¡Hola a todas! :D Aquí estoy como cada semana con un nuevo cap. de nuestro amado príncipe. Este capítulo tiene 6.000 palabras. Es el más largo de los que he escrito hasta ahora. Cada capítulo me sale más largo que el anterior (de momento xD). Quiero dedicar este capítulo a kionkichin por los reviews tan bonitos que me escribe :D ¡Muchas gracias guapa!
¡Agradezco enormente a todas que las que me escribís un comentario por muy ocupadas que estéis! ¡No sabéis como lo valoro!, Me hacen muchísima ilusión :D ¡ Sois las mejores! :D ¡MUCHAS GRACIAS POR VUESTRO APOYO!
Las víboras se han pasado un montón con Draco, aunque él las ha puesto en su sitio como debe ser...que se fijen ahora en Theo... me asusta y mucho. Por otra parte Blaise es un...vicioso... hacerle eso a la pobre Ginny... aunque creo que no le desagradó del todo. :P En cuanto a Draco...imaginarlo solo...empapado bajo la lluvia...es tan mono...
De momento falta un poquito para averiguar el trío misterioso así que aun hay tiempo... ¡No podéis imaginar las ganas que tengo de gritar: SI,SI, SI, ACERTASTE, SON ELLOS! pero no... :( de momento nadie ha dado en el clavo, así que se me ha ocurrido una cosa... he creado una cuenta en facebook a nombre de tyna fest. Aquí os dejo el enlace donde podéis cotillear, habrá una imagen con dos pistas.
Ahí pondré avances de los capítulos, los días que actualizaré etc. etc. También subiré fotos chulis y frases del capítulo siguiente.
¿Qué os parece? :D Cuando me agreguéis, decidme que sois de fanfiction.
h-t-t-p-:-/-/-w-w-w-.-f-a-c-e-b-o-o-k-.-c-o-m-/-t- y-n-a-.-f-e-s-t (Quitad los guiones).
Contestaciones a las no registradas:
Rosyr: Hola nena, como siempre me encanta tu comentario! Tienes toda la razón.. Hay fics que pienso que es una lástima, algunas tramas son buenas y se podría sacar muchísimo partido pero son imposibles de leer y eso me da mucha pena. Lo de abandonar las historias... bueno mucha gente se aburre y abandona buenas historias ya sea por no saber como terminarlas o porque nadie se molesta en dejar comentarios, empiezan a comentar cuando se dan cuenta que nadie actualiza, entonces todo el mundo deja rewiew por miedo, ¿No sería mucho mejor que la gente comentara desde un principio? Yo tengo la suerte de teneros a todas vosotras que me comentais religiosamente cada semana. Cada cap lo escribo con mucha ilusión, pensando en todas y cuando publico y me escribís cosas chulis pues me encanta :D ¡Hago el baile del playmovil jajajaja! Un besito guapa! :D
Natalie Malfoy: hola guapa! felices vacaciones! Espero que te lo estés pasando bien :D Blaise fue un degenerado en el anterior capítulo pero bueno... Ginny me parece que le gustó un poquito :P Como me pediste que publicase he vuelto antes de tiempo! Que ya sabes que suelo publicar los jueves o viernes, pero esta vez lo subo antes porque tengo vacaciones :D Espero que te guste mucho! jijiji ya me dirás! Un besito muy grande!
Guest: ¡Muchas felicidades por tu cumpleaños! Me encanta que recibieras mi capítulo como un regalo y que te gustase :) Espero que disfrutes con este! Un besito :D
fernanda: hola guapa! te mandé un privado contestándote el review por ahí! Espero que te guste este cap! Un beso muy grande guapa :D
ian: hola guapa! ¡se que me lees y que te encanta mi fic! En mi cuenta de facebook verás todos los fics que escribo! La parte de Blaise y Ginny también me gustó mucho! muy hot! veremos a ver Blaise que hace con su Blaisiconda...miedo me da... y Draco bajo la lluvia jijiji :P
Espero que te guste mucho este cap! un besito muy grande guapa!
Emma Felton: ¡Querida Emma! Espero que en este capítulo disfrutes, porque hay mucho Draquito jijiji que se que te gustan mucho los momentos dramione :) Todas las parejas van teniendo protagonismo pero esta vez es el turno de Draco y Hermione... no adelanto nada más :P
Espero que estés pasando unas felices vacaciones y que descanses y repongas fuerzas para lo que se nos avecina D: estoy temblando...
Creo que este fic nos está afectando seriamente a las hormonas... y ahora con la llegada de la primavera...veremos a ver..
bueno guapa, te dejo con el capítulo! Ya me contarás :P un beso muy fuerte! :D
...y ahora, os dejo con la lectura ;)
-Marcada-Editado
Después de lavarse las manos, Ginny volvió a la torre de Gryffindor. Estaba mareada y el cuerpo le temblaba. Lo que había sucedido la superaba. Zabini había sido un cabrón. Se había aprovechado de ella. Y sentía que, muy a su pesar, la tenía acorralada entre la espada y la pared. Ginny tuvo miedo en ese momento al preguntarse qué iba a ser lo próximo a lo que la iba a obligar. Por otra parte, estaba molesta. Demasiado molesta, porque el corazón le latía a toda prisa, sólo con recordar lo que había pasado. Estaba furiosa con Zabini pero sobretodo, consigo misma.
Cuando llegó a su dormitorio, abrió la puerta con brusquedad. Lavender y Parvati aún no habían vuelto del Gran Comedor pero Hermione estaba allí, completamente empapada, quitándose el uniforme.
Hermione alzó la vista al escucharla.
— Ginny, ¿dónde demonios has estado?
Ginny se tensó, sin saber qué decir. Evidentemente no podía explicarle que le había hecho una paja a Zabini. Que le había tocado la Blaisiconda. Que se la había meneado hasta que él se había corrido en su mano.
— Prefiero no hablar de ello, Hermione. ¿A ti qué te ha pasado? ¿Por qué estás mojada?
Hermione se quedó en silencio un momento. Desvió la mirada y continuó cambiándose de ropa. Arrojó la camisa del uniforme sobre su cama.
— Mejor no preguntes. Estoy cansada.
Ginny la observó y se percató de que parecía desanimada. Suspiró. Desde luego había sido un día de mierda.
— Creo que es mejor que nos olvidemos de todo por hoy— dijo alentándola, intentando animarla un poco porque le preocupaba verla tan triste— Mañana será otro día.
Hermione se puso el pijama, retiró las sábanas y se metió en la cama. Luego apuntó una sonrisa.
— Tienes razón. Será lo mejor. Buenas noches, Ginny.
Lo intentó con todas sus fuerzas. Dormir. Pero cuando Lavender y Parvati regresaron y el silencio de la noche se hizo en la habitación, Hermione fue consciente de que no podía hacerlo. Seguía removiéndose entre las sábanas, sin dejar de analizar la situación. Malfoy le había pedido perdón, a su manera, eso sí. Ella sentía que él estaba arrepentido, que era consciente de que había sobrepasado el límite en el cuarto de baño de los prefectos.
Se sintió mal. Incluso culpable al recordar el momento en el que se había marchado, dejándolo solo bajo la lluvia. Porque sabía que él se había esforzado por arreglarlo y ella no se lo había puesto fácil, pero no podía dejar que su relación siguiera por ese camino. No se trataba de cualquiera. Era Malfoy. Hermione tenía pánico de que sólo quisiera su cuerpo. De que todo lo que había sucedido fuese porque sólo tenía intención de acostarse con ella para luego ir proclamándolo a los cuatro vientos por todo el castillo y humillarla con sus amigos como siempre había hecho, diciendo que se había follado a la sangre sucia.
Hermione apretó los párpados con fuerza al darse cuenta de que estaba delirando. Malfoy no iba a ponerse en evidencia ni tampoco iba a ir contándolo por ahí. Para él, ella ni siquiera era relevante.
Lo harían y Malfoy se olvidaría.
Exhaló con ansiedad. Tenía que pasar página de una vez, así que se prometió que, a partir de ese momento, lo evitaría en la medida de lo posible. Ni siquiera lo miraría. Ni en clase ni por los pasillos. Así no volvería a caer en sus redes.
Theodore Nott despertó de madrugada, agitado. No tenía ni idea de por qué pero Pansy, Astoria y Daphne le habían estado persiguiendo durante horas haciendo que su tarde se hubiera vuelto bastante incómoda. Las había visto demasiado acarameladas con él, pululando a su alrededor, preguntándole entre risas sibilinas que si quería estudiar con ellas, o ir a comer o lo que fuese con tal de pasar un rato juntos, y él, desde luego, no entendía a qué se debía aquel comportamiento. Y menos después de haberse enterado del numerito que le habían montado a Draco en la sala común. Llevaba un rato dando vueltas en la cama, pensando en Luna, sin poder apartarla de sus pensamientos. La recordaba, tumbada en aquel diván, apuntando una sonrisa mientras dormía, con aquella agradable fragancia que desprendía y aquel cabello rubio. Tan perfecta, soñando como si nada en aquel lugar que se había convertido mágico para él.
Había estado en la biblioteca investigando qué era aquella sala y había descubierto que se trataba de la Sala de los Menesteres, así que por incercia, se levantó, y sin hacer ruido, se marchó en dirección al séptimo piso. No estaba seguro de si Luna volvería a estar allí, pero quiso comprobarlo porque sabía que no iba a perder nada por intentarlo. Dio un par de rodeos para esquivar a la señora Norris y a Filch hasta que consiguió llegar a la pared donde había aparecido la puerta la noche anterior y se acercó.
Si realmente era la sala de los Menesteres, sólo tenía que desear. Desear ver a Luna. Sólo verla, así que se concentró y la visualizó en su mente. Su pelo rubio, sus pendientes de rábanos y su falda, la que no era corta, pero sí lo suficiente como para dejar volar a la imaginación.
Una enorme puerta comenzó a formarse en la pared. Theodore no pudo evitarlo y sonrió, preguntándose si estaría allí durmiendo. Con un suave movimiento, la abrió y entró.
Sus pupilas se dilataron. Al ver su pelo. Al verla a ella, acurrucada en el diván, durmiendo profundamente. Tomó aire y después de asegurarse de que la puerta había desaparecido para que nadie más pudiera entrar, se acercó a ella, deseando. Queriendo ser el único en tener ese momento tan especial guardado en sus recuerdos. Después de observarla un rato intentando retener en su memoria aquella imagen que para él se había vuelto casi utópica, se tumbó junto a ella con mucho cuidado y cerró los ojos, sintiéndose como un pusilánime, porque sabía que no iba a ser capaz de decirle nada. Porque sabía que se marcharía en cuanto amaneciese para que ella no se enterase de que él había estado durmiendo a su lado.
Sin embargo, Theodore, por una vez, se descuidó.
Cuando amaneció, Luna notó los rayos de la primera luz del día quemándole sutilmente en las mejillas y se despertó. Había vuelto a la Sala de los Menesteres esa noche pero no porque estuviese sonámbula, sino porque quería estar en aquel lugar que tanto le gustaba y le hacía feliz. Aquel lugar que le hacía sentirse como en casa, con todas esas ciruelas dirigibles flotando por todas partes y el calor tan agradable y acogedor que desprendía la chimenea.
Lentamente se desperezó y se incorporó para empezar un nuevo y maravilloso día pero para su sorpresa, su espalda chocó contra algo. Un poco confundida, se giró y vio que Theodore Nott estaba a su lado, acurrucado, durmiendo profundamente. Su mano le rozaba sutilmente el cabello.
Luna lo observó con detenimiento, extrañada de que estuviera allí, y lo llamó, tocándole el hombro con cuidado.
— Theo— susurró— Despierta, Theo.
Theodore notó una voz dulce llamándole en aquel sueño tan agradable. La voz de Luna. Ella le acariciaba el pelo sutilmente, intentando despertarle.
Un momento, ¡¿despertarle?!
De un sobresalto, abrió los ojos y cayó del diván al suelo, golpeándose en el trasero. Pero el dolor no le importó, porque Luna estaba despierta, que para él, sin duda, era mucho peor. No sabía ni qué hacer ni qué excusa poner pero quiso largarse inmeditamente.
Luna, en cambio, estaba serena y no parecía preocupada ni asustada. Es más, lo miraba sonriendo.
— Yo… y-yo, no n-no— balbuceó él.
— Tranquilo, Theo— musitó con un hilo de voz— Tú también eres sonámbulo, ¿verdad? Es normal que estés confuso por haber despertado en un lugar extraño.
Theodore se quedó paralizado, sin poder creer lo jodidamente inocente que podía llegar a ser Luna. Al ver que ella parecía relajada, se levantó y se sentó en el diván a su lado.
— Sí. Creo que lo soy…soy sonámbulo— dijo desviando la mirada— ¿Tú también?
Luna se encogió de hombros.
— Sí— afirmó— Aunque esta noche he venido porque me apetecía. Supongo que tú llegaste después, pero no te preocupes, Theo. Ser sonámbulo no es algo malo.
La sonrisa que se dibujó en la comisura de los labios de Theodore en ese momento encerraba demasiadas cosas, y es que había descubierto la excusa perfecta para poder ir allí todas las noches sin que ella sospechase nada.
— ¿Tú vienes aquí siempre, Luna?— inquirió con curiosidad.
Luna lo miraba a los ojos, con tranquilidad, sin sentirse para nada incómoda.
— A partir de ahora sí. En mi dormitorio me siento muy sola y aquí no.
Theodore se quedó en silencio, sin entender cómo podía decir que se sentía sola cuando nunca lo estaba.
— Theo, ¿puedo pedirte un favor?— preguntó repentinamente interrumpiendo sus pensamientos.
— El que quieras— respondió sin pensarlo.
Luna se quedó callada por unos momentos, dudando.
— Me gustaría que no se lo contases a nadie— dijo al fin— Lo de este lugar. Si no… no podré venir por las noches.
A Theodore jamás se le hubiera pasado por la cabeza decírselo a alguien y desde luego no iba a ser tan imbécil como para desaprovechar la oportunidad que se le había brindado.
— Tranquila Luna, no diré nada. No te preocupes, pero— hizo una larga pausa— Si yo vengo aquí... me refiero a sonámbulo, claro. ¿Te molestaría?
A Luna se le escapó una risita.
— Claro que no— como si nada, se levantó del diván, se puso las zapatillas que había en la alfombra y le tendió la mano— Pronto empezarán las clases. Será mejor que nos vayamos, ¿no crees?
Theodore no contestó. Sólo podía mirarla. De arriba abajo, sin creer que estuvieran allí. Los dos solos. Se limitó a asentir en silencio, sabiendo que Luna Lovegood ya lo había hechizado. No dudó y cogió su mano para levantarse. Al tocarla y sentir lo suave que era, una ola de calor lo sacudió. Su corazón palpitaba con fuerza y se había quedado sin respiración. Cuando se dirigieron a la salida de la Sala de Los Menesteres, Theodore se dio cuenta de que Luna aún no había soltado la mano pero no quiso hacerse ilusiones porque sabía que ella era así, cariñosa, inocente.
Así que la miró mientras seguía sus pasos y se marchó con ella dejando vacío el lugar. Un lugar que a partir de ese momento les pertenecía.
La puerta de la clase de pociones se abrió bruscamente. Un revuelo de ropas negras pasó por delante de todos y los postigos de las ventanas, unos tras otros, se cerraron a su paso con estrépito. Aquello no era un buen augurio.
— Alguien de esta clase ha tenido la desfachatez de entrar en mi despacho y coger sin autorización… un frasco de poción multijugos— dijo Snape de brazos cruzados, arrastrando las palabras.
Hermione se congeló y miró de soslayo a Lavender. Problemas. Se avecinaban problemas y gordos. A pesar de que se había jurado a sí misma que no lo haría, miró al otro extremo de la clase y vio a Malfoy observándola con intensidad. Se preguntó si las delataría, si diría que ellas habían causado todo el revuelo, pero no ocurrió nada.
A Snape no se le escapaba ni una y sabía que el ladrón o ladrones estaban en esa clase. Después de lo sucedido en el Gran Comedor, era más que obvio que alguien había utilizado poción multijugos porque no era lógico que Draco y los demás hubieran hecho el ridículo por propia voluntad, aparte de que precisamente ese día fue el mismo que desapareció el frasco. Todo cuadraba. Desde un principio había sospechado de Potter y Weasley pero no tenía pruebas para incriminarles.
— Dado que no sé quién ha sido el ladrón y no tengo permitido usar Veritaserum con alumnos…me veo obligado a tomar otras medidas.
Blaise quiso delatar a las susodichas pero después de sopesarlo, prefirió no abrir la boca, porque ahora tenía algo más con lo que chantajear a la pecosa de Weasley, y es que debía admitir que la noche anterior había disfrutado como nunca y no estaba dispuesto a dejar que lo que había pasado se quedase en una vez. Él no pensaba ponerle una mano encima, ni follársela pero la iba a usar para desahogarse hasta hartarse. Que Weasley le hicera pajas no quería decir que él se sintiera atraído por ella.
— Van a realizar un trabajo… que tendrán que entregar a la vuelta de las vacaciones de Navidad— continuó Snape— Consistirá en la elaboración de dos pociones que veremos durante esta clase…y una explicación teórica de cien páginas sobre dicha elaboración.
Todos replicaron, indignados. Asqueados de pensar que tendrían que estar todas las navidades amargados haciendo un maldito trabajo por culpa de algún idiota que se había dedicado a coger frasquitos en el despacho del profesor de pociones.
— ¡No es justo!— se quejó Ron— ¡No tenemos por qué pagar por cosas que no hemos hecho!
Harry le dio un codazo.
— Cállate, Ron. Snape está furioso.
Severus se acercó a ellos.
— Señor Weasley, por su estúpida…impertinencia, deberá traer doscientas páginas.
Ron se quedó boquiabierto pero no contestó porque prefería que no aumentaran aquellas dichosas páginas. Eso sí, sus orejas se pusieron coloradas.
— ¿Y cuáles van a ser las pociones para el trabajo? — inquirió Hermione desde su mesa, intentando aparentar calma.
— He dicho que lo explicaría a lo largo de esta clase, señorita… Granger, ¿Es usted tan impaciente que no puede esperar? Cinco puntos menos para Gryffindor.
Hermione se mordió la lengua. Snape, por otra parte, volvió a su escritorio y sacó de un cajón un grueso libro con la tapa desgastada.
— Antes de comenzar, me gustaría advertir sobre estas pociones— explicó muy serio— Queda terminantemente prohibido… usarlas con alumnos. Únicamente se hará la elaboración de ambas y se me entregarán a la vuelta de vacaciones— luego abrió el libro y comenzó a pasar páginas en silencio hasta que se detuvo— Las dos pociones serán… Animi motus Acrescere y Cambiatio personalitas
Hermione ya sabía de la existencia de esos brebajes porque un día, investigando en la biblioteca, encontró un libro con información sobre algunas pociones que no solían usarse por ser relativamente peligrosas.
— ¿Cúal es el efecto de esas pociones?— preguntó Theodore al fondo de la clase.
— Con Animi motus Acrescere, señor Nott… digamos que su estado de ánimo se vería…alterado. En una explicación simple, sus emociones serían exageradas… y eso puede llevarle a cometer actos…digamos desmesurados.
Hermione había leído sobre Animi motus Acrescere y estaba al corriente de que, si a una persona, en el período en el que se tomaba la poción, le sucedía algo que le hiciera sentir ira, podía llegar a matar. Si le hacía sentir tristeza, podía llegar a suicidarse. Y si le hacía sentir felicidad, podía llegar a morir de la risa. Aquel brebaje exageraba al límite las emociones, por eso era una de las pociones que se habían descatalogado. De las que no solían estudiarse durante los años académicos.
— ¿Y el efecto de Cambia persi...?— preguntó Blaise con interés.
— Cambiatio personalitas, señor Zabini. Simplemente modifica la personalidad del individuo al azar, volviéndolo agresivo, estúpido o inteligente. Suele sacar a la luz la parte menos destacada de cada uno. Una poción peligrosa pero también beneficiosa, dependiendo de cómo afecte a la personalidad. Tendrán que entregarme cien páginas del origen de dichas pociones, hacer una investigación sobre quién las creó, un análisis de su época, sus correspondientes ingredientes y cómo afectan en las personas. En la primera clase después de Navidad, recogeré el trabajo y si no se ha entregado para entonces, tendrán esta asignatura…suspensa. Así, no pensarán en colarse de nuevo en mi despacho. El trabajo será por parejas— y sin más, comenzó a pasearse, dando vueltas alrededor de la clase, de brazos cruzados y clasificando a los alumnos al azar.
Hermione odiaba que Snape los dividera por parejas para hacer un maldito trabajo. Prefería hacerlo sola para tener total libertad y no estar estresada porque el compañero con el que le tocase hiciera su parte. Si hubiera podido elegir, probablemente se hubiese decantado por Harry o Ron, pero debía reconocer que casi siempre les tenía que hacer parte del trabajo y se sentía cansada al respecto. Otra opción eran Parvati y Lavender. Ahora estaba más unidas a ellas, pero solían divagar mucho y dejarlo todo para última hora.
— Crabbe irá con Potter… Longbottom, usted con Brown… Zabini irá con…Finnigan.
Hermione se preguntó si serían muy difíciles de elaborar las dichosas pociones. El hecho de no tener mucha información sobre ellas la agobiaba.
— Thomas irá con Patil. Goyle con...
Pensó que no serían para tanto. Que con un poco de suerte le tocaría hacer el trabajo con Ron y podría quedar con él en la Madriguera durante las navidades.
— Weasley con Nott…
Hermione chasqueó la lengua al ser consciente de que tampoco podría ponerse con su amigo. Maldita sea. Y Ginny y Luna ni siquiera estaban en esa clase. El estómago le dio un vuelco en ese momento.
— Y por último, Granger…— se paró Snape frente a su mesa— Hará el trabajo con Malfoy.
Hermione ahogó un grito y quiso decirle que no. Que no pensaba hacerlo bajo ninguna circunstancia pero Snape, de muy malhumor, no parecía estar dispuesto a escuchar una negativa, así que ella no tuvo más remedio que aceptar la dura realidad. Que, por narices, tendría que ponerse con la única persona que no quería tener cerca en ese momento. Con preocupación, buscó a Malfoy con la mirada y vio que la observaba incrédulo por el repentino giro de los acontecimientos.
Hermione sintió un fuerte dolor en el estómago. ¿Cómo demonios iba a hacer el trabajo con él después de todo lo que había sucedido? Y peor aún... un trabajo al que habría que dedicarle horas, que no se quedaría en una sola tarde.
Iban a ser semanas.
Así que sí. La intención de Hermione Granger de ignorar y evitar a Draco Malfoy en todo lo posible para olvidar lo que sentía hacia él se acaba de ir a la mierda. En el transcurso de la clase, Snape explicó los ingredientes que necesitaban y los dejó encima de su mesa. Cuando la hora terminó, Hermione se dirigió a la salida. Malfoy estaba esperándola en la puerta, de brazos cruzados, con una mueca ladeada. De esas con cara de asco que solía poner a veces. O casi siempre. Hermione no levantó la vista para mirarle. Apretando los libros contra su pecho, se aproximó hasta pasar por su lado y le dedicó unas palabras. Unas palabras que significaron el principio de la pesadilla.
— A las cuatro en la biblioteca.
Todas las chicas estaban sentadas en la mesa de Gryffindor almorzando, pero Hermione no era capaz de probar bocado. La hora a la que había quedado con Malfoy se acercaba y estaba nerviosa. Demasiado nerviosa. No sabía cómo iba a reaccionar al verle ni qué iba a hacer. La situación se había vuelto bastante incómoda. Miró a Ginny y vio que su plato estaba intacto. No había probado bocado, estaba pálida y tenía los ojos hinchados, como si no hubiese dormido en toda la noche.
— ¿Qué os pasa a las dos?— preguntó Parvati.
Ginny dio un respingo. Notaba una presión constante en su pecho.
— ¿A mí? Nada. Estoy un poco cansada.
Hermione se encogió de hombros.
— A mí tampoco. La verdad es que no tengo mucho apetito.
Lavender entrecerró los ojos. Aquello olía a chisme. Pero Hermione siempre había sido muy reacia a la hora de decir lo que le pasaba.
— Hace días que no comes mucho, Hermione, ¿seguro que estás bien? — insistió.
Hermione, sin dejar de dar vueltas al tenedor mientras miraba fijamente el filete de su plato, carraspeó.
— Sí, estoy bien, Lavender. Simplemente estoy nerviosa, ya sabéis, los exámenes y ahora el trabajo de Snape. Demasiado estrés.
Aquello también influía pero el motivo principal de su falta de apetito y del insomnio durante las noches era Malfoy.
— Hablando del trabajo…— dijo Parvati de repente —Qué mala suerte has tenido.
Luna, que ya estaba al corriente de lo sucedido porque evidentemente Lavender se lo había contado todo, suspiró.
— Te ha tocado con Malfoy, ¿verdad?
Todos los músculos del cuerpo de Hermione se contrajeron. ¿Por qué demonios tenían que recordárselo?
— S-sí, bueno. No he tenido más remedio. Snape me hubiera quitado trecientos puntos si me hubiese negado a hacerlo con él.
Todas parecían estar preocupadas por lo de Malfoy pero Luna, que era la única que sabía lo que pasó la noche en la que empezó todo, se sentía relajada. Se preguntó si habría pasado más veces. Si sólo habría sucedido esa noche. Con una sonrisa, le dio un pequeño sorbo a su zumo de calabaza.
Ginny, en cambio, permanecía ajena a la conversación, apoyando su rostro en un puño cerrado y observando la mesa de Slytherin con asco, sin apartar la vista de Zabini, que estaba sentado, soltando risas y hablando con los demás. Rechinó los dientes. No comprendía cómo podía estar tan relajado como si nada hubiese pasado. Pensó que estaba vacío, que no tenía sentimientos, aunque tratándose de Zabini… era de esperar, pero a pesar de que seguía creyendo que era un cerdo y de que estaba convencida de que no tenía ni una pizca de corazón, ahí estaba ella, sin poder dejar de mirarle. Y dicen que cuando alguien te mira fijamente, lo sientes.
Blaise lo notó. Notó como alguien le clavaba la mirada.
Alzó la vista y la vio a lo lejos.
A Weasley. La pecosa. La asquerosa traidora a la sangre.
Allí estaba, sentada en la mesa de Gryffindor, rodeada de sus compañeras que no dejaban de hablar de vete tú a saber qué, mientras ella pasaba de todo y le clavaba la mirada con la intención de asesinarle. Le gustaba ese odio que irradiaba Weasley. Le ponía, incluso. La había hecho sufrir pero ahora necesitaba más. Cuando la pillase sola, volvería a utilizarla. El chantaje siempre se le había dado de maravilla y tenía suficiente información como para joderle la puta vida si ella se negaba.
Lo haría otra vez. Sólo una más y se acabó.
Así que la miró apuntando una sonrisa peligrosa, intentando intimidarla. Intentando hacerle comprender que tarde o temprano iría a buscarla. Ginny, en ese momento, desvió la mirada, sonrojándose violentamente.
— Ginny, ¿tú qué dices? ¿Qué le aconsejas a Hermione?— preguntó de pronto Lavender.
— ¿Sobre qué?— dijo distraída— No lo he escuchado.
Parvati resopló.
— Ay, estás en las nubes, querida. Estábamos hablando de darle a Hermione un espray mágico para acosadores, porque ha dicho que ha quedado más tarde con Malfoy para el trabajo. Para prevenir. Después de todo lo que ha pasado, quién sabe si se le ocurre hacerle algo.
Ginny suspiró, cansada. Malfoy era una nenaza en toda regla. Zabini era mucho peor. El peor de todos. Y ninguna de sus amigas se daba cuenta.
— Ah, bueno… pues…
Hermione disimuló poniendo los ojos en blanco.
— Tampoco os paséis. Hemos quedado en la biblioteca. Habrá más alumnos y estará Pince. No creo que se atreva a hacer nada. Estaré bien, no os preocupéis.
Luna la miró con aire sonriente. Claro que iba a estar bien, pero... ¿por qué no había contado nada a las demás de lo que había sucedido con Malfoy? ¿Le daba vergüenza que lo supiesen? ¿O quizás tenía miedo?
Después del almuerzo, todas se marcharon a la sala común y Hermione fue a la biblioteca. El pulso le latía apresuradamente y sentía una fuerte opresión en el pecho. Cuando entró en la estancia, Malfoy ya estaba allí, puntual, con varios libros sobre la mesa y la corbata un poco aflojada.
— H-Hola— tartamudeó ella retirando una silla para sentarse a su lado. Joder. No sabía cómo empezar una conversación después de...en fin.
Sin embargo, Malfoy parecía estar relajado. Mantenía un semblante taciturno y permanecía en silencio, sin dejar de observarla. Captando todos sus movimientos.
Hermione se sentió incómoda al ver que no decía ni una sola palabra. El corazón iba a estallarle de un momento a otro. Dedujo que él tampoco querría hacer el trabajo con ella así que inspiró profundamente y algo más decidida, intentó romper aquel frío silencio.
— Vale. Ni a ti ni a mí nos apetece hacer esto, pero no tenemos opción. Si no entregamos el trabajo a Snape después de navidades, suspenderemos pociones y no estoy dispuesta a...
Draco se removió en la silla y apoyó los codos sobre la mesa.
— Lo entiendo, Granger— la cortó— Me ha quedado claro. Además, yo no quiero que mi nota se vea afectada por algo que, precisamente, has provocado tú. Dime, ¿quién fue la mente brillante en vuestro plan maestro?— añadió con sarcasmo, pero en seguida se puso serio— Deberías darme las gracias por no haberos delatado a ti y al resto.
Estaba molesto. A pesar de que desde un principio sabía que ellas eran las responsables del robo de la poción multijugos, no tenía ni idea de quién la había cogido del despacho, pero había tomado la decisión de no decir nada. Por un lado, odiaba que le hubiese tocado con Granger para hacer el trabajo porque seguía un poco resentido por la humillación del Gran Comedor, pero por otro, al estar con ella, intentaría que olvidara lo que había sucedido en el cuarto de baño de los prefectos.
— No tengo por qué darte las gracias. Os lo merecíais— bufó Hermione. Draco frunció el ceño— Te recuerdo que entrasteis en nuestra habitación, que pretendíais desnudarnos a todas.
— Nosotros no hubiésemos entrado en vuestra habitación si vosotras no hubiéseis tenido la brillante idea de invadir nuestro territorio antes. Dime, Granger, ¿por qué lo hicisteis? Lo de lanzar esos hechizos fue una patética excusa. Pretendíais algo más, ¿verdad? Siempre lo he sabido.
El rostro de Hermione se volvió de un rojo intenso. Él la miró fijamente, disfrutando como un niño pequeño al que le acaban de regalar un juguete.
— Sé por dónde vas y no voy a seguirte el juego — le espetó con frialdad — Y si entramos en vuestra habitación fue porque estábamos hartas y cansadas de tus humillaciones.
Malfoy silbó y esbozó una sonrisa ladeada.
— Ah, entiendo— dijo condescenciente— Pues esa noche, que yo recuerde, tú no demostraste estar cansada.
Hermione se quedó sin respiración al recordar el beso. El maldito beso.
— Tú tampoco.
Draco se sintió incómodo. Quiso olvidar. Olvidar que la besó esa noche, que todo empezó por ese puñetero beso. Hermione, al ser consciente de que él estaba tan tenso como ella, abrió uno de los libros que había en la mesa.
— Será mejor que empecemos con el trabajo— sugirió— Quiero terminarlo antes de las vacaciones. Estas navidades vuelvo con mis padres y quiero que esté listo para entonces.
Draco no contestó. Él también volvería a Malfoy Manor y desde luego no pensaba estar pringrando durante todas las fiestas. Hermione, aprovechando que él centraba la vista en sus libros, lo miró durante unos instantes. Se fijó en sus ojos grises, en su pelo…Cabeceó al darse cuenta de que estaba distrayéndose.
— ¿Te has encargado de buscar todos los libros que necesitamos?— inquirió intentando olvidar sus últimos pensamientos.
— Evidentemente. Estaba aburrido de esperar a que te dignases a aparecer por la puerta. Pensaba que te habías rajado.
Había más de seis libros en la mesa y Hermione lo miró con sorpresa. Tenía que haber pasado largo rato en la biblioteca para encontrarlos porque no había mucha información acerca de esas pociones. Empezó a pensar que, quizás, después de todo, no era tan mala idea hacer el trabajo con él, a pesar de todo lo sucedido.
Una absurda idea le pasó de repente por la cabeza.
— Te propongo algo— dijo insegura, con miedo a como pudiera tomárselo, pero tenía que decírselo. Por el bien de los dos— No sé si serás capaz pero, al menos, yo estoy dispuesta a hacerlo.
— ¿El qué? — la apremió, expectante— Dímelo.
Hermione se quedó en silencio. Definitivamente no era buena idea. Tenía demasiados pájaros en la cabeza.
— Da igual— suspiró cogiendo otro libro, con malhumor— Es ridículo. Ni siquiera sé por qué me lo he replanteado.
Malfoy puso su mano sobre la tapa del libro que ella tenía entreabierto y lo cerró de golpe.
— Ni se te ocurra dejarme con la duda ahora. Suéltalo.
Hermione tragó saliva. Sabía que se iba a arrepentir toda su vida.
— Pues que...hagamos un pacto— dijo con un hilo de voz.
Malfoy acercó más su silla a la de ella, interesado.
—¿Y en qué consiste ese pacto, si puede saberse?
— Pues que...mientras dure el trabajo,— dijo alterada al darse cuenta de que estaban demasiado cerca. Ella seguía clavando la vista en el libro cerrado. Ese en el que seguía puesta la mano de Malfoy, esperando con impaciencia— me gustaría que nos comportásemos como personas civilizadas.
Draco ahogó una carcajada.
— ¿Has dormido bien, Granger? Sabes que no podemos estar más de dos minutos sin discutir.
Hermione alzó la vista y vio que la miraba con esa maldita media sonrisa ladeada.
— Lo sé. Aún así yo voy a intentarlo— dijo intentando sonar firme— Quiero que este trabajo se haga lo más llevadero posible...para los dos.
Draco se mantuvo en silencio, pensativo. ¿Tener paz durante unos días con Granger? No lo veía mal después de todo lo que había sucedido. Quizás se aburría, quizás se olvidaba de ella al no tener ese subidón constante de adrenalina después de cada pelea o insulto que se dedicaban.
— No te prometo nada, pero...
— ¿Ese pero quiere decir que estás de acuerdo?— preguntó esperanzada.
Draco entornó los ojos. No pensaba darle la razón. Al menos, no del todo.
— Puede.
Hermione sintió que se había quitado un peso de encima.
— Bien. Entonces pongámonos manos a la obra.
— Sí que tienes ganas, Granger. ¿Aquí y ahora?— preguntó arqueando una ceja, reprimiendo una risa.
Hermione lo taladró con la mirada.
— Malfoy...
Veinte minutos.
Cincuenta minutos.
Una hora y media.
Después de más de dos horas, por fin habían encontrado información importante que les servía a ambos para el trabajo. Información que habían apuntado en varios pergaminos. A Hermione le dolía la mano de tanto escribir. Malfoy, por otra parte, estaba cansado de estar allí, pero sabía que Granger, cuando se trataba de algo relacionado con alguna asignatura, era incapaz de parar.
— Me duele la cabeza — se quejó ella casi para sí misma, creyendo que Malfoy no la había escuchado.
Draco metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó un par de chocolatinas. Se fijó en Pince y vio que estaba distraída. Esperaba que no lo pillase con comida.
— Granger— dijo tendiéndoselas en la mano—Puede que esto te ayude.
Hermione abrió los ojos desmesuradamente. ¿Malfoy ofreciéndole chocolate?
— Es una broma, ¿no?— se rió y con reticencia las cogió— Está envenenado, seguro.
— Aunque no lo creas, a veces suelo tener detalles así.
— A veces... por no decir nunca.
Malfoy suspiró con cansancio.
— ¿Quieres dejar de quejarte y comer? Recuerda que tenemos un pacto. Todavía puedo arrepentirme.
— Está bieeen.
Draco, al ver que, para su desgracia, después de zamparse la chocolatina, Granger continuaba pegada a los libros, resopló.
— ¿Y si nos tomamos un descanso?— sugirió — Llevamos horas con esto. No hace falta que seas tan ambiciosa.
Hermione continuaba escribiendo sin parar. Su pluma se movía a toda prisa.
— De eso nada. Quiero terminar el trabajo cuanto antes. Además, tenemos que elaborar las dos pociones, vamos a necesitar mucho tiempo y...
— Joder, Granger — dijo cruzándose de brazos, apoyándolos encima de la mesa, con hastío.
— Qué— le espetó ella—Si quieres puedes irte, Malfoy. Nadie te retiene aquí. Además, no te necesito.
Draco soltó una falsa risa.
— ¿Y que tú te lleves el mérito? Ni lo sueñes— dijo abriendo un libro, dispuesto a buscar más información—Me quedo.
— Pues entonces tenemos que tomárnoslo en serio. Sé que podemos sacar buena nota si nos lo proponemos. Tú eres bastante bueno en…— Hermione se sonrojó violentamente. Tal y como lo dijo, se arrepintió y se odió a si misma por haberlo hecho.
— ¿En pociones? Qué observadora, Granger— inquirió esbozando una sonrisa ladeada— ¿Desde cuándo estás atenta a esos detalles?
El rostro de Hermione se volvió aún más rojo.
— Todo el mundo lo sabe, Malfoy, así que no te emociones— le dijo en un tono pedante— Tengo cosas mucho más interesantes que hacer que estar pendiente de ti.
Malfoy se llevó la mano al pecho de una forma muy teatral, aguantando la risa.
— No sé si voy a poder superarlo— suspiró fuertemente simulando un llanto— Me has roto el corazón.
Hermione tuvo que reprimir la risa.
— Deberías ir a por una escoba para recoger los pedazos que se te han caído por el suelo.
Malfoy entrecerró los ojos pero se quedó en silencio en cuanto se dio cuenta de que Pince los fulminaba con la mirada. Centró la vista en uno de los libros y no dijo nada más durante el resto de tarde. Llegó la noche y los alumnos que habían estado durante la tarde en la biblioteca, se marcharon. Pince también se fue pero les cedió quince minutos más a regañadientes, con la condición que se largasen enseguida.
Hermione había sido muy insistente, después de todo.
Malfoy, en cambio, se sentía agotado. No entendía cómo Pince le había concedido quince minutos más a Granger. Estaba hambriento y quería dormir. La cabeza le iba a estallar. Y ahí seguía ella, centrada, escribiendo a toda velocidad con su pluma, con ese pelo alborotado, tan seria, tan jodidamente mojigata.
Recordó el beso en ese momento. Y sus labios húmedos, entreabiertos, que lo provocaban constantemente, como si ella hubiera besado infinidad de veces. ¿Quizás... el dichoso rumor... era cierto?
— Granger, ¿si te hago una pregunta, me la responderás con toda sinceridad?— dijo acercando su mano para levantarle el pelo y verle el rostro.
Hermione se paralizó al notar los suaves dedos de Malfoy rozándole la mejilla. Desvió la vista del pergamino y lo miró de soslayo. Estaban solos.
— ¿Tiene que ver con el trabajo de pociones?— inquirió.
— No.
— Pues entonces no— dijo cerrando el libro de golpe y se levantó. No quería quedarse con él a solas. Sabía lo que pasaría— Ya he terminado. Creo que es suficiente por hoy.
Draco la miró, taciturno.
— Sólo es una pregunta— insistió— No creo que vayas a morirte por contestarla.
Hermione dudó pero al ver que parecía bastante relajado, volvió a sentarse a su lado.
— Hm— murmuró— Házmela y yo decidiré si la respondo o no.
— Entonces nada— espetó secamente recogiendo sus cosas, dispuesto a marcharse.
Hermione rodó los ojos.
— Bueno...vale— cedió de mala gana.
La expresión de Draco cambió. La miró a los ojos con intensidad.
— Pero tienes que ser sincera.
— De acuerdo.
— Y con sincera, me refiero a sincera, Granger. No puedes echarte atrás después.
Hermione suspiró.
— Tú dirás.
Draco se quedó un rato en silencio, queriendo crear expectación, viendo como ella cada vez se ponía más y más nerviosa.
— El año pasado, en el baile de navidad, ¿besaste a Krum?— soltó al cabo de unos segundos.
Hermione se quedó lívida.
— ¡¿Qué?!— chilló avergonzada.
— Has dicho que responderías y serías sincera, así que ya sabes. Además, yo me he sometido al pacto y me está costando horrores sobrellevarlo. Creo que es lo mínimo que puedes hacer por complacerme.
Hermione bufó, molesta.
— No tengo por qué contarte nada sobre mi vida privada, Malfoy— le espetó.
— Lástima. Había demasiados rumores y...— dijo él como si nada— quería conocer la versión original de la historia. Hay muchas, ¿sabes?
— ¿Qué versiones? ¿Qué has oído?— inquirió preocupada. Se temió lo peor.
— De todo, Granger, de todo— mintió. En realidad los únicos rumores que había oído era que se habían besado en el baile, pero quería sacarle información. Necesitaba saber la verdad.
— Imagínate lo que quieras, pero solo fui con él al baile. No ocurrió nada.
Draco abrió mucho los ojos y sintió como la euforia lo embargaba.
— Entonces, ¿no lo besaste?
Hermione lo fulminó con la mirada.
— Ya te lo he dicho. No.
Malfoy se acercó más a ella.
— Lo que quiere decir que tu primer beso, ¿fue conmigo? — preguntó pletórico. El recuerdo de la noche en la que ella se coló en su habitación volvió a su mente. El largo rato que había estado él despierto, removiéndose entre las sábanas indignado, antes de que ella apareciese con las demás, también. Cabeceó intentando olvidar lo que pensó esa noche, justo antes de que Granger entrase en su territorio.
Hermione se congeló.
— ¡Que no pasase nada con Viktor no quiere decir que no sucediese antes!— dijo exasperada, desviando la mirada para no fijarla en sus ojos grises.
— Piensas que voy a tragarme que te has enrollado... no sé, ¿con Potter, quizás? Está demasiado ocupado haciéndose el héroe como para prestar atención a otras cosas. Y Weasley, muy a tu pesar, es un adefesio, así que dudo mucho que vaya rompiendo corazones por ahí.
Hermione entornó los ojos. Aún así se estremeció al notar el aliento de Malfoy rozándole el oído. El susurro de su maldita voz, colándose en sus pensamientos de una forma provocadora. Cada vez estaba más cerca. Más cerca de su cuello.
Recordó la marca.
— Ah — dijo ella en un susurro—Quiero que me devuelvas mi pañuelo. Sé que lo tienes.
Malfoy se tensó. Se preguntó cómo narices sabía que lo tenía si se lo había llevado cuando ella había estado profundamente dormida. Además, parecía estar muy segura de que lo tenía él.
— Siento desilusionarte, Granger, pero no lo tengo— dijo, intentando sonar convincente.
Hermione bufó, cansada.
— Sí lo tienes. Y es muy personal.
Draco la miró con desdén y puso una mueca.
— ¿Personal? No me digas, ¿te lo regaló el paleto de Krum?
Hermione rechinó los dientes. Estaba empezando a perder la paciencia.
— Es de mi madre. ¿Contento?
Draco cambió la expresión. Parecía serio.
— No pienso devolvértelo de todas formas.
Hermione apretó los puños e hizo el ademán de levantarse.
— Por qué.
— Porque ya no es tuyo— su voz sonó ronca— Ahora me pertenece.
Hermione se frustró.
— Era un regalo. Y era el único pañuelo que tenía. Así que ni se te ocurra decir que te pertenece, idiota.
Draco se quedó sin aliento al escuchar aquello.
— Un momento, ¿el único? ¿No tienes más pañuelos?
Hermione resopló, cansada de tantos desvaríos. Seguían estando solos.
— No. No tengo más. ¿Vas a devolvérmelo de una vez?
Draco se levantó de la silla y se acercó mucho a ella.
— Por supuesto...— sonrió— que no, Granger. Sólo quería asegurarme.
Hermione sintió como su respiración se cortaba al verle tan cerca. Estaba a escasos centímetros de su rostro.
— Asegurarte de qué.
— De que esta vez no puedas esconder mi marca.
Para cuando Hermione quiso reaccionar, Malfoy la había cogido por las caderas, la había levantado y la había sentado en la mesa de la biblioteca, colocándose entre sus piernas. No pudo decir ni hacer nada al notar sus brazos rodeándola, el tacto de sus suaves labios acariciándole el cuello y los finos mechones de su cabello rozándole la cara.
Draco abrió un poco más la boca y comenzó a besar y a succionar su cuello, lentamente, con delicadeza. Esa vez no perdería el control. No iba a forzarla ni tampoco a besarla. Sólo quería hacer que ella se sintiese como él. Que sufriera como él lo hacía cada vez que la recordaba, así que muy despacio, deslizó sus manos por su cuerpo en una suave caricia y llegó hasta sus muslos.
Hermione ahogó un gemido. No pudo apartarlo. No se vio con voluntad suficiente como para hacerlo. No por más tiempo. Llevaba toda la tarde aguantando. Sufriendo por su cercanía. Intentando no pensar en él de esa forma, intentando olvidarle de algún modo.
Pero estaba claro que no podía, así que, frustrada, rodeó con sus piernas la cintura de Malfoy y se inclinó hacia atrás apoyando las manos en la mesa, dándole, inconscientemente, libre acceso a su cuello. Él sonrió para sí mismo y continuó besándola. Marcándola. Deslizó un poco más la mano con un leve roce por su pierna hasta llegar a su ingle y notó como la respiración de ella se volvía entrecortada y jadeante.
Y justo ahí, decidió parar. Había sido suficiente. Por ahora.
Con mucho esfuerzo, apartó la mano intentando no perder el control y retiró los labios de su cuello. Hermione lo miró boquiabierta, aún sentada en la mesa, con las piernas entreabiertas, sin saber qué narices pretendía. Él, en cambio, permaneció impasible, hundiendo una mano en su cabello. Se volvió a aproximar a ella y rozó el lóbulo de su oreja con sus labios humedecidos.
— Ahora sientes lo que yo siento— le musitó al oído. Después, se apartó de ella y cogió sus pergaminos.
Hermione, muy despacio, se bajó de la mesa y se llevó la mano al cuello al notar una leve punzada. No pudo responderle. Sólo vio como se alejaba y se marchaba de la biblioteca sin mirar atrás. A pesar de que quiso retenerle y decirle que no se marchara, fue incapaz. Se sentía demasiado confusa, demasiado excitada, demasiado asustada, porque en ese maldito momento, lo deseaba.
Más que nunca.
¡FELICES FIESTAS A TODAS!
NOTA: Sí. Me he sacado dos pociones de la manga XDD
