¡Hello! He vuelto con el segundo cap! :D

Como dije en un principio, esto iba a ser un one-shot pero me gustó tanto que al final va a convertirse en algo más que un capítulo. No sé si llegará a ser un fic largo o no, pero voy a intentar hacer lo que pueda y sobre todo que sea divertido. Todo depende de mis musas y mi inspiración, así que espero que me acompañen durante mucho tiempo :D La verdad es que me lo estoy pasando bomba escribiendo este fic y tengo algunas cosas en mente que van a ser muy graciosas ^^ Espero que os guste tanto como a mí. En segundo lugar: me gustaría daros las gracias a todas por vuestros reviews. No sabéis la ilusión que me hizo :D Os contesté a casi todas por mensaje privado. Espero que os haya llegado, porque la verdad es que en estos momentos tengo el ordenador un poco loco (necesita ya un formateo el pobre xDD), pero a las que no estaban registradas y no pude contestarles lo pongo por aquí:

Daniela: cuando me dijiste lo de los merodeadores me hizo mucha gracia porque a mí también me recordaron totalmente. Que malas que han sido las chicas jajajajajaj espero que te guste este cap. :)

Athenea: seguí tu consejo y también lo colgué en fan fic, aunque allí me meto menos que aquí, pero también lo iré publicando. Gracias por avisarme de lo de Nott, fue un fallo tonto producido por el cansancio u.u ( eso me pasa por ponerme a escribir a medianoche xDDD) espero que te guste el resto y me vayas dejando tu opinión! :D

Akane-sama: me alegra que te haya gustado y aquí estoy de vuelta como prometí! Vais a tener Draquito para rato :D jajajaaaja un beso!

Rosyr: he vuelto continuando como querías :D espero que este capítulo te guste tanto como el anterior! Un beso fuerte!

Emma Felton: sabía que te gustaría! Es muy diferente a la otra historia que estoy escribiendo, ( en la otra van a tardar un poquito más en suceder cosas) pero en esta va a arder Troya… aviso de antemano ajajajajajaj espero que te guste el cap :D

...y por último… ¡Os dejo con la lectura! ;)


-El despertar de las serpientes- Editado

Hermione no había conseguido conciliar el sueño en toda la noche. Le había resultado imposible quitarse de la cabeza el beso de Malfoy, pero después de haberle dado muchas vueltas había llegado a la conclusión de que lo mejor era olvidarlo. Eso se había dicho a sí misma hacía cinco minutos, pero no podía hacerlo.

'' ¿Por qué demonios me besó? Y peor aún… ¡¿Por qué dejé que lo hiciese?! ''se preguntaba una y otra vez, notando un fuerte e insoportable dolor de cabeza— ¡Hermione, eres una estúpida!

— Hermione, ¿ya estás despierta? — preguntó Lavender acercándose a su cama y sentándose en el mullido colchón.

Hermione se tensó. Se sentía constantemente acorralada, se veía forzada a estar continuamente a la defensiva... porque tenía la sensación de que en cualquier momento alguien le iba a decir que sabía lo que ella había hecho.

— Sí, bueno, Lavender… no he dormido muy bien— contestó colocándose el pelo de tal forma que Brown no descubriese el chupetón. No debía verlo bajo ninguna circunstancia.

La chica se encogió de hombros.

— Yo tampoco… no dejo de pensar en cómo reaccionarán los estúpidos de Slytherin cuando se despierten— sus ojos brillaban con malicia — Seguramente se volverán locos, y lo mejor... no sabrán que hemos sido nosotras.

Hermione se quedó sin respiración. Malfoy sí lo sabía y aunque no dijese nada a Umbridge, era probable que sí lo contara a sus compañeros.

Lavender frunció el ceño en ese momento, insatisfecha.

— Lo que me fastidia es que al imbécil de Malfoy no le hicimos nada— añadió irrumpiendo en sus pensamientos— Pero esto no va a quedar así, tenemos que prepararle algo. No se va a ir de rositas.

Ginny Weasley se despertó al escuchar la charla entre sus compañeras.

— Deberíamos ir a desayunar— interrumpió acercándose a ellas, muerta de sueño. Por si fuera poco, estaba hambrienta.

— Yo tengo que dejar las cosas en el cuarto de Harry antes de que sea demasiado tarde y se dé cuenta de que han desaparecido— suspiró Hermione incorporándose para levantarse de la cama. Luego murmuró el hechizo del mapa del merodeador para cerciorarse de si sus amigos seguían en su habitación, pero afortunadamente todos los chicos de Gryffindor ya estaban en el Gran Comedor, así que aprovechó ese instante para devolver los objetos que había tomado prestados.

—Bajad vosotras a desayunar— respondió recogiendo la capa de su equipaje— Yo iré en cuanto deje esto y me vista.

— Está bien— contestó Lavender acercándose a la cama de Parvati para despertarla de un susto. Era la única forma de que su amiga se levantase de una vez.

Hermione se dirigió al cuarto de los chicos pensando en todo lo que había ocurrido la noche anterior. No solía llevarse muy bien con Lavender y tampoco es que tuviera mucha afinidad con Ginny, Parvati o Luna, pero aquella broma nocturna, de algún modo, las había unido. Como si todo aquello hubiera conseguido que una fuerte alianza comenzara a formarse entre ellas.

Una vez dejó las pertenencias de Harry en su lugar, regresó al dormitorio de las chicas para vestirse. Después de rebuscar largo rato en su baúl, se decidió y se puso un pañuelo granate en el cuello para poder tapar el chupetón y luego bajó a desayunar antes de ir a la clase de pociones, aunque...para qué iba a engañarse... ni siquiera tenía apetito.

Deseaba fervientemente no volver a ver a Draco Malfoy nunca más, no cruzarse con él por los pasillos, no encontrárselo en clase... pero sabía que tarde o temprano iba a tener que enfrentarse a él.

Le gustase o no.

Y tenía que estar preparada.


— ¡AHHHHHHH! — gritó Goyle al despertar y ver que tenía una barba tan larga que casi se la pisaba.

Aparentemente, no era el único que estaba alterado.

— ¡¿Qué cojones ha pasado?! — bramó Blaise, completamente histérico, frotándose con desesperación los brazos para ver si aquellos colores que tenía por todo el cuerpo eran pintura y desaparecían.

Theodore, frustrado, intentó levantarse de nuevo pero fue incapaz. Se volvía a caer una y otra vez en el colchón.

— ¡¿Quién ha entrado aquí?! — dijo Crabbe flotando por toda la habitación y chocándose con las frías paredes como si fuese una pelota de playa— ¡Socorro!

Draco, permanecía tumbado en su cama, de brazos cruzados y tuvo que morderse la lengua de la risa al ver aquella escena tan surrealista, aunque...

...en su interior se sentía furioso.

Colérico.

Había sido débil. Había perdido el control. Se suponía que odiaba a la sangre sucia y la noche anterior no lo había demostrado en absoluto. La había tocado. La había besado. Y si hubiera seguido, quizás... quizás... Apretó los ojos, deseando olvidarlo todo, avergonzado y decepcionado consigo mismo. Era como si una fuerza superior se hubiera apoderado de él y lo hubiese controlado por completo. No se reconocía.

Sin embargo, su voz interior trataba de consolarle, repitiéndole que Granger no era la primera persona a la que había besado. Que podría haber sido mucho peor de haber sido así. De hecho, durante toda su estancia en Hogwarts, había tenido dos relaciones, una de ellas con Pansy Parkinson y la otra-y más reciente-, con Astoria Greengrass... y ahora, desde hacía relativamente poco, por una serie de circunstancias, tenía sexo con las dos, aunque ellas no lo sabían. Y esperaba y deseaba que siguiese siendo así, para evitar problemas con los que no quería lidiar. No, al menos, de momento, pero... el beso con Granger había sido diferente aunque le jodiera reconocerlo.

Le había dejado huella.

Tenía que olvidarlo como fuese. Sentía tanta frustración por lo sucedido que instintivamente había empezado a destestarla más.Y de por sí, era difícil odiar más a Granger de lo que él lo hacía.

— ¡¿Cómo vamos a ir así a clase?! — gritó Theodore, tambaleándose. Por fin había conseguido levantarse con el colchón pegado a la espalda después de haber hecho un montón de maniobras— ¡No puedo aparecer con esto en pociones! ¡Vamos a ser el hazmerreír de todo el colegio!

— Theodore Nott, ¡el colchón andante!— se mofó Blaise y luego miró al rubio de soslayo— por cierto Draco— añadió incorporándose y aproximándose a su cama con el ceño fruncido. Se había percatado de algo de lo que no había sido consciente hasta ahora— ¿por qué narices eres el único que no tiene nada extraño? ¿No habrás sido tú el culpable?

Malfoy se tensó.

— No digas gilipolleces, Blaise— respondió arrastrando las palabras— Además, sé quienes entraron aquí anoche.

— ¿Quiénes? ¿Es que hubo más de una persona? — preguntó Goyle aproximándose a ellos, pero la barba se le enredó en los pies y tropezó, cayéndose de bruces contra el suelo.

— Hazte una trenza— sugirió Theodore al verlo forcejeando con la barba sin parar.

Zabini carraspeó al ver que se distraían.

— Bueno, al grano— dijo intentando que no desviaran el tema de conversación— ¿Quiénes fueron, Draco?

El Slytherin se puso en pie, se acercó y lo miró intensamente.

— ¿Tú qué crees? La sangre sucia y sus amiguitas— escupió molesto— Fingí que estaba durmiendo y me enteré de todo.

Blaise se puso furioso. Sobretodo, con su amigo.

— ¿Y por qué no hiciste nada? ¡¿Por qué no nos despertaste?! ¿Cómo dejaste que se fueran, sin más?

Theodore, que jamás se hubiera imaginado que Granger y las demás se atrevieran a entrar allí, se escandalizó.

— Pero qué dices. ¿En serio? — exigió haciendo un esfuerzo por mantener el equilibrio con el colchón gigantesco pegado a su espalda.— Hay que avisar a Umbridge inmediatamente.

— No — espetó Malfoy, de repente.

Sus amigos lo miraron atónitos, sorprendidos por la respuesta que acaba de dar. No podían creer lo que estaba diciendo. Ellos sabían de sobra cuánto odiaba a la sangre sucia amiga de Harry Potter, Hermione Granger. ¿Acaso se había dado un golpe en la cabeza?

— He pensado algo mejor— añadió sonriendo perversamente. Todos se relajaron inmediatamente— Ellas creen que nosotros no sabemos que fueron las que hicieron esto, así que, seguramente, estarán con la guardia baja.

Los chicos se mantuvieron en silencio y el único que fue capaz de decir algo fue Theodore.

— Ya veo tus intenciones, pero... no podemos entrar en la torre de Gryffindor si es eso lo que pretendes— respondió con hastío— No sabemos la contraseña y además, oí decir al chiflado de Finnigan que las escaleras del dormitorio de las chicas tenían un encantamiento que imposibilitaba la entrada a los tíos.

Blaise tenía dudas. Demasiadas como para estar pensando en un plan maquiavélico con el que devolverles la jugada.

— Una pregunta, Draco— dijo enarcando una ceja— Hay algo que no termina de encajar... ¿por qué no te hicieron nada a ti? Si es cierto que una de ellas era Granger... todos sabemos cuánto te odia. No sé, no estarás ocultando algo, ¿verdad?

A Malfoy empezaron a sudarle las manos. Mierda. Tenía que improvisar.

—Creo que Pansy se levantó y salieron corriendo— contestó encogiéndose de hombros. Al menos, esa parte de la historia era verdad. Viendo que su amigo pretendía sacarle todo tipo de información, se apresuró a decir:— y antes de que me preguntes, no tengo ni puñetera idea de cómo entraron ni de cómo averiguaron la contraseña de nuestra sala común.

Blaise, finalmente, se sintió satisfecho con el interrogatorio. Ya tenía total libertad para enfadarse. No parecía que Malfoy estuviera mintiendo. Todo tenía sentido.

— ¡Malditas zorras! — gritó dándole una patada a la mesita de noche —¿Quiénes eran las otras? ¡Dímelo, Draco!

Malfoy sonrió con maldad. Todo había salido a pedir de boca.

— Pues sí no me equivoco a ti te lanzó el hechizo la pobretona Weasley, a Theodore creo que fue la loca de Ravenclaw, ya sabéis, Lovegood... y a Crabbe y Goyle, la toca culos y una de las gemelas Patil— suspiró comenzando a quitarse el pijama y quedándose únicamente con unos boxers negros.

Blaise apretó los labios, con ira.

— ¡Así que esta porquería me la hizo la pecosa! — gritó, pero viendo que estaba montando demasiado escándalo, respiró para calmarse— Bueno...si no podemos atacarlas en su terreno habrá que idear otro plan.

Theodore suspiró.

— Vale, perfecto, a mí también me encantan las venganzas y todas esas mierdas, pero, ¿alguien me dice cómo narices volvemos a la normalidad? Esto pesa mucho —replicó con desesperación al ver que el colchón se le echaba encima y estaba a punto de aplastarle.

— Habrá que avisar a Pomfrey— respondió Draco poniéndose la camisa del uniforme y dejándose sueltos los dos primeros botones.

— Yo no pienso ir así hasta la enfermería— contestó Goyle recogiéndose la barba para no volver a tropezarse— Parezco un vagabundo con esta cosa.

— Ni yo— replicó Theodore.

Draco bufó. Parecía que ninguno de sus amigos iba a ceder. Y él...se lo debía a todos.

— Tendré que ir yo a preguntar a esa vieja loca si necesitáis una poción o si existe algún jodido contrahechizo— dijo cuando estuvo totalmente vestido y se aproximó a la puerta, con la intención de salir del dormitorio— Volveré en un rato— y dio un fuerte portazo.

En realidad no lo hacía por ellos.

Necesitaba salir de allí antes de que comenzaran a hacerle más preguntas. Jamás debían enterarse de su percance con la sangre sucia. Porque...¿qué ocurriría si lo descubrían? Nunca lo volverían a ver de la misma forma. Nadie le respetaría por haber sido un traidor a la sangre. Y si llegaba a oídos de su familia... en fin, se ponía enfermo sólo de pensar en ello. Aligeró el paso y cuando por fin llegó a la enfermería, habló con Pomfrey para preguntarle qué era lo que había que hacer en caso de que alguien lanzara esos hechizos, omitiendo la parte en la que las chicas habían hecho una visita nocturna a la sala común de Slytherin.

La enfermera le explicó que existían algunos contrahechizos y que había un libro en la biblioteca donde encontraría todas las soluciones, por lo que no necesitaba poción de ningún tipo, así que después de pasar por la biblioteca para recoger el dichoso libro, Malfoy volvió apresuradamente a la Sala Común de Slytherin y entró en su habitación.

No sabía cuánto tiempo había estado fuera pero dedujo que bastante al volver a encontrarse con sus compañeros de habitación.

Blaise daba vueltas de un lado a otro de brazos cruzados, impaciente, Theodore, se sentía tan agotado que había caído de espaldas al suelo quedando tumbado encima del colchón, rindiéndose. Crabbe seguía flotando por todas partes como un pez globo, tirando al suelo todo lo que se cruzaba en su camino y Goyle se había puesto la barba alrededor de la cabeza, como si fuera un turbante, muy semejante al de Quirrell, salvo por el hecho de que era de pelo en vez de tela.

Draco, sin querer perder ni un minuto más, cogió su varita, y con el libro que había ido a buscar a la biblioteca, comenzó a deshacer uno a uno los hechizos de sus amigos, hasta que todos quedaron liberados.

— Menos mal… — suspiró Crabbe. Inmediatamente se acercó a sus pertenencias como si nada hubiese pasado y sacó un bollo de su maleta— Tenía mucha hambre.

Blaise se llevó una mano a la cabeza al ver que el glotón del gorila prefería pensar en comer antes que en una venganza.

— ¡Oh no! — gritó de pronto Theodore horrorizado cuando vio qué hora era — ¡La clase de pociones! ¡Ha terminado ya! ¡Snape nos va a matar!

Draco sintió un pinchazo en el estómago al percatarse de que con todo el lío de los hechizos había olvidado por completo la clase de Severus. La situación empeoraba por momentos.

Las estúpidas de Gryffindor les habían gastado una broma horrible, había besado a Granger y por si fuera poco, había faltado a una clase de pociones. Desde luego, era el peor día de su vida.


Por otra parte...

Lavender se reía a carcajadas al ver la cara que había puesto Snape cuando sus queridos alumnos de Slytherin habían faltado a clase.

— ¿Habéis visto cómo se han quedado todos? Sólo nosotras sabemos lo que ha pasado. Y de verdad, lo mejor ha sido la reacción de Snape— dijo riéndose sin parar— Hasta quería salir de la clase e ir a buscarlos. ¿Os imagináis?

A Parvati se le saltaron las lágrimas de tanto reir.

— Pues yo daría cien galeones por ver la cara que han puesto ellos al despertarse— contestó mientras iban camino a la sala común de Gryffindor. Hermione iba con ellas, pero tenía una sensación de malestar constante. Mantenía un semblante serio y solo se dedicaba a escuchar la conversación, sin decir ni una palabra. Le dolía el estómago de preocupación y sólo pensaba en si Malfoy habría contado a sus secuaces lo que había pasado. No dejaba de mirar de un lado a otro del frío pasillo de las mazmorras, con miedo a que aparecieran todos de repente con Umbridge y comenzaran a señalarlas con dedo acusador.

Parvati irrumpió en sus pensamientos.

— ¡Ah, Hermione! No te lo dije antes, pero me encanta ese pañuelo que tienes en el cuello. ¿Cómo es que nunca lo llevas puesto?

Hermione comenzó a reírse nerviosa. Le faltaba el aire y no sabía qué excusa poner.

— Bueno, es que como anoche salimos en pijama, cogí frío y hoy me duele la garganta — a pesar de que hacía un gran esfuerzo por parecer convincente, la voz le temblaba.

Parvati fue a responder, pero en ese momento aparecieron Ginny y Luna.

— ¡Hola! — sonrió la Ravenclaw con dulzura— ¿Habéis visto a los chicos?

— No— contestaron Lavender y Parvati aguantándose la risa— No han venido a clase.

Ginny, en cambio, no parecía estar tan contenta.

— Yo tengo que deciros algo. Hace unos minutos he visto a Zabini por el pasillo de las mazmorras— comentó muy angustiada— y creo que lo sabe. Parecía que me iba a lanzar un Avada Kedavra con la mirada.

Parvati no se lo tomó muy en serio. Sabía que aquel chico estaba de malhumor casi siempre.

— ¿Seguía con esos colores tan llamativos en su piel? — preguntó y comenzó a reír a carcajadas.

Ginny carraspeó, intranquila.

—No… ya no, pero…tengo miedo— dijo y rápidamente, al percatarse de que prácticamente no la estaban escuchando, añadió:— ¡Esto es serio! Si nos han descubierto, quien sabe lo que puede…

— Hubieran avisado a Umbridge ¿no? — la interrumpió Lavender sin dejar de tocarse el cabello— Además, es normal que Zabini estuviera de mala hostia. Se habrá enfadado por lo que le ha pasado. Pero es imposible que sepa que fuimos nosotras.

Ginny, ansiosa, suspiró intentando hacer entrar en razón a Lavender.

— ¿Y si lo saben todos? Y si...en vez de avisar a Umbridge, ¿prefieren hacernos algo?

Parvati le dio una palmadita en el hombro, quitándole importancia.

Tranquiiila, no creo que nos violen si es eso lo que te preocupa— se mofó — De todas formas, deberíamos estar preparadas para lo que sea.

Lavender las cortó de inmediato.

— Aún así, ¿cómo van a averiguar que fuimos nosotras? — preguntó confusa. Las palabras de Ginny habían sembrado dudas en ella— ¡Oh, mierda! ¿Y si es cierto lo que ha dicho Ginny de Zabini y se han enterado de todo? Pero aún asi...¿cómo es posible? ¡Tuvimos mucho cuidado!

Hermione se vio obligada a intervenir.

— Chicas, tranquilizaos. A lo mejor no lo saben. Y si es así...no sé, puede que Pansy nos viera y les avisara— mintió desviando la mirada— No os preocupéis, ya pensaremos en algo.

Luna la escudriñó atentamente porque sabía lo que realmente había pasado. Seguramente Malfoy había sido el que había contado todo a sus amigos, pero se limitó a permanecer en silencio ya que estaba segura de que Hermione no querría, bajo ningún concepto, que se descubriese su beso con el príncipe de las serpientes.

— Bien, a las ocho nos reuniremos en la sala común— dijo Parvati— Así podremos planear algo en caso de que estos tontos se nos echen encima como buitres.

Ginny se quedó mucho más relajada al ver que sus compañeras habían entrado en razón.

— Luna, ¿tú sabes la contraseña de Gryffindor?— añadió— Es Mimbulus Mimbletonia.

La chica asintió esbozando una sonrisa.

— Sí, allí estaré...por cierto—, dijo dirigiéndose a Hermione— bonito pañuelo.

Hermione sintió un escalofrío recorriendo todo su cuerpo.

Y sin más, Luna se marchó y las demás vieron como su silueta desaparecía a lo lejos, esfumándose al llegar al fondo del pasillo.


Después del almuerzo, Draco quedó a solas con Astoria Greengrass para que fuese a su habitación y tuviesen uno de sus encuentros habituales. A esas horas Pansy no solía estar por la sala común de Slytherin, así que era menos probable que lo descubriera engañándola. Además, ese día en especial no tenía ganas de aguantar los desvaríos de Pansy. Prefería pasar tiempo con Greengrass porque ella no solía agobiarlo tanto. Y así podría olvidar...

...los dichosos labios de la sangre sucia.

— Draco, ¿te ocurre algo? — preguntó Astoria al ver que los besos de su querido rubio no eran tan apasionados y profundos como de costumbre.

— No, nada— contestó fríamente tumbándola sobre su cama y comenzó a desabrocharle los botones de la camisa del uniforme lentamente mientras le esparcía pequeños besos por el cuello. No tenía ganas de hablar con ella. Ni con nadie. Sólo quería olvidar.

Crabbe y Goyle se habían marchado al Gran Comedor para darse un atracón como solían hacer a diario, Theodore estaba estudiando en la sala común y Blaise había salido, por lo que él, en ese momento, podría hacer lo que quisiese.

Astoria se deshizo de la corbata de él y la arrojó al suelo. Lo cogió de la barbilla delicadamente para atraerlo a su rostro y hundió los labios en su boca, dándole un dulce y, al mismo tiempo, amargo beso.

Dulce para ella… amargo para Draco.

Draco recordó en ese momento cómo había empezado su relación con Pansy un año atrás, en cuarto curso, después del baile de Navidad. Sin embargo, con Astoria, llevaba viéndose desde que había comenzado el nuevo curso y conforme iban pasando las semanas, notaba que ella iba teniendo sentimientos más fuertes. Y esa dependencia que ella había desarrollado hacia él le echaba un poco para atrás. Eso sí, Astoria estaba al corriente de la relación que había tenido con Pansy, pero ella suponía que, desde que estaban juntos, él ya no había vuelto a quedar con Parkinson.

Eso era lo que creía.

Draco intentó abandonarse al beso, pero no se sentía cómodo. No sentía ese calor abrasador… ese fuego interior que había sentido con Granger.

Sus ojos grises se abrieron de par en par al recordar sus cálidos labios y se apartó bruscamente de Astoria.

— ¿Qué pasa? — preguntó la chica preocupada. ¿Acaso él no estaba disfrutando?

Draco se quedó pálido, como si hubiera visto un fantasma. La imagen que más quería borrar de su mente no dejaba de repetirse una y otra vez. Tenía que olvidarse. Distraerse. Y claramente, Astoria no estaba siendo la solución.

— Me voy— contestó bruscamente, se levantó y cogió su corbata para volver a ponérsela.

Astoria contuvo las lágrimas, asustada de pensar que quizás ya no quería estar con ella.

— ¿Estás enfadado conmigo? ¿Por eso estás raro?— insistió.

— No estoy enfadado contigo, sino conmigo. Por cierto, no me esperes. Será mejor que te marches cuando me vaya— le dijo frunciendo el ceño y sin más, se esfumó de la habitación, dejando a Astoria tumbada en su cama, con la palabra en la boca.


Eran las cinco de la tarde y Blaise, harto y hasta las narices, iba paseándose por los pasillos del castillo, furioso por cómo había despertado. Necesitaba encontrar a la pobretona... acorrarlarla sola. Quería hacerle pagar por lo que le había hecho. Le importaba bien poco lo que le hubiera pasado al resto de sus amigos. Según Draco, la responsable de su estado había sido Weasley así que iba a ir directamente a por ella. Y no pensaba esperar a que los demás decidiesen qué hacer. Estaba harto.

— Maldita pecosa— masculló apretando fuertemente los puños— Cómo se ha atrevido.

Iba tan concentrado en sus horribles planes y pensamientos que cuando giró una de las esquinas se chocó con ella tirándole todos los libros al suelo. Se sorprendió al notar el impacto pero sonrió maliciosamente al ver que sus deseos se habían cumplido. Qué oportuno. No había nadie en los pasillos y ella…estaba sola. No podía creer la suerte que había tenido, joder.

Ginny palideció al verle con ese odio tan profundo en la mirada. Había estado preocupada a lo largo de todo el día, había deseado no encontrarse con ninguno de ellos, sobretodo ahora que iba sola a devolver unos malditos libros a la biblioteca. ¿Por qué tenía que ser tan cabrón el destino?

Y peor aún, era Zabini.

A quién, ella, precisamente, le había lanzado el maleficio.

Notaba como las piernas comenzaban a temblarle. Tenía que salir corriendo de allí cuanto antes, pero cuando al fin se decidió a hacerlo, Blaise no se lo pensó, sacó la varita de su bolsillo y gritó:

— ¡Petrificus Totalus! —y ella, inmediatamente, cayó al suelo boca arriba. Estaba paralizada, pero era consciente de lo que estaba sucediendo y tenía pánico. El miedo se apoderó de ella pero no pudo gritar ni hacer nada.

Blaise se agachó y la miró con odio.

— Como ves, me he enterado de que fuiste tú la que me lanzó el puto hechizo— masculló guardando la varita en su bolsillo— podría devolverte la jugada pero sé que hay cosas que te molestan más.

''¡¿Cómo cuáles, gilipollas?!''— gritó en su mente.

Blaise acercó los labios a su oído y murmuró una frase. Una sola frase que hizo que Ginny se estremeciese.

— Sé lo de Potter, que estás loquita por él — se mofó— Lástima que él esté atontado con Chang.

Ginny se sintió furiosa. Si no hubiera sido porque estaba paralizada, le hubiera dado una patada en la entrepierna, pero fue incapaz. No podía hacer absolutamente nada. ¿Cómo sabía lo de Harry? ¿Tan evidente era? Menudo cabronazo. Le había dado en su punto débil.

De repente, Blaise alzó la mano y pasó sus oscuros y cálidos dedos por su cuello bajándolos en dirección a sus pechos con la intención de tocarlos. Comenzó a trazar una línea con el dedo índice rozando suavemente su hombro y llegando de esa forma hasta su clavícula. Ginny pensaba que se iba a morir allí mismo si Zabini continuaba. No podía creer lo que le estaba haciendo. Tenía ganas de llorar y sabía que nadie iba a poder ayudarla. La respiración del Slytherin era agitada, como si sintiera una inmensa ira por dentro. Continuó bajando la mano, rozando toda su piel, hasta que la hundió sutilmente en uno de sus pechos.

Ginny tenía tanto miedo que sólo deseaba que aquello acabase, que alguien apareciese por el pasillo, deshiciese el hechizo y ella misma pudiera darle un puñetazo a Zabini, pero de pronto, Blaise paró, apartó la mano y se incorporó.

— Tienes suerte, pobretona— le dijo — Otro se hubiese aprovechado de ti, pero yo estoy con Daphne y no voy a hacer algo que le moleste. Además, creo que ya has aprendido la lección y no volverás a entrar en mi territorio.

'' ¡Hijo de puta!'' — gritó Ginny en su mente con todas sus fuerzas, pero seguía completamente paralizada y sus esfuerzos fueron inútiles.

— Ahí te quedas, pecosa— añadió alejándose en dirección a las mazmorras— Tengo cosas más interesantes que hacer que estar perdiendo el tiempo contigo.

Ginny nunca se había sentido tan impotente como en ese momento. Quería levantarse y partirle la cara, que era lo que se merecía. Pero por más que lo intentaba, era imposible. Seguía inmóvil, congelada, como una estatua, tirada en el suelo.

Así que se rindió, vio, con total frustración, como él se alejaba y esperó. Era lo único que podía hacer. Esperar lo que le pareció una eternidad. Después de un largo rato, Luna apareció por el pasillo con aire sonriente y vio a Ginny tirada en el suelo, paralizada, con todos sus libros alrededor.

— ¡Oh no! — exclamó acercándose a ella apresuradamente— ¡Rennervate!

La pelirroja se levantó muy agitada, más furiosa de lo que nunca había llegado a estar pero al mismo tiempo... las lágrimas caían por su rostro sin parar.

— ¿Quién te ha hecho esto? — preguntó Luna muy preocupada, acariciándole el hombro para intentar calmarla.

— Zabini— masculló secándose las lágrimas con rabia y agachándose para coger todos sus libros. No podía flaquear ahora. Ese gilipollas se las pagaría. Había tenido mucho tiempo para pensar en todas las formas en las que lo podía asesinar mientras había estado tumbada en el frío suelo del pasillo— Tenemos que hablar con todas sobre esto, me da igual si Umbridge se vuelve loca o nos lanza la maldición Cruciatus pero esos desgraciados no van a salirse con la suya.

Luna suspiró y después de ayudar a Ginny a recoger sus libros, se dirigieron a la sala común de Gryffindor.


Eran las seis y Draco continuaba dando vueltas por todo Hogwarts, intentando despejarse. Quería borrar aquella imagen de Granger que se repetía continuamente en su cabeza pero no había manera.

Inconscientemente se dirigió a la biblioteca.

A la mierda, la estaba buscando, aunque no quisiera reconocerlo.

Cuando entró en la estancia, Hermione se encontraba al fondo sentada en una mesa, estudiando y estrujándose fuertemente el pelo enmarañado por no conseguir concentrarse de ninguna forma. Tenía un pañuelo granate atado al cuello y Draco recordó que la había besado en esa zona.

''No, no me jodas… '' — pensó acercándose lentamente a la mesa mientras el corazón le latía tan fuerte que parecía que se le iba a salir por la boca.

Se detuvo en seco al lado de ella, pero al ver que no levantaba la vista del libro puso encima su mano de una forma brusca. Hermione estaba tan concentrada que no se había percatado de su presencia, así que se le quedó la boca reseca al ver aquella mano… al ver aquel anillo con la insignia de la serpiente. No quería levantar el rostro, pero no tenía alternativa.

—Qué quieres, Malfoy— dijo con voz entrecortada.

Draco se limitó a no contestar, retiró una silla y se sentó a su lado. La miró durante unos segundos y acercó la mano a su cuello tocándolo con sus suaves dedos.

— ¿Qué demonios estás haciendo? — preguntó nerviosa y poniéndose roja como un tomate.

— Comprobar algo, Granger— contestó con voz ronca intentando levantar el pañuelo, pero Hermione le pegó un manotazo.

—Tranquilo, no lo va a ver nadie si es eso lo que te preocupa— bufó frunciendo el ceño y volvió a fijar la vista en el libro— Deberías irte, Malfoy. Quién sabe lo que podrían pensar si te ven sentado a mi lado— añadió, irónica.

— Aparte de Pince, no hay mucha gente por aquí, Granger, sólo el imbécil de Zacharias Smith y está demasiado metido en sus libros como para darse cuenta de que estoy hablando contigo— dijo arrastrando las palabras.

Hermione suspiró.

— ¿Qué quieres, entonces? Porque si has venido a decirme que tienes ganas de repetir lo de anoche, puedes esperar sentado— dijo cerrando el libro de un golpe.

Malfoy la miró con altivez y soltó una risa mordaz.

— ¿En serio, sangre sucia?¿Realmente crees que voy a volver a caer tan bajo?— contestó con el mayor desprecio posible, aunque lo hizo porque el anterior comentario le había molestado demasiado. No le hacía ni puñetera gracia que Granger se las diera de superior con él— Lo de anoche fue un error. Un puto error que no se volverá a repetir.

Hermione sintió como su moral se hundía ante las palabras de Malfoy y tuvo que tomar una decisión, aunque fuese lo más estúpido que había hecho en su vida, pero no iba a dejar que él se saliera con la suya, ni que la ridiculizase más. Ya no. Si él había sido capaz de cruzar la línea, ella también iba a hacerlo. Desvió la mirada hacia Zacharias Smith para ver si les observaba, pero al ver que estaba concentradísimo en su lectura, actuó.

— ¿Estás seguro, Malfoy? — preguntó mirándole de una forma en la que no lo había hecho nunca. Su voz era suave, aterciopelada, y sonó peligrosa. Muy peligrosa.

Tanto, que Draco se estremeció al escucharla. Y peor aún, sintió un escalofrío en la nuca, al notar repentinamente su mano rozándole el muslo, apretándoselo suavemente por debajo de la mesa. Intentó preguntarle que qué narices estaba haciendo, quiso exigirle que se apartase de él, que no se atreviese si quiera a tocarle, pero no pudo articular palabra alguna. Se había quedado sin habla y volvía a sentir ese fuego ardiente como la noche anterior.

Hermione se inclinó un poco más y se acercó a su rostro sin apartar la mano hasta que solamente estuvo a escasos centímetros de su boca.

Draco sentía como la piel le quemaba. Joder, por irracional que pareciese, una parte de él deseaba acortar la distancia que los separaba y besarla allí mismo. No podía aguantar el deseo que se apoderaba de su cuerpo, pero las palabras de Hermione hicieron que todo ese fuego se esfumase de inmediato.

— Yo soy la que no va a volver a caer tan bajo, imbécil— dijo mirándole con aprensión y le dio un empujón en el hombro. Luego se levantó, cogió sus libros, lo miró con cara de asco y se marchó de la biblioteca rápidamente, dejándole sin habla, con los labios entreabiertos, la respiración acelerada y completamente encendido.

Hermione Granger había ganado la batalla.

Y Malfoy lo sabía.


— ¡Debemos poner en marcha un puto plan! — gritó Malfoy enfurecido irrumpiendo la calma de la habitación. Estaba muy furioso. Había vuelto a ser demasiado débil. Granger solo le había rozado el muslo y estaba más cachondo que cuando tenía catorce años y folló por primera vez con Pansy. Joder, la odiaba. Odiaba a la sangre sucia inmunda. Odiaba que lo hubiera controlado tan fácilmente a su antojo como si fuera su marioneta. ¿Quién narices se creía que era? Colérico, se sentó en la cama y se llevó la mano a su fino cabello, chasqueando la lengua.

— ¡Eso estaba esperando! — contestó Blaise incorporándose de la cama, dejando un libro sobre la mesita de noche. ¡Ya era hora de que su compañero reaccionase!— por cierto, os tengo que contar una cosa. He visto a la pobretona de Weasley antes y bueno, he actuado por mi propia cuenta. Aunque para que os voy a engañar, no me he quedado satisfecho del todo.

— ¿Qué pasa? — interrumpieron Crabbe y Goyle con unos pastelitos en la mano sin tener ni idea de lo que estaban hablando sus amigos como era de esperar de dos bobos de escasa inteligencia.

— Nada, dejadlo, seguid zampando— suspiró Blaise apretándose el puente de la nariz ante tanta ineptitud. Además, nadie le había hecho ni caso a lo que había dicho sobre Weasley.

— ¿Qué se supone que vamos a hacer? — preguntó Theodore con curiosidad.

—Ellas aprovecharon y vinieron por la noche cuando dormíamos y estábamos indefensos— explicó Draco— así que nosotros vamos a hacer lo mismo.

— Ya te lo he dicho. No podemos entrar en el dormitorio de las chicas de Gryffindor, es imposible — puntualizó Theodore.

Draco se mantuvo en silencio, pensando en una solución, pero no hizo falta. Parecía que Blaise Zabini había estado dándole vueltas durante toda la tarde a su plan maestro.

— Si no puede ser desde dentro, tendremos que hacerlo desde fuera— comentó, sonriendo de una forma escalofriante.

Astuto, Blaise. Eso es— contestó Malfoy tumbándose en las suaves sábanas— Las escobas. Con ellas podremos volar hasta la ventana del dormitorio de esas estúpidas pero, ¿qué hacemos con Lunática? Esa chalada no estará en la habitación. Es de Ravenclaw. ¿La dejamos para otro día?

— Ya buscaremos algo para ella mañana, pero las otras... de hoy no se libran… así que, ¿esta noche, Draco? — preguntó Blaise con emoción.

— Sí, esta noche, Blaise— respondió apoyándose en su almohada, poniendo los brazos por detrás de su cabeza.

— Es arriesgado— añadió Theodore, indeciso— ¿Y si nos pillan? Snape me ha visto antes en el pasillo y me ha echado la bronca por haber faltado a Pociones. Si nos descubre saliendo del castillo nos quitará trescientos puntos por lo menos. Por no hablar de Umbridge…

Draco se incorporó y lo miró con seriedad. Ya no había vuelta atrás.

—Bueno— dijo con voz aterciopelada— Es un riesgo que, al menos yo, estoy dispuesto a correr.