CAPÍTULO 21

El dibujante resultó ser una pelirroja regordeta y de baja estatura llamada Sara. Sara tenía unos dedos pequeños, rápidos y machados de tinta, ojos astutos y una voz como una campanilla. Su edad podría oscilar entre los treinta y los cincuenta; llevaba el pelo con una generosa cantidad de canas, pero su cutis se veía fresco y suave. Al igual muchos artistas, vestía lo que encontraba a mano. En este caso llevaba unos pantalones de algodón de deporte, una de las camisas de su marido y zapatillas deportivas sin calcetines.

Con una taza de café en la mano como apoyo, Hinata se sentó junto a Sara y se pusieron a trabajar en los detalles del aspecto exterior del asesino. Era una tarea penosa que incluía interminables variaciones de nariz y cejas, tamaño de los ojos, anchura y grosor de los labios, ángulo del mentón, forma de la barbilla. Hinata era capaz de cerrar los ojos y visualizar el rostro en cuestión, pero reproducirlo sobre un papel no era cosa fácil.

Naruto no las interrumpió, pero se mantuvo siempre cerca y rellenaba con frecuencia la taza de café de Hinata. Ya eran casi las seis cuando llegó a casa y la despertó del sofá donde estaba durmiendo. Aunque se mostró solícito con Hinata, estuvo de un humor taciturno durante todo el camino hasta la comisaría.

-El puente de la nariz tiene que ser más alto -dijo Hinata pensativa, examinando la última tentativa. En el pasado había trabajado en muchas ocasiones con los dibujantes de la policía, y por eso sabía lo que éstos necesitaban de ella-. Y los ojos un poco más juntos.

Con unos cuantos trazos hábiles de lápiz, Sara realizó los cambios.

-¿Así mejor?

-Mejor, pero todavía no se ajusta del todo. Son los ojos. Los tiene pequeños, duros y juntos. Como un poco hundidos, con las cejas rectas.

-Eso me suena a un tipejo feo y malvado -comentó Sara al tiempo que hacía diminutos retoques.

Hinata frunció el ceño. Estaba muy cansada, pero se obligó a sí misma a concentrarse.

-No, en realidad no lo era, físicamente. Supongo que se le podría considerar atractivo, incluso con la cabeza calva.

-Bundy era un sinvergüenza muy guapo, pero no era el hombre con que una sueña. Eso demuestra que las apariencias engañan.

Hinata se inclinó hacia delante. Esa vez las correcciones de Sara habían conseguido un retrato más parecido al rostro que ella recordaba.

-Eso está muy bien. Haz la frente un poco más ancha y recorta el cráneo. No tenía la cabeza tan redondeada.

-Más como Kojak, ¿no? -Los trazos del lápiz cambiaron la forma de la cabeza.

-Para. Así está bien. -Al ver la cara en el papel experimentó cierta inquietud-. Es él.

Naruto se acercó y se quedó detrás de Hinata para mirar el retrato terminado. Lo observó fijamente.

De modo que aquél era el hijo de puta. Ahora tenía un rostro, ahora lo cazarían.

-Gracias, Sara -dijo.

-Cuando quieras.

Hinata se levantó y se estiró, vagamente sorprendida por lo entumecida que estaba.

Sai, que había aguardado pacientemente un poco más atrás, se acercó hasta Naruto y examinó el retrato robot.

-Voy a repartirlo por ahí -dijo--. Lleva a Hinata a casa y métela en la cama antes de que se derrumbe.

-Estoy bien -replicó ella, pero tenía unas marcadas ojeras y el rostro demacrado.

Naruto no discutió.

-Llamaré más tarde -dijo, al tiempo que rodeaba a Hinata con el brazo y la conducía hacia la puerta. Una vez que estuvieron dentro del coche, Hinata intentó permanecer despierta, pero los ojos se le cerraron antes de llegar al segundo semáforo.

Igual que la noche anterior, Naruto la llevó en brazos al interior de la casa, la depositó sobre la cama y la desvistió eficientemente.

-Buenas noches, cariño -le susurró, inclinándose para besarla. Ella le echó los brazos al cuello.

-Abrázame esta noche -le dijo.

-Lo haré. Ahora duérmete. Te sentirás mejor por la mañana.

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Hinata despertó a la mañana siguiente en brazos de Naruto. Al ver que abría los ojos, Naruto la hizo rodar de espaldas y se situó encima de ella, le separó los muslos y se colocó entre ellos.

La penetró suavemente, y llevó a ambos hasta el orgasmo.

El hecho de hacer el amor hizo que Hinata se sintiera viva de nuevo y apartó a un lado los malos pensamientos. Permanecieron largo rato tumbados, cada uno buscando consuelo en el abrazo del otro. Por fin Hinata dijo:

-Háblame de ella.

Naruto la besó en la sien y la estrechó contra sí, en un intento de que su proximidad no dejara acercarse al horror.

-Se llamaba Marilyn Elrod -empezó-. Acababa de separarse de su marido, pero él estaba lo bastante preocupado para intentar comprobar si se encontraba bien, y fue a la casa al ver que no contactaba con ella por teléfono. Ahora parece estar bastante destrozado por lo sucedido, cuando ya es demasiado tarde.

-Marilyn -dijo Hinata, estableciendo la relación-. Entonces no es Maryland, sino Marilyn.

-La tormenta había dejado el barrio sin luz eléctrica. Encendió unas velas en el dormitorio. Todo lo demás estaba tal como lo viste tú.

-¿Luchó contra él?

-Parece que sí. Tenía los nudillos magullados. Es una lástima que no consiguiera arañarle la cara; eso nos habría proporcionado un dato para identificarlo. -Aunque aquello probablemente le habría valido que le amputaran los dedos como a Nōnō Yakushi, pero Naruto no le había contado a Hinata aquel pequeño detalle. Si ella no lo había visto en la visión, desde luego él no iba a añadirlo a sus pesadillas.

-¿No tendrá alguna marca en la cara? A lo mejor ella le rompió el labio. ¿Había sangre que no fuera la de ella?

-No que nosotros hayamos podido identificar -respondió Naruto con cuidado. Trató de no pensar en la salvaje carnicería, en la inmensa cantidad de sangre que empapaba la habitación.

No habría sido factible encontrar algunas gotas de sangre de otra persona; eso habría requerido pura suerte, y la suerte no había sido su mejor amiga hasta el momento. Si no hubiera sido por Hinata, ni siquiera ahora tendrían la menor pista.

-Pero tiene que haber alguna herida, un labio hinchado.

-Esto sucedió el viernes por la noche. Un labio roto se cura rápidamente y de todas formas no se nota tanto. Un hematoma se puede reducir con hielo y tapar con maquillaje. Ese tipo es muy inteligente, conocerá todos los trucos.

-Pero tú vas a atraparlo de todos modos.

-Sí -dijo Naruto con seriedad-. Voy a atraparlo.

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Kakuzu miró atónito el periódico del domingo con furia e incredulidad.

El retrato robot de la policía era increíblemente exacto, aunque, por supuesto, lo mostraba totalmente calvo en lugar de un individuo con bucles rubios. Arrugó el periódico y lo tiró. Por primera vez experimentó una punzada de alarma, y eso lo puso todavía más furioso.

¡Se suponía que la policía no iba a acercarse tanto!

Claro que no iban a cogerlo, pero no deberían saber tantas cosas. ¿Quién lo habría visto ? Juraría que no lo estaba mirando nadie. ¿ Es que aquella zorra idiota tenía una cámara de seguridad en alguna parte? No podía creerlo, porque si así fuera, lo habría filmado las dos primeras veces que entró en la casa, a no ser, claro está, que fuera tan tonta como para no comprobar nunca la cinta. La policía sí la comprobaría.

No, no había ninguna cámara; si la hubiera, él la habría descubierto.

¿ Cómo había ocurrido aquello ? ¿ Qué había salido mal ?

Se consoló con la idea de que, como siempre, no había dejado ninguna prueba circunstancial. Ningún pelo, ningún trozo de piel, ni huellas dactilares ni pisadas. El cuchillo pertenecía a la víctima y había quedado en la escena del crimen. No se había llevado trofeos, nada que pudiera relacionarlo con el hecho.

Estaba a salvo.

Pero lo había visto alguien. Se había equivocado en algo- cosa totalmente inaceptable- y lo había visto alguien. Para expiar su error tendría que enmendarlo. Tendría que encontrar a aquella persona y eliminarla.

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-¿Quieres venir conmigo a la casa de Elrod? -preguntó Naruto.

Hinata se le quedó mirando, tan aturdida por un instante que no podía creer lo que él le estaba pidiendo. Ir a la casa. ..Su mente huyó de aquella idea. Ya era bastante horrible verla en su cabeza; entrar físicamente en aquella habitación llena de sangre era más de lo que creía poder soportar.

Naruto observó su súbita pérdida de color con un gesto duro en la boca. Sujetó a Hinata por los hombros para que no pudiera darse la vuelta.

-Sé lo que te estoy pidiendo -le dijo sin contemplaciones-. Sé lo mucho que te va a costar. No te lo pediría si no necesitase tu ayuda. En este caso todos estamos dando palos de ciego, y tú eres la única luz que tenemos. Hay pocas posibilidades, pero tal vez si vas a la escena del crimen puedas percibir algo más acerca del asesino.

La última escena del crimen en la que había estado Hinata fue cuando Dusty fue asesinado mientras ella yacía impotente y viendo cómo Momoshiki Otsutsuki acribillaba a puñaladas a un niño pequeño, aterrorizado e igualmente indefenso. Desde entonces había vivido con aquel recuerdo. No era justo que Naruto le pidiera que reviviera aquello. Él sabía lo que ella había pasado, pero no lo había vivido, por eso no conocía el tormento tan íntimamente como ella.

Hinata miró fijamente la fiera determinación que se veía en aquellos ojos cielo y sintió cómo la golpeaba la fuerza de voluntad de Naruto.

Podría soportarlo, pensó gravemente. Era mucho más difícil soportar las silenciosas súplicas de Nōnō Yakushi, de Mei Terumi, de Marilyn Elrod. Podía verlas a todas, las sombras de todas ellas clamando justicia.

¿Por qué no había podido entrar en las mentes de ellas, en lugar de la del asesino? Éste tenía que seleccionarlas de algún modo, quizás una o todas supieran cómo se llamaba. Pero en vez de eso, fue la energía mental de él la que conectó con la suya, obligándola a sentir su maldad. Hinata ya en otra ocasión había estado dentro de la mente de la víctima, había sentido la muerte de Dusty, y eso estuvo a punto de matarla a ella también. ¿Qué habría supuesto para ella haber sufrido de nuevo aquel terror y aquel dolor?

-¿Hinata? - Naruto la sacudió ligeramente para obligarla a prestarle atención.

Ella cuadró los hombros e hizo acopio de fuerzas. No podía dar la espalda a aquello más de lo que pudo al principio.

-Está bien -dijo con firmeza-. Iré contigo.

Una vez que Hinata accedió, Naruto no perdió tiempo. Al cabo de cinco minutos estaban ya de camino. Era poco más de mediodía, las iglesias ya habían terminado los oficios y los niños pululaban por todas partes a su paso por el elegante vecindario de los Elrod. Hinata iba sentada en silencio, mirándose las manos, intentando prepararse. No sabía lo que debía esperar; tal vez nada, tal vez reviviera la visión, tal vez sintiera realmente algo nuevo.

Y tal vez se mirase al espejo y se encontrase cara a cara con un asesino.

Ella lo conocía, sabía que mataba sin remordimiento alguno, que lo disfrutaba. Se deleitaba en el sufrimiento y el terror de sus víctimas. Tenía forma humana, pero era un monstruo depravado que seguiría matando hasta que alguien lo detuviera.

Naruto entró en la rampa de acceso de una casa. La vivienda estaba sellada con cinta amarilla de la policía. Aunque habían transcurrido veinticuatro horas desde que se encontró el cadáver, había grupos de vecinos que señalaban y miraban boquiabiertos, comentando los últimos detalles que habían sabido por la televisión y los periódicos, y añadiendo nuevos datos sangrientos procedentes de la multitud de rumores que recorrían el barrio.

-Creemos que el asesino entró por el garaje, cuando ella salió por la mañana temprano - dijo Naruto, sujetando con mano firme el codo de Hinata mientras se acercaban a la puerta principal. Levantó la cinta amarilla para pasar por debajo--. Como no había electricidad cuando regresó a casa, la puerta eléctrica del garaje no funcionó. Dejó el coche en la rampa y entró por la puerta principal. Tampoco funcionaba el sistema de alarma, por el mismo motivo, pero de todos modos no habría servido de nada: no estaba conectado a la puerta del garaje que daba al interior de la casa. La gente es capaz de hacer las cosas más tontas por las razones más tontas. El señor Elrod ha dicho que esa puerta en concreto no estaba conectada para así disponer de un modo de entrar sin tener que pensar en el código de la alarma. También podrían haber puesto un cartel que dijera: «Los criminales entren por aquí».

Habló sin cesar al tiempo que abría la puerta principal y conducía a Hinata al interior. El sistema de alarma había sido desconectado, porque el día anterior había estado entrando y saliendo mucha gente.

Hinata respiró hondo. La casa parecía decepcionantemente normal, excepto por el polvo negro que ensuciaba toda superficie lisa. En otro tiempo había sido una agradable vivienda de clase pudiente. A Hinata le gustaría saber si alguien volvería a vivir allí, si el señor Elrod sería capaz de dormir en aquella casa o si podría venderla, en caso contrario. Quizá pudiera endosársela a algún inocente turista recién venido del norte del país. En su opinión, debería ser reducida a escombros.

Recorrió con la mirada las espaciosas habitaciones de altos techos. Flotaba en el aire una sensación de frescor; debió de ser un lugar maravilloso para vivir. Los suelos del piso de abajo eran de madera pulimentada o de baldosas de diseño. Paseó en silencio por las habitaciones, procurando obligarse a sí misma a relajarse y dejar la mente abierta, pero no pudo eludir el miedo a subir la escalera. No quería hacerlo, pero sabía que no tendría más remedio.

A lo mejor si esperaba un día más; aún no había recuperado totalmente de la visión. A lo mejor era ése el motivo por el que no podía abrir esa puerta mental que permitiría que penetraran las impresiones. Lanzó una mirada a Naruto, y acto seguido abandonó la sugerencia que estaba a punto de hacer. Él no la seguía como un perrito, sino que se iba quedando en la puerta de cada habitación mientras ella la exploraba. Tenía el semblante grave, con una expresión cerrada que ella nunca le había visto. Había en él algo curiosamente distante, como si se hubiera vuelto insensible a cualquier apelación que ella pudiera formular.

-¿ Ves algo? -le preguntó, al ver que ella le miraba.

Hinata negó con la cabeza.

Naruto no la presionó, no la instó a esforzarse más, no intentó meterle prisa ni decirle que subiera a la escena del crimen, en el piso de arriba. Sencillamente se quedó donde estaba, aguardando, implacable.

Pero cuando Hinata apoyó la mano en la barandilla y el pie en el primer peldaño de la escalera, él la tomó del brazo. Su mirada se clavó en la suya, con una expresión que Hinata no consigo interpretar del todo.

-¿Estás bien?

-Sí. -Aspiró profundamente;--. No voy a disfrutar de esto, pero lo haré.

-Sólo recuerda -murmuró Naruto;- que yo tampoco disfruto con ello.

Hinata le dirigió una mirada interrogante.

-En ningún momento he pensado que disfrutases.

A continuación empezó a subir. Naruto iba justo detrás de ella, avanzando silenciosamente, y su presencia era sólida como un muro.

¿Dónde había esperado el asesino a que Marilyn regresara a casa? La visión no había captado eso; había comenzado cuando él empezó a seguirla por la casa a oscuras. Quizá, al haberse ido la luz, abandonó su escondite y se puso cómodo en un lugar donde pudiera ver si alguien se acercaba. Se detuvo en el rellano y cerró los ojos, concentrada, intentando captar cualquier energía residual. Abrió con cautela aquella puerta mental, y se vio asaltada por un zumbido de estática. Volvió a cerrar la puerta de golpe y abrió los ojos. Había obtenido una impresión de mucha gente, de abundante actividad; demasiadas personas habían estado allí después del asesinato, y emborronaban la imagen.

La puerta del final del pasillo estaba abierta. Aquél era el dormitorio de Marilyn. Hinata echó a andar hacia él con paso firme, y una vez más Naruto la cogió del brazo.

-He cambiado de idea -dijo bruscamente;-. No necesitas entrar ahí.

-Tampoco necesitaba morir Marilyn Elrod -replicó Hinata;-. Ni Nōnō Yakushi ni Mei Terumi, ni ninguna de las otras mujeres que él mató antes de mudarse a esta ciudad. -Le dirigió una sonrisa glacial y se zafó de su mano-. Además, ya he estado aquí, ¿no te acuerdas? Estuve aquí cuando sucedió todo.

Cuatro pasos rápidos y entró en la habitación. Se detuvo. No podía seguir avanzando sin pisar las oscuras manchas de sangre que había en el suelo. No había forma de esquivarlas; la sangre salpicaba toda la moqueta, las paredes, la cama, aunque la mancha más grande, con mucho, era la que había junto a la cama, donde se había extinguido por fin la vida de Marilyn Elrod. Pero había luchado por toda la habitación y dejado su sangre como testigo de ello.

Sobre la cómoda descansaban todavía unas diez velas de incienso en sus diminutos soportes de cristal; fue en aquel espejo donde Hinata vio al asesino, mirándolo a través de sus propios ojos.

Tenía que abrir de nuevo aquella puerta mental para tal vez captar algún resto de información. Marilyn se merecía que por lo menos lo intentara.

-No me hables durante un minuto, ¿de acuerdo? -le dijo a Naruto con voz suave, casi inaudible-. Quiero pensar.

Tal vez la energía estuviera en capas, la más reciente encima de todas. Cerró los ojos, se imaginó las capas y les asignó distintos colores para distinguirlas con más facilidad. Tenía que evitar aquella primera capa, la poblada por detectives, agentes de uniforme, fotógrafos, forenses, la multitud que había invadido la casa tras la muerte de Marilyn. Su intención había sido la de ayudar, pero se habían metido por medio. También había estado allí el señor Elrod, que había añadido otro nivel de energía. Asignó el color azul a los policías y la gente relacionada con ellos, y el rojo al señor Elrod. El color del asesino sería el negro, denso como el mal y resistente a toda penetración de la luz. Marilyn. ..Marilyn tendría un color blanco, puro y traslúcido.

Formó la imagen en su mente y vio las diferentes capas, y se concentró en ellas para olvidar todo lo demás. Existía sólo dentro de sí misma, se volcó hacia su interior para que su capacidad no se diluyera. Con sumo cuidado, separó la capa azul y la dejó a un lado.

Después le tocó el turno a la roja, qué era muy delgada porque el señor Elrod no había aportado gran cosa, y resultó más difícil de manipular, pero también fue apartada a un lado.

Sólo quedaron la blanca y la negra, pero ambas estaban tan entrelazadas que Hinata no supo si podría separarlas. El asesino y su víctima, unidos entre sí en un combate a vida o muerte.

Marilyn había perdido aquella batalla.

Hinata vio con toda claridad que si intentaba separar las dos capas podría dañarlas, dañar la información que contenían, de modo que tendría que dejarlas tal como estaban.

Era el momento de abrir la puerta. Se introdujo mentalmente en las capas, como si se internara en la niebla, envolviéndose en la energía de las dos. Dejó que la rodearan, que se le filtraran por los poros de la piel. Y entonces abrió la puerta.

La andanada de maldad que la azotó resultó asfixiante, pero no era nada que no hubiera experimentado antes. Se obligó a sí misma a no retroceder, a examinarla, mientras luchaba por impedir que la abrumase como lo había hecho la primera vez. No podía dejarse absorber para revivir el asesinato, pues los efectos serían tan debilitantes que no le sería posible continuar.

La capa de maldad se retorcía a su alrededor, pero algunos fragmentos de blanco no dejaban de tocarla, de distraerla. Empujó aquellos fragmentos lejos de sí, empeñada en leer las ondas de energía negras.

No había nada nuevo, ninguna pista mental acerca del motivo por el que el asesino había seleccionado a Marilyn como víctima. Un toque de blanco la hizo sobresaltarse de nuevo.

Había algo irresistible en el blanco, algo que insistía en atraer su atención. Hinata se mantuvo en su sitio. No tenía fuerzas para experimentar la muerte de Marilyn; simplemente no podía.

Pero la capa blanca seguía presionando con más fuerza. La maldad del asesino fue apanada a un lado. Hinata lo vio con claridad en su mente y quedó atónita, porque no había sido obra suya. Volvió a mirar el blanco, y esa pausa en la concentración bastó para que la energía blanca se colara en ella.

El pánico hizo presa en su corazón al tiempo que la invadía el terror. Y entonces apareció una sensación de calma, de dulce bálsamo.

Hinata permaneció bañada en aquella blancura traslúcida. Aquello no era la energía de los últimos instantes de Marilyn ni del terror y el dolor de su lucha por vivir; aquello era la energía de después, y no pertenecía al pasado.

Estaba allí, en aquel preciso momento.

No hubo palabras pronunciadas, no se dijo nada. Marilyn ya no sufría, parecía en paz.

Pero había una sensación de algo inacabado, se resistía a marcharse. No se había hecho justicia, la balanza estaba aún sin equilibrar, y Marilyn no podía irse hasta que su asesino dejara de acechar a mujeres inocentes en la oscuridad.

No te preocupes, susurró Hinata en su mente. Ha cometido un error; y Naruto lo va a atrapar.

Aunque aquellas tranquilizadoras palabras fueron bien recibidas, no cambiaron nada.

Marilyn pensaba quedarse hasta que la situación se resolviera.

Un ruido tiró de la conciencia de Hinata. Era irritante pero insistente. Reconoció por instinto su origen, y también su propia reacción automática.

Ahora tengo que irme. Él me está llamando.

Aun así, no sentía deseos de abandonar aquella serenidad. Titubeó, y sintió un último contacto de la energía blanca.

-¡Hinata! ¡Maldita sea, contéstame!

Hinata abrió los ojos y vio el rostro furioso y preocupado de Naruto, que la estaba sacudiendo, y su cabeza se tambaleó adelante y atrás. Cerró los ojos con fuerza para protegerse de la sensación de mareo.

-Basta -exclamó con voz ahogada.

Naruto obedeció y la estrechó entre sus brazos. Hinata sintió latir su corazón contra las costillas como un trueno, fuerte y frenético. Naruto le apretó la cabeza contra su pecho, y la abrazó con tal fuerza que le comprimió las costillas.

-¿Qué estabas haciendo? -jadeó-. ¿Qué ha ocurrido? Has estado ahí de pie como una estatua más de media hora. ¡No me contestabas, ni siquiera abrías los ojos!

Hinata le rodeó con los brazos.

-Lo siento -susurró-. No te oí. Estaba concentrada.

-Yo no llamaría a eso mera concentración, nena. Te has puesto en trance, y eso no me gusta. No vuelvas a hacerlo, ¿me oyes?

Hinata se dio cuenta de que le había asustado, y, al igual que todos los hombres fuertes, Naruto no lo llevó nada bien. En su furia incluso la llamó «nena», una palabra que no había usado desde que ella le dijo cuánto la molestaba.

Naruto inclinó la cabeza hacia Hinata y apoyó la frente en su pelo.

-Esto ha sido una mala idea -murmuró-. Vámonos de aquí de una maldita vez.

Pero como era policía, cuando estaban a medio camino de las escaleras preguntó de mala gana:

-¿Has percibido algo?

-No -respondió Hinata suavemente--. Nada que pueda servirnos.

No le dijo nada de la presencia de Marilyn, pacífica pero decidida, que aguardaba pacientemente. Aquello no tenía nada que ver con la investigación; era algo privado, entre ella y Marilyn, ambas víctimas, aunque de distinto modo, del mismo mal.

Naruto abrió la puerta y Hinata salió. El resplandor del sol le dio de lleno en los ojos, cegándola momentáneamente, y se detuvo. No vio a la gente que corría hacia ella hasta que la tuvo encima.

-Soy Shion Fujimura de WVTM Televisión -dijo una mujer joven-. Nos hemos enterado de que el Departamento de Policía de Orlando está valiéndose de una vidente llamada Hinata Hyūga para que les ayude a atrapar al Matarife de Orlando. ¿Es usted Hinata Hyūga? -y le plantó un grueso micrófono negro delante de la cara.

Hinata, aturdida, se quedó mirando a aquella joven delgada y vestida a la moda y al hombre corpulento y de pantalón corto que estaba detrás de ella sosteniendo una cámara al hombro. Junto a la acera había aparcada una furgoneta que lucía en un costado el logo de la emisora, y la multitud de vecinos se había incrementado de forma espectacular, atraídos por la cámara de televisión. Naruto se apresuró a interponerse y dijo:

-Soy el detective Uzumaki. Manténganse detrás de la línea policial. Tienen que marcharse... ahora mismo.

Pero la tenaz señorita Fujimura le esquivó hábilmente y volvió a apuntar a Hinata con el micrófono.

-¿Es usted la vidente?

Un confuso torrente de sensaciones invadió de lleno a Hinata.

No podía interpretar la mente de Naruto, sus protecciones mentales eran demasiado fuertes. Pero Shion Fujimura, ambiciosa y ligeramente nerviosa, no era ningún rival para los poderes de Hinata. Ni siquiera tuvo que intentarlo; la verdad la azotó en forma de ensordecedoras oleadas.

La impresión la golpeó en la boca del estómago, y estuvo a punto de ahogarse al notar cómo le subía a la garganta la bilis de la traición. Era posible que alguna otra persona hubiera filtrado el dato de que ella estaba participando, pero no había sido así, y sólo una persona podía saber dónde iba a estar ella en aquel preciso instante.

Sintió frío, un frío glacial, y de pronto un sentimiento de soledad. Lentamente, con el semblante impertérrito, miró a Naruto.

Él todavía tenía aquella expresión seria, y la observaba con ojos entornados y fieros como los de un halcón.

Hinata apenas podía respirar.

La acusación y la traición se reflejaban en su cara cuando puso una mano sobre el micrófono:

-Me has traicionado -dijo al hombre al que amaba, el hombre que la había utilizado.

Continuará...