Hola a todos/as! He vuelto con el siguiente cap, el más largo de los que he escrito hasta ahora! Espero que os guste :D Como siempre... muchas gracias a todas por vuestros reviews, porque me animan a seguir escribiendo esta historia :) Este capítulo va dedicado a Luladark y alissa-2012! ;)
Y para las no registradas:
Natalie Malfoy: bueno... con respecto a lo de la relación inactiva de Blaise y Ginny... no te preocupes... porque el denotante está a punto de estallar! jajajajajjaa espero que te guste el cap! y los gemelos... eso me traumatizaría jajajaja :P aunque nunca se sabe ^^ un beso guapa!
Fernanda: Draco es un poquito cabezota... y luego tiene esas reacciones tan... exageradas jajajaja pero bueno ya se irá viendo su corazoncito jijijiji y Theo y Luna... son una monada ^^ a mí también me gustan mucho! ya me dirás que te ha parecido este cap! Un beso muy grande guapa :)
Emma Felton: hola guapa! espero que te hayan salido bien los exámenes, que esta época es la peor! lo del triángulo amoroso... bueno... va a ser especial... mi mente puede llegar a ser muy retorcida jijiji y bueno además también tengo pensados otros dramiones pero seguramente comience a escribir cuando ya haya terminado estos y esté de vacaciones :D espero que te guste el cap! Un besito guapa :D
Ian: hola guapa! ya te puedo decir guapa, que antes no me atrevía porque no sabía si eras un chico jijiji la escena de Luna y Theo la verdad es que fue muy bonita... tendrás más escenas así jijiji son tan monos... y bueno ahora prepárate para lo que se avecina jejejej muchas gracias por seguir mi historia y comentarme siempre guapa! espero que te guste mucho este cap! Un beso muy grande :D
Rosyr: lo que no sé que pasó por la cabeza de Rowling para que Hermione terminase con Ron y no con Draco :( enfin... creo que hasta Tom Felton le dijo algo de que escribiese en uno de los libros que el personaje de Draco se enamoraba de alguien de Hogwarts y su personalidad cambiaba, pero J.K pasó xDDD :( en fin... suerte que podemos escribir fics y que todo cambie (L) Espero que este cap te guste nena! ya me dirás! Un beso fuerte! :D
y ahora... os dejo con la lectura ;)
-Muerte al basilisco-Editado
Theodore despertó por la mañana y vio que Luna seguía tumbada junto a él, durmiendo apaciblemente. Se tensó inmediatamente. Ahora que se sentía más lucido dedujo que lo mejor era marcharse, porque tenía miedo de lo que Luna pensara si se daba cuenta de que había estado toda la noche recostado a su lado. Probablemente se asustaría o se enfadaría.
Aún así, observó detenidamente sus rasgos. Tenía las mejillas sonrosadas y el pelo le enmarcaba el rostro.
Era preciosa.
Algo avergonzado, se incorporó muy despacio intentando no despertarla y salió de aquella sala misteriosa.
Luna, al oír una puerta cerrándose, se despertó y se extrañó al ser consciente de que no sabía dónde estaba. Por un momento pensó que estaba soñando porque aquel lugar era maravilloso. Se frotó los ojos algo somnolienta y se levantó del cómodo diván donde había estado durmiendo. Creyó que había llegado a ese lugar sonámbula. Hacía más de dos semanas que no le ocurría, pero siempre volvía a su habitación. Sin embargo, esa vez había sido diferente. Había terminado en una sala muy acogedora.
Observó durante unos instantes las ciruelas dirigibles que flotaban en el techo y las cálidas llamas de la chimenea y pensó que no sería mala idea dormir allí algunas noches. Aunque en su dormitorio estaba en compañía, la mayoría de las veces se sentía sola. No solía relacionarse con las chicas de Ravenclaw. Siempre la llamaban Lunática y la trataban con menosprecio. Con Hermione y las demás no le sucedía pero tampoco podía estar a expensas de dormir todas las noches en la habitación de Gryffindor. Podían castigarla si la pillaban. Además, aquel sitio donde se encontraba era perfecto. En él no se sentía sola.
Después de observar durante un rato la sala, se acercó a la puerta y se marchó de la estancia. Cuando salió, la puerta desapareció de inmediato, quedando sólo la lisa pared. Justo en ese instante, supo de qué se trataba.
La sala de los Menesteres.
Su padre le había hablado sobre ella pero nunca la había visto en Hogwarts. Sabía que solamente tenía que desear y la sala aparecería equipada con sus necesidades. Miró por los pasillos pero aún era temprano y no había alumnos por los alrededores, así que con aire sonriente, se fue trotando y canturreando a la sala común de Ravenclaw.
Lavender se preocupó en cuanto Hermione se levantó aquella mañana. Tenía mal aspecto y los ojos algo hinchados.
— Hermione, ¿te encuentras bien?
— S-sí, claro — tartamudeó en un hilo de voz.
Ginny se sentó en la cama y le llevó la mano a la frente, ignorando su último comentario.
— Pues a mí no me lo parece. ¿No tendrás fiebre?
Hermione se mordió el labio. Nunca podría contarles lo que había pasado con Malfoy.
— No, Ginny… de verdad, no me pasa nada. No he dormido muy bien.
Parvati no le dio mucha importancia. Creyó que Hermione simplemente se encontraba mal. Además, había algo que la inquietaba hasta el punto que de haberla despertado en mitad de la noche.
—¿Creéis que Malfoy y los demás se atreverán a ponernos las manos encima?
Ginny se estremeció. No pensaba dejar que Zabini volviera a tocarla.
— Espero que no. Creo que han aprendido la lección esta vez.
A Hermione la recorrió un escalofrío. Desde luego Malfoy sí se había atrevido a ponerle las manos encima. Estaba demasiado impactada aún como para poder olvidar lo que había sucedido. ¿Cómo había podido tener la osadía de tocar todo su cuerpo? Tocarlo de la forma en la que lo había hecho.
— Aún así deberíamos estar preparadas por si intentan hacernos algo — sugirió Lavender sacando a Hermione de su ensimismamiento.
— Tienes razón— afirmó Ginny, algo intranquila— Quién sabe lo que se les puede ocurrir a esos malditos degenerados si nos ven solas.
Hermione se estremeció. Aunque quisiera no podía decir a sus amigas lo que había ocurrido en el cuarto de baño de prefectos porque si lo hacía, matarían a Malfoy y de algún modo, descubrirían lo que ella había estado haciendo con él durante los últimos días. Comenzó a vestirse intentando evadir esos recuerdos y se marchó con las demás al Gran Comedor para desayunar.
Sabía que estaba en la mesa de Slytherin, rodeado de sus compañeros pero Hermione fue incapaz de mirar Malfoy a la cara. Aún así repasó en su cabeza todos los momentos en silencio. Todos sus encuentros con él. Porque seguía sin entender cómo había permitido que la besara la primera vez. Cómo había dejado que aquel beso la confundiese hasta el punto de haberla llevado a donde se encontraba ahora.
Después del desayuno, cuando Hermione y el resto iban andando por uno de los pasillos, se percataron de que al fondo había un grupo de alumnos armando barullo. Se acercaron para ver qué ocurría y vieron a los gemelos Weasley vendiendo unas fotografías.
— ¡Atentos, chicos y chicas!— exclamó Fred alzando unos álbumes para que todos los vieran.
— ¡Tenemos todas y cada una de las fotos del espectáculo de ayer!— anunció George con euforia.
— ¡Incluidas las del Lago de los cisnes!— añadió Fred.
Colin Creevey se encontraba junto a ellos con una postura pretenciosa. El haber sacado esas fotos le había dado mucha popularidad y su ego se había fortalecido.
— ¡Sólo por cinco galeones recibiréis diez fotos exclusivas de la inolvidable representación! — gritó George.
— ¡Y si queréis un álbum completo en el que salga el magnífico baile de Blaise Zabini medio desnudo y el bofetón que recibió Draco Malfoy de su ahora exnovia Astoria Greengrass, sólo tendréis que darnos veinte galeones! — exclamó Fred entusiasmado. Al parecer todo el mundo se había enterado de lo de Astoria después de haber presenciado la patética escena en el Gran Comedor.
Los alumnos gritaban con frenesí, sacando galeones de sus bolsillos desesperados por ser los primeros en comprar la exclusiva. Ginny se acercó abriéndose paso entre los chicos para poder hacerse con uno de los álbumes. A pesar de que ella había hecho el baile sensual y no Zabini, quería tener el recuerdo de él para verle una y otra vez haciendo el ridículo. Quería quedarse con un album para no olvidarse nunca. Observó en una de las fotos su cuerpo, lleno de tarta de la cabeza a los pies y sin camiseta…
Ahogó una risa. Aún así, al fijarse en Blaise un pensamiento fugaz pasó por su mente. El maldito basilisco. ¿Por qué demonios estaba acordándose de eso? Sacudió la cabeza intentando olvidarlo y se acercó a uno de sus hermanos para comprar las dichosas fotos.
— Quiero el álbum completo, George — le exigió arrancándoselo de las manos.
— No hay excepciones, Ginny. Veinte galeones — dijo Fred mostrando su palma, esperando ansioso las monedas.
Ginny, con desgana, sacó un poco de dinero del bolsillo de su túnica.
— ¿Cómo que no hay excepciones? Cinco galeones y tenéis suficiente — espetó y se marchó antes de que alguno de los dos replicase.
Harry y Ron estaban allí junto a Neville, Seamus y Dean, comprando todas las fotos. Querían conservar aquel recuerdo para siempre pero Ron no tuvo la misma suerte que Ginny, ya que Fred y George no le vendieron el álbum por menos de cuarenta galeones. Lavender también se aproximó para comprar algunas fotos pero cuando estaba esperando su turno se percató de que tenía a Cormac McLaggen detrás y de que el tumulto de alumnos lo estaban aplastando y apretujando contra ella.
Se ruborizó en cuanto notó que él, inconscientemente, le rozaba el trasero con alguna parte de su cuerpo.
— No te pegues tanto, Cormy.
Otro empujón. Lavender sintió que él volvía a rozarle por detrás.
— No es que quiera pegarme, Lavender, pero los de primero han perdido la cabeza y me están aplastando. Y ya te lo dije. No me llames Cormy.
Lavender bufó y se limitó a alzar la mano entre los alumnos para conseguir el ansiado álbum de una vez por todas. Quería alejarse de McLaggen porque había empezado a sudar y a ponerse muy nerviosa, así que cuando por fin compró las fotos, se dispuso a marcharse con las demás al Gran Comedor.
Sin embargo, se quedó rezagada porque Cormac la detuvo cogiéndola del brazo y le susurró algo al oído.
— Fuisteis vosotras, ¿verdad? — musitó con curiosidad. Él lo sabía. Claro que lo sabía.
— ¿Cómo? — preguntó Lavender siendo consciente del gran dilema. Había olvidado por un momento que Cormac la ayudó a colarse en el despacho de Snape.
— No te hagas la tonta, Lavender— dijo él— Cogiste poción multijugos y no creo que Zabini y los dos matones hiciesen… ya me entiendes, el ridículo voluntariamente. Por no hablar de Draco Malfoy.
Lavender tragó saliva.
— No pensarás contarlo por ahí, ¿verdad? — le espetó, intentando sonar amenazante.
Cormac se mantuvo en silencio durante unos segundos.
— No.
Lavender suspiró, algo aliviada.
— Pero…quiero algo tuyo a cambio — le exigió de repente.
A la chica se le encogió el estómago pero pensó que no sería para tanto. Al menos, no la iba a delatar.
— Está bien, ¿el qué?
Cormac se acercó a ella hasta que su voz fue una leve respiración en su oído y Lavender se alteró al notar el tacto de sus húmedos labios rozando lentamente el lóbulo de su oreja, como si adrede, con cada palabra, la estuviese provocando.
— Tus bragas— susurró — Las de corazones.
Lavender no tardó en sonrojarse.
— ¡¿Qué?! — chilló— ¡Sobre mi cadáver!
— Sh, cállate— siseó, sin soltarla— O me das tus bragas o todo Hogwarts sabrá que habéis sido vosotras.
Lavender bufó muy molesta. Había empezado ella amenazándolo y ahora la situación se había vuelto en su contra. Además, ¿por qué McLaggen quería su ropa interior?
— ¿Y para qué las quieres? No pensarás hacer nada raro con ellas, ¿verdad, pervertido?
— Eso no es asunto tuyo — le espetó — ¿Hay trato o no hay trato?
Lavender lo miró y se lo pensó durante un momento. Unas bragas al fin y al cabo no eran para tanto. Y total, ya se las había visto. ¿Qué importaba?
— Está bien.
Cormac apuntó una sonrisa y sin dejar de mirarla a los ojos, la soltó.
— Vale, pues entonces te veré en la sala común a las seis— le dijo haciendo una pausa— Y ya sabes, si no me traes tus bragas…
Lavender hizo aspavientos con la mano, alejándose para acercarse a las demás, que continuaban su camino como si nada.
— Que sí, pesado, pero si te las doy, no las quiero de vuelta — repuso sin mirar atrás—No quiero volver a verlas.
— Nadie ha dicho que vaya a devolvértelas, Lavender— fue lo último que le escuchó decir.
Ella se detuvo y se giró para maldecirle pero ya no estaba. Se había perdido entre la multitud. Lavender masculló por lo bajo. Desde luego no tenía ni idea de lo que pasaba por la cabeza de aquel idiota.
— Lavender, ¿a qué esperas?— Ginny la llamó impaciente al darse cuenta de que se había quedado atrás. La chica las alcanzó en seguida— por cierto, ¿de qué estabas hablando con Cormac McLaggen?
Lavender se tensó.
— Eh, de nada, de nada. Vamos a desayunar— dijo evadiendo la pregunta y continuaron su camino hacia el Gran Comedor.
Pero Hermione se detuvo repentinamente.
— Creo… que voy a ir a la biblioteca. Tengo que mirar algo sobre una poción y…
— ¿No vas a desayunar, Hermione?— preguntó Ginny con preocupación. Nunca había visto a Hermione tan mal como ese día, ni siquiera durante los exámenes finales de cada curso.
— La verdad es que no tengo hambre, Ginny.
En realidad, tenía miedo de ver a Malfoy, y era probable que estuviese en el Gran Comedor con el resto. Aún no se sentía preparada para enfrentarse a él. Así que después de excusarse varias veces ante sus amigas, se alejó de ellas. No se quitaba la imagen de Malfoy tumbado sobre ella, rozándola con la mano, tocando todo su cuerpo. Se preguntó qué sería lo próximo. Necesitaba saber a qué a tenerse, pero sobre todo, deseaba poder averiguar si tramaba algo.
Deseó con todas sus fuerzas.
Si sólo pudiera ver lo que estaba haciendo en ese momento. Sólo verlo.
Cuando iba caminando por uno de los pasillos del séptimo piso, escuchó un ruido que la sobresaltó y observó que en una de las paredes del pasillo, para su sorpresa, una gran puerta comenzaba a surgir.
Hermione sintió curiosidad y la abrió. Cuando entró, vio una sala grande en la que apenas había luz. Sólo se divisaba al fondo un gran sofá negro y frente a él, un espejo. No sabía dónde demonios estaba ni qué era aquel objeto. Pero tenía la certeza de que no se trataba del espejo de Oesed porque Dumbledore lo había trasladado hacía años.
Algo recelosa, anduvo por la sala pero no hubo nada más que le llamase la atención así que se acercó a donde estaba el sofá y se sentó. La puerta se cerró. Aún así no se asustó y contempló el espejo. Era extraño. No podía verse reflejada en él porque su superficie era opaca. Sin embargo, una luz comenzó a surgir del espejo y una imagen borrosa apareció en el cristal, volviéndose cada vez más nítida. Hermione entrecerró los ojos, suspicaz. ¿Qué era aquello que mostraba el espejo? Parecía un dormitorio, aunque estaba oscuro, había varias camas como en su habitación de Gryffindor pero las cortinas que colgaban del dosel eran verdes y...
Un momento. Ella había estado allí. Era...la hahitación de Malfoy.
Con total interés, se movió un poco en el sofá, quedándose muy al filo como si así pudiera ver más de cerca el espejo. Una voz de alguien soltando maldiciones se escuchó a través del cristal. Malfoy apareció en la habitación y se sentó en la cama.
— ''Mierda'' — dijo cubriéndose el rostro con la mano, como si estuviera apunto de desmoronarse.
Hermione se sintió confusa. ¿Aquello era real? ¿Acaso el espejo mostraba lo que sucedía en esa habitación? Ella había deseado ver lo que estaba haciendo Malfoy…
—La sala de los Menesteres—murmuró para sí, relajándose por completo— Así que de eso se trataba. Debí haberme dado cuenta antes.
Rápidamente volvió a fijar toda su atención en el reflejo de Malfoy.
Draco inspiró algo más calmado y se inclinó hacia adelante para abrir uno de los cajones de la mesita de noche. Antes, miró de un lado a otro, como si estuviera cerciorándose de que no había nadie en la habitación y después, sacó una caja negra con el dibujo de una serpiente plateada, se la puso en su regazo y la miró durante un rato.
Hermione, sin ser consciente, empezó a morderse las uñas con impaciencia. ¿Qué habría en aquella maldita caja?
Draco la abrió muy despacio y sacó algo del interior.
Un trozo de tela de color granate que a Hermione le resultó absurdamente familiar.
El pañuelo.
— Lo sabía — masculló entre dientes. Claro que sabía que se lo había llevado.
Malfoy aproximó el pañuelo a su rostro para percibir su aroma y cerró los ojos. Después, con el pañuelo en la mano, se dejó caer lentamente sobre su cama y se quedó tumbado, solo. En completo silencio.
Hermione presenció la escena con la mandíbula desencajada. ¿Qué se suponía que significaba todo aquello? ¿Qué demonios hacía oliendo y aferrándose de esa forma su pañuelo? La confusión en Hermione creció cuando la expresión de Malfoy se resquebrajó lo suficiente como para mostrar algo que ella jamás había visto.
Por un momento lo vio vulnerable. Como si la máscara que siempre llevaba puesta se hubiera roto, como la noche en la que fue a su dormitorio y lo vio durmiendo tranquilamente, ajeno a todo, con los ojos cerrados.
Se escuchó un ruido que sobresaltó a Malfoy y él se incorporó rápidamente, arrojó la caja y el pañuelo al interior del cajón y lo cerró de un golpe. Parecía bastante nervioso.
Blaise Zabini se acercó a él, de muy malhumor.
— ''¿Por qué no has ido a desayunar? Astoria y Pansy te están buscando. Han vuelto a darme el coñazo.''
Inmediatamente la expresión de Draco cambió y volvió a ponerse aquella máscara de desprecio y arrogancia que Hermione conocía tan ella no fue capaz de prestar atención al resto de la conversación. Lo que había presenciado la había dejado anonadada. Había visto por primera vez en su vida a Draco Malfoy sin su máscara. Aquella máscara fría que siempre le acompañaba a todas partes.
Sin embargo, todos sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Blaise habló.
— ''Debemos darles una lección a esas malditas zorras. Después de lo que hicieron ayer en el Gran Comedor, no van a irse intactas. Hay fotos de lo ocurrido por todo Hogwarts...''
Hermione sintió un vuelco en el estómago. Era evidente que Zabini no iba a dejarlo estar. Podía hacerles algo así que tenía que avisar a las demás. No se entretuvo más y salió de la estancia a toda prisa. Después, se dirigió al Gran Comedor y para su suerte, todas seguían allí, charlando tranquilamente.
— ¿De dónde vienes?— preguntó Ginny al ver que le faltaba el aliento.
— Tenéis que ver algo. Seguidme — murmuró entre jadeos— No os lo vais a creer.
Con mucha expectación y algo inquietas, Luna y las demás no dijeron nada y la siguieron hasta que llegaron a uno de los pasillos del séptimo piso.
Cuando apareció la puerta en una de las paredes todas se sorprendieron. Todas, menos Luna.
— Yo ya he estado aquí — comentó sonriendo.
Lavender enarcó una ceja.
— ¿Ah, sí?
Hermione deseó y la puerta volvió a formarse.
— Sí, me desperté aquí está mañana— comentó mientras se adentraba con Hermione y el resto en la sala. Miró la estancia con detenimiento — Vaya, aunque ahora es diferente.
Ginny estaba perpleja.
— Por cierto, ¿qué es este sitio?
— La sala de los Menesteres — explicó Hermione — Aparece cuando la necesitas.
Lavender y Parvati se acomodaron en el sofá sin pensarlo.
— ¿Y qué es ese espejo y para qué lo necesitamos?— inquirió Parvati.
Hermione, Luna y Ginny se sentaron junto a ellas hasta quedar totalmente apretujadas en el sofá.
— Ahora lo veréis.
Permanecieron atentas y nerviosas por lo que pudiera suceder hasta que una imagen borrosa comenzó a dibujarse en el cristal.
— ¡¿Qué?!— Ginny se sorprendió al ver el dormitorio de las serpientes y a Blaise Zabini sentándose en una de las camas.
No fue la única que se extrañó. Lavender estaba tan alucinada que por un momento pensó que era mentira.
— ¿Cómo? No puede ser.
— Sh— siseó Hermione— Estad atentas.
— ''Bueno, ¿y si vamos a comprarle a los pobretones otro de sus estúpidos cacharros?— sugirió Blaise a Theodore, que también había llegado a la habitación — Esas zorras van a saber lo que es bueno.''
— ¡¿Zorras?!— chilló Ginny furiosa, levantándose del sofá — ¿pero quién se cree que es ese malnacido?
Parvati la cogió de la mano para que volviera a sentarse a su lado.
— Cálmate, Ginny. Vamos a seguir escuchando.
— ''Yo no voy a participar esta vez— murmuró Theodore provocando que se dibujase una mueca de desaprobación en el rostro de Zabini— No me mires así, Blaise. No tengo porqué hacerlo. Además, la situación cada vez va a peor y no quiero estar involucrado. Ya estoy cansado de todo esto.''
Luna sonrió disimuladamente al oír las palabras de Theo. Las demás, en cambio, sintieron un gran alivio al saber que, al menos, Nott no tenía ntenciones de volver a molestarlas. Por otra parte, Draco parecía estar absorto en sus pensamientos y se mantenía ajeno a la conversación entre los demás.
—''¿Qué vas a hacer con Daphne, Blaise?''— preguntó Goyle, que acababa de entrar por la puerta.
Blaise sonrió con confianza.
—''¿Tú qué crees? Hemos quedado a las ocho. A esa hora os tenéis que largar. Por fin voy a acostarme con ella y no creo que pueda resistirse a mi Blaisi…''— dijo señalándose los pantalones.
—''¿Blaisi?''— preguntó Crabbe confuso.
—'' Mi Blaisiconda, idiota. ¡Qué va a ser!''— exclamó cogiéndose el bulto y lo agitó de arriba abajo, para dejarlo bien claro.
Las chicas estallaron en carcajadas.
— ¡¿Blaisiconda?! — chilló Lavender llorando de la risa.
— No puedo creer que le haya puesto nombre a eso— se rió Parvati.
Hermione se horrorizó al recordar lo que escondían los pantalones de Zabini.
— Le ha puesto nombre al basilisco.
A pesar de que las chicas se desternillaron con aquel comentario, Ginny se mantuvo seria, molesta. Y en silencio. No entendía cómo sus amigas podían estar riéndose como si nada. Parecía que habían olvidado lo degenerado que podía llegar a ser Zabini. Parecía que no recordaban que precisamente a ella le había metido mano. Por no hablar de que las había llamado zorras y las había menospreciado de todas las formas posibles. Y por si fuera poco, también se ponía a vacilar diciendo que tenía una gran cosa entre sus piernas y que la iba a utilizar con Daphne Greengrass. Sus amigas podían seguir sentadas en el sofá sin hacer nada, sin tomarle en serio y burlándose de él pero ella no iba a dejar que aquel imbécil se saliera con la suya.
— ¿A dónde vas, Ginny?— preguntó Parvati al ver que la chica se levantaba como un resorte y se dirigía a la salida de la estancia, sin decir nada.
Ginny no miró atrás ni tampoco se detuvo.
— Tengo algo que hacer. Nos vemos luego.
Hermione frunció el ceño. ¿Qué era tan importante como para irse en un momento como ese?
Mientras tanto, en la habitación de las alumnas de Slytherin...
Pansy se había sentado en su cama, de brazos cruzados. El repiqueteo de su pie no dejaba de sonar con impaciencia sacando de quicio a las demás.
— ¿Dónde estará Draco? Seguro que se ha quedado escondido en su habitación. A estas alturas se habrá enterado de que lo sabemos. Deberíamos ir a buscarle.
Astoria negó con la cabeza y se sentó a su lado.
— Es mejor que esperemos. Es probable que Theodore y los demás estén con él. Además, tarde o temprano acabará saliendo de su dormitorio. Es inevitable — murmuró sonriendo con maldad, deseando que aquello sucediera cuanto antes— Por cierto, Pansy, ya sabes que no tenía ni idea de que él estaba contigo. Supongo que estamos en paz, ¿no?
— Obviamente. Él es el que nos ha engañado. El muy imbécil — dijo sin mostrar la menor inflexión en la voz— No sé cómo he podido confiar en él, de verdad.
Sin embargo, un deje de angustia se captó en su voz y Pansy se quedó en silencio al ser consciente de ello. Prefería no mostrar sus verdaderos sentimientos delante de Astoria, pero en realidad la sangre le hervía por dentro. Había pasado mucho tiempo siendo amiga de Malfoy. Demasiado. Mucho antes de salir con él. Astoria no lo conocía desde hacía tanto así que no tenía ni idea ni entendería nunca lo que ella había llegado a sufrir por su culpa. Pero ya no iba a pensar más en él.
Estaba totalmente decidida.
Tenía que pasar página.
Daphne se acercó a ellas y suspiró, algo preocupada. Había empezado a replantearse muchas cosas. Hasta el día anterior Draco Malfoy le había parecido bastante serio y estaba claro que no tendrían que haber confiado en él.
— La verdad es que ha sido un imbécil. Y ya no sé qué pensar. Sólo espero que Blaise no sea igual.
Astoria esbozó una sonrisa ladina y bastante falsa. Sabía que Blaise era un putón que dejaba a todas con las que se acostaba pero prefirió no contárselo a su hermana.
— No te preocupes. Has quedado con él más tarde, ¿no?
La expresión de Pansy cambió y se tornó pícara.
— ¿Vais a…hacerlo?
A Daphne le ardieron las mejillas. No sería su primera vez pero aún así estaba muy nerviosa.
— Creo que sí. Llevamos tiempo queriendo acostarnos pero siempre pasa algo. No sé, es como si tuvieramos una maldición.
Pansy soltó una risotada.
— Nos contarás con todo detalle, ¿no?
Daphne se cubrió el rostro, avergonzada.
— Sí, claro que sí.
Llegó la hora en la que Lavender había quedado con Cormac McLaggen y fue a la sala común. No había nadie a excepción de él, que se encontraba sentado en uno de los sofás junto a la chimenea, recostado, esperando con tranquilidad. Lavender resopló y se acercó a él, sin estar convencida del todo. Esperaba no arrepentirse más tarde.
— No sé por qué hago ésto— dijo en un hilo de voz y con disimulo, sacó sus braguitas de corazones del bolsillo de su túnica.
Cormac se pusó en pie y le tendió la mano para que se las diese.
— Esto...¿están limpias? — inquirió.
El color del rostro de Lavender se volvió de un rojo intenso.
— ¿Pero quién demonios crees que soy? ¡Claro que están limpias, idiota!— gritó — pero si no las quieres...— dijo en un susurro pero McLaggen se las arrebató de las manos.
Se le escapó una risa al fijarse en los corazones. Luego, se puso serio y las guardó en su bolsillo.
— Ahora son mías.
Lavender llevaba haciéndose una pregunta largo rato. Apretó los puños con fuerza, casi con miedo.
— No se las enseñarás a tus compañeros de cuarto, ¿verdad?
Cormac sonrió al darse cuenta de lo preocupada y alterada que estaba, y se inclinó un poco hasta estar cerca de su oído.
— Te lo vuelvo a repetir— le susurró— Ahora son mías. Sólo yo puedo ver estos corazoncitos. Así que no le des más vueltas.
Lavender, cada vez más roja, decidió dar por finalizada la conversación. Se alejó de él al notar su cercanía y se giró sobre sus talones.
— Eres un imbécil— masculló y sin más se marchó a su dormitorio.
Ginny llevaba toda la tarde en la biblioteca, buscando e investigando hasta que por fin, después de varias horas, había encontrado un hechizo en uno de los libros. Un hechizo que le había llamado la atención. Sabía de su existencia, pero siempre había creído que aquel conjuro sólo servía para desintegrar objetos. Jamás se hubiera imaginado que le podría servir para lo que estaba planeando si hacía un movimiento de varita diferente.
Solamente debía encontrar a Zabini y lanzarle el maleficio sin que él se percatara.
Después de guardar el libro en uno de los estantes, salió de la biblioteca, preguntándose dónde estaría el maldito degenerado. En la conversación que había presenciado en el espejo él había dicho que había quedado con Daphne a las ocho y eran más de las siete y media. Debía apresurarse si quería verlo.
Sin dudarlo, se dirigió a las mazmorras y se escondió en uno de los recovecos cercanos a la entrada de la sala común de Slytherin, deseando que él apareciese por allí.
Pasó largo rato, sólo faltaban cinco minutos para la hora en la que Zabini había quedado con Greengrass y Ginny comenzó a impacientarse. Casi lo había dado todo por perdido cuando, de pronto, Blaise apareció por el pasillo con Crabbe y Goyle. Los matones iban cargados de pastelitos hasta arriba, así que Ginny dedujo que todo ese tiempo habían estado dándose un atracón en el Gran Comedor. Con un leve temblor en las manos, sacó la varita del bolsillo, apuntó a Blaise decidida y lanzó el hechizo. Sin embargo, no sucedió nada y Zabini continuó como si nada. Ginny se sintió algo decepcionada. Esperaba que hubiese funcionado, si no, todas las horas que había pasado en la biblioteca, habrían sido en vano. Ese hechizo normalmente hacía explotar objetos pero dependiendo de cómo se utilizase, servía para algo más. Si había tenido éxito, lo sabría más tarde.
Salió de su escondite y cuando Zabini, Crabbe y Goyle se aproximaron a donde estaba, pasó de largo intentando reprimir la risa.
Evidentemente la vieron, pero a ella le dio igual. Aquello estaba en sus planes. Blaise se puso furioso al darse de bruces con ella. Había deseado encontrársela sola por los pasillos durante todo el día para darle una lección pero había demasiados alumnos pululando alrededor. Si formaba un escándalo podrían avisar a Dumbledore y él acabaría expulsado. No quería volver a su mansión.
Tenía que controlarse.
— ¿Qué narices haces aquí, pecosa?— masculló con voz ronca.
Ginny dio un respingo al ver que se aproximaba mucho.
— Ni se te ocurra tocarme. Si lo haces…
Blaise soltó una risa sardónica al ver que sacaba su varita y le apuntaba.
— Según como lo veas, estás de suerte, Weasley. Daphne me espera y no voy a entretenerme con alguien de tu calaña— le espetó— pero la próxima vez que nos encontremos, me encargaré de ti personalmente. No lo olvides.
Ginny se tensó ante sus amenazas pero no pudo evitar sonreir al recordar el hechizo que había conjurado y guardó su varita, más tranquila. Crabbe y Goyle se extrañaron inmediatamente. Blaise, en cambio, apretó los puños con ira porque pensó que ella ni siquiera se lo estaba tomando en serio.
— ¿De qué mierda te ríes?— inquirió.
— De nada, degenerado — musitó. Viendo que él parecía estar cada vez más enfadado y que podía cambiar de opinión, se marchó a toda prisa.
Gregory Goyle tuvo que retener a Zabini al ver que miraba a Ginny Weasley como si estuviese a punto de ir tras ella.
— Olvídate de Weasley, ahora. Daphne te está esperando— le dijo haciéndole entrar en razón.— No la cagues.
Blaise continuó sin apartar la vista del fondo del pasillo durante unos momentos. Luego se zafó del agarre de su compañero.
— Está bien — dijo entre dientes — Vamos. Pero cuando nos encarguemos de Weasley y las demás, dejádmela a mí. No quiero que nadie la toque.
Crabbe y Goyle asintieron como posesos, dándole la razón en todo para no sacarlo más de quicio. Cuando por fin entraron en el dormitorio, vieron que Draco seguía allí, tumbado en su cama. Al parecer, no había salido de su habitación en todo el día.
Ni siquiera tenía apetito.
Blaise, de malagana, le arrancó un pastelito a Crabbe de las manos y se lo dio.
— Toma — le espetó intentando no aparentar interés — No has comido nada en todo el día, así que ya sabes. Y no.— no le dejó despegar los labios— No me digas que no tienes hambre. Cómetelo y sal de la habitación. Os tenéis que largar todos.
Theodore se preocupó.
— ¿Y qué pasa con Astoria o Pansy? No quiero ni pensar lo que ocurrirá si lo encuentran. Las he oído hablar en clase. Están muy enfadadas.
Draco suspiró con cansancio y cogió el dulce que su compañero le tendió en la mano. En realidad le daba igual lo que le dijesen Astoria y Pansy. Sabía que en parte se lo merecía. Y debía admitir que aquel no era el motivo por el que se había quedado encerrado en su habitación durante todo el maldito día, escondiéndose como un maldito pusilánime.
Era por lo que había pasado la noche anterior con Granger en el cuarto de baño.
Blaise, ansioso, los instó a que se largasen.
— Ni Astoria ni Pansy están en la sala común, así que iros ya. Son las ocho y Daphne va a venir.
Draco se levantó y se acercó a la puerta de la habitación. Crabbe, Goyle y Theodore lo siguieron.
— Ya nos marchamos, Blaise. Ya nos marchamos — dijo Malfoy con hastío pero se quedó en silencio por un momento — Ojalá no te la folles — añadió finalmente, sonriendo con maldad.
Blaise estuvo apunto de pegarle un puñetazo pero al escuchar el portazo, suspiró, lo dejó estar y la euforia lo embargó.
Por fin. Era el momento. Lo iba a conseguir. Y nadie iba a jodérselo.
Su excitación creció al oír el sonido de alguien llamando a la puerta.
Era ella.
Mientras tanto...
Parvati Patil permanecía tumbada en su cama leyendo tranquilamente la revista Corazón de bruja con Lavender. Hermione, por otra parte, se había puesto a hacer los deberes y a estudiar lecciones que ni siquiera habían dado aún, con tal de evadirse un rato.
— Ginny, ¿dónde te habías metido?— preguntó Parvati al verla entrando en la habitación. Parecía muy contenta.
La chica se acercó a su cama y se tumbó un rato, dándose por satisfecha.
— He estado en la biblioteca. —explicó mirando al techo—Leyendo sobre algunos hechizos. Buscando uno en concreto.
Lavender puso los ojos en blanco. Tantas horas con Hermione le estaban afectando.
— Pues sí que has tardado.
Hermione, que había estado concentrada en sus libros, alzó la vista, interesada.
— ¿Has encontrado lo que buscabas? Si quieres puedo ayudarte— sugirió con confianza. Sin embargo, frunció el ceño al ver la forma tan espeluznante en la que sonreía Ginny.
— No hace falta, Hermione— dijo en un suave tono— Lo he encontrado.
Blaise comenzó a besar sin preámbulos a Daphne y le arrancó la camisa del uniforme, haciendo que todos y cada uno de los botones se rompiesen y cayeran al suelo. Una vez la tuviera, podría pasar a otra de una maldita vez. Con Daphne le había costado más de lo habitual, pero por fin la tenía entre sus brazos. Así que no esperó, la tumbó en la cama y se recostó encima de ella.
Daphne estaba demasiado sonrojada. Contemplaba anonadada los abdominales y brazos definidos de Blaise. Para ella, eran perfectos. Pero quería ver algo más. Solamente tenía que deshacerse de su pantalón. Así que, mientras él se dedicaba a besarle y succionarle el cuello, Daphne se armó de valor y comenzó a desabrocharle el botón del pantalón, algo impaciente.
Blaise soltó una suave risa al notar las manos de Daphne toqueteando su polla y se incorporó.
— Yo me los quitaré, no te preocupes— su voz sonó muy ronca.— No te imaginas las ganas que tengo de que me hagas una paja, Daphne.
Blaise se puso en pie y con un movimiento rápido, se quitó los zapatos y los lanzó por los aires. Volvió a tumbarse y continuó besándola, notando la humedad de la lengua en su boca. Sin interrumpir el beso, se bajó muy lentamente los pantalones y cuando se los quitó, los arrojó al suelo. No tuvo que quitarse los calzoncillos, porque... en esa ocasión, curiosamente, no se los había puesto.
Deseaba que Daphne la viera. Que viera a su Blaisiconda. Quería ver su cara. Estaba seguro de que se pondría muy cachonda. Sin embargo, lo que presenció le dejó totalmente desconcertado.
Daphne dejó de besarle y abrió los ojos.
— ¡Pero qué narices! — gritó horrorizada levantándose de la cama a toda prisa.
Blaise se rió con regocijo.
— Ya sé que no esperabas que fuese tan grande pero…— su voz sonó petulante.
— ¿Grande?— chilló Daphne vistiéndose lo más rápido que pudo. Blaise se asustó al darse cuenta de que no parecía nada contenta— ¡Pero si no se ve!
Blaise, malhumorado y al ser consciente de que intentaba darse a la fuga, la retuvo, sujetándola del brazo.
— ¡Pues sí que eres exigente, Daphne!¡Cómo tienes la desfachatez de despreciar mi Blaisiconda! ¿La has visto bien?— gritó él contemplando su parte más preciada pero lo que vio le paró el corazón — ¡Por Salazar Slytherin! ¡Qué mierda es esta cosa!
Y es que para su desgracia, su querida Blaisiconda se había transformado en una MiniBlaisi típica de un bebé recién nacido. Había vuelto a sus orígenes.
— ¡Pero qué narices! — dijo aterrorizado — ¡Qué le ha pasado a mi polla!
Daphne, completamente decepcionada y sintiéndose estafada, se zafó de su agarre, salió corriendo de la habitación sin mirar atrás y se encerró en su dormitorio dando un portazo. Draco, Theodore, Crabbe y Goyle que habían escuchado sus gritos desde la sala común entraron en la habitación sobresaltados y vieron que estaba soltando maldiciones, completamente desnudo, de espaldas a ellos.
— ¿Qué te pasa, Blaise?— preguntó Theodore preocupado.
Blaise al escucharlos tras él, se subió rápidamente los pantalones para que no viesen en lo que se había convertido su Blaisiconda.
— Nada, nada.
Draco se tumbó en su cama y se cruzó de brazos, con una sonrisa ladeada.
— Vaya Blaise, veo que al final no has sido capaz de satisfacer a Daphne. Lástima. Otra vez será. — lo aguijoneó con satisfacción. Malfoy la había visto salir corriendo del cuarto, con total indignación. No iba a desaprovechar la oportunidad de joder a su compañero. Estaba deseándolo.
''Puto Draco Malfoy''- pensó Blaise. Pero no estaba de humor para contestarle. Había algo mucho más importante que tenía que solucionar, así que no le siguió el juego. Terminó de vestirse y sin dar explicaciones, se marchó de la habitación.
Por otra parte...
— ¡Por Merlín y por Circe! — gritó Daphne al entrar en su dormitorio.
Pansy, que estaba leyendo un libro, se sobresaltó al verla tan alterada. Y peor aún, con la camisa abierta de par en par, quedando al descubierto su sujetador azul.
— ¿Qué ha ocurrido?
Astoria comenzó a acariciarle el pelo a su hermana para tranquilizarla.
— Daphne, ¿estás bien?
— No— dijo asustada— No sabéis lo que he visto.
Pansy enarcó una ceja.
— ¿Pero no estabas con Blaise? ¿Qué ha pasado?
— Bueno…veréis…— explicó con voz temblorosa — Estábamos a punto de hacerlo… y él… se bajó los pantalones…y…
Astoria y Pansy la miraban expectantes. Con los ojos muy abiertos.
— ¿Sí?
— ¡Yo me imaginaba que sería grande, pero era una miniatura! ¡Era como la de un querubín, Dios! — chilló ruborizándose y se llevó las manos al rostro.
Pansy y Astoria estallaron en carcajadas. Parkinson no podía creerlo.
— ¿Cómo va a ser eso posible?
— Tiene que haber un error. Dicen por ahí que Blaise la tiene…— añadió Astoria.
— ¡Os digo que no! ¡Era igual que la de un bebé!
Pansy la alentó al ver lo mal que estaba.
— Tranquila, Daphne. No te preocupes. Nos tienes a nosotras para desahogarte.
— Cierto — afirmó Astoria — pero ahora tengo curiosidad. ¿Cómo...?
— ¡Cállate!— chilló Daphne — ¡No quiero a volver a ver algo así en mi vida! ¡Me he sentido como una pederasta!
Pansy y Astoria no podían parar de reír al imaginársela.
¿Acaso era tan pequeña?
Blaise Zabini salió de las mazmorras andando de una forma muy extraña. Desde que había visto el gran encogimiento que había sufrido su Blaisiconda, notaba que le faltaba algo. Sentía un gran vacío, así que cuando caminaba hacía unos movimientos muy peculiares.
Todo el mundo lo miraba como si hubiera perdido el juicio, pero a él no le importó. Sólo podía pensar en por qué narices se había quedado sin polla. ¿Acaso era una nueva enfermedad? ¿Su querida Blaisiconda iba a terminar desapareciendo por completo? ¿O quizás se trataba de una broma de mal gusto? ¿Pero quién había podido hacerle algo así? Media hora antes de su encuentro con Daphne había ido al cuarto de baño a echar una meada y la tenía normal.
Sus ojos se entornaron inmediatamente. Claro que alguien le había arrebatado a su Blaisiconda.
Lo supo en ese momento. Weasley.
La pecosa.
Ese era el motivo por el que había salido sin venir a cuento de uno de los recovecos cercanos a la sala común de Slytherin y por el que se se había reído de él sin ton ni son. Había sido ella. Blaise se encolerizó hasta tal punto que dio un puñetazo a la pared. Lo hizo tan fuerte que le sangraron los nudillos y sin importarle lo más mínimo, se dirigió a la torre de Gryffindor.
'' Weasley…no sabes en el terreno que te acabas de meter''.
Bueno, bueno. Como veis, Blaise tiene un gran problema, o pequeño... depende de como se mire XDDDD va a ir a por la pelirroja a muerte. ¿Qué os ha parecido la escena de Draco? Herms lo ha pillado infraganti jijijiji por otra parte, Theo pasa de los asuntos de las serpientes y ha sido un poco cobardica con respecto a Luna, tenía que haberla despertado... en fin... todo llegará en su momento :P
Espero que os haya gustado! Sobretodo a Luladark y a alissa-2012 que este va por vosotras! :D
y por último... REVIEWS si no quereis que la BLAISICONDA se quede en ese estado miniatúrico para siempre! Un beso a todos/as! :D
