¡Hola chicas! ¡No sé cómo he vuelto tan pronto con todo lo que tengo ahora mismo pero aquí estoy! :D

¡Muchísimas gracias a todas de verdad! :) Gracias a: Melanie Lestrange, Morgana Argay Malfoy, ladymist89, ian, Luna White 29, Mariina23, LucyTheMarauder, vampire obsesion, VIOLETA15, merylune, Emma Felton, Leonor Snape, Fersha Malfoy , alissa-2012, Milymu, anguiiMalfoydark, Luladark, Alesz, ESTRELLA SOLAR21, Connie1, Shirmione Malfoy, RoseEmma25, CoposdeHielo, Mei Fanel, Lorena, kionkichin, Melody.B, sam zmethwick, DeinoO-Dragomir, Katie Parsel, NightReinas9697, Caroone, Sam Wallflower, sirone aphrody, rosedrama, Gardeniel, Catiba, Tamyy Nakatsukasa Hatake, miriamcampuzano, fernanda, natalie malfoy, Angie3890, Agus, the neko mode, minako marie, crazzy76, BlueJoy, Isabel, lauritta1993, Kuki-chan y Mariielena Malfoy.

¡Por cierto yo soy géminis! :D

Contestaciones a las no registradas:

ian: ¡Hola guapa! Si te has vuelto loca con la espera de este capítulo creo que con el siguiente será mucho peor... en fin, cuando leas este lo entenderás ;) ¿Cómo no va a caer Hermione de nuevo? Si al rubio no se le resiste ninguna jajajajjaa Muchas gracias por tu comentario ian! Ya hace 3 meses que empecé a subir esta historia y cada vez me gusta más. Este capítulo es uno de mis favoritos! Espero que a parte de Draco y Hermione también te gusten las otras parejas :) Un besazo muy fuerte :)

VIOLETA15: Hola Violeta! :D Me alegra mucho que te guste mi fic! :) Vuestros comentarios me hacen mucha iluu! Ahora sabrás si has acertado o no ;) Un besito muy fuerte guapa! :D

Emma Felton: ¡Querida Emma! :) Ya te mandé un recadito como contestación a tu review en ¡Ups!. Que sepas que no voy a dejar por nada del mundo el dramione. Cada vez que tenga una nueva idea, haré un nuevo fic. (aunque no siempre voy a ser una fuente inagotable de ideas para Draco y Hermione). Precisamente ese one-shot decidí hacerlo Drinny porque no hubiese cuadrado mucho que Hermione le hubiera cogido la mano a Draco para que él le tocase... ya me entiendes...jajajajaj el carácter de Ginny se prestaba más al personaje! Dpende de las cosas que se me ocurren pues hago una pareja u otra (aunque ya tengo nuevas ideas para otros fics, después de que termine los que tengo ahora jejeje) Bueno, hablando del capítulo! La escena del cuarto de baño fue hot... pero vamos que eso fue un pequeñito calentamiento para lo que se avecina jojojo! ''pero con la suerte que tiene el rubio segurooo que les pilla la madre o el padre de hermsss, ojala pasara eso...'' pero vamos a ver, jajajaja luego dices de mí pero hacerle eso al pobre Draco? Que vergüenza madre mía! La cara que se le quedaría a la madre de Hermione D: en plan, WTF! me reí mucho con el nombre de Fidodido. Me recordó a Fito y Fitipaldis no sé por qué JAJAJAA y con respecto a tu pregunta de Draco... pues mira. Sinceramente en la primera película lo odié y me pareció repelente a más no poder. En la segunda comenzó a hacerme gracia porque era muy cobardica y un poco insoportable pero tenía su punto y en la tercera ya... ahí es cuando caí XD cuando te hagas la cuenta ya te contaré por privado que si no te dejo aquí una biblia! jajajaja en fin te dejo con el cap que tengo muchas ganas de que lo leas y veas lo que va a suceder! Este es uno de mis favoritos :D Un beso muy fuerte guapa :)

Leonor Snape: Hola Leonor! :D Que bien que te gustase el capítulo! Veremos a ver que sucede en la cena y si todo sale bien! Espero que te diviertas! Un besito muy grande guapa :)

Mei Fanel: ¡Hola Mei! Bienvenida al príncipe durmiente de las serpientes! Sí aquí todos son muy sexys! El beso entre Draco y Hermione fue muy especial! se nota que cada vez los dos van cediendo más y eso me encanta :) Espero que te guste mucho el nuevo capítulo! Un besazo muy fuerte :)

Lorena: Hola Lorena! :D Me hace mucha ilusión que te guste como va la historia! Cada vez se va a ir poniendo más interesante y van a pasar cosas muy muy chulas! Espero que pases un buen rato y que disfrutes leyendo este capítulo tanto como yo lo he hecho escribiéndolo. Un beso muy grande guapa :)

Catiba: Hola Catiba! Yo también soy géminis ( pero del día 21 de junio, el día que empieza el veranito jiji) el día 5? Ese era el día del cumple de Malfoy si no me equivoco? jojojojo! Que casualidad! Pues sí mi profe es cubano y hago fitness (aunque ahora con los exámenes finales he dejado de entrenar hasta que termine dentro de un mes porque si no es imposible, pero también adoro el body combat, aunque lo que más me gusta es correr! Carrera de fondo sobretodo porque tengo mucha resistencia y se me da bastante bien. :D Espero que te guste este capítulo! yo me lo he pasado muy bien con la cena! veremos a ver que sucede! Un besazo guapa! :D

fernanda: ¡Hola fernanda! Ya te extrañaba yo por aquí! No te preocupes, yo también estoy muy liada últimamente. Ahora estos meses van a ser muy duros pero pronto empezará el veranito y ya estaremos libres :D wiii! con respecto a tu pregunta... como viste en la sinopsis he puesto que abría lemon a lo largo de la historia... lo que quiere decir que haber temita va a haber... ahora el cuándo? No voy a adelantarte nada! Tendrás que seguir leyendo :D Espero que te guste el nuevo capítulo! Un besito muy grande :)

natalie malfoy: Mi querida natalie! No sabes como me emocioné cuando vi tu review! Me hizo mucha gracia lo de que seguías leyéndome entre las sombras. ¿Qué te ha sucedido? Espero que pronto salga a la luz! JAJAJAJA bueno con respecto al one-shot, como por allí no puedo contestartelo, pues lo hago por aquí! Me alegra que te gustase. Yo también estoy contenta de cómo ha quedado. Era mi primer Drinny y no sabía lo que iba a resultar! Me lo pasé pipa! ( yo creo que también fue porque hice a Draco en primera persona y me motivé mucho jajajajja) En fin, te dejo con este capítulo! Espero que lo disfrutes! Un beso muy grande guapa :D

Agus: ¡Hola Agus! Bienvenida al príncipe durmiente de las serpientes! :D Sí que lees rápido!14 capítulos en menos de tres horas es una barvaridad! jajajaja La trama conforme vayan transcurriendo los capítulos cada vez va a ser más interesante. Ya irás viendo! Bueno... con respecto a Theo, yo espero que Draco se vuelva como él un poquito... aunque si no, no sería nuestro rubio querido! jejejeje por cierto yo soy géminis! jiji sí aquí en España también es el día de los inocentes el 28 :D que además es uno de mis días favoritos del año porque soy muy bromista y hago cada cosa... jajaja ( bueno sinceramente me pongo a gastar bromas dos semanas antes de la fecha y para cuando llega el día la gente me mira asustada sin fiarse de mí en absoluto, pero que conste que son bromas divertidas! yo creo que por eso al escribir las bromas en los fics me salen por la práctica! jajajajaja Espero que te guste el capítulo! Un besazo muy grande :)

Angie Cassiopeia: Hola Angie! Te dejé la contestación al review en un mensaje privado por tu cuenta! Un besito muy fuerte guapa :D

Isabel: Hola guapa! Bienvenida al príncipe durmiente de las serpientes! jajaja eres libra como mi hermano! Yo soy géminis! No eres la primera que me dice que en su casa piensan que está loca! jajajajaja La verdad es que hay escenas muy divertidas! Espero que te rías también con este capítulo! A mí me encanta la comedia y por más que intento ponerme seria al final... pasa lo que pasa jajajajaj Te dejo con la lectura! Un beso muy fuerte :D

Kuki-chan: Hola Kuki-chan! no sabes como me reí cuando leí tu comentario! jajajaja ¿de verdad le escupiste el zumo a tu hermano en la cara? Pobrecito si así fue! Se quedaría en shock! XDD Espero que te rías con este capítulo! A mí personalmente este me hace mucha gracia! :D Espero que te guste! Un beso muy muy grande :)

y ahora... os dejo con la lectura ;)


-Nochebuena: La casamentera y Santa Claus-Editado

Cuando Hermione regresó a su habitación vio que las demás ya se habían despertado, que aún parecían estar algo adormiladas y que tenían el cabello un poco alborotado por haber dormido arrebujadas entre las mantas. Lavender y Parvati estaban emperifollándose como de costumbre, echándose potingues frente a un espejo de la habitación, Luna observaba al bichito de la caja con adoración y Ginny se había tumbado en la cama, cubriéndose la cara con el brazo porque tenía un dolor de cabeza insoportable.

— Chicas, escuchadme un momento— las llamó para que dejaran lo que estaban haciendo y centraran su atención en ella.

Lavender la miró desde el espejo con una sonrisa. Parvati, en cambio, cogió un grueso cepillo y se lo empezó a pasar por el cabello para desenredárselo.

— ¿Cómo estás, Hermione?— inquirió.

Hermione desvió la mirada. En realidad se encontraba mal, pero no quiso preocuparlas. Dedujo que su dolor de cabeza remitiría pronto, en cuanto le hiciera efecto la pastilla que se había tomado.

— Eh, yo bien…¿y vosotras?

— Genial, estupendamente— dijo Luna muy feliz.

Pero Ginny no parecía estar de tan buen humor. Con ojeras, se levantó de la cama y se aproximó a Hermione.

— De eso nada— espetó con frialdad— A mí me duele un montón la cabeza. Eso sí, tengo un poco de hambre.

Hermione suspiró.

— Yo ya he desayunado…si es que puede decirse así— dijo con un hilo de voz— mis padres han preparado el desayuno. Por cierto, luego tenemos que ayudarles con los preparativos para la cena de esta noche.

Ginny resopló. Lo único que quería era echar una buena cabezada para aliviar el maldito dolor punzante que estaba taladrándole las sienes.

Genial—dijo con sarcasmo.

Hermione la ignoró. Después de todo, estaba muy inquieta.

— Por cierto. ¿recordáis lo que pasó anoche?

Luna inmediatamente la miró y apuntó una sonrisa.

— Sí, claro. Theo me besó y…

— No me refiero a eso— la cortó Hermione— me refiero a que esta noche vienen todos a cenar.

Luna se encogió de hombros.

— Sí, claro que lo recuerdo. Hoy podré darle el regalo a Theo.

Lavender y Parvati asintieron emocionadas y continuaron con su sesión matutina de maquillaje pero Ginny se quedó inmóvil porque por un momento lo había olvidado por completo. No podía creer que fuera a tener que cenar con Zabini. Sabía que iba a ser una situación muy incómoda. Ya no sólo por él, sino por Malfoy. Los padres de Hermione eran muggles y ellos eran sangre pura. Ni siquiera entendía por qué narices habían aceptado la invitación de la señora Granger pero se estremeció al pensar que quizás pretendían hacer algo a los padres de Hermione. La miró en ese momento y vio que estaba alterada pero que no parecía preocupada y no entendió por qué, cuando se suponía que debía estar subiéndose por las paredes.

—Será mejor que bajemos. Dejad lo que estéis haciendo. Mis padres nos dirán en que podemos ayudarles— sugirió Hermione mientras recogía las mantas que había por el suelo.

Lavender y Parvati dejaron sus potingues y perfumes dentro de una bolsa de cosméticos y Luna le dio un montón de besitos a la criatura antes de guardarla en la cajita, sintiéndose totalmente agradecida con Theo, sabiendo que debía hacérselo saber esa noche. Ginny fue la última en bajar y cuando todas hubieron desayunado decidieron que lo mejor era tomar las pastillas que había encima de la mesa, las que les había dejado la madre de Hermione. Después fueron a vestirse y hacer las tareas que los señores Granger les encomendaron.

Luna se encargaría de colocar algunos adornos que faltaban por poner en el árbol de Navidad, Hermione y Ginny ayudarían en la cocina con la cena y Lavender y Parvati al señor Granger con la iluminación del exterior de la casa. La madre de Hermione quería que todo estuviese perfecto para cuando los chicos llegasen. Sobre todo por Theodore, porque le había gustado para su hija y estaba segura de que pertenecía a una familia de magos ricos con mucha clase. Hermione nunca le hablaba de temas relacionados con el amor pero esa noche estaba dispuesta a intentar sonsacarle información, porque estaba segura de que Theodore, con lo guapo que era y los ojazos azules que tenía, le gustaba. Y ella deseaba que él terminara siendo su yerno. Estaba emocionadísima, desde luego. Por eso quería que todo marchase estupendamente, porque tenía que causar muy buena impresión.

A lo largo del día, las chicas estuvieron trabajando muy duro, cada una a su ritmo. Ginny y Hermione eran las que parecían estar algo más distraídas pero era lógico. Tanto una como la otra estaban demasiado absortas en sus preocupaciones como para poder prestar atención a un maldito pavo. Hermione no se quitaba de la cabeza el momento que había pasado con Malfoy en el cuarto de baño, ni sus besos, ni sus manos recorriendo todo su maldito cuerpo. Y en cuanto a Ginny, no podía dejar de pensar en Zabini borracho y peleándose con un muggle sin venir a cuento, por no hablar de lo del maldito beso.


Al cabo de unas horas, Luna terminó de colocar los adornos en el árbol y vio como Lavender y Parvati entraban en la casa con el señor Granger, muertas de frío y sacudiéndose la nieve de sus abrigos.

— Hacía años que no nevaba el día de Nochebuena— comentó el padre de Hermione— Pero es una buena predicción, ¿sabéis, chicas? Trae muy buena suerte.

Lavender sonrió, casi conmovida. Y es que ella adoraba todo lo relacionado con ese tema y con la clase de Sybill Trelawney. Sabía que Hermione no congeniaba con la profesora porque era muy reticente a creer en todo lo que se abordaba en las clases de Adivinación, que lo veía como una tontería, pero Lavender se sintió feliz al ver que el señor Granger no parecía opinar lo mismo. A pesar de que la noche anterior se había asustado por lo enfadado que estaba, ya no le tenía ningún miedo. Era un hombre muy enrollado, después de todo.

— ¡Ay, señor Granger! ¡A nosotras nos encantan las predicciones!— exclamó lanzándole miradas de complicidad a Parvati.

Luna, con la caja de adornos y bolas completamente vacía, se acercó a él y se la tendió en la mano.

— Tome señor, Granger— le dijo— He terminado con la decoración del árbol. He colocado algunas cositas por el salón y creo que le gustará.

El padre de Hermione miró en todas direcciones contemplando con detenimiento el lugar para ver lo que había hecho Luna y se quedó de piedra. Las paredes del salón estaban llenas de pegatinas de estrellitas y las bolas de Navidad, en vez de estar puestas en el árbol, colgaban de la lámpara. Sintió un vuelco en el estómago pero pensó que era mejor no decirle nada a la pobre chiquilla, con todo lo que se había esforzado.

— Oh, g-gracias— carraspeó, disimulando su asombro — Nosotros también hemos terminado con las luces y además hemos colocado un reno junto a la puerta— explicó refiriéndose a Lavender y Parvati— Voy a ver que está haciendo Jane. Descansad un poco. Ha sido un día duro.

Luna asintió en silencio. Ginny y Hermione, en cambio, continuaban en la cocina, terminando de preparar el dichoso pavo, algunos dulces y también aperitivos. Luna, aprovechando que tanto Lavender como Parvati y ella habían terminado, se acercó bastante animada.

— Chicas, ¿podéis ayudarme?— les pidió dirigiéndose a las escaleras para subir al dormitorio de su amiga— Ginny y Hermione siguen ocupadas y necesito que me aconsejéis sobre algo.

A Lavender le brillaron los ojos, porque adoraba que le pidieran consejos. Miró a Parvati, soltó una risita y se llevaron a Luna con ellas, subiendo con entusiasmo por las excaleras. Cuando entraron en la habitación de Hermione, Luna sacó de una bolsa el regalo de Theodore. Al parecer la dependienta no lo había envuelto. Algo indecisa, alzó la serpiente de peluche de ojos azules para que la vieran sus amigas.

— Veréis, es para Theo. Y quería envolverlo yo.

Parvati comenzó a dar palmas emocionada.

— ¡Vaya, qué graciosa!

Lavender sonrió pero luego se preguntó para qué querría su amiga la ayuda de ellas.

— Cuéntanos, Lunita. ¿Qué pasa?

Luna, sin mirarlas y con manos temblorosas, sacó algo más de la mochila.

— Pues veréis. Nunca he envuelto un regalo y no sé si lo haré bien. También compré este papel. ¿Creéis que le gustará a Theo?

Parvati observó el papel de color verdoso con dibujitos de tortugas y soltó una risa.

— Es muy cuco. No te preocupes — le dijo intentando tranquilizarla— Te ayudaremos a envolver la serpiente pero tienes que saber una cosa, Luna.

Ella enarcó una ceja, extrañada.

— ¿El qué?

— Que lo que importa no es el envoltorio. Lo importante es que el regalo lo hayas hecho con amor. Además, seguro que a Theodore le encanta.

— ¿De verdad?

Lavender, algo más acalorada, se quitó el abrigo y se remangó el jersey.

— Sí, Lunita, sí. ¡Venga! Manos a la obra, que luego tenemos que ponernos muy guapas.

Luna sonrió complacida. Jamás hubiese pensado que podría contar con la ayuda de alguien y se sintió querida. Ya no le importaban todas esas personas de la casa de Ravenclaw que la trataban como si fuese un bicho raro porque ahora no estaba sola. Las tenía a ellas y también le tenía a él.

A Theodore.


Eran cerca de las ocho y media y todos los chicos estaban listos. Draco había decidido encargar a los elfos domésticos que fueran al invernadero de Malfoy Manor y le hiciesen un ramo con las mejores rosas. Rosas de las que, desde luego, se sentía muy orgulloso porque estaba seguro de que los padres de Granger no habrían visto algo semejante en su vida. Sabía que esa tarde Theodore había usado polvos flu para ir al callejón Diagón y comprar algunos bombones, pero por favor, ¿bombones? Era un regalo ridículo. Sus rosas eran mucho mejor.

Theodore, por su parte, había visto el regalo que había preparado Draco pero él había preferido algo más sencillo, que no fuera tan ostentoso porque sabía que a casi todo el mundo le gustaba el chocolate y los señores Granger no serían la excepción.

— De verdad, aún no me creo que vayamos a ir a la casa de…de esos—soltó Blaise con desprecio, terminando de ponerse la corbata— Cenamos y nos largamos, eh.

Y es que él no estaba dispuesto a quedarse, ya no sólo por el hecho de rebajarse y cenar con unos sangre sucia, sino porque la pecosa de Weasley iba a estar de por medio. Se le caía la cara de vergüenza por lo que había hecho, por lo ridículo que se sentía, por el hecho de haberse enrollado con ella a pesar de lo que la detestaba.

— Que sí, Blaise— le espetó Theodore cansado. Y sin más, se sentó en el sofá con Draco y suspiró. Aún faltaban Crabbe y Goyle por bajar al salón.

Draco prefirió no contestar. Obviamente cuanto más tiempo pasara en casa de Granger mejor porque estaba seguro de que no la volvería a ver hasta después de vacaciones y creyó que con un poco de suerte podrían terminar lo que habían empezado en la discoteca la noche anterior. Sus padres habían vuelto esa mañana a Malfoy Manor, pero gracias a Salazar, no les habían preguntado absolutamente nada del cumpleaños de Goyle y habían vuelto a marcharse esa tarde, sin siquiera dar explicaciones de a dónde iban. Volvió en sí cuando vio que un elfo doméstico entraba repentinamente en el salón con el impresionante ramo de rosas, adornado con un lazo verde esmeralda, así que no dudó, se levantó del sofá y se lo arrancó de las manos.

Crabbe y Goyle bajaron vestidos con sus trajes negros y corbatas moradas, los dos exactamente iguales. Casualmente, todos iban de negro esa vez. Lo único que los diferenciaba era el color de las corbatas. Theodore llevaba una azul, Blaise una roja y Draco una negra adornada sutilmente con garabatos grises. Iban absolutamente impecables y perfectos, como buenos alumnos de Slytherin que eran. Viendo que ya estaban listos, no quisieron entretenerse más, cogieron polvos flu y llegaron hasta el callejón Diagón. Theodore era el que mejor orientación tenía así que cuando cogió el autobús con los demás, decidió que lo mejor sería bajarse en la parada donde se encontraba la discoteca Coco Loco para ir desde ahí andando a la casa de Granger, sabiendo que no estaba muy lejos.

— ¿Creéis que habrá mucha comida en casa de Granger? — preguntó Crabbe relamiéndose, cuando ya estuvieron todos sentados al fondo del autobús.

Blaise miró a todos lados, asustado por si volvía a ver a sus dos amadas de la noche anterior pero por suerte no estaban. Theodore se encogió de hombros.

— Es probable— le dijo— por cierto, me gustaría que supierais algo.

Draco y los demás lo miraron con curiosidad, porque parecía nervioso, había empezado a sudar y la voz le temblaba un poco. Además, un leve rubor había aparecido en sus mejillas y no podía fijar la vista en ellos.

— ¿A qué esperas? Suéltalo ya— le instó Draco— No tenemos todo el día.

Blaise suspiró aburrido.

— A este paso llegamos a casa de la sangre sucia y sigue sin hablar.

Theodore bufó. Desde luego sus compañeros no eran para nada comprensivos.

— Bueno, está bien, pero no quiero que os enfadéis.

Draco lo observó con atención y algo preocupado.

— Me gusta…— el chico hizo una pausa y se humedeció los labios— me gusta Luna.

A Malfoy casi se le cayó el ramo de rosas de la mano. Crabbe y Goyle se quedaron boquiabiertos y el único que fue capaz de hablar en ese momento fue Blaise.

— ¿Estás de coña, Theodore?— le espetó taladrándole con la mirada— ¿La loca, en serio? ¿Lunática? ¿Se te ha ido la puta cabeza?

Theodore lo miró con frialdad.

— No. Y me da igual lo que penséis. Quiero que sea mi novia.

Draco no pudo evitar soltar una carcajada y Crabbe y Goyle lo imitaron. Blaise era el único que mantenía un semblante serio pero decidió mirar por la ventanilla del autobús con la intención de olvidar las idioteces que estaba soltando su amigo. Aunque… él se había enrollado con Weasley, que era aún peor.

Draco, dejando el sarcasmo a un lado, lo observó con asco.

— Theodore, no es por nada, pero ¿en serio crees que Lunática va a fijarse en ti? No te ofendas, pero está más pendiente de sus gilipolleces de bichos inexistentes que de cualquier otra cosa— le espetó con desdén.

Theodore le lanzó una mirada cargada de odio.

— No la llames Lunática. Su nombre es Luna, y por cierto— añadió cruzándose de brazos y sonriendo con arrogancia — anoche me besó.

Blaise abrió los ojos como platos.

— ¿Cómo?— dijo saliendo de su ensimismamiento.

Theodore se removió en el asiento y se enderezó un poco.

— Lo que oís y me da igual que os pongáis en mi contra. Me gusta y mucho. Además, no es hija de muggles, algo que realmente no me importaría pero no tenéis motivos para echármelo en cara, así que…

Draco no pudo responder. Qué cojones le decía de todas formas si precisamente él se veía a escondidas con Granger. A él sí le podrían echar en cara muchas cosas. Que era un hipócrita de mierda, un traidor a la sangre, pero ya no le importaba. Sus deseos sexuales eran prioritarios y últimamente Granger incluso empezaba a caerle bien. Además, era algo entre ella y él, y se iba a asegurar de que nadie lo descubriese nunca.

Blaise continuó mirando por la ventanilla del autobús, ajeno a la conversación, escuchando los persistentes murmullos de Crabbe y Goyle. La nieve no dejaba de caer y cubría las aceras de las calles, lo que había provocado que hubiese mucho más tráfico. Por suerte habían salido con suficiente antelación de Malfoy Manor y llegarían justo a tiempo para la cena. A Blaise le daba igual que Draco y los demás quisieran quedarse más rato. Él tenía muy claro que iba a cenar y se marchaba porque no se veía capacitado como para sobrevivir rodeado de muggles y menos aún, en una cena de Navidad. En cuanto a Weasley... era tema aparte. No tenía ganas de verla ni pretendía mantener ningún tipo de conversación con ella. Es más, pensaba ignorarla por completo y hacer como si no existiese.

Empezó a oscurecer cuando se bajaron en la parada donde estaba Coco Loco cerrado y anduvieron por las calles intentando resguardarse de la nieve bajo las marquesinas. Al cabo de unos minutos, llegaron a casa de Hermione. Draco se puso en cabeza y se acercó a la puerta, ansioso porque abriese Granger, porque quería ver la cara que ponía cuando viera el perfecto ramo de rosas que llevaba para su madre. Alzó la mano y tocó el timbre con los nervios a flor de piel, sin entender por qué repentinamente se había estresado tanto, cuando sólo era una maldita cena. Aunque tenía que admitir que sentía cierta curiosidad por conocer un poco más a los padres de Granger.

La puerta de la casa de Hermione se abrió y su madre salió con un delantal blanco con dibujos de fresitas. Jane no pudo evitar ahogar un grito al ver a los alumnos de Slytherin vestidos de negro y al rubio oxigenado en cabeza, con un enorme ramo de rosas negras. Inevitablemente dio un respingo, al ser consciente de que aquello era tan siniestro como un cortejo fúnebre.

— ¡Ay! ¡Ya estáis aquí! Bienvenidos— dijo disimulando su sorpresa y centró su vista en Theodore— Entrad por favor, está nevando mucho y el frío es insoportable. Debéis de estar helados.

Los chicos se apresuraron a entrar en casa de Hermione y la señora Granger cerró la puerta. Jane vio que llevaban las chaquetas un poco manchadas por la nieve y señaló un perchero para que las dejasen allí y estuviesen más cómodos. Draco carraspeó haciendo un gesto teatral y alzó el ramo de rosas para que la madre de Hermione se percatase.

— Esto es para usted, señora Granger— comentó ofreciéndole el ramo con orgullo, poniendo una de sus medias sonrisas ladeadas.

Jane observó las rosas y vio que a pesar de ser negras y dar un poco de miedo eran increíblemente bonitas y desprendían un olor muy especial. Aún así entrecerró los ojos al ser consciente de lo raro que era aquel chico pero prefirió no decirle nada.

— Eh…gracias— sonrió pero luego vio que Theodore se acercaba a ella.

El chico le ofreció una caja de bombones y a ella se le iluminó la cara.

— ¡Ay! ¡Pero si esa es mi marca favorita!— exclamó entusiasmada— ¿Cómo lo has sabido, cariño?

Theodore se sonrojó al escucharla. Él no sabía cuál era su marca favorita de bombones, lo había cogido al azar en una tienda del callejón Diagón en la que vendían todo tipo de chocolates, incluidos algunos del mundo no mágico. Miró de soslayó a Draco y se fijó en que lo observaba con los ojos entrecerrados, frunciendo mucho el ceño. Tuvo que reprimir la risa porque sabía que Draco adoraba ser el centro de atención constantemente y por una vez no lo había conseguido, así que supo cómo iba a fastidiarle durante toda la noche.

Draco, al ver que la madre de Granger no le hacía caso, dejó el ramo de rosas en un jarrón que había en un mueble de la entrada.

— ¿Dónde está su hija?— preguntó intentando llamar su atención.

Pero la señora Granger seguía embobada con Theodore e incluso se había acercado a él para darle un beso en la mejilla, por el detalle de los bombones.

— Ay de verdad, muchas gracias— dijo y sin mirar a Malfoy añadió: — Está arriba con las demás, han estado ayudándome con la cena. Dentro de poco bajarán.

Crabbe arrugó la nariz y sintió que se le caía un poco la baba al percibir un irresistible olor a pavo asado.

— ¿Podemos ver lo que hay en la cocina? — preguntó ansioso.

Goyle, a pesar del hambre que tenía, le dio un codazo, porque sabía que debían ser educados. La señora Granger lo ignoró, se ajustó un poco el nudo del delantal y se marchó a la cocina para dejar los bombones de Theodore guardados a buen recaudo, porque sabía que si los dejaba a la vista y su marido, con lo goloso que era, los encontraba, se los comería todos.

— Podéis esperar en el salón. Mi marido ha subido arriba para arreglar algo y bajará enseguida. Esperad a las chicas en el sofá—dijo desde el dintel de la puerta entreabierta de la cocina.

Cuando se marchó y ellos entraron en el salón, Theodore soltó una risa burlona.

— ¿Qué te pasa, Draco? ¿Estás celoso?

— Vete a la mierda— masculló con ira — Son sólo una porquería de bombones. Definitivamente la madre de Granger no tiene buen gusto.

Los demás se sentaron en el sofá y vieron que toda la estancia estaba decorada. El árbol de Navidad brillaba con luces parpadeantes, había estrellitas y pegatinas por todas las paredes y enormes bolas rojas que colgaban de la lámpara. No sabían quién se había encargado de la decoración, pero desde luego parecía algo psicodélico. La calefacción estaba puesta, en el centro del salón se hallaba una mesa muy grande donde supuestamente iban a cenar todos y a pesar de la extraña decoración navideña, el lugar era acogedor.

Draco se limitó a ignorar a Theodore y se sentó en el sofá junto a Blaise, diciéndose a sí mismo que no importaba si no había impresionado a la madre de Granger. Era un golpe fuerte a su ego, sí…pero no iba a darle más vueltas. Además, no quería darle la razón al palurdo de su amigo y decirle que en realidad la envidia lo estaba carcomiendo por dentro.


Mientras tanto, Lavender y Parvati, cogidas de las manos y emocionadas, daban brincos en la habitación de Hermione. Habían escuchado el timbre y sabían que Malfoy y los demás habían llegado. Habían ayudado a Luna a terminar de envolver el regalo y se habían encargado de maquillarlas a todas. Lamentablemente, Lavender había utilizado tanta poción alisadora con Hermione el día anterior que ya no tenía. Habían decidido ponerse ropa de diario pero aún así estaban muy guapas.

— Sh, venga, tú primero— siseó Ginny, con estrés, empujando a Hermione para que bajase las escaleras de una vez.

Pero Hermione forcejeó con ella intentando contenerse. Tenía pánico. Si le hubieran dicho a comienzo de curso que ese año Malfoy acabaría yendo a su casa para cenar en Nochebuena, se hubiera reido y no se lo hubiera creído. Pero ahora el corazón le latía con desenfreno y tenía un nudo en la garganta.

— Para Ginny, por favor.

Luna, nerviosa, no dudó y las adelantó para ser la primera en bajar al salón. Tenía muchas ganas de ver a Theodore y estaba deseando que transcurriese la cena, para enseñarle la criatura y darle su regalo.

Las demás la siguieron y Hermione fue la última. Conforme fue avanzando por los escalones, sus pisadas se volvieron más pesadas y notó que apenas podía respirar. Pero sabía que por más que lo atrasase, tarde o temprano iba a tener que entrar en el salón y enfrentarse a él así que cuando por fin lo hizo y vio que él y los demás estaban sentados en el sofá, esperando con aquellos trajes negros tan elegantes, las pupilas se le dilataron.

Se fijó en Malfoy en ese momento. Y lo vio. Vio lo impecablemente vestido que iba, como le caía el cabello rubio platino en el rostro y aquella mirada tan profunda, que mantenía clavada en ella y en todos los movimientos que hacía para no perderla de vista.

Draco se puso en pie al verla.

— Hola, Granger— dijo esbozando una sonrisa. Las demás no le hicieron ni caso.

Hermione se mordió el labio. Nunca le había apetecido tanto darle un beso como en ese momento pero tuvo que controlarse.

— H-hola, Malfoy — muy despacio se aproximó y se limitó a quedarse plantada frente a él, sin apartar la vista de sus ojos grises.

Los demás se levantaron del sofá y cada uno saludó a su manera. Goyle hizo uno de sus placajes especiales con Parvati y Theodore se sonrojó al saludar a Luna pero no hizo nada porque prefirió esperar y hablar con ella a solas antes, deseando poder tener una oportunidad y que los demás no se la fastidiasen. Blaise directamente pasó del tema y continuó con las manos hundidas en sus bolsillos porque no tenía ganas de mirar a Weasley a la cara. O mejor dicho, a los pantalones vaqueros que ella llevaba porque le hacían un culo impresionante y si seguía fijándose iba a terminar con una puñetera erección. Otra vez.

— Mi madre está terminando de preparar los aperitivos. Podéis sentaros— señaló Hermione refiriéndose a ellos, en dirección a la gran mesa que había en el salón— Ya casi está todo listo.

Lavender enarcó una ceja.

— ¿Y qué hacemos nosotras?

— Sentaos también. Yo voy a ayudar a mi madre. Quedaos aquí.

No dijeron nada más y se sentaron junto a ellos. Curiosamente, Ginny terminó al lado de Blaise, algo que a él no le hizo mucha gracia. Crabbe y Goyle se pusieron junto a Lavender y Parvati, y Theodore no se lo pensó y aprovechó la oportunidad para sentarse con Luna. Draco se percató de que aún había varias sillas vacías y se puso donde más hueco había, con la esperanza de que Granger acabara sentada a su lado.

Hermione, viendo que no ponían muchas objeciones, se marchó a la cocina y los dejó allí, charlando a la espera de la cena.

— Oye, Theo…— le susurró Luna al oído intentando que Lavender y Parvati no la escuchasen y es que a pesar de que estaban hablando sobre tonterías con Crabbe y Goyle tenían la oreja pegada.

Theodore sonrió, mirándola directamente a los ojos y se inclinó un poco hacia el lado para estar más cerca.

— Dime, Luna.

— Pues... se trata de tu regalo. Ha nacido y me gustaría que lo vieses— comentó con voz dulce y un poco entrecortada porque a pesar de que él la había besado, tenía miedo de que no pretendiera volver a hacerlo.

Theodore alzó un poco la voz, emocionado.

— ¿De verdad?

Draco los observó de soslayo, con los ojos entrecerrados, al ver lo embobados que estaban. Aunque una parte de él sintió cierta envidia de que estuvieran así, como si nada, tan felices.

— Sí, es muy bonito, ¿sabes?— le dijo Luna al chico— Y... también tengo un regalo para ti.

A Theodore se le resecó la boca y se sonrojó.

— Te dije que no hacía falta, Luna. Además…

— Yo creo que sí— lo interrumpió— Pero...no sé si te gustará.

Theodore la observó con detenimiento. Sus labios, sus ojos, su pelo. ¿Cómo no le iba a gustar lo que ella le regalase? Estaba claro que sí pero antes tenía que salir de dudas con respecto a un tema. Tenía que saber si ella quería salir con él.

La voz le flaqueó un poco.

— Por cierto, Luna.

— ¿Sí, Theo?

— Me gustaría que hablásemos después, a solas — dijo con un hilo de voz— pero no te preocupes. No es nada malo, de verdad.

Luna se tensó y por un momento se imaginó que iba a decirle que lo del beso había sido un accidente, que prefería ser amigo de ella. Cabeceó nerviosa y desvió la mirada.

— Está bien, pero donde no estén Lavender ni Parvati, ¿vale?— le exigió. Theodore al escucharla, se giró, las miró, vio que estaban cuchicheando con Crabbe y Goyle sin quitarles la vista de encima y dedujo que ellas también se habrían enterado de lo que había pasado.

Mientras tanto, Blaise miraba de soslayo a Ginny, que se dedicaba a coger chocolatinas de una cestita que había en el centro de la mesa, con nerviosismo. Estaba tan alterada que pensó en hacer cualquier cosa con tal de distraerse y como vio que las demás no le prestaban la mínima atención y por si fuera poco a su otro lado estaba sentado Malfoy-algo que no ayudaba en absoluto-, decidió picotear un poco.

— Además de pecosa, va a terminar rellenita— murmuró Blaise entre dientes para sí mismo.

Ginny chasqueó la lengua. Y si las miradas matasen, él hubiera caído fulminado en ese instante.

— Te he oído, Zabini.

Blaise la miró con altivez.

— ¿Quién te ha dicho que me hables, Weasley?

Ella resopló, indignada.

— No es por nada, pero has empezado tú. Además, no es que me haga mucha ilusión estar sentada a tu lado pero no he tenido más remedio.

Blaise alzó el dedo y señaló varias sillas vacías que había junto a Draco.

— Pues yo veo ahí tres sitios libres— dijo sonriendo con malicia. Se había dicho a sí mismo que no le dirigiría la palabra, pero claramente lo había provocado y no iba a dejarlo estar.

Ginny se quedó en blanco al escucharle, al ser consciente de que era cierto, que había sitios libres y ella, como una idiota y sin saber por qué, se había sentado junto a él. Se había vuelto loca, sin duda.

— Eh, eh…— tartamudeó.

— Eh, eh— la imitó él— No tienes excusas, pecosa— le espetó en voz baja, inclinándose un poco para que Draco no lo escuchase— Dilo claramente. Querías sentarte a mi lado.

Ginny frunció el ceño pero no pudo responderle, porque supo que no tenía ninguna excusa que pudiera llegar a sonar creíble.

— No me llames pecosa— le espetó desviando el tema de conversación.

Pero Blaise se humedeció el labio, se inclinó un poco más y se aproximó a su oído, aprovechando que Draco estaba fijándose en las musarañas.

Pe... co... sa.

Ginny sintió como la sangre le hervía y le dio una patada en la espinilla por debajo de la mesa haciendo que rabiase de dolor. Draco volvió a centrar la vista en ellos al escuchar un fuerte golpe y vio a Blaise mascullando y soltando maldiciones por lo bajo mientras que ella sonreía exultante. Entornó los ojos con recelo pero se olvidó totalmente al escuchar la voz de Granger desde la cocina. Estaba tardando mucho en volver, estaba impacientándose pero sabía que si hablaba con ella durante la cena, iba a tener que ser muy discreto, que los demás no podían sospechar.

Por otra parte, Hermione estaba terminando de colocar los canapés en unas grandes bandejas.

— Hermione— la llamó su madre mientras sacaba con cuidado el pavo del horno para que no se quemase— Ahora que están todos tus amigos en el salón, quiero preguntarte un par de cosas.

Ella se paralizó y se temió lo peor. Había estado evitando quedarse a solas con su madre durante todo el día porque la conocía y sabía que estaba tramando algo.

— ¿Sí?— preguntó con cierto miedo.

— ¿No crees que tu amigo Theodore... es muy guapo?

Hermione se quedó un momento en silencio intentando asimilar aquellas palabras y cuando por fin consiguió reaccionar, soltó una fuerte carcajada.

— Mamá, ¿en serio?— dijo entre risas.

La señora Granger no le dio importancia a su reacción y sonrió esperanzada.

— A ver, es dulce y muy simpático. Te gusta, ¿verdad?

Hermione, sin apartar la vista de las bandejas de los canapés, soltó una suave risa.

— Siento desilusionarte pero no. No es mi tipo.

Jane la miró con los ojos entrecerrados, sospechando, sabiendo que claramente estaba mintiendo. Tenía que conseguir emparejarlos como fuese porque a ese paso, su hija iba a terminar la escuela sin haber tenido novio. Estaba segura de que ni siquiera habría besado a nadie. Si Hermione seguía así iba a terminar solterona y viviendo en una casa llena de gatos, con Crookshanks y toda su familia gatuna, así que no se lo pensó y actuó. Rebuscó entre los cajones de la cocina porque recordó que tenía un muérdago escondido por alguna parte. Debía tramar un plan para que su hija y él se besasen como fuese. Así Hermione aceptaría sus sentimientos.

— ¡Ajá!— exclamó cuando lo encontró en uno de los estantes.

Hermione la miró y vio lo que tenía en la mano, o mejor dicho, lo que tenía entre manos. Se acercó a ella y se lo arrebató.

— Oh, ni hablar. Ni se te ocurra— le espetó— No empieces a planearlo, que no vas a conseguir nada. Te lo aseguro.

Molesta, se acercó al cubo de basura, arrojó el muérdago al interior entre las cáscaras de naranja y los trozos de cebolla y lo cerró de un golpe. Jane la miró atónita.

— ¿Por qué eres tan terca?— dijo refunfuñando, pero aún así no pensaba rendirse. Debía pensar en otra alternativa.

Hermione rodó los ojos y continuó con su trabajo, ignorando las estupideces que salían de la boca de su madre. Obviamente no le iba a contar nada de Malfoy, porque nunca llegarían a salir juntos. Aunque hubiesen querido tener una relación, que no era el caso, hubiera sido imposible por todos los prejuicios que había con respecto al estatus de sangre. Y evidentemente su madre no estaba al corriente de ello.

Jane, al ver que su plan se había ido por el desagüe, tuvo una brillante idea y después de poner el pavo en una bandeja de porcelana y dejarlo sobre la encimera de la cocina, fue al salón. Allí estaban todos sentados, ansiosos.

Ella sonrió y pestañeó muy rápido.

— ¿Quiere alguien venir a ayudarme? Necesito un voluntario para cortar el pavo.

Hermione la escuchó desde la cocina y resopló al percatarse de lo que tramaba. Genial.

Theodore retiró la silla y se puso en pie.

— Yo...

— Yo lo haré— lo cortó Draco, que también se había levantado a toda prisa y lo fulminaba con la mirada.

La madre de Hermione tensó la mandíbula y le maldijo al ver que iba a echarle el plan por la borda. Aún así se dijo que tenía que ignorarle, no hacer caso a ese rubio oxigenado.

— Con uno es suficiente— carraspeó intentando sonar amable— Theodore, como tú has sido el primero en ofrecerte, ven.

El chico, antes de marcharse a la cocina, sonrió satisfecho y miró a Draco por encima del hombro, sabiendo que lo había jodido a base de bien, aunque aún seguía sin entender por qué le molestaba tanto. Además, era ilógico e inimaginable que precisamente él quisiera cortar un pavo, cuando siempre había dejado que los elfos domésticos lo hicieran todo por él.

Sin embargo, cuando entró en la cocina, vio que Hermione estaba hablando sola y soltaba improperios por lo bajo. Jane, que pasó después de él, soltó una risita.

— Por favor, ayuda a mi hija con los canapés— le exigió.

Theodore la miró confuso.

— ¿Pero no quería que cortase el pavo?

— Ay, déjalo. Será mejor que lo haga mi marido. Tú ayuda a Hermione, ¿vale?— le dijo sintiéndose realizada. Lo había conseguido. Había logrado darles un pequeño empujoncito. Emocionada, observó a Theodore acercándose a Hermione, que continuaba preparando los aperitivos como si nada y justo ahí, se dio cuenta de la pareja tan bonita que hacían juntos. Ya podía verle a él, como futuro yerno.

Contenta y sin dejar de canturrear una canción ochentera, comenzó a preparar los platos y las copas. Al ver a su hija murmurándole algo a Theodore, pegó la oreja pero lamentablemente no escuchó absolutamente nada de la conversación.

— Oye, Nott— susurró Hermione con desgana, colocando algunas aceitunas sobre los canapés— No hagas mucho caso a lo que te diga mi madre.

Theodore, que parecía haberse percatado de todo el asunto, se limitó a soltar una risa y asintió.

— No te enfades, Hermione. A mí me hace mucha gracia... por cierto, puedes llamarme por mi nombre. No me molesta.

Hermione apartó la vista repentinamente de los canapés y lo miró con sorpresa, sin poder creer que alguien de Slytherin estuviera hablándole de forma tan amable, a pesar de que sabía que era una hija de muggles. Luna había insistido en que era muy simpático pero no se había imaginado que lo fuera tanto. Encima la había llamado por su nombre, sin ningún atisbo de duda.

— Está bien... Theodore— dijo al cabo de un rato, algo avergonzada. Nunca había llamado a un alumno de Slytherin por su nombre, ni siquiera a Malfoy.

Él, aprovechando que la madre de Hermione se distraía, se aproximó un poco hasta estar lo suficientemente cerca de su oído.

— ¿Te ha contado Luna lo que pasó anoche?— le susurró colocando un poco de salmón ahumado en unas tostaditas.

Hermione continuó sin apartar la vista de la bandeja.

— Sí, ¿Qué vais a hacer?

— No lo sé. No sé qué piensa ella— comentó confuso— por eso quería preguntarte a ti. Después de la cena quiero hablar con ella, si tengo la oportunidad, claro.

Hermione sonrió.

— Yo hablé con ella anoche. Me dijo que os...besasteis. Estuvo diciéndonos lo que pensaba pero prefiero no entrometerme. Ella te lo dirá a ti, estoy segura.

A Theodore se le formó una sonrisa en los labios al escuchar que Luna le había contado que se habían besado y recobró un poco la esperanza porque esperaba que no lo rechazase si le decía que quería salir con ella. La madre de Hermione, en cambio, no escuchó ni una palabra pero sí vio como sonreía. Rezó porque se tratara de un piropo, porque estuviera coqueteando con su hija y por esa razón estaba en las nubes.

Sin embargo, unos gritos sonaron desde el salón haciendo que Jane se olvidara de ellos completamente y que los tres salieran corriendo para ver qué diantres sucedía.

— ¡¿Pero qué coño?!— graznó Blaise asustado, levantándose de la mesa a toda prisa.

¡Jo, Jo, Joú! ¡Feliz Navidad!— exclamó el padre de Hermione vestido de papá Noel, con un saco sobre el hombro. Llevaba una barba postiza, unos cojines debajo del traje rojo para conseguir el efecto barriga y el gorrito de Navidad.

Draco, Crabbe y Goyle estaban igual de sorprendidos. Pero en parte tenía lógica y es que sus padres mortífagos no se vestían así todos los días.

— ¿Os habéis portado bien este año?— carraspeó el señor Granger intentando poner una voz grave.

Ginny, Parvati y Lavender no dejaban de reír. Luna, en cambio, parecía ser la única que miraba al padre de Hermione con admiración.

— ¡Vaya! ¡Una nueva criatura!— sonrió entusiasmada.

Hermione puso los ojos en blanco, se acercó y agarró a su padre del brazo para que parase.

— Papá por favor, quítate el traje. Qué vergüenza— le espetó sonrojándose violentamente. Quería que la tierra se la tragase. Entre el espectáculo de casamentera de su madre y el disfraz ridículo de su padre, le iba a dar un infarto esa noche. ¿Qué iba a pensar Malfoy de todo aquello? Se fijó en él y vio que reprimía la risa.

Con rencor, lo miró y continuó intentando que su padre no se resistiese para arrancarle la falsa barba.

— Hermione, ¡no seas tan plasta! ¡Que aún no les he dado los regalos!— exclamó él.

— ¿Regalos?— preguntó Crabbe con entusiasmo, deduciendo que quizás se trataban de bombones. De comida, en general.

El señor Granger, eufórico, soltó una carcajada.

— ¡Sí! ¡Jo, Jo, Joú! ¡Hay para todos!

Hermione le dio un codazo en las costillas.

— ¿Puedes parar, por favor?— insistió desesperada pero su padre no le hizo ni caso, abrió el saco y enseñó, sin sacarlos, unos artilugios muy extraños... o al menos, extraños para Malfoy y los demás.

Lentamente se acercó a ellos y comenzó a rebuscar en el saco.

— Para ti un enjuague bucal— dijo tendiéndoselo a Blaise en la mano— para vosotros hilos dentales— Crabbe y Goyle pusieron cara de interrogante— y para ti...— miró a Malfoy en ese momento— un cepillo eléctrico— lo sacó del saco y le dio al botón para ponerlo en marcha— Tus dientes van a quedar relucientes, ya verás.

Draco se asustó y retrocedió un par de pasos, sin tener ni idea de lo que era aquel cacharro. Luego, horrorizado, miró a Hermione.

— Granger, ¿en serio vosotros os metéis eso en la boca?

Pero ella se limitó a no contestar, totalmente abochornada. El señor Granger, por otra parte, sacó una pequeña bolsa de plástico y metió en el interior todos los regalos de los chicos para que se los llevaran después de la cena. Con las chicas, la situación no mejoró. Un surtido variado de pastas de dientes con sabor mentolado, de fresa, botellitas de flúor, etc. Hermione, desde luego, no supo dónde esconderse. ¿Qué iban a pensar de su familia? Intentando no perder la poca calma que le quedaba, se llevó a su padre a la cocina casi a rastras con la excusa de que la ayudase a llevar la comida a la mesa y Theodore también los ayudó.

Cuando Jane apareció en el salón con el pavo, a Crabbe y Goyle se les iluminó el rostro, porque supieron que iban a disfrutar como nunca. Hermione y Theodore pusieron las bandejas con canapés sobre la mesa y el señor Granger llevó las bebidas. La cena transcurrió sin contratiempos o eso creyó Hermione hasta que su madre decidió empezar con el dichoso interrogatorio, justo cuando todos estaban terminando de comer. Ella tenía pánico de que llegara el momento pero lamentablemente sabía que no lo iba a poder impedir.

— Bueno, ¿y cómo os conocisteis?— preguntó Jane mirándolos a todos con emoción. Un gran silencio se hizo en el salón. Nadie tenía valor para responder. A Hermione se le hizo un nudo en la garganta y estuvo apunto de atragantarse con uno de los canapés.

— Es una larga historia— habló de pronto Malfoy. Todos centraron la vista en él. Blaise lo miró confuso, sin tener ni idea de lo que iba a soltar— Digamos que nos conocimos al llegar al castillo pero nos dividieron por casas.

Hermione no podía respirar. El corazón le palpitaba tanto que le dolía y no supo a dónde mirar. Observó a Lavender y vio que tenía la mandíbula desencajada. Luego miró a Ginny y a Zabini y se dio cuenta de que estaban en las mismas. Por desgracia, su madre siguió metiendo el dedo en la llaga.

— ¿Vosotros no estáis en Gryffindor?— inquirió con cierto interés.

Theodore se tensó un poco.

— No, somos de Slytherin.

La señora Granger, encandilada, sonrió y se sirvió un poco de vino. Al parecer se había bebido un par de copas de más.

— Ah, recuerdo que una vez en el callejón Diagón, vi a Ronald Weasley y me dijo que odiaba esa casa. Sinceramente no lo entiendo, si sois encantadores.

— En serio, ¿podemos cambiar de tema?— soltó rápidamente Hermione con la esperanza de que su madre se olvidara.

— Ay Hermione, déjame que quiero saber más sobre ellos— dijo entre risas. Luego miró a Malfoy y se quedó en silencio por un momento. Le parecía algo misterioso y tuvo la necesidad de averiguar un poco más sobre él.

— ¿Y tú cómo conociste a mi hija? ¿Cuál fue tu primera impresión de ella?

Hermione se sonrojó como nunca en su vida y vio que Malfoy sonreía pletórico, como si hubiera deseado que le hicieran esa pregunta durante toda la noche, así que sintió un pánico repentino. Pánico por lo que pudiera decirle él a su madre.

— Es complicado— comentó Draco desviando la vista— La vi por primera vez en el expreso de Hogwarts con un montón de libros en la mano. Evidentemente me di cuenta de que era una sabelotodo.

Hermione frunció el ceño y fue a levantarse de la mesa pero él continuó.

— No sabía su nombre, ni siquiera sabía quién era ella, pero... no pude evitar pensar que era la chica más preciosa que había visto nunca— su voz sonó jodidamente ronca cuando lo dijo.

Blaise, que en ese momento estaba bebiendo un poco de agua, la escupió de golpe y Crabbe comenzó a darle fuertes palmadas en la espalda para que no se atragantase.

— ¡Ten cuidado, no te vayas a ahogar! ¡Lo que menos nos apetece esta noche es ir a urgencias!— gritó el señor Granger soltando una fuerte risotada.

Hermione bajó la vista y la fijó en el pequeño trozo de pavo que quedaba en su plato con tal de que no le vieran la cara. Las mejillas le quemaban y parecía que iba a estallar de un momento a otro. No entendía cómo Malfoy había sido capaz de soltar algo así. Ella recordaba que la primera vez que lo vio fue en el tren, aunque ahí desconocía lo imbécil que podía llegar a ser, pero...¿lo que él había dicho era verdad? ¿O se lo había inventado para ver como reaccionaba?

Theodore, por otra parte, estaba igual de sorprendido aunque dedujo que lo que Draco había dicho a la señora Granger era una mentirijilla para hacer un poco de peloteo, con tal de ser el centro de atención. Al fin y al cabo, Draco seguía odiando a Granger, o al menos, era lo que él creía.

La madre de Hermione, molesta, miró al oxigenado con cierta confusión, porque ella estaba esforzándose mucho en emparejar a su hija con Theodore, el chico dulce y el único que parecía hacerle caso era Draco, el rarito de turno. Miró a Theodore en ese momento, esperando encontrar un poco de celos o enfado ante aquella revelación pero vio que hablaba con Luna sonriéndole como si estuviese enamorado. ¡No podía permitirlo!

— ¿Bueno y vosotros sois amigos de Harry y Ron?— preguntó intentando cambiar de tema, queriendo indagar más.

Blaise y Draco se lanzaron miradas cómplices y estallaron en carcajadas.

— Oh, sí— se atrevió a contestar Zabini y se removió en su asiento, interesado— desde luego que somos amigos de Potter y la comadrej…

Ginny se puso furiosa e intentó darle un codazo pero Blaise-que ya lo veía venir-la sujetó del brazo por debajo de la mesa. La madre de Hermione enarcó una ceja pero no le dio importancia y comenzó a preguntarles a Crabbe y Goyle sobre su vida.

Ginny, intentando ser lo más discreta que pudo, continuó forcejeando con él por debajo de la mesa.

— Zabini, suéltame ahora mismo si no quieres que te dé otra patadita,— murmuró mirándolo de soslayo— y esta vez te aseguro que te la voy a dar con todas mis fuerzas.

Pero Blaise no pensaba dejar pasar la oportunidad.

— Me das tanto miedo que voy a cagarme en los pantalones, Weasley. No sabes cómo tiemblo— le susurró con voz gutural, sin soltarla. Al ver que se ponía roja de ira, deslizó la mano hasta llegar a su muñeca y se la movió, acercándola a su entrepierna, obligándola a que tocase sus partes íntimas.

Ginny, agitada, hizo un movimiento brusco y se zafó de su agarre. No estaba dispuesta a tocarle el basilisco, y menos en mitad de una cena de Navidad en la casa de Hermione.

— ¿Qué narices estás haciendo?— masculló con rabia.

Blaise había empezado a disfrutar viéndola tan alterada, porque estaba tan roja que se podían apreciar claramente sus pecas. No supo por qué, quizás por el hecho de que estaba tan jodidamente cachondo que se subía por las paredes, pero acercó la mano a los pantalones de ella, la posó sobre uno de sus muslos y le apretó sutilmente, notando la tela del vaquero contra la palma de su mano.

Ginny notó como el corazón le daba un vuelco pero no hizo nada. Se quedó helada, quieta, como una estatua, notando el calor que desprendía.

— ¿Ahora no apartas mi mano, Weasley?— murmuró él acercándose a su oído, aprovechando que los demás centraban su atención en la madre de la sangre sucia— ¿Tanto deseas que te toque?

Ginny intentó responderle pero se quedó sin voz al notar que él continuaba deslizando la mano hasta llegar a su ingle y volvía a apretarle el muslo suavemente.

— ¿Po-podrías apartar tu manaza de mi pierna?— tartamudeó con nerviosismo.

— Claro, Weasley— dijo al cabo de un rato y sin más, la retiró con rapidez— No creas que voy a caer tan bajo, sólo quería ponerte cachonda.

— Yo no estoy…

— ¿No?— la cortó— Está claro que sí. Sólo tienes que mirarte la cara— dijo en un susurro, se apartó y volvió a centrar la vista en su plato para terminar el poco pavo que le quedaba.

Ginny lo miró boquiabierta y se odió a sí misma por haber caído tan rápido en sus garras. Lo odiaba, odiaba a ese maldito cabronazo, porque era cierto. Con aquella mano tan cálida y aquella voz tan aterciopelada, notando el roce insistente de sus labios contra el lóbulo de su oreja, había conseguido excitarla y no podía soportarlo. Aún así se juró a sí misma que no iba a volver a mirarlo a la cara y continuó comiendo pavo asado, de malagana.

Durante el resto de la cena, Jane estuvo contando algunas anécdotas sobre su hija- entre ellas que una vez entró en una librería de pequeña, se encaprichó de un libro y montó un berrinche- y Hermione se sentiócada vez más expuesta y avergonzada. Estaba tan nerviosa que pensó que se quedaría sin uñas de tanto mordérselas. Draco, al contrario, estaba disfrutando como nunca porque Granger siempre había ido de señorita doña perfecta y descubrir alguno de sus defectos la hacía más humana. Hacía que él se sintiera más cerca. Además, los señores Granger empezaban a caerle bien. Aunque fuesen muggles eran... agradables, y esa buena sensación que estaba experimentando, había empezado a asustarle.

El padre de Hermione sacó una tarta para el postre y luego continuó con su papel de papá Noel porque se le daba de maravilla y llevaba tiempo planeándolo. Se había desanimado mucho al saber que su familia no iba a ir a la cena de Nochebuena pero ahora que estaban los compañeros de su hija allí, no iba a desperdiciar la oportunidad.

Cuando Hermione terminó y ayudó con Parvati a su madre a quitar la mesa, decidió ir al cuarto de baño que había en el pasillo, junto a la cocina para lavarse los dientes. Sus padres, como buenos odontólogos que eran, se volvían locos si no lo hacía inmediatamente después de comer, así que entró en el cuarto de baño, dejó la puerta abierta, cogió la pasta dental y la echó en su cepillo.

— ¿Ese no es eléctrico?— dijo una voz desde el dintel de la puerta provocando que se diera media vuelta, con toda la boca llena de espumita.

Draco apoyaba el brazo en el marco de la puerta esbozando una sonrisa ladeada.

Nogg— intentó decir Hermione pero al ver que no podía hablar, escupió en el lavabo— ¿Dónde están los demás?

— En el salón, viendo la lamentable actuación de tu padre— se mofó.

Hermione rodó los ojos y continuó cepillándose.

— ¿Y mi madre?— inquirió.

— Terminando de recoger los vasos con Patil y Brown. Si tuvierais elfos domésticos, todo sería mucho más fácil.

Hermione lo ignoró. Y en parte lo hizo, porque ahora que por fin estaban a solas tenía ganas de hacerle una pregunta. A pesar de que le diera mucha vergüenza decírselo, la curiosidad la estaba matando.

— Oye, Malfoy— musitó, dejó el cepillo de dientes en un vaso y sin mirarle, apoyó las manos en el lavabo.

— Qué.

— Lo que has dicho antes, ¿era cierto?— se pudo percibir un leve temblor en su voz.

Draco sonrió para sí mismo al escucharla. Sabía muy bien de lo que le estaba hablando pero quiso hacerla sufrir un poco.

— Granger, si no eres más específica…

Hermione tomó aire con dificultad.

— Lo del tren…me refiero a que— hizo una pausa y la voz le flaqueó en ese momento— dijiste que la primera vez que me viste pensaste que era... preciosa.

Draco sonrió ladinamente y se aproximó a Hermione desde atrás, miró al espejo y vio que ella tenía la cabeza agachada, que no se le veía el rostro por el cabello pero dedujo que permanecía cabizbaja porque debía estar muy sonrojada, así que no se lo pensó, alzó una mano, le agarró el trasero intentando ponerla más nerviosa de lo que ya estaba, se inclinó un poco hacia delante y aproximó los labios a su oído muy despacio para que ella percibiera el roce contra el lóbulo de su oreja.

— Nunca lo sabrás.

Hermione, casi sin respiración, lo miró a través del espejo, detestando que fuera a salirse con la suya y la estuviera torturando de esa forma. Era evidente que la iba a dejar con la duda, así que, de malhumor, lo apartó e intentó salir del cuarto de baño pero él se puso delante, impidiéndole el paso.

— Te odio— le soltó enfadada— Apártate.

Draco se rio. Recordó el primer día que la vio en el tren, cuando aún ni siquiera sabía que era una hija de muggles. Claro que le había atraído y había pensado que era preciosa, pero prefirió que ella nunca lo supiese, porque se suponía que sólo iban a follar para zanjar todo lo que estaba ocurriendo entre los dos y ahora sentía que la situación se le estaba yendo completamente de las manos. Se dijo que tenía que seguir igual que siempre, que no podía mostrar ningún sentimiento hacia ella pero por algún motivo cada vez le resultaba más difícil.

— ¿Puedes apartarte?— insistió Hermione sin mirarlo a la cara.

— Venga Granger, no seas así de borde— dijo con voz aterciopelada.

Hermione alzó la vista y lo observó, pensando que quizás estaba burlándose de ella, pero luego se dio cuenta de que en realidad no podía soportar que ya no fuera a verle más hasta después de Navidad. Y por si fuera poco, él no quería decirle si lo que había hablado con su madre era cierto o no. Inspiró profundamente para relajarse, lo sacó del cuarto de baño y apagó la luz.

Ambos se quedaron plantados en mitad del pasillo, escuchando al señor Granger exclamando— ¡Jo, Jo, Joú! ¿Queréis un poco de carbón?

— No te rías— le espetó Hermione al ver que despegaba los labios.

— He de reconocer que, a pesar del lamentable espectáculo que ha dado, tu padre tiene gracia— dijo reprimiendo una risa en vano. Luego sonrió, se aproximó mucho a ella hasta estar a escasos centímetros de su rostro y deslizó las manos por su cintura.

Hermione no se apartó.

— Vaya, ¿ y no se suponía que odiabas a los muggles, Malfoy?— le pinchó ella en voz muy baja al notar el tacto de sus labios acariciando la comisura de su boca.

Draco fue bajando los párpados poco a poco.

— Supongo que a veces... hay excepciones — dijo en un susurro, terminando de acortar la distancia y fusionó los labios con los suyos.

Porque no pudo soportarlo más. Se moría por besarla. Lo había deseado toda la maldita noche y no podía esperar ni un minuto más, así que resbaló la lengua entre sus labios con facilidad y comenzó a moverla hacia delante y hacia atrás con cuidado pero su impaciencia le obligó a empujar más fuerte y rápido. Se aferró a su cintura y notó la pasión con la que ella lo besaba como si no quisiese despegarse de él por nada del mundo, así que no pudo reprimirse más y deslizó una de sus manos por su cuerpo hasta su trasero y la agarró con fuerza, como si no quisiera dejarla marchar.

— Draco, ¿dónde estás?— preguntó Blaise desde el salón.

Hermione se apartó de los labios de Malfoy con mucho esfuerzo y lo miró a los ojos.

— Pf— musitó él, sin soltarla, y apoyó la frente en su hombro. Hermione notó el roce del cabello de él contra su cuello— Joder con Blaise. Será mejor que vaya, Granger.

— Es…— suspiró ella, bastante alterada— Es que ahora que lo pienso, es tarde. Seguramente querrá irse.

A Draco se le hizo un nudo en la garganta en ese momento. Con ansiedad, miró a todos lados hasta que vio que, en un reloj que había colgado en una de las paredes del pasillo, era medianoche. El miedo lo invadió al pensar que quizás su padre podía haber vuelto a casa. Tenía que largarse, así que se apartó de Hermione rápidamente y fue al salón en busca de sus compañeros. A la madre de Hermione, que justo había salido de la cocina, le pareció verles abrazándose pero creyó que era imposible, que se lo habría imaginado por culpa del vino.

Hermione, en cambio, cuando fue consciente de su cercanía, palideció temiendo que los hubiera visto.

— Mamá, yo...

Pero Jane no le dio importancia, se deshizo el nudo del delantal y se lo quitó.

— Venga, ve a despedirte de tus amigos, que creo que se van ya.

Los chicos se pusieron sus chaquetas y Blaise se dirigió a la puerta de la entrada para abrirla, deseando acabar con la tortura de una vez por todas. Luna salió con Theodore al pasillo y le pidió permiso a Hermione para llevarlo a su habitación rápidamente con la intención de darle el regalo, asegurando que no tardarían en bajar. Ella asintió y ambos subieron las escaleras. Lavender, Ginny y Parvati, en cambio, continuaban charlando con Crabbe y Goyle mientras el señor Granger les daba la vara con su barba postiza, la cual comenzaba a picarle. Los cojines que llevaba en la barriga también le molestaban así que decidió quitárselo todo y volvió al salón para dejar la barba y los cojines en el sofá junto a la ventana.

Los demás siguieron plantados en el pasillo, esperando.

— ¿Qué pasa, Blaise?— preguntó Draco al cabo de un rato, al ver que su amigo tenía puesta la mano sobre el pomo de la puerta pero no la abría.

Blaise hizo aún más fuerza.

— No puedo abrir la jodida puerta— dijo con nerviosismo. Las manos habían empezado a sudarle.

Hermione se extrañó.

— Mamá, ¿tú la has cerrado con llave?

— Sí, espera un momento. Voy a buscarla.

Pero no pudo hacerlo porque un grito se escuchó desde el salón haciendo que se olvidaran de todo. El grito del señor Granger. Hermione se asustó, salió corriendo y los demás la siguieron, a excepción de Theodore y Luna que aún seguían en la planta de arriba.

— Papá, ¿que ocurre?— preguntó al verlo tan preocupado.

— Me temo que tus amigos no van a poder ir a ninguna parte esta noche— dijo señalando la ventana, con estupor.

Draco, casi fuera de sí, se acercó para ver qué narices sucedía y se quedó paralizado. Mierda. No. Imposible.

— ¿Qué demonios suced…— dijo Hermione pero se quedó sin habla al asomarse por la ventana y ver que la nieve lo cubría todo y llegaba a más de un metro de altura. Cuando por fin consiguió reaccionar se dio cuenta de que lo peor de todo era que seguramente hasta por la mañana los quitanieves no aparecerían.

Blaise empezó a pasearse de un lado a otro del salón, de brazos cruzados, muy ansioso.

— No, no. Esto es una broma.

Goyle se asustó al ver que su amigo se ponía completamente histérico.

— Me parece que no, Blaise— dijo en un susurro, con miedo a como pudiera reaccionar.

Blaise se metió la mano en el bolsillo.

— Joder, encima no nos hemos traído las varitas.

Hermione puso los ojos en blanco.

— ¿Y qué pensabas hacer de todas formas, Zabini? Te recuerdo que no podemos hacer magia fuera de la escuela. Podrían expulsarte.

— Granger tiene razón, Blaise— añadió Draco.

Blaise resopló y comenzó a mirar por el salón en busca de una chimenea pero no había ninguna, lo que quería decir que tampoco podría usar polvos flu. Por otra parte, era imposible largarse en autobús estando las calles en ese estado. Además, ni siquiera podían salir por la puerta.

— Vaya— suspiró la madre de Hermione— Hace más de veinte años que no ocurría algo así. Me temo que no os queda otro remedio.

— Podríamos cenar otra vez para pasar el rato— sugirió Crabbe con una sonrisa llena de emoción.

— Cállate, joder— le espetó Blaise dándole un porrazo.

Jane intentó calmarles.

— No os preocupéis, no va a pasar nada pero… vais a tener que quedaros aquí esta noche a dormir— explicó.

¡¿QUÉ?!— gritaron todos.

Hermione notó como el corazón se le congelaba. No.

No.

¿Dormir? ¿En su casa? ¿Con Draco Malfoy? Lo miró de soslayo y vio que estaba igual de sorprendido que ella. Se metió un mechón de pelo detrás de la oreja, salió al pasillo y se paseó de un lado a otro para intentar tranquilizarse. Escuchaba a Zabini discutiendo con Malfoy y al resto hablando con su madre pero no era capaz de prestar atención.

''A ver Hermione…tranquilízate. Sólo es una noche. No son muchas horas... además ya son las doce. Seguro que el tiempo pasa antes de que te des cuenta''se repitió mentalmente.

Pero para ella era ilógico calmarse. No podía hacerlo en una situación así y sabía con certeza que cuando alguien deseaba que el tiempo transcurriese lo más rápido posible, sucedía todo lo contrario. Era ley de vida. Además, había empezado a hacerse muchas preguntas, entre ellas...¿y si a Malfoy le daba por acorralarla contra una pared en mitad de la noche y…y…

Una voz amortiguada se escuchó desde arriba sacándola de los pensamientos tan inquietantes y obscenos que estaban pasando por su mente.

— ¿Por qué gritáis tanto?— dijo Theodore.

— ¿Hay algún problema?— añadió Luna asomando la cabeza por el hueco de la escalera.

Hermione alzó la vista y la miró con nerviosismo.

— Complicaciones, Luna... complicaciones.


¡Ohh my god! ¡Esto sí que no os lo esperábais! ;) ¡Sí, sí! Se ha quedado en un momento crítico! Dios... )*0*( ¡Hubiera dado cualquier cosa por ver la cara de Jane cuando vio el ramo de rosas negras y todos vestidos de luto! XD Con respecto a lo que dijo Draco de que Hermione le pareció preciosa la primera vez que la vio, ajajhsdjhg, ¡Si es que este rubio es demasiado! Y bueno, menos mal que Hermione no dejó que su madre usara el muérdago para que besara a Theo... hubiera sido un desastre total XDD ¡No sé lo que hubiera hecho el rubio! por cierto, Blaise dijo que no iba a dirigirle la palabra a Ginny y al final... no veas la que ha formado por debajo de la mesa XDD veremos a ver esos dos...

Este capítulo va dedicado a: Melanie Lestrange, Morgana Argay Malfoy, ian, Luna White 29, Mariina23, LucyTheMarauder, vampire obsesion, VIOLETA15, merylune, Emma Felton, Leonor Snape, Fersha Malfoy , alissa-2012, Milymu, anguiiMalfoydark, Luladark, Alesz, Connie1, Shirmione Malfoy, CoposdeHielo, kionkichin, Melody.B, sam zmethwick, DeinoO-Dragomir, Katie Parsel, NightReinas9697, Caroone, Sam Wallflower, sirone aphrody, rosedrama, Gardeniel, Catiba, miriamcampuzano, crazzy76, BlueJoy, Isabel, Kuki-chan y Mariielena Malfoy.

¡Hasta la próxima actualización!

Un beso muy grande, tyna fest :)