¡Bonux extra en este capitulo!

El pasado de Scar y Mufasa XD

Estará en cursivas

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Mufasa gruñía bajamente a la par que caminaba sumamente inquieto de un lugar a otro dando vueltas dentro de la Roca del Rey, tenía la cabeza gacha negando constantemente, las garras desenvainadas y sus pasos resonaban por todo el lugar. Él león simplemente no sabía que pensar al respecto.

Zazu estaba encogido en una esquina, esperando a que su Rey asimilara la noticia que acababa de darle y no podía culpar a su majestad por estar tan impactado, ya que él mismo estaba sin habla. Soltó un suspiro mientras desviaba la mirada al suelo, Scar se había sobrepasado esta vez.

Él gran león de roja melena se sentó repentinamente con la espalda arqueada provocando un sonido seco, su mente estaba en todos lados y a la vez en ninguno, intentando encajar en su mente cada sílaba que había pronunciado su fiel mayordomo. Casi no podía creerlo y estaba sumamente sorprendido, pero estaba aun más asombrado de que le sorprendiera.

No entendía por que su hermano había hecho algo como eso, pero por una parte, muy en el fondo debió haberlo sabido, desde hace mucho tiempo Scar tenía el inmenso deseo de convertirse en Rey, y aunque era consciente de que era lo que este más deseaba entre todas las cosas del mundo nunca espero que planeara utilizar a Simba para lograrlo.

Pero fuese su hermano o no, no iba a permitir que utilizara a su preciado hijo para sus propios fines egoístas. Soltó un suspiro profundo, a veces se preguntaba como las cosas se habían torcido tanto, por que de cachorro jamás hubiera imaginado que su querido hermano menor se vería teñido con tanto odio y rencor.

Si tan solo todo volviera a ser como en los viejos tiempos no temería por el futuro de Simba, pero lamentablemente ese no era el caso, ya que estaba seguro de que Scar no lo quería como su hijo lo quería a él, pues había perdido esa capacidad hace mucho tiempo o al menos eso creía.

Dos pequeños cachorros de león jugaban alegremente, dando graciosas vueltas y persiguiéndose entre si. Uno era de brillante pelaje dorado y él otro de un oscuro color marrón, eran tan diferentes que cualquiera que los viera no pensaría que se trataba de dos hermanos.

Él menor de los dos se tiro sobre él otro y ambos rodaron sobre el suelo, levantando un poco de la tierra debajo de ellos Jugando amistosamente a las peleas. Al final los dos cayeron rendidos al piso, acordando un empate, él mayor se tumbo al suelo cansado y él más pequeño se situó encima suyo mordiéndole juguetonamente una oreja.

-Oye Mufasa...-Llamo el cachorro marrón levantando su cabeza -Cuando seas Rey ¿Qué es lo que harás?-Pregunto con curiosidad.

-Mmm...no sé Taka...supongo que todo lo que quiera-Respondió Mufasa con una sonrisa. El menor resoplo.

-Excelente respuesta genio-Espeto Taka con voz sarcástica. El mayor frunció el ceño algo ofendido, y de un pequeño empujón aparto a su hermano, levantándose.

-Oh...bueno ¿Y que harías tu si fueras Rey?-Cuestiono Mufasa. Él otro león emitió un falso bostezo mientras se estiraba.

-Cuidar a todo el Reino y velar por el Ciclo de la Vida. Así como hace Papá ¿Oh acaso tu no piensas igual? Futuro Rey-Cuestiono Taka con algo de burla.

-¡Por supuesto que si!-Asintió Mufasa sentándose.

-Si, claro-Dijo Taka rodando los ojos con fastidio, para después levantarse -¿Dos de tres?-Pregunto mientras se colocaba en posición de jugar. Mufasa sonrío y se lanzo contra él.

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Desde una distancia apreciable podía verse a un joven león aun sin una melena apreciable observando a lo lejos como su padre hablaba animadamente con su hermano, enseñándole, instruyéndolo y aconsejándolo sobre todos los deberes de un buen Rey.

Taka bajo la cabeza, anhelando tener aunque sea una pequeña fracción de toda la atención que su padre le prestaba a Mufasa, el hijo predilecto. Entonces pudo ver como ambos leones de pelaje dorado comenzaban a alejarse de la Roca del Rey, al parecer para que Mufasa recibiera más adiestramiento. Y él joven león no pudo contenerse por más tiempo y corrió hacia ellos.

-¡Papá! ¡Mufasa! ¡Esperen!-Grito Taka llegando a su lado. Él león de melena azabache se detuvo dirigiéndole una mirada despectiva a su hijo menor, él cachorro bajo las orejas algo intimidado, pero continuo -¿Puedo ir con ustedes?-Pregunto con una mirada repleta de esperanza.

-Lo lamento pero solo nos retrasarías y Mufasa debe concentrarse en todas las lecciones que tengo que enseñarle hoy. Quizás la próxima vez-Negó Ahadi seriamente.

-Pero...-Iba a objetar Taka pero fue interrumpido rápidamente.

-Dije que la próxima vez-Repitió Ahadi con voz grave, dirigiéndole una mirada dura, antes de darse la vuelta para alejarse del lugar.

El rostro triste y decepcionado de Taka no tenía precio, Mufasa le dio a su hermano menor una mirada de disculpa antes de seguir a su padre. Él león de pelaje oscuro bajo tanto la cabeza como las orejas, tomando asiento pateando la tierra bajo sus patas.

-Siempre dices lo mismo...-Murmuro con amargura.

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Taka tenía la cabeza recostada sobre sus patas frontales, mirando la vegetación de la sabana bajo la sombra de un pequeño árbol que lo cubría del sol de la mañana. Soltó el que sería talvez el decimocuarto suspiro que iba del día.

-¿Me dirás que te sucede? O ¿Seguirás suspirando aquí solo?-Pregunto su madre Uru tomando asiento a su lado. Taka emitió un pequeño gemido triste mientras desviaba la mirada.

-Todos se ríen de mi...-Murmuro el joven león.

-¿Por qué?-Dijo la Reina ladeando la cabeza confundida.

-Dicen que soy extraño e insoportable...y que solo valgo como príncipe..los escuche hablando-Murmuro Taka tristemente. Uru emitió una risa graciosa y el león se encogió en su lugar.

-¿Estas triste por que a los demás les molesta tu aptitud altiva y arrogante?-Dijo la Reina negando con la cabeza -No hay nada peor que hacer caso a lo que dicen a tus espaldas-Dijo pasando una pata por el lomo de su hijo en una suave caricia.

-Escucha Taka, de hoy en adelante seguramente oirás cosas como esas, incluso talvez peores...pero tu solo debes colocar la otra mejilla y desecharlas como cosas sin importancia. Todo lo que no te mate te hará más fuerte, y tu debes siempre aprender de ello-Aconsejo la leona de pelaje oscuro. El león se levanto.

-Pero...¿Como puedo hacer eso?...No soy lo que se supone que debe ser un príncipe, por eso se burlan de mi. No soy grande ni fuerte como Mufasa, solo soy...-Decía Taka.

-Eres tú y eso es mejor. En la parte del león puede que no tengas la fuerza bruta, pero el intelecto es igual sino más importante-Corrigió Uru haciendo pensar a su hijo, para luego darse la vuelta.

-Oye, espera ¿A dónde vas?-Pregunto Taka mirando observando las caderas marcadas de su madre alejarse, la Reina se giró de perfil.

-¿A dónde crees? Te enseñare el mundo que nos rodea y como vivir en él, no como príncipe sino como un león. Ahora ven-Indico la Reina y Taka siguió los pasos de su madre dando pequeños saltos.

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En el desértico cementerio de Elefantes que había en las lejanías un joven león de pelaje oscuro caminaba entre las ruinas, curioseando todo lo que encontraba. Era la primera vez que estaba hay y era simplemente espectacular, sabía que seguramente no debería estar en ese lugar pero su sed de aventuras había sido más grande, además, si desaparecía por algunas horas quizás finalmente su padre notaría su existencia.

-No puedes venir con nosotros, no distraigas a tu hermano, no me molestes, estoy ocupado, no, no, no, no ¡Puro No!-Exclamo Taka hablando consigo mismo -¡Estoy arto! ¡Soy tan príncipe como lo es Mufasa! ¡Ahora seré yo quien diga no! ¡Y si quiero pasear por las lejanías pues lo haré!...-Decía el león pero no pudo terminar.

-Jajajaja...-Se escucharon una risas aterradoras.

Un escalofrió recorrió al joven león que callo inmediatamente, volteo hacia los lados buscando la fuente de las risas, pero solo podía escuchar su eco intensificado por el lugar. Algo dudoso pero irremediablemente curioso avanzo buscando que era lo que oía. Abrió los ojos con sorpresa cuando al girar en unos huesos gigantes diviso a tres pequeñas Hienas.

-Jajajaja...-Reía una revolcándose sobre el suelo.

-¡Ed ya callate! ¡No es gracioso!-Exclamo otra Hiena visiblemente molesta.

-Jajajaja ¡Claro que si lo es Banzai!-Rió otra carcajeándose.

-¡Shenzi, solo me caí!-Dijo Banzai frunciendo el ceño molesto, pero sus compañeros solo rieron aun más, a lo cual él bufó. Pero las risas se detuvieron abruptamente cuando el gruñido de sus estómagos se escucho.

-Grrr...tengo mucha hambre Shenzi..-Se quejo Banzai frotándose el estómago. Ed asintió dándole la razón mientras se sujetaba su propia barriga.

-¿Crees que no lo sé? Yo también tengo menso-Espeto Shenzi con irritación -Pero no hay nada que podamos hacer, hay que esperar que Mamá vuelva con algo de comida-Dijo la Hiena.

-Si es que consigue..-Murmuro Banzai -¡¿Recuerdame por que no podemos ir a las praderas y comer algo?!-Dijo molesto.

-Por que los tontos leones nos echarían a patadas de hay-Dijo Shenzi.

-Si, y además son muy apestosos-Dijo Banzai sonriendo.

-Y también son tan feos Jajajaja...-Rió Shenzi, seguida rápidamente por Ed y Banzai.

-Oh...no creo que los leones seamos tan terribles-Comento Taka dejándose ver. Las Hienas dejaron de reír y se voltearon a verlo -Ustedes dijeron que tienen hambre y yo creo que puedo ayudarlos con eso...-Propuso el príncipe y las Hienas se miraron entre si sorprendidas y confundidas.

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En su primera cacería Taka había sido mucho más que exitoso, atrapando a un Ñu de tamaño promedio por su propia cuenta, algo que no muchos leones de su edad se atreverían a hacer, ni siquiera los más experimentados. Pues no era una presa fácil de cazar, pero el hijo menor del Rey lo hizo sin problemas aparentes, después de todo tuvo una excelente maestra.

Él león de creciente melena azabache llego a la Roca del Rey con su premio bien sujeto en sus mortales mandíbulas y la mirada en alto, orgulloso por su acción. Y su pecho se hincho con satisfacción al ver la mirada impresionada de los demás leones de la manada, estos siempre al tanto de las cosas que hacía, ya que había adquirido la costumbre de hacer acciones que podrían considerarse peligrosas e imprudentes con tal de llamar la atención.

Pero como siempre sin importar que hiciera, su distante padre no se digno en verlo, o no al menos como él quería, no había orgullo, felicidad o alegría en sus ojos, solamente un simple conformismo y cuanto detestaba eso. Dejó caer su presa al suelo, toda la altivez que había reunido se desvaneció al cruzar su mirada esmeralda con la verde de su padre.

-¡Taka! ¡Impresionante!-Exclamo la Reina Uru llegando hasta su hijo.

Una pequeña sonrisa tímida se instalo en el rostro del león al ver el orgullo impreso en los ojos rojos de su madre. Uru sin dudar un momento lo abrazo, lamiendo cariñosamente su mejilla con la intención de limpiarlo un poco, pues estaba lleno de tierra y un poco de sangre.

-Hoy has demostrado en esta cacería no el carácter de un príncipe, sino el de un león, y eso es mucho más importante Taka-Murmuro Uru frotando su cabeza contra la de su hijo. El león sonrío contento, su madre era la única que se enorgullecía de él tan solo por ser quien era.

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Ambos hermanos se habían distanciado en gran medida desde que eran cachorros, no cruzando nada más que algunas palabras y saludos cordiales, divididos por el privilegio de ser Rey que le toco a uno y al otro no. Y no era por que Taka anhelara ser el gobernante de las Tierras del Reino, sino que el titulo de príncipe heredero le había regalado a su hermano todo lo que él tuvo que ganarse con esfuerzo, la admiración y respeto de su manada, pero Mufasa seguía teniendo lo que él parecía jamás poder adquirir, el cariño y orgullo de su padre.

Aun así, pese a los fervientes celos que crecían en su corazón Taka no dudo ni un momento en socorrer a su hermano cuando lo vio siendo atacado por un par de leones forasteros, no tenía idea de como se había metido en eso, lo único que sabía era que debía ayudarlo. Con coraje se interpuso entre un herido Mufasa y sus atacantes.

Estos no perdieron oportunidad de burlarse, era visiblemente más pequeño que ambos y aunque estaba temblando de miedo no estaba dispuesto a retroceder, defendería a su hermano aun si eso le costaba la vida. Coloco una pata frente a si y tomo mucho aire, puede que no pudiera derrotarlos en un combate cuerpo a cuerpo, pero su podría intentar intimidarlos.

Entonces cerró los ojos y rugió, para su gran sorpresa y desconcierto este fue mucho más potente de lo que hubiera imaginado, un super rugido que mando volando a ambos leones, que poco después salieron corriendo despavoridos. Taka tenía la respiración agitada y sin entender que había pasado se giro hacia su hermano, sin prestar a tención a la marca que se había tatuado en su pelaje.

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Él príncipe más pequeño estaba sentado con la barbilla arriba y el pecho hinchado de orgullo. Era él león más joven en convertirse en el Líder de la Guardia del León., como hijo menor del Rey era su deber liderar un grupo de leones que protegieran las Tierras del Reino, apoyando el Reinado de su hermano y Taka no podía sentirse más honrado con ese titulo.

-¡Habitantes de las Tierras del Reino!-Exclamo Ahadi parado en la piedra más alta de la Roca del Rey, en compañía de su familia, a su derecha su esposa e hijo mayor y a su izquierda él causante de la reunión de toda la sabana.

-¡Mi hijo menor Taka se ha convertido en el Líder de la Guardia del León y protegerá el Ciclo de la Vida!-Anunció el Rey y todos los animales ovacionaron estruendosamente. Rafiki con una gran sonrisa moviendo su bastón frente al joven príncipe le deseo suerte en su nueva labor.

Taka estaba rebosante de emoción y felicidad, por primera vez en su vida Ahadi le sonreía mientras le daba una mirada llena de un satisfactorio orgullo. Finalmente le había demostrado a su padre lo que valía y procuraría no decepcionarlo, pero los nerviosos y el miedo de no poder hacerlo bien también estaban latentes.

-Tranquilo Taka, lo harás bien-Dijo Mufasa sentándose a su lado. Él menor lo miro con sorpresa, y se pregunto que expresión habría colocado para que su hermano notase sus preocupaciones.

-¿Estas seguro de eso?-Cuestiono Taka bajando las orejas. Mufasa río pasando una pata alrededor de los hombros de su hermano menor, atrayéndolo en un abrazo.

-Por supuesto. Además...yo estaré hay para ti, si tienes algún problema solo dímelo y hay estaré, siempre contarás conmigo-Aseguro Mufasa y Taka sonrío verdaderamente agradecido.

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Taka caminaba con la cabeza gacha arrastrando las patas, cuyas garras dejaban pequeñas marcas en la tierra del suelo, su respiración era pesada y su destino era fijo, la Roca del Rey. En ese lugar se encontraba Mufasa rodeado de varios leones, todos riendo y divirtiéndose, mientras él príncipe heredero intentaba impresionar a la mejor cazadora joven de la manada, Sarabi.

Estaban tan ensimismados en su platica que no notaron al león de pelaje oscuro que se situó frente a ellos con un aspecto deplorable y desgastado, cubierto de tierra y polvo. Mientras Mufasa presumía sobre sus futuras responsabilidades como Rey, él menor clavo sus garras sobre la tierra y apretó los colmillos molesto, con su mirada esmeralda ardiendo una furiosa rabia.

-¡Mufasa!-El grito de Taka cargado con tanta negatividad estremeció a todos los presentes. Rápidamente el nombrado se volvió hacia él.

-Taka...¿Te encuentras bien?-Pregunto él mayor con preocupación al ver el estado en el que se encontraba acercándose un poco, pero él otro retrocedió.

-Tú...me lo prometiste...-Murmuro Taka mientras negaba con la cabeza desilusionado.

-¿Qué?-Dijo Mufasa confundido.

-¡Me lo prometiste!-Estallo Taka -¡Dijiste que nos veríamos en la pradera al atardecer y nunca llegaste!-Grito molesto. Él mayor abrió los ojos al recordarlo.

-Oh...lo-lo siento, lo olvide, no volverá a pasar lo prometo-Aseguro Mufasa.

-Tú palabra ya no vale para mi Mufasa-Espeto Taka para sorpresa del otro -¿Acaso sabes que hubo un incendio en las praderas y que yo junto a la Guardia intentamos apagarlo?...necesitábamos mucha ayuda...pero no la teníamos Mufasa...no la teníamos...-Decía con su voz a punto de romperse y los ojos vidriosos -El fuego era mucho...Shakoru murió...junto a muchos otros animales...-Contó derramando algunas lágrimas.

Los presentes soltaron un suspiro sorprendido ante lo que escucharon, Mufasa estaba sin habla y no sabía como responder, Taka se veía devastado por lo sucedido, especialmente por la pérdida de uno de los miembros de la Guardia, los cuales se suponían estaban bajo su mando.

-¡Todo esto es tu culpa!-Acuso Taka con negatividad en su voz.

-...¿Por qué es mi culpa?-Cuestiono Mufasa.

-¡Si tan solo hubieras cumplido con lo que me prometiste esto jamás hubiera sucedido!-Grito Taka temblando de ira.

-¿Qué esta sucediendo aquí?-La potente voz de Ahadi se escucho, pero esta vez Taka ni se inmuto.

-Papá..-Dijo Mufasa viéndolo llegar junto a su madre.

-Taka, Mufasa...¿Por qué los gritos?-Pregunto Uru para luego notar el estado de su hijo menor -¡Taka! ¡¿Estás bien?!-Pregunto la Reina acercándose a él preocupada.

-¿Qué sucedió? Puedo oler perfectamente el humo desde aquí-Dijo Ahadi en voz grave.

-Hubo un incendio en las praderas y se descontrolo, Shakoru murió junto a otros animales-Respondió Mufasa rápidamente. El rugido molesto del Rey no se hizo esperar.

-¡¿Como has podido fallar en semejante calibre?!-Exclamo Ahadi perdiendo un poco la compostura, dirigiéndose a su hijo menor.

-Ahadi-Pronunció Uru frunciendo el ceño, dispuesta a defender a su hijo.

-¡Todo fue culpa de Mufasa!-Acuso Taka inmediatamente.

-¡Tu hermano no tiene la culpa de que fallarás en cumplir tus deberes de proteger el Ciclo de la Vida, ni de que seas débil!-Exclamo el Rey fríamente. Taka abrió los ojos.

-¡Ahadi!-Grito Uru indignada.

-...Él nunca tiene la culpa...siempre es el hijo perfecto..¿No es así?...tan solo por que nació primero y será Rey...-Murmuro Taka con la vista baja, para después alzarla -¡Estoy cansado! ¡No soy débil! ¡Ni tampoco un cero a la izquierda! ¡Si se debe ser Rey para que me respeten y valoren que así sea!-Grito con la voz repleta de veneno. Ahadi entrecerró los ojos.

-Eso no es posible-Aseguro él Rey.

-¡Soy cien veces mejor que Mufasa! ¡Merezco más el puesto de Rey que él! ¡Yo soy él que se ha ensuciado las patas y ha dado la cara por el bienestar del Reino! ¡Mufasa no ha hecho nada más que jactarse de todo el poder que tendrá y no ha hecho nada! ¡Nada! ¡Yo cuide de las Tierras del Reino!¡Yo las protegí! ¡Yo! ¡Y la única vez que le pedí ayuda al ''Futuro Rey'' esto paso!-Grito Taka cegado de ira.

-¡Suficiente! No te permito que me hables así, ni que manches el nombre de tu hermano-Sentenció Ahadi.

-Siempre he deseado tu aprobación...pero ¿Sabes que? ¡Ya no me interesa! ¡Me da igual lo que pienses o digas de mi!-Espeto Taka con despreció -Pero seré Rey...no para demostrarte algo a ti, sino para demostrármelo a mi mismo-Aseguro para luego voltearse hacia el impactado Mufasa.

-¡Taka no te atrevas!-Grito Ahadi pero fue muy tarde y este utilizo el Super Rugido haciendo que Mufasa impactara duramente contra la pared de roca.

-¡Mufasa! ¡¿Estas bien?!-Pregunto Sarabi preocupada ayudando al león a reincorporarse. Taka se volvió hacia su padre, y el Rey retrocedió, una sonrisa algo malévola apreció en el rostro del león de pelaje oscuro.

-Si soy tan débil...¿Por qué retrocedes?-Pregunto con burla.

La imagen del gran Rey que siempre había tenido se desvaneció completamente, dejando solo la silueta del mal padre que siempre lo hizo a un lado. Taka enseño sus colmillos antes de rugir fuertemente pero para su sorpresa, resulto ser un rugido completamente normal.

-Pero que...-Murmuro confundido.

-Cuando utilizas El Rugido para el mal lo pierdes-Explico Rafiki apareciendo al lado de Ahadi.

Taka apretó los dientes mientras hundía las garras bajo la tierra, ladeo la cabeza y noto que efectivamente la marca en su pelaje que lo indicaba como Líder de la Guardia había desaparecido.

Estaba tan absortó asimilando la noticia que no noto como Ahadi se había colocado frente a él. Y en un rápido movimiento alzo su gran pata golpeando el rostro de su hijo de un certero zarpazo.

-¡Ah!-Gimió Taka cayendo al suelo.

-¡Ahadi! ¡Basta!-Grito Uru colocándose entre su esposo y su hijo.

El Rey emitió un gruñido, se dio la vuelta y se fue. La leona velozmente se acerco a Taka y lo ayudo a levantarse, este agito la cabeza un poco aturdido por el golpe y la Reina observo tristemente la sangre que emanaba de la cortada sobre su ojo izquierdo.

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Taka no había salido de la cueva desde el incidente que ocurrió y nadie había intentado sacarlo tampoco, sumido en lo que podría definirse como una profunda depresión. Él Rey y él no habían cruzado palabra alguna, con su hermano era el mismo caso, Uru era la única que había hablado con él, asegurándose de que comiera y estuviera bien.

En este momento se encontraba mirando la pared de la cueva en completo silencio, acostado sobre el frío suelo y la cabeza gacha. Paso un largo rato en esa posición sin moverse, hasta que escucho unos pasos entrar a la cueva, aun así no se volteo a ver quien era.

Mufasa dudo un momento en si debía decir algo o no, pero finalmente decidió que si. Después de varios días sin tratar a su hermano quería enmendar las cosas.

-Taka...quisiera hablar contigo de lo sucedido. En verdad lo lamento mucho...-Se disculpo. Él otro león se levanto sentándose de espaldas a él.

-Oh...querido hermano no hay nada de que hablar, todo esta dicho y hecho...-Dijo Taka con voz fría y distante -Y que bueno que lo sientas...pero eso no arregla nada-Murmuro en tono aburrido para luego levantarse y caminar afuera de la cueva, pasando al lado de su hermano, sin enseñarle el rostro al otro león

-Por cierto..no vuelvas a llamarme Taka nunca más...Soy Scar ahora...supongo que queda bien con mi nueva apariencia-Dijo ladeando el rostro, cruzando sus miradas y Mufasa observo perfectamente la cicatriz sobre su ojo antes de que su hermano abandonara la cueva, a la cual nunca volvió a entrar.

Scar observaba atentamente el apacible rostro de su sobrino, Simba se veía completamente contento y en paz como si no hubiera nada que lo pudiese perturbar, y así es como le gustaba verlo, incluso dormido. Él mayor atrajo al otro león más cerca de su pecho profundizando el abrazo, apoyando la barbilla sobre la cabeza de Simba que se acurrucaba inconscientemente contra él.

Simba había sido el segundo león aparte de su madre, en amarlo tal y como era, jamás intento actuar como el tío perfecto y aun así su sobrino no hubiera podido pedir mejor tío. En su vida siempre fue relejado y hecho a un lado por favor a su hermano mayor, aun así cada vez que cruzaba su mirada con los ojos de Simba podía notar perfectamente toda la admiración que el joven príncipe tenía por él, mirándolo como si fuera lo más extraordinario del mundo y la cosa más valiosa que pudiera encontrar. Le fue imposible no caer irremediablemente enamorado del pequeño.

Cerró los ojos disfrutando el momento, aunque había podido dormir un poco, la verdad es que prefería mil veces saborear cada pequeño segundo al lado de su sobrino que seguir durmiendo, podría hacer esto ultimo en cualquier momento, pero no siempre podrían estar como ahora. Sabía que no podían ocultar lo suyo por mucho tiempo y temía las acciones que podría efectuar Mufasa una vez se enterara, solo podría esperar lo mejor y lidiar con la confrontación de su furioso hermano sin la presencia de Simba al rededor.

Procuraría mostrarse lo más civilizado posible, pero si Mufasa mostraba la intención de interferir en su relación se vería obligado a tomar cartas en el asunto y no se haría responsable de lo que pudiera ocurrir después, ya que enojado ya había sido capaz de atacar a su hermano una vez, así que no podía imaginarse que haría en el dado caso en el que Mufasa terminará por arrebatarlo lo ultimo más preciado que poseía.

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¡Hola!

¿Qué te parece?

Quise colocar la historia detrás de Scar y Mufasa, no sé como me haya salido, además de que agregue lo de la Guardia del León.

Por favor dime que opinas y comenta XD