Disclaimers: Casi todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins. Y otros son personajes OC creados por mí.
"BODA DE ROSAS"
(Universo alterno de 'The Ballad of Songbirds and Snakes')
POV LUCY
No importa cuánto tiempo pase, al parecer nunca me termino de acostumbrar a dormir sin Coriolanus, él es el único de capaz de hacerme sentir protegida y quien mantiene mis pesadillas a raya.
Llevo varios días viniendo a la casa de una amiga que hice en La Academia durante el día y solo yendo a casa a dormir. Organizando mi boda con Coriolanus. Él está conmigo durante el día para pasar tiempo conmigo y ayudar con la organización, pero no se queda en las noches. Tigris también pasa más tiempo en esta casa y el atelier que en la mansión Snow. ¿La razón? Ella está haciendo el vestido de novia y el traje de novio. Como la tradición es que el novio no vea el vestido, estamos pasando la última semana antes de la boda fuera de la mansión para poder trabajar tranquilas, de igual modo yo tampoco he visto el esmoquin que la prima de mi novio está haciendo para él, le dije a Tigris que me parece justo que ambos nos sorprendamos el uno al otro, el día que estemos en el altar.
Doy vueltas en la cama, hasta agarrar el teléfono móvil de la mesita de luz y revisar los mensajes o llamadas perdidas.
Mi prometido ha llamado hace una hora, pero yo estaba dormida, y luego empezó a enviarme algunos mensajes de texto.
¿Has dormido bien, cariño? Disculpa por no haber ido ayer, tu padre me necesitaba en la empresa. Llámame cuando puedas. Te extraño.
Mi padre… ¿Quién diría que encontraría a mi padre biológico y un hermano que no sabía que existía en el Capitolio tras ganar los Juegos del Hambre? Mi últimos años se ha basado en ir y venir de la casa de mi familia biológica, a la de mi novio.
Antes como la relación con mi padre recién empezaba a reestablecerse, le dije que necesitaba tiempo para adaptarme a la situación y le pedí que me dejara seguir viviendo con los Snow. Él aceptó, pero pidió que le diera una oportunidad y permitiera que nos siguiéramos viéndonos con frecuencia, por lo que al principio mi encuentro con mi padre y mi hermano, se limitaban a cenas, almuerzos, salidas y visitas de una casa a otra. Casi siempre con los Snow presentes. Luego, empecé a quedarme a dormir en casa de mi familia junto con Coriolanus, porque no quería que me dejara sola, era difícil para mí.
Busco en la agenda su número y lo marco. No contesta la primera vez, pero si la segunda.
−¡Coryo!
−Lucy –contesta animado.
−Vi las llamadas y los mensajes. Disculpa por no contestar, estaba dormida.
−¿De nuevo te dormiste tarde?
−Se podría decir que sí. Kate y yo estamos terminando los suvenires, ya sabes. Mucho trabajo. Era tarde y me quedé en su casa.
Si bien mandamos a hacer todos a un sitio especializado, nosotros nos encargamos de darle el toque final, envolviéndolos, cortado cintas de raso finas para hacer nudos y moños y colocando las etiquetas; Tigris sigue trabajando con nuestra ropa.
−La casa se siente vacía sin ustedes dos –comenta apenado.
−Volveremos a estar juntos, cariño. Muy pronto.
Papá nos compró una casa para que empezáramos nuestra vida como un matrimonio independiente. Madame y Tigris seguirán en la mansión Snow y nuestro futuro hogar se ubica cerca de la mansión de mi familia.
−Y será para siempre –agrega.
−No te dejaré ir, Coriolanus Snow. Nos perteneceremos completamente desde el momento que digamos "acepto".
−Estoy preparado para eso. Espero que tú también lo estés, porque no dejaré que duermas una noche más lejos de mí.
−Entonces debería disfrutar mis últimos tres días de diversión nocturna ¿no? –bromeo.
−Mientras esa diversión no incluya otros hombres –responde.
−Lo mismo digo, espero a que tus amigos no se les ocurra llevarte a un lugar de mala muerte el día anterior a nuestra boda como es la tradición.
−Oh, no te debes preocupar por eso. Dejé a tu hermano y Sejanus a cargo de la cena de despedida, son los únicos en quienes confío lo suficiente para saber que no harán desastres. No va a haber nada extraño para pesar de mis otros ex compañeros de La Academia y amigos de la universidad.
−¿Todavía no lo saben?
−Solo se lo advertí a Festus, para que no aparezca con sorpresas esa noche. Le dije que cuando quiera puede irse y buscar otro tipo de diversión en otro lado.
−Dile de mi parte que si me entero que aparece con una sorpresa inesperada para "ti" es hombre muerto –digo en tono duro.
Sé de todo lo que es capaz él y lo que hacen ese tipo de chicas con el novio en las despedidas de solteros.
−¿Cómo no se me ocurrió antes? Le pasaré el mensaje, tal vez, una amenaza de muerte de tu parte sea más efectiva. Ya tienes fama.
−¿En serio se lo dirás?
−Por supuesto, adoraré ver su cara de susto.
Largo una carcajada divertida, Festus siempre está tomándole el pelo a mi Coryo y haciéndole bromas, tal vez esto lo considere una pequeña venganza.
−¿Qué piensan hacer ustedes?
−¿Por qué no vienes de visita y te lo digo en persona? Tengo ganas de salir. Podríamos ir al parque en la tarde.
−¿Cómo en nuestra primera cita? –su voz suena nostálgica, han pasado casi tres años de eso.
−¿Aceptas?
−Tengo estos días libres gracias a tu padre, iré contigo tan pronto como yo y Madame desayunemos.
−¿Y Tigris?
−Ella me dijo que hoy tenía un evento de moda importante y sus jefes la llamaron en la mañana para pedir que cubriera a alguien. No podía negarse. Iré con Madame si la convenzo de salir, está preguntando mucho por ti.
−Será bienvenida, los espero en mi casa –afirmo.
−¿Recibiste las rosas ayer?
−Son hermosas, muchas gracias. Y tú también eres mi vida, Coriolanus.
Recibí un enorme ramo de rosas de todos colores en la dirección de mi amiga, porque Coriolanus sabía que no estaba en casa, con sobre a mi nombre y dentro del mismo una nota suya. Por la forma en la que estaba decorado, eran de una florería.
Algunas las utilizamos para decoración y con otras diseñamos modelo de accesorios para los vestidos de quienes serían mis damas de honor, la variedad de los colores, nos permitió llegar a un acuerdo de que flores y tonos eran mejores para cada vestido. Las rosas blancas serán solo para mi corona. Tigris piensa que sería mejor comprar una corona de rosas blancas naturales más pequeñas, o también ir integrando las flores a medida que peinen. Recién mañana me harán la prueba de peinado y maquillaje y decidiremos eso.
−Nos vemos más tarde. Adiós, cariño –lo despido rápidamente.
Si quiero estar en casa antes de que Coriolanus aparezca por allí, debo arreglarme, vestirme y desayunar.
Coriolanus llega antes del mediodía. La empleada avox, que me está ayudando a organizar algunas cosas que hemos comprado con Coriolanus para el banquete hace unos meses, se ofrece a abrir la puerta, pero yo me comunico en idioma de señas mientras hablo y le digo que no es necesario.
Mi padre y mi hermano siempre la trataron como una persona, como alguien valiosa, libre y con derechos. Y ella está muy agradecida con nosotros por eso. No sé qué crimen habrá cometido para merecer este castigo, pero puedo decir que hoy en día es una buena persona y eso es suficiente para mí. Ella tiene casi diez años más que yo y cuando fue condenada era una adolescente.
Ella dobla y desdobla unos manteles para ver si alguno necesita ser planchado o no como veníamos haciendo, deja los arrugados aparte para encargarse de ponerlos en condiciones.
−Amor –al verlo en la puerta, me abalanzo contra él y lo abrazo. Me recibe gustoso. Extrañaba este contacto. Los preparativos y él adelantando trabajo en la empresa familiar para tener semanas libres luego de nuestra boda, hizo que nos viéramos muy poco. Acaricio su cabello rubio claro, sus rizos naturales se le ven hermosos y son tan suaves.
Un carraspeo nos detiene, es mi padre que también acaba de llegar para recibir a las visitas. Él se aparta de mí con rapidez.
−Señor Baird… Buenos días.
−Coriolanus, bienvenido –mi padre sonríe, no parece molesto, aunque ve como me rodea de la cintura y me mantiene junto a él.
Miro hacia atrás y veo a Madame siendo acompañada por Pluribus Bell, quienes están caminando hacia nosotros. Le pido a mi prometido que me suelte y voy a saludarlos con más besos y abrazos.
−No te esperaba, Pluribus, pero me pone muy feliz que estés aquí.
−La boda de ustedes está cerca, chicos, vinimos a ayudar.
−Se los agradezco, cualquier ayuda es bienvenida. Sentimos que estamos al borde del colapso, Coriolanus y yo no podríamos solos con todo esto. Primero pasen y descansen, son invitados –digo tomando las manos de ambos y invitándolos a pasar.
Mi padre, mi hermano, la doctora Gaul, todos en Panem, quieren un festejo de boda a todo tambor. Una boda pública y grande entre dos pasados trágicos amantes que obtuvieron su "y vivieron felices para siempre".
Antes de que siquiera supiera que los dos primeros eran mis únicos familiares vivos, los conocí como simples patrocinadores míos y supe que la familia Baird era bastante poderosa en el Capitolio; no fue hasta unos meses después que ellos me confesaron la verdad y comprendí que el parecido del apellido no era casualidad.
Por otro lado, Coriolanus y yo somos figuras públicas y toda la atención está puesta en nuestro pronto matrimonio y nos desean felicidad. Nos sentimos en deuda de cierta forma, porque si no fuera por todo el apoyo que recibimos, no estaríamos juntos hoy. Debido a esto, accedimos a que las cámaras estén fuera del Edificio de Justicia y la Iglesia en nuestro gran día, siempre y cuando no estorben demasiado.
Claramente nadie quiere comer ahora, no hasta el almuerzo; solo aceptan que les traigamos bebidas. Yo por otra parte estoy a dieta esta semana, porque no quiero tener problemas con el vestido, no habrá tiempo para conseguir otro si ese no me entra a último momento. Le muestro a todos los centros de mesa y las rosas encantadas de los suvenires (me inspiré en una película que vi con Coriolanus para ellas). Madame está entusiasmada con ellas y la variedad de colores, blancas, rosas y rojas, las tres que más popularmente se relacionan con el amor.
Siento el brazo de alguien rodeándome desde atrás y al ver el anillo de compromiso y sentir su aroma, sé que es él.
−Lindo anillo, desconocido. Por algún motivo, me suena familiar –bromeo. Él se ríe y me abraza más.
−Creo que debo refrescarle la memoria a alguien. ¿Por qué no hablamos a solas? –susurra en mis oídos y yo me ruborizo. Estar a solas con él… es realmente tentador.
Invento una excusa creíble para que nos dejen ir y lo llevo a mi habitación. Cuando cierro la puerta con llave, lo enfrento y simplemente me lanzo hacia él y lo beso. La distancia es horrible, por suerte no durará tanto, solo tres días más y seremos uno solo. Aún así ahora mismo, lo único que deseo es tener una pequeña probada de nuestra noche de bodas y por la forma hambrienta en la que él me mira, me devuelve el beso y pasea sus manos por debajo de mi ropa, sé que quiere lo mismo.
Terminamos recostados en la cama, con él sobre mí y continuamos besándonos como si no hubiera un mañana, solo el presente. Hasta que él se detiene mientras besa mi hombro descubierto.
−¿Por qué paras?
−Es lo correcto, puedo esperar tres días más. Además…
Coriolanus sube mi vestido hasta casi llegar a mi pecho y detiene su vista en mi vientre, donde empieza a repartir beso en distintas ubicaciones, haciéndome cosquillas.
−¿Cómo despertaste, bebé? Espero que tu mami te esté cuidando y que tú estés siendo bueno con ella.
Él apoya su mano en el centro y me acaricia con cariño, recordándome que estoy esperando a nuestro primer hijo. No nos casamos por el embarazo, Coriolanus y yo estábamos en medio de una reunión con la planeadora de bodas hace unas semanas, decidiendo como organizar las mesas y donde colocar los decorados cuando me empecé a sentir descompuesta y lo próximo que recuerdo es despertar, encontrar a Tigris, Coriolanus y la mujer observándome con preocupación y las chicas haciéndome preguntas raras cuando él desapareció para conseguirme agua y algo para comer, porque se dieron cuenta lo que podía estar pasándome.
Me terminé haciendo un test de embarazo y dio positivo a la primera. También probé con otras marcas y no había duda alguna, íbamos a ser padres en pocos algunos meses. Coriolanus para mi sorpresa lo tomó bien, me tranquilizo y me dijo que pasaría tarde o temprano, que su sueño es tener una familia conmigo. Solo que decidimos mantener el embarazo en secreto hasta después de la boda, para evitar que hablen mal de nosotros. Ni siquiera se lo hemos dicho a nuestras familias, solo Tigris está enterada, porque estuvo el día que me "accidente".
−Entonces ¿está era tu verdadera intención para traerme con tanta desesperación a mi habitación? Me siento celosa, Coriolanus Snow –finjo molestia, aunque me encanta ver lo cariñoso que puede llegar a ser con nuestro hijo.
−Por supuesto que no. También extrañaba el sabor de tus labios, la calidez de tu cuerpo y todo de ti.
Él pasea su mano en los costados de mi cintura, mis caderas y piernas, haciéndome sentir indefensa con solo mi ropa interior a la vista. Y entonces, atrapa mis labios entre los suyos.
−No te contengas más, cariño. Nadie nos interrumpirá por las siguientes horas –le doy permiso para hacer todo lo que él desea aquí y ahora y rodeo sus caderas con mis propias piernas–. La madre de tu bebé también necesita un poco de amor.
Coriolanus sonríe con picardía, hipnotizándome con esos ojos azules que tanto amo.
−Ante semejante demanda no me puedo negar.
−Si puedes, pero serías severamente castigado por mí.
Empiezo a desprender su camisa botón por botón y empiezo a bajarla por sus hombros, dejando su piel a la vista.
−¿Qué dices? –pregunto.
Sus ojos parecen arder como llamas, aunque no de forma literal. Me desea, como yo a él. Me obliga a sentarme, para terminar de sacarse su saco y su camisa y yo levanto los brazos mientras el levanta el vestido hasta liberarme de él.
−Esta será nuestra última vez como prometidos o novios –anuncia con voz temblorosa, pero atrevida.
−La próxima vez seremos marido y mujer.
−Pero, no hoy.
Nuestros labios vuelven a encontrarse y hacemos lo único sabemos hacer cuando nos dejamos llevar por nuestros instintos y el amor que sentimos el uno por el otro.
Luego de varias semanas de tensión entre nosotros y todo nuestro entorno por la boda y la presión de mantener el embarazo en secreto, se siente realmente bien compartir otro momento como este con la persona que amo.
Nos sentamos a los costados de la laguna artificial del parque como hace años atrás. Con mi prometido frente a mí y yo de costado con mis piernas enredadas con las suyas. Dándole de comer algunas uvas sin semillas en la boca.
Nuestra última vez como personas solteras fue fantástica y me dio energías suficientes para afrontar con positivismo lo que ocurra en los días siguientes.
−Aquí empezó nuestro noviazgo –comento.
Él me mira y sonríe mientras termina de masticar. Tiene modales, nunca habla con la boca llena y eso lo respeto.
−Estaba muy nervioso ese día, no sé cómo tuve valor para pedirte que fuera mi novia… oficialmente. Han cambiado muchas cosas desde entonces, pero no nos separamos.
Mi vida y la de los Snow cambió radicalmente luego de la victoria en Decimos Juegos del Hambre. Pasaron cosas buenas y también malas, ya que la Doctora Gaul y el decano nos hicieron pasar momentos aún más traumantes que los anteriores, pero con el apoyo mutuo y un poco de terapia psicológica, podríamos decir que aprendimos a lidiar con ello, sin lastimarnos nosotros mismo, ni lastimar a otros. Ambos venimos arrastrando una gran carga y dolor desde nuestra niñez, y la terapia resultó de mucha ayuda para que no nos perdiéramos en el camino y aprendiéramos que debíamos vivir bien y ser felices. Luego de dos años juntos, Coriolanus me pidió matrimonio y le pidió mi mano en matrimonio a mi padre.
−Porque llegamos aquí para salvarnos el uno al otro.
−Y tú encontraste en el proceso, tu hogar, tu verdadero hogar. Descubriste tu origen.
−Eso fue importante. Siempre me convencí que no me importaba de donde era realmente o quien era mi padre, el padre que creí que me había abandonado. Creo que era un mecanismo de defensa, y ahora eso cambió.
Mi prometido me mira expectante y curioso.
−Estoy muy feliz de saber que pertenezco a algún lugar, que mi familia paterna me amaba, sobre todo, que mi padre, en realidad, no me abandonó. Que él aún esperaba que mi madre regresara conmigo aquí, pero que ocurrió esa desgracia y él nos dio por muertas luego de buscar demasiado por nosotras. Debió ser duro para él pensar que morimos en la guerra y sentirse culpable por no poder evitarlo.
−También lo fue para ti ¿no?
−Vivir sin padres, sí. Pero yo no lo recordaba ni a él, ni a mi hermano. Por eso, supongo que mi dolor es menor en comparación con el de ellos –hago una mueca.
Coriolanus acaricia los bordes de mis ojos y me doy cuenta que estuve derramando lagrimas sin pretenderlo.
−No llores, cariño. No te quise decir esto, para entristecerte –me dice.
−Está bien. Es solo que ando sensible estos días. Tal vez sea por el bebé o por la boda, o ambas. A decir verdad, estoy muy feliz haberlos conocido a ustedes y de haber reencontrado a mi propia familia.
−Siendo así, espero que esto te arranque otra sonrisa.
Aparece un sobre marrón frente a mí, que abro de inmediato.
Y allí dentro encuentro mi mayor felicidad y también la de Coriolanus. Hay una hoja doblada y dentro muchas fotos de la ecografía que Sejanus buscó a una especialista que me hiciera un estudio para confirmar el embarazo y quien aceptó mantener la situación en secreto porque sabe que los tres primeros meses de embarazo debo estar tranquila y si llego a ir al hospital, empezaran a sospechar y no nos dejarán en paz si esto se descubre antes de tiempo. Mientras trabajaba, nos comentó como estaba el bebé y ahora, los resultados están en nuestras manos.
Por otro lado, la mujer nos propuso que cuando estemos de luna de miel en el Distrito Uno o Cuatro, vayamos a los hospitales de allí, ya que los doctores y Agentes de Paz suelen ser muy confiables y nunca dirán nada de sus pacientes a otros, así sean figuras públicas.
−Esa es su cabecita, y su cuerpo. No se distinguen del todo sus pies, pero ahí está nuestro bebé. ¿No es increíble?
−Aún es muy pronto para que se distinga con claridad, Lucy. Estoy seguro que será diferente cuando vayamos a los distritos. Pero no es increíble, es un milagro de vida.
Coriolanus besa mis labios unos segundos.
−Es nuestro milagro.
−Es nuestra esperanza –agrego–. La señal que necesitamos para aprender a ser mejores, y que el día de mañana, él esté orgulloso de nosotros.
−O ella.
−O ella –coincido sonriendo.
−No somos perfectos, Lucy –dice Coriolanus–. Pero, tienes razón en algo, por un hijo nos sobrepondremos y saldremos adelante. Tratemos de que nuestros errores no nos imposibiliten la oportunidad de redimirnos y de cambiar para bien. Tampoco me gustaría que nuestros hijos nos desprecien por lo que nos vimos obligados a hacer en el pasado.
−Es un trato, Coriolanus Snow –acepto–. Creo firmemente que el amor cuando es real, puede hacer milagros y este bebé nos cambiara la vida.
Acaricio su rostro y le sonrió. Pasamos el resto del tiempo entre charlas, o momentos de silencio, mientras observamos una a una las imágenes de la ecografía. Ninguno de los dos, menciona el casamiento, las ceremonias y la fiesta, porque eso solo nos generaría nervios. Y ahora mismo, estamos concentrados en nosotros y el fruto de nuestro amor que con suerte estará entre nuestros brazos en siete meses.
Mi despedida de soltera comienza con Tigris y mis amigas llevándome a un spa para que, el día de mañana esté hermosa y relajada, según ellas. Aún así, Tigris les advirtió a las profesionales con un pequeño pago extra que fueran cuidadosas porque estoy embarazada. Los masajes y tratamientos que me realizan son mucho más leves que los que le hacen a las demás, pero lo suficientemente relajantes como para que olvidé cualquier preocupación por este día.
Finalmente me llevan a un restaurante, para cenar allí en un salón privado. Me he estado mensajeando con Coriolanus y enviándole fotos de las cosas que hice en el spa sin mostrarme, le estado fotos de Tigris, una vista de lejos de mis amigas juntas charlando o de los lugares por lo que hemos pasado, pero he reservado las fotos que me tomé o me tomaron para mí y eso lo ha frustrado. Le prometí que se les mostraría mañana luego de la boda. Coriolanus no ha hecho gran cosa durante el día, pero las chicas y chicos de nuestro equipo de preparación de los juegos se ofrecieron para preparar a Coriolanus y hacerle algunos tratamientos de belleza, baños especiales, corte de cabello, afeitarlo y prepararlo para mañana. Mi hermano lo llevó a casa y ahí empezaron a poner las manos en la obra y ahorrar tiempo mañana. Entre el equipo de preparación también hay un masajista con bastante experiencia, que lo notó muy contracturado, por lo que también, él tuvo su sesión de masajes privada gratis.
Esa gente siempre está para nosotros cuando tenemos presentaciones televisivas o eventos sociales, pero también son nuestros amigos y no quisieron dejarnos desamparados en nuestra boda. Ni siquiera, aceptaron que les pagáramos, porque es su regalo para nosotros y lo hacen por el cariño que nos tienen. Están muy felices por nosotros; después de todo, ellos vieron como nuestra relación se iba desarrollando a lo largo de los años.
−Dante dice que llevarán a Coriolanus al bar de Pluribus Bell. Mi primo no sabe nada aún –comenta Tigris.
−¿Hasta Pluribus se prendió en esto? –pregunto riendo.
−Pluribus hasta cerro el bar al público hoy para que Coriolanus y los chicos disfruten de su cena. Va a haber música, bebidas, juegos de mesa o cartas, pool y demás. Noche de hombres, en resumen –ella suspira.
−Jugar al pool es entretenido, le he ganado varias veces a mi padre y hermano. Ellos me han enseñado y ahora creo que se arrepienten. Aunque mi padre suele reír diciendo "De tal palo tan astilla", dice que se sentiría decepcionado si no fuera bueno como él –comento–. Mejor agradece que no nos debemos preocupar por otras cosas –agrego cambiando de tema. Tigris y Dante llevan saliendo dos años.
−¿Cómo estás tan segura?
−Los peligrosos son los antiguos compañeros de Coriolanus y básicamente los amenazamos para que no trajeran mujeres al festejo. Festus por ejemplo, me juró que no haría nada extraño a espaldas de Coryo o mi hermano. Y Owen asegura que el festejo será tan tranquilo como el nuestro.
−Realmente no entiendo la necesidad que contratar strippers que tienen algunas personas. Es tan bajo, para hacerlo antes de un día tan especial, quiero decir. Si es para gente soltera, no veo cual es el drama; pero si es para llevárselos a los novios el día antes de su boda…
Tigris arruga nariz, media asqueada.
−Deberían encontrar otras formas de divertirse o festejar, en general. Algo más sano. Coriolanus eligió bien a quien confiarle los preparativos de esta noche. Los demás deberán conformarse con las empleadas de Pluribus Bell, si tienen suerte, porque la mayoría tienen algo de decencia –continua.
Es un hecho, que la mayoría son decentes, saben cómo evadir a los hombres y procuran que estos no se sobrepasen. Varias tienen novios o esposos en sus casas, o simplemente tratan a evitar a hombres que saben que seguramente las olvidaran al día siguiente, por lo borrachos que suelen estar los clientes. Festus y los demás solteros tendrán suerte si consiguen conquistar a alguna de las que trabajen hoy.
El teléfono suena y contesto con rapidez. Pero me doy cuenta que es una video llamada y tapo la cámara frontal en un intento de que no vea mi rostro. Cambio la dirección de la grabación, para que el solo pueda ver el lugar donde. Tigris y yo estamos esperando a las chicas, que se quedaron en la entrada a ver el menú y elegir algo para todas; y a otras tantas que aún no llegan. Coriolanus también desactiva la cámara frontal y puedo ver que está en el bar y que se escucha música de fondo. Por unos segundos vimos el rostro del otro.
−Hola, amor –me saluda.
−Hola. No creí que fueras a llamarme.
−Que no nos podamos ver, ni significa que no podamos hablar. ¿Cómo va tu día? ¿Cómo te sientes?
Inconscientemente llevo mi mano a mi vientre. Sé que no pregunta de forma directa sobre el bebé por temor a que yo esté acompañada por más personas.
−Se está portando bien, hoy no tuve nauseas, ni mareos… afortunadamente. Y tomo todos los días las vitaminas.
−Me alegro, ayer me quedé preocupado. ¿Dónde estás?
−No tengo idea, nunca vinimos a este restaurante juntos. ¿Cómo se llama, Tigris?
−Le Bernardin. Es un hermoso lugar, primito. Deberíamos venir un día todos.
−Es bastante elegante. Bueno, el lugar en sí no, pero nos llevaron a un salón privado y es bastante lindo. Tu prima y yo estamos esperando a las demás. Y también las mujeres del Equipo de Preparación dijeron que van a venir más tarde, se están arreglando, porque hoy salieron tarde del trabajo –agrego.
−Entiendo, los hombres del Equipo también están invitados. Ni los fines de semana descansan en el canal. Estuvieron conmigo en la mañana, y parte de la tarde y cerca del anochecer varios salieron disparados para llegar al canal antes del horario del noticiero.
−Por lo menos les dieron el día libre para nuestra boda.
−No diría libre. Ellos dicen que el canal solo hizo esa excepción porque saben que nosotros dependemos de ellos casi siempre. Según el Capitol TV, nuestra boda, también es trabajo.
−Siendo sincera, esa parte me pone nerviosa.
−Nadie puede culparte. Que televisen una boda no es precisamente normal. Dichosamente, tu padre llegó a un buen acuerdo con los directivos de Capitol TV, van a tratar de respetar la privacidad de los eventos.
−Te amo, Coryo. ¿Lo sabes?
−No más que yo –se burla.
−Tonterías. Yo te amo más.
−¿No vamos a discutir por quien ama más a quien verdad?
−Supongo que no.
Coriolanus se está moviendo aparentemente, porque los lugares que veo cambian permanentemente
−No puedo esperar a mañana –dice.
−Ni yo –reconozco.
Algo en su voz cambia.
−¡Por Dios! Esas chicas sí que son insistentes –interrumpe mi prometido.
−¿Qué sucede, Coryo?
En respuesta enfoca a mis amigas, las empleadas de Pluribus, sentadas en las sillas de la barra del bar con sus uniformes que están constantemente llamando a Coriolanus y pidiendo que les permita hablar conmigo.
−¿Eso responde tu pregunta?
Me río.
−Pásame con ellas.
Es una lástima que no todas hayan podido venir por el trabajo aquí. Pero los chicos también necesitaban personas que los atendieran esta noche.
−Lucy quiere hablar con ustedes –dice él amable y luego se dirige a mí–: Te dejo hablar con tus amigas, diviértete esta noche.
−Tú también, solo no bebas demasiado –quiero que este lucido para nuestra boda.
−Es una promesa. Y tú directamente no bebas alcohol –me recuerda.
Por supuesto que no, estoy embarazada.
−Adiós, cariño –lo despido.
−Hasta mañana –responde alegre.
Siento el ruido del teléfono siendo depositado en una superficie y la pantalla volverse negra unos segundos, hasta que ellas toman control del teléfono de Coriolanus y se enfocan las cuatro en la pantalla, sonriendo y saludando con las manos, activo la cámara frontal y me acerco más a Tigris.
−Para tu información, debemos confesar que tu prometido se ve muy atractivo hoy, ese corte de cabello le sienta perfecto y se nota que le hicieron algo más. ¿Fue a un salón o algo? –pregunta Maggie.
−Estuvo con el Equipo de Preparación gran parte del día, fui yo la que llevaron al directamente al spa, es mi primera vez en uno.
−¿Al spa? –pregunta–. No tienes idea cuanto te envidio, amiga. Con mi hijo no tengo ni tiempo para relajarme y mi esposo, tampoco –dice medio llorando.
−No te pongas así, podemos ir un día luego de cuando regrese al Capitolio. Encontraremos a alguien que cuide al bebé y ambos tendrán su día de descanso. Podríamos ir en parejas, será divertido.
−¡Nosotras también queremos ir! –insisten las otras tres.
−Estarán invitadas, aunque no tengan acompañante, las compasaré por no haber podido estar hoy aquí –les prometo–. Realmente deseaba que pasaran el día previo conmigo.
−Trabajo, niña. No te sientas culpable, había mucho que preparar hoy en el bar. Pluribus estaba particularmente entusiasmado por la sorpresa que daría a Coriolanus. Nosotras también lamentamos no haber podido acompañarte. Por suerte, mañana seremos unas de las primeras de llegar a tu boda –comenta Agnes.
El bar o club nocturno de Pluribus, ya no es lo que solía ser cuando lo vi por primera vez. Gracias a mi participación y trabajo allí, él pudo hacer muchas mejoras y renovaciones, incluso construyó salones extras en el resto del terreno y amplio el lugar, para recibir a más gente. Hoy en día es uno de los lugares más top y elegantes del Capitolio, todo porque la gente empezó a ir ver mis shows allí e ir con tanta frecuencia que Pluribus Bell pudo invertir las ganancias acumuladas en su negocio. Sin contar que Coriolanus y yo también ayudamos un poco económicamente para que eso fuera posible.
−Por otro lado, seremos tus ojos esta noche, si quieres –me informa Annabeth.
Ellas empiezan a informarme sobre todo los servicios y juegos que tuvieron que alquilar, la comida que los cocineros hicieron para esta noche, todo lo que van a servir. Me informan que esperan treinta personas para hoy entre los amigos de Coriolanus y míos. Los compañeros de la universidad o la escuela con los que mi prometido es más cercano, mi padre, mi hermano y sus amigos cercanos, Pluribus, nuestros estilistas. Una noche de solo chicos. Dicen que hay al menos seis empleados más para servir esta noche aparte de ellas y lo cocineros. Pero más allá de que todos estén oficialmente en el trabajo, también están como invitados, por lo se turnarán para disfrutar del festejo.
Lizzy me informa que, en honor a mí, pusieron en funcionamiento la máquina de karaoke y que piensan que será divertido, por lo que los grabará cantando, para mostrármelos después y que nos riamos un rato del ridículo que seguramente harán varios. Le digo que grabe a Coriolanus cantando y que luego me envíe el vídeo, ella hace una seña y me asegura que será lo primero que hará. Me pregunta si quiero escucharlo cantar alguna canción en particular, por lo que propongo algunas y todas tratan de fijar la información para hacer que él elija entre esas.
Luego de unos minutos se despiden aludiendo que están empezando a llegar todos y que deben servir las bebidas y aperitivos. Tigris y yo que estábamos conversando con ellas las despedimos y la video llamada termina.
−Aparentemente será divertido –comento.
Tigris sonríe.
−Considerando esto podríamos ir a otro lado después de la cena.
−Tienes algo en mente?
−Hay un bar donde estuve trabajando un tiempo como mesera en los peores tiempos. La dueña sigue siendo mi amiga, la llamaré y pediré que nos reserve un lugar donde podamos pasar parte de la madrugada tranquila. No es justo que ellos tengan más diversión que nosotras.
−De acuerdo. Haz esa llamada. Pero no me puedo quedar hasta muy tarde.
−Tranquila, nosotras dos nos marcharemos antes, así puedes descansar. Si ellas quieren podrán quedarse.
Al final nuestro grupo consiste en un grupo de veinte chicas, algunas de mis amigas y primas vienen acompañadas por sus hermanas u otras amigas que yo también conozco en persona. Todas apoyan la idea de Tigris de ir a un bar diferente una vez acabada la cena, por lo que nos dividimos en los autos en los que cada una ha venido y las que no entran toman taxis que estaban a la espera en una calle cerca del restaurante y vamos hasta el lugar en cuestión. A algunas les sorprende que no beba nada aparte de agua y refrescos, y yo simplemente les digo que soy mala con el alcohol y que me propuse no beber nada hasta mañana. Cantamos canciones, jugamos, hablamos y reímos.
Entrada la noche, el teléfono de varias suena, en el chat puedo ver que una de mis amigas envío en el grupo un video de Dante, mi hermano, mi padre y otro de Coriolanus cantando en el karaoke. Empezamos a compartir nuestros teléfonos y todas vemos y escuchamos como los hombres se han divertido en la otra fiesta. Me quedo fascinada viendo a Coriolanus, y sonrío como tonta mientras lo escucho cantar una canción de amor, siempre supe que tenía linda voz desde que lo escuché cantar el himno, pero practicando conmigo ha mejorado. Él es uno de los pocos que no hace el ridículo.
−La perdimos –comenta Kate divertida, porque yo no les presto atención, pero hasta que no termine el vídeo haré de cuenta que el resto del mundo no existe–. El amor… El amor –casi gruño. Sin soltar mi teléfono golpeo la espalda de mi amiga.
−Está bien, sigue admirando al amor de tu vida, no te molestaremos.
−Gracias –contesto con sarcasmo.
Reinicio el vídeo y me pongo los auriculares apoyándome en el sofá y cerrando los ojos, siento como si lo tuviera a mi lado cantándome al oído.
He practicado mucho unas canciones para dedicarle en la fiesta; y aunque Coriolanus lo niegue, sé que ha hecho lo mismo por su parte.
Mañana a esta misma hora ya estaremos casados. Ese simple pensamiento hace que se me dibuje una sonrisa en mi rostro.
POV CORIOLANUS
Me despierto en la casa de alguien, sé que me quedé dormido en el auto de la familia de Lucy en la noche, tal vez por las bebidas alcohólicas o porque estaba demasiado cansado. Miro a mi alrededor y reconozco esta cama, estoy en la mansión de los Baird.
¿Lucy también estará aquí? No lo creo, hoy nos casamos y se supone que no puedo verla.
Me siento en la cama, sigo con la misma ropa se ayer, pero sin la corbata con los primeros botones de la camisa negra desprendidos, sin el saco y sin los zapatos.
Alguien entra a la habitación de repente y yo miro en dirección a la puerta. Es la sirvienta de la familia. Al verme despierto, sonríe y se apresura a colocar unas prendas de ropa nuevas a los pies de la cama.
Me saluda en lenguaje de señas y yo hago lo mismo por mi parte. Owen y Lucy me enseñaron a comunicarme con ella de esa forma y también a comprender lo que quería decirme, para facilitar nuestro contacto. Lo más importante que saco de nuestra "conversación" actual es:
"Lucy está en casa de su amiga Kate".
"Los señores están esperándolo para desayunar".
"Está por llegar su Equipo de Preparación".
−Gracias por el aviso y la ropa, Irina. Puedes retirarte. Diles que los acompañaré en breve –contesto en tono amable. Espero a que se cierre la puerta completamente para salir de la cama y empezar el día.
Busco mi teléfono móvil, veo que son las nueve de la mañana. Sinceramente, pensé que era más tarde. Como fondo de pantalla tengo una foto de ella, sonriéndome. Cuando tengo un día duro y estresante ella me levanta el ánimo con su alegría.
Hoy es nuestro día especial, Lucy. ¿O debería decir, Lucy Snow? Al final del día seremos una familia oficialmente, tú, yo y nuestro bebé.
POV LUCY
El Equipo de Preparación trabajo a lo loco; tenemos el tiempo justo para ceremonia civil. El vestido para la misma es mucho más simple que el vestido que usaré para ir a la Iglesia y la fiesta.
Luego nos llevarán a un hotel cercano a la Iglesia donde podremos cambiarnos, para empezar la ceremonia religiosa, horas más tarde.
Coriolanus no me ha llamado y yo tampoco. Decidimos que sería mejor vernos y hablarnos recién cuando nos viéramos en persona.
Me trato de entretener jugando con un cubo rubik, lo llamativo de este es que electrónico, tiene luces de colores que se prenden y apagan presionando un botón que dentro de un pequeño espacio escondido, en lugar de adhesivos o plásticos coloridos adheridos. No soy tan buena como mi hermano para esto, pero al menos me entretiene para no pensar demasiado en los nervios que siento por la boda y estar en las noticias de todo Panem una vez más. Lo dejo recién cuando me hacen manicura en las uñas de mis pies y manos con tonos blancos y plateados con strass de fantasía en algunas uñas. Ahora me dejan el cabello suelto con ondas, parejas hechas con buclera; y más tarde me harán un peinado recogido. Incluso el maquillaje para ahora es leve y natural en comparación con el tendré más tarde.
Tigris ataviada con su vestido de noche largo se acerca a mí.
−¿Cómo te sientes?
−Trato de no pensar demasiado.
−Te ves tensa.
Le dedico una sonrisa media forzada.
−No te preocupes, se me pasara en cuanto vea a Coryo. Solo estoy ansiosa, nerviosa. Supongo que es normal, no todos los días te casas.
−No sabría decirte que se siente, pero… ya pasará.
Tigris toma mi mano entre la suya.
−Ya terminaron con todo, ¿me vas ayudar con el vestido? –pregunto.
−Por eso vine por ti.
−Vamos, entonces.
Guardo todas mis cosas en mi bolso y las dejo en la silla cuando me pongo de pie para vestirme.
Ya es hora.
Siento que mi corazón se sale de mi pecho cuando llegamos por una entrada privada de subsuelo del Edificio de Justicia. Mi padre y mi hermano están esperando por mí. Ambos lloran al verme vestida de blanco y con una corona de rosas blancas en mi cabeza. Mi cuñada, una chica de cabello cobrizo y ojos verdes, tomada del brazo de Owen, lo suelta para permitirle que se acerque a mí. No los he visto desde ayer en la noche. Mi padre me llamó para avisar que no fuera a casa porque Coriolanus se quedaría allí a dormir y no podíamos cruzarnos.
−Te ves realmente hermosa, hermanita.
−Preciosa como su madre –comenta mi padre. Él suele mencionar que le recuerdo a ella, porque soy bastante parecida, pero esta vez no hay tristeza en su voz.
Me acerco a ambos y los abrazo en grupo. Procuro no apoyar mi cabeza en sus hombros ni tocarlos demasiado porque mi equipo me matara, si arruino cualquier aspecto de mi look.
−Gracias, no tienen idea lo feliz que soy por haberlos reencontrado. De estar con ustedes hoy, en mi boda. Casi toda mi vida pensé que estaba sola, que nadie más me amaba o me extrañaba, hasta que fui cosechada y extrañamente, eso me trajo a ustedes… de vuelta –siento sus manos en mi espalda y mis hombros.
De niña mi madre solía hablarme de mi padre, pero realmente mis recuerdos sobre él y las charlas quedaron en el olvido. Por eso asumí que mi madre me mintió sobre el amor que me tenía mi padre biológico para que no me sintiera tan mal. Solo que era verdad y era tan real como el amor que ellos se tenían, iban a volver a reencontrarse cuando la primera rebelión llegara a su fin o se apaciguara. Sin embargo, ocurrió la desgracia, que pensé que me había dejado huérfana; y ese reencuentro familiar nunca ocurrió.
Me apartó, conteniendo las lágrimas. No quiero entristecerme hoy, debería ser un día feliz.
Nos distraemos juntos y nos decimos cosas felices. Mi hermano bromea diciendo que sea más valiente y que no llore. Y yo les digo que si quieren hacerme un favor me lleven ahora mismo dentro. Me aferro a los brazos ambos mientras caminamos por los pasillos del edificio y las demás personas nos siguen atrás. Me disculpo con mi cuñada por robarle a su esposo y ella solo me sonríe de forma amable diciendo que no le importa, que está feliz por eso, que es mi día y que me presta a mi hermano por hoy.
−El salón de la ceremonia civil es grande y está decorado con flores blancas y rojas sobre la mesa donde firmaremos los papeles, en los floreros de los costados y en el arco improvisado.
−¿Quién entra primero? –les pregunto seriamente. Les dije que se pusieran de acuerdo sobre quién me iba a llevar al "altar" en cada ceremonia.
−Yo ahora, papá en la Iglesia.
−Perfecto. ¿Papá?
−Así está bien. Entraré a ver a tu prometido. El chico debe estar trepando paredes, en este momento.
−Dile que no tiré la toalla, que solo estoy esperando el momento para entrar.
Mi padre asiente y me giro hacia mi hermano, quien le pidió a su esposa que entrara y se uniera al resto de los invitados. Les digo lo mismo al resto del equipo y mis amigas. Hasta que nos quedamos solos.
La planeadora de la boda, una mujer de casi cincuenta años muy elegante, que nos presentó Capitol TV, sale con una sonrisa en su rostro un ramo de rosas blancas y rojas, al saber que he llegado.
−Te ves perfecta, Lucy. Esto es para ti –acepto el ramo finamente decorado con otras flores hojas
Quedamos en encontrarnos aquí con ella, porque se estaba ocupando de la decoración del lugar y los preparativos en el salón.
Acomoda mejor mi corona y las mangas de mi vestido, mientras examina mi aspecto general.
−Harán esto, chicos. Lucy, tú entrarás con tu hermano por la puerta y tu prometido estará esperándote dentro. La ceremonia empezara, los testigos que eligieron les dedicarán algunas palabras, darán su consentimiento verbal para la unión y al final firmarán unos documentos y las libretas matrimoniales. Mientras todo esto ocurre, les tomarán fotos y los grabarán.
−De acuerdo –que ella me diga esto ayuda a que todo en mi cabeza se reordene adecuadamente.
−Ahora volveré dentro. Está todo listo para que la ceremonia empiece.
−Gracias por lo que has hecho por nosotros –le digo tomando una de sus manos.
−Es un honor ser de ayuda para ustedes dos en un momento tan especial. Ahora solo disfrútenlo, está todo preparado para que pasen el mejor día de sus vidas.
La mujer se retira y vuelve a entrar. Yo suspiro y respiro hondo cerrando los ojos. Owen toma mi mano con firmeza en señal de apoyo.
−Llegó la hora. ¿Estás lista?
−Nunca estuve más lista en toda mi vida –anuncio.
Me convenzo de que no debo tener miedo. Coriolanus y yo estamos seguros de este paso que estamos dando y él está esperándome para tomarme como esposa; y lo tomaré como esposo y como el padre de mis hijos.
−Deseo que seas muy feliz a su lado, lo mereces.
−Ya lo soy –contesto.
Me aferro al brazo de mi hermano y lo miro sonriendo. Él me devuelve la sonrisa y ambos avanzamos. Contengo la respiración cuando abre la puerta con su mano libre y la empuja. Coriolanus está esperando de espaldas en el centro del pasillo y solo puedo reconocerlo por su traje negro y blanco.
Sejanus toca el hombro de Coriolanus, quien se da vuelta, luciendo ansioso. Hay al menos treinta personas alrededor, pero solo me centro en él. Cuando nuestras miradas se encuentran y me sonríe, mi corazón se acelera y me detengo. Por suerte, Owen está para hacerme volver a la realidad.
−Tú puedes –murmura en mi oído.
Sí, yo puedo.
Obligo a mis pies a seguir caminando con calma, en lugar de correr hacia Coriolanus o quedarme quieta.
Cuando llegamos, Owen coloca mi mano sobre la de mi prometido y las junta con las propias.
−Te la estamos confiando a ti. Cuídala, Snow.
−Con mi vida –promete mientras no deja de mirarme y sujeta mi mano con firmeza y cariño. Hago lo mismo con suya.
La ceremonia civil tiene una estructura determinada que no se puede romper, ya que básicamente se trata de firmar actas que validan nuestro matrimonio antes de la ceremonia religiosa. Si estuviera en el distrito, esto sería todo. Votos simples, una firma legal de documentos y la asignación de una casa para los recién casados, si lo necesitan. Sin embargo, en el Capitolio, las cosas son distintas, los ciudadanos tienen diversas creencias religiosas, la familia Baird y Snow está bastante ligada al catolicismo, pero también hay muchos cristianos protestantes entre la gente, son las religiones que más abundan desde tiempos antiguos.
Para mí todo esto es nuevo, pero acepté complacer a mi familia y acceder a la ceremonia religiosa. Aunque claro, antes Coriolanus y yo tuvimos que prepararnos por meses y recibir varios sacramentos, antes de que autorizaran nuestra boda. Fue una buena decisión, porque fueron meses donde pudimos reafirmar este compromiso y nuestro amor; y vivimos experiencias que nos ayudaron a perdonarnos a nosotros mismos por acciones pasadas… y a los otros.
Tigris y Dante hablan en representación de todos los testigos tanto de una ceremonia o de otra, al parecer todos se pusieron de acuerdo sobre que decirnos y se turnan para hablar de forma sincronizada.
El oficiante procederé a leer nuestros derechos y obligaciones que nos corresponden como esposos según el Código Civil.
−Artículo 66: los cónyuges son iguales en derechos y deberes. Artículo 67: los cónyuges deben respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia. Artículo 68: los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente. Deberán, además, compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo."
Así pues, pregunto. Coriolanus Snow, ¿Quieres contraer matrimonio con Lucy Baird y efectivamente lo contraes en este acto?
Nos miramos de reojo y me siento nerviosa a pesar de saber que esto saldrá bien.
−Sí, quiero –responde mirando de frente al oficiante, sin dudar.
−Lucy Baird, ¿quieres contraer matrimonio con Coriolanus Snow y efectivamente lo contraes en este acto?
−Sí, quiero –respondo una vez que me armo de valor para hablar tras unos segundos de silencio. Mi corazón parece que se va salir de mi pecho en cualquier momento.
−Yo, Richard Moss, juez del Edificio de Justicia, con sede en el Capitolio; en virtud de los poderes que me confiere la legislación de Panem, los declaro marido y mujer. Enhorabuena, pueden besarse.
Casi en cámara lenta, Coriolanus me toma con cuidado entre sus brazos y yo me sujeto a sus hombros, mirándolo directo a los ojos y me doy cuenta que esto es lo veníamos deseando desde hace días. Acercamos nuestros rostros sin decir palabra alguna, y aunque no estoy segura quien llega primero, nos besamos.
Nuestros labios acarician los del otro con amor y delicadeza, simplemente saboreando el momento y siendo conscientes de que público y que no podemos sobrepasarnos. Ignoramos las cámaras y cuando nos apartamos juntamos nuestras frentes, y nos vemos reflejados en los ojos del otro. Enredo mis dedos en su cabello y vuelvo a besarlo una vez más, antes de apoyar mi cabeza en su hombro, con sus brazos alrededor de mi cintura al tiempo que escuchamos los aplausos.
La firma se lleva a cabo inmediatamente después. Madame es la primera en firmar. Coriolanus y yo pensamos que ella y Tigris debían ser las principales candidatas. Las dos siempre apoyaron nuestra relación y nos pareció esencial darles su lugar en nuestra boda. Aparte de ellas, elegimos a cuatro más de nuestros amigos y familiares.
Todos los invitados empiezan a salir en grupos reducidos y nos informan que debemos salir por la entrada principal, porque allí está esperándonos una limusina, para llevarnos a nosotros a nuestros familiares más cercanos. Coriolanus me detiene a medio camino en el pasillo y yo lo miro.
−Coryo…
−Ya eres una Snow. Lucy Snow.
Él se ve radiante, e irresistiblemente adorable con esa sonrisa en su rostro.
−Espero estar a la altura –bromeo.
−No, Lucy, espero yo estar algún día a tu altura.
Toma mi rostro entre sus manos y me da un tierno beso.
−¿Tienes una idea de lo mucho que te amo? –pregunto.
−Puedo imaginarlo, esposa mía.
La forma en que lo dice hace que algo se remueva en mi interior.
−Me gusta cómo suena eso. Repítelo.
−Esposa mía –accede en un tono mucho más dulce.
Y lo abrazo, emocionada. Él acaricia mi cabello con ternura y rodea mi espalda con su mano libre.
−Estamos casados –comento.
−Así es. Ahora solo falta jurar ante Dios –responde.
La ceremonia será en unas horas antes del anochecer.
−Ven, tenemos que salir, cariño –me dice.
Levanto mi cabeza y sonrío abiertamente.
−Como tú quieras, esposo mío.
Coriolanus me devuelve la sonrisa y besa mi frente.
Ambos nos tomamos de la mano y continuamos caminando por el pasillo, hasta llegar a unos Agentes de Paz vestidos con traje de invitados y se habían quedado custodiándonos
−Hey, Will, James, no los había visto –comento al reconocerlos. Son los que siempre están en La Academia y de los más jóvenes.
−Tiene lógica, no parecías ser muy consciente de nadie más que no fuera tu ahora esposo cuando entraste –contesta Will con tono perspicaz–. Por cierto, felicidades, ya están casados. Estamos muy felices por ustedes.
−Gracias. Y tengo mis prioridades –Coriolanus a mi lado se ríe–. Sea como sea, me alegra que los hayan enviado y verlos con otro tipo de ropa y colores. Estos trajes se ven bien en ambos –toco por un segundo la chaqueta roja que lleva puesta James, toda mi vida en el Capitolio solo los vi vestidos de blanco o gris claro.
−No te acostumbres demasiado. Solo nos permitieron vestir así por hoy para desentonar con los invitados –dice James.
−Entonces… ¿la Academia los envío para protegernos? –pregunta Coriolanus.
−Los dos nos ofrecimos de inmediato, hay otros Agentes de Paz fuera vestidos de incognito –responde Will–. Nos aseguraremos que ambos tengan un día tranquilo. Lo veo difícil considerando la cantidad de seguidores que tienen y están esperándolos.
−Consecuencias de la fama, en fin –agrega James riendo–. Vayan con cuidado, nos informaron que afuera todo es una locura. Y no me quiero ni imaginar lo que será en la Iglesia y las afueras del salón.
−No debemos temer, los tenemos a ustedes para cuidarnos las espaldas. Pero más allá de eso, espero que puedan disfrutar la fiesta, aunque sea –les digo.
−Oh, sí. Por supuesto, no nos perderíamos eso.
−Lucy, por lo que sé, una vez que estemos en el salón del hotel, la mayoría de los Agentes de Paz estarán liberados de su tarea. El hotel tiene sus propios guardias y no dejaran entrar a cualquiera, solo a quienes nosotros hayamos autorizado o tengan invitación. Tu padre lo mencionó esta mañana.
−¿En serio? Eso es fantástico. En ese caso, les diremos a todos ellos que se queden en la fiesta, si quieren.
−Como tú desees, Lucy. Te pensaba consultar eso más tarde, de todas formas.
Mi relación con Agentes de Paz, solía ser buena incluso mientras vivía en el Doce y me llevó bastante bien con algunos de aquí. De tanto verlos por los eventos o lugares a los que Coriolanus y yo asistimos, terminamos haciéndonos haciendo amistad con varios. Apoyo mi cabeza en su hombro, justo en el momento que nuestros dos acompañantes se adelantan y salen a ver cómo está la situación fuera, pidiéndonos que no salgamos hasta que nos indiquen y vuelvan con refuerzos.
−Ahora debemos salir, mostrar nuestra libreta y posar para las fotos. La señora Waters nos recomienda no hablar más de lo necesario con los medios, por el momento.
−¿Por qué no podemos tener una boda normal? Sin preocuparnos por la prensa y nuestros "fans".
−Tampoco me agrada esto, pero es lo que hay. Y en parte es tu culpa por ser tan… perfecta, talentosa y agradable. Incluso aunque no fueras hija de alguien rico ahora mismo, la situación seria la misma debido a nuestra popularidad en los juegos. Somos como una leyenda.
Lo miro de reojo.
−¿Lo siento?
−Yo también siento no poder darte una boda tranquila. Pero mira, en unos días estaremos un mes fuera del Capitolio y tendremos un poco de paz. Cuando volvamos las cosas se habrán calmado aquí –contesta.
Mi padre, mi hermano y su esposa, nos llevarán a conocer el Distrito Uno, Tres y Cuatro durante un mes. Va a ser un viaje familiar y también de negocios. Mi padre tiene asuntos que resolver con los proveedores y sedes de la empresa en dos distritos, y también quiere iniciarme a mí y a Coriolanus en el negocio, así cuando volvamos al Capitolio, podremos hacernos cargo de las tareas de la empresa de una forma más responsable y con más conocimientos. Sin embargo, más allá de ello, aprovecharemos para descansar y disfrutar de una Luna de Miel lejos de nuestros cientos de compromisos aquí.
−¿Recuerdas que me prometiste llevarme a conocer el mar? –pregunto.
−Lo conocerás.
−Y tú irás conmigo –agrego.
−Te seguiré donde tú vayas a partir de ahora. Te lo aseguro.
Levanto mi cabeza y beso su mejilla.
James entra sorprendiéndonos a ambos y se disculpa por la interrupción.
−Ya está todo despejado para que salgan, la limusina está cerca y sus familiares directos dentro de ella, esperándolos.
−Gracias, James.
Entrelazo mis dedos con los de Coryo y ambos nos dirigimos fuera del lugar, seis Agentes de Paz nos cubrirán para que la prensa no se sobrepase. Dos delante, dos detrás y dos en los nuestros laterales. Y al salir, puedo entender el motivo por el cual necesitamos protección.
−Coriolanus, es mucha gente –murmuro.
Entre los medios de comunicación y los ciudadanos comunes con carteles y aparentemente regalos, vemos una multitud, que en conjunto parecen hormiguitas. Él se gira a verme, sonriendo. Sé que son esas sonrisas forzadas que me dedica cuando está nervioso, pero no quiere demostrarlo.
−Una vez me dijiste que si estabas conmigo podrías enfrentar a todo Panem ¿lo recuerdas?
Asiento.
−Enfrentemos a esta multitud juntos, les anunciaremos que somos esposo y esposa, les sonreiremos aceptaremos sus felicitaciones cartas y regalos. Luego, nos marcharemos.
Trato de ubicar el lugar donde está la limusina y la veo a aproximadamente media cuadra hacia la izquierda vuelvo a mirar a la multitud que está ubicada en orden detrás de los barandales o las calles. Primeramente, decidimos enfrentar a las cámaras.
Coriolanus saca la libreta de matrimonio del bolsillo interno de su chaqueta antes que nada. La abre donde nuestros nombres fotos y firmas y luego la vuelve a cerrar.
−Empecemos –acepto sonriendo.
Los Agentes de Paz se apartan, permitiéndonos el contacto con los periodistas. Ellos empiezan con preguntas, pero hablan de forma tan atropellada que entendemos menos de la mitad de las cosas que dicen. Un Agente de Paz les indica que mantengan la calma y que hagan silencio, mientras ambos nos acercamos más a ellos, cerca de los micrófonos. Intercambiamos miradas de reojo y Coriolanus mostrándose complacido me acerca a él y me rodea de la cintura de costado.
−Estamos muy complacidos de compartir este día tan especial con ustedes y del apoyo que siempre nos han brindado –empieza.
−Deseamos informarles que la ceremonia civil se llevó a cabo con éxito y sin ningún inconveniente, ni demora –continuo.
−A partir de este momento, estamos legalmente casados. Somos marido y mujer y nos gustaría compartir está alegría con ustedes, porque estuvimos esperando mucho tiempo por esto.
Coriolanus muestra y ubica la libreta azul con el escudo del Capitolio entre medio de nosotros y mirándome fijamente para indicarme que lo imite, por lo que tomo los bordes inferiores de la libreta y la levantamos un poco más mientras nos toman fotos y nos filman.
−Ahora he dejado de ser quien era, para convertirme en Lucy Snow, esposa de Coriolanus Snow. De ahora en adelante, quiero que me conozcan así.
−Nos amamos y nunca hemos tan seguros de nada en nuestras vidas hasta que nos conocimos y el destino nos cruzó. Ahora, luego de casi tres años, dimos el siguiente paso en nuestra relación por amor al otro.
−Les agradecemos infinitamente que puedan acompañarnos el día de nuestra boda y que sean tan cálidos con nosotros –digo mirando a nuestros seguidores unos segundos.
−Pero el día no acabó. Nos juraremos amor eterno frente a Dios y luego festejaremos todas las bendiciones que la vida nos está dando.
Se refiere también al bebé, solo que nadie tiene idea de ello y es mejor que lo ignoren, durante los primeros meses.
−Acompáñennos durante el resto del día y deséennos lo mejor –finalizo.
Posamos para más fotos y dejamos a los periodistas detrás, para saludar a la gente que nos toman de las manos, nos saluda nos entrega regalos y cartas.
−William ¿pueden recibir los regalos de todos los demás? –pregunto mirando a mis espaldas.
−Por supuesto, señorita… perdón, señora Snow –corrige.
Will envía a cuatro de los seis Agentes de Paz a recibir los regalos de todos. Sé que primero deben revisarlos ellos para verificar que no hayan bombas, ni nada que atente contra nuestras vidas, por lo que probablemente no veamos los regalos hasta mañana.
−Entréguenle lo que tengan para darnos a nuestros hombres de confianza, por favor.
Coriolanus quedó algo alejado de mí en algún momento, me doy cuenta cuando tomo la mano de una mujer, que está felicitando por mi casamiento. Llamo a Coriolanus y vuelvo a tomar su mano y lo arrastro conmigo. Otra mujer carga a su hija de siete años y me acerco a ellas.
−Hola, pequeña –ella tiene una vincha con mi nombre y también algunos accesorios que fueron inspirados en mí. Río con ternura y acaricio su rostro, ella toma mi muleca con su pequeña mano sonriéndome–. ¿Viniste a vernos?
−Sí, te ves muy linda, Lucy. Me gusta tu vestido
Le entrego el ramo de rosas a mi esposo y le pregunto a la madre de la niña si puedo alzarla, ella dice que sí, asique lo hago y la traigo de nuestro lado de la valla y la dejo en el suelo. Con el cuidado que debo tener con un vestido algo corto me agacho frente a la niña para estar a su altura.
−¿Cómo te llamas, pequeña?
−Zafira –contesta.
−Es un hermoso nombre, como una joya. Va contigo, también eres muy bonita. Asique ¿eres mi fan? –toco su mano y ella la toma.
−Sí, mamá siempre me pone tu música desde que soy muy pequeña.
Coriolanus se arrodilla a mi lado y veo que tiene algo en mi mano, reconozco mi primer álbum infantil y un plumón negro permanente y me lo pasa.
−Es suyo, cariño. Su madre dice que ella quiere que se lo firmes.
−¿Eso es verdad, Zafira?
La niña asiente.
−Bien, no debería estar haciendo esto hoy. Sin embargo, haré una excepción contigo –acaricio su cabello rubio juguetonamente y acepto lo que me entrega mi esposo–. ¿Dónde quieres que lo firme?
A algunos les gusta que firme los discos de tal manera que la misma este a la vista y a otros les gustan las dedicatorias personales más privadas, escritas entre las páginas. Este al ser un álbum infantil incluye un libro de cuentos que seleccioné con ayuda de expertos en literatura infantil y las canciones del disco guardan mucha relación con los mismos. Fue un trabajo en conjunto interesante, del que estoy orgullosa, porque siempre amé a los niños.
−Dentro.
−Como tú quieras
Busco la primera página media vacía que encuentro de la presentación, que resulta ser la cuarta página y escribo una breve carta para ella, mientras conversamos un poco.
−¿Sabes leer? –pregunto.
−Sí. Mis padres me enseñaron desde chica y también en la escuela.
−¿Y te gustaron estos cuentos también?
−Sí, los leo o me los leen antes de dormir.
−Me alegro, pareces una niña muy inteligente. Espero volver a encontrarte algún día cuando seas más grande. Me dijiste cual es tu canción favorita y prometo no olvidarlo, tal vez la próxima vez que nos veamos en un recital o evento, pueda cantártela en persona. Estaré esperándote, princesa.
−Eso sería fantástico.
−¿Te hace muy feliz?
La niña se abalanza contra mí y me abraza. Yo le devuelvo el abrazo siendo consciente de la mirada dulce que me dedica Coriolanus al ver como trato a la niña.
−También, espero que un día amar y que me amen como a ti.
Aparto a la niña un poco y la miro directo a los ojos.
−Y pasara, Zafira. Todos tenemos a nuestra alma gemela rondando a nuestro alrededor en algún momento de nuestras vidas, solo hay que saber reconocerla. Algún día podrás tener un amor aún más hermoso que el mío con él–murmuro.
La niña sonríe soñadoramente.
−Gracias.
−No, gracias a ti. Siempre es agradable conocer a niños tan cariñosos como tú.
Pienso en mi embarazo y me imagino como será mi bebé con Coriolanus, tal vez se parezca a él o tengo un poco de ambos.
−Ve con tu mami ahora y toma, es tuyo –le entrego su álbum y el plumón, beso su mejilla y ella la mía–. Gracias por venir hoy.
La niña se da vuelta una última vez para mirarme y se me ocurre una cosa.
Me quito los clips de pelo con cuidado y saco mi corona de rosas sin arruinar el peinado.
Me vuelvo a acercar a la niña y colocarle la corona sujetándola con algunos clips para fijarla.
−Las rosas me acercaron a Coriolanus y me dieron buena suerte, espero que también te la den a ti.
La niña toca su nueva corona emocionada.
−¿Puedo?
−Déjatela, es mi regalo. Se ven mejor en ti, de todas formas. Las rosas blancas representan la pureza. La pureza del espíritu y de los sentimientos.
−Eres muy amable.
−También tú. Nos vemos.
Un Agente de Paz la alza y la devuelve con la madre. Y me siento satisfecha de ver como esa niña luce tan feliz al conocerme. Siento la mano de Coriolanus en mi cintura.
−No quería interrumpir. Mientras te miraba pensaba que serías una gran madre.
−Ojalá tengamos una hija como ella algún día.
Digo algún día, pero dadas las circunstancias no pienso que eso sea tan lejano.
−Algún día –repite, pensando lo mismo que yo y mirándome cómplice.
Seguimos saludando a la poca gente que nos queda por ver y esperamos a que no quede nadie más por entregar paquetes, sobres o cartas para irnos a limusina donde nuestras familias nos están esperando, papá esta fuera de allí observando la escena.
−Papá –empiezo a modo de saludo.
−Hija… entren –acepto la mano que me tiende, luego hace pasar a Coriolanus y finalmente entra él.
Mi hermano le da la señal al chofer por la ventanilla de que podemos irnos. Madame y Tigris también están aquí. Mis primas en cambio van en otro auto acompañadas por mi cuñada.
Los dos nos sentamos juntos, con nuestras palmas juntas.
−Eso tomó tiempo –comenta Tigris.
−Lo lamentamos –se disculpa su primo–. No pensamos que habría tanta gente.
−Y más tarde será peor, prepárense mentalmente desde ya –aclara–. El Equipo de Preparación está por llegar al hotel, debemos apresurarnos.
−¿Tendremos tiempo para ver cómo va quedando todo en el salón de la planta baja? –pregunto.
−Eso creo –Tigris lo piensa unos minutos–. Aunque, estamos con los tiempos apretados, pueden ir a ver cómo están decorando el lugar.
El tráfico es terrible a esta ahora, demoramos el doble o triple de tiempo a llegar a destino.
Tengo una carta en mi mano, la carta que me entregó la niña mientras le firmaba mi álbum. Decido abrirlo para distraerme y se me forma una gran sonrisa al ver lo que ella hizo para nosotros, en una letra de una niña que recién está empezando a escribir, pero prolija nos desea felicidad y justo debajo hay tres personas. Coriolanus y yo vestidos como un príncipe y princesa de ropa celeste y tonos anillos suaves y ella en medio de nosotros tomándonos de las manos.
−Coryo, mira esto. Somos nosotros –le muestro el dibujo y él sonríe igual que yo.
−Para tener ocho años dibuja muy bien –comenta impresionado.
−Sí ¿no?
Los rostros y el cabello de cada uno casi simétricos y los cuerpos bastante estilizados y con forma de persona según su sexo.
−Parece que te adora, no la puedes culpar por ello –agrega.
−Dijo que quería tener un amor como el nuestro. Es realmente adorable.
−¿Por eso dijiste eso cuando le entregaste tu corona de flores?
Asiento.
Tigris mira con curiosidad el dibujo y se lo paso para que lo vean los demás. Le pido también a ella que lo guarde en mi cartera, porque quiero conservarlo.
Siento frío por el aire acondicionado de la limusina, pero antes de que siquiera pida un abrigo, Coriolanus me suelta para cubrirme con su chaqueta, la cual conserva el aroma del perfume amaderado y cítrico que se puso.
−Gracias, cariño.
−Todavía no termino –dice.
Me rodea con sus brazos brindándome un poco de su propio calor. Lo miro a los ojos y acaricio su rostro. Apoyo mi cabeza en el hombro de mi esposo el resto del camino y cierro los ojos intentando relajarme.
Nos hacen ingresar al hotel donde nuestro equipo nos separa, luego haberle dado vistazo al salón de fiestas y darle algunas indicaciones a quienes están trabajando. Nos llevan en direcciones diferentes, una vez que llegamos a los pisos superiores. Las mujeres vamos a estar arreglándonos en una habitación y los hombres en otra.
Las horas pasan muy lento durante la tarde. Deben volver a peinarme esta vez con el cabello completamente recogido y una tiara con gemas preciosas regalo de mi padre. Practican la forma de acomodarme el velo blanco de tal modo que quede fijo y se vea bien. Tigris y otra vestuarista me ponen con el vestido. El mismo consiste en tres piezas, el corsé, con mangas de princesa y vestido semi largo y otra capa que cubre la falda y le da más volumen, convirtiéndolo en un vestido completamente diferente. Tigris dijo que era mejor que tuviera un vestido desmontable, porque sería más cómodo tener una opción de falda más liviana para bailar no sentir tanto peso entrada la noche.
El hermoso vestido de seda con encaje en la parte superior y la voluminosa falda de tul larga le dan un aspecto de ensueño. Tiene una cola larga, aunque no tan exagerada. Cuando me veo al espejo casi no me reconozco. Nunca imaginé que podía lucir de esta forma.
Mis primas entran de la mano de mi cuñada, con vestidos blancos idénticos con bastante volumen en las faldas. Están casi a juego conmigo porque ellas serán quienes llevarán los anillos y lanzarán pétalos de rosa por el pasillo camino al altar.
−Eso es todo, Lucy.
Tigris termina de abotonar los guantes de seda largos y me deja libre.
−Se ven muy lindas. ¿Están listas?
Maude contesta por ambas.
−Sí, preparadas. Por cierto, estuvimos con Coryo y nos entregó algo para ti.
−¿Para mí?
Me entrega una caja gris y la abro de inmediato. Es un collar de oro y diamantes.
−Algo viejo –murmura Tigris sorprendida.
−¿Qué?
−Hay una nota. Léela –comenta.
Efectivamente veo que, encastrado en la parte de interior de la caja, hay un papel doblado en cuatro partes y escrito por Coryo.
"Guardé esto por muchos años. Es un collar que pertenecía a mi madre, y que antes perteneció a mi abuela materna. Una herencia familiar, que ha pasado de generación a generación.
Ahora llegó el momento que pase a otras manos. Hoy te lo entrego a ti como mi esposa y como la futura madre de mis hijos. En algunas décadas, si tenemos una hija pasará ella, y si tenemos un hijo, pasará a su esposa, según la tradición. Mientras tanto, te confiaré esto a ti.
Cuídalo por mí y úsalo en nuestra boda. Posiblemente, te parezca demasiado y pienses rechazarlo y devolvérmelo. No obstante, estoy seguro que mi madre lo querría de este modo, que ella te lo hubiera entregado si estuviera viva, así como yo lo hago ahora.
Con amor,
Tu esposo."
Llevo instintivamente mi mano en mi rostro, hasta que recuerdo que estoy maquillada y la dejo caer.
−Coriolanus y Madame siempre guardaron este collar bajo cuatro llaves. Le prometió a su madre que solamente se lo daría a una persona especial y que por nada del mundo se desharía del mismo, ni aunque pasará necesidades, porque tenía un valor sentimental importante para su familia –comenta su prima.
−¿Y yo soy esa persona especial?
Sigo en shock.
−¿Lo dudas?
−No, es solo que… me tomó por sorpresa.
−Acéptalo, Lucy. Úsalo hoy como él te pidió. Te lo está dando de todo corazón.
No puedo rechazar algo que él me regala de esta forma. Tal vez no lo hubiera aceptado antes del matrimonio, pero ahora es diferente. Voy a compartir mi vida a su lado.
Acepto que Tigris me saqué el que planeaba usar y lo reemplace por el de la madre de Coriolanus. Cuando lo veo en mi cuello, puedo apreciar cada detalle y el hermoso brillo del mismo. Es tan delicado, hasta la persona más inexperta se daría cuenta que la calidad y belleza del collar es única.
−¿Sabes cuánto mi primo ama a su madre?
−Por supuesto.
−Con esto está demostrándote que el amor que siente por ti es igual de grande que el que siente por su madre y que eres la persona más importante de su vida. Siéntete afortunada, no le entregaría este collar a cualquiera.
Tigris me toma de los hombros y yo sonrío. Él me ama y yo lo amo, es lo único que importa.
Maude y Barbie se quedan cerca de mí, rondándome. Después de un año de estar aquí, pude conseguir una autorización para traerlas al Capitolio, debido al parentesco de sangre y mi mayoría de edad. Aparte la intervención de mi padre fue esencial, ya que uno de los primeros pedidos que le hice fue que me ayudara a sacar a mis primas del Distrito Doce, lo más pronto posible, porque temía por la seguridad de ambas.
−En el Doce, no hubieran tenido una boda tan bonita.
−Y no hubiera usado vestidos como estos ¿no? –comento tratando de adivinar el rumbo de sus pensamientos. Ya son adolescentes y se empezaron a interesar en este tipo de cosas.
−No, no hubieras usado nada como esto –dice Barb.
−Coriolanus estará encantado al verte –continua Maude.
El vestido que use en el registro civil era muy simple, nada fuera de lo normal del Capitolio, y aún así notaba ese brillo especial en los ojos de Coryo cuando me ve como la mujer más hermosa del mundo, de su mundo. Estoy segura que quedara mil veces más impactado con este vestido. Al menos, yo deseo que sea así.
POV CORIOLANUS
–Relájate, Coryo. Te van a salir canas antes de tiempo –Dante intenta hacerme entrar en razón. Es uno de nuestros estilistas y también es novio de mi prima desde hace tiempo.
Estamos en una salita de la Iglesia con Dante, mi cuñado y mi suegro. Y cada tanto entra o sale gente para saludarme y felicitarme. Lucy aún no llega y eso me tiene alterado.
¿Le habrá pasado algo?
–Mi hermanita ya te dio el sí. ¿Qué más quieres?
Lucy me dio el sí. Ahora legalmente ella es mía y yo de ella. ¿Por qué estoy tan nervioso? Conseguí el amor incondicional y eterno de la mujer que amo.
Sacudo la cabeza y dejo darme paseos para saber si alguien se acerca para decirme que hay rastros de ella, o si llegaron todos invitados y que esto al fin empiece. Me siento en una silla vacía.
−Dijiste que aceptó el collar ¿verdad? –le pregunto a su padre.
−Hasta lo lleva puesto. Decidió no usar el que le regalamos y en su lugar se puso el que le diste luego de saber lo valioso que es para ti –admite y yo sonrío.
Hubo un tiempo en que me olvidé completamente del collar, pero mi abuela lo guardó en un lugar seguro a pedido de mi madre, para dármelo a mí cuando fuera el momento adecuado y mientras ordenaba un poco la biblioteca hace dos años lo encontré en una de las cajas fuertes que rara vez era abierta. También vi algunas joyas de igual o menor valor de mi padre, mi madre, los padres de Tigris y mis abuelos, incluso una medalla que me regalaron cuando yo nací.
Se notaba que mi abuela quiso proteger esas pertenencias por la misma razón. Aparte, incluso aunque las hubiera vendido no iba a recibir el dinero realmente invertido en todo eso luego de la guerra, cuando casi nadie podía costear algo tan costoso. Me alegra que mi abuela no haya vendido nada, o al menos no todo, porque más que joyas, son como recuerdos familiares. Tal vez, de no haber entrado Lucy en nuestras vidas las hubiéramos vendido en algún momento, pero ya no era necesario.
Tras nuestro éxito en Los Juegos del Hambre, mi vida y la de Lucy mejoraron. Y cuando se descubrió que ella en realidad era hija de alguien del Capitolio, su aceptación en la población fue mejor. Se convirtió en un escándalo, incluso más grande que el de nuestra relación.
Volvieron a tocar el tema de los Días Oscuros y como la guerra destruyó y separó familias. Lucy, su difunta madre, su padre y su hermano eran una muestra de ello. Hablaban como a pesar de todo, no debían perder las esperanzas.
Muchas personas empezaron sus búsquedas de familiares a través de Panem con ayuda de los Alcaldías particulares de cada Distrito y la información buscada y brindada por los Agentes de Paz a cargo. Algunas familias tuvieron suerte y pudieron traer a esas personas o niños al Capitolio, o al menos mantener contacto con personas que creían muertas. Ese ya fue un cambio considerable e importante para muchos.
−Coriolanus, quiero que me prometas algo –empieza su padre.
−Lo que sea señor Baird… digo Matthew –estoy tan perdido en mis pensamientos que me olvido que le prometí que reduciría las formalidades entre nosotros hace tiempo.
−A partir de este momento, eres parte de la familia hasta el día que mueras –él se sienta a mi lado y yo giro mi cabeza para mirarlo.
−Soy consciente de eso, Matthew; y espero no decepcionar a nadie.
Él me dedica una sonrisa y apoya su mano en mi hombro.
−Me basta con que cuides a mi hija y que la respetes como ella lo merece. Ya ha sufrido bastante en esta vida.
−Lo juro, su seguridad y su felicidad siempre será mi prioridad. Siempre fui sincero respecto a mis sentimientos hacia ella, cuando la anunciaron vencedora, decidí que sin importar que pasara la mantendría a mi lado.
Él sabe mi relación amorosa con su hija empezó en esas semanas previas a su entrada en la arena. No es ningún secreto para nadie, lo hemos dicho en las entrevistas.
−Y estoy muy agradecido contigo, por todo lo que has hecho para protegerla y mantenerla con vida. Ella siempre dice que volvió a sonreír sinceramente gracias a ti, que desde la muerte de su madre y creer que quedó huérfana, no había sido feliz. Aparentemente, ella encontró todo lo que quería y necesitaba a tu lado.
−Eso es mutuo.
No es algo que hayamos planeado, simplemente sucedió. Juntos nos complementamos y nos convertirnos en la motivación que necesita el otro para seguir adelante a pesar todo lo malo que hemos pasado.
Alguien entra por la puerta sin avisar y veo a mi abuela. La miro esperanzado porque sé que salió junto con Lucy, después de nosotros.
−Madame…
−Todas han llegado, Coryo. La ceremonia puede empezar.
Busco rápidamente la caja con los anillos y se la entrego a mi suegro, para que las acomoden en la pequeña cesta acolchonada de anillos que Maude Ivory va a llevar. Por otro lado, él me entrega la solapa con la rosa blanca que su hija hizo para mí hoy y la coloca derecha en mi chaqueta de mi esmoquin.
Para la Iglesia tanto ella como yo estaremos vestidos completamente de blanco, aunque ninguno de los dos sabe cómo es el diseño del traje o vestido que elegimos. En el Edificio de Justicia llevaba un traje más bien normal, mientras que el esmoquin que Dante y Tigris hicieron para que usara ahora es mucho más elegante. Ambos dicen que eligieron el material y el diseño nuestra ropa para que fuéramos a juego, ropa de pareja.
De alguna forma siento la necesidad de verla y descubrir como la han preparado para este momento. Si más temprano lucía hermosa con ese vestido blanco corto y su cabello suelto simplemente decorado con una corona de rosas naturales; ahora debe lucir mucho mejor. En unos minutos, lo descubriré.
Todos se van excepto mi abuela y Owen.
−Deberías salir, cuñado.
−Solamente dame un minuto –pido. Necesito tranquilizarme primero.
−Bien, yo saldré y te esperaré cerca. Parece que Madame quiere hablar contigo.
Miro de reojo a mi cuñado y luego a mi abuela, que no habla hasta que nos quedamos solos. Le indico que se siente y lo hace poniéndome de costado la enfrento.
−¿Quieres decirme algo?
−De hecho, sí. Verte a ti y Lucy hoy me trajo recuerdos.
−Espero que hayan sido buenos.
No contesta, pero fuerza una sonrisa, como cuando sus sentimientos para si misma.
−Depende el punto de vista, recordé la boda de tus padres. Eran tan felices y se veían tan enamorados.
Si no para, seré yo el que empiece a llorar, no quiero recordar la muerte de mis padres hoy.
−Ellos… se enamoraron a primera vista, también. Tu padre amaba mucho a tu madre y también a ti, fue por eso que cuando empezó la guerra, quiso luchar y ayudar a que esta acabara. Para que tú, tu madre y tu hermana no nacida tuvieran un buen futuro.
Curioso, Pluribus también dijo lo mismo. Yo casi no conocí a mi padre. Si tan solo pudiéramos tener recuerdos de cuando todos somos bebés, pero la guerra duró muchos años y cuando empecé a tener consciencia mi padre ya no estaba con nosotros.
−Y tu madre te amó hasta su último suspiro. Nos pidió que cuidáramos de ti con nuestras vidas y que nunca te dejáramos solo, porque nos ibas a necesitar. Tu madre y tu padre estarían muy orgullosos de ti y se sentirían felices, si supieran que al fin vas encontrando tu camino y que lo compartirás al lado de una chica como Lucy, alguien que amas y te ama de la misma forma.
Derramo algunas lágrimas solitarias, pero Madame se encarga de quitarlas.
−Gracias –le digo y tomo sus manos.
Esta mujer ausente, media loca e inoportuna en ocasiones; también fue nuestro único refugio seguro cuando Tigris y yo, peor la estábamos pasando. Ella nos dio amor, consuelo, protección e hizo muchos sacrificios a pesar del dolor para sacarnos adelante, hasta que pudimos cuidarnos por nuestra cuenta.
−También quería decirte que sé lo que está pasando. Esta mañana cuando me pediste que buscara algo en tu habitación por teléfono para llevártelo, vi el sobre abierto con unos papeles encima.
Que diga eso, me hace sentir terrible, como si la estuviera decepcionando por nuestras irresponsables acciones y por la forma en que se enteró.
−Lo siento, pensábamos decirlo luego de la boda. Lo mantuvimos en secreto para que no llegara a oídos equivocados y difundieran rumores falsos. No era mi intención que…
−Shh –me calla y acaricia mi cabello–. Está bien, puedo ser vieja ahora, pero no me quedé en el pasado. Los adolescentes hacen estas cosas, sobre todo cuando llevan varios años de relación. No te lo recriminaré. No pensarás que me creía eso de que solo dormían juntos para calmar las pesadillas del otro.
−¡Abuela! –me sale decirle así y me sonrojo. Tampoco esperaba que ella se tragara nuestras mentiras, no es una niña.
Ella se ríe y me suelta.
−Supongo que viene pasando hace años. Da igual, todos fuimos jóvenes alguna vez. Con tu abuelo nos casamos casi al tiempo de terminar la secundaria, por ejemplo –no quiero saber los detalles íntimos de mis familiares y ella se da cuenta, porque no continua–. Considerando esto, la boda vino en el momento justo. Nadie sospechara de ustedes e incluso, aunque lo hagan, ya estarán casados. ¿Su familia lo sabe?
−No, se los diremos cuando estemos fuera del Capitolio. De hecho, lo confirmamos hace pocos días, antes teníamos algunas dudas.
−De acuerdo, háganlo, porque merecen saberlo pronto.
Seguramente, Madame no esperaba que fuera yo quien tuviera hijos primero y la verdad, yo tampoco. Sin embargo, con Lucy pensamos enfrentar esto de la mejor manera y deseando que nada malo en el proceso. Por ahora, me tranquiliza que mi abuela lo haya tomado bien.
Ella me acompaña fuera y caminamos por el pasillo, hasta que en la puerta que lleva a la Iglesia vemos a Owen y su esposa conversando.
−¿Terminaron?
−Sí, ¿Lucy?
−Está fuera, escondida en el auto para que los periodistas no la molesten, mientras los Agentes de Paz se están encargando de controlarlos a ellos y a la gente –anuncia ella–. ¿Quieres que empecemos? Ella dijo que solo espera tu señal.
−Empecemos, solo asegúrense que sea en el momento adecuado para que nadie la perturbe. Su seguridad es esencial.
En ocasiones, Lucy se ha encontrado con algunos locos y obsesivos fanáticos; y han sido situaciones horribles. Definitivamente, con su embarazo, no quiero que nada la afecte.
Ambos no esperan ni un segundo y salen disparados hacia la entrada de la Iglesia para verificar como está la situación en el exterior.
Yo me ubico en el lugar que corresponde y el sacerdote ya vestido para la ocasión se acerca a mí, luego de felicitarme, me pregunta que si hay algo que daba saber antes de empezar y le confieso que preparamos nuestros propios votos y que, si nos lo permite, nos dedicaremos unas palabras más allá de lo que por protocolo corresponde. Me dice que podemos decirlo antes de intercambiar los anillos y le agradezco.
La marcha nupcial empieza y yo miro hacia la puerta instintivamente, pasa un minuto… o dos y sigue sin aparecer. La gente que vino a vernos debe estar retrasando todo, suspiro, porque eso no hace más que impacientarme. Las amigas de Lucy también están nerviosas y mi cuñado me sorprende por detrás.
−Está por entrar, fue más difícil de lo que pensamos deshacernos de algunos periodistas que se acercaban demasiado.
−Entiendo. ¿Está todo bajo control ahora?
−Sí, tranquilo. Mi hermana y las niñas están acercándose.
Se ubica su puesto a un costado ya que es uno de los testigos. Tan pronto como eso sucede, Maude y Barbie entran con adorables vestidos blancos. Maude lleva los anillos y Barbie adelante lanza pétalos de rosas blancos. Casi sin mirar a la gente para no desviarse caminan derecho en el centro del pasillo. Cuando ellas ya han avanzado al menos unos veinte metros, La puerta se abre nuevamente y Lucy entra del brazo de su padre, mirando hacia el suelo la mayor parte del tiempo, probablemente temiendo caerse por el vestido largo, su amiga viene detrás y levanta la larga cola de su vestido lo suficiente para que se sienta cómoda y la acomoda antes de antes de alejarse. Al fin ella levanta la mirada y enfrenta a todos, para luego fijar su vista en mí sonriente. Me quedé corto, no solo se ve más hermosa que esta mañana, parece una reina usando un vestido digno a su posición y luciendo como una. La he visto miles de veces con la preciosa ropa que suele usar para eventos, presentaciones o fiestas, pero nada se compara con verla vestida de esta forma, preparada para ser mi esposa de todas las maneras posibles. Me siento el hombre más afortunado del mundo estos momentos. No existe nada más que ella, solo estamos ella y yo; y el resto mundo parece lejano y borroso.
No reacciono hasta que Matthew apoya la mano de su hija sobre la mía; hasta que siento latir mi corazón con tanta fuerza, que no sé cómo controlarlo; hasta que siento ese hormigueo ya tan conocido para nosotros, que empieza en las puntas de mis dedos y se transmite al resto de mi cuerpo; hasta que siento ese deseo de abrazarla y besarla nuevamente.
−Bienvenido a la familia, Coriolanus –me dice él y luego se aleja.
Lucy y yo lo miramos una última vez y luego volvemos a enfrentarnos.
−Lamento haberte hecho esperar.
−No importa. Ahora estás aquí conmigo. ¿Puedo?
Ella asiente. Yo le retiro el velo y se lo acomodo para atrás, lo que me permite ver su rostro en detalle por primera vez.
−Eres perfecta –murmuro.
Le ofrezco mi brazo y ella lo toma sin dudarlo un segundo, pero antes aprovecho para depositar un beso en el dorso de su mano y ella acaricia mi mejilla unos segundos.
La ceremonia empieza y luego de unos minutos piden que las personas designadas por nosotros pasen a leer. Elegimos a un miembro de cada familia, Tigris y Owen, ambos se paran uno al lado del otro frente al micrófono y todos centramos nuestra atención en ellos.
Aquí viene mi amado saltando por los montes,
retozando por las colinas.
Mi amado es como una gacela, es como un venadito,
que se detiene detrás de nuestra tapia,
espía por las ventanas y mira a través del enrejado.
Mi amado me habla así:
"Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
Paloma mía, que anidas en las hendiduras de las rocas,
en las grietas de las peñas escarpadas,
déjame ver tu rostro y hazme oír tu voz,
porque tu voz es dulce y tu rostro encantador".
Miro a Lucy de reojo y noto que ella también me observa, de mutuo acuerdo nos tomamos de las manos, incluso a la pequeña distancia en la que ahora estamos. Es Tigris quien continua con la lectura.
Mi amado es para mí y yo para mi amado.
Grábame como un sello en tu brazo,
como un sello en tu corazón,
porque es fuerte el amor como la muerte,
es cruel la pasión como el abismo;
es centella de fuego, llamarada divina;
las aguas torrenciales no podrán apagar el amor
ni anegarlo los ríos.
Lucy parece estar al borde de las lágrimas, pero no derrama ninguna. Y sé que se está conteniendo.
−El amor conyugal es la «máxima amistad». Es una unión que tiene todas las características de una buena amistad: búsqueda del bien del otro, reciprocidad, intimidad, ternura, estabilidad, y una semejanza entre los amigos que se va construyendo con la vida compartida. Pero el matrimonio agrega a todo ello una exclusividad indisoluble, que se expresa en el proyecto estable de compartir y construir juntos toda la existencia. El matrimonio es un signo precioso, porque «cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del matrimonio, Dios se "refleja" en ellos, imprime en ellos los propios rasgos y el carácter indeleble de su amor. El matrimonio es la imagen del amor de Dios por nosotros. Ahora presenciaremos el compromiso que sellarán estas dos personas que vinieron a unirse en sagrado matrimonio.
El cura asiente dándonos una señal silenciosa de que llegó el momento. No es hasta que decimos nuestros votos que ambos nos quebramos.
−Lucy Gray, cuando te conocí realmente no pensé que te convertirías en una persona tan importante para mí. No era feliz, no sabía que era la felicidad y ni que significaba amar realmente; hasta que tú apareciste. Nos fuimos conociendo y acercando desde ese primer encuentro, aquel que definió nuestros destinos y en el proceso, me cambiaste con tu propio amor e incondicionalidad. Pasamos por muchas cosas buenas y malas en estos años, pero siempre estuvimos el uno para el otro en cada momento. Tratamos de vivir la vida de una forma positiva, a pesar de que las circunstancias no siempre estuvieran a nuestro favor.
Y hoy estamos aquí para jurarnos el amor más puro que podemos llegar a sentir el uno por el otro; y también para prometerte que a partir de este momento deseo mantenerte sana y cerca, admirándote, demostrando ser devoto a ti y siendo entera y inevocablemente tuyo por el resto de mis días.
−Coriolanus Snow, cuando te conocí tampoco pensé que te convertirías en una persona tan importante para mí. Yo había perdido todo tipo de esperanza en la vida en ese punto y me salvaste. Salvaste mi vida y me salvaste de mí misma. Desde ese primer encuentro y a medida que te conocí te fui amando más y más, y me enseñaste el verdadero significado del amor. Tú eres mi amor. Tú eres mi vida. A lo largo de los años, hemos pasado por situaciones, que nos han demostrado que nos complementamos a tal nivel que siempre encontramos la forma de salir adelante y que nos necesitamos. Juntos hacemos uno.
Sin importar que pase, te prometo que siempre estaré a tu lado en cada paso que des. Haré todo lo posible por ser mejor cada día, al igual que tú, por mantenerte a mi lado, admirarte, ser una fiel devota, entera e inevocablemente tuya el resto de mis días.
Trago saliva, siento un nudo en mi garganta que me impide seguir hablando y noto unas lágrimas brotar, sé que ella lo nota porque se sorprende y me sonríe con cariño a pesar de que ella también está llorando.
−Relájate, cariño –murmura en voz tan baja que solo yo puedo escucharla.
−Yo, Coriolanus Snow, te recibo a ti, Lucy Gray Baird, como esposa y me entrego a ti. Prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.
−Yo, Lucy Gray Baird, te recibo a ti, Coriolanus Snow, como esposo y me entrego a ti. Prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.
Él nos indica que ahora podemos intercambiar los anillos, previamente bendecidos y yo tomo su mano de tal forma que pueda colocarle el anillo en su dedo índice.
Maude se acerca a nosotros y se queda entre medio de ambos, desato el nudo que sujeta el anillo de Lucy y lo dejo girar entre mis dedos antes de sujetarlo bien y tomar su mano. Sube levemente el dedo donde debo colocar el anillo y lo voy arrastrando por su dedo con lentitud, a medida que hago el juramento.
−Lucy Gray, recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti.
Debería utilizar también su otro apellido, pero parece que la costumbre de llamarla solo por el apellido Gray, no se ha ido del todo.
Lucy se inclina hacia su prima para desatar el siguiente anillo y se vuelve a tomar mi mano y colocarme mi anillo.
−Coriolanus Snow, recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti.
La ceremonia transcurre con calma entre otras lecturas y monólogos.
Y ahora, Señor, te pedimos también
que estos hijos tuyos:
que, unidos en Matrimonio,
sean ejemplo por la integridad de sus costumbres;
que su unión sea fecunda,
sean padres de probada virtud,
vean ambos los hijos de sus hijos
y, después de una feliz ancianidad,
lleguen a la vida de los bienaventurados en el reino celestial.
Cuando llega el momento del beso, no lo dudo, ni un instante y ella tampoco porque se acerca y apoya sus manos en mis hombros, permitiendo que la abrace. Dejo caer mis labios sobre los suyos al tiempo que la rodeo con mis brazos, sus labios saben a durazno y se sienten algo pegajosos y me doy cuenta que es por su tinte de labios, pero no me importa, no ahora. El aroma a rosas que desprende su piel a su vez me embriaga.
−Coryo –su voz suave contra mi boca, me recuerda el lugar donde estamos y me detengo.
Ambos nos apartamos y nos miramos como si estuviéramos saliendo de un trance; mientras los invitados aplauden. Lo siguiente pasa de forma apresurada, la boda acaba, caminamos hacia la salida por el pasillo, mientras los invitados van saliendo y se acomodan en dos filas a los costados de la puerta de entrada de la iglesia. Las periodistas están allí esperándonos, también. Sin embargo, hay cuatro personas autorizadas más cerca, siguiéndonos cada paso, un contratamos servicio privado para que nos tomen fotos y nos filmen durante cada momento, la diferencia entre los periodistas y estos es que quienes participan en la fiesta y las ceremonias trabajan para nosotros y no pueden compartir lo que ocurra durante este día a menos que lo autoricemos. Posamos para las fotos "privadas" y les seguimos las indicaciones que nos dan para obtener mejores tomas y luego cuando bajamos por la escalera, nos empiezan a lanzar papeles de colores, Lucy no quiso el arroz clásico, porque decía que era una forma inútil de desperdiciar comida y tiene razón. Cuando Dante propuso lanzar papeles de confeti o incluso flores, nos gustó más la idea. Dijimos que cualquiera de las dos cosas estaría bien. Por lo que mientras todos salían les daban bolsitas individuales para nos las lanzaran.
La limusina del hotel está preparada para que muchos de nuestros invitados entren y sean llevados seguros a destino. A mí y a Lucy nos está esperando un auto blanco decorado para recién casados. Iremos solos, esta vez. Los Agente de Paz nos rodean y nos llevan allí, uno de ellos entra en el asiento del copiloto y los demás se alejan en cuanto estamos dentro y seguros.
−Todo salió bien –comenta Lucy aliviada con el ramo de rosas en su regazo. Es diferente al que tenía esta mañana, pero igual de hermoso. Es el que debe lanzar en la fiesta para las mujeres solteras.
−Sobrevivimos.
Ahora por las siguientes horas nadie ajeno a nuestro entorno nos molestará.
−¿Nos pueden hacer ingresar por el subsuelo? –les pido a los dos hombres a mando.
−¿Y la gente que está esperando por nosotros allí?
−Saldremos a saludar desde la entrada en un rato, Lucy. Es más seguro –propongo.
Ella acepta, no quiere luchar nuevamente contra una multitud para llegar a algún lugar.
−Hagan lo que dice mi esposo y asegúrense que nadie nos vea.
−Como deseen –dice el chofer.
Lucy me mira a los ojos cómplice y entrelaza nuestros dedos.
−Te amo –me dice.
−Yo también te amo.
Nos acercamos para besarnos, pero algo hace que nos echemos para atrás y nos asustemos, debimos pasar por un montículo de cemento, o material en el borde de la calle.
−Lo siento –se disculpa el chofer–. Están reconstruyendo estas manzanas cercanas al hotel.
Vemos hacia fuera y es verdad, tienen acumulados bastante arena y escombros en este costado de la calle y más lejos se ven señales de precaución y vallas improvisadas con palos de madera y cintas. Hace tiempo empezaron a quejarse sobre problemas con las cloacas y tanto la humedad, el agua, el peso de todos los vehículos que pasan por aquí han roto las calles. El hecho de que hace unas semanas haya tenido lugar un temblor considerable fuerte solo empeoró el estado de algunas calles del Capitolio. El gobierno está invirtiendo bastante dinero en obra pública actualmente y reparan por tramos para no perjudicar el tráfico cotidiano.
−¿Nos podemos desviar? No parece muy seguro pasar por aquí –propongo.
−Podemos cambiar la ruta tras pasar dos cuadras. Aunque nos retrasaríamos unos minutos más.
−No importa, tenemos tiempo.
Muchos de nuestros familiares y conocidos están detrás de los otros autos y camionetas, en cuanto se den cuenta de la desviación de ruta, nos imitarán.
Olvidándonos del beso interrumpido, ambos miramos por las ventanillas mirando hacia el exterior. Mi prima va en la limusina y como tienen las ventanillas bajas podemos verla de perfil hablando algo con Dante, o tal vez Owen; pasan tan fugazmente por nuestro lado que no podemos ver bien.
Al llegar al hotel el conserje le entrega una llave al Agente de Paz que nos acompaña y los tres nos dirigimos a los pisos superiores del edificio de casi veinte pisos junto con un empleado del hotel.
−El señor Baird, les ha reservado la única suite que tiene salida directa a la terraza, la cual por dos días se cerrará a los huéspedes habituales, para que puedan estar tranquilos y disfrutar su estadía aquí. Cada uno de ustedes tendrá su tarjeta propia, y esta les servirá para abrir desde fuera y cerrar desde dentro –nos informa el hombre, mientras pasa una tarjeta por el lector de la puerta y está se abre con un pequeño click.
Esperamos a que el hombre entre, para seguirlo. Enciende las luces y el aire acondicionado presionando teclas de un tablero digital. Nos muestra toda la suite, indicándonos donde encontrar cada cosa y las ubicaciones. Hay hasta una cocina con una nevera y estantes llenos de alimentos, bebidas y viandas, lo que no nos obligara a salir constantemente, ni pedir nada durante estos dos días, sí así lo deseamos. Nos dice que toda información y números internos que necesitamos tener presentes, están en una agenda junto al teléfono del comedor y que los llamemos si necesitamos algo o surge algún problema. Nos entrega las tarjetas y nos avisa que todo está listo para que el evento empiece en treinta minutos. Pero que debemos estar unos minutos antes en el salón
Por más que deseamos quedarnos solos aquí, la realidad es que no contamos con tiempo y optamos por salir junto a ambos hombres antes de que nuestros equipos empiecen a preguntarse por nosotros o recorran los pasillos y habitaciones buscándonos. Aparte, si nos quedamos incluso por unos minutos a solas, las cosas no acabaran forma inocente precisamente y ambos lo sabemos.
POV LUCY
Saludamos a la gente fuera, posamos para los periodistas y respondemos a preguntas y felicitaciones, acompañados de personas que se encargan de nuestra seguridad; y luego volvemos dentro para que nos arreglen. Retocan mi maquillaje un poco sobre todo en los labios y me quitan velo, dejándome solamente con la tiara. Coriolanus se queda cerca de mí viendo todo sonriendo mientras trabajan.
−¿La cola del vestido se la pueden quitar?
−Sí, es posible solo está enganchada con pequeños botones en la espalda. Tigris dijo que se la sacáramos luego de la entrada inicial, no estará toda la noche con la cola y también quitando esta capa superior –señala de mi cintura para abajo–; tiene una falda más cómoda para la ocasión. Solo debe decirnos cuando se cansé de estar con este vestido largo y voluminoso.
−Quiero que me lo quiten antes de subir al escenario, Cindy. Si planeo cantar o tocar el piano, preferiría tener un poco más de libertad sobre mis movimientos.
−Por supuesto, Lucy. ¿Cuándo va a ser eso?
−En algún momento después del vals.
−Pensé que cantarías antes.
−¿Cuándo? ¿Durante los discursos de los invitados y los propios? No. Lo pensamos, pero a Coriolanus y a mí no nos pareció adecuado. Y la planeadora de bodas coincidió con nosotros en que era mejor durante el baile.
−De acuerdo, será en ese momento.
Coriolanus se sienta en una silla vacía y la acerca a mí. Cindy se da cuenta que tenemos asuntos privados que tratar y como ha terminado conmigo se disculpa para ir a reunirse con el resto de los invitados.
−Salgan cuando quieran, solo no entren al salón hasta que se los indiquemos, Esperen fuera –nos advierte y cierra la puerta al salir.
−Yo también voy a cantarte una canción, aunque claro si quieres unirte será aún más especial.
−¿Me lo estás pidiendo? –pregunto dudosa.
−Te lo estoy proponiendo, porque me gustaría cantar contigo, como en los viejos tiempos.
Se refiere a esos primeros meses en los cuales La Academia nos pidió que demostráramos a Panem lo real y profunda que era nuestra relación y solíamos cantar una o dos canciones juntos en cada evento.
−¿En público?
−Es una canción que sueles cantar cada tanto y me gusta porque parece hecha para nosotros. Entonces, no creo que sea un problema para ti…
−Será un placer –contesto.
−Eso será perfecto.
Él baja la mirada de mi rostro, a mi cuello y toca con su mano el collar que llevo puesto. Luce nostálgico, debe estar pensando en su madre.
−Gracias por usarlo, amor.
−Sí era tan importante para ti, no podía negarme. No me malentiendas –aclaro–, me parece precioso. Es solo que también es algo muy íntimo de tu familia y…
−Algo que ha pasado por generaciones en mi familia materna y que ahora es tuyo. Eres mi esposa, eres mi familia. No te sientas mal por tener algo que te pertenece; algún día serás tú quien se lo pase a nuestros hijos. Además, se ve bien en ti.
Él se inclina, besa mi frente, y luego apenas rozándome, las comisuras de mis labios, lo que me hace cerrar los ojos. Apoyo mis manos en sus hombros y apoyo mi frente en la suya.
−No podemos –digo.
Cindy suele molestarse cuando arruinamos el maquillaje o peinado del otro antes del comienzo del evento en cuestión.
−Lo sé –suspira.
−Puedes abrazarme, por ahora.
En respuesta, siento sus brazos a mi alrededor y como me atrae a su cuerpo tanto como puede. Nos quedamos así varios minutos con nuestros brazos envolviéndonos mutuamente y nuestras cabezas apoyadas en el hombro del otro.
−Cuando termine esto, tendremos dos días solo para nosotros.
−Y los vamos a aprovechar.
No lo pienso negar, difícilmente saldremos de esa suite o tendremos contacto con otras personas durante los siguientes días. Con los preparativos de la boda, nuestros estudios y el trabajo hace meses que no estamos completamente solos, ni tenemos un momento de tranquilidad.
Luego pasaremos unos días en nuestra casa, hasta que con mi familia viajemos a los otros distritos. Mi padre, por otro lado, dijo que se seguiría haciendo cargo de mis primas y que las cuidará como sus hijas, aunque yo ya no esté viviendo con él.
Sin embargo, ahora, por más que deseamos llevarlas al viaje, no podemos porque tienen que seguir asistiendo a la escuela. Durante el siguiente mes, se quedarán en la mansión Snow bajo el cuidado de Tigris y Madame. Ellas son las únicas dos personas aparte de mi familia a las que se las confiaría.
−Suenas ansioso, esposo –bromeo.
−Puedo esperar –me contradice.
Coriolanus se pone de pie y me tiende la mano para ayudarme a levantarme. Con mi mano libre levanto la cola del vestido y con la otra, sujeto su mano. Recuerdo el ramo y le pido a él que lo lleve un rato por mí.
−¿Estarás bien así? –me pregunta.
−Solo quieren que me la deje para las fotos –le digo.
−Bien, salgamos ya. Hay invitados esperándonos. Aunque no importa que te pongas o te saques, hoy estás esplendida como una princesa; no una reina.
−¿Cómo las de esos libros y películas?
−No, mucho mejor. Para mí eres aún más perfecta.
Noto el calor subir a mis mejillas. En ocasiones, Coriolanus lanza ese tipo de comentarios que hacen que enamore más de él.
−Si yo parezco una reina, tú eres mi rey, uno muy guapo y elegante.
La ropa que usamos combina entre sí, porque utilizaron casi los mismos materiales; y los detalles tanto del traje, como del vestido son similares.
−Puedo ser lo tú quieras, solo debes pedirlo.
−¿Lo que yo quiera? –pienso por un momento en eso.
−Lo que sea. Nos juramos devoción e incondicionalidad, después de todo.
Ambos sonreímos y nos disponemos a ir al salón y festejar junto a nuestros seres queridos. Más tarde, tendremos tiempo para disfrutar de nuestro tiempo de calidad como pareja; pero primero, lo primero.
Son cerca de las cuatro de la madrugada cuando media cansada miro a Coriolanus fijamente, hasta que tras unos segundos él voltea a verme. La fiesta es un éxito, todos pasan un buen momento y si nos seguíamos por la tradición de lanzar el ramo a las solteras, una de mis amigas del bar de Pluribus va a casarse pronto. Pero, mientras casi todos los invitados siguen bailando; Coriolanus y yo demasiado agotados de la situación, nos tomamos un descanso para beber y comer pastel, uno de mis recientes antojos aparentemente.
−¿Sería muy poco respetuoso de nuestra parte irnos cuando la fiesta no ha acabado? Somos los anfitriones.
−También somos los novios. La gente entenderá que necesitamos nuestro descanso. Hagamos esto… nos despedimos de los invitados y nos marchamos. Ven conmigo.
Él me guía por los costados del salón y hablamos con nuestros familiares más cercanos y amigos para despedirnos. Luego subimos al escenario y anunciamos que estamos muy agradecidos con todos por compartir un día tan especial para nosotros, y que esperamos que todos terminen esta velada tan felices como nosotros. Nos disculpamos por tener que abandonarlos antes de tiempo, y les aseguramos que no queremos que nuestra ausencia, reduzca su entusiasmo y que se queden hasta el final porque hay muchas sorpresas más para los presentes.
Cuando salimos del salón, nuestras familias nos siguen, solo para desearnos una buena noche y decirnos que tan pronto como nuestra estadía aquí termine, nuestra nueva casa estará lista para ser habitada por nosotros. Mi padre promete que nos vendrá a buscar temprano ese día.
Me acerco a él, lo abrazo y le agradezco todo lo que ha he hecho por nosotros durante este tiempo. Fue un gran apoyo para ambos, incluso le cambió la vida a mis primas y a los Snow, aunque no le correspondía hacerlo.
−Sé que hemos pasado gran parte de nuestras vidas separados, pero siempre te amé, hija. Cuando supimos que seguías con vida, volvimos a vivir. Espero que sea muy feliz con Coriolanus. Él es un buen chico y te ama.
−Lo seré, papá. Lo seremos, porque somos el uno para el otro –digo entre lágrimas.
Tengo ganas de confesarle que también tendremos un hijo en pocos meses, pero decido que será mejor confesárselo cuando nuestra breve luna de miel en el hotel acabe y estemos en una casa con las dos familias reunidas.
−Yo también te amo, papá –luego miro a mi hermano y libero uno de mis brazos para que se una a nosotros. Owen sonríe y los tres nos abrazamos.
−Los amo a ambos.
Cierro los ojos y apoyo mi cabeza entre ellos.
−Desearía haber sabido de la existencia de ustedes antes, tal vez las cosas hubieran sido diferentes –no dejo de pensar que, si no me hubieran ocultado mi origen, los podría haber buscado, los Agentes de Paz que tenía por amigos, me podrían haber ayudado, al menos para saber si seguían con vida. No hubiera sido tan difícil considerando que ellos era una familia bastante destacada del Capitolio–. Ahora tenemos toda la vida por delante para conocernos y estar juntos y eso es lo que importa.
Cuando nos despedimos de ellos, mis primas y la de familia de mi esposo. Coriolanus me rodea la cintura y ambos nos dirigimos por el ascensor rumbo a la suite. Él se ríe cuando ya vamos por el piso ocho
−¿Qué sucede?
−Recordé la primera vez que te subiste a un ascensor, estabas aterrada.
−Y luego nos besamos –respondo recordando ese día que me llevó a su hogar luego de salir del hospital.
−¿Quién besó a quien primero?
−No estoy segura, todo pasó de forma apresurada. Los dos, supongo –respondo.
−Los dos –acepta y me agarra por los brazos, llevándome a esquina del ascensor, casi sentándome en la barandilla para apoyar las manos.
Acerca su rostro al mío y toma mi mano para apoyarla en su mejilla.
−Bésame –pide.
−Bésame tú.
−Siento sus labios unos segundos, pero lo aparto rápidamente, porque no importa que tanto desee esto, quiero reservarlo para habitación y hacerlo más especial.
−Tranquilo, saltamontes. Primero debemos llegar a la suite.
−Eres muy cruel, amada mía.
−No dirás lo mismo, cuando te des cuenta de todo lo que estoy dispuesta a hacer esta noche –él abre los ojos con sorpresa, mientras siento su corazón latir fuerte contra mi pecho; y yo sonrío satisfecha al ver que como lo tengo bajo mi hechizo.
−¿Tienes suficiente energía para ello? Dijiste que estabas cansada.
−Cansada de estar rodeada de tantas personas, no de ti. Lo único que quiero lo que queda esta noche y la mañana, y todos los días que siguen es que nos disfrutemos de todas maneras posibles.
Meto mi mano por debajo de su chaqueta y busco el bolsillo interno una de las tarjetas que nos entregaron para ahorrar tiempo.
−Creo que esto es mío.
Permito que Coriolanus me siga sosteniendo y cuando el ascensor se detiene, rodeo su cuello con mis brazos. Él me alza como corresponde entre los novios y sale de este diminuto lugar sin perder tiempo.
−Abre la puerta por mí –pide y sin bajarme, paso la tarjeta por el lector y está se abre en un segundo.
Una vez dentro y tras cerrar la puerta con su propio cuerpo, empieza a repartir besos en mi cuello, él sabe cuánto odio o amo eso dependiendo el momento, pero en este momento solo quiero que continúe. La tarjeta cae de mis manos hasta la alfombra del pasillo de entrada y yo me quejo sobre eso, pero él dice que no importa, porque no se irá a ninguna parte.
Lo siguiente de lo que soy consciente es de que estamos en la habitación donde hay velas en lugares seguros iluminando la habitación semi oscura y pétalos de rosas rojas y capullos formando un corazón en el centro de la cama.
−¿Tú pediste esto? –pregunto sorprendida por el ambiente romántico de la habitación.
−Tal vez –murmura en mi oído.
−¿Eso es un sí?
Coriolanus me suelta con cuidado y me sienta al borde de la cama.
−¿Tú que crees?
−Creo que sí, tú siempre piensas en todo… antes que los demás. Y la habitación no estaba así cuando entramos más temprano.
−Mientras estabas distraída hablando con ese Agente de Paz, diciéndole que podía avisarles a sus colegas todos eran relevados de su tarea, para unirse a la cena; yo le pedí al empleado que hiciera algo más por nosotros, algo especial.
Coriolanus me entrega rosa que toma de detrás suyo y yo sonrío. Él apoya su mano en mi mentón y me obliga a mirarlo y entonces, me empieza a contar una historia.
Cuenta un mito de la Antigua Roma, que Claudio III, el emperador de la época, allá por el siglo VIII antes de Cristo, había prohibido casarse a los jóvenes guerreros ya que creía que al no tener vínculos familiares, se alistarían en su ejército con mayor facilidad.
Valentín, un sacerdote romano, ferviente defensor del amor y el matrimonio, no estaba de acuerdo con esta decisión y casaba en secreto a las jóvenes parejas que acudían a él.
Tiempo después, cuando el emperador tuvo conocimiento de ello, lo encarceló y condenó a muerte. Mientras esperaba su sentencia, Valentín se enamoró de la hija del carcelero, quien solía visitarlo con frecuencia a escondidas y con cualquier excusa que encontrara solo para asegurarse que estuviera salvo y conversar con él.
Ambos acabaron enamorándose, pero era un amor imposible, porque él moriría en breve y no existía ninguna forma de salvarlo. Así que, antes de morir, él declaró su amor con una nota y una rosa roja y ella le correspondió en sus últimos momentos, en esa despedida. Desde entonces, el amor verdadero está encarnado en esta bella flor.
Bajo la mirada y miro a Flor en mi mano, me doy cuenta que estoy derramando lagrimas por la historia y una cae sobre un pétalo, mientras también hago leves ruidos por la nariz y garganta. Coriolanus se preocupa y acaricia mi rostro liberándome de las lágrimas. Cierro los ojos, no sé si mis lágrimas son por el gesto tierno de mi ahora esposo, el relato de la historia romántica o si se deben al embarazo, porque sí, estoy mucho más sensible que antes.
−No te conté esto para que lloraras, solo intentaba hacer algo que como tu pareja corresponde.
−No estoy llorando de dolor, estoy emocionada y sensible, eso es todo. También porque no es tan diferente de nuestra historia durante mis Juegos del Hambre, cuando creíamos que, con esa última reunión, esa última despedida, esa declaración y ese primer beso antes de la arena acabaría todo entre nosotros –aclaro forzando una sonrisa–. ¿Qué hice para merecerte?
−Existir y ser tú misma. No hay mucho más –responde simplemente y miramos cara a cara cuando él se sienta a mi lado en la cama–. La vida nos ha golpeado mucho, cariño. Pero quiero pensar con nuestro matrimonio podemos recomenzar de vuelta, forjar nuestros futuros de otra forma y formar nuestra propia familia –siento su mano en mi vientre, aunque no pueda acariciarlo por el vestido, se limita a apoyar su mano allí, para que me dé cuenta que nuestro hijo, también está incluido en el plan–. Tú, yo, nuestro bebé y todos los que tengamos después.
−¿Quieres tener más?
−Para ser sincero, me aterra un poco y sabes por qué. Pero me gustaría tener varios hijos contigo, fruto de nuestra unión y deseo que todo salga bien para ambos ahora.
−Estaremos bien, te lo prometo –le digo.
Sé que mi embarazo no será fácil para él, porque recordará como perdió a su madre y tendrá pesadillas donde seguramente me perderá a mí, también. Sin embargo, él debe entender que los tiempos ahora son más favorables, que el bebé está creciendo sano hasta ahora y que estaré con atención medica constante, algo de lo que no gozó su madre por culpa de la guerra y los peligros que enfrentaron. Debo hacer que lo comprenda, para que no viva con el miedo de que me pasará lo mismo.
−Lo estarás. ¿Sabes por qué?
−No.
−Porque me niego a dejarte ir, y estaré tanto tiempo detrás de ti… cuidándolos, que terminarás cansándote de mi presencia. No permitiré que les pase nada, mucho menos a ti.
La intensidad con la que mira y sus ojos húmedos, me dicen que habla en serio y yo sin poder evitarlo, rodeo su cuello con mis brazos, apoyo mi frente en la suya y lo miro suplicante.
−Hagamos una promesa.
−¿Cuál?
−A partir del momento en que nuestros labios se junten y nos convirtamos en uno solo, dejaremos de pensar todo el tiempo en cosas tristes y no dejaremos que eso afecte nuestra felicidad presente y futura. Este es nuestro nuevo comienzo. Por esa razón, tratemos de dejar el pasado en el pasado; y solo vivamos el presente.
−Me parece lo correcto –responde.
−¿Promesa? –le tiendo una de mis manos.
−Promesa –ella me toma la mano dándome un suave apretón.
Ambos dedicamos una sonrisa y mirada sincera y llena de amor.
−¿Qué esperas, esposo mío? Tú eres mío y yo soy tuya…
−Desde este momento, a la eternidad, esposa mía –finaliza con esa sonrisa traviesa que me he acostumbrado a ver cuándo está de buen humor.
Al fin, él reacciona atrayéndome a sus brazos y dejándome caer de espaldas en la cama, donde decenas o cientos de pétalos de rosa saltan y caen alrededor de nosotros mientras rodamos acomodándonos en el centro.
Elevo mi rostro desde el mentón para alcanzar sus labios y él rompe la distancia entre nosotros de forma definitiva.
−Te amo –murmura contra mis labios, quiero responderle, pero sus labios insistentes no me lo permiten. En su lugar, empiezo a besarlo siguiéndole el ritmo, primero nuestros besos son suaves y tiernos, y luego apasionados.
Y sé que, en este momento, no necesita que le confiese algo que ya sabe. Quiere que nos demostramos amor sin palabras con actos, caricias y besos, hasta convertirnos en un ser indivisible y que nuestras almas se conecten y formen una sola. Un solo corazón, una sola alma, un solo cuerpo, aunque sea por unos instantes durante cada día del resto de nuestras vidas.
Esta no es solo nuestra primera noche como marido y mujer; también es el primer día de una nueva vida para nosotros. Una vida en la que lucharemos cada día para lograr que el amor, el cariño, el apoyo y la seguridad predominen por encima de cualquier situación difícil que debamos afrontar. Y sé que puedo confiar en él para emprender ese camino, lo supe desde el comienzo. Lo sé desde que él me recibió en el andén de tren, vestido elegante con esa rosa blanca en su mano.
