¡Hola! He vuelto después de una semanita. He tardado un poco más en actualizar porque el capítulo es extenso y he tenido una semana llena de exámenes y exposiciones ... pero lo bueno se hace esperar. Me lo he pasado pipa con este capítulo en especial. Espero que lo disfrutéis tanto como yo. ¡Muchas gracias a todas por vuestros comentarios, de verdad! ¡Me hacen muy feliz! :D Os respondí a todas y para las que no tenéis cuenta, os contesto por aquí:
Guest: A mí también me hizo mucha gracia la última frase! ¡me alegra que te guste y espero que sigas escribiéndome! un beso.
Ian: gracias por escribirme en cada capítulo, ¡es muy agradable que estés ahí en cada actualización!^^ Espero que te guste el capítulo de hoy... ya me contarás :D un besito muy fuerte.
Rosyr: ¡hola guapaaa! :D con respecto a lo que dijiste que preferías a Draco peleándose con Hermione, no te preocupes... queda mucho Draco por mostrar... y en mi historia... es muy bipolar... jajajajajjaja espero que te guste este cap, y te garantizo, que te vas a reír! ya me dirás lo que más gracia te ha hecho. Espero con ganitas un testamento de los tuyos :D Un beso muy fuerte nena.
Natalie Malfoy: veo que te gusta Blaise... así que en este capítulo vas a disfrutar ^^... gracias por comentarme! ya me dirás que te ha parecido! un beso!
Emma Felton: guapaaaa! si supieras lo que tengo en la cabeza para los próximos capítulos... te temblarían las piernas... jajajajajajjaa este Draco es demasiado Draco... espero que te rías un montón con este capítulo! Ya me contarás! un besazo guapa! :D
Shizuka-san: Draco no se dio cuenta de lo del pelo... lo malo es que se acabará enterando... y no va a tardar mucho...jijijiji :P espero tu review! A ver que te parece este cap! Un besitoo!
y ahora... la lectura! ;)
-Las chicas multijugos- Editado
Malfoy se dirigió a la sala común de Slytherin incómodo y algo sorprendido. Se pasó una mano por el cabello, con nerviosismo, dándole vueltas a lo sucedido. No comprendía qué narices estaba haciendo ni por qué pero se convencía a sí mismo de que Granger era la que carecía de fuerza de voluntad y no él. De que ella era la que se pasaba el día persiguiéndole, provocándole para que volviese a caer. Se sentía molesto. Más que nunca. Y por otra parte, había empezado a hacerse preguntas sobre Granger que ni siquiera se le habían pasado por la cabeza hasta ahora. Desde que la conocía había dado por hecho que era una mojigata. Una amargada sin experiencia en cuanto a besos y demás. Pero debía admitir que sus labios lo estaban volviendo loco. La posibilidad de que hubiera hecho algo con el sucio engendro de Weasel quedaba descartada y dudaba que hubiera tenido algún roce con el dichoso Potter. Entonces...¿por qué besaba tan bien? ¿Sería cierto y se habría enrollado con el paleto de Krum en cuarto curso?
Chasqueó la lengua al recordar aquellos desagradables rumores que había escuchado días atrás. Tenía que ver a Pansy. Estaba tan absorto que no se dio cuenta de que embestía a a un alumno que pasaba por su lado.
— ¡Ten cuidado! — dijo el chico, frotándose el brazo al sentir el empujón, pero Malfoy estaba demasiado abstraído como para percatarse de su presencia.
Cuando llegó a la sala común de Slytherin, masculló la contraseña.
— Serpiente Venenosa — y la puerta se abrió, dejándole pasar.
Entró en la estancia y vio que Theo aún seguía sentado en una de las mesas del fondo, leyendo tranquilamente el libro de Defensa Contra Las Artes Oscuras que les había proporcionado Umbridge en la última clase. Malfoy se aproximó con un gesto arrogante y dio un golpe sordo sobre la mesa.
— Dónde está Pansy — preguntó con impaciencia.
Theodore se sobresaltó, alzó la vista y lo escruto detenidamente. Parecía estar de malhumor. Como siempre.
— No lo sé, Draco— dijo con aburrimiento— Creo que aquí no está. No la veo desde hace unas horas.
Draco intentó no perder la calma.
— Mierda. Dónde se habrá metido ahora. Tendré que buscarla por todo el maldito castillo.
Theodore frunció el ceño, suspicaz.
— ¿Por qué tienes tanto interés? ¿Ya te has decidido? ¿Sabes con cuál te vas a quedar de las dos?
Draco suspiró. En realidad estaba harto de tener que estar haciendo malabares entre Pansy y Astoria. Se sentía agotado al respecto, pero no era precisamente el mejor momento para terminar la relación. Theodore, al ver que no le hacía ni caso, volvió a centrar su atención en el libro.
— Búscala en el Gran Comedor, a lo mejor está allí— sugirió.
Draco bufó, hastiado.
—No tengo muchas opciones, de todas formas. Nos vemos luego.
Y sin más, se marchó.Theodore lo observó desde lejos. Lo conocía desde hacía muchos años y sabía que algo le había ocurrido para que estuviese tan alterado. Aún así no era su problema, así que cansado y siendo consciente de que el libro de Umbridge no le aportaba nada, lo cerró de un golpe y se fue a su dormitorio.
Hermione salió a toda prisa de las mazmorras, sintiéndose avergonzada. Si no hubiera sido porque tenía que conseguir el pelo de Malfoy, nunca hubiera dejado que volviera a besarla. ¿Por quién la tomaba? ¿ Es que acaso pensaba que podía acorralarla en mitad de un pasillo y acosarla como si nada?
Se dijo a sí misma que él besaba mal pero lo hizo porque en realidad, no quería reconocer que aquel beso la había dejado sin aliento.
Cabeceó, queriendo olvidarle.
Lo que tenía que hacer era centrarse en el plan. Se apresuró en volver su dormitorio para dejar los libros y guardar el pelo a buen recaudo pero cuando llegó y abrió la puerta, se dio de bruces con Lavender, que daba vueltas de un lado a otro de la habitación, un poco abochornada.
Hermione se extrañó al ver su comportamiento.
— ¿Has conseguido la poción, Lavender? Yo ya tengo el pelo de Malfoy— dijo sacándolo del bolsillo cuidadosamente y se acercó a su mesita de noche para coger un pequeño bote de cristal y ponerlo dentro— Oye, ¿estás bien?
Lavender desvió la mirada.
— S-sí, sí, eh... sí, he conseguido la poción. Por cierto, ¿cómo te has hecho con el pelo de Malfoy?
Hermione se puso tensa. ¿Qué excusa barata e ilógica iba a poner ante aquello? Tenía que improvisar, pero no se le ocurrió nada.
— Eh…bueno, eso no importa. Lo fundamental es que lo tengo— disimuló intentando parecer segura— Ya son las seis. Deberíamos ir al Gran Comedor.
Por suerte Lavender, a pesar de ser una cotilla de cuidado, no le hizo más preguntas. Parecía estar en otra parte.
— Sí, será lo mejor…vamos.
Hermione supo que le pasaba algo.
— Por cierto, ¿qué hacías aquí? ¿Por qué que no estabas con Parvati y las demás? — inquirió.
Lavender se mantuvo en silencio y se sonrojó violentamente.
— ¿Tú que crees? He venido a guardar la poción— mintió cabizbaja.
Hermione enarcó una ceja. No parecía muy convencida, pero lo dejó estar y se fue con ella al Gran Comedor.
En realidad, Lavender Brown había ido al dormitorio para cambiarse de ropa interior porque odiaba que Cormac le hubiese visto sus braguitas. ¿Qué iba a pensar de ella a partir de ese momento? ¿Se reiría porque fuesen de corazoncitos? ¿O quizá le habían gustado? Millones de preguntas sin respuesta avasallaban la mente de Lavender haciendo que se inquietase cada vez más. El único consuelo que encontraba a todo aquello era que al menos no se había puesto tanga. Pero aún así estaba demasiado sofocada. Quería que la tierra se la tragase y a ser posible, deseaba no volver a ver a McLaggen en mucho tiempo pero casualmente, nada más bajar las escaleras del dormitorio, se lo encontró en la sala común.
Cormac fijó su mirada en ella. Sus amigos le daban codazos, señalándola, recordándole la escena de la noche anterior, pero él estaba demasiado absorto como para prestarles atención. Tocar los pechos de Lavender le había gustado más de lo que se atrevía a admitir y por si fuera poco, había visto sus bragas, algo que ningún otro alumno de Hogwarts se había podido permitir.
Lavender lo miró casi sin parpadear durante unos segundos y Hermione al ver que ralentizaba el paso, puso los ojos en blanco y tiró de ella para salir de allí de una vez.
Ginny, impaciente, se levantó de la mesa de Gryffindor cuando las vio entrando en el Gran Comedor.
— ¿Dónde os habíais metido? Me iba a morir de nervios.
Hermione dio un respingo.
— Pues, no ha sido fácil, la verdad... pero he conseguido el pelo de Malfoy.
Ginny se sorprendió.
— ¿En serio? ¿Cómo?
— Sí, esto...
Parvati las cortó al darse cuenta de que no tenían mucho tiempo.
— Zabini, Crabbe y Goyle se acaban de marchar. Tenemos que alcanzarlos antes de que sea tarde.
Hermione agradeció que su compañera las interrumpiera. No sabía qué excusa poner a Ginny con lo del pelo y sentía que, gracias a aquella distracción, se había librado por poco.
— Está bien. Vamos, de prisa— dijo Lavender instándolas— ¿Tenéis los pastelitos?
— Sí. Todo está listo— afirmó Luna.
Los estuvieron buscando por todo el corredor durante largo rato. Ginny miró de un lado a otro, molesta. Sólo había sido un momento, pero los habían perdido de vista.
— ¿Dónde narices están?
— Mirad, allí vienen…— susurró Luna señalando al fondo del pasillo, cuando vio que salían del baño.
Lavender se puso muy nerviosa.
— Venga, ahora no hay nadie— dijo entre susurros.
Sacaron los pastelitos del bolsillo a toda prisa y alzaron las varitas.
— Wingardium Leviosa…— murmuraron y los dulces comenzaron a levitar lentamente en el aire. Parecían muy apetecibles.
Ginny se escondió en uno de los recovecos del pasillo.
— Venid aquí. ¡Rápido! — siseó a las demás y todas se ocultaron.
Crabbe, Goyle y Blaise iban caminando por el corredor, creyéndose los reyes del universo. Daba igual que no hubiera personas a las que mirar con altanería. Ellos se montaban su propia película. Crabbe abrió los ojos como platos al ver unos deliciosos pastelitos flotando en mitad del pasillo y no dudó en correr hacia ellos para que nadie se los quitara. Tuvo una sensación extraña. Un dejavú, como si aquello lo hubiera vivido antes, pero no le dio ninguna importancia.
— ¡Vincent, espera! Déjame alguno— añadió Goyle. La boca se le hizo agua.
Blaise los adelantó.
— Eh, parad el carro. Esta vez no me vais a dejar sin ninguno — dijo apresurándose a coger uno adornado con bolitas de chocolate. Era el que más le llamaba la atención.
Crabbe y Goyle se abalanzaron sobre el resto y los engulleron con voracidad, pero no pudieron terminarlos porque la pócima del sueño surtió efecto rápidamente, se quedaron inconscientes y se golpearon fuertemente contra el suelo. Las chicas salieron del escondite cerciorándose de que no había nadie y se acercaron a ellos.
Ginny los observó desde arriba, de brazos cruzados. Sonriendo. Con superioridad. Zabini dormía plácidamente, tumbado en el suelo, como si nada.
— Menudo barrigazo se ha dado Crabbe.
Parvati le dio un golpe con la punta del pie en el costado a Goyle para asegurarse de que estaba bien dormido. Él ni se inmutó.
— Menudos idiotas, ¿cómo han podido picar?
Hermione rodó los ojos.
— No es que tengan demasiado cerebro que digamos, Parvati.
Luna, en cambio, se sentía incómoda. Estaban demasiado expuestas.
— Creo que deberíamos esconderlos antes de que venga alguien— propuso.
A Ginny se le pusieron los pelos de punta sólo de pensar que Umbrigde o Snape las descubriesen.
— Tienes razón. ¿Dónde los metemos?
Lavender se fijó en que, no muy lejos, se encontraba el armario de las escobas. Era el sitio perfecto.
— Allí, allí — dijo señalando la puerta.
Entre Luna, Parvati y Lavender arrastraron a Goyle hasta el armario. Mientras tanto, Ginny y Hermione se hicieron cargo de Blaise, pero tuvieron que volver y coger entre todas a Crabbe porque pesaba demasiado. Cuando por fin consiguieron meterlos dentro del armario de las escobas, Ginny cerró la puerta y lanzó un hechizo, sintiendo aún el subidón de adrenalina. El lugar era algo lúgubre y sucio. Había algunas escobas viejas y telarañas por los rincones. A cualquiera se le quitaban las ganas de pasar tiempo allí.
Las chicas arrastraron a los Slytherin con cuidado y apoyaron sus cuerpos contra una de las paredes. Parvati quiso ir al grano y se acercó a Goyle con la intención de arrancarle un pelo, pero fue tan brusca que se llevó un mechón entero.
Hermione no pudo evitar reírse.
— Parvati, por favor. Te has pasado un poco.
Lavender soltó una risita por lo bajo.
— Cuando despierte va a tener media cabeza calva.
Ginny centró toda su atención en Blaise, se aproximó a él agarrándolo fuertemente del cabello y le alzó el rostro para que todas lo viesen.
— ¿Ahora qué, Zabini? — dijo mirándole con chulería y le cogió de las mejillas para hacer muecas absurdas como si fuera un pececito. Sin pensárselo, le desabrochó la camisa y le tocó los pectorales. Estaban suaves y calientes, pero no debía divagar— ¿Te meto mano yo a ti ahora, imbécil?
Todas se miraron y rompieron a reír.
— Ginny, déjalo. Vamos al lío — dijo Parvati entre risas pero inmediatamente se puso seria— Quítale el pelo de una vez.
Nadie dijo nada más. Si querían que todo el plan saliera a la perfección no podían entretenerse. Sin embargo, cuando consiguieron los pelos y se dispusieron a salir del armario, vieron que había un cubo que desprendía muy mal olor.
Ginny se cubrió la boca al sentir el hedor que emanaba del cubo.
— ¿Cuánto tiempo lleva eso ahí? Huele que apesta.
Lavender, en un intento desesperado, hizo aspavientos con las manos, queriendo disipar el olor.
— No lo sé, pero es insoportable. Vámonos ya.
Pero Hermione no parecía estar conforme. No aún. Odiaba que Zabini las hubiera sugerido desnudarlas la noche anterior. Y tampoco soportaba que hubiera manoseado a Ginny a su antojo en los pasillos y se hubiera aprovechado de ella. Nadie nunca le había parado los pies. Y era hora de darle a él y al resto una lección.
—¿Os acordáis de la bomba fétida de anoche? — dijo con voz calmada.
Parvati la miró con complicidad.
— ¿Estás pensando lo mismo que yo?
Todas centraron la atención en Luna, ajena a la conversación. Ella continuaba jugando felizmente con una araña que había en uno de los rincones, como si nada.
— Lunita, ven cariño — canturreó Lavender dulcemente— ¿Por qué no tiras lo que hay dentro del cubo sobre estas criaturitas?
Luna se encogió de hombros.
— De acuerdo, no hay problema.
Cuando Luna alzó el cubo con una dulce sonrisa y arrojó lo que había en el interior sobre las serpientes, una cosa verde, viscosa y maloliente se extendió por sus cuerpos dejándolos empapados de arriba abajo.
— ¡Oh no! ¡Qué asco! — chilló Lavender lanzando el hechizo para volver a abrir la puerta y salir de aquel lugar. Tuvo que cubrirse el rostro con la túnica para no oler aquella asquerosidad.
Parvati, Ginny y Hermione la siguieron desternillándose. Luna fue la última en salir. Cerró la puerta del armario felizmente y se aproximó a ellas dando brincos.
— Luna, tú que sueles ver cosas y criaturas extrañas… ¿Había algún ser en ese caldo verde? — preguntó Parvati con curiosidad, cuando se hubieron calmado un poco.
— Pues no he visto nada. Aunque a mí no me ha parecido que oliese mal.
Ginny se horrorizó. A veces no comprendía a Luna en absoluto. Era demasiado rara.
— ¿Pero qué dices? Desde luego tienes el olfato atrofiado.
Hermione se paró en seco en ese momento. Iban de camino hacia la torre de Gryffindor.
— Por cierto, Luna. Cuando nos tomemos la poción, tú estarás en el Gran Comedor para ver si ellos aparecen, ¿verdad?
Luna Lovegood, asintió calmada y esbozó una pequeña sonrisa.
— Sí, allí estaré...— dijo con voz queda —Ahora somos amigas, ¿no?
Hermione se quedó en silencio y miró a las demás. Percibió la sonrisa de Parvati. Los ojos llorosos de Lavender por aquella revelación. Los suspiros casi nostálgicos de Ginny. Realmente no se había parado a pensar en ello hasta ahora. ¿Eran amigas? Había vivido muchas cosas durante los últimos días y para ser honesta, Hermione sentía que cada vez estaba más unida a ellas. Incluso a Lavender. No quería volver a pasar las tardes sola estudiando en la bibloteca. Además, a veces sentía que no podía compartir todo con Ron y Harry. Había algunos temas de conversación de los que no podía hablar y había veces en las que Ron y Harry la excluían aunque no fuese intencionado. Así que, según en que aspecto, se sentía más cómoda con ellas.
No quería volver a ser la de antes.
Ya no.
— Sí, Luna. Claro que somos amigas — dijo con una sonrisa y las demás, emocionadas las abrazaron con efusividad.
Después, sin perder ni un minuto más, Luna se fue muy ilusionada al Gran Comedor y el resto volvió a la sala común de Gryffindor.
Draco entró en el Gran Comedor mirando hacia la mesa de Slytherin buscando a Pansy, hasta que la vio sentada al lado de Millicent Bulstrode. Por suerte, Astoria no estaba allí, lo que era un alivio, así que se acercó a ella, decidido.
— Tenemos que hablar.
Pansy dejó en el plato la tostada que estaba comiéndose y lo miró con sorpresa.
— ¿Te ocurre alg...
— Ven conmigo— la interrumpió con tono cortante. Pansy lo conocía y supo que no estaba bien así que se despidió de Millicent rápidamente y lo siguió sin decir nada. A veces no comprendía a Draco. Detestaba sus repentinos cambios de humor, pero decidió esperar a que él mismo le contase lo que ocurría.
Transcurrieron varios minutos hasta que llegaron al quinto piso. Malfoy se paró frente a la puerta del cuarto de baño de los prefectos. Pansy también se detuvo.
— ¡Frescura de pino! — gritó él y entró sin mirar atrás. La ventaja de haber sido nombrados prefectos era, que tanto Pansy como él, podían disfrutar de los beneficios de aquel cuarto de baño de vez en cuando.
Una vez dentro, Parkinson se cruzó de brazos, impaciente.
— ¿Me vas a decir qué te pasa? — inquirió al ver que su rostro estaba crispado. Nunca lo había visto tan mal.
Suspiró y alzó una mano para tocarle suavemente la mejilla, pero él la apartó. Pansy lo miró molesta pero no tuvo tiempo para reaccionar porque Draco la cogió de la cintura atrayéndola hacia él y la besó. A Pansy, aquello, la pilló por sorpresa. No lo esperaba. No en aquel momento. Pero se abandonó a sus labios porque malinterpretó el gesto de Malfoy. Creyó que tenía un arrebato de pasión, así que le devolvió el beso con ansia, abrazándolo y se pegó más a él, notando el roce de sus pechos contra sus pectorales. Draco rodeó su cintura, agarrándola con fuerza y Pansy alzó la mano para acariciarle suavemente el cuello, entregándose por completo.
Hacía días que no se besaban. O mejor dicho, hacía tiempo que no hablaban entre ellos, que no se comunicaban. Y tenía la sensación constante de que la relación no iba bien. A Pansy siempre le había gustado Draco. Desde que eran pequeños. Después de mucha paciencia e insistencia había conseguido por fin salir con él, pero sentía que su relación nunca había sido como ella se había imaginado.
No era, ni mucho menos, perfecta.
Draco, en cambio, pensaba que todo habría concluido en cuanto volviese a probar los labios de Pansy. Estaba seguro de que el deseo que sentía hacia la sangre sucia desaparecería para siempre. Sin embargo, ahí seguía él, como un imbécil. Sin poder sacársela de la cabeza.
Obsesionado totalmente con ella.
Se apartó rápidamente de Pansy, como si se hubiera quemado. Ya no podía más.
Parkinson se preocupó en cuanto él se alejó, como si de buenas a primeras, la hubiera aborrecido.
—¿Qué es lo que te pasa ahora, Draco?
— Mira Pansy... me he cansado — le espetó intentando controlarse. Sabía que era su problema. Que ella no tenía la culpa, pero no pudo evitar comportarse como un capullo— Ya no me apetece...seguir con esto.
Pansy se quedó paralizada. Notó el miedo trepando por su garganta.
— ¿Cómo que no te apetece seguir con esto? ¿Qué estás insinuando, Draco? ¿Quieres...dejarlo?
Pansy no podía respirar. La ansiedad se había apoderado de ella. ¿Acaso era verdad? ¿Quería cortar? ¿Habría otra chica? No pensaba dejar que todo terminase así. No. Ni siquiera le había dado una explicación.
— ¡Draco, espera! — gritó al ver que él se marchaba como si nada.
Malfoy hundió las manos en sus bolsillos.
—Olvídate de mí, Pansy— le dijo sin mirar atrás— Búscate a otro.
Pansy lo retuvo para que se quedase con ella.
— Pero es que me gustas tú, Draco. Joder, no hay otro y lo sabes. Por favor, no te vayas. Vamos a hablarlo.
Malfoy bufó. ¿Cómo mierda se libraba de ella? Sabía que si no era duro, no iba a desistir. Tomó aire y se zafó de su agarre con brusquedad.
— Pansy, a ver si te queda claro— dijo con desprecio— No hay nada de lo que hablar. Ya no quiero estar contigo porque me aburres. De hecho, nunca me has parecido interesante.
Y en parte era cierto. Hasta ese momento nunca se había preguntado por qué había empezado a salir con Pansy. Quizá por haberse visto condicionado por su familia, porque sus padres le decían que estar con Pansy era lo correcto y lo mejor para su linaje de sangre. Y en el fondo, sabía que a raíz de ahí, su relación con Astoria sólo había sido una mera excusa para revelarse de algún modo contra ellos. Sonrió con ironía. Greengrass también pertenecía a una familia de clase alta y estaba seguro de que su padre no hubiera puesto objeciones de ningún tipo por salir con ella. Probablemente se hubiera alegrado.
Así que hiciera lo que hiciese estaba jodido. Asqueado de salir con dos personas que ni siquiera le gustaban, cansado de que todo el mundo le dijera lo que tenía que hacer.
Y por si fuera poco, se sentía agotado de tener que librar una lucha interna por culpa de los sentimientos que Granger le provocaba.
Ella le hacía sentirse sucio. Inferior. Pero sobretodo, vulnerable.
Estaba harto de todo y de todos. Así que no le afectó en lo más mínimo que Pansy rompiera a llorar ante la dureza de sus palabras. Se esfumó del cuarto de baño y la dejó completamente sola.
Mientras tanto, en el armario de las escobas...
— ¡Blaise! — Goyle lo zarandeó bruscamente al ver que no reaccionaba— ¡Despierta!
Zabini abrió lentamente los ojos y vio que estaba en un sitio oscuro, viejo y lleno de escobas. Frente a él se encontraban Crabbe y Goyle mirándolo preocupados y cubiertos de algo viscoso y…fétido.
Se asustó inmediatamente.
— ¡¿Qué es esto?! — dijo mirándose los brazos con repulsión— ¿Qué narices ha pasado?
Goyle suspiró, confuso. Sentía un fuerte dolor de cabeza.
— No lo sé. Crabbe y yo no recordamos nada.
Blaise observó el lugar y se percató de donde estaban. Forzosamente, se puso en pie y se sacudió los pantalones. Al moverse, aquel asqueroso olor se volvió más intenso y sintió arcadas.
— Qué hacemos en el armario de las malditas escobas — espetó muy enfadado.
Goyle no podía aguantar más aquel olor nauseabundo. Se sacudió la túnica y sin querer le salpicó a Vincent con aquel mejunje en toda la cara.
— No lo sé, pero quiero salir de aquí ya. Me están entrando ganas de vomitar.
Crabbe, en cambio, seguía dándole vueltas a algo. Recordaba haber cogido unos apetitosos pastelitos pero no sabía si había llegado a saborearlos. ¿Dónde estaban? ¡Los quería de vuelta!
— ¡¿Quién nos ha hecho esto?! — inquirió, desesperado.
Goyle enarcó una ceja y miró a Zabini, en busca de respuestas.
— ¿Habrán sido ellas, Blaise?
— ¡¿Tú qué crees, gilipollas?! — le dijo abriendo la puerta de par en par— Tenemos que avisar a Draco y Theo.
Crabbe se estremeció. Sabía que Draco llevaba días de muy mal humor y aquello iba a empeorar la situación. ¿Por qué no podía comer tranquilo sin que pasase algo, por una vez?
— No tenemos pruebas.
Blaise entrecerró los ojos. Unos alumnos pasaron cerca de ellos y se taparon rápidamente al percibir el olor insoportable que desprendían.
— Da igual que no tengamos pruebas. Han sido ellas, estoy seguro. Pero será mejor que antes vayamos a quitarnos esta porquería de encima. Luego iremos a buscar a Draco y Theo. Quizás estén en el Gran Comedor.
Crabbe y Goyle asintieron y se marcharon en dirección a la sala común de Slytherin.
—¿A qué esperamos para tomarnos la poción? — Parvati no dejaba de dar vueltas por la habitación, ansiosa.
— Necesitamos ropa de chico— comentó Hermione— Lavender, ¿te encargas tú de ir al cuarto de Harry? Creo que no hay nadie en la habitación. Coge sólo camisas y pantalones para que no haya diferencia con los uniformes de Slytherin.
Lavender asintió en silencio.
— Tomad el pelo de Crabbe. Id preparando vosotras la poción.
Hermione sacó cuatro vasos que tenía guardados en un cajón de su mesita de noche y dividió la poción para que hubiese suficiente para todas. Arrojaron los pelos dentro de cada uno de los vasos y esperaron a que llegase Lavender. Hermione suspiró. Recordó la última vez que tomó aquel brebaje con Harry y Ron. Esta vez estaba segura de que no se había equivocado y había cogido pelos de gato. Sólo de recordar los días que tuvo que pasar en la enfermería, vomitando bolas de pelo, sintió un escalofrío.
A Parvati le dio repelús el contenido del vaso. Los tropezones le daban un aspecto repugnante.
— Nunca he tomado poción multijugos. ¿Cuánto durará el efecto?
Hermione miró su reloj para calcular el tiempo que tenían.
— Con la cantidad de la que disponemos… una hora y media o dos como mucho— dijo y en seguida añadió con sarcasmo:— Y por cierto, sabe genial.
A Parvati le dio un vuelco el estómago.
— Me estás animando mucho.
Ginny, en cambio, no pudo esperar más. Cuanto más lo retrasaba, menos ganas tenía de tomarse la poción. Cogió el vaso y se lo llevó a los labios.
— Da igual que esté asquerosa. Ya hemos llegado hasta aquí— dijo, decidida— Tenemos que hacerlo.
Se la bebió de golpe, notando un desagradable sabor bajándole por la garganta. Por no hablar de la textura.
— ¡Ginny, espera! — Hermione la intentó advertir pero no le dio tiempo porque la chica se había bebido hasta la última gota—¡La ropa!
Ginny empezó a encontrarse mal. Su cuerpo comenzó a cambiar de forma, altura y color y su uniforme empezó a quedarle cada vez más ajustado.
— ¡Ayudadme! — chilló al darse cuenta de que su ropa se encogía tanto que le hacía daño.
Parvati y Hermione se apresuraron a arrancarle la camisa y el sujetador.
El pecho de Ginny desapareció dando paso a unos pectorales, unos marcados abdominales y una piel oscura muy exótica. Su altura también había cambiado. Parvati y Hermione alzaron el rostro lentamente hacia arriba para ver la cara de Ginny que ahora era nada más y nada menos que la de Blaise Zabini. Ese instante de incómodo silencio se rompió al entrar Lavender en el cuarto.
— ¡Pero qué! — exclamó atónita al ver a Zabini únicamente con una falda de uniforme.
Parvati, con manos temblorosas, intentó desabrocharle los botones, pero era incapaz.
— ¡Quítatela Ginny! ¡Antes de que me muera de la risa!
Ginny le dio un manotazo en la mano.
— Lo haré yo misma— dijo— Vaya, aún sueno como yo. Tengo que hablar como si fuese Zabini…A ver— con intensidad miró a Parvati— Patil…deja que te toque.
Parvati, al ver que Ginny o mejor dicho Blaise, se abalanzaba sobre ella para manosearla, empezó a correr por toda la habitación.
— ¡Ah no! ¡Para! ¡Para, Ginny!
Hermione quiso centrarse pero no pudo. La situación era tan surrealista que la superaba.
— Os recuerdo que no tenemos mucho tiempo— comentó entre risas— Cámbiate de una vez, Ginny.
La pelirroja bufó y se desabrochó el botón de la falda.
— Está bien. Sólo quería un poco de diversión.
Hermione cogió la ropa que había traido Lavender, con la intención de vestirse antes de tomarse la poción.
— Resérvate para después — pero no pudo terminar porque Ginny chilló en cuanto su falda y braguitas cayeron al suelo.
— ¡Por Merlín, sus barbas y toda su familia!
Parvati y Lavender se acercaron alarmadas.
— ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
Parvati se quedó lívida. No podía creer lo que estaban viendo sus ojos.
— ¡Pero qué demonios es eso!
Lavender no dejaba de señalar algo, asustada.
— ¡Parece un basilisco!
Hermione se aproximó con nerviosismo y al ver que se referían a la parte más íntima del cuerpo de Blaise Zabini, palideció.
— ¡Por Merlín! ¡Tápate, por favor! — exclamó desviando la mirada avergonzada, pero las demás no podían apartar la vista de aquel pene tan extremadamente grande— ¡Lo digo en serio! ¡Vístete, Ginny!
La pelirroja fue a coger la ropa que había dejado Lavender encima de uno de los baúles pero se paró en seco frente a un espejo al ver reflejado a Zabini desnudo, sin nada de ropa… viendo sus perfectos músculos definidos, sus marcados abdominales, aquella piel tan oscura y… su miembro.
Aquel miembro de gran tamaño.
Ginny notó como la piel comenzaba a quemarle y sintió una sensación muy extraña. Algo estaba creciendo en su nuevo cuerpo.
— ¡Pero qué me está pasando! ¡No! — exclamó horrorizada cubriéndose el pene con las manos, intentando que volviera a su sitio, pero cuanto más lo tocaba... más crecía— ¡¿Por qué?!
Parvati no podía dejar de mirar la zona. La zona prohibida.
— ¿Qué demonios has hecho, Ginny?
Ginny se abalanzó en plancha sobre su cama para ocultar aquella cosa que parecía tener vida propia. Al caer sobre el colchón, sintió un dolor insoportable.
— ¡No lo sé! ¡Pero quiero que termine! — dijo entre quejidos.
Lavender soltó una risita por lo bajo.
— ¿En qué estabas pensando, pillina?
Hermione, en cambio, seguía horrorizada cubriéndose la cara para no ver nada. Sin duda, una experiencia como esa le dejaría secuelas de por vida.
— Venga, Ginny, ¿o debería llamarte Blaise? No te preocupes... ya se te pasará— se mofó Parvati sentándose en el colchón. Le frotó la espalda suavemente para tranquilizarla pero no sirvió de nada.
— ¡Pues tráeme la ropa! — gritó Ginny sin despegar el rostro de la almohada— No pienso levantarme estando así.
— De acueeerdo...— susurró Parvati y le dio una fuerte cachetada en el trasero— ¡Vaya! Menudo culo tan duro tienes ahora.
Ginny bufó molesta y esperó a que Parvati le diera la ropa para correr las cortinas del dosel de su cama y comenzar a vestirse.
— Será mejor que nos vistamos antes de tomarnos la poción— sugirió Hermione mientras se ponía la camisa y pantalones oscuros que había traído su amiga— por cierto Lavender, sólo hay uniformes para dos.
— Es lo único que he podido conseguir, pero tengo una idea— sonrió aproximándose a su baúl— como Parvati y yo vamos a ser Crabbe y Goyle…bueno…he pensado en algo mejor.
Hermione enarcó una ceja y vio en ese momento como Lavender se agachaba y sacaba de su baúl dos tutús de ballet.
— ¿De dónde demonios has sacado eso?
— Digamos que mi tía es un poco… especial. Siempre está regalándome modelitos. No es que yo me los ponga, claro, pero... me gusta coleccionarlos— explicó enseñándole los vestidos— El tutú celeste me lo regaló cuando tenía trece años y el rosa con catorce. La verdad es que siempre ha tenido obsesión por el ballet.
Parvati casi no podía parpadear de lo sorprendida que estaba.
— Ya veo. Obsesión es quedarse corta.
Hermione tuvo que reprimir una carcajada.
— Pero son excesivamente pequeños, Lavender. Cuando estéis transformadas, van a explotar.
Parvati sacó la varita de su bolsillo.
— No hay problema— dijo y señaló a los tutús para conjurar el hechizo:— ¡Engorgio!
Los vestidos aumentaron inmediatamente de tamaño. Viendo que casi todo estaba listo, Lavender y Parvati se cambiaron y Hermione fue a ver si Ginny ya estaba lista. La pelirroja corrió las cortinas del dosel y salió vestida.
— ¿Qué haces entrando en mi territorio?— carraspeó imitando la voz de Zabini, mirándola con odio.
— ¡Para, por favor! — Hermione no dejaba de reírse mientras intentaba abrocharle el primer botón de la camisa. Ginny le apartó la mano y volvió a desabrochárselo.
— No, déjalo como está. A Zabini le gusta ir provocando.
Hermione puso los ojos en blanco.
— ¡Ya estamos listas! — dijeron Parvati y Lavender cogidas de la mano.
Lavender llevaba puesto el tutú rosa y Parvati el celeste.
Parvati se acercó a la mesita de noche y cogió la poción que contenía los pelos de Goyle. La miró durante unos instantes con asco pero finalmente, sabiendo que no iba a tener más remedio, se la bebió. Lavender la imitó. La transformación fue horrible. Una pura agonía. Parvati y Lavender no habían sentido nada igual y desearon que aquella sensación tan desagradable acabase cuanto antes. Pasaron unos segundos hasta que dejaron a un lado sus femeninos cuerpos para dar paso a los dos matones de turno.
— ¡Eres Crabbe! — chilló Parvati señalando a Lavender con dedo acusador— ¡Qué horror!
— ¿Tú te has mirado bien, Goyla? A partir de ahora te llamaré así— se mofó Lavender.
Parvati se palpó el rostro con nerviosismo y se miró al espejo. Lavender fue tras ella y se paró al verse con aquel aspecto tan ridículo. Ambas se miraron atónitas durante unos segundos y Ginny se acercó a ellas desde atrás, echándoles los brazos por encima.
— ¡Chicos! Vamos a buscar a unas tías a las que follarnos, ¿o preferís bailar ballet? —Ginny continuó interpretando el papel de Blaise y Lavender se puso a danzar de puntillas, girando como una peonza por toda la habitación.
— Me llamo Crabbe y soy todo un profesional de la danza clásica— intentó dar giros muy rápidos, pero al no controlar bien el peso de Crabbe, perdió el equilibrio y se golpeó la cabeza contra uno de los postes de la cama.
Parvati, se acercó preocupada.
— ¿Te has hecho daño, Lavender?
Lavender se llevó la mano a la frente, notando una fuerte punzada.
— Estoy bien pero si me doy otro golpe como ese en la cabeza, entonces sí que acabaré siendo Crabbe.
Ginny se rió y luego miró a Hermione muy seria. Se mordió el labio sensualmente y se aproximó mucho a ella.
— Sólo quedas tú, Granger.
Hermione se sintió cohibida al ver que su amiga la acorralaba contra la pared.
— Esto te ha afectado, Ginny. Ahora no hace falta que finjas ser Zabini. En serio, das miedo.
Parvati y Lavender se cogieron de las manos y brincaron. El suelo empezó a temblar.
— Espera, espera — se detuvo Lavender de pronto— Así será mejor — añadió sacando un pastelito de chocolate de un cajón y lo engulló sin miramientos — Aogghra si parezcogg Crabbe.
Parvati, en cambio, estaba más atenta a otra cosa. Se quedó extrañada al manosear el torso de Goyle y ver que no tenía michelines. Curiosamente, se le marcaban los músculos. ¿Desde cuándo tenía ese cuerpo?
— Parece que Goyle ha perdido peso. No sé, está más delgado.
Ginny la observó de arriba abajo.
— Es verdad. Aunque con ese tutú celeste no lo parece.
Lavender, que hasta ahora había danzando, alzando felizmente los brazos, se detuvo. Debían salir ya.
— Hermione, no tenemos mucho tiempo.
Hermione suspiró intentando calmarse. Había estado atrasando el momento pero era la hora. Había terminado de vestirse y sólo le quedaba tomarse la poción.
— Ya voy, Lavender.
Una vez bebiera del vaso se transformaría en su más odiado enemigo. Tendría su aspecto… y eso era algo que la ponía muy nerviosa. Después de unos momentos, tragó saliva y se llevó lentamente la poción a los labios. Cuando terminó de bebérsela, su cuerpo comenzó a crecer y su piel adquirió un tono más claro. Su cabello castaño comenzó a encogerse y a volverse de un rubio platino y sus ojos miel pasaron a ser grises iceberg en unos instantes.
— ¡Merlín! — chilló Parvati y como acto reflejo se escondió detrás de Lavender— ¡Malfoy! ¡Malfoy!
Hermione se aproximó al espejo y se quedó sin habla. Ahí estaba...era él. No había diferencia. Se llevó una mano a su cabello rubio platino y la pasó por él apreciando su suavidad. Debía admitir que Malfoy tenía el pelo muy bien cuidado. También observó sus labios. Aquellos labios que ella había besado. Y por instinto, los tocó con sus dedos.
— Bien, vamos a hacer una prueba— dijo Ginny irrumpiendo en sus pensamientos. Hermione apartó la mano rápidamente— Tienes que sonar como él.
— Eso, eso — añadió Parvati desde atrás.
Hermione cogió aire. Ahora venía lo más difícil.
— Odio a la sangre sucia, al estúpido de Potter y al pobretón de Weasley. Si dependiera de mi padre, los habría expulsado de Hogwarts hace mucho tiempo— lo imitó arrastrando las palabras — No entiendo cómo pueden seguir admitiendo a la escoria de muggles en nuestro colegio. Debería estar prohibido...
No pudo continuar. Lavender, Parvati y Ginny la vitorearon, dándole palmadas en la espalda, felicitando su actuación.
— Se te da mejor de lo que pensaba, Hermione — comentó Lavender.
La chica se encogió de hombros, con tristeza.
— Bueno, supongo que han sido muchos años aguantándole.
Ginny carraspeó, se acercó a la puerta y la abrió, decidida a salir de una vez por todas.
— Dejad la charla para otro momento. Es la hora chicas… o mejor dicho… chicos.
Parvati y Lavender andaban de puntillas, metidas totalmente en el papel de bailarinas.
— Aprovechemos ahora que no hay nadie en la sala común— dijo Parvati.
—Está bien, vamos a darlo todo— respondió Draco con aire altanero poniéndose en cabeza como si fuese Mister Universo. Todas se miraron por última vez con los nervios a flor de piel y se dirigieron al Gran Comedor como si fuesen gladiadores a punto de salir a la arena.
La diversión no había hecho nada más que comenzar.
¡Tarán! Espero que os hayáis reído tanto como yo escribiendo este capítulo. ¿Qué es lo que ocurrirá ahora? Agradezco enormemente a todas aquellas que me estáis escribiendo porque vuestros reviews me animan a continuar. Y para las nuevas lectoras... animaos y dejad vuestras opiniones :D
Un beso a todas :D
