Narra Sakura.
La tarde pasó en un torbellino de actividad. Efectivamente, Sasuke le había dicho a Tsunade lo que quería y la lista era interminable, al parecer.
Vestidos, pantalones, faldas, blusas, trajes… un enorme surtido de telas y de colores que me fueron presentando.
También había bañadores, lencería y camisones. Me probé prenda tras prenda, y tras discutir el mérito de cada una de ellas, o bien las descartaba o las colocaba en el montón de laropa para comprar.
Menos mal que después de observarme durante un momento, los zapatos que eligió para mí eran de tacón bajo.
Elegantes, me aseguró, pero con ellos conseguiría mantenerme erguida.
La gota que colmó el vaso fue la ropa deportiva. A esas alturas, mi paciencia había llegado a su límite. No me imaginaba ninguna situación en la que necesitara ropa deportiva tan cara. Sasuke tenía un gimnasio privado en su piso, por el amor de Dios. Cuando Tsunade me dijo que la ropa deportiva estaba en la lista de Sasuke levanté las manos y le dije que añadiera lo que le diera la gana. No podía más.
Salí de la tienda con las prendas para el día siguiente en varias bolsas, ataviada con unos vaqueros nuevos y una camiseta de seda de manga corta de un intenso tono rojo. Al parecer, Sasuke no quería verme aparecer vestida con mis «trapos viejos».
Me mantuve en silencio durante el trayecto de vuelta, abrumada y cansada. Subí las bolsas al apartamento y abrí la puerta con mis propias llaves. Escuché música procedente del otro extremo del pasillo. Sabía que Sasuke estaba haciendo ejercicio, de manera que colgué el vestido nuevo en el armario y coloqué las demás prendas que había llevado conmigo.
Después, llamé a la residencia para preguntar por Chiyo. La enfermera encargada me dijo que estaba dormida, pero que no había tenido un buen día y que era mejor que no fuera a verla.
La tristeza me envolvió mientras me sentaba para mirar por la ventana. Detestaba los días como ese.
Sin embargo, tenía razón. Ir solo conseguiría alterarla más.
De manera que bajé las escaleras y me dirigí a la cocina para investigar. Estaba muy bien equipada, aunque había poca comida, salvo por unas cuantas piezas de fruta y algunos condimentos, guardados en el frigoríficoy en los armarios respectivamente.
—¿Buscas algo?
Me enderecé, sobresaltada. Sasuke estaba apoyado en el vano de la puerta, con una toalla sobre sus anchos hombros. La piel le brillaba por la fina capa de sudor que la cubría. Tenía el pelo mojado. Sin embargo, estaba perfecto.
—No tienes mucha comida.
—No sé cocinar. Siempre pido la comida o el ama de llaves me deja algo.
—¿El ama de llaves? —No me había mencionado que tuviera un ama de llaves.
Asintió con la cabeza y bebió un sorbo de agua de la botella que sostenía.
—Necesito contratar a una. La última se marchó hace unas dos semanas. —Agitó una mano—. Vienen y van.
Disimulé una sonrisa. Esas noticias no me habían sorprendido en lo más mínimo.
—Yo sé cocinar.
Él rio entre dientes.
—Ya me lo habías dicho.
Pasé por alto su sarcasmo.
—Puedo limpiar el piso, hacer la compra y cocinar.
—¿Por qué?
—¿Por qué no?
-¿Por qué ibas a hacerlo?
—Sasuke —le dije con voz paciente—, he dejado mi trabajo. Tendré mucho tiempo libre. ¿Por qué vas acontratar a una persona cuando yo estoy aquí?-Frunció el ceño mientras reflexionaba al respecto. —A los ojos de los demás, será algo natural. —Al ver su expresión confundida, le expliqué—: El hecho deque yo me encargue de la casa. Que me encargue de… ti.
Se rascó la nuca, a todas luces perdido.
—¿Ah, sí?
—Sí.
—Está bien. Por ahora. Usa la tarjeta para pagarlo todo.
Asentí con la cabeza.
—Cualquier cosa que necesites para limpiar. Cómprala. Si necesitas ayuda, búscala.
—De acuerdo.Me sentí aliviada. Hacer la compra y preparar la cena sería algo normal. Así me mantendría ocupada. Y también limpiaría el piso.
—¿Qué tal ha ido la llamada con el abogado?
—Bien. —Apuró la botella de agua y la arrojó en el cubo de la basura dedicado a los envases reciclables
—. ¿Qué tal tu tarde de compras?
Puse los ojos en blanco.
—Menuda lista le has dado.
—Te dije que quería que tuvieras de todo.
—Bueno, pues lo has conseguido.
Se acercó a mí y frotó entre sus largos dedos la manga de mi camiseta.
—Me gusta esto.
—Me alegro. Lo has pagado tú.
—¿Has usado el dinero que te he dado?
—No sabes cuánto. Estoy segura de que te he dejado en números rojos.
Para mi sorpresa, sonrió. Fue una sonrisa sincera que le iluminó los ojos y le otorgó una apariencia juvenily traviesa.
—Por fin haces lo que te digo.
Resoplé.
Alargó un brazo y cogió un sobre.
—Aquí tienes.
Cogí el sobre con gesto renuente.
Contenía algo duro y voluminoso.
—¿Qué es?
—Las llaves de tu coche.
—¿De mi coche? —pregunté con voz chillona.
—Te dije que te compraría uno. Está en la plaza 709, al lado de mis otros dos vehículos. Ahí está la tarjetatambién. Con ella podrás entrar y salir del garaje.
—¿Qué…?
—Es un Lexus. Seguro. Fiable. Rojo… como tu camiseta.
—No hacía falta.
—Sí que hacía falta. Forma parte de la imagen, Sakura. Vamos a vendernos como una pareja. Los detalles son importantes. Recuérdalo. —Se encogió de hombros—. De todas formas, cuando todo esto acabe, se venderá bien. Si no quieres conservarlo, siempre podrás venderlo. En cualquier caso, es tuyo. Forma parte del acuerdo.
Negué con la cabeza.
—¿Cómo puedes permitirte todo esto? Sé que tenías un buen sueldo, pero no da para tanto.
Su expresión se ensombreció.
—Cuando mis padres murieron, heredé una fortuna.
—Vaya, lo siento, Sasuke. No lo sabía. ¿Murieron hace poco?
Vi que tensaba los hombros y que su postura se tornaba rígida.
—Hace catorce años. No fue una gran pérdida, así que ahórrate la compasión. Fue la primera vez que hicieron algo beneficioso para mí.
No supe muy bien cómo replicar a ese comentario.
—Así que no te preocupes por el dinero. —Se dio media vuelta y salió de la cocina—. Voy a ducharme y después pediré la cena. Te he dejado una lista en la mesa, échale un vistazo. Empezaremos a hablar cuando vuelva. Tenemos que memorizarlo todo.
—¿Más trabajo para cimentar la imagen?
—Exacto. Elige una buena botella de tinto del botellero. Creo que voy a necesitarla. —Me miró con unasonrisa burlona—. Si acaso eres capaz de distinguir una buena, claro está.
Se marchó tras soltar esa perla tan agradable y me dejó allí plantada, mirándolo con expresión asesina.
Narra Sasuke
Cuando volví, Sakura estaba sentada en uno de los taburetes. Había abierto una botella de vino y estababebiendo un sorbo de su copa mientras leía los papeles que tenía delante. Respiré hondo y atravesé laestancia. Había llevado su lista a fin de discutir los detalles.
Necesitábamos atiborrarnos de información almáximo para poder salir airosos al día siguiente. Debíamos convencer al Hyūga de que lo nuestro era Sincero.
Sabía que iba a ser una noche muy larga.
Todavía seguía tenso por lo de antes. Me pasaba siempre que hablaba de mis padres, por más breve quefuera la conversación. Odiaba pensar en ellos y en mi pasado.
Los verdes y brillantes ojos de Sakura se clavaron en mí. El pelo le caía sobre un hombro y no pude evitar fijarme en lo bien que le sentaba el rojo a su tez clara y al color rosa de su pelo. Sin mediar palabra, me serví una copa de vino y me senté a su lado, desterrando ese extraño pensamiento de mi cabeza.
—La cena llegará pronto. He pedido canelones. Espero que te gusten.
Asintió con la cabeza.
—Es uno de mis platos preferidos.
Levanté la lista con una sonrisa burlona.
—Lo sé.
Bebí un sorbo de vino, paladeando su sabor con gusto. Había elegido uno de mis preferidos.
Golpeé la encimera con los papeles.
—¿Empezamos?
Horas después, me serví en la copa el poco vino que quedaba en la botella. Estaba exhausto. Puesto que no me gustaba hablar de mi pasado ni revelar detalles personales, la noche había sido difícil.
Por suerte y gracias a que teníamos mucho terreno que cubrir, no me había visto obligado a profundizar en ciertos asuntos.
Sakura sabía que era hijo único, que mis padres habían muerto y todos los detalles relevantes: launiversidad en la que me gradué, mis actividades, colores y comidas preferidas, lo que me gustaba y lo quedetestaba. Me sorprendió en cierto modo descubrir que ella ya sabía muchas de esas cosas.
Era másobservadora en el trabajo de lo que yo imaginaba.
Aprendí una gran cantidad de información sobre ella. Aunque era observadora, para mí solo había sido una mera sombra en los márgenes de mi mundo.
Sin embargo, si bien se mostró tan reticente como yo a hablar sobre su pasado, me contó lo justo.
También era hija única, sus padres murieron cuando era una adolescente y se marchó a vivir con su tía, que en la actualidad vivía en una residencia de ancianos. No acabó sus estudios superiores, entró en Sannin Inc. para cubrir un puesto temporal y allí se quedó.
Cuando le pregunté por el motivo, me dijo que en aquel entonces estaba indecisa sobre su futuro y eligió trabajar hasta saber lo quequería. Dejé pasar el tema, aunque me pareció raro. No sabía cómo trabajaba su mente.
Me senté con un suspiro. Sakura se puso tensa a mi lado y yo eché la cabeza hacia atrás mientras la miraba con mal disimulada impaciencia.
—Creo que ya tenemos lo básico cubierto, Sakura. Incluso sé cuál es tu crema de manos preferida por si acaso sale el tema. —Su lista había sido mucho más detallada que la mía—. Sin embargo, nada de esto va a funcionar si te tensas cada vez que me acerco a ti.
—No estoy acostumbrada —admitió—. Siempre me… ah… me pones los nervios de punta.
—Tendremos que acercarnos —le recordé—. Los amantes se tocan y se acarician. Susurran e intercambian miradas. Es una familiaridad fruto de la intimidad que se comparte. Tengo la sensación de que la familia Hyuga es afectuosa. Por más que nos aprendamos un sin fín de datos sobre nuestros gustos, Hiashi no se va a tragar lo nuestro si no puedo alargar el brazo para cogerte la mano sin que des un respingo.
Jugueteó con la copa de vino y pasó los dedos por el pie varias veces.
—¿A qué te refieres?
—A que voy a tocarte, a susurrarte cosas al oído, a acariciarte el brazo e incluso a besarte. Te llamaré «cariño» o cualquier otro apelativo del estilo. Como hace cualquier pareja de enamorados.
—¿No has dicho que nunca te has enamorado?
Resoplé.
—He preparado tantas campañas sobre el tema que soy capaz de fingir perfectamente. Además, estoy muy familiarizado con el deseo, y prácticamente es lo mismo.
—El sexo sin amor solo son dos cuerpos y mucha fricción.
—No hay nada de malo en ese tipo de fricción. El sexo sin amor es el que a mí me gusta. El amor tiene efectos sobre las personas. Las cambia. Las debilita. Complica las cosas. No me interesa en absoluto.
—Qué triste.
—En mi mundo no lo es. Y ahora retomemos el tema. ¿Estás preparada para no salir corriendo cada vez que te toque o que te bese? ¿Serás capaz de controlarte? —Golpeé con los nudillos las listas que teníamosdelante—. Necesitamos algo más que datos para salir airosos.
Alzó la barbilla.
—Sí.
—Está bien, entonces tenemos que ponernos a prueba.
—¿Qué sugieres?
Me acaricié la barbilla con un dedo.
—Bueno, ya que follar por follar está descartado, supongo que tendremos que encontrar otra solución. Amenos que quieras probarlo, claro está.
Puso los ojos en blanco y se ruborizó.
—No. Siguiente sugerencia.
Contuve una carcajada. A veces era graciosa. Extendí una mano con la palma hacia arriba a modo deinvitación.
—Ayúdame.
Colocó una mano sobre la mía despacio, y yo cerré los dedos en torno a su pequeña palma. Tenía la pielfría y suave. Sonreí y le di un apretón en los dedos antes de soltarla.
—¿Ves? No te he quemado ni nada. —Inquieto, me puse en pie y empecé a caminar de un lado para otro—. Tendremos que estar cómodos. Si te beso en la mejilla o te paso un brazo por la cintura, debes actuar como sifuera normal. —Me di un tirón del bajo de la camisa—. Y tú tendrás que hacer lo mismo. Tendrás que tocarme, que sonreírme y que reírte cuando yo me incline para decirte algo al oído. Ponerte de puntillas sobre esas piernas tan cortísimas que tienes para besarme en la mejilla. Algo así. ¿Lo entiendes?
—Sí. —Y en ese momento sonrió. Fue la expresión más traviesa que le había visto nunca. —¿Qué?
—Si tú me llamas «cariño», yo tendré que llamarte de alguna manera… esto… especial también, ¿no?
—No me gustan los apodos. ¿En qué estás pensando?
—En algo sencillo, lo pensaré mejor.
—No. Ya está bien. —Me planté delante de ella y enfrenté su mirada guasona—. A ver, ¿practicamos?
—¿El qué?
Cogí el mando a distancia, lo conecté y le di a la tecla para cambiar la música hasta dar con una melodíalenta y agradable.
—Baila conmigo. Acostúmbrate a estar cerca de mí. —Extendí un brazo y dije unas palabras que jamáshabía usado con ella salvo en los últimos días—. Por favor.
Sakura me dejó ponerla en pie y se acercó a mí con torpeza. Suspiré mientras le rodeaba la cintura con un brazo para pegarla a mi cuerpo y aspiré el olor que desprendía su pelo. Empezamos a movernos y me sorprendió que todo me pareciera tan natural. Era más menuda que las mujeres a las que estaba acostumbrado. Apenas me llegaba a los hombros, su cabeza ni siquiera me rozaba la barbilla.
Parecía muy delgada y frágil entre mis brazos, pero se amoldaba bien a mi cuerpo.
Al cabo de unos minutos, la tensión se evaporó de sus hombros, y me permitió guiarla por la estancia sin problemas. Se movía con una elegancia inesperada, teniendo en cuenta las veces que la había visto tropezar con sus propios pies.
De repente, escuché una voz en la cabeza diciéndome que tal vez lo que necesitaba era una persona que la sostuviera en vez de alguien que tratara de tirarla al suelo.
Eso me obligó a detenerme y me alejé de ella para mirarla a los ojos. Ella parpadeó varias veces, nerviosa,y comprendí que esperaba algún comentario desagradable. En cambio, le acaricié una mejilla y puso los ojoscomo platos.
—¿Qué haces?
—Voy a besarte.
—¿Por qué?
—Para practicar.
Su apenas audible exclamación acabó en mi boca porque la besé en ese momento.
La suavidad de sus labios me sorprendió, lo mismo que su maleabilidad cuando aceptó el beso. No fue una sensación desagradable. De hecho, el contacto me provocó una especie de calidez en la columna.
Aparté los labios delos suyos, pero no tardé en besarla de nuevo; en esa ocasión, apenas fue un roce fugaz.
Me alejé y la solté. La tensión flotaba en el aire que nos rodeaba, y esbocé una sonrisa burlona.
—¿Ves? No ha sido tan malo. No vas a morirte si te beso.
—Ni tú tampoco —replicó ella con voz temblorosa.
Solté una carcajada.
—Espero que no. Lo que haga falta para conseguir el trabajo.—Claro.
Cogí el mando a distancia y quité la música.
—Bien hecho, Sakura. Hemos hecho suficiente acercamiento por una noche. Mañana es un día importante, así que creo que necesitamos descansar.
—Está bien —susurró. —Hoy has hecho un buen trabajo. Gracias.
Me di media vuelta y la dejé mirándome boquiabierta.
CONTINUARÁ...
