¡Hola chicas! Aquí vuelvo con el capítulo 20 del príncipe durmiente de las serpientes. A mí personalmente me gusta mucho este capítulo. Espero que a vosotras también :)
MUCHAS GRACIAS A:En Resumen soy un Heroe, Milymu, Romaaa, Leonor Snape, Morgana Argay Malfoy, Hermy Evans Black, RoseEmma25, yukkikitsune, Melanie Lestrange, Jackeline, Tess21, Connie1, Isabel, Viridiana, Caroone, Aurora Caelestis, Vale Malfoy, mila0628, The Ladycat69, alexistios orju, Guest1, Rosyr, Emma Felton, Sam Wallflower, LucyTheMarauder, Bianca Dramione, bride2685, rosedrama, Mei Fanel, ian, sirone aphrody, Gaby, natalie malfoy, Luladark, HikariGoth, crazzy76, minako marie, AliSnape77, Guest2, ZhirruUrie, CoposdeHielo, Jane Meyer, Shirmione Malfoy, Saori Haruno, BereLestrange, Lorena, Nina24-7, dreapls, Jean, Ishiro Shizuka, vampire obsesion y kionkichin.
Contestaciones a las no registradas:
Jackeline: Hola Jackeline! Te deseo suerte :D ahora verás si has acertado o no! Un besito :)
Tess21: Hola Tess :D Muchas gracias por felicitarme por aquí otra vez! jijijij aún no me he acostumbrado a los 23 xDDD no sabes como sufrí escribiendo la escena de la ducha! hahahahhaa tenía que parar cada cinco segundos para tomar aire porque me entraba la risa tonta XDDD Veremos a ver si has acertado la pregunta! Espero que te guste este capítulo guapa! a mí me encanta *-* Un besazo :D
Isabel: Holaaa Isabel! :D que bien que me agregaras a facebook! Cada vez que subo un capítulo, lo subo por allí :) Blaise es un vicioso, pero vamos... está llevando a Ginny por el mismo camino, porque para mí que la pelirroja estaba disfrutando en las duchas... y de lo lindo JAJAAJJA ahora verás lo que tiene pensado Draco! :P Espero que te guste este capítulo! Un besazo muy muy fuerte guapa :D
alexistios orju: Hola alexistios! :D Me hace mucha ilusión que te guste mi historia! Y aquí estoy de nuevo xD Espero que te guste el nuevo capítulo tanto como los demás! A mí me encanta :) Un besazo!
Guest 1: Hola Guest! Me alegra que te gustase el capítulo! Espero que este te guste tanto como los demás jijiji :D Un besito muy grande :)
Rosyr: Hola querida Rosyr! :D hahahaha a veces pongo respuestas muy surrealistas en la parte de abajo del capítulo (como la del yoga), pero como ves, toooodo puede pasar! jajajaja no si al final Crabbe y Goyle terminarán siendo super musculosos y tendrán una tableta de chocolate en el abdomen jajajaja ¿te imaginas? Destronan a Draco D: xDDDD hablando de la película... no sabes la primera escena del Gran Comedor... tuve que estar con los cinco sentidos para que no se me escapara ningún detalle porque quería conectar la historia lo máximo posible al libro, sólo que de forma diferente... porque si Ginny hubiese ido a la reunión el nombre hubiese sido ''El Ejército de Dumbledore'', luego por otra parte Seamus no va a la reunión (porque por esa época tanto él como su madre piensan que Harry y Dumbledore mienten), en fin un montón de detalles que no podía dejar pasar! y conforme vaya avanzando la trama... pff ya verás, locura XDD pero bueno, voy a hacer todo lo posible, aunque me vuelva loca! Efectivamente Luna estuvo muy pervertidilla en este capítulo, pero gracias a su plan, las chicas terminaron haciendo una visita al vestuario jijiji y los vieron desnudos! ahora lo malo es que Draco va a castigar a Hermione xDD veremos a ver que tiene planeado. (Ahora en breve lo averiguarás jijiji) Ya te dije que Blaise tenía un serio trastorno bipolar, porque está más '' pacá que pallá''. No tiene ni idea de lo que quiere y según como le dé, hace una cosa u otra! Con él nuuuunca se sabe D: yo sólo espero que se olvide de una maldita vez de Daphne y se dé cuenta de que le gusta Ginny, porque no veas si es terco D: por cierto, ya te busqué yo por face y te mandé la petición! Cuando te metas ya la verás :) jijiji es evidente que Dumbledore se va a poner unas mallas rosas, se va a recoger la barba y con un poco de suerte, se ponga la faja térmica XDDD y obviamente Minerva se va a apuntar con él a clases de yoga! jajajaja ¿te imaginas? Sería super bizarro! pero bueno, después de verlo de vagabundo (con la barba llena de kebab y basura xDDD), puede pasar cualquier cosa jajajajaja y a Ron volverán a lanzarle el hechizo Calvario y el Locomotor Wibbly para que le bailen las piernas al ritmo de las mandrágoras jajajajjaja algún día creo que haré un mini fic, de género parody con todas estas locuras que hablamos (entre ellas lo de Neville Cruella Devil jajajaj rima y todo xDDD y Luna como termineitor), en fin, espero que te guste este nuevo capítulo y no te traumatice mucho... xDD ya verás! A mí me encanta :) Un besazo muyy grande guapaaaa! :D
Emma Felton: Hola querida Emma! :D Me imagino que Iris te enseñaría el nuevo dibujo! jijiji que gracia me hizo esa parte del fic! Cada vez que recuerdo la parte del cine me muero de la risa! (sobre todo por Jane) jajajajajja Me alegra mucho que todo te haya salido bien! por supuesto que me hubiese apuntado a una visita al vestuario de Slytherin jajajajaj (aunque me hubiese asegurado de tener cuidado para que no me pillaran y así estar más rato espiándolos) JAJAJAJAJA pero si Draco me pillara, tampoco me importaría mucho... quiero que me castigue! XDDD Theo y Luna son super cucos... y ya verás... muajajajaja! no digo nada! XD sé que Blaise es un poquiiito bastante insoportable. *tyna lo sabe y le dan ganas de pegarle una ostia para que entre en razón* pero bueno, si no, no sería Blaise! hahahaha yo espero que se olvide de una vez de Daphne, porque lleva ya 19 capítulos queriendo tener sexo con ella... D: veremos a ver! Lo importante es que se dé cuenta de una vez que le gusta Ginny, pero es tan terco que no sé yo... jajajaja ya sabes que en otra vida fui la hija de Voldemort, jijiji pero bueno! Ahora sabrás que es lo que pretende nuestro rubio :P ¿Será un castigo bueno? ¿O será malo malísimo? muajajajajaja :P bueno, Draco ha sido super mono, pero él sigue teniendo su lado malote, (que por cierto a mí me encanta), y ahora va a poner a Hermione en su sitio. ¿Qué pasará? jijijiji Ahh y muchas gracias por felicitarmee! :D y de nada por lo que le mandé a Iris (lo que tu ya sabes hahahaha). Te dejo con el siguiente capítulo! :) A ver que te parece! A mí me encanta... es... no sé... *-* ya verás! Un besazo muy grande guapísimaaa! :D
Bianca Dramione: Hola Bianca! Me hizo mucha ilusión ver tu review! Me alegra que te gustase el capítulo! Desde luego Luna es tremenda! Si no hubiera propuesto lo del vestuario, las chicas no hubiesen ido y no los hubieran visto desnudos! jijiji veremos a ver cuál es el castigo que Draco va a ponerle a Hermione! Ahora lo verás :P Un besazo muy grande guapa :D Espero que te guste este capítulo!
Mei Fanel: O_O no sé que ha pasado pero sólo ha aparecido el O...O jajajajjajajaa no sé si es porque te impactó el capítulo y te quedaste sin palabras o porque el review se cortó! jajajajaja bueno, espero que te guste este nuevo cap! A mí me encanta *-* Un besito! :D
ian: Hola ian! sí, ahora estoy disfrutando de las vacaciones! :D Menos mal que ya he terminado, aunque bueno... en octubre vuelta a empezar porque aún me queda el proyecto final! Pero al menos la carrera ya la he terminado :D Me alegra que te gustase el cap! Fue muy hot, y ya verás... escenas subidas de tono puede haber en cualquier momento jijiji :P Espero que te guste mucho este cap! Un besazo guapa :)
Gaby: Hola Gaby! Muchas gracias :D Lo pasé muy bien, aunque luego estuve con gastroenteritis pero bueno, jajajaj ya me he curado! Menudas Luna, Ginny y Hermione. A quién se le ocurre ir al vestuario de los chicos de Slytherin! A ellas jajajajjaa aunque si no hubiesen ido no los hubiesen visto desnudos y no las hubieran castigado. (Que bueno es Theo que él a su Luna no le hace nada *-* me encanta). Veremos a ver qué pasa ahora y cuál es el castigo que Draco le va a poner a Hermione. Te dejo con el capítulo que tengo muchísimas ganas de que lo leas! Un besazo muy grande guapa :D
natalie malfoy: Hola natalie! :D Por fin has terminado! Espero que te haya ido bien :D Blaise y Ginny son mi pareja favorita después del Dramione y me encanta que se estén peleando constantemente. Ese tira y afloja... que aunque se odian luego se meten mano porque en el fondo la atracción es muy fuerte :P Esperemos que Blaise ceda un poco, pero es que si no... no sería Blaise muajajaja! ¿Se acostará con Daphne? ¿Pensará en la pecosa? Ahora se verá! por cierto lo del nombre del GCTMM, lo puse porque ya te dije que los gemelos iban a salir mucho en este fic, y si no ya irás viendo ;) jijiji y a mí también me encantan! (todavía recuerdo cuando me dijiste lo del slash JAJAJAJAJAJA, de momento). Creo que este capítulo te va a gustar! O eso espero :B Un besito muy grande guapa :D
Guest 2: Hola Guest! :D Me alegra que te guste mi fic. Me gusta cuidar mucho la ortografía porque soy un poco maniática con las faltas jajajajaajajjaa cada vez que veo una me duelen los ojos, no puedo evitarlo XDDD ¡Espero que te guste mucho este capítulo! A mí la verdad es que me encanta ^^ Un besazo muy grande! :)
Lorena: Hola Lorena! jajajaja me alegra que te gustase el cap! Yo me lo pasé pipa escribiendo la escena de la ducha, aunque... me dio mucha vergüenza. Me ponía muy nerviosa y tenía que parar porque no dejaba de reírme jajajajaja a mí Pansy y Astoria me tienen preocupada :S pero espero que no pase nada grave... espero... ahora verás en este capítulo :) Zabini es imbécil, pero bueno... si no perdería su encanto! hahahahaa Yo creo que poco a poco irá cediendo! jajajaja Encima que ahora Ginny lo ha dejado con las ganas otra vez... no sé que hará con Daphne. Espero que te guste este nuevo capítulo! Un besazo muy grande guapaaa :)
Jean: Hola Jean! Me alegra que te guste mi historia :D No tengo fecha fija para actualizar. Dependiendo del tiempo del que disponga y de la extensión del capítulo, tardo menos o un poco más, pero en cuanto está listo, actualizo! :) Espero que te guste este nuevo cap! Un besazo muy grandee :D
y ahora... coged un cojín(para enterrar la cara en momentos críticos), hielo (es bueno refrescarse de vez en cuando) y pañuelos (por lo que pueda pasar...)
Os dejo con la lectura ;)
''I would die for your heaven
I could lie here forever
Every night we're together
If you'd like, I'll do whatever''
-Heaven-The Neighbourhood-
-De amargo a dulce- Editado
Ron volvía con Harry a su dormitorio después de la cena, hablando de todo lo sucedido a lo largo del día. Habían conseguido que muchos se apuntaran al ''Grupo Contra los Tarados del Ministerio de Magia''. Muchos más de los que ellos hubiesen imaginado, y aunque Ron todavía seguía un poco molesto con Hermione, estaba más relajado, más que nada porque sabía que ella había hablado con Harry, y ahora empezaba a sospechar que tarde o temprano se acercaría a él y le pediría perdón por la bofetada que le había dado, y es que Ron sentía que no había sido el culpable y el causante de la pelea, sino Hermione por haber estado quedando con un chico a escondidas y haberlos dejado a ellos al margen. Cuando llegó a la habitación, más animado y abrió la puerta, Neville ya estaba allí. Dean y Seamus, por otra parte, aún no habían vuelto del Gran Comedor.
— ¡Harry! ¡Ron!— exclamó Neville, muy emocionado. Ellos se miraron, sin saber qué ocurría— Alguien ha entrado en la habitación.
Ron se quedó lívido al escucharlo, preguntándose si acaso aquello era motivo de celebración.
—¡Y cómo puedes estar tan contento! ¡Vamos a avisar a Dumbledore!— espetó dispuesto a salir del dormitorio pero Harry lo retuvo.
— Espera, Ron.
El pelirrojo se giró sobre sus talones y vio algo que lo dejó desconcertado. Un montón de ropa nueva sobre su baúl. Con mucha curiosidad y algo más tranquilo, se acercó para echarle un vistazo, preguntándose de dónde habría salido todo aquello, porque era evidente que no pertenecía a ninguno de sus compañeros de habitación ni a Harry. También pudo apreciar por el tejido y la calidad, que la ropa parecía bastante cara.
— ¿Burberry? ¿Qué es esto? ¿Lacoste? — confuso, cogió la ropa y fue dejándola sobre la cama, dudando por un instante si eran regalos a pesar de que las navidades ya hubieran terminado. Además, ese año en concreto, su madre ya le había dado un jersey y un gorro de lana.
Harry, en cambio, creyó que lo mejor sería salir de dudas.
— Neville, ¿sabes quién ha entrado en la habitación?
Él se quedó en silencio.
— No. No lo sé, pero antes cuando volví, vi esto— le dijo, tendiéndole una carta— Estaba en la almohada de Ron.
Ron se enrojeció de pronto. ¿Una carta? ¿Y ropa nueva? Tuvo claro en seguida que alguien le había mandado esos regalos.
— No la habrás leído, ¿verdad?— le espetó arrebatándosela. Neville negó un par de veces con la cabeza y se acercó al escritorio.
— También está esto— comentó soltando una risita pero Ron se puso pálido al ver una caja con la imagen de una mujer con el pelo rubio platino. Se preguntó por un momento qué sería y por qué le habrían regalado algo así, pero finalmente sacudió la cabeza y ansioso, desdobló la carta.
— Será mejor que la lea.
Harry y Neville asintieron en silencio y se fueron a sus respectivas camas un rato, dejándole espacio. Ron, con los nervios a flor de piel, se sentó en el escritorio y comenzó a leer la carta, deseando averiguar quién le había mandado aquellas cosas tan raras. Por un momento pensó que quizás se trataba de una broma, que estarían riéndose de él, pero al volver a clavar la vista en la ropa se dijo a sí mismo que era imposible, que aquello era demasiado costoso como para tratarse de un engaño.
''Querido pelirrojo...no sé por qué te escribo estas líneas, ni tampoco sé si llegarás a leerlas...
Harry se sentó en su cama, esperando a que su amigo terminase de leer pero se distrajo al ver que, en su mesita de noche, había unas gafas nuevas y una nota. Abrió mucho los ojos, sorprendido y dio por hecho que los regalos habían sido de Molly para los dos, pero en seguida lo descartó porque para empezar, no tenía sentido que la madre de Ron le comprase un tinte a su hijo para que se tiñera de rubio. Era absurdo.
Aún así, con bastante curiosidad, abrió la nota y la leyó para sí mismo.
'' Harry, espero que te gusten las gafas nuevas. Considéralas un regalo''
Sin dudarlo, las cogió y les echó un vistazo, viendo que eran mucho más modernas que las suyas, que pesaban poco y que los cristales no tenían forma circular y eran más finos.
— ¿Dolce & Gabbana? — murmuró sin salir de su asombro. Se dio cuenta de que Neville se había sentado a su lado para cotillear, se rio y decidió probárselas. Curiosamente cuando lo hizo, notó que eran cómodas y que veía bastante bien con ellas. Justo ahí recordó a Hermione y creyó que todo era suyo para hacerles entender que no los había dejado de lado pero luego se percató de que la letra tampoco era de ella y entornó los ojos con recelo.
Neville y él no dejaban de mirar la nota y las gafas extrañados, haciéndose preguntas que no tenían respuesta hasta que la voz de Ron los devolvió a la realidad.
— ¡Pero qué es esto!— exclamó estupefacto retirando la silla del escritorio rápidamente. Se levantó, se acercó a la cama de Harry y se sentó junto a ellos.
Harry no supo descifrar la expresión de su rostro, pero parecía alterado y tenía las mejillas del mismo color de su pelo.
— ¿Qué pasa, Ron?
— Una chica ha entrado en la habitación. ¡Es la que lo ha comprado todo!
Neville se quedó boquiabierto.
— ¿Qué? ¿Quién ha sido?
— Ese es el problema. Que es una carta anónima— dijo Ron, desesperado y es que la curiosidad lo estaba matando. Que tuviera una admiradora secreta de buenas a primeras le resultaba sospechoso, pero tampoco creyó que fuese mentira, porque si no, no se hubiese gastado tanto dinero— Será mejor que la leáis. ¡Por Merlín, Harry! Quiere que me tiña de rubio. ¡Esa tía está loca!
Neville y Harry abrieron mucho los ojos, cogieron la carta con mucha incertidumbre, comenzaron a leerla y cuando por fin la terminaron, estallaron en carcajadas.
— Ron, tranquilízate. Es obvio que tu admiradora, sea quien sea, está un poco obsesionada contigo. Aunque... no entiendo por qué me ha regalado las gafas a mí, pero bueno…
— ¡Está claro!— exclamó Ron exasperado— Quiere caerte bien para acercarse más a mí. ¡Seguro que es una loca!
A Neville se le escapó una risa a pesar de que intentó ponerse serio en un principio.
— A lo mejor le gustas de verdad. No sé, parece que sus sentimientos son sinceros… además, la ropa es genial.
Ron se quedó callado durante un momento y se levantó de la cama. No se había replanteado que le gustase en serio a esa chica y se preguntó si sería guapa. Aunque luego se dio cuenta de que también estaba la posibilidad de que fuese un adefesio.
— Ron, Neville tiene razón. Creo que la ropa te quedará bien. Y si ves que alguna chica te mira de una forma extraña, sabrás si es ella o no.
Él se rascó el pelo dubitativo sin saber qué hacer, siendo consciente de que el hecho de ponerse la ropa no era mala idea porque nunca había tenido la oportunidad de vestirse con algo tan lujoso.
— ¿Por qué no te la pruebas? Así veremos si te queda bien o no— sugirió Neville. Harry estuvo de acuerdo y es que tenía unas ganas casi incontenibles de ver a su amigo con un estilo totalmente distinto al que solía llevar normalmente.
Ron se lo pensó un poco pero al final cedió de malagana.
— Está bien…— resopló— pero no pienso teñirme el pelo de rubio.
Neville y Harry se miraron con complicidad.
— Venga, Ron— Harry fue el primero en hablar— Luego iremos a ver Pomfrey para que te lo quite. Nadie se va a enterar. Así nos reímos un rato.
— Eso, eso, será muy fácil— añadió Neville haciéndoles un ademán con la mano para ir al cuarto de baño de la habitación porque estaba ansioso por ver a Ronald Weasley rubio. No pensaba perderse algo así.
Ron vio que sus amigos se levantaban de la cama y que se acercaban demasiado a él.
— ¡¿Habéis perdido el juicio?! ¡No voy a teñirme!— pero fue demasiado tarde. Harry y Neville lo cogieron y lo arrastraron hasta el cuarto de baño, cerraron la puerta, bajaron la tapa del retrete y lo sentaron— ¡Que no!
Neville no podía parar de reír pese a que en un principio había estado un poco alicaído por el hecho de no tener ninguna admiradora secreta que le mandase regalos, pero ahora pensaba pasárselo en grande haciendo de peluquero durante un rato, aunque no supiese si quiera por dónde empezar.
— Pomfrey te lo quitará después. No te preocupes tanto—le dijo y desvió la mirada hacia su otro compañero— Harry, ve tú a por el tinte. Por cierto, ¿sabes cómo se pone?
Harry se encogió de hombros.
— La verdad es que no tengo ni idea, Neville— comentó abriendo la puerta del baño— Ahora lo averiguaremos.
Al cabo de media hora, Dean Thomas y Seamus Finnigan volvieron a la habitación. Se habían entretenido por el camino, estaban cansados y necesitaban dormir. Cuando entraron, vieron que la estufa de leña estaba encendida y que no había nadie. Sin embargo, escucharon unas carcajadas provenientes del cuarto de baño, así que se acercaron y abrieron la puerta para ver qué sucedía.
Pero se les desencajó la mandíbula.
Al ver a Ron Weasley, rubio platino.
¡Rubio platino!
Ron permanecía sentado en el retrete de brazos cruzados, frunciendo el entrecejo. El pelo aún lo tenía un poco húmedo y Neville y Harry llevaban unos guantes de plástico llenos de un potingue extraño.
Dean se asustó y retrocedió un par de pasos, y es que por un segundo pensó que aquel que estaba allí sentado no era Ron, sino Draco Malfoy.
— ¡Pero qué...!
Seamus, en cambio, a pesar de estar distante con Harry por creer fielmente en lo que decía el Profeta al igual que su madre, soltó una carcajada y se olvidó de todo momentáneamente, porque la situación le resultó demasiado hilarante.
— ¡Quitadme esta porquería de la cabeza!— gritó Ron cuando por fin se levantó para mirarse en el espejo. Se había quedado blanco como el mármol— ¡Por Merlín, qué asco! ¡Parezco Malfoy! ¡Ah! ¡¿Pero qué habéis hecho con mis cejas?!
Su comentario hizo que todos se riesen aún más. Harry se quitó los guantes, los tiró en un pequeño cubo de basura que había junto al lavabo y le palmeó la espalda.
— Tranquilo, Ron. Ahora iremos a ver a Pomfrey, pero antes…— comentó e hizo una larga pausa, temiendo que su amigo lo mandase a la mierda de un momento a otro— pruébate la ropa, a ver cómo te queda.
— ¡¿Pero qué estás diciendo, Harry?! ¡Se te ha ido la cabeza!
Seamus y Dean, después de haberse recompuesto un poco del primer impacto, se miraron sin comprender nada.
— ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué le habéis teñido el pelo?— Dean fue el primero en preguntar.
Neville se quitó los guantes, los sacó del cuarto de baño para explicarles todo lo sucedido detenidamente y Harry se quedó con Ron. El ya no pelirrojo bufó al ver que su amigo soltaba una risita.
— No tiene gracia, Harry. Es lo único que me faltaba. Parecerme al hurón.
— Mira el lado bueno, Ron. Ahora es el momento perfecto para reírnos de él. Podrías imitarlo y…
Ron no escuchó nada más. Cachondearse un rato de Malfoy. Se dio cuenta de que la idea no era mala después de todo porque luego iría a ver a Pomfrey, volvería a ser pelirrojo y listo. Todo se solucionaría, se quedaría con la ropa, pero ni muerto se dejaría el pelo rubio.
— Bueenoo, vale— cedió algo molesto— Tráeme la ropa. Cuando esté listo saldré para que me veáis.
Harry asintió, salió del baño y cuando le llevó la ropa, cerró la puerta para dejarle a solas y se acomodó con el resto de chicos alrededor de la estufa de leña que había en el centro de la habitación. Dean y Seamus, que ya estaban al corriente de todo, se preguntaron quién sería la admiradora secreta y si pertenecería a Gryffindor, aunque todo apuntaba a que sí, porque eso explicaba que la susodicha en cuestión hubiera podido entrar en el dormitorio. Estaban impacientes porque Ron saliese del cuarto de baño, habían cogido varios paquetes de grageas y algunas ranas de chocolate como picoteo para el espectáculo que iban a presenciar. Seamus vio que Harry se sentaba a su lado y se cruzaba de piernas. Y se sintió mal, porque era consciente de que ya ni siquiera hablaban, de que habían pasado todos esos años juntos y ahora parecían desconocidos. Siempre se habían llevado muy bien y no habían tenido problemas, pero si su madre creía en lo que decía el Profeta, él también. Aún así, en ese momento quiso olvidarse un poco, alzó la mano y le ofreció unas grageas.
— ¿Quieres?
Harry lo miró incrédulo y se preguntó si quizás ya no estaba enfadado, o creía en él por fin. Sin embargo, prefirió no indagar, metió la mano en el paquete y sacó una gragea roja.
— Sí. Gracias, Seamus.
Neville, por su parte, no dejaba de hacer especulaciones con Dean intentando averiguar un poco más sobre la admiradora secreta de Ron, pero en ese momento, la puerta del cuarto de baño se abrió de par en par y el pelirrojo -ahora rubio platino-, salió con un conjunto muy elegante, caminando hacia ellos, mirándolos por encima del hombro.
— ¡Tú!— gritó mirando a Harry por encima del hombro— ¡San Potter! ¿Dónde te has dejado a tu amiguita, la sangre sucia?
Dean y Neville empezaron a tirarle ranas de chocolate a la cara para desahogarse, aprovechando que se parecía a Malfoy.
— ¡Eh! ¡Pero qué mierda hacéis!— dijo mientras continuaba interpretando su papel. Con aires altaneros, se acercó a ellos, los miró de arriba abajo y adoptó una mueca de asco— ¡Casi estropeáis mi precioso rostro! ¡Ya veréis cuando mi padre se entere de esto!
Todos los demás se desternillaron. Supieron que estaban formando un gran escándalo en la habitación y desearon que nadie se enterase, aunque no estaban muy preocupados porque Dumbledore por fin había anulado el toque de queda y aún no eran ni las doce.
— ¿Sabéis qué? — Neville se levantó como un resorte, muy decidido— Yo también voy a vestirme— luego miró al clon de Malfoy— Ron, ¿me dejas alguno de tus conjuntos nuevos? Voy a hacer de Goyle.
Dean, en cambio, continuó comiendo grageas, disfrutando del show.
— ¿Y quién va a hacer de Crabbe? Habría que ponerse unos cojines bajo la ropa— añadió con malicia pero luego fue consciente de algo— por cierto… ¿os habéis dado cuenta de que se ha quedado más delgado?
El silencio se hizo en el dormitorio.
— Es verdad, es raro. Yo lo he visto comiendo brotes de lechuga— afirmó Harry y se quitó las gafas nuevas para dejarlas en su mesita de noche porque le gustaron tanto que no quiso que se rompieran— Venga, yo voy a imitarle a él.
Seamus y Dean, por su parte, los vitorearon con la intención de incitarlos y permanecieron sentados alrededor de la estufa. Harry se acercó a su cama, cogió un par de cojines y se fue con sus dos amigos a cambiarse. Al cabo de un rato, la puerta del cuarto de baño volvió a abrirse y salieron Harry, Neville y Ron vestidos con aquella ropa elegante. El rubio platino iba en cabeza, de brazos cruzados y sus amigos le seguían, babeando a sus pies.
— ¡Crabbe! ¡Goyle! ¿Poniéndoos como cerdos en el Gran Comedor? — intentó decirlo con la máxima seriedad que pudo pero tuvo que ahogar una risa y es que todo le resultaba demasiado surrealista. Y por si fuera poco, Ron aún recordaba el día en que Harry y él se tomaron la poción multijugos en segundo curso y escucharon decir a Malfoy, precisamente, esa frase.
Sin embargo, cuando Harry quiso darse cuenta, vio que su reloj marcaba la una de la madrugada.
— Oye, Ron, no es por nada, pero es muy tarde. Será mejor que vayamos cuanto antes a la enfermería para que Pomfrey te quite el tinte— sugirió, intranquilo.
Dean y Seamus se levantaron, dejaron las cajas de grageas en el escritorio y comenzaron a quitarse la ropa para irse a dormir.
— Nosotros nos quedamos aquí— comentó Dean estirándose un poco— Estamos muy cansados.
Harry asintió y luego miró a Neville para ver si los acompañaba, pero el chico negó con la cabeza.
— Id vosotros, Harry, yo me encargaré de doblar toda la ropa nueva y de dejarla en el baúl de Ron.
El ya no pelirrojo aprovechó el momento para quitarse el traje y guardarlo. Se puso su pijama, las zapatillas y luego buscó en su baúl hasta encontrar un gorro de lana rojo que le había regalado su madre esas navidades porque pensó que si iba a pasearse por el castillo, no podía arriesgarse a que alguien lo viese con esas pintas.
Cuando Harry y el se hubieron puesto más cómodos, finalmente salieron de la habitación y se marcharon a la enfermería. Por los pasillos no había nadie, el ambiente era silencioso y sólo se escuchaban los ronquidos y murmullos de los habitantes de algunos de los cuadros que había colgados por las paredes de los corredores. Unos minutos más tarde, Ron y Harry se toparon con Filch por el camino pero le aseguraron que iban a ver a Pomfrey porque no se encontraban bien y el conserje les cedió el paso, aunque no sin antes haberse quejado y haber soltado un par de maldiciones. Después de largo rato caminando, por fin llegaron a la enfermería, que parecía estar en calma. Esa noche no había alumnos enfermos, salvo una chica de tercero de Hufflepuff que tenía fiebre, pero no era grave y estaba profundamente dormida. Ron sintió un gran alivio y siguió los pasos de Harry pero cuando se paró frente al escritorio de Pomfrey y carraspeó para que la enfermera apartase la vista de sus pergaminos, no supo por dónde empezar.
— ¿Qué sucede?— preguntó ella y se levantó para examinarlos. Sin embargo, se dio cuenta de que parecían estar bien, que no tenían heridas visibles— ¿Por qué han venido a estas horas?
Con mucha indecisión y miedo, Ron se llevó la mano al gorro y lo retiró lentamente.
— Eh… quiero que me arregle esto.
Madame Pomfrey palideció.
— ¡Señor Weasley! ¿Qué demonios le ha pasado en el pelo? — dijo anonada y es que la enfermera aún no se había recuperado del trauma de la pequeña lombriz de Blaise Zabini, y que Ronald Weasley apareciera con las cejas y el pelo rubio platino no ayudaba, porque parecía albino.
Harry se vio obligado a intervenir.
— Es una larga historia, Pomfrey y queremos dormir. ¿Puede arreglarlo?
La enfermera comenzó a dar vueltas de un lado a otro. Se dio cuenta de que habían usado un tinte muggle, así que supo que con un Finite Incantatem obviamente no se solucionaría. Y ella tampoco disponía de poción crece-pelo en ese momento.
— Tendrán que esperar a que vaya a la lechucería para enviar una carta. La opción más rápida es pedir un tinte pelirrojo para ponerlo sobre el rubio— dijo al cabo de un rato— Lamentablemente es muy tarde así que ahora no voy a ir a la lechucería. Además, puede tardar un par de días en llegar.
— ¡¿Cómo?! ¡¿un par de días?!— graznó Ron con total horror— ¡No puedo estar así! ¡No puedo ir con estas pintas por ahí!
Harry le puso una mano en el hombro intentando apaciguarle al ver que se ponía histérico pero el ya no pelirrojo le pegó un manotazo.
— ¡Harry, déjame! ¿Cómo voy a pasearme por el castillo con este pelo? ¡No puede verme nadie!
— ¡Tranquilízate, Ron! ¡Seguro que hay alguna solución!
Madame Pomfrey los taladró con la mirada, intentando intimidarles para que no perdieran el control.
— Señor Weasley, le recomiendo que tenga paciencia. Dentro de unos días volverá a tener el mismo color pelirrojo de siempre.
Pero Ron estaba que echaba chispas, temiéndose lo peor, y es que no podía permitir que Malfoy lo viera con esas pintas porque sabía que se burlaría eternamente de él.
— ¡¿Paciencia?! ¡¿Cómo voy a tener paciencia?!— gritó, desesperado.
Harry le propinó un codazo en las costillas.
— Ron, cállate.
Pomfrey carraspeó y enderezó los hombros.
— Mientras tanto, Weasley, le sugiero que siga usando el gorro de lana que ha traído. Y ahora, vuelvan a su sala común. Inmediatamente.
El ya no pelirrojo fue a quejarse pero Harry lo empujó para salir del lugar, porque pensó que la enfermera acabaría quitándoles puntos por estar montando alboroto y por haber ido allí tan tarde sin un motivo de peso. Era mejor que se marchasen cuanto antes. Después de un largo recorrido en el que Ron no dejó de farfullar y soltar maldiciones, regresaron a la Torre de Gryffindor. Cuando entraron en la habitación, Neville, Seamus y Dean ya se habían dormido.
— ¿Qué voy a hacer ahora? — comentó Ron, con preocupación, siendo consciente de que esa noche no iba a conseguir pegar ojo.
Harry dejó el gorro en una de las sillas.
— Mira, Ron, no te preocupes— le susurró, queriendo hacerle entrar en razón— Pomfrey ha dicho que el nuevo tinte no tardará mucho en llegar. Sólo tienes que ocultarte el pelo durante un par de días y nadie se enterará.
Ron se acercó a su cama, se sentó y suspiró con desánimo.
— ¿Tú crees?
Harry asintió en silencio, bostezó y apartó las suaves mantas de su cama para meterse dentro.
— Será mejor que durmamos. Ya hablaremos mañana. Verás como no es para tanto.
Ron, totalmente deprimido, no contestó. Sin embargo, sintió un escalofrío repentinamente al pensar por un momento en que quizás su admiradora secreta era una psicópata enamorada de Draco Malfoy, que en realidad pretendía transformarlo en él, pero luego se dijo a sí mismo que, a pesar de todo, la chica en cuestión podía ser guapa. Y él aún no había besado a nadie porque siempre había pasado mucho tiempo con Harry y Hermione y no se había preocupado de buscarse una novia. Tuvo la necesidad de averiguar quién era la susodicha y más tranquilo, destapó las sábanas y se metió entre ellas, sabiendo que Harry tenía razón. Que todo, tarde o temprano acabaría pasando así que se removió un poco, pegó la mejilla a la almohada e inspiró profundamente para calmar su ansiedad. Sin embargo, hubo algo que lo perturbó. Notó una fragancia. Entre sus sábanas. Fue sutil, pero pudo percibirla y le resultó extrañamente familiar.
Alguien había estado en su cama.
Mientras tanto, en la habitación de Slytherin…
— Desnúdate, Granger.
Hermione se quedó paralizada y no fue capaz de responder. Durante unos segundos todos los pensamientos que pasaban por su mente se esfumaron. Se había quedado en blanco. Sólo resonaba una y otra vez esa palabra en su cabeza.
Desnúdate.
No supo qué hacer. Lo miró algo asustada y avergonzada, pero Malfoy se mantuvo en silencio, completamente serio, sin un ápice de emoción en el rostro, así que por mucho que Hermione intentó averiguar qué narices pasaba por su cabeza, no halló ninguna respuesta.
— ¿Te lo repito otra vez?— la frialdad que percibió en su voz hizo que reaccionase de una vez por todas.
— Eres un imbécil— musitó comenzando a desabrocharse los botones del pijama. El corazón le bombeaba rápidamente, la cara le quemaba y conforme fue deshaciéndose de su camisa, su respiración se volvió cada vez más entrecortada. Se repetió a sí misma una y otra vez que Malfoy tenía derecho a pedirle algo después de lo ocurrido en el vestuario así que apretó los dientes, continuó quitándose la ropa, se subió muy despacio la camiseta de algodón que tenía debajo del pijama y justo ahí se ruborizó porque recordó que no llevaba sujetador, que el deseo de ralentizar lo máximo posible el quedarse desnuda, sería en vano. Cuando quiso darse cuenta, sólo le quedaban las bragas. Lentamente, alzó el rostro encontrándose con la mirada ardiente de Malfoy e instintivamente se llevó las manos a los pechos para cubrírselos.
— Granger, en ningún momento he dicho que pares — Hermione se estremeció al ver que él parecía haber perdido la paciencia. Se mordió el labio con todas sus fuerzas como si con ese simple gesto pudiera calmarse y dio el último paso.
''Joder'' — fue lo que pensó Hermione. La vergüenza se quedaba corta en esa ocasión. Quiso maldecirlo, porque era evidente que él estaba disfrutando, pero su expresión impersonal la hizo dudar y es que Malfoy se dedicaba a recorrer de arriba abajo con la mirada su cuerpo muy despacio y aunque ella no estuviese muy cerca de él, pudo ver claramente el abultamiento en sus pantalones.
Sí, definitivamente iba a morirse.
De pronto, Draco se levantó y Hermione sintió un escalofrío. Curiosamente él no caminó hacia ella, sino en dirección a un escritorio que había en la habitación.
— Túmbate allí— le dijo haciendo un ademán con la mano y comenzó a rebuscar entre los cajones del escritorio.
Hermione miró a donde él le había indicado y vio un sillón alargado de color verde. Era una chaise longue y se preguntó por qué había cosas así en la habitación de los alumnos de Slytherin, pero luego cayó en la cuenta de que quizás había sido cortesía de su padre, aunque en ese momento aquello era irrelevante. Con miedo y cierto recelo, se aproximó, queriendo alargar el momento. A pesar de que estaba cerca del sillón, cada paso que dio le resultó más difícil y pesado que el anterior. Cuando al fin llegó, se tumbó lentamente, se acomodó posando la cabeza en un pequeño cojín, encogió las piernas haciéndose un ovillo y se llevó los brazos a los pechos para taparse.
Draco se giró discretamente para ver qué estaba haciendo y la vio tumbada, clavando la mirada en el techo, encogida, intentando cubrirse el cuerpo lo máximo posible. Y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano por contener la risa al ser consciente de que estaba acojonada. Sin embargo, él pensaba disfrutar como nunca porque en realidad ni siquiera estaba molesto por haberla pillado de voyeur en el vestuario de Slytherin. De hecho, lo ponía demasiado cachondo saber que Granger lo había estado observando mientras se duchaba, pero quiso intimidarla, así que se acercó a ella intentando parecer lo más frío posible, algo que sin duda estaba dando resultado.
— Así no— le susurró, agarrándola de las caderas y la giró para que su torso quedase de lado. Luego le cogió los brazos y los situó por encima de su cabeza a modo de almohada. Hermione farfulló en voz baja pero al ver que le lanzaba una mirada asesina se quedó en silencio— Estira las piernas— como no las movió, él mismo se las colocó.
Hermione apretó los párpados con la esperanza de que al abrirlos volviese a estar vestida y en su habitación, pero a pesar de que lo hizo varias veces, seguía allí.
Completamente desnuda.
Draco se alejó, volvió a aproximarse al escritorio y cuando al fin encontró lo que quería, cerró el cajón, se acercó al sillón donde estaba sentado cuando Granger entró en la habitación y lo arrastró hasta quedar frente a ella.
Hermione lo miró y se percató de que llevaba un cuaderno, pluma y tinta en las manos.
Acaso...¡¿iba a dibujarla desnuda?!
Draco dejó la tinta en una mesita cercana, se acomodó en el sillón recostándose en el respaldo, separó un poco las piernas y apoyó el cuaderno encima de sus muslos.
— Ni se te ocurra moverte— aunque su voz era aterciopelada, se pudo percibir cierta amenaza en ella.
Hermione quiso asesinarlo. Se sintió expuesta, como si todo el mundo la estuviese observando sin nada de ropa aunque solamente estuviese él, algo que sin duda, fue mucho peor. Sin embargo, en ese momento recordó un detalle que le hizo quedarse sin aliento. El día que fue con Malfoy al cine durante las vacaciones recordó que él le había preguntado si quería que la dibujase desnuda y ella le había dicho que sí porque nunca pensó que realmente llegara a tomárselo en serio. Y justo ahí supo que Malfoy le estaba devolviendo la jugada, que ella lo había visto desnudo en el vestuario y ahora él pensaba hacer lo mismo.
Su mandíbula se tensó.
Draco, en cambio, empezó a trazar líneas y a dibujar el contorno de su silueta. De pequeño, solía pintar cuando no tenía nada que hacer en Malfoy Manor, así que no se le daba mal. No era algo que muchas personas conocieran, y él nunca antes había hecho el dibujo de un desnudo pero estuvo seguro de que no tendría ningún problema, que se le daría de maravilla. La cólera ardió en Hermione, calentándole las mejillas y haciéndola temblar, harta de que la observara y por si fuera poco, cada vez que intentó apartar la vista de él, Malfoy la obligó a que lo mirase a los ojos, dándole a entender que no podría escaparse de ninguna forma. Y así pasaron unos minutos hasta que Hermione, de repente, escuchó que él soltaba una risa en voz baja. Fue sutil, sensual y ronca… y ella supo perfectamente lo que estaba haciendo, o mejor dicho, lo que estaba dibujando.
No había pensado en que tarde o temprano se centraría en ese sitio. En dibujar su sexo. Y lo peor de todo fue que tuvo que mirarle a la cara mientras él pintaba esa parte de su anatomía. Una punzante embestida de excitación atravesó su vientre, dejándola sin respiración.
Lo odiaba.
Pero se dijo a sí misma que debía ser fuerte, que tenía que demostrarle que no era cobarde, ni tímida.
Draco continuó dibujando. Después de terminar con su sexo siguió trazando las líneas del contorno de sus caderas, sus pechos, su cuello, hasta dejar el rostro para el final. Lo que le resultó más difícil de plasmar en el papel fue el pelo, pero luego pensó que tratándose de Granger, era normal. Sin embargo, cuanto más dibujaba y más la observaba desnuda, más presión notaba dentro de sus pantalones. Estaba jodidamente excitado, pero tenía que retenerse. Debía seguir indiferente para que ella no pudiese percibir lo que sentía, así que hizo un gran esfuerzo y cuando terminó el dibujo, cerró el cuaderno y recogió las cosas para guardarlas en el escritorio.
Hermione se incorporó un poco al ver que había terminado y suspiró algo aliviada. Miró al suelo en busca de su pijama para ponérselo y acabar con esa tortura cuanto antes pero Draco la vio levantándose.
— ¿Qué narices haces, Granger?— preguntó cerrando de un golpe el cajón y se acercó mucho a ella— ¿Yo te he dicho que te muevas?
Hermione se tensó pero aún así se enderezó y lo miró con vehemencia.
— No— le espetó con voz entrecortada.
— Pues entonces vuelve a tumbarte— le dijo, posando la mano en su hombro para empujarla suavemente hacia atrás. Su voz sonó ligeramente peligrosa, como una advertencia.
Pero Hermione se olvidó hasta de respirar al darse cuenta de que aquello aún no había acabado, así que decidió volver a hacerse un ovillo porque le importó un bledo lo que le dijese pero no pensaba estar más tiempo haciendo de estatua. Ya había tenido suficiente. Sin embargo, al ver que él se sentaba en la chaise longue junto a sus piernas, se estremeció y el pulso se le aceleró. Instintivamente se encogió un poco más. Draco se aflojó completamente la corbata y la tiró al suelo. A pesar de que era tarde, aún seguía llevando el uniforme. Ni siquiera se había cambiado, pero no le importó. Simplemente la miró a los ojos y deslizó una mano por su rodilla.
— Separa las piernas— Hermione se quedó completamente rígida al escucharle. El hambre sexual que percibió en sus palabras hizo que se sintiese húmeda. Separa las piernas— escuchó repitiéndose en su mente una y otra vez e inconscientemente las abrió, sin tener ni idea de a dónde quería llegar Malfoy. Draco deslizó las manos por el interior de sus muslos subiendo hasta llegar a su ingle, se aproximó más a ella acomodándose entre sus piernas, apoyó las manos a ambos lados de su cara y bajó la mirada para ver sus pechos, pero ella aún seguía ocultándolos con sus brazos— No quiero que te tapes— musitó con una expresión poco tranquilizadora. Acercó una mano a sus brazos y los retiró muy despacio, dejándola completamente expuesta.
La respiración de Hermione se volvió pesada. Notaba la pierna de él presionando contra su sexo y su fresco aliento rozándole el rostro. Él estaba totalmente vestido y ella, simplemente, estaba perdida. Dejó sus brazos apoyados en el sillón, sabiendo que si Malfoy pretendía hacerle algo, no pensaba impedírselo. Algo avergonzada, lo miró a los ojos, aspiró su perfume y se vio intoxicada por la necesidad abrumadora de tocarle. Draco, en cambio, se acercó a su cuello, entreabrió los labios lentamente y le mordió muy despacio. No iba a tocarla y tampoco iba a besarla. Sólo quería saborear su cuerpo.
Todo su cuerpo.
Así que deslizó la lengua hasta su clavícula y continuó el recorrido, deteniéndose en uno de sus pechos. Hermione jadeó al sentir que comenzaba a morderle. No sintió dolor porque él fue con mucho cuidado, pero sí le resultó excitante. La lujuria que la embargó en ese momento le nubló la razón. Draco volvió a atrapar con los dientes su pezón y después lo lamió, aliviándole el picor. A ella se le escapó un gemido y alzó las manos, hundiendo los dedos en su cabello, haciendo que Draco apartase la boca de su pecho por un segundo.
— No, tú no te muevas— murmuró haciendo que volviese a dejar las manos apoyadas en el sillón. Hermione lo maldijo en silencio, pudo sentir su aliento caliente contra la punta sensible de su pezón y quiso, no. Más bien, ansió tocarle. Draco rodeó su pezón con la lengua y abrió un poco más la boca, chupándolo y succionándolo con fuerza, haciendo que se endureciese aún más, empujando a Hermione más allá de los límites que conocía. Y después, se desprendió de su pecho, lamiéndolo y calmándolo con suaves besos, continuó trazando un camino con su lengua hasta llegar a su ombligo y siguió bajando. Tuvo que moverse un poco hacia atrás para poder continuar y cuando llegó a su pelvis y escuchó que ella jadeaba entrecortadamente, no pudo evitar esbozar una sonrisa ladeada al ser consciente de lo cachonda que estaba.
Deslizó las manos por el interior de sus muslos abriéndolos un poco más, se inclinó y presionó un caliente beso sobre su sexo, comenzando a lamer muy despacio. Hermione se quedó sin aliento, tomada completamente por sorpresa, pero gimió y se retorció al sentir el placer que le provocaba notar la humedad de su boca ahí abajo. La caricia de sus labios sobre su sexo le hizo sentir una intensa sacudida. Draco continuó moviendo la lengua hacia delante y hacia atrás sobre sus suaves pliegues y profundizó más, empujando dentro de ella. Involuntariamente, le apretó los muslos, hundiendo los dedos en su piel sensible al notar que estaba mojada, caliente, sedosa y que su sabor era dulce.
Adictivo.
Quería follar con ella, tenía la oportunidad perfecta, no había nadie en la habitación y estaba seguro de que estarían solos toda la noche pero iba a hacerla sufrir, no a darle lo que quería, así que, lánguidamente, lamió en círculos que se ampliaban a conciencia, asegurándose de no dejar ninguna zona de su piel sin ser probada, apartó las manos de sus muslos y la agarró firmemente de las caderas, sosteniéndola con fuerza contra su boca, empujando profundamente su lengua y moviéndola dentro de ella. Los jadeos de Hermione se volvieron entrecortados y se arqueó instintivamente contra su boca para que él continuase deslizando su lengua y profundizando más, y justo ahí volvió a notar la misma sensación que cuando estuvieron en su habitación en Nochebuena. Esa sensación de crescendo.
Draco escuchó sus gemidos y percibió que cada vez eran más fuertes, dándole a entender que no faltaba mucho para que se corriese, que era el momento, así que reuniendo toda la fuerza de voluntad que pudo, apartó la boca de su sexo muy despacio, retiró las manos de sus caderas y se incorporó.
— Vete a tu habitación.
Hermione, aún jadeando y a pesar de que había oído sus palabras, no le creyó. Pensó que se trataba de una broma. De una maldita broma.
— ¿Cómo?— musitó con la respiración completamente acelerada, como si todo el cúmulo de emociones que estaba sintiendo se le hubiera quedado atascado en la garganta, apunto de reventar— Malfoy, yo…
— Vete, Granger— le dijo intentando sonar lo más tajante posible, aunque en su voz se pudo percibir claramente el deseo— Vete ahora.
Hermione se incorporó enfadada e indignada, recogió sus bragas y su pijama del suelo y comenzó a vestirse violentamente. Los pezones le dolían de lo excitada que estaba y no pudo creer que él fuera a dejarla así, sin más pero cuando terminó de abrocharse el último botón y se acercó a él, le vio claramente la erección en los pantalones. Le odió por torturarla, pero también se odió a sí misma, porque fue consciente de que en realidad, quería llegar hasta el final.
Deseaba acostarse con él en ese momento.
— Malfoy— le susurró acercándose y alzó la mano para acariciar su mejilla con la esperanza de que él cambiase de opinión pero Draco la apartó, suavemente.
— Granger, vete. Por favor.
Hermione apretó los dientes con fuerza, sintiendo una rabia infinita hacia Malfoy, por haber tenido la desfachatez de pintarla desnuda, por haberse quedado con el dibujo, por haberla excitado y por haberla dejado con la maldita necesidad de recibir todo de él y más.
— Está bien— farfulló dándose la vuelta para marcharse, pero se dijo a sí misma que aquello no iba a quedar así, que él se las pagaría tarde o temprano.
Sin embargo no pudo avanzar, porque en ese instante, Draco la retuvo, cogiéndola del brazo. El corazón de Hermione dio un vuelco al sentirle detrás de ella, pegado totalmente a su cuerpo, rozándole el cuello con su aliento.
— Espera.
Hermione ahogó un gemido y sintió como la piel le ardía. Deseó que no la dejara marchar, que se hubiera arrepentido en el último momento, que hubiera cambiado de opinión.
— Qué— musitó ella, pero su voz fue apagándose al notar la humedad de sus labios rozándole el lóbulo de la oreja.
— Ahora no tienes excusa— le susurró con voz áspera— Sé que esta noche vas a tocarte.
Hermione se quedó en blanco durante unos segundos y cuando por fin consiguió reaccionar, se zafó de su agarre completamente indignada, alzó la mano y le dio una bofetada con todas sus fuerzas.
A pesar del dolor que sintió Draco, sus labios se curvaron, formando una sonrisa ladeada.
— Eres…eres…— masculló ella apretando los puños, iracunda— ¡Te odio!— gritó acercándose rápidamente a la puerta de la habitación y la abrió bruscamente— ¡Esto no va a quedar así!
Pero Draco se mantuvo de brazos cruzados. Notó un gran escozor en su mejilla, un intenso palpitar, pero le importó una mierda porque que ella le hubiese pegado confirmó su éxito. Su sonrisa se ensanchó aún más. Disfrutó, porque supo que ella quería tanto como él, o más. Sin embargo, Hermione no aguantó más, salió de la habitación y dio un portazo. En el momento en que lo hizo, Draco comenzó a desternillarse, pero a los pocos segundos la puerta se abrió bruscamente y él, rápidamente, se enderezó y volvió a adoptar la misma postura arrogante e indiferente.
Hermione entró como un torbellino en la habitación y lo fulminó con la mirada. Estaba roja como un tomate.
— Me he olvidado de algo— le espetó acercándose a la silla donde había dejado la capa y la cogió de un tirón. Luego volvió a salir por la puerta— ¡Y que sepas que no vas a salirte con la tuya, Malfoy! ¡No pienso tocarme!
Y sin más, volvió a cerrarla de un golpe.
Draco tomó una bocanada de aire para calmarse, volvió a soltarlo y comenzó a desabrocharse los botones del uniforme para ponerse el pijama. Se miró los pantalones y vio su gran erección. Joder, le dolía. Se dio cuenta de que tendría que aliviarse él mismo y aunque le fastidiara el hecho de no haber podido follar con Granger, supo que había merecido la pena, porque ahora ella estaba hambrienta, excitada y preparada. Y aunque estuviese enfadada, estaba seguro de que se le pasaría. Sólo tenía que esperar un poco más y podría hacerla suya.
Hermione, por otra parte, corrió hasta llegar a su habitación y cuando entró y cerró la puerta, arrojó la capa violentamente sobre su baúl. Crabbe y Goyle continuaban roncando, lo que le hizo entender que para colmo no podría dormir, algo que sin duda no mejoraba la situación. Y lo que más deseaba ella en ese momento era soñar. Soñar para olvidarse de lo excitada que estaba, soñar para no caer en la tentación de volver a tocarse. Por mucho calor que tuviese tenía que controlarse. No iba a permitir que Malfoy se saliese con la suya.
Chasqueó la lengua. Porque no quería dormir sola, necesitaba estar con él, saber si iba a usar el dibujo para masturbarse.
''¡Hermione! ¡¿Cómo puedes pensar en algo así?!''
Sacudió la cabeza fuertemente pero volvió a preguntárselo. ¿Y si lo hacía? ¿Y si en ese momento... estaba tocándose mientras miraba su dibujo? Porque era más que evidente que él también se había quedado con las ganas. Enrojecida, se metió rápidamente en la cama, se echó las mantas por encima y se cubrió de la cabeza a los pies. Se murió de vergüenza sólo de imaginarse a Malfoy masturbándose… pensando en ella.
Era consciente de que era algo normal, algo natural en las relaciones de pareja pero…¡ellos no estaban saliendo juntos! Hermione ni siquiera sabía lo que eran, ni tampoco podía definirlo, así que ofuscada y acalorada comenzó a dar vueltas de un lado a otro de la cama sin poder controlar sus jadeos.
''Hermione, no te toques, no por Merlín, no lo hagas''
Intentó tranquilizarse. Se dijo un montón de cosas para conseguirlo, como el hecho de que había mucha gente en la habitación, que sería impensable.
Más decidida se dijo que no, que no iba a hacerlo.
Fin de la historia.
Así que volvió a girarse, inspiró profundamente y cerró los ojos, queriendo imaginar que los ronquidos que sonaban de fondo eran música celestial, una nana, lo que fuese con tal de relajarse y coger el sueño, pero aún así continuó pensando en Malfoy. En él acariciándole el sexo con la lengua.
Y supo que por más que quisiera, no iba a pegar ojo en toda la noche.
Joder, iba a matarle.
Al día siguiente, después del almuerzo, Luna Lovegood iba por uno de los pasillos canturreando y dando brincos con Oníria sobre su hombro. La noche anterior había dormido con Theodore en la sala de los Menesteres y le había hablado sobre el GCTMM. Él le había prometido que no diría nada, pero eso, ella ya lo sabía. Confiaba en él. También habían hablado de lo sucedido en el vestuario de Slytherin pero no hubo nada más hallá de besos y caricias entre ellos. Sólo se limitaron a dormir y es que Theodore era de los que prefería esperar al momento oportuno. Él decía que cuando llegase la hora, lo sabrían.
Por otra parte, ese mismo día, Luna había descubierto una de las habilidades de Oníria que Theodore le mencionó en la carta. Había empezado a hablar, y aunque sólo dijese palabras sueltas, se podía entender perfectamente lo que el bichito quería. Así que allí estaba ella, brincando por uno de los pasillos del segundo piso, buscando el cuarto de baño. Seguía escuchando la vocecita de la mariposa diciendo— agua, agua—por lo que decidió ir al lugar más cercano. El cuarto de baño de Myrtle la llorona. Cuando entró, vio que no había nadie y pensó en seguida que quizás el fantasma se encontraba en el cuarto de baño de prefectos, porque solía ir a menudo, cuando algún chico guapo se bañaba allí. Tranquila, se encogió de hombros, se acercó a los lavabos, abrió uno de los grifos, metió la mano debajo y dejó que el agua cayera. La mariposa revoloteó hasta posarse en la palma de su mano y comenzó a beber. Y si Luna Lovegood no hubiese estado tan concentrada en atender las necesidades de su querida Oníria, se hubiese dado cuenta de que alguien llevaba largo rato siguiéndola.
— Lunática, Lunática— canturreó una voz femenina tras ella. Algo tensa, miró de soslayo sin apartar la mano del grifo y vio a Pansy Parkinson y a Astoria Greengrass de brazos cruzados, clavadas junto a la puerta de cuarto de baño, mirándola con cara de asco. La sensación que tuvo en ese momento no fue buena pero pensó que serían imaginaciones suyas.
— Hola— murmuró y volvió a centrar la vista en Oníria, dándoles a entender que si pretendían molestarla para que se marchara de allí, no iban a conseguirlo.
Pansy sintió como la ira la inundaba al verla tan relajada, como si nada. Mordiéndose el labio, le lanzó una mirada de complicidad a Astoria y se aproximaron más a ella.
— Dinos Lunática, ¿qué le has hecho a Theodore para que esté así contigo? ¿Le has dado algo no?— le espetó Astoria. Parecía que iba a saltar de un momento a otro encima suya, pero se mantuvo de brazos cruzados, muy seria. Completamente inmóvil, con la varita en la mano.
Luna se ofendió ante su comentario y se giró para plantarles cara. Oníria termino de beber agua y revoloteó hasta posarse sobre su hombro.
— Yo jamás le haría nada a Theo— musitó molesta— Él…me importa.
Pansy se rio con sarcasmo.
— ¡¿Que te importa?!— graznó apuntando una falsa sonrisa— ¿No se supone que tú sólo estás pendiente de tus tonterías imaginarias? ¡¿Qué mierda le has hecho?! — escupió con desprecio, dando un paso al frente.
— Él no se hubiese fijado en una niñata estúpida de Ravenclaw. Seguro que le has dado Amortentia o algo peor para que esté así. De lo contrario él estaría ahora con nosotras— añadió Astoria, notando como toda la rabia que había contenido por demasiadas cosas durante largo tiempo salía a flote.
Luna se agobió y notó que el oído comenzaba a chirriarle porque ellas no dejaban de gritar pero pese a todo, no se alteró. Luna no solía darle importancia a asuntos de ese tipo. Eso sí, tuvo que reconocer que eran molestas. Demasiado. Y a ella no le gustaban los problemas, así que prefirió irse de allí antes de que la situación empeorase. Además, no podía perder el tiempo con ellas porque esa misma tarde, había quedado con Theodore para ir a la biblioteca con la intención de averiguar si había algo en los libros relacionado con Oniría.
Avanzó con decisión pero ellas le impidieron el paso. Astoria, al ver que mantenía un semblante taciturno, tuvo ganas de lanzarle una maldición imperdonable, pero no lo hizo porque supo que la expulsarían. Aún así apretó la varita con todas sus fuerzas y la guardó en el bolsillo de su túnica.
— Theo es mi novio— comentó Luna muy seria, atreviéndose a mirarlas a los ojos— Nunca hubiera usado Amortentia para gustarle, ¿sabéis? Nunca. Si no se ha fijado en vosotras será por algo.
Y Pansy, simplemente, no pudo aguantar más. Estalló al escuchar aquellas palabras.
— ¡Cómo te atreves, maldita zorra psicópata! — chilló agarrándola del pelo violentamente. Con todas sus fuerzas la estampó contra el lavabo, haciendo que Luna se diese un golpe brusco contra la boca y cayese al suelo. Con el impacto del golpe, Oníria también cayó contra los azulejos, quedando a pocos metros de distancia. La sangre comenzó a manar del labio de Luna, pero a ella no le importó. No iba a dejar que ellas disfrutasen viéndola sufrir.
Astoria soltó una carcajada sardónica, apartó a Pansy y comenzó a darle patadas en el estómago.
— ¡Di que no vas a volver a acercarte a él! ¡Dilo, Lunática!—gritó esbozando una sonrisa espeluzante pero al ver que no contestaba incrementó la fuerza de las patadas.
Pansy, que permanecía un poco apartada contemplando la escena, fue consciente de que cada vez había más sangre en el suelo. Sin embargo, Astoria no se detuvo.
— ¡Contesta, maldita puta! ¡Te juro que si vuelvo a verte con él te mato! — gritó dándole una patada más fuerte haciendo que Luna prácticamente perdiese el conocimiento. Luego se agachó un poco y la agarró del pelo para levantarle el rostro— ¡Contesta, joder!
Pansy sintió repentinamente como se le ponía el vello de punta al ver la sonrisa que se le había formado a Astoria en la comisura de los labios y se vio obligada a intervenir, porque se dio cuenta de que si no lo hacía, no iba a parar.
— Astoria, déjala— le dijo agarrándola del brazo— No creo que vaya a acercarse más a Theodore. Es mejor que nos marchemos antes de que venga alguien.
Y es que Pansy, a pesar de que seguía enfadada, se dio cuenta de que había perdido el control por completo, que hasta aquello era demasiado para ella. Seguía viendo a Lunática como una zorra, pero contemplarla, tumbada en el suelo, sin fuerzas ni siquiera para defenderse, le provocó que se le revolvieran las entrañas.
— Pansy, suéltame— le espetó Astoria zafándose bruscamente de su agarre. Aún seguía sin soltar a Luna del pelo— Como digas algo de esto, te juro que no volverás a ver la luz del día. ¿Te ha quedado claro Lunática? ¡Dilo ahora mismo! ¡¿Lo has entendido?!
Pero Luna no pudo hablar. Sólo bajó un poco la vista y vio que había mucha sangre en el suelo. Ni siquiera pudo asentir, pero si supo algo. Que si Greengrass le daba un golpe más, se desmayaría, porque estaba al límite. Notaba un dolor insoportable en el estómago. Nunca le había dolido tanto. Podría haberse defendido, sí, pero no lo había hecho porque Luna odiaba las peleas. La violencia, en general.
Inconscientemente, observó a Oníria y vio que estaba bien.
— ¡¿Me estás escuchando?!— aulló Astoria pero al ver que no la miraba a ella se frustró aún más y desvió la mirada para averiguar qué era tan importante como para que Lunática no le estuviera prestando siquiera atención. Y entonces, vio el bicho que había en el suelo. A la mariposa. Y no se lo pensó. La soltó bruscamente del pelo, provocando que Luna se golpease la cara fuertemente contra el suelo y se apartó de ella.
— Astoria, te digo que es mejor que nos vayamos. Déjalo ya— insistió Pansy pero Greengrass no había terminado. Decidida, se acercó a Oníria y Luna se quedó sin respiración.
No.
El corazón se le encogió cuando vio lo que ella pretendía. Ni siquiera pudo pensar ni reaccionar. Intentó con toda su voluntad incorporarse pero escuchó el impacto del pisotón. El crujido. Astoria retorció el pie contra el suelo con todas sus fuerzas, dejando a la mariposa sin vida, pero Luna sólo pudo clavar la vista en su mirada. La mirada de satisfacción que Astoria tenía mientras lo hacía. Sintió un desgarre, un vacío oprimiéndole el pecho y no escuchó nada más. Vio los labios de Pansy moviéndose a cámara lenta, como tiraba del brazo de Greengrass con desesperación para detenerla, pero Astoria siguió sonriendo, mirando al bicho con euforia, riéndose con una maldad que Luna jamás había presenciado hasta ese día.
Cuando al fin las dos alumnas de Slytherin se fueron corriendo del cuarto de baño, ella se quedó allí tirada, notando en la boca el sabor metálico de su sangre. Cada vez le costaba más mantener los ojos abiertos y apenas podía respirar por los golpes que había recibido en el estómago y las costillas pero aún así, como pudo, se arrastró por el suelo, manchándose el uniforme con su propia sangre, hasta que llegó a donde estaba Oníria, para ayudarla, porque aún tenía la esperanza de que siguiera viva. Sin embargo, cuando estuvo lo suficientemente cerca se dio cuenta de que no era así.
Estaba muerta.
Tenía las alas completamente destrozadas y había un poco de líquido azul a su alrededor, su sangre. Se derrumbó a su lado y la cogió acunándola en sus manos temblorosas. Todos los golpes que había recibido no le dolían, sólo sentía el dolor de su corazón rompiéndose en mil pedazos. Luna Lovegood casi nunca lloraba, aunque le hiciesen daño pero esa vez, Greengrass había matado a Oníria. A su Oníria. A la criatura que más había querido en toda su vida, así que no pudo reprimirse. Sintió el escozor de las lágrimas en sus ojos y rompió a llorar. Por mucho que quiso sacarse de la cabeza la imagen de Astoria pisoteando a su mariposa fue incapaz de hacerlo. Se repetía una y otra vez en su mente. Las convulsiones de su cuerpo se volvieron cada vez más fuertes hasta que llegó un punto en que no las pudo controlar.
Y sollozó.
Sollozó angustiosamente. Sollozó hasta apenas poder respirar. Sollozó hasta perder el conocimiento.
Durante largo rato, el silencio reinó en el cuarto de baño y no se escuchó a nadie por los pasillos del castillo. Un pequeño destello comenzó a parpadear y a hacerse cada vez más intenso hasta que poco a poco iluminó la estancia por completo. Cuando aquella luz se extinguió en las manos de Luna, la mariposa comenzó a mover las alas muy despacio, débil, casi sin fuerzas.
Y es que si Luna Lovegood hubiese recordado todo lo que Theodore le había escrito en la carta, se hubiese dado cuenta de que Oníria no podía morir, porque era una de sus virtudes. Jamás moriría. Pero la mariposa estaba frágil, casi exánime. Aún así, como pudo, comenzó a aletear con dificultad y salió del cuarto de baño.
Theodore, por su parte, llevaba más de veinte minutos esperando a Luna cerca del vestíbulo para ir a la biblioteca, pero ella no había aparecido. Volvió a mirar su reloj, con preocupación. Y justo ahí, vio que Oníria volaba hacia él y se posaba sobre su hombro. Su intuición inmediatamente le dijo que algo no iba bien y más cuando se fijó en que la mariposa estaba malherida y tenía las alas rasgadas.
—''¡Luna, Luna, peligro!''— A Theodore se le encogió el estómago al escucharla.
— ¡¿Dónde está, Oníria?! ¡¿Dónde está Luna?!— le instó desesperado. El corazón comenzó a bombearle rápidamente y notó la fuerte opresión, la ansiedad que le dificultaba respirar.
Pero Oníria no dijo nada más. Se limitó a aletear un poco y voló por el pasillo todo lo rápido que le permitieron sus maltrechas alas. Theodore fue con ella a toda prisa, notando como el miedo crecía en su interior conforme fueron pasando los minutos, sin tener ni idea de a dónde lo estaba llevando la criatura pero el camino se le hizo interminable, sintiendo pánico por lo que le pudiese haber sucedido.
No supo cuánto tiempo transcurrió, pero cuando se percató de que Oníria entraba apresuradamente en el cuarto de baño de Myrtle la llorona, no lo dudó ni un segundo y la siguió. Por un momento no fue capaz de reaccionar. El corazón se desaceleró y tuvo ganas de vomitar.
Sangre. Mucha sangre por el suelo. Y Luna cubierta de sangre, como si estuviera... muerta.
— ¡Luna!— gritó agachándose rápidamente para zarandearla pero ella no se movió— ¡Joder, Luna! ¡Despierta! ¡Luna, por favor!
Sus esfuerzos fueron inútiles. Aterrorizado, le miró el rostro y vio que estaba sangrando mucho por el labio y también por la nariz, y se preguntó qué habría pasado.
— ¡Joder!— la cogió y la estrechó entre sus brazos— Luna por favor, reacciona. ¡No me hagas esto!
Pero las lágrimas le picaron. Le picaron tanto que no fue capaz de controlarse. No podía perderla. A ella no. Y es que al verla tirada en el suelo, al borde del abismo, fue consciente de lo que significaba para él, de lo importante que era. En ese momento lo supo.
La quería, con todas sus rarezas, con todo lo que la rodeaba y todo lo que la representaba.
Estaba enamorado de ella.
Si moría, él...
— ¡Luna!
Al ver que seguía sin reaccionar, se dio cuenta de que tenía que hacer algo, de que tenía que tranquilizarse y es que a pesar de la desesperación e impotencia que sentía, había algo que lo impulsaba a no rendirse. La ira. Ira por replantearse por un momento que alguien le hubiera hecho todo eso a Luna porque de ser así, no iba a dejarlo estar, así que reuniendo todas sus fuerzas, la cogió en brazos intentando ser lo más delicado posible y se levantó. Oníria volvió a posarse sobre su hombro.
— ¿Quién ha sido, Oníria?— masculló furioso. Su tono de voz se volvió escalofriante. Aterrador. El brillo de inocencia que solía percibirse en sus ojos azules se apagó, dando lugar al odio.
Pero sobretodo, a la venganza.
— ''Astoria, Pansy''— murmuró Oníria.
— Hijas de puta— dijo entre dientes saliendo del cuarto de baño, cargando con Luna. Jamás había estado tan fuera de sí en toda su vida. Quería matarlas, lanzarles una imperdonable si hacía falta, cualquier cosa que pudiera calmar su rabia pero supo que tenía que ser discreto y precavido. Primero tenía que cuidar de Luna, llevarla a un lugar seguro y rápido, antes de que alguien la viese en ese estado, así que decidió ir a la sala de los Menesteres porque era la mejor opción. Apresuradamente fue al séptimo piso con Luna completamente inconsciente entre sus brazos, ocultándose en los recovecos de los pasillos cada vez que pasaba algún alumno pero cuando por fin llegó a la pared de la sala de los Menesteres y comenzó a desear, sus pensamientos se vieron interrumpidos.
— ¡Nott, qué le has hecho! — gritó una voz masculina tras él. Se giró sobre sus talones y vio a Harry Potter. Iba solo, había sacado la varita y le apuntaba con amenaza.
Theodore se tensó.
— Potter, yo no he sido. Por favor, créeme— dijo notando como las gotas de sudor empezaban a resbalar por su frente.
Harry se mantuvo en silencio durante unos segundos y lo escrutó. A pesar de que lo vio muy alterado, tuvo la sensación de que decía la verdad.
— Potter, Harry o como te llamen, necesito que me ayudes— insistió Theodore— Necesito que la cuides por mí.
Harry frunció el ceño. No podía creer que Theodore fuera a dejarle a él con el problema, pero tampoco pensaba abandonar a Luna.
— ¿Pero qué ha pasado?— por un momento se mantuvo receloso al respecto pero finalmente guardó la varita en su bolsillo y se acercó a él.
— Ni yo mismo sé exactamente qué ha pasado. Alguien le ha hecho esto. Necesito que estés con ella aquí, en la sala de los Menesteres. Si tienes pensado hacer una reunión hoy, por favor, suspéndela y quédate con ella— le suplicó desesperado. Volvió a pasearse por la pared hasta que apareció la puerta— Voy a ir a buscar un frasco con esencia de Murtlap que tengo en mi dormitorio. Volveré enseguida y podrás irte.
Harry no fue capaz de reaccionar. Ya no sólo por lo de Luna, sino por el hecho de que Theodore Nott tuviera información acerca de las reuniones, pero en seguida cayó en la cuenta de que probablemente Luna se lo habría contado. Aún así, fue incapaz de negarse, porque no pensaba dejar a su amiga así. Tenía pensado convocar una reunión, pero iba a ser imposible.
— Está bien. Yo me encargaré de ella— comentó y entraron en la sala de los Menesteres. Theodore acomodó a Luna cuidadosamente sobre el diván.
— Si despierta, dile que pronto volveré. Que no se preocupe.
Harry asintió, se sentó junto a ella, le cogió la mano y comenzó a observar la estancia totalmente anonadado.
Cuando Theodore salió de allí y vio que desaparecía la puerta, salió corriendo en dirección a la Torre de Gryffindor y es que antes de ir a por el frasco con esencia de Murtlap, había otra cosa que tenía que hacer. Recordó el día que fue con Blaise a buscar a los gemelos y supo que estarían rondando por allí. Debía encontrarles cuanto antes así que buscó por los alrededores con ansiedad hasta que consiguió dar con ellos. Había un grupo de alumnos de primero y segundo rodeándoles pero Theodore no esperó y empezó a dar empujones, haciéndose paso entre el gentío hasta alcanzarlos.
— Tenemos que hablar— les espetó.
Los alumnos se quedaron en silencio al ver a un chico de Slytherin allí y se apartaron un poco al darse cuenta de lo furioso que estaba.
— Anda Fred, mira a quién tenemos aquí. ¿Esta vez no te acompaña Zabinito?— se burló George mientras le daba codazos a su hermano.
Theodore dio varios pasos al frente, muy serio.
— Tengo prisa. Quiero algo que vosotros tenéis— les dijo, tajante.
Fred y George se miraron algo cohibidos y al cabo de unos segundos, asintieron. Luego le echaron el brazo por encima, alejándolo del resto de alumnos.
— Esto huele a negocio— comentó Fred entusiasmado. Llevaban un año increíble. Entre tantas apuestas, fotos y artilugios se estaban forrando.
Theodore, intentando no perder los nervios, exhaló.
— El día que vine con Blaise y nos disteis la bomba fétida, mencionasteis algo sobre unas galletas. Lord Kakadura creo que se llamaban.
George soltó una risita y continuaron andando.
— ¡Ah, vaya! Mira Fred, parece que se ha decidido al final— dijo y luego centró la vista en Theodore— Ya os dijimos que vuestras caras eran de tener problemas gastrointestinales.
Theodore bufó y se apartó de ellos.
— No tengo mucho tiempo. Quiero saber cuántas galletas tenéis y qué sucede si se consume mucha cantidad.
Fred y George se miraron sorprendidos y luego esbozaron una sonrisa traviesa.
— Se produciría un efecto adverso y desde luego no sería nada bueno. En una palabra: deshidratación— se mofó George y Theodore supo exactamente a qué se refería. Sabía que Pansy y Astoria adoraban las galletas. Se pasaban el día comiendo en el Gran Comedor y en la sala común, y él iba a asegurarse de que no volvieran a probarlas en su maldita vida— Espera aquí con mi hermano Fred. Voy a por ellas a la sala común.
Theodore asintió y se apoyó en la pared, junto al otro gemelo.
— Tráeme todas las que tengas.
George abrió muchos los ojos al darse cuenta de que aquel alumno de Slytherin, sin duda, se había vuelto loco.
— ¿Estás seguro? Son muchas. Puede ser peligroso— de hecho él y su hermano nunca habían probado qué pasaba si la ingesta de galletas era muy elevada.
— Nunca he estado más seguro de algo en toda mi vida. Por favor, no tardes. Tengo prisa— le dijo golpeando el suelo con el zapato, impaciente y es que tenía que ser rápido. Muy rápido.
George entró a la sala común y Fred se quedó con Theodore mirándolo de arriba abajo, emocionado en parte porque nunca se hubiera imaginado que aquel alumno de Slytherin tan reservado querría gastar una broma tan cruel a alguien. Carraspeó llamando su atención y le tendió la mano.
— Saca todos los galeones que tengas— le exigió— Son muchas galletas las que te va a dar mi hermano George.
Theodore suspiró, sacó cincuenta galeones de su bolsillo y se los dio, sin importarle lo más mínimo el dinero porque quería largarse de allí cuanto antes. Cuando George apareció al cabo de unos minutos con una gran bolsa llena de galletas, Theodore la cogió, se despidió de ellos y se apresuró a llegar a la sala común de Slytherin. Sin embargo, cuando entró vio que estaban Graham Montague y sus amigos sentados en una de las mesas del fondo, pero su presencia pasó desapercibida por completo. No se lo pensó, fue a la parte donde estaban las habitaciones de las chicas, se acercó a la puerta de Pansy y las demás, pegó la oreja y como no escuchó ningún ruído, dedujo que no estaban y la abrió muy despacio. La habitación estaba prácticamente a oscuras y no había nadie. Queriendo darse prisa, miró a todos lados hasta ver un bol de cerámica sobre un escritorio que parecía apropiado y lo cogió para meter allí las galletas. Decidió dejarlas en una de las mesitas que había por la habitación y luego cogió papel y pluma para escribir una nota. Oníria le había dicho los nombres de Pansy y Astoria. No había mencionado a Daphne, así que a ella no la metería, pero si por alguna razón decidía tomar galletas, sería su problema, no de él.
'' Queridas Pansy y Astoria. Sé que os encantan las galletas, así que aquí os dejo un regalo para que las disfrutéis. Preferiría que no las compartieseis. Besos. ''
Cuando terminó, dejó la nota abierta sobre las galletas y guardó la pluma y el papel, ansioso porque cayesen en la trampa. Y supo que iba a ser fácil, porque tanto Astoria como Pansy eran demasiado egoístas, que no dejarían que nadie se acercase a la bandeja. Sólo tenía que ser paciente y esperar. Después, un poco más conforme, arrugó la bolsa, la tiró a una papelera y salió de la habitación. Sin embargo, antes de ir a la sala de los Menesteres, tuvo que pasar por su dormitorio para coger el frasco con esencia de Murtlap.
Cuando entró, vio que Draco y Blaise estaban allí, hablando, pero no les hizo caso. Blaise, en cambio, se preocupó inmediatamente al ver que tenía sangre en el uniforme y que estaba muy serio.
— ¿Qué cojones te ha pasado?
Pero Theodore no contestó. Se limitó a abrir el cajón de su escritorio, sacó el pequeño frasco y lo guardó en su bolsillo.
— No me esperéis esta noche. No voy a volver— les espetó sin mirarles y dio un portazo, marchándose de la habitación.
Blaise y Draco se miraron bastante extrañados.
— ¿A qué narices ha venido eso?— inquirió Draco de malagana, y es que él jamás había visto a Theodore así pero inmediatamente recordó a Lunática y pensó que quizás había cortado con ella o que habrían tenido una crisis, que ella le habría dado un puñetazo a pesar de aparentar ser tan pacífica, y por esa razón Theodore tenía la camisa manchada de sangre, así que no le dio importancia y se tumbó en la cama. Había sido un día duro para él. Había tenido que entregar por fin el trabajo de pociones, pero no había podido hablar con Granger, porque aunque lo había intentado, ella había salido a toda prisa de clase, sin mirar atrás.
Pero se dijo que ya la pillaría después de la cena.
Blaise, por su parte, sentía un nudo en la garganta. Theodore en ese momento no era relevante para él. Había muchas cosas importantes que pasaban por su mente. Cosas horribles. La noche anterior había estado con Daphne y al fin habían hecho lo que llevaba esperando tanto tiempo.
Se la había follado.
Pero a pesar de ello, no sentía nada, no estaba feliz. ''Feliz''- resonó en su cabeza con ironía- tienes demasiada mierda encima como para poder ser feliz.
Notando como un sudor frío le recorría la espalda, sacudió la cabeza intentando olvidarse de lo que guardaba consigo bajo llave pero tenía demasiado malestar, porque a pesar de que lo había hecho con Daphne, no dejaba de pensar en ella. En la pecosa de Weasley. En lo que había sucedido en las duchas del vestuario. Se odió a sí mismo. Se odió porque supo que había disfrutado mucho más ese momento que estando con Daphne. Tenía la mente saturada y aunque había intentado dar alguna que otra cabezada, no había conseguido conciliar el sueño en toda la noche.
Aunque, en realidad, hacía demasiado tiempo que Blaise no dormía bien.
Intentando controlar su ansiedad, apretó los párpados con fuerza y volvió a recordar a Weasley. Lo que la detestaba. Sentía que estaba volviéndose loco, que ya ni siquiera sabía lo que quería de ella. En un principio sólo había deseado utilizarla para que lo satisficiese sexualmente, haciéndole pajas o mamadas pero estaba replanteándose acostarse con ella aún sabiendo que Weasley no querría follar con él. Sin embargo, había algo a lo que no dejaba de darle vueltas y era que, cuando la había tocado en las duchas de los vestuarios, había tenido la sensación de que le había gustado.
Su confusión crecía por momentos. Se suponía que no iba a hacer nada con ella por ser una traidora a la sangre, porque iba contra sus principios, porque Draco y los demás lo repudiarían y no volverían a dirigirle la palabra, pero Blaise sentía que la situación se le había de las manos. Además, había pasado un día horrible porque Daphne no lo había dejado ni respirar y lo había estado molestando constantemente, así que él estaba cansado. De ella. De todo, más bien.
Se había acostado con Daphne. Sí, pero supo que aunque Weasley no hubiera estado de por medio, nada hubiera cambiado. Se la hubiera follado e igualmente, hubiera pasado de ella al día siguiente.
— Blaise, ¿estás bien?— inquirió Draco, mirándolo algo preocupado, porque tenía mal aspecto y llevaba un rato mirando a la nada, completamente absorto.
— Eh, sí, joder. No me pasa nada— dijo con cierto deje de angustia en la voz y se recostó en su cama. Seguía sin quitarse el tacto del cuerpo de la pecosa de la cabeza. Su boca, su lengua, su puto culo, sus tetas, su…— Draco— añadió de pronto con decisión, incorporándose.
— Qué.
— Ya va tocando otra fiesta— no supo por qué lo dijo, pero supo que no había vuelta atrás. Si no follaba con Weasley perdería el juicio y cada año Draco y él solían hacer una fiesta en la habitación a la que invitaban a aquellos que consideraban oportunos. Whisky de Fuego, una noche sin dormir, un poco de manoseo…sería la oportunidad perfecta.
Draco suspiró con hastío. No porque no tuviera ganas de hacer una fiesta, sino porque si la hacía, no podría invitar a...
— ¿Por qué no se lo dices a Granger?— le sugirió Blaise de buenas a primeras, provocando que se quedase atónito, pero aún así se asustó por un momento, al preguntarse si él sospecharía algo. Se vio obligado a disimular.
— ¿Qué te hace pensar que yo quiera invitarla, Blaise?— le espetó intenando sonar lo más frío posible.
Blaise se tensó. No podía decirle que quería que la sangre sucia fuese a la habitación para que llevase a Weasley con ella. Tenía que improvisar y rápido.
— No sé, como has pasado tiempo con ella por el trabajo de Snape... Vincent y Gregory, por otra parte, están todo el día con Patil y Brown y Theodore está saliendo con Lunática, pues... podrían venir todas— dijo entre dientes, atragantándose con su soberbia porque no podía creer que le estuviese pidiendo a su amigo que invitase a la sangre sucia a su fiesta, a pesar de que el plan fuese perfecto.
— Ah, brillante, Blaise— comentó Draco con ironía— ¿Y también piensas invitar a Daphne? ¿Qué va a decir ella si las ve aquí?
Zabini chasqueó la lengua, pero supo que aquello podía arreglarse con facilidad.
— ¿Daphne?— escupió con cierto deje de sarcasmo en la voz— No pienso invitarla, ya me la he follado. En cuanto pueda la mando a la mierda.
Draco sonrió para sí mismo siendo consciente de que ya no iba a tener más impedimentos para poder invitar a Granger, pero a pesar de que se sintió eufórico, se mantuvo serio, sin mostrar emoción alguna.
— Está bien— dijo haciendo una larga pausa— la avisaré y le diré que venga con las demás.
Blaise carraspeó.
— Que Granger se lo diga a la pobretona de Weasley también.
Draco se mantuvo en silencio, perplejo. Lo observó con detenimiento y se dio cuenta de que desviaba la mirada con nerviosismo, pero lo dejó pasar e hizo una mueca.
— Como quieras. ¿Cuándo se supone que vamos a hacer la fiesta?
Blaise intentó disimular la sonrisa que había empezado a dibujársele en el rostro.
— No sé, este fin de semana, por ejemplo.
Draco asintió.
— Entonces hablaré con Granger después de la cena— comentó emocionado por la idea de quizás, tendría la oportunidad de quedarse a solas con ella en la fiesta, porque sentía que ya no podía aguantar más— aunque no podremos hacer mucho ruido. Nadie debe enterarse.
Blaise se encogió de hombros.
— No hay problema. Algunos hechizos para insonorizar la habitación y se acabó. Además, le cogí a mi madre...— la voz se le resquebrajó en ese momento— un par de botellas de licor durante las vacaciones. Bueno, más bien eran de su nuevo marido. Otro gilipollas ricachón, pero al menos tendremos material.
Draco movió la cabeza de un lado a otro, cansado.
— De todas formas, después de lo que pasó la última vez en el Londres muggle, no creo que Granger y las demás quieran beber alcohol.
Blaise alzó las cejas.
— ¿Que no? Eso ya lo veremos.
Los dos se miraron y esbozaron una sonrisa perversa, sabiendo el fin de semana que les esperaba. Eso sí, era miércoles y supieron que tendrían que ser pacientes y esperar.
Al cabo de un rato, Theodore por fin llegó a la sala de los Menesteres, jadeando. Cuando entró, Luna permanecía tumbada en el diván, de espaldas a él y Harry estaba sentado a su lado, mirándola con preocupación.
— ¿Cómo está?— preguntó acercándose a él.
— Aún no ha despertado. No sé qué le pasa— le dijo Harry desesperado porque Luna no reaccionaba, sin tener ni idea de cuánto iba a tardar en recuperar el conocimiento. Además. nunca la había visto tan mal.
— Déjame a mí, he traido la esencia de Murtlap— Theodore hizo un ademán impaciente para que se apartase y se sentó junto a ella.
— ¿Estará bien? ¿Me voy, entonces?— preguntó Harry ajustándose un poco las gafas nuevas, sin estar muy convencido de si debía marcharse o no— ¿Seguro que tú solo podrás encargarte? ¿No prefieres que la llevemos a la enfermería y que la vea Pomfrey?
Theodore negó con la cabeza y sonrió.
— No, te agradezco la preocupación pero ya me encargo yo, Harry.
¿Harry? Se tensó inmediatamente al escuchar que lo llamaba por su nombre de pila como si nada y se sorprendió de que fuera amigo de Malfoy, porque empezaba a ser consciente de que Nott parecía muy diferente al resto de alumnos de Slytherin.
— Por cierto, me gustaría que me hicieses un favor. Sé que va a ser difícil para ti igual que para mí, pero…
— Está bien— dijo Harry soltando un suspiro, dándose cuenta de que, después de todo, parecía ser de fiar. Que si Luna confiaba en él, sería por algo.
— Quiero entrar en el GCTMM. Sé que piensas que voy a contárselo a los de mi casa y que vamos a avisar a Umbridge, pero créeme, yo tampoco estoy a favor de esta porquería de sistema. Además, lo hago por Luna— hizo una pausa y le acarició el pelo— Es mi razón principal y haré lo que sea para protegerla. No quiero apartarme de ella.
Durante unos segundos reinó el silencio. El puro y absoluto silencio.
Y Harry lo supo. Supo que estaba diciendo la verdad, que aunque hubiese tenido Veritaserum a mano, no le hubiera hecho falta usarlo. Le creyó. Y se percató de que iba a ser difícil, de que Nott tenía razón, que tanto Ron como la mayoría del grupo no iban a ver bien que un Slytherin estuviese involucrado, pero después de lo sucedido, no quiso decirle que no.
— Toma— Harry sacó un galeón falso de su bolsillo y se lo dio— Me imagino que Luna te lo habrá explicado todo.
— Sí, y… bueno— Theodore se mantuvo en silencio por un segundo y lo cogió— Nosotros sólo vendremos aquí por las noches. Ya sé que por las tardes habrá reuniones pero es que hoy…
— Lo sé— afirmó Harry— No te preocupes. Quédate aquí con ella. Hoy no habrá reunión.
Theodore esbozó una sonrisa, se guardó el galeón y sacó el frasco con esencia de Murtlap de su bolsillo.
— Gracias, Harry.
El chico, más relajado, hundió las manos en los bolsillos y se marchó de la sala de los Menesteres, pero antes de salir se detuvo en la puerta.
— De nada, Theodore.
Él sonrió y cuando escuchó el sonido de la puerta cerrándose, volvió a centrarse en Luna. Se fijó en las heridas que tenía en el rostro y apretó los párpados con fuerza al ver que su preciosa piel estaba magullada e hinchada. Destapó el frasco y comenzó a aplicar algunas gotas por sus labios, su barbilla, su nariz...
Luna notó algo húmedo. Algo que escocía e intentó abrir los ojos. Sus párpados le pesaron y vio borroso.
— ¿Luna?— dijo alterado— ¡Luna!
Ella escuchó la voz de Theodore y todos los recuerdos le volvieron rápidamente a la mente. Las pupilas se le dilataron en ese momento.
Oníria.
— ¡Luna, mírame!— gritó Theodore, moviéndola con cuidado pero ella no contestó. Parecía estar en estado de shock.
Sólo se mantuvo en silencio, sin poder afrontar lo sucedido. Ni siquiera quiso mirar a Theodore, así que se giró y fijó la vista en el crepitar de las llamas de la chimenea. Sus ojos estaban algo hinchados y un poco rojos. Los labios le temblaron ligeramente.
Theodore le cogió la cara cuidadosamente con las manos y la obligó a mirarle.
— Luna, por favor.
— Lo siento Theo… no he podido hacer nada, lo siento.
Theodore se acercó más a ella.
— Sé lo que ha pasado, Luna. Sé que Pansy y Astoria te han hecho esto y tú no tienes la culpa. No te preocupes, porque esas desgraciadas lo van a pagar muy…
— ¡Pero Astoria la ha matado!— gritó e inmediatamente rompió a llorar. Theodore se estremeció al verla tan desolada— ¡Ha matado a Oníria! ¡Y yo no he podido hacer nada!
Theodore se quedó callado y cuando entendió que el estado de la mariposa se debía a Astoria Greengrass, la maldijo con todo su ser. La odió, como nunca antes lo había hecho.
— No, Luna, tranquilízate— le susurró intentando calmarla— Oníria está aquí, conmigo. Mira.
Confundida, se incorporó un poco y la vio. La vio en su hombro. Tenía las alas un poco rasgadas, pero seguía viva.
Estaba viva.
Sintió un inmenso alivio y se desplomó sobre el diván, sin fuerzas. Hasta ese momento ni siquiera había sido consciente de su propio dolor. Se llevó la mano al costado, al notar lo que le dolía.
— Menos mal— suspiró esbozando una sonrisa. Theodore vio como rodaban las lágrimas por sus ojos— pero no entiendo cómo. Yo vi como Astoria la mataba.
— Luna, déjame ver— le dijo al percatarse de que le dolía el estómago.
Cogió la esencia de Murtlap, le levantó un poco la camisa del uniforme y se asustó al ver los moratones, pero no le dijo nada para no preocuparla y comenzó a echárselo sobre las contusiones.
A Luna le dolió, le ardió y se mordió el labio. Theodore intentó distraerla hablándole.
— ¿No recuerdas la carta que te dejé sobre Oníria? Nunca podrá morir, pase lo que pase— comentó con voz calmada, echándole un poco más de esencia de Murtlap en el costado, viendo como un gran moratón que había en esa zona comenzaba a desaparecer— Aunque tardará unos días en regenerarse del todo, pero se pondrá bien.
Luna empezó a sentir que la poción hacía efecto y que el dolor disminuía. Se movió un poco, sintiéndose débil, pero algo más animada.
— ¿De verdad?— preguntó esperanzada.
— Sí— le dijo. Luego cerró el frasco, le bajó la camisa del uniforme con cuidado, se inclinó y le dio un beso en la frente.
Luna lo miró muy seria de repente.
— Theo, ¿Hermione y las demás saben lo que ha pasado?— preguntó sintiendo un escalofrío en ese momento, temiendo que sus amigas se hubieran enterado porque supuso que querrían tomar represalias.
Theodore percibió la intranquilidad en el brillo de sus ojos azules.
— No, no lo saben.
Sin embargo, Luna había escuchado la cálida voz de alguien llamándola cuando había estado inconsciente.
— ¿Quién estaba aquí conmigo antes?— preguntó confusa.
— Harry.
Frunció un poco el ceño. ¿Harry Potter había estado cuidando de ella?
— Ah, ¿a él le has dicho algo?— fue lo primero en que pensó, con miedo a que Harry se hubiera enterado y lo terminara contando a sus amigos.
— No, le he dicho que no sabía quién te lo había hecho.
Luna miró a Oníria que seguía aleteando en su hombro e instintivamente alzó la mano para tocarla con delicadeza.
— ¿Cómo me encontraste y cómo supiste lo que había pasado?
— Oníria me avisó.
Pero Luna estaba preocupada y es que el miedo que sentía porque Pansy y Astoria volvieran a intentar hacerle algo la estaba carcomiendo por dentro.
— Theo, por favor— le suplicó en un susurro— prométeme que no hablarás con Hermione y las demás. Ellas querrán ayudarme y no puedo meterlas en esto.
— Tranquila, Luna. No voy a decir nada, si tú no quieres— le dijo desviando la mirada. Él ya se había encargado personalmente. Sólo tenía que esperar. Le acarició suavemente la mejilla con el pulgar. Aunque las heridas habían desaparecido, seguía manchada de sangre. Después, se levantó, cogió a Oníria que estaba dormida en su hombro y se la tendió en la mano — Voy a buscarte algo de comer. La sala de los Menesteres no puede concedernos eso, así que iré a las cocinas.
Luna asintió y vio que de pronto en el otro extremo de la sala se formaba un pasadizo. Theodore se despidió, se alejó y se esfumó en la densa oscuridad. Y ella simplemente se tumbó y notó como irremediablemente se le cerraban los ojos por el agotamiento. Al cabo de un rato, él volvió con una bandeja llena de comida, agua y un paño húmedo.
Luna escuchó sus pasos, se incorporó un poco y dejó a Oníria sobre el diván. El dolor en su estómago había disminuido pero sentía un pinchazo, pequeño pero constante.
Theodore colocó la bandeja con comida en una pequeña mesa que había junto al diván y cogió un par de fresas.
— Toma, come un poco— musitó sentándose a su lado.
Luna miró la fruta por un momento. No tenía mucho apetito pero no se negó porque supo que si quería recuperarse, tendría que tomar algo, así que se las comió y le dio un pedacito a la mariposa. Oníria solía comer. Muy poco, pero lo suficiente como para hacer creer a Luna que quizás se regeneraría antes si tomaba algo.
Theodore, en cambio, decidió coger a la criatura y la dejó con cuidado sobre la mesa para que siguiese disfrutando del trozo de fresa allí. Luego cogió el paño húmedo, se sentó junto a Luna y comenzó a limpiarla. Ella se estremeció al notar la humedad del paño sobre su rostro, sus labios, su barbilla, su cuello… pero no dijo nada. Se quedó muy quieta observando los ojos de Theodore mientras él le limpiaba los restos de sangre.
Sin embargo, Luna no podía dejar de pensar en que si seguían juntos, él saldría perjudicado y ella no quería que eso sucediese.
— Luna, túmbate, voy a desabrocharte la camisa— musitó dándole un beso en la comisura de los labios para que no se asustase. Al ver que se recostaba y no ponía impedimentos, comenzó a desabrochar uno a uno todos los botones hasta dejarla expuesta. Llevaba un sujetador azul sin tirantes que realzaba sus pechos y Theodore tuvo que tragar saliva para controlarse, odiándose en parte por pensar en algo así en ese momento.
— Oye, Theo— murmuró algo indecisa. Al notar que le pasaba delicadamente el paño húmedo por el costado no pudo evitar que se le escapase un pequeño gemido. Estaba frío.
— Dime— él prefirió no mirarla porque sus labios entreabiertos y algo húmedos estaban haciendo que se le quedase la boca reseca.
— Ellas… — Luna no supo por dónde empezar— Astoria y Pansy no quieren que esté contigo. No van a parar hasta que no volvamos a vernos.
Theodore se quedó inmóvil con el paño en la mano al percibir la clara preocupación en su voz y la miró a los ojos.
— Me importa una mierda, Luna, y lo siento por hablar así pero es que es la verdad. No voy a dejarte. Te juro que no van a volver a acercarse a ti. No dejaré que vuelvan a hacerte daño.
Luna se lamió el labio y se incorporó.
— Pero ellas…ellas le harán daño a todas las personas que me importan.
— No van a tocar a nadie, te lo prometo. Tarde o temprano recibirán lo que se merecen— dijo co convicción, sabiendo que con un poco de suerte sería pronto. Theodore no pensaba alejarse de ella por nada del mundo, porque dependía de ella. Hasta ahora se había sentido apartado de los demás. Constantemente. Había sentido que nadie lo comprendía y aunque Draco y el resto fuesen sus amigos, él era consciente de que no estaba tan unido a ellos como a Luna. En su familia, su madre había muerto y su padre directamente era un cabrón, pero… ¿qué esperaba viniendo de un mortífago? Su relación con él era fría y distante.
Así que siempre había estado solo, aislado de todo lo que le rodeaba, pero ella había aparecido en su vida, convirtiéndose en la persona más importante para él.
— Theo, yo… creo que deberías alejarte de mí.
— Luna— la cortó muy serio— Aunque estés preocupada, te prometo que no va a volver a suceder lo de hoy, porque no voy a apartarme de ti, así que por favor… no me pidas que me aleje. No podría hacerlo. Yo...te quiero.
Un rubor repentino apareció en las mejillas de Luna ante la revelación de Theodore.
— ¿Tú…tú me quieres?— preguntó sorprendida porque nunca antes le habían dicho que la querían, salvo su padre o su madre antes de morir, pero no de esa forma.
No así.
— ¿Cómo no iba a quererte, Luna? Tú eres única. Nosotros nos parecemos, nos entendemos. Yo no sé qué haría si tú no estuvieses conmigo. Seguiría estando igual de vacío y de…
Pero Luna no le permitió terminar. Se acercó y muy despacio besó sus labios, saboreando cada segundo, cada instante. Lentamente abrió un poco la boca y deslizó la lengua buscando la suya, comenzando a hacer un baile hacia delante y hacia atrás, con amor, porque esa era su forma de decirle que ella también lo quería. Que tampoco podía estar sin él. Porque antes de que Theodore apareciera en su vida, ella se había sentido fuera de lugar, pero sobre todo, incomprendida. En cierto modo, cuando empezó a estar más tiempo con Hermione y las demás, sus pensamientos acerca de su inseguridad mejoraron, pero la persona que le había hecho ver que ella no era rara o extraña, había sido él.
Sólo él.
— Theo— murmuró apartándose de sus labios. Él sintió un intenso hormigueo en la boca. Abrió los ojos y la miró— Quiero…yo quiero…
Theodore vio que se sonrojaba mucho y que apretaba las manos, muy nerviosa, como si estuviese intentando buscar las palabras adecuadas para expresar lo que sentía, así que se mantuvo paciente, esperando a que ella se relajara un poco.
— Quiero hacerlo contigo.
Theodore sintió un cosquilleo que le recorrió toda la espina dorsal.
— Siento que este es el momento oportuno, ¿no crees?— musitó ella acercándose mucho para volver a besarle.
Theodore sintió sus manos acariciándole las mejillas y un repentino calor le embargó todo el cuerpo. Y Luna comenzó a esparcirle pequeños besos por el cuello, aspirando su esencia. Esa esencia tan sutil que lo caracterizaba.
— Luna, no. Aún sigues débil. Es mejor que descanses— la apartó, preocupado, pero su voz se había vuelto ronca y supo que no podría resistirse si ella continuaba.
Así que se vio forzado a detenerla, pero ella insistió.
— Me da igual— susurró deshaciéndole el nudo de la corbata— Ya estoy mejor. Quiero hacerlo, de verdad.
Theodore, indeciso, permaneció quieto y dejó que ella empezara a desabrocharle la camisa.
— ¿Enserio...quieres?— preguntó sintiendo un gran remordimiento. Sintiéndose egoísta, sobre todo.
— Sí, claro que quiero — sonrió ella, y sin más, le apartó la camisa y la tiró al suelo. Lentamente le dio un leve empujón haciendo que él se tumbase boca arriba sobre el diván y se sentó a horcajadas sobre él.
Theodore se excitó. Demasiado. Notó su sexo rozando el de ella y sin poder evitarlo, la sujetó de las caderas para pegarla más contra él porque ansió sentirla contra su cuerpo.
Sólo un poco más.
Luna se echó el pelo hacia un lado para que no le molestase y muy despacio se inclinó y comenzó a lamer su cuello con la punta de la lengua, bajando poco a poco.
— Theo—musitó contra su clavícula.
—Dime— susurró él, rodeándola con las manos para deslizarlas por su espalda, sintiendo que cada vez le costaba más hablar, que sólo podía jadear.
— Yo no sé si…voy a hacerlo bien.
Theodore levantó un poco el rostro y la miró a la cara.
— Luna, no te preocupes— le dijo con un hilo de voz. Supo por qué estaba indecisa, pero él se encontraba en la misma situación— Yo también soy virgen.
Luna abrió mucho los ojos porque hasta ahora siempre había dado por hecho que no lo era.
— ¿Ah, sí?
— Sí— afirmó con una voz muy áspera— pero supongo que dentro de un rato ya no lo seré, ni tú tampoco.
Luna se rio con nerviosismo. Pudo percibir algo en su voz que la estremeció. Él estaba excitado y ella también. No sabía mucho acerca de esas cosas pero notó que el cuerpo le ardía intensamente, así que se inclinó de nuevo y continuó el recorrido de sus labios hasta llegar a sus pectorales. Notaba que su cuerpo cada vez quemaba más, y en ese momento la ropa era un impedimento, un verdadero estorbo. Se llevó las manos por detrás de la espalda para quitarse el sujetador pero se detuvo al notar los dedos de Theodore acariciando sus brazos.
— Deja que lo haga yo— susurró mirándola a los ojos— Tú sigue besándome.
Luna no dijo nada, simplemente dejó que los labios vagaran por sus pectorales mientras notaba como él se deshacía de la prenda lentamente. Su sujetador no tenía tirantes, así que fue relativamente fácil para Theodore. Y cuando finalmente se lo quitó y vio sus pechos, la presión en sus pantalones se volvió casi dolorosa.
Porque ella era perfecta.
Luna continuó bajando hasta llegar a su ombligo pero notó que él la sujetaba de los brazos para atraerla a sus labios de nuevo y es que Theodore quería besarla. Necesitaba hacerlo, así que penetró la lengua en su boca, al principio lento, despacio, pero conforme fue deslizando las manos por su estómago hasta llegar a sus pechos, su empuje se volvió más rápido y profundo. Su piel era suave, extremadamente suave y sedosa, y él sintió que estaba a punto de dejarse llevar por sus instintos, así que se dijo que tenía que controlarse, porque, bajo ningún concepto, quería hacerle daño.
Lentamente y sin romper el beso, la movió un poco hasta quedar tumbado encima de ella. En la sala de los Menesteres no se escuchaba ningún ruido. Sólo el sonido de sus besos. De su boca contra la suya. Y justo ahí, se apartó un poco y la miró. Nunca la había deseado tanto como en ese momento.
— Prefiero estar yo encima, Luna, si no te importa. Tú aún no estás bien del todo— musitó rozándole la mejilla con la nariz.
— Tranquilo, Theo. Yo estoy bien mientras tú estés conmigo— le susurró ella deslizando las manos por su cuerpo. Observó sus brazos y vio que se le marcaban más los músculos por la tensión que él estaba ejerciendo al apoyar las manos en el diván. Instintivamente y controlada por el deseo que cada vez se volvía más intenso en su cuerpo, bajó un poco más las manos hasta llegar a sus pantalones. Empezó a desabrocharle el cinturón y Theodore soltó una suave risa al sentir sus dedos vagando por esa zona. Se apartó un poco de ella y él mismo se los quitó, junto con los zapatos y los calzoncillos, quedándose completamente desnudo. Escuchó que más ropa caía al suelo y vio que Luna también estaba terminando de desnudarse. Ella lo pilló mirándola y se sonrojó violentamente pero antes de que pudiera reaccionar, él volvió a tumbarse encima de ella rápidamente para ocultar su desnudez, por la vergüenza que sintió.
Aún así no se amedrentó, deslizó las manos por sus muslos, los abrió y lentamente se acomodó entre ellos. Luego miró a Luna y vio que estaba muy ruborizada.
— Nunca te había visto tan roja— le dijo, riéndose en voz baja. No queriendo hacerla esperar, se acercó más y comenzó a lamer la columna de su cuello, rozando el punto sensible detrás de su oreja. Notaba el sutil olor a fresas. Esas fresas tan deliciosas que él le había llevado y la boca se le hizo agua. Ella era como un dulce. Un dulce que quería devorar muy despacio, tomándose el tiempo necesario para poder saborearlo.
Luna estaba muy excitada. Nunca lo había estado tanto. Cuando percibió la humedad de su lengua detrás de su oreja, su respiración se volvió pesada, agitada, pero al notar que él le mordía el lóbulo, se sobresaltó y de pronto, se sintió húmeda. Mojada. Necesitaba que él se acercarse más. Notaba su erección contra su muslo, pero ansiaba sentirla en otra parte.
Inspiró profundamente intentando no ponerse más nerviosa de lo que ya estaba y lentamente y algo insegura, deslizó la mano por su cuerpo hasta llegar a su miembro. Muy despacio lo sujetó y no pudo evitar estremecerse al notarlo en su mano.
Theodore soltó un gemido.
— Quiero sentirte más cerca— musitó ella con un hilo de voz, casi para sí misma, avergonzada.
Pero Theodore sintió que, de buenas a primeras, se quedaba muy quieta y no movía la mano.
— ¿A qué te refieres?
— Pues…— Luna se mantuvo en silencio, sin saber muy bien cómo decírselo— que quiero notar tu… contra mi…— pero su voz fue apagándose, porque supo que no podría decirlo después de todo, por timidez, así que soltó su miembro y le rodeó la cintura, porque pensó que sería mejor que Theodore no lo supiera. Que no supiera las cosas tan extrañas que pasaban por su cabeza en ese momento.
Sin embargo, Theodore gimió contra su cuello al darse cuenta de a qué se refería. No hizo falta que Luna fuese más explícita. Él se sentía acelerado y no pensaba negarle nada.
— ¿Te refieres a esto?— musitó rozándole el sexo con su miembro, haciendo que ella simplemente soltase un quedo suspiro—¿Así?
Luna por un momento se quedó sin palabras. Notar su erección friccionando contra su sexo provocó que lo desease con todo su corazón. Estaba al corriente de que cuando él diera el último paso, le dolería pero no le importó porque quiso hacer el amor con él. Necesitó demostrarle lo mucho que significaba para ella.
— Sí, Theo, así— respondió al fin, se atrevió a deslizar las manos por su espalda hasta llegar a su trasero y se pegó un poco más a él.
— Luna, si sigues diciéndome cosas como esas voy a perder el control y no quiero hacerlo— la advirtió entre jadeos. Joder, el tacto de las yemas de sus dedos hundiéndose en su culo era más de lo que podía soportar y por si fuera poco, ella lo había hecho para aproximarle más a su sexo.
Aún recordaba cómo había empezado todo. Estaban tumbados en el diván. En el diván donde durmieron juntos la primera vez cuando él comenzó a fingir que era sonámbulo y ahora la tenía bajo su cuerpo, completamente desnuda, y estaba apunto de deslizarse dentro de ella. Y su pelo, su pelo algo alborotado en ese momento le daba un aspecto salvaje, un aspecto que junto a su inocencia lo volvieron completamente loco.
— Theo— susurró Luna. Él continuaba lamiendo, succionando, mojando la zona sensible de su cuello, haciendo pequeños círculos con la lengua.
— Qué.
— Hazlo— su respiración se volvió irregular— Hazme el amor.
Theodore se derritió ante sus palabras. La miró y vio el brillo en su mirada inocente, pero en sus pupilas dilatadas pudo captar el deseo que había en lo que ella le había pedido. Le preocupaba el hecho de no tener experiencia, porque estaba claro que hubiese sido un punto a su favor, pero ella era su novia. Con el tiempo aprenderían. No tenía por qué darle más vueltas así que muy despacio acercó los labios a los suyos para fundirlos en un beso húmedo y caliente, dándole respuesta a lo que ella le había pedido y Luna, inconscientemente, se aferró más a su trasero e inhaló profundamente al notar que él separaba un poco más sus muslos, que presionaba lentamente su miembro contra su sexo y que comenzaba a penetrarla.
Theodore sintió el gemido de ella contra su boca. Quizás por dolor, o quizás por placer, pero continuó presionando hasta estar por completo dentro de ella y se quedó muy quieto. Estaba estrecha, apretada, pero también sedosa y húmeda, algo que hizo que se endureciese mucho más. Se apartó de sus labios y la miró a los ojos, sabiendo que debía tener cuidado, ya no sólo por el hecho de que fuese virgen, sino por lo que había pasado. No quería que se agotase porque no sería bueno para ella.
— Por favor, no pares— musitó Luna retirando una mano de su trasero para apartarle un mechón de pelo de la frente, queriendo ver claramente sus ojos azules.
— ¿Te duele?
Luna esbozó media sonrisa.
— Sí, pero también me gusta, ¿sabes? Por eso quiero que sigas.
Theodore se rio, apoyó el rostro contra su cuello enterrando la nariz en él y comenzó a hacer un movimiento lento, embistiéndola poco a poco, intentando ser lo más cuidadoso posible. Escuchaba sus suaves gemidos y notaba sus manos aferrándose más fuerte con cada empuje que él hacía.
Luna sintió dolor. Era molesto, pero no llegaba a ser insoportable. Podía sobrellevarlo perfectamente. Además, cuanto más se movía Theodore dentro de ella, menos le dolía. Cada vez era más cómodo y curiosamente, empezó a volverse agradable. Demasiado agradable.
Él escuchó que sus pequeños gemidos comenzaban a volverse más intensos, dándole a entender que estaba disfrutando, así que se animó, empujó un poco más fuerte y más profundo, y le arrancó un grito de placer.
Luna deslizó las manos hasta llegar a su nuca y lo atrajo hacia ella para besarlo, haciendo que él la abrazase más fuerte y aumentase un poco la velocidad del ritmo. Theodore estaba muy excitado. Excitado porque notaba lo caliente que ella estaba, lo sentía. Sentía su miembro deslizándose por las paredes estrechas y mojadas de su sexo. Su cuerpo se acoplaba perfectamente al suyo. Él nunca había deseado acostarse con ninguna chica. Había sentido atracción sí, pero nada más. Y ahora, ahora simplemente era diferente. Era Luna. Y ella conseguía que apareciese todo ese deseo que guardaba consigo, conseguía que se imaginase cosas sucias, algo que no solía pasarle muy a menudo. Ante esa oleada de pensamientos, la penetró más fuerte y Luna instintivamente arqueó las caderas hacia arriba para que él pudiese llegar más profundo. Él notaba una sensación agradable, irresistible… que iba aumentando con cada embestida que daba. A veces lo había sentido -cuando se masturbaba en el baño por las noches-, pero en esa ocasión, el placer fue mucho mayor.
Mucho más intenso.
— ¿Lo sientes?— preguntó Luna de pronto. Ella jadeaba y gemía al notar su miembro entrando y saliendo cada vez con más fuerza. Cuanto más se deslizaba Theodore dentro de ella, más fluido se volvía el movimiento. Más natural. Él la observó y vio que unas gotas de sudor comenzaban a rodar por su clavícula hasta llegar a sus pezones. Estaban erguidos por la excitación y simplemente, no pudo evitarlo. Se acercó a uno de ellos y le dio un suave mordisco.
— ¿El qué?— jadeó sin dejar de moverse hacia delante y hacia atrás, enterrándose profundamente dentro de ella.
Luna cerró los ojos al sentir como Theodore succionaba su pezón endurecido.
— Algo muy agradable creciendo dentro de nosotros, ¿no lo notas?
— Sí, Luna, y creo que puede ser mejor— musitó deslizando su miembro nuevamente dentro de ella, apartando la boca de su pecho y acercándose a su oído— Creo que si yo me moviese un poco más rápido, sería mucho mejor, pero sólo si tú quieres.
Luna se estremeció al notar sus labios mojados moviéndose contra el lóbulo de su oreja de una forma lenta y sensual.
— Oh, sí quiero, Theo. Ya no me duele.
Theodore sonrió y se dejó llevar. Se dejó llevar como quería desde hacía largo rato. Se dejó llevar incrementando el ritmo. Se dejó llevar hasta que notó que no podría aguantar mucho más. Luna sintió que llegaba a la cima. A la cúspide.
Y voló.
Voló alto.
Sintió como las paredes de su sexo se contraían sobre el miembro de Theodore y su cuerpo se retorció al experimentar un intenso placer. Un placer que jamás había sentido antes. Theodore escuchó su gemido y no pudo esperar más. La embistió profundamente, dejando que su deseo lo inundara y voló con ella.
Al cabo de unos segundos, poco a poco, sus respiraciones fueron ralentizándose. Theodore se echó muy despacio a un lado y se tumbó junto a ella. Luna se incorporó para que él le pasase el brazo por debajo y luego se acurrucó, apoyando la cabeza en su pecho.
Él bajó un poco el rostro para poder mirarla. Luna se limitó a deslizar los dedos, haciendo dibujos por su estómago.
— ¿Estás cansada?
— Sí y no.
Theo esbozó una sonrisa, siendo consciente de lo enigmatica que siempre sería para él.
— Explícate, Luna.
— Estoy cansada físicamente pero no mentalmente. ¿Sabes? Dentro de un rato, ¿podríamos repetirlo?
A Theodore se le escapó una risa ante su comentario y la abrazó para acercarla más a él.
— No sabes lo que me apetece, pero tienes que descansar, Luna. Después de lo que ha pasado, lo necesitas. Tienes que dormir.
Luna frunció el ceño. Pocas veces lo hacía y a Theodore le encantó verla así.
— No quiero volver a mi sala común.
— ¿Quién ha dicho que tengas que volver a tu sala común? Esta noche vas a dormir, pero aquí, y conmigo.
Pero Luna supo que la hora de la cena se acercaba.
— ¿No vas a ir al Gran Comedor?
Theodore se apartó y se incorporó un poco, apoyando los codos en el diván, haciendo que se le marcasen más los abdominales.
— Ya he traído comida, Luna. No pienso marcharme a ninguna parte.
Luna sonrió y volvió a atraerlo a su lado. Ya no le daba vergüenza verle completamente desnudo ni que él la mirase.
— Theo…no sabes lo importante que eres para mí— dijo con un leve temblor en la voz, y es que seguía un poco asustada por que Astoria o Pansy volviesen a hacerle daño, pero aún así se convenció de que no debía preocuparse porque Theodore le había dicho que la defendería. Él era su héroe en todos los sentidos. Y supo que siempre estaría ahí para ayudarla. Que ambos se cuidarían el uno al otro.
Theodore presionó un suave beso sobre su cabeza, la rodeó con los brazos notando como su aroma lo embargaba, dejó que ella apoyara su brazo sobre su pecho para recostarse sobre él y cerró los ojos mientras jugaba con un mechón de su pelo entre sus dedos. Nunca se había sentido tan completo.
Tan afortunado como en ese momento.
Había encontrado a la chica perfecta. Perfecta para él.
No supo qué iba a suceder a partir de ese día pero sí supo que jamás volvería a dejarla sola. Aún así, prefirió no pensar mucho en el mañana, se giró de lado dejando su rostro frente al de ella para poder mirarla y se durmió.
Se durmió pensando en cuánto la quería y cuánto le importaba.
''Qué noche… Dios no ha creado otra igual. Su principio fue amargo, pero qué dulce su fin…''
—Las mil y una noches—
No sé cómo estaréis vosotras pero yo estoy en una nube. ¡OMG ME MUERO DE AMOR! No sabéis que mal lo pasé escribiendo la escena de la paliza y lo de Oníria... sufrí mucho :( pero tengo que ser fiel a mí misma y a la trama del fic.
¿Quién se iba a imaginar que los primeros en caer serían Theo y Luna? jajajajaja ¡Los más inocentes al final han resultado ser los más lanzados! XDDD ¡Y encima, Theo ha entrado en el GCTMM! Un Slytherin. La que se va a liar...
Espero que Pansy y Astoria se coman todas las galletas y tengan cagalera durante toda su vida jajajaja Han sido super malas, sobre todo Astoria. D:
Ahora... ¡Ron tiene serios problemas! Ay, ay, ¿qué creéis que hará? ¿Se atreverá de una vez por todas a salir de la habitación con su precioso pelo rubio? jajajajajja
¡Malfoy se ha portado muy muy mal con ese castigo tan perverso! ¡Pobre Hermione! jajajaja ¡Qué mal la ha dejado! Ella necesita hielo y con urgencia XDDD ¡No puedo esperar a saber lo que va a pasar en la fiesta de Blaise! uff, uff... ¡me tiemblan las piernas!
Por cierto, cuando me enviéis peticiones de amistad a facebook, POR FAVOR, dejadme un mensaje privado diciéndome quiénes sois, porque si no, no aceptaré la solicitud. Tengo miedo a los secuestradores xDDDDDDDD
ESTE CAPÍTULO VA DEDICADO A: En Resumen soy un Heroe, Milymu, Romaaa, Morgana Argay Malfoy, Hermy Evans Black, Melanie Lestrange, Jackeline, Tess21, Connie1, Isabel, Vale Malfoy, Rosyr, Emma Felton, Sam Wallflower, rosedrama, ian, sirone aphrody, HikariGoth, crazzy76, minako marie, CoposdeHielo, Jane Meyer, Shirmione Malfoy, Saori Haruno, BereLestrange, dreapls, Ishiro Shizuka, vampire obsesion y en especial a kionkichin por sus maravillosos reviews! :D
PD: ¡QUE LEVANTEN LA MANO LAS QUE AMEN A THEODORE NOTT!
