FT y sus personajes son propiedad de Hiro Mashima

Holiii~ nos volvemos a reportar con un nuevo fic (?) -más bien una colección de OS especiales, diría sho- sobre la bonita familia de Gray y Juvia, la verdad es que esta idea surgió simplemente mientras dos de nosotras platicábamos una noche de los posibles fics de la nueva generación (?) es decir, los hijos de los personajes de FT. Como somos anti sistema (?) nos negamos a shippear al hermoso Greige con Nashi so, aquí verán nuestras propuestas -tal vez super fantasiosas, no lo sé but que llenan nuestro kokoro shippeador- para una pareja para el pequeño.

Además de contar con la inclusión de un segundo personaje -original hasta que Mashima diga lo contrario :'v-, una niña para nuestro ship. En fin, aquí les dejamos una historia inspirada en una opinión que leí en tumblr -les recomiendo pasarse si les gustan las teorías y los análisis de ships/personajes, abundan en esa pagina xDD-.

¡Disfruten la lectura!

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Este fic está dedicado a la queridisíma Chachos, por su cumpleaños que paso hace mil años (?) y apenas se lo andamos festejando. Igual sabes que te amo con todo mi corazón -heart-

Espero y te guste -inserta corazones darks (?)-

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Discraimer: Los personajes no me pertenecen son de Hiro Mashima

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Aclaraciones y / o advertencias.

Semi UA (Semi Universo Alterno)

OoC

OCs (Personajes originales)

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Hubo muchas cosas maravillosas que logró presenciar en su vida, todo gracias a su trabajo como mago de Fairy Tail, sin embargo, nada podía compararse a su familia. Si bien en su juventud no planeó tenerla, ahora estaba agradecido con su esposa por darle un futuro tan extraordinario. De otra manera, dudaba que estuviese tan satisfecho de sus decisiones.

Hubo muchas cosas maravillosas que lograron presenciar en su vida, todo gracias a su trabajo como mago de Fairy Tail, sin embargo, nada podía compararse a su familia. Si bien en su juventud no planeó tenerla, ahora estaba agradecido con su esposa por darle un futuro tan extraordinario. De otra manera, dudaba que estuviese tan satisfecho de sus decisiones.

Miró como Greige jugaba silenciosamente en la alfombra de la sala de estar, acomodando bloques de madera para formar figuras que solo él era capaz de descifrar. Muchos señalaron su gran parecido, pero estaba seguro de que todos en el gremio estaban equivocados, después de todo su lindura y silenciosa presencia solo podían provenir de su madre. Claro que como es natural, existía la similitud entre ambos, como la forma de sus ojos y el estilo de cabello, empero, era todo.

Al sentir otra pequeña mano sobre su rostro volvió a ver a su princesa. Niebe había sido una gran sorpresa desde el inicio, no solo porque su nacimiento no fue planeado precisamente, sino por su extraordinaria existencia. Contrario a su hermano, ella era una pequeña Juvia. Su cabello ondulado y sus grandes ojos avellana la convertían en una copia casi idéntica de su madre, si no fuera por los estragos que sus genes hicieron en ella, dotándola de un tono de cabello negro y unas pestañas más cortas. No sabía el motivo, mas estaba seguro que al crecer, resentiría no haber heredado tal característica de Juvia.

Tomó en brazos a la pequeña y se levantó del sofá para poder mirar el reloj, Juvia había salido de compras para abastecer lo faltante para la cena; frunció el ceño al darse cuenta de su tardanza. Su esposa no solía demorar tanto al ir al mercado, al menos no si dejaba a los niños a su cuidado, como era el caso. Al no poder dejar sin vigilancia a sus hijos, decidió darle cinco minutos más antes de salir con ellos en su búsqueda.

Un tirón en su pantalón lo hizo agacharse para prestarle atención a Greige, quien lo miraba con curiosidad. — Papá ¿molesto?

— No — respondió intentando ocultar cualquier tono que lo inquietara, — papá no está molesto — le revolvió el cabello con su mano libre y le sonrió con confianza — vuelve a jugar, hijo.

El niño lo miró fijamente durante un segundo antes de asentir y caminar torpemente hasta sus cubos apilados. Ocasiones como aquella, sentía que Greige había heredado la habilidad de su madre de leerlo perfectamente, no sabía bien porque pero tenía ese extraño presentimiento. Suspiró ante el complicado panorama que le deparaba el futuro con el crecimiento de sus hijos.

La puerta se abrió con lentitud dejando ver la figura de su esposa cargando varias bolsas con su mano izquierda y las llaves de la puerta de su hogar, en la derecha. Su semblante se veía un poco apagado no obstante, en cuanto sus ojos se encontraron una sonrisa se formó en los labios femeninos.

— Juvia está de vuelta — dijo mientras colocaba su llavero en un pequeño cuenco de cerámica que estaba estratégicamente dispuesto a pocos metros de la entrada.

Se apuró para tomar las bolsas de las manos de Juvia pese a su mirada renuente, después de todo esa era su tarea, siempre que iban juntos de compras se encargaba de las bolsas para que su esposa tuviera la libertad de seguir seleccionando los artículos que comprarían.

— Tardaste un poco, ¿sucedió algo? — preguntó mientras seguía a la maga de agua a la cocina.

— Juvia se detuvo un momento para saludar a Mira-san — respondió sin dejar de sacar y organizar sus suministros en los lugares adecuados.

Se quedó un momento observándola, si bien antes de convertirse en pareja tuvo múltiples obstáculos para entenderla, los años le permitieron conocerla a profundidad por lo que su actitud inusual fue obvia para él. Juvia era una mujer muy alegre y cálida, sin mencionar que era una madre amorosa y dedicada, adjetivos que en los últimos días no se representaban tanto en su persona. No sabía a ciencia cierta qué era lo que le molestaba o preocupaba, pero mirándola ahora se convenció de que debía de descubrirlo.

— Gu'ama —, el dulce balbuceó de su pequeña lo hizo consciente de su presencia y del error que sería comenzar una conversación tan importante con ella en medio de ambos.

— Niebe-chan nunca ha llamado a Gray-sama, papá — el tono de Juvia se escuchó plano y su semblante era tenso, como si le hubiese costado mencionarlo.

— ¿Ah sí? — Realmente nunca se había detenido a pensar sobre ello, — ¿no es porque te escucha llamarme así todo el tiempo? — Le dedicó una sonrisa ladina a su mujer pero ni aquello hizo que su humor mejorara.

— Juvia comenzará a hacer la cena —, la rápida excusa lo hizo fruncir el ceño. Su esposa ni siquiera preguntó por su primogénito y el pequeño Greige era su vida.

Salió de la cocina y fue directamente a la habitación de Niebe, tomaría sus tiernos bostezos como señal de que podía tomar una siesta. La bebé durmió de forma rápida al colocarla en su cuna, solo había tenido que hacer girar el adorno giratorio de figuras heladas que había hecho para su hijo y que ella heredó. Ambos niños mostraron curiosidad e interés por las hermosas figuras hechas con su magia por lo que tenía esperanzas de que ambos se convirtieran en magos de hielo, aunque si heredaban la magia de agua de Juvia, también estaría satisfecho.

Al volver a la sala, Greige había desaparecido por lo que su mirada recorrió la estancia con cierta alarma. Corrió al a cocina al no encontrar rastro de su hijo, sin embargo, al poner un pie en esta, se encontró con este y esposa sonriendo mientras compartían una galleta. Los ojos de su esposa brillaban justo como iniciaron a hacerlo al enterarse de su primer embarazo, mismo brillo que pensó, no volvería.

— Greige — llamó y ambos lo miraron de inmediato, no deseaba arruinar el momento de madre e hijo pero no estaría tranquilo hasta que hablara seriamente con su esposa. — Ve a jugar a tu habitación.

Los oscuros ojos de su hijo se fijaron en él durante un momento hasta que decidió bajar del banco donde había estado sentado, de forma torpe pero segura, y caminar hasta su madre.

— ¿Puedo comer más galleta? — preguntó, extendiendo su pequeña mano hacia Juvia, quien sonrió y colocó dos galletas más en sus diminutas manos.

— Mamá terminará la cena pronto así que Greige-chan tendrá que conformarse con eso — pesé a lo restrictiva que intentaba sonar, Juvia abrazó amorosamente a su hijo y lo dejo ir.

— Adiós papá — se despidió el pequeño para salir de la cocina corriendo feliz.

— Cuidado, Greige — le advirtió antes de que el niño saliera de su campo de visión.

Estando solos, el silencio se hizo claro y pesado, cosa que hacía años que no sucedía. Su mujer eludió su mirada como si intentara esconderse de él, lo cual lo hizo sentir pesadumbre en su corazón.

— Juvia — dijo su nombre y avanzó hasta ella.

Odiaba verla así de triste, no solo porque la amaba sino porque se juro que la haría feliz toda la vida, justo como ella atraía felicidad a la suya. Sus manos se alargaron hasta tomar su rostro y la instó a levantar el rostro para mirarlo, en cuanto sus miradas se cruzaron, las lágrimas se escaparon de sus hermosos ojos castaños.

— Gray-sama — lloriqueó con dolor — ¡Juvia es una mala madre!

Tal declaración lo impactó de sobre manera, si había algo que admiraba de ella era su gran dedicación a sus hijos. Claro que sabía lo buena que era cuidando de los demás, pero en cuanto tuvo a Greige en sus brazos todas esas cualidades se intensificaron y perfeccionaron hasta convertirla en la mejor madre que conocía.

— Oe, Juvia, eso no es cierto — negó fervientemente y limpió su llanto, — eres una esplendida madre.

— No, Juvia no lo es — ella siguió protestando pese a su ceño fruncido — Juvia es una terrible persona, ni quisiera debería llamarse a sí misma madre.

— ¡Oye, eso es demasiado! —, su enojo se reflejo en su voz y eso fue suficiente para que ella le diera toda su atención. — ¿Por qué dices eso?

Las lágrimas volvieron a deslizarse por sus mejillas, por lo que espero a que estuviese lista para hablar.

— Juvia esta celosa — confesó con los ojos cerrados con fuerza, — Juvia ama a Greige-chan con todo su corazón y pensó que sentiría lo mismo por Niebe-chan pero… —, sus manos trataron de limpiar su rostro pero terminaron entrelazadas a la altura de su pecho. — Juvia no puede evitar pensar que Gray-sama ama más a Niebe-chan que a ella.

La envolvió en sus brazos, intentando protegerla de sí misma, justo como ella resguardó su corazón en el pasado. Aguardó a que se tranquilizara y entre tanto, preparó las palabras que le daría para eliminar la desazón que la abrumaba.

— Juv, mírame — pidió, utilizando el apodo cariñoso que tenía para ella — ¿amas a Greige más que a mí?

Como era obvio, la maga de agua tuvo que pensarlo durante un momento, ya que era una pregunta que nunca antes había tenido que hacerse.

— Sí, Juvia daría su vida por Gray-sama pero daría aún más por Greige-chan — admitió con la culpabilidad expuesta en sus facciones.

— Está bien — le susurró mientras la abrazaba de vuelta, — te usaría de escudo sí con eso salvo a Greige o a Niebe.

Escuchó una pequeña risa por su parte y eso le hizo sonreír también, porque si bien era una broma, sabía que su intensión de hacer cualquier cosa para proteger a su familia era autentica.

— Gray-sama es un gran padre — lo elogió mirándolo mientras continuaban abrazados — por eso ama tanto a nuestros hijos.

— Nah, tú eres mucho mejor que yo — confesó, ya que lo creía firmemente, después de todo, ella lo había enseñado a ser el padre que era. — Yo también estuve celoso.

Nunca se lo había comentado, porque de cierto modo supo de la existencia de Greige mucho antes de casarse con Juvia, lo que sirvió de preparación. Además, la ternura de su primogénito era irresistible, tomarle cariño había sido más que sencillo.

— ¿Celoso? — Juvia estaba incrédula ante la idea de su sentir pero ignoraba los sentimientos que habían agobiado su corazón.

— Sí — suspiró antes de abrirle su corazón por milésima ocasión. — Antes de los niños, tenía tu amor solo para mí, toda tu atención y devoción… —, acarició su rostro con afecto, admirando su rostro cautivador. — Luego nació Greige y aunque lo amo tanto como lo amas tú, sentía que él robaba tu atención.

Se sorprendió cuando fue consciente de aquel sentimiento oscuro, después de todo, había querido a su hijo luego de conocer a su contra parte de Edolas; conocerlo en persona solo aumentó su amor y lo hizo experimentar un tipo distinto de afecto, diferente del que sentía por su mujer. Sin embargo, era cierto que ver a Juvia volcar toda su atención y muestras de afecto a otra persona que no era él, le produjo malestar. Una mezcla extraña de molestia y culpabilidad, la primera por no ser la prioridad de Juvia y la segunda por sentir la primera.

— Juvia no pudo darse cuenta —. Se felicitó, por volver a entristecer a su esposa.

— Porque verlos juntos, a ti y a Greige, me recordaba que no importa quién ame más a quien, ustedes son mi familia, mi razón para vivir.

El llanto volvió a inundar los ojos de Juvia pero esta ocasión sabía que no era por tristeza o culpa sino de alivió.

— ¿Amas a Niebe?

No tenía dudas de los sentimientos de su esposa por su hija, después de todo, la bebé estaba sana y feliz; prueba irrefutable de lo responsable que era Juvia con su maternidad y de que amaba a su hija tanto como a su hijo.

— Juvia ama a Niebe-chan, la ama con todo su corazón, como ama a Greige-chan y a Grey-sama —, la honestidad y firmeza se reflejaron en su mirada, lo que produjo consuelo en su pecho.

— También los amos — susurró para enseguida besarla amorosamente.

El beso se sintió largo y placentero, casi tan bueno como la primera vez que sus labios hicieron contacto. La gran frecuencia con la que se besaban no disminuyo su ánimo para las demostraciones de afecto, de hecho, al paso de los años, estas se volvieron más públicas.

— Por cierto, — dijo ella separándose de sus labios — si Gray-sama planea utilizar a Juvia como escudo ¿no deberíamos volver a entrenar juntos?

La sonrisa astuta que se formó en los deliciosos labios femeninos, fue extremadamente tentadora, sobretodo porque entrenar era su manera de hablar sobre su actividad marital más intima sin que su curioso hijo se percatase. La levantó con facilidad, besándola con hambre, olvidando casi por completo de sus hijos, claro hasta que un fuerte llanto irrumpió el ambiente, regresándolos a ambos a la realidad.

— Juvia irá —. Lo alejó suavemente y bajo de la encimera, donde él la había dejado. — Con suerte, Niebe-chan y Greige-chan se cansaran y dormirán toda la noche.

El sensual tono que utilizó, envió escalofríos de anticipación por toda su espalda. Joder, odiaba que ella fuera conocedora de lo mucho que la deseaba.

— Acordamos que solo tendríamos uno, Juvia — se quejó, aunque se habían acostado junto muchas más ocasiones y aquella promesa se había roto debido a Niebe, seguía utilizándolo como broma ocasional.

— Juvia cree que puede convencerte de tener un tercero —. Aseguró su bella esposa antes de salir felizmente por la puerta de la cocina.

Si bien le hubiese gustado negar esa declaración, sabía que era muy probable que fuera verdad, después de todo, su única debilidad era su esposa y sus hijos. Si ellos deseaban algo, era natural que intentase dotarlos de lo que fuera que quisiesen. Solo esperaba no tener demasiada suerte, dos hijos eran mucho más de lo que había esperado y temía verse superado. No obstante, fuera cual fuera el caso, lo único que quería con sinceridad era vivir feliz con su familia y haría cualquier cosa por lograrlo.

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Si llegaron hasta aquí se los agradecemos mucho y esperamos les haya gustado esta pequeña historia y las posibles venideras! No prometemos mucho pero les aseguro que intentaremos actualizar lo más frecuente que sea posible XDD

Gracias por leer y seguir al barrio, que los respalda (?)

~El barrio~