CAPÍTULO 20
El álbum de fotos resbaló por el suelo, asustando a todos los presentes. Hinata estaba de pie, balanceándose ligeramente, con la cara blanca como la cal y las pupilas tan contraídas que sólo se veían dos pequeños puntos negros, pues el perla intenso de los iris dominaba su semblante.
- Naruto -dijo con un hilo de voz casi imperceptible.
-Oh, mierda. -Él se levantó de la silla como un rayo y la abrazó contra si al tiempo que las rodillas de Hinata empezaban a doblarse.
-¿Qué ocurre? -exclamó Ino alarmada.
Tanto Naruto como Sai no le hicieron caso, pues toda su atención estaba concentrada en Hinata, que respiraba agitadamente, jadeando, y tenía los ojos muy abiertos y fijos, viendo algo que ellos no podían ver.
-¿ Naruto ? -dijo otra vez, con la voz teñida de desesperada súplica. Sus manos asieron la camisa de él, retorciendo la tela.
Naruto la sentó suavemente en el sofá
-Estoy aquí, nena -le dijo, con la esperanza de que ella le oyera.-¿Está ocurriendo otra vez? - Hinata no contestó, y él la sacudió con insistencia-. ¡Hinata!
La jadeante respiración se convirtió en sollozos secos, ásperos.
-Me está mirando -dijo con una voz que ya no era la suya.
Naruto no pudo conseguir que Hinata reaccionara de nuevo. permaneció sentada sin moverse, y su respiración se fue normalizando hasta resultar apenas perceptible. Tenía los ojos abiertos y no pestañeaba.
-Mierda -dijo Sai en voz baja, acuclillado junto a Naruto-. Cuando dije que Hinata podía tener una visión aquí tan bien como en casa, lo dije de broma.
- Sai -dijo Ino con voz muy clara y firme-. ¿Qué está pasando? -El hecho de que no entendiera nada demostraba que Sai, como de costumbre, había mantenido la boca cerrada y no había contado lo de los poderes de Hinata a nadie, ni siquiera a Ino.
Naruto no apartó su mirada de preocupación del rostro de Hinata. Ésta se encontraba fuera de su alcance, y eso no le gustaba, no le gustaba saber que ella estaba pasando por un infierno y él no podía hacer nada. Había acabado la espera.
- Sai. - Ino sonó como si estuviera a punto de recurrir a la violencia.
-Adelante -murmuró Naruto distraídamente a Sai-. Puedes decírselo.
-¿Decirme qué? ¿Qué le ocurre a Hinata?
Sai se levantó y puso una mano en el brazo de Ino.
- Hinata es vidente -explicó en voz baja-. Tiene visiones de los crímenes mientras éstos tienen lugar.
-¿ Vidente ? - Ino le miró furiosa-. Te lo advierto, Sai Shimura...
-Es verdad -dijo Naruto. Deseó intensamente que no lo fuera-. Ahora mismo está teniendo una visión. En este momento se está cometiendo otro asesinato.
-Si esto es una broma. ..
-No lo es -replicó él sin más.
-No se lo digas a nadie -le dijo Sai-. Aparte de nosotros tres y del teniente Jiraiya, no lo sabe nadie más.
Ino miró nerviosa a Hinata.
-¿Cuánto dura esto?
Naruto consultó su reloj. Eran las 22.36, más temprano que en los dos asesinatos anteriores.
-No lo sé. Media hora, quizá.
La vez anterior, cuando fue asesinada Mei Terumi, a Naruto le costó más tiempo sacar a Hinata del trance. En aquel preciso momento, en algún lugar de la ciudad, otra mujer estaba sufriendo una muerte horrible; Hinata estaría ausente de él hasta que aquello terminara.
A las 22.54 la mano de Hinata se agitó convulsivamente varias veces, en un breve movimiento de apuñalar. Tanto Naruto como Sai comprendieron la importancia de aquel pequeño movimiento. El sudor rodaba por la cara de Naruto a pesar del frescor del aire acondicionado. Tomó la mano de Hinata y la sostuvo, con la esperanza de que el contacto la consolara en algún nivel inconsciente. Sai paseaba inquieto, con sus oscuros ojos entrecerrados y serios.
-Haz un poco de café -murmuró Naruto--. O té. Hinata lo va a necesitar.
Ino hizo el gesto de dirigirse a la cocina, pero Sai la instó a sentarse y fue a hacer el café.
A las once, Naruto se sentó aliado de Hinata y la atrajo suavemente contra su hombro. Tenía los brazos helados al tacto. La sacudió con suavidad.
-¿Hinata? ¿Puedes volver ya a mí, cariño?
Los ojos de Hinata ni siquiera parpadearon. Naruto esperó un par de minutos y la sacudió de nuevo, llamándola por su nombre. Esta vez captó un leve movimiento en sus párpados.
Comenzó a acariciarle las manos y los brazos para devolverle un poco de calor a la piel.
-Despierta y háblame, cariño. Vamos, sal de ahí.
Los ojos de Hinata empezaron a cerrarse lentamente, y cayó en los brazos de Naruto conforme la rigidez fue abandonando sus músculos.
Él la sacudió una vez más, pues no quería que se hundiera en aquel sueño profundo e inconsciente.
-Tienes que hablarme, Hinata. Todavía no puedes dormir.
Con visible esfuerzo, Hinata alzó los párpados y le miró. Su expresión era de aturdimiento, de confusión. El pánico asomó a aquellos ojos perlas mientras luchaba por recobrar la conciencia, la sensación de identidad. Pasó otro momento antes de que estallara en ellos el reconocimiento, seguido de cerca por el horror y la angustia.
-Shhh, shhh -susurró Naruto, estrechándola con fuerza-. Estoy aquí, pequeña. -Notaba el temblor que le nacía en las piernas e iba ascendiendo por su cuerpo, haciéndose más fuerte y más violento a cada segundo que pasaba. Extendió la mano, y Sai le puso en ella una taza de café. La acercó con cuidado a los temblorosos labios de Hinata y la obligó a beber.
Ella tenía el rostro gris, y el shock empeoraba por momentos.
-Por favor -rogó Hinata con voz entrecortada y apenas audible-. Deja que me eche.
-Aún no. Bebe un poco más de café. -Deseaba llevarla hasta la cama y dejarla dormir mientras él la abrazaba para mantenerla a salvo de los terrores de la noche, pero empujó aquel impulso fuera de sí, inflexible. Tenía que obtener la información antes de permitirle descansar.
-Cuéntamelo -exigió, poniendo fuerza en la voz-. Cuéntame lo que has visto.
Hinata cerró los ojos y trató de zafarse de él.
-¡Maldita sea, Hinata! -Esa vez no fue suave al sacudirla-. iDímelo!
La boca de Hinata tembló claramente y unas lágrimas surgieron bajo sus pestañas.
-Está todo oscuro -dijo ella. Aspiró profundamente y expulsó el aire con un tembloroso suspiro. Después abrió los ojos-. Se ha ido la luz por culpa de la tormenta.
Su voz adquirió aquel tono plano e inexpresivo a medida que iba hundiéndose de nuevo en el horror. Miró directamente de frente, y Naruto hizo acopio de fuerzas.
-Ella ha llegado a casa antes de lo previsto. Está bebida. Pone unas cuantas velas encima de la cómoda y las enciende. Son velas de incienso, en pequeños soportes de vidrio. Huelen mal. Se quita la ropa y se pone una bata. Muy amable por su parte, eso le va a ahorrar trabajo. Entra en el cuarto de baño y se lava la cara. Cuando sale, él la está esperando.
-Dios santo -dijo Ino en voz baja, a medida que empezó a comprender el horror de lo que estaba oyendo, de lo que Hinata había soportado.
-Él se pone a su espalda cuando ella se inclina para soplar las velas. Ella lo ve y se da la vuelta. No grita; casi nunca lo hace ninguna. Él va está demasiado cerca, ya tiene el cuchillo contra su garganta. Aunque está bebida, la muy imbécil, sabe lo que está ocurriendo. Bien. No merece la pena aplicar un castigo si la lección no es comprendida.
»La obliga a quitarse la bata. Está demasiado flaca, se le ven las costillas. Eso no le gusta. Ella está aterrorizada, y no discute cuando él le ordena que se tumbe. En la cama no, en el suelo. Prefiere el suelo. Es suave con ella, pero ve en sus ojos que ella sabe quién es él, conoce su poder. Eso es agradable, pero elimina el elemento sorpresa.
» Después la ayuda a levantarse, la besa en la mejilla, le acaricia el pelo. Le tira un poco del pelo para hacerla inclinar la cabeza hacia atrás, y ella lo mira. Por favor, le dice, ya suplicando. No hay orgullo. Nunca tienen orgullo. Él sonríe y observa sus ojos cuando ella nota el primer pinchazo del cuchillo. Luego la suelta para que pueda empezar la persecución.
Sai se giró de pronto, musitando un juramento.
Hinata no estaba mirando a ninguno de ellos, no veía a nadie.
-Ella no corre, sólo lo mira. Él vuelve a herirla, y dice: corre, puta. Pero ella no lo hace. Le lanza un puñetazo y la golpea en la cara. Después se le echa encima, golpeando, dando patadas, chillando. Él está furioso; no es así como quería que fuera. Maldita puta. Si eso es lo que quiere, se lo dará. La apuñala profundamente, una vez tras otra, para terminar de una vez. La odia. Ha sido una idiota, lo ha echado todo a perder. Se suponía que aquello iba a ser como una carrera, como la de Preakness. Maryland, oh Maryland.
Hinata cantó el último fragmento.
-Está en el suelo. Él tiene el brazo cansado. Ella ya ni siquiera gime cuando la alcanza el cuchillo. Él se levanta. ..-De pronto a Hinata le falló la voz. Naruto notó que se estremecía y después empezaba a temblar de nuevo.
-¿ Qué ? -preguntó suavemente.
Hinata tenía el semblante sin color y los ojos fijos.
-Se ha mirado al espejo -dijo. Cuando Naruto se limitó a mirarla, confuso, ella repitió-: ¡Se ha mirado al espejo! Se ha visto a sí mismo... ¡Y lo he visto yo!
-Dios santo. -Todo el vello del cuerpo se le puso de punta, Y un escalofrío le recorrió la espalda. Sai e Ino guardaron un silencio absoluto, con la atención prendida de Hinata.
-Está totalmente calvo -dijo ésta-. Se afeita la cabeza. Tiene la cara cuadrada. ..Y los ojos un poco demasiado pequeños, demasiado juntos.
Naruto no pudo contenerse. Estaba ya de pie, con todo su poderoso cuerpo en tensión y listo para actuar.
-Haremos que venga un dibujante de la policía -dijo--. Trabajará contigo para hacer el retrato, y después lo llevaremos a todas las televisiones y periódicos de la zona. -Era la primera pista que tenían y era enorme-. Llama a Jiraiya -le dijo a Sai-. Cuéntale que ha pasado. También necesitamos encontrar a la mujer, como Hinata, ¿cómo era... -Se volvió hacia ella y se interrumpió a mita la frase. La cabeza de Hinata había caído contra el sofá y tenía los ojos cerrados y las manos inertes sobre el regazo.
-Ah, cariño -dijo con suavidad. Hinata había caído rendida ante el agotamiento. Por un instante Naruto había olvidado el precio físico que había pagado. Le entraron ganas de darse de patadas. Inmediatamente dejó a un lado todas las demás preocupaciones; otros podrían hacerse cargo de los detalles para encontrar a la víctima, pero sólo él podía cuidar de Hinata-. Encárgate de todo -dijo a Sai al tiempo que se inclinaba para tomar a Hinata en brazos-. Voy a llevarla a casa.
-Podéis quedaros aquí los dos -dijo Sai, pero Naruto sacudió la cabeza negativamente.
-Al despertarse se siente muy confusa y tarda un tiempo en volver a pensar con normalidad. Será mejor para ella si se encuentra en su casa.
-¿Cuánto tiempo tardará en poder hablar con un dibujante? Jiraiya querrá saberlo.
-Para el mediodía, como muy pronto. Es más probable que sea para las dos o las tres de la tarde.
-Él no va a querer esperar tanto.
-Pues tendrá que hacerlo. -Con Sai e Ino a los lados y transportando a Hinata en los brazos, la llevó hasta el coche. Sai le abrió la portezuela y él la depositó en el asiento, bajo el respaldo del todo hacia atrás y le abrochó el cinturón de seguridad.
-¿ Me necesitas ? -preguntó Ino, mirando con preocupación el rostro pálido e inconsciente de Hinata-. Estaré encantada de hacerle compañía.
-Puedo arreglármelas. Hinata dormirá por lo menos doce horas,
-Está bien. Llámame si me necesitas.
-Lo haré -dijo Naruto, y le dio un beso en la mejilla-. De todos modos, gracias por el ofrecimiento.
Hinata no se movió durante el trayecto en coche a través de la niebla. Como no era la primera vez que lo veía, Naruto no estaba tan preocupado como la vez anterior, pero, por otro lado, ahora sabía lo agotada que Hinata iba a estar y cuánto iba a tardar en recuperarse.
Aquella vez tenía que ser la última. No podía permitir que pasara por aquello una y otra vez.
En cuanto obtuvieran un retrato robot y lo hiciesen llegar a los medios de comunicación, pondría su plan en práctica.
Apenas había llegado a casa y dejado a Hinata en la cama cuando comenzó a sonar el teléfono. Lo descolgó con gesto irritado y dijo:
- Uzumaki.
Era Jiraiya.
-No podemos esperar hasta mañana para empezar con ese retrato. Esta información ha de estar en los periódicos mañana.
-Tendrá que esperar -contestó Naruto con voz áspera-. Ahora no puede hacerlo Hinata.
-Tiene que hacerlo.
-No puede -replicó Naruto--, No se trata de algo que ella pueda elegir, o usted. Está inconsciente a causa del agotamiento, y tarda horas en recuperarse.
-Tal vez un médico pueda inyectarle adrenalina o algo, para despertarla...
Naruto hizo rechinar los dientes en un intento de controlar el ataque de furia.
-Le romperé el brazo a cualquiera que se acerque a ella con una aguja -dijo en tono duro y tenso.
Jiraiya calló por unos instantes, sorprendido más por la advertencia que implicaba aquel tono que por el contenido de la frase en sí. De todos modos, arremetió de nuevo.
-Maldita sea, Uzumaki, tienes que tener claras tus prioridades...
-Las tengo tan claras como tengo que tenerlas -le interrumpió de nuevo Naruto--. Nadie va a tocar a Hinata. Voy a desconectar este teléfono para que no la molesten. Si me necesita, llámeme al número del busca, pero no me haga perder el tiempo tratando de hacerme cambiar de idea. Hable con Sai si tiene alguna duda de cómo se encuentra Hinata.
-Ya he hablado con él-dijo Jiraiya de mala gana.
-¿Entonces por qué diablos me ha llamado?
-He pensado que quizás haya algo que podamos hacer….
-Yo ya la he presionado todo lo posible para obtener la información que tenemos ahora. Esta vez le ha resultado más duro que en la ocasión anterior, más duro y más rápido. Déjela en paz y que duerma. Le prometo que le llamaré en cuanto se despierte.
-Está bien -dijo Jiraiya, todavía reacio-. Pero el jefe se va a cabrear mucho. Obviamente, para que tengamos un retrato robot debe haber un testigo. Va a querer saber quién y cómo.
-Puede no decirle nada acerca del retrato robot hasta que lo tengamos de hecho. Mientras tanto, diga que un soplón nos ha dado aviso de que se ha cometido otro asesinato.
-Ésa es una buena idea. De acuerdo. Pero cuando descubra que...
-Écheme la culpa a mí -dijo Naruto con impaciencia-. Aguantaré el chaparrón. Pero deje bien claro que si alguien molesta a Hinata, tendrá que vérselas conmigo.
-Lo haré.
Después de colgar el teléfono, Naruto anuló el timbre ya continuación volvió su atención a Hinata, que estaba tumbada donde él la había dejado, con el pecho apenas moviéndose. Se dio cuenta de que había adelgazado en las últimas semanas, y no tenía precisamente mucho que le sobrase. Cuando todo terminara, decididamente se la llevaría a aquellas vacaciones que le había prometido, a algún lugar sereno y tranquilo donde no hubiera nada que hacer excepto comer, dormir y hacer el amor.
Le quitó suavemente la ropa y la metió, desnuda, entre las sábanas. Desde que él se mudó a aquella casa, Hinata se acostaba sin nada encima. Miró la hora; las doce y cuarto. También era hora de irse a la cama él. Dudó que pudiera dormir un rato, pero por lo menos podría abrazar a Hinata. Tiró a un lado su ropa y se metió en la cama a su lado, y atrajo su cuerpo menudo y sedoso para darle calor. El leve aroma dulzón de la piel de ella le calmó, y enterró el rostro en la gruesa mata de cabello oscuro y liso de Hinata.
-Duerme, nena -le susurró-. Yo cuidaré de ti.
Empezó a tratar de despertarla a las once de la mañana siguiente, pero ella no reaccionó en absoluto. El busca le volvió loco toda la mañana. Jiraiya le había llamado cada media hora; Sai llamó dos veces; Ino llamó tres, para saber si había algo que ella pudiera hacer, si necesitaba que ella le sustituyera para así descansar un poco.
A Sai se le había ocurrido la idea de que las emisoras de radio y televisión dieran la noticia de que se había cometido otro asesinato pero que aún no se había encontrado a la víctima, y que pidieran a la gente que explorase su barrio y llamase a sus familiares para ver si no faltaba nadie. Era una táctica que tal vez hiciera que algunas personas se pusieran histéricas si no podían dar con alguien de la familia por alguna razón, y el jefe Mifune puso el grito en el cielo cuando lo oyó por la radio. El alcalde estaba como si le hubiera dado una apoplejía.
¿Es que no se daban cuenta del riesgo que corrían de que los demandaran judicialmente ? Ya veía venir miles de personas con demandas de daños emocionales. Jiraiya se cubrió las espaldas echándole toda la culpa a Sai, aunque había dado su aprobación. Cuando el jefe le llamó, chillando furibundo, Sai, sin alterarse, señaló que aquella táctica ya tenía precedente, que durante los desastres naturales y las emergencias, tales como situaciones de alerta por el calor, se solía instar a la gente a que comprobara que sus amigos y parientes se encontraban bien. Eso calmó un poco al jefe, pero siguió sin estar contento.
Por toda la ciudad sonaban los teléfonos y los timbres de las puertas.
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Kakuzu, que se había dado el capricho de pasarse la mañana en la cama, se quedó desconcertado al encender la televisión a mediodía y oír las noticias. Si la policía no había encontrado a la víctima, ¿cómo sabía que había una? No obstante, no se alarmó; estaba casi seguro de que no lo había visto nadie, ni siquiera de lejos, pero aunque así fuera, no podrían identificarlo. Bostezó y apagó el televisor.
Que buscasen.
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Hacia las doce y media, Naruto había logrado despertar a Hinata lo suficiente para que hiciera una visita al cuarto de baño y bebiera un poco de agua,'pero se quedó dormida de nuevo nada más volver a meterla en la cama.
A la una menos cinco sonó otra vez el busca. El número que apareció en el visor era el de Sai. Naruto lo marcó con gesto impaciente.
-La hemos encontrado -dijo Sai en un tono frío y sin inflexiones-. Se llama Marilyn Elrod. Su marido, del que se estaba separando, oyó el boletín de noticias y llamó desde la casa de su novia para ver como estaba. Al no obtener respuesta fue hasta allí en coche. Vio el coche suyo en la rampa de entrada, y como ella siempre lo metía en el garaje, eso le preocupó inmediatamente. Todavía tenía las llaves de la casa, de modo que entró, y la encontró en el dormitorio del piso de arriba.
-Marilyn -dijo Naruto-. No es Maryland, sino Marilyn.
-Sí. Oye, ¿ quieres que venga Ino a quedarse con Hinata para que tú puedas ir a ver la escena del crimen?
No le gustaba tener que dejar a Hinata, pero era su trabajo, aquel fin de semana estaba de servicio.
-Que venga -dijo a regañadientes.
-Ya está de camino -repuso Sai-. Le he dicho como se llega hasta aquí, y no tardará más de cinco minutos.
-Te crees muy inteligente, ¿verdad?
-Sencillamente te conozco, colega.
Ino demostró que conducía más deprisa que Sai, pues en ese preciso momento llamó a la puerta. Cuando Naruto la hizo pasar, su rostro habitualmente sereno se veía alterado.
-¿Cómo se encuentra? -preguntó de inmediato.
-Todavía está durmiendo. Hace una media hora conseguí despertarla durante unos minutos, pero aún estaba demasiado aturdida para pensar. En cuanto la llevé a la cama se quedó frita otra vez.- Mientras hablaba, Naruto se ponía la sobaquera y la americana.
-Esta noche trabajo en el segundo turno -dijo Ino, acompañándole hasta la puerta-, He traído mi uniforme para poder quedarme hasta el último minuto, pero no puedo estarme mucho más de las dos y media. Ya se que no es bastante tiempo-dijo en tono de disculpa.
Naruto juró por lo bajo, pero no vio nada que pudiera hacer.
-Está bien. La próxima vez estará más despierta. Déjala dormir hasta las dos y luego oblígala a que reaccione. Dile donde estoy, y que regresaré lo antes posible.
Ino indicó que lo entendía con un movimiento de cabeza. Cuando Naruto empezaba a bajar los escalones, dijo titubeando:
-¿Naruto? Hum... He estado pensando... Esto de... Hinata ¿Puede...? Maldita sea, no sé cómo decirlo.
Naruto se volvió. No era habitual que Ino perdiera la compostura. Vio que se sentía muy incómoda, y trató de adivinar:
-¿ Que si puede leer la mente ?
Ino se mordió el labio.
-Ya me dijo Sai que también a ti se te daba bien -musitó-. Pero... sí. ¿Puede leerme la mente?
-Ella dice que no. -Que Ino viera si lograba encontrar en eso más consuelo que él-. Pero yo no te he leído la mente, he acertado por casualidad, porque yo también me siento incómodo con eso.
Ino asintió con un gesto, comprendiendo. Naruto fue hasta su coche y ella volvió a entrar en la casa y cerró la puerta. Siguió las instrucciones, y a las dos empezó a sacudir a Hinata y a hablarle. Para alivio suyo, Hinata parpadeó y abrió los ojos al cabo sólo de un minuto.
-¿ Ino ? -preguntó con una pronunciación tan imprecisa como si hubiera bebido.
Ino suspiró aliviada.
-Sí, soy yo. Acabo de hacer café. ¿Te apetece un poco?
Hinata tragó saliva, tratando de despejar la niebla de su cerebro para poder pensar.
-Sí -dijo por fin.
-Voy por él. No vuelvas a la cama.
-No lo haré. -Resultaba difícil.
Hinata luchó contra el sueño en un esfuerzo por entender lo que pasaba. Ino estaba allí. ..¿ Dónde estaba Naruto? ¿Le había sucedido algo? Un súbito pánico disipó la niebla aún más, y consiguió sentarse derecha. Estaba desnuda bajo la sábana; se cubrió con los cobertores de la cama y miró alrededor, tratando de obtener algún indicio de lo que estaba sucediendo.
Ino regresó con una taza sólo medio llena de café, lo cual hizo que a Hinata le resultara más fácil sostenerla sin derramar el líquido.
-¿Dónde está Naruto? -barbotó, con la mirada llena de preocupación-. ¿Le ha ocurrido algo?
-¡No, por supuesto que no! -Al ver su angustia, Ino se sentó en la cama y le palmeó el brazo-. Naruto está bien. Hace sólo una hora que se ha marchado.
-¿Que se ha marchado? -Confusa, Hinata cerró los ojos. Detrás de los párpados vislumbró una imagen de pesadilla, rodeada por lo que parecía un centenar de velas, reflejada en un espejo oscurecido. Contuvo la respiración al percibir parte de aquel recuerdo-. ¿Qué día es hoy?
-Sábado -respondió Ino.
-Entonces ha sido anoche cuando ha sucedido. -Respiró hondo para recobrar su frágil dominio de sí misma y abrió los ojos.
-Han encontrado a la víctima. En este momento Naruto se encuentra en la escena del crimen. - Ino sabía, por haber hablado con Sai, que la escena era exactamente tal como la había descrito Hinata. Si no hubiera estado presente ella misma la noche anterior, y no hubiera oído a Hinata, jamás lo hubiera creído posible. Sin embargo, el hecho de ser testigo presencial tendía a hacer creyentes a las personas-. No quería dejarte sola, de modo que vine yo.
-Gracias-dijo Hinata-. Cuando me despierto estoy tan embotada que resulta más fácil que haya alguien aquí para explicarme las cosas. -Hasta que apareció Naruto, siempre había tenido que pasar por todo ello sola, pero de todas formas era agradable contar con alguien.
-No puedo quedarme mucho más. Trabajo en el siguiente turno-explicó Ino-. ¿Te las arreglarás sola?
-Probablemente volveré a dormirme. - Hinata sorbió un poco de café-. ¿Le importa a Sai que tú trabajes por las noches?
-Por supuesto. Si yo trabajara en el primer turno ya él le tocara trabajar de noche, a mi tampoco me gustaría-dijo Ino con los ojos brillantes-. De todos modos, como es un hombre inteligente, no ha cometido el error de exigirme que deje de trabajar o que adapte mi horario al suyo.
-Va mejorando. Anoche mencionarnos varias veces la palabra «matrimonio», y ya no ponía los ojos en blanco.
Ino reflexionó un instante sobre ese punto.
-Sus ojos eran más bien los de un caballo invadido por el pánico, ¿no crees? -dijo acertadamente-. Yo no dejo de recordarle que fue idea suya y que puede cambiar de opinión cuando quiera. Pero él piensa que soy yo quien no debe de estar muy hecha a la idea, y trata de convencerme de que es lo que debemos hacer, y se convence a sí mismo.
-Puede que Naruto le empuje al altar.
-Espero que para entonces esté más seguro. Todo ha sucedido muy deprisa entre nosotros. Las cosas se han descontrolado desde la primera vez que salimos juntos. A Sai le gusta controlarlo todo, así esto le está poniendo muy nervioso.
Ino, con gran tacto, no preguntó a Hinata por su relación con Naruto, y se sintió agradecida. Todavía no había nada establecido entre ellos, ninguna señal de permanencia a pesar de estar viviendo juntos, y ella estaba demasiado cansada para intentar dar explicaciones. Le gustaba mucho Ino, pero nunca había disfrutado del consuelo de tener una confidente, ni había crecido pasando largas horas riendo tontamente con otras chicas de suedad mientras diseccionaban hasta el último detalle de sus vidas. Hasta que llegó Naruto, en realidad no había pasado mucho tiempo hablando con otra persona.
-¿Quieres darte una ducha mientras yo esté aquí?- preguntó Ino-. Eso te quitará algunas telarañas de la cabeza. Sai me ha dicho que quieren que colabores con un dibujante de la policía lo antes posible, para trazar una descripción del asesino.
Hinata apartó a un lado el recuerdo de la cara del sujeto en cuestión. En aquel momento no podía permitirse a sí misma hacer hincapié en ello de nuevo.
-Me encantaría tomar una ducha. Voy a darme prisa para que tú llegues tarde.
Ino la dejó a solas, y Hinata se levantó de la cama. Se sentía rígida y falta de coordinación, con debilidad muscular. Había hecho un gran esfuerzo con Ino, pero las cosas todavía no habían vuelto del todo a su sitio. Tendría que hacer un esfuerzo aún mayor para concentrarse, más tarde, para que el retrato robot fuese exacto.
Se dio una ducha corta y lo más fría que pudo soportar. Después de vestirse y tomar un poco más de café, se sintió algo más dueña de sí misma. Ino se mostró reacia a marcharse, pero Hinata la instó a hacerlo y a continuación se obligó a caminar un poco en vez de acostarse, que era lo que le apetecía.
¿Cuánto tiempo tardaría en volver Naruto? ¿La llevaría a la comisaría inmediatamente para empezar con el retrato? Paseó hasta que empezó a cansarse, y luego se tendió en el sofá: El sueño le llegó casi de inmediato, pero justo antes de que cayese el telón tuvo un último pensamiento, muy claro:
¿Cuánto tiempo pasaría hasta que dejase de ver aquel rostro cada vez que cerrara los ojos?
Continuará...
