¡Chicas! Aquí tenéis el siguiente capítulo, que me he apresurado a compartirlo con vosotras. Espero que os guste :D

Las respuestas a los reviews de las que no están registradas:

Athenea: Hola guapa! Gracias por tus comentarios :D Me animan mucho cuando los leo. Aquí tienes el siguiente capítulo. Espero que te rías tanto como en los anteriores! Un beso fuerte!

Ian: ¡Me alegro de que te gusten las parejitas que he hecho! A mí también me encantan :D veremos a ver como evolucionan... ;) Agradezco mucho tus comentarios! Un besito fuerte :D

Emma Felton: acabo de leer tu review en el otro fic! ajjaja me alegro de que te haya gustado! a ver que te parece este :D Las cosas se están poniendo muy intensas... ¿no crees? xDD por cierto, la de la foto sí, soy yo! :) un beso muy fuerte guapa!

Rosyr: Adoro tus testamentos en serio, así que no te deprimas para nada que me gustan mucho y me río un montón! también te contesté por el otro fic! espero que te gusten los caps, tanto este como el de Cuál es tu recuerdo Draco! ¡ya me dirás que te han parecido! un besote guapa :D

y ahora... os dejo con la lectura! ;)


-Operación Multijugos- Editado

Draco despertó por la mañana y vio que sus compañeros seguían durmiendo como si nada hubiera pasado. Comenzó a recordar todo lo que había sucedido la noche anterior y metió la mano en su bolsillo para sacar el pañuelo. El miedo lo embargó rápidamente. Tenía que esconderlo para que los demás jamás descubrieran lo que había hecho, así que se levantó y abrió uno de los cajones de su mesita de noche. Sacó una pequeña caja negra con una serpiente plateada grabada en el centro, donde guardaba a veces sus pertenencias más valiosas,-entre ellas el anillo de su familia-, metió el pañuelo, y con manos temblorosas, la cerró.

Theodore lo escuchó y se incorporó, con los ojos medio cerrados y el pelo algo alborotado.

— Draco, ¿qué haces?

Malfoy se tensó inmediatamente.

— Nada, no es asunto tuyo— dijo secamente, mientras guardaba la caja.

Theodore no le dio importancia. Parecía estar más preocupado por otro tema. Se puso en pie y comenzó a desabrocharse los botones de la camisa del pijama.

— ¿Qué pasaría en la torre de Gryffindor cuando nos fuimos? — inquirió, angustiado. Había estado toda la noche dándole vueltas. ¿Y si los expulsaban? Habían llegado demasiado lejos después de todo.

Draco suspiró y decidió que lo mejor era vestirse e ir a clase como si nada hubiera ocurrido.

— ¿Tú que crees? ¿No es evidente? Probablemente Potty y la comadreja se despertaran al oír el escándalo y fueran a socorrerlas. Parece que si no se hacen los putos héroes todos los días, no son felices.

Blaise se despertó al escucharles.

— Ahora nos dejarán en paz de una vez— dijo acercándose a ellos— Les dimos un buen susto.

Theodore sintió un pinchazo en el estómago. Aún recordaba las palabras de Ginny Weasley. No estaba muy seguro de si todo aquello había terminado.

— Eso espero— dijo e intentó pensar en algo positivo para evadirse— Al menos hoy no faltaremos a pociones.

Blaise chasqueó la lengua.

— De todas formas, yo no me quedé satisfecho— replicó.

Theodore lo miró muy serio.

— Blaise… últimamente estás…no sé…

Zabini se quedó en silencio por un momento y frunció el ceño. Se aproximó a él lentamente, invadiendo su espacio personal. No le hacía gracia que Theodore lo juzgase. Al fin y al cabo, él también había participado.

— ¿Estoy... cómo, Theo? — dijo, con amenaza.

Theodore dio un paso hacia atrás, algo intimidado y desvió la mirada. Desde que habían terminado las vacaciones de verano y todos habían vuelto a Hogwarts, Blaise no había sido el mismo de siempre. Y los demás lo sabían. Aparte de que se pasaba el día follando con la que se le antojase, se había vuelto un gilipollas. Pero habían dado por hecho que estaba pasando por una fase rebelde.

— No sé, tocaste a Weasley… luego querías quitarles la ropa a todas…

— Vamos, que tienes las hormonas jodidamente mal— concluyó Draco.

Blaise se rió. Con sarcasmo. Con cierto deje de ironía en la voz. Como si sus compañeros nunca pudieran llegar a entenderle. Y se acercó a la cama de Crabbe para despertarle.

— Qué esperábais. Esas zorras se lo merecían. Además, no pensaba desnudarlas. Sólo quería acojonarlas. Y parece que funcionó. Pero para que quede claro, ni la pecosa ni ninguna de sus estúpidas amigas me van. Ya tengo a Daphne, por si no lo recordábais... que por cierto, esta noche he quedado con ella y quiero que os larguéis. A ver si consigo follármela de una maldita vez, que estoy empezando a cansarme.

Draco se puso la túnica y suspiró con hastío.

— No vas a conseguir nada de eso con Daphne, Blaise. No es como Astoria.

Y era cierto. Astoria siempre había sido más lanzada. No era igual que su hermana. Daphne era más tranquila. Más cortada. Era la versión opuesta de Astoria. Si Blaise quería acostarse con ella lo iba a tener difícil.

Muy difícil.

—Eso ya lo veremos, Draco— respondió Zabini, seguro de sí mismo. Luego, insistió zarandeando a Crabbe, que dormía cual oso perezoso—Este tonto no se despierta— Cansado y sintiendo que no le quedaba ni una gota de paciencia en el organismo, se acercó a su mesita de noche para sacar una pluma negra con reflejos verdosos de uno de los cajones y la aproximó a la nariz de Crabbe.

Al notar un cosquilleo muy intenso, Vincent hizo un movimiento brusco y se cayó de la cama estrepitosamente.

Theodore y Blaise soltaron una carcajada. Goyle, en cambio, al escuchar el estruendo, se levantó de un sobresalto, asustado, pensando que las chicas estaban en la habitación e iban a atacarles otra vez pero Crabbe seguía roncando, tumbado en el suelo, indiferente al golpe.

— ¡No volváis a hacer algo así! ¡Casi me da un infarto!— dijo Goyle, jadeando.

Theodore soltó una risita, más tranquilo.

— Pues sí que estás sensible, Gregory.

Draco, en cambio, sentía que no podía estar pendiente de las gilipolleces de sus compañeros. No en ese momento. Resopló de mala gana y se limitó a terminar de vestirse para ir a la clase de pociones. Tenía cosas más importantes en las que pensar, como las sensaciones que estaba experimentando hacia la sangre sucia. Se arrepentía de haber besado a Granger. No tenía que haberlo hecho nunca y así hubiera evitado problemas. Pero ya no había vuelta atrás. Sentía que se había metido en un callejón sin salida.

Y estaba claro que no podía olvidarla. Al final acababa yendo a ella quisiera o no. Siempre. Como si de un imán se tratase.

Tenía que buscar una solución.

Cuando por fin Crabbe se despertó y se vistió, todos salieron de la habitación, fueron a desayunar y volvieron a las mazmorras para ir a pociones. Una vez allí, Snape les echó la bronca del siglo por haber faltado a clase el día anterior, pero no les impuso ningún castigo. Después de todo, eran Draco y sus amigos. Así que el profesor solamente les hizo una advertencia y les quitó veinte puntos. Y es que Severus ese día tenía mucha prisa. Dumbledore quería hablar con él en su despacho y no tenía ganas de discutir con Draco ni con nadie. Es más, iba tan ajustado de tiempo que tuvo que dar la clase de los alumnos de cuarto y quinto curso a la misma hora, así que Luna y Ginny también estaban allí.

— Hoy… van a elaborar una muestra de Veritaserum que dejarán en mi mesa cuando la clase haya concluido— dijo arrastrando las palabras sin dejar de dar pasearse lentamente, alrededor de las mesas— Lo harán por parejas y no quiero oír absolutamente… ningún ruido.

Hermione se quedó sin aliento. ¿Por parejas? ¿Y si le tocaba ponerse con Malfoy? No quería que precisamente él fuera su pareja. No sabía cómo reaccionar ante todo lo que había pasado en esos últimos días y no se veía con fuerzas para mantener una conversación, o mejor dicho, una discursión con él. Por un lado, se sentía furiosa por su visita nocturna de la noche anterior, pero por otro, no dejaba de recordar el instante en que él comenzó a desabrocharle la camisa del pijama. El roce tan sutil de las yemas de sus dedos acariciando su clavícula.

— Granger, póngase con Potter— dijo Snape, sacándola de su ensimismamiento.

Hermione suspiró, algo aliviada. ¿Qué esperaba de todas formas? ¿Que le tocase con Malfoy así como así? No sabía por qué se había preocupado tanto. Aún asi, no pudo evitarlo y lo miró de soslayo. Cuando se fijó en que él permanecía sentado en su mesa, charlando con Zabini tranquilamente, se sintió extrañamente decepcionada y no entendió por qué. Como si hubiera dado por hecho que él estaría observándola. ¿Acaso era una imbécil? Estaba tan absorta en sus pensamientos que ni siquiera se percató de que Snape ya había divido a toda la clase y los alumnos estaban cambiándose de pupitre. Miró con preocupación a sus compañeras para ver si habían caído con alguna de las serpientes y se dio cuenta de que Luna se aproximaba con su mochila a la mesa en la que Theodore Nott se había quedado completamente solo. El corazón le dio un vuelco.

Malfoy por su parte, estaba sentado en una de las mesas junto a Zabini, haciendo un gran esfuerzo por no mirar a Granger. No quería que nadie lo pillase observándola en clase así que para distraerse, centró la atención en sus amigos. Vio que Vincent había terminado sentándose junto al palurdo de Weasel y que Gregory se había puesto, tras muchas quejas, con Finnigan. Suspiró. Sabía que de la última pareja no saldría nada bueno. Explosión asegurada.

Harry, por otra parte, cogió sus cosas y se sentó junto a Hermione, agradecido. Era la oportunidad perfecta para tener una conversación con ella. Por fin estaba sola. Sin Ginny, Lavender, Parvati o Luna pegadas a ella a todas horas.

— Hermione, esto... — dijo mientras comenzaba a preparar la poción. Hermione empezó a verter los ingredientes en el caldero, aparentando estar tranquila, aunque se sentía bastante incómoda. No podía mirar a Harry. Sentía que lo estaba traicionando y que nunca le perdonaría. — ¿Qué es lo que pasó anoche exactamente? Y no me digas que todo fue por una araña...

Hermione se puso tensa.

— ¿Y por qué tienes tanto interés, Harry? —inquirió a la defensiva.

Harry se quedó en silencio, sin saber muy bien qué decir. Conocía muy bien a Hermione y notaba que estaba nerviosa. Se veía a simple vista. Había empezado a arrojar ingredientes al caldero que no tenían nada que ver con la poción.

— No sé... es que llevas varios días con Ginny, Lavender y las demás a todas horas y siento que nos has dejado un poco de lado a Ron y a mí— susurró disimuladamente al ver que Snape los taladraba con la mirada— No es que quiera que dejes de ver a Lavender y al resto, es sólo que...todo ha sido muy repentino y...

— Tengo mis motivos, Harry— le cortó en seco, sintiéndose fatal. — Además, son cosas de chicas… Ron y tú no lo entenderíais. En serio... no te preocupes.

Harry la escrutó en busca de alguna respuesta pero vio que Hermione estaba agobiándose por el simple hecho de estar manteniendo aquella conversación con él, así que decidió no presionarla. Se limitó a sacar sus libros y a continuar elaborando la poción con tal de que Snape no les quitase puntos.

Mientras tanto, en otra de las mesas...

Theodore estaba intranquilo. No sabía qué era peor. Que le hubiera tocado con Lovegood o que ella estuviera haciendo como si nada, lanzando los ingredientes al caldero, ignorando por completo su presencia. Desesperado, miró a Blaise y a Draco en busca de apoyo pero estaban distraídos y no le hicieron ni caso.

— Oye, con respecto a lo de anoche... — comentó sin saber muy bien qué decir. Pero tenía que romper el incómodo silencio de alguna manera.

Luna preparó el jarabe de elaboro para continuar con la poción. No lo miró en ningún momento.

— Veo normal que tomárais represalias después de lo que ocurrió— dijo con calma. Su voz era dulce y aterciopelada— Aunque Zabini se pasó un poco, pero tú no intentaste nada. ¿Sabes? No me caes mal, Theo.

Y sonrió.

Nott se quedó sin aliento al verla sonreir con toda la inocencia del mundo. Y no sólo eso. Lo estaba llamando por su nombre. Sentía que ella había sido sincera con él y no parecía estar enfadada. Pero, ¿por qué Lovegood era tan encantadora con él de buenas a primeras? ¿Sería una trampa? Tenía que reconocer que nunca había mantenido una conversación con ella directamente, pero le resultaba extraño que fuera tan agradable después de lo sucedido. Lo sopesó durante unos momentos y finalmente decidió que quizá lo mejor sería avisar a sus compañeros, pero mientras tanto... tendría que seguirle la corriente.

—Y si supuestamente no te caigo mal, ¿por qué me pegaste un colchón a la espalda? No te haces una idea de lo mal que lo pasé— dijo en un tono cortante.

Luna, detuvo la elaboración de la poción y por primera vez, lo miró a los ojos y se quedó callada. A Theodore se le aceleró el pulso y más aún cuando pasaron unos segundos y vio que ella seguía manteniéndole la mirada, sin inmutarse, sin sentirse incómoda en absoluto.

— Lo siento Theo, sólo fue una broma. Pero... no creo que vuelva a suceder— respondió finalmente, algo arrepentida.

Theodore la miró muy serio. Cada vez le resultaba más rara la conversación que estaba teniendo con Lovegood pero, ¿y si era cierto? ¿Y si tras sus palabras no había escondida ninguna venganza? Se distrajo tanto que estuvo apunto de echar al caldero un ingrediente que hubiera causado una explosión.

—Theo, ten cuidado— le advirtió Luna sujetándole del brazo suavemente. Fue un roce muy sútil pero lo suficientemente suave y cálido como para que Nott se acelerara.

¿Qué narices le estaba pasando? Lovegood sólo lo había tocado y sentía que estaba perdiendo la cabeza.

— Gracias, no volveré… a equivocarme — dijo con voz entrecortada y Luna le soltó, algo avergonzada.

La observó el resto de la clase en silencio. De arriba abajo. El cabello rubio le llegaba hasta las caderas. Sus ojos eran tan claros que se veía reflejado en ellos. Y llevaba unos pendientes de rábanos que le resultaron graciosos. Nunca se había fijado en ella. No de cerca. No hasta ahora. Y tenía que reconocer que era especial.

Era de esas personas que brillaban allá donde fuesen. Y él esbozó una sonrisa indescifrable. No supo por qué pero tuvo la necesidad de hacerle saber algo.

— Por cierto... tú tampoco me caes mal, Luna.


Cuando la clase de pociones terminó, Ginny se acercó a uno de los recovecos de las mazmorras con la intención de reunirse allí con las chicas. Las demás la siguieron sin decir nada.

— ¿Qué pasa? — preguntó Lavender sacando un poco de pintalabios rosa para retocarse.

Ginny suspiró aburrida al ver que Lavender estaba más atenta a maquillarse que al plan que habían tramado la noche anterior. Parecía haberlo olvidado por completo.

— Pues que deberíamos ir a por la poción multijugos del despacho de Snape después del almuerzo. ¿O ya no te acuerdas?

Parvati se tensó al ver que se aproximaban unos alumnos de Slytherin. Tenía miedo de que pudieran escucharlas y avisaran a Severus, pero pasaron de largo y no se dieron cuenta de que estaban en aquel recoveco.

— Pero no podemos ir todas. Llamaríamos demasiado la atención— dijo en voz muy baja.

Hermione pensó en las opciones que tenían.

— Es mejor que sólo vaya una de nosotras— sugirió— Yo puedo encargarme de coger el mapa y la capa cuando Harry no esté en la habitación.

— ¿Y quién irá al despacho de Snape? — inquirió Luna, preocupada.

Ninguna dijo nada. Parecía que nadie quería lidiar con aquel problema. Sin embargo...

— Yo— dijo Lavender después de sopesarlo. Y es que sentía que Hermione había tenido que responsabilizarse de casi todo constantemente. Siempre era la que se ponía en riesgo. Y lo iba a hacer de nuevo para robarle a Harry la capa y el mapa. No iba a pasar nada porque ella se colase una vez en el despacho de Snape.

Todas se sorprendieron.

— ¿Estás segura, Lavender? — Hermione se quedó atónita. No salía de su asombro. Casi que deseaba hacerse cargo ella e ir a buscar la poción aunque sufriera creyendo que la iban a expulsar si la pillaban. Lo prefería antes que dejarlo en manos de Lavender. Eso es lo que hubiera pensado días atrás. Pero tenía que darle un voto de confianza.

Así que se dijo a si misma que Lavender podía hacerlo.

— Tranquila… yo soy como un ninja, me ves y de repente desaparezco— dijo la chica soltando una risita.

Hermione puso los ojos en blanco. Su compañera había visto demasiadas películas muggles. Parvati, en cambio, se había sorprendido para bien. Conocía a Lavender desde hacía muchos años y sabía, que en otras circunstancias, ni siquiera se hubiera molestado en participar en algo así.

— Bueno, la verdad es que nos quitas un peso de encima.

Ginny seguía teniendo muchas dudas. No quería que nada saliese mal.

— ¿Y qué vamos a hacer para conseguir los pelos?

Hermione se estremeció. Aquella, sin duda, era la parte más compleja de todo el plan.

— Con Crabbe y Goyle será relativamente fácil— comentó intentando ser positiva— De hecho, no sería la primera vez que lo llevo a cabo.

Luna la miró con curiosidad.

— ¿A qué te refieres, Hermione?

Hermione se rió suavemente.

— A ver, en segundo curso, preparé unos dulces rellenos de pócima del sueño y Harry y Ron se los dieron. Así conseguimos sus pelos.

Lavender se escandalizó.

— ¿Cómo? Espera, ¿no es la primera vez que haces poción multijugos para transformarte en ellos?

— No, y bueno la historia es demasiado larga, Lavender. Ahora concentrémonos en el plan.

Parvati suspiró, impaciente.

— Vale, perfecto. Crabbe y Goyle son unos glotones. Si Hermione dice que será fácil, confiaremos en ella pero... ¿qué hacemos con Zabini y Malfoy?

Hermione sintió como el estómago le daba un vuelco.

— Zabini suele irse de vez en cuando a comer con Crabbe y Goyle así que es probable que caiga en la trampa, pero Malfoy… bueno…— hizo una pausa muy larga— yo me encargo.

Luna la miró con atención durante unos instantes porque sabía que había algo extraño entre ellos. Algo que, desde luego, no comprendía.

— Ah, os olvidáis de Nott— añadió Lavender— Luna, ¿te ocupas tú de él?

Luna sonrió con tranquilidad.

— Chicas, esta vez no voy a participar.

Parvati sintió una gran desilusión.

— ¿Qué? ¿Por qué? — inquirió confusa, deseando que cambiase de parecer— ¿Es que no puedes? ¿Estás muy ocupada? ¿O es que te has cansado de estar con nosotras? — añadió lloriqueando, recurriendo un poco al chantaje emocional.

Hermione rodó los ojos. Luna, en cambio, se encogió de hombros.

— No es eso— dijo sin dejar de sonreir— Pero me da pena Theo, ¿sabéis? Anoche sólo quería marcharse de la habitación…y no intentó desnudarnos como Zabini.

Ginny frunció el ceño, molesta. ¿Qué le pasaba a Luna por la cabeza?

— ¿Desde cuándo te da pena ese estúpido? Y encima lo llamas por su nombre.

Parecía que la única que comprendía a Luna era Hermione. Pensaba que quizás estaba en lo cierto.

— En parte tiene razón, Ginny. Nott se mantuvo al margen y no intentó nada. Viéndolo por el lado bueno, es un pelo menos del que preocuparnos.

Lavender bufó, nada contenta. Aún así, cedió de mala gana.

—Bueno, está bien, Luna. Pero que sepas que si tú no estás dispuesta a participar, tendremos que ocuparnos nosotras de él en otra ocasión.

Luna asintió.

— De todas formas puedo ayudaros a conseguir los pelos de Zabini, Crabbe y Goyle, pero no beberé poción multijugos. Además, podría quedarme en el Gran Comedor para vigilar, por si vienen los auténticos Slytherins antes de que aparezcáis vosotras transformadas.

— Vale, está bien— repuso Ginny conforme, dándose cuenta de que aquello no era mala idea. Así no se quedarían desprotegidas— Nos vemos a las seis en el Gran Comedor. Lavender irá a por la poción, Hermione se encargará de coger la capa, el mapa y del pelo de Malfoy. Nosotras prepararemos los pastelitos.

— De acuerdo— dijo Parvati, muy emocionada. Sabía que iba a ser un gran día.


Blaise permanecía sentado en uno de los sofás de la sala común de Slytherin, aburrido, cuando vio pasar por allí a Daphne Greengrass con su hermana. No desaprovechó la oportunidad y se acercó a ellas, intentando no mostrarse impaciente o desesperado.

— Daphne, quería hablar contigo— dijo esbozando una sonrisa forzada— ¿Esta noche vas a venir a mi habitación? Ya sabes.

La chica suspiró, desanimada. Llevaba un día agotador y a pesar de que tenía muchas ganas de pasar tiempo con Blaise, seguía estando muy ocupada.

— No voy a poder, Blaise, lo siento — dijo rompiendo sus fantasías. Zabini sintió como si le hubieran echado por encima un balde de agua fría. Se sintió tan molesto que dejó de escucharla por un momento. De todas formas no es que estuviera muy atento a sus conversaciones normalmente— Es que estoy muy liada y... en fin. Tendremos que dejarlo para otra ocasión si no te importa.

— Ah, bueno, supongo que no — musitó con desgana — Ya nos veremos, entonces.

La chica asintió y se despidió de él dándole un suave beso en la mejilla. Blaise continuó sonriendo hasta que la perdió de vista. Luego bufó y se dejó caer en el sofá, amargado. Sus compañeros, que estaban sentados junto a él, soltaron unas risitas al ver que su plan se había ido a la mierda.

— No os riáis, cabrones — dijo, de malhumor— Pronto lo conseguiré. Ya veréis. Sólo está haciéndose la difícil.

Theodore se rió con maldad.

— Sí… ya, pero esta noche te has quedado sin lo que querías— dijo y de repente, sin saber por qué, recordó a Luna Lovegood— Por cierto, tengo algo que contaros.

Draco apoyó los brazos en el respaldo del sofá. Por fin sentía un poco de paz después de todo el día.

— El qué.

Theodore no estaba seguro de si se iba a arrepentir de contarles lo de Luna, pero ya era demasiado tarde como para echarse atrás.

— En clase de pociones, Lovegood estaba demasiado simpática conmigo.

Malfoy entornó los ojos.

— ¿Cómo que estaba demasiado simpática?

Theodore suspiró.

— Pues que me ha pedido perdón por haberse colado en nuestra habitación— dijo en voz baja— ¿No os resulta sospechoso?

Malfoy lo miró de hito en hito.

—Evidentemente que sí — dijo arrastrando las palabras— Seguro que están tramando algo. No sé por qué narices has dejado que esa loca te hable.

Blaise hizo aspavientos con la mano, sin preocupación ninguna.

— De todas formas, no le hagas mucho caso a esa desquiciada. Por algo la llaman Lunática.

Theodore se sintió mal al escuchar que la llamaba Lunática. Él estaba al corriente de cómo la llamaban, pero aún así no era partidario de usar motes despectivos para referirse a cualquiera. Y se sentía culpable, porque la estaba traicionando después de lo amable que había sido con él.

De pronto, Crabbe y Goyle se levantaron del sofá.

—Tenemos hambre— comentó Vincent.

— ¿Quién se viene? — añadió Goyle.

Blaise bufó, hastiado. ¿Cómo podían tener hambre si hacía menos de una hora que se habían zampado una bandeja llena hasta arriba de dulces?

—Joder, sólo pensáis en comer— dijo. Aún así quería salir de allí y olvidar que sus planes con Daphne se habían ido al traste— Bueno, os voy a acompañar, así picoteo algo— luego miró a Draco y Theo —¿Vosotros venís?

Theodore negó con la cabeza, cogió unos libros que había en la mesa de al lado y retiró una silla.

— Me quedo aquí. Tengo que echarle un vistazo a unos apuntes de Defensa Contra las Artes Oscuras— dijo sentándose.

Dracó se levantó del sofá y se marchó en dirección a los dormitorios.

— Yo iré más tarde. He quedado ahora con Pansy.

Blaise suspiró.

— ¿En serio? ¿Cuándo te vas a decidir de una vez? ¿Astoria o Pansy? Que sepas que si te pillan te quedas sin pelotas, Draco.

Malfoy se mantuvo en silencio. En realidad no tenía ganas de pasar un rato a solas con Pansy. Ni con Astoria. Lo que realmente quería era... ver a Granger.

Pero se forzaba a no pensar en ella. Y creyó que quizá con Pansy conseguiría evadirse.

—No es tu problema, Blaise— espetó con desdén— Me largo.

Cuando entró en su habitación y por fin se sintió solo, se tumbó en la cama y se llevó una mano al rostro, agotado de sentir que había estado fingiendo un papel durante todo el día. Pansy estaba apunto de llegar pero él tenía la mente en otra parte.

''¿En qué mierda estás pensando? Olvídate de la sangre sucia. Olvídate, joder. ''

Pero era incapaz. Cuanto más intentaba olvidarla u odiarla, más ansiaba volver a saborear sus labios. Necesitaba verla y besarla para borrar esa sensación que se estaba apoderando de él. Tenía que encontrarla. Tenía que conseguir lo que quería. Quizá si se libraba de ese deseo reprimido hacia Granger, todo volvería a ser como antes. Se olvidaría de ella de una vez. Y viendo que las otras soluciones que se había impuesto así mismo como ignorarla o intentar pasar tiempo con Astoria, no habían funcionado, sólo le quedaba una opción.

Pansy tampoco iba a ser la solución.

Decidido, se levantó y se dirigió a la puerta. Justo en ese instante entró la chica. Pero él ni siquiera la saludó y pasó por su lado como si no estuviera allí.

— Eh, Draco, ¿a dónde vas? — preguntó extrañada al ver que Malfoy pasaba de largo. Hacía unas horas que Draco se había mostrado encantador con ella y ahora parecía que lo había poseído un demonio. No supo a qué se debía su malhumor pero no quería que se marchase, así que se vio obligada a sujetarle del brazo.

Draco se zafó de su agarre.

— Pansy, será mejor que te vayas y me dejes tranquilo. Hoy tengo cosas que hacer— le espetó con frialdad.

Parkinson lo miró, molesta.

— ¿Cómo que tienes cosas que hacer? Pero si hace un rato me dijiste que viniera.

Draco se apretó el puente de la nariz intentando no perder los nervios. No quería aguantar los dramas de Pansy y sabía que estaba apunto de estallar.

— Bueno, vale. Si estás liado ahora podemos quedar esta noche— sugirió ella al darse cuenta de que la estaba rehuyendo.

Draco estuvo a punto de decirle que no. Ya no le apetecía pero sabía lo pesada que podía llegar a ser y creyó que una vez hubiera zanjado su problema con la sangre sucia, quedar un rato por la noche con Pansy le vendría bien. Así podría dar por terminado el asunto y empezar de cero.

— Está bien, nos vemos luego — dijo más calmado y se marchó de la habitación.


Hermione había conseguido el mapa del merodeador y la capa de invisibilidad en una visita discreta al dormitorio de los chicos aprovechando que todos se habían ido a almorzar y ahora había vuelto a su habitación.

—Lavender, ya sabes lo que tienes que hacer. La poción multijugos está en uno de los estantes del despacho de Snape. Es un gran frasco de color negro. Creo que con esa cantidad habrá suficiente para todas— explicó mientras cogía unos cuantos libros de su mesita de noche. Quería ir a la biblioteca para dedicarle tiempo al estudio de los TIMOS y de paso, pensar en cómo iba a conseguir el pelo de Malfoy. Tenía tanto lío que empezaba a agradecer que Lavender le hubiese quitado problemas de encima.

Lavender, en cambio, a pesar de estar nerviosa se sentía muy emocionada. Nunca se lo había pasado tan bien como durante los últimos días en Hogwarts. Quién lo hubiera dicho. Y además, con Hermione Granger. Siempre había pensado que era una aburrida y una sosa y a decir verdad, ahora se sentía muy unida a ella. Ya no la veía del mismo modo. Por si fuera poco, Hermione le había confiado el mapa del merodeador y la capa de invisibilidad. No podía estar más feliz.

—De acuerdo… con el mapa vigilaré a Snape. Así sabré si viene.

Hermione se acercó a la puerta de la habitación para marcharse.

— Bien, veo que lo tienes todo bastante claro. Nos vemos a las seis en el Gran Comedor.

Lavender asintió. Cuando Hermione se fue, se puso la capa, murmuró el hechizo del mapa del merodeador y se marchó en dirección a las mazmorras. Una vez llegó allí y se aseguró de que no había ni rastro de alumnos por los fríos pasillos, se quitó la capa y conjuró un hechizo para conseguir abrir la puerta.

Las manos le temblaban y no quería cometer ningún fallo para no decepcionar a las demás. Estaba tan nerviosa que por un momento dejó de mirar al mapa del merodeador y para su desgracia, Cormac McLaggen apareció al fondo del pasillo. El chico se paró en seco al ver a Lavender y recordó lo que había sucedido la noche anterior. Cuando consiguió reaccionar, se dio cuenta de que la chica estaba intentando entrar en el despacho de Snape y de que no se había percatado de su presencia.

Entornó los ojos. ¿Aparte de pervertida se dedicaba a quebrantar las normas del colegio? ¿Qué hacía allí y qué quería?

Lavender sintió como alguien le clavaba la mirada en la nuca y se dio la vuelta, rápidamente. El mapa del merodeador se le cayó al suelo y se quedó sin respiración cuando vio a Cormac allí. ¿Es que acaso estaba en todas partes?

— ¿Qué narices estás mirando, Cormy? — dijo queriendo aparentar estar relajada. No iba a dejar que McLaggen le fastidiase el plan.

— ¿Qué estás haciendo tú, intentando entrar en el despacho de Snape?

Lavender tragó saliva. Estaba claro que la había pillado. La puerta del despacho estaba abierta y no iba a dar vuelta atrás, así que, decidida, se acercó a él y lo cogió de la mano.

—En fin… me has visto. Ya que ha sido así, necesito que me ayudes y te quedes calladito— dijo sintiendo como le quemaban las mejillas por el simple hecho de tocarle.

Cormac se zafó de su agarre, bruscamente. Primero le tocaba el culo, luego se tiraba encima de él y ahora lo cogía de la mano. ¿Qué sería lo próximo?

— Estás loca — le susurró aproximándose mucho a su oído— No pienso ayudarte en lo que sea que estés tramando. Voy a avisar a Dumbledore.

Lavender, al ver que se marchaba, lo adelantó, impidiéndole el paso.

— Pues entonces iré contando por ahí lo que pasó anoche y diré que me tocaste los pechos. Hermione también lo vio así que...— le espetó, recurriendo al chantaje.

Cormac bufó. Le había costado mucho convencer a todos los que le habían visto tocarle las tetas de que no dijeran nada, pero finalmente habían accedido. No podía dejar que Lavender lo fuese soltando a los cuatro vientos. No le hacía gracia colarse en el despacho de Snape y menos sin saber el motivo pero todo era por su reputación.

— Está bien, pero date prisa— dijo después de una larga pausa.

Lavender asintió y entró con él sin más dilación. El despacho era oscuro y lúgubre, rodeado por un montón de altas estanterías con grandes frascos llenos de cosas viscosas y desagradables. Cormac debía admitir que sentía cierta curiosidad por lo que estaban buscando. Quería terminar cuanto antes. Sentía que Snape iba a aparecer en cualquier momento. Y no entendía por qué Lavender se aferraba a un viejo pergamino que parecía un mapa, el cual no dejaba de mirar cada pocos segundos.

— Bueno, ¿me vas a decir qué narices estás buscando y para qué querías entrar aquí?

Lavender no dejaba de mirar entre los frascos que había en las estanterias, pero no veía lo que buscaba.

—Necesito poción multijugos pero no la encuentro.

Cormac resopló. Él si la había visto nada más entrar al despacho. Ya podía habérselo dicho antes.

— ¿Y no será eso de allí? — dijo con desgana, señalando un frasco oscuro que estaba situado en la parte más alta de una de las estanterías.

Lavender esbozó una sonrisa al ver la poción. Desde luego Cormac tenía potencial como buscador de quidditch.

— Eso es Cormy. Eso es— dijo muy contenta.

Cormac hundió las manos en sus bolsillos, dispuesto a salir de allí.

— Ya que parece que no me necesitas, me voy.

Lavender fue a coger la poción pero apesar de ponerse de puntillas, sólo llegaba a tocar el frasco con la punta de los dedos. Estaba en el último estante.

— Esto...no te vayas aún. Ayúdame, Cormy.

Cormac suspiró al darse cuenta de que no alcanzaba el frasco, la apartó y alzó la mano para cogerla, pero sus esfuerzos fueron en vano.

— Yo tampoco puedo. Y no me llames Cormy.

Lavender empezó a pavonearse de un lado a otro, con ansiedad.

— Bueno, pues súbeme— dijo con convicción.

Cormac McLaggen la miró con incredulidad.

— Venga ya, ¿y por qué no usas un hechizo?

Lavender sabía que aquello era lo más lógico pero tenía miedo de que algo saliese mal.

— Ni hablar. Estoy demasiado nerviosa como para conjurar un hechizo. Prefiero cogerla yo misma. Y por cierto, te llamo como me da la gana. — dijo, impaciente —¡Súbeme de una vez!

Cormac suspiró y se agachó para ayudarla, viendo que no tenía otra opción. Lavender se subió a horcajadas sobre sus hombros y le rodeó el cuello con sus muslos. Y él, al sentir el calor de sus piernas rozándole la cara, se levantó como un resorte y perdió por un momento el equilibrio, provocando que Lavender lo cogiese del cabello y apretase fuertemente los muslos a su cara para no caerse.

— ¡Ten cuidado! ¡Me vas a tirar, idiota! — exclamó recuperando el equilibrio— Sujétame bien.

— A qué esperas. Cógelo de una vez — le instó Cormac agarrándola fuertemente de los muslos para que no se cayese.

La estaba tocando, joder.

La estaba tocando.

El recuerdo del tacto de sus pechos volvió a él, haciendo que se quedase sin aliento.

— No seas tan pesado, estoy en ello— Lavender se inclinó un poco más— Un poco más, ya casi lo tengo.

Cormac deseó olvidar aquel recuerdo y centrarse. En su último esfuerzo, intento ponerse de puntillas. Aún estaba demasiado confuso por todo lo que estaba sucediendo. En dos días había sufrido demasiados traumas y no estaba dispuesto a experimentar ninguno más pero tampoco podía quitarse el tacto de la piel de Lavender de la mente. Sus piernas eran extremadamente suaves y sus pechos…

— ¡Lo tengo! — dijo ella entusiasmada dando un pequeño bote. Cormac no lo esperaba, perdió el equilibrió y la arrastró con él al suelo.

Lavender vio pasar todo a cámara lenta pero aún así se aferró al frasco como si su vida dependiera de ello y cerró los ojos con fuerza. Si perdía aquella poción, el plan se habría arruinado y sabía que Hermione y las demás confiaban en ella. No podía defraudarlas.

Cuando notó el impacto de su cuerpo contra el suelo, abrió los ojos y vio que la poción seguía en sus manos, intacta, pero ella había vuelto a aplastar a Cormac, sólo que esa vez había sido con el culo sobre su cara. Cormac agitaba los brazos como un loco intentando liberarse y Lavender, por fin, reaccionó al ser consciente de donde estaba sentada.

— ¡Ah! ¡Por Merlín! — gritó levantándose a toda prisa— ¡Cormy, lo siento! ¿Estás bien?

Pero Cormac parecía estar en trance. Tenía la cara enrojecida y se había quedado inmóvil. Lavender preocupada, se aproximó y sin pensarlo, le dio un par de bofetadas para que reaccionase.

— ¡Pero qué haces! — dijo Cormac intentando apartarla pero no pudo. Lavender le tendió la mano para ayudarle a levantarse — Joder, vas a matarme un día de estos.

— Debemos salir de aquí cuanto antes — sugirió y por una vez, Cormac le dio la razón. Lavender se sacudió la falda, se cercioró de que llevaba la capa, el mapa y el frasco y se esfumó de allí con McLaggen a toda prisa, no sin antes volver a cerrar la puerta con un hechizo para que Snape no sospechara de que alguien había entrado en el despacho.

— A todo esto, ¿para qué narices quieres esa poción? ¿En quién te quieres transformar? — preguntó Cormac cuando se dirigían a la Torre de Gryffindor— ¿Y qué son esa capa y ese viejo pergamino?

Lavender se tensó. No sabía si Cormac se iba a ir de la lengua pero tenía que amenazarle. No podía dejar que lo arruinase todo. Se detuvo en seco.

—Mira, Cormy — dijo con voz aterciopelada. Sonó peligrosa —No puedes comentar nada de ésto. Que sepas que si lo haces, yo...

Cormac bufó.

— Precisamente lo que menos me apetece es que todo el mundo sepa que he estado contigo. No voy a contar nada pero ya que te he ayudado, podrías decirme qué es lo que tramas.

Lavender se sintió aliviada al escuchar sus palabras. Luego sonrió.

— Pues lo siento mucho, Cormy...pero... te vas a quedar con las ganas de saberlo. Qué se le va a hacer— dijo y lo adelantó para llegar cuanto antes a la sala común. Había visto en el mapa del merodeador que Harry y los demás no estaban en la habitación así que iba aprovechar el momento para devolver los objetos. Así no tendría que hacerlo Hermione.

Cormac chasqueó la lengua por haberse quedado con la incertidumbre.

— ¡Qué no es Cormy, joder! ¡Es Cormac! — exclamó desde lejos, viendo como ella se alejaba y entraba por el retrato de la dama gorda.


Cuando Lavender llegó a la habitación de los chicos y vio que efectivamente no había nadie, dejó las pertenencias de Harry en su sitio y volvió al dormitorio de las chicas, tranquilamente. Luego escondió la poción en un lugar seguro y fue al Gran Comedor, dándose por satisfecha. Parvati, Ginny y Luna ya estaban allí. Lavender vio que las chicas tenían los pastelitos en la mano así que dedujo que los habían preparado sin complicaciones.

— Ya era hora de que llegases, Lavender— se quejó Ginny al verla entrar en la estancia. Llevaba largo rato intranquila porque veían que ni ella ni Hermione aparecían y no sabían si todo había salido bien— ¿Qué has hecho con la capa y el mapa?

Lavender se sentó a su lado, en la mesa de Gryffindor.

— Los he dejado en el baúl de Harry.

Ginny suspiró y continuó bebiéndose un zumo de calabaza.

— Bien.

— ¿Has conseguido la poción? — inquirió Luna.

Lavender desvió la mirada. Si Cormac llegaba a contar algo, la matarían. Tenía que decirles la verdad.

— Sí. Os dije que sería fácil, aunque…— respondió cabizbaja.

Parvati se alarmó inmediatamente.

— ¿Aunque qué? Conozco esa voz Lavender, ¿qué ha pasado?

Lavender soltó una risita nerviosa.

—Digamos que he recibido un poco de ayuda por parte de… Cormy.

Parvati abrió los ojos como platos.

— ¡¿Cómo?! — dijo atónita — A ver, ¿cómo que te ha ayudado? ¿Qué has hecho?

Lavender cogió una magdalena de una de las bandejas, quitándole importancia.

— Pues que pasó por allí y desgraciadamente me vio. Pero tranquilas, que no va a contar nada.

Ginny se terminó el zumo de golpe.

—No le habrás dicho absolutamente nada de nuestro plan, ¿verdad? — preguntó preocupada.

Lavender negó con la cabeza.

— No, no. Solamente me ha ayudado a coger la poción y no va a decir nada porque lo he amenazado con que si lo hacía, yo contaría lo de ayer…— dijo sonrojándose levemente.

Parvati se rió.

— Ah, sí. Me ha dicho Hermione que te tocó los pechos anoche. Tenía que haber salido a la puerta con vosotras para presenciar la escena. Qué rabia. Siempre me pierdo los mejores momentos.

— Déjalo, Parvati— Lavender se llevó la mano al rostro, muy avergonzada— Prefiero olvidarlo.

Y por si fuera poco le vino a la mente lo que había sucedido en el despacho de Snape. Eso era aún más embarazoso que lo de la noche anterior. Ahogó un grito al darse cuenta de que llevaba falda porque aquello quería decir que probablemente Cormac McLaggen le habría visto las bragas. Unas bragas rosas con corazones que le regaló una de sus tías. No podía creer que justamente ese día, llevara precisamente esas bragas tan cursis.

Parvati se asustó al ver que el rostro de su amiga se volvía de un rojo intenso de buenas a primeras.

— ¿Qué te pasa?

Lavender se levantó y sin dudarlo, se marchó del Gran Comedor sin dar explicaciones.

— ¡Nada, nada! — dijo antes de desaparecer.

Luna suspiró.

— Pobrecita, estará muy avergonzada.

Parvati asintió, dándole la razón.

— Mirad — susurró de pronto Ginny fijando la vista en la mesa de Slytherin. Las serpientes habían llegado— Ahí están Zabini, Crabbe y Goyle. Es el momento perfecto. Cuando terminen de comer, les seguimos y dejamos los pastelitos flotando en alguno de los corredores.

Parvati sonrió con malicia. Hermione estaba en lo cierto. No iba a ser tan difícil, después de todo.


Después de varios intentos desesperados por conseguir algo de concentración, Hermione se había rendido al ver que era incapaz. Llevaba dos días sin poder estudiar en absoluto y no podía seguir por ese camino si quería sacar buenas notas.

Y la culpa de absolutamente todo, la tenía Malfoy.

Pero antes de nada, debía conseguir su pelo como fuese. Estaba segura de que sus compañeras habían cumplido su parte del plan. La estarían esperando. Y ella sentía que no había avanzado en toda la tarde. Solamente faltaba media hora para que fuesen las seis y aún no había visto a Malfoy, pero teniendo en cuenta que se había pasado toda la tarde encerrada en la biblioteca, era lógico que no se hubiera cruzado con él. Así que se decidió de una vez por todas, cerró su libro de Transformaciones de golpe y se marchó en dirección a las mazmorras.

No supo cuánto rato estuvo dando vueltas, mirando de un lado a otro, deseando verle. Casi había perdido la esperanza de encontrarse con Malfoy cuando, de repente, como si de una sutil brisa se tratase, escuchó una voz a sus espaldas que le puso la piel de gallina.

— Granger, qué estás haciendo aquí — Draco se sorprendió al cruzarse con ella en uno de los oscuros pasillos. Iba decidido a buscarla pero no esperaba verla tan pronto.

Hermione se detuvo y se giró al escucharle. Lo observó y vio que tenía la corbata un poco aflojada, como solía llevarla después de clase. No estaba preparada para enfrentarse a él. Pero ya era tarde. Y necesitaba el pelo a toda costa.

— No te importa, Malfoy— dijo pero Draco se aproximó muy despacio y la agarró de la muñeca haciendo que todos sus libros cayesen al suelo.

— ¿Eres consciente de a dónde vas sangre sucia?— le espetó con menosprecio devolviéndola a la dura realidad— Allí sólo está mi sala común. ¿Qué hacías?

Hermione se quedó paralizada, sin saber qué hacer o qué decir. Odiaba que la llamase así. Y más aún después de haberla besado. Se sintió estúpida. De todas formas, ¿qué esperaba viniendo de Malfoy? ¿Que la iba a tratar bien después de haberla besado?

Sangre sucia. Sangre sucia inmunda.

Las palabras se repetían en bucle su cabeza. Intentó olvidarse. Tenía que conseguir su pelo. Draco, al ver que ella se mantenía en silencio, suspiró, condescenciente.

— Ah, entiendo— silbó— Qué evidente. Ibas a verme.

Hermione continuó en silencio pero se sorprendió al ser consciente de que él se aproximaba mucho a ella.

— No, Malfoy, no te ilusiones— de un fuerte tirón se liberó de su agarre—Yo no soy como tú, que vas robando besos por ahí.

Draco entornó los ojos pero no dijo nada. La miró durante unos instantes. ¿Y si realmente ella estaba cerca de su sala común porque había ido a buscarle? ¿Acaso quería zanjar el asunto de una vez por todas como él?

Hermione, haciendo un gran esfuerzo por ignorarle, se agachó para coger sus libros y marcharse. Ya buscaría otra oportunidad para quitarle el pelo pero ahora no se veía con fuerzas.

Sólo quería salir de allí y alejarse de él.

— Si no te importa, tengo cosas más interesantes que hacer.

Pero Draco no la dejó avanzar. La cogió del brazo y la empujó suavemente contra uno de los fríos recovecos de las mazmorras. Todos los libros volvieron a caer al suelo.

— Déjame de una vez— le exigió pero él le cubrió la boca con la mano para que se quedase en silencio al escuchar que se acercaban algunos alumnos y la atrajo hacia sí para que no los viesen.

— No digas nada.

A Hermione comenzó a latirle el corazón desbocado al notar la calidez de su cuerpo contra el suyo y la suavidad de su mano contra sus labios.

Después de unos minutos, las voces se alejaron, esfumándose en el fondo del pasillo y Draco retiró la mano de su boca muy despacio, sin dejar de observarla. Hermione lo miró directamente a los ojos.

—Estoy cansada de tus malditos juegos, Malfoy.

Quiso marcharse, pero por más que lo intentaba, no podía así que comenzó a forcejear para liberarse, pero cuanto más insistía más se pegaba Malfoy a ella. No supo cómo ni en qué momento ese forcejeo se convirtió en otra cosa pero ambos se miraron durante unos instantes con intensidad. Hermione jadeaba por el esfuerzo y tenía los labios entreabiertos. Draco notaba su respiración agitada y sentía que iba a perder la cordura de un momento a otro así que sin poder soportarlo más, se acercó a su rostro y devoró sus labios. Poco a poco, las manos de Hermione se deslizaron por su cuerpo hasta que Malfoy adentró la lengua en su boca buscando la suya con anhelo, intentando eliminar aquel deseo que sentía hacia ella de una vez por todas, pero cuanto más iba profundizando en el beso, fue consciente de que no tenía suficiente. Quería más.

Necesitaba más.

La atrajo más hacia sí y deslizó las manos por su cintura, colándolas por dentro de su camisa hasta llegar a sus pechos, apretándolos con suavidad, notando sus pezones erguidos a través de la tela del sujetador. Hermione, en aquel momento, se sintió avergonzada pero una parte de ella por ilógico que pareciera deseaba que continuara tocándola. No pudo contenerse y lo agarró con fuerza de la nuca. Se odió a sí misma. Sabía que corrían peligro. Estaban expuestos a que alguien los descubriese pero el deseo era tan fuerte, que se habían olvidado completamente de todo. No podían controlarse por más tiempo.

Draco empujó su pierna entre las de Hermione, rozando su sexo. Ella sintió la tela del uniforme de él entre sus muslos, y apretó su pierna con fuerza, intentando retenerle, provocando que Malfoy soltase un gemido contra su boca.

Aquel gemido fue lo que la hizo reaccionar. Hermione volvió en sí al escucharle. Se había olvidado de que tenía que hacerse con un pelo suyo y aprovechó el momento para quitárselo. Draco notó un tirón en su cabello y se excitó aún más porque pensó que aquel gesto de Granger había sido porque también lo deseaba, así que se apartó de sus labios lentamente y la miró sorprendido, buscando respuestas.

Hermione metió el pelo disimuladamente en el bolsillo de su túnica pero él no se percató. La tenía acorralada contra la pared, apoyando sus manos en la fría pared, sin dejar de mirarla con vehemencia.

— Malfoy— dijo Hermione entre jadeos al ver que pretendía besarla de nuevo— Tengo que irme. Además, pueden vernos y...

Draco frunció el ceño. Se sentía jodidamente excitado. No podía creer que Granger fuera a dejarlo así.

— ¿Estás segura de que quieres irte? — musitó rozando con los labios su mejilla, intentando persuadirla.

Hermione no tenía fuerzas para hablar. Debía irse cuanto antes. Además, ya tenía el pelo, que era lo que estaba buscando, pero comenzó a notar los labios de Malfoy besando sutilmente la parte sensible de su cuello. Aquello era como una droga pero tenía que volver a la realidad.

— Sí— susurró con voz entrecortada.

Draco alzó su mano y le apartó el cabello sutilmente para tocarle la marca del cuello, que ya era casi imperceptible.

— Como quieras— escupió, apartándose de ella con indiferencia. La expresión de su rostro había cambiado — pero te aviso, Granger. No siempre me apetecerá.

Hermione se quedó boquiabierta. Sus palabras le dolieron, como si le hubieran dado una bofetada. Y se arrepintió totalmente por haber vuelto a besarle y por haber dejado que le manosease el cuerpo sin reparos. Le dio un empujón, apartándole y lo miró con odio.

— Pensaba que no podías llegar a ser más imbécil, pero veo que me equivocaba— le espetó— A mí sí que no me volverá a apetecer, te lo aseguro.

Draco esbozó una falsa sonrisa y se alejó de ella, con la intención de volver a su sala común. Supuestamente iba a dar por zanjado el asunto, pero estaba tan jodidamente cachondo que olvidar aquel encuentro iba a ser relativamente difícil. Tenía muchas cosas en las que pensar. Tenía que largarse antes de que aquello fuera a más.

— No te lo crees ni tú, Granger— aquellas fueron sus últimas palabras antes de marcharse.

Hermione se mordió la lengua, irritada y se agachó para coger sus libros con manos temblorosas. No podía permitir que algo así volviese a ocurrir nunca más.

Había sido débil. Había vuelto a traicionar a Ron y a Harry. Y lo peor de todo, el beso había hecho que perdiese la razón.

Otra vez.

Volvió a mirarle y vio que él se esfumaba sin mirar atrás, desapareciendo en la oscuridad de las mazmorras.

Hermione suspiró y se contentó con el hecho de haber conseguido el pelo. Miró su reloj y se dio cuenta de que ya eran las seis. Tenía que ir a reunirse con las demás para ver si todas habían cumplido con su parte del plan así que sin más, salió a toda prisa de las mazmorras y se juró a sí misma que a pesar de que había besado a Draco Malfoy dos veces, jamás habría una tercera.


¡Tarán! aquí se queda por hoy! ¿qué os ha parecido? A mí personalmente, me ha gustado mucho el acercamiento que han tenido Theo y Luna. Con respecto a Lavender y Cormac... me he reído muchísimo y me doy cuenta de que no tienen remedio xDDDDDD En el momento Draco/Hermione... no sé que se ha apoderado de mí :P

Espero ansiosa vuestros comentarios! Un beso fuerte para todas :D