Como regalito de San Valentín, os traigo el capítulo 3 de nuestro querido príncipe. Espero que lo disfrutéis tanto como yo lo he hecho escribiéndolo. Este capítulo lo dedico a todas las que me estáis siguiendo y dejando reviews. Os contesté a todas menos a las que no están registradas, así que lo hago por aquí :)

Ian: A mí también me encantan Lunita y Theo ^^ así que seguramente habrá cositas entre ellos dos! espero que te guste este cap. Un beso fuerte!

Rosyr: Bueno... no sé ni por donde empezar! jajajajaja hazte una cuenta! leí tus reviews en mi otro fic y me hicieron mucha ilusión. Cuando vi la parte de Ron y las mandrágoras casi me da un ataque. Un día tengo que escribir un one-shoot sobre eso xDDDD espero que te rías mucho con este capítulo y ya me contarás :) Un besito guapa!

Y ahora...os dejo con la lectura ;)


-Volando en la oscuridad- Editado

—Bueno, ¿qué habéis pensado? — preguntó Theo enarcando una ceja.

Draco permanecía recostado en su cama, de brazos cruzados. No se había parado a pensar en un plan con detalle, pero tenía una vaga idea. Estúpida y ridícula, quizá, pero era mejor que nada.

— Hay que buscar a los hermanos de Weasel, a los gemelos— dijo arrastrando las palabras.

Blaise lo miró con aprensión. No podía creer lo que estaba escuchando.

— ¿Para qué narices quieres buscar a los pobretones?— preguntó bastante molesto.

Draco, cansado, se incorporó y se levantó de la cama.

—Te recuerdo que a mí tampoco me caen bien, Blaise, pero he oído que venden artilugios para gastar bromas. Podemos comprarles algo.

Blaise lo observó con los ojos entrecerrados.

— ¿Y no crees que verán extraño que vayamos de buenas a primeras a comprarles una de sus estúpidas tonterías? Sobretodo tú.

Draco rompió a reir. Con ironía y falsedad.

— ¿Quién ha dicho que yo vaya a ir?— dijo con altanería, pasándose los dedos por su fino cabello— Vais a ir Theo y tú.

Blaise chasqueó la lengua. No le hacía ni puñetera gracia que Draco le hablase en ese tono, pero tendría que resignarse. Sabía que los Weasley vendían todo tipo de artilugios y si quería volver a joder a la pecosa y a las demás, los iba a necesitar.

— He oído que también tienen bombas fétidas— añadió Nott esbozando una sonrisa traviesa. A él no parecía importarle ir a hacerle una visita a los gemelos. Era preferible a quedarse en la habitación y aguantar los desvaríos de Draco.

Blaise sonrió. ¿Bombas fétidas? No sonaba nada mal.

— Sí, eso podría servirnos — dijo con emoción— Esta noche vamos a darles una lección a esas listillas. Nunca más se atreverán a venir aquí.

Goyle, en cambio, no tenía muy claro cuál iba a ser su papel en todo aquello.

— ¿Y qué hacemos nosotros? — preguntó mientras devoraba unos pastelitos con Crabbe.

Draco suspiró. Iba a necesitar mucha paciencia.

—Vosotros os quedáis aquí conmigo— contestó intentando no perder la calma— Os explicaré el plan para que luego no haya problemas.

Crabbe, con toda la boca llena de chocolate, esbozó un amplia sonrisa.

— Vale.

Al ver que todo parecía estar ''organizado'', Theodore se ajustó bien la corbata y se acercó a la puerta para salir de la habitación. Blaise lo siguió.

— Bueno… nosotros vamos a buscar a los gemelos— dijo algo nervioso.

— Volveremos pronto con el regalito— añadió Blaise.

Draco asintió en silencio y ellos, sin más, se marcharon de la habitación. Estuvieron largo rato buscando a los gemelos Weasley, pero a pesar de que dieron una vuelta por el Gran Comedor, por la entrada del castillo y por el vestíbulo, no los encontraron. Sabían que siempre iban juntos así que decidieron probar suerte, adentrarse en zona prohibida y echar un vistazo en el séptimo piso para ver si rondaban por los alrededores.


Mientras tanto, Hermione iba caminando hacia su sala común sin poder quitarse de la cabeza lo que había sucedido en la biblioteca. Se preguntaba a sí misma cómo había sido capaz de provocar a Malfoy de esa forma. Se avergonzaba en cierto modo, porque ella no era así. Nunca lo había sido. Era la primera vez que se había atrevido a tocarle (sin contar el golpe en tercer curso) y sentía su corazón latiendo, desbocado. Pero por otra parte, no podía dejar de sonreír porque, por cómo había reaccionado Malfoy, sabía que había merecido la pena.

— ¡Hermione! — la llamaron Luna y Ginny desde atrás, al fondo del pasillo, provocando que volviese en sí. Hermione se detuvo en seco y se giró— ¿Vas a la sala común?

— Sí, ¿por qué? — preguntó e inmediatamente se dio cuenta de que algo no iba bien cuando se fijó en Ginny.— ¿Qué ha pasado?

Su compañera parecía estar furiosa y tenía los ojos hinchados, como si hubiese estado llorando.

— Tenemos que hablar— respondió, de malhumor— Lavender y Parvati están esperándonos y son casi las ocho. Vamos.

Hermione asintió sin decir ni una palabra y las tres se fueron a la torre de Gryffindor apresuradamente. Cuando entraron en la sala común, Lavender y Parvati ya estaban allí, sentadas en uno de los sofás, hablando, muy serias.

— ¿Qué ocurre? — preguntó Luna con aire sonriente mientras se sentaban junto a ellas.

Parvati suspiró, con hastío.

— Cuando hemos llegado, Cormac estaba aquí con algunos de sus amigos y han empezado a burlarse de Lavender por lo de ayer— explicó.

Lavender bufó, exasperada.

— Le he dicho mil veces que no le toqué el culo a propósito pero no me hace caso…Va contándoselo por ahí a todo el mundo— dijo muy molesta— y ahora el muy idiota cree que me gusta. No lo soporto.

Ginny se rió con desgana.

— Bueno por lo menos a ti no te ha tocado el pecho, como ha hecho el asqueroso de Zabini conmigo— masculló por lo bajo. Sus ojos ardían, llenos de ira.

— ¡¿Qué qué?! — gritaron todas, estupefactas.

Hasta Luna Lovegood se sorprendió.

— Eso no me lo habías contado— dijo muy preocupada.

Ginny las instó a que se calmasen y les hizo un breve resumen de lo que había sucedido.

— ...así que, básicamente, cuando me lanzó el Petrificus Totalus, se aprovechó de mí— concluyó.— Y cuando se marchó, tuve que estar esperando un rato hasta que Luna apareció.

Hermione, por un momento se había olvidado de Malfoy, y se paseaba de un lado a otro, de brazos cruzados, indignada y sobretodo, sintiéndose totalmente culpable. Podría haberle pasado algo grave a Ginny y sentía que ella era la responsable. Si Malfoy no la hubiera pillado cuando fueron por la noche a su habitación, a Ginny no le habría pasado nada.

— ¿Pero te hizo algo más? — inquirió, deseando que no fuese así.

— No, por suerte no— suspiró Ginny, con cierta intranquilidad— ...aunque no me fío de él ni de ninguno de sus asquerosos amigos. Me dan miedo. Eso sí, no pienso quedarme sin hacer nada.

Lavender no pudo soportarlo más y se levantó del sofá.

— ¡Esto es el colmo! — dijo, furiosa. Que le dieran a McLaggen. Cómo podía haberse preocupado por lo que pensaran de ella, cuando Ginny había sido acosada. Aquello era mucho más importante— Ese asqueroso no puede salirse con la suya.

— Tenemos que idear algo— sugirió Parvati— Además, anoche no le hicimos nada a Malfoy.

—Es verdad — dijo Ginny, un poco más animada.

Hermione desvió la vista para no mirar a sus compañeras. Nunca se había sentido tan mal como en ese momento. Malfoy era mala persona. Era arrogante, déspota y narcisista, aunque había mucha más variedad de piropos para definirle. Sin embargo, ella estaba siendo una hipócrita. Hacía como que lo detestaba y lo aborrecía, pero la noche anterior había estado tumbada entre sus brazos, besándole como si la vida le fuese en ello. Seguía odiándole, eso estaba claro, pero sólo el hecho de sentir el contacto de su piel la dejaba sin respiración. Y por si fuera poco, su desliz había metido a sus compañeras en un problema con los demás. Por no hablar de lo que pensarían Harry y Ron si algún día se enteraban de lo sucedido. Tenía ganas de vomitar.

— Hermione, ¿tú qué opinas? — preguntó Lavender irrumpiendo en sus pensamientos.

— ¿Eh? ¿Sobre qué? — dijo con nerviosismo, centrando su mirada en ella rápidamente. Sus compañeras llevaban largo rato hablando y ella no había escuchado absolutamente nada de la conversación. Lavender no le dió ninguna importancia.

— Sobre que se quede Luna a dormir con nosotras hoy, ya sabes, para hablar de lo que vamos a hacerles a estos imbéciles— sugirió, esbozando una sonrisa.

Hermione deslizó un mechón de pelo detrás de su oreja, intentando centrarse. Debía tener la mente clara y no pensar en Malfoy por un momento.

— Bueno, se supone que está prohibido, pero no creo que se entere nadie. Además... Fay y su amiga están ahora en otra habitación y queda una cama libre en nuestro dormitorio— cedió procurando aparentar estar tranquila. Aunque las gotas de sudor resbalaban por su frente.

— Genial— dijo Ginny muy contenta y bastante aliviada. Ahora que sabía que podía contar con todas, se sentía mucho mejor.

Harry y Ron, por su parte, permanecían arriba, plantados en las escaleras del dormitorio de los chicos, observándolas.

— Oye, Harry— susurró Ron sin dejar de mirarlas— ¿No te has fijado en que éstas llevan dos días demasiado juntas? Por cierto, ¿por qué traen a esa de Ravenclaw aquí?

Harry se quitó las gafas para limpiárselas con el borde de la camiseta y así poder observar mejor a su amiga y al resto.

—No sé, Ron… serán cosas de chicas, supongo— dijo con voz queda.

El pelirrojo enarcó una ceja.

— Pero, ¿Lavender con Hermione? ¿No te parece raro? Si nunca se han soportado.

Harry tenía que reconocer que aquella súbita y repentina relación era bastante extraña, pero teniendo en cuenta que dormían en la misma habitación y pasaban mucho tiempo juntas, tampoco era del todo descabellado. Quizá Hermione estaba abriéndose más con las chicas.

— Puede que estén hablando de chicos—. suspiró Harry con desgana— La verdad es que no lo sé, Ron.

Ron no se tragaba todo aquello. Sabía que algo raro pasaba.

— Y el pañuelo nuevo que lleva… Hermione nunca se pone esas cosas ni se arregla tanto. A lo mejor es que le gusta alguno y no nos lo quiere decir— comentó, frunciendo el ceño— Tenemos que investigar.

Harry no estaba muy convencido.

— Yo creo que no deberíamos meternos, Ron. Si no nos ha dicho nada será porque le da vergüenza y por eso está ahora más con Parvati y el resto.

Ron bufó. No comprendía cómo Harry podía estar tan tranquilo.

— Pero es que si no hacemos algo nos va a dejar de lado, Harry. ¿Te has enterado de que Lavender le tocó el culo a Cormac McLaggen? Si Hermione sigue juntándose con ella va a terminar igual. ¿Te imaginas? — dijo, horrorizado. Sólo de pensarlo, sentía que el vello se le ponía de punta.

Harry soltó una risita por lo bajo con incredulidad. Aunque por un momento le vino una imagen de Hermione maquillada como un autobús y transformada en una repipi cursi, echándose potingues en la cara a todas y sintió un escalofrío.

— No creo que Hermione llegue a hacer algo así en su vida— intentó convencerse a sí mismo— O eso espero.

Ron y Harry continuaron observándolas con atención desde arriba, en las escaleras, intentando averiguar algo, pero finalmente se aburrieron, desistieron y se marcharon a su dormitorio para descansar.


Por otra parte...

— Mira, Blaise. Ahí están — dijo Theodore al ver a Fred y George apoyados en una de las paredes del pasillo del séptimo piso, charlando tranquilamente.

Blaise no lo dudó ni un segundo y se aproximó a ellos. Eso sí, antes se cercioró de que no había nadie por los alrededores.

— ¡Vosotros! — gritó de mala gana.

Los Weasley se extrañaron al ver a dos alumnos de Slytherin acercándose a ellos con tanta intensidad. Y por si fuera poco, amigos de Draco Malfoy. Quizá tenían ganas de pelear.

— ¡Tranquilo chaval! ¿Qué quieres? — preguntó George apartándose de la pared, intentando no darle importancia.—¿Qué ocurre?

Fred, en cambio, quiso meter el dedo en la yaga.

— Es el amigo del hurón, George — se mofó, pero viendo que Zabini parecía estar cada vez más cabreado, añadió:— ¿Por qué habéis venido aquí?

Blaise volvió a mirar de un lado a otro. No había nadie en el pasillo a excepción de ellos, pero no tenían mucho tiempo.

— Joder, os estábamos buscando — espetó, malhumorado.

George le dio un codazo a su hermano y se rió por lo bajo.

— ¿Has oído Fred? Nos estaban buscando… con desesperación por lo que veo— dijo con sorna— ¿Para qué exactamente?

Blaise bufó. No los soportaba, pero se limitó a no insultarles con tal de conseguir lo que quería.

— Me interesa alguno de vuestros inventos raros— contestó mirándoles con desdén. Theodore, en cambio, permaneció en silencio. Creyó que lo mejor era dejarlo en manos de su compañero.

Fred se sorprendió. Aquello era lo último que esperaba. Sin embargo...

— Bueno, aquí no llevamos casi nada, lo tenemos casi todo en la sala común de Gryffindor, tendríais que pagarnos por adelantado— explicó pasándoles el brazo por encima a los dos, con toda la confianza del mundo. Qué más daba que fuesen de Slytherin, eran nuevos clientes.

Blaise estuvo apunto de apartarle, pero no tenía ganas de pelear. Lo único que quería era terminar con todo aquello cuanto antes. Theodore, en cambio, ni se inmutó.

— ¿Qué tenéis aquí? — preguntó con desgana, frunciendo el ceño.

Fred le lanzó una mirada de complicidad a George.

— ¡De todo! — dijeron los dos a la vez— Caramelos de hipo, pastillas vomitivas, Lord kakadura (galletas muy efectivas si estáis estreñidos), bombas fétidas…

— No estamos estreñidos, idiotas — escupió Blaise, cada vez más enfadado pero al ver que Theodore le lanzaba un gesto desesperado con la mirada para que no la cagase, suspiró, intentando no perder los nervios — Mirad, voy a ser directo. Me interesan las bombas fétidas. ¿Cuánto valen?

George soltó una risita.

— ¿Seguro que no estáis estreñidos? Vuestras caras me dicen que sí— se mofó con malicia— En fin, las bombas fétidas cuestan un galeón, ¿cuántas queréis?

Blaise y Theodore se apartaron un momento para tener una conversación en privado y cuando se hubieron decidido, volvieron con ellos.

— Una, sólo una— respondió Theodore intentando parecer simpático. Sabía que si dejaba que Blaise siguiera haciéndose cargo, iba a terminar mandando a los Weasley a la mierda y quizá no les vendían el artilugio.

— Habéis tenido suerte. Nos quedan un par de bombas fétidas aquí — dijo Fred sacando una del bolsillo.

Blaise se apresuró a terminar con la charla. Escuchaba unas voces al fondo del pasillo y no tenía ganas de que lo viesen confraternizando con los Weasley.

— Toma— contestó dándole el galeón a Fred y le arrebató la bomba fétida de las manos.

George los miró con suspicacia cuando vio que se alejaban rápidamente sin decir nada.

— Por cierto, ¡si Umbridge os pilla, nosotros no sabemos nada! — se apresuró a decir.

— ¿Seguro que no queréis Lord kakadura? — añadió Fred soltando una risita.

— ¡No! — gritaron Blaise y Theodore antes de desaparecer de una vez por todas.


Draco llevaba más de media hora esperando con impaciencia la vuelta de sus compañeros. Había explicado el plan a Crabbe y Goyle más de diez veces pero eran tan retrasados que no se enteraban a pesar de su insistencia.

— Tenemos que salir del maldito castillo sin que nos pillen— volvió a repetir, hastiado. Le había empezado a doler la cabeza— Subir con las escobas hasta la ventana del dormitorio y cuando consigamos entrar, tenemos que ser rápidos.

— Sí, Draco. Les lanzamos el hechizo Desmaius como has dicho antes…— contestó Goyle sin dejar de tocar su suave rostro, aliviado por verse sin la enorme barba.

— Exacto— dijo con sequedad. Parecía que por fin empezaban a comprenderlo.

A decir verdad, Draco sabía que hasta él mismo no estaba muy centrado en el plan. Seguía en shock por lo que había ocurrido esa tarde en la biblioteca. Jamás había sentido tal deseo por alguien, ni siquiera por Astoria o por Pansy. Se sentía demasiado confuso y avergonzado. Quería fastidiar a Granger. Más que nunca. Porque creía que así se olvidaría de una jodida vez de sus ardientes labios y de su mano rozándole la entrepierna. Además, por más vueltas que le daba, seguía sin entender cómo la sangre sucia había sido capaz de tocarlo de esa forma.

En ese instante, la puerta del dormitorio se abrió de un golpe y aparecieron Blaise y Theodore con una sonrisa de oreja a oreja.

— ¿Por qué mierda habéis tardado tanto? — preguntó aproximándose a ellos, intentando olvidarse de sus problemas por un momento.

— Nos ha costado encontrar a los pobretones, pero ya tenemos lo que queríamos— dijo Blaise sacando la bomba fétida de su bolsillo.

Draco suspiró aliviado. Parecía que todo marchaba bien, sin complicaciones. Lo agradeció y esbozó una sonrisa ladina.

— Estupendo.

— ¿A qué hora comenzaremos con el plan? — preguntó Theoodore, con incertidumbre.

Draco volvió a recostarse en su cama, más relajado.

— Evidentemente después de la cena, cuando todos duerman. Ya veremos cómo esquivamos a Filch y a Snape.


Todo el mundo estaba cenando tranquilamente en el Gran Comedor, pero un aura oscura se cernía sobre el grupo de Draco Malfoy, que miraban intensamente a las chicas de la mesa de Gryffindor y a Luna, que estaba comiendo junto a ellas.

— ¿Os dáis cuenta? No me gusta ni un pelo cómo nos están mirando— se quejó Ginny devorando nerviosamente varias alitas de pollo, pero casi se atragantó al ver que repentinamente Zabini le guiñaba un ojo.

Lavender tuvo que darle un par de golpes en la espalda al darse cuenta de que estaba ahogándose.

— ¿Estás bien?

La intensa mirada de Zabini tampoco había pasado desapercibida para Parvati, que cada vez parecía estar más molesta.

— Cómo quieres que esté Ginny, Lavender. Si ese asqueroso acosador no deja de mirarla.

Ginny bebió un poco de zumo de calabaza e hizo aspavientos con la mano, quitándole importancia.

— Estoy bien, estoy bien, no os preocupéis.

— ¡Te tocó! — dijo Parvati pero bajó el tono inmediatamente al ver que todas las miradas de Gryffindor se centraban en ella— Eso para mi es violación. Maldito acosador.

Ginny le instó a que fuera más discreta.

— Cállate, Parvati, por favor. Es mejor que no se entere nadie. Ya se la devolveré. No te preocupes.

Hermione, en cambio, estaba atenta a la conversación, pero no podía dejar de mirar a Malfoy. Estaba sentado entre sus amigos, sonriendo con arrogancia, con los dos primeros botones de la camisa desabrochados y la corbata desajustada. Draco notó que alguien lo observaba y cuando se dio cuenta de que era Granger centró su mirada en ella durante unos instantes en los que pareció pararse el tiempo. Hermione se estremeció al darse cuenta de la forma en la que la estaba mirando. De forma peligrosa. Amenazante. El corazón le latía más rápido de lo normal y la piel del rostro le quemaba. Intentó apartar la vista de Malfoy pero no pudo. Él tampoco lo hizo.

— Hermione, ¿te queda mucho? Nosotras ya nos vamos al dormitorio— dijo Luna devolviéndola a la realidad. Inmediatamente apartó la mirada de Draco Malfoy.

— Ya voy... — respondió ruborizada. Apenas había probado bocado pero no tenía hambre. Soltó los cubiertos y se levantó para irse con todas las demás, pero sabía que Malfoy seguía centrando su atención en ella, en aquel pañuelo granate que llevaba atado al cuello. Lo percibía. Sentía su mirada clavada en ella conforme se alejaba del Gran Comedor.

Hermione instintivamente se llevó la mano al cuello. A la zona donde se encontraba su marca.

Draco se percató. ¿Acaso lo estaba provocando?

— Draco, nosotros volvemos al dormitorio— dijo de pronto Theodore levantándose de la mesa con Blaise.

Malfoy volvió en sí al ver que sus amigos se ponían en pie, dispuestos a marcharse. Se acercó inmediatamente.

— Esperadme, yo también me voy.

Crabbe y Goyle continuaban engullendo platos del tamaño de una montaña.

— Nosotros nos quedamos aquí un poco más. Esto está muy rico— comentó Crabbe.

Blaise suspiró. No faltaba mucho para la hora en la que el plan se llevaría a cabo y él se sentía algo nervioso. Joder, ¿cómo podían sus compañeros zampar tanto y estar tan tranquilos?

— Pues no tardéis mucho, glotones — dijo impaciente y sin más se marchó en dirección a las mazmorras con Draco y Theodore.


Pasó largó rato hasta que Luna entró en el dormitorio de las chicas de Gryffindor con una gran almohada y su peculiar pijama de rayas. No dejaba de sonreír de la emoción. Era la primera vez que la invitaban a dormir allí y se sentía entusiasmada.

— Ya estoy aquí.

Ginny se sintió más tranquila al ver que había llegado sin problemas.

— ¿Te ha visto alguien?

Luna negó un par de veces con la cabeza.

— No, en la sala común no había nadie— dijo y se sentó en el suelo junto a la estufa de leña que había en el centro de la habitación. A pesar de que ya estaba apagada, el calor se mantenía en el cuarto y era muy reconfortante.

Lavender abrió un cajón de su mesita de noche, sacó un peine de color rosa y comenzó a cepillarse el pelo, con tranquilidad. Aprovechó para sentarse junto a Luna y continuar con su ritual de buenas noches.

— Bueno, ahora que estamos más calmadas... ¿qué vamos a hacer con Zabini y Malfoy? — preguntó.

Parvati también se sentó junto a ellas.

— Malfoy se merece un castigo por no haber recibido su merecido anoche y Zabini por acosador.

Ginny se mantuvo en silencio un momento, pensando.

— Quizá deberíamos hacer algo para ridiculizarlos delante de todo el colegio… que ya nadie los vea igual — sugirió.— Humillarlos, como han hecho ellos con nosotras tantas veces.

Hermione se unió a la conversación.

— ¿Y qué hacemos con Crabbe, Goyle y Nott?

Lavender, aprovechando que se había cepillado el pelo, empezó a hacerse una trenza.

— Bueno… no creo que se atrevan a hacernos nada. Al menos, no parecen tener intenciones. Así que por el momento les dejaremos en paz. La cuestión es, ¿qué hacemos con Zabini y Malfoy?

A Parvati se le iluminaron los ojos.

— ¡Ya lo tengo! ¡Poción multijugos! Imagináoslo por un momento. Nos hacemos pasar por ellos y nos desmadramos. ¡Sería épico!— dijo emocionada pero inmediatamente se dio cuenta de todos los inconvenientes que conllevaba su plan — Aunque, el problema es la poción. Dicen que es muy difícil de elaborar y que tarda mucho tiempo en estar lista.

Hermione asintió. Ella lo sabía de sobra. Sus compañeras no tenían ni idea pero ella la había elaborado en segundo curso y no había sido nada fácil. Por no hablar de que tendrían que conseguir pelos de Malfoy y Zabini.

— No tenemos tanto tiempo — dijo con voz queda.

Luna esbozó una sonrisa.

— No pasa nada porque... ¿sabéis qué? Snape tiene en su despacho. Yo la he visto.

Ginny también se había percatado de aquel detalle. El profesor de pociones tenía de todo en su despacho.

— Cierto. Pero como Snape nos pille… no lo contamos.

Hermione decidió tirarse de cabeza a la piscina. Qué importaba ya. Si había sido capaz de entrar con las demás en la habitación de Malfoy, ''coger'' poción multijugos del despacho de Snape sería pan comido. Peores cosas había hecho con Harry y Ron durante los años que llevaba en Hogwarts. Si hubiera dispuesto de más tiempo, la hubiera elaborado sin problemas, pero no era el caso.

— Bueno, está bien. Pero si realmente vamos a usar poción multijugos y a robarla del despacho de Snape, sólo tenemos una opción. Que vaya una de nosotras, con la capa y el mapa. Así será relativamente fácil y no nos pillarán. Lo malo es que tendría que quitárselos a Harry otra vez.

Ginny dudó por unos segundos pero tenía tantas ganas de joder a Zabini que le daba igual si todo aquello las metía en un lío.

— Tienes razón, ya veremos quién se encarga de entrar en el despacho de Snape— dijo— La cuestión es que también vamos a necesitar los pelos. Ya sabéis...

Lavender se puso pálida al darse cuenta del gran dilema. No había pensado en ello.

—Es verdad…los pelos son un inconveniente. Aunque primero tenemos que conseguir la poción. Bueno, mañana lo planearemos con todo detalle. Deberíamos dormir ya… es muy tarde— sugirió acercándose a su cama. Estaba tan agotada que se tumbó, y se tapó con las suaves sábanas.

Las demás se pusieron en pie, apartándose de la estufa de leña y se fueron a sus respectivos colchones. Luna se acostó en la cama que anteriormente había sido de Fay Dunbar y no tardó mucho en dormirse. Cuando la habitación estaba completamente a oscuras y sólo entraba una pequeña luz reflejada por la luna, Hermione se incorporó, aprovechando que las demás estaban dormidas, se quitó el pañuelo y lo dejó sobre su mesita de noche. Luego se recostó y suspiró profundamente. Aún seguía estando nerviosa pero tenía demasiado sueño acumulado y necesitaba dormir como fuese.

Por un momento, con los ojos cerrados, sintió como la embargaba la tranquilidad. Lo que desconocía es que aquella calma no iba a durar demasiado.


Eran más de las doce cuando los chicos de Slytherin salieron a hurtadillas de su sala común, con sus escobas en la mano y las túnicas sobre los pijamas. Hacía un frío glacial en los oscuros pasillos de las mazmorras que les calaba el cuerpo, pero no importaba. Estaban más concentrados en que no les pillasen y todo saliera de acuerdo al plan. No había ni rastro de Snape ni de Filch por el vestíbulo, así que abrieron a toda prisa la puerta de la entrada principal y salieron sigilosamente, sin hacer ruido. Cuando traspasaron el umbral, se montaron en sus escobas y comenzaron a volar, rodeando el castillo en busca de la ventana del dormitorio de Hermione Granger y las demás. El cielo estaba completamente despejado y podía verse el reflejo de la luna en el Lago Negro. Sus túnicas se movían bruscamente por la fuerza con la que agitaba el viento y sus manos estaban rígidas por el frío, pero a pesar de ello, volar en la oscuridad de la noche les producía una sensación excitante.

Una vez llegaron a la ventana que estaban buscando, Draco alzó su varita y murmuró lo más bajo posible un hechizo para abrirla. Al ver que, efectivamente, se trataba de la habitación de Granger, se colaron intentando no hacer ruido.

— Anda, ¿qué hace aquí Lunática? — musitó Blaise con euforia, señalando a Luna, que dormía plácidamente en una de las camas— Podremos fastidiarla a ella también.

Goyle soltó una risita maliciosa.

— Genial.

Draco se acercó con nerviosismo a la cama en la que dormía Granger y sacó su varita de su pijama. Las manos le temblaban. Era la primera vez que entraba allí y se sentía bastante incómodo.

— Al grano. Ya sabéis lo que hemos hablado. Usad el hechizo Desmaius para que no se despierten.

Blaise, en silencio, se aproximó a Ginny, Goyle a Parvati, Theodore a Luna y Crabbe a Lavender. Todos murmuraron el hechizo y un destello iluminó la habitación dejando a las cinco chicas completamente inconscientes.

— Bien— sonrió Blaise, más tranquilo. Luego echó un vistazo rápido a la estancia— Vamos a atarlas a esa estufa que hay ahí.

Crabbe y Goyle asintieron con la cabeza.

— Está bien — dijo Theodore.

La habitación estaba en penumbra pero Draco podía ver a Hermione gracias a la poca luz de la luna que entraba por la ventana. Estaba tumbada entre las mantas rojas aterciopeladas, con su pijama celeste de animalitos y el pelo completamente alborotado. Draco sabía que todos estaban ocupados cogiendo a las chicas y atándolas alrededor de la estufa, así que seguramente no se fijarían en él. No soportaba a la sangre sucia pero quería tocarla. Algo le obligaba a hacerlo. No podía evitarlo por más que quisiera. Por inercia, aproximó su mano a ella lentamente y rozó su rostro. Su piel era cálida y suave.

Desvió la mirada a la mesita de noche y al ver encima el pañuelo granate, tuvo un impulso, lo cogió y lo guardó en su bolsillo. Luego miró a sus compañeros con nerviosismo pero parecía que ninguno de ellos se había percatado de lo que había hecho. Volvió a centrar su atención en Granger. Tenía curiosidad así que le apartó el pelo enmarañado para ver la marca en su cuello. Seguía estando ahí.

Su marca.

Sin darse cuenta, la rozó suavemente con las yemas de los dedos.

Blaise frunció el ceño al ser consciente de que su amigo tardaba demasiado.

— ¿A qué esperas, Draco? ¿Qué coño estás haciendo?

Draco sintió un escalofrío.

— Ya voy, joder— dijo e inmediatamente se inclinó y cogió a Granger para llevarla a donde estaban las demás. Se aproximó lentamente hacia la estufa de leña y la soltó en el suelo con dificultad. No porque pesase, sino porque por alguna absurda razón, no quería hacerlo. Tenía la necesidad de seguir notando su cálida piel entre sus brazos.

¿Por qué?- pensó.

Blaise, viendo que nadie reaccionaba, ni siquiera Draco, no se lo pensó ni un segundo, alzó su varita y lanzó un hechizo que hizo que apareciese una gruesa cuerda y atara a las chicas alrededor de la estufa con fuerza.

— Bien, ¡Rennervate! — exclamó.

Todos los demás lo imitaron. Draco señaló con la varita a Hermione y dijo las mismas palabras, deseando saber qué iba a ocurrir a continuación. Hermione comenzó a abrir los ojos despacio, somnolienta. Veía borroso y todo estaba demasiado oscuro. Notaba que no podía moverse y no tenía ni idea de qué era lo que estaba ocurriendo pero al alzar la vista hacia arriba, divisó cinco sombras encapuchadas que la rodeaban a ella y a las demás.

Ginny fue la primera en reaccionar.

— ¡¿Qué narices estáis haciendo aquí?! — dijo forcejeando con la cuerda.

Lavender, en cambio, más que enfadada, parecía estar aterrorizada. Después de lo que Ginny les había contado, no se fiaba ni un pelo de lo que pudieran hacerles.

— ¿¡Cómo habéis entrado?! — gritó, con miedo.

Hermione y Luna, inentando no perder la calma, desviaron la mirada y vieron la ventana abierta de par en par.

— La ventana, Lavender…— musitó Luna en un hilo de voz.

Parvati miró a Blaise con puro terror.

— Ni se os ocurra hacernos nada— dijo con voz temblorosa— A mí no vais a tocarme ningún pecho.

Theodore se extrañó pero se fijó en que la chica no dejaba de mirar a Blaise asustada y se percató de que se refería a él.

— ¿Qué has hecho, Blaise?

Zabini sonrió con maldad.

— ¿Recordáis que os dije que me encontré esta tarde a la pecosa y le di su merecido? Pues…— intentó explicar.

Ginny lo cortó en seco.

— Ni se te ocurra volver a ponerme tus sucias manos encima, cerdo.

Theodore se quedó estupefacto. No daba crédito a lo que estaba escuchando.

— Joder, Blaise. Sí que has llegado lejos.

Blaise chasqueó la lengua, con desprecio.

— ¿Y qué querías que hiciese, Theo?— dijo con suficiencia—Así no volverá a entrar en nuestra habitación.

Crabbe y Goyle se limitaron a asentir todo el rato y a imitar lo que hacían los demás, con tal de no cometer ningún fallo. Draco, en cambio, permanecía en silencio, con aire casual, de brazos cruzados, sin apartar la vista de Hermione, escrutándola de arriba abajo, con una sonrisa torcida.

— ¡Esto os va a costar caro! — los amenazó Ginny. Impaciente, intentó darle a Blaise una patada en la espinilla, pero él la esquivó sin ninguna dificultad.

Sin embargo, Zabini, ante su amenaza, se sintió bastante molesto. No entendía cómo no le temía después de haberla magreado en los pasillos. Tendría que asustarla un poco más. Se aproximó muy despacio a ella hasta quedar a escasos centímetros de su rostro y la miró con seriedad.

— Si intentas hacerme algo, no solo te tocaré las tetas, pecosa.

Ginny sintió como el corazón le daba un vuelco al escuchar sus palabras. Jamás había visto a Zabini tan de cerca. Tan de cerca que casi le rozaba la punta de la nariz. No pudo evitarlo y se sonrojó violentamente. Se suponía que debía estar asustada, pero no le tenía ningún miedo.

Ya no.

— Creo que deberíamos irnos — sugirió Theo, sintiéndose cada vez más intranquilo. No quería acabar castigado y empezaba a ver que la situación se les estaba yendo completamente de las manos— Como se despierte alguien de Gryffindor nos vamos a meter en un lío.

Blaise lo fulminó con la mirada. Y una mierda.

— Ni hablar. Antes vamos a desnudarlas— dijo intentando sonar convincente. En realidad no tenía pensado hacerlo, pero quería acojonarlas.Y ya que ninguno era capaz de asustarlas de verdad, él lo haría— ¿Por cuál empezamos? Veamos... ah, ya sé. La sangre sucia.

Las chicas comenzaron a gritar y a forcejear con todas sus fuerzas para liberarse de la cuerda pero era inútil. Hermione se aterrorizó al ver que Zabini se aproximaba a ella y se inclinaba con la intención de desabrocharle los botones de la camisa del pijama. Sin embargo, sucedió algo con lo que Hermione no contó. Draco sintió como la furia lo dominaba al ver que su amigo aproximaba sus manos a ella y sin poder controlarse, lo empujó bruscamente, apartándolo.

— ¿Qué mierda haces, Draco? — preguntó Blaise.

Draco sabía que la había cagado. Se sintió vulnerable en ese momento. No sabía por qué lo había hecho, pero tenía que improvisar.

—Quiero hacerlo yo, Blaise, tú encárgate de la comadreja o de cualquier otra pero a mí déjame a la sangre sucia— dijo arrastrando las palabras, despectivamente. El corazón le latía a toda prisa pero ya no había vuelta atrás. Le jodía demasiado que Blaise quisiera tocarla. Aún así, tenía que disimular.

— Está bien, hazte cargo tú— cedió Blaise, sin darle importancia y aprovechó para acercarse a Weasley.

Draco se inclinó y aproximó su mano al pijama de Hermione. Desabrochó el primer botón y se le aceleró la respiración pero Hermione se quedó en silencio, sin dejar de mirarle a los ojos, muy seria. No fue capaz de gritar como el resto. Era como si todo lo demás hubiera desaparecido y solamente estuvieran él y ella en la habitación. No sabía por qué se sentía de esa forma. Se suponía que debería estar asustada, furiosa, pero no era así. Se sentía expectante, como si en el fondo una parte de ella deseara que él continuase.

Lavender chilló aún más fuerte y se escuchó un ruido fuera de la habitación. Theodore se asustó. No dejaba de mirar en dirección a la puerta, con miedo a que se abriera de par en par de repente y entrase alguien.

— ¡Os lo digo en serio! ¡Tenemos que irnos!

Blaise, que empezaba a ser consciente del escándalo que estaban montando, se apartó y sacó la bomba fétida de su bolsillo del pijama. Ya las habían asustado lo suficiente. Era hora de dar el toque final.

— ¡Relájate, joder! Sólo queda algo por hacer...

Ginny se dio cuenta inmediatamente de cuál era el objeto que tenía Zabini en la mano. Se lo había visto en incontables ocasiones a sus hermanos.

— ¡No! Ni se te ocurra…— intentó decir pero no le dio tiempo porque Zabini lanzó la bomba fétida al suelo y un olor insoportable se expandió por toda la habitación.

Los chicos de Slytherin cogieron sus escobas y Theodore, a toda prisa, fue el primero en salir volando por la ventana. Sin embargo, Crabbe y Goyle se dirigieron a la puerta del dormitorio, totalmente desorientados.

— ¡¿A dónde coño vais?! — gritó Blaise desde la ventana, exasperado, al ver que los tontos de sus amigos iban a joderlo todo. Y eso que Draco supuestamente les había explicado el plan más de una vez.

— ¡Ah perdón! ¡Los nervios! — dijo Crabbe.

Goyle se paró en seco, sujetó a Vincent para que no abriese la puerta, se acercaron torpemente hacia la ventana, no sin antes tropezarse con la estufa y hacer más ruido de lo que ya habían hecho, y finalmente se esfumaron. Blaise los siguió de mala gana. Draco era el único que quedaba allí, pero no dijo ni una palabra. Miró una última vez a Hermione, clavándole sus ojos grises y se marchó con sus amigos, desapareciendo en la oscuridad de la noche. Hermione se preocupó de que las demás se hubieran percatado de la forma en la que Malfoy la había mirado, pero no fue así. Y es que el olor de la bomba fétida era tan insoportable que las chicas no podían pensar en otra cosa. Ginny comenzó a toser.

— ¡Joder, qué pestazo!

Lavender intentaba zafarse de la cuerda de una vez por todas, pero no había manera.

— ¡Ah! ¡Socorro! ¡Esa cosa huele fatal!


Mientras tanto, en el dormitorio de los chicos de Gryffindor...

Ron se había despertado, se había aproximado a Harry y había comenzado a zarandearle, desesperado.

— Harry, Harry, despierta. ¿Has escuchado esas voces? Creo que pasa algo en el cuarto de Hermione.

Neville, Seamus y Dean, con tantos gritos, también se habían despertado.

— Nosotros también lo hemos escuchado.

Harry, preocupado, cogió las gafas de su mesita de noche, se las puso, se levantó y abrió la puerta de la habitación. Los demás lo siguieron, sin dudarlo. Cuando salieron a la escalera que conectaba con el resto de dormitorios se dieron de bruces con Cormac McLaggen y sus compañeros de cuarto.

— ¿Vosotros también os habéis despertado? — preguntó McLaggen al verlos fuera.— ¿Qué narices está pasando?

Harry tragó saliva.

— Ni idea. Creo que el ruido viene de la habitación de Hermione. Nos ha parecido escuchar su voz.

Seamus no pudo esperar más, salió corriendo sin soltar la varita y subió las escaleras que llevaban al dormitorio de Hermione Granger. Todos le siguieron. Estaban tan preocupados y tenían tanta curiosidad por lo que estaba ocurriendo en la habitación que se olvidaron por completo del encantamiento de los escalones. Subieron a toda prisa, empujándose los unos a los otros, pero cuando ya estaban a punto de llegar a la puerta, las escaleras desaparecieron transformándose en un tobogán resbaladizo que hizo que todos cayeran rodando, unos encima de otros, al estilo dominó.

Ron no se rindió. No iba a abandonar a su amiga.

— ¡Mierda! ¡Me da igual! — gritó intentando trepar por el tobogán como si fuese un mandril, con el culo en pompa, pero volvía a caerse sobre el montón de chicos que había abajo.

Cormac hizo un esfuerzo por levantarse pero tenía a Finnigan y a Longbottom encima y no podía ni respirar.

— ¡Me estáis aplastando! Dejadme a mí, ¡yo voy a conseguir subir!

— Creo que deberíamos avisar a Dumbledore— propuso Harry a la desesperada.

Cormac no le hizo ni caso y lo apartó de un empujón.

— ¡No, no! ¡Yo puedo con ésto!


Por otra parte, las chicas forcejeaban con la cuerda intentando deshacerse de ella para poder lanzar la bomba fétida por la ventana y que ese horrible olor terminase de una vez por todas pero Hermione fue más rápida.

¡Accio varita! — y su varita que estaba sobre la mesita de noche fue a parar a sus manos para seguidamente pronunciar Finite Incantatem y hacer desaparecer el hechizo que las aprisionaba.

Parvati se levantó, intentando aguantar la respiración, dio una fuerte patada a la bomba fétida y la lanzó por la ventana abierta. Ginny y Lavender no podían parar de toser debido al pestazo producido por aquella cosa y Luna optó por acercarse a la ventana para poder respirar aire limpio. Pero aún así, no era suficiente.

— ¡Qué asco! ¡No puedo más! — dijo Lavender— Voy a abrir la puerta para ver si así se va el olor.

Se acercó decidida a abrir la puerta del dormitorio pero cuando lo hizo, pisó el suelo resbaladizo del tobogán y cayó encima de Cormac McLaggen que en ese momento intentaba treparlo, provocando que ambos saliesen despedidos hasta el fondo y cayeran sobre el resto de los chicos.

— ¿Pero qué…— intentó decir Lavender pero ahogó un grito al ver que estaba aplastando a Cormac y que él la había parado como acto reflejo apoyando las manos sobre sus pechos.

Cormac McLaggen.

Tocándole los pechos.

Lavender se levantó de un salto con la cara encendida, avergonzada hasta límites extremos. No podía creerlo. De todas las personas que había en Hogwarts, tenía que haber sido él. Cormac, por otra parte, permanecía inmóvil en el suelo, tan blanco como una sábana. Los compañeros de habitación del chico comenzaron a reírse a carcajadas al ver aquella escena tan surrealista.

— ¿Lavender, estás bien? — preguntó Hermione desde arriba— ¿Qué demonios estáis haciendo aquí vosotros? — añadió dirigiéndose a los demás.

Ron, se puso en pie forzosamente y frunció el ceño, molesto.

— ¿Que qué hacemos? Si no gritárais tanto, podríamos dormir.

Harry la miró, preocupado. Eso sí, se había tranquilizado al ver que su amiga parecía estar bien a simple vista.

— ¿Qué ha pasado, Hermione? — dijo mientras ayudaba a Neville y a Seamus a levantarse.

Hermione se estremeció. No quería que sus amigos se enterasen de lo sucedido. Era algo entre las serpientes y ellas. Miró a Lavender con advertencia y la chica entendió inmediatamente que era mejor que ellos no supieran nada. Además, tampoco debían saber que Luna estaba en la habitación.

Hermione desvió la mirada. Odiaba mentir a Harry y a Ron, pero tenía que hacerlo.

— Bueno… Parvati ha visto una araña en su cama y...

— ¡Eso, eso! — dijo Lavender subiendo rápidamente al dormitorio al ver que el tobogán libre de chicos comenzaba a transformarse nuevamente en unas escaleras.

Ron enarcó una ceja.

— ¿Por esa tontería?— se quejó, aunque tratándose de arañas, precisamente él no era el más indicado para hablar— ¿Y qué es ese pestazo?

Hermione se quedó en blanco y Lavender tuvo que ayudarla a salir del paso.

— Pues... que Ginny no se encuentra muy bien— disimuló, con nerviosismo.

— ¡Te he oído, Lavender! — se escuchó a la pelirroja desde el fondo de la habitación.

Hermione, viendo que pretendían hacerles más preguntas, decidió terminar rápidamente con la conversación.

— Bueno, ya está todo solucionado. Volved a dormir, buenas noches— dijo cerrando la puerta bruscamente y dejándolos plantados.

Hubo un largo silencio. Cormac McLaggen y el resto subieron las escaleras en dirección a su habitación. Harry y Ron se quedaron rezagados.

— ¿Has visto que borde se ha puesto? Te digo que aquí pasa algo raro, Harry— le susurró Ron molesto.

Harry lo miró por un momento. Neville, Seamus y Dean ya habían entrado en el dormitorio. Ellos seguían en las escaleras.

— Tienes razón, Ron. Tenemos que averiguarlo.

Cormac también se había quedado un poco atrás, con respecto al resto de sus amigos. No podía dejar de mirarse las manos por lo que había ocurrido. Estaba en shock.

— Cormac, ¿a qué esperas? — le preguntaron sus amigos pero él no reaccionaba. Había tocado accidentalmente los pechos de su acosadora particular y lo peor de todo era... que le había gustado. Llevaba todo el curso sintiéndose atraído por Hermione Granger, pero en ese instante se había olvidado de ella por completo. Sólo podía pensar en los grandes pechos de Lavender y en el hormigueo que aún sentía en las yemas de sus dedos.

Irónico, cuando había estado criticándola durante todo el día.


Después de algo más de una hora intentando ventilar la habitación, las chicas habían tenido una charla seria antes de irse a dormir. Iban a llevar a cabo la venganza de la poción multijugos, pero no solamente con Zabini y Malfoy como habían acordado en un principio, sino con todos. Debían planear cómo conseguir sus pelos, pero viendo que se hacía cada vez más tarde y que necesitaban descansar, acordaron que lo mejor era dejarlo para el día siguiente.

Hermione se aproximó a su cama y miró una vez más por la ventana el cielo despejado antes de meterse entre las sábanas, pensando en todo lo que había ocurrido. Desde que había besado a Malfoy, sólo había tenido problemas. Y parecía que la situación empeoraba cada vez más. No sabía cómo iban a concluir sus batallitas pero no pensaba ceder. Estaba absorta en sus pensamientos cuando se percató de algo. Se quedó inmóvil al ver que su pañuelo ya no estaba en la mesita de noche. Supo en ese instante, que Malfoy se lo había llevado, que se lo había quedado para él. ¿Pero por qué?

Hermione se metió en la cama rápidamente, corrió las cortinas del dosel, se tapó con la manta y cerró los ojos con fuerza, sintiéndose avergonzada.

— Imbécil— masculló sonrojada.

Por otra parte...

Los chicos de Slytherin habían llegado sanos y salvos a su habitación y después de haber estado riéndose a carcajadas durante largo rato sobre lo que había ocurrido, arrojaron las túnicas sobre sus baúles y se fueron a dormir. Draco miraba al techo de la habitación sin cerrar los ojos, absorto en sus pensamientos, preguntándose por qué le había robado el pañuelo a Granger. Metió la mano en el bolsillo del pantalón de su pijama, lo sacó y lo acercó a su rostro para percibir el sutil aroma de Granger. Ese aroma tan irresistible que lo estaba volviendo completamente loco.

La odiaba pero tenía que reconocer que al mismo tiempo la deseaba ardientemente… y eso era algo que… lo estaba matando.


Tachán! ¿Qué os ha parecido? :D ¡Yo he disfrutado mucho con este capítulo! Preparaos, porque en el siguiente capítulo... bueno, os dejo con la intriga ^^

Un beso muy fuerte y... ¡FELIZ SAN VALENTÍN!