CAPÍTULO 17

Lo primero que hizo Midori el lunes por la mañana fue llamar para decirles que fueran inmediatamente. Acababa de regresar de Quantico con el perfil de personalidad.

Hacía un día caluroso y con algo de bochorno, con una temperatura que ya pasaba de los veintinueve grados que según las previsiones llegaría hasta bien pasados los treinta y seis, ya con humedad. Naruto no había dormido bien en todo el fin de semana, probablemente debido a que Hinata tampoco. Ella había estado muy inquieta y sólo había logrado dar algunas cortas cabezadas antes de despertarse súbitamente. La tensión del fin de semana, a la espera de que surgiese una visión de asesinato, la había dejado pálida y demacrada, con profundas ojeras causadas por el cansancio. Naruto había pasado largas horas abrazado a ella para hacerla ver que no estaba sola aunque él no pudiera impedir la visión, si ésta llegaba. Pero no llegó.

¿Cuánto podría resistir así? Hinata sufría un estrés tan grande, tanto física como mentalmente, que Naruto temió por ella. Muchas personas se habrían desmoronado bajo aquella tensión, hace ya años, pero ella no lo había hecho, lo cual decía mucho de su fuerza.

Hinata no era una delicada flor que se ajase al menor contratiempo. A pesar de las bellas líneas de su cuerpo demasiado delgado, era notablemente robusta. Pero hasta un roble podía ser talado, y a Naruto le preocupaba.

También Sai daba muestras de estrés, probablemente debido al terror por su inminente casamiento. Él y Naruto apenas hablaron de camino a la oficina del FBI, cada uno absorto en sus propias preocupaclones.

Sakura y Utakata ya estaban allí, igual que Jiraiya. Lee estaba presente, de nuevo con aquella expresión de embobado en la cara mientras maniobraba alrededor de la mesa de juntas en busca de un sitio junto a Sakura. Midori estaba recién afeitado, pero con la ropa más arrugada que de costumbre, lo cual hizo a Naruto pensar que acababa de llegar de Virginia, en el vuelo de los madrugadores.

-El ISU ha trabajado mucho sobre este asunto -dijo en voz baja-. Hay que felicitarlos a ustedes por haber captado la pauta tan rápidamente, pero atrapar a este tipo no va a ser cosa fácil. Es la peor clase de asesino: frío como el hielo, inteligente, con recursos, y totalmente falto del menor indicio de culpabilidad. Tengo una lista de asesinatos parecidos: apuñalamiento, sin sospechosos, sin pruebas. Es posible que algunos de ellos fueran cometidos por la misma persona. Algunos son imposibles, porque tuvieron lugar más o menos a la vez en lugares del país opuestos a los de otros asesinatos, pero no hay forma de saber cuál eliminar.

» Los asesinatos comenzaron aproximadamente hace diez años. ISU calcula la edad del asesino entre treinta y treinta y cinco años. La mayoría de los asesinos en serie empiezan a matar a los veintipocos. Pero diez años asesinando con éxito quiere decir que este tipo va a resultar muy difícil de coger; ya tiene experiencia, ha aprendido de sus errores y ha perfeccionado su estilo. Sabe lo que hace. Ha estudiado el procedimiento policial y forense y tiene mucho cuidado de no dejar pruebas que puedan identificarse.

-¿Podría tratarse de un policía? -preguntó Jiraiya-. ¿Tal vez en la rama militar?

-No es probable -repuso Midori-. No se llevaría bien con ninguna clase de autoridad, así que no es factible que haya podido terminar ningún tipo de formación policial o militar. Ni siquiera le habrían aceptado como candidato.

» Es blanco; todas las víctimas han sido de raza blanca, y los asesinos en serie rara vez cruzan las fronteras raciales. Es atlético, muy fuerte. Es un asesino organizado, muy seguro de sí mismo, y ésa es la peor clase. Un asesino desorganizado es sucio, comete errores, carece de un plan claro. Este tipo lo tiene todo planeado hasta el último detalle. No llama a la puerta de las víctimas ni las ata; está seguro de poder controlar la situación, y hasta ahora lo ha hecho. El arma que emplea es un cuchillo procedente de la cocina de la víctima, y después lo deja en la escena del crimen. Dado que no hay huellas dactilares, no se puede relacionar el arma con él. No se lleva ningún trofeo. ISU opina que acecha a las víctimas, posiblemente durante varias semanas; penetra en la casa cuando no hay nadie dentro, se familiariza con ella. Tiene mucha paciencia.

» Viola, sin embargo, no usa restricciones, y eso constituye una ligera aberración. Algunas mujeres lucharán incluso con un cuchillo en la garganta. Pero, por alguna razón, sus víctimas no lo hacen.

Porque las tranquiliza primero, pensó Naruto acalorado. Las hacía pensar que no sufrirían daño alguno si no luchaban. Era suave, y usaba una goma. Ellas quedaban paralizadas por lo inesperado de ser atacadas en su propia casa, y en medio de ese primer terror, le creían. Pero aquéllos eran detalles que le había proporcionado Hinata, de modo que no dijo nada.

-No venda los ojos de sus víctimas --continuó Midori-, no se guarda los cadáveres. Resulta sorprendente que cortase los dedos a la señora Yakushi, porque la mutilación no es uno de los rasgos...

-Creemos que ella lo arañó -interrumpió Naruto. Midori dejó escapar un suspiro.

-Si fue así, eso es una prueba aún mayor de su inteligencia. No podía arriesgarse a que encontraran rastros de piel suya bajo las uñas de la víctima. Una solución brutal pero efectiva. No le invade nunca el pánico. Piensa con los pies en la tierra y no es esclavo de un plan rígido.

»Probablemente tiene un trabajo de jornada completa, es una persona normal de cara al exterior. Los otros asesinatos fueron cometidos todos aproximadamente a la misma hora en cada zona. En un área, los asesinatos se cometieron durante el día, lo cual significa que estaba sin trabajo o que trabajaba por las noches. Sospecho que trabajaba, porque no hay nada en él que deba atraer la atención. Es metódico, depredador, y tiene esto como una ciencia. Su automóvil probablemente tiene varios años, no es nada llamativo, el típico coche del que se ven cientos en cualquier barrio. Todo propio de clase media. Podría entrar en una comisaría sin que nadie pensara nada, salvo en preguntarle en qué podían ayudarle.

»Existe el peligro de que vaya aumentando su frecuencia. Hasta ahora se ha mantenido controlado y ha espaciado los asesinatos. Matar dos fines de semana consecutivos podría significar que está empezando a necesitar la emoción de la caza más a menudo. Ya sé que este fin de semana no ha habido partes de asesinato, pero es posible que sencillamente aún no se haya encontrado a la víctima.

Naruto, Sai y Jiraiya intercambiaron una mirada rápida. Ellos sabían que no había habido ningún asesinato porque Hinata no había tenido una visión.

-En este punto la identificación es imposible -dijo Midori-. A menos que cometa un error y deje alguna prueba que lo relacione con el crimen, habrá que atraparlo con las manos en la masa.

Era un grupo entristecido el que regresó a la comisaría, aunque Midori no les había dicho gran cosa que ellos no supieran ya. El asesino era un hijo de puta muy listo, y normalmente no tendrían la menor esperanza de pescarle. Naruto iba silencioso, pensando en Hinata. Ella era su arma secreta; sería ella la que lo atrapase.

Esa tarde apareció en las noticias. Naruto se sorprendió de que la filtración hubiera tardado tanto; que algo se mantuviera en secreto dentro del ayuntamiento era casi insólito, sobre todo algo tan espectacular. Era la historia de cabecera de todos los informativos de la televisión y la radio locales; lo pilló en la radio mientras conducía en dirección a casa.

-Fuentes del ayuntamiento han confirmado que la policía cree que un asesino en serie está acechando a mujeres de la zona de Orlando-entonó solemne el locutor. Con voz pastosa siguió diciendo--: Dos asesinatos recientes al parecer han sido cometidos por el mismo hombre. Hace dos semanas, Nōnō Yakushi fue asesinada en su casa, y una semana más tarde se encontró a Mei Terumi asesinada también en su domicilio. El jefe de la policía Mifune se niega a hacer comentarios respecto de los dos casos o a decir si hay sospechosos. Insta a las mujeres de la ciudad a que tomen precauciones por seguridad suya. ..

Apagó la radio de un manotazo, furioso por saber que el asesino se lo estaba pasando en grande con aquello. Ya esperaba que saltara la noticia, estaba preparado para ello, pero aun así le costaba aceptar el hecho de saber que aquel cabrón estaba riéndose y acaparando toda la atención.

Cuando llegó a casa, Hinata estaba acurrucada en el sofá. La televisión estaba encendida, aunque el programa de noticias había avanzado hasta la previsión del tiempo. Dejó caer la chaqueta en una silla y se sentó junto a ella, y después subió a Hinata sobre sus rodillas.

Permanecieron sentados en silencio, viendo cómo el meteorólogo señalaba aquel anticiclón y aquella borrasca, cómo hacía movimientos de barrido con la mano para indicar la trayectoria prevista y cómo por fin hacía el pronóstico: calor y humedad, igual que lo que habían tenido durante todo el día, con la omnipresente posibilidad de tormentas.

-¿Ha sucedido algo interesante hoy? -preguntó Hinata.

-La oficina local del FBI nos ha dado el perfil de personalidad que han elaborado; ese tipo probablemente se ha estado desplazando por todo el país durante los diez últimos años, dejando un rastro de víctimas a su paso, y nadie tiene la menor pista de cómo es físicamente ni la más mínima prueba que se relacione con él. -Apretó a Hinata contra sí-. Pero estamos trabajando para conseguir una lista de cuentas nuevas de las compañías de servicios. Es una posibilidad remota, pero algo es algo.

Hinata se había puesto un pantalón corto y una camiseta al llegar del trabajo, y Naruto le acarició apreciativamente los muslos desnudos.

-¿Y tú, qué tal? ¿Ha ocurrido algo interesante en el departamento de contabilidad?

Hinata soltó un resoplido.

-Venga ya. Lo más emocionante del día ha sido cuando llamó un hombre iracundo porque le habían cobrado una cantidad por descubierto por un cheque sin fondos después de haber sido cliente del banco durante años.

-Seguro que eso te aceleró el corazón.

-Casi me desmayé del estrés que me supuso. - Hinata suspiró y se bajó de las rodillas de Naruto--. Será mejor que vaya a ver lo que hay en la cocina, si queremos cenar esta noche.

-¿Quieres que salga a buscar algo? -se ofreció él.

-No, no estoy de humor para comida de ésa. Ya pensaré en algo. ¿Por qué no te quedas aquí sentado a leer el periódico? Tienes aspecto de necesitar desconectar un poco.

Naruto coincidía plenamente con aquel análisis, y fue al dormitorio para quitarse aquella ropa pegajosa y arrugada. Hinata hurgó en el frigorífico y en los armarios antes de decidirse por el pollo frito. Se alegró de que Naruto hubiera hecho caso de su sugerencia, porque necesitaba más tiempo para sí misma. Él era tan intuitivo que pronto se imaginaría que ella estaba molesta por algo más que aquella situación, y no quería tenerle cerca hasta sentirse más tranquila.

No había prestado mucha atención cuando el jefe de contabilidad habló con el airado cliente y trató de explicar y tranquilizar sin retroceder en su posición, pero de repente se vio abrumada por la frustración y la rabia. Soprendida, había buscado automáticamente el origen de aquellos sentimientos, y sólo entonces se dio cuenta de 1º que había pasado. Estaba percibiendo las emociones del jefe del departamento.

Fue presa del pánico, en silencio, inmóvil en su silla, intentado apartar de sí aquel flujo de sentimientos. Para sorpresa suya, el flujo se interrumpió tan bruscamente como había empezado, aunque la conversación continuó a su espalda. No sabía si había conseguido bloquearlo o si simplemente su capacidad para leer la mente de las personas estaba volviendo a la vida. De un modo u otro, a Naruto no iba a gustarle.

Sabía que él tenía una opinión distinta de las visiones, que no las consideraba una amenaza para su intimidad. Pero si su capacidad para ver los sentimientos de la gente regresaba con toda su fuerza, no sabía si Naruto podría aceptarla. No le gustaba ser el objetivo de la clarividencia, lo cual no era ni había sido nunca el principal talento de Hinata. Si él supiera que podía leer su mente a voluntad. ..probablemente se marcharía, aunque ella le hubiera prometido no invadir su intimidad. Tenía que enfrentarse a esa posibilidad. Naruto se preocupaba por ella, pero ella dudaba que se preocupara lo bastante para permanecer en aquellas circunstancias. No era nada nuevo; la gente se había sentido incómoda en su presencia.

La decisión de no decírselo le resultó fácil de tomar. No sabía lo que estaba sucediendo: si su capacidad iba a regresar con toda su fuerza, si iba a recuperar sólo una parte de su antigua habilidad, o si sería incluso más fuerte. Albergaba la esperanza de que no fuera esa última posibilidad, porque si sus poderes empáticos volvían más fuertes que antes, tendría que mudarse a vivir en un refugio antinuclear subterráneo para hallar un poco de paz. Y ciertamente, Naruto no compartiría ese refugio con ella.

Se sentía como si estuviera viviendo en el limbo con él. No había habido ninguna de las habituales etapas de cortejo, no habían llegado a conocerse el uno al otro. Habían sido arrastrados juntos en una crisis, al principio como adversarios y luego, bruscamente, como amantes. Nunca habían tenido una discusión acerca de su relación, fuera cual fuera ésta.

Sencillamente, Naruto se había trasladado a vivir con ella, y Hinata no tenía idea de lo que debía esperar. Cuando atrapasen al asesino, ¿regresaría Naruto a su casa sin más, con un alegre «Ya nos veremos», o... ¿o qué? Si las circunstancias hubieran sido normales, el paso lógico, el que ella había esperado, habría sido que él pasara unas cuantas noches a la semana con ella.

Necesitaba seguridad emocional. Podía soportarlo todo si contaba con una base sólida en la que apoyarse, pero no estaba segura de que la tuviera con Naruto. Era una tontería, considerando que estaba viviendo y durmiendo con él, pero por alguna razón no se atrevía a preguntarle cuáles eran sus intenciones. Admitía para sí que sinceramente tenía miedo de oír la contestación. Naruto no era un hombre que buscara evasivas; decía la verdad abiertamente, y ella no estaba preparada para eso. Más tarde. Todo tendría que esperar. Cuando todo aquello terminase, entonces podría hacer frente a lo que él dijera, aunque fuese exactamente lo que no quería oír.

Se había enamorado de él, pero no se hacía ilusiones de saber la clase de hombre que era.

A pesar de toda la intimidad física que había entre ellos, él se guardaba una gran parte de sí mismo, oculta a salvo detrás de una muralla de acero. A veces observaba a Hinata con una expresión de curiosidad, silenciosa, que casi daba miedo, porque en esas ocasiones ella no podía distinguir ningún deseo en sus ojos.

¿Qué estaba pensando Naruto? Más importante: ¿qué estaba planeando?

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Los medios de comunicación eran implacables. Los teléfonos de la comisaría sonaban sin cesar. Los periodistas se apiñaban a la puerta de la oficina del jefe, a la puerta del despacho del alcalde, a la puerta de la comisaría. Los agentes tanto uniformados como de civil empezaron a realizar acciones evasivas cada vez que entraban o salían del edificio y se tomaban extraordinarias molestias para evitar el barullo.

Todavía peores que los medios de comunicación eran las llamadas de excéntricos que empezaron a lloverles. De repente, cientos de personas de Orlando recordaban individuos sospechosos rondando por delante de las tiendas. La gente con resentimientos encontraba venganza llamando para dar pistas falsas, acusar a una persona que les disgustaba de ser el asesino. Todas las noches los agentes investigaban llamadas aterrorizadas que denunciaban la presencia de un intruso en la casa, pero la mayoría de las veces no era nada. Varias suegras entregaron a los despreciables maridos de sus hijas, seguras de que aquellos holgazanes eran los culpables de toda clase de crímenes indecibles. Lo malo era que había que investigarlo todo; por muy descabellada que fuera una acusación, había que comprobarla. Los agentes de uniforme estaban agotados, apabullados por el insoportable calor y por las incesantes demandas a su tiempo

El jefe Mifune dio una. rueda de prensa con la esperanza de apaciguar un poco la fuerte impresión de los medios. Explicó que no tenía mucha información que darles porque la investigación seguía en curso. Pero la lógica era una arma inútil; no satisfacía el voraz apetito de hechos, historias, tiempos de emisión y espacio en las columnas de prensa; no vendía periódico, ni hacía subir los índices de audiencia. Los reporteros querían detalles jugosos, morbosos, terroríficos, y se sentían frustrados cuando no se les daba ninguno.

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Kakuzu veía las noticias en televisión y leía los periódicos, y sonreí, satisfecho. La policía no podía dar información a los medios porque no la tenía Aquellos imbéciles se enfrentaban a una adversario superior a ellos. Él era demasiado inteligente para que lo atraparan… nunca.

Continuará...