¡Hola a todas! ¿Cómo estáis? :D Por fin vuelvo con el capítulo 19!

Muchas gracias a todas por vuestros reviews! Sois las mejores! :D

Shirmione Malfoy, The Ladycat69, dracoforever, Aurora Caelestis, Hermy Evans Black, mila0629, Melanie Lestrange, Emma Felton, Sam Wallflower, Isabel, Mireya Potter, Lunajely, Saori Haruno, LucyTheMarauder, Caroone, asor, MariielenaMalfoy, Lizzy, sirone aphrody, Jane Meyer, Tess21, Fersha Malfoy, mariapotter2002, Alesz, rosedrama, Vale Malfoy, Romaaa, alissa-2012, Ishiro Shizuka, Jazmin Saigan96, merylune, Athenea-Eris, dreapls, Viridiana, Mei Fanel, BlueJoy, En Resumen soy un Heroe, mary moon cullen, Rosyr, CoposdeHielo, Morgana Argay Malfoy, Gaby y Katie Parsel.

Voy a ir directa al grano, porque imagino que estaréis deseando leer el capítulo. :) Además, yo también tengo muchísimas ganas de que lo leáis jajajajaja Un beso muy grande a todas :D

Contestaciones a las no registradas:

dracoforever: Hola dracoforever! Me alegra mucho que te guste la historia! Yo me lo estoy pasando pipa escribiéndola! Aquí traigo el capítulo 19! Espero que te guste tanto como los demás! Un besazo muy grande :)

Emma Felton: Hola querida Emma! :D ¿Qué tal estás? ¿Cómo te han ido los exámenes? Espero que muy bien! :D Que por fin estamos de vacaciones! jijiji :) Pobre Hermione con el vídeo jajajaja viéndose a sí misma de esa forma... Draco desde luego disfrutó de lo lindo, y aunque al final no pudo ver toda la grabación (que desde luego le hubiese encantado jajaja) recibió lo suyo! Su adelanto... jijiji Hermione a lo tonto parece que se va soltando poquito a poquito, ella a su ritmo... pero este rubio es muy pervertido y la está llevando por el mal camino jajajaja A mí sinceramente me dio mucha pena el final, porque Draco se sintió muy solo... y vio que él nunca iba a tener una relación con sus padres como la de la leona con los suyos... pobrecito, es que cuando lo veo así se me parte el corazón (L) ayyy si Jane lo viese así... querría consolar a su yerno! ¿te imaginas? *Draco, me tienes a mí. Y con mi hija podrás crear una familia muy grande que te quiera! (y de paso yo tendré nietecitos)* JAJAJAJJA Ahora la pregunta... si volverán a grabar un vídeo... ya sabes que con mis historias nuuuuuunca se sabe querida Emma! ;P jojojojo Espero que te guste este nuevo capítulo! A mí me encanta *-* A ver que te parece! jijjiji Un besazo muy grande guapa :D

Isabel: Hola Isabel! :D Me alegra que te gustase este capítulo! Draco desde luego es un pervertido, pero a mí me encantaa! jijiji porque luego es muy tierno *-* Cuando quiere claro... ajajajaja me dio penita que se sintiese tan solo al final. Espero que él algún día tenga una familia que lo quiera de verdad! por cierto, en el facebook sí subo los adelantos del capítulo! Agrégame y déjame un privado diciéndome que eres tú! Espero que te guste este cap! A mí me gusta mucho! Un besazo guapa :D

Mireya Potter: Hola Mireya! Gracias! :D Sí, ya me estoy haciendo vieja :( Ya mismo me veo con el garrote y el tacatá! vale, no. jajajajaj Me alegra que te gustase el capítulo. No sabía si seguías leyendo la historia. Me alegra ver que estás ahí :) ¿Quién hubiese dicho que Draco terminaría llorando desconsoladamente? Me lo imagino y me parto de la risa. jajajaj y mira que la escena de Titanic me daba pena, pero ver a Draco así me hacía mucha gracia. XDDD Espero que te guste este nuevo capi! Un besazo muy grande guapa :D

asor: Hola asor! Me alegra mucho que te guste mi historia :D No tengo fecha de actualización. Dependiendo de como sea el capítulo de largo, tardo más o menos... pero suelo actualizar en cuanto puedo! Y aquí estoy otra vez! :D Espero que te guste este nuevo capítulo! A mí me encanta :D Un besazo muy grande guapa :)

MariielenaMalfoy: Hola Mariielena! :D Si Ron y Harry hubiesen visto a Draco hundiendo la cara en el jersey de Hermione, se hubiesen traumatizado de por vida! ahahahaha Yo también me reí un montón, aunque el final me dio mucha pena :( Es que no puedo ver a mi rubio así, tan solito... por cierto, no sé que pasó con tu review que se cortó y no salieron las respuestas de la pregunta, pero de todas formas te dedico el capítulo! Un besazo muy grande guapa! Espero que te guste :D

Lizzy: Hola Lizzy! :D No te preocupes, no pasa nada! Estas semanas hemos estado todas muy agobiadas! Menos mal que ya ha empezado el veranito :P A mí también me dio mucha pena la parte de Titanic, pero cuando Draco empieza a llorar, no puedo evitarlo y me río jajajaja Verlo así me hace mucha gracia! Y Draco ya se ha dado cuenta de que le gusta Hermione, pero aún no ha admitido que la quiere... a ver si se da cuenta de una vez! xDD aunque con lo cabezota que es... jajjajaja Espero que te guste este cap! Con respecto a tu pregunta de la opción C... ahora lo verás :P Un besazo guapa :D

Tess21: Hola Tess! :D Me alegra verte por aquí! Draco por fin empieza a sentir cositas (o mejor dicho, a aceptar que las siente) porque es más cabezón que un mulo blanco jajajajajaj menos mal que ya se ha dado cuenta! Ahora sólo queda que admita que la quiere de verdad! ainss cuando llegue ese momento creo que me voy a morir de amor *-* Espero que te guste este capítulo! Es el más largo de los que he escrito y me encanta ^^ Un besazo muy grande guapa :)

Mei Fanel: Hola Mei! qué bien que te gustase el capítulo! Síi, las navidades ya han terminado :D y ya vuelven a Hogwarts jijiji ya verás lo que ocurre con las demás parejitas, que a partir de ahora, cada vez va a ser más interesante jijiji! Un besazo muy grande! Espero que te guste el nuevo capítulo guapaa! :D

mary moon cullen: Hola mary! :D Me alegra mucho que te guste mi fic! Te deseo muchísima suerte con la pregunta y espero que te guste este capítulo tanto como los demás! Es uno de mis favoritos jijiji un besazo guapa :D

Rosyr: Hola querida Rosyr! ¿Qué tal estás? pues sí! El chiste era malísimo! Daban ganas de pegarse cabezazos contra la pared jajajajajja Hace muchísimos años, cuando estaba en el colegio haciendo educación física, el profesor contó ese chiste en mitad de la clase. Imagínate, todo el mundo en silencio. Sólo faltaba el sonido de un grillo y la bola del desierto rodando por ahí JAJAJAJAJJ en fin, tengo la impresión de que últimamente me estoy pasando un poco con el pobre Lucius... jajajaja vale era broma! Pero ponerlo de stripper y metiéndole mano a Harry fue demasiado... por cierto, subí fotos de Lucius poli sexy al facebook, que creo que no te tengo y no sé si las habrás visto! xDD pero eran traumáticas jajajjaja ojalá pudiese hacerle un cambio de sexo a Ron y transformarle en Ronaldinia. Desde luego, en Hogwarts se liaría un escándalo, ya sabes mis ideas alocadas. Pero vamos, que en caso de que no suceda eso, pueden ocurrir cosas todavía más inverosímiles, así que ve preparándote JAJAJAJAJJAA yo aviso de antemano... por cierto muchas graciass! ya tengo 23 D: los 22 han pasado volando! XD pero bueno, esto es así! Ahora a disfrutar de las vacaciones jijiji ^^ Espero que te guste mucho este cap! Es el más largo de los que he escrito hasta ahora. Un besazo muy grande guapísima :D

Gaby: Hola Gaby! :D Me hace mucha ilusión que te guste esta historia también! :D Todos los fics que estoy escribiendo me gustan mucho pero a este le tengo un cariño especial :) Me alegra que te gusten Theo y Luna, sinceramente son muy tiernos y cucos! *-* bueno y Theo es todo un caballero jijiji en cuanto a Zabini... pff después de Draco y Hermione es mi personaje favorito por excelencia, y aunque sea bastante malo, yo tengo la esperanza de que cambie con el tiempo :) o eso espero! jajajaj por cierto muchas gracias por lo de mi cumple! :D Ya tengo 23 u.u ahora cada vez que me pregunten la edad que tengo me va a costar asimilar que ya los he cumplido XDD Espero que te guste este nuevo capítulo! Un besazo muy grande guapa! :D

y ahora, os dejo con la lectura :)


-Nuestro cuerpo está caliente- Editado

A la hora del almuerzo, Albus Dumbledore se acercó al atril del búho para dar uno de sus discursos habituales de bienvenida después de las vacaciones de Navidad, pero Hermione fue incapaz de escuchar sus palabras porque estaba más atenta a Malfoy que permanecía sentado, rodeado de sus amigos, en la mesa de Slytherin observándola con descaro. Ella llevaba largo rato manteniéndose en la misma postura, apoyando el rostro en un puño cerrado, completamente perdida en su mirada, sin estar preocupada de que alguien los viese, y es que ese día, habían sucedido dos hechos importantes que habían captado la atención de todo el mundo y los alumnos no dejaban de murmurar entre sí.

Para empezar, Vincent Crabbe había vuelto después de las vacaciones de Navidad con seis kilos menos y nadie entendía a qué se debía ese repentino cambio. Nadie a excepción de Hermione, Draco y el resto. Sin embargo, los demás estaban bastante desconcertados al respecto, porque Vincent no parecía para nada enfermo, sino que se veía muy saludable, y en su plato sólo había ensalada, algo insólito en él.

Pero la bomba del día sin duda había sido que Theodore Nott entrara en el Gran Comedor de la mano de Luna Lovegood proclamando su relación a los cuatro vientos y que se sentara en la mesa de Gryffindor como si nada. Harry y Ron no salían de su asombro y no comprendían como Ginny y Hermione no habían puesto objeciones y estaban tan relajadas y es que Luna había decidido sentarse junto a ellas y Theodore se había puesto a su lado.

— Hermione— susurró Harry moviéndole un poco el brazo al ver que estaba distraida— ¿Hermione?

Ella reaccionó al escuchar su voz y lo miró de soslayo. Dumbledore continuaba con su discurso y no podían hablar muy alto pero Harry, sin dejar de mirar con recelo a Theodore Nott, se había puesto al otro lado de Hermione y era la primera vez que se dignaba a hablarle desde el día en el que tuvieron la discusión.

— ¿Qué quieres, Harry? — preguntó con cierto deje de molestia en la voz.

— Hermione, lo siento—su voz sonó rota, denotando arrepentimiento. Ella abrió mucho los ojos— No aguanto más. Creo que Ron se pasó aquel día y bueno… llevamos semanas sin hablar. No podemos seguir así.

Hermione tardó un momento en asimilar sus palabras y cuando al fin lo hizo, suspiró aliviada. Seguía enfadada con ellos por lo sucedido, sobre todo con Ron, pero cuando Harry se disculpó, se olvidó de todo momentáneamente.

— No te preocupes, Harry. Yo tampoco actué de forma apropiada. Os dejé de lado, pero es que necesitaba tiempo para pensar... en algunas cosas— dijo con un hilo de voz, mirando inconscientemente a la mesa de Slytherin. Sin embargo, cuando lo hizo, se dio cuenta de que Malfoy le estaba clavando la mirada a Harry como si fuera a matarle y Hermione, sorprendida, se preguntó que qué demonios le pasaría.

— ¿Qué has hecho estas navidades?— indagó él con mucha curiosidad, devolviéndola a la realidad— Ron me dijo que Ginny estuvo en tu casa.

Hermione tragó saliva. Era evidente que no podía contarle la verdad a Harry, al menos, no del todo. No pensaba decirle... ''mira, estuvimos con Malfoy y sus amigos en una discoteca, vinieron a cenar a mi casa en Nochebuena, se quedaron a dormir, Malfoy estuvo conmigo en mi habitación y…''

Sacudió la cabeza fuertemente y carraspeó un poco.

— Eh sí, Luna también vino, bueno… y Lavender y Parvati. Se quedaron unos días.

Harry chasqueó la lengua, arrepentido, porque sabía que si Ron y él no se hubieran peleado con ella, también podrían haber ido a visitarla, que podrían haber pasado unos días juntos. En ese momento, se fijó en Ginny, que estaba no muy lejos, algo distraída y frunció el ceño contrariado, porque, a pesar de que a él le gustaba Cho, sentía que ella también lo había dejado un poco de lado, que ni siquiera le miraba a la cara últimamente. Aún así intentó no darle importancia y volvió a centrar la atención en su amiga.

— Por cierto, Hermione, ¿por qué no le dices a Luna que se vaya a la mesa de Ravenclaw? No es por ella, es que no me gusta que Nott esté aquí sentado— le susurró con discreción acercándose mucho a su oído, procurando que no lo escuchasen, bastante incómodo— y como vosotras habláis más ahora...

Hermione se mantuvo en silencio y se mordió el labio porque sabía que Theodore era buena persona, que no importaba en absoluto que fuera de Slytherin, pero por mucho que le doliese y le fastidiase, sabía que iba a tener que disimular para que Harry no sospechara.

— No creo que Theodore… eh, digo Nott sea un problema. De hecho, parece que Luna y él están muy unidos — preocupada, observó a su alrededor y fue consciente del mal ambiente que había en la mesa de Gryffindor en general, que a excepción de ella y las demás, todos lo miraban con muy mala cara.

Harry enarcó una ceja, algo incrédulo.

— ¿En serio? No sé, es que no me fío de él… ya sabes que es amigo de Malfoy.

Malfoy.

Hermione notó como el estómago le daba un vuelco al escuchar la forma despectiva en la que Harry dijo su nombre, se le revolvieron las tripas y tuvo que hacer un gran esfuerzo por controlarse.

— Créeme, Harry. Nott es inofensivo— dijo intentando sonar convincente. En ese momento miró al chico y vio que jugaba con un mechón de pelo de Luna, distraidamente. Ella llevaba encima del hombro a Oníria, que no dejaba de agitar sus preciosas alas. Hermione rodó los ojos.

Harry suspiró, dándose por vencido.

— Está bien. Por cierto, Hermione... ¿vas a hablar con Ron?

Hermione desvió la mirada y se fijó en que su otro amigo estaba un poco más alejado, observándoles, sentado entre Neville y Dean. Molesta, volvió a mirar a Harry.

— Es él el que debería venir a hablar conmigo— le espetó.

— Pero ya sabes que Ron no es de pedir disculpas...— comentó pero al ser consciente de que no estaba dispuesta a ceder, se rindió y cerró la boca. Luego cogió el Profeta de su regazo y preocupado, lo dejó encima de la mesa para que su amiga le echase un vistazo— Quiero que veas esto, Hermione.

Ella fijó la vista en el titular del periódico.

FUGA EN MASA DE AZKABAN

EL MINISTERIO TEME QUE BLACK SEA -EL PUNTO DE REUNIÓN- DE ANTIGUOS MORTÍFAGOS

Se quedó atónita.

— Es de hace varios días— comentó Harry notando como un frío sudor le recorría la espalda— Están culpando a Sirius de lo sucedido. Y por si fuera poco, Fudge sigue insistiendo en que Dumbledore y yo estamos mintiendo.

Hermione repentinamente se sintió un poco egoísta porque se dio cuenta de que, desde que se había ido a su casa por las vacaciones de Navidad, no había sabido nada de nadie y se había despreocupado de todo. Cogió el periódico, le echó un vistazo al artículo y leyó que diez prisioneros de la sección de alta seguridad habían conseguido huir de la prisión, que al parecer, los fugitivos habían contado con ayuda del exterior.

— ¡Es-sto es injusto!— alzó la voz indignada pero Harry le hizo señas para que no llamase la atención— ¡Cómo pueden culpar a tu padrino!

— Tranquila, Hermione— la apaciguó Harry— Es de lo que quería hablarte. Ron y yo estuvimos unos días en casa de Sirius estas navidades. Después volvimos a la Madriguera y leímos el nuevo número del Profeta, y al final, estuvimos hablando y decidimos que esto no puede seguir así.

Hermione se cruzó de brazos.

— No, desde luego que no.

— Está claro que Voldemort está detrás de todo esto y puede atacar en cualquier momento. Y por si fuera poco una de las prisioneras que ha escapado de Azkaban es prima de Sirius, Bellatrix Lestrange. Es posible que esté planeando algún ataque con Voldemort y el resto de mortífagos— con estrés, se colocó un poco las gafas y continuó— Además, Umbridge no está enseñándonos a defendernos, y bueno… Ron y yo hemos pensado que lo mejor es que practiquemos por nuestra cuenta. Hemos estado hablando en el tren con algunos alumnos y hemos quedado en Cabeza de Puerco después del almuerzo para decidir qué vamos a hacer.

Hermione se mantuvo en silencio, replanteándose por un momento hacer una escapada a Hogsmeade esa tarde, pero por mucho que quisiera ir, sabía que no podría hacerlo. Al día siguiente tenía clase de pociones y debía repasar la parte teórica del trabajo porque aún no estaba muy segura de si todo lo habría hecho correctamente.

— Harry, lo siento. Yo no puedo ir— susurró con miedo a como pudiera reaccionar, pero Harry ni se inmutó— pero contad conmigo para la próxima vez. ¿Se lo has dicho a Ginny? Si ella va, luego puede contarme lo que habéis hablado. Es que quiero repasar una parte del trabajo de pociones porque me siento insegura al respecto y…

Harry sonrió al ver que parecía ser la misma de siempre.

— Tranquila, Hermione. Aún no le he dicho a Ginny que venga pero cuando salgamos de aquí hablaré con ella.

— ¿Puedo ir yo?— dijo de pronto Luna haciendo que centrasen la atención en ella, sorprendidos, preguntándose por un momento cómo los había escuchado si estaban hablando en voz muy baja. Theodore, en cambio, estaba tan distraído jugando con Oníria que no se dio cuenta de nada.

Harry se lo pensó por un momento porque, en realidad, Luna le caía muy bien, pero no quería que Nott acudiera a las reuniones.

— Está bien, Luna pero... sola— hizo mucho enfásis en la última palabra, fulminando a Theodore con la mirada. Ella asintió en silencio.

Y es que Harry estaba totalemente seguro de que si Nott acudía a la reunión y se enteraba de lo que planeaban, se lo contaría a Malfoy y al resto, y por ende, terminarían avisando a Umbridge.

Hermione, más relajada, sonrió y lo sujetó del brazo, sintiendo que por fin volvía a ser todo como antes. O casi todo.

— Genial, entonces le preguntaré a Luna. Ella me contará lo que habéis hablado— le dijo— por cierto, Harry, ¿puedo quedarme con tu periódico para leerlo detenidamente?

Harry asintió, se lo dio y sin más, volvieron a centrar la atención en el discurso de Dumbledore durante el resto del almuerzo. Sin embargo, en la mesa de Slytherin, el ambiente no era tan bueno. Draco permanecía sentado entre Daphne y Goyle, sin dejar observar a Hermione, de brazos cruzados, apoyando los codos contra la mesa.

''Puto Potter''— masculló con rabia, casi para sí mismo y odió que Granger, repentinamente, estuviese tan cariñosa con él, que no parase de sonreírle y de agarrarle el brazo, y él, dedujo en seguida que habrían hecho las paces. Se arrepentió enormemente de la charla que había tenido con ella en Navidad después de salir del cine, porque estaba seguro de que a partir de ese momento volvería a pasar más tiempo con el cara cortada y con la comadreja. Aunque se consolaba pensando en que aún, el sucio pobretón, no se había acercado a ella.

En el expreso de Hogwarts no se había cruzado con Granger y era la primera vez que la veía desde la vuelta de las vacaciones pero sabía, muy a su pesar, que tendría que esperar para poder hablar a solas con ella, y desde luego envidiaba a Theodore, por sentarse como si nada en la mesa de Gryffindor, dejándole plantado y formando un escándalo al entrar con Lovegood en el Gran Comedor. Aunque debía admitir que ni a él, ni a Crabbe, ni Goyle o a Blaise les importaba. Habían llegado a la conclusión de que si Theodore quería estar con Lunática, no iban a impedírselo, porque sabían que tarde o temprano, se cansaría de ella. Pero en parte, lo que más le jodía a Draco era que él no pudiese hacer lo mismo, que no pudiera sentarse al lado de Granger como si nada y a ser posible, meterle mano por debajo de la mesa.

— Draco, ¿qué te ocurre?— preguntó Daphne Greengrass al verlo tan enfadado, pero no contestó. Frunció el ceño y se mantuvo de brazos cruzados, con la vista fijada en un punto en concreto.

Daphne permanecía sentada entre él y Blaise, como si nada hubiera pasado. Durante los últimos días de las vacaciones le había escrito porque quería volver con él, porque se había enterado, por una chica de Slytherin de sexto, de que Blaise estaba muy bien dotado, y también había escuchado algunos rumores en los que se aseguraba que una loca celosa que no había soportado que la abandonase, le había lanzado un hechizo y le había dejado sin pene, pero según las fuentes, ya se había recuperado. Y Daphne sentía que volvían a estar como en un principio. Blaise no había tardado mucho en contestar su carta y nada más llegar al andén nueve y tres cuartos, se había abalanzado sobre ella como un tigre hambriento. Además, Daphne estaba al corriente de que Pansy y su hermana Astoria seguían obsesionadas con Theodore pero ella había decidido que lo mejor era olvidarse de él y volver con Blaise, y ahora, al haber visto a Theodore entrando en el Gran Comedor, cogido de la mano de Lunática, sabía que había tomado la decisión correcta.

Pansy y Astoria, en cambio, estaban que echaban chispas, sin poder asimilarlo aún, porque a pesar de que ellas tuvieron sospechas desde un principio, desde que los vieron aquel día juntos, con unas mantas y unos pijamas en mitad de uno de los corredores del séptimo piso, siempre se autoconvencieron de que él sería incapaz de caer tan bajo.

— Odio a esa zorra— escupió Pansy despectivamente sin apartar la mirada de la chica.

— Ya somos dos— Astoria le acarició el brazo intentando que se relajase, pero ella se sentía igual de... impotente, preguntándose cómo narices Lunática podía haberles arrebatado a uno de los chicos más guapos de Slytherin, cuando ella sentía que valía mucho más e incluso había estado dispuesta a compartirlo con Pansy y a hacer un trío juntos.

Una sonrisa espeluznante se le formó en la comisura de los labios.

— Pansy, esa no va a salirse con la suya. Espera y sé paciente. Cuando la pillemos sola, no va a querer volver a ver a Theodore en su puta vida.

Pansy, sabiendo lo que le esperaba a Lunática, se llevó la mano a la boca para no soltar una carcajada en mitad del silencio que las envolvía, no porque le importase el discurso de Dumbledore, sino porque no le apetecía que le quitasen puntos nada más regresar a Hogwarts. Inconscientemente miró de soslayo a Draco, que no estaba muy lejos y rechinó los dientes porque, a pesar de todo, aún se sentía atraída por él, pero estaba segura de que la relación entre ellos nunca volvería a ser la misma por mucho que quisiera. Sabía que Draco estaba muy distante con ella y empezaba a ser consciente de que necesitaba echar un polvo urgentemente. Estaba al tanto de que Daphne había vuelto con Blaise y de que había renunciado a Theodore, pero ella necesitaba follar y no iba a desistir, y muchos menos, por culpa de la loca del colegio.


Al cabo de un rato, todo el mundo había terminado de almorzar y la mayoría de los alumnos volvían a sus dormitorios para acomodarse y deshacer las maletas, pero Ginny seguía clavada en el Gran Comedor, porque no podía apartar la vista de Zabini, porque no podía creer que hubiera vuelto con Greengrass, porque siempre dio por hecho que el encogimiento de su Blaisiconda sería suficiente como para que no continuaran enrollándose, y se preguntó por un momento qué habría pasado y cuándo narices habrían vuelto. Furiosa, lo maldijo por ser un desgraciado y lo miró con rencor pero lo peor de todo fue que él no apartaba la vista de ella, que tenía a Daphne al lado, la sujetaba por la cintura y resbalaba los labios por su cuello sensualmente... pero la miraba a ella.

Y Ginny lo odió. Odió que intentara provocarla, a pesar de todo. Ni siquiera supo por qué estaba tan enfadada, pero se levantó con los puños apretados, dispuesta a marcharse a su dormitorio con tal no seguir presenciando la escenita. Sin embargo, no pudo hacerlo porque alguien la retuvo cogiéndola del brazo repentinamente.

Ginny se giró sobre sus talones, contrariada.

Era Harry.

— Ginny, ¿luego puedes venir a Cabeza de Puerco? Es que tenemos que…

Pero ella estaba demasiado alterada como para prestar atención a alguien en ese momento, aunque se tratara de Harry. En realidad, le importaba una mierda.

— Suéltame— le espetó zafándose bruscamente de su agarre— Ahora no me apetece hablar con nadie, no estoy de humor. Me voy a mi cuarto, así que déjame.

Y tal cual, se marchó, dejándolo allí plantado, sintiéndose fatal por haberle contestado de esa forma, pero estaba tan furiosa que supo con certeza que, en ese momento, arrasaría con cualquiera que se interpusiera en su camino, así que decidió que lo mejor sería marcharse con las chicas para distraerse un rato.

Mientras tanto, Hermione, que ya había salido del Gran Comedor hacía un rato, iba caminando por uno de los pasillos, echándole un vistazo al ejemplar del Profeta que Harry le había dado, ansiosa, en parte, porque aún no había tenido la oportunidad de hablar con Malfoy y no sabía cómo iba a hacerlo, siendo consciente de que esos últimos días, lo había echado mucho de menos. Pero se dijo a si misma que, antes, tenía que ponerse al día, repasar el trabajo de pociones y estudiar porque sabía que si seguía así de distraída, acabaría suspendiendo.

''Ya lo buscaré más tarde…''— pensó pero no hizo falta. Alguien la agarró bruscamente y la empujó al interior de uno de los recovecos del pasillo, contra una columna.

— Granger, ¿de qué coño estabas hablando con Potter?— siseó Draco acorralándola contra la pared, sin dejar de mirarla a los ojos, casi con desesperación, y es que esos días para él, en Malfoy Manor, habían sido un infierno. Su tía Bellatrix había estado allí a todas horas, así que el hecho de que ahora volviera a Hogwarts y Granger se hubiera puesto a tontear con el cara cortada como si nada, lo había sacado de quicio.

Hermione se quedó atónita. Aún así lo dejó pasar y esbozó una sonrisa.

— Hola, Malfoy— dijo alzando la mano para pasársela por el cabello, deseando tocarle— ¿Qué te ocurre?

Draco se estremeció al notar su tacto y se sintió débil. Joder.

— Aún no has contestado a lo que te he preguntado— le espetó.

Pero Hermione, cuando por fin asimiló sus palabras, estalló en carcajadas.

— Oh, por favor, ¿en serio me estás diciendo que estás celoso de Harry?

Draco se quedó perplejo al ser consciente de ello. ¿Acaso lo estaba? ¿Y qué mierda importaba?

— ¿De Potter?— escupió su nombre con desprecio e ironía, sin apartarse de ella— Sinceramente no me preocupa porque sé que no tiene nada que hacer. El cabeza rajada no me llega ni a la suela de los zapatos.

— Eres un idiota— forcejeó muy seria intentando apartarle, aunque en realidad tuvo que aguantar la risa, al darse cuenta de que, evidentemente, estaba celoso— No seas tan egocéntrico, Malfoy. Y para tu información, sólo me ha pedido perdón.

Draco se quedó callado por un momento, asimilándolo, para nada convencido.

— Perdón sólo es una palabra, Granger, y os habéis tirado más de media hora hablando— replicó pegándose más a ella.

— Tampoco te pases— dijo Hermione desviando la mirada— por cierto, sí que estás atento a lo que hago, ¿no?

— ¿Me vas a decir de una vez de qué narices estabais hablando?— insistió con impaciencia.

Hermione rodó los ojos, porque le resultaba absurdo que se pusiera tan celoso, y encima por Harry.

— Está bien— suspiró y le tendió en la mano el ejemplar del Profeta— Era por esto. Harry está preocupado y bueno…

Sin embargo, se quedó en silencio al ser consciente de que no podía explicarle muchos detalles porque aunque ahora estuviera enrollándose con él, su padre seguía siendo Lucius Malfoy, un mortífago, así que después de sopesarlo, tampoco hizo mención a lo de la reunión en Cabeza de puerco. Draco, en cambio, cuando cogió el periódico y vio el titular, palideció. De hecho, ya lo había leído hacía un par de días, pero que precisamente ella se lo enseñase era mucho peor. Las manos comenzaron a sudarle y el corazón le dio un vuelco, porque se percató de que no podía permitir que Granger supiera que su tía Bellatrix estaba en su casa, porque estaba seguro de que, de ser así, no querría volver a verle nunca más aunque él, de forma directa, no tuviese nada que ver.

— Ah, vaya, es preocupante— comentó intentando disimular y le devolvió el periódico — por cierto, hablando de San Potter, ¿qué has hecho con los regalos que compré?

Hermione dobló el Profeta, lo guardó en uno de los bolsillos de su túnica y lo miró extrañada al darse cuenta de que cambiaba repentinamente de tema.

— Pues... no he querido tirarlos. No es que Ronald tenga mucha ropa y he pensado que a Harry también le vendrían bien unas gafas nuevas. Podría darles los regalos de forma anónima. Además, si los hubiera dejado en mi casa, no sé que se hubiera imaginado mi madre— dijo soltando una risita— Ya sabes cómo es... saca sus propias conclusiones.

— ¿Dónde los tienes?

— Están en mi equipaje— le susurró y se atrevió a deslizar las manos por su torso al notar que se acercaba mucho a ella— ¿por qué lo dices?

Draco alzó una mano y le acarició la mejilla. Llevaba días queriendo hacerlo.

— Verás, Granger, dentro de un rato tengo entrenamiento de quidditch, pero ahora mismo estoy libre. Es probable que Blaise se haya llevado a Daphne a la habitación y sinceramente, no me apetece estar allí.

Hermione lo observó detenidamente, sin tener ni idea de a dónde quería llegar. Draco tomó una bocanada de aire y la soltó, antes de continuar.

— ¿Has traído el tinte de la comadreja? ¿Qué te parece una pequeña broma a Weasley Pis para empezar el primer día? Nos colamos en su dormitorio y...

A Hermione se le dilataron las pupilas.

— ¿Estás loco, Malfoy?— lo cortó incrédula— ¿Qué pretendes? ¿Que dejemos las cosas allí? ¿Y de verdad crees que Ron está tan mal de la cabeza como para teñirse el pelo de rubio? Que Harry se ponga las gafas lo veo más posible pero…

— Hazme caso, Granger— dijo seguro de sí mismo— Si le escribimos una carta al pobretón haciéndonos pasar por su admiradora secreta y le suplicamos que se tiña el pelo, lo hará. Además, le hacemos un favor. Llorará de alegría cuando vea la ropa. No es algo que se pueda permitir todos los días, por no decir nunca.

Hermione entrecerró los ojos e intentó golpearle con el Profeta en la cabeza para que dejase de burlarse pero no pudo hacerlo porque él la agarró de los brazos, se acercó a sus labios y la besó. La besó como llevaba días queriendo hacerlo. Con deseo, pasión, desesperación porque lo necesitaba. Porque ella lo relajaba, lo calmaba y hacía que se olvidase de toda la mierda que le rodeaba.

Hermione en un principio forcejeó pero se rindió al momento y gimió en su boca al notar que él hacía presión contra sus labios para profundizar en el beso. Dejó paso a su lengua y se pegó más a él. Por los pasillos no se escuchaba ningún ruido y en realidad, le importó bien poco, porque no tenía intención de apartarse de él, porque después de tantos días sin verle, era lo que más ansiaba. Draco se rio al notar que ella se aferraba a él y deslizaba las manos por su cuerpo y justo ahí fue consciente de lo que ella había llegado a echarle de menos.

— Granger— susurró retirándose un poco de ella, sin dejar de rozarle la boca— Veo que estás un poco más suelta.

Hermione se sonrojó violentamente y se apartó de él como si hubiese recibido una descarga eléctrica, arrepintiéndose de haberlo manoseado tanto.

— I-idiota, es que, es que…

Draco apuntó una sonrisa ladeada.

— Es comprensible. No soy algo que se vea todos los días. Y por cierto, estoy seguro de que desde que nos despedimos aquella noche, has hecho lo que te dije cada día.

Hermione apretó mucho los dientes, sabiendo que tarde o temprano sacaría el tema y se juró a sí misma que jamás le contaría que se había tocado una vez.

— No lo he hecho, Malfoy— le espetó queriendo sonar segura— No estoy tan desesperada.

Draco alzó las cejas.

… seguro— se mofó volviéndola a agarrar pero Hermione se lo impidió— Venga, Granger, es algo natural. Si no me tienes a mí, puedes usar tu…

— ¿Puedes cerrar la boca? Ya es bastante humillante como para que encima tú lo encuentres divertido— le espetó, avergonzada, llevándose la mano al rostro.

Draco sonrió socarronamente.

— Así que lo reconoces.

Hermione resopló.

— ¿No se supone que lo que querías era que fuésemos a la habitación de Ron y Harry, Malfoy? A todo esto, ¿cómo vas a entrar? No puedo darte la contraseña de la sala común.

Draco entornó los ojos al darse cuenta de que cambiaba de tema, como si nada.

— No pienso entrar en tu sala común, Granger. No quiero contagiarme del patético heroísmo de Gryffindor. ¿Es que no recuerdas cómo fui a tu habitación hace tiempo?

Hermione se estremeció, porque . Lo recordaba a la perfección. Nunca olvidaría el día en el que él y los demás se colaron en su habitación por la ventana, en mitad de la noche.

— Vas a ir con la escoba entonces— no fue una pregunta, sino una afirmación.

Draco asintió en silencio.

— Encárgate tú de los regalos— comentó aflojándose un poco la corbata, siendo consciente de que cuanto más la miraba, más calor sentía— por cierto, ¿y si Potter y el resto están en la habitación? Ya me entiendes, el pobretón, el retrasado de Longbottom…

— No están— le espetó Hermione. Y es que dedujo que la habitación estaría vacía porque todos iban a ir a Cabeza de puerco. El único que quedaba en el castillo era Seamus Finnigan porque al parecer, llevaba días sin hablar con Harry, pero Hermione estaba tranquila porque lo había visto en el Gran Comedor charlando con Hannah Abbott— Ve a por tu escoba, Malfoy. Yo iré a mi habitación a recoger las cosas.

— Está bien, la carta la escribiremos allí— comentó apartándose de ella y salió del recoveco para marcharse a las mazmorras. Eso sí, antes miró a ambos lados para asegurarse de que nadie los veía. Hermione también se apartó de la columna.

— ¿Nos vemos dentro de diez minutos? — inquirió ella, notando como el corazón le latía apresuradamente.

— Sí— le dijo sin dejar de mirarla a los ojos— por cierto, Granger, abre la ventana para que no tenga que buscarla. Si no, tardaré más.

— Vale.

Y sin más, ambos sonrieron y se giraron sobre sus talones para ir a sus respectivas salas comunes.

Sin embargo, cuando Hermione estaba llegando al séptimo piso, se sintió un poco culpable, porque en un principio se había jurado a sí misma que estudiaría, que repasaría el trabajo de pociones y ahora, lo había dejado todo para quedar con Malfoy. Y por si fuera poco, también había dejado plantado a Harry. Ni siquiera podía creer lo irresponsable que estaba siendo pero se dijo a sí misma que sólo sería un rato, porque no podía evitarlo después de todo, y es que tenía muchas ganas de estar un rato con Malfoy. Y por otra parte, le hacía mucha gracia el tema de los regalos y no dejaba de preguntarse qué cara pondría Ron al ver que tenía una admiradora secreta que le compraba cosas monas. Incluso por un momento deseó que cayera en la trampa y se tiñese el pelo de rubio. Que tanto Harry como él apareciesen por el Gran Comedor, llevando los regalos de Malfoy.

Se odió a sí misma.

Pero no se detuvo.

Al cabo de un rato, llegó a la sala común y subió las escaleras hasta llegar a su dormitorio. Cuando entró, Lavender, Parvati y Ginny estaban allí.

—¡Hermione!— exclamó Lavender con una sonrisa de oreja a oreja— ¿Dónde te habías metido? Llevamos un rato esperándote.

Hermione vio que Lavender parecía estar muy animada, que Parvati no dejaba de rebuscar algo en su equipaje y que Ginny estaba sentada en su cama, cruzada de brazos, bastante enfadada.

— ¿Ginny?— la llamó Hermione con preocupación pero al ver que ni siquiera le respondía, se acercó y se sentó junto a ella— ¿Qué haces aquí que no estás con Harry? ¿No te ha avisado de la reunión?

Ginny suspiró con desánimo.

— Ah pues... ahora que lo dices, antes creo que me dijo algo pero sinceramente no tenía ganas de ir— musitó y en su voz se pudo percibir un deje de decepción. Y es que Ginny, en parte se sentía decepcionada con Zabini, por el hecho de que, después de todo lo que había pasado, hubiera vuelto con Daphne Greengrass como si nada. Pero luego recapacitó y se dio cuenta de que viniendo de él, era lógico.

Hermione, en cambio, no comprendía qué le pasaba pero supuso que Ginny no tenía un buen día, así que que se limitó a no hacer preguntas y le palmeó la espalda, intentando animarla.

— Oíd, chicas— dijo de pronto Parvati— Antes, cuando volvíamos a la sala común, Lavender y yo nos hemos cruzado por el pasillo con Gregory y Vincent y los hemos invitado a que vengan a la habitación porque... queremos hacer unas cosillas. ¿No os importa, verdad?

La expresión de Ginny cambió.

— A mi me da igual pero...¿a qué te refieres con cosillas, Parvati?

Lavender soltó una risotada e hizo aspavientos con las manos.

— Nada, nada. ¡No seas mal pensada, Ginny! No es lo que tú crees.

Hermione, acalorada aún por su encuentro con Malfoy, decidió quitarse la túnica y la dejó en su cama. Miró su reloj al ser consciente de que se había distraído por un momento y vio que ya habían pasado casi diez minutos, así que no se lo pensó y se dio media vuelta, pero Ginny la retuvo.

— Oye, Hermione, ¿y ese anillo? ¿De dónde lo has sacado?

Ella se estremeció, aún sabiendo que tarde o temprano ese momento llegaría, que tendría que mentir a cualquiera que le preguntase.

— Eh, fue un regalo de mi madre en año nuevo— comentó desviando la mirada. No queriendo perder más tiempo, se apartó de ella y fue a abrir su baúl para coger la bolsa donde estaban guardados todos los regalos de Harry y Ron. Cuando lo hizo, dejó disimuladamente la postal que había escrito Malfoy entre su ropa y cerró el baúl con brusquedad.

Parvati se acercó a curiosear al ver que cogía una bolsa enorme, dispuesta a salir de la habitación.

— ¿Y qué llevas ahí si puede saberse?

Hermione le hizo un nudo con rapidez y odió por un momento que Parvati, a veces, fuese tan cotilla.

— Unos libros— le espetó queriendo controlar el leve temblor que se percibía en su voz— Voy a ir ahora a la biblioteca para repasar los últimos detalles del trabajo de pociones. Me voy antes de que sea más tarde. Volveré luego, chicas.

Sin embargo, cuando abrió la puerta y salió de la habitación, las escuchó quejándose a sus espaldas de que estudiaba demasiado y no pudo evitar esbozar media sonrisa pero no se giró, cerró la puerta y fue a la habitación de Harry. Cuando entró vio que, efectivamente, estaba vacía, que no había nadie, y se quedó más tranquila. Aún así, dejó la bolsa encima de una silla, sacó la varita y lanzó un hechizo contra la puerta por si volvía alguien, porque ante todo, quiso ser precavida y cuidadosa. Luego se acercó a la ventana y la abrió de par en par, a la espera de que llegase Malfoy. Con los nervios a flor de piel, se sentó en la cama donde estaba el baúl de Harry y se miró el anillo, totalmente embobada notando como la luz del sol que entraba en la habitación hacía que brillase intensamente. No supo cuánto rato estuvo así pero de pronto sintió una ráfaga de viento y vio que la luz que incidía en el anillo se oscurecía.

Y luego escuchó las pisadas, tocando el suelo.

Rápidamente alzó la vista y lo vio, plantado frente a ella con la escoba en la mano, sonriendo socarronamente. Draco se había quitado la túnica pero aún seguía llevando el uniforme y la corbata, aunque completamente aflojada y Hermione quiso... no. Más bien deseó apartar la mirada, pero fue incapaz y continuó observándolo, anonadada.

— Granger, ¿llevas mucho rato aquí?— inquirió dejando la escoba apoyada en la pared.

Hermione se levantó y se acercó a la silla donde había dejado la bolsa.

— Un par de minutos. No podemos entretenernos mucho. ¿Cómo lo hacemos?

Draco miró por toda la habitación y cuando vio que había un escritorio con varias plumas y algunos pergaminos, se aproximó, retiró una silla y se sentó.

— Encárgate tú de los regalos y de escribir una nota a Potter. Déjame a mí la carta para la comadreja— en su mirada se pudo percibir un brillo inquietante y Hermione sintió un escalofrío. Aún así prefirió no indagar.

— Está bien— asintió y sacó las gafas de la bolsa, la ropa para Ron y el tinte rubio. Vio que Malfoy apartaba la silla del escritorio, que se acomodaba, que cogía una pluma y que comenzaba a escribir bastante concentrado pero ella se limitó a dejar las gafas de Harry en su mesita de noche y a extender con cuidado la ropa sobre el baúl de Ron, intentando que estuviese lo menos arrugada posible.

Draco estalló en carcajadas en ese momento. Hermione enarcó una ceja.

— ¿Qué pasa, Malfoy?— preguntó mientras le pasaba la mano a una de las chaquetas para alisarla un poco.

— No es nada, Granger. Tú sigue con lo que estás haciendo.

Hermione entornó los ojos con recelo al ver que continuaba escribiendo con ahínco y se acercó al escritorio para coger papel y preparar la nota de Harry- y de paso para cotillear- pero Draco puso el brazo encima del pergamino, impidiendo que pudiera leer.

— Cuando esté terminada te la enseño.

Hermione rodó los ojos.

Vaaaleee— resopló molesta y cogió con desgana una pluma y papel. Luego se aproximó a la cama de Harry, se sentó y se apoyó en la mesita de noche para escribir la nota y terminar cuanto antes.

'' Harry, espero que te gusten las gafas nuevas. Considéralas un regalo''

Pensó que sería mejor ser escueta e intentó cambiar la letra para que no hubiera sospechas de ningún tipo porque Harry la conocía demasiado bien, y no quería que pensara que los regalos habían sido suyos. Después, con manos temblorosas, dobló el papelito, se levantó de la cama, se acercó a Malfoy y espió por encima de su hombro.

Draco soltó la pluma y le tendió la carta.

— Léela en voz alta, Granger.

Ella asintió y carraspeó pero Draco, aprovechando que estaba totalmente distraída, la cogió de la mano, tiró de ella y la sentó en su regazo, provocando que Hermione se sonrojase al notar el calor de su cuerpo y sus brazos rodeándola.

— ¿Qu-qué haces, Malfoy?

— Te va a llevar un rato y es mejor que estés sentada.

Hermione fue incapaz de contestar al notar la cálida respiración de él contra su nuca, que prácticamente la había dejado sin aliento. Aún así, intentando controlarse, tragó saliva y comenzó a leer.

''Querido Weasley...no sé por qué te escribo estas líneas ni tampoco sé si llegarás a leerlas, pero de alguna forma tengo que expresar lo que pasa por mi cabeza porque todo comenzó a principio de curso. Ese primer viernes que te vi en el Gran Comedor me llamaste la atención. Quizá por tu maravillosa mirada, tu forma de comer…no lo sé. Desde aquel instante, supe que tenía que conocerte, que necesitaba saber más sobre ti.

Conforme he ido observándote, me he dado cuenta de que eres un chico peculiar. Muchas piensan que eres raro, idiota, un adefesio en general pero yo creo que eres diferente. Puede que sea muy directa, pero no quiero que pienses que sólo me interesas por el sexo. No te voy a negar que me siento atraída por ti, porque cada vez que te veo me pongo muy cachonda y me entran unas ganas de follarte que ni te imaginas, pero como no sé cómo tratarte, me voy por el camino de lo empalagoso -algo que, desde luego, no soy-. Podré ser poco romántica, pero contigo voy a ir a lo que salga. Me gustaría que supieras cómo soy, porque créeme joder, no soy la típica simplona. Al contrario, puedo sorprenderte de mil maneras.

Ante todo busco tu amistad, porque hablar de novios o amor es pronto y yo si te soy sincera, tengo miedo al compromiso y toda esa mierda.

Tú eres el que elige. No digo nada más porque no quiero ser pesada. Podría habértelo dicho a la cara, pero entre la pluma y el pergamino expreso mejor lo que pienso.

Besos de tu admiradora secreta.

PD: Espero que te guste la ropa que te he comprado y el tinte. Sé que eres muy atractivo. El color pelirrojo te favorece. Ni te imaginas cuanto… pero creo que con el rubio estarás mucho más sexy.''

Hermione dejó la carta encima del escritorio y comenzó a desternillarse.

— ¿Pero cómo se te ocurre escribirle algo así a Ronald, Malfoy? ¡No va a creerse nada!— exclamó, aún sentada en su regazo.

— Granger, estamos hablando de la comadreja. Seguro que cuela.

— No estoy muy convencida— añadió entre risas, apartándose de él con mucho esfuerzo y es que fue consciente de que había pasado largo rato, que tenía que marcharse cuanto antes— Deberíamos irnos antes de que Harry y los demás vuelvan.

Pero Draco no dijo nada. Sólo se levantó al ver que ella se disponía a marcharse, la retuvo, se acercó a sus labios y la besó dejándola en silencio. Hermione notó el frescor de su aliento y se percató de que, sin romper el beso, la iba moviendo, intentando guiarla a alguna parte y para cuando quiso darse cuenta, estaba tumbada en una de las camas y él se había subido encima de ella, apoyando una de las rodillas entre sus muslos. Él no quería bajo ningún concepto irse de allí tan pronto porque sabía que jamás volvería a tener una oportunidad como esa en su vida. La oportunidad de hacer cosas con Granger en la sucia cama del pobretón, así que el morbo que sintió en ese momento fue indescriptible. Dedujo que era esa cama en concreto por el baúl que había al lado con las iniciales R.W. y sólo el hecho de imaginarse que luego la asquerosa comadreja se tumbaría allí, donde ellos se habían revolcado, le hizo sonreír de satisfacción.

Hermione, en cambio, forcejeó, apartándose de sus labios, preocupada, porque tenía la sensación de que alguien entraría en la habitación de un momento a otro, a pesar de haber lanzado un hechizo contra el picaporte. En realidad, sólo bastaba con un Alohomora para conseguirlo.

— Malfoy, ¿estás loco? ¡Es imposible! Es muy arriesgado.

— Sólo un poco, Granger— susurró Draco dándole delicados besos en el cuello y sin más, deslizó las manos por su torso y le apretó suavemente los pechos— Cinco minutos.

— Sí claro… eso no te lo crees ni tú— le espetó Hermione intentando empujarle para levantarse pero al notar el recorrido de su lengua por todo su cuello gimió de placer— Te lo digo enserio— pero volvió a callarse y jadeó al sentir una de sus manos subiéndole la falda.

Draco se rio contra su cuello al percibir que los forcejeos de ella eran cada vez más débiles. Y es que Hermione se rindió por completo en ese momento, a pesar de que supo que era peligroso que permanecieran ahí. Fue incapaz de decirle que no. Simplemente, se aferró a él y dejó que sus dedos continuaran vagando por sus muslos, presionando su piel suavemente, sabiendo con certeza a dónde quería llegar Malfoy.

Y Hermione en realidad lo deseaba. Se moría porque siguiera, porque no parase... pero para su desgracia, se escuchó a alguien intentando abrir la puerta desde fuera repentinamente, provocando que diera un respingo. Seamus Finnigan había vuelto a su habitación para coger un libro que tenía que devolverle a Hannah Abbott, porque al parecer ella se lo había dejado antes de las navidades y ya se lo había leído, pero para su sorpresa, cuando fue a entrar en el dormitorio, la puerta no podía abrirse.

— ¿Qué pasa aquí?— con preocupación, sacó la varita del bolsillo de su túnica dispuesto a conjurar un hechizo.

Draco se levantó a toda prisa, sujetó a Hermione de la mano para ayudarla a incorporarse, cogió la carta que había escrito para la comadreja, la dobló rápidamente y la dejó encima de su almohada.

— ¿Y ahora qué hacemos? — le susurró Hermione, completamente histérica.

Y Draco simplemente, no respondió, la cogió de la mano y se acercó a la escoba. Hermione palideció al darse cuenta de lo que pretendía.

— Tienes que venir conmigo— le exigió montándose en la escoba.

Hermione se negó rotundamente pero al escuchar el murmullo de un Alohomora desde fuera, no se lo pensó, por mucho que odiara volar. Apretó los párpados fuertemente, se subió detrás de él, le rodeó la cintura con los brazos y cuando lo hizo, Draco agarró fuertemente el mango de la escoba y salieron apresuradamente por la ventana.

Seamus Finnigan abrió la puerta de la habitación con estrépito y vio que la ventana estaba abierta de par en par.

— Qué raro— murmuró casi para sí mismo y se asomó pero como no vio nada que le resultase extraño, volvió a cerrarla y fue a coger el libro de entre sus pertenencias.


Draco voló a gran altura sin dejar de reírse, no sólo por el hecho de haberse revolcado en la cama de la comadreja y haberle escrito la dichosa carta, sino porque ahora que ya habían salido por fin de la torre de Gryffindor y volaban por el cielo, Granger se aferraba a él como si su vida dependiese de ello. Se dio cuenta de que a pesar de que siempre adoraba hacerse la valiente y la heroína junto al cara cortada, a la hora de la verdad, era una cobarde.

— ¡No vayas tan rápido!— chilló ella asustada, agarrándose a él con todas sus fuerzas, pensando que se caería al vacío de un momento a otro.

Draco se giró un poco y la miró de soslayo, reprimiendo una risa. Sin dudarlo, aumentó la velocidad y salió disparado. Luego comenzó a hacer círculos en el aire.

Hermione chilló aún más fuerte.

— ¡Malfoy, te juro que cuando me bajes voy a matarte!

Pero Draco no la escuchó. Continuó haciendo piruetas, sintiendo que estaba pasándoselo de maravilla, a costa de fastidiarla.

— ¡Estás mal de la cabeza! ¡Alguien puede vernos!— le gritó Hermione exasperada, deseando hacerle entrar en razón.

Y así continuaron unos minutos hasta que al cabo de un rato, cuando Hermione más o menos había empezado a tranquilizarse, Draco redujo la velocidad y comenzó a descender hasta llegar al Lago Negro. Aún daba el sol y apenas hacía frío. Hermione, al darse cuenta de que iba a bajarla, notó como la tranquilidad la embargaba y apoyó la cabeza contra su espalda, percibiendo la leve brisa de la tarde, reconociendo que aquello comenzaba resultarle agradable. Sin embargo, no duró para siempre.

Se acabó en el momento en el que Draco se aproximó al embarcadero y detuvo la escoba.

— Has llegado sana y salva, Granger— se mofó entre risas al ver que ella no le soltaba, pero Hermione ya no tenía miedo. Simplemente no quería apartarse de él— Falta poco para el entrenamiento de quidditch y tengo que volver a mi habitación para ponerme el uniforme.

Hermione captó la indirecta y de malagana, lo soltó y se alejó de él, porque en cierto modo, ella también tenía que estudiar, por mucho que quisiera quedarse un rato a su lado.

— Está bien, ¿nos vemos durante la cena?

— Sí— afirmó y se aproximó a ella una última vez para darle un beso en la comisura de los labios— por cierto, ¿crees que la comadreja aparecerá esta noche por el Gran Comedor con un cambio de imagen?

Hermione soltó una risotada.

— No lo sé, pero conociendo a Ronald es probable que tarde en asimilar algo así. Que yo sepa no ha tenido muchas admiradoras.

Draco hizo un gesto teatral.

— No me extraña, es tal su belleza…— dijo con sarcasmo y cara de asco pero al ver que ella se acercaba dispuesta a pegarle un puñetazo, se montó rápidamente en la escoba y se marchó.

— ¡No te vayas, cobarde! — bramó enfadada y sin más vio como se alejaba y desaparecía entre los torreones del castillo. Instintivamente miró en todas direcciones con miedo a que hubiese alguien cerca de allí, pero gracias a Merlín, sólo se escuchaba el canto de los pájaros, así que suspiró con alivio metiéndose un mechón de pelo detrás de la oreja y volvió a su habitación. Sin embargo, cuando llegó y abrió la puerta, la imagen que vio frente a ella la dejó atónita. Parvati, Crabbe y Goyle estaban sobre unas esterillas, con los brazos abiertos y embutidos en unas mallas de color rosa. Tenían una pierna alzada e intentaban mantener el equilibrio. Lavender permanecía frente a ellos muy concentrada, dándoles indicaciones de lo que tenían que hacer.

¡¿Acaso...estaban haciendo yoga?!

Hermione no pudo evitar reirse a carcajadas cuando vio a los dos matones de turno con esas mallas tan ridículas. Aún así, al ser consciente de que estaba formando mucho escándalo, cerró la puerta rápidamente, se acercó a ellos y se percató de que sus escobas descansaban junto a la ventana abierta. No hacía mucho que habían llegado.

— ¿De dónde demonios habéis sacado eso?— dijo sin salir de su asombro.

Crabbe se miró las mallas y luego a ella.

— Son de Lavender, dice que nos las tenemos que poner para hacer yoga.

Hermione fue a contestarle pero cuando escuchó las palabras de Lavender se quedó perpleja.

— ''Levantad los brazos…inspirad profundamente… nuestro cuerpo está caliente, muy muy caliente…''

Ginny, por otra parte, permanecía tumbada en su cama leyendo un libro, ajena a todo lo que estaba sucediendo, de muy mal humor.

— ''Ahora levantad la pierna derecha y mantened apretado el diafragma''—añadió Lavender inspirando profundamente, con los ojos cerrados.

Pero Goyle, que llevaba largo rato haciendo poses incómodas y empezaba a sentirse cansado, levantó la pierna, perdió el equilibrio y se agarró a quien tenía más cerca para no caerse.

Parvati.

Y lo siguiente que se escuchó fue el golpe de sus cuerpos cayendo contra el suelo. Lavender ni se inmutó ante el estruendo y continuó con los ojos cerrados, porque se dijo a sí misma que pasara lo que pasase no iba a interrumpir su momento de concentración. Hermione, en cambio, se acercó a Parvati para ayudarla a levantarse al ver que estaba aplastando a Goyle.

Parvati hizo aspavientos con la mano, quitándole importancia.

— Déjalo, déjalo, yo puedo sola— dijo incorporándose y cuando estuvo de pie, le tendió la mano a Goyle para que se levantase— Gregory, ¿estás bien?

Pero Goyle fue incapaz de contestar. Se había quedado rígido y el color de su rostro se había vuelto rojo como la grana, y es que, que Parvati lo hubiera aplastado, había provocado que notase sus tetas contra su torso. Y Goyle nunca había tenido a una chica tumbada sobre él. Era la primera vez que le pasaba algo así y prácticamente le iba a dar un infarto.

— ¿Gregory?— Parvati se preocupó al ver que aunque se había levantado, parecía estar en estado de shock— ¡Holaaa!

Goyle sacudió la cabeza para intentar centrarse.

— Eh, sí. ¿Tú te has hecho daño?

— Qué va, tonto— sonrió acariciándole el brazo al ver que lo tenía un poco rojo por el golpe— No me ha pasado nada porque tú me has servido de colchón.

Goyle comenzó a balbucear sin saber qué decir, preguntándose por qué narices tenían que pasarle ese tipo de cosas a él cuando se suponía que iba a cambiar como Crabbe para echarse novia, que Parvati sólo era una amiga reciente. Sintiendo que estaba volviéndose loco, se subió un poco las mallas al ver que se le resbalaban y se puso junto a Crabbe para continuar con las posturitas de yoga, deseando distraerse para no pensar en metas imposibles e inalcanzables. Parvati también volvió a su esterilla e invitó a Hermione a que se uniese a ellos, pero ella rechazó la propuesta y cogió sus libros para irse de una vez a la biblioteca porque vio que en la habitación no iba a concentrarse, y por si fuera poco, Lavender había puesto incienso y música chill out de fondo para dar más ambiente.


Después de un rato haciendo la postura del árbol, la del guerrero, la del puente y demás, Lavender estaba algo cansada. Mayormente porque llevaba días que no dormía muy bien, porque no podía olvidar lo que había salido en las cartas y tampoco a Cormac McLaggen. Lo había pillado mirándola en la ceremonia de Dumbledore pero ni siquiera habían hablado. Y Lavender aún seguía sin entender cómo él había podido traicionarla y dejarla en ridículo delante de todos, porque por alguna absurda razón, ella, desde un principio, se había hecho la idea de que toda aquella fachada de creído que aparentaba Cormac, en realidad era mentira.

Sin embargo, se había equivocado. Y por si fuera poco, no podía olvidarle ni sacarle de sus pensamientos.

— ¡Lavender!— exclamó Crabbe de pronto— ¿Has traído lo que me dijiste?

La chica intentó olvidarse de McLaggen por un momento y fue a atender a Vincent, porque recordaba que la mañana en la que se despidieron de él en casa de Hermione, le había prometido un regalo. Algo que ella tenía desde hacía mucho tiempo.

— ¡Ah, sí Crabby, Crabby! Espera, te la doy. La tengo en mi baúl— comentó, agachándose para abrirlo y rebuscó rápidamente entre su ropa.

A Hermione, que a pesar de que se había jurado que se marcharía cuanto antes y que aún seguía allí plantada, se le desencajó la mandíbula al ver que Lavender sacaba de su maleta una enorme faja térmica, se acercaba a Crabbe y le levantaba un poco la camisa del uniforme para ponérsela.

— ¡Ya verás como con esto pierdes los michelines! — exclamó Lavender soltando una risita con entusiasmo— Vas a tener un poco de calor pero no pasa nada. Te acostumbrarás— añadió intentando apretársela un poco más— ¡Venga Crabby, Crabby, inspira! ¡Mete la bolita, mete la bolita!

Crabbe asintió e inspiró, metiendo barriga. Hermione no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Luego vio que Parvati no dejaba de hacer tonterías con Goyle y decidió no seguir mirando. Sin embargo, antes de marcharse, quiso acercarse a Ginny para preguntarle cómo estaba, para ver si ya se le había pasado el enfado pero cuando se sentó en la cama junto a ella, la puerta de la habitación se abrió de par en par y Luna entró dando brinquitos.

— ¡Hola, chicas!— canturreó cerrando la puerta.

Parvati, Lavender, Crabbe y Goyle la saludaron como si nada y continuaron con su sesión de yoga. Luna, en cambio, se acercó a la cama de Ginny y se sentó a su lado.
Hermione era la única que parecía estar preocupada.

— ¿Alguien te ha visto entrar en la sala común?— inquirió.

Pero Luna estaba muy relajada y no dejaba de sonreír.

— No, tranquila— le dijo—No hay nadie. Harry y los demás se han quedado un poco más en Cabeza de Puerco, pero yo he querido volver antes.

Ginny cerró el libro de golpe y lo dejó en la mesita de noche. Hermione, por otra parte, se sintió muy interesada al respecto, porque había pasado tanto rato que ni siquiera se había dado cuenta de que la reunión ya casi había terminado.

— ¿Y de qué habéis hablado?

— Pues de que debemos aprender por nuestra cuenta a defendernos. Harry ha dicho que lo mejor es formar un grupo. Algunos se han apuntado y otros no. También hemos hablado de dónde vamos a hacer las reuniones y yo les he contado lo de la sala de los Menesteres— comentó un poco alicaída, porque en el fondo quería que ese lugar siguiera siendo de Theodore y ella, pero no podía ser egoísta y ocultarle algo semejante a Harry Potter, cuando ni siquiera disponían de otro sitio. Y sabía que podría seguir quedando con Theodore por las noches porque a esa hora nadie entraría en la sala para practicar.

— ¿Nos has apuntado para poder ir a las reuniones?— preguntó de pronto Ginny.

— Sí— afirmó Luna— ¿Sabéis? También se han propuesto nombres para el grupo y al final Harry ha elegido el de tu hermano Fred.

Hermione rodó los ojos.

— ¿Cómo se llama?

Luna soltó una risita.

— Es muy gracioso— dijo con diversión— se llama ''Grupo Contra los Tarados del Ministerio de Magia''.

Ginny comenzó a desternillarse.

— Típico de mi hermano. ¿En serio no había un nombre mejor?

— Pues… Cho también propuso uno. Creo que era ''Entidad de Defensa'' y Angelina Johnson…

Pero Ginny no escuchó nada más. Sólo Cho, y la odiaba. Le caía fatal. Ni siquiera sabía cómo podía estar involucrada en todo aquello. Sin embargo, se mordió el labio porque sabía que no tendría más remedio que aceptar que iba a verla a menudo. Debía admitir que en un principio la había detestado por el hecho de que Harry estuviera colado por ella, pero ahora simplemente era porque no la aguantaba.

— Harry dice que tenemos que mantenerlo en secreto— murmuró Luna discretamente. También había apuntado a Parvati y Lavender en la lista, pero pensó que lo mejor era que Crabbe y Goyle no se enterasen. Es más, estaban tan distraídos haciendo yoga que ni siquiera se dieron cuenta— Es mejor que no hablemos del grupo por los pasillos y durante las clases. Ah, por cierto, Hermione, Harry me ha dicho que tiene que hablar contigo sobre algo referente a unos galeones. Dice que en la cena te lo explicará. Quiere que tú te encargues.

Hermione asintió en silencio.

— Por cierto Luna, ¿si Harry y los demás siguen en Cabeza de Puerco, cómo es que tú has vuelto antes?— preguntó Ginny con recelo.

Luna esbozó una sonrisa algo pícara.

— Eh, veréis— explicó con un poco de indecisión— Quería pediros un favor a las dos, por eso he venido antes— luego miró a Lavender y Parvati para ver si estaban pendientes de la conversación pero continuaban haciendo posturas raras con Crabbe y Goyle— Antes de ir a Cabeza de Puerco, me despedí de Theo y me dijo que tenía entrenamiento de quidditch.

Hermione se estremeció al recordar que, precisamente, Malfoy también tenía entrenamiento.

— Ajá.

Ginny, cada vez más curiosa, la instó a que continuase.

— Sigue.

Luna desvió la mirada y empezó a ponerse roja. Muy roja.

— Pues veréis… Theo es muy guapo y me gusta mucho— explicó con un hilo de voz— y ahora que estamos saliendo juntos, llegará un momento en que pase algo…ya sabéis.

Ginny se rio al ser consciente de que nunca la había visto tan alterada.

— ¿Y bien?— preguntó Hermione con impaciencia.

— Es que, antes de que suceda algo entre nosotros… eh, veréis…

Pero Ginny estaba histérica, porque ya no podía soportar más tensión. Al menos, ese día.

— Dilo de una vez— le espetó con nerviosismo.

Luna, muy avergonzada, por fin se atrevió a mirarlas.

— Pues que quiero verlo desnudo para saber cómo es... su cuerpo.

Silencio.

Hermione y Ginny estallaron en carcajadas y es que, que Luna Lovegood hablase de ver a Theodore desnudo con tanta inocencia era algo absurdo.

— No os riáis, aún no he terminado…— musitó cubriéndose la cara con las manos— Como tiene entrenamiento de quidditch, cuando termine irá al vestuario para ducharse, ¿sabéis?

Ginny, que dedujo en seguida lo que pretendía, se acercó mucho a ella, empezó a darle pequeños codazos y le guiñó el ojo.

— Eres una pervertida.

Pero Hermione estaba horrorizada.

— No me digas que quieres que te acompañemos al vestuario de Slytherin.

Y Luna les puso ojitos. Pestañeó rápido y sonrió, esperanzada.

— Pues...sí.

Hermione se mantuvo en silencio sin poder procesar la información. Sólo se repetía una palabra en bucle, dentro de su cabeza. No. Ni pensarlo. Bajo ningún concepto.
Porque estaba al tanto de que Malfoy estaría allí también, de que aunque quisiera, sería imposible entrar sin que las viesen. Por no hablar de que en el caso hipotético de que lo hicieran, las acabaran pillando.

No. Rotundamente no.

— Está bien— respondió Ginny, encogiéndose de hombros, descolocándola por completo.

Hermione abrió los ojos como platos, totalmente escandalizada, sin entender qué narices pasaba por la cabeza de su amiga.

— ¿Cómo? ¿Lo dices en serio, Ginny? — inquirió con un deje de ironía en la voz— ¿Tú te estás escuchando?

Pero Ginny no dijo nada, porque sabía perfectamente que si iba a los vestuarios con Luna, vería a Zabini y tenía un deseo casi irremediable de averiguar qué charlas mantendría él con el resto de sus amiguitos en las duchas. Qué se contarían entre ellos, sobre todo... porque siempre, después de los entrenamientos, todos solían tener las hormonas más revueltas. Y Ginny quería indagar, aunque supiera que se arriesgaba a verlo desnudo, aunque luego se dijo a sí misma que qué importaba, si ya lo había visto sin nada de ropa cuando se transformó en él con poción multijugos. Se preguntó momentáneamente cómo todas las alumnas de Slytherin podían estar locas por su cuerpo, por él en general, con lo desagradable que era. Ginny tenía que admitir que Zabini era atractivo, que estaba definido, que tenía los abdominales jodidamente marcados, por no hablar del basilisco, pero...¿de qué le servía? Seguía siendo un cabrón, por muy buen cuerpo que tuviese.

Y por esa misma razón quería ir a los vestuarios. Porque sabía que era tan desgraciado que probablemente estaría criticándola y burlándose de ella con los demás. Necesitaba asegurarse.

— Venga, Hermione— dijo de repente intentando sonar convincente— Mira, si quieres voy a la habitación de Harry y cojo la capa. Nadie nos verá y si no hacemos ruido no nos descubrirán. No es tan arriesgado, en realidad.

Hermione se puso en pie, ruborizada. Parvati, Lavender, Crabbe y Goyle, desde el otro extremo de la habitación, la miraron desconcertados.

— ¡Que no! Que tengo que estudiar y...— la voz se le resquebrajó.

— Por favor— suplicó Luna poniendo cara de pena. Ginny se movió para ponerse a su lado y las dos hicieron un gesto compungido.

Hermione bufó exasperada, sabiendo que no iban a desistir, que si lo hacía se arrepentería pero, a pesar de todo, había algo en lo que no dejaba de pensar, y era que, realmente, nunca había visto a Malfoy totalmente desnudo, que no sabía cómo era su cuerpo, a pesar de haberse transformado en él con la poción multijugos o de haberle masturbado. Y sabía que si iba a echar un vistazo no lo estaría haciendo por curiosidad, sino porque se estaba convirtiendo en una pervertida. El rostro se le congestionó de pura vergüenza en ese momento.

Miró a Ginny y a Luna, vio que continuaban suplicándole y se odió a sí misma por ser incapaz de negarse.

— Está bieeen, iré— suspiró poniendo los ojos en blanco, sabiendo que estaba loca, que había perdido la cabeza, sin duda.

— Genial— dijo Ginny levantándose como un resorte— Voy a la habitación de Harry a por la capa. Vuelvo en un minuto.

Hermione asintió en silencio, se quitó la corbata, la dejó en su mesita de noche y miró a Crabbe y Goyle. Los envidió por un momento por el hecho de que no tuvieran que preocuparse por nada, salvo por el yoga. Aunque justo ahí, Hermione se dio cuenta de un detalle que hasta ahora había pasado desapercibido. Algo de lo que no había sido consciente.

— ¿Vosotros por qué no estáis en el entrenamiento de quidditch?— inquirió, alzando la voz para que pudiesen escucharla.

Vincent se rascó la cabeza, miró al suelo y le dio un codazo en las costillas a Goyle para que respondiese por él.

— Pues, nos lo hemos saltado— comentó Gregory, indeciso— Hemos dicho que estábamos enfermos. Por un día que faltemos no pasa nada. Es que queríamos hacer esto.

Hermione suspiró aliviada y agradeció que ellos no estuvieran en el vestuario, porque prefería no verles desnudos y tener un trauma de por vida.

— Ah bueno, supongo que no pasa nada.

Y después, sin más, todos continuaron haciendo sus cosas, hasta que, al cabo de un rato, Ginny volvió a la habitación con la capa, entusiasmada. Y es que después de que Finnigan hubiera salido de allí, nadie había vuelto aún a la habitación.

— Ya está— susurró, clavada en la puerta, instando a Luna y a Hermione que se apresurasen.

Ellas se acercaron a Ginny, dispuestas a salir cuanto antes, pero Lavender las vio.

— ¿A dónde vais?— indagó con mucha curiosidad, siendo consciente de que habían estado largo rato sentadas en la cama cuchicheando, molesta en parte por no haberse enterado de nada.

Ginny dio un respingo al escucharla, pero se adelantó y salió de la habitación para que Lavender no se diese cuenta de que llevaba la capa, dejando con el problema a sus amigas.

Hermione puso los ojos en blanco.

— Les he dicho que me acompañen a la biblioteca, Lavender— se excusó— Vendremos luego. ¿Vosotros os vais a quedar aquí?

— Sí— repuso Parvati a lo lejos, tumbada en la esterilla— A lo mejor Vincent y Gregory se quedan a dormir aquí esta noche. Hemos pensado en dejar los colchones por el suelo y…

Hermione resopló con hastío, porque no le hacía gracia estar una noche entera aguantando los ronquidos de Crabbe y Goyle. Por un momento se preguntó si habrían avisado a Malfoy pero decidió no darle importancia y se marchó con Luna y Ginny. Durante el camino, notó una sensación de malestar constante, el ansiedad que le subía por la garganta y se sintió culpable. Culpable porque sabía que, en realidad, lo que estaba haciendo no estaba bien, que si hubiera sido al revés, y Malfoy hubiera ido con Zabini o Nott a espiarla mientras ella se duchaba, se hubiera enfadado mucho y no se lo hubiera perdonado, así que estuvo apunto de echarse atrás, de dar media vuelta y marcharse, pero cuando quiso darse cuenta estaba plantada frente al vestuario con las demás. El corazón le dolía de lo rápido que le latía y apenas podía respirar.

Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para pensar porque se escucharon unas voces masculinas dentro del vestuario, confirmando que el entrenamiento por fin había terminado.

— Bien— susurró Ginny desplegando la capa, muy nerviosa— Tenemos que ser muy discretas. No nos pueden pillar por nada del mundo— añadió y luego miró a Luna— y que sepas que nos debes un favor muy grande por hacer esto.

— Sí, sí— musitó metiéndose debajo de la capa con Hermione— Si Oníria pone huevos, os regalaré uno a cada una.

Ginny bufó cansada y se apretujó contra ellas para que todas cupiesen perfectamente bajo la capa. Y luego, con los nervios a flor de piel, entraron en el vestuario. Era la primera vez que estaban allí y vieron que había un largo pasillo donde se encontraban todas las taquillas, los banquillos y al fondo se hallaban las duchas. El vapor que había era tan denso que impedía que pudiesen distinguir con claridad las siluetas de los chicos, así que tuvieron que acercarse más. Se escuchaban risotadas y el sonido del agua cayendo. Y ellas simplemente, fueron acercándose poco a poco, hasta que les vieron.

A Theodore, Draco y Blaise.

Al parecer, afortunadamente, eran los únicos que quedaban en el vestuario. El resto de los alumnos ya se habían marchado.

— ¿Dónde mierda se habrán metido Crabbe y Goyle? — preguntó Draco paseándose en calzoncillos por el vestuario. Luego, se acercó a una de las taquillas y sacó una pastilla de jabón y una toalla.

Luna decidió, después de sopesarlo, que la opción menos arriesgada era que se metiesen en una de las duchas de enfrente y se quedaran muy quietas contra la pared, porque sabía que así tendrían mejor ángulo de visión. Hermione y Ginny, en cambio, sin decir ni una palabra, la siguieron y continuaron atentas a la conversación. Hermione no sabía a donde mirar. Sólo mantenía la vista clavada en su objetivo. La ducha, donde ellas iban a entrar.

Blaise se encogió de hombros en ese momento. Tanto Theodore como él llevaban la toalla enrollada a la cintura, dejando a relucir sus marcados abdominales.

— Ni idea. Seguro que les ha entrado cagalera. Se pasan el día comiendo lechuga como si fuesen conejos. Sobre todo Crabbe — dijo soltando una fuerte carcajada.

Ginny apretó los dientes con fuerza.

— Menudo imbécil— masculló en voz baja. Hermione le dio un codazo.

Theodore, por otra parte, se metió bajo una de las duchas y se llevó la mano a la toalla con la intención de quitársela.

— Es raro que falten a un entrenamiento, ¿no?— preguntó, confundido.

Luna no pudo evitar soltar una risita nerviosa y Ginny, instintivamente le tapó la boca con la mano, con miedo a que las escuchasen pero Theodore continuó como si nada, se quitó la toalla, la dejó junto a la ducha y se metió debajo, dejando que el agua caliente le empapase todo el cuerpo.

Luna se sonrojó violentamente. Nunca se había sentido así, no como en ese momento. Se humedeció los labios al notar que se le habían quedado resecos y observó a Theodore detenidamente, de arriba abajo.

Y lo que más le llamó la atención, aparte de su bonito rostro o como le caían los mechones de pelo mojados por la cara, o sus abdominales, fue... su miembro.

''Vaya…''— se dijo a sí misma, cuando se dio cuenta de cómo eran los atributos masculinos y es que Luna nunca había visto a ningún chico desnudo. Era la primera vez, y aunque Zabini y Malfoy estuviesen allí a punto de quedarse sin nada que los cubriese, ella sólo tuvo ojos para Theodore.

Hermione, por otra parte, estaba más pendiente de Malfoy. Draco se metió en la ducha de enfrente, junto a la de Theodore, se llevó las manos a sus calzoncillos negros y se los bajó poco a poco hasta dejarlos en el suelo, robándole el último aliento a Hermione, que sentía que iba a colapsar de un momento a otro. Se llevó la mano a la cara y notó que le ardía y le palpitaba y por si fuera poco, Malfoy estaba de espaldas y ella podía verle los brazos, las piernas y el culo. Bajo la capa, tuvo que apoyarse momentáneamente contra la pared para no perder el equilibrio, forzando a Luna y a Ginny a que se movieran un poco, pero Hermione no pensaba en nada. Sólo en que se sentía mareada y lánguida, en que sabía que era una maldita voyeur, por estar allí espiándole... pero a pesar de todo, le gustaba lo que estaba viendo y sabía que no iba a tener muchas oportunidades de observar a Malfoy sin que él lo supiera.

Ginny, en cambio, directamente pasaba de Malfoy y Nott, porque sentía que no merecían la pena. En realidad, ninguno de los tres, pero aún así no podía apartar la mirada de Zabini, observando su cuerpo inconscientemente, decepcionada porque aún no estuviera criticándola, extrañada porque aún no la hubiera sacado en la conversación para putearla.

Blaise se metió en una de las duchas y abrió la manivela. Sin embargo, cuando lo hizo, no salió ni una gota de agua. Al parecer se había roto.

— ¿Qué narices le pasa a esto ahora?— bufó comenzando a soltar maldiciones y es que estaba sudado del maldito entrenamiento, no había pasado buena noche y quería lavarse cuanto antes.

Hermione no escuchó nada, continuó anonadada observando a Malfoy, viendo como se limitaba a deslizar la esponja por su cuerpo, enjabonándose con cuidado el cuello, los hombros, el torso, hasta que las quejas de Zabini lo devolvieron a la realidad y se dio media vuelta para contestarle.

Y justo ahí, Hermione lo vio. En todo su apogeo.

— Joder— se le escapó y tuvo que cubrirse la boca al notar que se le escapaba un gemido. Miró de soslayo a Ginny y a Luna, pero estaban tan distraídas que ni siquiera se enteraron. Theodore, por su parte, continuó enjabonándose el cabello, relajado, pero escuchar las continuas réplicas de Blaise lo perturbó tanto, que acabó frunciendo el ceño.

— Blaise coge tu varita, usa un Reparo y cállate ya— le espetó con los ojos cerrados, dejando que el agua de la ducha le enjuagase la cara y el pelo.

— Paso—resopló él saliendo de la ducha, sin haberse quitado aún la toalla— La varita la tengo en la última taquilla. Está demasiado lejos.

Draco estaba terminando de pasarse la esponja -por los glúteos para ser más exactos- y empezó a enjuagarse porque no quería entretenerse mucho, porque estaba reventado y necesitaba descansar antes de ir a cenar. El entrenamiento de quidditch había sido duro y tenía los músculos algo resentidos.

— Eres un puto vago de mierda— le espetó con desdén, moviéndose el pelo con brusquedad para terminar de quitarse los restos de jabón.

Blaise lo ignoró y optó por meterse en otra ducha, y es que tenía prisa, porque había quedado con Daphne esa noche después de la cena y sabía que por fin iba a suceder lo que había ansiado tanto tiempo, que podría follársela y olvidarse de una vez de la traidora a la sangre de Weasley. Aún ni siquiera asimilaba que Daphne le hubiese mandado esa carta suplicándole que quería volver con él pero, desde luego, había sido una alegría después de las vacaciones de mierda que había tenido.

Muy animado, comenzó a avanzar entre las duchas.

Sin embargo, Luna, Hermione y Ginny se quedaron lívidas al ver que Blaise se acercaba a donde ellas estaban escondidas. Instintivamente se pegaron a uno de los rincones, intentando apartarse todo lo posible de la manivela de la ducha para que él no las descubriese y no movieron ni un músculo del cuerpo, deseando poder salir de allí, pero estaban totalmente acorraladas. Blaise le dio un par de vueltas a la manivela dejando que el agua comenzase a caer, la capa de invisibilidad se humedeció y ellas terminaron empapadas por completo. Hermione nunca había estado tan asustada y nerviosa. Nerviosa por verse en una situación tan embarazosa y ser incapaz de salir de ella. Miró a Luna y Ginny, vio que tenían el cabello y los uniformes completamente mojados, y que la ropa interior se les transparentaba a través de la camisa.

Tragó saliva.

En ese momento, Blaise se llevó las manos a la toalla, se la quitó y la arrojó al suelo. Ginny no pudo evitarlo y soltó un gemido al ver el basilisco. Rápidamente, Hermione le tapó la boca, pero Blaise, que había cogido la pastilla de jabón para comenzar a lavarse, se quedó inmóvil.

— ¿Qué cojones ha sido eso? — dijo preocupado, casi totalmente seguro de que había escuchado algo.

Theodore y Draco ya habían salido de las duchas y estaban secándose tranquilamente pero a Ginny iba a estallarle el corazón. Por el pánico o por el simple hecho de que no podía mirar ahí bajo. Al basilisco, siendo consciente de que, desde la última vez que lo había visto, había crecido.

Sin embargo, los sucios pensamientos que pasaban por su mente se vieron interrumpidos cuando Blaise se adelantó un poco y sin darse cuenta, rozó la capa con el brazo, provocando que se encogiera de puro terror.

— ¿Qué narices?— murmuró al notar algo que no veía y sin más, agarró lo que le pareció una tela extraña y tiró de ella, pero cuando lo hizo y vio que aparecían las tres personas que menos se hubiese imaginado que estarían allí, se quedó lívido— ¡Pero qué cojones!

La primera reacción que tuvo fue echarse un poco hacia atrás, sorprendido. Theodore y Draco se asustaron al escucharle y se acercaron para ver qué sucedía y entonces, las vieron.

A Hermione Granger, Ginny Weasley y Luna Lovegood.

Ellas eran incapaces de hablar, sin saber siquiera cómo romper el hielo en una situación semejante. Hermione, desde luego, quiso salir corriendo o que la tierra se la tragara, pero en cualquier caso, no volver a verles nunca más. Draco, en cambio, estaba anonadado, sin dar crédito a lo que veían sus dichosos ojos, sin poder asimilar que Granger estuviera allí, en las duchas, con Lunática y comadreja junior, observándoles. Y por si fuera poco, empapadas de la cabeza a los pies. Inconscientemente miró de arriba abajo a Hermione, se dio cuenta de que se le transparentaba el sujetador y tuvo que hacer un esfuerzo por no empalmarse delante de todo el mundo.

Blaise, fuera de sí, cogió con rapidez la toalla y se la enrolló a la cintura, cubriéndose para que no lo mirasen. Los demás también se taparon con las suyas.

Y él único que se vio con fuerzas para hablar fue Draco.

— Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? — silbó acercándose mucho a ellas y las empujó con delicadeza para que salieran de la ducha. Luego cortó el agua— Me sorprendes Granger, ¿qué haces que no estás estudiando? Ah, entiendo. Querías averiguar cómo era la anatomía humana. Tan sabelotodo como siempre.

Hermione no se vio con fuerzas para hablar, pero supo que tenía que hacerlo. Dar alguna explicación, al menos.

— Yo no quería venir, Malfoy— musitó al cabo de un rato, rompiendo el incómodo silencio que les rodeaba, sin tener valor si quiera para mirarle a la cara de lo culpable que se sentía.

— Claro, Granger. Arréglalo ahora.

— ¿Qué hacemos con ellas Draco?— masculló Blaise furioso— ¡Me han visto en bolas! ¡Las muy viciosas han visto mi Blaisiconda!

Ginny no pudo evitar saltar ante su comentario.

— Sí Zabini, por desgracia la hemos visto— rio sarcástica— Y creo que no voy a ser capaz de volver a dormir, ¿sabes? Voy a tener pesadillas el resto de mi vida después de esto.

— ¡Cierra la bocaza, Weasley!— gritó furioso intentando intimidarla, aunque en ese momento, ilógicamente sintió una súbita erección, presionando contra la toalla y tuvo que hacer un esfuerzo por controlarse— Vamos a ir a hablar con Dumbledore ahora mismo.

Draco se puso delante para tranquilizarle al ver que estaba muy enfadado y tenía las venas del cuello hinchadas, porque no podía permitir que su amigo fuera a informar de lo sucedido, porque sabía que Granger acabaría metida en un lío si lo hacía.

— Espera, Blaise. Se me ha ocurrido algo mejor— dijo a la desesperada, improvisando.

Theodore, a pesar de que estaba atónito por lo sucedido, no dejaba de mirar a Luna, preguntándose cómo había terminado allí, excitado en parte porque lo hubiera espiado sin que él fuera consciente, sin dejar de preguntarse qué hacían Hermione y Ginny con ella. Sintió mucha vergüenza repentinamente al ser consciente de que ellas también lo habían visto desnudo pero intentó olvidarse y prestar atención a la conversación.

— ¿Y cuál es tu magnífico plan, Draco? Porque no me da la gana que estas se salgan con la suya— dijo Blaise de brazos cruzados, para nada conforme, y es que no quería dejarlas marchar.

Draco no respondió e hizo un ademán con la mano para que todos saliesen de las duchas. Cuando estuvieron fuera, les dijo a ellas a que se sentasen en los banquillos y así lo hicieron. Blaise, en cambio, no entendía cómo tenían una capa de invisibilidad bajo su dominio, pero eso para él era lo de menos, porque estaba ansioso por saber qué pretendía su amigo, porque sabía perfectamente lo que Draco odiaba a la sangre sucia, que no iba a dejarlo estar, ni mucho menos.

Draco se cruzó de brazos, con la toalla enrollada a la cintura y las miró de arriba abajo. Hermione lo observó y vio que tenía el pelo un poco húmedo y unas pequeñas gotas de agua resbalaban por su torso. Aún no se había secado del todo.

— Blaise, han sido muy malas— dijo con cierto desdén en la voz, haciendo una pausa y carraspeó de una forma teatral antes de seguir— Creo que avisar al viejo, a Umbridge o a Snape se queda corto. Sí, podrían expulsarlas por esto, pero pienso que... deberíamos castigarlas nosotros.

Draco supo que esa era la única forma de hacer entrar en razón a Blaise, que así se aseguraría de que no expulsaran a Granger del colegio. Y podría estar a solas con ella, que era lo que más le apetecía. Blaise abrió mucho los ojos y esbozó una sonrisa diabólica, sin poder creer que no se le hubiera ocurrido a él antes.

Castigarla. A la pecosa Weasley.

— Continúa— le exigió a Draco con impaciencia, ansioso por averiguar sus planes.

Theodore los escuchó sin dejar de mirar a Luna, sabiendo que él no iba a hacerle nada malo, aunque irremediablemente se preocupó por Hermione y por Ginny.

— Tendrán que hacer algo que nosotros les pidamos— continuó Draco.

Ginny ladró furiosa.

— ¡Yo no pienso hacer nada! ¡Me voy ahora mismo!

Pero Blaise la retuvo al ver que se disponía a levantarse del banquillo.

— No tan rápido, pecosa. Tú no vas a ir a ninguna parte.

Draco, en cambio, se mantuvo con un semblante impersonal y observó a Hermione. Al hacerlo, vio que ella le estaba lanzando una mirada asesina, fue consciente de que estaba enfadada y tuvo que contener la risa. Y por un momento se lo replanteó, que después de todo, lo había espiado junto a Lunática y Weasley, que en realidad, podía pedirle algo, como compensación.

— Vosotras habéis invadido nuestra preciada intimidad— continuó poniendo una mueca ladeada— Y si no llega a ser por Blaise, ni siquiera nos hubiésemos enterado— luego miró a Hermione— dime Granger, ¿ha habido más veces? Seguro que venís cada vez que hay entrenamiento.

— ¡Eso no es cierto!— gritó enrojecida como un tomate, deseando asesinarle.

A Draco se le formó una diminuta sonrisa en la comisura de los labios al ser consciente de que iba a pasar un buen rato, incordiándola.

— Vais a hacer lo que os digamos porque si no, iremos a avisar al viejo— les espetó muy serio, haciendo un esfuerzo monumental por no estallar en carcajadas.

Theodore, al ver que Luna estaba asustada y temblaba un poco, decidió intervenir.

— Está bien, Draco. Haremos lo que tú dices— murmuró acercándose para cogerla de la mano— Yo me encargaré de Luna pero antes... quiero hablar con ella, a solas.

Draco y Blaise lo miraron com amenaza cuando vieron que se la llevaba en dirección a la puerta del vestuario.

— Que sí, que la voy a castigar. Se va a enterar— añadió sin mirar atrás al escuchar sus quejas. Una vez fuera, le dijo a Luna que esperase a que se pusiese la ropa y cogiese sus cosas pero al cabo de un rato, cuando por fin volvió, vio que ella andaba de un lado a otro muy nerviosa.

— Luna— dijo acercándose a ella y le acarició la mejilla— Cálmate, no voy a hacerte nada.

Ella lo miró a los ojos, algo preocupada, sin comprender cómo podía estar tan tranquilo.

— ¿No estás enfadado? — preguntó indecisa y suspiró cabizabaja, sin poder mirarle a los ojos de la vergüenza que sentía.

Theodore se rio suavemente.

— ¿Cómo quieres que esté enfadado? A ver, sí que es verdad que me ha resultado un poco violento que Hermione y Ginny me viesen desnudo, pero contigo no me importa. Aunque…¿quién es la que ha decidido venir si puede saberse?

Luna se sonrojó violentamente.

— Pues, yo…— musitó con un hilo de voz. Theodore se acercó más a ella y le dio un beso fugaz, provocando que Luna se estremeciera al notar lo suaves que eran sus labios— Es que quería verte desnudo.

Theodore se rio sin apartarse de sus labios y le rodeó la cintura con sus brazos.

— Podrías habérmelo dicho, entonces— susurró retirándose un poco para mirarla a los ojos— A mí no me importa que me veas desnudo, Luna. Además…— en ese momento hizo una pausa.

Bastante larga.

— Si quieres puedes tocarme— se atrevió a decir.

Luna notó como se le aceleraba el pulso.

— ¿De verdad?

Theodore comenzó a desabrocharse la camisa del uniforme y la dejó colgando de sus hombros. Aún tenía la piel fría de haberse duchado y cuando Luna alzó las manos para tocarle el torso y notó lo marcados que tenía los abdominales, se rio con nerviosismo, arrepintiéndose por un momento de no haberlo hecho antes.

— Claro. Eres mi novia— dijo con voz ronca, sintiendo que el tacto de Luna quemaba tanto y era tan suave, que había empezado a excitarse— Puedes tocarme cuando quieras… y donde quieras.

— ¿Y tú a mí? ¿Quieres tocarme? — dijo avergonzada, pero sin miedo.

Theodore se limitó a darle un suave beso en la frente, intentando controlarse para no abalanzarse sobre ella, porque sabía lo inocente que era y no quería, bajo ningún concepto, asustarla.

— Sí, Luna, no sabes cuánto me apetece— sonrió apartándose y finalmente le tendió la mano — ¿Quieres que esta noche me vaya a dormir contigo a la sala de los Menesteres?

Ella lo miró dulcemente y le cogió la mano, dispuesta a marcharse al Gran Comedor, porque había empezado a oscurecer y la hora de la cena se acercaba.

— Vale, así me contarás cómo te ha ido el entrenamiento— le dijo, deseando pasar más rato con él, sabiendo que al menos las noches seguirían siendo para ellos en la sala de los Menesteres. Era consciente de que le había prometido a Harry que no contaría a Theodore lo de las reuniones del Grupo Contra los Tarados del Ministerio de Magia pero supo que él no diría nada.

Y sin más, se fueron de allí y dejaron a sus amigos completamente solos.


No obstante, dentro del vestuario, la situación seguía siendo tensa e incómoda.

— Bien, Blaise, encárgate tú de Weasley. Yo le pondré el castigo a Granger— comentó Draco y Zabini asintió encantado porque él quería hacerse cargo a toda costa de la pecosa y sabía que su amigo, obviamente, querría encargarse de la sangre sucia. Por algo se habían odiado durante tantos años. Aunque aún no entendía cómo Draco había podido aceptar la invitación de sus padres en Nochebuena, pero sentía que ya ni siquiera tenía importancia en ese momento, que aquello había quedado en el pasado.

Lo que importaba ahora para Blaise es que tenía la oportunidad de joder a Weasley. Otra vez. Y no la iba a dejar pasar, por mucho que se hubiera obligado a sí mismo a ignorarla ahora que había vuelto con Daphne.

— Weasley, ven conmigo. Tengo un trabajito para ti— le espetó y cuando Ginny vio el brillo en su mirada se estremeció. Era la misma mirada de la noche en la que tuvo que tocarle el basilisco. Por un momento estuvo apunto de marcharse, pero luego lo pensó, porque sabía que si Zabini daba el chivatazo, no sólo se arriesgaba a que la expulsaran, sino que todo el mundo se enteraría de que había estado escondida en el vestuario de los alumnos de Slytherin como una pervertida, y aquello evidentemente llegaría a oídos de toda su familia, incluidos sus padres, así que se mordió la lengua con ira y lo siguió en dirección a las duchas.

Draco se sentó en el banquillo junto a Hermione, que en ese momento estaba mucho más preocupada por Ginny que por sí misma, porque sabía que Zabini era un desgraciado y se dijo que tenía que estar atenta por si escuchaba algún grito y así poder ir a ayudarla. El único inconveniente era que tanto Ginny como Zabini se habían encerrado en la parte de las duchas, desde los banquillos donde ella estaba sentada no se podía ver lo que estaban haciendo y apenas se escuchaba algún tipo de ruido, así que se forzó a inspirar para calmarse.

De pronto, notó que Malfoy le pasaba los dedos por la clavícula y le desabrochaba uno de los primeros botones de su camisa empapada. A pesar de que hacía frío, ella seguía ardiendo pero lo miró y vio que él estaba muy serio.

— ¿Te das cuenta de lo que has hecho? — susurró molesta— Zabini puede hacerle algo malo a Ginny.

Draco se apartó de ella y se levantó del banquillo.

— A Blaise no le interesa Weasley. Además, ha vuelto con Daphne, así que no creo que sobrepase el límite— luego se quedó en silencio— Y si lo he hecho, ha sido porque sabía que era la única manera de que se olvidase de ti y no avisara a ningún profesor, pero dejando eso a un lado... tú te has atrevido a venir aquí, a espiarme mientras me duchaba, así que... en vez de pensar en Weasley, deberías estar preocupada por ti, Granger.

Hermione apoyó las palmas de las manos en el banquillo y lo miró desafiante.

— No me das miedo, Malfoy— dijo con un leve temblor en la voz, siendo consciente de que tenía todo el derecho del mundo a estar enfadado con ella. Sin embargo, sabía lo retorcida que tenía la mente, que era un pervertido y eso era algo que la perturbaba.

Draco se mantuvo en silencio. A pesar de que tenía muy claro lo que quería pedirle, quiso tomarle el pelo.

— Ven conmigo— le dijo muy serio. Hermione se levantó y cuando vio que él se acercaba a otro banquillo un poco más grande y se tumbaba bocabajo usando una toalla a modo de almohada, se acercó — Súbete encima y dame un masaje.

Hermione entornó los ojos pero le hizo caso, porque se dio cuenta de que no era para tanto, que podía haberle pedido algo más embarazoso. De hecho, le sorprendió que fuese un masaje. Al ver que Malfoy la miraba de soslayo entrecerrando los ojos, bufó y se sentó a horcajadas encima de su trasero.

— ¿Sabes, Granger?— musitó con voz aterciopelada— El entrenamiento de hoy ha sido una mierda y tengo los hombros destrozados, así que espero que lo hagas bien.

Hermione lo fulminó con la mirada pero no dijo nada porque en realidad, la idea del masaje no le desagradaba. De hecho, le apetecía acariciar su piel. Sentía frío por culpa de tener todo el cuerpo mojado así que se recogió el pelo, estrujó un poco su camisa dejando que el agua cayese al suelo y se remangó.

— Estoy esperando, Granger— le instó Malfoy sin abrir los ojos, impaciente.

Hermione, en silencio y de mala gana, se inclinó un poco, deslizando las manos por sus hombros y se los masajeó delicadamente. Draco se estremeció al notar lo suave que era su contacto.

— Oye…— su voz sonó muy ronca— Acércate.

Hermione se inclinó un poco más y le pegó la camisa húmeda a la espalda.

— Qué quieres— le susurró, provocando que él sintiera un escalofrío.

— Baja un poco las manos— le exigió— No sólo me duelen los hombros. Tengo toda la espalda resentida.

Hermione puso los ojos en blanco porque lo conocía y sabía muy bien que quería aprovecharse de la situación, pero no le importó. Estaba viéndolo medio desnudo y tocándolo, algo que en realidad le gustaba, así que continuó bajando las manos y las deslizó por toda su espalda hasta llegar a sus lumbares.

— No te muevas de ahí— dijo él con un hilo de voz, ansioso porque bajase más.

Hermione continuó masajeándole las lumbares y deslizó las manos por sus costados, notando que, apesar de que Malfoy fuera delgado, estaba definido, y ella no podía dejar de contemplar su cuerpo, casi sin parpadear. Acalorada, volvió a acercar las manos a sus lumbares pero de pronto, las palabras de él la sacaron de su ensimismamiento.

— Granger, quítame la toalla y sigue bajando.

Hermione retiró las manos y se ruborizó.

— ¡Pero qué dices! ¡Ni hablar! — exclamó apartándose de él rápidamente y se levantó.

Draco, con un semblante taciturno, se incorporó y se acercó a ella hasta acorralarla contra las taquillas.

— Vaya, vaya, qué desobediente— le susurró al oído. Luego alzó la mano y le arrebató la gomilla del pelo para dejárselo suelto— muy bien, entonces quiero que esta noche vengas a mi habitación.

Hermione lo miró extrañada.

— ¿Cómo? ¿No se supone que el masaje...era lo que querías?

Draco enarcó una ceja.

— Te he dicho que el entrenamiento de hoy había sido una mierda y que necesitaba un buen masaje. ¿En serio creías que esa era la compensación por haber venido aquí con la comadreja y Lovegood a espiarme mientras me duchaba? Siento desilusionarte, Granger, pero no. Sabes lo que hubiera pasado si hubiera sido al revés, si yo hubiera ido a invadir tu intimidad con Blaise y Theodore. No me lo hubieras perdonado.

A Hermione se le encogió el estómago, porque sí. Se arrepentía de haberlo hecho, había sido una egoísta, una irresponsable, pero ahora empezaba a preguntarse si el motivo por el que Malfoy le había pedido que fuera a su habitación esa noche sería para acostarse con ella. Tuvo que sacudir la cabeza para no pensar en ello. Draco, en cambio, se apartó, se quitó la toalla descaradamente y la dejó caer al suelo. Hermione se quedó inmóvil y ahogó un gemido al verle paseándose completamente desnudo delante de ella pero Draco, como si nada, se acercó a su taquilla, sacó sus calzoncillos, se los puso muy lentamente con la intención de incitarla y esbozó una sonrisa ladeada.

— Sinceramente, me importa bien poco que me veas desnudo. Ya sabes que no va a ser la única vez.

Pero Hermione no respondió, se mantuvo inmóvil, viendo como él se ponía el uniforme y se dirigía a la salida del vestuario.

— Ven a mi habitación sobre la una de la madrugada— le dijo mirándola de soslayo una última vez— A esa hora no habrá nadie en la sala común. Ya veré como me deshago de los demás.

Hermione asintió en silencio y se quedó sola. El sonido del agua cayendo en las duchas la devolvió a la realidad y deseó que Ginny no estuviera sufriendo. Se mantuvo unos minutos esperándola, pero como no escuchó nada fuera de lo común, muy a su pesar, decidió marcharse, porque se dio cuenta de que si no se cambiaba de ropa, acabaría cogiendo un resfriado. Algo insegura, cogió la capa, miró una vez más hacia las duchas con desconfianza y finalmente salió de allí apresuradamente, odiándose a sí misma por dejar plantada a Ginny y preguntándose para qué querría Malfoy que fuera a su habitación esa noche.


Por otra parte, Blaise había preparado todas sus cosas, había metido a Ginny en la ducha, había cogido una esponja y una pastilla de jabón y se la había tendido a ella en la mano.

— Ya puedes lavarme— le dijo, deseando terminar cuanto antes para irse con Daphne. Ni siquiera se había duchado aún por todo lo sucedido, así que decidió aprovechar para que Weasley lo hiciera por él.

Ginny permaneció con la esponja en la mano, bajo la ducha, completamente empapada, de brazos cruzados.

— No me da la gana— le espetó pero cuando vio que Zabini se quitaba la toalla y la arrojaba al suelo, se quedó muda.

''Ginny respira, no mires el basilisco, no lo mires. Fija tu atención en cualquier cosa menos en eso''

— Weasley, estoy cansado y harto de discutir. Lávame ahora mismo. No hagas que te lo pida por las malas— escupió con desprecio, aunque debía admitir que aunque se sintiera enfadado y molesto con ella, estaba empezando a disfrutar con aquello. Algo así no le había sucedido nunca y pensaba aprovecharse de la situación hasta el final.

Ginny le arrebató la esponja, la frotó con fuerza contra el jabón y empezó a pasársela por la espalda bruscamente, odiándole con todo su ser.

— Más te vale ir con cuidado— la amenazó él al ver que le pasaba violentamente la esponja por los hombros.

Ginny bufó y comenzó a frotar más despacio, haciendo movimientos circulares de una forma lenta y suave pero justo ahí, cuando estaba distraída, mirando a todas partes con tal de evadirse, se percató de que tenía el uniforme tan empapado que se le transparentaba el sujetador. Apretó los labios y rezó porque él no se diese la vuelta y la mirase.

Blaise, al notar que sólo se limitaba a lavarle la espalda y los brazos, quiso intimidarla aún más.

— ¿Qué pasa, pecosa? ¿Tú sólo te lavas a medias? Ya puedes frotarme el culo— le dijo y aprovechando que ella no podía verle la cara, se rio con malicia.

Sin embargo, Ginny, al límite, apretó los puños haciendo que saliera un montón de espuma de la esponja y deseó asesinarle por ser un maldito cabronazo. No tuvo más remedio que mirar su trasero y se vio forzada a tragar saliva y a tomar aire antes de atreverse a ponerle las manos encima, porque aquello era una de las cosas más vergonzosas y humillantes que había tenido que hacer en toda su vida.

Sin embargo, todos sus pensamientos desaparecieron cuando se fijó com detenimiento en su culo, porque era...

'' ¡Ginny joder, cálmate que sólo es un culo. Imagínate que es otra cosa, o no lo mires, simplemente! ''

Pero Ginny, a pesar de todo, era una morbosa y no pudo apartar la vista. Desesperada, sintió como la cara le quemaba repentinamente, notó un intenso palpitar ahí abajo que la dejó desconcertada y se detestó a sí misma con todas sus fuerzas al ser consciente de que estaba empezándose a excitarse, sólo con observarle.

— ¿Weasley? — inquirió Blaise impaciente, al notar que ella no continuaba— Sé que tengo buen culo, tan bueno como para que te tires media hora observándolo, pero tengo prisa. Daphne está esperándome y por si no lo sabes, me la voy a follar.

Ginny alzó la mano furiosa y pegó un tortazo con todas sus fuerzas a aquel culo prieto y musculoso, pero lo único que consiguió fue hacerse daño a sí misma. Blaise ni se inmutó.

— ¿Daphne? ¡¿Daphne?!— chilló indignada. Hacía un rato que había sobrepasado el límite de lo que podía soportar— ¡Qué diría ella si te viese ahora mismo obligándome a lavarte! ¡Te mandaría a la mierda!

Blaise se giró, la agarró del brazo y la empujó violentamente contra las baldosas de la pared de la ducha, pero Ginny continuó metiendo el dedo en la llaga, sin tenerle miedo en absoluto.

— Sí, creo que ahora en la cena voy a hablar con ella y voy a contárselo todo. Qué pena me das, Blaise— ironizó. Él se quedó sin aliento al escuchar su nombre saliendo de los labios de ella, como aquella noche en el Londres muggle— pero hoy me parece que vas a tener que dormir solito.

— ¡Cállate, desgraciada! — gruñó apretándola fuertemente por los brazos. Ginny lo observó de arriba abajo, se fijó en el basilisco y tuvo que ahogar una carcajada al ver que Zabini estaba cachondo, que la Blaisiconda lo delataba, aunque él se negara aceptarlo.

Blaise se maldijo a sí mismo por excitarse por culpa de ella, pero era consciente de que cada vez que la escuchaba pronunciando su nombre de esa forma tan provocativa, se ponía cachondo, por mucho que quisiera controlarse.

Y en ese momento lo estaba… y mucho.

— Si Daphne te viera ahora mismo… — se rio con ironía Ginny, mirándole desafiante a los ojos. Él cada vez estaba más cerca.

— Cierra la boca, Weasley. Ciérrala, si no quieres…

— ¿Si no quiero qué, imbécil? Suéltame ahora mismo— le ordenó al ver que se pegaba mucho a ella, pero Blaise estaba harto. Estaba cansado de ella, del escándalo que estaba montando y sabía que tenía que callarla como fuese— Zabini, ¡que me sueltes!

Pero Blaise no la escuchó. Su instinto era apoderarse de lo que deseaba y en ese momento deseaba su boca, así que se aproximó a sus labios y los devoró, dejándola paralizada, inmóvil y en silencio, que era lo que él quería, diciéndose a sí mismo que qué mierda importaba si se enrollaba con ella un rato. Estaba cachondo, la tenía dura y eso era prioritario. Al ver que ella continuaba forcejeando violentamente hizo más presión en su boca, deseando que cediese de una vez.

Ginny, en cambio, se odió a sí misma por no ser capaz de pegarle un rodillazo en los huevos y largarse. Porque en realidad podía hacerlo. Levantar un poco la pierna y golpearle sería suficiente como para deshacerse de él.

Pero no lo hizo. Y por mucho que le jodiera admitirlo, no lo hizo, porque no quiso.

Al ver que él continuaba insistiendo y gruñía para que cediese, dejó su orgullo a un lado y entreabrió los labios, abandonándose al beso. Notaba la lengua de él recorriendo su boca, empujando hacia delante y hacia atrás agresivamente, con deseo, con furia, mientras deslizaba las manos por su uniforme empapado, tocándole por todas partes. Blaise acercó las manos a su camisa y sin miramientos pegó un tirón, rasgándola y dejando a la vista su sujetador negro. Todos los botones cayeron y chocaron contra los azulejos. Luego acercó los labios a su cuello succionándole la zona sensible muy despacio, le arrebató la esponja, se la metió por debajo del sujetador y le enjabonó los pechos.

— ¿E-eres consciente de lo que estás haciendo?— a Ginny le tembló la voz en ese momento pero no fue por miedo, sino por excitación.

— Ahora mismo no soy consciente de nada, Weasley pero no voy a parar— musitó pasando la punta de la lengua por la columna de su cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja. Dejó caer la esponja al suelo, le metió las manos directamente por debajo del sujetador para tocarle los pechos y los apretó, haciendo que ella gimiese al notar su contacto.

Ginny sintió el dolor de sus endurecidos pezones bajo el tejido de su sujetador y quiso sisear de furia. No fue capaz de decirle — Para — Su parte racional le dijo a gritos que lo hiciese pero ella la ignoró, porque en el fondo, quiso que él siguiera tocándola, magreándola de arriba abajo hasta hartarse. Su respiración se había vuelto tan jadeante como la de él y todos los músculos del cuerpo de Zabini estaban tensos como un resorte a punto de romperse. A él le ardía tanto la piel que la adrenalina bombeaba a través de sus venas. La cólera siempre lo empeoraba y hacía que el calor se propagara por todo su cuerpo, incendiándolo, pero esa vez era diferente. Sentía que había perdido totalmente el control, que ya no era responsable de sus acciones.

Inconscientemente, apartó una mano de su pecho y comenzó a deslizarla por su espalda hasta llegar a su falda.

La odiaba, la detestaba, la maldecía, pero bajo todo eso, había algo que no dejaba de repetirse en su mente. Algo que predominaba por encima de su odio hacia ella.

Follar. Follar con ella. En la ducha.

Mientras le succionaba el cuello con fuerza, metió la mano por debajo de sus bragas, dejó que sus dedos viajaran suavemente por una de las mejillas de sus nalgas y justo ahí, Blaise se quedó sin palabras al notar lo suave, caliente y prieto que tenía el culo.

Joder.

Apartó la mano de sus bragas y la deslizó por su muslo hasta su ingle, deseando comprobar, deseando tocar su sexo.

Porque necesitaba hacerlo.

— Zabini— jadeó Ginny al notar que le bajaba poco a poco las bragas— Zabini no— le dijo siendo consciente de que estaría condenada si cedía.

Pero Blaise no la escuchó, gimió contra su cuello al meter la mano en sus bragas, acarició su entrada caliente y palpitante y pudo apreciar que estaba jodidamente húmeda.

— Joder, Weasley. Estás muy excitada— murmuró casi para sí mismo.

Ginny no fue capaz de responderle. Tenía los ojos cerrados y su respiración era cada vez más jadeante. Blaise hundió su dedo muy despacio, empujando insistentemente dentro de ella y Ginny gimió al sentir su áspera yema a lo largo de las estrechas paredes sensibles de su sexo. El dedo de Blaise se enterró en ella, haciendo que se retorciese de placer contra los fríos azulejos de la ducha y es que Ginny jamás había sentido nada parecido. El tacto de las ardientes manos de Zabini y el agua caliente cayendo sobre ellos hacía que le costase respirar. Las sensaciones que estaba experimentando eran muy intensas pero no podía, o más bien, no debía dejarse llevar.

— No, Zabini— gimoteó— No puedo.

Blaise se quedó muy quieto al escuchar su negativa. Dejó su dedo dentro de ella, su otra mano en su pecho y la miró a los ojos.

— ¿Cómo mierda puedes decir eso ahora?— susurró acercándose a su oído— Estás cachonda. Sé que lo estás. Esto lo demuestra— en ese momento frotó su mano sobre su sexo mojado y movió su dedo dentro de ella— Y quieres. Lo sabes.

Ginny se estremeció y él gruñó mientras le mordía el lóbulo de la oreja pero ella no podía dejar que Zabini continuase tocándola de esa manera si no quería que sus instintos se descontrolasen por completo. Además, un nombre le venía a la mente una y otra vez. Daphne.

Daphne.

Daphne Greengrass.

De pronto, Blaise notó que ella le daba un brusco empujón y lo apartaba, y se preguntó qué le pasaba, sin embargo, cuando la miró, vio que apenas podía respirar. Estaba empapada, el pelo se le había oscurecido por el agua y las pecas se le distinguían claramente de lo roja que estaba. Ginny, jadeando, lo esquivó y salió corriendo de la ducha porque la necesidad de escapar latía en sus venas, golpeando su corazón, porque no podía seguir allí, porque sabía lo que iba a pasar si se quedaba por más tiempo y no podía permitirse perder su virginidad con un tío que era un desgraciado, que después pasaría ella y que encima, estaba saliendo con otra.

— ¡Weasley! ¡Vuelve aquí ahora mismo!— gritó furioso al ver que se marchaba. Estresado y notando la molesta erección que tenía entre las piernas, se enrolló rápidamente la toalla a la cintura y salió de la ducha, pero ella ya no estaba. Había desaparecido— ¡Hija de puta!

Sentía la respiración acelerada y tuvo que sentarse un momento en uno de los banquillos de fuera para tranquilizarse. Durante unos minutos, permaneció en silencio, maldiciéndola por haberlo calentado, por haberse largado y por haberle dejado empalmado. Y también se maldijo a sí mismo por haber sido lo suficientemente gilipollas como para volver a caer de nuevo, pero aún así, se dijo que debía pensar en Daphne, que había quedado con ella, que iría a buscarla y se la follaría.

Que tenía que olvidarse de una puñetera de vez de Weasley.

Ginny por su parte, como pudo, se cubrió el sujetador con la camisa del uniforme pero al ver que no quedaba ni un sólo botón, tuvo que ir apresuradamente a su dormitorio para cambiarse, porque no llevaba la varita consigo. Cuando llegó al dormitorio suspiró con alivio al ver que para su suerte no había nadie. Ya era la hora de cenar y había oscurecido por completo así que dedujo que todos habrían ido al Gran Comedor, pero ella no pensaba bajar a comer, porque ni siquiera tenía hambre. Nerviosa, se quitó el uniforme empapado, entró en el cuarto de baño de la habitación para darse una ducha, se miró al espejo y palideció.

Tenía algo en el cuello.

— Oh, joder— dijo entre dientes. Agobiada, se llevó la mano a la zona y se frotó, intentando borrar la marca inútilmente.

No podía asimilarlo. Un puto chupetón.

Un puto chupetón de Zabini.

Intentó calmarse. Se paseó de un lado al otro del baño con estrés, pensando una solución hasta que cayó en la cuenta de que podía usar el maquillaje de Lavender, que sin duda era una buena opción.

'' Ginny por Dios, cálmate. Tranquilízate''

Con ansiedad, arrojó la camisa al suelo, se acercó a la ducha y comenzó a desnudarse deseando eliminar el ardiente tacto de las manos de Zabini, que aún notaba persistentemente por todo su maldito cuerpo.

Y por su sexo.

Totalmente confundida, abrió la manivela y cerró la puerta del cuarto de baño, esperando que con una buena ducha, su turbación se aclarase un poco, diciéndose que ya pensaría más tarde en todo lo que había sucedido.


Después de la cena, Hermione volvió con preocupación a su dormitorio. Aún no había devuelto la capa de invisibilidad a la habitación de Harry aunque al menos, ya estaba seca, pero eso no era lo que más la inquietaba. Lo que más la había perturbado hasta el momento había sido que Ginny no hubiera aparecido por el Gran Comedor. Sin embargo, cuando Hermione entró a la habitación, se la encontró allí, durmiendo plácidamente en su cama, como si nada, y se relajó inmediatamente. Y es que había tenido una ansiedad constante en el pecho desde el momento en el que se había marchado de los vestuarios y la había dejado sola con Zabini. Sintiendo que se había quitado un peso de encima, observó el resto de la habitación y se fijó en los colchones que había por el suelo. Crabbe y Goyle roncaban profundamente dormidos, tumbados al lado de Parvati y Lavender. Miró su reloj y vio que era la una menos diez, así que retiró las sábanas muy despacio, se levantó de la cama, cogió la capa y abrió la puerta de la habitación rezando porque no hiciese ningún ruido.

Tuvo que inventarse una mentira muy grande para que la Dama Gorda la dejase salir pero al final dio resultado. Cuando iba caminando por los pasillos de las mazmorras, se asustó al ver que Snape pasaba por su lado pero por suerte llevaba la capa y no se dio cuenta. Snape tuvo una extraña sensación pero siguió hacia adelante. Hermione, mientras seguía caminando, notó una fuerte opresión en el pecho al recordar que durante la cena, Malfoy no le había quitado los ojos de encima, que parecía estar bastante enfadado.

Y no pudo evitar preguntarse si quizás con su incursión al vestuario de chicos de Slytherin, lo había estropeado todo ahora que por fin se llevaban mejor. Se arrepentía enormemente de la estupidez que había cometido y sabía que nunca tendría que haber ido a espiarle. Por si fuera poco, cada vez que había hablado con Harry durante la cena, Malfoy lo había mirado con los ojos entrecerrados y es que Hermione era consciente de que había pasado largo rato charlando con él, porque Harry le había comentado que quería que crease unos galeones falsos para el GCTMM y que utilizase encantamientos de protección sobre ellos para que, cuando hubiese una reunión en la sala de los Menesteres, los galeones mostrasen la hora y el día de dicha reunión y todos acudieran a ella.

Por otra parte, Harry y Ron no habían aparecido por el Gran Comedor usando los regalos de Malfoy y Hermione creyó que quizás aún no los habían visto. Iba pensando en todo lo sucedido cuando de repente, se dio cuenta de que estaba frente a la sala común de Slytherin.

Serpiente venenosa— murmuró y la puerta se abrió lentamente, dejándola pasar.

Aún recordaba la última vez que había estado allí con las chicas. Había sido mucho más fácil, pero ahora...estaba totalmente sola. Y aunque el miedo que la atenazaba le hacía querer retroceder y marcharse de allí cuanto antes, la curiosidad la obligó a continuar. Cuando cruzó el largo y oscuro pasillo y llegó a la sala común, vio que la chimenea seguía encendida, pero allí no había nadie.

El ambiente era tranquilo, silencioso.

Más relajada, se quitó la capa y la enrolló un poco. Respiró profundamente antes de continuar y se acercó a la puerta de la habitación de las serpientes. Malfoy le había dicho que se libraría de los demás, que no tenía de qué preocuparse, asi que muy despacio abrió la puerta y entró en el dormitorio. Todo estaba en penumbra y solamente se podía apreciar el tenue fulgor del agua del Lago Negro a través de la ventana. No había nadie en la habitación. Nadie a excepción de Draco Malfoy que permanecía sentado en un sillón esperando, esperándola a ella más bien.

— Llegas tarde, Granger— le espetó sin levantarse, manteniéndose en una postura arrogante.

Hermione cerró la puerta, dejó la capa en una silla y se aproximó a él. No sabía qué decirle al verle tan serio pero sintió la necesidad de romper el incómodo silencio de alguna forma.

— ¿Vamos a estar solos? — musitó muy nerviosa, con voz entrecortada.

— Sí, pero...

— ¿Pero qué? — dijo al cabo de un rato.

Draco suspiró de forma teatral.

— Que me has decepcionado— le dijo con un hilo de voz— Y ahora vas a recibir tu castigo.

Hermione supo que Malfoy tenía todo el derecho del mundo a estar enfadado por lo sucedido pero la inquietó por un momento que estuviera tan frío y distante.

— D-dime lo que sea, Malfoy, pero dímelo ya— tartamudeó cabizbaja.

Él no se movió y se limitó a mirarla intensamente de arriba abajo.

— No podrás quejarte ni negarte. Ni una sola vez— le dijo con voz ronca. Hermione se mantuvo en silencio esperando a que él continuase.

Y Draco, simplemente, esbozó una sonrisa ladeada. Después de todo, iba a ser una noche interesante.

— Desnúdate, Granger.


¡Uy qué calor hace! jajajaja ¿Qué tendrá pensado Malfoy? OMG.

En primer lugar, en el libro de la Orden del Fénix, Ginny era la que proponía el nombre del ejército de Dumbledore a Harry, pero en esta historia, (teniendo en cuenta que ella no ha ido a la reunión xD) han elegido el que propuso Fred Weasley jajajajaja y por otro lado, Hermione propuso lo de los galeones falsos, y también creo un contrato mágico, pero aquí, todo va a ser diferente. Veremos a ver por dónde sale esto...

Parece que Pansy y Astoria ya saben que Theo y Luna están juntos. Tengo miedo... ¿que planearán?

Ahora... ¿Qué caras pondrán Ron y Harry cuando vuelvan a la habitación y vean los regalos? Cuando Ron vea la carta de ''su admiradora secreta'', ¿surgirá el amor? xDDD ¿y se dará cuenta de que alguien ha estado en su cama?

Momento yoga... cada vez que me imagino a Crabbe y Goyle con unas mallas de color rosa, me muero de la risa jajajajaja en fin, hablando del vestuario de los chicos de Slytherin... Dios mío Ginny y Blaise... uff cada vez que se juntan estos dos! La pelirroja se ha echado atrás en el último momento, pero... es normal. Cada vez está más confusa, aunque creo que Blaise no se queda corto. Vuelve con Daphne pero cuando tiene a la pecosa delante pierde la cabeza xDDDD La cuestión es, ¿qué va a hacer Zabini? ¿Se acostará con Daphne o no?

¡Espero que os haya gustado el capítulo! Un beso muy grande, tyna fest :)

Va dedicado a: Hermy Evans Black, Melanie Lestrange, Emma Felton, Sam Wallflower, Isabel, Mireya Potter, Saori Haruno, LucyTheMarauder, MariielenaMalfoy, Lizzy, sirone aphrody, Jane Meyer, Tess21, Alesz, rosedrama, Vale Malfoy, Ishiro Shizuka, merylune, dreapls, Viridiana, BlueJoy, En Resumen soy un Heroe, mary moon cullen, Rosyr, CoposdeHielo, Morgana Argay Malfoy y Katie Parsel.