CAPÍTULO 16
Kakuzu estaba taciturno. Estaba de un humor de perros desde el pasado viernes por la noche. Mei Terumi no había resultado ser la diversión que había esperado. La gran sensación de poder que había soñado no se materializó. La mujer había estado patética, gimiendo y correteando por ahí en círculos, en vez de hacerlo interesante. y tampoco había hablado mucho de ello la prensa, lo cual realmente le decepcionó.
Parte de la diversión -tal como habían salido las cosas, más bien la mayor parte de la diversión- de aquel último caso se había basado en el hecho de saber que los policías iban a volverse locos, con dos incidencias tan similares, tan cercanas la una de la otra, y tan absolutamente faltas de pistas con las que poder trabajar. Pero era obvio que los policías eran más idiotas de lo que él pensaba, lo cual le quitó todavía más diversión al asunto.
¿Dónde estaba el reto?
No podrían pillarlo, pero al menos creyó que podrían haberse dado cuenta.
No estaba seguro de qué era lo que interfería con su placer. Tal vez Terumi había aparecido demasiado pronto, después de la última. Él no se encontraba en el adecuado estado de emoción, no había agotado la fase de acechar a la víctima a lo largo de varias semanas mientras la tensión iba creciendo cada vez más hasta convertirse en una sensación febril, con todos los sentidos aguzados y toda su fuerza concentrada.
Naturalmente, tendría que probar de nuevo para asegurarse.
Odiaba desperdiciarse a sí mismo con una desilusión, pero era la Única manera de averiguarlo. Si el siguiente caso resultaba igual de aburrido, sabría cómo dedicar más tiempo al proceso y no dejaría que la facilidad aparente de un caso lo empujase a avanzar demasiado deprisa y robarse a sí mismo el placer.
Todos los días, en el trabajo, esperaba atento a la menor transgresión. ¿Qué infeliz cliente iba a tener que pagar? Después de todo, para que fuera una prueba veraz, tendría que actuar lo antes posible.
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Hinata se sentía nerviosa, inquieta a causa de una tensión interior que no terminaba de remitir.
No lograba encontrar la razón de dicho nerviosismo, porque había muchos candidatos entre los que elegir. El motivo más importante, por supuesto, era el miedo al fin de semana que se avecinaba. No podía explicar a nadie, ni siquiera a Naruto, cómo se sentía después de haber tocado los pensamientos del asesino durante aquellos sangrientos instantes. No se sentía sólo sucia, sino permanentemente contaminada por su maldad, como si su alma no fuera a verse nunca libre de aquel mal. Más que ninguna otra cosa que hubiera deseado en la vida, quería echar a correr, alejarse lo más posible para no saber cuándo iba a matar él de nuevo. Por desgracia, ese alivio era lo único que no podía permitirse a sí misma, o de lo contrario acabaría verdaderamente contaminada por su propia cobardía. Tenía que quedarse, tenía que aguantarlo, por aquellas dos mujeres que ya habían muerto, por las otras personas que no conocía, por el pequeño Dusty. ..por sí misma.
Además estaba Naruto. Le amaba, pero tenerle alrededor todo el tiempo seguía siendo desconcertante. Había pasado tantos años sola que a veces la sobresaltaba darse la vuelta y toparse con él. De pronto había el doble de ropa que lavar, el triple de comida que preparar, horarios a los que ajustarse puesto que había un solo cuarto de baño, y muy poco espacio en la cama. Su vida había estado totalmente controlada, y ahora todo había cambiado.
Él lo sabía, naturalmente. Aquellos agudos ojos cielo lo veían todo, aunque ella luchase por esconder lo inquieta que se sentía. Naruto no le dejaba a ella todas las tareas de la casa, como habrían hecho muchos hombres; él estaba acostumbrado a hacerse la colada y no dudaba en lavar un montón de ropa. El límite de seguridad de Naruto a la hora de cocinar estaba en calentar el contenido de una lata o armar un bocadillo, de modo que era ella la que se encargaba de la cocina, y él de la limpieza. Naruto hacía lo que estaba en su mano por facilitarle la transición, pero al mismo tiempo se negaba a retroceder y darle más espacio. Él estaba allí; Hinata tenía que acostumbrarse a él. y ella estaba feliz de hacerlo, de pasar aquel tiempo con él fueran cuales fueran sus motivaciones, pero no dejaba de ser algo que la ponía nerviosa.
No podía escapar del fin de semana que se aproximaba, no podía distraerse. ¿Atacaría de nuevo el asesino? Casi no podía soportar la idea de que otra mujer inocente fuera acribillada, o de que ella misma fuera absorbida al repugnante y malvado cenagal que era la mente del asesino. Intentó no pensar en eso, pero era como ser perseguida por un perro enloquecido y tratar de no pensar en ello. A cada tic-tac del reloj el fin de semana estaba más cerca, y no había nada que pudiera hacer para evitarlo. Procuró hacerse fuerte para soportarlo, porque ella era la única conexión que tenía Naruto con el asesino. Tarde o temprano, él le daría una pista de su identidad. Lo único que tenía que hacer era esperar y soportar su frenesí de muerte sin volverse loca ella misma.
Para el martes estaba ya tan tensa que no pudo comer la comida china que Naruto había traído para la cena, y eso que la comida china le encantaba. Tenía la garganta rígida, y cada vez que tragaba la comida parecía formar una bola a medio camino del esófago. De todos modos no tenía apetito, así que dejó de hacer siquiera el esfuerzo.
Como siempre, a Naruto no le pasó inadvertido aunque estaba haciendo impresionantes incursiones en la comida.
-¿Estás preocupada? -le preguntó
-¿Cómo no voy a estarlo? Los dos últimos fines de semana no han sido precisamente una fiesta.
-¿Estás percibiendo algo de él? - Naruto hizo la pregunta con naturalidad, pero el interés que había tras ella era enorme.
-Estoy inquieta, pero es un sentimiento mío, no suyo. -Se frotó los brazos-. ¿ Cuánto tiempo tardará el FBI en obtener un perfil de él?
-No lo sé. Sólo hemos tenido dos casos, de modo que eso tal vez se lo ponga más difícil. Pero es posible que puedan hacer coincidir el modus operandi con otros casos que les hayan presentado, y eso les será de ayuda.
-¿Crees que ya ha matado antes? -preguntó Hinata en tono tenso al tiempo que echaba una mirada a la puerta trasera.
Vio a Ebizō podando el seto de la parte de atrás de su jardín. Sus vecinos llevaban vidas sencillas y agradables; Hinata envidiaba la aburrida seguridad que disfrutaban.
-Probablemente. Es demasiado bueno para ser un principiante. Seguramente se mueve de un lado para otro, para no dejar que una determinada zona se vuelva demasiado caliente para él.
-¿ De modo que se habrá mudado aquí recientemente ?
-Yo diría que sí.
-¿No hay alguna forma de comprobar las llegadas más recientes? ¿La oficina de correos no lleva un registro? O a lo mejor podéis obtener una lista de nuevos clientes de las compañías de la luz o del teléfono.
-¿Sabes cuánta gente se traslada al centro de Florida cada año? -dijo Naruto-. Llevaría un montón de tiempo. Con todo, es una idea.
-Podrías descartar a todas las mujeres, lo cual reduciría la lista a la mitad.
-Y todavía nos quedarían varios miles. - Naruto se levantó y empezó a recoger la mesa-. Hablaré de ello a Jiraiya.
Hinata entrelazó las manos y le miró fijamente.
-¿ Saben los demás algo de mí?
-¿Quieres decir los demás detectives?
-Sí.
-Sólo Jiraiya, Sai y yo. ¿Por qué?
-He estado un tanto preocupada al respecto.
-¿ Y por qué ?
-Porque hablarán. - Hinata, inquieta, se levantó también y le ayudó a quitar la mesa.
-¿Y?
-Esa clase de cosas llegaría a los medios de comunicación. Ya sabes cómo son.
-Hasta ahora, los medios de comunicación ni siquiera están enterados de la existencia del asesino. Y me sorprende, porque después de habérselo dicho al alcalde esperaba que apareciera en las noticias de las seis que había un asesino en serie suelto por Orlando. En el ayuntamiento no hay nadie capaz de guardar un secreto. De todas formas, un día se filtrará la información. -Se puso a lavar los pocos platos que había, observando a Hinata pasear por la cocina-. ¿ Has tenido problemas con los medios anteriormente ?
Ella le dirigió una mirada de incredulidad.
-¿Estás de broma?
-¿ Qué sucedió ?
-¿ En qué ocasión ? -replicó ella, cáustica-. Los reporteros son horribles, cada vez que surge una historia, con el teléfono que no deja de sonar y metiéndome las cámaras y los micrófonos por los ojos cada vez que abro la puerta. Pero lo peor no son los reporteros; son sólo la causa. Lo peor viene cuando ellos ya han redactados sus historias, cuando comienzan las amenazas de muerte y cuando esos chalados evangelistas empiezan a convocar reuniones para rezar enfrente de mi casa para expulsar a Satán, porque es obvio que lo mío es obra del demonio. Si saliese esta vez en la prensa, seguramente perdería mi trabajo. Nunca me he encontrado en circunstancias como éstas, porque siempre me apoyó el Instituto. ¿ Pero te imaginas que un banco va a tolerar esa clase de publicidad? ¿ Una estrafalaria vidente que trabaja en su departamento de contabilidad? Algunos de sus clientes cerrarían sus cuentas, temerosos de que yo metiera las narices en sus asuntos.
-A saber lo que tienen que ocultar -dijo Naruto con mirada especulativa.
-Probablemente nada. Algunas personas son lo bastante paranoicas como para pensar que las «autoridades», quienesquiera que sean, lo ven todo y lo controlan todo. No quieren rellenar los papeles del censo porque creen que esa información se pasa a Hacienda.
-¿Cómo lo sabes? -inquirió Naruto, deslizando la pregunta suave como la seda. Ella le miró y se encontró con aquellos ojos cielo que brillaban de diversión.
Hinata reprimió un ataque de risa al ver adónde la había conducido él.
-¡Porque podía leerles la mente! He dicho «podía», ahora ya no puedo.
-¿ Estás segura? ¿ Lo has intentado ?
-Sí, listillo, lo he intentado.
-¿ Cuándo ?
-La semana pasada. Intenté leer la mente del asesino, pero no pude. Intenté encontrarte a ti. Intenté encontrar a Sai. Nada. Por fin te vi a ti, muy brevemente, pero no conseguí saber nada
-Así que me viste. - Naruto no parecía contento con la idea-. ¿Qué estaba haciendo?
-Estabas viendo un partido de béisbol y contestando al teléfono-dijo Hinata impulsivamente-. Fue cuando te llame por primera vez. Si no hubiera estado tan preocupada y asustada, dudo que pudiera haberte visto. De todos modos, ése nunca ha sido mi punto fuerte.
Naruto aclaró los platos y los apiló en el escurreplatos, y a continuación se secó las manos.
-Pero eso fue antes de que empezáramos lo nuestro. Ahora quizá podrías hacerlo en cualquier momento que quisieras.
-Quizá. No lo sé. No he vuelto a intentarlo.
Naruto se volvió y se apoyó contra el fregadero, cruzado de brazos, observándola. Hinata se mantuvo firme, pero no estaba segura de contra qué. Naruto mostraba una expresión seria, y parecía más grande de lo normal. Se había quitado la chaqueta cuando llegó a casa con los paquetes de comida china, pero todavía llevaba puesta la sobaquera. Hinata sintió un escalofrío. Naruto ya llevaba con ella una semana, y en aquel corto período de tiempo se había acostumbrado a su actitud protectora, incluso a ser mimada por él. Pero una semana era muy poco tiempo, y antes de eso ambos habían sido adversarios.
En una ráfaga de luz comprendió cuál era el problema. Naruto la quería para sí, pero no confiaba en ella. ¿ Cómo iba a hacerlo ? No la conocía lo bastante bien. ¿ Acaso no era aquello, también, una parte importante del problema de ella? Se habían visto empujados a estar juntos sin tener tiempo para conocerse el uno al otro. Él era policía; la desconfianza y la suspicacia eran para él el pan de cada día. Le había hecho el amor, se había trasladado a vivir con ella, pensando que había perdido la mayor parte de sus capacidades psíquicas. No le gustaba en absoluto la idea de que ella pudiera tenerle controlado sin que él lo supiera. Quería conservar su intimidad, excepto la parte que él escogiera compartir con ella.
Aquello dolía, pero Hinata no podía censurarle. Había empleado mucho esfuerzo en tratar de asegurarse su propia intimidad, así que no podía criticar que Naruto tuviera ese mismo instinto.
-¿ Quieres que me disculpe por ser lo que soy ? -le preguntó con voz firme-. ¿ O que jure solemnemente sobre la Biblia que jamás volveré a intentar leerte la mente ?
-No sabes si puedes hacer eso, excepto en una emergencia.
Hinata se encogió de hombros.
-Ni siquiera entonces lo intentaría, si tú no quieres que lo haga.
-No me gusta que me espíen -dijo él sin apartar su mirada de la de Hinata.
-Entonces no lo haré.
Naruto se pasó la mano por el pelo.
-Maldita sea -dijo para sí-. ¿Funciona al revés? La otra vez, estabas preocupada por mí; pero ¿y si fueras tú la que estuviera en peligro? ¿Puedes llamarme, psíquicamente?
-Yo puedo hacer la llamada, detective -dijo ella, sarcástica-. Pero si tú no tienes un receptor no puedes recoger las señales. Pero, de todos modos, no lo haría.
-¿Por qué no? -No le gustó aquello. Hinata vio cómo se inflamaba su genio.
-Por la barrera que acabas de establecer. Si no quieres que la cruce por comodidad mía, tampoco pienso cruzarla por la tuya.
-¡Mierda! No creo en esto. - Naruto cerró los ojos y se apretó el estrecho puente de la nariz-. Estamos discutiendo por algo que no existe. Si no puedes contactar conmigo de ninguna forma, ¿ entonces qué diferencia hay en que ni siquiera lo intentes ?
-Dímelo tú. Eres tú el que tiene el problema. - Hinata se dio la vuelta y se dirigió a la sala de estar.
Había dado apenas tres pasos cuando un duro brazo le ciñó la cintura desde atrás y la atrajo de nuevo hacia él. No intentó forcejear para zafarse, pero tampoco se relajó, y dejó que Naruto la sujetara. Se quedó inmóvil como una piedra, aguardando. Naruto tenía una erección; la notó en forma de una presión contra sus nalgas. No se sorprendió, porque en la semana que llevaban juntos al parecer él había estado duro casi todo el tiempo.
-No vamos a arreglar esto, ¿verdad? -Sintió el calor de su aliento en la sien.
-No veo cómo.
-Entonces olvidémoslo por el momento. ¿Quieres ir a dar un paseo en coche ?
-¿ Adónde ?
-A mi casa. Siento curiosidad por ver lo que Sai está haciendo con ella.
Hinata giró la cabeza y le dirigió una mirada de incredulidad.
-¿Quieres decir que no lo sabes?
- Pues no. Me dijo que no apareciera por allí hasta que hubiera terminado.
-Por el amor de Dios, ¿por qué? Es tu casa.
-Dijo que tengo tanta idea sobre decoración como sobre la ropa.
-En ese caso, lo entiendo perfectamente -replicó Hinata en tono irónico.
-Sabihonda. ¿Quieres ir o no?
-Claro.
Hinata tuvo que admitir que sentía curiosidad por ver su casa. sabía que estaría hecha un caos mientras durasen las obras para renovarla, pero las casas eran algo muy personal. Ya que no podía conocer a Naruto por medios psíquicos, tenía que obtener pistas sobre él del cualquier modo posible.
El trayecto hasta la casa de Naruto sacó de su mente la incómoda sensación que era su constante compañera. Dejó la pelea a un lado de momento, porque no había nada que pudieran hacer al respecto, y se preparó para disfrutar de un paseo por aquella casa.
Aunque era tarde, casi las once, y ya hacía mucho que se habrían ido a casa los obreros, había otro coche en la rampa de entrada, y en el interior de la casa había luces encendidas.
-Vaya -dijo Naruto-. Pillados con las manos en la masa. Está Sai dentro.
-No tienes por qué parar -señaló Hinata.
Él sonrió.
-¿ Y perdernos la diversión?
Aparcó hábilmente detrás del coche de Sai, y apenas se habían apeado cuando éste apareció en la puerta.
-Te dije que no vinieras por aquí -dijo.
-Pues deténme. He pasado cuatro días sin venir. ¿ Cuánto creías que iba a durar?
-Tres -respondió Sai, haciéndose a un lado para franquearles el paso.
Acudió a saludarles una mujer alta y esbelta.
- Ino -dijo Naruto, con evidente placer en el tono de voz, al tiempo que le daba un abrazo--. Hinata, ésta es Ino Yamanaka, agente de patrulla en la ciudad. Ino, Hinata Hyūga.
-Hola -dijo Ino con una voz grave y lenta. Hinata la evaluó rápidamente, y le gustó.
Había algo majestuoso en Ino Yamanaka, y sus profundos ojos azules reflejaban la paz interior de una serenidad inquebrantable.
-Bien, adelante, echad un vistazo -dijo Sai irritado.
Naruto recorrió con la mirada la habitación vacía, todo el tiempo con un brazo alrededor de Ino.
- ¿ Dónde están mis cosas ?
-Guardadas -gruñó Sai, apartando a la fuerza el brazo de los hombros de Ino.
Lanzó una mirada penetrante a Hinata, como dándole instrucciones de que pusiera a Naruto bajo custodia y le controlase. Ella compuso una expresión de inocencia, divertida al ver cómo el elegante Sai descendía a los primitivos niveles de los celos.
Ino dijo:
-No te preocupes por él. Vamos a casamos, y todavía le dura la impresión. -Y a continuación extendió la mano izquierda para enseñar un exquisito diamante de forma ovalada, de unos tres quilates.
-No es verdad. - Sai dirigió una mirada violenta a Naruto-. No empieces.
Naruto estaba sonriendo abiertamente.
-¿Que no empiece qué? Me alegro por ti. Felicitaciones, colega. Ino es demasiado buena para ti. ¿ Cuándo vais a firmar ?
-Dentro de unos seis meses -respondió Ino con comodidad-. He pensado que un compromiso largo le dará tiempo para acostumbrarse a la idea. Las cosas han ido bastante deprisa, así que no queremos precipitarnos a hacer algo que pueda ser una equivocación.
-Yo no necesito tiempo -dijo su prometido, con expresión acosada-. Fue idea mía, ¿no?
-Por supuesto que sí, cariño -le apaciguó ella, enlazando el brazo con el suyo--. Pero va a hacer falta todo ese tiempo para planear la boda. Bueno, ¿por qué no enseñas a Naruto lo que estás haciendo con su casa?
-¿ Va a ser una boda por todo lo alto? -preguntó Hinata.
-Bastante -contestó Sai, y dirigió una sonrisa malévola a Naruto-. Tendrás que ponerte esmoquin.
-Podré soportarlo -replicó Naruto, ocultando su instantáneo miedo--. Puede que me haga daño, pero no me matará. Por ti, viejo amigo, cualquier cosa.
Sai frunció el ceño como si hubiera esperado otra reacción, pero se dio media vuelta y le condujo hacia las habitaciones vacías.
Naruto estaba sinceramente asombrado de lo que había logrado en sólo cuatro días. A su abuela la encantaba el papel de pared, y todas las habitaciones de la casa lucían un modelo diferente. Ahora había desaparecido el empapelado, y en su lugar se veía estuco recién aplicado, pintado de un color blanco suave y aterciopelado. Todas las puertas de la casa habían sido reformadas con marcos en forma de arco.
-Sería mejor si las puertas exteriores y las ventanas fueran arqueadas -dijo Sai-, pero cambiarlas costaría mucho más dinero del que te quieres gastar. Los barnizadores de suelos van a empezar mañana.
Naruto se detuvo un momento a mirar boquiabierto la carcasa de lo que había sido su cuarto de baño.
-Lo has destripado -dijo.
-Sí. No tenía pensado hacerlo, pero las cañerías tenían cincuenta años. Te costará probablemente otros mil.
-Maldita sea, la próxima vez que te entren ganas de gastar otros mil o así de mi dinero, jpregúntame antes!
-Si te hubiera preguntado, me habrías dicho que no -repuso Sai con calma-. Espera a que haya terminado, y coincidirás en que merecía la pena el gasto.
-Más vale que así sea -musitó Naruto. Notó que Sai se divertía, y sabía que su compañero se estaba vengando de él por mostrarse tan contento con la inminente boda. No le importó mucho. Se alegraba de que Sai hubiese encontrado a alguien tan maravilloso como Ino, aunque comprendía con toda exactitud la sensación de pánico de su compañero, que era como si su vida de repente hubiera salido disparada sin control.
Él mismo se había sentido así desde que conoció a Hinata. Las cosas se habían sucedido demasiado aprisa. Sai e Ino habían decidido casarse, y habían fijado la fecha lo bastante tarde como para darse a sí mismos tiempo para asentar la relación y estar seguros de sus sentimientos. Naruto no había mencionado a Hinata nada de matrimonio ni siquiera de amor, pues prefería darse ese tiempo a sí mismo antes de comprometerse. A lo mejor lo que sentía por ella no duraba. Lo sentía como algo permanente, pero tal vez no lo fuera; el tiempo lo diría. Mientras tanto, estaban juntos, y al final eso era lo único que importaba. Se despertaba con ella todas las mañanas y se iba a la cama con ella todas las noches. Mientras tuviera eso, podría esperar lo demás.
Tampoco estaba seguro de lo que sentía Hinata. Había pasión aprecio, compañerismo... tal vez amor. ¿Quién podía saberlo? Ella llevaba sufriendo un estrés considerable desde el principio. Cuando todo se asentase, podrían saber más acerca de la relación existente entre ambos. Por primera vez estaba pensando en el matrimonio como una posibilidad, y eso en sí mismo ya era un paso enorme para él.
Pero todo tendría que esperar. Había un asesino que atrapar, un plan que poner en práctica, y él tenía que proteger a Hinata mientras tanto. Y si había aprendido algo sobre Hinata en el tiempo que llevaba con ella, era que no le iba a gustar en absoluto su plan.
Continuará...
