FIC PARA EL PROYECTO SORATO WEEK

DÍA: 2 Encerrados

Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenece, sino a su creador Akiyoshi Hongo.


ALGO NUEVO

by: Atori


Ayudando a las de primer año a recoger las pelotas de tenis, Sora observó a los miembros del grupo Teenage Wolves regresar con expresiones maquiavélicas. La falta de Yamato entre ellos, la llevó a interesarse por él. Disculpándose con sus compañeras, Sora les dijo que se ausentaba unos momentos.

Le extrañaba que los miembros de la banda de Yamato se fueran para casa tan temprano, cuando eran, siempre, los últimos que abandonaban el instituto. Y más extraño era no ver a Yamato con ellos.

Al traspasar la reja que separaba la cancha de tenis de ellos, pudo escuchar sus murmuraciones.

—Le está bien empleado por chulito —riendo uno entre dientes.

—No nos habremos pasado un poco —objetó el batería, no muy convencido de lo que habían hecho.

—Tranquilo. Ya llamaremos por la noche al conserje o a alguien para que vaya a rescatar al príncipe azul de las chicas de Odaiba —comentó el del teclado con la misma expresión maliciosa que el que tocaba la guitarra.

—¿De qué estáis hablando? —preguntó Sora algo seria.

Los tres miembros de la banda, se detuvieron sobresaltados, como si hubieran sido pillados infraganti.

—¿Qué le habéis hecho a Yamato? —dirigiéndose hacia ellos a grandes zancadas y sin mostrar miedo ante aquellos tres chicos más altos que ella.

—No le hemos hecho nada —respondió el guitarrista con una sonrisa nerviosa.

—¡No me mientas! —alzando un poco la voz—. He escuchado alto y claro cómo has dicho que ya llamarías a alguien para salvar a alguien. Y por la descripción tan cínica, está claro que hablabas de Yamato.

—Estás equivocaba. No hablábamos de Yamato —intervino el del teclado en defensa de su colega—. Hablábamos de otro chaval que no para de hacerse el chulo con nosotros…

—¡No me tomes por imbécil! ¡Sé por Yamato que las relaciones entre vosotros y él no han sido nada buenas, últimamente!

Los tres chicos se miraron entre sí, luego, observaron algo apurados como algunos chicos que estaban en sus respectivas actividades extraescolares, los miraban curiosos.

El batería, que era al que menos le convencía lo que habían hecho, se acercó a sus dos compañeros, alertando que lo mejor era decirle la verdad a la chica y no meterse en problemas.

.

Llevándola hasta la sala de audiciones donde se realizaban las reuniones trimestrales de alumnos, Sora encontró la gran sala vacía. Eso la hizo sospechar de que la habían llevado a un lugar solitario para hacerle algo. Mirándolos desafiante, les espetó con valentía.

—Si pensáis amenazarme, llevándome a un sitio solitario y aislado como éste, que sepáis que no os tengo miedo —sacando las pelotas de tenis que tenía guardadas en el bolsillo de la falda. El gran bolsillo de la falda deportiva, le permitía almacenar, al menos, dos bolas de tenis, y, en ese momento, estaba dispuesta a usarlas como arma defensiva.

Si se pensaban que podrían asustarla por ser tres chicos contra una chica, es que ellos no sabían que aquello no la atemorizaba. Comparada con las experiencias que había vivido en el Mundo Digimon, aquello era una nadería. Puede que careciera de Piyomon a su lado para defenderla, pero tenía algo muy importante y eso era el valor y la capacidad para no rendirse.

—¡Tranquila! ¡Calma! ¡Que no vamos a hacerte nada! —espetó el del teclado con algo de molestia.

—¿Es que no querías que te lleváramos junto a Yamato? —le dijo el guitarrista con algo de cinismo.

—¡¿Me estáis diciendo que está aquí?! —observando a su alrededor, donde no había ningún lugar dónde pudieran encerrarlo—. ¡¿Me estáis vacilando?! —amenazándolos con una pelota de tenis en la mano.

La sala era amplia pero no había ninguna puerta por los laterales. Sólo estaba la tarima y el podio desde dónde el presidente del consejo escolar o el director, realizaban sus discursos.

—¡QUE NO! ¡QUE NO! —el batería levantó las manos, a modo de defensa, mientras los otros dos se ponían algo nerviosos por su actitud amenazante—. En serio que él está aquí.

—¡¿En dónde?! —preguntando desconfiada.

Cuando le señalaron hacia el bajo de la tarima, Sora se fijó en cómo había una escoba anclando el acceso a ese falso suelo, y dónde los profesores solían colocar tablones de madera u otras cosas para que no quedaran tiradas en cualquier lado.

La idea de que Yamato estuviera encerrado en ese espacio tan estrecho, la atemorizó. Corriendo de inmediato hacia aquel acceso, quitó, de inmediato, la escoba que obstaculizaba la entrada, al tiempo que insultaba a los tres miembros de la banda por imbéciles y estúpidos.

Ellos ignoraban cómo Yamato tenía pavor a los lugares pequeños y cerrados. No es que fuera claustrofóbico o sufriera de nictofobia. Era otra cosa muy distinta y que tanto Taichi como ella lo habían descubierto el año pasado por casualidad.

—¡Yamato! ¡¿Estás ahí?! —el hueco que había bajo la tarima era muy oscuro. Pero Sora, pudo apreciar al fondo, su cuerpo encogido entre sus piernas, viéndose igual que un gatito asustado—. Vamos, Yamato. Tranquilo. Ven hacia aquí —le dijo con suavidad.

Viendo a Yamato igual de aterrado como la vez en que Taichi lo había encerrado en broma, tuvo que meterse un poco más para ayudarle a salir. Eso fue un descuido por su parte, ya que dos de los miembros de la banda se habían acercado hasta ella y la empujaron hacia dentro. Sora había tratado de defenderse, dándoles patadas y lanzando la pelota que estaba en su mano, pero todo era insuficiente ante dos chicos más fuertes que ella. Y el tercero, se apresuró a cerrar la puerta.

Sora fue de inmediato hacia la puerta para tratar de abrirla, pero ya habían puesto la escoba para bloquearla. Les insultó y les gritó de todo, mientras escuchaba como ellos se alejaban.

Tras escuchar silencio en el exterior, Sora dejó de gastar saliva y a gatas, se dirigió hacia Yamato.

No se veía nada de nada, así que tuvo que hacer uso de su memoria para recordar por dónde estaba Yamato. Palpando por el suelo, llegó hasta él y cuando lo hizo, igual que una madre a su hijo, lo abrazó para tranquilizarlo.

—Todo estará bien. Tranquilo. Todo estará bien.

Notaba su temblor bajo su piel. Su respiración era entrecortada. Y cuando ella lo había abrazado, sintió como Yamato la abrazaba de vuelta con tanta fuerza como si fuera un niño miedo a que viniera algún fantasma.

Pues era eso lo que Yamato padecía. Bogifobia. Un miedo a los fantasmas y a lo sobrenatural, especialmente, cuando se encontraba en un sitio pequeño y oscuro.

Quizás en el mundo digital se había portado valientemente y no le tenía miedo a los digimon oscuros, pero a diferencia de lo sobrenatural, los digimon poseían un cuerpo físico.

Cuando Taichi le había hecho la broma de encerrarlo en el armario de la limpieza, fue cuando habían descubierto su fobia. Asombrados de que tuviera una fobia tan infantil, Yamato les explicó como eso provenía de un trauma que había tenido a los siete años.

Con su padre trabajando casi todo el día, donde había ocasiones en que no venía a dormir, Yamato se había tenido que ocupar de él mismo y de la casa. En una ocasión, preparando la cena, al meterse en la alacena para coger una cazuela que estaba al fondo, había tenido la mala pata de que la puerta se le cerrara por acción del viento. El estar encerrado y estando todo oscuro, palpaba la batería de cocina para orientarse sin éxito. Eso provocó que se pusiera ansioso y a desesperarse. La alacena era tan amplia, que había perdido el norte.

Durante toda una noche, Yamato había estado encerrado en aquella pequeña alacena. Y con la ventana de la cocina abierta, escuchaba el fuerte viento azotar, creando una sensación sobrenatural en la mente de un niño de siete años.

Al día siguiente, su padre lo había encontrado y aunque los primeros días, Yamato había tenido fobia a la oscuridad y a los sitios cerrados, había logrado recomponerse. Pero curiosamente, no se había recuperado de lo que no existe, los fantasmas.

Ese miedo se recreaba sobre todo, cuando estaba en un sitio muy estrecho y completamente oscuro.

Sora no sabía si los colegas de la banda de Yamato lo sabían, y por eso lo habían encerrado, o sólo querían gastarle una broma.

Teniendo en cuenta en la forma en cómo la habían metido a ella, le daba que pensar que era lo primero.

Y sin duda, lo habían hecho por celos. Porque sentían envidia de la popularidad de Yamato y lo bien que tocaba y cantaba.

Manteniendo el corazón sereno para no alterar a Yamato, siguió consolándolo como una madre a su hijo. Resultaba tan extraña la situación, ya que Yamato siempre había sido una persona arraigada y echada para adelante, que en esos momentos, se asemejaba a cuando Takeru era pequeñito.

Quizás eso era lo que pretendían los colegas de banda de Yamato. Que todos descubrieran su debilidad.

Eso haría que cobrase más fuerza su idea de que conocían del miedo de Yamato.

Si la voz corriese, Yamato sufriría un bochorno espantoso y su popularidad decaería.

Ni de broma iba a permitir que esos envidiosos de pacotilla, le mancharan su reputación.

Abrazándolo con una sola a mano para no dejarlo suelto y se sintiera desprotegido, hurgó en los bolsillos de su amigo, por si él llevaba su móvil encima. Sonrió al hallarlo y lo cogió. Al abrir la tapa del móvil, la luz hizo que Yamato se fuera recuperando.

Como si le hubieran despertado de alguna pesadilla, Yamato miró a Sora confuso. Antes de que Sora le enviara un mensaje a Taichi para que los ayudara, le sonrió con dulzura, preguntándole qué tal estaba.

—Yo… No lo sé…

Viendo su estado de confusión, Sora no dejó de sonreír.

—Tranquilo. Ahora le envío un mensaje a Taichi para que venga a sacarnos.

Yamato sentía la otra mano de Sora abrazándolo.

No sabía muy bien porque lo abrazaba o porque él lo estaba haciendo. Observaba como Sora manipulaba su móvil para enviar un mensaje a Taichi y que éste los sacara de allí.

Poco a poco, Yamato empezó a recordar cómo había acabado en aquel lugar.

Sus compañeros de banda le habían dicho que querían discutir con él en otro lugar, sobre un asunto muy importante. Lo habían llevado hasta la sala de reuniones. Le resultaba raro que lo llevaran hasta aquel lugar, pero cuando lo habían rodeado con expresiones amenazantes, empezó a sospechar de ellos. Nadie se dirigiría hacia aquella sala, por lo que era el lugar perfecto para cometer algún crimen. Y como estaba bastante aislado de las canchas deportivas, nadie se enteraría de lo que pasaría dentro.

Los tres se habían abalanzado contra él, empujándolo hacia una zona principal, lo encerraron en el falso bajo de la tarima.

Si habían logrado reducirlo, era porque le habían revelado que conocían de su temor. Aparentemente, lo habían escuchado cuando él se lo había confiado a Taichi y a Sora.

Por inercia, Yamato se había puesto nervioso, y que los tres aprovecharon la oportunidad para meterlo en aquel falso bajo. Mientras lo arrastraban, había escuchado sus verdaderas intenciones. Pretendían desprestigiarlo.

Si la gente supiera de su miedo infantil, el fandom que lo apoyaba caería en picado, y eso lo perjudicaría emocionalmente. Pues que un chaval de catorce años, y un chaval que inspiraba valentía y arrojo como él, tuviera miedo a los fantasmas sería de risa para la gente hipócrita. Y como la mayoría de los chicos le tenían envidia, y las chicas sólo se fijaban en él por su buena voz y su físico, no dudarían en aprovecharse para mofarse de algo tan ridículo.

—Ya está —dijo Sora en un suspiro, tras haber enviado el mensaje—. Supongo que Taichi en cuanto acabe la práctica, verá el mensaje y vendrá a rescatarnos. Así que habrá que tener paciencia.

Yamato no dijo nada. Le alivió saber que Sora activase la aplicación de linterna de su móvil para que no volvieran a quedar a oscuras y que sus miedos aflorasen de nuevo.

—¿Te encuentras mejor? —devolviéndole el teléfono.

—Sí.

Su tono de voz había sido bajo, así que, teniendo en cuenta que la práctica de fútbol terminaría en media hora, Sora optó por dar conversación para que la espera fuese más amena.

—Supongo que después de esto, ya no seguirás formando banda con esos imbéciles, ¿verdad?

Fue entonces, que la cabeza de Yamato, la cual, poco a poco, empezaba a serenarse y a tomar cordura, se percatara de que si ella estaba allí con él, era por culpa de los mismos instigadores que lo habían llevado a él.

—¡¿No me digas que te arrastraron a ti también hasta aquí?! —despegándose de ella.

Si lo hubieran hecho, es que les partía la cara.

—Más bien fui yo la que exigió que me trajeran.

Y Sora le explicó cómo había llegado a enterarse de que estaba encerrado y lo que la llevó a aquella situación.

Lo que Sora no se esperó fue la respuesta cólica de Yamato.

-¡¿ESTÁS LOCA?! —le espetó— ¡¿CÓMO SE TE HA OCURRIDO ENFRENTARTE A ELLOS TÚ SOLA, EN VEZ DE LLAMAR A TAICHI O A ALGÚN PROFESOR?!

El tono de Yamato indignó un poco a Sora y a responderle de igual manera.

—¡¿Es que te piensas que les tengo miedo?! ¡Además, estamos dentro del recinto escolar y…!

—¡¿Y QUÉ?! —sin dejarla continuar— ¡SON TRES CHICOS CONTRA TI, SORA! ¡¿EN SERIO PIENSAS QUE TÚ SOLA PODRÍAS CON ELLOS?! ¡¿NO SE TE HA PARADO A PENSAR EN QUE SI LLEGARON TAN LEJOS COMO PARA ENCERRARME, QUE PUDIERON HACERTE ALGO TERRIBLE?!

Pensando fríamente, Sora se dio cuenta de que Yamato tenía razón.

Aunque ella poseía las pelotas de tenis para lanzarlas en su defensa, eso no significaba que cuando se le acabara la munición, aquellos tres pudieran hacerle algo para callarla. Debía de dar gracias, de que solo hubieran forcejeado para meterla dentro, porque, estaba claro que con la fuerza de ellos, podrían forzarla a sabe dios qué.

Yamato vio como Sora bajaba la cabeza, dándose cuenta del daño que hubiera recibido por su valentía al encararlos. Arrepentido por haberla gritado y haberle inspirado un miedo que, estaba convencido que los de la banda, jamás harían, se disculpó por haberla gritado.

—No tienes que disculparte. Tienes razón —reconoció ella—. Pero es que estaba tan preocupada por ti y por cómo deberías sentirte, que no pensé en las consecuencias.

Yamato la miró con los ojos abiertos.

Ella había estado tan preocupada por él, hasta el punto de que no había pensado en lo que podría ocurrirle.

No supo porqué, pero eso le había calentado las mejillas.

Mirándola de reojo, observó como ella estaba con el traje de tenis. El traje deportivo era, con diferencia, mucho más corto que el uniforme de Odaiba. Al mirar sus piernas, pudo observar algunos moretones en sus piernas.

Miró hacia otro lado, por la variedad de sentimientos que empezaban a fluir en su interior.

Furia.

Por ver cómo sus compañeros de banda le habían hecho daño.

vergüenza.

Por emocionarse por unas simples piernas.

Dos sentimientos tan calientes que le producían calor. Y a los quince minutos de estar ahí encerrados, al observar cómo Sora tiritaba de frío, aprovechó para sacarse la chaqueta del uniforme y ponérsela sobre los hombros.

Cuando Sora sintió que Yamato la abrigaba con su chaqueta, lo primero que le dijo que si hacía eso, él quedaría desabrigado.

—No te preocupes. No tengo frío.

Y no era mentira. Sin embargo, pese a lo dicho, Sora se arrimó a él para brindarle calor corporal.

—Puede que no tengas frío ahora, pero si estás así por mucho tiempo, acabarás teniéndolo —dijo ella como respuesta a sus actos.

Yamato quedó más impresionado con ella.

Cuando había estado encerrado y sentido aquel miedo ante los ruidos extraños que escuchaba y que en su cabeza, se reproducían debido a los seres sobrenaturales, había sentido un pavor, que hasta que había escuchado la voz de Sora llamándolo, en un principio, pensó que se trataba de una ilusión. Incluso la leve luz que había visto de reojo, lo había achacado a la aparición de alguna santa compaña, y se había asustado aún más. No había escuchado las voces de los miembros de la banda o cómo Sora les había gritado en protesta. En cambio, sí que había escuchado ese ruido de alguien aproximándose. Yamato había empezado a temblar al imaginarse que algún espíritu se le estuviera acercando.

Pero en el momento, en que Sora lo había abrazado y con su suave voz lo calmaba, Yamato se había aferrado a ella como si fuera un salvavidas.

En aquel momento, al haber estado paralizado por el terror, no se había percatado de la cercanía de su cuerpo contra el suyo. Pero después de que ella hubiera encendido su móvil, se había sentido confuso al estar abrazado a ella. Le había costado bastante entrar en razón. Y cuando ella le había revelado la razón de porqué estaba ahí junto a él, todo su miedo se había ido por el caño.

Le había enervado el pensar lo que esos tres gilipollas pudieran hacerle; Se había sentido emocionado de que ella se preocupara tanto por él; Se había puesto hecho una furia al ver los moretones en sus piernas por el forcejeo; Y se había puesto colorado al observarla tan detalladamente.

Que ahora la sintiera tan cerca de su persona, con todos sus sentidos en orden, le hizo pensar en cosas nuevas que jamás imaginaría sentir.

Tuvo el deseo de abrazarla, para arrimarla más contra él.

Pero… ¿Acaso no sería abusar de la situación?

¡Le dio igual!

Y la atrajo contra sí, en un abrazo.

Ella había acudido a ayudarle. Al menos, debía agradecérselo.

Esa fue la excusa que se formó en su cabeza para justificar sus acciones.

Cuando la había apegado más a él. Sora se sintió entre confundida y avergonzada, sobre todo, cuando Yamato había arrimado su cabeza contra la suya.

—Gracias, Sora —murmurando suavemente.

Y algo nuevo nació también dentro del corazón de Sora.

FIN


Notas de la autora:

El segundo fic del soratoweek.

En este oneshoot puso como unos cabrones a los miembros de Teenage Wolves jejeje. Aún así, espero que os haya gustado.

'Atori'