CAPÍTULO 23

A la mañana siguiente, Kakuzu estaba enloquecido. Había encontrado a Hinata Hyūga en el listín telefónico y había buscado su dirección en un mapa. No tenía tiempo que perder; debía librarse de ella lo antes posible. y después tal vez pensara en la posibilidad de marcharse de Orlando. Normalmente se quedaba en una zona más tiempo, pero aquella maldita vidente lo había trastocado todo. Tenían un retrato robot de él, y quizá no le hicieran mucho caso ahora, pero cuando la vidente apareciera muerta, seguro que le darían mucha más credibilidad.

Se olió un montaje, pero no se atrevía a ignorar la situación. Sencillamente, era demasiado peligrosa para él. Aun así no quiso correr riesgos; cambió la matrícula de su coche por la del automóvil de una vieja del edificio que ya no conducía casi nunca. Al regresar las cambiaría de nuevo, de modo que si había algún policía suspicaz observando el tráfico en la calle de Hinata Hyūga, cuando investigaran la matrícula verían que pertenecía a una tal señora Velma Fisher, cuyo automóvil no se parecía en nada al que lucía la matrícula. Pero cuando fueran a comprobar el coche de la señora Fisher, la matrícula estaría allí, y eso les convencería de que habían cometido un error al anotar el número.

Sus rubios bucles estaban pulcramente en su sitio cuando partió. Llevar un cabello tan llamativo constituía un brillante disfraz, si se le permitía decirlo. Iban buscando a un tipo calvo.

Aquélla era una manera muy ingeniosa de cambiar de aspecto exterior, porque de un modo u otro su cabeza era en lo que se fijaba la gente. Mirarían los bucles dorados y no el rostro que había debajo de ellos, o bien, si lo veían una noche, se fijarían en el cráneo liso y nada más.

Simplemente brillante.

Bajó la ventanilla del coche y encendió la radio. Aquél era otro subterfugio psicológico: los policías no esperarían que llamase la atención sobre sí con una radio a todo volumen. Si aquello era una trampa, no esperarían que él tuviera la audacia de pasar por delante de la casa, donde pudieran verlo de lleno. Por ese motivo no habían podido pescarlo nunca. Él era capaz de predecir las acciones y reacciones de ellos, pero ellos no tenían ni idea de cómo funcionaba su mente. Al fin y al cabo, ¿ cómo podía alguien sin imaginación entender siquiera lo que era tener imaginación ?

De modo que pasó con toda naturalidad por delante de la casa de la vidente, y con la misma naturalidad le echó un vistazo. Había un coche en la rampa de entrada; ¿por qué no estaba trabajando? En las noticias habían dicho claramente que estaba empleada en un banco.

Parecía haber muchos coches aparcados en la calle. Volvió a sentir el mismo escalofrío en la espalda. En realidad no vio nada, pero no había llegado hasta allí después de tanto tiempo precisamente por ser tonto; más bien lo contrario. Aquello era claramente un montaje.

No se arriesgó a pasar una segunda vez. Regresó a su apartamento, volvió a cambiar las matrículas y se puso a meditar. Si aquello era un montaje, la policía no permitiría que la vidente permaneciera en su casa, sino que se la habrían llevado a un lugar en el que estuviera segura.

Le sería imposible localizarla, y mucho menos llegar hasta ella.

¿Pero habrían hecho eso? La trampa parecería mucho más realista si la vidente pareciera seguir con su vida normal.

Sólo había una manera de comprobarlo. Buscó el número de teléfono del banco en el que ella trabajaba y marcó. Contestaron al primer timbrazo, una joven de voz rasposa que habló en tono aburrido.

-Con Hinata Hyūga, de contabilidad, por favor -dijo Kakuzu en tono practico.

-Un momento.

Otro timbrazo, y después un chasquido.

-Contabilidad. -Otra voz de mujer.

-Con Hinata Hyūga, por favor.

-No cuelgue. -Luego oyó que la mujer decía con voz más distante que indicaba que se había separado el auricular de la boca-: Hinata, línea dos.

Kakuzu colgó el teléfono. Estaba trabajando.

Rió para sí al volver hacia el coche. ¡Qué simplones eran todos, si aquello era lo mejor que sabían hacer las cosas! La seguiría cuando saliera del trabajo, aunque, por supuesto, si la vidente se dirigía a su casa, él rompería el contacto antes que arriesgarse a pasar en coche de nuevo por su calle.

Su principal problema, se dijo, era encontrar un escondite donde aparcar mientras aguardaba a que ella saliera del banco.

La localizó cuando la vidente salió a comer; memorizó aquel cabello oscuro y aquella constitución delgada. El corazón le latió con fuerza debido a la emoción, pero enseguida se obligó a controlarse. No podía permitirse a sí mismo cometer un error por las prisas.

La siguió riendo ligeramente. No era muy buena vidente que digamos si no era capaz de darse cuenta de que él estaba sólo a dos coches por detrás de ella. Pero seguía suponiendo un peligro para él, y eso no podía tolerarlo.

La mujer recogió el almuerzo en el mostrador de un servicio de comida rápida desde el coche y regresó al banco. No tuvo oportunidad de llegar hasta ella, de forma que se conformó con esperar una vez más.

La vidente salió del trabajo a las cuatro. Kakuzu había examinado detenidamente el aparcamiento; no había personas sospechosas..., aparte de él mismo, claro. Salió detrás de ella después de unos cuantos coches, tarareando, y mantuvo más o menos la misma distancia.

Ella no hizo parada alguna, sino que fue directamente a una casa más bien pequeña de un barrio viejo. Tomó nota de la dirección y siguió conduciendo. Luego fue a la biblioteca y buscó esa dirección en el directorio de la ciudad; la casa figuraba como domicilio de Naruto Uzumaki. Kakuzu levantó súbitamente las cejas y sonrió de oreja a oreja. Él conocía ese nombre; últimamente salía con cierta frecuencia en los periódicos.

El detective Naruto Uzumaki estaba investigando los asesinatos del «Matarife».

Bueno, ¿no era una coincidencia?

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El presidente del banco no lo había hecho; ni siquiera lo había hecho el vicepresidente. Pero el jefe de contabilidad había sido convocado a una reunión con ellos, y aquélla fue una de esas ocasiones en las que Hinata no necesitaba ser vidente para saber lo que sucedía. No se sorprendió cuando el jefe del departamento volvió con cara de descontento y la llamó a su despacho. Lo lamentaban mucho, pero la principal responsabilidad que tenían era con sus clientes, etcétera. En resumidas cuentas, que el viernes era su último día. Se sentían magnánimos al permitirle quedarse hasta esa fecha.

Hinata pensó en ser magnánima también dando media vuelta y marchándose en aquel momento, que era lo que ellos deseaban, pero el impulso no le duró mucho. No estaba de muy buen humor.

Todavía estaba enfadada cuando fue a casa de Naruto, tan enfadada que no le quedaba sitio para nada más. Estaba furiosa desde que se dio cuenta de que Naruto la había traicionado, y tenía previsto seguir furiosa en el futuro inmediato.

Llevaba ya en casa el tiempo suficiente para haberse puesto ropa más cómoda cuando oyó que llegaba un coche. Se asomó por la ventana esperando ver a Naruto, pero en cambio vio a Sai desdoblando su larga figura de su coche de línea deportiva. Fue a la puerta para recibirle.

-Hola, cielo. -Se colgó las gafas de sol de un dedo y se inclinó para besarla en la mejilla.

Hinata alzó una ceja en gesto irónico ante semejante despliegue de afecto.

-¿A qué viene eso de estar tan cariñoso?

Sai sonrió abiertamente y levantó las manos.

-No dispares, voy desarmado. Ya veo que no te has enfriado mucho.

-¿Vienes en plan avanzadilla, a ver si ataco?

-No exactamente. Naruto se va a retrasar unos minutos, y creemos que no debes estar sola.

-Gracias por preocuparos.

-No parece que lo digas en serio -bromeó Sai, aunque sus ojos oscuros permanecían atentos.

-Hoy me han despedido -replicó Hinata-. Así que no estoy para muchas bromas. Gracias al bondadoso corazón de mis jefes, me dejan quedarme hasta que termine esta semana.

Sai lanzó un resoplido.

-Yo me habría ido hoy mismo.

-Yo también, pero eso era precisamente lo que ellos querían. ¿Te apetece algo frío de beber?

-Sólo si no tiene alcohol.

-No hay problema. ¿Limonada, zumos, té o refrescos?

-Té.

-Marchando. Un hombre inteligente, no bebes cuando conduces.

-No bebo mucho en general, no me sienta bien -comentó Sai mientras seguía a Hinata a la cocina-. ¿Te instalaste anoche?

-Yo no diría tanto. Sólo coloqué mis cosas. -Sacó dos vasos del armario, echó en ellos unos cubitos de hielo y los llenó del té que había hecho esa mañana antes de irse a trabajar-. ¿Limón?

-No, gracias. Tomo el té solo.

Hinata rió suavemente y ambos chocaron los vasos entre sí.

Sai la observó mientras bebía.

-¿Vas a perdonar a Naruto?

Hinata se encogió de hombros.

-No es la estratagema con los periodistas lo que me ha molestado tanto, sino el hecho de darme cuenta de que ha jugado con mis sentimientos.

-¿De verdad crees que no le interesas lo más mínimo?

-Si es así, desde luego no lo ha mencionado nunca. Lo que me duele es que deliberadamente ha cultivado mis sentimientos hacia él y después los ha usado para manipularme.

- Naruto puede tener una perspectiva muy reducida en lo que se refiere a su trabajo -dijo Sai con delicadeza-. Vamos a sentamos.

-¿Vas a hacer la defensa de su caso? -preguntó Hinata al tiempo que se acomodaban frente a la mesa.

-En realidad no, pero conozco a Naruto mejor que nadie en el mundo, incluida tú y cualquiera de su familia. Ellos sólo han crecido con él, tú sólo has dormido con él; pero yo he arriesgado mi vida con él. Le conozco desde las peores circunstancias.

-¿Le crees capaz de utilizar a alguien a sangre fría en una investigación?

-Por supuesto que sí. Es policía, y yo también. Pero Naruto nunca ha mostrado sangre fría en lo que a ti concierne ¿Cómo podría explicarte esto sin ser ordinario? -murmuró, mirando al techo-. ¿Recuerdas cuando acudiste a la oficina de Jiraiya, y Naruto y tú os enzarzasteis en una pelea allí mismo?

Hinata asintió.

-Bueno, para decirlo con delicadeza, Naruto estaba tan empalmado que ni un gato podía arañarle.

Hinata se ahogó con el té y después se recostó en su silla, partiéndose de risa. Sai estiró sus largas piernas, lánguido como un felino, complacido consigo mismo mientras aguardaba a que Hinata se calmase

-Es mi héroe -prosiguió al cabo de un instante. No estaba mirando a Hinata, pero sus labios se curvaron en una minúscula sonrisa, más bien de burla de sí mismo, mientras miraba el hielo de su vaso-. Yo no me uní a la policía por idealismo ni nada de eso; estaba aburrido y me pareció un trabajo interesante A Naruto y a mí nos emparejaron después del primer año, y desde entonces siempre hemos estado juntos. Yo no creo mucho, ni confío mucho, pero Naruto es una roca de la que puedo fiarme pase lo que pase. No es que él sea idealista, tampoco; es todavía más escéptico que yo. Pero posee un sentido de lo que es bueno y lo que es malo, y nunca lo ha perdido de vista. Lo único que veo yo son distintos matices de gris, pero Naruto ve el blanco y el negro Sabe que existen determinadas cosas por las que merece la pena luchar, y está dispuesto a ponerse él en la línea de fuego Es un cabrón valiente, heroico, y nunca ha sido consciente de ello Es un chico del sur a la antigua usanza, la sal de la tierra Conoce la calle, sabe desenvolverse, y es listo como un zorro. Un verdadero tipo de los de antes. También es tacaño Dios, ¡qué tacaño puede ser! Pero se vuelve de gelatina en lo que se refiere a las mujeres Solíamos reírnos de él, cuando todavía era patrullero y tenía que atender un accidente. Si había alguna mujer afectada, no importaba lo más mínimo que sólo se hubiera hecho daño en el brazo mientras que había un hombre sangrando por doce sitios; era como si no viera al hombre. Se iba directo hacia la mujer y se cercioraba de que estuviera bien, con tal ternura que al cabo de unos minutos las tenía derretidas a sus pies. Luego se avergonzaba cuando se daba cuenta de que había dejado a otro hombre tendido en el suelo, y todos nos reíamos de él

-No necesitas contarme que es un buen enfermero --dijo Hinata secamente.

-No, supongo que no. Pero nunca le he visto como está ahora contigo. Siempre ha tenido mujeres, y ninguna de ellas ha significado para él lo bastante como para interferir con su trabajo. Hasta que apareciste tú. No podía dejar de pensar en ti. Le volviste loco, le enfadabas de tal forma que no podía pensar. Era lo más divertido que he visto en un par de años. Es posible que él mismo no sepa que está enamorado de ti, pero créeme, no va a soltarte. Le conozco. Si sales por esa puerta, al minuto le tendrás detrás.

Hinata le miró con incredulidad.

-¿Cómo es posible que un hombre no sepa si está enamorado? Venga ya.

-Bueno, no le ha pasado nunca.

-¿Te pasó a ti, antes de Ino?

Sai parecía incómodo. Tragó saliva, con dificulrad

-Er... no.

-¿Y te has dado cuenta de ello?

-Digamos simplemente que he luchado contra ello.

-Pero sabías que era así. Yo tampoco me había enamorado nunca, pero supe distinguirlo cuando sucedió.

- Naruto tiene la cabeza más dura que mucha gente.

-Y que lo digas -musitó Hinata,--. No soy capaz de captar nada de él.

Sai lanzó una carcajada, pero se puso serio rápidamente y miró a Hinata un tanto nervioso.

-¿Puedes captar algo de mí?

Hinata le sonrió divertida, contenta de verle inquieto.

-No lo he intentado desde que recuperé la capacidad.

-¿Y de Ino?

-No me meto en la vida de mis amigas -replicó ella en tono seco.

-El Código de Honor de los Videntes, ¿eh?

-No sería cortés. Siempre he tenido que intentar bloquear los sentimientos de la gente, más que intentar percibirlos.

En ese momento oyeron que se cerraba la portezuela de un coche fuera de la casa.

-Ahí está Naruto -dijo Sai, y apuró su vaso-. Piensa en ello, Hinata. Dale un respiro y sé prudente. Hoy ha sido muy difícil hablar con él.

-Pensaré en tu punto de vista -dijo ella-. Pero mi decisión final depende de él. -Hasta diez minutos antes, Hinata creía que ya había tomado la decisión final, pero la explicación de Sai respecto de que Naruto era un cabeza dura la hizo pararse a pensar.

Naruto entró en la casa con aspecto acalorado e irritable. Su mirada se posó primero en Hinata, con una especie de añoranza de mal genio, y después en el té que estaban bebiendo.

Se preparó una taza de té para él y se sentó con un suspiro.

-Ha sido un día de perros.

-Dímelo a mí -dijo Hinata amable-. Me han despedido.

Naruto la miró fijamente por espacio de unos instantes y luego dejó caer la cabeza hacia la mesa con gesto de desesperación.

-Mierda.

-Me voy de aquí -dijo Sai, sonriendo a Hinata-. Te veré por la mañana, socio.

Naruto no contestó. Hinata siguió bebiendo de su té. Sai se marchó.

Se hizo un espeso silencio en la cocina. Entonces Hinata dijo:

-Cuando esto termine, creo que voy a regresar a Colorado.

Naruto levantó la cabeza. Su piel bronceada tenía un tinte pálido y su boca estaba contraída en una fina línea.

-No -dijo, muy suavemente.

Hinata se reclinó hacia atrás y se cruzó de brazos.

-¿Qué vas a hacer, amenazarme otra vez con ponerme bajo custodia? No creo que puedas hacer eso. -Empujó su silla y se levantó para llevar su vaso al fregadero.

Acababa de aclararlo y dejarlo en el escurridor cuando dos duras manos se cerraron sobre sus brazos y la obligaron a darse la vuelta. Retrocedió todo lo que le fue posible, pero los armarios de la cocina se lo impidieron. Naruto se inclinó pesadamente sobre ella, con las caderas apretadas contra las suyas. Tenía una expresión ceñuda.

-No pienso dejar que te vayas -murmuró- Maldita sea, Hinata, ¿cómo puedes siquiera hablar de marcharte cuando tenemos esto entre nosotros?

-¿Esto? -explotó ella, retorciendo las caderas y notando cómo él se ponía duro--. Es sólo sexo.

-¡Es más que sexo, maldita sea!

-¿Ah, sí? Desde donde yo estoy, eso es lo único que ha habido -le provocó, sintiendo cómo temblaba de rabia y disfrutando con ello. Había en su interior algo dolorido que deseaba que él experimentara el mismo dolor.

Los ojos cielo de Naruto se tornaron azules al perder el control.

-Muy bien, si no es más que sexo, entonces ¿por qué no disfrutarlo? -dijo al tiempo que la tomaba en brazos.

Al perder súbitamente el equilibrio, Hinata se agarró a Naruto mientras éste corría al dormitorio. El corazón le latía desbocado, la sangre se le aceleró en las venas. Sintió deseos de golpearlo, de morderlo, de arrancarle la ropa y lanzarse sobre él. Amor, cólera y deseo juntos, mezclados en una volátil poción.

Quizás en aquel preciso momento no pudieran comunicarse con palabras, dado que la furia era demasiado fuerte, pero tal vez sus cuerpos pudieran cerrar la brecha.

Cuando Naruto la dejó bruscamente encima de la cama, Hinata lo asió de la camisa y tiró, para obligarle a situarse encima de ella.

Lucharon entre sí en fiero silencio. La boca de Naruto arañó la de Hinata con la fuerza de sus besos; ella le mordió el labio inferior, haciéndole maldecir, y luego lo chupó suavemente.

Naruto le arrancó de un tirón el botón del pantalón corto, en su afán de quitarle la ropa. Hinata forcejeó con la cremallera de él, logró abrirla por fin, y hundió su mano hambrienta en la bragueta. Su miembro le llenó la mano, duro y palpitante, con la punta ya humedecida.

Naruto respiraba agitadamente, en tono audible, mientas le quitaba las bragas y en el mismo movimiento se colocaba encima de ella y le separaba los muslos. La embistió con una necesidad salvaje, y Hinata gritó al sentir la brutal penetración, aunque le rodeó la cintura con las piernas.

La cena quedó olvidada en las largas y tórridas horas que siguieron. El calor del atardecer se atenuó al legar el crepúsculo. Al principio, Naruto le hizo el amor a Hinata con furiosa intensidad, nacida de la rabia y el resentimiento generados por la tensión que había soportado.

Hinata mostró igual ferocidad, mordiéndolo, hundiendo en él las uñas, golpeando con las caderas para absorberlo.

No hablaron. Aquel primer salvaje acto de amor no dejó espacio para decir nada. Después quedaron tendidos juntos, exhaustos, con sus cuerpos aún unidos. El vínculo que acabaron de forjar de nuevo parecía demasiado reciente, demasiado frágil para permitir la separación. Cayeron rendidos al sueño, y tras un período de tiempo indefinido, Hinata despertó, cuando Naruto empezó a hacerle el amor nuevamente.

Esta vez fue con ternura, sin prisas. Naruto le besó los hematomas que sus manos habían causado en la piel, en silenciosa disculpa. Ella lamió los semicírculos que habían dejado sus uñas en el cuerpo de Naruto. La montó durante largo rato, aminorando el ritmo cada vez aproximaba el orgasmo, aún no preparado para dar rienda suelta al placer.

Los dos eran muy conscientes de que no estaban usando condón. Naruto, con el cuerpo apoyado en los antebrazos, entraba y salía de Hinata, con su mirada clavada en la de ella, ambos sabiendo a lo que se arriesgaban. Cuando ya no pudo reprimir más el orgasmo, cuando Hinata ya se había convulsionado dos veces, ésta le aferró las nalgas y le empujó hacia ella, más hondo, y él se dejó. Se estremeció y se agitó en espasmos de placer al tiempo que lanzaba su semen al interior de Hinata.

Una vez más, no hubo tiempo para decir nada. Aún no. Volvieron a dormirse, entrelazados, y el crepúsculo dio paso a la noche.

Hinata fue la primera en despertarse. Sentía el cuerpo deliciosamente dolorido, y también el hambre de tomar más de aquello que le había causado la sensación de dolor. Naruto seguía durmiendo, pero cuando ella comenzó a acariciarle el sexo, tanto él como su miembro se despertaron de inmediato. Se tumbó de espaldas y abrazó a Hinata al tiempo que ella se le subía encima.

-Quédate conmigo -susurró, antes de cerrar los ojos para gozar de la deliciosa sensación del cuerpo caliente y sedoso de Hinata alrededor suyo.

Hinata titibeó, y le notó vibrar dentro de sí.

-De acuerdo- susurró a su vez, y empezó a moverse con suavidad.

No era gran cosa, pero tras la ferocidad con que habían hecho el amor, no dudó de la sinceridad de Naruto. En aquel momento no era un policía tratando de atrapar a un asesino; era simplemente un hombre, enloquecido por la necesidad de tener a su hembra. Todavía no se había comprometido, pero la unión carnal tranquilizó a Hinata; podría esperar el resto.

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Kakuzu lo había pensado detenidamente. Tenía que llegar a ella cuando se encontrara sola, y eso quería decir que tenía que conseguir que se ausentara el detective Uzumaki.

No marcó el 911, pues de esa manera proporcionaría el número desde el que estaba llamando, sino que llamó directamente a la comisaría.

Sabía que era muy buen actor. Se sintió orgulloso del tono frenético que puso en la voz al decir:

-¡Han matado a una mujer! Ha habido otra... ¡Es él! Le juro por Dios que ha tenido que ser él. Hay mucha sangre... ¡La ha apuñalado! ¡Es una carnicería! Lo he visto al marcharse, ¡era calvo como el retrato robot que circula por ahí!

-Tranquilícese -dijo la voz, autoritaria-. No entiendo lo que dice. Repítalo, por favor.

Kakuzu hizo varias inspiraciones audibles.

-Han matado a otra mujer. He visto salir corriendo a un hombre calvo. La ha cortado en pedazos, hay sangre…-Hizo unos ruiditos de ahogo al teléfono.

-Cálmese, señor. ¿Dónde se encuentra? ¿Puede darme una dirección?

Kakuzu le dio una dirección que había buscado, al otro extremo de la ciudad, y se embarulló con el nombre y el número de la calle para hacerlo parecer más realista. Luego colgó y esperó.

Estaba en una cabina telefónica a dos manzanas de la casa del detective Uzumaki.

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Sonó el teléfono.

Naruto lo cogió. Después de escuchar durante unos segundos, dijo:

-Voy hacia allá. -Rodó hasta salir de la cama y empezó a vestirse.

Hinata se alzó sobre un codo.

-¿Qué pasa?

-Otro asesinato -dijo él lacónicamente-. Creen que ha sido él.

Hinata sacudió la cabeza en un gesto negativo.

-No.

Naruto se detuvo un instante, recordando.

-Es verdad. Tú no has sentido nada, ¿no?

-Nada en absoluto. No ha sido él. - Hinata se levantó de la cama y empezó a vestirse también. Naruto suspiró.

-Probablemente será otra imitación, maldita sea. Lo siento, cariño.

-No es culpa tuya -dijo Hinata-. Formas parte del grupo especial, tienes que irte.

Naruto la atrajo hacia él y la abrazó con fuerza.

-No sé cuánto tiempo voy a estar fuera.

Ella frotó la cara contra su pecho, disfrutando del cálido aroma que desprendía.

-Veré la televisión y te esperaré levantada.

-Si por casualidad te quedas dormida, te despertaré.

-Trato hecho.

-Tenemos mucho de qué hablar -dijo Naruto con determinación.

-Ya lo sé. ¡Vete!

Naruto echó a andar en dirección a la puerta, pero al instante dio media vuelta, abrió el cajón de la mesilla de noche y extrajo una pistola. La comprobó, se cercioró de que la cámara estuviera llena y de que estuviera puesto el seguro.

-Ten esto a mano. ¿Sabes utilizarla?

Hinata asintió con un gesto. No era exactamente una experta, pero sabía cómo funcionaba una pistola. Al fin y al cabo, habiendo vivido sola en las montañas, era de sentido común que hubiera aprendido los rudimentos.

Naruto la besó otra vez.

-De acuerdo. Ten cuidado, lleva la pistola siempre cerca y no abras la puerta a desconocidos. Llamaré por radio y pediré que venga un patrullero a vigilar la casa; estará aquí dentro de cinco minutos. Yo te llamaré cuando salga para acá, para que no me dispares por equivocación.

-Ya te he dicho que te esperaré levantada -repuso Hinata, sonriente.

-Un hombre nunca es lo bastante cuidadoso. O una mujer -añadió a regañadientes.

-Comprendido.

Cuando Naruto se marchó, Hinata encendió la televisión y se acomodó en el sofá a repasar los canales en busca de algo interesante.

Hacía menos de cinco minutos que se había ido Naruto cuando Hinata se sobresaltó de pronto, con el corazón acelerado. Sintió que la recorría un escalofrío y que se le ponía la piel de gallina, al tiempo que la invadía una poderosa sensación de alarma.

Notó el impacto de la revelación cuando una imagen cruzó por su mente, bloqueando su pensamiento: unas manos enfundadas en guantes negros, en una de ellas unas tenazas de cortar alambre, tiraban de un grupo de cables.

Jadeante, trató de inhalar suficiente oxígeno del aire que de pronto parecía asfixiarla.

iSanto Dios, así que después de todo el asesino sí estaba atacando! y Naruto se había ido.

¿Habría sido aquella llamada una falsa alarma para distraerlos, para que el asesino pudiera llegar hasta Hanabi? La joven policía estaría sola.

Hinata se abalanzó a trompicones sobre el teléfono, pero se detuvo al verse asaltada por una visión. En su mente, vio cómo las tenazas mordían plástico y alambre.

Y en ese momento se apagaron las luces.

Continuará...