¡Hola a todas! :D ¿Cómo estáis? ¡Espero que a todas las que hayáis tenido exámenes que todo os haya salido muy bien! :) ¡Aquí os traigo con todo mi cariño el siguiente capítulo de ''El príncipe durmiente de las serpientes''! :) ¡Quiero agradeceros a todas vuestros comentarios! ¡MUCHAS GRACIAS! Me hacen muy feliz :D La semana pasada, algunas os entusiasmasteis tanto con la Blaisiconda que se os olvidó escribir el trío amoroso que falta por descubrirse. Para las que lo pusistéis, os diré que nadie ha acertado u.u... aunque, algunas se han aproximado... ¡Así que volver a intentarlo de nuevo! A la que lo acierte le dedicaré el capítulo :D También me gustaría saber cuáles son vuestras parejas favoritas a parte de Draco y Hermione claro está :P Y ya puestos las escenas que más os han gustado del Príncipe tanto de este cap. como de los anteriores.
Os contesté a todas por privado :)
¡Y para los nuevos lectores, animaos y decidme que os parece la historia! :D ¡Un beso a todos/as! tyna fest :)
ADVERTENCIA: Este capítulo contiene vocabulario soez y escenas con contenido sexual. Si lo leéis es bajo vuestra responsabilidad. ;)
Contestaciones a las no registradas:
Guest: ¡hola guapa! por supuesto que la Blaisiconda tiene que ser solo para Ginny! Ahora veremos a ver que hace Blaise... miedo me da... jijijiji a saber lo que tiene pensado... y Ginny no creo que le deje usarla por ahí a lo loco xDDDD espero que te guste este cap! ;) ya me contarás :P ¡un besito y un abrazo muy fuerte! :D
Emma Felton: ¡Querida Emma! No se ni por donde empezar! Me encantó tu review, no sabes lo que me emocionó cuando abrí el sobrecito amarillo en el correo electrónico y vi ese pedazo de comentario. ¡Me hizo mucha ilusión! Con la quiniela que hiciste me dio un ataque de risa. Lo siento mucho pero ese no es el trío jajajajaja A lo de Papi Draco le estoy dando vueltas. Este verano cuando tenga más tiempo me plantearé hacer algo porque la verdad sería muy divertido.Draco cambiando pañales y ensuciándose su maravillosas manos de caquita jajajajaja eso habría que verlo xDDD En cuanto a Pansy y Astoria... ahora cuando lo leas lo verás :P ¡Un besito y un abrazo muy grande! y muchas gracias por tus reviews tan chulis! ^^
Natalie Malfoy: ¡Viva las serpientes! ¡HARLEM SHAKE! ¿Te imaginas a Snape y a Filch haciéndolo con la señora Norris con una careta de basilisco puesta en la cabeza? JAJAJAJA Sigue probando con las parejas jijiji ^^ pobre Ginny... la que le espera jajajaja espero que te guste el capítulo ;) ya me dirás... jijii un beso muy grande! :D
-El regreso de Blaisiconda-Editado
Draco escuchaba las voces de sus compañeros amortiguadas, preguntándose qué le habría ocurrido a Blaise y por qué se habría largado tan alterado de la habitación pero él continuaba ajeno a todo, sin sacarse a Granger de la cabeza. Recordando lo que le había hecho en el cuarto de baño de los prefectos. Debía reconocer que se arrepentía. Se sentía en parte culpable, porque en el fondo sabía que se había comportado como un miserable, pero aún así no pensaba pedirle perdón y mucho menos a ella. Ante todo era un Malfoy y los Malfoy jamás pedían perdón. Sin embargo, tuvo la necesidad de verla y se levantó de la cama, porque... quiso saber cómo estaba.
— Draco, ¿vas a buscar a Blaise?— preguntó Theodore al verle salir de la habitación.
Él se apoyó contra el dintel de la puerta abierta.
— Blaise no es mi prioridad en estos momentos. Tengo algo más importante que hacer.
Crabbe y Goyle se horrorizaron. No deseaban estar en ese momento en su pellejo y no podían creer que Draco se atreviese a salir de la habitación con lo que había pasado con Astoria Greengrass y Pansy Parkinson. Desde luego tenía agallas.
Draco pegó un portazo y nada más salir se dio de bruces con ellas en la sala común. Al parecer llevaban rato pululando, esperando a que se dignase a aparecer.
Pansy, en cuanto lo vio, se cruzó de brazos y lo miró con una enorme decepción en los ojos. Junto a ella se encontraba Astoria, con una expresión de hostilidad en su rostro. Daphne Greengrass, en cambio, no estaba.
— Ya era hora, Draco— le espetó Pansy con voz peligrosa — ¿Dónde estabas? Astoria y yo estábamos buscándote para... no sé, montarnos un trío contigo— añadió con mucho desprecio y una gota de sarcasmo.
Draco se tensó. Sabía que tenía asuntos que aclarar con ellas. Que querrían explicaciones. Explicaciones que él no pensaba darles. Además, habían elegido el momento menos oportuno para hablar. No podía entretenerse más.
Astoria, al darse cuenta de que las ignoraba y pasaba de largo, lo retuvo, cogiéndole del brazo. Se fijó en él y vio que estaba más pálido de lo habitual, como si no se encontrase bien, pero no pensaba ser menos dura por ello.
— ¿A dónde crees que vas? ¿Crees que vas a irte como si nada después de lo que ha sucedido? Nos debes una explicación. A Pansy y a mí.
Pansy también lo sujetó y él no pudo avanzar ni un paso más. Draco perdió la paciencia. Le estaban tocando las narices. Tenía que deshacerse de ellas como fuera, así que decidió recurrir a lo que mejor se le daba.
Soltar veneno y mierda.
— Yo creo que todo está muy claro— dijo entre dientes, hundiendo las manos en sus bolsillos — Os estuve usando únicamente porque me apetecía pero me cansé. Es lógico, sois aburridas. Fin de la historia— escupió zafándose con un movimiento violento. No iba a dejar que nadie le dijese lo que tenía que hacer. Nunca más.
Era un puñetero Malfoy.
Pansy, furiosa y al ver que se alejaba, se plantó frente a él impidiéndole el paso y le dio una bofetada tan fuerte que se tambaleó.
— ¡Cómo te atreves!— chilló con rabia pero sobre todo, dolida. No le reconocía.
Pero antes de que Draco pudiera reaccionar recibió otra bofetada por parte de Astoria, aún más fuerte y más agresiva que la anterior. La cara le ardía y conforme iban pasando los segundos notaba como subía la temperatura en esa zona. Acercó la mano a su mejilla, se frotó intentando calmar la parte resentida y luego las miró por encima del hombro, con repulsión. Sonrió falsamente. Se lo merecía, después de todo. Pero ahora empezaba a ser consciente de lo irritante que eran. No entendía cómo había podido tener algo. Con cualquiera de las dos. Se sintió tan colérico que quiso lanzarles un maleficio, pero ante todo era un caballero y tenía educación, algo que sus padres le habían inculcado desde niño así que con toda la voluntad que pudo, intentó que el muro de contención que protegía sus emociones y lo hacía parecer calmado no se rompiese.
— ¿Estáis mejor?— inquirió con voz aterciopelada — Qué alarde de elegancia. No voy a volver con ninguna de las dos. Nunca. Ir asumiéndolo. Es un golpe duro, lo sé, pero es lo que hay. Y ahora si me permitís, no quiero pasar el resto de mi preciada tarde escuchando a dos patéticas que lo único que saben hacer es arrastrarse por los suelos.
Pansy fue a abrir la boca pero fue demasiado tarde. Draco Malfoy se había marchado de la sala común sin mirar atrás, dejándolas plantadas. Todos los alumnos que estaban allí, entre ellos Graham Montague, habían contemplado la escena en todo su esplendor.
— ¡¿Qué miráis?!— chilló Pansy al grupo de alumnos que las observaban sentados en los sofás, anonadados— ¡Largaos, imbéciles!
— ¡Esto no va con vosotros!— gritó Astoria y tiró del brazo de Pansy para volver a su habitación.
Cuando entraron, Daphne estaba tumbada en su cama, con un paño húmedo en la frente. La pobre lo había pasado tan mal, que había terminado con dolor de cabeza así que se estremeció al escuchar el escándalo que estaban montando.
— No gritéis, por favor.
Se incorporó lentamente y se quitó el paño húmedo de la frente. Lo primero que vio fue una cajita de cerámica verde oscura que tenía Pansy en su mesita de noche volando por los aires y haciéndose añicos estrepitosamente en el otro extremo de la habitación.
— ¿Qué ocurre? — preguntó angustiada. Desde luego no estaba siendo un buen día para ninguna.
Astoria también se unió a destrozar cosas y lanzó una estatua pequeña de cristal con la forma de una serpiente contra el suelo, causando un gran estruendo.
— ¡Odio a Draco! ¡Es un bastardo!
Los alumnos que permanecían en la biblioteca de la sala común y los que estaban sentados en los sofás se miraban con miedo, preguntándose qué narices pasaba en aquella habitación. Daphne, en cambió, suspiró agotada. Se suponía que le dolía la cabeza y todo aquel ruido ensordecedor no ayudaba.
— ¡Se cree el rey del mundo y es patético!— gritó Pansy a todo pulmón.
Daphne, desesperada y al ver que su hermana pretendía romper una figura muy valiosa, se interpuso.
— Calmaos, por favor— dijo quitándole la vasija de las manos. Total podían usar un Reparo y arreglar todo rápidamente pero ya no quería más ruido— Dejad de romper cosas. Mirad lo que me ha pasado a mí hoy… También estoy muy decepcionada.
Pansy rechinó los dientes.
— Pero a ti te han decepcionado de otra forma muy diferente, Daphne— le espetó sentándose en una silla que había cerca de la puerta. Luego se cruzó de piernas.
Daphne se encogió de hombros y sonrió con tristeza.
— ¿Y qué? La cuestión es que ninguno merece la pena.
Astoria bufó, harta de lo exigente que era su hermana y lo doña perfecta que se creía.
— Pero es que tú también lo quieres todo, Daphne.
Daphne se quedó en silencio durante un momento.
— Pues tampoco pido tanto— se quejó, inconforme—Sólo un chico que sea simpático, que me trate bien, que sea guapo... Ah, y a ser posible que no tenga un gusanito miniatúrico entre las piernas— al decir lo último se sintió un poco avergonzada.
Pansy se rió de forma sardónica. A pesar de la enorme decepción que sentía, tenía muy claro que no iba a sufrir más. Por ninguno. No quería saber nada de Draco Malfoy. Aunque, por desgracia, seguía gustándole. Demasiado, a pesar de lo capullo que había sido.
— Pues la llevas clara. No hay nadie así.
— Bueno, está Theodore— comentó Astoria haciendo que Pansy se lo replanteara por un segundo— Él es simpático, trata a todo el mundo muy bien y es guapo. En cuanto a su gusanito... no tengo fuentes que me lo hayan confirmado pero tiene pinta de estar bien dotado.
Pansy se removió en la silla. Sabía que Astoria tenía razón. Nott era muy agradable y también muy amigo de Draco. Se preguntó si a Draco le afectaría que ella saliera con su compañero de habitación. ¿Querría volver a lo que eran si veía que ella había pasado página? También se preguntó si podría olvidarlo a él estando Theodore a su lado. Había oído que lo de sacar un clavo... con otro clavo funcionaba. Eso sí, si iba a tirarse de cabeza a la piscina, primero tendría que conseguir llamar la atención de Nott.
Miró con bastante interés a las demás, habiendo tomado una decisión.
— Qué demonios— dijo con motivación, sintiendo que tenía un nuevo reto — Si Blaise y Draco son como son, ¿por qué no Theodore?
Daphne y Astoria asintieron con estusiasmo. Estaba decidido. Ahora tenían un nuevo objetivo en el punto de mira y estaban dispuestas a conseguirlo.
Blaise Zabini no solía tener problemas con las alumnas. Con las tías, en general. De hecho, siempre conseguía lo que quería, así que hasta ahora había estado satisfecho. No solía enfadarse con facilidad, pero sentía que durante los últimos días lo habían estado sacando de quicio continuamente.
Draco, Theodore, las estúpidas de Gryffindor...
Pero sobretodo, Weasley.
Era consciente de que había ocasiones en las que la cólera se apoderaba de él y cuando sucedía, arrasaba con todo el que estuviera cerca. Esa tarde en concreto fue una de esas ocasiones.
Sabía que hubiera conseguido a una de sus conquistas más difíciles hasta la fecha de no ser porque la maldita pecosa de Weasley le había jodido el asunto. La quería ver tumbada, arrastrándose por los suelos, pidiéndole que tuviera clemencia, algo que sin duda no iba a tener. Iba a encontrarla de alguna forma, tarde o temprano, y cuando así fuese haría que se arrepintiera eternamente.
Llegó al retrato de la Dama Gorda y esperó paciente. Tenía toda la tarde, al fin y al cabo. No corría prisa. Permanecería allí hasta que ella apareciera. Era cuestión de tiempo, pero decidió esconderse hasta ver la oportunidad perfecta para atacar como un depredador en busca de su presa, esperando deseoso a que estuviera sola.
Sin embargo, al cabo de una hora y media se sentía cansado y aburrido de esperar, preguntándose dónde coño se habría metido y por qué tardaba tanto. Aunque sabía que su paciencia había llegado al límite, le dio igual. Iba a esperar lo que hiciera falta. Bajó la vista y la centró en sus pantalones, molesto. Su querida Blaisiconda. Hasta ahora su polla se había podido apreciar a simple vista pero ya no estaba ahí. Había desaparecido, dejando un gran hueco.
De pronto, escuchó por el pasillo a alguien caminando y tarareando. Alzó la vista rápidamente y vio a la pelirroja acercándose al retrato de la Dama Gorda. Por si fuera poco y para suerte de Blaise, iba completamente sola, sin las pesadas de sus amigas, la comadreja o Potter rondando a su alrededor.
Era el momento perfecto.
— Ts, ts— siseó sin salir de su escondite. Se había vuelto tan peligroso como una serpiente venenosa escondida entre unos matorrales.
Ginny se asustó, miró en todas direcciones y no vio a nadie. Se extrañó inmediatamente pero al ver que no pasaba nada, se encogió de hombros y siguió caminando, pensando que quizás había hablado algún cuadro de los que había colgados en la pared. Se detuvo al recordar que tenía que ir a la bibloteca para coger un libro que necesitaba para Herbología y dio media vuelta.
Blaise se mantuvo escondido, pegado totalmente a la pared del recoveco hasta que consideró que era el momento oportuno para salir y seguirla sin que ella se percatase. Ginny iba ajena al peligro por uno de los pasillos del séptimo piso. No había gente por los alrededores y el silencio era absoluto. O casi, hasta que alguien la agarró con fuerza desde atrás. Ginny intentó gritar pero no lo consiguió porque Blaise le tapó la boca con una mano y con la otra rodeó su cintura, aprisionándola. Luego, muy despacio, acercó los labios a su oído.
— ¿Me recuerdas, pecosa?
Ginny forcejeó en sus brazos, intentando liberarse pero no pudo. Las ardientes manos de Zabini eran demasiado fuertes.
— Lo que me has hecho hoy va a tener consecuencias. Has conseguido enfadarme y cuando alguien me toca las narices hasta este punto, no ocurre nada bueno, pero antes de darte lo que mereces, quiero mi polla de vuelta— le espetó y aflojó un poco las manos para soltarla— Por tu bien, más te vale que así sea.
Ginny se dio la vuelta con miedo, atreviéndose a mirarle. A pesar de que ya no la retenía, se replanteó salir corriendo pero sabía que no era buena idea. Nunca lo había visto tan furioso así que no se negó. Además, debía reconocer que ella sola se había metido en aquel lío.
— Está bien— dijo cabizbaja.
— ¿Cómo has dicho, Weasley? — escupió con tono amenazante, la cogió de la barbilla y le levantó el rostro para mirarla fijamente a los ojos.— No te he oído.
— ¡Está bien!— chilló Ginny apartándole la mano de un manotazo— Pero ni se te ocurra tocarme.
— No estás ahora mismo en condiciones de exigirme nada. Será mejor que te calles y me arregles lo que me has dejado hecho una mierda.
Ginny, a pesar de que se esforzó en recordar el contrahechizo, fue incapaz. Optó por probar con un Finite, así que sacó su varita intentando controlar el temblor de sus piernas y señaló a los pantalones de Zabini.
— Finite Incantatem.
La varita se iluminó y Blaise se palpó con ansiedad los pantalones para comprobar si todo había vuelto a la normalidad pero no había funcionado.
— Joder, sigue igual.
— Debería haber funcionado— dijo Ginny confundida, sintiendo que la ansiedad se aporedaba de ella.
Blaise parecía estar cada vez más enfadado.
— Ya puedes estar buscando otra solución si no quieres que mañana te entierren.
— ¿Y si vamos a ver a Pomfrey?— sugirió— A lo mejor se soluciona si te tomas una poción…
— ¡¿Cómo quieres que vayamos a ver a Pomfrey?!— la cortó.
— Sólo era una idea.
— ¡No quiero ni pensar la cara que pondría al ver mi Blaisiconda!
A pesar de la gravedad de la situación, Ginny hizo un gran esfuerzo por contener la risa. Un nombre así no podía ser ignorado y menos si se trataba del nombre del basilisco de Zabini. Al ver el odio en sus ojos marrones, volvió en sí.
— Piensa, pecosa, piensa. ¿De dónde has sacado la porquería de hechizo que me ha dejado así?— inquirió de mala gana.
Ginny, al sentir que la cogía con fuerza de la muñeca y se aproximaba mucho invadiendo su espacio personal, intentó liberarse en vano.
— De un libro de la biblioteca.
Blaise no contestó y la arrastró con él. Tenía que encontrar ese maldito libro y aprender el contrahechizo. No podía seguir con esa miniatura deforme entre las piernas. Antes prefería que le lanzaran una Cruciatus.
Después de haber comido algo, Hermione había vuelto a su habitación, pero estaba sola. Ginny le había dichoo que iba a volver a esa hora pero aún no había dado señales de vida, Luna estaba en su sala común, y Lavender y Parvati se habían marchado a vete tú a saber dónde. Algo rozó contra su pierna y miró hacia abajo para ver a Crookshanks contemplándola. Se arrodilló para recogerlo, lo abrazó, lo puso sobre la cama sentándose junto a él y acarició su suave pelaje. Necesitaba desahogarse con alguien. Estaba demasiado confusa por todo lo que había ocurrido durante los últimos días y sabía que con Harry y Ron no iba a poder hablar sobre ese tema. Con las chicas tampoco podría. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza. Decidió que lo mejor era no quedarse encerrada en la habitación. No quería pasearse por los corredores del castillo por miedo a encontrarse con Malfoy así que que optó por salir fuera de Hogwarts.
Respirar aire puro le vendría bien.
Decidido, iría a ver a Hagrid.
Se puso la capa sobre el uniforme. Comenzaba a refrescar por las tardes y lo último que quería era coger un resfriado. El invierno estaba a la vuelta de la esquina. No había visto a Malfoy en todo el día y durante el poco tiempo que había pasado en el Gran Comedor tampoco se lo había encontrado. Se preguntó dónde estaría. Cuando estuvo lista, se marchó de la habitación y se dirigió a los terrenos del castillo. La suave brisa de la tarde le rozaba el rostro y le movía ligeramente el pelo. Podía percibir el olor de la hierba. Cuando llegó a la cabaña, a pesar de que aún no había oscurecido por completo, Hagrid había encendido la luz y estaba arrojando leña al interior de su chimenea. El gigante escuchó golpes en la puerta y fue a abrirla intrigado. Hacía más de dos semanas que Harry, Ron y Hermione no lo visitaban y pensó que quizás estaban demasiado ocupados como para ir a verle.
— Hermione, ¡Eres tú! ¡Qué alegría!— exclamó rodeándola con sus enormes brazos— ¿Harry y Ron no vienen contigo?
Hermione apuntó una sonrisa triste, se quitó la capa y la dejó sobre el sillón. Luego se sentó.
— No, Hagrid. Hace días que no hablo mucho con ellos. Últimamente han ocurrido demasiadas cosas.
— ¿No estaréis enfadados, verdad?— preguntó algo preocupado mientras cogía su tetera y le preparaba un té a Hermione. Lo tenía por costumbre.
— No, no. No te preocupes, Hagrid. No es eso. Es sólo que estos días he estado muy ocupada... y he pasado más tiempo con mis compañeras de habitación. Con Ginny... Parvati...— explicó alicaída.
Tenía muchas preguntas que hacerle a Hagrid y no sabía cómo hacerlo sin nombrar a Malfoy.
— Toma— dijo Hagrid dejando una taza de té sobre la mesa. Desprendía un olor muy agradable a naranja y a hierbas aromáticas— Hermione. Harry y Ron son chicos y tú una normal que, según para que cosas, quieras pasar tiempo con tus amigas.
— Lo sé, pero...— la voz de Hermione se resquebrajó en ese momento.
— ¿Es que acaso hay algo que te preocupa, Hermione?— inquirió extrañado — Por cierto, ¿cómo es que has venido sola a estas horas? Ya sabes que Dumbledore puso el toque de queda y será dentro de poco.
Hermione cogió un terroncito de azúcar de un bol que había sobre la mesa y lo echó en su taza.
— Sí, lo sé, pero al ser prefecta puedo permitirme pasar un poco más de tiempo fuera sin que me digan nada.
Hagrid la miró de arriba abajo. Definitivamente había algo que le preocupaba. Había evadido su pregunta.
— ¿Qué te ocurre?— insistió.
Hermione tragó saliva y deslizó un mechón de su cabello detrás de su oreja, con nerviosismo.
— Pues… la verdad es que… estoy confusa, Hagrid. Hay algunas cosas que no entiendo.
— ¿Hermione Granger, la bruja más inteligente de Hogwarts, sin entender algunas cosas? ¿Cómo es eso? — dijo Hagrid sonriendo cariñosamente.
— Bueno, no se trata de algo relacionado con el estudio y la materia— explicó—Es algo más… personal.
Hagrid llegó a la conclusión de que quizás se había peleado con Harry y Ron. Aún así se mantuvo en silencio. Tenía la sensación de que tarde o temprano Hermione hablaría porque no apartaba los ojos de la taza de té que tenía en la mano, como si estuviera dándole vueltas a lo que tenía que decir.
— Ah, entiendo.
Hermione tomó una bocanada de aire.
— Verás, Hagrid, alguna vez...¿alguien te ha hecho creer que es de una forma y realmente es de otra muy distinta?
— A veces…— carraspeó él buscando las palabras adecuadas — A veces solemos prejuzgar a las personas hasta que nos damos cuenta de que estamos equivocados. O si no, fíjate en mi pequeña Aragog. Todos creyeron que mató a Myrtle. Que fue su culpa. ¿Cómo pudieron pensar algo así de una criatura tan inofensiva?
Hermione alzó la vista para mirarle y suspiró, algo alicaida. Aragog no era Malfoy. Aragog no era el arrogante, egocéntrico, de sangre pura y mirada impenetrable, hijo de un mortífago. El que, por encima de todo, odiaba a los muggles. A los sangre sucia. ¿Entonces por qué la había besado? Cada vez que lo había hecho, no había demostrado asco, sino algo muy diferente. ¿Y por qué narices se había llevado su pañuelo y se aferraba a él con casi desesperación? Era imposible que estuviera enamorado de ella.
Hermione pensó que serían las hormonas. Al fin y al cabo, tanto Draco Malfoy como ella estaban en plena adolescencia. No podía haber más razones.
— ¿Has encontrado algo? —preguntó Blaise moviendo impacientemente la pierna por debajo de la mesa de la biblioteca.
Ginny no paraba de anotar en una libreta toda la información que había estado buscando.
— No. Aquí no habla de ningún contrahechizo. He mirado ya en ocho libros. No nos quedan muchas opciones. Llevamos casi dos horas aquí. Será mejor que vayamos a ver a Pomfrey...
— Lee mis labios— la cortó— Ni-de-coña, Weasley.
— Entonces te quedarás con eso así el resto de tu vida— le espetó.
Blaise bufó y cedió con reticencia. Él mismo había echado un vistazo a los libros y no había dado con nada que pudiera deshacer el maleficio, así que sabía que la única solución sería tomarse una poción. Y si así era, tendría que ir a ver a Pomfrey, quisiese o no. Después de guardar todos los libros, se marcharon de la biblioteca y fueron a la enfermería. Blaise miraba con preocupación a todas partes porque no quería, bajo ningún concepto, que lo viesen con Weasley. Que lo pillasen deambulando por el castillo con ella. Estaba al corriente de que la mayoría de alumnos de Slytherin la consideraban atractiva. Incluso había llegado a oír a algunos diciendo que Weasley tenía buen cuerpo, que estaba buena, que se la querían follar a pesar de ser pobre y estar obsesionada con el imbécil de Potter.
Él la odiaba. La veía como lo que era. Una sucia traidora a la sangre.
Cuando llegaron a la enfermería, Pomfrey los miró extrañada y se levantó de su escritorio. Los escudriñó y se dio cuenta de que, a simple vista, parecían estar bien. Se preguntó que hacían allí si no tenían ningún hueso roto. Ginny le pegó a Blaise un empujón en la espalda y él se aproximó a Pomfrey, estresado. La enfermera sólo escuchó los balbuceos que salían de su boca.
— ¡Dilo de una vez!— gritó Ginny, exasperada.
Blaise se aflojó un poco la corbata al sentir que estaba quedándose sin respiración.
— Necesito una poción. Tengo un problema… muy serio— explicó.
Pomfrey miró a Ginny confusa, buscando respuestas.
— ¿Le han dado Amortentia?— le preguntó a ella directamente.
Ginny no supo dónde meter la cabeza. Empezó a pensar que quizás no había sido tan buena idea ir a la enfermería. No sabía cómo explicarle lo sucedido.
— No, no. No s-se ha tomado nada. Más bien, ha sufrido un accidente.— musitó con voz entrecortada, mirando hacia otro lado.
Pomfrey cogió a Blaise del brazo, lo llevó hasta una camilla y él, sin decir ni una palabra, se sentó. Un gran silencio se pudo palpar en el ambiente. Madame Pomfrey se impacientó.
— No sé qué ocurre pero si no me lo dicen, no voy a averiguarlo.
Blaise no pudo soportar más la tensión, se levantó de la camilla, se desabrochó los pantalones y se los bajó de golpe.
— ¡Esto es lo que ha pasado! ¡Déjemela como estaba! — dijo con los ojos anegados en lágrimas —¡Quiero a mi Blaisiconda de vuelta!
La enfermera ahogó un grito. Su rostro se sonrojó violentamente y comenzó a bambolearse de un lado a otro al contemplar aquella pequeña lombriz. Blaise, al ver la reacción de Pomfrey, se subió los pantalones apresuradamente, avergonzado.
— ¡Por las barbas de Merlín!— gritó horrorizada— ¡Esto supera todos mis estudios y años de medicina! ¡Jamás había visto una cosa tan... diminuta! ¿Quién le ha hecho semejante atrocidad? Hay que informar sin dilación a Albus Dumbledore.
Ginny se congeló. La situación se le había ido de las manos. Zabini le contaría la verdad a Pomfrey y ella iría a avisar a Dumbledore. La expulsarían. Estaba tan preocupada que no se dio cuenta de la intensidad con la que Zabini la miraba.
Durante unos momentos, Blaise quiso delatarla. Se lo merecía. Por zorra. Por meter las narices en su territorio y por dejarlo sin polla, pero tuvo una idea mucho mejor.
— Verá...— dijo con voz ronca después de una larga pausa— lamentablemente no sé quien lo ha hecho.
Ginny se estremeció al escucharle y ser consciente de como la miraba.
Pomfrey suspiró con desánimo.
— Entiendo. Bueno, por suerte para usted tengo la poción que le ayudará a recuperar…su... esto… en fin.
Blaise sonrió de forma sibilina sin apartar la vista de la chica.
— Estupendo. Muchas gracias, Pomfrey. Por cierto— añadió— si averiguo quien me ha hecho esto, la informaré inmediatamente.
Ginny tragó saliva. La enfermera, por otro lado, preparó una poción de un color rojizo y se la tendió a Blaise en la mano. Él se la tomó sin rechistar pero Ginny dedujo por la expresión que ponía que el brebaje debía tener un sabor asqueroso.
— ¿Cuánto rato tarda en hacer efecto? — preguntó ella a Madame Pomfrey.
La enfermera volvió a su escritorio y sacó unos pergaminos para hacer unas anotaciones. No quería saber más detalles sobre aquello. Jamás había visto algo tan diminuto. Sintió lástima por la chica repentinamente. Pensó en la decepción que debía de haber sentido al ver así a su novio y lo tierno que había sido por su parte el detalle de querer acompañarlo y no dejarle solo.
— Es instantáneo, señorita Weasley— dijo sin dejar de escribir en un pergamino.
Ginny se aproximó a Zabini cuando vio que se había tomado toda la poción.
— ¿Ya?
Blaise notó inmediatamente como el hueco vacío que había en sus pantalones comenzaba a llenarse y sonrió. No hacía falta comprobarla. La Blaisiconda había vuelto. Dejó el recipiente vacío en una mesita, cogió a la chica del brazo y salió con ella de la enfermería. Ginny se temió lo peor. Se preguntó qué iba a pasar ahora que Zabini se había recuperado. Había anochecido y faltaba poco para el toque de queda de Dumbledore.
Cuando iban por uno de los pasillos del quinto piso, Blaise la soltó, abrió la puerta de un aula que había no muy lejos y entró.
— Sígueme— susurró mirándola de soslayo, muy serio— Y más te vale no desobedecerme.
Ginny se quedó plantada en medio del pasillo. ¿Qué hacía? ¿Salía corriendo? Se dio cuenta de que iba a ser imposible. Zabini era muy atlético y la alcanzaría en seguida. Su respiración se volvió acelerada y apenas pudo controlar el temblor de su cuerpo. Cuando por fin se atrevió a entrar en el aula, se percató de que la luz estaba apagada y solamente se veía el reflejo de la luna por las ventanas. Blaise estaba apoyado contra una de las paredes, cruzado de brazos, esperando. Ginny dio por hecho, por las condiciones en las que se encontraba el lugar, que hacía tiempo que nadie entraba allí.
— Cierra la puerta, Weasley— dijo él con voz ronca, sin apartarse de la pared. Sin dejar de mirarla.
Ginny no dijo nada, la empujó suavemente y lanzó un hechizo contra el picaporte. Cada paso que daba hacia él y cuanto más se aproximaba, más sentía que le faltaba el aire.
Se detuvo cuando estuvo lo suficientemente cerca.
— Qué quieres, Zabini— su voz sonó entrecortada.
Blaise la agarró y la empujó contra la pared bruscamente. Ella cerró los ojos con fuerza. Tenía miedo porque sabía lo enfadado que estaba. Sin embargo, cuando volvió a abrirlos y alzó la vista para mirarlo, se dio cuenta de que parecía estar relajado. Lentamente, Blaise la soltó y apoyó sus manos en la pared, acorralándola por completo.
— Weasley, Weasley…— murmuró suavemente— te dije que no entrases en mi territorio. Te lo advertí, y no sólo me encierras en el armario de las escobas y me ridiculizas en el Gran Comedor delante de todos, sino que me dejas sin polla.
Ginny no pudo responder y comprendió que era mejor no hacerlo. Toda esa tranquilidad con la que él hablaba había empezado a preocuparla de verdad.
— Gracias a Salazar o mejor dicho, a Pomfrey, vuelvo a estar en plena forma— se regodeó — Así que, ahora, tendrás que hacer algo con esto.
A Ginny se le dilataron las pupilas al ver como Zabini se miraba los pantalones. No podía creerlo. Simplemente, no podía.
— No. Rotundamente no— escupió intentando apartarlo pero Blaise la volvió a empujar contra la pared.
— Te recuerdo que, por tu culpa, hoy no he echado el polvo que tenía previsto con Daphne y que Pomfrey está esperando a que yo vaya a darle el nombre del responsable para informar a Dumbledore. Vamos, pecosa. Estoy portándome bien. Solamente tienes que mover un poco la mano y me olvidaré de todo, de momento.
Ginny se estremeció al notar su cálido aliento rozándole la mejilla. Joder. Estaba acorralada, literalmente. Maldito desgraciado. Si no lo hacía, Dumbledore se enteraría de todo y la expulsarían. No podría regresar a Hogwarts ni terminar sus estudios, pero masturbar a Zabini eran palabras mayores. Jamás había hecho algo así. Y mucho menos con alguien a quien odiaba, por no hablar de que no sabía hacer una paja y tampoco quería darle la satisfacción.
— ¿Te decides o no Weasley? No tengo toda la noche— susurró impaciente, devolviéndola a la realidad.
Ginny clavó la mirada en sus ojos oscuros. Estaba furiosa pero sobre todo, desesperada. Quería que alguien apareciese y la ayudase, pero sabía que no iba a suceder algo así. A esas horas todo el mundo estaría en el Gran Comedor o tendría cosas más interesantes que hacer que entrar en una clase abandonada. No tenía otra opción. O tocársela a Zabini o la expulsión, así que con todo el coraje que pudo, apretó los dientes, acercó las manos a su pantalones y empezó a desabrochárselos.
— Bien. Eres lista por lo que veo— musitó él sin apartar las manos de la pared.
Ella tomó aire con dificultad y rozó sus calzoncillos, pero de pronto, se detuvo y apartó la mano. Se vio incapaz de seguir.
Blaise frunció el ceño.
— ¿Por qué no continuas? Venga, vas bien, Weasley.
Ginny se mantuvo en silencio unos instantes.
— Yo no, n-no...
— ¿Tú no qué?
— Que yo nunca he hecho algo así, imbécil— murmuró con desdén. Su voz fue apagándose con cada palabra—No sé... hacerlo.
Blaise sonrió con regocijo. Aquello cada vez se ponía más interesante.
— No importa. Aprenderás rápido— susurró apartando una de las manos de la pared. Muy despacio, cogió la de Ginny— Yo te enseñaré.
A Ginny le quemaba la cara. No. Le quemaba todo el maldito cuerpo. Se dijo a si misma que era por la furia que sentía pero cuando notó la ardiente mano de Zabini cogiendo la suya y aproximándola a sus pantalones, el corazón le dio un vuelco. Volvió a cerrar los ojos y comenzó a buscar algo en lo que pensar para intentar distraerse y olvidar lo que estaba sucediendo pero fue imposible.
Blaise adentró lentamente la mano de ella en sus pantalones. Disfrutó más que nunca viéndola así. Avergonzada, insegura, apretando fuertemente los párpados con tal de no encontrarse con su mirada. No había conseguido follarse a Daphne pero, al menos, iba a irse a su cama habiéndose desahogado esa noche. Ginny sintió como él le situaba la mano sobre la zona. La boca se le quedó completamente reseca y su respiración se volvió entrecortada. Muy despacio, cogió la erección sutilmente y se quedó sin aliento al notar lo dura que estaba.
— Ahora sólo tienes que mover la mano— dijo él en un susurro— No es difícil.
Blaise guió la mano de Ginny, obligándola a deslizarla lentamente de arriba abajo. Cuando lo hizo, a él, su mano, por alguna absurda razón, le resultó suave y cálida, y sintió como se aceleraba su respiración sólo con notar su tacto. Sin poder evitarlo, fue aumentando poco a poco la velocidad del movimiento y la fuerza con la que le presionaba a ella la mano.
Ginny jamás había estado tan abochornada como en ese momento pero bajo todo esa vergüenza, había algo más. Algo que no entendió. Como si acaso hubiera empezado a excitarse. Sentía como Zabini movía la mano sobre la suya, despacio, tomándose su tiempo en cada sacudida. Notaba el calor que desprendían sus dedos, aferrados a su mano con firmeza. Casi con desesperación.
Blaise movió su mano un poco más fuerte y recostó su cuerpo contra el de ella, pegándola a la fría pared. Al hacerlo, Ginny notó el calor del torso de Zabini contra sus pechos. Su cuerpo quemaba. Demasiado. Por un momento incluso llegó a pensar que se desmayaría si seguía tocándole. Se odió a su misma al ser consciente de lo afectada que estaba. Se odió al darse cuenta de que, por irracional que pareciera, una parte de ella deseaba más.
— Weasley— musitó entre jadeos, sin apartar los ojos de los suyos en ningún momento— No creo que aguante mucho más.
— A qué te refieres — se atrevió a preguntar.
La respiración de Blaise se volvió más pesada.
— Que voy a correrme.
Ginny ahogó un gemido al sentir como su erección se contraía. Él hizo más presión en su mano y continuó deslizándola de arriba abajo. Más rápido, con más intensidad, hasta que por fin notó que llegaba al climax. Ella se sobresaltó al sentir algo caliente y húmedo esparciéndose por toda su mano.
Blaise, jadeando, se quedó en silencio y recostado contra ella hasta que se recompuso. Luego soltó su mano con suavidad y la miró con avidez.
Por un momento no hablaron. Ginny no pudo. Se sintió débil y ni siquiera supo qué decir. Se había quedado sin voz y no podía abrir los ojos.
Blaise, sin dejar de observarla, se apartó lentamente.
— Mírame— musitó con voz ronca.
Ginny, avergonzada, fue levantando poco a poco los párpados y alzó la vista, encontrándose con su mirada ardiente. Blaise, en cambio, más calmado, comenzó a abrocharse los pantalones. Luego se aproximó a ella hasta estar lo suficientemente cerca como para rozarle el oído con los labios.
— Para ser la primera vez no ha estado mal— le susurró— Ya irás mejorando.
Ginny, que había estado abstraída hasta ese momento, volvió en sí del impacto que le causaron aquellas palabras.
— ¿Mejorando?— inquirió, colérica— Nadie ha dicho que vaya a hacerlo otra vez.
Blaise se apartó y la sujetó de la barbilla.
— Claro que lo harás, Weasley. Cuando a mí me apetezca.— le espetó con amenaza— No me subestimes. Sabes perfectamente que puedo avisar a Pomfrey en cualquier momento. Así que no tientes a la suerte.
Ginny se mordió el labio, con frustración.
— Pero...
— Pero nada— la cortó, soltándole la barbilla con brusquedad, haciendo que Ginny mirase a otro lado, indignada. Al ver que no decía ni una palabra, se alejó y se dirigió a la puerta—Vendremos aquí cuando a mí me apetezca, pecosa. Y ahora que ya hemos terminado, me voy. Estoy cansado.
Ginny vio como desaparecía del aula como si nada dejándola allí sola. Quiso ir tras él y pegarle un puñetazo pero las piernas no le respondieron. Su cuerpo tampoco. Se quedó paralizada por un momento, recostada contra la pared, apretando los puños con fuerza de la impotencia que sentía. No podía creer que Zabini la hubiera amenazado. No podía creer que la hubiese obligado a masturbarle. Y tampoco podía creer los sentimientos encontrados que estaba teniendo ahora que se había ido. Molesta, bajó la mirada y vio que su mano estaba húmeda y cubierta de algo blanquecino. Su semen.
Después, cuando por fin se recompuso, se marchó del aula y dio un portazo.
Hermione, renovada por completo, se puso la capa y se despidió de Hagrid. Hacía tiempo que no pasaba una tarde tan agradable y tranquila.
Se marchó de la cabaña del guardián de los terrenos de Hogwarts y caminó hacia el castillo. No paraba de darle vueltas a lo sucedido. No soportaba a Malfoy, pero durante esos últimos días su relación había cambiado y ni siquiera entendía sus propios sentimientos. Hablar con Hagrid le había ayudado pero el problema seguía estando ahí. La hierba se había humedecido por el rocío, hacía frío, el toque de queda había pasado y había comenzado a chispear. Debía apresurarse si no quería que Filch o algún profesor la descubriese.
Sin embargo, en la entrada del castillo, Draco Malfoy estaba esperándola. Había estado buscándola por todas partes y por fin la había visto. A lo lejos. Hermione ni siquiera se había dado cuenta de su presencia, porque sólo iba pensando en volver a su habitación.
Se acercó a ella y la retuvo cogiéndola de la mano. Hermione se sobresaltó al verle. Al notar su contacto. No esperaba encontrárselo allí fuera y se dio cuenta de que volvían a estar los dos solos. Un miedo repentino la embargó. No sabía qué era lo pretendía pero tenía claro que no iba a consentir que la tocase de nuevo.
— ¡Ni se te ocurra ponerme las manos encima!— chilló comenzando a forcejear pero él no la soltó.
Draco rechinó los dientes.
— Granger, entiendo que no quieras hablar, pero escúchame sólo un momento— su voz sonó suplicante— No te vayas.
Hermione frunció el ceño y lo miró con aversión. Estaba determinada a esquivar cualquier insulto que le lanzara.
— Qué es lo que quieres, Malfoy.
Pero Draco no fue capaz de responderle. ¿Que iba a decirle? ¿Que estaba arrepentido? ¿Que se sentía despreciable por haberla forzado? ¿Por haberla manoseado de arriba abajo sin su consentimiento en el cuarto de baño? El jamás había pedido perdón y no iba a hacer una excepción. Mucho menos con Granger. Además, ella también le debía una disculpa.
Hermione, exasperada, pegó un fuerte tirón, liberándose de su agarre.
— Bien, si no tienes nada que decir, me voy— le espetó girándose sobre sus talones.
Una persistente brisa se arremolinó alrededor de Draco y unas finas gotas de lluvia comenzaron a caer. Se mantuvo inmóvil mientras su cabello rubio platino se empapaba por el agua y vio como ella se alejaba, observando como el viento ondeaba su capa y agitaba sus rizos. Si no podía decirle que estaba arrepentido directamente, tendría que hacérselo saber de alguna forma.
Se encaminó con decisión hacia ella, volvió a agarrarla, aproximándola a su cuerpo y la rodeó con sus brazos.
— ¡Qué haces!— gritó aterrorizada, forcejeando, empujándole para que se apartara, pero él la abrazó con fuerza, aferrándose a ella con desesperación.—¡Suéltame!
— Relájate— musitó con un hilo de voz— No voy a hacerte nada. Nunca más.
''A no ser que tú quieras''— aquel pensamiento pasó durante un segundo por su cabeza.
Hermione se quedó inmóvil entre sus brazos. Notó como las gotas de agua comenzaban a calar su túnica y como el frío de la noche le atenazaba los huesos, pero el abrazo de Malfoy era cálido. Demasiado cálido y confortable. Y aquel olor que desprendía, tan fresco, tan sutil, le hizo perder la razón.
Se preguntó qué era lo que él quería realmente. Por qué la abrazaba y se aferraba a ella con anhelo. ¿Acaso era su forma de disculparse?
Se olvidó de todo por un momento. Fue como si el tiempo se parase. Como si no existiera nada más a su alrededor. Sólo ellos.
Lentamente, Draco se apartó de ella y la miró. Sus ojos grises reflejaban arrepentimiento.
Hermione lo sabía. Sabía que quería pedirle perdón pero que no iba a hacerlo. Al fin y al cabo, era Malfoy. Siempre anteponía el orgullo a todo lo demás. Aún así, el corazón le latía desbocado, haciendo que se replanteara qué era lo que realmente sentía por él.
Se vio obligada a largarse de allí antes de que las cosas fueran a más. No podía besarle otra vez. Aunque quería. Se moría de ganas por hacerlo. Pero no pensaba alimentar más el sentimiento que la estaba consumiendo. Tenía que cortarlo de raíz.
— Me voy— dijo secamente— Déjame tranquila, Malfoy. No quiero volver a saber nada de ti.
Draco no fue capaz de responder. Sabía que Granger estaba más que enfadada por lo que había sucedido en el cuarto de baño de los prefectos, que no iba a perdonarle fácilmente pero… ¿por qué quería su perdón? Tenía que olvidarse de ella. Últimamente estaba siendo débil y blando. Cada vez que se acercaba a ella perdía el control. No se veía con fuerzas como para seguir insultándola o humillándola porque sabía que volvería a ir tras ella y tenía miedo de lo que podía suceder entre ellos dos si seguía comportándose de esa forma, así que cuando Hermione Granger dijo esas últimas palabras y se marchó en dirección al castillo, no la retuvo.
La dejó marchar mientras él permanecía en silencio, empapándose bajo la fría lluvia.
