CAPÍTULO 22

Hinata se volvió hacia la reportera de televisión.

-Sí, yo soy Hinata Hyūga -dijo fríamente.

-Señorita Hyūga, ¿está trabajando con el Departamento de Policía de Orlando para ayudar a encontrar al asesino?

-Sí. -Aquella única palabra fue pronunciada de forma contenida. A duras penas lograba reprimir la furia, la sensación de traición.

Naruto extendió una mano como para bloquear la imagen de la cámara, pero Hinata la apartó a un lado de un manotazo. Shion Fujimura se lanzó adelante.

-¿De qué manera los ha ayudado, señorita Hyūga?

-Les he dado la descripción del asesino.

-¿Cómo sabía usted su descripción? ¿Ha tenido una visión paranormal?

Naruto se interpuso de nuevo delante de Hinata, con la furia pintada en el rostro, pero Hinata le esquivó.

Aquello era lo que él quería, ¿no? Pues se lo iba a dar, y con creces.

-Algo así. Yo conozco al asesino de una forma distinta a todo el mundo. No es un hombre con el que sueña una mujer, a menos que sea en una pesadilla -dijo, tomando prestada la frase de Sara-. Es un gusano, un cobarde que se divierte atacando a mujeres. ..

-¡Ya basta! -rugió Naruto, empujando la cámara y agarrando a Hinata del brazo con la otra mano, clavándole los dedos en la carne-. Márchense todos de aquí, ahora mismo.

Shion Fujimura le miró con desconcierto, parecía a la vez asustada y divertida. Hinata no tuvo que adivinar cómo se sentía, ya lo sabía. Había ido allí a representar un papel, con la promesa de obtener alguna noticia, pero se había topado con una sensacional mina de oro. Su reputación en la emisora acababa de alcanzar niveles estratosféricos.

Todavía agarrándola del brazo, Naruto condujo a Hinata al coche, la dejó en el asiento del conductor y después la empujó para hacer sitio para él mismo. Cerró la portezuela de un golpe y accionó la llave de contacto.

-¿Qué diablos estabas haciendo? -dijo con los dientes apretados.

Hinata sentía el calor al rojo de su cólera, pero no se impresionó.

-Lo que tú querías que hiciera --contestó amargamente-.Atraer la atención del asesino. ¿No era ése el propósito de este ejercicio?

Naruto pensó en negarlo, pero comprendió que no merecía la pena. Hinata no iba a creerse ninguna negativa que a él se le pudiera ocurrir, y en aquel momento estaba tan enfadado que no tenía ganas de intentarlo.

-Atraer su atención, sí, ¡pero no incitarlo a matar aún más!

-Pero ahora puedes estar seguro de que vendrá por mí. No olvidará un ataque a su ego. - Hinata miraba de frente, ni siquiera lo miraba a él.

Naruto tuvo que reprimir duramente su genio. Sabía que a Hinata no le iba a gustar verse expuesta al público como vidente, pero no había esperado que ella se diera cuenta inmediatamente de que él había montado toda aquella situación, ni que reaccionase provocando y tentando al asesino.

-¿Cómo lo has sabido? -le preguntó instantes más tarde en tono tan serio como su cara-. ¿Me has leído la mente?

-No eres capaz de superar el miedo a eso, ¿verdad? -se burló ella-. Puedes estar tranquilo, tienes la cabeza demasiado dura para que yo pueda siquiera captar una brizna. Pero esa reportera era otra cosa. Bien podría llevar encima un cartel. ¿ Por qué no la llamaste sin revelar tu identidad?

-Me conoce, conoce mi voz. Además, le debía un favor por cierta información que le proporcioné el año pasado. El hecho de llevar una historia caliente la ayudaría en la emisora.

-Entonces, por favor, si eso la ayuda, arrójame a los lobos -dijo Hinata en tono inexpresivo. Ahora que ya había pasado la primera impresión de traición y desnudez, se presentaban varias probabilidades, ninguna de ellas agradable.

Había temido la falta de compromiso de Naruto, la había preocupado el hecho de que nunca hubieran hablado de su relación, y ahora supo por qué. Para Naruto, no existía compromiso alguno; simplemente estaba haciendo tiempo hasta que el asesino atacase de nuevo para poder poner en práctica su plan. Había jugado con ella a la perfección, la había preparado para aquella escena. Hinata pensó en lo que le había costado ir a aquella casa, y se enfadó todavía más.

-¡Yo no te he arrojado a los lobos! -exclamó Naruto.

-¿Ah, no? Me has utilizado como cebo.

-¡Maldita sea, ese tipo no va a acercarse a ti! ¿Crees que yo me arriesgaría a que sucediera una cosa así? He dado órdenes de que una mujer policía ocupe tu casa. Ya está allí. Lo único que tienes que hacer es coger algo de ropa y yo te llevaré a un lugar seguro hasta que esto termine.

-No -replicó Hinata, en el mismo tono inexpresivo de antes.

Naruto descargó un puñetazo sobre el volante.

-No discutas conmigo en esto, Hinata. No tienes alternativa.

-No pienso ir a ningún lugar seguro. -Pensó en la idea de estar confinada durante días, tal vez semanas, vigilada por agentes por turnos, y supo que no podría soportarlo. Ya tenía los nervios en tensión, aquello simplemente sería demasiado.

Naruto dijo muy despacio:

-Puedo ponerte bajo custodia y encerrarte en una celda, si lo prefieres. No creo que te gustase.

Ella se giró rápidamente, indignada por la amenaza.

-No creo que te gustase a ti tampoco, Uzumaki. No puedo impedir que lo hagas, pero te prometo que si lo haces, me encargaré de hacerte la vida muy desgraciada.

-Por el amor de Dios, ¡utiliza el sentido común! No puedes quedarte en tu casa. ¿O es que crees que yo tenía pensado utilizarte de verdad como una cabra de señuelo?

-¿Y por qué no? ¿Por qué no llegar a eso? Utilizarme ha sido tu plan todo el tiempo, ¿no? Personalmente, opino que fuiste un poco lejos al mudarte a vivir conmigo, pero supongo que necesitabas tenerme a mano cuando yo tuviera otra visión, para poder echar a rodar la pelota.

Naruto giró la cabeza bruscamente

-¿Se puede saber qué estás diciendo?

-Que si te hubieras molestado en pedírmelo, detective, yo habría aprobado tu plan si con eso ayudaba a delatar al asesino No me gusta nada verme expuesta a los medios de comunicación, porque eso volverá a alterar mi vida, pero lo habría hecho. No tenías necesidad de sacrificar tu cuerpo por la causa

Naruto, furioso, clavó los frenos y el coche se detuvo con tal fuerza que Hinata se vio lanzada hacia delante en su asiento Por suerte no había nadie detrás de ellos, o los habrían embestido. Naruto estaba tan enfurecido como ella.

-¡EI hecho de iniciar una relación contigo no ha tenido nada que ver con esto!

-¿Ah, no? A mi me ha confundido esta situación desde el principio. ¿Puedes decir sinceramente que no tenías este plan en mente ya antes de mudarte a mi casa?

Naruto movió la boca.

-No. -Maldita sea, no pensaba mentir.

-Eso pensé yo.

-Trasladarme a vivir contigo no formaba parte del plan.

-Era demasiado para resistirse a ello, ¿eh? -le provocó Hinata. Naruto la agarró con fuerza de los hombros

-Tienes mucha razón Yo te deseaba, y cuando tuve la oportunidad de ir a vivir contigo, la aproveché. ¿O es que cree, que fingí todas esas erecciones?

-Eso no prueba nada. A mí me parece que tú eres capaz de tener una erección cada vez que se te posa una mosca encima -Trató de soltarse, pero Naruto la sujetó más fuerte.

Naruto también sujetaba su propio genio; el primer acceso de ira no e había durado tanto.

-Nuestra relación no tiene nada que ver con esto Son dos cosas totalmente distintas.

-Si tú lo dices -comentó Hinata, imitando el acento de él.

-Maldita sea, Hinata. -Le interrumpió el furioso bramido de un claxon, y lanzó una mirada de rabia al espejo retrovisor. Había varios automóviles en fila detrás de él. Entonces pisó el acelerador-. Terminaremos en casa esta conversación, mientras haces las maletas.

-No pienso ir a una casa de seguridad. -La frase fue contundente, implacable-. Mañana voy a ir a trabajar como siempre. Probablemente habrás estropeado eso también, es muy probable que me despidan, pero aun así voy a intentarlo.

-¡No van a despedirte!

Hinata se puso a mirar por la ventanilla. ¿Así que Naruto pensaba que podía utilizarla como cebo para su trampa, y que después todo seguiría siendo normal?

-Tú también puedes hacer las maletas.

Naruto la miró de reojo.

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Sai lanzó un leve silbido.

-Percibo problemas en el paraíso.

Ino dirigió a Naruto una mirada torva.

-Yo diría lo mismo -dijo, y fue detrás de Hinata.

La joven policía, Hanabi Anbu, estaba sentada y los observaba incómoda.

-¿Se ha anulado la vigilancia?

-No --contestó Naruto-. Seguirás en tu puesto. En cuanto consiga tranquilizar a Hinata, regresaré para ayudar a organizarlo todo. Tenemos tiempo, la cosa no saldrá a la luz hasta el informativo de la noche.

Hanabi dijo:

-¿Cómo van a contener a los periodistas? Ese tipo no podrá llegar hasta mí si hay un centenar de reporteros y fotógrafos acampados en el jardín de la casa.

-La cadena de televisión se lo va a tomar a cachondeo. El departamento se llevará una buena bronca por ello, y el jefe dirá que han investigado a Hinata y que no hay nada contra ella. Pero el asesino sabrá la verdad y vendrá a buscarla. -Hizo una pausa-. ¿Estás segura de querer hacer esto, Han?

-Estoy segura. Soy la que más se parece a ella en estatura y en apariencia, y además he recibido entrenamiento avanzado en defensa personal. Soy la mejor opción. -Su tono era filosófico. Naruto no se engañó; Hanabi tenía fama de ser una tigresa. Estaba deseosa de hacer aquella vigilancia, aunque sabía que tendría que dejar que el asesino se le acercase un poco, demasiado para su gusto, a fin de que ellos tuvieran suficiente contra él para que las acusaciones tuvieran peso.

-De acuerdo. -Dirigió una mirada hostil hacia el dormitorio--. Hinata se niega a ir a una casa de seguridad.

-Ya lo hemos arreglado -dijo Sai. -Díselo a ella. Está de acuerdo en marcharse de aquí, pero dice que se quedará en un hotel o que alquilará un apartamento. Está tan enfadada conmigo que no quiere aceptar nada que yo le proponga.

-Tengo una idea. Puede que a mí me escuche.

-Prueba.

Hinata levantó la vista de los bolsos que estaba preparando cuando Sai entró caminando despacio en el dormitorio. Ino la estaba ayudando, sacando prendas del armario y colocándolas sobre la cama para que Hinata las doblase y las metiese en las maletas. Naruto se apoyó en el marco de la puerta, mirándola con una expresión tormentosa.

- Naruto dice que no quieres ir a una casa de seguridad -comenzó Sai.

-Así es.

Ino la miró con preocupación.

- Hinata, es el mejor sitio para ti.

-¿Te gustaría a ti verte confinada, posiblemente durante varias semanas? Me volvería loca. He hecho lo que he podido para ayudar, y me niego a ser castigada por ello.

-Pero si no es un castigo -intentó explicar Ino--. Es para ponerte a salvo.

-Quien mejor sabe si algo es o no es un castigo es el que lo sufre -replicó Hinata--. No me importa vivir apartada, incluso me gusta; pero no puedo soportar verme recluida.

-Un motel no será muy cómodo -dijo Sai-. Se me está ocurriendo una idea: todavía necesitas protección, de modo que ¿por qué no te mudas a casa de Naruto? Ya he terminado las obras, y ayer trajeron los muebles. Así estarás más cómoda y él estará contigo por las noches.

Hinata le lanzó una mirada glacial.

-Eso no es una sugerencia muy buena.

-Es la única solución posible. - Sai contrarrestó aquella mirada con una amable sonrisa-. Ya sé que no es lo ideal, pero es un compromiso que funcionará, si tú consientes. Naruto no te pondrá bajo custodia, pero te puedo decir con toda seguridad que el jefe dará la orden sin pestañear.

Hinata sintió crecer la furia al verse frustrada, casi la ahogaba. No quería quedarse en casa de Naruto, no quería ser obligada a la intimidad con él. Pero, por desgracia, Sai tenía razón; el jefe no la conocía, y no se lo pensaría dos veces a la hora de ordenar que la detuvieran por su propio bien.

- Sai se equivoca -dijo Naruto con suavidad, rompiendo el silencio, y cruzó su mirada con la de Hinata sin parpadear-. Sí voy a ponerte bajo custodia. Puede que me odies a muerte por ello, pero lo haré si es necesario. Es mejor que arriesgar tu vida. Así que, cariño, o mi casa o la cárcel.

Puesto de aquel modo, Hinata aceptó que no tenía alternativa. El traslado se llevó a cabo rápidamente. Hinata se detuvo a dar las gracias a Hanabi por el riesgo que estaba asumiendo y para enseñarle la casa, y a continuación fue conducida al exterior. Como insistió en llevar su coche, poco después era una caravana de tres vehículos la que aparcaba frente a la casa de Naruto.

Naruto había visto ya los radicales cambios que había realizado Sai en su casa, y consideró que el dinero estaba bien gastado. El nuevo mobiliario era a la vez elegante y cómodo; su sala de estar daba ahora la sensación de ser un patio, con el mismo aire de frescor y espacio libre. Su cama era lo único que era bastante nuevo antes, pues al heredar la casa él había sustituido la cama doble normal de sus padres por una de tamaño gigantesco. El único motivo por el que había aguantado la cama doble de Hinata era por el hecho de que ella dormía allí. Sólo por eso, no le importó que los pies le asomaran por el borde de la cama.

Si había albergado alguna esperanza de compartir aquella enorme cama con Hinata ahora, desapareció cuando ella se apresuró a llevar su ropa al segundo dormitorio, que también había sufrido los arreglos de Sai. De todas formas, se sentía muy contento. Hinata estaba allí, eso era lo que importaba. Resultaba obvio que ella quería romper totalmente con él, pero las circunstancias se habían aliado en su contra y se veía obligada a vivir en su casa. Ahora Naruto tendría la oportunidad de derribar aquel muro de rabia.

Ino volvió a ayudar a Hinata con la ropa. Ambas trabajaron en silencio durante unos minutos, hasta que Ino dijo:

-Estás muy enfadada con Naruto, ¿verdad?

-Decir eso es quedarse corto. No sólo me ha traicionado, sino que ésa ha sido desde el principio la razón para iniciar una relación conmigo.

Ino pareció impresionada.

-¡No puede ser!

-¿ Que no ? Él no ha negado que lo planeó todo antes de irse a vivir conmigo.

-Pero si Sai ha estado de lo más contento al ver que Naruto está claramente loco por ti. ¡Tienes que saber que te quiere!

-Si me quiere, jamás me lo ha insinuado siquiera. De hecho, nunca hemos hablado de nuestra relación, con excepción del sexo. Estoy empezando a pensar que eso es lo único que ha habido siempre, sólo sexo. Él tenía su plan, y como beneficio adicional ocurre que yo he resultado ser aceptable en la cama.

Ino reflexionó un momento sobre aquello.

-¿Nunca habéis hablado de vuestros sentimientos?

-Ni una palabra. Yo lo llamé cuando empecé a tener una visión, él vino y cuidó de mi, y simplemente no volvió a marcharse. Lo siguiente que recuerdo es que él estaba colgando su ropa en mi armario.

-Comprendo. Incluso la primera vez que salimos Sai y yo, él admitió que emocionalmente estaba sumergido hasta el cuello -murmuró Ino- Y Sai es el hombre más asustadizo del mundo. -Reflexionó un poco más, y luego declaró-: Tienes razón. Visto lo visto tienes que suponer que Naruto se lió contigo adrede para ganarse tu a estar cerca de la acción, por así decirlo.

-En resumen, me ha utilizado.

Al salir de la habitación, Ino dirigió una mirada glacial a Naruto. Sai cruzó su mirada con la de su compañero y se encogió de hombros, divertido. A Naruto no le pareció gracioso en absoluto. No protestó cuando se fueron: cuanto antes estuvieran a solas Hinata y él, antes podría empezar a arreglar las cosas.. Dios, ¿qué pasaría si no lograba hacerla cambiar de opinión?

Ante la idea de perder a Hinata para siempre, sintió una punzada de pánico en la boca del estómago.

Hinata salió por fin del dormitorio y fue a ver las noticias en la televisión. Tal como esperaba, ella constituía la historia de portada.

-WVTM ha sabido hoy que el Departamento de Policía de Orlando ha utilizado los servicios de una vidente, Hinata Hyūga, en su búsqueda del Matarife de Odando. Nuestra reportera Shion Fujimura ha hablado hoy con la señorita Hyūga, cuando ésta y un detective de la ciudad fueron vistos al salir de la casa de la última víctima, Marilyn Elrod, que vivía en la urbanización Wíldwood

La imagen saltó del estudio al vídeo que habían grabado Hinata lo contempló en silencio durante un minuto y después dijo :

-Has actuado a la perfección La forma en que les dices que vayan y te interpones delante de mí, todo da la impresión de que intentas mantenerme oculta ¿Crees que salgo como una excéntrica da de obtener publicidad?

-En absoluto -musitó Naruto

Por lo menos, Hinata le hablaba Estaba preocupado de que ella dejara de hablarle para el resto de su vida. No, no daba la impresión de ser una excéntrica, al menos no para alguien que tuviera dos dedos de frente. Se le veía en la cara demasiada furia controlada, demasiado asco al describir al asesino.

En la siguiente escena se veía al teniente Jiraiya, sudando por el calor, convenientemente violento por la situación. Naruto le había dado instrucciones acerca de cómo debía actuar.

Jiraiya no se sentía cómodo al decir lo que estaba diciendo, pero su incomodidad encajaba con la imagen que pretendía proyectar. Sí, Hinata Hyūga se había puesto en contacto con ellos.

Estaban dispuestos a escuchar a cualquier persona que pudiera ayudarlos en la investigación.

Sin embargo, las acusaciones de la señorita Hyūga no habían resultado como ellos esperaban, y el Departamento de Policía de Orlando ya había dejado de trabajar con ella.

De vuelta al estudio, los locutores hicieron algunos comentarios jugosos acerca del hecho de que la policía estaba malgastando dinero de los contribuyentes en hacer caso de las peregrinas ideas de una lunática. La noticia terminó con la información de que la señorita Hyūga, la presunta vidente, trabajaba en el departamento de contabilidad de un banco, y daban el nombre del banco.

-Ahí va mi empleo --comentó Hinata.

Naruto estrujó con fuerza la lata de cerveza que sostenía en la mano.

-Ya te he dicho...

-Ya sé lo que me has dicho. Y también sé que tú no sabes de lo que estás hablando.

Naruto hizo rechinar los dientes.

-Por última vez, no me he liado contigo sólo para utilizarte como cebo.

-¿No? ¿Y cuándo, exactamente, se te ocurrió este inteligente plan? y no estoy siendo sarcástica. Es una idea buena de verdad, es muy probable que funcione. ¿Pero cuándo se te ocurrió?

Naruto no tuvo que pensarlo, sabía con exactitud cuándo se le había ocurrido el plan, y una vez más escogió no mentir.

-En el avión, al volver de Denver.

Hinata alzó las cejas.

-¿Quieres decir justo antes de venir a mi casa y echarte encima de mí?

-Sí -gruñó él.

-El momento resulta un poco sospechoso, ¿no crees?

-¡Ya te deseaba antes de eso, maldita sea! -chilló Naruto-. Pero tú eras una sospechosa y no podía liarme contigo. En cuanto quedaste libre de toda sospecha, llamé a tu puerta.

Hinata sonrió.

-Y fue pura suerte que a mí se me pudiera utilizar de esta manera ¿verdad? No me importa esa parte, Naruto, de verdad que no me importa. Lo que me molesta es que te hayas valido de una relación personal para montar todo esto... aunque para ti no ha sido muy personal, ¿ no?

Naruto sintió que se le nublaban los ojos por la furia. Estaba tan enfadado que notaba cómo perdía el control por momentos. Se levantó y salió de la casa, para no hacer algo de lo que luego pudiera arrepentirse

Maldita sea, aquello no tenía un aspecto nada bueno. ¿Cómo podía Hinata dudar de lo que había entre ambos? Él nunca había sentido esto por ninguna otra mujer, y ella creía que no le importaba nada. Paseó por el jardín, y todavía hacía bastante calor como para hacerle sudar.

Cuando creyó que ya había recobrado el dominio de sí mismo, regresó al interior, pero Hinata se había ido al dormitorio. Probablemente fuera mejor así. Los sentimientos de los dos estaban demasiado exacerbados para hablar de aquello con calma. Al día siguiente, cuando ambos se hubieran serenado, sería mejor.

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Kakuzu vio el informativo de la noche. ¡De modo que así era como lo habían sabido!

Una maldita vidente. ¿Quién lo hubiera pensado? Aquello, desde luego, no era algo que él hubiera podido tener previsto.

Al parecer, la policía no tenía mucha fe en la vidente, pero el solo hecho de mirarla le provocó escalofríos. Y también lo que había dicho.

¿Cómo podía ser tan agresiva? Lo había llamado gusano y cobarde. Después de un instante de dolor, empezó a ponerse furioso.

Con que él no era en ningún modo el hombre con que sueña una mujer ¿eh? ¿Qué sabía aquella zorra?

Se dio cuenta de que, de hecho, sabía mucho. La policía no le creía -de momento--, pero lo cierto era que suponía un peligro real para él. Ella se le había acercado mucho, cosa que nadie había logrado. La única manera en que pudo verle fue a través de una visión psíquica, y esa idea lo hizo sentirse gravemente vulnerable.

Era intolerable. iCuán ignominioso sería que resultara abatido por una vidente chiflada! Lo malo era que ella no era una chiflada, era una vidente auténtica. Sólo así podía haber sabido cómo era él.

No estaría seguro mientras aquella mujer siguiera viva. La solución era obvia.

La vidente debía morir.

Continuará...