¡Hola a todas! ¿Cómo estáis? Por fin he vuelto con el capítulo 13 de nuestro precioso príncipe :P

Este es uno de los capítulos que más me ha gustado escribir. He disfrutado mucho. Espero que a vosotras os guste tanto como a mí :) En un principio el capítulo iba a ser mucho más largo pero he decidido partirlo en dos.

¡Doy la bienvenida a las nuevas lectoras! ¡Me alegra mucho que os hayáis decidido a compartir vuestra opinión! Disfruto y me río mucho leyendo vuestros comentarios :D y para las que no se han decidido todavía a escribir, os animo a que dejéis vuestros comentarios! :)

Y para las no registradas: algunas me habéis dicho que como no estáis registradas no salen vuestros reviews pero si salen. Lo único es que tardan un poquito más :)

¡MUCHAS GRACIAS A: SritaMafoyCullen,fusah925, Ishiro Shizuka, Alesz, kionkichin, tamarabvillar, CoposdeHielo, natalie malfoy, Luladark, BlueJoy, Gardeniel, Karim MG, Mireya Potter, CookieAbii, ladymist89, Awwkward, ian, Catiba, Lorena, Milymu, rosedrama, seddielovenathan, LightMalfoy, Mariielena Malfoy, Shirmione Malfoy, LucyTheMarauder, Connie1, Emma Felton, PrincessMS y Melanie Lestrange! ¡ME HAN GUSTADO MUCHO VUESTROS REVIEWS! :)

¡En el capítulo anterior se vieron cuáles eran las consecuencias de Cambiatio Personalitas. La poción aflora la parte menos destacada del individuo y en el caso de Blaise, fue su parte femenina XDD En cada uno afecta de forma diferente! Con respecto a Theo y Luna... su relación parece que va avanzando, sin embargo, las arpías han descubierto su secreto y eso no me gusta ni un pelo... y por último... nuestro rubio... menuda despedida... llego a ser Hermione y me da un infarto allí mismo jajajajaja veremos a ver que sucede a continuación!

Contestaciones a las no registradas:

Emma Felton: ¡Querida Emma! Sabía que te ibas a reír mucho con este capítulo... sinceramente Blaise me ha dado un poco de pena porque me pasé... jajajajaj pero se lo merecía por haberle echo eso a Ginny... a ver si ahora cambia un poquito de actitud y deja de ser tan malo... jejejej por supuesto Blaise tenía que hacer de peluquero... no podía desaprovechar una oportunidad así... ¿quién no tiene ganas de meterle mano a los pelos de Hermione? jajajajajjaja aunque al final la trencita se fue al traste xDD no quiero ni imaginarme que hubiese sucedido si Ginny hubiera sido la que se tomara la dichosa poción... en fin... el final fue lo que más me gustó a mí también jejeje me encantó escribir esa parte :) ¿una escena hot entre ellos? no creo que haga :C ... que es broma! JAJAJAJAJA don`t worry, todo a su tiempo hahahaha! :P ''Ya te estoy viendo riendote...* Emma Refunfuña*''... jajajajaja si te soy sincera... me reí... jajajajaj! luego sabrás si has acertado en la pregunta de Navidad o no... :) Espero que te guste mucho este capítulo! Un beso muy grande guapa! :D

Lorena: ¡Hola guapa! tienes razón... todos los Slytherin son demasiado sexys... aunque cada uno tiene su toque... jijiji creo que este capítulo te va a gustar mucho! y ya irás viendo poco a poco como evolucionan las parejitas porque no pienso dejar a ninguna de lado :) Aquí todos tienen su aportación a la historia! :D Un besito muy grande Lorena! :D

Catiba: Hola Catiba! :D Me alegra que te guste el fic! Cada vez los capítulos van a ir poniéndose más interesantes... porque ni te imaginas todo lo que tengo en mente... jijiji y la verdad es que van a suceder cosas muy divertidas! Espero que te guste este nuevo capítulo! Un besazo guapa! :D

ian: ¡Hola guapa! primero... me alegra que te gustase el one-shoot de Blaise, Draco y Hermione y el del bosque prohibido. Como por allí ya no voy a volver a actualizar, te lo digo por aquí! jejejej probablemente haga un fic en un futuro que hable sobre el diario de Blaise...quién sabe lo que puede haber escrito en esas páginas y también una continuación del bosque prohibido jijiji :P en fin...hablando del príncipe, Lunita fue muy inocente con lo de la manta... Theo tenía otro regalo muy especial para ella... pronto se sabrá que es lo que esconde esa cajita jijij y con respecto a Draco... aunque sea idiota y arrogante, cuando quiere... es muy muy sexy.. y a mí me encanta... ^^ espero que este capítulo te guste mucho! Un besito nena! :D

Mireya Potter: ¡Hola guapa! ¡Me alegra mucho que te hayas decidido a escribirme! :D Siempre me gusta saber las opiniones de todo el mundo, sean buenas o malas! ya me comentó Katie que a ti no hacía gracia el dramione, así que me gusta que te hayas enganchado! hahahaha si te soy sincera... cuando empecé a leer y ver las películas de Harry Potter yo era Ronmionera (aunque a mí me gustaba el rubio) pero desde que entré en fanfiction y empecé a leer Dramiones cambié de bando, ( y para siempre) hahahahaha vi tu comentario en el one-shoot que subí el otro día! Me alegro de que te gustase! probablemente un día escriba un fic sobre Blaise y su diario... jejejeje a saber que tiene escrito en esas páginas jojojo pobre rubio que mal lo pasó leyéndolo XD espero que te guste mucho este capítulo! ya me dirás :) Un besito muy grande Mireya! :D

natalie malfoy: creo que se cortó tu comentario porque las preguntas al final no me las pusiste jijiji o se te olvidó XDD hablando de los gemelos... a mí también me encantan... y de vez en cuando irán apareciendo y haciendo de las suyas! En cuanto a Blaise... a este paso lo que tu decías... un diccionario entero con todos los motes, jajajaja estoy segura de que la gente que lea este fic siempre pensará en Blaisiconda... nadie podrá ver a Blaise de la misma forma jajajajajajaa y con respecto a Cormy... ya se verá lo que sucede entre él y Lavender... esperemos que solucionen sus problemas y descubran que fue Ron el causante de todo el lío! por cierto escribí un one-shoot de Hermione, Draco y Blaise. Está en mi perfil por si te quieres reír un rato hahahaha espero que te guste este capi! Un beso muy grande guapa :D

y ahora... os dejo con la lectura! ;)


-¡Feliz cumpleaños, Goyle!-Editado

Cuando el timbre de la casa de los Granger sonó, Hermione corrió a abrir la puerta. Era día 23 de diciembre. Sábado. Lo que significaba que sus amigas llegaban para pasar tres días con ella. Si le hubiesen dicho a principio de curso que ahora se llevaría estupendamente con Lavender, Parvati, Luna y Ginny, seguramente no se lo hubiera creído, porque nunca había sentido que congeniase con ellas. Al menos, no hasta ahora, pero la situación se había vuelto muy diferente, y tenía que reconocer que las había echado mucho de menos durante los últimos días. Sus padres, por otra parte, estaban tan entusiasmados como ella, y es que esa era la primera vez que invitaba a chicas a casa. Su hija siempre les había hablado de Harry y Ron pero nunca de ninguna amiga.

El timbre volvió a sonar y Hermione abrió la puerta. Allí estaban plantadas las cuatro, cargadas de bolsas y mochilas. Lavender, sin duda, era la que más equipaje llevaba.

— ¡Hermione!— gritaron todas abalanzándose sobre ella para darle un fuerte abrazo.

La madre de Hermione, que justamente salía del salón, presenció la escena y no pudo evitar esbozar una sonrisa. A pesar de que sabía que no tenía nada de malo, llevaba tiempo preocupada por el hecho de que su hija sólo se relacionara con chicos y no tuviera ninguna amiga. Sin embargo, desde que había vuelto de Hogwarts ese año, parecía haber dado un cambio bastante importante.

Luna, al darse cuenta de que la madre de Hermione las observaba, se apartó del abrazo y se acercó a ella. Llevaba un pequeño gorro rojo y verde que hacía juego con sus pendientes de rábanos.

— Hola, señora Granger— dijo con una amplia sonrisa.

— Tú debes de ser Luna, ¿verdad?— le preguntó y es que su hija le había hablado de sus nuevas amigas y se las había descrito un poco para que se hiciese una idea. Le había dicho que Luna era una chica especial y dulce a la que le gustaban las criaturas mágicas, que Ginny era la hermana de Ron, por lo que no le resultaría difícil reconocerla y que Lavender y Parvati estaban algo locas y eran muy presumidas pero que, a pesar de todo, también eran buenas chicas.

— Sí, encantada. Espero que no le importe que pasemos aquí la Nochebuena.

La señora Granger negó con la cabeza.

— Oh, por supuesto que no. Estoy muy contenta de que mi hija haya decidido invitar a sus amigas.

Hermione y las demás se acercaron a ellas cuando se les pasó un poco la efusividad del momento.

— Mamá— la llamó, sin dejar de mirar a sus amigas— Éstas son Ginny, Lavender y Parvati.

Y sin más, todas le dieron un fuerte abrazo a la madre de Hermione haciendo que se sintiese un poco cohibida, sobretodo al notar como Lavender se reía a carcajadas, dándose cuenta de que lo que le había dicho su hija sobre ella era cierto pero qué importaba. Ahora tenía amigas. Hermione puso los ojos en blanco y no tuvo más remedio de tirar de Lavender y Parvati para que dejasen a su madre en paz.

— Creo que nos vamos a ir a mi cuarto. Bajaremos para cenar— comentó.

La señora Granger asintió en silencio. Las demás recogieron todas las cosas que habían soltado en la entrada y la siguieron para subir las escaleras.

Cuando entraron en la habitación de Hermione la observaron maravilladas. No era muy grande pero sí acogedora y cálida. Las paredes estaban pintadas de color malva claro y junto a la ventana había un escritorio con un montón de libros, justo al lado de la cama. El lugar transmitía tranquilidad. Las chicas dejaron sus pertenencias junto a un sillón y Lavender se abalanzó sobre la cama sin pensárselo.

— Qué bien, esto es genial. ¡Y sólo acaba de empezar!— dijo felizmente. Parvati se sentó junto a ella para hacerle compañía sin dejar de observar toda la habitación. Hermione suspiró al recordar lo cotillas que podían llegar a ser.

Luna, en cambio, al cabo de un rato, se acomodó en el sillón, sacó una pequeña caja de su mochila, la abrió y la observó con detenimiento. Era el regalo de Theodore y seguía estando como el día en el que se lo dio.

Ginny y Hermione se percataron y se acercaron con curiosidad.

— Luna, ¿qué es eso?— preguntó Ginny inclinándose un poco hacia delante al ver una pequeña bolita blanca en el interior de la caja.

Luna se encogió de hombros.

— Pues la verdad es que no lo sé, pero tengo que esperar. Pronto lo descubriré.

Hermione enarcó una ceja.

— ¿Esperar? ¿De dónde lo has sacado?

Luna, al ser consciente de que sus amigas no le quitaban el ojo de encima a la caja, se levantó y la volvió a guardar en la mochila, un poco nerviosa.

— Es un regalo.

El radar de Lavender saltó inmediatamente. Tumbada en la cama, se incorporó y miró a Luna con una expresión pícara. Parvati, por otra parte, aprovechando que Lavender se había sentado, comenzó a hacerle unas trenzas en su pelo rizado.

— ¿Y quién te lo ha regalado, pillina?

Luna se tensó. Prefería no decir que Theo le había dado la caja teniendo en cuenta todo lo que había sucedido entre los alumnos de Slytherin y ellas, y es que aunque estuviera al corriente de que Hermione había cambiado un poco de parecer con respecto a Malfoy, sabía que Lavender, Parvati y Ginny seguían odiándolos a todos.

— Un amigo— dijo en un susurro.

Parvati, sin dejar de peinar a Lavender, alzó las cejas.

— ¿Y quién es ese amigo si puede saberse?

Luna desvió la mirada.

— Un amigo muy especial, ¿sabéis? Se porta muy bien conmigo.

Lavender se giró un poco y miró a Parvati con los ojos entrecerrados, sabiendo que no iban a conseguir sacarle información porque estaba claro que no quería decir nada, así que no insistieron.


Una hora más tarde, Ginny y las demás habían empezado a sentirse como en su propia casa. Habían tirado algunas mantas por el suelo y Lavender había esparcido por encima un surtido de cosméticos de todo tipo: maquillaje, pestañas postizas, esmalte de uñas... Decidió hacerse la manicura con Parvati, y Ginny, sintiendo que estaba en el paraíso, comenzó a cepillarse el cabello junto a Luna. Hermione, en cambio, aprovechó el momento para releer algunos párrafos del libro de pociones, para ver si averiguaba algo más sobre los brebajes que tenía que entregar a la vuelta de las vacaciones.

— Chicas, he pensado en una cosa— dijo de repente Lavender, haciendo que todas centrasen la atención en ella.

Ginny se dio cuenta de que sonreía demasiado, como si estuviera tramando algo.

— A ver, sorpréndenos.

Lavender se quedó en silencio sin saber muy bien como decirlo, teniendo miedo a que Hermione pudiera negarse.

— Pues veréis, ahora que estamos todas juntas y teniendo en cuenta que hoy es sábado… y mañana es Nochebuena… pues...podríamos ir a comprar algunos regalos y también vestidos. ¿Qué os parece?

Luna esbozó una sonrisa y dejó de cepillarse.

— Hm, me parece genial.

— Veo bien lo de los regalos— añadió Hermione— pero los vestidos... ¿vestidos para qué?

Lavender se levantó de la manta y se llevó las manos a las caderas, haciendo un movimiento sensual.

— ¿Pues para qué va a ser, Hermione? Para salir esta noche de juerga.

Parvati, Ginny y Luna se entusiasmaron en seguida con la idea, porque una salida nocturna de chicas no sonaba nada mal. Sin embargo, Hermione, rodó lo ojos y se mantuvo sentada en la manta rosa aterciopleada, de brazos cruzados y para nada convencida.

— Ir a comprar regalos me parece una buena idea, Lavender pero salir esta noche no. Yo había pensado en madrugar mañana para repasar algunas cosas de...

Ginny bufó.

— Venga Hermione, no seas aguafiestas por una vez— le espetó y es que no estaba dispuesta a que su amiga les fastidiara el plan. No sabía cuando tendría otra oportunidad así. Ahora que Lavender les había dado la idea, quería salir esa noche y a ser posible, ligar, porque sabía que así se olvidaría del desgraciado de Zabini. Llevaba días sin sacárselo de la maldita cabeza y estaba empezando a preocuparse de verdad.

Hermione se mordió el labio.

— Pero es que…— siguió en sus trece— No. Rotundo.

Lavender hizo pucheros y se agachó, sentándose junto a ella.

— Por fi, por fi. No seas así— insistió parpadeando muy deprisa.

Hermione puso los ojos en blanco porque sabía lo pesada que podía llegar a ser. Y no era la única. Las demás también habían empezado a agobiarla.

— Te vendrá bien, así se olvidan...los problemas, ¿no crees?— le dijo Luna, con una sonrisa llena de complicidad.

Ninguna supo que quiso decir con aquello pero Hermione sintió un escalofrío al darse cuenta de que se refería a Malfoy. Y entonces se lo replanteó por unos momentos. Si salía, al menos, se distrairía y se lo quitaría durante un rato la cabeza. Debía admitir que pensaba en él durante todo el maldito día, que comenzaba a sentirse enferma y no precisamente por un virus. Necesitaba distraerse aunque solo fuese por un par de horas, desde luego.

— Hermione, ni se te ocurra decir que no— la señora Granger irrumpió en la habitación, sacándola de sus pensamientos. Al parecer, la puerta estaba entreabierta y lo había escuchado todo.

— ¡Mamá! ¿Desde cuándo estás ahí?— dijo Hermione, molesta. Genial. Lo que faltaba— ¿Cuánto has escuchado?

— Lo suficiente como para saber que vais a compraros unos vestidos.

Lavender y el resto seguían mirándola con ojos de cordero degollado, esperando a que cediera de una vez por todas, así que Hermione, harta y hasta las narices de que la atosigaran, acabó rindiéndose.

— Está bieeeen— resopló con desgana— De todas formas, siento sacaros de vuestra burbuja de colores, pero aún así no tengo dinero para comprarme un vestido.

La señora Granger carraspeó y metió la mano en el bolsillo del pantalón, para sacar la cartera.

— Toma. Y no le digas a tu padre que te he dado mi tarjeta. Dice que aún eres muy joven para estas cosas.

Hermione abrió los ojos como platos. También era muy joven para salir de fiesta por la noche, y no iban a ponerle ningún impedimento.

— Ni hablar— le espetó— No pienso gastarme tanto dinero y menos en un vestido.

Su madre la ignoró, miró a Lavender con intensidad, le dio la tarjeta y le cerró la mano para que no la soltase.

— No le consintáis que se compre un trapajo— le dijo a todas— Para una vez que venís y va a salir con vosotras, quiero que vaya guapa.

Lavender miró con una sonrisa maliciosa a Parvati.

— Oh, claro. Déjelo en nuestras manos, no se preocupe— comentó— Le prometo que esta noche no la reconocerá.

— Os odio— Hermione, exasperada, se llevó la mano a la frente, se aproximó a su cama sintiéndose totalmente agotada y se dejó caer en el colchón. Sus amigas llevaban menos de dos horas en su casa y sentía que la cabeza iba a explotarle de un momento a otro. Por si fuera poco, la insistencia de su madre tampoco ayudaba. Sabía que le esperaban tres días llenos de cotilleos, peinaditos y demás. Aún así, sin dejar de cubrirse el rostro con la mano, no pudo evitar soltar una risa por lo bajo.


Después de que la señora Granger la advirtiera una y otra de vez de que si no volvía con un vestido bonito a casa no la dejaría entrar, Hermione y las demás se dispusieron a marcharse en busca del centro comercial más cercano. Decidieron que lo mejor era dar un paseo y así de paso explorar la zona. Al fin y al cabo, el lugar al que las pretendía llevar Hermione no estaba muy lejos y veía un derroche malgastar dinero en coger un autobús. En cuanto a Ginny, Luna, Parvati y Lavender se habían cerciorado de cambiar algunos galeones por libras antes de llegar ese día a casa de Hermione, porque sabían que tarde o temprano necesitarían el dinero. Iban charlando y caminando por una de las calles cercanas al centro comercial cuando Ginny se agachó para coger un papel naranja que había en el suelo. Llevaba largo rato viendo muchos folletos iguales esparcidos por las aceras y sintió curiosidad.

'' Gran fiesta del Coco Loco: ¡Si quieres volverte loco, loco, loco! No te la pierdas. Sábado 23 de diciembre a las 23.30''

— Mirad esto— dijo estirando un poco el panfleto arrugado para que las demás lo pudiesen leer— Tiene buena pinta, ¿verdad?

Hermione lo releyó varias veces.

— No sé, Ginny. Aunque... ahora que lo pienso, conozco esa discoteca. No está muy lejos de mi casa así que no tendríamos que coger un autobús. Nos pilla bastante cerca, de hecho.

En realidad ni siquiera sabía por qué estaba haciendo todo aquello. Cuanto más lo pensaba, más se arrepentía de haberles hecho caso a todas. A ellas y a su madre, pero en parte, estaba cansada de que le dijeran que era una aguafiestas. Tenía que disfrutar y pasárselo bien. Ignorar por un momento a la Hermione responsable, la que le decía que se quedase en su casa para repasar el maldito trabajo de pociones.

Lavender, con total entusiasmo, cogió a Parvati de las manos y comenzó a pegar brincos.

— ¡Genial!

Luna, en cambio, frunció el ceño. Había algo que la preocupaba.

— ¿Y si no nos dejan entrar? — inquirió — Somos menores aún.

Lavender y Parvati se vinieron abajo inmediatamente. Hermione hizo aspavientos con la mano.

— No os preocupéis, dejan pasar a menores— repuso con tranquilidad— Es más, mi padre me contó que también enseñan salsa así que no tendremos problemas para entrar, Luna.

Ginny parecía estar muy animada de repente y es que no esperaba que Hermione acabara resignándose y fueran a salir de fiesta por la noche.

— Estupendo— les dijo. Luego arrugó el folleto y se lo guardó en uno de los bolsillos del pantalón— Ya está decidido, entonces.

Continuaron charlando hasta que llegaron al centro comercial. Cuando entraron, Luna, Ginny, Parvati y Lavender se quedaron impresionadas porque nunca habían estado en un centro comercial en el mundo muggle y menos aún, en uno de los más lujosos de Londres. Es más, recorrieron de arriba abajo todas las tiendas con tanto ímpetu y tanta emoción que Hermione se vio obligada a controlarlas para que no comprasen más cosas de la cuenta. Ginny, después de debatirlo un rato, acabó decidiéndose por un jersey rojo para su hermano Ron y unos guantes de lana para Harry. Lavender, en cambio, se olvidó por completo de los regalos al ver la sección de maquillaje y no dudó en ir a echar un vistazo con Parvati para ver qué potingues nuevos se podían comprar para estrenarlos cuando regresasen a Hogwarts. En cuanto a Luna y Hermione, eran las que se habían quedado algo más rezagadas y se dedicaban a observar detenidamente los escaparates.

Luna, cada vez parecía estar más indecisa. Quería algo especial para Theo pero hasta ahora nada había llamado su atención. Y justo cuando casi había perdido la esperanza, se detuvo en seco frente al escaparate de una tienda de juguetes. Entre un montón de muñecos, había una serpiente de peluche de color verde con los ojos azules. Luna sonrió. Aquellos ojos le recordaron inevitablemente a Theodore, así que aprovechando que las demás estaba distraídas y que sólo Hermione se había quedado con ella, la agarró de la muñeca para entrar en la tienda.

— Mira, Hermione. Ya sé qué es lo que quiero.

Hermione rodó los ojos al ser consciente de lo que se trataba, al darse cuenta de que su amiga se había encaprichado, nada más y nada menos, que de una serpiente de peluche. Fantástico.

— ¿En serio, Luna?

Pero la chica no dijo nada y fue en seguida a por el regalo. Hermione suspiró y por alguna razón, mientras Luna sacaba la cartera para pagar el peluche, volvió a recordar a Malfoy y se dio cuenta de algo. Tenía que admitir, muy a su pesar, que le hubiera gustado regalarle algo. Dárselo después de las vacaciones al volver a Hogwarts pero sabía que él se burlaría de ella, que probablemente ni siquiera lo aceptaría porque a pesar de todo lo que había sucedido en esos últimos meses, él seguía siendo un sangre pura, hijo de Lucius Malfoy y ella seguía siendo una sangresucia para él. Era mejor no replantearse el hecho de comprarle algo, así que decidió olvidarse de ello.

Cuando salieron de la tienda vieron que, justo en el banco de enfrente, estaban sentadas Lavender, Parvati y Ginny, esperándolas con unos gofres de chocolate, así que se acercaron a ellas con emoción. El resto de la tarde transcurrió entre risas y más tiendas.

Hermione compró, después de muchas vueltas y ojeadas por el centro comercial, un perfume para su madre y un reloj para su padre con sus ahorros, porque se había jurado a sí misma que la tarjeta la usaría sólo y únicamente para el vestido, y encima sabía lo difícil que iba a resultarle encontrar uno, porque tenía que agradarle a ella, gustarle a las demás y que no fuera muy caro. No pensaba malgastar el dinero en algo que sólo iba a utilizar una noche. Tenía que ser responsable.

— ¡Oh, mira!— chilló Lavender de repente provocando que Hermione volviese a la realidad al darse cuenta de que Parvati y ella entraban en una de las tiendas más glamurosas del centro comercial. Bufó exasperada al ser consciente de que no podía quitarles la vista de encima en ningún momento y fue a por ellas para sacarlas de allí, pero cuando entró se quedó a anonadada al ver los preciosos y llamativos vestidos que vendían. Eran espectaculares pero también caros. Muy caros. Lavender no hizo ni caso a las súplicas de Hermione para que saliesen de la tienda y se abalanzó sobre uno de los percheros porque había visto un vestido sin tirantes de color rosa con escote de corazón que le había llamado mucho la atención. Ginny tampoco se lo pensó y fue directa a probarse un vestido negro tubo, con tirantes y muy corto que la había dejado sin aliento.

Luna, más tranquila y queriendo asegurarse, estuvo buscando por toda la tienda hasta que encontró uno de color amarillo intenso que iba muy bien con su estilo y que también combinaba a la perfección con los accesorios que solía llevar, como los pendientes de rábanos. Y Parvati se decidió por un verde esmeralda que le llegaba por encima de las rodillas y le quedaba más ceñido al cuerpo. Sin embargo, Hermione no encontraba el suyo. Por más que buscaba, todos le parecían absurdamente caros, los que estaban rebajados no eran de su agrado o le quedaban grandes. Decidió explorar al fondo de la tienda y entonces... lo vio.

En un maniquí. El vestido perfecto.

Al menos, perfecto para ella.

Blanco de gasa, corto, con el escote muy pronunciado en V y el detalle lo ponía el cinturón que realzaba su figura. Hermione fue a preguntar a la dependienta y la mujer le explicó que era la última talla que quedaba de ese vestido, así que no tuvo más remedio que desmontar el maniquí. Cuando Hermione lo tuvo en la mano, se marchó en dirección al probador notando como le latía el pulso rápidamente, deseando que le quedase bien, porque no sabía si iba a encontrar otro igual. Las demás ya se habían decidido y pagado sus vestidos, así que se sentaron en un sofá cercano a los probadores a la espera de que saliera con el conjunto para darle su opinión.

Al cabo de un rato, cuando casi habían perdido la paciencia, las cortinas del probador se abrieron de golpe y Hermione salió, algo avergonzada.

— ¿Qué tal... me queda?

Lavender se puso chillar como una loca en cuanto la vio.

— ¡Es perfecto! ¡Tienes que comprártelo! — luego miró a las demás con intensidad — ¿A qué sí? ¿Parvati?

Pero Parvati se había quedado sin habla, como aquella noche en cuarto curso cuando la vio bajando las escaleras para ir al baile de Navidad, con Viktor Krum. Sabía que Hermione estaba mucho más guapa que aquella vez, aunque fuera difícil de creer y es que el blanco hacía que brillase, que resaltase entre todo lo demás.

Hermione, incómoda y sin poder soportar más el bochorno, volvió al probador para ponerse su ropa. Se llevó las manos a las mejillas al sentir que las tenía calientes y escuchó como sus amigas comenzaban a silbarle, montando un espectáculo en la tienda. Rodó los ojos, pero aún así no pudo evitar sonreír. Cuando al fin se hubo cambiado y se dispuso a pagar el vestido se percató de que era muy caro y no supo qué hacer. Tragó saliva y pensó que su madre y las demás la degollarían si viesen que finalmente no lo compraba y lo dejaba en la tienda.

Así que, tomó aire y se decidió.

Después, cargadas hasta arriba de bolsas, volvieron a su casa. Había empezado a oscurecer.


Draco se paseaba por el salón de la Mansión Malfoy con una copa de Whisky de fuego en la mano, aprovechando que sus padres no estaban. No solía beber pero no iba desperdiciar una oportunidad como esa porque necesitaba relajarse un poco y es que llevaba varios días pensando que iba a perder el maldito juicio ahora que Granger por fin había cedido y sabía que tarde o temprano acabarían follando. Se rio con ironía al ser consciente de que nunca había deseado tanto volver a la bazofia de Hogwarts como en ese momento.

— Draco, ¿qué se supone que vamos a hacer este año?— preguntó Blaise irrumpiendo en sus pensamientos desde la gran mesa mientras le servía un Whisky a Theodore y Goyle, que estaban sentados junto a él. Crabbe, en cambio, había optado por ir a la cocina a pedirle a los elfos domésticos algo de comer.

— ¿A qué te refieres, Blaise?— dijo sintiéndose un poco mareado de repente. Ni siquiera recordaba el motivo por el que habían ido los demás a su casa ese día.

Blaise bufo, hastiado.

— Pues qué va a ser. El cumpleaños de Gregory.

Y entonces lo recordó. Efectivamente era el cumpleaños de Gregory y tanto él como los demás tenían la tradición de celebrarlo cada año juntos en su mansión, que era con diferencia la más grande. Aunque él en ese momento no estaba para muchas celebraciones. Estaba cachondo y sentía su erección apretando insistentemente contra la bragueta de sus pantalones así que se maldijo por haber bebido. Whisky de fuego. Irónico. Había sacado literalmente el fuego que tenía dentro.

— ¿Draco?— inquirió Theodore al ver que no les hacía ni caso.

Cabeceó un par de veces, volviendo en sí.

— Sí, claro. El cumpleaños de Goyle. ¿Qué tenéis pensado esta vez? ¿Otra vuelta por el Londres mágico? ¿Caldero chorreante?

Blaise le dio un sorbo lentamente al Whisky de su copa.

— No exactamente. Antes de llegar he estado hablando con Theodore y hemos pensado que este año...— dijo haciendo una larga pausa— sea diferente.

Draco entornó los ojos.

— ¿Cómo que diferente?— preguntó con impaciencia y retiró una silla para sentarse a su lado pero al ver que se limitaban a mirarse entre ellos tuvo que hacer hincapié— ¿Y bien?

Blaise le dio un codazo a Theodore en las costillas.

— Díselo tú.

Pero Theodore sabía que aquella propuesta no le iba a gustar nada a Draco.

— No. La idea se te ha ocurrido a ti, así que díselo tú.

Blaise lo fulminó con la mirada y frunció el ceño.

— Qué importa — dijo con desdén— Voy a ser claro, Draco. Hemos decidido ir al Londres muggle.

A Draco se le dilataron las pupilas.

— ¿Estás de coña, Blaise?— escupió con desprecio— ¿Me estás diciendo que pretendes que pasemos una noche entre los sangresucia? ¿Y precisamente tú quieres eso? Conmigo no contéis.

Blaise se tensó. Sí, viniendo de él era ilógico con lo que los detestaba, pero tenía sus motivos. Motivos de los que nunca podría hablar con ellos.

— Imbécil, no es tan malo como crees— le espetó— Yo a veces suelo escaparme sin que mi madre se dé cuenta. Es que hay noches en las que necesito…— la voz se le resquebrajó en ese momento. Miró la copa de Whisky de Fuego que tenía en la mano y sintió un escalofrío. Rápidamente se deshizo de sus pensamientos y cambió de expresión—ya me entendéis, follar.

— Ah— dijo Draco algo confuso y es que era consciente de que su compañero aborrecía a los sangre sucia tanto como él, pero teniendo en cuenta que desde que había comenzado el curso Blaise follaba con cualquiera que se le pusiera por delante, no le sorprendió del todo que quisiera acostarse con alguna sucia muggle— Muy típico de ti... pero si pretendes llevarnos al Londres muggle para echar un polvo, que quieres que te diga, prefiero quedarme aquí.

Goyle, que hasta ahora había permanecido en silencio, se levantó de golpe con los puños apretados.

— Draco. Es mi cumpleaños y estoy de acuerdo con Blaise. Además, es decisión mía. Y yo también quiero que este año sea diferente— le espetó plantándole cara por primera vez en su vida, dándose cuenta de que todo el Whisky de fuego que se había bebido a lo largo de la tarde había empezado a afectarle, pero aún así no se arrepintió porque quería celebrar su cumpleaños por todo lo alto y si Blaise decía que era buena idea ir al Londres muggle, así sería.

Theodore también se levantó y miró a Draco muy serio.

— Cierto, es su cumpleaños, él debería ser el que decida.

Draco bufó. Genial. Ahora los tenía a todos en contra.

— Pero, ¿os habéis dado cuenta de lo que estáis diciendo, retrasados? Si mi padre se entera de que hemos ido al Londres muggle no sobreviviremos.

— No sobrevivirás — rectificó Goyle pero al ver que Draco lo taladraba con la mirada, se calló en seguida y volvió a sentarse.

Blaise suspiró con aburrimiento.

— Tu padre lleva todo el día sin aparecer, Draco. No se enterará de que nos hemos fugado. Y te lo repito, yo necesito... acostarme con alguien— dijo notando como las gotas de sudor le resbalaban por la frente. Necesitaba olvidar. Olvidar demasiadas cosas. El haberse pavoneado por todo el castillo vestido de furcia, las ganas de follarse a Weasley que había tenido durante los últimos días y... su casa. Si buscaba alguna prostituta con la que revolcarse un rato se evadiría de todo. Siempre había funcionado.

Draco, por otra parte, sintió como se le encogía el estómago al recordar a su padre. Lucius llevaba todo el día fuera y él sabía muy bien por qué. Porque estaba con el señor Tenebroso, porque sospechaban de la existencia de una profecía, algo que Voldemort quería conseguir a toda costa ahora que había regresado. Normalmente las reuniones entre mortífagos y el señor Tenebroso se hacían en el salón de su mansión pero por algún motivo ese día en concreto Lucius había partido con Narcissa para encontrarse con Voldemort en otro lugar. Draco sabía que, tarde o temprano, iba a tener que acudir a esas reuniones y el miedo a que llegase el momento, lo estaba matando.

— ¿Y a dónde pensáis ir?— preguntó intentando borrar esos pensamientos de su mente.

Theodore se encogió de hombros.

— Blaise es el que sabe. Él nos guiará.

Así que sin más y viendo que todo estaba decidido, Draco suspiró y se levantó. Esa noche no tenía ganas de discutir y pensó que cualquier distracción sería preferible a estar encerrado.

— Puesto que lamentablemente no vais a cambiar de opinión, voy a mi habitación... como por desgracia voy tener que pasearme por el mundo de los sangre sucia, voy a vestirme con ropa digna de un Malfoy— dijo entredientes.

Los demás vieron que dejaba la copa encima de la mesa de malagana y se marchaba del salón sin mirar atrás. Luego, subió las grandes escaleras de mármol y se esfumó. Crabbe, que volvía de la cocina con un gran trozo de pastel de chocolate, se detuvo en el dintel de la puerta abierta.

— ¿Qué pasa?

Blaise, satisfecho, se recostó contra el respaldo de la silla, sintiendo que había ganado la batalla.

— Deja eso y ponte cualquier traje elegante que te hayas traído, Vincent. Va a ser una noche intensa.


Después de haber vuelto a casa de Hermione y de que la señora Granger se hubiera puesto eufórica al ver los maravillosos vestidos que traían en las bolsas, todas subieron por las escaleras para ir a cambiarse a la habitación. La señora Granger les dijo que cuando estuvieran arregladas bajasen al salón. Allí, sentada en uno de los sillones se sintió un poco triste al darse cuenta de que, a pesar de que ella había vuelto antes ese día de la clínica de odontología, su marido no vería lo guapa que iba a estar esa noche Hermione porque seguiría allí trabajando hasta tarde.

Lavender, que había sido precavida, llevaba unas cuantas pociones alisadoras y se había encargado de usarlas en todas, menos en Ginny y Parvati, que ya de por sí tenían el cabello muy liso. Sin embargo, con Hermione tuvo que emplear más cantidad de lo normal porque no había forma de domar su cabello. Eso sí, al final quedó satisfecha con su trabajo.

Una vez zanjado el asunto del peinado, Hermione y las demás se pusieron los vestidos y Parvati se encargó del maquillaje, que era a la que mejor se le daba gracias a todas las revistas que se había leído con Lavender a lo largo de los años, y después de más de dos horas emperifollándose, finalmente bajaron para tomarse un pequeño aperitivo antes de marcharse. Eran cerca de las once y cuarto y sabían, por el panfleto que había cogido Ginny esa tarde, que la fiesta empezaba a las once y media, así que no debían entretenerse más.

— No creo que volvamos muy tarde— le dijo Hermione a su madre cuando ya estaban listas, apunto de salir por la puerta, sin dejar de contemplarse en un espejo que había justo al lado. Sin poder creer que aquel reflejo fuese suyo.

La señora Granger se emocionó al ver a su hija tan guapa y tuvo que contener las lágrimas.

— ¿A dónde vais a ir, Hermione?— preguntó al cabo de unos segundos, cuando se recompuso.

Lavender soltó una risita.

— Pues...a Coco Loco, señora Granger. Hemos visto un panfleto en la calle y...

La mujer esbozó una sonrisa.

— Ah sí. Coco Loco. Es un buen sitio— luego miró a su hija— Yo cenaré ahora con tu padre, Hermione. Está a punto de llegar. Pasáoslo bien pero tened mucho cuidado. ¿Lleváis sprays anti-violadores en el bolso por si acaso?

Hermione rodó los ojos.

— Tranquila, mamá. No va a pasarnos nada, te lo aseguro. Estaré...pendiente de las demás— hizo mucho hincapié en lo último, sin dejar de mirar a Lavender y Parvati con recelo.

Después cogió un pequeño bolso que había justo en la mesita de al lado de la entrada y salió de su casa con las demás. Ginny fue la que cerró la puerta. Iban felices, con los abrigos puestos, contemplando la nieve que había comenzado a caer, hasta que fueron conscientes del frío insoportable que hacía en la calle.

Hermione empezó a tiritar.

Coco Loco est-tá a diez minutos de aquí. Si vamos a paso ligero, llegaremos r-rápido.

Ginny empezó a frotarse los brazos, desesperada.

— ¿Cómo? ¿Diez minutos soportando este frío? ¡Ni loca, Hermione!

— ¿Y si cogemos un autobús muggle aunque no estemos muy lejos?— sugirió Parvati.

Hermione no les hizo caso y continuó caminando porque sentía que si no lo hacía acabaría congelándose.

— Venga, que tampoco es p-para tanto. Si nos damos p-prisa, llegaremos enseguida.

Ninguna volvió a rechistar, siguieron andando y transcurrieron quince minutos hasta que dieron con la dichosa discoteca porque Hermione no recordaba muy bien la calle en la que estaba y perdió algo de tiempo preguntando a la gente que había por los alrededores. Iban tan arregladas y maquilladas que a la hora de entrar el portero ni siquiera les preguntó por la edad y les abrió la puerta como si nada, instándolas a que pasasen rápido porque había mucha gente esperando en la cola. Sin decir nada, se apresuraron entrar y nada más notar el intenso calor golpeándoles en la cara, suspiraron con alivio.

Luego, más relajadas, se quitaron los abrigos, los dejaron en el guardarropa y se dirigieron a la barra.

— Una cerveza de mantequilla— dijo Parvati acercándose mucho al camarero para que la escuchase porque el sonido de la música era ensordecedor.

Hermione la fulminó con la mirada y le pegó un tirón del brazo.

— Parvati, aquí no puedes pedir eso. Será mejor que pidamos una coca-cola o algo que no lleve alcohol.

Lavender enarcó una ceja.

— ¿Coca-cola?

Hermione suspiró, cansada.

— Déjalo— le dijo y luego se inclinó un poco hacia delante en la barra para hablar con el chico que trabajaba allí, atractivo, de tez un poco oscura y acento cubano— Oiga, ¿nos puede atender?

Dime mamasita. ¿Qué e lo que tú quiere?

— Pues verá…— comentó algo indecisa— no estoy muy segura.

El chico, sonriendo, señaló un coco natural que tenía preparado, de aspecto exótico y apetecible, adornado con rodajas de naranja, cerezas y una sombrilla.

¿Queréi un Coco Loco? E lo mejo que tenemo por aquí.

Hermione se lo pensó por un momento.

— ¿Tiene alcohol?

El chico se rio.

Pue claro mamasita. ¿Qué creía tú? Aquí se viene pa bebé.

Hermione se sintió decepcionada de repente. Quizás por el hecho de que la bebida le había llamado la atención porque parecía apetitosa. Decidió olvidarse por un segundo de quien era y de la edad que tenía. ¿Y si se la tomaba?

— Pero, pero, ¿tiene mucho? — preguntó queriéndose asegurar.

No mamasita. En Cuba se cría a lo niño desde chiquito con Coco Loco.

— Pues...

Parvati la zarandeó por detrás para que reaccionase de una vez. Había mucha gente esperando en la barra y ella no se decidía.

— Venga, Hermione. Debes reconocer que tiene muy buena pinta. Y si tiene poco alcohol, no pasará nada...

Hermione puso los ojos en blanco y sacó la cartera para pagar.

— Está bien— le dijo al camarero— Póngame cinco, por favor.

El cubano sonrió, exponiendo sus blanquísimos dientes.

Mu bien... no te arrepentirá.

Y así fue. Al cabo de un rato, cuando Hermione y las demás disfrutaron y saborearon el Coco Loco, fueron al centro de la pista a mover el esqueleto y es que a pesar de que no sabían bailar salsa y de que las canciones que sonaban no las habían escuchado en su vida, se sentían muy felices. Demasiado felices, como si hubiesen perdido la vergüenza por todo. Hermione notó que estaba mareada pero le dio igual. No supo si era por el Coco Loco pero no le importó, porque después de todo, estaba disfrutando con las demás, que era lo que había querido desde un principio. Observó con detenimiento a Luna y vio que bailaba a su aire, con los brazos alzados, delirando, como si estuviese hablando con alguna criatura mágica de las suyas así que tuvo que ahogar una risa al ser consciente de que el alcohol estaba empezando a afectarles.

— Hermione, voy a por otro Coco Loco, ¿quieres uno?— preguntó Ginny, tambaleándose.

Hermione intentó centrar la vista en ella. Su maldito yo responsable le decía— No Hermione, no bebas más. Te estás comportando como una estúpida— pero decidió mandarle a la mierda. Era una ocasión especial y el Coco Loco estaba muy bueno. ¿Por qué no?

— De acuerdo, Ginny. Tráeme otro— le dijo y vio como su amiga se alejaba en dirección a la barra, paseándose por todo el local con su vestido negro y dejando a su paso, a todos los chicos que había alli hipnotizados. Luego se olvidó de ella y continuó bailando con Lavender, Parvati y Luna como si nada.

No creyó que acabasen muy mal si sólo se tomaban un Coco Loco más.


Después de haberse dado una ducha y haberse puesto un traje de color gris oscuro, Draco, de mal humor, se sentó en uno de los sillones del salón para esperar a que sus amigos terminaran de arreglarse. Y es que no entendía como podían entretenerse tanto, y peor aún, por qué él se molestaba en esperarles.
Estuvo al borde de perder la paciencia pero Blaise, Theodore, Crabbe y Goyle bajaron las grandes escaleras de mármol, todos con sus trajes negros, camisas perfectamente planchadas, corbatas de diferente color y flamantes zapatos.

Esbozó una sonrisa ladeada al ser consciente de que él era el único que iba vestido de gris, deduciendo que iba a ser el que más llamara la atención de todos. Con aires de grandeza, se levantó del sillón y se acercó a ellos.

— Tú dirás, Blaise.

— ¿Habéis dejado aquí las varitas?— preguntó Theodore.

Draco suspiró.

— ¿Tú qué crees, imbécil? No sirve de nada que las llevemos. Por desgracia aún no podemos hacer magia.

Blaise los ignoró y sacó una pequeña bolsa de polvos flu que llevaba en el bolsillo del pantalón.

— Dejad las lamentaciones para otro momento. Vamos a salir ya.

El miedo se apoderó de Goyle en ese momento. Sentía el pánico fluyendo por su organismo porque sabía que sus padres iban a ponerse furiosos si descubrían que se habían paseado por el Londres muggle pero ya no podían dar marcha atrás.

— ¿A dónde vas a llevarnos, Blaise?— preguntó intentando relajarse.

— Primero al Caldero Chorreante. Desde ahí saldremos al Londres muggle y después cogeremos un autobús para ir a alguna discoteca o algo.

Crabbe enarcó una ceja.

— ¿Un autobús?

— Déjalo Vincent, ya lo verás más tarde.

Así que sin más, cogieron un poco de polvos flu y se dirigieron a la gran chimenea de piedra que había en el salón, de uno en uno. Cuando llegaron al Caldero Chorreante, se sacudieron el polvo de los trajes, salieron de la estancia cerciorándose de que nadie conocido se fijaba en ellos y Blaise comenzó a buscar la parada de autobús más cercana. A él no le gustaban nada los cachivaches muggles pero sabía que iban a necesitar un método de transporte, porque para empezar, durante las vacaciones no les estaba permitido hacer magia y por otra parte, hasta sexto curso no aprenderían a aparecerse, así que el autobús era una de las pocas opciones.

Después de un rato esperando en la parada intentando resguardarse de la nieve bajo el techo de cristal, el autobús llegó y se metieron dentro, muertos de frío.

Blaise, que había pensado en todo, esa misma tarde antes de ir a casa de Draco, había cambiado en Gringotts algunos galeones por libras así que no tuvo problemas para pagar y los invitó a todos. Draco se paseó por el autobús sin creer lo que estaba haciendo, mirando de arriba abajo con desprecio a todos los sucios muggles que había dentro hasta que llegaron a los asientos del fondo. Se negó por un momento a sentarse en el mismo sitio que habían estado unos sangresucia pero en cuanto el vehículo arrancó y perdió el equilibrio, no tuvo más remedio que tragarse su orgullo.

Crabbe, con tanto traqueteo, se mareó un poco. Iban todos apretujados atrás y Draco no dejaba de resoplar, mascullando por lo bajo, odiando a Blaise por la mierda de idea que había tenido.

— ¿Dónde vamos a bajarnos? — inquirió Vincent, sin prestar la mínima atención a las miradas de asombro de los muggles, que los observaban preguntándose por qué iban vestidos a esas horas como si fueran a una boda.

— Dentro de siete paradas— dijo Blaise recostándose contra el respaldo del asiento— conozco una discoteca bastante decente...y eso que es de muggles pero he de reconocer que es una pasada.

Goyle se inclinó un poco, interesado, y es que quería enrollarse con alguien porque estaba empezando a preocuparse. Cumplía quince años, aún no había besado a nadie y sentía que Blaise y Draco lo habían dejado atrás hacía mucho tiempo.

— ¿Y hay chicas en ese lugar? ¿Cómo se llama?

Blaise se rio. Era el que estaba pegado a la ventanilla del autobús y no dejaba de mirar por el cristal, totalmente abstraido, recordando la primera vez que se había montado allí, hacía unos meses atrás.

— Pues claro que las hay, Gregory. Y la discoteca se llama Camden Palace o algo así. Realmente no lo recuerdo muy bien porque todas las veces que he ido estaba borracho.

Draco no parecía muy convencido del todo.

— Al menos sabrás dónde está, ¿no?

Continuó mirando por la ventanilla.

— Sí Draco, lo recuerdo.

Malfoy no volvió a decir nada. Se fijó en los sangresucia, se dio cuenta de que no dejaban de mirarle y les dedicó una mueca de asco. Y entonces, volvió a recordar a Granger. No había olvidado su estatus de sangre de la noche a la mañana, pero se decía a si mismo que lo que le sucedía con ella era muy diferente, a pesar de detestar a los sucios muggles. No podía quitársela de la cabeza y el jodido beso que se habían dado en el tren le había dejado marcado.

Blaise le dio un codazo haciendo que volviese en sí y se aproximó mucho a su oído.

— Sh, Draco...mira.

Theodore, al ver que empezaban a cuchichear, se inlinó un poco hacia el lado, en su asiento.

— Qué pasa. Yo también quiero enterarme.

Blaise hizo señas con la mano para que Crabbe y Goyle lo escuchasen.

— Acercaos todos.

Blaise señaló con la mirada a la parte delantera del autobús apuntando una sonrisa sibilina. Los demás centraron la vista donde él les había indicado y vieron a dos chicas de tez oscura de espaldas a ellos, altas, con el pelo largo hasta la cintura, unos tacones de aguja y vestidos de colores llamativos muy cortos y ajustados. También se fijaron en sus traseros y vieron que no se apreciaba la marca de sus bragas. Theodore tragó saliva, sin poder creer lo atrevidas que podían llegar a ser las chicas muggles. Blaise, en cambio, totalmente decidido se levantó con la intención de ir a decirles algo, porque supo que había encontrado a sus polvos de esa noche. Se acercó lentamente a ellas y tuvo el atrevimiento de echarles los brazos por encima. Sin embargo, tuvo que ponerse de puntillas para hacerlo y se extrañó repentinamente por el hecho de que fueran tan absurdamente altas.

Las chicas se giraron para mirar quién era la persona que les había puesto las manos encima y Blaise palideció. Se quedó rígido como una estatua.

— Hola, guapito— dijo una de ellas con voz de hombre.

— ¿Quieres mambo?— la voz de la otra chica sonó aún más grave.

Blaise, intentando reaccionar, se fijó en sus piernas y vio que eran demasiado musculosas por no hablar de que en la garganta…tenían nuez.

Unas carcajadas se escucharon al fondo del autobús. Draco no pudo evitarlo y es que su compañero tenía debilidad por vestirse de travesti o ligar con ellos. Blaise, totalmente acojonado, se echó hacia atrás pero fue tarde. Sus dos supuestas víctimas lo miraban relamiéndose, con ganas de comérselo enterito y llevárselo a la cama.

— ¿A dónde vas, guapo? No pretenderás dejarnos plantadas, ¿verdad?— preguntó una de ellas haciendo un ademán muy femenino.

Blaise rápidamente se dirigió a los asientos donde estaban sus compañeros pero al ver que los dos travestis le seguían, pulsó el botón de solicitar parada y arrastró consigo a los demás para salir a la calle. Por suerte, los susodichos no se bajaron y se limitaron a despedirse desde el autobús haciendo aspavientos con las manos.

Draco hundió las manos en los bolsillos y soltó una risa mordaz cuando volvió a reinar el silencio en la calle.

— ¿Qué pasa, Blaise? ¿Problemas con tus féminas? Parecían muy interesadas en ti.

— No tiene gracia. Ni puta gracia, Draco— le espetó ajustándose la corbata negra.

La nieve continuaba cayendo y hacía un frío insoportable. Crabbe y Goyle decidieron abrazarse para darse calor al ver que Blaise y Draco empezaban a discutir otra vez. Theodore, por otra parte, era el único que parecía estar preocupado.

— ¿Sois conscientes de que nos hemos bajado en otra parada y de que ninguno tiene ni idea de dónde estamos?

Blaise se congeló.

— ¿Qué? Oh, mierda.

Draco se apretó el puente de la nariz, hasta las narices.

— Lo sabía, joder. ¿Qué hacemos ahora, Blaise? ¿No se suponía que tú eras el brillante genio que había planeado esto? No teníamos que haberte hecho caso. Ya puedes arreglarlo.

— Serás...— Blaise, colérico, avanzó un par de pasos para plantarle cara pero Goyle se interpuso.

— Oíd, ¿y si olvidamos esa discoteca y vamos ahí?— sugirió haciendo que se olvidasen de todo.

Los demás miraron en la dirección que estaba señalando y vieron, en el otro lado de la calle, una discoteca. Se llamaba Coco Loco. Parecía más bien un garito de mala muerte y se escuchaba, desde dentro, el sonido amortiguado de la música.

— No sé yo, eh— dijo Malfoy, para nada convencido.

Blaise, en cambio, no se lo pensó. El traje se le había empezado a humedecer con la dichosa nieve así que avanzó con resolución y cruzó la acera.

— No tenemos mejores planes y hace un frío que pela. Además, quiero beber— dijo sin mirar atrás.

Los demás lo siguieron sin rechistar, menos Draco, que se quedó rezagado, soltando maldiciones hasta que se resignó y de mala gana fue con ellos. Cuando entraron en la discoteca se sintieron reconfortados por el calor, aliviados de que al menos no fueran a congelarse. Observaron el lugar y vieron un montón de muggles bailando como locos. Draco chasqueó la lengua al ser consciente de que había demasiados, de que iba a tener que aguantar a los sangresucia restregándose contra su ropa durante toda la maldita noche. Blaise, como si nada, avanzó haciéndose paso entre la gente hasta que encontró un hueco entre la multitud para poder bailar. Una canción sonaba de fondo.

''Suavemente, bésame… que quiero sentir tus labios, besándome otra ves…''

Draco rechinó los dientes, sabiendo que aquello iba a ir de mal en peor. Vio como un chico de tez oscura se subía encima de la barra y con un micrófono decía algo sobre mover las caderas, pasos de salsa y coger de la cintura. Crabbe y Goyle, en cambio, siguieron las indicaciones del mulato y comenzaron a bailar torpemente, pisándose los pies.

Blaise, de brazos cruzados, los fulminó con la mirada.

— ¿Pero qué estáis haciendo? Tenéis que buscar a alguna esté buena, no poneros a bailar vosotros juntos, imbéciles.

Draco suspiró asqueado al notar que un gordo borracho se estampaba contra él y le salpicaba un poco de su bebida en los zapatos. Masculló por lo bajo, con rabia.

— Déjalos, Blaise, que hagan lo que quieran. Tampoco es que haya nadie interesante por aquí.

Nadie interesante.

Theodore no parecía pensar lo mismo. Aunque estaba con ellos, permanecía inmóvil, totalmente ajeno a la conversación, se había quedado sin respiración y no podía creer que fuera real lo que estaba viendo.

Ella estaba allí. Todas estaban allí.

Luna.

Con las demás.

Al fondo de la sala, bailando entre un montón de muggles.

Y ninguno de sus amigos se había dado cuenta.

Blaise empezó a hacer chasquidos con los dedos muy cerca de su cara para que volviese en sí.

— Llamando a Theo, ¿qué narices te pasa?

Pero Theodore no se vio con fuerzas para hablar. Sólo alzó la mano con la intención de señalar algo entre la multitud.

— Eh, eh— balbuceó, sin parpadear.

Blaise se fijó en su dedo. Luego se giró lentamente. Buscó con la mirada. Y las vio.

— No me jodas— dijo en un susurro que nadie escuchó.

Y no fue el único que tuvo esa reacción. Draco se paralizó al verla. Al ver a Granger, bailando con el resto de sus compañeras, dándolo todo, con un vestido blanco. Ni siquiera parecía ella. Parpadeó un par de veces para ver si se trataba de un sueño, para ver si el Whisky de Fuego que se había bebido en su mansión le estaba jugando una mala pasada pero seguía estando allí, bailando con las demás, acaparando la atención de todos los tíos del local y por si fuera poco, borracha. Con el corazón latiéndole a mil por hora, avanzó y empezó a pegar empujones para hacerse paso entre los muggles. Theodore y Blaise no se lo pensaron ni un segundo y lo siguieron. Crabbe y Goyle, en cambio, prefirieron ir a la barra para pedir algo de beber.

Un paso.

La veía de espaldas a él, con una bebida en la mano.

Cinco pasos.

Seguía bailando sin dejar de reírse.

Siete pasos.

Cuando Draco estuvo lo suficientemente cerca se detuvo y le tocó el hombro para que se girase, intentando reprimir la sonrisa eufórica que se le había formado en la comisura de los labios.

— Vaya, vaya.

Hermione se estremeció al escuchar aquella voz. Aquella voz tan aterciopelada, tan familiar, tan llena de cinismo que conocía de maravilla. La voz de Draco Malfoy. Muy despacio, se dio media vuelta, creyendo que habían sido imaginaciones suyas, que estaba delirando por culpa del Coco Loco.

Eso pensó hasta que lo vio. Plantado frente a ella, junto a Theodore Nott y Blaise Zabini. Los tres iban vestidos de traje y las miraban con total incredulidad.

Se tambaleó repentinamente.

— ¿Malfo-foy?— dijo, mareada. Había bebido demasiado y desde luego, había perdido el control.

Draco la sujetó por los hombros al darse cuenta de que perdía un poco el equilibrio. Las demás seguían señalándolos con horror, sin poder creer que estuvieran ahí.

— Granger, veo que estás...contenta.

Pero a Hermione la superó todo aquello.

Estúpifo, déjame— presa del pánico y sin saber lo que hacía, le pegó un manotazo para apartarle, se dirigió al centro de la sala y comenzó a bailar con el cubano de la barra que ya había terminado su turno y se divertía entre la gente, porque...no podía creer que Malfoy estuviera allí. Era imposible. De todas las discotecas que había en Londres...¿habían acabado en el mismo lugar? Se arrepentió de haber salido corriendo pero no quería, bajo ningún concepto, que él la viese borracha porque sabía que se reiría y se lo recordaría el resto de su vida.

Draco, en cambio, al ver que ella se iba a bailar con el retrasado de la barra como si nada y lo ignoraba por completo, se sintió muy molesto. Supo que tenía que tomar cartas en el asunto, para joderla, para enfadarla hasta que quisiera enfrentarse a él, así que decidió buscar a una víctima. Theodore, por otra parte, se acercó a Luna y se la llevó aparte para hablar con ella, aprovechando que sus dos amigos estaban distraídos. Sin embargo, ella estaba tan ebria, que no dejó de balbucear cosas sobre los torposoplos y los Thestrals, asegurando que la discoteca estaba llena de caballos pero Theodore se limitó a cogerla de la mano y la llevó a uno de los taburetes que había cerca de la barra, pensando que se pondría mejor si se sentaba.

Blaise no supo que era peor, haberse encontrado con Weasley, o que ella lo hubiera visto, lo hubiera ignorado y hubiera seguido bailando con las estúpidas de Brown y Patil. Avanzó un poco para hablarle pero no pudo. Draco, de malhumor, se adelantó y la cogió del brazo.

A Weasley. Draco... tocando a la pecosa.

— Blaise— le dijo al oído— Quédate tú aquí con estas dos, tengo que hablar con Weasley un momento.

Ginny, a pesar de haber sido la que más había bebido, era la que menos afectada estaba, así que cuando notó que Malfoy la sujetaba del brazo con brusquedad se zafó de su agarre muy enfadada.

— Qué demonios haces— escupió con desprecio.

Pero Draco no desistió. La cogió de la cintura y la aproximó mucho a él. Ginny se quedó lívida, sin tener ni idea de lo que pretendía.

— Weasley— le dijo al oído con desdén— Cállate y baila conmigo.

Ginny comenzó a forcejear con él.

—¡Q-qué estás haciendo, Malfoy! ¡No me toques!

Draco la miró con vehemencia.

— Pobretona, hazme caso. No es que me apetezca bailar contigo, lo hago por otra cosa. Tú sólo ven conmigo y nunca más te volveré a pedir algo así. Confia en mí.

Ginny, por más que lo intentó, no supo qué le pasaba por la cabeza pero al ver que no pretendía hacerle nada, le siguió la corriente y se marchó con él a la pista de baile.


Habían pasado más de diez minutos, Hermione seguía bailando con el mulato y Draco había empezado a desesperarse. El plan de utilizar a la sucia comadreja no había dado resultado y supo que tendría que ir a por ella directamente. Sin embargo, su plan había servido para otra cosa. En concreto, para poner furioso a Blaise que permanecía de brazos cruzados, apoyado en una de las paredes del local presenciando la escena, escuchando como Brown y Patil se mofaban de él llamándole Blaisy sin parar pero... Blaise las ignoró. Sólo tenía ojos para observar como Weasley se contoneaba y bailaba con Draco, sólo podía pensar en cómo había podido ser su amigo tan cabrón. Se sintió tan enfadado que tuvo ganas de desahogarse, pegándole un puñetazo a alguno de los sangresucia que lo estaban molestando con sus insistentes empujones pero se distrajo al darse cuenta de que Draco, repentinamente, se apartaba de ella, se iba en otra dirección y se esfumaba entre el gentío.

Blaise no supo dónde estaban Theodore, Crabbe o Goyle pero le importó una mierda. Cuando vio que Weasley finalmente se dirigía a la barra sola, no dudó en seguirla, odiándose a sí mismo, sintiéndose como un gilipollas por perseguirla, por no ser capaz de dar la vuelta y marcharse.

— Quiero un Coco Loco— le pidió Ginny al camarero apoyándose en la barra. Cuando tuvo su cóctel entre las manos y se llevó la pajita a los labios dispuesta a bebérselo, alguien la cogió del brazo, haciendo que se girase. Ella ya sabía que era él. Lo había visto con Malfoy y Nott, cuando se acercaron a molestarlas y estaba segura de que Zabini iba a ir a por ella tarde o temprano, sobretodo después de haberlo ignorado por completo, así que no se sorprendió.

Blaise se aproximó a su oído y lo rozó con los labios, queriendo que su voz sonase por encima de la música.

Pecosa, ¿me puedes explicar que hacías bailando con Draco?

'' Bésame un poquito, besa, besa, besa, bésame otro ratito''

Ginny soltó una falsa risa. Ni ella misma sabía por qué narices había bailado con él.

— A ti no te importa, Zabini, ¿puedes dejarme? Estamos de vacaciones y no tengo ganas de aguantarte ahora, la verdad— le espetó.

Blaise se quedó en silencio y la observó con detenimiento. De arriba abajo. Nunca la había visto sin uniforme y menos con un vestido negro, ajustado, marcando todas sus curvas y resaltando su melena pelirroja. Tragó saliva y sólo pudo pensar— Joder. En un arrebato, le quitó la bebida de las manos y le dio un sorbo porque necesitaba calmarse pero sobre todo, calmar a su Blaisiconda que parecía haber despertado.

'' Bésame suavesito, sin prisa y con calma ''

Ginny, en ese momento, se dio cuenta de que él no le decía nada, que sólo se limitaba a observarla con descaro.

— ¿Por qué me miras así?

Blaise, sin apartar la mirada de sus ojos, volvió a beber de su Coco Loco.

— Por nada, Weasley. Deja que le de otro sorbo.

Ginny le pegó un tirón y recuperó la bebida.

— ¿Y por qué no te pides uno? Estás dejándome sin nada y es caro.

Blaise se lo replanteó por un momento, se fijó en que una camarera estaba preparando más y se inclinó hacia adelante, apoyándose en la barra.

— Yo quiero uno—dijo elevando la voz para hacerse oír por encima del ruido.

Ginny lo miró de reojo y en silencio mientras se terminaba la bebida, sintiendo que había empezado a marearse un poco, aunque supo que era lógico, que había bebido demasiado. Algo distraída, observó a Lavender y Parvati a lo lejos y las vio bailando con Goyle, que se dedicaba a gritar— ¡Es mi cumpleaños! ¡Es mi cumpleaños!—y Crabbe, que le hacía la ola. Se dio cuenta de que ellos llevaban Coco Loco en las manos y parecían estar tan contentos como ellas. Sin embargo, Ginny se extrañó porque, por mas que miraba en todas direcciones, no encontraba ni a Hermione ni a Luna.


En el otro extremo de la barra, Luna aún seguía sentada en uno de los taburetes, alucinando. Theodore intentó calmarla, en vano.

Ella soltó un suspiro repentinamente.

— Theo, ¿Los ves? Es raro que haya Thestrals aquí. No lo entiendo. ¿Dónde están los carruajes?

Theodore, apesar de la gravedad del asunto, no pudo evitar soltar una risa al ser consciente de lo ebria que estaba Luna. Suavemente, deslizó las manos por sus muslos, y es que, aprovechando que llevaba un rato en la barra se había pedido otro Coco Loco y había perdido un poco la vergüenza.

— Sí, sí. Los veo— le dijo con una sonrisa, dándole la razón— ¿Qué has tomado, Luna?

Luna se encogió de hombros, hipando un poco.

— Pues un Coco Loco, como tú. Está muy bueno, ¿a que sí?

Él se encogió de hombros.

— Sí, la verdad que sí, pero...¿tú te encuentras bien?

Luna lo miró con dulzura, encantada de que se portase tan bien con ella. En ese momento, tuvo un impulso porque era consciente de que estaba ebria y sentía que sería capaz de hablar de cosas que jamás se hubiera atrevido a decir estando sobria.

— Theo, ¿me das un beso?— lo soltó sin más y Theodore se quedó paralizado, sin poder creer lo que acababa de escuchar.

— ¿Qué?— preguntó atónito.

Luna, habiendo perdido la vergüenza por completo, sonrió, alzó la mano y le acarició la mejilla hasta llegar con el pulgar a la comisura de sus labios.

— Eres muy guapo. Me gustaría que me dieses un beso.

Él no podía creerlo. ¿Acaso su sueño iba a hacerse realidad? Tuvo dificultad para respirar y no supo qué hacer.

— Pero… ¿en la boca?— le preguntó, anonadado.

A Luna se le escapó una risa.

— Claro. Es sólo un beso. No es nada malo, ¿no crees?

Y era cierto. No era nada malo.Theodore tragó saliva. Sabía que Luna estaba borracha, que quizás olvidaba lo que había pasado al día siguiente, que él no quería aprovecharse de ella, pero al mismo tiempo sentía que no podía negarse a sus peticiones, que anhelaba hacerla feliz cumpliendo sus deseos.

— Quizás tengas...

Pero no pudo terminar. Luna lo agarró de la corbata y tiró de él, quedando a escasos centímetros de su rostro. Theodore, al notar la respiración de ella rozándole la cara, sintió que su corazón empezaba a palpitar con fuerza y no fue capaz de resistirse más. Lentamente aproximó los labios a los suyos y cerró los ojos para besarla. Y Luna, al notar el sutil roce de su boca contra la suya, sonrió para sí misma y dio el último paso, fundiendo sus labios con los de él con suavidad. Nunca había besado a nadie, pero no tenía miedo. Sabía que podría hacerlo, porque Theo la hacía sentirse segura… y el Coco Loco también.


Blaise continuó bebiendo pero se maldijo al notar que las piernas se le aflojaban, como si estuviera jodidamente borracho. Y justo en ese momento, miró a Ginny y se dio cuenta de que estaba riéndose de él, quizás por verlo ebrio o quizás por el hecho de que ella estaba exactamente igual que él.

— Weasley, ¿quieres dejar-r de reirte?— balbuceó sin poder controlar la lengua, sintiéndose ligeramente avergonzado.

Ginny estaba muy mareada y continuó soltando risotadas, porque apesar de que odiaba a Zabini, verlo borracho le hacía gracia, aunque también influía el hecho de que, en ese momento, todo y absolutamente todo le parecía divertido.

— No p-puedo.

Él centró la vista en ella y la miró con seriedad, queriendo intimidarla pero no funcionó.

— ¿Aún no te has ido? Lárgate ya— le espetó Ginny— No quiero verte ni a ti ni a tu Blaisiconda.

Blaise se mantuvo en silencio. Se fijó en como se movían sus labios pero no pudo escucharla y es que aunque estaba mareado no podía apartar sus ojos de ella, siendo consciente de que Weasley, esa noche con ese vestido, estaba demasiado buena, demasiado apetecible, demasiado follable. Alzó la mano por instinto y comenzó a deslizar los dedos por su escote, queriendo explorar cada centímetro de su cuerpo.

Ginny, al notar su tacto, sintió el calor de él penetrándole la piel y quemándola por dentro, y su respiración se volvió jadeante y profunda.

'' Dame un beso bien profundo, que me llegue al alma''

— Qué haces, Zabini— preguntó al ver que se aproximaba más a ella, al ver que cada vez estaba más cerca de sus labios.

''Dame un beso más, que en mi boca cabe...''

— Sinceramente Weasley, no lo sé— dijo, acortando la poca distancia que los separaba.

Ginny no pudo impedírselo. No entendió por qué pero cuando notó la boca de Zabini fundiéndose con la suya lo supo. Supo que a él le apetecía pero también a ella. Se sintió inútil por no poder negarse después de todo lo que él le había hecho pero cuando sintió su suave lengua jugando con la suya vio que todo encajaba. Él había sido un desgraciado por todo lo que le había obligado a hacer pero ella, muy a su pesar, estaba teniendo sentimientos encontrados aunque no lo hubiese querido reconocer en un principio. Los labios de Zabini eran tan ardientes, tan apetecibles y tan suaves que notó como le temblaban las piernas ante aquella oleada de deseo. Blaise la rodeó con los brazos aproximándola a él y deslizó las manos a lo largo de su cuerpo, queriendo notar sus curvas, sabiendo que había perdido el control de sí mismo, deseando poder olvidar al día siguiente lo que estaba haciendo ahora.

Pero supo que iba a ser imposible.

Ginny lo cogió con fuerza de la camisa y hundió un poco más la lengua en su boca para profundizar más en el beso, deseando con todas sus fuerzas que ninguna de sus amigas la estuviese viendo pero cuando notó que algo duro la presionaba, se olvidó por completo de Hermione y las demás. Sabía que era la erección de Zabini restregándose contra su cuerpo pero estaba tan excitada que no le importó.

Pasó un rato hasta que Blaise apartó los labios de los suyos, jadeando y vio que ella permanecía con los ojos cerrados y los labios entreabiertos.

Algo rojos y humedecidos.

— Weasley…— ni siquiera supo qué decir. Se sentía demasiado confuso.

Y no era el único, Ginny abrió los ojos y volvió a la realidad. Lo miró sin entender lo que acababa de hacer, sin entender cómo había podido regalarle así como así su primer beso. Blaise despegó los labios para hablar pero Ginny no le dejó.

— Será mejor que me vaya, Zabini— murmuró, soltando el Coco Loco en la barra— Olvídate de esto. Olvídalo.

Y sin más, se marchó dejándole allí plantado, maldiciendo al alcohol una mil veces, maldiciéndole a él, al basilisco, pero sobretodo, maldiciéndose a sí misma, deseando que todo volviera a ser como había sido durante todos esos años, cuando sólo sentía cosas por Harry y no por él.

Joder.


Draco consiguió deshacerse del mulato y sacó a la fuerza a Hermione a la calle para hablar. Seguía haciendo frío pero había dejado de nevar. Ella se frotó los brazos, maldiciéndole por haberla forzado a salir del local, porque ni siquiera había podido coger su abrigo del guardarropa, pero aún así, Hermione supo que ella misma había actuado de una forma estúpida por el hecho de haberse acobardado y marchado con el camarero a bailar, cuando se suponía que llevaba días deseando volver a Hogwarts para verlo y hablar con él. Era lógico que Malfoy quisiera tener una charla... a solas.

— Granger, ¿tienes frío?— le preguntó, sacándola de sus pensamientos.

Hermione suspiró.

— ¿Tú qué crees? Me has sacado a la calle sin dar explicaciones, por no hablar de que te presentas sin avisar… Además, ¿cómo demonios sabías que estábamos aquí?

Draco la observó y se dio cuenta de que parecía estar un poco más espabilada, que ya no balbuceaba. Tenía los labios rosados por el frío y el pelo completamente liso. Al verla tiritar, se acercó a ella, se quitó la chaqueta y se la echó por encima de los hombros.

Notó su aroma y justo ahí fue consciente de su proximidad. Después, se apartó un poco.

— Sinceramente, no lo sabía. Habrá sido obra del destino.

Hermione puso los ojos en blanco.

— Sí claro... tú que sabrás lo que es el destino, idiota.

Draco la ignoró y le cogió un mechón de pelo con interés.

— Creo que esa no es forma de tratarme después de haber sido tan amable dejándote mi chaqueta, Granger— dijo aguantando un poco la risa, intentando hacerse el duro.

Hermione lo miró durante unos segundos. Supo que Malfoy la había sacado a la calle porque quería hablar, porque quería estar a solas con ella y ahora empezaba a ser consciente de lo borde que había estado con él, por culpa de sus malditos nervios.

— Lo siento— musitó de repente.

Draco abrió mucho los ojos, sin asimilar lo que acababa de escuchar. No pudo evitar esbozar una sonrisa ladeada.

— ¿Cómo?

Hermione, sin dejar de mirarle, se humedeció los labios, se acercó a él y le rozó el oído con los labios.

— He dicho que lo siento.

Pero Draco no dijo nada durante un rato. Sólo la observó.

— Por cierto, casi se me olvidaba...—inquirió después de un largo silencio desviando el tema de la conversación—¿te lo has pasado bien con tu nuevo novio, Granger? Qué diría Weasel.

Hermione puso los ojos en blanco.

— Era uno de los camareros, estúpido. Me fui a bailar con él porque estaba nerviosa y...— comentó e inmediatamente se cubrió la boca con la mano, al darse cuenta de que aún seguía estando bajo los efectos del alcohol, al percatarse de que a pesar de que no balbuceaba, no podría disimular.

Draco se acercó más a ella y enterró los labios en su cuello, inhalando su aroma mientras seguía hablándole en susurros.

— Por qué. ¿Por haberme visto?

Hermione no pudo mentir por más que quiso. Parecía que estaba bajo los efectos del Veritaserum.

— Sí. No esperaba verte hasta después de vacaciones— dijo, ahogando un gemido al notar como Malfoy esparcía calientes besos a lo largo de su cuello, sintiéndose repentinamente confusa debido a lo afable que él estaba, deduciendo que quizás también había tomado Coco Loco, apesar de que ella no lo hubiera visto beber.

— Granger— le escuchó decir.

— Qué— dijo entre jadeos.

Draco se apartó un poco y la miró a los ojos. Hermione se vio reflejada en ellos.

— Sé que aún estás un poco ebria pero si te pregunto algo, ¿me dirás la verdad?

Silencio.

— Sí— dijo al cabo de un rato, sin dejar de temblar a pesar de tener puesta la chaqueta de él sobre los hombros.

Draco le apartó un poco el cabello con la mano y volvió a acariciarle el cuello con los labios.

— ¿Quieres que te bese ahora? — preguntó en un susurro, entre roce y roce— No hay nadie en la calle, Granger. Blaise y los demás están dentro y tus amigas también. Nadie nos verá. Considéralo un regalo de Navidad.

— Malfoy— musitó Hermione.

Draco suspiró al escucharla porque tuvo la sensación de que iba a empezar a maldecirle de nuevo o a discutir con él, como solía tener por costumbre.

— Malfoy— repitió ella— Si te soy sincera aunque me hubieses preguntado esto estando sobria, te hubiera respondido lo mismo. Aunque me lo hubieras preguntado ayer en vez de hoy te hubiera dado la misma respuesta. Sí. Claro que sí, idiota.

Draco sonrió complacido sobre la suave piel de su cuello, se apartó para mirarla una última vez a los ojos y lentamente se acercó a sus labios y los rozó, sin prisa. La calle estaba desierta, ni siquiera pasaban coches pero alguien podía salir en cualquier momento de la discoteca y verles. Sin embargo, les dio igual.

En ese momento, sólo existían ella y él. Sólo existía ese beso.

Draco alzó su mano para sujetarla de la nuca y aproximarla más a él, y ella abrió muy despacio la boca, notando como su lengua se adentraba buscando la suya, sintiendo como su respiración le rozaba en la cara. Hermione no pudo evitar soltar una suave risa contra sus labios. Estaba demasiado feliz por culpa del maldito Coco Loco, o al menos, ella lo atribuía como el causante de su felicidad.

— ¿Qué ocurre?— le susurró Malfoy con los ojos cerrados, rozando con la nariz su mejilla.

— No es nada, Malfoy— murmuró volviendo a fundirse con sus labios, porque quiso aprovechar el escaso tiempo del que disponían, porque estaba segura de que, después de esa noche, no volvería a verle hasta regresar a Hogwarts.

A pesar de que la temperatura fue descendiendo, Hermione no volvió a tener frío. Allí de pie en la acera, entre los brazos de él, el frío dejó de existir para ella. Sabía que aún no era veinticinco de diciembre pero tuvo claro que por muchos regalos que le hiciesen durante el día de Navidad, ninguno iba a superar ese beso tan cálido. Ese beso con el príncipe de las serpientes.

Ese beso con Draco Malfoy.


¡Besos para todos! ¡Hahahaha! ¡Hasta aquí la primera parte del capítulo que como veis ha sido muy largo y si lo hubiera escrito todo junto hubiese tardado lo menos 3 semanas en actualizar!

El capítulo va dedicado a: PrincessMS, Emma Felton, LucyTheMarauder, seddielovenathan, rosedrama, Milymu, ian, Awwkward, CookieAbii, Karim MG, BlueJoy, Luladark, CoposdeHielo y kionkichin. ¡ENHORABUENA!

NOTA: La discoteca de salsa y merengue ''Coco loco'' es de mi invención pero Camden Palace es real y es una pasada como dice Blaise XD

Título de la canción que sonaba en la discoteca: Elvis Crespo- Suavemente.

¡ESPERO VUESTRA OPINIÓN SOBRE EL CAPÍTULO! :D Un beso muy grande, tyna fest :)

h-t-t-p-:-/-/-w-w-w-.-f-a-c-e-b-o-o-k-.-c-o-m-/-t- y-n-a-.-f-e-s-t (Quitad los guiones). Decidme que sois de fanfiction.

PD: por si tenéis curiosidad, os dejo la receta del Coco Loco XD

Ingredientes:

Vodka 12 ml

Tequila 20 ml

Ron blanco 20 ml

Zumo de limón natural 50 ml

Crema de coco 25 ml

Cubitos de hielo picados 3

Naranja en espiral (para decorar)

1 guinda (para decorar)

Preparación:

Paso 1: mezclar con la batidora, el vodka, tequila, ron, zumo de limón y crema de coco.

Paso 2: introducir la mezcla en un coco con unos cubitos de hielo.

Paso 3: decorar con naranja, guinda etc..