Hola a todas/os ¿Cómo estáis? ¿Preparadas para leer el nuevo capítulo de nuestro amado príncipe? ¡Con todo mi cariño os traigo cerca de 12.000 palabras! :D Espero que las disfrutéis. No sabéis las horas que le dedico a este fic. Al tener tantos personajes involucrados no resulta nada fácil.
¡MUCHAS GRACIAS A TODAS POR VUESTROS COMENTARIOS TAN CHULIS! ¡226 REVIEWS! ¡Estoy muy emocionada! :D
Gracias a: LucyTheMarauder, xiomara4, ValeenG, DeinoO-Dragomir, Katie Parsel, Pao-Hale20, Luladark, Shirmione Malfoy, Emma Felton, Awwkward, Caroone, , azu23blood, BlueJoy, Melanie Lestrange, DaughterofHades97, Gardeniel, PrincessMS, alissa-2012, Guest, Ishiro Shizuka, ian, Catiba, Mary Elizabeth Von Teese, natalie malfoy, bride2685 y Alesz.
¡Me hace muy feliz que os guste mi historia y quiero dar la bienvenida a todas las que han comenzado a leer El príncipe durmiente de las serpientes! :) ¡Para los lectores que aún no se han decidido a escribir, os invito a que os animéis a compartir vuestras opiniones! :) En cuanto al capítulo anterior, Hermione tiene que tomar una decisión muy importante. Esperemos que no meta la pata xD
Con respecto a Blaise y Ginny, aunque el moreno sigue siendo un degenerado, parece que sintió algo extraño. Algo que nunca le había pasado y que no pudo controlar.
Y Cormac y Lavender, esperemos que todo se solucione y descubran la verdad, porque hacen una pareja muy divertida! :)
ADVERTENCIA: Ya os avisé a todas pero lo vuelvo a repetir. Es conveniente que estéis en una habitación insonorizada. ¿El por qué? Ya lo veréis.
Aviso de que HABRÁ OTRA PAREJA MÁS EN EL FIC. Sí,sí. Aquí va a recibir todo Hogwarts jajajajaja
Contestaciones a las no registradas:
Emma Felton: Querida Emma, no me puedes decir que no me ría, porque a mí cuando me dicen que no haga algo... pues... ¿qué hace tyna? Todo lo contrario. Sí, soy muy mala jajajaja en fin la verdad es que me hicieron gracia tus comentarios. Tranquila que si hago un Drinny será algún día que escriba borracha o algo así y seguramente será un one-shoot. jajajaja He dejado más pistas del triángulo. Quizás ahora sea más fácil, no lo sé xD aunque una de las veces te has acercado mucho... a ver si con la nueva pareja hay suerte... que esa será un poco especial...jojojo en fin, tú dime tus ideas porque me río mucho y a veces me inspiran más locuras de las que ya tengo en mi cabeza. Espero que te guste este capi porque la verdad que a mí este capítulo me gusta mucho :) Un besito muy grande!
Guest: Hola guapa! Bienvenida al príncipe! Que bien que te guste mi historia! Espero que te guste el nuevo capítulo! Un besito :D
ian: Hola cielo! lamentablemente quién no tiene un Draco Malfoy en su vida... en fin, yo he tenido y sin final feliz D: creo que este capítulo te gustará mucho! :) o eso espero! jejejeje un besazo guapa! Te deseo que pases un buen fin de semana! :D
Catiba: hola guapa! Me alegra que te guste mi historia! A ver que te parece el nuevo capítulo! Un besito muy grande!
natalie malfoy: ¿sabes lo que has hecho? Cada vez que vea a Fred hablando no voy a poder evitar recordar Art Attack! JAJAJAJAJA Eres mala! La verdad es que cuando me lo pusiste me iba a dar algo... por lo menos no tiene la voz de la escultura y dice: hola, soy el cabezón! jajajaja por que sino ya me daba un infarto xDD en fin, me alegra que te gustase el capítulo! A mí también me encantan los gemelos. Si te metes en mi perfil verás el resto de mis historias publicadas. :) Bueno te dejo con el capítulo! Espero que te rías mucho! Un beso muy grande guapa! :D
...y ahora, os dejo con la lectura! ;)
-De oruga a mariposa-Editado
Durante toda la semana, Luna Lovegood había estado durmiendo en la Sala de los Menesteres por las noches. Theodore siempre aparecía más tarde, sonámbulo y se recostaba a su lado pero a ella no le importaba. De hecho, su compañía había empezado a agradarle. Al menos tenía a alguien con quien compartir ese acogedor lugar porque, a veces, no le gustaba estar sola.
Faltaban dos días para las vacaciones de Navidad y Luna iba a volver casa con su padre. Tenía que reconocer que iba a echar de menos aquella sala y en un rinconcito de su corazón, también a él y es que a Luna, a pesar de que Theodore fuera amigo de Malfoy y compañía, había empezado a caerle muy bien. Sabía que era buena persona. No la trataba como los demás ni pensaba que estuviera loca, así que se sentía muy cómoda con él.
Esa noche, cuando abrió la puerta de la Sala de los Menesteres y entró, Theodore ya estaba allí, despierto, sentado en el diván naranja con un pijama de seda azul y una manta oscura aterciopelada.
— Hola— le saludó, se acercó y se sentó junto a él.
— Luna, no te importará que haya venido, ¿verdad? Me refiero a... despierto— dijo con voz vacilante. Sentía su pulso acelerado. No sabía si iba a ser buena idea pero llevaba días queriendo decirle algo y había sido imposible. Cada vez que la veía por los pasillos, ella siempre iba charlando con sus compañeras y en clase no estaban juntos porque se llevaban un año de diferencia, así que no había tenido más remedio que hacerlo en la Sala de los Menesteres.
— Claro que no— sonrió.
Él desvió la mirada, buscando las palabras.
— Es que como en navidades no vamos a vernos pues… pues yo... quería darte un regalo— lo soltó rápidamente, en un susurro apenas perceptible. Sus mejillas adquirieron un tono rojizo.
A Luna se le dilataron las pupilas. No lo esperaba y le hizo mucha ilusión.
— ¿Un regalo? Vaya…muchas gracias, Theo—dijo. Después alzó la mano para tocar el tejido de la manta que tenía él en su regazo y lo miró con una amplia sonrisa— Es muy suave. ¿Sabes? Eres el primer amigo que tengo en Hogwarts que me hace un regalo.
Theodore sintió un cosquilleo en el estómago.
— ¿Amigo?— inquirió— ¿Somos amigos?
Ella se encogió de hombros.
— Pues claro. Al menos yo te veo así. Me caes muy bien.
Theodore se tensó al darse cuenta de que aquello podía significar que estaba cayendo de lleno en la zona amigos. Llevaba días dándole vueltas y había llegado a la conclusión de que le gustaba pasar tiempo con Luna. Podían ser amigos, sí, pero él quería algo más, para qué iba a engañarse. Sus pensamientos desaparecieron en cuanto ella se acercó para besarle en la mejilla. El roce fue sutil. Y rápido, demasiado rápido para Theodore, que sintió como un escalofrío le recorría la espalda. Se dijo a sí mismo que tenía que controlarse, que Luna era muy lista y podía darse cuenta.
— Luna.
— ¿Sí?
Él sacó una preciosa caja plateada con incrustaciones de esmeraldas de su bolsillo y se la tendió en la mano.
— En realidad, éste es tu regalo. La manta la he traído por si pasabas frío.
Luna se quedó en silencio. Le gustó que Theodore fuera tan detallista, que se hubiera preocupado por ella. Sin dejar de sonreir, cogió la caja.
— Vaya, no sé que decir... es preciosa. Muchas gracias.
Un poco nerviosa, destapó la cajita, con muchas ganas de saber qué había dentro. En el interior se hallaba, justo en el centro, una pequeña bolita blanca. Parecía una perla, sólo que más pequeña.
— ¿Qué es?
Theodore esbozó una pequeña sonrisa.
— Ya lo verás en su momento. Tendrás que esperar unos días, eso sí.
Luna, emocionada y expectante, guardó la caja y volvió a besarle, muy cerca de la comisura de los labios.
— Qué interesante... Muchas gracias, de verdad. Es muy bonita.
Theodore se quedó totalmente abstraido, como si estuviera en las nubes. Le daba igual si caía en la zona amigos mientras que Luna le diera esos cálidos besos. No podía creer que fuera tan fácil hacerla feliz. No era como las alumnas caprichosas de su casa que nunca tenían suficiente con nada, como Pansy, Astoria o incluso Daphne.
— Ya que he venido…— se atrevió a preguntar al cabo de un rato. Tuvo miedo de hacerla sentir incómoda—¿puedo quedarme aunque no esté sonámbulo?
Luna lo miró a los ojos.
— No veo por qué no deberías hacerlo. Me gusta que estés aquí, conmigo.
La respiración de Theodore se aceleró y se dijo a sí mismo que tenía que tranquilizarse. Sabía que Luna no lo decía con ninguna intención, que era muy inocente, pero su respuesta le provocó un torbellino de emociones. Se acomodó, recostándose en el diván y Luna se tumbó junto a él, acurrucándose entre sus brazos como si fuese, para ella, lo más natural del mundo. Finalmente se cubrieron con la manta para dormir.
Theodore notó el roce de su cuerpo contra el suyo. Joder. Se sentía el chico más afortunado de todo el castillo.
— Theo, la manta es muy calentita. Me gustan mucho tus regalos. Me la llevaré a mi casa en Navidad, pero… ahora que lo pienso, yo no te he comprado nada— dijo sintiéndose fatal de repente.
Theodore, lentamente y con timidez, movió la mano por debajo de la manta, se la puso sobre el hombro y se acercó más a ella, deseando que no lo apartase. Él no solía ser tan lanzado, pero no pudo soportarlo. Se aproximó más a su rostro en ese momento.
— No te preocupes. No hace falta que me regales nada, Luna. No tienes por qué hacerlo.
— Yo creo que sí. Eres el primer chico que se porta tan bien conmigo. Has pensado en todo lo que me gusta al entrar en la Sala de los Menesteres. Has llegado antes pero está igual que cuando yo la deseo, incluso las ciruelas dirigibles. Ha sido un detalle muy bonito, ¿sabes?
Theodore se sonrojó. Era cierto. Él había llegado antes y al pararse frente a la pared, había visualizado la sala como la quería Luna.
— Sé que te encanta este lugar y…bueno, no iba a cambiarlo.
Luna se removió y le echó delicadamente el brazo por encima, recostándose en su pecho con total confianza. Al hacerlo, Luna sintió la calidez de su cuerpo.
— Gracias, Theo— susurró notando su respiración acompasada— por cierto, ¿vuelves a casa estas vacaciones?
Lo que menos le apetecía a Theodore en ese momento era hablar de su casa. No se vió con fuerzas para responder al notarla encima de él.
— S-sí, pero seguramente estaré solo— tartamudeó— Mi madre murió y mi padre…esto...él no pasa mucho tiempo en casa últimamente.
Evidentemente que no lo hacía. Su padre era un maldito mortífago. A Theodore no le hacía ninguna ilusión que estuviera a favor del señor Tenebroso pero no podía hacer nada y en realidad lo que más le preocupaba era que decidieran convertirlo a él en uno de ellos y que tuviera que llevar la marca tenebrosa en su brazo. Aún así prefirió olvidarse del tema y no hablar de ello con Luna.
—Ah, lo siento mucho...— comentó ella con pesar y lo abrazó, sacándolo de sus inquietantes pensamientos — pero no te preocupes. Pienso que uno nunca llega a estar solo del todo. Siempre hay Nargles alrededor, aunque a veces se porten mal escondiendo nuestras cosas— sonrió— ¿sabes, Theo? Sé que aún no es veinticinco pero me gustaría desearte una Feliz Navidad.
Los latidos de Theodore se aceleraron. Luna estaba recostada encima de él, abrazándole. Y para él, ella era tan cálida, tan suave y tan dulce… y su sonrisa lo iba a volver completamente loco. Había empezado a replantearse decirle a Luna que le gustaba, que no quería ser sólo su amigo pero tenía pánico a que no correspondiese sus sentimientos así que decidió que tendría que esperar un tiempo. Necesitaba conocerla mejor, saber más de ella antes de dar el paso, porque despues de todo, era muy enigmática para él.
— Feliz Navidad a ti también, Luna— le susurró al oído. Ella le sonrió y no dijo nada más. Cerró los ojos para dormir.
Pasó largo rato, pero Theodore no podía conciliar el sueño. ¿Cómo iba a hacerlo? El corazón le latía desbocado y la temperatura de su cuerpo había aumentado en exceso. No sabía si era por la calidez del cuerpo de Luna, de la manta y la chimenea, o porque él había empezado a ponerse contento.
Sabía que ella estaba dormida y no podía dejar de contemplarla, así que muy despacio, alzó la mano sacándola por encima de la manta y acarició su cabello sutilmente. Ella continuó sonriendo mientras dormía abrazada a él y murmuró algo sobre unos gnomos de jardín. Theodore se rió para sí mismo. Después de más de media hora observándola acurrucada junto a él, consiguió apaciguar la euforia que lo mantenía despierto, cerró los ojos y la abrazó. Aunque aún no fuese Nochebuena, sabía que aquel momento mágico durante esa noche había sido sin duda el mejor regalo de sus navidades.
A la mañana siguiente, en uno de los pasillos cercanos al séptimo piso, Pansy, Daphne y Astoria iban charlando tranquilamente, de camino al vestíbulo principal.
— En fin, Daphne, suerte que al menos nos ha tocado juntas en el dichoso trabajo de Snape— bufó Parkinson sin dejar de caminar, apretando los libros contra su pecho.
Daphne también parecía estar bastante molesta por la tarea que les había mandado el profesor de pociones. No le gustaba nada la idea de tener que dedicarle tanto tiempo, y mucho menos durante las vacaciones.
— Lo odio. Odio a Severus. ¿Cómo ha podido hacernos esto?
Astoria sonrió con malicia.
— Bueno, tampoco creo que sea para tanto, ¿no?
Pansy entrecerró los ojos y la miró con odio.
— Sí, claro. Para ti que ni siquiera tienes que hacerlo. Qué suerte tienes de no estar en nuestro curso.
Daphne abrió la boca para soltar una bordería a su hermana al ser consciente de que se reía de Pansy y de ella pero no pudo. Ocurrió algo que las distrajo por completo.
A las tres.
Al otro extremo del pasillo, no muy lejos, una puerta oscura comenzó a surgir de la pared y para su ingrata sorpresa, se abrió y aparecieron Theodore Nott y Luna Lovegood.
Y lo peor de todo, iban en pijama y llevaban una manta, como si hubieran pasado la noche juntos.
Pansy se detuvo inmediatamente, sin poder creer lo que veían sus ojos. Theodore y Luna, en cambio, al estar un poco lejos y algo distraídos, no se dieron cuenta de que ellas habían presenciado la escena. Se marcharon como si nada, charlando entre suaves risas.
— ¿Me podéis explicar qué demonios ha sido eso?— inquirió Pansy bastante confusa y sintiéndose traicionada. No entendía qué hacía Theodore con Lunática, desde luego, pero ahora que se había decidido a llamar su atención, no le hacía gracia el hecho de que esa loca pudiera fastidiarlo todo.
Astoria apretó los puños, furiosa.
— Pero bueno, ¿cómo puede haberse hecho tan amiguito de esa? ¿Los habéis visto? Iban en pijama— ahogó un grito — ¿Habrán dormido juntos?
Daphne tampoco salía de su asombro. Tenía que reconocer que ellas habían sido muy insistentes, que habían estado muy encima de Theodore durante los últimos días a pesar de que él hubiera estado rehuyéndolas. Quizás lo había hecho porque, ¿le gustaba Lovegood?
— ¿Estarán saliendo a escondidas?
Pansy la fulminó con la mirada.
— No creo que Theodore vaya a caer tan bajo, Daphne. Es imposible, es que no me lo creo. Teniéndonos a nosotras no puede irse con Lunática— dijo con indignación. Pansy siempre había sido muy egocéntrica. Se creía mucho más guapa que Lovegood y que el resto, había estado casi segura hasta ahora de que no le resultaría difícil acercarse a él, pero sus planes se habían hecho añicos. Aún seguía pensando en Draco, un poco, pero tenía que olvidarle y se convencía a sí misma de que la única forma iba a ser teniendo algo con Theodore.
Astoria le dio la razón en seguida.
— Después de lo que ha pasado con Draco y Blaise, no puedo creer que Theodore nos haga esto. Tenemos que averiguar qué pasa— espetó con mucho desprecio en la voz. Daphne y Pansy la miraron con complicidad, y es que Astoria no podía soportar que siempre alguien fuese un paso por delante suya. Esa idea era algo que le revolvía las entrañas y sentía que no podía perder al único chico un poco decente que quedaba en Slytherin frente a la loca del colegio después de la humillación que había sentido al ser engañada por Draco Malfoy. Si era verdad que estaban juntos, que Lunática se preparase.
Algunos días se recuerdan durante toda la vida y éste en concreto iba a ser uno de ellos para Blaise Zabini.
Después de la clase de Encantamientos que tuvo esa mañana se dirigió a la biblioteca con dos zumos de calabaza. No había pasado buena noche, estaba de muy mal humor y quería joder a alguien. Sabía que Weasley estaría estudiando en aquel lugar porque había oído a un alumno de Gryffindor hablando sobre ella en los pasillos. Iba pensando y cavilando sin aflojar el paso, dándole vueltas a todo lo que le había sucedido, sin tener ni puñetera idea de por qué había perdido el control la última vez y por qué se había puesto tan jodidamente cachondo, pero había llegado a una conclusión.
Weasley lo excitaba, sí. Porque era demasiado ingenua, lo rechazaba constantemente y él no estaba acostumbrado a eso.
Por suerte, había sido uno de los pocos alumnos de la clase de Snape que había terminado una de las pociones antes de Navidad: Cambiatio personalitas. Su compañero de trabajo era, desgraciadamente, Finnigan pero al menos habían elaborado una poción, así que podía darse por satisfecho. Si la pecosa lo excitaba por ser así de inocente, él iba a encargarse personalmente de que cambiara. Le daría la poción que había vertido en uno de los zumos y su personalidad se esfumaría, al menos durante unas horas. Si Snape descubría que iba a usar la poción con una alumna, querría expulsarle pero necesitaba tomar medidas de emergencia, porque pensaba que si lo hacía no volvería a replantearse querer follársela o hacerse pajas pensando en ella.
Cuando entró en la biblioteca, Ginny estaba sola, cogiendo un libro de una de las estanterías del fondo. Blaise sabía que si le ofrecía uno de los zumos, sospecharía pero no podría negarse porque él pensaba recurrir al chantaje, como había hecho hasta ahora.
— ¿Qué haces aquí, Weasley?— preguntó acercándose a ella con los dos zumos en la mano.
Ginny se estremeció al verle, cogió el libro que necesitaba, se dirigió a una de las mesas, lo soltó de golpe y retiró la silla para sentarse, intentando ignorarle en vano. Él se sentó a su lado.
— ¿Tú qué crees? Echar un vistazo a esto — dijo señalando el libro de Transformaciones—¿Qué haces tú aquí? Ahora no puedo ir a ninguno de tus estúpidos encuentros así que...
Esa era otra razón por la que ella le ponía. No le temía, a pesar de todo lo que le había hecho.
— Tranquila, Weasley. No me apetece— le espetó— ¿Quieres un zumo?
Ginny abrió los ojos como platos al ver que él dejaba dos vasos con jugo de calabaza encima de la mesa y empujaba uno hacia donde tenía ella la mano, apoyada junto al libro, ofreciéndoselo.
— No tengo sed— dijo al cabo de un rato con desdén devolviéndole el vaso y es que tenía la certeza de que ahí había gato encerrado. No iba a dejarse engañar y mucho menos por él porque sabía que era capaz de usar Amortentia o algo peor con tal de aprovecharse.
— Pecosa, tómatelo— masculló con amenaza — Ya sabes lo que pasará si no lo haces.
Ginny hirvió de rabia. No pensaba hacerlo. Quiso levantarse y dejarlo allí plantado pero Malfoy apareció por la puerta de la biblioteca con Hermione, ambos cargados con un montón de libros para continuar con el trabajo de las pociones y tuvo una idea mejor al ver que Zabini desviaba la mirada, centrándola en ellos. Estaba tan resentida por todo lo que la había obligado a hacer que quiso joderle, así que aprovechó el momento y cambió los vasos rápidamente. Blaise, al ver que Draco entraba en la estancia, sintió que el corazón le daba un vuelco porque se percató de que él mismo estaba allí sentado con Weasley sin tener motivos para hacerlo, y si Draco se daba cuenta, lo despreciaría por haber estado confraternizando con una traidora a la sangre, así que cogió su zumo y se levantó rápidamente.
— Has tenido suerte esta vez, Weasley— dijo entre dientes y sin más, se largó sin mirar atrás. Se dirigió a donde estaba Draco con la dichosa sangresucia y se inventó la excusa de que había ido a la biblioteca para buscar a Theodore pero que al ver que no estaba allí, había decidido volver a la sala común.
Draco no le dio importancia y se sentó con Hermione en una de las mesas. Ginny, en cambio, al ser consciente de que allí no iba a poder concentrarse, cogió el libro y el zumo y se marchó a su habitación con la intención de no volver a salir en toda la tarde, riéndose para sí misma porque él ni siquiera se había dado cuenta de que le había cambiado el vaso.
Mientras tanto, Blaise volvía a su sala común caminando por uno de los fríos pasillos de las mazmorras, pensando en que su plan se había ido a la mierda porque Weasley seguramente habría tirado el zumo, sintiéndose molesto porque había malgastado un poco de la poción que necesitaba para el trabajo en vano. Se consoló diciéndose a sí mismo que al menos aún tenía su jugo de calabaza. Además, tenía calor y estaba sediento, así que con rabia, se lo llevó a la boca y se lo bebió, saboreándolo, relamiéndose los labios.
Le notó un sabor ácido pero no le dio importancia y continuó tomándoselo, porque estaba bueno. Jodidamente bueno.
Sin embargo, cuando terminó el contenido del vaso sintió un malestar repentino. Él siempre se había caracterizado por su virilidad, porque siempre había sido heterosexual hasta la médula, pero por alguna razón, empezó a sentir que una parte femenina afloraba desde el fondo de su ser. Sacudió un par de veces la cabeza, confuso y miró alrededor al darse cuenta de lo mal decorados que estaban los pasillos de las mazmorras, de que eran oscuros, lúgubres, sin nada colorido. Él mismo hubiera hecho un gran trabajo si le hubieran permitido hacer un arreglo. En ese momento bajó la vista, miró su uniforme bastante sorprendido y ahogó un grito al ver la horrible ropa que llevaba, al ver lo desaliñado que iba, con la corbata aflojada y la camisa por fuera del pantalón. Sin dudarlo ni un segundo, corrió en dirección a su sala común para llegar cuanto antes y cuando entró y vio que no había nadie en el sofá ni en la biblioteca de Slytherin, suspiró aliviado y entró en el dormitorio de Daphne y las demás. Por suerte, ellas no estaban allí.
Junto a una de las camas verdes había un gran espejo de cuerpo entero. Se puso frente a él y se miró horrorizado, sin asimilar que iba sin maquillar. Avergonzado de la imagen que estaba dando a los demás de sí mismo, se arrancó los trapajos que llevaba puestos y rebuscó con manos temblorosas en los baúles de las chicas hasta que dio con un vestidito monísimo de tirantes, de color amarillo y verde con margaritas. Después de lanzarle un hechizo para adaptarlo a su cuerpo, se lo puso con gran entusiasmo y volvió a mirarse en el espejo, sintiendo que ahora por fin estaba guapa. Sólo necesitaba unos zapatos a juego y el maquillaje adecuado. Después de abrir un baúl con las iniciales P.P, sacó unos zapatos de tacón verde oscuros divinos de la muerte. Perfectos. Volvió a repetir la misma operación que con el vestido y se los colocó en los pies. En un principio, le costó andar con ellos porque no era capaz de mantener bien el equilibrio pero se dijo a sí mismo que aprendería, porque estaba dispuesta a ser una buena debutante.
Cuando al fin encontró el maquillaje en uno de los cajones, se pintarrajeó mirándose al espejo. Un tono rojo pasión, ideal para sus labios, un verde primavera para los ojos y como no…el rímel para realzar sus preciosas pestañas, porque tenía que cautivarlos a todos. Debía encontrar al amor de su vida. No sabía quién sería pero esperaba que fuese guapo. Eso sí, sabía que iba a necesitar una señal para saber cuál era el adecuado.
Como pudo y andando torpemente con los increibles y despampanantes tacones, salió de la sala común de Slytherin con unos andares muy femeninos. Iba pavoneándose por uno de los pasillos de las mazmorras con la intención de dar una vuelta por todo el castillo, cuando apareció el grupo de Montague.
— ¡¿Blaise?! ¡¿Blaise?! — gritó el chico atónito, con la mandíbula desencajada—¡¿Qué mierda te han hecho?!
Zabini se acercó dando pasos muy pequeñitos con los tacones para no caerse y le hizo un pucherito.
— ¿Blaise? ¡Ay, pero por favor, Montagui no me llames así!
Un chico de primero que iba con ellos no pudo evitar soltar una fuerte risotada. Zabini frunció el ceño, con indignación.
— ¿De qué te ríes, zorra?— inquirió de malagana. Cómo podían burlarse de ella con lo guapa que se había puesto— ¡A partir de ahora quiero que me llaméis Blaisy!
Montague no pudo soportarlo más y estalló en carcajadas. Dedujo que lo habían hechizado pero le resultó tan sumamente hilarante que las lágrimas empezaron a rodarle por los ojos y tuvo que llevarse la mano al torso al notar que apenas podía respirar. Los demás parecían estar en las mismas.
— ¡¿Blaisy?!
Zabini se enfadó al ver que no la tomaban en serio.
— ¡Sois unos estúpidos! ¡ Pues que sepáis que ninguno de vosotros me gusta! Me voy a buscar a alguien que me valore. Un bombón como yo no se encuentra todos los días, ¿sabéis, guapitos?
Montague no salía de su asombro. Los demás, por otra parte, se limitaron a lanzarle piropos y silbidos al ver como se marchaba andando con un movimiento muy sexy de caderas, pomponeándose por todas las mazmorras.
— ¿Creéis que alguien habrá usado otra vez poción multijugos?— inquirió un alumno de cuarto, desternillándose.
— Ni idea— dijo Montague entre risas— pero me cago en el desgraciado de Creevey. Podría haber estado aquí. Quiero una foto de esto.
— Oye, ¿y si vamos a buscarle?— sugirió el alumno de primero.
Los demás lo miraron durante unos segundos. No dijeron nada y salieron corriendo en dirección a la torre de Gryffindor.
Blaise, en cambio, continuó con su camino como si nada. Los alumnos que rondaban por los pasillos le miraban muertos de risa y se preguntaban si habría perdido el juicio pero él se limitaba a sonreir. Solo observaba a los chicos con detenimiento, deseando hallar a su amor entre la multitud. A su querido príncipe azul, preguntándose dónde diantres estaría. Fue paciente, siguió con su recorrido hasta llegar al séptimo piso y entonces, lo vio. A su amado. A su querido. A la perfección absoluta, al fondo del pasillo, agachado con sus libros, recogiendo algo del suelo, tentándolo de esa manera con ese trasero tan provocador.
Esas nalgas tan prietas.
Blaise se apresuró a llegar a donde estaba su príncipe y le siseó.
— Sh, guapo…mírame— dijo con voz gutural y algo afeminada—Aquí me tienes.
Neville Longbottom recogió el dichoso galeón que se le había caído al suelo y se incorporó al escuchar una voz masculina a sus espaldas diciendo algo que no le había gustado ni un pelo.
— ¿Z-zabini?— tartamudeó. El rostro se le puso blanco como la cera al verle con esas pintas.
— Oh no, cariño. Llámame Blaisy— le dijo acorralándolo contra la pared—¿Quieres tener sexo conmigo?
Neville ahogó un grito. Aún no se había recuperado del trauma sufrido en el Gran Comedor, desde luego. Primero le restregaba el trasero en la cara y ahora lo acosaba, vestido de mujer.
— No, n-no, no ¡por favor! ¡Deja que me vaya!
— No seas tímido, guapito. Voy a hacer que pases una noche salvaje— le susurró rugiendo como un león.
Neville se estremeció y empezó a sollozar con angustia.
'' Merlín…apiádate de mí y que alguien me rescate''
Draco y Hermione volvían de una intensa mañana invertida en la biblioteca con el dichoso trabajo cuando vieron a un chico de tez oscura con un vestido de margaritas acorralando a Neville Longbottom contra la pared, susurrándole cosas al oído.
Draco se quedó lívido. Hermione se detuvo inmediatamente.
— ¡¿Blaise?!
Zabini, por su parte, continuó restregándose contra Neville como si fuera un puñetero gato en celo.
— ¡Ay, Draquito! ¡Pero si estás ahí! Ayúdame con mi bomboncito. No me hace caso. ¡Se está haciendo el duro!
Hermione, a pesar de que lo odiaba con toda su alma, se preocupó por él.
— Malfoy, ¿qué demonios le pasa?
Draco no podía apartar la mirada de su compañero, incrédulo y algo asustado.
— No tengo ni idea. Solo sé que esto... me sobrepasa.
Hermione, viendo que no había más remedio, suspiró, le tendió los libros en la mano a Malfoy, se acercó a Zabini con cierta duda y le dio una suave palmada en el hombro con la intención de que se girara y dejase de molestar a Neville.
—Oye Z-zabini, ¿por qué vas…bueno…vestido de mujer?
Tuvo que reprimir una carcajada al preguntarle, al ser consciente de lo absurda que era la situación.
— Ay, querida, antes era una oruga y ahora me he convertido en una mariposa. ¿No te parezco guapa?— dijo pestañeando muy deprisa.
Draco ahogó una risa. No podía creerlo, era demasiado sospechoso que Blaise se hubiera afeminado, llevase un vestido de margaritas y fuese pintarrajeado como una furcia barata. Era evidente que lo habían hechizado.
— Blaise, ¿quieres decirnos qué ha pasado?— inquirió con impaciencia. Al ver que no dejaba de centrar su atención en Longbottom, lo agarró del brazo y lo apartó de él para que le hiciera caso.
Neville aprovechó el momento y huyó como alma que lleva el diablo. Hermione, en cambio, no estaba tranquila. Sabía que Zabini iba a ponerse furioso en cuanto volviera en sí. Miró de un lado a otro para cerciorarse de que nadie la veía con Malfoy y con él y suspiró de alivio al ser consciente de que estaban solos.
— Draquito, ¿qué has hecho? ¡Por tu culpa mi querido príncipe se ha ido! — se quejó zafándose de su agarre. Después, hizo un movimiento con la cadera y refunfuñó cruzándose de brazos.
Draco estaba tronchándose de la risa. La situación le superaba. No podía aguantar más.
— Blaise, relájate. Ven con Granger y conmigo— dijo volviéndolo a sujetar para que no se escapase y fuera detrás de Longbottom.
Hermione parecía cada vez más angustiada.
— ¿Qué hacemos, Malfoy? ¿Lo llevamos a la enfermería?
— Será mejor que no. No quiero ni imaginar la cara que pondría Pomfrey al verlo con estas pintas. Tenemos que solucionarlo nosotros.
Blaise continuó quejándose, montando una rabieta, como si acabaran de quitarle un juguete.
— ¡Quiero a mi niño! ¡Mi Nevillito!
Hermione puso los ojos en blanco.
— Sí, creo que será lo mejor, pero…¿a dónde lo llevamos?
Draco se detuvo inmediatamente. Aquello era un problema.
— A la sala común de Slytherin no puede entrar ni de coña. Y tampoco pienso dejar que me vean con él, estando así.
— ¿Y si pedimos ayuda a alguien?— sugirió.
Draco negó con la cabeza.
— Es mejor que no lo vea más gente, Granger. No hace falta que te explique lo que va a pasar cuando Blaise salga del estado en el que se encuentra. Dudo que le haga gracia haberse paseado vestido de fulana por todo el maldito castillo, pero...¿dónde narices lo escondemos?
Hermione sonrió al recordar repentinamente la sala de los Menesteres. Era el lugar perfecto.
—Yo conozco un sitio. Seguidme.
— ¿A dónde vamos, leoncita?— preguntó Blaise en su mundo de fantasía.
Draco le dio un manotazo en la nuca.
— Cállate, Blaise.
— ¡Auchh! ¡Estúpido!— chilló molesto, llevándose la mano a la cabeza, adolorido—¡Vas a estropearme el peinado!
Hermione se rio un poco más relajada, dándose cuenta de que ver a Zabini con ese aspecto hacía que se olvidara por un instante de la charla que había tenido con Malfoy en el cuarto de baño, días atrás. Había vuelto a quedar con él desde entonces para seguir haciendo el trabajo de pociones pero no habían vuelto a sacar el tema. Lo de ceder, lo de besarse, lo de que se acostasen para poner fin a todo aquello. Ella aún seguía teniendo muchas dudas al respecto pero decidió no darle vueltas por el momento y continuó vagando por los pasillos del séptimo piso buscando la Sala de los Menesteres.
Sin embargo, cuando ya estaban relativamente cerca, al fondo del pasillo, apareció el grupo de Graham Montague. Y pero aún, no iban solos. Colin Creevey y los gemelos Weasley, que ya habían sido informados de lo que sucedía, también se habían apuntado a la fiesta apesar de lo mal que se llevaban con el grupo de alumnos de Slytherin.
Hermione ahogó un grito al ver que corrían hacia ellos en estampida.
— ¡Señorita, señorita!— se cachondeó George de Blaise, riéndose a carcajadas.
— ¡Pero si es la preciosa Zabini en persona!— añadió Fred con sorna.
— ¡Es Blaisy, estúpidos!— graznó el susodicho, totalmente ofendido.
Colin, fuera de sí, se hizo paso entre la multitud sin dejar de hacer fotos, deseando hacer un reportaje completo de la nueva Blaisy a toda costa.
— ¡Dejadme paso! ¡Quiero un primer plano de esto!
Draco y Hermione, al ver la que se estaba formando, no tuvieron más remedio que ponerse al frente para proteger a Blaise de los flashes de la cámara pero él, emocionado y deseando ser el centro de atención, los apartó y comenzó a hacer posturitas sexys.
— ¡Guapito, sácame así!— exclamó alzando el culo como si estuviera haciendo twerking. Luego se llevó el dedo a la boca, lo deslizó entre sus dientes y lo mordió con sensualidad.
El grupo de Graham Montague y los gemelos Weasley lo vitoreaon y continuaron desternillándose, rogándole que se despelotara para las fotos. La situación no mejoró cuando Pansy, Daphne y Astoria aparecieron al fondo del pasillo.
Pansy sintió como el estómago le daba un vuelco al ver a Zabini. Se fijó en él de arriba abajo sin dar crédito a las pintas que llevaba, hasta que se clavó la vista en sus pies.
— ¡Qué demonios!— chilló poniendo una mueca de asco— ¡Pero qué hace con mis zapatos de tacón!
Astoria Greengrass parecía tan confusa como ella.
— ¿Qué hace Blaise con un vestido? — hizo una pausa— Espera, ¡pero si es mi vestido!
Daphne lo entendió todo en seguida. Era la que parecía estar más calmada. Apuntó una sonrisa triste y se puso frente a ella para impedirles el paso y que no se entrometiesen.
— Pansy, Astoria. Será mejor que nos vayamos. Me da pena, Blaise.
Pansy la miró con incredulidad. No entendía cómo Daphne podía estar así de relajada y menos aún, tratándose de Blaise.
— Yo no me voy ni muerta. Quiero mis tacones de vuelta — le espetó de mal humor. Volvió a clavar la vista en Zabini y se dio cuenta de que Draco estaba allí. La sagresucia de Granger también, aunque se fijó en que llevaban unos libros y recordó que Snape los había puesto juntos para hacer el dichoso trabajo, así que dedujo que estaban juntos por ese motivo.
— Y yo mi vestido— comentó Astoria devolviéndola a la realidad — No puedo creer que me lo haya cogido sin mi permiso.
Daphne puso los ojos en blanco.
— ¿Estáis más preocupadas por vuestras cosas que por verle así? Aunque... de todas formas, se veía venir...— mumuró apagada, soltando un suspiro.
— El qué se veía venir — inquirió Pansy.
—¿En serio no os dais cuenta?
Astoria y Pansy la miraron sin saber a qué se refería.
— A ver...Blaise tiene que haberse llevado muchas decepciones en la cama— explicó— ya me entendéis, con ese mini gusanito que tiene entre las piernas ha cogido tal depresión que al final se ha visto obligado a cambiarse de bando. O quizás siempre lo haya ocultado, no sé. Sea lo que sea, realmente me da mucha pena.
Pansy estalló en carcajadas. Nunca se hubiese imaginado que Blaise pudiera llegar a cambiarse de bando con la fama que tenía.
— Pues mejor para ti— dijo intentando alentarla— Así te lo quitas de encima. A lo mejor no era bueno que estuvieras con él.
Daphne suspiró con tristeza. Astoria, en cambio, no parecía estar pendiente a la conversación. Furiosa, se había hecho paso entre la gente para acercarse a Zabini.
— ¡Eh, Blaise! ¡Devuélveme mi vestido!
Ellas no tuvieron más remedio que seguirla para que no se abalanzase sobre él. Hermione se quedó sin respiración al ver que iban hacia ellos, así que, como pudo ayudó a Zabini a quitarse los zapatos de tacón y entre Malfoy y ella lo arrastraron para salir corriendo de allí.
— ¡Tenemos que buscar la Sala de los Menesteres, Malfoy!— gritó desesperada, mirando en todas direcciones— ¡Está por aquí!
Draco enarcó una ceja pero no se detuvo. Dieron un giro rápido y despistaron por un momento a los demás.
— ¿La sala de los Menesteres? ¿Existe de verdad?
— ¡Pues claro que existe! ¡Vamos!
Hermione se paró en seco cuando llegaron al final del pasillo y con manos temblorosas, buscó la pared, intentando recordar dónde se encontraba. Sin embargo, escuchó unos gritos a sus espaldas que hicieron que perdiese la poca calma que le quedaba. Se giró sobre sus talones con ansiedad y vio a Lavender y Parvati, que al parecer venían del gran comedor.
Suspiró enseguida, aliviada. Parvati y Lavender no parecían estar tan tranquilas. De hecho, Lavender se había sorprendido de ver a su compañera con ellos pero en cuanto se fijó en Zabini, se olvidó de todo.
— Hermione, ¡¿me puedes explicar qué haces con esos dos y por qué Zabini está travestido?!
— Qué vestido más bonito— se mofó Parvati acercándose a Blaise para tocar el tejido, reprimiendo la risa en vano.
Unas voces y pasos se escucharon al fondo del pasillo.
— ¡Oh, no, vuelven a por nosotros! ¡No hay tiempo para explicaciones ahora! ¡Tenemos que escondernos en la Sala de los Menesteres!— les exigió Hermione con apremio.
Lavender y Parvati no tenían ni idea de lo que estaba pasando pero supieron que se trataba de algo grave en cuanto vieron lo alterada que estaba Hermione, así que no dijeron nada. Por si fuera poco Colin Creevey fue corriendo hacia ellas con la cámara. Lavender ahogó un grito al verle. No quería más reportajes después de lo que había pasado con sus bragas, así que apartó a Hermione y se acercó mucho a una de las paredes.
— Creo que es ésta— comentó cerrando los ojos— Dejadme a mí. Yo me encargo.
Deseó. Deseó. Y la puerta surgió.
Sin más, entraron corriendo en la habitación esquivando la cámara de Colin, los gemelos enloquecidos, el grupo de Graham Montague y el trío de arpías. La puerta desapareció a los pocos segundos y ellos suspiraron al ser conscientes de que por fin estaban a salvo.
Sin embargo, la calma no duró por mucho tiempo.
— ¡Lavender!— gritó Hermione con total horror— ¿En qué demonios estabas pensando?
— Pues…
Draco observó la sala con detenimiento y vio que era de color rosa, con alfombras aterciopeladas blancas por el suelo. Sobre una mesa, al fondo, junto a unos armarios llenos de ropa hasta arriba, había un gran surtido de maquillaje, perfumes, joyas... y en el centro de la estancia, rodeada de focos que colgaban en el techo, se hallaba una pasarela.
Blaise, eufórico, no dudó, corrió apresuradamente a uno de los armarios y comenzó a sacar modelitos.
— Qué— espetó Lavender con desgana al darse cuenta de que Malfoy y Hermione la fulminaban con la mirada— Me ha hecho gracia verle así y he pensado que…
Draco se apretó el puente de la nariz, casi sin paciencia.
— Has pensado que lo mejor era hacer que apareciese una jodida pasarela para que se pusiese peor de lo que ya estaba.
— Bueno…qué más da. ¡Agradece que os hayamos ayudado después de todo lo que nos habéis hecho! — bufó, enfadada.
Hermione se interpuso.
— Dejadlo. Vamos a pensar por un momento en Zabini y en lo que está pasando. Tenemos que intentar averiguar qué le ocurre. Por cierto, Lavender, ¿dónde están Ginny y Luna?
Lavender se encogió de hombros.
— Luna no lo sé, pero Ginny está en la habitación. Ya verás cuando se entere de esto— añadió con malicia.
Parvati, entusiasmada y aprovechando que Zabini estaba hechizado, se fue con él y comenzó a enseñarle algunos vestidos y zapatos de tacón de aguja. Nunca iba a tener una oportunidad como esa. Luego se reirían de él, desde luego.
Blaise, en cambio, se limitó a dar brincos como una niña pequeña, de la emoción que sentía. Hermione rodó los ojos, se acercó a él y lo agarró de la muñeca.
— Mira Zabini, no me caes bien pero me da vergüenza verte así. Necesitamos que recuerdes lo que ha pasado para poder ayudarte.
Blaise la inspeccionó de arriba abajo, algo molesto.
— Ay, chica, ¿qué te pasa? ¿Por qué te caigo mal? Eres una estúpida desgreñada— espetó y le apartó el pelo a un lado de un manotazo— Pareces un estropajo andante. ¿Quieres que te haga un arreglo?
Draco hizo un gran esfuerzo por contener la risa pero fue incapaz y soltó una carcajada. Hermione entrecerró los ojos.
— A mí no me hace gracia, Malfoy. Esto es serio. Es tu amigo.
— Al menos lo que te ha dicho es cierto.
— Eres un cretino— bufó.
— Muy bien, guapita— los interrumpió Blaise— Si me dejas que te arregle ese estropicio que llevas en la cabeza, te contaré lo que ha pasado.
Hermione puso los ojos en blanco. Genial. Estupendo.
— Venga, Granger, ¿a qué esperas?— se burló Draco, hundiendo las manos en sus bolsillos— La peluquera va a ponerse furiosa si no le haces caso.
Lavender y Parvati también se animaron y empezaron a sacar ropa del armario y a vestirse en unos probadores que había junto a la pasarela. Hermione, de mala gana y viendo que no iba a tener más remedio, se sentó a regañadientes en una silla junto a la mesa de maquillaje y dejó que Blaise o mejor dicho, Blaisy hiciera el trabajo.
— Ay, qué desastre, Circe mía. ¿Cómo has podido dejar de cuidarte de esta forma el cabello? Tienes muy mal las puntas.
Draco jamás se había divertido tanto. Ver a Blaise haciendo de peluquera con un patético vestido de margaritas mientras le arreglaba el pelo a Granger era tan ridículo que apenas pudo reprimir la risa. Cogió una silla, la arrastró hasta donde estaba ella, se sentó a su lado, se cruzó de brazos, adoptó una postura provocativa y le clavó la mirada con total expectación.
Hermione lo miró de soslayo y apretó la mandíbula al ver la cara de satisfacción que tenía.
— Eres un estúpido. ¿Cómo puedes estar disfrutando? Deberías estar preocupado por Zabini.
— Querida, relájate— la cortó Blaise echándole la cabeza hacia atrás. Luego le retiró el pelo de la cara y con mucha delicadeza, comenzó a cepillárselo.
Hermione resopló, harta. Draco, en cambio, se limitó a presenciar la escena. A contemplarla. A ella. Observó su cuello y se sintió un poco decepcionado de ver que la marca ya no estuviera ahí, aunque supo que era lógico, que había pasado más de una semana. No había vuelto a hablar con Granger sobre lo que sentían, pero iba a esperar paciente a que ella diese el paso y cediera de una vez.
— Bueno, ahora te haré una trencita— continuó Blaise llevándose una mano a la boca para soltar una risita, sacándola de sus pensamientos.
Hermione parecía haber perdido toda la paciencia.
— De acuerdo, muy bien, pero… ¿puedes contarnos de una vez lo que ha pasado?
— Deja que se tome su tiempo, Granger. No hay prisa.
Hermione apretó los puños.
— Estás disfrutando con esto. Te odio.
Pero Draco no pudo contestar al escuchar a Blaise carraspeando con teatralidad.
— Bueno, bueno. Lo único que recuerdo...— dijo haciendo que centrasen toda la atención en él— es que preparé una poción pero no sé para quién. Después se la di a esa persona, me marché, me bebí mi zumo de calabaza y nació en mí lo que había estado encerrado bajo llave hasta ahora.
Draco miró a Hermione.
— Es tan imbécil que se habrá tomado la poción por accidente.
Hermione, en cambio, parecía haberse empezado a relajar al notar el suave tacto de Zabini haciéndole una trenza en el cabello.
— ¿Qué poción era?— preguntó con los ojos medio cerrados.
Blaise sonrió, muy feliz.
— ¡Cambiatio personalitas!
Ella dio tal respingo que se apartó y se le deshizo el peinado.
— ¡Estúpida! ¡Mira lo que has hecho!— chilló Blaise como una loca— ¡No te muevas!
Draco también parecía bastante alterado.
— ¡¿Has usado Cambiatio personalitas?!
Hermione deslizó un mechón de pelo detrás de su oreja, con estrés.
— Eso lo explica todo.
Parvati y Lavender, que continuaban desfilando en la pasarela como si nada, se asustaron.
— ¿Qué sucede?
— Nada, seguid a lo vuestro— escupió Draco con desdén, sin apartar la vista de Blaise— ¿Qué hacemos, Granger?
Hermione se mantuvo en silencio durante un rato, pensando en una solución.
— Leí en un libro que el efecto dura tres o cuatro horas aproximadamente. Creo que no hay antídoto así que aunque vayamos a la enfermería no servirá de nada. Será mejor que esperemos aquí hasta que se le pase.
— ¿Y por qué narices se comporta así? ¿A tal extremo llega a modificar la personalidad?
— En teoría saca a relucir la parte menos desarrollada de cada uno, así que tiene sentido que Zabini se esté comportando como una mujer. Él es…ya sabes.
— Sí. No tiene nada de femenino. Es lógico.
Blaise bufó.
— Estoy cansada de vosotros dos, tortolitos. Me voy con las chicas a mover el trasero. ¡Quiero desfilar!— exclamó y con toda la confianza del mundo, le dio una cachetada a Draco en el trasero que hizo que se estremeciese. Luego se acercó al armario para coger un vestido negro y se metió en uno de los probadores, soltando risitas.
Hermione se sonrojó al escuchar que Zabini los llamaba tortolitos pero al mirar a Malfoy de reojo y ver que se mantenía inmutable, observando como su amigo se subía en la pasarela para bailar junto a Lavender y Parvati que no paraban de hacer el tonto, suspiró.
Después de un insufrible espectáculo de más de tres horas sobre la pasarela haciendo una interpretación del Moulin Rouge en la que Zabini alzaba las piernas pasándose una boa por la entrepierna y Lavender y Parvati lo azuzaban, el chico cayó al suelo y se quedó inconsciente.
Hermione y Draco, agotados de soportar el traumático desfile, se acercaron con preocupación.
— Blaise, despierta de una vez— dijo Malfoy zarandeándole.
Blaise Zabini escuchó la voz de alguien familiar llamándole y a dos chicas chillando como locas. Conocía sus voces.
— Malfoy, déjalo. Ha llevado una tarde muy intensa. Ya se despertará.
— No, Granger. Quiero insistir.
''¿Granger?¿Qué cojones?''— abrió los ojos muy despacio y vio cuatro siluetas borrosas. Eran Malfoy, Patil, Brown, Granger… Un momento. Se incorporó algo débil y los miró bastante confuso.
— ¡Qué hacéis vosotras en mi sala común!— gritó furioso, cuando por fin pudo reaccionar.
Hermione palideció.
— No estamos en tu habitación, Zabini. Es la sala de los Menesteres.
Blaise, sin poder creer que la sangresucia estuviera atreviéndose a dirigirle la palabra, se incorporó para mandarla a la mierda, pero al hacerlo, se dio cuenta de que efectivamente, estaba en otro lugar. Y mucho peor, llevaba un jodido vestido de margaritas.
Vestido de margaritas.
Colérico, se levantó dispuesto a lanzarles un maleficio.
— ¡Qué cojones me habéis hecho!
Draco tuvo que intervenir.
— Blaise, tranquilízate. No han sido ellas. Has sido tú mismo, imbécil— le espetó.
Blaise se quedó pensativo por unos momentos.
— ¿Cómo? — preguntó más calmado.
— Te tomaste una poción— añadió Hermione.
— ¡Contigo no estoy hablando, maldita sangre sucia!— escupió con desprecio, sin siquiera mirarla — Draco, ¿me puedes explicar qué mierda hago con un vestido y unos tacones de aguja?
Draco exhaló, siendo consciente de que el resto del día iba a ser duro. Había empezado a sentir dolor de cabeza.
— Es una larga historia, Blaise. Cámbiate. En la sala común te lo explico todo.
Blaise, aún aturdido, no supo a qué se refería su amigo pero le jodió verle allí con la sangre sucia y las demás, sin venir a cuento. Con mucha indignación y sintiendo que estaba haciendo el ridículo fue a cambiarse de ropa. Encontró una camisa de uniforme entre toda la ropa. El problema: era de chica, así que se vio forzado a sacar la varita para agrandarla un poco con un hechizo. Luego hizo lo mismo con unos pantalones vaqueros que había entre unos vestidos y rezó por Merlín, Salazar y Circe juntos para que nadie lo viera en su travesía hacia la sala común de Slytherin.
Y justo cuando estaba terminando de vestirse, lo recordó.
La poción. Y a Weasley.
La pecosa.
Era evidentemente que se había tomado la poción por equivocación, pero no entendía por qué. No sabía cuál había sido el fallo en su plan. Aún así prefirió no pensar en ello porque había cosas que lo preocupaban mucho más.
— Joder—masculló— No me habrá visto nadie vestido así, ¿verdad?
Draco miró a Hermione y tuvo que aguantar la risa. Supo que a Blaise le esperaban días difíciles pero prefirió no decírselo. No aún.
— No, Blaise. Por cierto... creo que deberías limpiarte la cara— sugirió entre risas.
El chico se temió lo peor.
— ¿La cara?— preguntó acercándose a un espejo a toda prisa. Lo que vio le dejó sin aliento.
— ¡Pero q-qué! — sintió ganas de vomitar. No sabía que más habría hecho durante el rato que había estado bajo los efectos de la poción pero no quería ni imaginárselo. La carne se le puso de gallina sólo de pensarlo.
Desesperado, se quitó el maquillaje intentando eliminar todos los restos de rimel que tenía en la cara y se aproximó a la puerta de la sala, instando a Draco a que se marchase con él. Draco, cuando vio que tanto Patil y Brown como Blaise salían de la sala de los Menesteres distraidos, se quedó un poco rezagado. Hermione notó que la retenía para decirle algo.
— Será mejor que me vaya con Blaise. Va a necesitar apoyo cuando entre en la sala común, ya me entiendes.
— Me imagino — dijo en un susurro, asegurando de que no los veían hablando— Entonces... ¿continuamos con el trabajo de pociones mañana?
— Mañana empiezan las vacaciones, Granger. No sé tú pero yo estaré ocupado haciendo el equipaje.
Hermione chasqueó la lengua, al ser consciente de que lo había olvidado por completo, pero… por un momento se quedó sin aliento. ¿Quería decir que ya no iban a verse más hasta después de Navidad?
— Encárgate tú de Animi motus Acrescere y yo haré Cambiatio personalitas— comentó él devolviéndola a la realidad.
Luego, se alejó de ella y se acercó a Blaise con la intención de marcharse. El chico no dejaba de soltar maldiciones por lo bajo y parecía estar bastante afectado.
— ¿En serio he dicho que me llamaras Blaisy?— Hermione, allí plantada, los escuchó conversando cuando se fueron.
Lavender, al ver que ella estaba totalmente abstraida, le dio una palmada en el hombro para que reaccionase.
— Hermione, ¿a qué esperas?
Hermione se tensó.
— Ya voy, Lavender— contestó sin apartar la vista de Malfoy, que se alejaba, desapareciendo al fondo del pasillo—Un momento.
Y es que sólo podía pensar en que iba a estar más de dos semanas sin verle. Quince días. Por alguna razón, le hirvió la sangre. Le molestó que ni siquiera le hubiera deseado unas felices fiestas. Y se sintió decepcionada y ridícula, porque tratándose de él era lógico que no lo hubiera hecho. Estaba enfadada y ni siquiera entendía por qué.
— Nosotras nos vamos, Hermione— dijo Parvati sacándola de sus pensamientos— Nos vemos luego, que queremos ir a ver a Trelawney un rato.
Hermione asintió en silencio. Se sentía tan confusa que decidió ir a la biblioteca para leer un poco y olvidarse de todo.
— Yo también tengo algo que hacer, Parvati— musitó con un hilo de voz— Nos vemos esta noche.
Sin más, se marchó algo alicaida en dirección a la biblioteca y cuando llegó se dio cuenta de que Luna estaba allí, sentada en una de las mesas del fondo, escribiendo tranquilamente en un pergamino.
— Hola, Luna— la saludó y se sentó a ella, casi derrotada— ¿Qué estás haciendo?
Luna, en seguida apartó la vista del permino y la miró con una sonrisa.
— Haciendo unas tareas para Historia de la Magia. ¿Cómo te va a ti con Malfoy?
Malfoy. El corazón de Hermione empezó a latir desbocado.
— ¿Cómo?
— Me refiero a... que cómo os va con el trabajo que os mandó el profesor Snape.
Hermione se sonrojó. No entendía como Luna podía estar tan tranquila cuando era evidente que sabía cosas. Le había visto la marca, la noche en la que fueron a la sala común de Slytherin.
— Bueno— dijo al cabo de un rato— Aún no lo hemos terminado, pero hemos decidido que cada uno hará su parte durante las vacaciones.
— Ah, vaya.
Hermione sintió un nudo en la garganta en ese momento. Estaba claro que necesitaba hablar, desahogarse con alguien, contar lo que sentía… y pensó que si Luna no había dicho nada hasta ahora, la escucharía.
— Luna, yo…— murmuró con mucho esfuerzo, buscando las palabras— Estoy hecha un lío. No sé qué me pasa últimamente y… no sé.
Luna la observó con detenimiento y vio que parecía bastante incómoda.
— ¿Necesitas hablar?— dijo—Puedes confiar en mí. ¿Qué te pasa?— como Hermione no contestaba, hizo hincapié— ¿Es... por Malfoy?
Hermione cogió aire. No sabía por dónde empezar. Le resultaba embarazoso e incómodo tener esa conversación.
— Sí, más o menos— susurró mirando hacia otro lado— Es que últimamente...creo que siento algo por él. Lo sé, es...
— No te preocupes. No voy a decir nada— la cortó— Además, no creo que sea malo que te guste Malfoy, ¿sabes?
Hermione rechinó los dientes al ver lo directa que era Luna, que no se andaba con tapujos. Sentía atracción por Malfoy, pero no estaba segura de si le gustaba de verdad. Es más, no podía permitir que acabara pasando.
— Más que gustar creo que, no sé, lo deseo— al soltarlo se puso más roja que un tomate.
Luna se encogió de hombros.
— ¿Lo habéis hablado?
Hermione por fin se atrevió a mirarla a los ojos.
— Sí. Y es mutuo. Pero no sé...— dijo sin convicción, preguntándose si Malfoy la usaría y la despreciaría después de haberse acostado con ella.
— Pero por probar no pierdes nada, Hermione— comentó devolviéndola a la realidad — Si no lo intentas, nunca sabrás lo que podría haber sucedido, ¿no crees?
Hermione se mantuvo un rato en silencio, sabiendo que, en parte, su amiga tenía razón. Ya no podía alejarse de Malfoy por más que quisiera, y no iba a olvidarle fácilmente. Quizá la propuesta que le había hecho en el baño de prefectos no era tan descabellada, quizá conseguía sacarlo de su cabeza si se acostaban, pero qué iba a hacer. ¿Ir a buscarle y soltárselo sin más? No estaba preparada. Aún no. Ni siquiera se había atrevido a decirle que la besara.
— Supongo que tienes razón— suspiró y decidió que lo mejor era marcharse a su dormitorio para descansar— Nos vemos luego, Luna.
— Vale— dijo volviendo a centrar la vista en el pergamino.
— Esto, gracias...— dijo en un susurro cuando se alejó.
Luna, al escucharla y ser consciente de que le había dado un pequeño empujón para mejorar su relación con Malfoy, sonrió. Luego, continuó con sus tareas, como si nada.
Hermione contemplaba el paisaje a través de la ventanilla del expreso de Hogwarts mientras acariciaba a Crookshanks distraídamente, ajena a la conversación que estaban teniendo las demás. Siempre se había sentado con Ron y Harry pero después de la pelea que habían tenido, no había vuelto a dirigirles la palabra así que al final había decidido irse con Ginny y las demás. Todas volvían a casa por Navidad y estaban muy entusiasmadas. Sin embargo, Hermione se sentía baja de ánimos, porque con todo el lío de tener que hacer equipaje y devolver algunos libros a la biblioteca, no había podido hablar con Malfoy. Lo había visto entrar en el tren con sus amigos pero él ni siquiera la había mirado.
Así que ahí estaba, absorta en sus pensamientos, mirando a un punto fijo del cristal.
— Hermione, alegra esa cara— le dijo Ginny — Empiezan las vacaciones.
Hermione suspiró con desánimo, sabiendo que Harry y Ron ya no iban a ir a visitarla esas navidades y que tampoco vería a Malfoy. Estaría sola y aburrida en casa. Ginny, por otra parte, se alegraba de que fuesen vacaciones, porque significaba que no tendría que ver a Zabini, que podría olvidarse de él por unos días. Se había enterado de lo ocurrido, que había ido pavoneándose por todo el castillo con un vestido y maquillado como un autobús. Como para no hacerlo— pensó. Y es que Colin Creevey había estado después de la cena repartiendo fotos por toda la sala común.
Ginny había llegado a la conclusión de que todo se debía a los zumos de calabaza que había intercambiado. Y menos mal, porque a saber qué le hubiera sucedido a ella.
— Por cierto, Hermione, ¿qué te ha pasado con Harry y mi hermano?— inquirió intentando sacarse a ese imbécil de la cabeza— No quieren decirme nada y...
— Pues, discutimos— dijo Hermione, tensándose al recordar que uno de los motivos de la pelea había sido por la dichosa marca— Es complicado.
— Es que mi hermano últimamente está insoportable— se quejó— No sé qué os habrá ocurrido pero supongo que ya se le pasará. No le hagas caso.
Hermione, algo aliviada, suspiró al darse cuenta de que Ginny no sentía mucho interés en saber lo que había ocurrido. Parecía tener otras cosas en mente.
— ¿Y a ti que te pasó con Cormac McLaggen y qué hacía él con tus braguitas, Lavender? Aún no nos lo has contado— dijo de repente Parvati, de brazos cruzados.
Lavender dio un respingo. Se sentía muy decepcionada con McLaggen. Dolida. Tenía que admitir que una parte de ella se había entusiasmado con él, pensando en que le había pedido las bragas porque le gustaba. Sin embargo, sólo las había querido para burlarse de ella con el resto.
— Prefiero no hablar de Cormy, si no os importa. Estoy muy enfadada con él.
Aún así, Luna no pudo evitar sacarle información. Había cosas que no entendía.
— Vale pero...¿cómo consiguió tu ropa interior?
Lavender no supo qué contestar pero estaba claro que no podía decirles la verdad. A ninguna.
— Supongo que las robaría. El cómo, no lo sé. No insistáis, no quiero hablar más de él.
— Pues vaya— dijo Ginny acomodándose en el asiento— No pensaba que McLaggen estuviera tan salido. No daba esa impresión.
Lavender se sonrojó y no volvió a decir nada. Cormac le había pedido las bragas, sí. Pero ella se las había dado y no es que hubiera puesto mucha resistencia.
— Os voy a echar de menos estas navidades— dijo de repente Luna en un tono apagado— Es una pena que no vayamos a vernos estos días.
Hermione continuaba observando el paisaje por la ventana cuando escuchó las palabras de su compañera. Algo hizo click en su cabeza en ese momento. Necesitaba distraerse, despejarse. Y sabía que estando sola en casa, con sus padres, iba a darle muchas vueltas a todo.
— ¿Y por qué no os venís varios días conmigo?— sugirió dejándolas en silencio— Es decir, iba a invitar a Ron y Harry pero ya sabéis que no me hablan. Y a mis padres no les importará que os quedéis el fin de semana y paséis la Nochebuena en mi casa.
Lavender y Parvati sonrieron y comenzaron a dar saltitos, llenas de euforia.
— ¡Sí, sí! ¡Estupendo!
— No creo que a mi padre le importe— comentó Luna— Le diré que mis nuevas amigas me han invitado. Eso le hará feliz.
Hermione miró a Ginny suplicante. Ella sonrió.
— Está bieen, avisaré a mi madre. Aunque ya sabes que seguro que me deja. No creo que haya problemas. Eso sí, mi hermano…
Hermione bufó. Sabía que a Ron no le iba a hacer gracia que su hermana se fuera con ella, pero qué importaba. No tenía derecho a decirles que era lo que tenían que hacer. A ninguna de las dos.
— Entonces, ¿os parece buena idea?— su voz sonó con cierto deje de esperanza.
Todas la miraron sonriendo con complicidad y no hizo falta respuesta. Hermione se recostó contra el respaldo del asiento, sintiendo que se había quitado un peso de encima, sabiendo que no iba a quedarse sola esas navidades aunque fuese sólo durante un par de días. Sabía que sus padres se volverían locos de contentos al enterarse de la noticia porque era la primera vez que iba a invitar a un grupo de amigas a casa.
El resto del viaje resultó entretenido y se hizo muy ameno. Lavender y Parvati estuvieron planeando todo lo que iban a llevar. Una lista interminable de cosas, entre ellas: revistas de moda, maquillaje, chocolatinas, cartas del tarot, vestidos…En definitiva, iba a ser un fin de semana de chicas en toda regla. Hermione se mostró un poco reacia hacia todo aquello, pero sabía que iba a pasárselo bien mientras estuvieran juntas.
Cuando el expreso de Hogwarts se detuvo al llegar al andén 9 y 3/4, todas recogieron su equipaje y se bajaron del tren. Hermione estaba fuera despidiéndose de las demás y dándoles la dirección de su casa cuando se dio cuenta de que se había dejado en su compartimento uno de los libros más importantes, precisamente el de las indicaciones de la elaboración para las pociones. Si no entraba deprisa, el tren arrancaría, no podría recuperarlo y tendría que decir adiós al trabajo de Snape.
Estresada, le pidió a Ginny que esperara con su baúl y Crookshanks y entró corriendo, esquivando a los últimos alumnos que andaban por los pasillos del tren. Casi sin aliento, abrió la puerta del compartimento y vio que el libro estaba sobre el asiento. Suspiró aliviada. Cuando lo cogió y salió al pasillo para marcharse, vio que Zabini y el resto estaban bajándose del tren.
Sin embargo, Malfoy se había detenido para admirar su reflejo en uno de los cristales del vagón, y estaba pasándose la mano por el cabello.
Hermione puso los ojos en blanco al darse cuenta de lo ególatra que podía llegar ser. Aún así se alegró, porque pensaba que ya no iba a volver a verle hasta que terminasen las vacaciones.
— ¿Puedes dejar de mirarte?— le espetó con frialdad, intentando disimular su nerviosismo— Necesito pasar.
Él se giró sobre sus talones y la vio.
— Granger, ¿qué haces aún aquí?— preguntó con una sonrisa ladeada— Ah, ya veo. Has venido a buscarme. Acaso... ¿te has decidido? Sobre lo que hablamos, ya me entiendes.
Hermione desvió la mirada. Sí, más o menos se había decidido, pero no era capaz de decírselo.
— He venido a buscar el libro de pociones, Malfoy. Se me había olvidado.
Él silbó y se rió con sarcasmo.
— Ah vaya, qué casualidad. ¿Y por qué se te ha olvidado? ¿Estabas distraída pensando en mí?
Hermione resopló, sin comprender cómo había podido llegar a desear verle una vez más antes de llegar a su casa, teniendo en cuenta lo idiota y egocéntrico que era. Draco, al ver que no reaccionaba, se dio media vuelta.
— Si no tienes nada que decir, me largo— le espetó agarrando su equipaje para bajarse del tren, con cierta preocupación. Y es que estaba seguro de que su padre estaría fuera, esperándole con impaciencia.
— Malfoy, espera— la voz de Hermione sonó entrecortada.
Draco se dio la vuelta y vio que estaba sonrojada, como si quisiera decirle algo o darle alguna respuesta. Interesado, volvió a dejar el equipaje y se acercó a ella lentamente.
— Granger, ¿qué pasa? — preguntó atraído, con voz aterciopelada — Te escucho.
— Yo…y-yo…
— ¿Te has decidido ya? ¿Quieres que te bese? ¿Es eso?— preguntó con descaro.
El vello de la piel de Hermione se erizó.
— ¿Qué? ¡No!
— Vaya— suspiró Malfoy de forma teatral — Creía que estaba en lo cierto, pero ya veo que no. En fin, si quieres que te bese, sólo tienes que pedírmelo, Granger. Solo es una palabra. Tampoco es tan difícil.
Draco, al ver que Hermione se mantenía en silencio sin despegar la vista del suelo, inspiró profundamente dándose cuenta de que ella seguía siendo demasiado orgullosa como para admitirlo y se dirigió a la salida del vagón. Justamente fue a salir por la puerta cuando notó como algo le golpeaba en la nuca.
— ¡Estúpido!— chilló Hermione.
Dolorido, se giró sin dejar de frotarse el cuello y vio que en el suelo estaba el libro de pociones. No tenía suficiente con ser una orgullosa. Le había lanzado un puto libro a la cabeza que podía haberlo matado. La miró para maldecirla pero no pudo. Su corazón se desaceleró y su boca se quedó completamente seca al escucharla.
— Bésame.
Hermione deseó que la tierra se la tragase allí mismo. Ni siquiera quiso mirarle a la cara, así que se mantuvo inmóvil clavando la vista en el suelo, observando algunas grageas que había esparcidas por los pasillos del traqueteo durante el viaje. Sin alzar la vista escuchó los pasos de Malfoy dirigiéndose a ella lentamente. Dos pasos, tres, cuatro, cinco. El corazón le latía desenfrenadamente y más cuando vio sus zapatos impolutos parándose frente a ella. Hermione no se vio con fuerzas para alejarse y tampoco quiso hacerlo. La decisión estaba tomada. Ella ya había dado el paso. Y el beso sólo era el principio.
Draco al ver que no levantaba la mirada, la cogió de la barbilla sutilmente.
— ¿Qué has dicho?
— No quiero volver a repetirlo— susurró Hermione mirándolo a los ojos— Sólo...hazlo.
Draco no esperó. Se aproximó a su boca, acercó sus labios a los de ella y los entreabrió. Hermione, al notar su lengua rozando la suya de una forma excitante, le rodeó la cintura, deseando que no se apartase. En respuesta, él la sujetó de la camisa con fuerza y comenzó a besar su labio inferior dándole un pequeño mordisco, suave, delicado, provocando que lo agarrara con más deseo, con más necesidad. Draco sonrió para sí mismo, eufórico. Por fin. Era lo único que sonaba en su cabeza. Por fin cedía, por fin dejaba a un lado su orgullo, por fin. Sin romper el beso, deslizó sus manos recorriendo todo su cuerpo porque... quería tocarla, sentir cada centímetro de su cuerpo. Supo que tenía que controlarse, que tenía que parar en ese momento, pero no pudo soltarla, porque era como una droga. Una maldita droga a la que se había vuelto adicto.
El sonido del tren los interrumpió haciendo que se separasen rápidamente. Hermione jadeaba, tenía los labios húmedecidos y algo rojos, la piel le ardía y se sentía avergonzada, pero a pesar de ello, no podía apartar la vista de los ojos de hielo de Malfoy, que la miraba con vehemencia.
Draco, al ver lo irresistible y tentadora que podía a llegar a ser su boca, alzó la mano y le pasó el pulgar por el labio inferior, pero sabía que aquello se quedaría allí, al menos hasta después de las vacaciones, así que apartó la mano y se dio media vuelta para marcharse porque supo que si seguía mirándola iba a tener que besarla otra vez. Cogió su equipaje y se dirigió a la salida, con parsimonia, como si no quisiera irse aún aunque no tuviera más remedio. Hermione caminó hacia la salida muy despacio notando el hormigueo en su boca, intentando despertar.
Ese beso la había dejado sin aliento. Había sido muy diferente. Distinto a todos los demás... porque era el primer beso en que los dos cedían. En que los dos admitían que el deseo era inevitable. Y quiso más.
Necesitaba más.
Abstraida, se agachó para coger el libro de pociones y escuchó a Malfoy decir algo antes de salir del tren. Algo que le hizo ver que, irremediablemente, iba a echarle de menos aquellas dos semanas.
— Feliz Navidad, Granger.
