Narra Sasuke.

Shikamaru me miraba por encima de la copa mientras disfrutaba de su whisky de centeno.

Seguro que te escuche, Sasuke. Pero ¿qué quieres que haga?

Quiero otro trabajo. Eso es lo que quiero que hagas. Búscame uno.

Soltó la copa con una carcajada seca.

Ya lo hemos discutido. Con tu currículum, puedo conseguirte cualquier trabajo que quieras… menos aquí. Hay dos peces gordos en Konoha y tú trabajas para uno de ellos. Si por fin estás dispuesto a mudarte, dímelo. Tendré ofertas de empleo para ti en cualquier ciudad de las importantes que se te ocurra. La ciudad de la arena está creciendo como la espuma.

Resoplé, irritado.

No quiero mudarme. Me gusta Konoha.

—¿Hay algo que te retenga aquí?

Tamborileé sobre la mesa con los dedos mientras sopesaba la pregunta. No sabía por qué me negaba a mudarme. Me gustaba la ciudad. Me gustaban su cercanía al agua, los restaurantes y los teatros; me gustaba el ajetreo de una gran urbe en una ciudad pequeña y, sobre todo, me gustaba el clima. También había algo más, algo que no terminaba de comprender y que era lo que me retenía. Sabía que podía mudarme; de hecho, parecía la mejor solución, pero no era lo que quería.

—No, nada tangible. Quiero quedarme. ¿Por qué no puedo conseguir un puesto en Hyuga Group? Tendrían que darse con un canto en los dientes por contar conmigo. Mis campañas hablan por sí solas.

Shikamaru carraspeó al tiempo que golpeaba la copa con una uña bien cuidada.

—Lo mismo que tu personalidad.

—Ser directo y exigente funciona en la industria publicitaria, Nara.

No me refiero a eso precisamente, Sasuke.

—¿Y a qué te refieres exactamente, joder?

Shikamaru hizo un gesto para que nos sirvieran otra copa y se acomodó en el asiento, colocándose bien la corbata.

Tu reputación y tu nombre te preceden. Lo de «capullo» te pega bastante. - Levantó un hombro—. Por motivos evidentes.

Me encogí de hombros. Me daba igual cómo me llamara la gente.

Hyuga Group es una empresa familiar. A diferencia de Sannin, dirigen el negocio basándose en dos principios: la familia y la integridad. Son muy selectivos a la hora de elegir clientes.

Resoplé. Sannin Inc. trabajaría para cualquiera. Mientras se pudiera sacar dinero, crearían una campaña… daba igual lo desagradable que fuera para algunos consumidores. Yo lo sabía y me daba igual.

Sabía que Hyuga Group era mucho más selectivo con respecto a sus clientes, pero podía trabajar dentro de sus límites. Orochimaru detestaba Hyuga Group: irme de Sannin Inc. y ponerme a trabajar allí lo cabrearía tanto que me ofrecería ser socio con tal de recuperarme. Incluso podría ofrecérmelo al descubrir que me iba. Tenía que conseguir que sucediera.

Soy capaz de controlarme y trabajar según sus condiciones.

—No se trata solo de eso.

Esperé a que el camarero se marchara tras traernos las copas. Observé a Shikamaru un momento. Estaba relajado y se sentía a gusto consigo mismo, mi dilema no lo preocupaba en absoluto. Extendió las largas piernas, las cruzó con movimientos lentos y empezó a balancear una mientras cogía la copa.

—¿Qué más?

Hiashi Hyūga es un hombre familiar y dirige su empresa de la misma manera. Solo contrata a personal con esos mismos valores. Tu… en fin, tu vida personal no es precisamente lo que él consideraría aceptable.

Agité una mano, ya que sabía a lo que se refería.

Le di la patada a Karin hace unos meses.

Mi ex o lo que fuera copó los titulares con su adicción a las drogas después de caerse de la pasarela durante un desfile porque iba hasta las cejas de alguna sustancia. De todas formas, ya me había hartado de sus exigencias. Le ordené a la señorita Haruno que le mandase flores a la clínica de desintoxicación con una nota en la que le explicaba que lo nuestro había acabado y procedí a bloquear su número. Una semana más tarde, cuando intentó verme, ordené que los de seguridad la sacaran del edificio… Mejor dicho, le ordené a la señorita Haruno que se encargase de esa tarea. Parecía compadecerse de Karin cuando bajó, aunque al volver poco después me aseguró que Karin no volvería a molestarme. A tomar viento fresco.

No se trata solo de Karin, Sasuke. Tienes una reputación. Eres un mujeriego cuando sales del trabajo y un tirano durante el día. Te has ganado la reputación de capullo. Y nada de eso le gusta a Hiashi Hyūga.

Considérame un hombre reformado.

Shikamaru se echó a reír.

Sasuke, no lo pillas. La empresa de Hiashi es muy familiar. Mi novia, Temari, trabaja allí. Sé cómo funcionan. En la vida he visto una empresa parecida.

—Explícamelo.

—Toda su familia está involucrada en el negocio. Su esposa y sus hijos, incluso los cónyuges de estos. Celebran comidas campestres y cenas para el personal y sus familias. Pagan bien, los tratan bien. Sus clientes los adoran. Que te contraten es muy difícil, porque es raro que alguien deje la empresa.

Reflexioné sobre sus palabras. Todo el mundo sabía lo importante que era la familia para Hyuga Group y la escasa rotación de personal que había en la empresa. Orochimaru detestaba a Hiashi Hyuga y todo lo que representaba en el mundo empresarial. Para él, era un mundo feroz y así le gustaba jugar. Cuanto más sangriento, mejor. Hacía muy poco que habíamos perdido dos cuentas gordas, que se habían ido a manos de Hiashi, y Orochimaru se cabreó muchísimo. Aquel día rodaron cabezas… y bastantes. Menos mal que las cuentas no eran mías.

—Total, que mi gozo en un pozo.

Titubeó, me miró y luego clavó la vista por encima del hombro.

—Sé que uno de sus directivos se marcha.

Me incliné hacia delante, interesado en la información.

—¿Por qué?

—Su mujer está enferma. Parece que el pronóstico es bueno, pero ha decidido hacer el cambio por su familia y quedarse en casa.

—¿Es un puesto temporal?

Shikamaru negó con la cabeza.

—Es un ejemplo de la clase de persona que es Hiashi Hyūga. Lo va a jubilar con la pensión completa y con beneficios. Le ha dicho que una vez que su mujer se recupere, les regalará un crucero para celebrarlo.

—¿Cómo te has enterado?

—Temari es su asistente personal.

—En ese caso, necesita un sustituto. Consígueme una entrevista.

Sasuke, ¿no has oído una sola palabra de lo que te he dicho? Hiashi no contratará a alguien como tú.

Lo hará si consigo convencerlo de que no soy lo que cree.

—¿Y cómo lo vas a hacer?

Tú consígueme la entrevista que ya pensaré en algo.

Bebí un buen trago de whisky

—. No se puede enterar nadie de esto, Nara.

Lo sé. Veré lo que puedo hacer, pero te aviso: no va a ser fácil venderle la moto.

Hay una generosa comisión si me consigues el puesto.

—¿Merece la pena para demostrarle a Orochimaru que te irás? ¿Tanto deseas ser socio?

Me pasé la mano por la barbilla con gesto pensativo y me rasqué.

He cambiado de idea.

—¿A qué te refieres?

Orochimaru odia a Hiashi. Nada lo enfurecería más que perderme a manos del enemigo. Sé de unos cuantos clientes que también cambiarían de barco, lo que le echaría sal a la herida. Voy a conseguir que Hiashi Hyūga me contrate, y cuando Orochimaru intente recuperarme, me tocará a mí decir eso de que «las cosas han cambiado».

Pareces muy seguro.

—Ya te lo he dicho, es lo que hace falta en este negocio.

—No tengo muy claro qué es lo que quieres conseguir, pero intentaré meterte en la empresa.

Apretó los labios.

Estudié con su yerno y todavía jugamos al golf juntos. Tenemos pensado reunirnos para jugar un partido la semana que viene. Lo tantearé al respecto.

Asentí con la cabeza mientras la mente me hervía de ideas.

¿Cómo se convencía a un desconocido de que no se era lo que se parecía ser?

Esa era la pregunta del millón.

Solo tenía que encontrar la respuesta.

CONTINUARÁ...