Para todos los que leáis ''El príncipe durmiente de las serpientes'' por primera vez, me gustaría aclarar algunas cosas que pueden chocar en un principio:

- Lo primero: Son muchos personajes los que he ido desarrollando a lo largo de la historia, y lógicamente han ido cambiando y madurando. Es muy probable que algunos de ellos os saquen de quicio al principio, que los detestéis, pero tenían que ser así por ciertos motivos que iréis viendo conforme vayáis avanzando en el fic. Ninguno es perfecto, y todos tienen defectos, como humanos que son. Aparte que tienen 15 años, y a esa edad, la mayoría no tiene, ni si quiera, ni idea de lo que quiere. Quería que esto quedase bien claro antes de que empezarais con la lectura.

- Y lo segundo: que teniendo en cuenta todo el lemon que hay en la historia, me hubiera gustado basarla con ellos con 18 o 19 años, pero si lo hice así, en quinto curso, fue porque también tenía mis motivos. Motivos que, evidentemente, conoceréis al final de la historia.

En cada capítulo puse advertencias en las notas de arriba para avisar sobre escenas con contenido sexual, vocabulario soez y demás… Y nada más.

Que me he apegado lo máximo posible al canon y que en todo momento he respetado la historia original para que fuese lo más creíble posible, rehaciéndola como a mí me hubiera gustado que ocurriese todo. Espero que paséis un rato entretenido. Que éste ha sido mi primer longfic, y para mí ha sido todo un reto llevar tantos personajes hacia delante y que todos hayan llegado a lo que son ahora. Y todos y cada uno de ellos se lleva para siempre un pedacito de mí.

¡Muchos besos!


15/04/2014

Muchas gracias a todos los que me habéis apoyado durante todo este tiempo y muchas gracias por haber hecho que ''El príncipe durmiente de las serpientes'' gane los Dramione Awards 2013, en las categorías:

Mejor Romance

Mejor Comedia

Mejor antagonista: Astoria Greengrass

Mejor Dramione del año

Le he dedicado incontables horas a este fic, pero he disfrutado, me he reído y he sufrido muchísimo escribiéndolo, así que creo que ha merecido la pena. Además, todavía no está terminado. Aún me quedan muchísimas cosas por contar. Sólo puedo decir a los nuevos lectores... espero que os guste y que disfrutéis con la gran aventura que van a vivir todos y cada uno de los personajes. ¡Gracias a todos!

tyna fest


4/02/2013

DISCLAIMER: Todo es de J.K. Rowling (salvo la trama del fic, que me pertenece). Si la historia de Harry Potter fuese mía, ahora mismo estaría bebiendo en las Vegas, disfrutando de la fiesta continua.

ADVERTENCIAS: Mucho sexo. Quedáis avisadas.

Esta historia está orientada en: Quinto curso.

Géneros: Romance, Humor, Friendship, Angst, Drama y Hurt/Comfort.

Espero que os guste.


-El príncipe durmiente de las serpientes- Editado

Las últimas semanas en Hogwarts no habían sido nada fáciles. Umbridge no dejaba de ordenar a Filch que colgase estúpidas y absurdas normas en la pared del vestíbulo y por si fuera poco, Draco Malfoy y sus secuaces estaban más insoportables que nunca.

— ¡No puedo más, Ginny!— exclamó Hermione indignada, desplomándose en el sofá de la sala común— ¡No aguanto más esta situación! ¡No soporto a Malfoy!

La pelirroja suspiró, hastiada.

— ¿Qué ha hecho esta vez?— preguntó— A mí me ha ridiculizado esta mañana en uno de los pasillos delante de todo el mundo. Últimamente está inaguantable.

Repentinamente, la conversación fue interrumpida cuando Lavender Brown entró en la sala común, llorando a moco tendido. Parvati, que justamente bajaba las escaleras del dormitorio de las chicas, no pudo evitar preocuparse.

— ¿Qué ocurre, Lavender?

— ¡Malfoy!— gritó llorando desconsoladamente mientras sacaba un pañuelo de su túnica para limpiarse las lágrimas.

Hermione dio un respingo.

— ¿Qué ha pasado?— inquirió con curiosidad. Lo que faltaba. Parecía que no había sido la única que había tenido problemas con ese maldito engreído.

— Pues... iba andando por el pasillo tranquilamente, de camino a la sala común…— explicó hipando un poco— Me he topado con Cormac McLaggen… Malfoy me ha lanzado el hechizo Confundus y le he tocado el trasero sin querer.

— ¡¿Qué?! ¿Cómo se atreve?— exclamaron las chicas, irritadas.

Cormy no sabe que ha sido por culpa de Malfoy, cree que lo he hecho a propósito y me ha llamado desesperada delante de todos— inmediatamente rompió a llorar y ya no pudo decir nada más.

Hermione puso los ojos en blanco. No soportaba a Lavender. No era de extrañar que Cormac McLaggen hubiera pensado que lo había hecho intencionadamente con lo pesada que era.

— El otro día también se metió conmigo en clase de pociones—. añadió Parvati.

Ginny, rabiosa, miró a Hermione. Evidentemente, no podían seguir por ese camino. Ignorándole no iban a conseguir absolutamente nada.

— Esto no puede seguir así, tenemos que pararle los pies, a él y a sus estúpidos amiguitos—. sugirió la pelirroja.

Parvati inspiró profundamente.

— Tienes razón. Porque Zabini, Crabbe y Goyle tampoco se quedan atrás.

— ¡¿Qué va a pensar la gente de mí a partir de ahora?!— gritó Lavender llevándose las manos al rostro— ¡Todo el mundo creerá que me dedico a tocar traseros por ahí!

Parvati intentó alentarla, palmeándole la espalda.

— Bueno no te preocupes, Lavender. Vamos al Gran Comedor... Comeremos chocolate. Eso te animará.

— ¡No quiero chocolate!— espetó sacando un pequeño espejo de su túnica para asegurarse de que no se le había manchado la cara de rímel— ¡Quiero matar a esas asquerosas serpientes!

— Venga, tranquilízate…—insistió apaciguándola — Vamos a comer, te vendrá bien.

Ginny, al percatarse de que se marchaban, se unió a ellas. No tenía nada mejor que hacer en ese momento.

— Esperadme. Voy con vosotras — dijo acercándose. Luego le dirigió una última mirada a su compañera — Hermione, ¿vienes?

La chica se lo pensó durante unos instantes. ¿Ir… con Lavender y Parvati? Quizá no era tan mala idea, después de todo. Tenía que repasar algunos ejercicios para la clase de pociones del día siguiente, pero se sentía tan sumamente furiosa que sabía a ciencia cierta que no lograría concentrarse del todo. Necesitaba despejarse aunque fuera sólo un poco.

— Vale, está bien—. asintió con desgana, se levantó del sofá y se marchó con las demás al Gran Comedor.


Cuando Lavender hubo engullido compungidamente varias tartas de chocolate, unas cuantas empanadas de calabaza y se hubo recuperado un poco, Parvati la miró a los ojos.

— ¿Estás mejor, Lavender?— preguntó dedicándole una sonrisa.

— Sí... pero sigo enfadada. Si Malfoy ha hecho esto hoy, ¿qué será lo próximo?

Hermione, que hasta el momento se había limitado a observar con aburrimiento como Lavender comía y se desahogaba, despegó los labios para responder pero en ese preciso instante Luna Lovegood apareció por la puerta del Gran Comedor y se sentó junto a ellas en la mesa de Gryffindor, como solía hacer ocasionalmente.

— ¿Qué ocurre?— dijo con aire sonriente, llevándose a los labios un zumo de calabaza.

Ginny bufó.

— Que estamos hartas del comportamiento de Malfoy y sus amigos. Y cada vez va a peor.

Luna se encogió de hombros.

— ¿Y por qué no hacéis algo?— sugirió— Podríais darles una lección.

Hermione resopló. Definitivamente, sus compañeras tenían demasiados pájaros en la cabeza.

— No es tan fácil—. espetó adoptando un tono pedante— Quién sabe lo que podría hacernos Umbridge si se entera de que tocamos a sus queridos alumnos de Slytherin. Y para vuestra información, os recuerdo que tiene Hogwarts muy controlado.

Parvati y Lavender se vinieron abajo.

— Es verdad—. suspiró Parvati desanimada.

Sin embargo, un montón de ideas espantosas pasaron por la mente de Ginny a la velocidad del rayo. Ella quería venganza a toda costa. No iba a rendirse tan fácilmente, sólo con escuchar las pesimistas palabras de Hermione.

— Ojalá pudiéramos entrar en la sala común de Slytherin y darles una lección mientras duermen—. murmuró con anhelo— Aunque… en realidad, es imposible… ni siquiera sabemos la contraseña.

Luna sonrió.

— Yo sí la sé.

De pronto, se hizo el silencio.

— ¡¿Qué?! — exclamaron todas con estupor centrando toda la atención en la chica. Luna dio otro sorbo a su zumo de calabaza, como si nada.

— ¿Cómo demonios la has averiguado? — hasta Hermione debía admitir que estaba realmente sorprendida.

— Hace dos días, cuando salí de clase de Defensa contra las Artes Oscuras, en uno de los pasillos, vi a Theodore Nott hablando con Pansy Parkinson. Al parecer, habían cambiado la contraseña y ella no lo sabía. Él se la dijo discretamente al oído y bueno… la escuché. Yo sólo estaba fijándome en los torposoplos que Theodore tenía sobre la cabeza y…— respondió esbozando una sonrisa inocente.

Silencio.

— Oh, dila de una vez, ¿cuál es la contraseña?— Lavender, impaciente, aporreó la mesa con la palma de la mano.

Luna soltó una suave risa.

— Al parecer antes era Sangre Pura y ahora es Serpiente Venenosa, ¿sabéis?— explicó en voz baja.

La expresión de Parvati cambió en ese momento.

— Genial—. dijo sonriendo de forma perversa.

Ginny, que empezaba a sentirse contagiada por el pesimismo de Hermione, exhaló con desánimo.

— De todas formas es una locura—. comentó desmoralizando a las demás— Eh, no me miréis así. Tenemos que ser realistas. Seguramente nos pillaría Filch o la señora Norris… o Snape que a veces ronda por los pasillos durante la noche. Nos descubrirían enseguida. Aunque por otra parte, me da rabia porque si pudiésemos llegar de alguna forma hasta su habitación sería… sería… sería increíble.

Hermione tuvo una idea repentina en ese momento. Pero no. Era una auténtica barbaridad e irresponsabilidad. Lo que estaba tramando significaría tener que mentir a Harry y a Ron. Traicionarles de algún modo. Además, sabía con certeza lo cotillas que eran Lavender y Parvati, que no podían guardar un secreto con facilidad. ¿Iba a ser tan egoísta como para arriesgarse y satisfacer por una vez sus propios deseos?

Observó a sus compañeras de nuevo. Ginny había apoyado el rostro en un puño cerrado dándolo todo por perdido, Lavender y Parvati estaban deprimidas, Luna había dejado de canturrear…

Suspiró.

En realidad debía admitir que llevaba mucho tiempo soportando a Malfoy. Demasiado. Aguantando insulto tras insulto, limitándose únicamente a ignorarle durante los últimos años. Pero había llegado al límite.

— Hay una forma — confesó repentinamente. ¡Por Merlín! ¡Harry y Ron nunca se lo perdonarían! Se arrepentiría. Estaba segura de ello— Con el mapa del merodeador podremos evitar a Filch y a cualquiera.

Inmediatamente, la expresión de todas cambió. Hermione apretó los dientes. Maldita sea. ¿En qué demonios estaba pensando?

— ¿Mapa del merodeador?— Lavender, Parvati y Luna se miraron, sin tener ni idea de lo que estaba hablando. Ginny, en cambio, ya sabía de su existencia porque su hermano Ron le había mencionado algo durante las vacaciones.

Hermione se puso muy nerviosa y comenzó a soltar las palabras atropelladamente. Tenía la sensación de que si no lo hacía, acabaría echándose atrás.

— Sí, es un mapa que tiene Harry y… te indica la ubicación de cualquier persona en Hogwarts— explicó sintiéndose fatal por desvelar el secreto así que rápidamente añadió:— ¡Pero me tenéis que jurar que no vais a contarlo! ¡Lavender! ¡Parvati! ¡Lo digo sobre todo por vosotras! ¡Harry y Ron no me lo perdonarían si saben que os lo he dicho! ¡Precisamente a vosotras!

Lavender se sintió un poco ofendida pero lo dejó pasar y asintió. No era un secreto que considerase demasiado interesante de todas formas y además, lo que realmente le importaba ahora era llegar como fuese a la habitación de Malfoy. Parvati hizo un mohín con los labios, dando a entender que no iba a abrir la boca.

Hermione suspiró, algo aliviada.

— ¡Perfecto!— Ginny no cabía en sí de alegría.

— ¿Entonces cómo lo hacemos?— preguntó Parvati confusa.

Luna carraspeó y dejó el zumo de calabaza sobre la mesa.

— ¿Puedo ir con vosotras?— intervino, afablemente.

Ginny sonrió.

— ¡Claro!

— Nunca me ha caído bien Malfoy, ¿sabéis?— explicó Luna— Así que me apunto.

— Bien, ¿qué os parece si quedamos con ella a las una de la madrugada en las escaleras, junto al retrato de la Dama Gorda?— sugirió Parvati.

— Os recuerdo que Luna vendría sola, sin mapa—. puntualizó Hermione — Podrían pillarla.

Ginny chasqueó los dedos.

— ¡Ya sé! ¡La capa de invisibilidad!

— ¿Cómo? ¿Qué capa?— el radar de Lavender se puso en marcha pero no obtuvo respuesta.

Hermione fulminó a Ginny con la mirada por haber revelado ese detalle. No obstante, lo pensó con calma y se dio cuenta de que sin la capa de invisibilidad Luna no llegaría a la Torre de Gryffindor porque la interceptarían antes, así que lo dejó pasar. Total, ella ya había soltado a los cuatro vientos lo del mapa del merodeador. Definitivamente, Harry y Ron no se lo perdonarían nunca.

— De todas formas, hay un problema. Y es que no puedo pedir el mapa y la capa a Harry—. explicó con fastidio— Se supone que vosotras no sabéis de su existencia. Aunque vaya yo sola y le diga que la necesito, va a sospechar que tramo algo y por otra parte, Ronald probablemente querrá apuntarse a una visita nocturna a la sala común de Slytherin. En serio, estoy empezando a darme cuenta de que todo esto es una estupidez. Nos vamos a meter en un lío.

Lavender hizo aspavientos con la mano, intentando ignorar sus últimas palabras. No iba a echarse atrás ahora.

— ¿Y qué te parece si nosotras les despistamos y tú entras en su dormitorio?— propuso— ¡Vamos, no seas aguafiestas! ¡Si lo planeamos bien, podemos conseguirlo!

Hermione se mantuvo en silencio. Lavender la miraba con expresión suplicante. Ginny y Parvati no dejaban de rogar— Por favor, por favor, por favor— Luna, en cambio, sonreía esperanzada.

Cansada, exhaló lentamente. Si se ponían así, no iba tener más remedio.


Cuando regresaron a la Torre de Gryffindor, vieron que Harry y Ron estaban charlando tranquilamente sentados en el sofá junto a la cálida chimenea, mitigando el frío de la noche. Luna, por su parte, se había ido a su sala común para esperar a que fuesen las nueve-hora a la que había quedado con Hermione para que le diese la capa y así poder bajar a la una de la madrugada sin problemas.

Ginny y Parvati, aprovechando que Harry y Ron estaban algo distraídos, se acercaron, comenzaron a hacerles todo tipo de preguntas y los entretuvieron para que no se dieran cuenta de que Hermione subía sigilosamente al dormitorio de los chicos. Por suerte, Dean, Seamus y Neville se habían ido el Gran Comedor así que la habitación se encontraba ausente de hormonas masculinas. Hermione suspiró, algo aliviada y una vez que cogió lo que quería del equipaje de Harry, salió de la habitación rápidamente y cerró la puerta sin hacer ningún ruido. Acto seguido, fue al dormitorio de las chicas, puso la capa y el mapa debajo de su cama y más tarde bajó a la sala común.

— ¿Lo has conseguido?— preguntó Ginny expectante al verla bajando las escaleras.

— Sí, todo está listo—. Hermione caminó hacia las chicas, algo tensa, porque sus amigos seguían allí. Ni siquiera pudo mirarles a la cara de lo culpable que se sentía. Como si acabase de cometer un asesinato.

Harry y Ron se miraron extrañados al ver el comportamiento tan inusual de Hermione. ¿Conseguido? ¿Que todo estaba listo? ¿De qué estaban hablando? Tenían bastante curiosidad pero inmediatamente pensaron que aquello, seguramente, se trataba de alguna tontería de chicas que no tenía nada de interesante así que no le dieron importancia.

Qué equivocados estaban.


Cuando sólo faltaban cinco minutos para la una, Lavender se levantó emocionadísima, se acercó a la cama de Hermione y la zarandeó bruscamente.

— ¡Ya es la hora! ¡Despierta!

Hermione abrió los ojos, con el corazón latiendo a mil por hora. Se había acostado sobre las once y no había conseguido pegar ojo. No había dejado de dar vueltas en la cama durante todo el tiempo, agobiada. Pensando en lo arriesgado que era el plan que iban a llevar cabo. Preguntándose si Harry ya se habría dado cuenta de que habían desaparecido la capa y el mapa.

Parvati, somnolienta y frotándose los ojos, se levantó y se acercó a ellas. Ginny también estaba despierta y permanecía de pie junto a la puerta abierta del dormitorio, instándolas a que se diesen prisa.

— ¿Le llevaste la capa a Luna? — preguntó Parvati a Hermione.

— Sí, Hermione ya se la dio…— respondió Ginny por ella, con impaciencia— Ya es casi la una, deberíamos bajar.

Todas estaban despeinadas, en pijama, pero aquello era lo que menos importaba en ese momento. No iban a un desfile de moda, así que no tenía mucho sentido que se arreglasen a esas horas. Eso sí, Lavender no lo veía de la misma forma y había comenzado a ponerse colorete en las mejillas.

— ¡Oh, por favor! ¡Deja eso de una maldita vez! –Hermione, muy estresada, cogió el mapa del merodeador de debajo de la cama y le arrebató el colorete a Lavender violentamente, arrojándolo hacia otro extremo de la habitación. Aún no comprendía qué hacía relacionándose con ella— ¡Vamos!

Lavender hizo un gesto de reproche pero finalmente la siguió.

Cuando las chicas atravesaron el retrato de la Dama Gorda, Luna ya estaba allí plantada, con un pijama bastante peculiar, de rayas multicolor, muy extravagante y llevaba, como no, sus pendientes de rábanos a juego.

— Qué puntualidad—. susurró Hermione— Bueno, vamos allá—. alzó la varita para señalar el pergamino— Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas—. murmuró e inmediatamente aparecieron los nombres de las personas que se encontraban en Hogwarts.

— ¡Oh, oh! ¡ !Pero qué maravilla!— se emocionó Lavender pero al ver que Hermione la fulminaba con la mirada, carraspeó e intentó centrarse— Vale, vale. Busca a Filch o a Snape.

Hermione asintió y deslizó la mirada por el mapa hasta encontrarles.

— Filch y la señora Norris están cerca de la biblioteca y Snape por el tercer piso—. comentó escudriñando con mucha atención el resto del mapa— Parece que Umbridge está durmiendo, así que todo despejado por ahora.

— ¿Creéis que Malfoy y los demás estarán dormidos? — preguntó Parvati con cierta preocupación.

— Supongo que sí, ¿no?— sonrió Luna— En el mapa aparecen en su dormitorio.

Las demás asintieron y continuaron con el plan sin decir ni una sola palabra más. Después de un rato vagando sigilosamente por los fríos pasillos del castillo, al fin consiguieron llegar a las mazmorras sin ser vistas.

— La sala común de Slytherin tiene que estar por aquí—. susurró Lavender, temblando como un flan.

— ¡Mirad! ¡Ahí!— exclamó Ginny en voz baja— ¡Ahí está!

Al fondo del oscuro y húmedo pasillo se encontraba la entrada a la sala común de Slytherin. Las chicas se armaron de valor y sabiendo que ya no podían dar marcha atrás, se acercaron y murmuraron la contraseña.

Serpiente venenosa—. la puerta se abrió dando lugar a un oscuro y largo pasillo que conducía a la sala común. Cuando entraron sintieron un profundo escalofrío.

El verde color de Slytherin predominaba en la sala. Unos elegantes sofás de cuero se encontraban en el centro, junto a la chimenea. Los estandartes con la insignia de la serpiente se alzaban insolentes sobre las estanterías repletas de libros y se podía ver el Lago Negro a través de unos grandes ventanales que bordeaban la estancia. Sin embargo, aquel lugar no resultaba acogedor y cálido como la sala común de Gryffindor. Era más bien, un nido de serpientes.

— Este sitio me da grima—. murmuró Parvati estremeciéndose de pies a cabeza. Si todo salía bien, nunca más volvería a entrar allí— Es…abrumador.

—Terminemos con esto de una vez—. dijo Hermione acercándose a una de las puertas de los dormitorios, no sin antes comprobar el mapa para averiguar en cuál estaba Draco Malfoy. Debían apresurarse. No tenían mucho tiempo.

El resto tiritaba de miedo, pensando en qué sucedería si Malfoy y sus secuaces se despertaban. Desde luego... nada bueno.

Hermione, haciendo un gran esfuerzo por no dejarse amedrentar, abrió muy lentamente la puerta, procurando hacer el menor ruido posible y se quedó inmóvil. Tenía ganas de marcharse, salir corriendo... pero ya había llegado demasiado lejos. No podía ser una cobarde.

No ahora.

Conteniendo el aliento, observó la habitación en penumbra y entró, seguida de las demás.

Allí estaban.

Malfoy, Crabbe, Goyle, Zabini y Nott, durmiendo plácidamente. Y aunque las Gryffindor hubieran hecho algún tipo de ruido, los Slytherin ni siquiera se habrían inmutado porque los ronquidos de Crabbe y Goyle eran tan fuertes que impedían que se escuchase cualquier otra cosa.

— Vamos—. dijo Hermione con el corazón en un puño— A mí dejadme a Malfoy. Quiero encargarme de él.

Las demás eligieron, cada una, una víctima al azar.

Ginny se situó junto a la cama donde dormía Blaise Zabini y lo miró por unos momentos, dubitativa. ¿Qué le hacía? Cuando estuvo totalmente segura susurró un hechizo.

Multicorfo—. y rápidamente el tono oscuro de la piel de Blaise pasó a ser de un intenso azul y rojo chillón.

Lavender y Parvati tuvieron que taparse la boca para no estallar en carcajadas. Luna Lovegood, en cambio, parecía estar más relajada que el profesor de una clase de yoga.

Parvati se aproximó a la cama de Gregory Goyle y después de pensar durante unos instantes, lanzó otro hechizo.

Vegecio—. murmuró e inmediatamente al Slytherin le nació una barba kilométrica al estilo Dumbledore.

Lavender casi se cayó al suelo de la risa al ver a Goyle con esa barba, propia de un viejete ochentero. Tuvo que respirar lenta y profundamente para calmarse.

— Me toca—. repuso después de serenarse y se acercó a la cama de Crabbe— Inflatus —. y si el chico ya estaba rellenito de por sí, en ese instante parecía una ballena. La cama crujió bajo tanto peso pero Crabbe siguió durmiendo como un tronco. Por un momento las chicas se asustaron al ver que su cuerpo comenzaba a flotar y a darse golpes contra el techo pero él ni se inmutó.

— Venga, Luna—. la urgió Parvati propinándole un suave empujón. La Ravenclaw se acercó a la cama de Theodore Nott y alzó su varita rápidamente. No le caía mal aquel chico, así que decidió no ser demasiado cruel con él.

Epoximise—. y aunque parecía no notarse nada raro a simple vista en el cuerpo de Nott, su espalda quedó totalmente pegada a la cama, por lo que cuando intentase levantarse por la mañana, le resultaría imposible.

— Sólo quedas tú, Hermione—. susurró Luna acercándose a ella.

Hermione tragó saliva. Había llegado el momento. Estaba aterrorizada pero al mismo tiempo, excitada. Por fin.

Por fin.

Lentamente, se aproximó a la cama donde dormía Malfoy y lo observó de arriba abajo con detenimiento. No parecía el mismo imbécil y arrogante que solía ser, sino un chico normal. Y si no lo hubiera conocido y detestado tanto, podría haber admitido que hasta le resultaba atractivo en ese momento.

Draco se movió y soltó un pequeño gemido provocando que Hermione sintiese como una corriente eléctrica la atravesaba. Instintivamente, se acercó un poco más y vio que tenía los primeros botones del pijama desabrochados, mostrando de esa forma su pálida piel. Su fino cabello caía sobre su rostro cubriéndole un poco los ojos, sus labios estaban ligeramente entreabiertos y su respiración era cálida.

Tranquila.

Hermione pensó una y mil veces cuál iba a ser el hechizo que iba a lanzarle pero aquella imagen de Malfoy la había dejado tan anonadada que era incapaz de concentrarse. Ver al príncipe durmiente de las serpientes de forma tan tentadora y al mismo tiempo, tan vulnerable, le había cortado la respiración.

Tuvo que parpadear un par de veces para salir de su ensimismamiento.

Y justo entonces, recordó lo que sucedió en cuarto curso, cuando él le lanzó aquel desagradable hechizo con el que sus dientes crecieron considerablemente. Era la oportunidad perfecta para devolverle la jugada pero en el instante en que fue a murmurar el maleficio, Luna la interrumpió.

— ¡Hermione! ¡Mira el mapa! —susurró acercándose a ella—¡Pansy se ha levantado!

— ¿Qué?— el terror la embargó de inmediato. Hecha un manojo de nervios y con manos temblorosas, cogió el mapa y lo guardó en el bolsillo de su pijama.

— Tenemos que irnos antes de que salga de su dormitorio—. la advirtió Ginny con apremio.

Las demás salieron rápidamente de la habitación pero Hermione seguía plantada en el mismo sitio como una estatua, sin la menor intención de moverse. Ginny la agarró del brazo para sacarla de allí.

Hermione la apartó con brusquedad. No. Ahora no. No iba a tener otra oportunidad como esa. La estúpida de Parkinson no se lo iba a fastidiar todo.

— Maldita sea, Ginny. Quiero lanzarle un hechizo…— ambas comenzaron a forcejear y a Hermione se le cayó la varita al suelo.

Ginny, asustada, la soltó.

— Te esperamos fuera de la sala común. Corre—. musitó y se esfumó por la puerta.

Hermione, casi dominada por el pánico, se agachó para recoger su varita y cuando la recuperó, se levantó y miró una vez más a Malfoy, con odio y rencor. Blaise Zabini, ante tanto alboroto, se removió en su cama y Hermione masculló por lo bajo. La acabarían pillando si seguía allí...¿Y si la expulsaban de Hogwarts? ¡No! Tenía que marcharse. No iba a poder desahogarse, después de todo.

— Tienes suerte, Malfoy. Por esta vez no vas a recibir tu merecido—. frunció el ceño y se giró rápidamente sobre sus talones pero no pudo avanzar ni un paso porque una mano gélida como el hielo la cogió del brazo y tiró fuertemente de ella haciendo que perdiese el equilibrio.

No...

No.

NO.

Hermione palideció y sintió como el corazón se le paraba al caer sobre Draco Malfoy.

— ¿Realmente creías que estaba durmiendo, Granger?— siseó en voz baja en un tono bastante desagradable, haciendo que ella se estremeciese.

Hermione, en un impulso, intentó ponerse en pie pero Malfoy siguió sujetándola con fuerza por lo que cuando por fin logró incorporarse, él volvió a tirar de ella bruscamente y de nuevo, cayó en sus brazos.

— Mis compañeros son tan retrasados que no se despertarían ni aunque asaltasen el castillo, pero yo no soy imbécil, sangre sucia—. susurró acercándose a su oído y rozándolo con sus labios.

— Suéltame, Malfoy—. espetó sin dejar de forcejear.

— Podría informar Granger, podría avisar a Umbridge. Imagínatelo. Te expulsarían. Podría incluso inventarme la historia de que te has colado en mi habitación porque necesitabas follar y como, evidentemente, yo no quería hacer nada contigo, te has vuelto jodidamente loca y al final has abusado de mí y del resto. Porque claro. Tantos años de celibato junto al cara cortada y el pobretón de Weasel habían comenzado a afectarte y necesitabas saciarte de algún modo.— musitó sin apartar los labios de su oído.

— Eres un cabrón.

—... pero, ¿sabes qué, Granger? Creo que no voy a hacerlo. A cambio de…

— ¿A cambio de qué, Malfoy?— escupió, queriendo aparentar que no estaba asustada. Jamás lo había tenido tan cerca y notar la suavidad de su boca rozando el lóbulo de su oreja le erizaba el cabello de la nuca.

Malfoy se acercó a sus labios.

— A cambio de... esto—. susurró con desdén y acortó la poca distancia que los separaba fundiendo sus labios con los suyos.

Hermione no pudo reaccionar. En un principio se resistió y apretó fuertemente los labios negándose, rechazando aquel contacto.

''No, no, no. ¿Por qué? ¿Acaso estaba burlándose de ella? ¿Era otra de sus patrañas?''— aquello era en lo único que podía pensar porque… ¿qué lógica había en que Malfoy quisiese besarla? Ninguna. No tenía sentido.

Aún así, poco a poco fue bajando los párpados y entreabrió los labios con reticencia porque pensó…

…pensó que Malfoy no diría nada si cedía y dejaba que la besara.

Sin embargo, conforme él fue profundizando el beso, dando paso a su lengua y mordiéndole sutilmente el labio inferior, Hermione comenzó a sentir algo que no había experimentado nunca. Sabía que Pansy estaba por los alrededores, que era probable que entrase en la habitación y que sus amigas estarían preguntándose qué narices estaba haciendo y por qué se entretenía tanto. Pero todos esos pensamientos se esfumaron al notar los brazos de Malfoy rodeándola.

Draco gruñó molesto, pero continuó besándola, comenzando a deslizar los labios por su rostro, siguiendo el recorrido hasta su cuello, donde empezó a tirar pequeños mordiscos. Joder. No debía. No quería. Y no entendía por qué narices la estaba besando pero tenía ganas de hacerlo desde que sabía que ella había entrado en su habitación en pijama para plantarle cara. Sin Weasel. Y sin el estúpido de Potter.

Sólo ella.

Todo aquello, inexplicablemente, le producía demasiada excitación. Como si se tratase de una fantasía prohibida que nunca podría experimentar de nuevo. Así que furioso y ansioso al mismo tiempo, volvió a acercar los labios a los suyos resbalando la lengua en su boca, jugando con la suya durante unos instantes y deslizó desesperadamente las manos por su cuerpo, palpándolo, hasta posarlas en su trasero y apretarlo suavemente.

Cuando lo hizo, Hermione gimió levemente provocando que él perdiese el control. Malfoy, muy despacio, apartó la boca de la suya, la miró intensamente y alzó una mano para rozar con el pulgar su labio inferior humedecido, dejándola completamente encendida.

Después de unos segundos, Hermione por fin consiguió reaccionar y se levantó rápidamente desviando la mirada hacia otro lugar porque ni siquiera podía mirarle directamente a los ojos de lo culpable que se sentía. Sólo podía pensar en Harry y Ron. Lo decepcionados que estarían. Nunca se lo perdonarían si descubrían lo que había hecho. Lo que había sentido. No entendía qué era lo que estaba ocurriendo y aunque lo intentase, se veía incapaz de enfrentarse a él en ese momento. Draco Malfoy le había arrebatado su primer beso y lo peor de todo era que a ella…

…le había gustado.

Tenía que salir de allí cuanto antes pero supo con toda certeza que a partir de ese momento todo iba a ser diferente. Que todo iba a cambiar.

Con rapidez, metió la varita en el bolsillo de su ridículo pijama azul celeste con animalitos y se apresuró a marcharse de la habitación antes de que Pansy apareciese.

—Granger, Granger—. canturreó Draco haciendo que Hermione se parase en seco y se girara para mirarle una última vez, agitada.

— Qué— jadeó con voz entrecortada al verle tumbado de una manera claramente provocativa usando sus brazos de almohada.

— Sigo esperando. ¿No vas a lanzarme ningún hechizo?— dijo taladrándola con la mirada, esbozando una cínica sonrisa— Ah, ¿o es que acaso no has tenido suficiente, Granger? ¿Quieres más?

Hermione se quedó boquiabierta y tuvo que hacer un esfuerzo por controlar la cólera que amenazaba con dominarla. Pero ya no se veía con fuerzas para enfrentarse a él. Por una vez Draco Malfoy había ganado la batalla.

— Ni en tus sueños más profundos, Malfoy—. escupió furiosa, totalmente sonrojada y se esfumó de la habitación.

Draco se removió entre las sábanas y sonrió satisfecho en cuanto ella cerró la puerta del dormitorio, pero al pasarse la punta de la lengua por el labio inferior, notando un intenso hormigueo, se sintió furioso — ''¿Pero qué cojones he hecho?'' Cabreado, observó cómo habían terminado sus compañeros. Por suerte, él no había acabado como uno de ellos. ''La cara que pondrán estos imbéciles cuando despierten por la mañana''— pensó en un vano intento de olvidar el error que acababa de cometer.

Mientras tanto... Por alguna razón, Pansy había ido a la sala común pero había vuelto a su dormitorio, por lo que Hermione no se cruzó con ella. Una vez consiguió salir de allí, vio que sus compañeras la estaban esperando en el frío pasillo, muy preocupadas.

— ¿Por qué has tardado tanto, Hermione?— preguntó Ginny congelada, sin dejar de frotarse los brazos— ¡Pensábamos que te habían pillado! No sabíamos qué hacer.

— ¡Es verdad! ¿Qué ha pasado?— añadió Parvati arrebatándole el mapa a Hermione y lo miró para ver si corrían peligro— Snape está bajando en dirección a las mazmorras. ¡Debemos darnos prisa!

Hermione no dejaba de tiritar.

— Lo siento, no quería que Parkinson me v-viese—. tartamudeó muy nerviosa— Estaba rondando por la sala común y he tenido que esperar a que volviese a s- su dormitorio.

Y era cierto, pero omitió la parte del maldito arrebato pasional. Por suerte, ella se había quedado con el mapa del merodeador y las demás no habían visto lo que estaba sucediendo en la habitación de Slytherin pero aún así, tenía la sensación de que la descubrirían de un momento a otro. El pánico corría por sus venas y aún sentía el roce de los labios de Malfoy sobre los suyos.

Quemaban.

Quemaban demasiado.

Todas se apresuraron antes de que Snape llegara a las mazmorras y después de varios rodeos para esquivar a Filch y la señora Norris, finalmente regresaron a la Torre de Gryffindor.

— No creo que me haga falta la capa, ¿sabéis?— dijo Luna devolviéndosela a Hermione cuando por fin llegaron a la entrada de la sala común de Gryffindor— Snape y Filch están lejos de la sala común de Ravenclaw así que no tendré problemas para volver.

— Vale, pero ten cuidado—. la advirtió Hermione haciendo un gran esfuerzo por olvidar lo sucedido.

Parvati y Lavender por su parte, se acercaron al retrato de la Dama Gorda y Ginny fue la que dijo la contraseña.

— ¡Mimbulus Mimbletonia!

— ¡¿Qué horas de llegar son éstas?! — exclamó la mujer, furiosa.

Ginny tragó saliva y decidió improvisar. Lo mejor sería halagarla. Era su punto débil.

— ¡Cuánto lo sentimos, de verdad! ¡No hemos sido conscientes de la hora que es! No digas nada por favor… no volverá a suceder. ¡Ah! ¿Sabes que cantas muy bien?— dijo con mirada suplicante.

La Dama Gorda entrecerró los ojos.

— Está bien, está bien—. concedió de mala gana— ¡Pero sólo por esta vez! ¡Pasad, aprisa! ¡Pasad!— el retrato se balanceó hacia delante y las chicas entraron fugazmente.

Hermione, en cambio, continuaba en el pasillo con Luna Lovegood.

— Por cierto, Hermione—. dijo la chica antes de que se fuese a su habitación— Tienes algo en el cuello. Deberías tener cuidado de que no lo vea nadie, ¿sabes?

Hermione palideció y sintió como el mundo se le venía encima.

— Yo… Luna, yo…— No se había visto el cuello pero imaginaba lo que era. Malfoy le había besado intensamente esa zona por lo que seguramente tendría… una marca
Nos vemos mañana.

Nerviosa, hundió los dedos en su cabello alborotado para ponérselo de tal forma que disimulase la prueba del delito, no dijo ni una palabra más a Luna y atravesó rápidamente el retrato de la Dama Gorda.

Cuando llegó a su habitación, Ginny, Lavender y Parvati ya se habían acostado y cuchicheaban en voz baja, emocionadas porque llegase el día siguiente, así que Hermione, aliviada, lanzó la capa de invisibilidad sobre su equipaje. Ya pensaría en cómo llevarla al día siguiente junto con el mapa a la habitación de Harry. Ahora había algo que la preocupaba mucho más. Enfadada, se tumbó en la cama e inspiró profundamente, intentando olvidar el beso de Draco Malfoy, deseando no recordar nada de lo sucedido cuando despertase, si es que lograba dormir algo. Finalmente metió la mano en el bolsillo de su pijama para sacar la varita y señaló el mapa del merodeador.

—Travesura Realizada.

Pero la travesura acababa de comenzar.


NOTA: En los libros de Harry Potter, Ginny Weasley no dormía en la misma habitación que Hermione y las demás (por ser de un curso inferior), pero en esta historia sí. Fay Dunbar y su amiga eran las que compartían dormitorio con las chicas.