¡Hola chicas! :D ¡Aquí vuelvo con 51 páginas de word, con las que espero que disfrutéis y os riáis mucho! ¡Este capítulo he tenido que partirlo porque si no me hubiese ocupado bastante y lo más probable es que hubiese tardado mucho más en actualizar! Espero que os guste ^^

ADVERTENCIAS: Recomiendo que cuando leáis este capítulo no estéis comiendo y tampoco lo leáis si es muy tarde y vuestra familia está durmiendo XDDDDDD

Quiero dar las gracias a todas las que me estáis apoyando y que sepáis que esta vez, el capítulo VA DEDICADO A TODAS VOSOTRAS :D ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!

Alesz, Jean, kionkichin, Leonor Snape, Aurora Caelestis, Melanie Lestrange, Mei Fanel, rosedrama, Shirmione Malfoy, Hermy Evans Black, ValeenG, LucyTheMarauder, Lunajely, leo-jasper-ilove-vampires, Romaaa, keki46livecom, Tess21, sirone aphrody, Style-Shinigami, mariapotter2002, Adarae, Viridiana, Saori Haruno, The Ladycat69, mila0628, Milymu, Jazmin Saigan96, merylune, Vale Malfoy, Rosyr, ladymist89, ZhirruUrie, caroone, Ishiro Shizuka, Jane Meyer, Emma Felton, DeinoO-Dragomir, Fersha Malfoy, Sam Wallflower, crazzy76, Effy Malfoy Reckless, seddielovenathan, mileyvulturi, HikariGoth, Isabel, Gardeniel, Guest, ian, En Resumen soy un Heroe, gabyDM47,Gaby, BereLestrange, Morgana Argay Malfoy,dreapls, CoposdeHielo, tammysol, alissa-2012 y Luladark.

Contestaciones a las no registradas:

Jean: Holaaa Jean! :D jajajja yo también me reí mucho escribiendo el capítulo, y por si fuese poco, luego vi en google una foto de Ron rubio y me iba a morir de la risa JAJAJAJAJA ya no voy a poder verlo de la misma forma a partir de ahora xDDD como ves, Theo en este capítulo fue... ainss... todo un amor! Ojalá alguien me cuidara así D: es tan mono... bueno y con la escena del dibujo, no sabes como me reí xDD qué vergüenza! Aunque me hizo mucha gracia cuando Draco pensó que el pelo de Hermione era la parte más difícil de dibujar! jajajajajaja mira que es malo! XDD Espero que te rias mucho con este nuevo capítulo! ya verás... un besazo muy grandee! :)

Mei Fanel: ufff Ginny y Blaise, jajajajaj efectivamente entre ellos hay fuego! FUEGO PURO! ahora si surge un momento íntimo entre ellos dos... uff, uff miedo miedo jajajajja Draco no hizo nada con Hermione porque estaba castigada jajajaja si no lo más seguro es que hubiese pasado algo jijiji por cierto, yo lo pasé muy mal escribiendo la escena de Oníria pero gracias a Merlín al final todo salió bien, y eso es lo que importa :) Ahora sólo queda que las dos malditas arpías reciban lo que se merecen! ¿Qué pasará con las galletas? ¿Las verán? muajajjaajjaa en este capítulo lo sabrás! Espero que te guste muuucho :D

keki46livecom: Hola keki! Me alegra que te gustase el capítulo. :D Con respecto al tema de las palabrotas, ya he puesto varias veces la advertencia de vocabulario soez, lemons y demás a lo largo de la historia. Y a estas alturas del fic no voy a cambiar el carácter de los personajes. Espero que te guste el siguiente capítulo! Un besazo :D

Tess21: Holaaaa guapa! :D Me alegra que te gustase tanto el capítulo! Yo disfruté mucho escribiéndolo (aunque hubo partes en las que sufrí mucho, como la de Oníria), pero bueno... como dice la frase de las mil y una noches, su principio fue amargo, pero dulce su fin jijiji :D así que todo salió bien! Menos mal! Ahora a esperar a que Astoria y Pansy reciban su merecido muajajajjajaa! no sabes como me he reído escribiendo este nuevo cap.! Espero que te guste muuucho y te saque más de una sonrisa! hahahahaa Un besazo muy grandee :D

Rosyr: Hola querida Rosyr! :D Últimamente cada vez me salen más largos los capítulos ajajajjaa este tiene 51 páginas de word y creo... que te vas a reir bastante. Y vas a disfrutar mucho con algunas cosas... JAJAJAJAJA ya lo entenderás cuando lo leas XDD Efectivamente, Oníria no había hecho nada malo a nadie (y parece que Pansy se arrepintió un poco en el último momento porque no quería llegar tan lejos), pero Astoria... ejem, ejem. Ambas se merecen lo que tu dijiste. Que se disequen! JAJAJAJAJA no sabes como me reí cuando escribí la parte del pelo de Hermione (Draco como siempre. Él sigue en su línea de cabroncete jajajaj xDD). Normal que Hermione le diese una ostia. Yo hubiese hecho lo mismo. A ver si hace algo para devolvérsela :B en fin, en cuanto a Blaise, Modo bipolar ON. Veremos a ver qué hace en la fiesta, aunque parece ser que al menos ha admitido que le gusta Ginny (aunque sólo sea un poco y a su manera xD). Y en cuanto a Ron... JAJAJAJAJA el Locomotor Wibbly y el Calvario son míticos. Me he acordado mucho de ti escribiendo este capítulo. No digo nada más JAJAJAJA espero que te rías mucho! Un besazo muy grande guapaaaa :D

Emma Felton: Holaaa querida Emma! :D Sí... estuve bastante mala :( creo que fue del estrés de los exámenes finales y tarde o temprano eso tenía que pasar factura! Lo pasé muy mal pero gracias a Dios ya estoy mejor, aunque todavía siento molestias, pero bueno con el tiempo se me curará. También creo que es porque como mucho y demasiado rápido JAJAJAJAJA (mis amigos dicen que parece que tenga una tenia dentro del estómago jajajjaja). Yo espero que Iris dibuje al final a Jane. Me haría muchísima gracia verla con su traje de inspector gadget JAJAJAJA Draco nos dio un susto a todas, pero después de todo lo que habían pasado él y Hermione juntos... no iba a volver a ser el mismo imbécil de siempre. Además, que ella fuese a espiarlo ¡cómo iba a molestarle! JAJAJAJAJ se puso más cachondo aún XDDD este rubio es de lo que no hay! ayyy Emma... yo también tengo muchísimas ganas de que se acuesten, pero ya sabes que lo bueno se hace esperar jijiji pero bueno, paciencia paciencia. Ya llegará :P Nadie se esperaba que Theo y Luna fuesen los primeros la verdad. haahaahahaa pero es que era su momento... ains qué bonito (L) *-* En cuanto a Blaise, pff es que es super contradictorio... por un lado es odioso, pero por otro... ainss, es que no hay por dónde pillarlo xDD a ver si deja de ser tan bipolar! Veamos ahora qué pasa con ''Austonia'' como tú dices y Pansy! JAJAJAJAJA a ver qué te parece este capítulo! Yo me reí como una loca escribiéndolo! Espero que te guste mucho! Un beso muy grandeeeee guapísimaa! :D

Isabel: Hola Isabel! :D jijiji nadie se esperaba lo de Theo y Luna! A todas os pilló por sorpresa :P Pero fue tan bonito... qué monos *-* Ahora eso sí, Pansy y Astoria tienen que recibir su merecido. La cuestión es...¿Se tomarán las galletas o no?... chán,chán,chán jajajajaja Ahora lo sabrás! Espero que te rías mucho con este capítulo guapa! Un besito muy grandee! :D

Guest: Hola Guest! :D Efectivamente todo empezó con bastante angst, pero al final se solucionó :) Suerte que Oníria no podía morir y Theo estuvo ahí para ayudar a Luna... *-* Espero que te guste este capítulo! Un besazo muy grandee :D

Ian: Hola ian! jajajjaa pues sí! Theo y Luna han sido los primeros! Y eso que eran los más inexpertos e inocentes xDDD ¡Quién se lo hubiese imaginado! :P pero fue tan bonito... si es que son como dos ositos amorosos jijiji ya irán aprendiendo poco a poco... jajajaja yo también tengo muchas ganas de que sea la fiesta! OMG! ¿un Blaise enamorado? ya verás... jajajaj yo no digo nada xDD Espero que tú también te lo estés pasando genial ahora en vacaciones! Que para eso son! Para pasarlo bien :D Creo que con este cap. te vas a reír mucho, o eso espero! Yo me lo pasé pipa! Espero que te guste! Un besazo muy fuerte guapísimaa :D

gabyDM47: hola gabyDM47 :D Me alegra que te guste mi historia! No te preocupes que no me he aburrido ni la voy a dejar! jajajjaja Espero que te rías mucho con este capítulo! Un besazo muy grande :D

Gaby: Hola Gaby! A todas nos gustaría un chico como Theo, que nos protegiera y nos curase U.U, si es que es monísimoo! jijiji Me alegra mucho que te rías tanto con mis historias :) y hablando de risas, creo que te vas a reír bastante con este capítulo! jajajaja yo me lo pasé genial escribiéndolo! Volviendo al capítulo anterior... Malfoy se pasó bastante con Hermione, pero yo espero que ella le haga algo para vengarse! jijiji y bueno Zabini... pff veremos a ver qué pasa con él, que como es tan bipolar, nunca se sabe por dónde va a salir xDD Espero que te guste mucho este capítulo! jijiji un besazo muy grande guapísima! :D

y ahora... sentaos cómodamente y disfrutad de la lectura :)


-¡PLFFF, BRRR, PLFFF, GRBBB!- Editado

A la hora de la cena, Draco permanecía sentado en la mesa de Slytherin junto a Blaise, Crabbe y Goyle, preguntándose dónde narices estaría Theodore. No había aparecido por allí y en la mesa de Gryffindor tampoco estaba Lovegood. Zabini y Malfoy le habían contado a Vincent y a Gregory que él había entrado en el dormitorio bastante furioso y con la camisa llena de sangre. Draco aún recordaba las palabras de Theodore, que no lo esperasen esa noche, que no iba a volver. Y la curiosidad comenzaba a inquietarle. Haberle visto tan enfadado había sido una novedad pero ya habían pasado horas desde su encuentro y estaba empezando a perder la paciencia, así que se mantenía absorto, apoyando el rostro en un puño cerrado, clavando la vista en Granger, que desviaba continuamente la mirada con nerviosismo.

Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando ocurrió algo que captó toda su atención.

Ron Weasley entró en el Gran Comedor intentando pasar lo más desapercibido posible, pero su presencia no fue ignorada. Llevaba un jersey naranja de Lacoste, unos pantalones de cuadritos de Burberry y un gorro de lana que no pegaba en absoluto con el conjunto que llevaba. El ya no pelirrojo deseó y rezó porque nadie se diera cuenta del color de su pelo, no quiso aparecer por allí, pero en esa ocasión su estómago fue el que mandó y no pudo soportar más el hambre que tenía, así que se acercó a la mesa de Gryffindor intentando parecer casual y se sentó junto a Harry.

Por un momento, todas las miradas del Gran Comedor se centraron en él y hubo un incómodo silencio. Ron sintió un vuelco en el estómago porque no soportaba ser el centro de atención. Se encogió de hombros, intentando ignorar lo que sucedía a su alrededor y comenzó a comer, muerto de vergüenza, preguntándose si su admiradora secreta estaría observándole entre la gente.

Hermione y Draco se quedaron en blanco durante unos segundos. Cuando pudieron reaccionar, se miraron desde sus respectivas mesas y estallaron en carcajadas.

— Oye, ¿qué ocurre, Hermione?— Ginny que estaba sentada a su lado, también vio a su hermano entrar con unas pintas muy raras, pero no entendió a qué se debía el ataque de risa. Sin embargo, al ver que su amiga la miraba fijamente, se sintió incómoda porque a pesar de que había conseguido cubrirse perfectamente el chupetón de Zabini con un poco de maquillaje de Lavender, tuvo la sensación de que lo descubriría en cualquier momento.

— No es nada, Ginny. Déjalo— le dijo Hermione centrando la vista en su plato porque supo que si continuaba mirando a Ron o a Malfoy volvería a reírse.

En la mesa de Slytherin, por otra parte, Draco carraspeó y volvió a adoptar una postura indiferente. Nadie se había dado cuenta de que Granger y él se habían reído por lo mismo pero se vio forzado a disimular. Sólo pudo pensar en que su carta había hecho efecto. Y que el pobretón llevara un gorro para cubrirse el pelo, le confirmaba que se había teñido, así que tuvo la necesidad de deshacerse de esa porquería de trapo andrajoso de su cabeza como fuese para verlo rubio. Inconscientemente volvió a fijar la vista Hermione, se encontró con su mirada y a ambos se les escapó una risa.

Pansy, que estaba sentada frente a él y llevaba toda la cena sin apetito, se dio cuenta de que se reía mientras miraba a alguien. Se giró un poco para ver si veía algo raro y se percató de que la sangre sucia también estaba riéndose. Por un momento, se quedó sin aliento, sintiendo que algo se le escapaba, pero estaba tan preocupada, que deshechó rápidamente la idea de que ellos estuvieran mirándose, se dedicó a observar las costillas que había en su plato y comenzó a dar vueltas a su tenedor. Tenía el estómago revuelto y aún no había probado bocado. El hecho de que Theodore y Lunática no hubiesen aparecido por el Gran Comedor le creaba más ansiedad y por más que lo había intentado, no se quitaba la imagen del cuarto de baño de la cabeza.

No es que Lunática le diese pena, pero no se sentía bien y no podía dejar de hacerse preguntas. Si alguien la habría encontrado en esas condiciones, si estaría en la enfermería, si habría contado lo sucedido a Theodore. Y cuantas más vueltas le daba, menos apetito tenía.

— ¿Qué pasa, que no vas a comer o qué?— le espetó Astoria levantándose de la mesa, sin ningún atisbo de remordimiento en su mirada— Yo ya he terminado. Me vuelvo a la habitación.

Pansy la miró y soltó el tenedor.

— Espera,— dijo con voz temblorosa— voy contigo. No tengo hambre.

Draco se percató de que Pansy estaba algo rara pero no le dio importancia. Vio que se marchaba con Astoria y volvió a mirar a Granger, sabiendo que tenía que hablar con ella de alguna forma antes de regresar a su dormitorio. Como ya había terminado de cenar, se levantó sin decir nada y se marchó del Gran Comedor, dejando allí a sus amigos, entre ellos a Zabini, que parecía bastante estresado.

— ¿Qué narices te pasa hoy, Blaise?— le preguntó Daphne frunciendo el ceño, siendo consciente de que el comportamiento de él era muy extraño. Había intentado en más de una ocasión acariciarle la entrepierna por debajo de la mesa pero él la había rechazado y le había apartado la mano.

Todas las veces.

— Me duele la cabeza— dijo con un hilo de voz, sabiendo que era una excusa barata y poco creíble— ¿Por qué no vuelves con Pansy y Astoria a tu habitación? Es que sinceramente hoy no me apetece follar. Estoy cansado.

Directo al grano. No le importó en lo más mínimo hacerle daño con ese comentario. Daphne, en cambio, lo miró de arriba abajo con desprecio y se levantó bruscamente.

— Cuando dejes de ser un gilipollas insensible me avisas, Blaise— pero él siguió clavando la mirada en su plato, asqueado. No tuvo ganas de levantar la vista para mirarla. Y en realidad, parte de lo que le había dicho era cierto. Estaba cansado, le dolía la cabeza, necesitaba dormir y por si fuera poco, no conseguía apartar a Weasley de sus pensamientos— Me largo. Espero que mañana no estés tan borde.

Y Blaise, simplemente, sintiéndose agotado, se limitó a suspirar y a ver como se marchaba.

Mientras tanto, en la mesa de Gryffindor, Hermione había visto que Malfoy se iba, pero antes de salir del Gran Comedor, él la había mirado de tal forma que ella supo muy bien lo que quería decirle. Que tenían que hablar, así que rápidamente se terminó la poca comida que quedaba en su plato y se apresuró a salir de allí. Comenzó a buscar por el vestíbulo pero no encontró a nadie. Sólo vio como Daphne Greengrass se marchaba completamente sola a las mazmorras, que parecía bastante enfadada, de hecho. Y Hermione decidió que lo mejor sería ir en esa dirección, porque supo que Malfoy estaría por allí.

Sh— le escuchó sisear cuando iba caminando por uno de los oscuros pasillos. Se giró sobre sus talones, se dio cuenta de que estaba apoyado en la pared de uno de los recovecos y que apenas se le veía en la oscuridad. Pero a pesar de todo, hundía las manos en sus bolsillos y parecía estar contento. No dejaba de reírse, más bien.

— ¿Malfoy?— Hermione se aproximó despacio pero cuando estuvo lo suficientemente cerca, Draco la aproximó más a él, sujetándola del cuello, la besó abrasadoramente y hundió la lengua en su boca.

Sin embargo, Hermione forcejeó para romper el beso, porque aunque le apetecía, no quiso ceder. Aún seguía resentida.

— Hm— gimió contra su boca al notar que él deslizaba las manos hasta llegar a su trasero, que se lo apretaba suavemente y que arrugaba su falda. Draco presionó con más fuerza y profundidad la lengua dentro de su boca y ella cerró los ojos, se agarró a la camisa de su uniforme y apretó los puños, con ira. Se odió por ser incapaz de pegarle un empujón, por no poder negarse a sus besos después de lo que le había hecho en su habitación.

Aún así, al cabo de unos segundos en los que Hermione sólo pudo sentir la humedad de su boca contra la suya y sus manos recorriéndole el cuerpo, por fin consiguió apartarse de sus labios. Apenas podía respirar y vio que Malfoy estaba igual que ella. Tenía los labios humedecidos y un poco rojos.

— Qué quieres— le dijo ella entre jadeos, intentando sonar tajante y borde.

Draco vio que de pronto se ponía muy seria y que daba un paso hacia atrás con la intención de alejarse, así que la sujetó impidiendo que pudiera moverse. Fue consciente de que ella aún estaba molesta por lo que había sucedido, pero iba a conseguir que se olvidase.

Sin embargo, Hermione quiso hacerse la dura, porque no pensaba dejar que estuviera tan contento y feliz, como si nada hubiera pasado.

— Con menudas pintas ha aparecido el pobretón— disimuló Malfoy cambiando de tema— La ropa le queda mejor de lo que esperaba. ¿Crees que se habrá teñido el pelo?

Hermione intentó contenerse pero se le escapó una risa y es que tratándose de Ron, no podía controlarse cada vez que lo recordaba. Y por si fuese poco, al haberlo visto de cerca, se había dado cuenta de que también se había teñido las cejas.

— Sí lo ha hecho, pero mientras no se quite ese gorro no vamos a poder verle.

Draco bajó un poco la cabeza y apoyó los labios contra su cuello, notando su aroma, sintiendo lo embriagador que era su olor.

— Podríamos escribirle otra carta pidiéndole que queme ese trapo de pobretón y que se deje de gilipolleces— sugirió aproximándola completamente a él, deslizando las manos por su espalda hasta dejarlas en su cintura.

Hermione se enrojeció al notar el calor de sus manos.

— Suéltame— dijo con voz entrecortada.

Pero Draco no lo hizo.

— Venga, Granger, no seas así— le susurró mirándola a los ojos, pero se percató de que tenía muchas ojeras— Veo que no has dormido mucho esta noche. ¿A qué se debe? Ah, ya sé…

Hermione le pegó un empujón y se apartó.

— Vete a la mierda, Malfoy. No tiene ninguna gracia— le espetó furiosa, maldiciéndolo por que tuviera la cara dura de cachondearse de lo sucedido.

Draco, al ver que ella se alejaba mucho, la cogió de la mano, volvió a acercarla a él y la estampó contra su torso.

— Este fin de semana te compensaré.

Hermione notó sus brazos rodeándola y su respiración contra su cuello, y no pudo hacer nada. Lo odió. Lo odió por conseguir con pocas palabras lo que le diera la gana.

— ¿Ah, sí? ¿Y cómo piensas compensarme?— ella intentó parecer distante, pero su voz se volvió pesada, y más aún cuando notó el tacto de sus manos deslizándose por todo su cuerpo.

— Esta tarde he estado hablando con Blaise y hemos decidido hacer una fiesta el viernes en nuestra habitación. Me ha dicho que te lo diga y que tú avises a las demás— Draco dejó la nariz enterrada en su cuello y movió los labios muy despacio sobre su piel para que ella pudiese percibir cada una de sus palabras, y es que sabía perfectamente cuál era su punto sensible, que así entraría en razón y dejaría de forcejear.

Hermione se quedó muy quieta. ¿Una fiesta en la habitación de Malfoy? No sonó nada mal, pero era bastante arriesgado.

— ¿Zabini te lo ha dicho?— dijo enarcando una ceja, porque le extrañó que precisamente él quisiese invitarlas con lo desagradable y arisco que era— ¿Y cómo vamos a ir todas sin que nos vean? Además, alguien de vuestra casa podría pillarnos en vuestra habitación— comentó algo intranquila, porque precisamente ese día ya había devuelto la capa al cuarto de Harry. Y el hecho de tener que cogerla otra vez no le hacía gracia, porque supo que últimamente estaba abusando demasiado de ello.

— Ya nos encargaremos nosotros. Vosotras venid pasado mañana sobre las siete. Si conseguistéis entrar en el vestuario sin que nos diésemos cuenta, podréis colaros en mi sala común perfectamente. Además, se supone que sabéis la contraseña.

Hermione se mantuvo en silencio durante un momento y notó que él comenzaba a pasar la punta de la lengua por la columna de su cuello, también sintió la forma en que lo hacía, despacio, humedeciéndole poco a poco la zona, pero...

...no pensaba dejarse llevar.

— ¿Hasta qué hora va a durar la fiesta?— le dijo queriendo distraerle, sabiendo que si lo mantenía hablando, él pararía de hacerle esas cosas, pero Malfoy la abrazó tan fuerte que Hermione notó el roce persistente de su erección contra su sexo y tuvo que ahogar un gemido.

Él se rio suavemente, sin apartar los labios de su cuello.

— ¿Tú qué crees, Granger? Toda la noche— le soltó, seguro de que su comentario la haría estremecerse, que en una noche podían pasar muchas cosas, y más si había alcohol de por medio.

— Ah— fue lo único que pudo decir Hermione. Percibió la lascivia que había detrás de sus palabras y sintió un escalofrío. Se preguntó por un momento si pasaría algo, pero luego se dijo que no, porque estarían todos, que era muy difícil que pudieran quedarse a solas. Sin embargo, recordó que aún seguía molesta con él, que tenía que hacerle sufrir, no caer en sus brazos como una estúpida.

— Por cierto— suspiró Draco contra su cuello haciendo que a Hermione se le pusiera el vello de punta. Su aliento era caliente y muy agradable. Había un montón de palabras para definirlo, pero ella ni siquiera pudo pensar en ese momento.

— Dime— gimió sin poder controlarse.

— ¿Vas a venir mañana a verme al partido?

Hermione se quedó en silencio y se apartó un poco para mirarle a los ojos. Era cierto. Al día siguiente había partido de quidditch, que era entre Ravenclaw y Slytherin, pero ella tenía que estudiar.

— ¿Qué te hace pensar que vaya a ir a verte, Malfoy?

Draco se encogió de hombros.

— No sé, es probable que juegue mucho mejor si tú estás animándome desde las gradas, aunque… la victoria está asegurada. Los pajarracos no tienen nada que hacer.

Hermione rodó los ojos.

— Sí, claro. En eso estaba pensando. En ir a animarte— en su voz se pudo captar el sarcasmo a la perfección — Haré una pancarta con tu nombre y le diré a Harry y Ron que me ayuden a pintarla.

— No seas tan borde. Ven a verme.

Hermione entornó los ojos y se mordió la lengua, detestando que siempre lograse convencerla con sus palabras. Aunque con esa voz tan sutil, manipuladora y endiabladamente hipnótica, supo que él podría conseguir lo que quisiera.

— Está bien— dijo entre dientes, sin poder creer que, por primera vez, quisiera que Slytherin ganase a Ravenclaw. Aún así prefirió no hacérselo saber, porque estaba segura de que se regodearía.

Retrocedió un paso.

Draco vio que de pronto se apartaba y que parecía dispuesta a marcharse.

— ¿A dónde narices vas?

Hermione sonrió disimuladamente y salió del recoveco.

— A mi dormitorio. Tengo mucho sueño y quiero descansar. Como bien has dicho, esta noche no he dormido mucho, Malfoy— le espetó, dándole a entender que que iba a sufrir, que se quedaría con las ganas, que no iba a estar con él más rato si era lo que pretendía.

Draco la miró desconcertado, sin poder creer que fuera capaz de largarse, dando por hecho que volvería.

Pero no lo hizo y él se tensó inmediatamente.

— Granger— al llamarla, ella se dio media vuelta y lo observó desde lejos. Malfoy seguía apoyado en la pared y había vuelto a hundir las manos en sus bolsillos.

— Qué.

— Ven un momento— su voz se había vuelto suave, ronca y exigente— Quiero besarte.

Hermione dudó por unos instantes pero luego se acercó. ¿Que la quería besar? Era el momento oportuno para devolvérsela.

— Prefiero hacerlo yo— dijo con un hilo de voz.

Draco se estremeció al ver que se acercaba demasiado y que comenzaba a jugar con su corbata. Sacó las manos de los bolsillos para atraerla a él pero Hermione se retiró.

— No, Malfoy. Quiero hacerlo yo esta vez. Quiero que te quedes quieto mientras te beso, así que no hagas nada.

Draco se humedeció los labios. Joder. Se sorprendió repentinamente de que pudiera pedirle algo así, y supo que le iba a resultar muy difícil no tocarla.

— No sé si voy a poder, Granger— le dijo, queriendo ser sincero.

— ¿Puedes intentarlo, al menos?

El silenció reinó por todo el pasillo y Draco, sin estar conforme, rechinó los dientes, pero al final cedió y volvió a meter las manos en sus bolsillos.

— Está bien— murmuró queriendo controlarse, notando como se le endurecía la polla sólo con escucharla— pero hazlo de una vez.

Hermione sonrió para sí misma al ver lo impaciente que estaba.

— Cierra los ojos.

— Ni hablar.

— Me voy, entonces— le espetó y escuchó que él comenzaba a soltar maldiciones por lo bajo.

— Tú ganas, cerraré los ojos. ¿Feliz?

Hermione se dio cuenta de que arrastraba las palabras, molesto, pero bajo toda sus réplicas, hubo algo más. Estaba ansioso, no había duda. Así que se aproximó muy despacio y tocó con los labios su cuello, sin besarle. Sólo fue un roce. Un sutil roce que Draco fue notando por toda la zona, provocándole espasmos, haciendo que le costase inhalar y exhalar. Sintió que ella movía la boca un poco más arriba hasta su oreja pero siguió sin besarle. Apenas podía percibir su tacto y estaba volviéndose loco.

— Granger— musitó sin abrir los ojos.

Ella ni siquiera lo tocó. Sólo se limitó a mover la boca, rozando toda su piel. Lentamente mordió el lóbulo de su oreja tirando con cuidado de él y volvió a soltarlo.

— Dime— susurró contra su oído.

Draco notó su aliento y se estremeció. Tuvo que cerrar fuertemente los puños para no sacarlos de sus bolsillos y agarrarla.

— Bésame, en la boca.

Hermione sonrió con malicia aprovechando que él no podía verla, se acercó a sus labios rozándolos lentamente como si tuviese todo el tiempo del mundo por delante y luego se apartó. A Draco se le escapó un suave gemido.

— Sigue.

Ella volvió a aproximarse, atrapó su labio inferior y lo succionó muy despacio. Draco no pudo verla pero si sentirla y se dio cuenta de que volvía a apartarse.

— Profundiza más.

— ¿Más?— preguntó de forma ingenua, haciéndolo a propósito.

— Ya me entiendes, quiero notar tu lengua dentro de mi boca— como vio que no respondía, se lo exigió— Ahora.

— No seas impaciente, Malfoy— le espetó, comenzando a deslizar las manos por su cuerpo hasta llegar a sus pantalones y acariciar sutilmente su dolorosa erección— Tenemos tiempo.

— No voy a esperar. Si no me besas ahora, lo haré yo.

— Está bien— dijo reticente— pero no te muevas.

Y sin más, apartó la mano de su protuberancia y cuidadosamente comenzó a caminar hacia atrás, intentando que sus pisadas no emitiesen sonido alguno, deseando que esperase, porque no pensaba darle nada. Simplemente se alejó hasta salir del recoveco y se marchó corriendo. Draco, al cabo de unos segundos, abrió los ojos de par en par al no notar su presencia y para su sorpresa, vio que no estaba, que se había largado.

Joder.

Se apresuró a salir del recoveco y la vio al fondo del pasillo.

— ¡A dónde narices vas, Granger!— bramó completamente fuera de sí— ¡Vuelve aquí!

Hermione se paró en seco al oír sus gritos y se rio, a pesar de que también se moría por besarle.

— Veremos a ver quién no duerme bien esta noche, Malfoy— le dijo justo antes de girar la esquina y desaparecer, dejándole plantado.

Y sonrió. Sonrió porque supo que ya estaban en paz. Al cabo de un rato se dio media vuelta para averiguar si la seguía pero como no vio a nadie, más relajada, disminuyó la carrera. Miró su reloj y se dio cuenta que era muy tarde, de que tenía que volver a su dormitorio. Y se dijo que al día siguiente ya lo vería en el partido de quidditch, que lo animaría discretamente, en silencio, sin que nadie se diera cuenta.


Por otra parte, Daphne Greengrass volvía a la sala común de Slytherin, haciendo un gran esfuerzo por contener las lágrimas pero repentinamente notó que alguien le daba un codazo en el costado para apartarla.

— Quítate de en medio, estúpida— le espetó Draco Malfoy y sin mirarla siquiera, la adelantó. Estaba muy rojo y parecía bastante furioso. Dahpne se mordió el labio, con rabia porque estaba harta de todos. No pudo evitar sollozar al ser consciente de lo imbéciles que eran. Todo el grupo de amigos de Draco, en general. Y para rematar, desde que lo había hecho con Blaise la noche anterior, sentía que él había estado muy distante, como si hubiera perdido el interés por ella. Sentía una gran ansiedad oprimiéndola, una ansiedad que no se esfumaba y que le dificultaba respirar. Necesitaba tranquilizarse así que pensó en darse un baño relajante. Se desajustó la corbata con la esperanza de sentirse un poco más cómoda y que así desapareciese el nudo que notaba en la garganta pero cuando llegó a la sala común vio que Draco se había tumbado en el sofá y se había tapado el rostro con el brazo.

Se detuvo en seco porque hubo algo que captó toda su atención. Draco, excitado.

Ahogó un gemido al ver la erección en sus pantalones y avergonzada y con rapidez, se fue a su habitación. Nunca antes había visto a Draco en ese estado y se sintió repentinamente incómoda, pero luego pensó que quizás el motivo por el que lo había visto tan enfadado en el pasillo, había sido porque lo habían rechazado, porque le habían dado calabazas. Sacudió un par de veces la cabeza intentando olvidarse de la imagen tan traumática que acababa de presenciar y abrió la puerta de su cuarto. Cuando entró vio que Pansy y Astoria estaban sentadas en su cama, observando una nota y un montón de galletas que había en un bol de cerámica.

— ¿De dónde habéis sacado todas esas galletas?

Astoria alzó la vista.

— Al parecer son un regalo y huelen que alimentan. ¡Tenemos un admirador! Aunque no es de extrañar— dijo con suficiencia, mirándola por encima del hombro, dándole a entender que por una maldita vez ella había sido la primera para alguien.

Daphne no le hizo caso, se acercó a un armario para sacar una toalla y su jabón favorito de olor a Jazmín.

— ¿Me dais una?

Pansy cogió una para tendérsela en la mano pero Astoria le pegó un manotazo.

— No, ni hablar. En la nota dice que son para Pansy y para mí.

Daphne puso los ojos en blanco y abrió la puerta del baño.

— Mamá, tiene razón. Eres una egoísta y siempre lo serás.

A Astoria se le tensó la mandíbula y la miró con cara de asco, como si estuviera contemplando una cucaracha.

— Cállate ya y déjanos en paz— le espetó de mala gana. Luego, cogió una galleta, se la llevó a la boca, puso el bol de cerámica sobre la mesita de noche, hizo una bola con la nota y la arrojó a la papelera desde lejos. Astoria no tenía muy buena puntería así que no entró, pero a ella no le importó. Miró a Pansy y vio que se había tumbado en la cama y que tenía muy mal aspecto — Venga, Pansy, coge una. Están buenísimas— añadió, y es que cuantas más galletas comía Astoria, más deliciosas le parecían. También notó, por la textura, que tenían mucha fibra. Se preguntó si le servirían para definir la figura y se entusiasmó, porque se dio cuenta de que así, no tendría que hacer dieta para estar guapa en bikini cuando llegase el verano.

— No tengo apetito, Astoria.

Astoria entornó los ojos, se quitó la túnica y se aflojó la corbata. Luego volvió a coger otra galleta y se sentó a su lado, sobre el mullido colchón.

— Mira, llevas toda la tarde muy rara. ¿Todo esto es por Lunática? ¿En serio?— le dijo taladrándola con la mirada, odiando haber encontrado un atisbo de remordimiento en el rostro de Pansy, porque para ella, la patética de Lovegood era insignificante, se merecía con creces lo que había pasado y mucho más. Pero al menos, le había dejado la situación clara espachurrando a su asqueroso bicho contra el suelo. Sólo de imaginársela llorando, le entraron ganas de reir.

Pansy, en cambio, se mantuvo en silencio. El ver tanta sangre le había afectado. Se sintió muy mal repentinamente por haber estampado a Lunática contra el lavabo, y deseó volver atrás en el tiempo y no haberlo hecho. Y el no poder olvidar las patadas de Astoria ni la sonrisa de placer que había puesto mientras lo hacía, tampoco ayudaba.

— Es que, ¿y si le ha pasado algo grave?— preguntó notando como un sudor frío le bajaba por la frente, y es que Pansy no dejaba de pensar que Lovegood podría haber muerto después de recibir tantos golpes. Sin embargo, cuando se fijó en la mirada de odio que Astoria le lanzaba, se vio obligada a disimular— Me refiero a que... Lunática podría avisar a algún profesor y decirle que hemos sido nosotras. ¿Y si nos expulsan?

— Cómo nos van a expulsar con todos los contactos que tenemos, idiota. No digas tonterías. Seguro que estará en la enfermería y Pomfrey la habrá curado. Una lástima la verdad pero en fin, al menos, no se acercará a Theodore nunca más.

Pansy pudo ver la maldad que había en su sonrisa. Fue oscura, sibilina, lo que le llevó a pensar que quizás la psicópata era ella y no Lunática.

— ¿Tú crees que se recuperará?— lo dijo intentando parecer desinteresada.

— Por desgracia— escupió Astoria— Venga, come algunas galletas. No has cenado nada.

Pansy, más relajada por pensar que Lovegood llegaría a recuperarse, miró el bol y notó que le rugía el estómago. No había comido nada desde el mediodía y comenzaba a tener mucha hambre.

— Está bien, dame unas cuantas— le dijo, incorporándose un poco y apoyó la espalda contra el cabecero de la cama, dejando que Astoria le tendiera el bol de cerámica. Pansy cogió una y se la llevó a la boca. Las galletas le encantaban y esas en concreto le resultaron deliciosas, porque no las notó empalagosas y sintió que podría hincharse.

— ¿A que están buenas? Toma otra— Astoria sacó una galleta y se la dio al ver que se había terminado la primera. Aún quedaban bastantes en el bol.

— ¿Cuántas te has comido tú?

Astoria se encogió de hombros.

— No sé, no las he contado. Creo que cinco o seis. Es que como acabo de cenar no tengo mucha hambre. Dentro de un rato, antes de dormir cogeré un par más.

Pero Pansy tenía demasiada hambre.

— ¿Te importa si cojo muchas?

— Se supone que es un regalo para las dos, así que me da igual. Voy a ponerme el pijama.

Pansy asintió en silencio y cogió un libro de su mesita de noche. Luego volvió a tumbarse en la cama y mientras leía, picoteó galletas. Así pasó largo rato y cuando quiso darse cuenta, prácticamente se las había comido todas.

Astoria que ya se había puesto cómoda y se estaba terminando de hacer una trenza, se acercó a ella, pero para su sorpresa vio que en el bol sólo quedaban dos o tres galletas.

— ¡Ah! ¡Pero qué has hecho! ¡Te las has zampado todas, asquerosa!

— ¿No decías que sólo ibas a coger dos más? Esas cómetelas tú. Yo estoy llenísima.

Astoria fue a quejarse pero se quedó inmóvil de repente. Inmóvil al sentir de buenas a primeras un fuerte retortijón en el estómago.

Ay— murmuró llevándose la mano al vientre. Comenzó a dolerle tanto que tuvo que encorvarse y sintió que apenas podía respirar.

Pansy, preocupada, se incorporó rápidamente para ver si estaba bien.

— ¿Qué te pasa?— pero al levantarse, le sucedió lo mismo— ¡Joder! ¡Qué dolor!

Sus retortijones se volvieron cada vez más fuertes y después notó en su intestino el crujido. Ese crujido que en ciertas ocasiones le indicaba que algo iba mal dentro de ella. Que le indicaba que tarde o temprano acabaría eclosionando, expulsando al demonio que llevaba dentro.

— ¡Mierda! ¡Mierda!— nunca mejor dicho, pensó Pansy— ¡Necesito ir al cuarto de baño!

Astoria la siguió casi sin poder andar, apoyándose en el primer sitio que tuvo a mano, porque le costó horrores caminar. Sintió que de un momento a otro explotaría. Pansy, desesperada, se acercó a la puerta del baño y comenzó a aporrearla.

— ¡Daphne! ¡Sal de ahí ahora mismo!

Pero Daphne permanecía tumbada, dentro de la bañera, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. Había lanzado un hechizo contra el picaporte porque necesitaba un momento de relax a toda costa y no pensaba dejar que alguien se lo estropease.

— No he terminado aún de bañarme y no me apetece salir. Además, ¡no habéis querido darme galletas!

— ¡Hermana! ¡Cómo no salgas de ahí ahora mismo, voy a cagarme en ti!— Astoria lo dijo sabiendo que era cierto, que sí, se cagaría en ella, literalmente.

'' Me gusta el agua bien calentita, no tengo prisa porque no me habéis dado galletitas''— se escuchó a Daphne repentinamente, canturreando dentro del cuarto de baño— ''Si tenéis problemas de barriga, no es asunto mío, que queréis que os diga…''

— ¡Maldita seas, Daphne! ¡Maldita seas!— Astoria apartó a Pansy -que se retorcía de dolor y había empezado a convulsionar- y le pegó una fuerte patada a la puerta.

Pansy comenzó a sollozar.

— Astoria, por favor, vamos a otro cuarto de baño. Creo que no voy a aguantar mucho más— El dolor que sintió fue insoportable. El intestino iba a reventarle de un momento a otro.

Astoria asintió al ver que Daphne no les hacía caso y salió con ella a toda prisa de la habitación.

— ¿Qué narices llevaban esas galletas? — Greengrass pensó que quizás estaban en mal estado y que todo lo que les estaba pasando era que se habían intoxicado.

— No lo sé, Astoria. No lo sé, pero me duele mucho.

Y es que Pansy no podía ni respirar. Sólo jadeó por el esfuerzo que tuvo que hacer para conseguir llegar a tiempo al cuarto de baño. El dolor que estaba sintiendo fue tan fuerte que incluso tuvo ganas de vomitar. Pudo percibir claramente la acidez en su boca y de vez en cuando notó que se le escapaba un eructo. Apenas podía caminar, así que se limitó a seguir los pasos de Astoria, temiéndose lo peor, porque era consciente de que había comido muchas más galletas y tenía miedo de cuáles pudieran ser las consecuencias. Se percató de que algunos alumnos que andaban por los pasillos en dirección a la sala común las miraban con confusión. De hecho, a pesar de que Pansy seguía llevando puesto el uniforme, Astoria iba en pijama, así que fue normal que llamasen la atención.

Para cuando Pansy quiso darse cuenta, vio que estaban en el baño de Myrtle la Llorona y se quedó lívida. Notó un escalofrío recorriéndole todo el cuerpo y no fue sólo por el malestar estomacal.

— Yo no pienso entrar ahí— dijo con voz temblorosa, porque Pansy tuvo pánico de que Lunática siguiese allí, tirada en el suelo, inconsciente y cubierta de sangre. Prefirió ir a otro baño antes que entrar en ese.

— A mí me importa bien poco, no puedo más— le espetó Astoria. Pansy chasqueó la lengua al ver que se quedaba sola y como supo que no tenía muchas opciones, la siguió. Sin embargo, cuando entró, vio que, para su sorpresa, no había nadie. Aún seguía habiendo sangre en el suelo pero ni Lovegood ni su bicho estaban allí. Y la preocupación que sintió por el hecho de que alguien ya la hubiera encontrado, provocó que le doliese aún más la barriga.

Se apresuró a entrar en uno de los cubículos pero en ese momento vieron a Myrtle lloriqueando, sentada junto a la ventana.

— ¡Qué hacéis vosotras aquí!— chilló haciendo un gesto compungido. Myrtle había estado en el cuarto de baño de prefectos disfrutando de las vistas pero se asustó al encontrar su baño manchado de sangre. Y tampocó le agradó que aquellas alumnas de Slytherin aparecieran de repente, porque tenían por costumbre atormentarla cada vez que la veían— ¡¿Vais a tirarme otro libro a la cabeza?!

— ¡Cállate, adefesio mal hecho! — le espetó Astoria abriendo la puerta del cubículo y se encerró dentro. Pansy, al ver que no aguantaba mucho más, ignoró los lloriqueos del fantasma y se metió en el de al lado.

Silencio.

Silencio y sollozos de un fantasma.

Y de pronto, esos sollozos se transformaron en un grito ahogado. Myrtle se llevó las manos a los oídos al escuchar la explosión de las repetidas evacuaciones, completamente traumatizada.

— ¡Qué asco! ¡Qué asco!— chilló histérica, flotando por todo el cuarto de baño con la esperanza de conseguir olvidar lo que acababa de escuchar.

— ¡POR SALAZAAAAR SLYTHERIN! — gritó Pansy desde el interior del cubículo al ver que volvía a estallar.

Myrtle comenzó a lloriquear.

— ¡Habéis ensuciado mi cuarto de baño! — berreó furiosa metiéndose en las cañerías de los retretes de los cubículos vacíos y limpios, haciendo que grandes chorros de agua saliesen de ellos, empapando todo el suelo del cuarto de baño.

— ¡Cállate, chalada!— bramó Astoria agarrándose fuertemente al retrete, clavando las uñas, intentando respirar profundamente para controlar las contracciones tan fuertes que sentía, pero volvieron una y otra vez, seguidas de estruendosas ventosidades y del jugo que estaba expulsando de su cuerpo.

— ¡Astoria! ¡No puedo! ¡Voy a morirme!— A Pansy le ardió el culo. Jamás le había ardido tanto. Necesitaba ayuda. Lo que le estaba pasando no era normal y aunque hubiese expulsado lo poco que había comido ese día, notaba que cada vez se sentía peor, que se encontraba muy mal. Se miró las manos y vio que le temblaban mucho y se dio cuenta de que tenía que ir a la enfermería, que Pomfrey quizás podría calmarle el dolor tan insoportable que estaba sintiendo, pero no tenía ni idea de cómo llegar hasta allí, cuando era evidente que no podía parar, que era...¡como un puto grifo abierto!

— ¡Estáis podridas! — chilló Myrtle. Tuvo ganas de meterse en uno de los cubículos para plantarles cara, pero prefirió no ver lo que estaba sucediendo allí dentro. Aunque era un fantasma, seguía teniendo olfato y…— ¡Vais a atascar mis cañerías! ¡Cómo voy a bañarme ahora!

El fantasma montó un berrinche y abrió todos los grifos del cuarto de baño, provocando que toda la estancia se inundase. Quiso que esas dos malditas alumnas de Slytherin se fuesen de su hogar, de su querido hogar que estaba siendo mancillado con sus apestosos culos.

— ¡Tienes suerte de que no tenga un libro a mano, llorona! ¡Que eres una llorona! — escupió Astoria con malicia, metiéndole el dedo en la llaga, porque siempre había detestado a Myrtle por ser una inmadura y una estúpida. Y ella, en ese momento, sólo deseó cagar tranquila, sin los gritos de esa imbécil de fondo.

— ¡Ojalá se os salgan los intestinos!— chilló Myrtle lloriqueando y esfumándose por una de las paredes, totalmente segura de que no iba a volver más a ese baño. Ya se lo había replanteado varias veces, pero lo que acababa de ''vivir'' -qué irónico para ella-, la había dejado en shock, así que lo tuvo claro. Tuvo claro que se trasladaría al cuarto de baño de prefectos.

Al cabo de un rato, Astoria consiguió levantarse del retrete, tiró un par de veces de la cisterna para limpiar el estropicio que había causado y abrió la puerta del cubículo. Pansy seguía lamentándose y gimiendo de dolor.

— Pansy— musitó Astoria con la boca reseca, apoyando la mano contra la puerta de su cubículo, completamente deshidratada. Aún así, agradeció no haber comido muchas galletas y que su amiga se las hubiera zampado casi todas— ¿Estás bien?

As-to-ria— la voz de ella sonó rota, sin fuerzas— Necesi-to que m-e vea Pomf-rey…

Greengrass frunció el ceño al ser consciente de que, por si fuera poco, iba a tener que cargar con ella hasta la enfermería.

— Por fa-vor…— insistió Pansy, muy pálida.

Astoria fue a negarse pero de pronto sintió otro fuerte retortijón y se asustó. Porque por un momento creyó que aquella tortura había acabado, que no tenía nada más que echar porque estaba completamente vacía, así que aterrorizada, decidió que ir a ver a Pomfrey era lo mejor y cuando por fin salió del cubículo, agarró a Pansy de la cintura, dejando que le echase el brazo por encima y se marchó con ella en dirección a la enfermería.

— No sé si voy a poder aguantar— dijo Pansy, muy débil. Empezó a ver borroso y no supo si sería capaz de llegar a la enfermería sin mancharse las bragas.

— Podemos conseguirlo— la animó Astoria intentando andar un poco más deprisa, maldiciéndola en silencio por pesar tanto— Aprieta el culo con fuerza.

— Me duele y me escuece— farfulló angustiada— Si tuviésemos aquí la varita…

— No podríamos hacer nada, de todas formas— la cortó Astoria— Argh, esto es insoportable.

Supo que tenía que darse prisa porque volvió a notar una nueva embestida de retortijones, pero se sintió tranquila porque estaba segura de que Pomfrey les daría una poción y el malestar se les pasaría en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, repentinamente, Astoria se enfadó. Demasiado. Porque necesitaba averiguar quién les había dejado las dichosas galletas en la habitación. Y también estaba molesta con Daphne, por no haberle permitido entrar en el baño, pero se dijo que su hermana ya se las pagaría cuando la pillase.

Ambas iban caminando a paso ligero cuando pasaron varios chicos de Slytherin de sexto, algunos de ellos bastante atractivos. Astoria se sonrojó violentamente y hasta se olvidó por completo de que llevaba el pijama. Aún así cuando cayó en la cuenta, le dio igual, porque supo que estaba guapa de todas formas.

Sin embargo, para su desgracia, una contracción más fuerte le embistió el estómago y sin poder controlarse, soltó una apestosa flatulencia.

— ¿Has escuchado, tío? ¡Buag, qué asco!— se mofó uno de los chicos— ¿Esa no era Astoria Greengrass? ¡Ya verás cuando los demás se enteren de que se tira pedos!

— Sí y la otra es Pansy Parkinson… ¡Joder, qué mal huele!

Astoria se detuvo enfurecida y se giró sobre sus talones.

— ¡Callaos ahora mismo si no queréis que os lance una Cruciatus! ¡Cómo digáis algo de esto os juro que os mato!— Los chicos no dijeron nada y huyeron rápidamente para evitar aspirar aquella fragancia. Pansy, en cambio, se estremeció al escuchar las palabras de Astoria porque habían sido las mismas que había empleado con Lunática esa tarde. Ese pensamiento hizo que se le encogiese el estómago de pura ansiedad empeorando su dolor de barriga.

— Astoria vamos rápido, no puedo aguantar mucho más.


Mientras tanto, en la enfermería…

Pomfrey estaba alegre y eufórica, guardando todos los pergaminos en los cajones de su escritorio, porque ese día no había tenido que hacer gran cosa. La chica enferma de Hufflepuff se había recuperado, se había marchado por la mañana y durante todo el día, la enfermería había estado completamente vacía, sin ningún alumno malherido o enfermo. Y Pomfrey llevaba días sin sentirse tan relajada. Un respiro de vez en cuando no le venía nada mal y últimamente había visto cosas muy extrañas, así que no creyó que fuese a encontrarse con algo peor. O eso pensó, hasta que esa noche aparecieron Pansy Parkinson y Astoria Greengrass irrumpiendo la tranquilidad de la estancia.

Pomfrey se preocupó un poco al ver que estaban muy pálidas y sudorosas, y tuvo el presentimiento de que algo malo se avecinaba.

— Necesitamos ay-uda…— musitó Pansy apartándose de Astoria, tambaleándose mucho. La enfermera tuvo que sujetarla por los hombros para que no se cayese.

— ¡Señorita Parkinson! ¿Qué le sucede?— preguntó asustada al notarla fría como el hielo, pero antes de que pudiera responder, Pansy volvió a sentir otra fuerte contracción y no pudo aguantar más. Miró a todos lados con desesperación y vio que junto a una camilla había un palangana así que sin dudarlo, salió corriendo, se bajó las bragas y se sentó.

''PLFFFF, BRRRRRR, PLFFFFFFF, GRBBBBBB''

La enfermera soltó un grito, horrorizada y se llevó las manos al rostro ante la imagen y sonidos tan desagradables que estaba presenciando. La situación empeoró cuando Astoria buscó rápidamente otra palangana y comenzó a vaciarse, literalmente.

— ¡Por Merlín bendito! ¡QUé han tomado! — A pesar de toda su experiencia, Pomfrey no supo qué hacer. Si el sonido ya era desagradable de por sí, el olor fétido que emanaban era la cosa más apestosa que había olido en su vida y se dijo a sí misma que tenía que buscar una solución cuanto antes si no quería que esas chicas terminasen deshidratadas por completo.

— ¡AHHHHHHHH! ¡MI CULOOOOOO!— a Astoria se le puso la cara roja del esfuerzo tan grande que tuvo que hacer para aguantarse, algo que, sin duda, fue imposible.

Madame Pomfrey comenzó a rebuscar por los armarios de la enfermería hasta dar con lo que quería. Se remangó, se puso unos guantes hasta la altura del hombro y una máscara facial para cubrirse el rostro-y de paso no oler lo que estaban expulsando aquellas muchachas de su cuerpo. Al ver que seguían vaciándose, buscó todas las palanganas que había por la enfermería y se las fue pasando. Supo que iba a ser una noche dura, que no iba a conseguir conciliar el sueño, desde luego, pero no se rindió. Buscó en una estantería unos cuantos frascos y comenzó a preparar una poción para cortarles la diarrea con la esperanza de que así mejoraran un poco.

Al cabo de unas horas, Astoria Greengrass y Pansy Parkinson estaban tumbadas en las camillas de la enfermería, una frente a la otra, completamente deshidratadas y demacradas. Estaban pálidas como las sábanas y tenían los labios resecos. Pomfrey se había deshecho de todos las palanganas con regalitos, y les había dejado una limpia a cada una, junto a sus camillas por si volvían a sentir el apretón, algo que estaba ocurriendo constantemente.

— Creo q-que jamás v-voy a volver a comer galletas— tartamudeó Pansy. La cabeza le dolía, notaba muy mal sabor de boca y el dolor punzante que sentía en el estómago y en el culo era inaguantable.

Madame Pomfrey había tenido que echarles a ambas bastante crema en esa zona para aliviarles el escozor. Entre la desagradable experiencia y el haber tenido que acarrear las palanganas llenas de porquería, iba a tardar mucho tiempo en olvidar esa noche y es que no había visto nada tan asqueroso en todos sus años como enfermera.

— ¿Y si ha sido la zorra de Lunática?— preguntó de pronto Astoria moviéndose muy despacio para ponerse de lado, procurando tener mucho cuidado para no volver a sentir retortijones.

Pansy jadeó al escucharla, sin fuerzas para hablar.

— ¿Qué te pasa? Duérmete, por favor.

Pero Astoria no pensaba dejarlo estar.

— ¿Y si ha sido ella la que nos ha dado las galletas por lo que ha pasado esta tarde? ¡La voy a…

La enfermera, que permanecía en su escritorio haciendo los informes de las pacientes, las fulminó con la mirada.

— ¡Silencio! Es mejor que descansen y duerman. Así la poción hará efecto más rápido.

Astoria bufó molesta y se echó bruscamente la manta por encima, pensando en Lovegood, en que si realmente había sido ella la responsable de lo de las galletas, la mataría. Aunque le resultó raro por un momento que hubiera entrado en la sala común de Slytherin y se hubiera colado en su habitación, sin saber siquiera donde dormía.

Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando repentinamente le vino otra contracción.

Pansy escuchó el sonido de su amiga desahogándose y suspiró con preocupación, siendo consciente de que le esperaba una noche muy larga. Y por si fuera poco, ella había sido la que más cantidad de galletas había ingerido, así que era evidente que iba a dormir bien poco. Se preguntó si habría sido el Karma. Si les estaba pasando todo aquello tanto a Astoria como a ella por haberle dado una paliza a Lunática. Algo tensa, cogió un vaso con agua que había en la mesita de noche y le dio un pequeño sorbo para humedecerse la boca reseca. Luego se recostó y cerró los ojos, sintiendo que se encontraba muy mal a pesar de haberse tomado la poción. Lo único que vio positivo en ese momento fue que Pomfrey le hubiera proporcionado un pijama para estar más cómoda.

Recordó que al día siguiente habría partido de Slytherin contra Ravenclaw y apretó los dientes, porque supo que iba a tener que estar en la enfermería hasta que se le pasase la intoxicación, que no iba a poder ver a Draco jugar y en realidad le apetecía, porque a pesar de todo, seguía gustándole. Theodore le resultaba atractivo, pero no era lo mismo.

Nunca lo había sido. Nunca lo sería.

Y tampoco dejaba de pensar en el motivo por el que Draco se había reído con tanto ahínco en el Gran Comedor. Pansy nunca lo había visto tan feliz, ni siquiera cuando él había despotricado contra Potter, Weasley y la sangre sucia.

La sangre sucia.

El corazón le dio un vuelco al recordarla, al recordar que por un momento le había parecido que estaban mirándose entre ellos, riéndose juntos, pero le resultó tan asqueroso, tan ilógico sobretodo, que pensó que estaba delirando, así que decidió dormir para despejar la mente y descansar.

Sin embargo, lamentablemente volvió a escuchar el crujido de su intestino.

— ¡Nooooooooooooooooooooooooo!


Al día siguiente, Dean Thomas permanecía sentado en la mesa de Gryffindor, dándole el último bocado a su tostada con mantequilla y mermelada. Desde que se había levantado, el día no había ido nada bien. Le habían sucedido una serie de accidentes y había deducido que todo se debía a que se había levantado con el pie izquierdo. Primero se había caído de la cama por culpa de una pesadilla en la que a él también le teñían el pelo de rubio. Al caerse se había estampado contra el suelo dándose un fuerte golpe en la cabeza, -lo que le había provocado que le saliera un gran chichón en la frente. Cuando había entrado en el cuarto de baño a echar una meada, la situación no había mejorado. Había intentado cerrar la puerta, medio dormido y aturdido por el golpe que se acababa de dar y accidentalmente, se había pillado los dedos de la mano, así que ahora estaba dolorido, con jaqueca y sin poder mover prácticamente la mano. Lo único que le consolaba era que ese día él no tenía que jugar un partido. Sin embargo, justo en ese momento, al masticar el trozo de pan que tenía en la boca, se mordió la lengua.

— ¡Ah! ¡Joder!— exclamó haciendo aspavientos con la mano, como si ese estúpido gesto pudiese calmar su dolor.

— ¿Qué te pasa?— preguntó Ron algo incómodo, intentando terminar su desayuno lo más pronto posible. Llevaba puesto el gorro de lana pero tenía la sensación de que sus hermanos Fred y George querían quitárselo porque lo observaban de una forma muy rara. Había conseguido disimular un poco el rubio de las cejas, tapándoselas lo máximo posible con el gorro, pero aún así estaba preocupado. Harry estaba sentado a su lado, algo inquieto porque no dejaba de pensar en cómo estaría Luna, preguntándose si se habría recuperado, confiando en que Theodore la hubiera estado cuidando.

— ¡Que me he mordido la lengua!— Dean estaba de un humor de perros. Todo le estaba saliendo mal ese día y no entendía por qué. ¿Quizás era…? No, no. Pero en cierto modo… se dijo que tenía sentido.

''Imposible, has perdido la cabeza.'' - se dijo a sí mismo.

— ¿Dónde está Seamus?— Ron mordisqueó el beicon como si la vida le fuese en ello. Estaba hambriento y necesitaba reponer energía. Había tenido pesadillas en las que su pelo quedaba expuesto y Malfoy se enteraba de su percance. Obviamente no había dormido mucho, así que se había levantado mareado y casi sin fuerzas.

— He quedado con él en el vestíbulo. Ahora después vamos a ir a ver el partido. ¿Vosotros qué vais a hacer?

Ron se mantuvo en silencio durante un momento, sin masticar la comida que tenía en la boca.

— Creo que voy a quedarme en la habitación— comentó indeciso.

— Venga ya, si es por lo del pelo…— se quejó Harry.

— ¡Sh! Cállate. Fred y George pueden enterarse— le espetó dándole un codazo, porque vio que, a pesar de que sus hermanos estaban sentados un poco más alejados, no dejaban de observarles, como si tuvieran la oreja pegada a la conversación. Y Ron no pensaba ir a ver el partido, por muy pesados que se pusieran los demás porque tenía miedo de que entre el bullicio de gente pudieran arrebatarle el gorro. Había soñado mucho con ello y se dijo que sería mejor no arriesgarse.

— ¿Y tú, Harry? ¿Qué vas a hacer?— preguntó Dean levantándose de la mesa.

Él no supo qué decir. Quería ver el partido, pero no pensaba dejar a Ron solo en la habitación, con lo paranoico que estaba.

— Aún no lo sé, Dean.

Thomas se encogió de hombros, indiferente.

— Bueno, como vosotros veais. Yo voy a buscar a Seamus. Nos vemos luego— les dijo alejándose y salió del Gran Comedor.

Cuando llegó al vestíbulo, estuvo un rato apoyado en la pared esperando a su amigo hasta que lo vio bajar por las escaleras.

— ¡Eh, tío!— gritó levantando la mano queriendo hacerse ver entre la multitud de alumnos, pero en ese momento Finnigan tropezó con sus propios pies y cayó rodando escaleras abajo como si fuese una pelota— ¡Seamus!

Dean se acercó rápidamente y vio que estaba retorciéndose de dolor en el suelo. Lo ayudó a levantarse y le sacudió un poco de polvo de la túnica.

— ¿Estás bien?

— ¡No! — exclamó Finnigan frotándose el brazo, dolorido— ¡No te imaginas el día que llevo! ¡Horrible! ¡Estoy harto!

Dean se quedó callado. Acaso..¿no era el único?

— Yo también. Me han pasado un montón de cosas malas.

— ¿Ah sí? Pues mira, a mí…

Seamus Finnigan comenzó a contarle todas las desgracias que le habían ocurrido desde que se habían despedido esa mañana, pero Dean Thomas no lo escuchaba. Estaba divagando, absorto, cavilando. Sus sospechas eran cada vez más evidentes. Justamente hacía dos días desde que Ron recibió los regalos misteriosos y el tinte. Por desgracia no había podido quitárselo y ahora tenía que estar sufriendo, pasando una agonía constante para que nadie lo descubriese. Desde ahí, todo había ido de mal en peor. ¿Por qué le estaban pasando cosas malas a los tres? ¿Por qué Ron de pronto tenía una admiradora secreta? ¿Y si Lavender era la admiradora? ¿Se habría enterado de lo que sucedió con las bragas y les había echado una maldición? Ella era fanática de la profesora Trewlaney y todo lo relacionado con la Adivinación. Y Dean tenía entendido que echaba las cartas del Tarot, así que se asustó al pensar que quizás les había maldecido. Que había hecho magia negra para vengarse. Creyó en seguida que toda la maldición estaba en los trajes de Ron, que como los trajes estaban en su habitación, ellos estaban malditos. También se sorprendió preguntándose si acabarían contrayendo una enfermedad misteriosa que los llevara a la muerte.

— ¡Oh por Merlín, Seamus! ¡Estamos malditos!— exclamó horrorizado. Todo tenía sentido. Lavender era de Gryffindor y solamente alguien de Gryffindor podía haber entrado en la habitación. No había duda. Supo que ella había descubierto que habían sido ellos los que robaron las bragas, aunque el cabecilla de todo aquello hubiera sido Ron Weasley.

Seamus Finnigan soltó una carcajada al ver que Dean estaba delirando.

— ¿Pero qué estás diciendo? Que nos hayamos levantado con el pie izquierdo...

— ¡Te lo digo en serio!— le espetó cogiéndole del brazo y lo apartó un poco al ver que había mucha gente. Subieron las escaleras y se detuvieron en el primer piso. Estaba vacío así que allí podrían hablar tranquilamente— Creo que ha sido Lavender. Ella nos ha echado la maldición.

Seamus lo miró atónito al ver que parecía hablar en serio y comenzó a desternillarse.

— Dean, ¿qué narices has desayunado? ¿A qué viene eso?

— Joder, que es verdad. Mira, todo tiene sentido— carraspeó y comenzó a contarle su hipótesis en voz baja, procurando que nadie los escuchara — Ella entró en nuestra habitación, se hizo pasar por la admiradora secreta de Ron porque descubrió que fuimos nosotros tres los que le quitamos las bragas, hizo magia negra con la ropa, las gafas de Harry y el tinte, y como esos objetos malditos están en nuestra habitación, nos están pasando todas estas cosas tan horribles.

— Creo que necesitas entrar en San Mungo urgentemente— se mofó Seamus, dudando de que Lavender se hubiera enterado de lo sucedido con sus bragas.

— Que sí, joder. Además, ella echa las cartas del Tarot y una vez me contaron que tenía una bola de cristal en su habitación con la que por las noches veía lo que hacía todo el mundo. ¡Seguro que así averiguó que éramos nosotros!

Seamus abrió mucho los ojos.

— ¿De dónde has sacado esas tonterías? Lavender no tiene ninguna bola de cristal.

— ¡¿Y tú como lo sabes?! ¡¿Y si la tiene?!

Finnigan miró a su amigo totalmente desconcertado, replanteándoselo por un momento. Debía admitir que les estaban pasando cosas horribles.

— Hay algo que no me cuadra, Dean.

— ¿El qué?— inquirió con ansiedad.

— Pues que…¿qué tiene que ver Harry en todo esto? ¿Por qué Lavender le regalaría unas gafas? Si él ni siquiera sabe lo de las bragas.

Dean se llevó la mano a la barbilla, pensativo.

— Quizás es para que no sospechemos de ella, no sé.

Seamus empezó a cavilar, sabiendo que sólo eran especulaciones, que lo más seguro era que no hubiera nada de cierto en ellas.

— Tío, todo esto es muy raro. No creo que haya sido Lavender. Estás dándole muchas vueltas. Seguro que se trata de casualidad. Venga, vamos a la sala común, que quiero coger unas cuantas chocolatinas antes de ir a ver el partido.

Dean vio que su amigo comenzaba a subir las escaleras para ir al séptimo piso. Quería que entrase en razón porque estaba seguro de que estaban malditos, así que intentó retenerlo pero en ese momento, un alumno de Ravenclaw -que al parecer iba a jugar ese día en el partido-, bajó corriendo vestido con su uniforme de quidditch y con la escoba en la mano. Por desgracia, no vio a Seamus venir y le estampó el palo de la escoba en sus partes nobles.

— ¡Joder!— gritó Seamus cayéndose de rodillas al suelo, acunando en sus manos sus partes blandas— ¡Mis huevos!

Sin embargo, el alumno de Ravenclaw se disculpó y continuó con su camino como si nada.

Dean se aproximó a Finnigan y esperó a que se recompusiera un poco del golpe.

— ¿Ves cómo estamos malditos?

— ¡¿Y qué narices vamos a hacer?!— Seamus no dejaba de moverse hacia delante y hacia atrás, sentado en el suelo, dolorido, con los ojos medio cerrados.

— No lo sé tío, no lo sé. Si no nos deshacemos de esta maldición cuanto antes, vamos a terminar muy mal— en la voz de Dean se pudo percibir una angustiosa preocupación— ¿Y si vamos a hablar con ella?

Seamus lo miró de hito en hito.

— ¡¿Estás loco?!— le gritó consiguiendo levantarse al fin. Dolorido, comenzó a caminar separando un poco las piernas para no rozarse ahí— ¡Entonces sí que estaremos muertos!

— Pero es que nosotros no tuvimos la culpa. Fue Ron quién decidió ir a buscarlas. Quizás si le pedimos perdón, puede que nos quite la maldición.

— Sí, pero nosotros no nos negamos y le hicimos caso a Ron. Seguimos siendo culpables de todas formas.

— ¡Tienes razón!— Dean se llevó las manos a la cabeza, exasperado. Con la vida tan bonita que tenía por delante. No quería verse afectado por la magia negra. Él quería casarse, tener hijos, pillarse una borrachera en condiciones. Había muchas cosas que aún no había hecho.

— Venga, olvídate. Seguro que la maldición o lo que sea que tengamos desaparece rápido. Volvamos a la sala común, ya verás como luego en el partido se te olvida todo— Dean no pudo negarse. Su amigo se había adelantado y prefirió no quedarse solo, porque creyó que si estaba en compañía, la magia negra no le afectaría tanto.

Por otra parte, Lavender Brown continuaba sentada en uno de los sofás de la sala común junto a la chimenea, poniéndose un poco de brillo en los labios, esperando a que Hermione y las demás bajasen de la habitación para ir a ver el partido. Había ido esa mañana a devolver un libro a la biblioteca relacionado con las cartas del Tarot porque estaba intranquila con lo que había salido en ellas en Nochebuena, y ahora había regresado a la sala común. Había preferido quedarse allí esperando a sus amigas por si daba la casualidad y veía a Cormac McLaggen, pero se sentía como una idiota, por desear verle después de lo que él le había hecho. Se dijo que tenía que olvidarle, porque encima ya había pasado por su lado con sus amigos para ir al partido de quidditch y la había mirado con intensidad.

En definitiva, no podía asimilar o más bien aceptar, que Cormac la había traicionado.

Estaba enfadada, furiosa, echándose cada vez más brillo en los labios, cuando de pronto se percató de que Dean Thomas y Seamus Finnigan entraban por el retrato de la Dama Gorda y la miraban con los ojos como platos.

— ¡¿Qué narices queréis?!— les espetó muy molesta al ver que no dejaban de observarla, embobados. Y Lavender no estaba para tonterías ese día.

Dean permaneció quieto, inmóvil, rígido como una estatua al lado de Finnigan.

— Seamus, está muy enfadada. Seguro que ahora la maldición empeora— masculló en voz baja.

Finnigan le dio un codazo en las costillas.

— Cállate, que mira cómo nos está mirando. No quiero terminar hoy en la enfermería.

La ansiedad que experimentó Dean Thomas no fue normal. Ni siquiera pudo tragar saliva.

— ¡Me da igual!— explotó finalmente, apartándose de Seamus— ¡Voy a terminar con esto de una vez!

Finnigan intentó retenerlo pero fue demasiado tarde.

— ¡No, tío! ¡No!

Dean se aproximó a Lavender, parándose frente a ella y cayó de rodillas para suplicarle. Ella se quedó atónita y se escandalizó al preguntarse si acaso estaba arrodillándose para pedirle una cita.

— ¡Lavender, Lavender! ¡Lo siento! ¡Nosotros no hicimos nada! Seamus y yo sólo seguimos a Ron y…

— Dean, déjalo que va a ser peor— intentó intervenir Finnigan pero no sirvió de nada. Lavender se mantenía en la misma postura, con la boca abierta y el brillo de labios en la mano, sin comprender lo que pasaba.

— ¡Cállate!— le gritó Dean y luego volvió a centrar la vista en Lavender dispuesto a suplicarle— ¡Por favor! ¡Perdónanos! ¡Quítanos la maldición y te juro que nunca volveremos a molestarte!

Lavender no salía de su asombro. ¿Maldición? ¿De qué narices estaba hablando Dean? Nunca lo había visto así, pero pensó que le faltaba una tuerca.

— ¡Que no nos va a perdonar!— exclamó Seamus con hastío pero Dean lo ignoró.

— Ron fue el que planeó lo de las bragas. Nosotros no hicimos nada te lo juro. ¡Él fue el que las cogió del baúl de McLaggen!

A Lavender se le encogió el estómago y durante un momento todas las palabras, los murmullos e incluso Dean y Seamus, se esfumaron de su cabeza. Sólo estaba ella, el silencio y la verdad acompañada del remordimiento.

Cormac McLaggen no había tenido nada que ver.

Él no había sido.

— ¡Sé que has hecho magia negra con la ropa de Ron y…

— ¡Cierra la boca! — aulló de pronto furiosa, levantándose como un resorte del sofá. Se sintió indignada con ellos, porque le hubieran hecho algo así, y también se sintió despereciable, por haber dudado de las palabras de Cormac durante todo ese tiempo.

Dean se levantó al verla tan enfadada y retrocedió varios pasos asustado hasta estar junto a su amigo, siendo consciente de que jamás les quitaría la maldición.

— ¡No sabéis lo que habéis hecho! — bramó histérica acercándose mucho a ellos, dispuesta a lanzarles un maleficio— ¡No sabéis cuánto he sufrido por vuestra culpa!

Seamus se mordió la lengua al percatarse de que ella no sabía absolutamente nada de lo sucedido con las bragas.

— ¡Dean, eres imbécil! ¡Te he dicho que Lavender no tenía ni idea!

— Que sí, que ella hace magia negra…

— ¡Callaos! — el silencio se hizo y Lavender se apretó el puente de la nariz intentando no perder los nervios— ¿Quién lo planeó? ¿Quién lo decidió?

Seamus no se atrevió a hablar.

— Ya te lo he dicho— musitó Dean totalmente acojonado— Ron nos despertó una mañana y nos dijo que le acompañásemos al cuarto de McLaggen. Nos contó que quería coger tus bragas pero no pensamos que todo fuese a desmadrarse hasta ese punto...

Lavender se quedó pasmada al descubrir que el responsable de todo había sido Ronald Weasley y se preguntó cómo había averiguado que Cormac tenía sus bragas. Luego cabeceó intentando centrarse, porque lo relevante era que había sido él. Que Cormac no había tenido nada que ver.

— Por favor, Lavender, te juro que nosotros nos arrepentimos desde el momento en que te vimos llorando, nosotros no queríamos…— añadió Dean con frustración, sin saber qué decir para que ella les perdonase.

— Déjalo— lo cortó Lavender muy seria, sabiendo que Dean y Seamus habían sido meros títeres en todo ese asunto, que el cabecilla que lo había tramado todo había sido el zanahorio de Ro-Ro. Se dijo que tenía que buscarle, que se las iba a pagar.

Pero antes, tuvo la necesidad de hablar con Cormac porque necesitaba pedirle perdón por haber desconfiado de él. Sabía que ya se había marchado al campo de quidditch y que el partido estaba a punto de comenzar, así que decidió esperar a que terminase todo. En ese momento, Hermione y las demás bajaron las escaleras y la saludaron.

— Iros antes de que me arrepienta— susurró Lavender fulminando a Dean y a Seamus con la mirada antes de que sus amigas estuvieran más cerca y pudieran escucharla, pero se sintió agradecida y aliviada porque supo que si Dean no hubiese hablado, nunca se hubiese enterado de la verdad. Aún así no pensaba perdonarles fácilmente, y desde luego, se iba a encargar de que Ro-Ro recibiera su merecido.

— ¿Pero nos vas a quitar la maldición?— preguntó Dean mientras Seamus lo empujaba por detrás para largarse a su habitación cuanto antes.

— ¡Cállate, tío!— le gritó Finnigan desquiciado, pensando que Ron, sin duda, los iba a matar si se enteraba. Aunque luego se dijo que el culpable había sido Dean, que era el que lo había soltado todo a los cuatro vientos.

Más relajado, se marchó con su compañero. Hermione, Parvati y Ginny, por otra parte, se acercaron a Lavender y vieron que estaba muy enfadada.

— ¿De qué estabas hablando con ellos, Lavender?— le preguntó Hermione mirándola a los ojos, pero ella bajó la cabeza, intentando disimular.

— De nada. Vamos a ver el partido.

— Por cierto, ¿habéis visto a Luna? — preguntó de pronto Ginny. Apenas podía respirar del estrés que tenía encima. Partido de Slytherin contra Ravenclaw. Era consciente de que Zabini iba a estar jugando, que iba a tener que verle durante todo el partido y ella ni siquiera quería ir al campo de quidditch. Deseó quedarse tranquila en su habitación pero supo que sus amigas no se lo iban a permitir, así que suspiró con desánimo. Su único consuelo en ese momento era que el chupetón apenas se veía, que no iba a tener que estar con la marca de sus labios por más tiempo.

Sus labios.

Se estremeció sólo de recordarlos sobre su cuello y sobre su boca.

— Ginny ¿qué te pasa?— preguntó Parvati al ver que le daba un escalofrío.

— Eh, nada. Que tengo frío. ¿Qué pasa con Luna?

— Creo que estará de comentarista durante el partido para sustituir a Zacharias Smith porque está afónico. Así que no podrá estar con nosotras en las gradas— comentó Hermione mientras salían de allí.

— Será mejor que nos apresuremos— dijo Lavender, deseando llegar cuanto antes al campo de quidditch. Sabía que allí no iba a tener la oportunidad de hablar a solas con Cormac pero al menos lo vería.

Durante el resto del camino, todas estuvieron haciendo conjeturas sobre quién iba a ganar el partido. Parvati votó a favor de Slytherin porque desde que pasaba más tiempo con Crabbe y Goyle, no tenía nada en contra de su casa, y Ginny y Hermione dijeron que no. Que ganaría Ravenclaw aunque realmente ambas pensaran lo contrario. Y en cuanto a Lavender, no opinó al respecto. Tenía otras preocupaciones en mente.

Cuando llegaron a las gradas, todo el mundo estaba gritando, dando saltos y alzando las banderas. Madame Hooch había tocado el silbato y el partido había empezado. Luna comentaba a su manera pero Hermione no escuchaba. De vez en cuando la Ravenclaw divagaba y se ponía a hablar con Oníria -la cual estaba encima de su hombro. Theodore, por otra parte, permanecía en las gradas junto a los demás alumnos de Slytherin del banquillo, animando a sus amigos que luchaban por conseguir la victoria.

Hermione se rio para sí misma al darse cuenta de que jamás había estado tan atenta al equipo de Slytherin, o mejor dicho, al buscador de la snitch. Malfoy. Siempre que había presenciado un partido entre Slytherin y otra casa, había estado pendiente del otro equipo rezando porque ganase y ahora, todo era distinto. Miró a Ginny y vio que ella tampoco apartaba la vista del equipo de Slytherin pero pensó que sería por Crabbe y Goyle, porque tenía que reconocer que estaban empezando a caerles bien. Sin embargo, Ginny no apartaba la vista de Zabini. En ese momento, él tenía la Quaffle e iba volando rápidamente en dirección a los tres aros de Ravenclaw.

'' Métela, métela'' — pensó, pero su parte racional le dijo: ¡Pero qué dices, Ginny Weasley! ¡Que es Zabini! Tiene que fallar, estrellarse contra el aro más alto y caerse de la escoba, ah, y quedarse de paso sin Blaisiconda.''

—'' ¡Zabini, Zabini diez puntos Slytherin!''— Luna había acercado el micrófono a Oníria y la mariposa se había puesto a describir el partido. Ella estaba más atenta a otros detalles como las nubes del cielo, los pajarillos que revoloteaban por la zona, los Nargles... Estaba algo mejor y sus amigas no habían sospechado en absoluto de lo que le había sucedido el día anterior.

— Genial, Zabini ha metido la Quaffle— musitó entre dientes Ginny con cierto sarcasmo.

— ¡Que gane Slytherin! ¡Que gane Slytherin! — exclamó Parvati dando brincos. Ante su comentario, algunos alumnos de Gryffindor que estaban detrás de ella en las gradas, la miraron con mala cara, pero a Parvati no le importó. Observó a Crabbe y Goyle y vio que golpeaban las bludgers como locos. Estaban sudorosos y no paraban de jadear.

Gregory se percató de que Parvati lo estaba animando y que hacía señas muy raras con la mano, y se puso muy nervioso. Tanto que no vio la bludger que iba hacia él. Casi se cayó de la escoba, pero por suerte consiguió mantener el equilibrio.

Lavender, por otra parte, no estaba muy atenta al partido. Había mirado por las gradas pero Ron Weasley no había dado señales de vida. Ni Harry ni él estaban allí y Seamus y Dean al parecer tampoco. Masculló con ira, pero toda su rabia se esfumó cuando se dio cuenta de que Cormac estaba detrás con su grupo de amigos de sexto y que todos animaban a Ravenclaw. Él notó que alguien le clavaba la mirada y cuando vio que era Lavender se quedó pasmado observándola. Lavender, instintivamente giró la cara y se centró de nuevo en el partido, notando como el corazón le latía con desenfreno por dejar que la hubiera pillado mirándole, aún sabiendo que tarde o temprano tendría que hablar con él.

Totalmente distraída, se fijó en Draco Malfoy. Había encontrado la snitch e iba volando al lado de Cho Chang, ambos luchando y embistiéndose brutalmente para conseguirla. Y Lavender sólo quería que alguno de los dos la atrapase de una vez por todas para que terminase el partido y así, ella pudiese hablar con Cormac.

Pero de pronto, algo horrible sucedió. Por unos segundos el tiempo se detuvo y hubo silencio. No se escuchó ningún ruido. Sólo silencio. Draco Malfoy rozando la snitch con sus finos dedos.

Rozando la snitch y abriendo un poco más la mano.

Vincent Crabbe golpeando con todas sus fuerzas una bludger que no dejaba de incordiar. Una bludger que fue a parar a toda velocidad a la parte de las gradas donde estaban ellas. Y todo se torció. Hermione apretaba los puños, expectante, sin apartar la vista de Malfoy, deseando que ganase pero...justo cuando él atrapó la snitch y Madame Hooch fue a tocar el silbato para que finalizase el partido, Hermione la vio.

Vio la bludger.

La bludger que iba hacia a ellas, o para ser más concretos, hacia Lavender. La expresión de su rostro cambió y el pánico la sacudió. Lavender, en cambio, se quedó inmóvil. Su mente se bloqueó. Supo que corría peligro, que tenía que apartarse, pero su sistema nervioso no procesó la información, y si Hermione no la hubiese empujado para apartarla, quizás todo hubiese sido muy diferente.

Sonó un gran estruendo.

La bludger le dio en el codo, apenas fue un roce, pero le dolió como nunca antes le había dolido algo, y al sentir el repentino empujón que le dio Hermione, perdió el equilibrio, cayó estampándose contra el suelo de las gradas y se dio un fuerte golpe en la cabeza.

Por suerte, todos los alumnos que había detrás se apartaron a tiempo y los daños los sufrieron las gradas, donde quedó un gran agujero, pero Lavender ya no escuchó nada. Sólo vio imágenes borrosas de gente que se acercaba a ella rápidamente. Y esas imágenes se fueron volviendo cada vez más opacas hasta que sólo quedó la densa oscuridad.

Y el silencio.

Al cabo de segundos, minutos, horas, días, no supo exactamente cuánto tiempo había transcurrido, ella despertó. Los párpados le pesaban, la luz que había en la estancia le molestaba y aquel lugar le resultaba familiar.

La enfermería.

Abrió un poco más los ojos, intentando parpadear rápidamente para visualizar a las personas que la rodeaban y vio a las chicas. Estaban todas, incluso Luna. Y Vincent. Y Gregory. Miró en dirección a las otras camas y se dio cuenta de que que Pansy Parkinson y Astoria Greengrass estaban tumbadas allí pero, por suerte, dormían.

Confundida, se preguntó qué habría pasado.

— ¡Lavender, Lavender!— la zarandeó Crabbe— ¡Lo siento! ¡Esa bludger estaba loca!

Lavender se incorporó y vio que tenía el brazo atado en un cabestrillo. Le dolía un poco pero parecía que no estaba roto.

— ¿Cuánto tiempo llevo así?

Hermione se sentó en la cama a su lado y la miró preocupada.

— Un par de horas. Menos mal que estás bien. Si no te hubiese apartado de esa bludger…

Lavender se destapó al sentir un calor insoportable. La cabeza le dolía del golpe pero se miró el cuerpo y cuando vio que no tenía ninguna magulladura, suspiró aliviada, y es que precisamente ahora que necesitaba buscar a Cormac para hablar con él, no quería tener heridas o moratones por nada del mundo.

Miró a Luna, Parvati y Ginny y vio que parecían bastante preocupadas.

— Estoy bien, estoy bien— intentó tranquilizarlas esbozando una sonrisa, algo que sin duda pareció funcionar, porque todas se relajaron inmediatamente. Y Vincent y Gregory también— ¡Por cierto Crabby, Crabby! ¿Qué hacéis aquí? Es mejor que no nos vean juntos.

Hermione rodó los ojos.

— Ya les he avisado, Lavender, pero no me han hecho caso. Han insistido en venir.

Crabbe puso un gesto compungido y sacó un pañuelo para secarse las lágrimas. Al parecer había estado llorando largo rato.

— De verdad, lo siento mucho, Lavender. Lo siento…

— No te preocupes, si no ha sido nada— dijo sin dejar de sonreír. Luego miró a Luna— por cierto, Lunita, ¿dónde has dejado a tu amor? Que desde ayer no hemos sabido nada de vosotros.

Luna se estremeció. Por un lado, por lo que había sucedido con Theodore en la sala de los Menesteres y por otro, porque Pansy y Astoria, a pesar de que dormían, estaban allí. Ella aún no se había recuperado del todo y el haber tenido que comentar el partido la había dejado agotada, pero varios días atrás McGonagall le pidió que sustituyese a Zacharias Smith y no había querido fallarle.

— Está en la sala común haciendo unos deberes, ¿sabes? Luego vamos a vernos— a pesar de que intentó sonar lo más convincente posible, no pudo evitar apartar la mirada porque quiso asegurarse de que Astoria y Pansy estaban durmiendo. Aún así no comprendió qué hacían en la enfermería, con tan mal aspecto.

— Ah, ¿y quién ha ganado al final el partido?— preguntó de repente Lavender con mucha curiosidad y es que no recordaba muy bien lo último que había sucedido.

— Slytherin— dijo Hermione sonriendo como una tonta. Lavender entornó los ojos al verla tan feliz, en la inopia y se preguntó por qué se alegraba tanto si ni siquiera Malfoy y ella se soportaban. Fue a preguntarle pero en ese momento alguien entró en la enfermería. Alguien que hizo que se olvidase de todo.

Cormac McLaggen. Y además, iba solo.

Lavender apoyó la espalda contra el cabecero y sin apartar la vista de él, les pidió a sus amigos que se marchasen.

— ¿Podéis dejarnos a solas? Tengo que hablar con él.

Parvati frunció el ceño, porque había escuchado que McLaggen era el pervertido que le había robado las bragas. Y le sorprendió que su amiga estuviera tan tranquila, como si nada. Sin embargo, Lavender los mató a todos con la mirada porque seguían allí clavados y decidieron marcharse. Cormac vio como salían de la enfermería pero ni siquiera se dio cuenta de que Crabbe y Goyle pasaban por su lado, se acercó a donde estaba Lavender y se sentó en una silla junto a la cama, porque a pesar de que estaba seguro de que ella no iba a querer saber nada de él, estaba muy preocupado.

— ¿Cómo estás?— preguntó algo indeciso.

— Cormac, yo…— Lavender se enrojeció al escuchar su voz. Hacía tiempo que no le tenía tan cerca y comenzó a marearse.

McLaggen se extrañó al darse cuenta de que ella ya ni siquiera le llamaba Cormy y dedujo que querría mandarle a la mierda.

— Mira, Lavender…

— Lo siento— habló ella y Cormac abrió mucho los ojos.

— ¿Cómo?

— Sé que no fuiste tú. Lo siento. No tenía que haber dudado de ti.

Cormac se quedó paralizado por unos segundos. No supo cómo reaccionar. Sólo pudo asimilar que ella al fin le había creído, que no tenía que pensar más en que ella ya no querría dirigirle la palabra nunca más.

— ¿Cómo sabes que no fui yo?— preguntó confuso.

Lavender no supo por dónde empezar. Estaba segura de que si le contaba que había sido Ron se pondría furioso así que tenía que ser sutil y decírselo de tal forma que no se alterase.

— Iba a hablar contigo después del partido para contártelo, pero al final mira dónde he terminado— dijo soltando una suave risa pero al ver que Cormac mantenía un semblante serio, tragó saliva y continuó— Esta mañana me he enterado de todo.

— Alguien entró en mi habitación— afirmó él.

— Lo sé, Cormac, lo sé. Me lo han dicho.

— Pero no sé quién fue— añadió molesto.

Lavender vio que arrastraba la silla para acercarse más y que apoyaba los brazos sobre el colchón. Inconscientemente puso la mano libre de cabestrillo encima de la suya y Cormac sintió un escalofrío al notar el calor de su tacto.

— Yo sí lo sé— musitó ella con un hilo de voz— pero no quiero que te enfades.

McLaggen apretó los dientes.

— ¿Cómo no voy a enfadarme? ¿Sabes lo mal que me sentí cuando todos vieron tus bragas? No, Lavender, no lo sabes. Y por si fuera poco, quedé fatal delante de todo el mundo. Aunque lo peor fue que tú no me creyeses.

— Tienes razón, di en seguida por hecho que habías sido tú y lo lamento— le susurró acariciándole la mano para relajarle— aunque durante todo este tiempo no dejaba de pensar en que había algo que fallaba. Que había algo que no cuadraba, porque no conseguía…

''No conseguía sacarte de mi cabeza''- fue lo que quiso decir pero no se atrevió. Para su suerte, Cormac no quiso indagar, y es que él quería, o más bien, ansiaba saber otra cosa.

— Lavender, por favor, dime quién ha sido.

Ella exhaló para relajar los hombros, y de paso, para mentalizarse de que iba a enfadarse.

— Ro-Ro.

— ¿Ro-Ro? — preguntó extrañado porque no se acostumbraba a sus motes raros.

Lavender puso los ojos en blanco.

— Sí, Ron Weasley.

Y entonces, vino. Lo que ella temía. Cormac apretó furioso las sábanas, dispuesto a salir corriendo y matar al susodicho pero Lavender le acarició la mano para que no perdiese el control.

— Ya verás cuando lo vea…

— ¡No!— exclamó ella tajante— Quiero encargarme yo.

Cormac se levantó de la silla y se sentó directamente en el colchón, a su lado.

— Lavender— suspiró intentando no perder la calma, acercándose mucho a su oído, para que nadie los escuchase— entró en mi habitación, rebuscó entre mis cosas y me robó tus bragas.

— Lo sé, pero como tú has dicho, eran mis bragas. Me ridiculizó a mí e hizo que pasase un rato bastante humillante, por eso quiero hacerlo yo.

Cormac, indignado, se mordió el labio, pero supo que ella tenía muchos más motivos para querer vengarse, así que no puso objeciones.

— ¿Y qué tienes pensado?

Lavender no contestó y se levantó.

— ¿Qué haces? No puedes irte de aquí— musitó acercándose a ella para volver a tumbarla en la cama.

Pomfrey, que estaba en su escritorio sentada, los vio y se aproximó a ellos.

— Señorita Brown, ¿a dónde piensa ir usted?

Lavender suspiró, cansada.

— Mire Pomfrey, me encuentro bien. Tengo que hacer muchísimas cosas y bueno, me gustaría irme.

— No se lo recomiendo— comentó de brazos cruzados. Aunque luego se dio cuenta de que si Brown se marchaba no tendría tanto trabajo, a pesar de que ella no hubiera estado evacuando cada dos por tres como las alumnas de Slytherin.

— De verdad, no me pasará nada. El brazo no me duele mucho. Me dejaré el cabestrillo y tendré cuidado.

La enfermera la miró no muy convencida pero no le dijo nada, sin poder creer que aquella chiquilla quisiera marcharse como si nada después de haber sido golpeada por una bludger. Cormac, en cambio, la siguió y ambos salieron de la enfermería. Durante largo rato caminaron en silencio hasta que llegaron a la biblioteca. Lavender entró en la estancia y apartó una silla de la mesa para sentarse.

— Bien, necesito que me ayudes a encontrar un hechizo.

— ¿Qué piensas hacerle al tonto de Weasley?— le preguntó retirando otra silla, para sentarse junto a ella.

Lavender apuntó una sonrisa.

— Traumatizarlo de por vida. Así se lo pensará dos veces antes de ridiculizar a alguien.

Cormac se mantuvo en silencio y al final asintió.

— Cuéntame tu plan entonces.

Ella carraspeó y lo miró a los ojos.

— Pues verás… en tercer curso, en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, el profesor Lupin nos mostró un Boggart que tenía en un armario y cuando Ro-Ro abrió la puerta…

Y sin más, Cormac permaneció atento a las palabras de Lavender y ella continuó explicándole su plan durante largo rato.


Mientras tanto, en la enfermería, Astoria Greengrass acababa de despertarse. Había escuchado las voces de mucha gente y no había dormido muy bien. El estómago le dolía un poco pero parecía que la poción de Pomfrey había hecho efecto porque ya no sentía la necesidad de coger la palangana que había bajo la cama. La enfermera, por otra parte, se percató de que se había despertado y se acercó a ella.

— ¿Cómo se encuentra?

— Mejor, bastante mejor— dijo incorporándose un poco para acicalarse el pelo.

— Creo que usted puede marcharse ya. Seguramente cuando tenga ganas de ir al cuarto de baño, aún expulsará… ya me entiende. La verdad es que no quiero entrar en detalles, pero al menos podrá ir a clase normalmente.

Astoria se levantó de la cama y se puso las zapatillas.

— ¿Y qué pasa con Pansy?

— Parece ser que ella está peor que usted, señorita Greengrass. Aún no se ha recuperado del todo. Es probable que tenga que estar un par de días más.

Astoria palideció al ser consciente de que iba a tener que estar sola, sin ella durante muchas horas. Aún le quedaba Daphne, pero la detestaba con todo su ser. Ni siquiera le había dejado entrar en el baño de la habitación cuando estuvo tan mal y tampoco se había dignado en ir a visitarlas a la enfermería.

Madame Ponfrey sacó una medicina del bolsillo de su túnica devolviéndola a la realidad.

— De todas formas, tome este frasco— le dijo tendiéndoselo en la mano— En caso de que vuelva a sentir dolor, tómeselo. Su efecto será inmediato.

Astoria asintió, lo cogió y lo guardó en el bolsillo de su pijama. Miró por una de las ventanas de la enfermería y vio que comenzaba a oscurecer, así que pensó en regresar a su dormitorio. Estaba agotada y quiso tumbarse un rato en su maravillosa cama porque la de la enfermería era una porquería y le había dejado la espalda resentida. Además, apestaba. Necesitaba una ducha urgentemente, por lo que se marchó de la estancia dejando a Pansy sumergida en una pesadilla, balbuceando cosas extrañas, caminó por los pasillos hasta llegar a la entrada de la sala común de Slytherin, murmuró la contraseña y atravesó el largo y oscuro pasillo, rezando porque no hubiese nadie en las mesas estudiando o en los sofás y la viese con aquellas pintas tan horribles. Entre el pelo despeinado y el pijama arrugado se moría de humillación.

Sin embargo, para su mala suerte, cuando entró, se fijó en que Theodore Nott estaba sentado en una de las mesas, escribiendo tranquilamente con su pluma, haciendo unas tareas. Él, al escuchar los pasos de alguien, alzó la vista y la vio, provocando que Astoria se sonrojase y se apresurase a llegar a su habitación.

Cuando entró, dio un portazo y apoyó la espalda contra la puerta, muy alterada, y es que no podía creer que precisamente se lo hubiera encontrado a él. ¿Qué iba a pensar al haberla visto con ese aspecto tan horrible? Quiso que la tierra se la tragase en ese momento. Aún así, intentó calmarse, decidió darse una ducha rápida para deshacerse del mal olor, se puso un pijama limpio y se abalanzó sobre su cama, quedando recostada bocarriba. Vio que su hermana no estaba en la habitación y se relajó al ser consciente de que se encontraba sola, que podría echar una cabezada tranquilamente, así que se acomodó un poco sobre las mantas y cerró los ojos.

Recordó la noche tan mala que había pasado, pero supo que ya estaba mejor, que no tenía de qué preocuparse. Metió las manos por debajo de la almohada, se desperezó un poco estirando las piernas y bostezó. Luego respiró. Inspiró profundamente y volvió a exhalar, pero no pudo volver a coger aire. Notó algo impactando contra su cara. Algo que se adhirió a su rostro como una lapa. Intentó abrir los ojos pero no vio nada. Sólo oscuridad. Su angustia aumentó cuando se percató de que no podía respirar, de que se estaba asfixiando.

Aterrorizada, sacó las manos de debajo de la almohada para quitarse lo que le cubría la cara y se dio cuenta de que era un cojín y de que había unas manos suaves y frías empujándolo, como si alguien estuviera intentando matarla. Desesperada, comenzó a patalear con violencia, totalmente dominada por el pánico, pero lo único que consiguió fue que ejerciesen más presión con el cojín sobre su cara.

No entendía qué estaba sucediendo. Intentó hacer acopio de todas sus fuerzas para apartarle pero no pudo y se dio cuenta de que aquella persona, quien quiera que fuese, era fuerte. Comenzó a gemir al darse cuenta de que estaba a punto de perder el conocimiento, de que estaba ahogándose. Y en ese momento se dio cuenta.

Se dio cuenta de que iba a morir.

Se dio cuenta porque pequeños retazos de su vida pasaron ante sus ojos a la velocidad de la luz. Apenas le quedaba aliento y el corazón le palpitaba tanto que le dolía. Los pataleos y forcejeos cada vez se volvieron más débiles y cuando creyó que todo iba a terminar, pudo respirar. Jadeó con desesperación. Jamás había jadeado tanto. Ni siquiera después de haber aguantado la respiración bajo el agua. A pesar de que tenía los ojos abiertos, lo vio todo borroso. Sólo pudo distinguir la silueta de alguien frente a ella. Alguien que le resultó demasiado familiar, pero no pudo fijar bien la vista en esa persona. Ni siquiera pudo hablar. Intentó incorporarse pero volvió a caerse sobre el colchón, siendo incapaz de cerrar la boca, teniendo que hacer un gran esfuerzo por no desmayarse.

Pero, justo ahí, escuchó su voz.

Una voz que le hizo verlo todo claro, nítido como el agua cristalina.

— ¿Qué te creías, Astoria? ¿Que ibas a salirte con la tuya?

Ella se puso pálida. El sudor frío que recorría su cuerpo no fue por haber estado a punto de morir. Fue por haberle visto a él.

A Theodore Nott.

— Dime, ¿te gustaron las galletas? Eso sólo fue una advertencia.

Astoria no pudo hablar. Sintió como el pánico la dominaba al descubrir que él lo sabía. Que se había enterado de lo que le habían hecho a Lunática, que había estado a punto de matarla.

No tuvo valor para responderle. Quiso gritar, llorar, salir corriendo tal vez, pero fue incapaz de reaccionar. Jamás lo había visto así.

Nunca.

No parecía el mismo. El chico de Slytherin tranquilo, sosegado y solitario ahora era diferente. La oscuridad que transmitían sus ojos le hizo sentir escalofríos. Le hizo ver que hubiera sido capaz de hacerlo, que hubiera sido capaz de asfixiarla. Y fue consciente de esa parte de él que nunca había sacado a la luz. Esa parte que guardaba consigo.

— Si tú o Pansy volvéis a acercaros a Luna o a Oníria, te aseguro que no me controlaré. La próxima vez no seré tan benevolente.

Astoria supo que era cierto. Supo que decía la verdad. Vio como él arrojaba el cojín bruscamente encima de la cama y se marchaba de la habitación haciendo que la puerta restallase. Luego esa nitidez desapareció, y sólo pudo ver una neblina que fue apagándose hasta que cayó y perdió el conocimiento.


Cuando llegó la noche y todas dormían, Lavender seguía mirando al techo, tapada hasta el cuello sin poder pegar ojo. Y de todas formas, ¿para qué iba a hacerlo? Faltaban cinco minutos para las dos. Había quedado con Cormac McLaggen a esa hora frente a la puerta del dormitorio de Ron. Habían estado un par de horas investigando en la biblioteca hasta dar con lo que ella quería, un hechizo bastante útil. No quería hacerle mucho daño al pelirrojo físicamente, pero sí psicológicamente. Lentamente, se destapó, se puso las zapatillas sin hacer ruido y se quitó el cabestrillo. El brazo prácticamente no le dolía y sólo notaba una molestia. Además, era un completo estorbo. Odiaba cada vez que tenía que estar vendada o algo parecido porque se estresaba con facilidad, así que se acicaló, se echó brillo de labios para estar guapa y un poco de colorete de paso porque se dijo a sí misma que si iba a ver a Cormac, aunque fuese en pijama tenía que estar perfecta. Cuando salió de su habitación y llegó a la puerta del dormitorio de Ron, Cormac estaba allí esperándola, algo despeinado, con el pantalón del pijama y una camiseta de tirantes blanca.

Lavender se preguntó cómo narices no tenía frío, vestido así.

— Hola, Lavender— musitó él en voz baja— Oye, ¿por qué te has quitado el cabestrillo?

Ella se tensó.

— Porque apenas me duele, estoy bien— susurró al cabo de un rato, aproximándose mucho a él— ¿Y tú por qué vas medio desnudo?

Cormac la miró por un momento pero no dijo nada. Estaba muerto de frío pero quiso que ella pudiera apreciar sus músculos, porque dio por hecho que si lo veía así, se volvería loca.

— ¿Estás segura de que no quieres que entre contigo? — terció evadiendo su pregunta.

— No, es mejor que te quedes aquí vigilando por si viene alguien— comentó con intranquilidad. Muy despacio, abrió la puerta y sacó la varita del bolsillo de su pijama.

— Pero, ¿quién va a salir de su habitación a estas horas?

Lavender suspiró.

— Pues, nosotros por ejemplo— replicó— Cállate ya, Cormy, que quiero entrar. Tú espera aquí hasta que salga.

Esa vez Cormac no se quejó por el hecho de que lo llamase así, apesar de que lo había odiado en un principio, porque había estado tanto tiempo sin hablar con Lavender, que lo echaba de menos. Y también a ella, así que no le dijo nada. Lavender entró en la habitación de puntillas, buscó a Ron en la oscuridad y como afortunadamente la habitación estaba en penumbra no le resultó difícil verlo. Llegó a su cama y vio que dormía con la boca abierta, sonriendo como un bobo, con un gorro muy extraño en la cabeza. La noche anterior en la cena lo había visto con ese trapajo, pero le sorprendió que ni siquiera se lo quitara para dormir.

Se asustó y puso una mueca de repulsión al pensar que quizás tenía piojos.

'' ¡Lavender, céntrate y deja de pensar en gorros y piojos!''

Nerviosa, alzó la varita, murmuró el hechizo y luego, simplemente, huyó. Huyó de la habitación como un rayo.

Ron, por su parte, seguía soñando. A veces tenía sueños felices y otras veces no tanto. En esa ocasión estaba de pie sobre un escenario. El telón se abrió y pudo ver la luz de los focos que incidían sobre él, dándole una apariencia mágica, casi perfecta pero no supo quién lo estaba observando porque la sala estaba completamente a oscuras. Sólo podía ver su propio cuerpo y el suelo del escenario. Curiosamente cuando se observó a sí mismo, se percató de que llevaba una ropa muy extraña y que además, sus brazos y piernas colgaban de unos hilos como si fuese una marioneta. Aquello le recordó a la película muggle de Pinocho. Su padre Arthur le había hablado mucho de ella, pero Geppetto no estaba en esa ocasión para hacerle compañía. Desorientado, se llevó la mano a la cabeza y se dio cuenta de que tenía un sombrero. No era su gorro de lana, sino un sombrero precisamente al estilo Pinocho y por un momento se preguntó si acaso se había transformado en un muñeco. Volvió a mirarse los brazos para asegurarse, pero no. Seguía siendo de carne y hueso. Sin embargo, al bajar la mirada, se percató de que tenía unos zapatos de claqué.

— ¡Oh no! — chilló dentro del sueño. No era la primera vez que tenía esa pesadilla, sólo que esa vez estaba transformado en una marioneta. ¡¿Acaso las arañas iban a volver a obligarle a bailar claqué?! ¡Él no quería!

Sus sospechas se confirmaron cuando un montón de arañas aparecieron por el escenario y comenzaron a subirle por el cuerpo. Quería quitárselas de encima pero por culpa de los hilos no pudo escapar. Empezó a zapatear en el suelo, con la esperanza de que si hacía el baile lo dejasen en paz, pero ellas no se marcharon. Y para rematar la faena, apareció Aragog y comenzó a tirar de sus hilos, haciendo que saltase y diese brincos como un muñeco de madera, como si su cuerpo no pesara.

— ¡Socorro! ¡Socorro! — graznó desesperado al ver que no podía controlar sus extremidades. Actuaban como si tuviesen vida propia. Aún así, fue consciente de que estaba en una pesadilla y quiso despertar, pero por más que lo intentó, no pudo.

Comenzó a sentir un picor. Un picor que conforme iba pasando el tiempo se volvía más insoportable. Las arañas se habían metido bajo su ropa para picarle y le estaban haciendo enormes ronchas parecidas al sarampión.

— ¡Tú eres amigo de Hagrid!— exclamó Aragog tirando con más fuerza de los hilos, provocando que saliese despedido por los aires. Ron no salía de su asombro y tampoco podía asimilar que la araña pudiera controlarlo tan fácilmente. Más que nada, porque tenía patas y pedipalpos en vez de manos — ¡Tú viniste aquella noche al bosque prohibido y conseguiste escapar!

— ¡No! ¡No me comas por favor! — sollozó Ron volando por los aires como si estuviese interpretando a Peter Pan en una obra de teatro.

— ¡Mis hijas e hijos se quedaron con hambre y no voy a negarles la comida por segunda vez!

Las diminutas arañas comenzaron a subirle hasta el cuello para picarle en esa zona y justo entonces, despertó. Alguien lo tiró de la cama.

— ¡Tío, apártate! — gritó Seamus agarrándolo del brazo para levantarlo del suelo. Llevaba la varita en la mano y estaba bastante nervioso. Ron notaba que le picaba un montón el cuerpo y cuando miró su cama vio que estaba llena de arañas.

Arañas. En su cama.

— ¡Seamus, no! ¡Tú precisamente no!— gritó Harry intentando detenerle pero fue demasiado tarde. Finnigan lanzó un hechizo para exterminar la plaga de bichos que correteaba por las sábanas de Ron.

¡Incendio!— y teniendo en cuenta que Seamus no era muy bueno a la hora de controlar los hechizos, se produjo una gran explosión haciendo que apereciese un enorme cráter en mitad del colchón y las cortinas del dosel de la cama de Ron comenzasen a arder.

Harry se vio obligado a intervenir y sacó su varita rápidamente.

— ¡Aqua Eructo! — exclamó haciendo que la cama de Ron quedase completamente empapada. Cuando la calma volvió a la habitación, Ron se cayó de culo al suelo y se quedó durante unos minutos en shock. Neville, Dean, Harry y Seamus intentaron reanimarlo pero seguía sin parpadear.

— ¡Ron! ¡Ron! — lo llamó Harry sin dejar de zarandearlo— ¡Hay que llevarle a la enfermería!

Pero Ron se limitó a observarse los brazos con terror. Tenía ronchas por todas partes menos en la cara y el cuello. Se dio cuenta de que la maldita pesadilla, en parte, había sido real y se preguntó cómo narices habrían entrado las arañas en su habitación y dónde estaría Aragog escondido. Notó que sus amigos intentaban levantarle pero él se quedó inmóvil. No pudo ni siquiera cerrar la boca.

Fuera de la habitación, Lavender y Cormac McLaggen habían escuchado el escándalo y se habían marchado inmediatamente, temiendo que salieran del dormitorio.

— Corre Cormac, lárgate— musitó nerviosa, guardando la varita— Yo me marchó a mi habitación.

Cormac, sin embargo, cuando vio que se daba media vuelta la detuvo.

— Ven a mi cuarto.

A Lavender se le dilataron las pupilas.

— ¿Cómo?

— No hay tiempo. Está más cerca. Haz lo que te digo— le susurró y la cogió de la mano, arrastrándola a su habitación.

— Pero, pero…

Cormac abrió muy despacio la puerta de su dormitorio y cuando entró tras ella, la cerró silenciosamente. Lavender suspiró sintiendo que al menos ya estaba a salvo, pero tuvo que ahogar un grito al ver que todos sus compañeros de habitación estaban allí durmiendo. Cormac le tapó la boca.

— No hagas ruido y sígueme— le dijo guiándola por la oscuridad hasta su cama, sin soltarla de la mano. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, la empujó suavemente para que se tumbase y después, corrió las cortinas del dosel con cuidado y se recostó junto a ella.

— ¿Estás loco?— murmuró Lavender— No puedo quedarme. Pueden despertarse y darse cuenta de que estoy aquí.

— No te imaginas cómo duerme esta gente, Lavender. No se despiertan con nada. De todas formas, si te vas antes de que amanezca no se enterarán.

A pesar de que lo intentó, Lavender no pudo verlo en la oscuridad pero lo notó muy cerca, se sonrojó y agradeció que él no la estuviese viendo. Comenzó a inquietarse, nerviosa por su cercanía y se quedó muy quieta.

— ¿Pretendes que me quede aquí…contigo, toda la noche?

— Sí, pero si no quieres…

— Realmente no me importa. No creo que pueda dormir después de lo que ha pasado de todas formas— musitó destensando los músculos y apoyó la cabeza en la almohada, más relajada— Seguro que tienen que llevar a Ro-Ro a la enfermería. A saber qué cara pone Madame Pomfrey cuando lo vea.

Cormac se rio suavemente intentando hacer el menor ruido posible y se pegó un poco más, rozando su brazo con el suyo. Lavender sintió una repentina sacudida.

— Bueno, y ahora que está todo solucionado. ¿Vas a volver a darme tus bragas? — la pregunta de Cormac hizo que Lavender se incorporase rápidamente— Sh, túmbate, túmbate.

Lavender cedió al ver que le acariciaba el brazo y se recostó a su lado.

— Que sepa que tú no fuiste el culpable no quiere decir que vaya a dártelas otra vez. Podrían quitártelas de nuevo.

Cormac esbozó una sonrisa y se giró de lado, pasándole el brazo por encima de la cintura.

— Tendré más cuidado la próxima vez cuando las esconda.

Lavender contuvo la respiración al sentir las manos de él por su cintura. Fue más de lo que pudo soportar. No pudo ni asimilarlo.

— Cormac— ella también se giró para estar frente a él. Notó la respiración de él contra su rostro, dándole a entender que estaba cerca. Demasiado cerca. Y odió no poder ver su expresión en ese momento, pero luego se dijo que era mejor, que así no se alteraría tanto con su cercanía.

— Qué.

— A principio de curso…— su voz fue apagándose poco a poco hasta convertirse en un susurro acongojado— ¿tú me odiabas? Por lo que pasó en el pasillo del vestíbulo, me refiero.

McLaggen se mantuvo en silencio y acercó su rostro un poco más al de ella. La almohada estaba fría, las sábanas también, algo que alivió el calor que había empezado a sentir por todo su maldito cuerpo.

— No. En un principio me molestó que me tocases el culo pero…

— No lo hice a propósito— lo interrumpió, queriendo que entrase en razón— Malfoy me lanzó un hechizo.

— Sí, claro…— musitó soltando una risa y hundió aún más las manos en su cintura para acercarla más a él.

Lavender frunció el ceño.

— Yo te he creído a ti, ¿vale? Estoy diciéndote la verdad.

— Me has creído al cabo de mucho tiempo y porque te has enterado de que había sido el zopenco de Weasley, que si no, no lo hubieras hecho.

— Bueno, vale— resopló exasperada— Pero al final te he creído. Eso es lo que importa. ¿Puedo seguir?

— Sí.

— Pues que… yo no quería tocarte el culo. Más bien no me había parado a pensar en ti, vamos que ni siquiera habíamos hablado mucho, pero cuando te conocí, me caíste bien y…

Se detuvo, porque supo que no debía continuar, que estaba divagando. No quiso decirle que en realidad le gustaba porque, que él la hubiese llevado a su cama y prácticamente estuviera rozándole la nariz con la suya no significaba nada… ¿o sí?

— ¿Y yo te gusté?— terminó Cormac por ella.

Lavender palideció.

— ¡Qué!

— Sh— Cormac apartó la mano de su cintura y le cubrió los labios para que no gritase. Lavender comenzó a balbucear pero no se entendió nada de lo que dijo— Seguro que estás roja como un tomate. Lástima que no pueda verte.

— No estoy roja. Das muchas cosas por sentado y te equivocas la mayoría de las veces— musitó Lavender cuando él apartó la mano de sus labios. Era cálida, suave y olía muy bien.

Olía a él.

— Bueno, eso puede solucionarse— Cormac deslizó la mano por su cuerpo hasta dejarla en su trasero y se lo apretó suavemente— ¿Te has puesto roja ahora?

El corazón de Lavender latió desbocado. No pudo creer que él se hubiera atrevido a manosearla, pero no lo apartó. Porque su tacto le resultó demasiado agradable, tanto que no quiso que se alejara por nada del mundo.

— Eh, no, ya te he dicho que no— le susurró con voz entrecortada.

Cormac se rio y se aproximó más a su rostro, buscando sus labios en la oscuridad hasta rozarlos.

— ¿Y ahora?

Lavender comenzó a hiperventilar y se dio cuenta de que su respiración acompasada se había vuelto jadeante. Supo qué iba a suceder si daba una respuesta negativa, pero quiso que él estuviese más cerca. Necesitó que fundiese sus labios con los suyos, porque aunque ella nunca hubiese besado a nadie, no estaba preocupada. Lo deseaba. Ansió en ese momento que él devorase su boca.

— No— se atrevió a decir.

Y así sucedió.

Cormac atrapó sus labios, comenzando a humedecerlos con la punta de la lengua, haciendo que suspirase de placer y se pegó a ella, dejando las manos en su trasero. Por un momento se centró totalmente en sus labios, los saboreó, tomándose su tiempo, notando la saliva dentro de su boca y luego se apartó.

— Cormac— Lavender se quedó sin aliento al notar los labios de él recorriendo su mentón, su cuello, su clavícula, bajando poco a poco.

— Hm— musitó él entre beso y beso.

— ¿Yo te gusto?

McLaggen paró de pronto. Deslizó las manos por su cuerpo, aferrándola más a él para que ella notase su calor y hundió la lengua en su boca. Lavender se quedó rígida entre sus brazos, pero él la aseguró firmemente contra él, haciendo que una extraña sacudida la traspasara. La boca de Cormac era increíblemente suave, y poseía la de ella habilidosamente. Y Lavender nunca había pensado que un beso podría llegar a saber tan bien, así que se dejó llevar, tembló bajo su dominio y repentinamente se sintió floja e invadida por sus sentidos. Inconscientemente llevó la mano a su nuca para atraerlo un poco más y para cuando quiso darse cuenta, estaba tumbada encima de él, sin haber dejado de besarle. Cormac notó su suave cabello rizado rozándole el rostro y sintió su cuerpo contra el suyo. Rompió el beso, la abrazó y buscó su oído en la oscuridad hasta rozarlo con sus labios humedecidos.

— Claro que me gustas. Desde hace tiempo, además.

Ella le sonrió, aún sabiendo que él no podría verla y volvió a besarle.

— Hm— gimió Cormac contra su boca deslizando las manos por su espalda hasta meterlas por debajo de su pijama— Lavender.

— Qué pasa— ella se estremeció al notar sus dedos vagando por la piel de su espalda, pero él simplemente los dejó ahí. No fue más allá.

— Si te pido algo, ¿te enfadarás?

Lavender se quedó en silencio, sin saber a qué se refería. Enterró la nariz en su cuello esperando a que él se lo dijera, cerró los ojos e inspiró su irresistible aroma.

— Dime.

— ¿Me dejas que te toque las peras?

A Lavender se le puso el vello de punta.

— ¿Cómo?— graznó apartándose rápidamente de él y volvió a tumbarse en el colchón completamente ruborizada, sin comprender cómo él había sido capaz de decirle algo así, tan repentinamente.

— Aunque sólo sea un rato. No voy a meterte mano si es eso lo que te asusta.

Lavender enarcó una ceja.

— Ah, entonces según tú, Cormac, ¿qué es meter mano? Porque para mí, tocar las tetas…

— Recuerda que no es la primera vez— le susurró— El día que nos caímos por las escaleras…te las toqué. Y desde entonces, no he dejado de pensar en ello.

Lavender recordó aquella noche. Si Crabbe, Goyle y los demás no hubiesen entrado en la habitación y hubiesen tirado la bomba fétida, ella no habría abierto la puerta ni tampoco habría caído encima de él por las escaleras. Supo que Cormac tenía razón, que no era la primera vez y porque le manosease un rato las peras como las llamaba él, no pasaría nada malo.

— Vale, pero con una condición— le exigió ásperamente.

Cormac se incorporó lentamente, dejando apoyado un codo en el colchón y le echó el brazo por encima.

— Cuál.

— Que sea por encima del pijama.

Cormac, totalmente seguro de que aquello sería suficiente como para que ella perdiese la razón, esbozó una sonrisa.

— Está bien.

Y sin más, se inclinó buscando sus labios para volver a besarla y comenzó a deslizar la palma de la mano por su estómago hasta llegar a su pecho, provocando que Lavender notase el rastro de sensaciones que él iba dejando a su paso. La manera en que exploró su boca fue lenta y excitante, y ella no pudo evitar que un suave gemido ascendiese por su garganta. Cormac ejerció más presión con la lengua dentro de su dulce boca, empezó a masajear uno de sus pechos muy despacio en movimientos circulares y hundió las yemas en él delicadamente, haciendo que la respiración de ella se volviese irregular y justo ahí, Cormac se percató de que no llevaba sujetador y dedujo que por ese motivo ella le había dicho que la tocase por encima del pijama.

Sintió la erección presionándole el pantalón del pijama.

— Lavender, ¿seguro que no quieres sentir mi mano sobre tu piel?— dijo con voz ronca, sin poder contenerse.

Lavender, entre jadeos, buscó sus labios en la oscuridad con desesperación.

— No, todavía no. Aún es pronto...— murmuró— Sigue ahí.

Y Cormac simplemente volvió a besarla. La mayoría de alumnos pensaban que era ególatra, creído y petulante pero ya no le importaba. Él era consciente de que tenía muchos defectos, como todo el mundo, que nadie era perfecto.

Pero tenía algo muy claro, que era respetuoso.

Y aunque le gustase mucho Lavender y quisiera ir más allá, no iba a hacer nada hasta que ella no se lo permitiera. Estaba tranquilo porque al fin se había solucionado el malentendido entre ellos después de tanto tiempo y supo que podrían empezar de nuevo, que tendrían la oportunidad de conocerse mejor, así que no dijo nada y continuó besándola y acariciándola por encima del pijama.


Por otra parte, Harry y los demás volvieron a su habitación y se habían metido en sus respectivas camas.

Durante el camino hacia la enfermería, Filch se asustó al ver en el estado que estaba el ya no pelirrojo y no les dijo nada. Sin embargo, cuando llegaron a la estancia, Pomfrey se escandalizó y le quitó toda la ropa a Ron para echarle un ungüento un tanto extraño, asegurando que le aliviaría las picaduras y que se pondría bien pronto porque no eran muy graves. Aún así, Ron tendría que pasar allí unos días e iba a tardar mucho en conciliar el sueño después de lo que había sucedido, pero Harry estaba tranquilo porque Madame Pomfrey le había convencido de que no tenía de qué preocuparse.

Así que más calmado y tumbado en su cama, cerró los ojos y las horas pasaron. En la habitación reinó la tranquilidad. Algunos roncaron como Dean y Seamus o canturrearon en sueños como Neville pero Harry... tuvo pesadillas. Movió la cabeza de un lado a otro de la almohada angustiado, sin poder respirar, con el cuerpo completamente empapado en sudor. No era la primera vez que soñaba con Voldemort desde que había empezado el curso pero esas pesadillas cada vez se volvían más intensas.

Más reales.

Esa vez vagó por un lugar que desconocía. Un largo y oscuro pasillo que llegaba hasta una puerta de hierro. Las paredes y el suelo eran negros, cubiertos de losetas oscuras por todas partes. Vio una serpiente reflejada en ellas y escuchó la voz de Sirius en su cabeza advirtiéndole una y otra vez sobre algo que le había contado durante las vacaciones de Navidad.

'' Voldemort va detrás de algo, algo que no poseía la última vez''

Y cada vez, tenía la puerta más cerca, hasta que llegó un punto en el que se abrió y él vio lo que había en el interior. Una infinidad de estanterías con miles y miles de esferas de cristal. De profecías. Y al fondo, un hombre iluminando la estancia con la varita. Una estancia que no parecía tener fin. Decidió acercarse más intentando averiguar quién era la figura que se hallaba a lo lejos pero en ese momento una serie de imágenes sueltas pasaron por su cabeza como pinceladas.

Una esfera de cristal.

Alguien con el cabello pelirrojo.

Arthur Weasley.

Arthur Weasley siendo atacado.

Corría gran peligro y estaba malherido, pero era como si…Harry fuese el atacante, como si él fuese la serpiente.

No.

De pronto, despertó, jadeando y asfixiándose. Seamus, Neville y Dean lo escucharon hablar en parsel y se levantaron, asustados. Harry intentó centrar la vista en ellos pero sus ojos se cerraron de lo mareado que se sentía. Y después, no vio nada más. Sólo percibió las manos de sus amigos levantándole de la cama rápidamente y la voz entrecortada de Neville Longbottom.

— ¡Corred! ¡Tenemos que avisar a Dumbledore!


¡Bueno, bueno, las cosas se complican para Harry! Veremos a ver qué ocurre ahora que Arthur está malherido.

Hablando de Cormac y Lavender, estoy muy contenta porque por fin han arreglado sus problemas :D Me hace mucha gracia lo presumido que es McLaggen, pasando frío para que Lavender viera sus magníficos músculos JAJAJAJA y encima está hecho un pervertidillo, queriendo tocarle las ''peras'' XDDD

¿Qué os ha parecido el MOMENTO RON MARIONETA CON ARAGOG CONTROLANDO SUS HILOS? JAJAJAJAJA no os imagináis cómo me reí escribiendo esa parte! (Adarae espero que no hayas sufrido mucho u.u). ¿Y con la supuesta maldición de Lavender? Pobre Dean que se empeñaba en que estaba maldito jajajajajaja al menos al final se lo ha contado a ella ^^, por otra parte... ¡Hermione ha hecho sufrir a Malfoy! Síí! :D jajajjaja veremos a ver qué pasa en la fiesta! :B

Y por último... PANSY Y ASTORIA. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA pobre Myrtle y pobre Pomfrey de verdad... xDDD las compadezco! por cierto, Theo ha dejado claro que será capaz de hacer cualquier cosa por proteger a Luna y Oníria *-* Me ha parecido muy bien que Astoria no se salga con la suya y creo que se ha asustado bastante. ;)

En fin, volveré pronto :D

Un beso a todas, tyna fest :)