CAPÍTULO 24
Hinata se quedó petrificada, cegada por la súbita oscuridad, paralizada por el terror al comprender.
El asesino no iba detrás de Hanabi, sino detrás de ella misma. ..y estaba justo frente a la casa.
Cerró los ojos con fuerza en un intento de acelerar su adaptación a la oscuridad. Debería tratar de salir, ¿pero por qué puerta, la delantera o la trasera? ¿O tal vez estaría él en una ventana? ¿En cuál ?
Cortó suavemente la persiana, separando las pequeñas láminas de una en una...
Luchó desesperadamente por ahuyentar la visión.
Oh, Dios, no pensaba dejarse dominar por la visión, en ese caso quedaría totalmente indefensa. Pero nunca había podido resistirse tanto tiempo a una, nunca había logrado bloquearla ni controlarla. Siempre avanzaban como una ola inexorable.
Él sabía que ella estaba allí dentro. Sentía su presencia. Ya saboreaba el triunfo, el poder. ..
-No -gimió Hinata en un susurro.
Desesperada, invocó la imagen de la puerta mental que había aprendido a abrir y cerrar. Lo único que tenía que hacer era cerrarla y retenerlo a él al otro lado.
Ahora vería si la zorra era tan lista, cuando notase la mordedura del cuchillo...
Arremetía contra ella en negras oleadas. La maldad era tan fuerte que no podía respirar. Él estaba tan cerca que aquella energía la estaba aplastando, no iba a poder luchar contra él.
La maldita cerradura de la ventana no se movió. Le inundó una furia al rojo vivo por aquel retraso. Gruñendo, lanzó un puñetazo contra el cristal...
Hinata oyó el tintineo de cristales rotos, pero la visión se abalanzaba sobre ella bloqueando todo lo demás, y no sabía de dónde procedía. Podía estar justo a su espalda, pero él le estaba absorbiendo toda su fuerza, y ella ni siquiera podía darse la vuelta.
Naruto. Oh, Dios. ¡Naruto! No quería que él tuviera que ver aquello.
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En cuanto se subió al coche, Naruto llamó por radio y pidió que enviaran un coche patrulla a su casa inmediatamente.
-Diez-cuatro -dijo el interlocutor-. Tardará diez o quince minutos. Esta noche hay mucho trabajo.
-Dése más prisa -dijo Naruto en tono perentorio.
-Lo intentaré. Depende de cuándo se quede libre un patrullero.
Naruto vaciló, reacio a dejar a Hinata sola durante tanto tiempo, pero su trabajo consistía en estar presente en la escena del crimen, ya fuera un asesinato de imitación o no. Los detectives que habían trabajado en las otras escenas tuvieron que hacer la llamada y decidir si se trataba del mismo asesino. Había dado su pistola a Hinata y pronto llegaría un patrullero. No le pasaría nada.
Se dijo eso a sí mismo a lo largo de unos cuantos kilómetros, pero por fin se desvió a la cuneta y detuvo el coche.
Aquello no le olía nada bien, maldita sea. Pasaba algo.
Experimentaba una sensación de miedo que aumentaba a cada minuto, pero no lograba encontrar la causa. Era un asesinato de imitación, de eso no cabía duda. No era algo infrecuente; ya habían tenido uno. Pero allí sucedía algo más.
Encendió el micrófono y dijo:
-Soy Uzumaki. ¿Ha llegado ya el coche patrulla a mi casa?
-Aún no. Hay uno que va de camino.
Le invadió la frustración.
-¿Hay alguna información acerca de ese asesinato del que acaban de dar parte?
-Nada nuevo... Espere. - Naruto escuchó la estática durante unos segundos, y luego la voz del interlocutor-. Afirmativo. En la escena se encuentra un equipo, y el patrullero acaba de informar que parece una falsa alarma.
La sensación de miedo de Naruto se incrementó. Su mente empezó a funcionar a toda velocidad.
-¿Era un hombre o una mujer la persona que llamó para denunciarlo?
-Un hombre.
-¡Mierda! -Volvió a apretar el botón del micrófono--. ¡Póngase en contacto inmediatamente con la vigilancia! Verifique que todo está en orden. La falsa alarma puede haber sido a propósito.
-Afirmativo. Manténgase a la escucha.
Naruto aguardó en tensión en la oscuridad de su coche mientras el sudor le resbalaba por la cara. Al cabo de un minuto la radio escupió:
-No hay problemas con la vigilancia, Uzumaki. Todo está silencioso como una tumba.
Naruto sacudió negativamente la cabeza. Existía un problema, y él lo sabía. ¿Pero dónde?
La falsa alarma había sido deliberada, con la intención de dejar a Hinata sin protección.
Pero Hanabi había ocupado el lugar de Hinata, y la estratagema no había funcionado...
Entonces se quedó pegado en el sitio, y el horror explotó en su cerebro. Había funcionado demasiado bien.
¡Hinata!
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Hubo más cristales rotos cuando volvió a golpear la ventana. Hinata, desesperada, visualizó la puerta, se imaginó la visión presionando contra ella, una maldad negra y repugnante. Se visualizó a sí misma empujando contra la puerta, obligándola a cerrarse, aislando la visión.
Tenía que controlarla, de lo contrario moriría. Su única posibilidad residía en controlarla.
Ahora era más fuerte de lo que era antes, podía hacerlo.
La pistola. La tenía a su lado, en el sofá. Abrió los ojos y se precipitó hacia donde estaba el sofá, pero la visión ya la había privado de todas sus fuerzas, y las piernas cedieron bajo su peso. Cayó a medias al suelo, pero su brazo extendido consiguió rozar el sofá, e hizo el esfuerzo de sostenerse sobre manos y rodillas para arrastrarse hasta él e intentar coger el arma.
Allí estaba, fría y tranquilizad ora en su mano. Quitó el seguro con dedos temblorosos.
Ya estaba dentro. Ya no tardaría mucho. El cuchillo reluda en su mano, largo y letal, con la hoja adherida a una navaja de afeitar...
¡La puerta! La cerró mentalmente una vez más. No dejarle entrar. No debía dejarle entrar.
Hinata oía su propia respiración en inspiraciones cortas y jadeantes.
Silencio.
Debía guardar silencio. Se arrastró débilmente hacia el rincón para tener una pared a la espalda y que así el asesino no pudiera acercársele por detrás. La oscuridad de la casa era casi total, con las persianas cerradas. Ella tenía ventaja; conocía la casa, sabía dónde estaba, mientras que él tenía que buscarla. Tenía que estar muy, muy callada.
Y mantener cerrada la puerta.
¿Pero dónde estaba él? El tronar de sus oídos le impedía oír nada, ensordecida por el rumor de su propia sangre en las venas. Empleó ambas manos para sujetar firmemente la pesada pistola.
Naruto. Naruto, que nunca iba a ninguna parte desarmado.
Gracias, Naruto, por esta oportunidad. Te quiero.
¿Dónde estaba el asesino? Cerró los ojos y abrió una rendija en la puerta de su mente.
¿Dónde estaba aquella zorra? Podría encenderla linterna, pero aún no, aún no. Así que creía que podría esconderse, ¿ eh ? ¿Acaso no sabía cuánto le gustaba a él la caza?
Por supuesto que lo sabía, la muy zorra. ¿Estaría en el cuarto de baño? Empujó la puerta. Los accesorios de color blanco resplandecieron en la oscuridad como si fueran fantasmas de esmalte. La zorra no estaba alli ..
Hinata cerró la puerta de golpe. Sentía la presión de la energía mental de él, pujante. Abrió los ojos y se obligó a sí misma a mirar hacia el pasillo, donde estaba el cuarto de baño.
No dejes la vista fija, Hinata, no te lo permitas. Si lo haces, no lo verás a él. Sigue moviendo los ojos, no dejes que se queden quietos. Así verás sus movimientos.
¿Era él? ¿Era él aquella sombra oscura que se acercaba? No se atrevió a abrir de nuevo la puerta. Si era él, estaba demasiado cerca. Antes de que pudiera reaccionar, ya lo tendría encima. ¿ Pero estaba realmente allí, o se trataba de su imaginación?
En ese momento una brillante luz le explotó en la cara, cegándola, y una voz horrible canturreó:
-Vaya, holaaa.
Y entonces ella apretó el gatillo.
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Varios automóviles convergieron simultáneamente frente a la casa. Naruto les había dado la orden de que se presentasen allí con las luces girando y las sirenas a todo volumen, esperando contra toda esperanza que llegasen a tiempo de asustar al asesino. Condujo como un maníaco, rezando como no había rezado nunca. No le importaba lo más mínimo que perdieran aquella oportunidad de atrapar al asesino.
Por favor, Señor, que consigan ahuyentarlo. No lo dejes entrar en la casa. No permitas que haya estado dentro ya y se haya ido. Por favor, Señor. Hinata no.
Echó bruscamente el freno de mano y el coche se bamboleó con violencia sobre la suspensión. Antes de que dejara de moverse, Naruto ya estaba fuera y había echado a correr.
La casa estaba oscura.
Oh, Dios, no.
Algo pesado golpeó a Naruto en la espalda y le arrojó al suelo. Volvió a incorporarse con un gruñido salvaje y el puño preparado para atacar. Pero Sai se levantó tan deprisa como él y le agarró del brazo.
-¡Contrólate! -rugió Sai, con una expresión en la cara tan salvaje como la de Naruto-. ¡No ayudarás a Hinata yendo a ciegas! ¡Hazlo como se supone que lo debes hacer!
La casa estaba empezando a verse rodeada de agentes de uniforme. Lo único en que podía pensar Naruto era que Hinata estaba dentro. Se zafó de Sai y se lanzó contra la puerta, pero estaba cerrada con llave. Arremetió contra ella como un animal enloquecido, con todo su peso, haciendo tabletear la hoja en el marco. Era una puerta maciza, reforzada con acero. La cerradura era una de las mejores, y aguantó. Pero las bisagras no aguantaron. Los tornillos se salieron de la madera con un torturado chirrido y el metal se retorció.
Al ver que no podía detener a Naruto, Sai añadió su considerable fuerza a la tarea y le ayudó a arrancar la puerta de sus goznes. Llamando a Hinata a gritos, Naruto se internó en las oscuras entrañas de la casa.
Entonces tropezó con algo blando y pesado y cayó al suelo.
El corazón dejó de latirle por espacio de unos instantes, largos e insoportables, que se congelaron en el tiempo.
-Oh, Dios -dijo con una voz que no parecía la suya-. Enciende una luz.
Uno de los agentes de patrulla se sacó la enorme linterna que llevaba en el cinturón y pulsó el interruptor de la misma. El potente haz de luz iluminó a Naruto, que estaba arrodillado en el suelo con una expresión de horror en el rostro, y a Sai, que parecía casi igual de desencajado.
En el centro del chorro de luz apareció una figura desplomada en el suelo, vestida de negro, cuya cabeza calva brilló levemente bajo la linterna. Estaba tendido boca arriba, y sus ojos fijos miraban hacia el techo. El hedor a sangre y a muerte lo llenaba todo.
Junto al cuerpo se había formado un negro charco de sangre.
- Naruto. -Aquel susurro, casi inaudible, le puso el vello de punta-. Naruto, estoy aquí.
El haz de luz giró bruscamente hacia el rincón, y Hinata hizo un gesto de dolor al ser iluminada de lleno, cerró los ojos y volvió la cara. En el blanco de su camisa brillaba una mancha oscura y húmeda. Todavía asía la pistola, sujeta fuertemente con ambas manos.
Naruto no consiguió ponerse de pie. Se arrastró hacia Hinata, aún sin poder creer que estuviera viva. Le acarició la mejilla con mano temblorosa y le retiró el pelo de la cara.
-Pequeña. Oh, Dios, cariño.
-Me ha herido -dijo Hinata, como disculpándose-. Le disparé, pero él no se detuvo, siguió atacándome, por eso seguí disparando.
-Bien -repuso Naruto con agresividad apenas contenida. Las manos le temblaban violentamente, pero bajó a Hinata hasta el suelo con la mayor ternura-. Échate, cariño. Déjame ver la gravedad de las heridas.
-No creo que sea nada grave -dijo ella sensatamente-. Es en el hombro y en el costado izquierdo. Pero son sólo cortes, no me ha apuñalado.
Naruto a duras penas lograba conservar el dominio de sí mismo. Tan sólo el hecho de saber que Hinata le necesitaba en aquel momento era lo que le impedía abalanzarse sobre el cadáver y hacerlo pedazos.
¡Dios! Aquélla era la segunda vez en su vida que Hinata había sido atacada por un loco con un cuchillo. ¿Cómo podía estar tan traquila, cuando él temblaba de arriba abajo?
-Cortó los cables -decía Hinata, pero de pronto pareció estar agotada-. Estoy muy cansada. Si no te importa, te lo contaré todo más tarde.
-Claro, pequeña. -Apoyó la mano en el corte del costado, que rezumaba sangre-. Duérmete. Cuando te despiertes, yo estaré contigo.
Hinata dejó escapar un leve suspiro y cerró los párpados. Naruto se daba cuenta de que la casa se estaba llenando de gente, pero no levantó la vista.
- Naruto. -Era Sai, arrodillado junto a él-. Han llegado los de la ambulancia, amigo. Tienes que apartarte para que puedan atender a Hinata.
-Estoy deteniendo la hemorragia -dijo él con voz ronca.
-Ya lo sé. Ya casi ha dejado de sangrar. Hinata se va a poner bien, socio, todo va a salir bien. - Sai le rodeó con sus brazos para apartarle suavemente de Hinata, y el personal de la ambulancia se apresuró a ocupar su puesto-. Iremos al hospital con ella, pero se va a poner bien. Te lo prometo.
Naruto cerró los ojos y dejó que Sai le condujera fuera de allí.
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-De verdad que me encuentro lo bastante bien para irme a casa -dijo Hinata a la mañana siguiente, y bostezó-. Sólo que estoy cansada de haber luchado contra la visión.
-Y por la pérdida de sangre -dijo Naruto-. Tal vez mañana.
Hinata estaba tumbada en la cama, y salvo por el grosor de los vendajes que llevaba encima del hombro y en la cintura, resultaba difícil decir que tuviera nada malo, aunque para el ojo crítico de Naruto seguía estando demasiado pálida.
Naruto había pasado toda la noche con ella en el hospital. Si llegaba hasta los ciento cincuenta años, jamás olvidaría el profundo terror que le heló los huesos durante aquellos minutos en los que comprendió que le habían tendido una trampa y que había dejado a Hinata sin protección. Le había llevado una vida entera regresar a donde se encontraba ella, y le costó otra vida entera hacer el esfuerzo de penetrar en la casa. El hospital había parecido un zoo, con policías por todas partes y periodistas luchando por hablar con Hinata, y Naruto se había visto totalmente incapaz de hacer frente a todo aquello. Lo único que pudo hacer, una vez que los médicos le permitieron estar de nuevo al lado de Hinata, fue sostenerle la mano y tratar de decirse a sí mismo que de verdad Hinata se encontraba bien.
Sai se había hecho cargo de todo; se ocupó de los reporteros y les negó categóricamente el acceso a la habitación de Hinata, pero les prometió dar una rueda de prensa esa misma mañana. Apartó de Naruto a Jiraiya y al jefe Mifune. Llamó a Ino, que trajo ropa limpia y artículos de tocador tanto para Naruto como para Hinata. Naruto se duchó y se afeitó, pero las arrugas de su demacrado rostro delataban el cansancio de la noche anterior.
De no haber sido por Sai, no habría conseguido pasar la noche.
Sai también se había pasado allí la mayor parte del tiempo, pero se había marchado hacia el amanecer y acababa de regresar. Vino impecablemente vestido, como siempre, aunque él también mostraba las señales de haber pasado una noche sin dormir. Ino se había quedado con ellos.
Hinata pulsó el botón que movía la cabecera de la cama para elevarla un poco más.
Sinceramente, se sentía lo bastante bien para irse a casa; le dolían un poco los cortes y tenía que tener cuidado al moverse, pero en general no sufría dolores. Estaba viva. La intensa sensación de maldad que la había oprimido durante varias semanas había desaparecido. El sol parecía brillar más, el aire se le antojaba más fresco.
-Ya te he contado todo lo que ocurrió anoche -dijo-. Ahora quiero saber lo que tú has descubierto esta mañana.
Naruto sonrió al oír aquel tono normal, tranquilizador.
-No me mires a mí, yo no me he movido de aquí. No sé nada.
Ino estiró sus largas piernas.
-Sí, Sai, suéltalo todo.
Sai se apoyó en el alféizar de la ventana.
-Encontramos su coche a unas dos manzanas de allí e investigamos la matrícula. Se llamaba Carroll Kakuzu; se mudó aquí procedente de Pittsburgh hace unos cinco meses. El Departamento de Policía de Pittsburgh tiene varios casos de asesinatos sin resolver que encajan con su expediente. Hemos registrado su apartamento y hemos encontrado una peluca rubia que obviamente llevaba puesta todo el tiempo, excepto cuando mataba. Trabajaba en los grandes almacenes Danworth's, en atención al cliente. Está claro que de esa manera escogía a sus víctimas. Si alguien le fastidiaba un poco. ..bingo.
-Ésa era la conexión -murmuró Naruto-. Todas las víctimas compraban en Danworth's. Recuerdo que la amiga de Mei Terumi dijo que Mei se había enfadado por una blusa que se le rompió, o algo así. Dios, lo tenía allí mismo, delante de mis narices. Incluso llegué a pensar que compraban en la misma tienda, pero que lo mismo hacía todo el mundo.
-No te castigues por eso -dijo Hinata en tono áspero-. No eres clarividente, sabes.
Tras un segundo de aturdimiento, Naruto se echó a reír. Hinata llegó a la conclusión de que él ya se encontraba mejor, iba perdiendo aquella expresión dura a medida que se iba recobrando de la impresión.
-Carroll Kakuzu -dijo Ino-. Es un nombre extraño para un hombre.
-Y tanto. Ésa es la razón por la que no le encontramos en esas listas que estuvimos consultando. Su nombre se tachó porque parecía de mujer. - Sai parecía disgustado por aquel despiste-. Todavía no tenemos mucha información acerca de él. Quizá nunca sepamos lo que le servía de estímulo. Pero no sé si siquiera importa; un hijo de puta infrahumano como él no merece vivir.
Hinata vio que Naruto se encogía. Le estaba costando más que a ella digerir lo ocurrido aquella noche. Lamentaba profundamente que Hinata hubiera sido afectada por semejante violencia, pero por alguna extraña razón ella se sentía más fuerte. No se alegraba de haber matado a un hombre, pero tampoco la consumía el sentimiento de culpa. Había hecho lo que era necesario. Si hubiera titubeado, ahora estaría muerta. Había controlado la visión, y esta vez había ganado ella. Carroll Kakuzu estaba muerto; Marilyn Elrod, Nōnō Yakushi y Mei Terumi, y todas las demás mujeres que él había matado, por fin habían encontrado justicia.
Naruto le tomó la mano y jugó con sus dedos, y cerró los ojos sintiendo de nuevo el enorme alivio de verla viva.
Ino dio un codazo a Sai.
-Tenemos que marcharnos -le dijo-. Yo tengo que prepararme para ir a trabajar.
-Volveré esta tarde -añadió Sai-. Si me necesitas, llámame antes.
-De acuerdo -dijo Naruto. Cuando ya se hubieron marchado, fue hasta la puerta y se asomó para llamar a uno de los agentes uniformados que montaban guardia allí-. No deje entrar visitas. Ni siquiera al alcalde. A nadie.
-Puedé que me cueste no dejar entrar a los médicos, Uzumaki -le advirtió el agente.
-Está bien, tal vez a ellos. Pero llame antes a la puerta. -Acto seguido cerró la puerta y acudió de nuevo aliado de Hinata. Le acarició la cara y el cabello.
Ella alzó una mano y le tocó la mejilla.
-De verdad que me encuentro bien. Y preferiría estar en casa antes que aquí.
Naruto giró la cabeza para besarle los dedos.
-Ten un poco de paciencia, ¿vale? Si el médico quiere tenerte vigilada otras veinticuatro horas, algún motivo tendrá. Deja que yo esté seguro de que te encuentras bien antes de irte. Lo necesito.
En su rostro se dibujaba abiertamente la emoción. Naruto era como un libro abierto, no se molestaba en ocultar lo que sentía. Después de todo por lo que había pasado, nunca volvería a intentar controlar sus sentimientos hacia Hinata. La noche anterior había estado a punto de perderla; la vida era demasiado corta, demasiado incierta para hacer otra cosa que vivirla lo más plenamente posible.
Tenía el semblante serio cuando le retiró a Hinata el pelo de la cara y le dijo:
-Anoche no terminamos de aclarar las cosas entre nosotros.
-No, todo se volvió un poco frenético, ¿verdad?
-¿Todavía estás enfadada conmigo?
Una leve sonrisa curvó los labios de Hinata.
-No.
-Te juro por Dios que no me fui a vivir contigo sólo para estar encima de la situación. Lo único en que pensaba era en estar encima de ti.
Ella soltó un bufido.
-Vaya, qué romántico. -Pero su sonrisa no desapareció.
-Yo no sé ser romántico. Lo único que sé es que te quiero y que no puedo perderte. Nunca me he visto en una situación así, por eso es muy posible que lo haya liado todo por mi forma de actuar. Quería tomármelo con calma, ver cómo se iban desarrollando las cosas. No quería empujarte ni presionarte mientras sucedía todo lo demás. Tú ya tenías bastante de que preocuparte.
Hinata se mordió el labio, divertida por lo que estaba oyendo. En efecto, Sai tenía razón; quizá Naruto fuera demasiado cabezota para saber cuándo estaba enamorado, o que una mujer pudiera esperar razonablemente que dijera algo así. Aspiró profundamente, consciente de lo mucho que deseaba que todo fuese bien esa vez. Quizá no fuera Naruto el único que había sido demasiado cauto; quizás ella necesitara estimularle más.
-¿Es sexo lo único que quieres? -le preguntó, sintiendo que la invadía la tensión mientras aguardaba la respuesta.
-¡Diablos, no! -explotó Naruto--. Cariño, dime qué es lo que necesitas. Podré hacer algo al respecto si tú me lo dices, pero no me dejes así a oscuras. ¿Qué puedo hacer para convencerte de lo que siento por ti?
Hinata se recostó en la cama y le dirigió una mirada de incredulidad.
-¿Convencerme? Naruto, ¡ni siquiera has empezado a decirme nada! ¡No tengo ni idea de lo que sientes por mí!
Ahora le tocó a él el turno de mostrarse incrédulo.
-¿Qué demonios estás diciendo, que no tienes ni idea de lo que siento?
Hinata puso los ojos en blanco, suplicando al cielo.
-Señor, échame una mano, este hombre tiene la cabeza más dura que una piedra. ¿Cómo voy a saberlo si tú no me lo dices? ¡Te he dicho miles de veces que no puedo leerte la mente! Dilo en cristiano, Naruto. ¿Tú me quieres? Eso es lo que necesito saber.
-¡Naturalmente que te quiero! -rugió él en un estallido de genio.
- ¡Entonces dilo!
-¡Te quiero, maldita sea! -Se puso en pie de un salto y se quedó junto a la cama, con las manos apoyadas en las caderas-. ¿y tú? ¿Estamos juntos en esto, o lo mío es un monólogo?
Hinata pensó en sacudirle un puñetazo, pero decidió no forzar los puntos de sus heridas, así que se contentó con decir:
-No, no es un monólogo.
-¡Entonces dilo!
-¡Te quiero, maldita sea! -Lo dijo en el mismo tono beligerante que había empleado él.
El pecho de Naruto se agitaba al ritmo de su respiración mientras ambos se miraban en silencio. Por fin la tensión abandonó sus músculos contraídos.
-Entonces está aclarado -dijo, y volvió a sentarse.
-¿Qué es lo que está aclarado? -le desafió Hinata.
-Que yo te quiero y que tú me quieres a mí.
-¿Y qué hacemos ahora? ¿Declarar una tregua?
Naruto sacudió la cabeza en un gesto negativo y le cogió la mano de nuevo.
-Lo que vamos a hacer es casarnos. -Le depositó un beso en las yemas de los dedos-. No vamos a esperar seis meses, como algunos que yo conozco. Probablemente será este fin de semana. No más de una semana.
Hinata contuvo la respiración, y una luminosa sonrisa se extendió por su rostro como si hubiera salido el sol.
-Estoy segura de que podremos arreglarlo para este fin de semana -dijo.
Naruto sintió deseos de estrecharla entre sus brazos, pero tenía demasiado miedo de hacerle daño. La miró y se maravilló de lo serena que estaba. Había sido atacada por un asesino, le había vaciado el cargador de una pistola, y parecía tan... apacible. Ni siquiera el hecho de comprometerse alteró su serenidad.
Él empezó a temblar, como ya le había sucedido varias veces esa noche.
-Lo siento -barbotó por enésima vez. Su expresión le dijo a Hinata por dónde iban sus pensamientos-. Dios, pequeña, lo embrollé todo. Nunca fue mi intención hacerte correr ningún peligro. No sé cómo dio contigo el asesino.
Los ojos perlas de Hinata adquirieron una mirada más profunda de lo normal.
-Tal vez tuviera que ser así. Tal vez fue culpa mía que él me encontrase. Debería haberme ido a una casa de seguridad. Tal vez, al final, él captó mi energía igual que yo capté la suya. Tal vez fui yo la única persona que tenía la posibilidad de vencerlo, porque yo sabía dónde se encontraba, qué estaba haciendo. Hay demasiados interrogantes; nunca lo sabremos con certeza. Pero estoy bien, Naruto, en todos los sentidos.
-Te quiero. Cuando pensé que estabas en manos de él... -Se le quebró la voz. De pronto ya no pudo soportarlo. Con exquisito cuidado, tomó a Hinata en sus brazos y la levantó de la cama para sentarla sobre su regazo y enterrar el rostro en su pelo.
-Lo sé. Yo también te quiero. -Ella no protestó aunque aquel movimiento le causó dolor en el hombro, ni aunque él la abrazaba con demasiada fuerza. Necesitaba aquel contacto, la seguridad y el calor de su abrazo, y se acurrucó contra él-. ¿ Naruto ?
-¿Mmnnn?
-Hay una cosa.
Él levantó la cabeza.
-¿ El qué ?
-¿Estás seguro de querer casarte conmigo?
-Por supuesto que sí. ¿ A qué viene esto ?
-Sé lo incómodo que te resulta que yo sea lo que soy. Y no puedo casarme contigo sin decírtelo todo. He recuperado en gran medida todos mis poderes. De hecho, ahora tengo más que antes, porque puedo controlarlos.
Naruto no vaciló. La única forma de tener a Hinata era aceptándola tal como era, con sus poderes psíquicos incluidos.
-Pero a mí no puedes leerme la mente, ¿no?
-No. Eres el hombre de cabeza más dura que he conocido jamás. Lo cual es un verdadero alivio.
Él sonrió abiertamente y le depositó un beso en la sien.
De todos modos, eso no representaría ninguna diferencia. Voy a casarme contigo sea como sea.
-Pero sí puedo explorarte -admitió Hinata-. Si tienes un mal día, no podrás ocultármelo, como suelen hacer los policías con sus esposas. No tendrás forma de esconderlo en ningún rincón de tu mente, porque yo ya sabré lo que habrá pasado.
-Puedo soportar eso. -Y fácilmente, se dijo. En aquel punto probablemente podía vivir con Hinata aunque ella fuera una pitonisa o volara en una alfombra mágica-. Si tú puedes soportar ser la mujer de un policía, yo puedo soportar ser el marido de una vidente. Qué diablos; no creo que sea tan difícil.
Fin
Falta el Epílogo
