siguiente y todo el mundo se volvió para mirarle. No importaba que hubiera un asesino en serie suelto por ahí; los policías nunca estaban demasiado ocupados para acosar a uno de los suyos. Sakura se llevó una mano al corazón y fingió desmayarse. Jiraiya, que estaba de pie junto a la mesa de Kiba, quedó totalmente sin expresión y le preguntó:

-¿Podemos servirle en algo, señor?

-Por supuesto que sí -contestó Naruto de buen humor al tiempo que se dejaba caer en su silla-. Todos vosotros, sabihondos, ya podéis pedirme disculpas por lo que me habéis criticado durante años en cuanto a la forma en que vestía.

-Lo ha dicho en pasado -señaló Sai, poniendo los ojos en blanco-. Dios, por favor, que siga así.

Naruto le sonrió.

-¿Te apetece tomar un par de cervezas al salir del trabajo?- le preguntó con voz sedosa.

Sai captó la indirecta y capituló, pero conservó un malévolo brillo de diversión en sus ojos oscuros.

-¡Tómame, tómame! -exclamó Sakura, agitando la mano exageradamente.

-Ya, ¿para que me rompan las piernas?

Ella se encogió de hombros.

-A mí no me importa.

-Ya, gracias. Me siento abrumado por tu preocupación.

Jiraiya se separó de la mesa de Kiba para apoyarse en la de Naruto.

-¿A qué se debe esta transformación? -le preguntó-. ¿Te ha asaltado un diseñador de moda cuando venías al trabajo?

Naruto sonrió abiertamente, sabiendo que su respuesta haría que Jiraiya se ahogara. No era algo que pudiera guardarse para sí, de modo que decidió divertirse un poco.

-A Hinata no le gustan las arrugas -explicó con calma. Jiraiya se puso blanco.

-¿Hinata? -Era obvio que sólo se le ocurría una Hinata, y era igual de obvio que no lograba establecer la relación.

- Hinata Hyūga. Ya sabe, la vidente.

-Ya sé quién es -replicó Jiraiya, aún confundido--. ¿ Qué tiene ella que ver con esto ?

-No le gustan las arrugas -explicó Naruto de nuevo, tan inexpresivo como Jiraiya antes.

Oyó la risita de Sai, pero no se atrevió a mirar en aquella dirección.

El pobre Jiraiya estaba espeso ese día.

-¿ Es que esa mujer va por la ciudad cargándoselas ? -preguntó con fuerte sarcasmo.

-No. - Naruto sonrió, una sonrisa muy satisfecha-. Las plancha. Por lo menos, me planchó la camisa. Pero me hizo que me planchara yo los pantalones, porque dijo que me convenía aprender.

Jiraiya le miró boquiabierto. Sai estaba haciendo unos ruiditos como de ahogo, en un intento de no romper a reír en voz alta.

-Quieres... quieres decir que Hinata... o sea, que tú y Hinata...

-¿ Que Hinata y yo, qué ?

-Hum... ¿Estáis saliendo?

-¿Saliendo? - Naruto fingió pensar-. No, yo no diría eso.

-¿ Entonces qué dirías ?

Él se encogió de hombros con gesto negligente.

-Es muy sencillo. Esta mañana, al vestirme, ella me ha dicho que de ninguna manera iba a salir de casa de esa guisa, de modo que sacó la plancha y la tabla de planchar y me hizo quitarme la ropa. Cuando volví a ponérmela, estaba así. -Se preguntó por qué una camisa recién planchada, una corbata bien anudada y unos pantalones con la raya bien hecha importaban tanto, no sólo para Hinata, sino también para el resto del mundo. No le importaba; antes no se había preocupado. Ahora no se preocupaba de la ropa, pero Hinata sí, de modo que tendría que esforzarse un poco más. Sencillo.

Jiraiya farfullaba literalmente, con los ojos desorbitados.

-Pero si la conoces hace una semana. La pusiste en ridículo, la acusaste de ser cómplice de un asesinato. Ella te tenía ojeriza.

-Los dos hemos cambiado de opinión -dijo Naruto--. Si me necesita, podrá encontrarme en su casa.

-Mierda. Te estás burlando de mí. Creía que esa mujer tenía mejor gusto.

Naruto sonrió pacíficamente.

-Y así es. Ya me está mejorando. -Y pensaba dejar que siguiera haciéndolo. Si Hinata quería que se afeitase dos veces al día, se afeitaría dos veces al día; si quería que hiciera el pino todas las mañanas durante una hora, no tenía ningún problema en levantar el culo en el aire.

La tarde anterior, al volver con su ropa, había quedado claro que la idea de que él se fuera a vivir a su casa la ponía nerviosa. Sabía que debería haberle mentido en cuanto a sus motivos, pero maldita sea, su interés por Hinata era realmente doble. No podía olvidarse alegremente de los asesinatos y asegurarle a ella que no pensaba para nada en su participación en los mismos. Diablos, precisamente no podía dejar de pensar en su participación.

Cuanto todo aquello acabase, dedicaría toda su atención a Hinata, pero en aquel preciso momento no podía hacerlo, y ella lo sabía. Había percibido un ligero distanciamiento que no existía cuando se marchó. Hinata seguía reconstruyendo aquella coraza de protección, como si no pudiera confiar en sí misma lo bastante para soltarse, o confiar en que él la sujetase si se soltaba. Permitiría que Hinata le reformase desde cero si eso la hacía a ella sentirse más segura con él.

Hinata era una criatura solitaria que no compartía fácilmente su espacio ni su tiempo. Naruto había pasado la noche procurando con todo cuidado no agobiarla, pero de todas formas estableciendo un tono de normalidad hacia su presencia. Habían hecho cosas muy normales -hacer la cena, recoger la cocina, ver la televisión-, igual que si llevasen meses juntos en vez de una estresante semana. y había funcionado; ella se había ido relajando conforme avanzaba la noche, y cuando se fueron a la cama y él empezó a hacerle el amor, aquella reserva se había desvanecido por completo. No sabía si habría desaparecido para siempre; era probable que no. Pero estaba dispuesto a hacerle frente cada vez que reapareciera, y mientras tanto se iría introduciendo cada vez más hondamente en el diario entramado de su vida. Además, le gustó mucho que Hinata le hiciera varios comentarios acres sobre su vestimenta. Había estado demasiado hundida y vulnerable durante los dos últimos días, y Naruto se alegró de verla regresar a su habitual talante mordaz.

Todavía sacudiendo negativamente la cabeza por la evidente pérdida de sentido común de Hinata, Jiraiya hizo un gesto a Sakura y a Utakata para que se acercaran. Cuando todo el mundo estuvo reunido, decidieron lo que iban a hacer ese día. Sakura y Utakata iban a hablar con la gente con la que había trabajado Mei Terumi, incluida de nuevo Tezuma, porque ahora estaría más calmada y tal vez recordase algo más. También decidieron obtener copias de los cheques cobrados de ambas víctimas. Naruto y Sai fueron a la peluquería The Hairport a hablar con la estilista de Mei Terumi.

The Hairport se encontraba situada en un edificio pequeño y renovado. No tenía nada de aquella decoración en neón rosa y tonos negro y morado tan apreciada por los salones más modernos de los que todos los clientes salían como si hubieran metido los dedos en un enchufe. Pero había helechos de verdad (Naruto lo sabía porque Sai metió el dedo en la tierra de la maceta para comprobarlo) y cómodos sillones para esperar, además de una selección realmente impresionante de revistas, apiladas en inseguras torres sobre cualquier superficie libre. En el salón había varias mujeres, en diversas fases de mejora capilar. Flotaba en el aire un fuerte olor a productos químicos, y un aroma subyacente a laca de pelo y esmalte de uñas.

La tal Kathy que cortaba el pelo a la señorita Terumi era Kathleen McCrory, que lucía un aspecto tan irlandés como su apellido. Tenía una cabellera de color rojo arena que le flotaba alrededor del rostro, un cutis muy claro y unos ojos azules y redondos que se abrieron aún más cuando Naruto y Sai se presentaron. Los condujo hacia la minúscula habitación de descanso que utilizaban los estilistas, sirvió a cada uno una taza de café y les ofreció a escoger del surtido de cosas de picar que había sobre la pequeña mesa. Ellos aceptaron el café, pero rechazaron las chucherías.

Kathleen era una joven alegre y segura de sí misma. Sai empezó a preguntarle por Mei Terumi, y Naruto se reclinó en su asiento a disfrutar del café, que era bastante bueno.

Observó a Kathleen coquetear ligeramente con Sai y vio cómo su compañero coqueteaba también a su vez, sin dejar de hacer preguntas. Kathleen dejó el juego cuando él le dijo que Mei Terumi había sido asesinada, y lentamente sus grandes ojos azules se llenaron de lágrimas. Miró alternativamente a Naruto y Sai, como si estuviera esperando que alguno de los dos dijera que se trataba de una broma. Empezaron a temblarle los labios.

-No he visto las noticias este fin de semana --dijo, y tragó saliva- Mi novio y yo hemos estado en Daytona.

Naruto extendió una mano sobre la pequeña mesa y tomó la mano de la chica. Ella cerró los dedos con fuerza y se aferró a él hasta que pudo dominar las lágrimas. Después le dirigió una leve sonrisa acuosa, de disculpa, al tiempo que se ponía a buscar un pañuelo de papel para secarse los ojos.

Sí, le cortaba el pelo a Mei cada tres semanas. Mei poseía un cabello precioso, sedoso y abundante, con mucho cuerpo. Podía hacer con él lo que le apeteciera.

Sai interrumpió suavemente aquel análisis del cabello para regresar al tema en cuestión.

No, Mei no había mencionado estar viéndose con nadie desde hacía un tiempo. No, Kathleen no recordaba a nadie apellidado Yakushi.

¿ Que si tenía clientes masculinos ? Claro que sí. Y bastantes. ¿Que si Mei había hablado o hecho amistad con alguno de ellos? No que Kathleen recordase.

Otro callejón sin salida, pensó Naruto. Ya estaba cansándose de ellos.

El martes se encontraron más callejones sin salida. La comparación de los cheques cobrados y de los recibos de las tarjetas de crédito reveló que los Yakushi y media Terumi habían comprado en algunos mismos grandes almacenes, lo cual les dijo exactamente nada. Naruto se imaginaba que casi todo el mundo en Orlando había estado por lo menos en uno de aquellos grandes almacenes en una u otra ocasión. Aun así, era la única conexión que habían encontrado, de modo que la persiguieron denodadamente, comparando fechas para ver si tal vez habían estado en una tienda al mismo tiempo.

Mei Terumi tenía tarjetas de crédito de varios grandes almacenes, pero Nōnō Yakushi no tenía ninguna de éstas, y normalmente pagaba sus compras con un cheque, o cargando el gasto en su única tarjeta de crédito, una MasterCard, cuando no tenía el efectivo a mano.

Pero la señora Yakushi era muy frugal y había utilizado la tarjeta sólo en dos ocasiones a lo largo del año anterior. En general, los Yakushi habían funcionado con una economía doméstica al día, mientras que Mei Terumi cargaba todo en sus tarjetas y pagaba en plazos mensuales, y siempre vivía ligeramente por encima de sus posibilidades. La mayoría de sus compras eran de ropa, de las mejores tiendas de la ciudad.

Tenían estilos de vida distintos. Los Yakushi eran trabajadores más humildes, y lo que más interesaba a Nōnō era la cocina. Mei Terumi era de categoría más alta, una mujer que adoraba la ropa y hacía un esfuerzo por ir siempre lo mejor vestida posible. Pero en alguna parte, de alguna manera, las dos mujeres, por diferentes que fueran, habían tenido la mala suerte de llamar la atención del mismo hombre. ¿ Pero dónde, y cómo?

El jefe Mifune claramente esperaba que dieran con algo; su decepción de aquella tarde no resultaba agradable. Pero él también era policía, y había visto los expedientes. El mismo hombre había matado a ambas mujeres. La misma falta de pruebas circunstanciales era un indicador tan importante como si hubieran encontrado las mismas huellas dactilares en las dos escenas del crimen. Se trataba de un tipo muy inteligente, y necesitaban ayuda.

-Está bien --dijo-. Llama al FBI. Yo se lo diré al alcalde.

Jiraiya hizo la llamada y explicó brevemente la situación. Los hombres de la oficina local del FBI recibieron un montón de información al terminar, y dijeron que les gustaría ver los expedientes de inmediato.

- Uzumaki y Sai, coged los expedientes y salid para allá --dijo Jiraiya.

Naruto vio que Sai consultaba su reloj, un signo seguro de que tenía algo más que hacer.

-¿Por qué no enviar a alguien de cada caso? -sugirió-. Puede que hagan preguntas acerca de Mei Terumi que Sai y yo no sepamos responder.

-De acuerdo -aceptó Jiraiya-. ¿Sakura? ¿Utakata? ¿Quién de los dos quiere ir?

Utakata hizo una mueca. Estaba claro que deseaba ir, pero también miró su reloj.

-Hoy es el cumpleaños de mi suegra. Si llego tarde a la fiesta, mi mujer dejará de hablarme un año entero.

-Yo estoy libre --dijo Sakura--. ¿Quién de vosotros dos irá?

-Yo --dijo Naruto, y Sai le dirigió una fugaz sonrisa de agradecimiento.

El agente del FBI Midori los estaba esperando. Midori tenía un aspecto a lo Ichabod Crane: delgado, de piernas largas y hombros encorvados, con la ropa siempre flotando en torno a él como si le viniera demasiado grande. Tenía los ojos hundidos y la nariz aguileña.

Pero era un hombre sereno e inteligente que era más diplomático que algunos a la hora de tratar con los departamentos locales encargados de hacer cumplir la ley. Naruto ya había tratado con él antes, y le gustaba mucho.

Un segundo agente, Rock Lee, era un jovenzuelo recién salido de sus estudios, todo pulcro y acicalado. A Naruto no era que le gustase mucho, porque parecía el típico que insistía en seguir a rajatabla las normas aun cuando todo se viniera abajo a su alrededor, pero el chico se redimió echando una mirada a Sakura y cayendo inmediatamente presa de la lujuria. Se quedó absolutamente inmóvil, mirándola fijamente con los ojos abiertos como platos y con un ligero rubor en las mejillas. Sakura siempre era amable y podía ser muy femenina cuando quería, de modo que fingió no haberse percatado de la fascinación del muchacho. Naruto y Midori intercambiaron miradas irónicas y se sentaron ante una gran mesa de Juntas.

-y bien, ¿qué es lo que tienen? -preguntó Midori, al tiempo que sacaba un cuaderno y destapaba un bolígrafo.

Sakura entregó copias de los expedientes a ambos agentes, que los hojearon en silencio.

Lee olvidó su preocupación por la sencilla pero notablemente atractiva detective Sakura Haruno y su semblante se tornó grave al contemplar las duras fotos de los cadáveres, tanto en color como en blanco y negro.

-Es probable que las aceche antes de matarlas -dijo Naruto--. Así sabe si están solas o no. En ambos casos, creemos que es posible que estuviera en la casa un rato antes de que ellas lo supieran, oculto en el dormitorio de invitados. En el caso de Yakushi, probablemente estuvo esperando a que el marido se fuera a trabajar. Con Mei Terumi, no sabemos a qué esperó.

-Tal vez a que los vecinos se fueran a la cama -dijo Lee en tono distraído, todavía estudiando las notas.

-Habría menos posibilidades de que oyeran algo si estaban todavía levantados y con la televisión encendida. En cualquier caso, ninguno de los vecinos oyó gritos.

Midori observaba las fotos con rostro impasible.

--Cabría pensar, por la forma en que han sido acribilladas estas mujeres, que han chillado como locas al ser asesinadas, pero en muchas ocasiones no sucede eso. Él las persiguió, ¿ no es así? Estaban aterrorizadas, sin resuello, ya traumatizadas por la violación. En esas circunstancias es difícil chillar, gritar de verdad, la garganta se cierra, impide que salga ningún sonido. Probablemente no hicieron demasiado ruido

Dejó los expedientes sobre la mesa y se frotó el mentón

-¿Sólo hay dos casos? Eso no nos da mucho con que trabajar, pero estoy de acuerdo, parece tratarse del mismo tipo. ¿Cuál es la conexión?

-No hemos podido encontrar ninguna -dijo Naruto--. Ni en el parecido físico, ni en el estilo de vida, los amigos, el vecindario, nada. Hemos comparado los cheques cobrados y los recibos de las tarjetas de crédito, y salvo algunas compras que ambas hicieron en los mismos grandes almacenes, lo cual puede aplicarse a la población entera de esta ciudad, sus caminos nunca se cruzaron. Jamás se conocieron entre sí.

-Sin embargo, hicieron algo que atrajo la atención del asesino. ¿Compraron algo en la misma tienda, digamos, dentro del mismo mes?

-No que hayamos podido descubrir Resulta difícil de saber, porque los Yakushi pagaban un montón de cosas al contado. -A Naruto no le irritaban las preguntas de Midori, cosa que sí habría molestado a algunas personas al tomarlas como una sugerencia de que los policías locales no habían hecho un buen trabajo.

Las mismas preguntas iban a repetirse una y otra vez, a medida que el problema fuera cayendo en las manos de diferentes personas. Había habido muchas ocasiones en que había vuelto a examinar el mismo expediente una vez tras otra, empeñado, hasta que se encendía una luz y veía de pronto un de talle que había estado allí todo el tiempo pero se le había pasado por alto.

-Voy a llevar esto a Kakashi -dijo Midori-. Dos asesinato, en una semana no son buena señal Si ese tipo está avanzando tan de prisa, es que va sin control.

-Tengo la esperanza de que haya sido raro en él matar a dos personas tan seguidas. Puede que Mei Terumi fuera una oportunidad fácil a la que no se pudo resistir.

-Puede. Pero si le gustó hacerlo, no esperará mucho para hacerlo de nuevo.

-Oh, claro que le gusta -dijo Naruto amargamente-. Actúa sin prisas, juega con sus víctimas. A ese hijo de puta le encanta su trabajo.

Continuará...