¡Hola! He vuelto con el ansiado capítulo. ¡Muchísimas gracias por todos vuestros reviews. No sabéis la ilusión que me hace cada vez que abro el correo y veo que me habéis escrito. Me alegro de que os gustase el basilisco de Blaise. Se me fue mucho la pinza escribiendo eso jajajajaja Un beso a todas :) Y por último... para las que no están registradas:

Emma Felton: Te pasó como a mí... mi amor platónico era Harry y en la tercera película me enamoré de Draco *-* jiijiji y yo jamás lo veré con otra que no sea Hermione. Por cierto, he hecho un one-shot de ellos y te lo he dedicado. Espero que te guste mucho guapa! Un besito!

Guest 1: jajajajjaaja tus padres se asustaron de tus risas! espero que con este te rías tanto como el otro! ya verás... Un besito!

Ian: holaaa de nuevo! :D me pongo muy feliz cada vez que veo tus coments! espero que este capítulo te haga reír mucho y te guste tanto como los demás! Un beso fuerte! por cierto... ¿cuál es tu pareja favorita? :)

Noelia: ¡hola guapa! muchas gracias por tus comentarios y por avisarme. Cómo ya estás registrada, a partir de ahora te contestaré a tus reviews por mensaje privado. Espero que te rías un montón con este capítulo! Un beso muy fuerte guapa! :D

Guest 2: ya ves que si se traumatizaron con el amigo de Blaise... jajajajaja pobre Ginny! tener que vivir con eso xDDD espero que te guste este cap! Un besito fuerte!

Rosyr: jajajajjaaja ya en serio... ojalá hubiesen salido en las películas de Harry Potter, Crabbe y Goyle en tutús. Éxito de taquilla asegurado xDDD y si sale Blaise enseñando el basilisco ya ni te digo jajajajajaja gracias por tus reviews! Me río mucho cada vez que leo tus testamentos! Con este cap también te reirás mucho! Como lo lees desde el móvil, espero que no te pille por la calle... porque... bueno... ya lo descubrirás jijijii por cierto! he escrito un one-shoot de Draco y Hermione y te lo he dedicado a ti y a Emma Felton! Espero que te guste mucho! Un beso guapa!

Shizuka- san: hola guapa! jajajajaja ¿qué será de Theo... pues no lo sé... ya irás descubriendo... ^^ jijijiji y Hermione sabe imitar muy bien a Malfoy... tantos años soportándolo... está ya acostumbrada jajajajaj espero que te guste este cap y te rías un montón! ya me contarás! un besito guapaa! :D

Uryuu Minene: hola guapa! no me voy a escapar! vas a tener Draco para rato! jijijiji muchas gracias por tu coment! Espero que te guste mucho este cap y me digas que te ha parecido! :D

Natalie Malfoy: jajajajjajaja no sabes como me he reído cuando he visto tu comentario xDDD ¿te ha gustado la parte del basilisco? jajajaja aviso de antemano que Blaise es muy vicioso... jajajajajaj y con esa cosa... que tiene vida propia... ya ni te cuento jajajajajaja espero que te guste este cap! ya me dirás :D Un besoo guapa!

Y ahora... os dejo con la lectura ;)


¡Plié, relevé! ¡Plié, relevé! - Editado

Cuanto más se aproximaban las chicas al Gran Comedor, más crecía la expectación. Aún no se habían cruzado con ningún alumno por los pasillos pero podía suceder en cualquier momento.

— ¿Crees que lo haremos bien, Hermio…digo...Draco? — susurró Ginny mientras Parvati y Lavender las seguían.

Hermione esbozó una sonrisa ladeada.

— Evidentemente. Más que bien.

— ¿Creéis que habrá algún profesor en el Gran Comedor? — preguntó Lavender en voz baja.

Parvati negó con la cabeza.

— Es la hora de la merienda. Sólo debería haber alumnos estudiando.

No dijeron nada más. Cuando llegaron al vestíbulo, Luna salió dando brinquitos del Gran Comedor y fijó su vista en ellas. Por un momento dudó, pero al ver a Crabbe y Goyle con aquellos tutús tan pomposos y ridículos, tuvo muy claro que no eran las auténticas serpientes.

Ginny se acercó mucho a las demás, algo preocupada. Se percató, al pasar por el corredor, de que unos alumnos de Hufflepuff se quedaban atónitos al ver a las bailarinas.

— No podemos hablar con Luna. Sospecharían —las advirtió.

Hermione adoptó una pose altanera, típica de Malfoy.

—Tranquila, déjame a mí— dijo en un susurro y se aproximó a la chica— Vaya, vaya, pero si es la loca de Ravenclaw. ¿Qué haces que no estás con la sangre sucia y las demás? — le espetó, guiñándole el ojo, con complicidad.

Luna pasó por su lado y murmuró algo, discretamente.

— En el Gran Comedor no están…y los profesores tampoco. Suerte.

Hermione asintió, tomó aire y traspaso el umbral junto a las demás totalmente decidida. Luna se aproximó felizmente a la mesa de Gryffindor e hizo como si no los conociese, deseando presenciar el espectáculo. Cuando todo el mundo vio a Crabbe y Goyle con tutús, el murmullo general fue apagándose lentamente hasta que reinó el silencio absoluto en el Gran Comedor, pero la calma no duró. Ron, que en ese instante estaba disfrutando de su zumo de calabaza, lo escupió de golpe, empapando a Dean y Seamus que permanecían sentados frente a él.

Dean Thomas se secó la cara con la manga de la túnica, muy molesto.

— ¿Pero qué haces, tío?

Sin embargo, Ron no era capaz de articular palabra.

Harry, Neville y él se limitaban a señalar algo o a alguien a sus espaldas, con absoluta perplejidad, así que Seamus y Dean se dieron la vuelta para ver a qué se debía tanto desconcierto. Se quedaron estupefactos. Ginny, por su parte, continuó andando como si nada, se dirigió a la gran silla de oro de Albus Dumbledore, se sentó apoyando los pies sobre la mesa de profesores y miró a todo el mundo con desprecio.

— ¡Antes de la cena, a Crabbe y Goyle les gustaría representar una obra de ballet! — exclamó imitando la voz de Blaise— Nada más y nada menos que...¡El lago de los cisnes!

Lavender y Parvati no esperaron y comenzaron a dar saltitos y giros entre las mesas de Gryffindor y Ravenclaw intentando hacer algún que otro relevé improvisado.

— ¡Plié, relevé! ¡Plié, relevé! — exclamaba Crabbe levantando una de sus enormes piernas, intentando mantener el equilibrio.

Los caballos de los fantasmas del Club decapitado se encabritaron espantados. Comenzaron a relinchar, a dar coces y salieron a galope tendido por el Gran Comedor al ver aquel espectáculo tan traumático.

— ¡Pero qué demonios es ésto! — gritó Ron, desternillándose— ¡Han perdido el juicio!

A Harry y Neville les caían las lágrimas por las mejillas de tanto reir, y Dean y Seamus se habían quedado completamente conmocionados. Las carcajadas no se hicieron esperar en la mesas de Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw, que se burlaban de los dos matones de turno por llevar aquel aspecto tan ridículo. Sin embargo, los alumnos de Slytherin no se lo tomaron tan bien. Gritaban coléricos y los insultaban, por ridiculizar a su casa.

Blaise se levantó de la silla de oro de Dumbledore y fue a la mesa de Gryffindor, subiéndose de un salto. Tras arrojar algunos libros y platos al suelo de una patada, se paró donde estaban sentados Harry y los demás y los miró, mordiéndose el labio inferior con toda la sensualidad del mundo.

Hermione se apoyó en una de las paredes del Gran Comedor, de brazos cruzados, junto a la mesa de Slytherin, observando aquel momento, intentando retenerlo en su memoria para siempre. Todo aquello la avergonzaba pero tenía la certeza de que nadie sabría que eran ellas, así que estaba tranquila. No pensó en ningún momento en la expulsión o en el qué ocurriría después. Tenía que actuar pero decidió esperar a que Ginny terminara con su show porque no quería perdérselo por nada del mundo.

Blaise se inclinó, se aproximó mucho a Harry y Ron y, sin vergüenza ninguna, los cogió de la barbilla.

— Esto va por vosotros, amores míos — dijo guiñándoles un ojo— Para que veáis de lo que está hecho un Slytherin.

Ron puso una mueca de asco al notar la mano de Blaise tocándole la barbilla y sintió fuertes arcadas. Le extrañó su comportamiento. Sabía lo serio que era Zabini, pero ahora parecía estar fuera de control. Ginny volvió a incorporarse y comenzó a desabrocharse uno a uno todos los botones de la camisa, lentamente, moviendo sinuosa y sexualmente la pelvis. Se aprovechó de la situación e intentó restregarle el trasero a Neville en la cara, pero el chico se apartó como si hubiera visto a un fantasma.

Los gemelos Weasley, por otra parte, iban frenéticos por todas las mesas, admitiendo apuestas.

— ¡Fred, veinte galeones a que los pillan en menos de diez minutos! — dijo George eufórico, entre risas.

— ¡Yo apuesto a que no llegan ni a cinco! — se mofó Fred mientras aceptaban apuestas de algunos alumnos de Ravenclaw.

En la mesa de Slytherin, en cambio, la situación se había puesto muy tensa. La furia embargó a Montague, que tomó cartas en el asunto y le arrojó a Ginny un muslo de pavo a la cabeza, sin pensarlo.

— ¡Blaise! ¿Qué estás haciendo? ¡Para de hacer gilipolleces si no quieres que te dé una paliza! — gritó totalmente avergonzado.

Pero aquello fue la gota que colmó el vaso. Los alumnos, al ver un muslo de pavo volando por los aires, se volvieron locos y se oyó a alguien gritar—¡Guerra de comida!— provocando una batalla campal. Ginny se asustó al ser consciente de que todos se descontrolaban pero continuó haciendo su streptease como si nada, ignorando por completo las amenazas de Montague y toda aquella comida que volaba por todas partes. Arrojó su camisa encima de Neville haciendo que se estremeciese y luego, mientras continuaba bailando para los alumnos de Gryffindor, se agachó y se dio fuertes cachetadas en el trasero.

— ¡Umbridge! ¡Bésame el culo! — gritó con rebeldía.

Ron se puso en pie, traumatizado.

— ¡No aguanto más! ¡Qué asco! ¡Me vuelvo a la sala común!

Sin embargo, Seamus Finnigan lo sujetó del brazo. Sabía que no iban a presenciar algo así en mucho tiempo.

— ¡Espera, Ron! ¡No te vayas! ¡Esto no es algo que se vea todos los días!

Harry también se lo estaba pasando de lo lindo e incluso se había atrevido a lanzarle tarta de chocolate a Zabini, viendo que no le importaba en lo más mínimo.

— Ahí le doy la razón a Seamus, Ron.

Por si fuera poco, Colin Creevey entró con su cámara en el Gran Comedor y viendo la gran oportunidad de su vida, no pudo evitar sacar fotografías compulsivamente.

— ¡Va a ser la noticia del año! — repetía eufórico.

Hermione decidió que era la hora de intervenir y tras esquivar varias manzanas y libros que volaban por los aires, se aproximó al centro del Gran Comedor. Aún no había pensado en lo que iba a hacer pero improvisaría. Aunque... no pudo continuar avanzando porque alguien, desde atrás, la sujetó. Hermione se giró, temiéndose lo peor pero se extrañó al ver que se trataba de Astoria Greengrass. Por un momento pensó que sería Draco Malfoy, así que sintió un poco de alivio.

— Draco, por favor. Tienes que parar este caos— dijo la chica, desesperada— ¡Haz algo!

Hermione se tensó. No podía permitir que Greengrass le arruinase los planes. Tenía que imitar el papel de Malfoy a la perfección. No dejaría que la descubriese.

— Déjame en paz— le escupió, deseando que sus palabras surtieran efecto.

Pero Astoria ignoró por completo su comentario.

— ¿Qué les pasa a Blaise y el resto? — inquirió con ansiedad, sin dejar de quitarse trozos de pudding del pelo—Están hechizados, ¿verdad?

— Me importa una mierda. Súeltame, estúpida— le espetó a la desesperada, zafándose de su agarre con brusquedad.

Hermione se sintió orgullosa al ver la cara que ponía la chica. Hacer de Malfoy se le daba mejor de lo que pensaba. La ignoró y continuó andando como si nada, decidida a desnudarse como Ginny pero Astoria se colocó delante, impidiéndole el paso.

¡Por Merlín, qué pesada era!

— Draco, ¿qué te pasa? ¿Por qué me hablas así? ¡Tú también estás hechizado! ¡Reacciona! — chilló sujetándole fuertemente el rostro pero al ver que no obtenía respuesta, no lo dudó y lo atrajo hacia ella.

Hermione se quedó sin aliento cuando Astoria Greengrass le plantó un morreo en plena boca delante de todo el mundo. Por un momento se paralizó, sin saber muy bien qué pensar hasta que por fin reaccionó y se apartó de ella como si hubiera recibido una descarga eléctrica.

¿A qué venía ese beso? ¿Acaso Malfoy estaba saliendo con Greengrass? ¿Estaba con Astoria y se enrollaba con ella como si nada? ¿Quién se creía que era?

Se sintió molesta de pronto. Indignada. Tanto que miró a Greengrass con odio. Nunca había deseado tanto vengarse de Draco Malfoy como en ese momento.

— ¿Se puede saber qué narices has hecho? Ni se te ocurra volver a besarme nunca más — le espetó escupiendo al suelo y se limpió los labios con la manga de la camisa, intentando darle más dramatismo— Que te quede muy claro. Hubiera preferido que me besase el palurdo de Weasley antes que tú. Y ya de por sí, me resulta vomitivo...

A Astoria le dio un vuelco el estómago. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos cayendo lentamente por su rostro y sin poder contenerse, le dio una bofetada con todas sus fuerzas y salió corriendo del Gran Comedor. Hermione se llevó la mano a la mejilla, dolorida. Repentinamente, se sintió culpable. Porque sabía que Greengrass no tenía ni idea de lo que Malfoy estaba haciendo. Pero no tuvo mucho tiempo para arrepentimientos.

— Hermio… digo Draco — carraspeó Ginny devolviéndola a la realidad. Como no reaccionaba, la cogió del brazo— Tenemos que irnos ya. Algunos alumnos han ido a avisar a Umbridge.

Hermione palideció.

— ¿Qué? Pero si yo aún no he hecho nada.

— ¡No hay tiempo! ¡Vamos! — la cortó arrastrándola al vestíbulo.

Parvati y Lavender las siguieron sin dejar de bailar, recibiendo tartazos a diestro y siniestro, pero les dio igual. Lo peor sucedió después, justo cuando salieron de allí, porque se encontraron en el corredor con nada más y nada menos que con las auténticas serpientes, a excepción de Theodore Nott. Blaise Zabini se detuvo en seco al verse a sí mismo saliendo del Gran Comedor, sin camisa y manchado de tarta de pies a cabeza. Y entonces, todo encajó. Ahora entendía el motivo por el que Vincent, Gregory y él se habían despertado en el maldito armario de las escobas sin recordar absolutamente nada. Sólo habían ido un momento a ducharse y a cambiarse a su habitación, y ahora que por fin volvían al Gran Comedor...

— ¡Qué mierda es ésto!

Crabbe y Goyle abrieron la boca de par en par al ver sus reflejos con tutús pero Draco no reaccionaba. Se había quedado petrificado. Blaise le había puesto al corriente de lo que había pasado con el armario de las escobas al encontrárselo pero él no había creído que Granger y las demás pudieran atreverse a jugársela.

Otra vez.

Sin embargo, estaba claro que sí. Aún así, una parte de él, no quiso admitirlo.

— Quiénes sois vosotros — inquirió furioso.

Las chicas no dudaron ni un segundo y corrieron como nunca lo habían hecho en dirección a la Torre de Gryffindor. Hermione fue incapaz de mirar atrás.

— ¡¿No os lo había dicho?! ¡Sabía que nos iban a joder!— masculló Blaise iracundo, dispuesto a perseguirlas, pero Crabbe lo retuvo— ¡Cómo se han atrevido!

Draco permanecía de pie, sin moverse ni un ápice viendo como Granger se alejaba en su cuerpo. Había visto el miedo en su mirada antes de salir corriendo. Era ella. ¿Pero cómo? ¿Poción multijugos tal vez? ¿Y cómo había conseguido Granger un pelo suyo? Un recuerdo pasó por su mente repentinamente. El momento del beso en las mazmorras. No había sido por deseo. No había sido porque lo estuviera buscando. Se había aprovechado de él.

Apretó los dientes con fuerza. Se sintió pequeño, traicionado. Utilizado. Pero sobretodo, decepcionado. ¿Cómo había sido capaz la sangre sucia de hacerle algo así... a él?

Los chicos entraron en el Gran Comedor con temor a lo que pudiera haber pasado y vieron que todo estaba hecho un desastre. Había comida pisoteada por todo el suelo y las túnicas de todos estaban manchadas. Montague se aproximó a ellos y le pegó un puñetazo a Blaise en la cara.

Blaise, anonadado y fuera de sí, le dio un empujón al recibir el golpe.

— ¡Pero qué haces!

Montague, intentando intimidarle, alzó la voz y pegó la frente contra la suya.

— ¿Que qué hago? ¡Cómo se os ocurre ridiculizarnos de esta forma!

Draco y Gregory intervinieron porque sabían que si no lo hacían, acabarían matándose a puñetazos.

— Que quede claro— escupió Draco con desprecio— No hemos sido nosotros.

Montague los observó de arriba abajo y se percató de que no tenían restos de comida y de que Crabbe y Goyle iban vestidos de uniforme, sin aquellos tutús tan patéticos. Se calmó en seguida. ¿Alguien les habría gastado una broma de mal gusto? En realidad le había resultado ilógico que precisamente ellos se pusieran en evidencia delante de todo el mundo. No les pegaba.

Blaise, desesperado, buscó con la mirada a Daphne pero tanto ella, como Pansy y Astoria no se encontraban allí. Se sintió bastante aliviado. Con suerte, no habrían presenciado aquel desastre. No obstante, la calma no duró porque Umbridge entró en el Gran Comedor con su trajecito rosa y al ver el estado de la sala, gritó haciendo que todo el mundo se quedase inmóvil.

— ¡Señor Malfoy! ¡Cómo han podido! ¡Vengan inmediatamente a mi despacho!

Goyle dio un respingo. La tarde iba de mal en peor.

— Lo que faltaba.

— ¡Señor Filch! ¡Arregle este desastre ahora mismo! — gritó Umbridge.

El conserje, que había estado largo rato en las cocinas sin enterarse de lo que pasaba, entró trotando con la señora Norris en sus brazos y se horrorizó.

— Nosotros no hemos sido — dijo Malfoy entredientes a la profesora de Defensa contra las Artes Oscuras.

— ¡Silencio! — chilló ella, histérica— Me han informado de que estaban causando revuelos en el Gran Comedor. ¡Si hay algo que detesto, son los alumnos mentirosos!

Draco resopló exasperado.

— He dicho que no hemos sido nosotros.

Umbridge lo fulminó con la mirada. A él y a todos los demás.

— Vengan conmigo inmediatamente. Van a aprender a no formar otro espectáculo como éste.

Viendo que no era buena idea insistir, Draco y los demás la siguieron a su despacho. Malfoy se asustó. Tanto que decidió llevar la corriente a Umbridge con tal de que no informara a su padre. Aquello podía ser lo peor para él, así que continuó caminando, con las manos hundidas en los bolsillos, soltando improperios por lo bajo. Justo entonces, apareció Theodore al fondo del corredor, jadeando por haber corrido hasta allí. Las noticias se habían propagado por todo el castillo como la pólvora. Él había estado estudiando tranquilamente, en su sala común.

— Theo, las muy zorras han hecho poción multijugos y nos han jodido a base de bien— murmuró Blaise al pasar por su lado, mirándole de soslayo— Pero no entiendo por qué cojones no te lo han hecho a ti.

Nott se quedó allí parado, analizando la situación y observó como sus amigos se alejaban con Umbridge. Se preocupó por ellos pero supo que aunque quisiera, no podría hacer nada. Suspiró, sintiendo un gran impotencia. De pronto, vio a Luna saliendo del Gran Comedor, y sin dudarlo, se acercó a ella.

Tenía demasiadas preguntas.

— Luna, sé lo que ha pasado. Blaise me lo ha contado— le espetó de malagana.

— Vaya— le susurro ella al oído—Yo no he tenido nada que ver.

Theodore enarcó una ceja, confuso.

— ¿Ah, no?

Luna se encogió de hombros.

— No — musitó en un hilo de voz — He preferido mantenerme al margen esta vez.

Theodore no entendía nada. Era evidente que a él no lo habían castigado. Y lo que Blaise le había dicho al pasar por su lado tenía sentido. Habían sido ellas, pero aún así seguía sin saber qué pretendía Luna y por qué no había contraatacado.

— ¿Por qué? ¿Por qué tú no...?

Luna esbozó una sonrisa.

— No veía justo hacerte algo así, ¿no crees? No te lo merecías. Ahora debo irme, Theo.

Y continuó su camino como si nada, dejándole plantado en el vestíbulo. Theodore observó como se alejaba y recordó la conversación que había tenido con ella durante la clase de pociones. Sonrió disimuladamente. No se había equivocado. Ella había sido sincera con él. Le había dicho la verdad.

Se llevó la mano al rostro al notar que las mejillas le quemaban y se sintió extrañamente feliz.

Mientras tanto, algunos alumnos de Gryffindor que continuaban en el Gran Comedor...

— ¿Alguien me puede explicar que ha sido todo eso? — preguntó Ron casi sin parpadear.

Harry aún continuaba en shock.

— No tengo ni idea Ron, pero… me resulta extraño lo que ha pasado. ¿Estarían hechizados? O a lo mejor, no eran ellos.

Neville se unió a la conversación.

— Y si no eran ellos, entonces, ¿quiénes eran?

Seamus se levantó de la mesa de Gryffindor con la intención de marcharse a su sala común. Ya no tenía sentido seguir allí.

— Alguien que los odia, de eso no hay duda.

— Hay mucha gente que los odia— comentó Dean Thomas— Puede haber sido cualquiera. ¡Eh, espérame, Seamus!

Harry y Ron se miraron durante unos segundos, con desconcierto.

Acaso... ¿habían sido ellas?


— Bien, siéntense por favor— ordenó Umbridge a los alumnos de Slytherin cuando entraron en el despacho de Defensa Contra las Artes Oscuras.

El lugar no parecía el mismo que en años anteriores. Todo era de color rosa, había platos con gatitos colgados por todas las paredes de la habitación y se hallaba en el centro una mesa con mantelitos de encaje sobre la que había un juego de té de porcelana.

Draco miraba en todas direcciones, perplejo.

— ¿Qué narices ha pasado aquí?

— Ni idea, pero Umbridge tiene un gusto pésimo decorando— susurró Blaise mientras se sentaban junto a la mesa.

La profesora los miró con aquellos ojos saltones de sapo, sacó varias plumas negras de su escritorio y se las tendió, asegurándose de que cada uno cogía una. Se acercó a ellos con una amplia sonrisa y repartió unos pergaminos. Parecía estar mucho más calmada.

— Sabe, señor Malfoy. No me esperaba este comportamiento por su parte. Lo hubiese esperado del señor Potter o del señor Weasley, pero no de usted o de alumnos de la casa Slytherin.

Blaise suspiró. ¿Hasta cuándo iba a durar aquello?

— De verdad que no hemos sido nosotros— dijo, intentando sonar convincente.

Umbridge sonrió con dulzura, haciendo un gesto teatral.

— Pensaba fundar una organización. — comentó haciendo caso omiso de sus palabras—La brigada inquisitorial. Y nombrarles como parte de ella, pero me han decepcionado en gran medida.

Crabbe, que no estaba escuchando la conversación en absoluto, fijó su atención en una bandeja de plata con pastitas de té que había en el centro de la mesa y sin poder evitarlo, aproximó su mano para coger una. Umbridge se percató y le pegó un pequeño manotazo.

— Vuestros modales son inexistentes— repuso soltando una risita maliciosa. A Draco se le puso el vello de punta —Voy a encargarme de enseñaros como es debido.

Blaise bufó molesto pero Crabbe seguía relamiéndose. No quería perder de vista el dulce manjar que tenía ante sus ojos.

— Volveré a preguntarles. ¿Por qué han causado tal escándalo en el Gran Comedor? ¿Qué pretendían? — preguntó con voz dulce, mirándolos con expectación.

— ¿Cuántas veces tengo que repetírselo? No-hemos-sido-nosotros— le espetó Draco, haciendo hincapié en cada una de las palabras.

— ¡Mentiroso! — chilló Umbridge irritada y luego tomó aire intentando no perder los estribos— Bien, como veo que son demasiado orgullosos para admitirlo, van a copiar hasta que yo lo considere necesario.

Draco enarcó una ceja y sonrió jactanciosamente. La miró por encima del hombro como si estuviera contemplando a una cucaracha.

— Ah, entiendo. Sólo son unas copias— silbó, jugueteando con la pluma en su mano.

Goyle, al ver la confianza que irradiaba Draco, también se calmó y se acomodó en la silla.

— ¿Qué tenemos que hacer?

Umbridge continuaba sonriendo con delicadeza.

— Escribirán ''No debo decir mentiras'' hasta que hayan entrado en razón.

Todos se miraron con complicidad y empezaron a escribir con aquellas plumas tan peculiares que no necesitaban tinta pero, en cuanto lo hicieron, comenzaron a sentir fuertes punzadas en la mano con la que sujetaban la pluma. A medida que escribían en el pergamino, la frase que querían plasmar sobre el papel aparecía grabada en el dorso de sus manos como si fuese un corte. Draco y Blaise miraron a Umbridge con rencor. Ella se dedicaba a observar por la ventana cruzando las manos por detrás de la espalda, tarareando tranquilamente, como si dispusiese de todo el tiempo del mundo.

Blaise se frotó la mano intentando aliviar el dolor pero era demasiado fuerte.

— Te juro por Merlín que mato a esas zorras, Draco— susurró al cabo de un rato.

— No aguanto más— se quejó Goyle en voz baja— Sólo he escrito la frase tres veces y me duele demasiado.

Crabbe estaba desesperado. Hasta se había olvidado por un momento de las pastitas de té. Ya ni siquiera le apetecía comer.

— A mí también. Es insoportable.

Draco los miró de soslayo y luego se observó la mano. No podía creer lo que Granger le había hecho. Aún no lo había asimilado. No se lo perdonaría nunca.

— Escribid y callaos—dijo en un hilo de voz— Si no, no nos dejará largarnos. Ya hablaremos durante la cena.

Umbridge se giró al escuchar unos murmullos y los miró inocentemente.

— ¿Han dicho algo?

Todos volvieron a fijar la vista en sus pergaminos.

— No, nada.


Las chicas de Gryffindor se dirigieron apresuradamente a la sala común. Por suerte, cuando llegaron, los alumnos aún no habían vuelto del Gran Comedor. No tuvieron problemas al entrar en su dormitorio porque, aunque su aspecto fuese el de las serpientes venenosas, su naturaleza seguía siendo femenina, así que el hechizo de las escaleras de su habitación no surtió efecto.

Ginny dio un portazo al entrar en el dormitorio. No podía para de reir.

— ¿Habéis visto la cara que han puesto Harry, Neville y mi hermano?

Sin embargo, Hermione ya no estaba tan tranquila.

— Sí, pero me preocupa que Malfoy y el resto nos hayan descubierto— dijo con voz temblorosa — Tal y como nos han mirado, creo que saben que hemos sido nosotras.

Lavender continuaba danzando, muy animada.

— No creo, Hermione. No le des vueltas. ¡Ya doy vueltas yo! ¡Plié, Relevé!

Parvati le acarició el hombro para apaciguarla. Veía lo nerviosa que estaba. Conocía a Hermione y sabía que se preocupaba demasiado. Por todo.

— Lavender tiene razón, Hermione. No te preocupes. Y si intentan tomar represalias, desearán no haber nacido.

Ginny, por otra parte, no dejaba de mirar el bulto en sus pantalones, algo incómoda.

— Por cierto, ¿cuánto falta para que volvamos a ser nosotras? Quiero deshacerme de... esta cosa.

Hermione se sentó en su cama y comenzó a quitarse los zapatos.

— En teoría ya debería haber pasado el efecto de la poción.

Parvati se acercó al espejo y se observó con detenimiento. Empezó a hacer poses ridículas y a contraer los biceps, riéndose por lo bajo.

— Goyle está monísimo con este tutú.

Lavender, totalmente desmadrada, se subió a la cama y comenzó a saltar con tanto impulso que los muelles crujieron bajo su peso.

— ¡Cuidado! — dijo Parvati intentando bajarla— Madre mía, Lavender. La transformación te está afectando seriamente al cerebro.

Pero Lavender continuó saltando, riéndose sin parar. Quedaban pocos minutos para dejar de ser Crabbe. No podía desaprovecharlos.

— ¡Tonterías!

Sin embargo, Ginny comenzó a transformarse, arruinándole toda la diversión.

— ¡No! ¡Todavía no! — chilló girando como un torbellino por toda la habitación, cogiendo a Parvati de la mano para que diera vueltas con ella—¡Queremos más!

Hermione rodó los ojos, exasperada. Aún no entendía como había terminado apegándose tanto a ellas. Estaban locas, desde luego. Aún así, no pudo evitar sonreir.

— Os recuerdo que Ginny fue la primera en tomar la poción— puntualizó desabrochándose los botones de la camisa— Nosotras no tardaremos en volver a la normalidad. Voy a quitarme esta ropa. Vosotras deberíais hacer lo mismo.

— Vale, vale. Señorita aguafiestas— se burló Lavender.

Pero Hermione ignoró su último comentario, corrió las cortinas del dosel de su cama y se tumbó, inspirando profundamente a la espera de la transformación. No se quitaba de la cabeza el momento en el que Malfoy la había visto en el vestíbulo.

Su mirada cargada de odio.

Estaba poniéndose demasiado nerviosa. Temía cómo podía reaccionar Malfoy porque sabía que el alboroto que habían causado en el Gran Comedor tendría consecuencias. ¿Lo castigarían?

Intentó evadirse pensando en otra cosa. Tumbada boca arriba, alzó los brazos y los observó detenidamente con mucha curiosidad. Una curiosidad que la estaba matando. Nunca había visto a Malfoy desnudo. No iba a tener otra oportunidad como esa, así que muy despacio y sin saber por qué, se quitó la camisa y la dejó junto a su almohada. Escuchaba a Lavender y Parvati canturreando y dando saltitos. A Ginny gritando—¡Aleluya!— probablemente por haberse deshecho del enorme basilisco de una vez por todas, pero ella no les prestó la más mínima atención y continuó desnudándose, lentamente, hasta quedarse solo con los calzoncillos negros que Lavender le había dado.

El cuerpo de Malfoy era suave. Su piel, aquellos definidos abdominales… le resultaba absurdamente perfecto. Todo de él.

Las mejillas le ardían. El pulso le latía con fuerza. Y se odió a sí misma con fuerza por las sensaciones que él le provocaba. Se detestó por sentirse atraída por Malfoy a pesar del menosprecio constante que le había dedicado durante tantos años. Decidió que no podía continuar mirando. Se sentiría peor consigo mismo si lo hacía, así que cerró los ojos, inspiró y deseó que al abrirlos de nuevo, se hubiera efectuado el cambio.

Sin embargo, no ocurrió nada. Seguía siendo él.

Sin poder evitarlo, recorrió todo su cuerpo con la mirada y a pesar de que se había jurado a sí misma que no lo haría, se fijó en su parte íntima.

Aquella parte…prohibida.

Tragó saliva. ¿Acaso era idiota y estaba replanteándose por un segundo llevar su mano a ese sitio? ¿Había perdido la cabeza? ¿Qué clase de pensamientos obscenos estaban pasando por su mente? Su parte racional le decía que no lo hiciera pero sabía que nadie iba a enterarse. Aquel momento sería suyo. De nadie más. Sólo quería saber cómo era. Sólo por un momento. Un instante que sería más que suficiente para sentirse culpable y arrepentirse durante el resto de su vida. Así que con manos temblorosas, deslizó sus finos dedos por aquel cuerpo, acariciándolo con un leve roce. Seguía dudando, pero aún así situó la mano por encima de su ropa interior y palpó muy despacio su protuberancia, casi con miedo.

Ahogó un gemido al notarlo. Y no se contuvo más. Rozó el filo de sus calzoncillos y en un impulso repentino, deslizó la mano para poder sentir la piel sin obstáculos.

El corazón le latió desbocado en ese momento.

Malfoy se había vuelto todo un hombre.

Todo para ella.

Una corriente eléctrica la atravesó, apartó la mano rápidamente como si se hubiera quemado y hundió el rostro en la almohada, avergonzada por lo que había hecho.
Ginny se acercó rápidamente a su cama al escuchar, tras las cortinas, unos gemidos amortiguados por la almohada.

— Hermione, ¿te ocurre algo?

— ¡No!—chilló fuera de sí— ¡Estoy bien!

Ginny entrecerró los ojos. A saber qué le pasaba.

— Lavender y Parvati ya se han transformado, ¿y tú?

Hermione se removió entre las sábanas.

— Aún no… pero déjame ahora, Ginny.

La chica suspiró.

— Vale, como quieras. Voy a ducharme. Tengo que limpiarme los trozos de tarta que tengo por todas partes antes de bajar a cenar.

Parvati se paseaba de un lado a otro de la habitación un poco angustiada. La euforia del momento vivido se esfumaba entre sus dedos y empezaba a ser consciente de la que habían montado. No sólo ellas, sino todos en general.

— ¿Creéis que los profesores nos matarán a todos por lo que ha ocurrido?

Hermione resopló, al otro lado de las cortinas del dosel.

— Ojalá. Así, con suerte, me olvidaré de lo que hecho.

Lavender se extrañó.

— ¿Qué has dicho, Hermione?

— Eh, nada, Lavender— susurró con voz entrecortada— Que ya me estoy transformando.


Llegó la hora de la cena y las chicas fueron con bastante preocupación al Gran Comedor. No sabían qué era lo que iba a ocurrir pero estaban seguras de que no habría ninguna celebración. Hermione iba completamente abstraída, ajena a la conversación que estaban teniendo las demás. No podía quitarse de la mente lo que había hecho en su cama. Cuando llegaron al vestíbulo, vieron que Filch se encontraba en la puerta del Gran Comedor junto a la señora Norris. Tenía un humor de perros y maldecía una y otra vez a todos los alumnos que pasaban por allí. Se lamentaba por haber tenido que encargarse de volver a dejar reluciente la estancia.

Hermione y las demás, intentando no perder la calma, entraron y se sentaron en la mesa de Gryffindor. Luna las vio y se acercó a ellas.

— Ha sido una tarde divertida, ¿verdad? — sonrió dulcemente.

Ginny soltó una risita pero carraspeó al darse cuenta de que Hermione la fulminaba con la mirada.

— Sí, Luna. Será difícil que olvide este día.

Lavender, por otra parte, estaba más relajada y comenzó a comer unas suculentas costillas de cordero de lo hambrienta que se sentía. Desde luego, haber pasado un rato en el cuerpo de Crabbe le había afectado. En ese momento tuvo la sensación de que alguien la observaba y cuando levantó la vista, vio que Cormac estaba completamente embobado, apoyando el rostro en un puño cerrado, mirando cómo engullía las dichosas costillas. McLaggen, al ver que Lavender se había dado cuenta de que estaba fijándose en ella, disimuló desviando la mirada y comenzó a hablar con sus amigos, vacilando sobre sus batallitas con el Quidditch y lo bueno que era.

Lavender bufó y continuó comiendo.

Sin embargo, el silencio se hizo en el Gran Comedor cuando Albus Dumbledore se levantó de su sillón y se dirigió al atril del búho. No parecía nada contento.

— En todos estos años como director de Hogwarts, jamás había visto un comportamiento semejante ni tanta falta de respeto. No sólo por parte de los alumnos de la casa Slytherin, sino por todos los demás. Por tanto, me veo obligado a poner ciertas medidas en la escuela. No me han dejado otra opción. A partir de ahora, los alumnos volverán a sus dormitorios al terminar la cena y la primera visita a Hogsmeade queda suspendida. Espero que recapaciten sobre lo que han hecho y sean conscientes de sus actos— su voz sonó firme. Tanto Dumbledore como el resto de profesores estaban muy disgustados.

Ningún alumno se atrevió a replicar.

— Vaya, Hermione. Nunca había visto a Dumbledore tan enfadado— murmuró Parvati.

Pero ella fue incapaz de escuchar las palabras de su amiga. No podía apartar la vista de Malfoy, que en ese momento la observaba de una forma espeluznante. Los demás no dejaban de mirarlas con amenaza, salvo Theodore Nott, que parecía estar en las nubes, pero la mirada de Draco Malfoy era distinta.

Hermione jamás lo había visto así, con esos ojos grises llenos de odio, pero sobretodo, llenos de decepción.

Cuando la cena concluyó, todos los alumnos se marcharon a sus habitaciones muy desanimados por el castigo. Y es que tenían muchas ganas de ir a Hogsmeade. La broma había afectado a todos los alumnos y Hermione se sentía fatal. Ni siquiera se reconocía a sí misma. Aquello no era lo que ella había pretendido, ni mucho menos. Pero había antepuesto su egoísmo y su orgullo ante todo lo demás y no se había parado a pensar en las consecuencias. La cabeza le dolía y sentía que había sido un día agotador pero no podía dejar de pensar en la expresión de Malfoy. Estaba preocupada. Necesitaba estar a solas, relajarse y pensar.

— ¿Qué ocurre? — preguntó Lavender al verla tan alterada.

Hermione se detuvo en mitad del pasillo.

— Creo que voy a ir a darme un baño en...el baño de los prefectos. Estoy agotada y me vendrá bien.

Ginny se tensó. Que anduvieran solas por el castillo después de lo que había sucedido no era lo mejor, desde luego.

— Bueno, pero no tardes. Ya has oído lo que ha dicho Dumbledore.

Hermione asintió y esbozó una falsa sonrisa.

— No os preocupéis, de verdad. Volveré pronto.

Continuaron sin decir nada y cuando llegaron a la habitación, Hermione cogió una toalla antes de marcharse. Después, bajó apresuradamente al quinto piso, murmuró la contraseña, entró y cerró la puerta del cuarto de baño. Por suerte, allí no había nadie. Suspiró aliviada, se quitó la ropa dejándola cerca de la bañera junto a la toalla, metió lentamente un pie en la inmensa bañera llena de espuma y se sumergió dentro del agua.

Repentinamente sintió algo de paz y tranquilidad. Por fin. Después de todo el maldito día.

Más relajada, se recostó en el borde de la bañera y comenzó a frotarse los brazos con jabón. Desde que había sido nombrada prefecta, había ocasiones en las que disfrutaba yendo a ese cuarto de baño para desconectar. No solía haber nadie a esas horas y sabía que así podía tener un momento de intimidad. Aquello le ayudaba a aliviar un poco su ansiedad. Normalmente solía ir cuando tenía exámenes pero ahora el motivo era muy diferente.

Lentamente cerró los ojos y se abandonó al placer del agua caliente.

Sin embargo, le pareció escuchar un ruido. Fue muy sutil. Pero lo suficientemente perceptible como para asustarla.

Abrió los ojos de par en par, se giró y miró en dirección a la puerta.

Para su alivio, estaba cerrada.

Al ver que no había nadie, suspiró y rodó los ojos. Sin duda el estrés le estaba afectando. No le dio importancia y volvió a acomodarse, olvidando todo lo demás, pero en ese instante notó un soplo de aire tras ella. Un soplo de aire frío seguido de un susurro rozándole el oído que hizo que se quedase sin aliento.

— Granger— musitó Draco Malfoy.