¡Hola chicas! ¡He vuelto! ^^ Aquí os traigo la segunda parte del capítulo. (47 pág. de word)! ¡Y aún falta la última parte! Espero que os guste :D
MUCHÍSIMAS GRACIAS A: Guest1, Guest2, Luladark, Ishiro Shizuka, Leonor Snape, Schatzie0713, Kuki-Chan, Effy Malfoy Reckless, Shirmione Malfoy, Viridiana, Romaaa, Melanie Lestrange, Connie1, Vale Malfoy, Karim MG, Alesz, Caroone, Isabel, Tess21, sirone aphrody, mila0628, johanita, Alice Marie Fray, Angie, Emma Felton, Sam Wallflower, Guest3, LucyTheMarauder, Katherine Miskov, BereLestrange, PotterheadAlwayss, Adarae, seremoon, Saori Haruno, En Resumen soy un Heroe, ian, natalie malfoy, Jane Meyer, Victoria88, Guest4, Fersha Malfoy, somnie, ElaSalvatoreCM14, crazzy76, Katherine Malfoy, Jean, alissa-2012, rosedrama, Maglucy, BiancaDramione, CoposdeHielo, Nina24-7, Hikari Goth, dreapls, Morgana Argay Malfoy, alale y keki46livecom.
Contestaciones a las no registradas:
(Por favor cuando escribáis un review, poned un nombre porque hay com Guest y no sé a quién me estoy dirigiendo xDD Os he contestado los reviews por el orden en que los he recibido).
Guest 1: Holaaa! :D Me alegra que te divirtieses tanto con el capítulo! jijiji :P Yo me lo pasé muy bien escribiendo la parte de Pansy y Astoria! jajajaja efectivamente se lo merecían! XDD aunque me dio un poco de pena por Pansy porque empezaba a arrepentirse pero bueno xD Espero que te guste el nuevo cap! Un besazo :D
Guest 2: Holaaaaa :D Me hace mucha ilusión que te gustase el capítulo! A ver qué te parece este nuevo! jijiji :P Un besazo muy grandee!
Isabel: Hola Isabel! :D Me alegra mucho que te rieses tanto con la escena de Pansy y Astoria! jajajaja yo me lo pasé pipa con la parte de Myrtle, por no hablar de lo de las palanganas JAJAJAJAJAJAJ qué risa! XD La pobre Pomfrey desde luego terminó traumatizada! XDD después de lo del basilisco, Ron rubio, ahora las Slytherins con cagalera! XDDD hahahahaa y en cuanto a Cormac y Lavender jijiji por fin están bien! Veremos a ver qué pasa entre ellos :P Espero que te guste este nuevo cap! Un besazo muy grande guapaa! :D
Tess21: Hola Maria Teresa! :D jijiji no sabes cómo me reí con la parte de Pansy y Astoria! xDDD ¡Al final recibieron su escarmiento! Y aunque Astoria tomase menos galletas, creo que se llevó un gran susto cuando Theo intentó asfixiarla! hahahaha en cuanto a Draco, habrá veces que él y Hermione no aparezcan tanto en los capítulos, porque son un montón de personajes y tienen que pasar muchísimas cosas que den lugar a otras pero siempre van a estar presentes! ^^ A ver qué te parece este cap! Un besazo muy grandeee guapa :D
Angie (DeinoO-Dragomir): hahahaha hola Deino! :D mira que olvidarte de la contraseña! xDD (a mí también me pasa a veces D:) Te contesto por aquí porque no sé si podrás meterte por tu cuenta aún, y seguro que aquí lo leerás :) Me alegra que te gustase el capítulo! jijiji todas queremos que suceda la E, a ver qué pasa! muajajajaja :D ahora lo sabrás! :) Te dejo con el capi! A ver qué te parece! Un besazo muy grande guapaaa :)
Emma Felton: ¡Hola querida Emma! :D pues el veranito de momento muy bien ^^ esta semana me voy entera de feria hasta el lunes que viene, así que veremos a ver cómo termino jajajajajajaja ¿y tú que tal? Espero que te lo estés pasando genial :D Ahora hablando del capítulo... qué ganas tienes de que haya temita! jajajaja (aunque yo también quiero XDDD) la cosa es que... en la fiesta no van a estar solos obviamente... xD Veremos a ver qué pasa! Hablando de las tres arpías, efectivamente, la ''menos'' mala de momento es Daphne, aunque teniendo una hermana como ''Austonia'', quién sabe... quizás algún día se le pueden cruzar los cables JAJAJAJAJA ¿te imaginas? Otra psicópata xDDDD a mí me da un poco de pena porque realmente se nota que le gusta Blaise y está sufriendo bastante... ahora, ¿si acabará con Crabbe?... ¡ni idea! (muchas me han dicho que quieren que él termine con Austonia pero yo sinceramente... no los veo juntos, y más siendo ella tan cruel) D: por cierto, me hace mucha ilusión que en mi fic te gusten Cormac y Lavender :D es que realmente a mí Lavender nunca me ha caído mal...mucha gente la odia por lo que sucedió en los libros de Rowling y yo quería darle la vuelta a la tortilla ^^ En fin, te dejo con el capítulo que tengo muchíiiisimas ganas de que veas lo que va a suceder en la fiesta! MUAJAJAJAJAJA Un besazo muy grandeee guapa :D
Guest3: Holaaaa :D Me hace mucha ilusión que te hayan gustado todos los capítulos! A ver que te parece este nuevo! Espero que te rías mucho jijiji Un besazo muy grandeee! :)
Katherine Miskov: Hola Katherine! :D Me hace mucha ilusión que te gusten todas mis historias! jijiji En este fic la verdad es que va a haber un poquito de todo, aunque siempre voy a intentar que predomine la comedia por encima de lo demás (porque es mi género favorito, va mucho con mi personalidad) jajajajaja Me alegra que te hayas animado a enviar un review porque me me motiva a la hora de escribir :D Ahora verás si has acertado la pregunta! Te deseo mucha suerte jijiji :D Espero que te guste este capítulo! Yo he disfrutado mucho escribiéndolo :) ¿Qué pasará en la fiesta? hahhaaha pronto lo sabrás! Un besazo muy grandee guapa :D
ian: Hola ian! :D Qué bien que te rieses tanto con el cap! Yo me lo pasé pipa, sobre todo con la parte de Ron y Aragog. JAJAJAJA no podía parar de reír y menos imaginándomelo como Peter Pan volando por los aires (me recuerda a una escena de Este chico es un demonio 3, no sé si la habrás visto) JAJAJAJA yo también espero que entre Cormac y Lavender no se compliquen las cosas... (al menos Astoria y Pansy no van detrás de él, así que no creo que intenten hacerle nada a Lavender D:). Ahora sabrás lo que pasa en la fiesta! Espero que te guste el capítulo! Un beso muy fuerte guapísima! :D
natalie malfoy: Hola natalie :D jajajajaj a mí también me dio un poco de yuyu la parte de Theo... (salió su vena psicópata... jajajaja o mejor dicho, su vena Slytherin! Por algo es una serpiente :P). No tengo ni idea de quién va a morir, pero si salió en las cartas por algo sería... :S a saber qué pasará! jajajaj tranquila que Fred y George irán apareciendo en algunos capítulos, jijiji porque a mí también me encantan sus locuras y travesuras! Algún día haré un one-shot de ellos dos y sus peripecias. A ver si me atrevo con el slash... (jajajaja porque un Drarry tampoco estaría mal... lo que pasa es que me da vergüenza escribir algo así JAJAJAJA). ¿Actividad sexual entre Ginny y Blaise? Veremos a ver... JAJAJAJA ahora sabrás lo que pasa en la fiesta! Espero que te guste mucho el cap! Un besazo guapaaaa :D (por cierto, ya mismo es la feria de málaga, yo esta semana ya voy a la de torre, que no pienso perderme ni una XDDD).
Victoria88: Hola Victoria! :) Sí te recuerdo, creo que comentaste una vez si no me equivoco xDD A ver, lo que es prometer... en ningún momento prometí nada. Ahora, está claro que Goyle parece que siente algo por ella. La cuestión es si ella le corresponderá o no... D: Todo se verá a su debido tiempo! Espero que te guste el capítulo! Un besazo guapa :)
Guest4: Hola guapaaa! :D Me alegra que te gusten Blaise y Ginny. También son mi pareja favorita después del dramione, los shippeo como loca! hahahahaa. Aunque como son muchas parejas en el fic, habrá capítulos en los que tengan menos protagonismo que en otros, pero siempre estarán presentes :P Espero que te guste este cap! Un besazo muy grandeeee :)
ElaSalvatoreCM14: Hola Ela! :D Ahora verás si has acertado :) Te deseo mucha suerte! por cierto, con respecto a mi otro fic, de momento la trama del príncipe me absorve por completo, pero en cuanto pueda actualizaré :) Espero que te guste el cap! Un besazo muy grande guapaaa!
Katherine Malfoy: Hola Katherine! :D Me hace mucha ilusión que te guste mi fic! ^^ ¿puedes buscarme tú por face? Es que soy capaz de agregar a otra jajajajjaja búscame por tyna fest y mándame un mensaje privado diciéndome que eres tú :) Espero que te guste el nuevo cap! Un besazo muy grande guapaaa!
Jean: Hola Jean! :D precisamente por esa razón puse que era mejor que no estuvieseis comiendo cuando lo leyeseis JAJAJAJAJAJA porque era un poco desagradable, aunque daba mucha risa! XDDD pobre Pomfrey! hahahaha y bueno, por fin Hermione dejó a Draco con las ganas, ya era hora! jjijiji espero que te guste este nuevo capítulo! Un besazo guapa ^^
keki46livecom: Hola keki! :D Me alegra que te gustase la parte de la cagalera jajajajajaja yo me lo pasé pipa cuando tuve que escribir esa escena xDDD sobre todo con la parte de Myrtle... y Pomfrey tan tranquila en la enfermería sin tener ni idea de lo que le esperaba hahaha Espero que te guste el nuevo capítulo! Un besito muy fuerte :)
Y ahora, os recomiendo que tengáis a mano una botella de Whisky de Fuego y así os parecerá que estáis en la fiesta.
I fuck cause I need to, I fuck when I want,
I'll fuck you in love, even though it is not,
I'll fucking digest you, one kiss at a time,
You wish I was yours, I hope that you're mine.
-Lurk, The Neighbourhood-
-¿Pecas o lunares? ¡Qué más da!- Editado
FLASHBACK
-Verano de 1994-
Despertó sobresaltado en mitad de la noche. Hacía tanto calor que apenas podía soportarlo. A pesar de que los grandes ventanales de su habitación que daban al balcón estaban abiertos, sudaba copiosamente y el fuerte dolor de cabeza que sentía le martilleaba las sienes de una forma bestial. Por no hablar de la sed.
De la maldita sed.
Notó la boca pastosa y reseca, así que decidió bajar a la cocina para beber un poco de agua pero antes de salir de su habitación entró en el cuarto de baño, notando que el calor se volvía más insoportable por momentos. Respirar cada vez le costaba más y las fosas nasales incluso le dolían un poco. No entendía por qué se sentía tan agobiado pero aún así tiró de la cisterna, se lavó las manos para refrescarse, se quitó la camiseta y la arrojó al suelo, quedándose únicamente con los calzoncillos. Luego salió del cuarto de baño, abrió la puerta de su habitación y atravesó el oscuro pasillo. Cuando iba bajando algo adormilado por la gran escalinata percibió la frialdad del mármol contra sus pies descalzos, y aquella sensación lo alivió, le resultó agradable.
Llegó a la planta baja y vio que al fondo, la luz de la biblioteca estaba encendida, lo que quería decir que no era el único que estaba despierto. Repentinamente escuchó la voz de su madre y se acercó un poco más para mirar por el resquicio de la puerta entreabierta.
— ¿Te sirvo una copa? ¿Whisky de Fuego tal vez?— no pudo evitar extrañarse al ver que su madre llevaba un vestido de gala e iba bastante arreglada, y dedujo en seguida que habría salido. Sacudió la cabeza intentando concentrarse en la conversación pero algo captó su atención por completo.
— ¿No tienes suficiente después de todo lo que hemos bebido esta noche, amor?— preguntó el hombre que estaba sentado en una de las butacas, pero él no estaba atento a ese pusilánime ricachón que lo único que sabía hacer era enterrar a su madre en riquezas. No podía dejar de mirarla a ella, que permanecía de pie, de espaldas al hombre, preparando unas copas junto al mini bar pero se extrañó al ver que ella echaba discretamente el contenido de un pequeño frasco en una de las bebidas.
— Toma, cariño— su madre se acercó al hombre y le ofreció una de las copas— Disfrútalo. Seguro que te gusta. Es uno de mis cócteles favoritos. Por cierto, no deberías haber derrochado el dinero de esa forma esta noche. No tenías que haber donado esa cantidad.
— Oh, yo creo que era necesario en un evento tan importante. Pensé que no te molestaría. Estaba convencido de que lo aprobarías. Además, San Mungo necesita más recursos. Les vendrá bien ampliar el hospital— musitó el hombre cogiendo su copa y se la llevó a los labios. Ella lo observó, cogió la suya, se sentó en una butaca frente a él y se cruzó de piernas— Porque haya donado un poco, no me voy a arruinar. Recuerda que precisamente el dinero no es una de mis carencias, amor.
— Lo sé, cariño, lo sé. Como también sé que siempre dices que todo lo tuyo es mío— en la expresión jocosa de ella pudo captarse algo indescifrable. Mientras hablaba jugaba con la copa que tenía en la mano, haciendo que el hielo tintinease— Quiero brindar por nosotros y por nuestro largo futuro juntos.
El hombre no lo dudó y se bebió el contenido de la copa de golpe, notando como el delicioso Whisky de Fuego le bajaba por la garganta, quemándole un poco con aquel sabor tan especial.
Él continuó mirando por el resquicio de la puerta entreabierta porque prefirió no interrumpir la conversación y marcharse a la cocina pero justo cuando fue a dar media vuelta vio que el hombre se ponía muy rojo y que se llevaba la mano a la garganta, como si estuviera asfixiándose. Y él, inevitablemente, pensó que aquel ricachón era gilipollas, que ni siquiera sabía beber Whisky de Fuego.
Sin embargo, cuando observó a su madre para ver si le ayudaba, se sorprendió de que ella no hiciese nada. Se mantenía en la misma postura relajada, impasible, sin dejar de jugar con su copa. El rostro del hombre cada vez se congestionó más hasta que su tono se tornó violáceo. Alzó las manos pidiendo ayuda pero ella no se movió, así que intentó levantarse como pudo y cayó de rodillas al suelo.
Él se congeló y notó que el estómago le daba un vuelco al ver que el hombre caía hacia adelante, comenzando a convulsionar y a echar espuma por la boca. No supo qué hacer y menos aún cuando vio a su madre apuntando una sonrisa, como si nada estuviese pasando, disfrutando de su copa mientras observaba como el hombre agonizaba.
Tuvo pánico y no fue capaz de asimilar lo que estaba presenciando.
Volvió a mirar al hombre y vio que había dejado de moverse. Tenía los labios amoratados y sus ojos ya no parpadeaban. Se habían vuelto opacos, sin vida.
Estaba muerto.
— Ha sido un placer, cariño.
Él sintió como el terror y la opresión estallaban dentro de su pecho, y justo ahí lo comprendió. El líquido extraño que su madre había vertido dentro de la copa del hombre era la causa.
Ella… lo había envenenado.
Aterrorizado, comenzó a dar pasos hacia atrás, apoyándose en una de las paredes del oscuro pasillo para no caerse. Se sintió mareado y no pudo controlar el temblor que le recorría el cuerpo.
''Puta''— resonó en su cabeza.
Su madre era una puta.
No pudo creer lo que acaba de presenciar. Su mente se negó a aceptarlo. Supo que tenía que reaccionar, pero no se vio con fuerzas suficientes como para hacerlo porque toda su puñetera vida había dado un vuelco en menos de un minuto. Sólo pudo pensar en, por qué. Por qué coño había tenido que salir de su habitación esa noche, o despertarse. Si no lo hubiera hecho, hubiera desconocido la verdad, pero ahora desgraciadamente lo sabía.
Sabía lo que había hecho la zorra de su madre.
Angustiado, siguió dando pasos hacia atrás en la penumbra del pasillo, a ciegas, alejándose cada vez más del resquicio de la puerta entreabierta. Sintió el pánico recorriéndole todo el cuerpo y tuvo un miedo repentino a que ella lo descubriera, a que ella supiera que lo había visto absolutamente todo, que había visto como había envenenado a su nuevo padrastro.
Notó como el sudor resbalaba por su piel y la ansiedad que sintió le impidió respirar. Cuando estuvo lo suficientemente alejado de la puerta de la biblioteca como para que ella no lo descubriese, subió la escalinata de mármol corriendo, se encerró en su habitación intentando no hacer ruido y apoyó la espalda contra la puerta.
Aún seguía sin reaccionar.
Todo lo sucedido lo sobrepasó y lo único que deseó en ese momento fue salir de esa maldita casa. Sintió la angustia subiéndole por la garganta y sin poder contenerse, corrió al cuarto de baño de tu dormitorio y vomitó. Vomitó hasta que creyó que se le había pasado. Se sintió traicionado, roto en mil pedazos y se replanteó incluso usar un Obliviate, pero estaba de vacaciones, y supo que no podría hacer magia fuera de Hogwarts, pero le aterró lo que pudiera hacerle ella, porque ahora que sabía la verdad, la veía con otros.
Intentando recomponerse, se lavó la cara y se vistió rápidamente sin tener ni idea de a dónde iría, pero tuvo claro que esa noche no se quedaría ahí, así que comenzó a buscar por los cajones del armario con ansiedad, intentando encontrar unos galeones hasta que vio algo que le llamó la atención. Una bolsa de libras. Dinero muggle, y sin poder contenerse, sonrió amargamente. Sonrió con ironía porque él había planeado salir una noche con Theodore Nott por el Londres muggle, sólo por saber qué hacían los sangre sucia para entretenerse, por mera curiosidad.
Y en ese momento, pensó en irse él sólo, esa noche, porque allí nadie le conocía. Allí nadie sabía quién era.
Así que cuando estuvo listo, no dudó. Guardó el dinero en uno de los bolsillos de sus pantalones, salió de la habitación, atravesó el pasillo y llegó a la planta baja, dándose cuenta de que las luces de la biblioteca aún seguían encendidas, así que sigilosamente, recorrió el vestíbulo hasta llegar al salón.
Buscó con desesperación por la estancia una bolsa con polvos flu hasta dar con ella, en un buró francés, y se metió a toda prisa dentro de la gran chimenea.
— Caldero Chorreante— siseó con miedo a que su madre pudiera escucharle e inmediatamente desapareció envuelto en una llamarada verde.
Cuando llegó a la chimenea del bar y se sacudió un poco el polvo de la ropa, salió del local. Sin embargo, ya en las calles del Londres muggle, vagó sin rumbo, como un alma en pena, sin tener la más mínima idea de a dónde se dirigía, pero si supo algo.
Que se sentía agobiado, que tenía ganas de llorar, de gritar, de reventarse los nudillos contra la pared, pero fue consciente de que nada solucionaría su problema, así que por un momento se replanteó contar lo sucedido y que todo el mundo lo descrubiera. Pero se dio cuenta de que ella iría Azkaban, que no podía hacerlo, porque seguía siendo su madre.
La zorra de su madre.
Vio un banco en la calle y desolado, decidió sentarse, porque necesitaba recapacitar, comprender por qué había sido tan gilipollas y tan ingenuo como para confiar en ella. No llevaba ni un minuto sentado cuando se percató de que un enorme trasto muggle se detenía frente a él. Lo observó con cara de asco y vio que era un autobús nocturno, un autobús para muggles, prácticamente vacío.
— Chico, ¿vas a subir? — le preguntó el conductor, sin mucha paciencia al ver que estaba sentado en la parada. Él dudó por un momento pero luego se dijo que qué importaba, no conocía ese lugar, y lo único que quiso fue perderse, desaparecer y olvidarse hasta de sí mismo, así que se levantó, se subió y sacó el dinero, sin ganas. Ni siquiera supo cuánto le dio al conductor pero dedujo, por la cara de asombro que puso al entregarle el puñado de libras, que se había pasado.
Aún así, le dio igual.
Miró a todos lados como un autómata, buscando un sitio donde sentarse y vio que al fondo del autobús no había nadie, que estaba totalmente vacío, así que atravesó el pasillo aferrándose a cualquier cosa con tal de no perder el equilibrio y caerse, porque el conductor había arrancado, iba demasiado rápido y él no estaba acostumbrado a subirse en una de esas mierdas. Cuando por fin llegó al fondo, se sentó en un asiento junto a la ventana, o mejor dicho, se dejó caer. Ni siquiera se planteó el hecho de que tarde o temprano tendría que volver a su casa, aún sabiendo que no tenía ni idea, que no podía hacer magia y que tampoco había aprendido a aparecerse aún.
Sin embargo, despertó y volvió a la realidad cuando notó que el autobús se detenía, inconscientemente alzó la vista para averiguar qué ocurría y vio que entraba una mujer, que daba unas libras al conductor y que comenzaba a caminar por el pasillo, contoneándose hasta llegar a dónde estaba.
Y él, cuando la vio de cerca y le echó un vistazo detenidamente, se percató de que iba demasiado... ligera de ropas.
— Hola, te veo muy solo— su suave voz lo sacó de sus pensamientos— ¿Cuántos años tienes?
— Eh, dieciocho, pero no eres mi tipo— le espetó, pero todo fueron mentiras. Cualquiera de sus amigos le hubiera dicho que era imbécil. Mayor que él, metro setenta, pelo negro como el azabache... A pesar de sus palabras cargadas de desdén, vio que de buenas a primeras, ella agachaba un poco la cabeza algo desanimada, y sin saber por qué, reaccionó de una forma que no esperaba, aún sabiendo que era una sangre sucia— Lo siento. No he tenido un buen día.
La mujer volvió a mirarle y suspiró, más relajada. Irremediablemente, él se fijo en su escote, en sus tetas, porque nunca había visto a nadie mostrándolas tan descaradamente. Aunque luego se dijo que en Hogwarts, realmente, no había nada que ver.
— ¿Qué te ocurre?— le susurró ella acercándose más. Y él tuvo la sensación de que intentaba provocarle porque invadió su espacio sin la más mínima decencia. Así que suspiró, exasperado, sin tener ni idea de qué responder a su pregunta, porque era evidente que no iba a contarle la verdad.
— Alguien me ha mentido y me ha decepcionado— murmuró con la voz totalmente rota, hecha pedazos— Alguien muy importante para mí.
Pero se arrepintió al momento, porque pensó que quizás la mujer lo bombardearía a preguntas.
Sin embargo, no lo hizo.
— Te entiendo, a mí también me ocurrió una vez.
Él no pudo evitarlo y soltó una risa mordaz, cargada de ironía.
— Ya verás como todo se soluciona tarde o temprano, no te preocupes. Cuando estamos enfadados vemos las cosas más graves de lo que son en realidad— le aseguró pero él se rio con desgana. Porque lo que le había ocurrido, siempre lo vería de la misma forma, estuviese enfadado o no. Y en ese momento, lo único que pudo sentir fue la maldita frustración de saber que hiciera lo que hiciese, todo iba a seguir igual porque su vida se había ido a la mierda.
— Dudo mucho que se solucione. Es imposible— por unos segundos le tembló la voz pero inmediatamente carraspeó intentando que la mujer no lo viera afectado. Quiso parecer impasible, algo que, desde luego, le resultó demasiado difícil, porque deseó haber seguido viviendo en la mentira. No haber descubierto hasta dónde podía llegar su madre ni su puta ambición por la riqueza.
La desconocida lo miró con aflicción porque vio que estaba realmente mal y se imaginó que algo horrible le había pasado. Él quiso decirle que se marchase, que se alejase porque necesitaba estar solo, pero repentinamente notó que ella posaba la mano en su rodilla y la deslizaba lentamente por su pierna, haciendo un poco de presión.
— Qué haces — le dijo alterado, pero en realidad le excitó que una mujer a la que no conocía de nada lo tocase— No necesito que te compadezcas de mí.
— No lo hago— le susurró ella, y sin previo aviso, puso la mano sobre su polla y comenzó a acariciarle— Me resultas...muy atractivo.
Él se quedó en silencio. Ni siquiera fue capaz de articular palabra y menos aún cuando notó que la mujer, muy despacio, empezaba a desabrocharle el cinturón. Le sorprendió el hecho de que quisiera hacerle una paja en el autobús, pero fue consciente de que estaban solos y de que el conductor estaba lo suficientemente lejos como para no enterarse. Aún así, se quedó rígido, sin tener ni idea de cómo reaccionar o qué hacer, porque era virgen y nadie le había tocado. Hasta ese día, lo más lejos que había llegado fue con una chica de Slytherin, un año mayor que él, con la que se enrolló el curso anterior, pero a esa mujer le había dicho que tenía dieciocho años. No podía verle inseguro, así que se enderezó, adoptó un semblante impersonal e hizo como si ya lo hubiese vivido y experimentado cientos de veces. Se quedó en silencio y simplemente dejó que continuase, que siguiese hasta terminar de desabrocharle el cinturón y el botón de los pantalones.
— Sé que hacer para que dejes de sentirte mal— le susurró ella al oído, con voz aterciopelada pero él supo con certeza que no iba a dejar de sentirse mal y vacío, le hicieran lo que le hiciesen. Sin embargo, cuando notó los delicados dedos de la mujer deslizándose por su polla, sintió una falsa calidez que le recorrió por completo y se relajó. La escena que había presenciado esa noche seguía ahí, en su mente, persistentemente, pero a medida que ella movió la mano, acariciándole como nunca antes hubiera llegado a imaginar, se olvidó ligeramente.
Se sintió, por un momento, mejor.
— Joder— se le escapó en un susurro al notar que ella iba presionando más, tomándose su tiempo como si tuviese la intención de torturarle— Sigue.
Percibió el calor del aliento de ella en su cuello, notó como empezaba a pasarle la lengua por esa zona y sintió como movía la mano sobre su polla, yendo un poco más rápido con cada sacudida. No se imaginó que la primera mujer que se la tocase fuese una completa desconocida, sangre sucia y por si fuera poco, que lo hiciese en un autobús, pero a esas alturas, todo le dio igual, porque estaba excitado y le encantó el modo en el que se lo estaba haciendo, tanto que sin ser consciente, ahogó un gemido.
— ¿Te gusta?— le murmuró ella, dándole suaves mordiscos en el cuello, despacio, sin dejar de mover la mano, provocando que se le erizase la piel.
No respondió. No se vio capacitado para hacerlo porque estaba experimentando un desorden de emociones que ni siquiera él mismo pudo controlar. Fueron demasiadas imágenes, monstruos, pesadillas que le avasallaron, aporreando la puerta de su mente, pero llegó un punto en el que se dio por vencido y cerró los ojos poco a poco, abandonándose a las caricias de la mujer, a sus besos y a la humedad de su lengua.
Todo fue tan irresistible, tan placentero, que acabó superándole y sintió que no podría volver atrás. Notó como su polla se contraía en la mano de ella haciendo que los espasmos le recorriesen todo el maldito cuerpo hasta llevarle al orgasmo y se corrió. Se corrió y se sintió como si fuese la primera vez que lo hacía.
Por un momento, no pudo abrir los ojos porque no tuvo fuerzas para hacerlo. Él ya se había masturbado en incontables ocasiones, pero nunca había sentido nada igual. Percibió como una cálida languidez se apoderaba de él e inhaló, intentando que su respiración aparentemente agitada volviese a la normalidad.
Ella apartó la mano lentamente de su polla pero siguió besándole el cuello, despacio, dejando la nariz enterrada en él.
— ¿Estás mejor?— le susurró, haciendo que se estremeciese al sentir su respiración rozándole la piel. Más relajado, se llevó las manos a los pantalones, comenzó a subir la cremallera y se abrochó el cinturón. Después, se fijó en el conductor para cerciorarse de que no los había pillado y vio que canturreaba como si nada.
— Sí, estoy mejor— le dijo pero notó que ella se apartaba un poco. Fue a preguntarle que cómo se llamaba, que quién era, pero en ese momento vio que sacaba un chicle del bolso, que se lo metía en la boca y que se levantaba con total desinterés, sin mirarle si quiera a la cara.
— Me alegro. Son cuarenta libras— le espetó extendiendo la mano para que le soltase el dinero. Él se quedó observándola anonadado, sin ser capaz de asimilar sus palabras.
— Así que sólo se trataba de dinero— musitó más para sí mismo que para ella. Poco a poco despertó de su aturdimiento y fue consciente de que había vuelto a caer, de que lo habían vuelto a manipular, de que había caído como un imbécil en la trampa de esa mujer.
— ¿Qué esperabas? ¿Que te la tocase gratis? Esta es mi parada. Tengo que irme, págame de una vez— murmuró ella, dándole a un botón para que el conductor se detuviese y así se pudiera bajarse del autobús.
Completamente asqueado, sacó el dinero de sus pantalones con brusquedad y se lo arrojó a la cara con repulsión. Observó con total indignación como se agachaba con rapidez y recogía las libras sin dignidad alguna hasta que el autobús pegó un frenazo y las puertas se abrieron. La mujer se recolocó el vestido y furiosa, le lanzó una mirada cargada de hostilidad antes de bajar, pero él sólo se limitó a mirarla de arriba abajo con desprecio.
Supo con certeza que no la volvería a ver nunca pero le jodió demasiado que una puta, una vulgar sangre sucia, se hubiera burlado de él. Y justo entonces, lo comprendió.
Que él era el problema y que tenía que cambiar.
Cuando las puertas volvieron a cerrarse y el conductor arrancó de nuevo, se acomodó en su sitio dejando la espalda totalmente pegada al asiento y observó las calles por la ventanilla. No supo cuántas horas permaneció así pero vio como la noche iba avanzando hasta que comenzó a amanecer. Y en lo único que pudo pensar fue en que todas las mujeres eran iguales, que ya no podía permitirse confiar en ninguna. Así que se juró que no iba a dejar que lo utilizasen, que lo usasen, que le mintiesen ni que se riesen de él.
Nunca más.
Que él sería el que se riese de ellas, él que las utilizase hasta hacerlas pagar.
Sin embargo, se dio cuenta, de que el sexo sería una buena vía de escape, porque a pesar de que seguía amargado, se sintió algo mejor, sólo por el hecho de que esa zorra lo hubiese tocado.
— Chico, ¿cuándo piensas bajarte? Mi turno está a punto de concluir— le espetó el hombre al ver que se limitaba a observar la nada, totalmente abstraído. Rápidamente, despertó de su letargo, se fijó en el lugar en el que estaba y se percató de que era exactamente el mismo sitio donde había cogido el autobús, que había hecho el recorrido completo.
Así que antes de que el hombre volviera a preguntarle, se levantó con un semblante taciturno, vacío y sin sentimientos, y se acercó a una de las puertas para bajarse. Cuando lo hizo, notó que el frío de la madrugada le golpeaba en la cara, que ya no hacía tanto calor. Comenzó a vagar por las calles con parsimonia, intentando recordar los pasos que lo habían llevado allí, hasta que dio con el Caldero Chorreante.
Supo que tenía dos opciones. Dar media vuelta y perderse. Desaparecer. O hacer acopio de valor y volver a su casa.
Adoptó una mueca de aversión. Porque ya no sentía que fuese su puta casa. Porque ya ni siquiera podía considerarlo su hogar, pero después de todo, creyó que era lo más apropiado. Lo correcto, porque si no, su madre sospecharía de que había descubierto la verdad, lo buscaría y lo mataría.
Ese pensamiento repentino lo estremeció de pies a cabeza. Creer que intentaría matarle.
A pesar de que era su madre, no pudo evitar preguntarse si pretendería envenenarle como a los demás, pero prefirió no pensar en ello y aligeró el paso. Cuando entró en el Caldero Chorreante, sacó la bolsa de polvos flu y volvió a su mansión. Notó como lo envolvían aquellas llamas verdes que tantas veces había visto e inmediatamente apareció en un lugar muy familiar al que no quería volver.
Un lugar que ahora, irónicamente, le aterraba.
Muy despacio, se sacudió el polvo de la camisa y observó el salón en silencio, asegurándose de que no había nadie. Estaba amaneciendo y quiso ser rápido, así que salió de allí y subió la escalinata de mármol procurando no hacer ruido. Las luces de la biblioteca estaban apagadas y se sintió incómodo porque no estaba preparado para cruzarse con ella y fingir que todo iba bien.
Pero no la vio.
Cuando llegó a su cuarto, cerró la puerta con cuidado y comenzó a quitarse la ropa con lentitud, tomándose su tiempo, intentando relajarse, porque volvió a sentir la angustia atascada en su garganta, deseando salir. Pero se consoló pensando en que si quería, podría ir al Londres muggle a menudo, por mucho que los sangre sucia le asqueasen. Allí podría evadirse de todo y su madre estaba tan abstraída y obsesionada con las fiestas de gala que ni si quiera se daría cuenta de si desaparecía alguna que otra noche.
Cuando terminó de quitarse toda la ropa, se dejó los calzoncillos y se tumbó en la cama por encima de las sábanas. No pensaba dormir esa noche, o mejor dicho, en lo que quedaba de noche porque prácticamente ya había amanecido.
Y justo ahí, algo hizo click en su cerebro. Supo lo que ocurriría cuando empezase el nuevo día. Lo había visto más de una vez. Su madre interpretaría su papel como bien sabía hacer, se lamentaría de que había vuelto a perder a otro de sus maridos y la prensa iría a su mansión. Fue tan obvio que él por fin entendió lo falsa que era. Fue consciente de lo bien que sabía mentir porque hasta él mismo se había tragado toda su mierda.
''Lo quería tanto...cómo ha podido dejarme...'', ''¿Por qué me ha ocurrido una tragedia semejante a mí?''— resonó en su cabeza, provocando que dejase escapar un bufido cargado de indignación.
''Sí, claro que te ha dejado, con todo el dinero para que puedas alimentar tu puta ambición''— murmuró entre dientes.
Y es que su madre lo había sido todo para él pero ya no sentía lo mismo. Porque si había sido capaz de hacer algo tan atroz como envenenar a todos sus padrastros, ¿en quién iba a poder confiar a partir de ese momento?
— En nadie. No me queda nadie— se reprendió a si mismo y apretó los párpados con fuerza para no llorar. No pensaba quedar expuesto de nuevo por mucho que le afectase. Jamás. Él también tendría que aprender a fingir ante todas pero, sobre todo, a fingir ante su madre, porque nunca más volvería a creer en ella, ni en las falacias que se inventaba.
Y justo ahí, se dio cuenta de que estaba completamente solo porque sintió que si no tenía la seguridad, la protección y el amor de su familia, ya no le quedaría nada.
Absolutamente nada.
En ese momento, Blaise Zabini despertó sobresaltado en la habitación de Slytherin. Aún era de noche y todos estaban durmiendo. Tenía el pijama completamente empapado en sudor y notaba que se asfixiaba, que le faltaba el aire. Esa ansiedad constante que sentía, cada vez fue creciendo más hasta que se dio cuenta de que le subía por la garganta. Rápidamente, apartó las mantas, se levantó de la cama, corrió al cuarto de baño, se encerró y dio un portazo.
Draco se despertó al escuchar un golpe y el sonido amortiguado de alguien vomitando. Preocupado, se incorporó y vio que todos dormían tranquilamente. Sin embargo, Zabini no estaba en su cama. Otra vez.
Suspiró con hastío, se levantó para ir al baño y llamó a la puerta.
— Blaise, ¿estás bien?
Por unos momentos hubo silencio y sólo se escucharon unos fuertes jadeos.
— Draco, lárgate. Déjame…— le espetó pero no pudo terminar la frase porque volvió a sentir aquella mierda subiéndole por la garganta.
Draco movió la cabeza de un lado a otro y volvió a su cama. No era la primera vez que Blaise se despertaba en mitad de la noche. De hecho, desde principio de curso le había pasado con frecuencia, pero él no había entendido nunca el motivo. Había llegado a pensar que estaba enfermo, que quizás por esa razón no había querido contárselo a él y a los demás, pero si a Blaise no le apetecía hablar de ello, Draco no pensaba obligarle.
Zabini se recompuso un poco pero permaneció sentado en el suelo, apoyando la espalda contra las fríos azulejos. Aquella pesadilla volvía a él para atormentarle. Constantemente. Por más que lo había intentado no había podido deshacerse de ella. Olvidar la puta imagen de su madre envenenando a su... ¿quinto marido, quizás? Ya no le importaba, porque la cuestión era que ella lo había matado, que se lo había cargado.
Y Blaise se sentía desolado, porque siempre había estado muy unido a su madre. De hecho, siempre habían tenido una relación muy estrecha. Ella le había concedido todos los caprichos que se le habían antojado y nunca le había faltado de nada pero desde que había presenciado el accidente de aquel día, todo había cambiado. Su madre no tenía ni idea de que lo sabía y él no había vuelto a ser el mismo desde entonces. Hacía tiempo que no dormía bien por las noches y el pánico a que llegasen las vacaciones de verano lo atormentaba porque no quería regresar a su mansión.
Había estado pensando durante mucho tiempo y lo sucedido le había llevado a llegar a la conclusión de que quizás ella también había matado a su verdadero padre. Blaise no lo sabía con certeza pero dedujo que era lo más probable, a pesar de haber creído en un principio que había fallecido a causa de una grave enfermedad. Y por si fuera poco, ahora su madre se había casado con otro ricachón, así que no había podido evitar compadecerle a pesar de que fuese un gilipollas altanero porque estaba seguro de que tarde o temprano acabaría en un ataúd, que sería cuestión de tiempo.
En incontables ocasiones se había desesperado por tener que cargar con ello y no poder desahogarse con nadie, ¿pero qué iba a decir? ¿Contar a todo el mundo que su madre, una de las brujas más famosas y guapas del mundo mágico se cargaba a todos sus maridos? Supo que no podría, porque a pesar de todo, seguía siendo su madre. Pero ya no confiaba en ella. El tiempo que pasaba en su casa era una completa y absoluta tortura. No dejaba de pensar en que en un momento dado ella podría decidir envenenarle, en el desayuno, en la comida o en la cena, tal vez.
Odiaba pasar tiempo en su mansión, por eso la mayoría de las veces iba al Londres muggle para olvidarse. Sobre todo cuando se iba de prostitutas porque tenía la ventaja de que parecía mayor y nunca le preguntaban por la edad. Por suerte, durante las Navidades al final su madre no había pasado mucho tiempo en la mansión, pero en verano, no podría evitarla. Deseaba que los días en Hogwarts fuesen infinitamente largos, pero tarde o temprano las clases terminarían e inevitablemente, llegarían las vacaciones.
— Joder— masculló incorporándose. Se arrancó la camisa del pijama, la tiró al suelo, se acercó al lavabo, abrió el grifo para beber un poco de agua y al mirarse en el espejo, no pudo evitar soltar una suave risa sardónica que fue apagándose hasta convertirse en una mueca amarga.
Su vida era una puta mierda.
Nunca más podría volver a confiar en nadie, y mucho menos, en las mujeres, porque estaba seguro de que tarde o temprano le harían daño de una forma u otra. Tenía que mantener las distancias. Follar y punto. Si no desarrollaba ningún tipo de sentimientos no sufriría más tarde. Los más allegados a él eran Draco, pero Blaise sentía que los demás jamás llegarían a commprenderle, no del todo, porque no sabían lo que era la agonía de tener que vivir en silencio bajo el mismo techo que una asesina. Una asesina que podía quitarlo de en medio cuando fuese un estorbo. Sin duda, él sería una carga tarde o temprano y si su madre lo mataba, tendría todo el dinero sólo para ella.
Se echó un poco de agua en el rostro para refrescarse y luego tiró de la cisterna antes de salir del cuarto de baño. Cuando abrió la puerta vio que todos dormían. Vincent y Gregory no dejaban de roncar, en la cama de Theodore había un lío de sábanas impresionante y Draco,simplemente, descansaba. No pudo evitar pensar en que ellos sí tenían suerte porque aunque sus padres perteneciesen a la alta sociedad y algunos fuesen mortífagos -y algo…cabrones-, no corrían el riesgo de ser envenenados por su propia familia.
Así que Blaise, hundido, apagó la luz del cuarto de baño, se acercó sigilosamente a su cama y cuando se sentó en el colchón, se quitó los pantalones del pijama, pensando que con menos ropa desaparecería el calor que sentía y lograría dormir. Quiso pensar en algo para distraerse y justamente recordó que la fiesta era al día siguiente. Que iría la pecosa. La dichosa pecosa de Weasley, que conseguía sacarle de quicio. Por mucho que le jodiera aceptarlo, tenía demasiadas ganas de hacerlo con ella aunque fuese una traidora a la sangre, pero supo que tenía buscar alguna solución para deshacerse de Daphne. No pensaba invitarla a su habitación, pero por otra parte, también era consciente de lo mucho que iba a costarle que Weasley quisiera follar con él, porque para Blaise era evidente que ella seguía siendo virgen, porque se notaba a simple vista, pero se dijo que tenía que intentarlo porque cada vez que la besaba o la tocaba, se veía abrumado por sensaciones que sólo podía experimentar con ella.
Incómodo, se recostó de lado, buscando la parte más fría del colchón para refrescarse y cerró los ojos, deseando olvidar la pesadilla, sabiendo que si manoseaba de arriba abajo a Weasley en la fiesta se distraería porque ella lo enfurecería hasta tal punto que no sería capaz de pensar en nadie ni en nada más.
Sólo existirían ella, él y con un poco de suerte, el sexo.
Mientras tanto, en la enfermería...
Pomfrey había terminado de guardar los informes, había apagado las luces de la estancia y había decidido tomarse un descanso a toda costa porque se sentía realmente agotada. Hacía dos horas que Harry Potter y el resto de sus compañeros habían aparecido con Ron Weasley en un estado catatónico, con el cuerpo lleno de picaduras y ronchas, obligándola a embadurnarle en pomada de arriba abajo. Agradeció por un momento que él, en las partes bajas de su anatomía, no tuviera ronchas porque supo que si hubiera tenido que tocarle ahí abajo, le hubiera dado un patatús. Le había quitado toda la ropa que llevaba y sólo le había dejado puestos los calzoncillos, ya que su piel estaba tan sensible que cualquier roce de la sábana le habría molestado. Por suerte, la pomada había surtido efecto y las picaduras ya no estaban inflamadas así que Pomfrey esperaba que Ron, después de todo, pasara buena noche. Observó a Pansy y vio que dormía tranquilamente porque su cólico por fin había remitido. Aliviada, decidió marcharse para dormir algunas horas, creyendo que nadie aparecería por allí tan tarde porque eran cerca de las cinco de la mañana, y sin más, salió de la enfermería y cerró la puerta.
Pansy abrió los ojos al escuchar el sonido de la puerta cerrándose y se incorporó muy aturdida, notando un dolor de cabeza insoportable. Cuando se inclinó hacia delante, vio que todo estaba en penumbra. También vio que había un vaso de agua en su mesita de noche y bebió un poco para hidratarse. Aún así se sintió mejor y se alegró de pensar que Pomfrey la dejaría marcharse pronto. Volvió a dejar el vaso sobre la mesita y fue a recostarse de nuevo pero vio a alguien durmiendo en la camilla que había frente a ella. Entornó los ojos para intentar visualizar mejor a la persona en cuestión y se dio cuenta de que era un chico porque estaba tumbado sobre las sábanas y sólo llevaba unos calzoncillos. Pero lo que más le llamó la atención fue que tuviera el pelo rubio platino.
El corazón le dio un vuelco.
—¿Draco?— preocupada y confundida, apartó las sábanas y se levantó de su camilla. Miró a todos lados y vio que la lámpara del escritorio de Pomfrey no estaba encendida y que no había nadie, así que, mareada, se acercó y se sentó a su lado, en el colchón, preguntándose qué haría Draco allí y si le habría pasado algo grave, porque estaba al tanto de que ese día precisamente había sido el partido de quidditch y ella había estado durmiendo demasiadas horas.
Así que pensó, enseguida, que se había lesionado.
— Draco, ¿estás bien?— preguntó acariciándole el brazo suavemente, echando de menos volver a tocar su piel. Sin embargo, cuando lo hizó, notó que estaba hirviendo.
Ron escuchó el murmullo de alguien hablando y notó el cálido tacto de unos dedos deslizándose por su brazo, pero creyó que estaba soñando.
— Hm, kjhsjdhfsdf, hm— sus balbuceos fueron ininteligibles. Pansy vio que estaba muy mal, le llevó la mano a la frente y le apartó con cuidado los mechones rubios que caían sobre su rostro, tapándole los ojos. Estaba ardiendo.
— Creo que tienes fiebre— musitó muy preocupada al sentir la temperatura tan elevada de su cuerpo pero Ron no fue capaz de contestar. Sólo soltó pequeños gemidos que le pusieron el vello de punta a Pansy— ¿Qué intentas decirme?
— Hm, asdhgjkjh— Ron quiso moverse un poco pero fue incapaz. Notaba que el picor ya no era tan molesto pero aún así tuvo mucho miedo porque seguía traumatizado por las arañas y Aragog— No, no, ajshdgajsh no quiero bailar claqué— balbuceó entre jadeos.
Pansy lo miró asustada y dedujo que estaba delirando por la fiebre. Y ella supo muy bien cómo calmarle.
— Draco, tranquilízate. Escúchame, estoy aquí— musitó retirando la mano de su frente para acariciarle la mejilla sutilmente. Siempre había querido hacerlo pero cada vez que lo intentaba él se ponía muy arisco y la alejaba y supo que estando enfermo, no la rechazaría, que era la oportunidad perfecta — No voy a apartarme de ti.
Ron se extrañó. ''No voy a apartarme de ti'' Se dio cuenta de que alguien estaba cuidando de él y se pregunto quién sería. La voz le resultó familiar, era de una chica, pero supo que no se trataba de Hermione. Ni de Ginny. Y le resultó raro que aquella persona le llamase Draco.
— Sé cómo conseguir que te pongas mejor. Verás cómo se te pasa y duermes muy bien— Ron se estremeció al notar que esa chica comenzaba a deslizar una mano por su cuerpo recorriendo su pecho, su estómago, hasta llegar al filo de sus calzoncillos. No entendió qué pasaba ni qué le estaba haciendo pero se puso muy nervioso porque ni siquiera tuvo fuerzas para moverse o apartarse. Como pudo, entreabrió un poco los ojos y vio a una chica de pelo oscuro. Por su silueta y su voz le pareció que era... Pansy Parkinson. Al verla claramente se quedó lívido y fue consciente de que se trataba de otra pesadilla. ¿Qué medicamentos le había dado Pomfrey? Aterrorizado, deseó despertar. Quiso decirle que se detuviese pero no consiguió hablar— Sh, relájate. Sé que esto te gustará.
Pansy deslizó la mano por el interior de sus calzoncillos, sujetó su miembro y comenzó a mover la mano sutilmente para estimularlo. Ron no pudo respirar al notar que la pesadilla era demasiado real. Sintió como el tacto de ella quemaba sobre su piel y se avergonzó porque nadie le había tocado la polla antes. No entendió por qué estaba soñando con ella, pero deseó que parase.
Pansy, en cambio, se rio al ver que él gemía cada vez más fuerte y dedujo que le estaba gustando, pero se dijo que iba a conseguir que disfrutara aún más, porque hacía mucho tiempo que le apetecía, después de estar tantos meses sin acostarse con él. De hecho, con Draco era con el único que había tenido sexo, con el que había perdido su virginidad, con el que había aprendido todo lo que sabía, así que apretó más la mano y comenzó a bombear cada vez más rápido, queriendo excitarlo poco a poco, porque pensó que dormiría mejor si se desahogaba, porque supo que, después de echar un polvo, se quedaría más relajado.
Así que eso era lo que Pansy pensaba a darle.
Sexo, pero del que a ella le gustaba. Del duro.
Ron no supo qué hacer. Deseó creer que la pesadilla terminaría tarde o temprano, que no era real, pero curiosamente, aunque su mente se negó a aceptar lo que estaba sucediendo, su cuerpo comenzó a acostumbrarse al tacto de aquella mano acariciando su miembro y le gustó. Sintió como un fuego abrasador corría a través de su riego sanguíneo provocándole una excitación que jamás había experimentado antes.
— Vaya— musitó Pansy disminuyendo la velocidad del movimiento para hacerle sufrir un poco— Veo que empiezas a animarte.
— Hm, askdjhaksj…— gimió Ron con voz entrecortada pero Pansy apartó la mano de su miembro de buenas a primeras. Se levantó del colchón, se quitó los pantalones del pijama y las bragas, y luego se sentó sobre él a horcajadas.
— Sh, calla. Relájate — le dijo entre susurros— Tú no te muevas, déjame a mí. Yo lo haré todo.
Ron, con miedo, cerró los ojos al sentir que ella le bajaba poco a poco los calzoncillos, porque fue consciente de que iba a aprovecharse de él. De que iba a violarlo. Aún así, se repitió mentalmente que era un sueño. Un maldito sueño. Que no tenía de qué preocuparse, que la medicación que Pomfrey le había dado le estaba provocando alucionaciones. Aunque luego recordó que él nunca había tenido sueños eróticos y menos aún, con Pansy Parkinson, la compañera de Malfoy.
Pansy, sentada sobre él, comenzó a mover las caderas sensualmente y rozó la erección de él con su sexo caliente. A Ron se le escapó un gemido al sentir algo húmedo y suave, y se quedó perplejo pero para cuando quiso reaccionar, notó que Pansy cogía su miembro con la mano y lo deslizaba entre sus sedosos pliegues.
Muy despacio, Pansy bajó hasta que lo albergó totalmente dentro de ella y empezó a hacer movimientos lentos y sinuosos. Ron se estremeció al notar lo mojadas que estaban las paredes de su sexo. Su confusión crecía por momentos, porque no podía asimilar por qué estaba soñando algo así con ella ni tampoco entendía que le estaba pasando, pero todos sus pensamientos se esmufaron cuando percibió que ella se movía más rápido y comenzaba a cabalgarlo agresivamente.
Y justo ahí, se dio cuenta de que aquello empezaba a gustarle, de que estaba sintiendo demasiado placer como para que se tratase de una pesadilla. Y se sorprendió a sí mismo deseando repentinamente conseguir la poción que le había dado Madame Pomfrey para tomársela cada noche. Pansy, al ver que no se movía y que lo único que hacía era balbucear y jadear pesadamente, lo cogió de las manos y las guió hasta su trasero para que la agarrase con fuerza.
— Apriétame, agárrate a mí. Sé que te gusta cuando lo haces— jadeó sin dejar de moverse. Por un momento Pansy se extrañó porque su miembro le pareció diferente, no le resultó igual que siempre, pero se dijo a sí misma que lo notaba raro porque llevaba mucho tiempo sin hacerlo con él. Aunque... estaba tan duro que se excitó y se humedeció aún más.
Ron instintivamente apretó su trasero y percibió que era extremadamente suave y firme. Y cuanto más rápido se movió ella, más notó él que algo estaba pasando dentro de su cuerpo, como si de un momento a otro fuera a correrse. Pero se odió, porque no quiso que le pasase algo así soñando con Pansy Parkinson, la amiga de su más odiado enemigo, Draco Malfoy. Aún ni siquiera comprendía cómo estaba teniendo una fantasía sexual con ella.
— Aguanta un poco más, sé que puedes hacerlo— Pansy se deslizó más hasta que el miembro de Ron estuvo completamente enterrado en ella y luego volvió a subir, montándolo, empujando hacia delante y hacia atrás, en un polvo furioso, agresivo y salvaje.
Su respiración se volvió cada vez más errática y al notar los dedos de él presionando su trasero sutilmente perdió el control de sí misma. Llevaba mucho tiempo aguantando esos instintos. Esos instintos que aparecían cuando lo hacía con él. Necesitó que él la llevase al clímax. Lo había necesitado desde hacía meses, así que aumentó la velocidad de las embestidas y apoyó las manos en su pecho para mantener el equilibrio. Ron sólo pudo jadear y gemir, notando que cada vez estaba más encendido. Las gotas de sudor cayeron por su torso y tener a Parkinson encima, moviéndose de esa forma hizo que se volviera loco porque para Ron, ella se movía demasiado bien, como si tuviese bastante experiencia y el placer que le estaba dando le resultó indescriptible. Notó la sensación de que iba a explotar de un momento a otro, de que le faltaba muy poco, de que si ella continuaba cabalgándolo de esa forma no podría contenerse más.
Aunque, en realidad, supo que no necesitaría mucho más tiempo para correrse.
— Ahora, hazlo ahora, libérate dentro de mí— musitó Pansy clavándole las uñas en el pecho al darse cuenta de que ya no podía retenerse más. La sensación del duro miembro de Draco Malfoy hundiéndose tan irresistiblemente dentro de ella la llevó al borde, empezó a estremecerse y sus músculos internos se contrajeron sobre el miembro de él cuando un brutal orgasmo la recorrió para reclamarla. Ron notó que las paredes mojadas y palpitantes del sexo de Pansy se contraían con fuerza una y otra vez provocándole algo que jamás había sentido, y ante aquella sensación tan intensa no se contuvo. Fue el detonante que lo arrastró al clímax. El orgasmo fue tan feroz que Pansy se meció contra él para que su miembro continuase acariciando ese punto que no dejaba de enviar olas de placer a través de su cuerpo y luego, agotada, se dejó caer sobre su pecho.
Durante un momento, Pansy no fue capaz de hablar de lo cansada que estaba. Sólo se limitó a escuchar su propia respiración que se había vuelto pesada y desigual. Notó que el corazón de Draco latía rápidamente pero que sus jadeos comenzaban a volverse acompasados, así que se incorporó un poco para mirarlo. Ron, más relajado, apartó las manos de su trasero y se quedó muy quieto.
— Draco, ¿te encuentras bien?— preguntó Pansy apartándose muy despacio de él y se levantó de la cama para vestirse pero Ron se quedó inmóvil y es que, el haber llegado al orgasmo lo había hecho reaccionar. Lo había despertado por completo. Y no era capaz de hablar, porque se había dado cuenta de que aquello había sucedido de verdad, de que Parkinson lo había violado. De que le había arrebatado su virginidad.
— E-eeehh...— no supo qué decirle y más cuando se percató de que ella pensaba que era Malfoy. Aturdido, se llevó la mano a la cabeza y se dio cuenta de que no llevaba el gorro pero aún así se preguntó cómo había podido confundirlo, que qué hacía ella en la enfermería, sobre todo. Sin embargo, antes de que pudiese parpadear o salir del trance, Pansy terminó de vestirse, se inclinó para darle un beso en los labios y lo dejó sin aliento.
— Ahora podrás descansar tranquilamente— sonrió volviendo a su camilla— Buenas noches, Draco.
Ron sólo pudo balbucear. Rápidamente se subió los calzoncillos que tenía a la altura de las rodillas y se tapó con las sábanas, moviéndose de un lado a otro, traumatizado. Aunque realmente no supo si tenía que estar traumatizado o no porque, muy a su pesar, le había gustado.
'' Ron duérmete, duérmete. Seguro que es una alucinación. Tiene que ser mentira… no, por Merlín, no''
Apretó las sábanas con fuerza, se puso de lado y se encogió, queriendo relajarse, diciéndose que no era real, que estaba divagando, pero no pudo evitar replantearse que todo lo sucedido había pasado de verdad, que quizás ella era la admiradora secreta y por ese motivo lo había llamado Draco, porque estaba obsesionada y quería transformarlo en él.
''No, no me digas que es ella...''
Lo supo en ese momento. Lo supo por cómo lo había mirado antes de marcharse a su cama. Por cómo se había humedecido los labios para provocarle. Pero Ron, sintiendo que ya no le quedaban nada de fuerzas, no pudó aguantar más y cerró los ojos, agotado, abandonándose al sueño. Al cabo de unas horas, Pansy se despertó y vio la luz del sol penetrando por las ventanas de la enfermería. Escuchó la voz de Pomfrey canturreando desde su escritorio y notó que ya era de día, así que se incorporó un poco y se frotó los ojos.
— Señorita Parkinson, ¿cómo se encuentra hoy? — preguntó Madame Pomfrey al ver que se despertaba pero no se levantó y continuó escribiendo notas en un pergamino.
Pansy bostezó y retiró las mantas.
— Eh, pues sinceramente estoy bien. Ya no me duele el estómago.
La enfermera apartó la vista del pergamino y la miró.
— ¿Tiene alguna clase esta mañana?
Pansy se quedó en silencio, pensativa.
— Pues, creo que pociones con el profesor Snape, ¿por qué? ¿Puedo irme? — preguntó esperanzada, deseando salir cuanto antes de allí para volver a su rutina. Sin embargo, recordó lo que había pasado la noche anterior y miró rápidamente a la cama de enfrente, preguntándose cómo estaría Draco, sabiendo que iba a tener que hablar con él después de lo que había pasado, deseando que recapacitase después de haber vuelto a tener sexo con ella y que quisiera retomar la relación.
Pero… lo que vio en la cama de enfrente la dejó desconcertada.
No parecía él.
— Señorita Parkinson, puede marcharse— le dijo Madame Pomfrey pero ella no la escuchó. No escuchó nada. Con el corazón latiéndole a toda prisa y algo asustada, se levantó y se acercó a la cama dónde descansaba el susodicho. Vio que estaba bocabajo pero que su piel no era tan pálida como la de Draco, así que sus sopechas se confirmaron. Era otra persona. Con un nudo en la garganta, se aproximó a él, lo movió procurando no despertarle y al verle el rostro, abrió los ojos como platos.
La respiración se le desaceleró al darse cuenta de que a quién se había follado, había sido nada más y nada menos que, a Ron Weasley.
A Ron Weasley, la comadreja.
Inconscientemente comenzó a retroceder, sin poder asimilarlo, sin entender por qué narices tenía el pelo y las cejas rubias como Draco.
— No, por favor— murmuró casi para sí misma, con total horror y cara de asco— La zanahoria pobretona no...
Madame Pomfrey levantó la vista rápidamente al escuchar un grito pero antes de pudiera preguntarle qué sucedía, Pansy recogió su uniforme con manos temblorosas, y sin cambiarse siquiera, salió como un rayo de la estancia.
La enfermera puso los ojos en blanco, se encogió de hombros y observó a Ron desde su escritorio pero al ver que dormía tranquilamente continuó con su trabajo, pensando que todos los chicos de esa edad, en plena adolescencia, cada día estaban peor.
Eran más de las seis de la tarde y Ginny continuaba tumbada en la cama bocabajo, tapándose la cabeza con la almohada. No había conseguido dormir casi nada en toda la noche y el escándalo que estaban formando sus compañeras en la habitación la estaba sacando de sus casillas. Estaba preocupada por su padre. McGonagall la había avisado en mitad de la noche para que fuese urgentemente al despacho de Dumbledore y Hermione la había acompañado. Harry había estado allí pero no habían conseguido hablar con él porque el profesor Snape se lo había llevado rápidamente, así que sólo sabían que Harry había tenido una pesadilla en la que Arthur estaba herido, y al final había resultado ser cierto. Habían atacado a su padre mientras hacía su ronda nocturna en el Departamento de Misterios y lo habían tenido que llevar a San Mungo. Por suerte, estaba bien. Fred y George se habían marchado inmediatamente de Hogwarts para ir a verle pero ella no había podido ir porque por si fuera poco, la habían avisado de que su hermano Ron estaba en la enfermería, así que había tenido que quedarse en el castillo por si empeoraba. Las ojeras le llegaban hasta las mejillas y la cabeza iba a estallarle.
— Ginny, ¿cómo estás?— Hermione se sentó en su cama y apartó la almohada para verla— Deberías arreglarte un poco. Falta menos de una hora para la fiesta.
Hermione supo que no era momento para celebraciones, pero pensó que algo así la animaría un poco, y ya que había aceptado la invitación de Malfoy, no quiso echarse atrás. Ginny, en cambio, suspiró con desgana. La fiesta. La dichosa fiesta. Estaba al tanto de que Zabini quería hacer una fiesta en la habitación, que las había invitado a todas, porque Hermione se lo había contado todo, pero ella sabía muy bien cuáles eran sus intenciones.
— No voy a ir— le espetó arrebatándole de nuevo la almohada y se la echó encima para cubrirse, porque la luz que incidía por la ventana le molestaba.
Lavender y Parvati, al escuchar su negativa, dejaron de emperifollarse frente al espejo.
— ¡Pero qué dices! ¡Venga, Ginny! ¡No vamos a tener otra oportunidad de ir a una fiesta en la habitación de Slytherin!— Parvati al igual que Lavender se había enterado también de lo que había sucedido con Arthur, así que entendía perfectamente que Ginny estuviese desanimada pero si se quedaba ahí encerrada sería peor.
— Parvati, tiene razón. ¡Además, seguro que nos lo pasamos genial con Crabby, Crabby!— Lavender parecía estar muy emocionada. Ninguna de sus amigas se había dado cuenta de que no había pasado la noche en el dormitorio y es que había regresado antes del amanecer, cuando aún seguían durmiendo todos y se sintió aliviada de haberlo hecho porque supo que si no, Ginny y Hermione, al levantarse para ir al despacho de Dumbledore, se hubieran dado cuenta de que ella no estaba en su cama.
Ginny, en ese momento, se apartó la almohada de la cara y se incorporó. Tenía mal aspecto y el pelo algo revuelto.
— Id vosotras, en serio. Ya no es sólo por lo de mi padre, no hubiera tenido ganas de ir, de todas formas. Y vosotras no tenéis que quedaros aquí por mí, de verdad.
Hermione rodó los ojos, sin poder comprender por qué Ginny no entraba en razón de una vez.
— ¿Y qué pasa con Lunita?— terció Lavender, interesada.
Hermione se quitó la túnica al ver que hacía un poco de calor y decidió dejarse sólo el uniforme.
— He hablado con ella después del almuerzo— repuso acercándose al espejo para ver si conseguía hacer algo con su pelo. Ese día estaba más alborotado de lo normal— Me ha comentado que tenía cosas que hacer con Theodore. No sé a qué se ha referido, pero me ha dicho que no nos preocupemos, que ella irá directamente con él a la habitación a las siete.
Parvati frunció el ceño.
— Pero… a esa hora seguro que hay alguien en la sala común de Slytherin. ¿Y si la ven?
Hermione se sintió algo insegura, de repente.
— No creo que digan nada— dijo e hizo una pausa— No sé… todo el mundo sabe que Luna y Theodore están saliendo. Aunque se supone que por ser de otra casa ella no debería entrar allí, pero es su novia. Espero que no haya problema.
Lavender escuchó partes de la conversación pero sintió que estaba en una nube. Y es que esa mañana había visto a Cormac, y aunque no hubiesen podido hablar, él le había sonreído, Irremediablemente, tuvo muchas ganas de volver a estar a solas con él. No supo qué pasaría entre ellos a partir de ese día porque no habían dejado nada en claro. Si saldrían o si sólo se enrollarían de vez en cuando. Y Lavender tuvo la necesidad de aclararlo. Estaba segura de que en la fiesta se lo pasaría muy bien con Parvati, Crabbe y Goyle pero se mordió el labio, porque en realidad, le hubiera gustado que fuese Cormac, aún sabiendo que sería imposible, porque Malfoy y Zabini no lo aceptarían. Aún ni siquiera podía asimilar que las hubieran invitado a ellas.
— ¿Quién se encarga de ir a por la capa al cuarto de Harry? — preguntó de buenas a primeras Hermione— Si no, nosotras sí que no podremos entrar en la sala común de Slytherin.
Todas se quedaron calladas por unos momentos.
— Yo— se aventuró a decir Ginny. Las demás sonrieron esperanzadas— No os emocionéis. No voy a ir a la fiesta. Terminar de arreglaros. Yo iré a por la capa.
Parvati bufó con total desilusión pero Ginny disimuló una pequeña sonrisa, y es que tenía otros planes en mente. No pensaba bajo ningún concepto aparecer por la estúpida fiesta de Zabini pero supo que si iba a recoger la capa, también podría quedarse con el mapa del merodeador sin que las demás se enterasen. Se tumbaría en su cama tranquilamente y observaría lo que estaban haciendo durante toda la tarde, con la intención de no perderse detalle alguno así que antes de que las demás pudieran reprochar, salió de la habitación y fue al cuarto de Harry. Cuando entró, el dormitorio estaba vacío y se dio cuenta de que era lógico, su hermano seguía en la enfermería, Harry llevaba todo el día investigando en la biblioteca y en cuanto a Seamus, Dean y Neville, dedujo que estarían por ahí. Más tranquila, se agachó para abrir el baúl de Harry, cogió la capa y luego dobló un poco el mapa del merodeador, guardándoselo en uno de los bolsillos de la túnica. Cuando tuvo todo lo que quería, se escabulló del dormitorio antes de que pudieran sorprenderla y regresó a su habitación. Sin embargo, cuando abrió la puerta vio que Hermione estaba plantada frente al espejo junto a Lavender y Parvati que continuaban dando saltos de emoción, y que estaba echándose brillo en los labios.
Y Ginny se asustó. Porque Hermione no era de arreglarse, no era de preocuparse mucho por esas tonterías, y mucho menos para ir a la fiesta. El miedo la sacudió repentinamente al preguntarse si le gustaría alguno de ellos. Si quizás se trataba de Zabini. Porque era evidente que Crabbe y Goyle no serían. Theodore por otra parte, tampoco porque estaba saliendo con Luna, y Malfoy directamente, no entraba en su hipótesis.
Aún así, sacudió la cabeza, porque pensó que si a Hermione le gustaba Zabini no era de su incumbencia.
— Nosotras ya estamos listas— la voz de Parvati la sacó de sus pensamientos— Danos la capa.
Ginny, preocupada y con reticencia, se la dio e instintivamente metió la mano en el bolsillo de su túnica con miedo a que sus amigas descubriesen que tenía el mapa del merodeador.
— ¿Estás segura de que no quieres venir, Ginny?— Hermione la escrutó confusa, al ver que estaba demasiado rara.
Ginny desvió la mirada.
— Eh, totalmente. Quiero descansar y después de lo que le ha pasado a mi padre no estoy de ánimos. Lo siento— dijo notando que había sonado a excusa, porque sabía que su padre estaba estable y que se recuperaría pronto. Zabini era el verdadero responsable de que no quisiese ir a la fiesta— ¿A qué hora vais a volver?
Hermione miró a las demás sin tener ni idea.
— Pues…— carraspeó Parvati— No sé. Quizás mañana.
A Ginny se le dilataron las pupilas al pensar que pasarían allí toda la noche. Se preguntó inmediatamente si beberían alcohol, si al final Hermione se enrollaría con Zabini. Se dijo que había perdido el juicio, que si seguía así iría a San Mungo y no para visitar a su padre, sino para ingresar ella voluntariamente.
— ¿Qué estás diciendo?
A Lavender se le escapó una risa al ver lo alterada que se ponía.
— No te preocupes. Estaremos bien. Ya disfrutaremos por ti. Que descanses— le dijo con malicia, con la esperanza de que al pincharla, acabara cediendo y fuese con ellas pero Ginny no cambió de opinión y se tumbó en su cama.
— Hasta mañana, entonces— les espetó, sonriendo con falsedad, haciendo aspavientos con la mano para que se marchasen de una vez, sin saber si habría tomado la decisión correcta o no.
Las demás desistieron al ver que no había forma de convencerla y no la presionaron más. Simplemente se echaron la capa de invisibilidad por encima, salieron de la habitación y la dejaron completamente sola.
Theodore y Luna iban caminando por uno de los pasillos del séptimo piso buscando la Sala de los Menesteres, porque él quiso guardar algo allí. Y es que, a pesar de que todos sus compañeros hubieran entregado el trabajo de pociones a Snape, él se había guardado una pequeña dosis de Cambiatio Personalitas y Animi motus Acrescere porque solía quedarse con muestras de todas las pociones por si tarde o temprano podían servirle para cualquier cosa y supo que si dejaba esos brebajes en su habitación, Draco o Blaise acabarían por quitárselos, así que se dijo a sí mismo que lo mejor era esconderlos en un lugar donde nadie pudiese encontrarlos. Iba divagando cuando comenzó a surgir una puerta en la pared. Luna y él entraron a toda prisa. Sin embargo, aquella vez la sala no tenía la misma forma. No había chimenea ni ningún diván. Era mucho más grande y había cientos de objetos por todas partes. Al parecer no era el único que había intentado esconder cosas allí. Había apilados grandes montones de trastos como si fuesen montañas, escobas viejas, escritorios, artilugios anticuados…
— Vamos a buscar un sitio donde nadie pueda encontrar las pociones— murmuró Luna soltándole de la mano.
Theodore sacó los frascos del bolsillo de sus pantalones y se los tendió en la mano.
— Está bien, pero estoy seguro de que tú encontrarás un lugar mejor.
Luna sonrió y luego miró a Oníria, que continuaba moviendo las alas en su hombro y pensó por un momento que quizás ella les podría ayudar.
— ''Escritorio, escritorio, cajón''— susurró el bichito y Luna asintió, se aproximó al mueble y comenzó a abrir uno a uno los cajones para ver si estaban vacíos y para averiguar si podía dejar allí los frascos. Theodore la siguió en silencio, rezando porque el profesor Snape jamás se enterase de que se había quedado con unas pequeñas dosis. Les había advertido una y otra vez de que estaba prohibido, así que corría el riesgo de que lo expulsaran, pero estuvo seguro de que allí nadie encontraría los frascos. Observó la estancia con detenimiento y se dio cuenta de que sobre el escritorio había una caja. Una caja que captó toda su atención. Con mucha curiosidad, la destapó para descubrir lo que guardaba y vio que en el interior había una diadema, que era una joya exquisita, que representaba la figura de un águila con las alas extendidas y que en su pecho tenía incrustada una gran piedra azul.
Se sintió totalmente atraído porque aquel color le recordó a los ojos de Luna y pensó que a ella le quedaría de maravilla.
— Luna— dijo sin apartar la mirada de la diadema. Con mucho cuidado la cogió y la sacó de la caja, temiendo romperla, porque parecía una joya antigua y dedujo que sería muy valiosa.
Luna guardó los frascos en uno de los cajones y miró a Theodore.
— ¿Qué pasa?— preguntó y al ver la preciosa tiara, apunto una sonrisa— Vaya, qué bonita.
Aún así se extrañó. Porque le resultó demasiado familiar, con aquel águila incsutrada que conocía tan bien, y se preguntó si sería la diadema perdida de Ravenclaw y de ser así, por qué estaría allí, cuando supuestamente nadie la había visto nunca.
— Theodore, creo que podría ser la diadema perdida de Ravenclaw— murmuró anonadada e inconscientemente alzó las manos para cogerla. Sin embargo, justo cuando fue a rozarla, Oniría se apartó de su hombro y comenzó a volar muy alterada.
— '' ¡No, no! ¡Mala! ¡Peligro!''— exclamó una y otra vez— ''Diadema mala''.
Theodore observó con preocupación a Oníria, sin entender qué le pasaba, sin entender tampoco a qué se refería Luna con lo de la diadema perdida de Ravenclaw.
Luna, con nerviosismo, alejó las manos de la tiara.
— Suéltala, Theo— lo advirtió— Si Oníria dice que es mala será por algo… aunque no lo entiendo. Es muy raro, ¿no crees?
Theodore observó con recelo la diadema pero no puso objeciones y volvió a dejarla en el interior de su caja. Sin embargo, le costó demasiado soltarla, porque en el fondo deseó quedársela para regalársela a Luna.
— Por cierto, ¿qué es eso de la diadema perdida de Ravenclaw?— inquirió con interés.
Luna enarcó una ceja.
— ¿No conoces la historia? A lo mejor está aquí porque quizás alguien no quería que la encontrasen— comentó cogiéndolo de la mano y Oníria volvió a posarse en su hombro, calmada— Verás, hace mucho tiempo...
Theodore asintió y absorvió la información pero mientras se marchaban de aquel lugar, no pudo evitar girarse para mirar una vez más aquella caja. La diadema era preciosa, pero también le resultaba inquietante y no entendió por qué repentinamente tuvo esa sensación, pero pensó que el deseo de regalarle algo bonito a Luna le estaba afectando, que esa joya le había gustado mucho para ella. Luego se dijo que tenía que confiar en Oníria, que si ella decía que era mala, sería por alguna razón. Tendría algún maleficio o magia negra así que no le dio más importancia y siguió con su camino. Al cabo de un rato, llegaron a la sala común de Slytherin y vieron que estaba completamente vacía. Sin Pansy, Astoria, Graham Montague, Tracey Davis… aunque Theodore pensó que siendo un viernes a las siete de la tarde, todos estarían fuera del castillo, en los jardines, descansando o dando un paseo. Y lo agradeció, porque el hecho de que vieran a Luna allí, lo había estado atormentando durante toda la tarde.
Aprovechando que estaban solos, apresuró el paso y se acercó a su dormitorio pero Luna se detuvo y se rio suavemente.
— ¿Qué pasa? ¿Estás nerviosa? Si es por Blaise o Draco…— musitó él antes de abrir la puerta.
— No, no Theo… es que he recordado la primera vez que entré en tu habitación— comentó, sin poder evitar soltar una risa, al recordar aquella noche— De verdad, siento mucho lo del colchón. Nunca volveré a pegarte otro a la espalda.
A Theodore se le formó una sonrisa en los labios.
— Tranquila Luna, no fue para tanto— comentó desviando la mirada, porque en realidad, pasó un infierno la mañana que tuvo que estar con el maldito colchón pegado a la espalda. Se cayó al suelo más de diez veces. Ansioso, tragó saliva antes de abrir la puerta y cuando entró con Luna en el dormitorio vio que los demás habían dejado algunas botellas encima del escritorio y que habían sacado copas de cristal.
— Anda, pero si aquí tenemos a los enamorados— dijo Blaise con amargura, sonriendo falsamente con una copa en la mano. Al parecer llevaba un rato bebiendo y parecía algo…contento— Lunátic…— al ver que Theodore lo fulminaba con la mirada carraspeó— Eh, Lovegood. ¿Dónde narices están las demás?
— No creo que tarden mucho en llegar— comentó sentándose en una bonita chaise longue que había cerca. Crabbe y Goyle se acomodaron junto a ella y comenzaron a jugar con Oníria, embelsados por lo bonita que era la criatura.
Theodore resopló al ver que le quitaban el sitio y que no tendría más remedio que quedarse de pie, hablando con Draco y Blaise. Malfoy, en cambio, intentando parecer relajado, se sirvió una copa, pero en realidad estaba impaciente. Demasiado. Preguntándose por qué narices Granger tardaba tanto si ya eran las siete. Aún no había bebido nada pero no pudo aguantar más, porque pensó que el Whisky de Fuego lo calmaría un poco.
— Theodore, espabila. ¿Tú vas a tomar algo?— le espetó con desdén mientras vertía el contenido de la botella en su copa.
Theodore se mantuvo en silencio. No solía beber porque el alcohol le afectaba demasiado, pero pensó en hacer una excepción.
— Bueno, está bien, ponme un poco de Whisky de Fuego— comentó acercándose a donde estaban las bebidas.
— ¿Qué? ¿Lo estás diciendo serio? — Malfoy dejó la botella sobre el escritorio y lo miró con mala cara— Sírvetelo tú, imbécil.
Blaise, por su parte, continuó saboreando su copa. Notando el desagradable regusto que le dejaba el Whisky de Fuego en la boca que irremediablemente le hacía recordar aquella fatídica noche en la que empezó todo. Lo odió. Lo odió tanto que apretó el puño con fuerza y se bebió el resto de la copa de golpe, deseando atragantarse, preguntándose dónde estaría Weasley, preguntándose también si llevaría puesto el vestido negro que usó aquella noche en la discoteca y que la hacía tan irresistible. Inmediatamente volvió a la realidad cuando la puerta del cuarto se abrió y aparecieron todas. Blaise, desesperado, buscó con sus ojos a Weasley, pero no la vio. Por ningúna parte. Deseó que entrase después. Justo detrás de la sangre sucia, pero se quedó lívido al ver que Hermione cerraba la puerta y que no había ni rastro de ella. Hizo un gran esfuerzo por contenerse, por no mostrar interés y preguntar. Sin embargo, alguien se adelantó.
— ¿Dónde está la comadreja? — inquirió Draco acercándose a ellas. Hermione dejó la capa de invisibilidad sobre una silla y lo taladró con la mirada.
— Es Ginny, Malfoy y para tu información,— le espetó, queriendo disimular a la perfección para que los demás siguieran pensando que se odiaban— no va a venir.
Draco se mordió la lengua para no reírse al ver lo bien que ella interpretaba su papel de sabelotodo. Blaise, en cambio, perdió el control.
— ¡¿Cómo que no va a venir?! — graznó de pronto haciendo que todos se quedasen en silencio.
Hermione no supo qué decir al verle tan alterado pero luego se fijó en la copa que tenía en la mano y se dio cuenta de que estaba borracho.
— Pues… no ha pasado una buena noche y le dolía mucho la cabeza— comentó, sin hacer mención a lo sucedido con Arthur y a las pesadillas que había tenido Harry con Voldemort. De hecho, Hermione estaba al corriente de que el señor oscuro había conseguido adentrarse en su mente, y que por esa razón la noche anterior Snape se lo había llevado del despacho de Dumbledore. Para enseñarle Oclumancia. Harry se lo había contado todo durante el almuerzo.
Blaise se mordió la lengua intentando relajarse. No pudo creer que Weasley no hubiese ido por un estúpido dolor de cabeza. Supo que era una excusa, que habría sido por lo sucedido en los vestuarios. Pero tuvo la esperanza de que cambiara de opinión, de que al final fuese a verle, de que no pudiera resistirse y más si estaban la sangre sucia y el resto de sus amiguitas allí. Más tranquilo, se sirvió otra copa y se dejó caer en un sillón que había no muy lejos, manteniendo un semblante impersonal, mirando hacia la puerta, creyendo que tarde o temprano se abriría y aparecería ella. Lavender y Parvati, por su parte, no escucharon nada de lo que estaban hablando los demás y se sirvieron una copa como si estuviesen en su propia casa. Luego se acercaron a la chaise longue para saludar a Crabbe y Goyle.
— Venga, Gregory levántate— le dijo Parvati tendiéndole la mano para apartarlo del sillón. Luego se acercó a su oído provocando que él sintiese una fuerte sacudida— Es que es mejor que Theodore se siente junto a Luna. Seguro que si tú tuvieras novia te gustaría estar con ella.
Goyle asintió muy nervioso.
— Sí, supongo— contestó con voz entrecortada, sabiendo que por desgracia él nunca había tenido novia, que no era el caso— ¿Hasta qué hora vas a quedarte, Parvati?
Ella esbozó una sonrisa sin apartar los ojos de los suyos.
— Hasta la que vosotros queráis. A nosotras nos da igual— le dijo pero al ver que aún no lo había soltado de la mano, la apartó como si hubiese recibido una descarga eléctrica, algo avergonzada.
Goyle desvió la mirada y se rascó la nuca para disimular.
— Estos aguantan toda la noche, aunque Vincent suele dormirse pronto si bebe mucho— musitó rojo como un tomate.
Parvati soltó una risita al imaginarse a Crabbe roncando como un oso en mitad de la fiesta y le dio otro sorbo al Whisky de Fuego, notando lo rico que estaba, deseando desmelenarse esa noche aprovechando que tenía la oportunidad. Hermione, sin embargo, permaneció de brazos cruzados frente a Blaise y Draco. Estaba molesta. Molesta porque todos se habían alejado un poco pero Zabini se había vuelto a levantar del sillón y seguía allí sirviéndose copas, incordiando como si fuese una maldita mosca.
— Granger, ¿te sirvo una?— le dijo Malfoy de repente sin soltar la botella.
Blaise abrió mucho los ojos, siendo consciente de que Draco jamás había servido una copa a nadie. Se asustó por un momento al notar lo atento que estaba con la sangre sucia sin venir a cuento. Incluso se preguntó si se sentiría atraído por ella y por ese motivo la había odiado durante tantos años, pero luego soltó una carcajada, totalmente ebrio, dándose cuenta de que el alcohol estaba nublándole los malditos sentidos.
Draco y Hermione se quedaron confusos al verle reírse sin ton ni son pero notaron que estaba muy borracho.
— Voy a hacerle compañía a estos imbéciles— comentó Blaise volviendo a llenar su copa y sin más, se alejó de ellos.
Hermione rodó los ojos. Draco, en cambio, la miró fijamente.
— Ahora que se ha ido, vuelvo a preguntarte, ¿quieres una copa, Granger?
— ¿No recuerdas cómo me puse la última vez? Ni hablar — le espetó, negándose a emborracharse de nuevo y menos estando en la habitación de él, porque supo que perdería los papeles por completo.
Draco se rió jocosamente.
— Es Whisky de Fuego. A saber qué mierda te tomaste en aquel tugurio de mala muerte— dijo comenzando a servirle la copa sin su aprobación, deseando que se emborrachara y se soltara.
— ¡Te he dicho que no!— Hermione intentó forcejear con él para que dejase la maldita botella sobre el escritorio pero lo único que consiguió fue captar la atención de todo el mundo. Y es que sin darse cuenta, le había sujetado de la muñeca. Al ver que todos la miraban, el color de sus mejillas se volvió de un rojo intenso y apartó la mano como si se hubiese quemado— Está bien, beberé... pero sólo una.
Draco sonrió de forma sibilina, porque iba a asegurarse de que ''esa copa'' nunca estuviese vacía. Para cuando terminó de servirle, vio que los demás se había sentado en el suelo y estaban formando un círculo. Blaise había cogido una botella y la mecía entre sus brazos como si fuese un bebé.
— ¿Qué narices estáis haciendo? — preguntó con cara de asco. Theodore estaba sentado de piernas cruzadas junto a Luna, Blaise al lado de Vincent y Gregory y Lavender con Parvati.
— ¡Vamos a jugar a un juego!— exclamó Lavender con gran entusiasmo, y es que se había terminado su copa demasiado rápido y empezaba a sentirse absurdamente feliz.
Hermione palideció al ser consciente de que estaban sentados en círculo y de lo que Zabini acunaba entre sus brazos. Y entonces se percató de que querían jugar a la botella. Hermione se dio media vuelta en seguida para marcharse pero Draco intervino.
— Yo no pienso jugar a la mierda de la botella— espetó al darse cuenta de lo que pretendían, de que habían perdido el juicio definitivamente— Crabbe, lo siento mucho. Pero no voy a besarte.
Blaise, aún sentado, se rio con ironía.
— Draco, ¿quién ha dicho nada de botella? Vamos a jugar a otra cosa.
Hermione suspiró con alivio y notó como su cuerpo se destensaba.
— ¿A qué? — se atrevió preguntar.
— Pues de momento...¡al yo nunca!— exclamó Parvati— ¡Eso nos hará entrar en calor!
Draco se quedó en blanco. Supo que era un juego muggle, pero también era conocido en el mundo mágico y se dio cuenta de que Granger y él estaban realmente jodidos. Alterado, la miró para ver la reacción de ella pero se sorprendió porque parecía estar muy tranquila. Luego recordó que tenía la opción de mentir, que no necesariamente tenía que decir la verdad, así que destensó los hombros. Hermione, en cambio, enarcó una ceja, porque no tenía ni idea de lo que era el yo nunca, pero supuso que al menos, no tendría que besar a nadie, así que no dijo nada y se sentó junto a los demás, justo en el hueco que quedaba entre Zabini y Crabbe.
Draco suspiró y dio por hecho que no tenía ni idea de cómo iba el yo nunca, cuando vio que ella se encogía de hombros.
— ¿Alguno puede explicarme cómo va este juego? No habrá que girar la botella, ¿verdad?
Lavender soltó una risita.
— Hermione, ¿en serio nunca has jugado?
Hermione, estresada, se metió un mechón de pelo detrás de la oreja y se cruzó de piernas, porque no. No estaba acostumbrada a ir a fiestas ni a ese tipo de juegos.
— No tiene gracia, Lavender— le espetó apretándose el puente de la nariz— ¿Podéis explicármelo?
Draco puso los ojos en blanco al ver que no tenía muchas opciones y se unió al grupo, asegurándose de que Vincent se apartara del lado ella para sentarse a su lado.
— A ver, Granger— dijo intentando mostrarse arrogante— el que ahora mismo tiene la botella es Blaise y la irá pasando. Cada uno tendrá que decir una frase cuando tenga la botella en la mano. Por ejemplo ''yo nunca he bebido''.
Hermione enarcó una ceja.
— Tú sí has bebido, Malfoy.
— Precisamente es eso— afirmó— El que tiene la botella debe decir algo que realmente sí haya hecho y los demás tendrán que beber si también lo han hecho.
— ¡Pero entonces vamos a terminar con un coma etílico!— exclamó desesperada pero Draco se acercó a su oído.
— No hace falta que digas la verdad— susurró discretamente al ver que todos se limitaban a observar como Blaise llenaba unos vasos con Whisky que había dejado en el centro del círculo.
Hermione se tensó inmediatamente, porque se dio cuenta de que si alguien decía ''yo nunca he besado a alguien'', ella tendría que beber porque sí lo había hecho. Y los demás se enterarían. Tendría que mentir, desde luego.
— Ejem— carraspeó Parvati, con los ojos entrecerrados, al ver que Malfoy le decía algo al oído a Hermione— ¡Nada de mentiras, eh! Que os veo las intenciones.
Hermione se sonrojó violentamente.
— No, no, tranquila, Parvati.
Durante unos segundos hubo silencio.
— ¿Empiezo yo entonces? — preguntó Blaise con impaciencia, queriendo beber hasta reventar para olvidarse de todo. Sin apartar la vista de la puerta con ansiedad porque Weasley estaba tardando demasiado en aparecer. Y él seguía convencido de que tarde o temprano llegaría, a pesar de haber pasado más de media hora.
— Sí, Blaise. Es para hoy— le instó Draco de piernas cruzadas, apoyando las palmas de las manos contra el suelo.
— A ver— dijo dubitativo, deseando pasar la botella, porque lo malo de tenerla él, era que no podía pegarle un trago— ''Yo nunca he follado''.
Crabbe y Goyle estallaron en carcajadas al escucharle y ver que iba al grano. Parvati y Lavender fruncieron el ceño porque consideraron que no era justo que empezara tan fuerte, y ellas quisieron beber. Draco cogió un vaso y bebió pero todos se quedaron anonadados al ver que Theodore y Luna también lo hacían.
— ¡¿Cómo?!— graznó Lavender— ¡Lunita! ¡Qué habéis hecho! ¿Cuándo pensabais contárnoslo?
Theodore se llevó la mano al rostro de la vergüenza que sintió, aunque no quiso mentir. Pero odió que Blaise hubiera empezado precisamente con esa frase. Hermione, en cambio, no estaba atenta a nada de lo que estaba pasando porque se sentía muy preocupada, preguntándose cuántas preguntas comprometidas saldrían cuando llevasen un largo rato jugando. Sin embargo, salió de su ensimismamiento cuando vio que Zabini le pasaba la botella, que era su turno. Nerviosa, carraspeó sin saber qué decir, queriendo buscar algo que fuese normal, para nada embarazoso y que hubiera hecho. Algo cotidiano.
— ''Yo nunca me he duchado''— dijo con la botella en la mano.
Blaise bufó totalmente exasperado.
— ¿Qué mierda de frase es esa, Granger? Así no tiene gracia— escupió aunque luego lo pensó bien y se encogió de hombros, porque como lo había hecho, podría beber otra vez.
Todos cogieron un vaso y volvieron a dar un trago. El turno siguiente fue el de Draco. Y no se lo pensó. Hizo una pausa, un gesto muy teatral e intentó crear expectación, algo que sin duda consiguió.
— ''Yo nunca he metido mano a nadie''— soltó siendo consciente de que había sido un cabrón, porque Granger lo había tocado y supo que tendría que beber por narices. Ansioso, se atrevió a mirarla para averiguar si iba a mentir o no y se fijó en que fruncía el ceño, muy enfadada. Aún así, se sintió tranquilo porque estaba seguro de que nadie sospecharía de que él era, precisamente, quién le había metido mano.
Theodore, Luna y Blaise volvieron a beber y Hermione, sintiéndose ligeramente mareada e intentando controlar su indignación, cogió un vaso del centro, haciendo que todos se quedasen boquiabiertos.
— ¡¿Qué pasa?!— aulló roja como un tomate, queriendo demostrar a Malfoy que no iba a amedrentarse, que no pensaba echarse atrás — ¡No pienso dar explicaciones!
Lavender se frotó las manos muy emocionada al darse cuenta de que ahí había cotilleo, de que cuando volviera a la habitación de Gryffindor, le exprimiría toda la información. Draco, por su parte, esbozó media sonrisa ladeada, pensando en sacar a Granger de sus casillas cada vez que fuera su turno y pudiera coger la botella. Pletórico, se la pasó a Crabbe.
— Eh— murmuró Vincent indeciso— ''Yo nunca he comido más de seis veces seguidas''.
Todo el mundo se quedó en silencio. Desde luego, él fue el único que lo había hecho. Ni siquiera Gregory Goyle había llegado tan lejos.
— Anda Crabby, Crabby, déjame a mí— le dijo Lavender arrebatándole la botella y, sobre todo, reprimiendo una risita— ''Yo nunca he besado a nadie''.
Hermione chasqueó la lengua al escucharla pero no se acobardó y cogió el vaso, sin miedo. Cuando volvió a beber todos la miraron atónitos. Ella apretó los párpados, sin entender por qué no se limitaba a mentir y a disimular, pero luego se dijo que no quería hacerlo, ya no sólo por dejar a Malfoy con la boca cerrada, sino porque no quiso que los demás continuaran pensando que era una aburrida y una mojigata. Estaba harta de que todo el mundo la viese así.
Parvati fue la que más se asombró, al ver que casi todos bebían, incluso Hermione. Los únicos que no habían besado a nadie eran Vincent, Gregory y ella, y se preguntó por qué se había quedado sola en todo aquello. También se sorprendió repentinamente al percatarse de que Lavender había dicho la frase con la botella en la mano. Quería decir que… ¿había besado a alguien? ¿Y no se lo había contado? Lavender volvió a pasar la botella y se la tendió en la mano, provocando que volviese en sí.
Y así continuaron largo rato, con preguntas bochornosas y bebiendo una y otra vez hasta que llegó un punto en el que la botella estaba prácticamente vacía y ellos… no parecían los mismos.
— Queda-g muy poco Whisky de Fuego— balbuceó Blaise, sintiendo que se encontraba fatal, odiando haber sobrepasado el límite y haber bebido tanto.
Draco también se sentía mareado pero no parecía estar tan borracho. Eso sí, inconscientemente miró a Hermione y al ver que estaba muy roja, tuvo que ahogar una carcajada.
— Venga, Blaise, termina tú con el dichoso juego— le dijo entre risas.
Zabini asintió, se levantó con la botella en la mano y se tambaleó un poco.
— ''Yo nunca-g me he sentido atraído sexualmente por ninguna persona de las que hay en esta habitación''.
Inmediatamente se hizo el silencio. Un largo e incómodo silencio.
Blaise sonrió eufórico y vertió el resto del contenido de la botella en los vasos, sabiendo que se sentía atraído sexualmente por la pecosa, que aunque ella no estuviera presente, estaba en su consciencia, así que también serviría. Draco, en cambio, se puso nervioso. Muy nervioso, sin saber qué hacer. Si beber o no, así que miró de soslayo a Granger, queriendo captar algo en su expresión, pero las pupilas se dilataron al ver que ella cogía uno de los vasos. Notando como el sudor le caía por la frente y completamente fuera de sí, miró a los demás pero para su sorpresa, además de Theodore y Lunática, Goyle también estaba bebiendo.
Y entonces, empezó a hacerse muchas preguntas. La primera y menos importante, ¿por qué Gregory estaba bebiendo? La segunda, ¿por qué cojones había dicho Blaise esa frase? Y la tercera y más relevante, ¿acaso la había dicho porque se sentía atraído sexualmente por Granger?
— Joder, qué narices haces— masculló entre dientes con la esperanza de que Hermione soltase el vaso.
Pero Hermione no dejó de sonreír.
— Cállate-p, Malfoy— le espetó volviendo a coger el vaso— Es el final del juego. Quiero beber.
Crabbe soltó una risotada, deduciendo que la sangre sucia había bebido porque estaba tan borracha que ya los veía a todos guapos. En ese momento, Lavender se levantó del suelo y casi perdió el equilibrio de lo mareada que estaba.
— ¡Bien! ¡Bien!— comenzó a dar saltitos y Parvati la imitó— ¡Ahora que ya estamos felices, vamos a jugar a otra cosa!
Draco inhaló y exhaló, sin saber qué pretendían, pero desde luego, no aguantaba lo molestas que eran.
— ¿A qué? — dijo Blaise, sintiéndose interesado, creyendo que podría beber un poco más, a pesar que se había jurado que no lo haría otra vez.
— A ver…— suspiró Lavender con cierto desánimo en la voz. Y es que se sintió alicaída porque notó que faltaba Cormac. Que le apetecía estar con él y besarle. Y... — Eh, ¿alguien tiene un pañuelo? — añadió acalorada, intentando olvidar los pensamientos que habían pasado por su cabeza—De seda me refiero, no de papel.
Todos se quedaron callados.
— Pues no— le espetó Blaise, creyendo que iba a tratarse de un juego pésimo. Que ni siquiera sería divertido.
— Yo tengo uno— comentó de pronto Draco con una expresión inescrutable. Se acercó a su mesita de noche y abrió uno de los cajones hasta dar con su caja negra. Luego, retiró la tapa y sacó el pañuelo.
El dichoso pañuelo.
Hermione se estremeció al ver que seguía teniéndolo guardado. Aún recordaba el día que lo observó a través de aquel extraño espejo. Quiso recuperarlo a toda costa, arrebatárselo de las manos pero supo que no podía perdírselo delante de todos, así que decidió morderse el labio y escuchar a Lavender, que era la que iba a explicar el juego.
— Bien, ¿quién va a ser la víctima?— preguntó Lavender con emoción, deseando poner en práctica aquel juego tan morboso sobre el que había leído en una de las secciones de la revista Corazón de bruja — A ver, Parvati, elige tú.
La chica se quedó en silencio. Supo qué juego era al escuchar a Lavender mencionar el pañuelo porque también lo había visto en la revista.
— Hermione— dijo con una sonrisa pícara porque estaba segura de que aunque su amiga hubiese bebido en el ''yo nunca'', lo habría hecho para que dejasen de verla como una sabelotodo, y con ese juego pensaba hacerle sufrir bastante.
Hermione intentó no perder la calma. Un pañuelo… una víctima. Por un momento creyó que se trataba del juego del escondite, pero luego, por las miradas de complicidad que se lanzaron Lavender y Parvati, tuvo claro que era algo realmente malo.
— Malfoy, tápale los ojos con el pañuelo— sugirió Lavender, extrañada de que él tuviera un pañuelo de seda y de color granate, bastante parecido al que le había visto una vez a Hermione.
Draco no dijo ni una palabra, se acercó a Hermione aprovechándose de la situación, se puso tras ella y comenzó a cubrirle los ojos con el pañuelo, atándoselo lenta y suavemente. Lo hizo intencionadamente, tomándose su tiempo para que ella lo percibiese cerca, para que notase su respiración contra su nuca, impaciente por saber cómo continuaba el juego.
— Bien, siguiente víctima Parvati, pero esta vez tiene que ser un chico— murmuró Lavender.
Su amiga asintió en silencio y no se lo pensó mucho.
— Pues Zabini, por ejemplo.
Blaise, que permanecía en las musarañas, reaccionó al escuchar que lo nombraban.
— ¿Qué pasa conmigo?
Lavender y Parvati se rieron al ver que estaba en la inopia.
— Acércate a Hermione— comentó Parvati, estrellándolo contra la realidad.
Blaise se tensó, porque no tenía ni idea de lo que pretendían. Aún así estaba tan mareado que no puso objeciones con tal de que no lo atosigaran y se aproximó a la sangre sucia, rezando por no tener que magrearla o algo peor. Aunque luego se dijo que, le pidieran lo que le pidiesen, jamás lo haría. Draco, en cambio, frunció el ceño, contrariado, porque no le gustó ni un pelo el rumbo que estaban tomando los acontecimientos. Molesto, en parte, porque no lo hubieran elegido a él.
Lavender, en ese momento, se acercó a Blaise para susurrarle algo al oído.
— ¡Qué! — ladró cuando escuchó lo que ella le dijo. La borrachera le bajó de golpe— ¡Ni hablar! ¡Lee mis labios, Brown! ¡N-o-p-i-e-n-so-h-a-c-e-r-l-o!
Lavender se rio y lo empujó hasta que lo situó frente a Hermione.
— No seas tonto, tampoco es para tanto.
La preocupación de Draco crecía por momentos, preguntándose qué le habría dicho Brown a Blaise. Necesitaba saberlo pero supo que no podía hacer nada, que tenía que controlarse o acabaría poniéndose en evidencia. Hermione, con los ojos vendados, se puso muy nerviosa al escuchar el nombre de Zabini y tuvo un mal presentimiento. Y más aún, cuando notó que alguien se acercaba mucho a ella. Sin embargo, cuando percibió su fragancia, se dio cuenta de que era Lavender.
— Hermione, tú solamente tienes que decir ''para''— fue lo único que le susurró al oído.
— ¿Cómo? ¿De qué va esto, Lavender? Explícate— masculló en voz baja, estresada. El no poder ver lo que estaba sucediendo la estaba matando. Y por si fuera poco, se sentía tan mareada que el hecho de estar con los ojos vendados le hizo tener la sensación de que la habitación no dejaba de dar vueltas.
— Él va a pasar la mano por tu cuerpo, tranquiiiila, sin tocarte— al ver que rápidamente intentaba quitarse el pañuelo, le acarició el brazo— Repito, sin tocarte. Tú tendrás que decir ''para'' y justo donde le hayas dicho, él detendrá su mano.
— ¿Y qué demonios pasará entonces?— le espetó Hermione, imaginándose la respuesta. No obstante, su mente se negó a procesar la información.
— Que tendrá que besarte en esa zona.
— ¡Estás loca! ¡No pienso hacerlo!— gritó a la desesperada, alzando otra vez las manos para quitarse el pañuelo. Lavender se lo impidió.
— Relájate, puede ser en la frente, en la barbilla, en el cuello, en el pecho…o… — comentó pero al ser consciente de que aquello acobardaría a Hermione, prefirió no seguir entrando en detalle— Eh, sólo será un leve roce. No te preocupes, de verdad.
Draco mantuvo la oreja pegada a la conversación y cuando lo escuchó todo, se puso pálido. A pesar de que intentó mantener la calma, se sintió frenético. Puto Blaise.¿Por qué él?- pensó. Y es que odió que no le hubiera tocado a él. Sin embargo, no estaba dispuesto a dejar que alguien pusiera la boca en cualquier parte del cuerpo de Granger. Y menos, en sus labios.
'' Joder relájate, no puedes demostrar que te importa, si no se irá todo a la mierda'' — se repitió a sí mismo, infinidad de veces, sin saber qué hacer. Aún así, quiso de ver el lado positivo de todo aquello y se dijo que tenía qe pensar que sólo sería un roce, como había asegurado Brown. Un maldito roce.
— Bien Blaisy, acércate un poco más a Hermione— insistió Lavender haciéndole un ademán con la mano. Blaise, reticente, se pegó un poco más a ella farfullando y soltando maldiciones.
Vincent, por otra parte, se mantuvo de brazos cruzados, impaciente por ver el show. Porque nunca se había reído tanto como en ese momento. Observó a Draco y se dio cuenta de que parecía estar muy enfadado pero pensó en seguida que era porque Zabini iba a traicionar a la sangre besando a Granger por todas partes.
— ¿A qué esperas, Blaise?— le dijo deseoso por que continuara.
Zabini entornó los ojos y comenzó a pasar la mano de arriba abajo por el cuerpo de Granger, con total parsimonia y desgana, pero al hacerlo y mirar de soslayó a Granger, fue consciente de que ella debía tener lo que todas las chicas tenían bajo la falda y se asustó al pensar que quizás tendría que besarla... ahí abajo.
— Ya, para— dijo Hermione intentando sonar firme, queriendo aparentar seguridad, diciéndose que sólo sería un roce. Y como no percibió la mano de Zabini en su cara, creyó que no tendría que besarla en la boca, pero... ¿dónde se habría detenido?
Blaise resopló al ver que la sangre sucia le decía que parase en su barriga. Aunque luego se consoló pensando en que al menos no tendría que besarla en la boca aunque no fuera a hacerlo. Inconscientemente volvió a mirar en dirección a la puerta para ver si Weasley aparecía, pero se desanimó en seguida. Había pasado mucho rato y era evidente que no iba a ir, así que se dio por vencido y decidió agacharse para terminar con el maldito juego cuanto antes, pero como era muy alto, tuvo que ponerse de rodillas para estar más cómodo.
Hermione, en cambio, sintió una sacudida al notar que él comenzaba a levantarle poco a poco la camisa del uniforme y se la doblaba con cuidado para que no cayera hacia abajo. Blaise se enrojeció violentamente al ver el estómago de la sangre sucia y es que junto al ombligo tenía un pequeño lunar muy sexy. Un lunar que, de algún modo, le hizo recordar a Weasley. A sus pecas. Empezó a imaginársela desnuda, por completo, con todo el cuerpo lleno de malditas pecas. Y sólo de pensar en ello notó que se le ponía dura. Instintivamente cerró los ojos y se olvidó de Granger por completo.
Sólo pudo pensar en que era una peca. Una jodida peca de Weasley.
Lentamente se acercó al lunar, entreabrió los labios y comenzó a besarlo, provocando que a ella se le erizase todo el vello de su cuerpo. Se suponía que sólo era un roce, pero Blaise estaba borracho. Borracho y pensando en Weasley, así que se le fue de las manos. Quiso lamerlo, abrió un poco más la boca y deslizó la lengua en círculos alrededor, notando la suavidad de su piel.
Hermione no pudo controlarse al notar lo caliente que tenía la lengua y soltó un gemido. Y Draco, completamente fuera de sí, no aguantó más, se acercó a Blaise desquiciado y le pegó un fuerte empujón, provocando que se cayese al suelo.
— ¡¿Qué coño haces?! — bramó Blaise furioso, odiando que su amigo le hubiera destrozado la diversión ahora que por fin podía disfrutar de aquel lunar tan irresistible que le recordaba a Weasley.
— Sólo era un roce, Blaise— los dientes de Draco rechinaron. No pudo soportarlo. Supo que Granger no era suya ni de su propiedad, pero quiso ser el único. El único que pudiera tocarla y besarla aunque no pudiera decirlo en voz alta.
Hermione se apartó rápidamente el pañuelo de los ojos y se bajó la camisa del uniforme, con nerviosismo. Miró a Draco y para su sorpresa, vio que estaba muy enfadado y que hacía un esfuerzo muy grande por controlarse.
Y al parecer, no era el único, porque en la habitación de Gryffindor, Ginny daba vueltas de un lado a otro, completamente histérica, preguntándose por qué repentinamente habían salido Hermione y Zabini tan juntos en el mapa del merodeador, que qué estaba pasando o si todo lo que había sospechado de que a Hermione le gustaba Zabini era cierto y estaban enrollándose en la fiesta.
Con manos temblorosas, se desajustó la corbata del uniforme y se acercó con decisión al espejo para peinarse, porque se dijo que ya era suficiente, que no pensaba permanecer más tiempo encerrada, que iría y le plantaría cara al desgraciado de Zabini. Rebuscó en el maquillaje de Lavender hasta encontrar el brillo de labios, diciéndose que no estaba poniéndose guapa para él ni mucho menos. Simplemente quiso hacer que él viese lo irresistible que podía llegar a ser aunque fuese en uniforme, que luego se marcharía y lo dejaría con las ganas y con la Blaisiconda a mil por hora.
Al cabo de un rato, la situación en la habitación de Slytherin parecía haberse calmado. Blaise había cogido otra botella, se había tumbado en la chaise longue y había empezado a canturrear una canción que nadie sabía de dónde la había sacado.
— ''Esas pecas… dime por dónde las tienes... ¿Quizás ahí abajo…? Me gustaría verlas…''
Hermione rodó los ojos y se sentó en una de las camas. En la de Malfoy. Supo que era la de él porque la primera noche que fue con las chicas a gastarle la broma estaba durmiendo ahí. Draco no lo dudó y se sentó junto a ella.
— Oye, Malfoy...— susurró medio aturdida. Aún seguía mareada pero al menos sentía que volvía a tener el control de la situación— Yo no quería… lo de Zabini…
— Déjalo, Granger— suspiró él, haciendo como si no le hubiese afectado— Si conseguimos quedarnos a solas, te aseguro que yo te lo haré mucho mejor.
Hermione sonrió y alzó la mano, pero finalmente la apretó y la dejó caer al ser consciente de que no podía tocarle delante de los demás. Resopló molesta, porque tuvo muchas ganas de besarle, de acariciarle en ese momento, y el alcohol no ayudaba, pero tendría que ser paciente.
Sin embargo, Gregory Goyle que era uno de los que más había bebido, la devolvió a la realidad cuando salió de la habitación corriendo a trompicones, sin poder soportarlo más. Todos se miraron al ver que se iba sin dar explicaciones.
— A lo mejor se siente mal y quiere vomitar— dijo Parvati, preocupada.
— No tiene sentido. Aquí tenemos cuarto de baño— terció Vincent desajustándose la corbata.
Lavender observó su reloj y luego los miró con preocupación.
— Son más de las diez, chicos— comentó intranquila— Es casi la hora del toque de queda. Tenemos que ir a buscarle antes de que Filch lo vea por los pasillos. Sólo falta que lo pille borracho.
Parvati asintió porque sabía que Gregory estaba muy ebrio, que era mejor que lo encontrasen cuanto antes, así que no se lo pensó y fue en su búsqueda junto a Lavender y Vincent. Cuando salieron de la habitación, vieron que en la sala común de Slytherin ya no había nadie, pero al marcharse de allí y atravesar las mazmorras decidieron dividirse para buscarlo por distintas zonas del castillo porque pensaron que así lo encontrarían antes.
Sin embargo, Gregory Goyle no se había marchado porque se encontrase mal, sino porque no había podido aguantar más estar al lado de Parvati, porque la había visto muy guapa esa noche, y supo en seguida que no tendría nada que hacer, que ni siquiera podía atreverse a soñar a tener una relación con ella. Porque era inteligente. Y él sintió que no estaba a su altura, que tenía que alejarse y olvidarla para no sufrir, así que se largó, mareado y desanimado, creyendo que dar una vuelta por el castillo lo ayudaría a despejarse un poco.
Harry, agotado, iba caminando por uno de los pasillos del séptimo piso para volver a su sala común, pensando en todo lo sucedido. En las clases de Oclumancia que había tenido con Snape para impedir que Voldemort volviera a entrar en su mente, en lo sucedido a Arthur Weasley la noche anterior, en el hechizo que había tenido que buscar durante toda la tarde en la biblioteca para arreglar el maldito cráter en la cama de Ron, porque un Reparo no había sido suficiente para solucionar el problema, así que por fin regresaba a sus aposentos, deseando descansar, pero aún intranquilo, preguntándose si Voldemort haría daño a más personas y qué habría significado la bola de cristal de su pesadilla. La profecía. Y para rematar, había ido a visitar a Ron a la enfermería después del almuerzo y se había dado cuenta de que estaba muy raro repitiendo constantemente ''Me ha violado, Harry. Te digo que me ha violado'', sin duda bajo los efectos de los medicamentos.
Y Harry empezaba a pensar que su amigo ni siquiera se recuperaría del ataque de las arañas. Iba totalmente absorto, dirigiéndose a su sala común cuando escuchó el sonido de alguien corriendo por el pasillo a toda prisa, cada vez más cerca. Asustado, se giró sobre sus talones y para su sorpresa se encontró a...
— ¿Goyle? — inquirió incrédulo, al verlo tan cerca de la torre de Gryffindor a esas horas y por si fuera poco, borracho.
Gregory estalló en carcajadas.
— ¿Qué-g pasa, Potter?— balbuceó tambaleándose. Curiosamente en ese momento no lo vio como un enemigo, sino como un aliado con el que poder consolarse. Le apeteció de pronto volver a la fiesta aunque supiera que no tenía nada que hacer con Parvati. Sólo para verla y observarla en silencio, pensando que aquello sería suficiente para él aunque tuviera que sufrir. Sin embargo, ya no recordaba el camino, se había perdido y necesitaba ayuda— Acompáñame a la fieshta.
Harry sacó la varita de su bolsillo, pensando que sería un trampa, observando de un lado a otro del pasillo esperando encontrar a Malfoy riéndose, escondido en algún recoveco. Pero frunció el ceño porque por un momento no entendió cómo Goyle podía hacerse tan bien el borracho.
— ¿Qué estás diciendo? — le espetó apuntándole con la varita.
Goyle, impaciente por regresar a la fiesta, se acercó un poco más para intimidarle y también sacó su varita, queriendo que le ayudara.
— Venga, acompáñameg si no quieres que te obligeg— le espetó, preguntándose cuál sería el hechizo para atar a alguien con una cuerda, porque pensó que sería suficiente para llevarlo con él.
— ¡Asdjhgsjhgincorcego!— graznó realizando un movimiento muy extraño de varita. Sin embargo, provocó una gran explosión e hizo que ambos saliesen despedidos y se desplomasen contra el suelo.
Por unos instantes todo se quedó en silencio.
Poco a poco, Harry se incorporó muy aturdido y recogió su varita, maldiciendo a Goyle por haber intentando matarle. Quiso lanzarle un maleficio pero justo cuando fue a hacerlo se quedó inmóvil, con la mandíbula desencajada porque la persona que vio frente a él no era Goyle, sino él mismo, que lo miraba con cara de asombro, como si no entendiese nada de lo que estaba sucediendo.
Harry, desconcertado, dio un par de pasos hacia atrás. Primero se miró las manos. Luego se fijó en su torso. Y después en el uniforme que llevaba puesto. Y justo ahí se dio cuenta de que no tenía el de Gryffindor, sino el de Slytherin.
— ¡Pero qué has hecho!— gritó volviendo a apuntarle con la varita al ser consciente de que se habían intercambiado los cuerpos.
Gregory se incorporó, se quitó las gafas y las guardó en el uniforme de Gryffindor que ahora llevaba puesto, sin importarle lo más mínimo el hecho de haberse cambiado de cuerpo con él, porque pensó que a pesar de que no tendría a Parvati, podría ligarse a alguna— Cállate, Potter, quiero que me lleves a la fieshta, ¿me ayudas?— musitó haciendo eses de un lado a otro.
Harry suspiró intentando concentrarse. No tenía ni idea de a qué fiesta se refería pero supo que Goyle estaba como una cuba, que tenía que hacer algo y rápido. Estaba seguro de que en la biblioteca había un contrahechizo para conseguir su cuerpo de vuelta pero sólo tenía diez minutos antes del toque de queda, así que decidió que Goyle no lo acompañase en ese estado y menos con su cuerpo.
— Mira, Goyle— le espetó sujetándolo por los hombros y lo empujó hasta pegarlo a la pared para que apoyase la espalda y no se moviese tanto— Voy a ir a la biblioteca pero tienes que quedarte aquí. No puedes moverte.
— Yo quiero volver a la fiesshta y no sé cómo— lloriqueó molesto pero Harry lo empujó más fuerte.
— ¡Prométemelo! Sólo voy a tardar diez minutos. Es muy poco tiempo. Luego te llevaré a la fiesta, ¿vale? — le dijo siguiéndole la corriente para que no se moviera de allí.
Goyle, más conforme, suspiró, se dejó caer y se dio un porrazo en el culo contra el suelo. Pero no le importó. Estaba muy feliz.
— Vale-f— sonrió hipando un poco— pero como tardes onceg minutos me voy sin ti. La buscaré yo solo.
Harry movió la cabeza de un lado a otro y se marchó rápidamente para no perder más tiempo. Pensó por un momento que le resultaría difícil correr en el cuerpo de Goyle pero se sorprendió al notar que parecía agil y que había perdido peso. Y se relajó, porque supo que tendría más posibilidades de llegar a la biblioteca antes de que Pince se marchase. Gregory, en cambio, permaneció sentado en el suelo, muy aburrido. Deseando que Potter volviese pronto para llevarle a la fiesta y así no estar más tiempo tirado solo en el pasillo con otro cuerpo. Metió la mano en la túnica, sacó las gafas y se las puso para entretenerse un rato. Se dio cuenta de que eran nuevas y más bonitas que las otras que siempre había llevado Potter, con las que parecía un viejo.
Soltó una carcajada. Pero se calló al escuchar una voz familiar, al fondo del pasillo.
— ¿Harry?— preguntó Parvati preocupada— ¿Qué haces ahí tirado? ¿Estás bien? ¿Te ocurre algo?
Goyle se sorprendió al verla y se quedó en silencio, sopesando aquellas palabras. Harry. Un momento. ¿Harry? ''Oh, Harry, sí, el guapo, el niño que vivió''. Se dijo que tenía que aprovechar esa oportunidad, así que como pudo, se incorporó apoyando una mano en la pared intentando parecer sexy y se acercó a ella.
Parvati abrió mucho los ojos al ver lo ebrio que estaba y se sorprendió de que hubiera más personas que hubiesen estado de fiesta esa tarde, bebiendo. Se preguntó si habría habido una celebración en la sala común de Gryffindor. Y justo ahí lo entendió. Comprendió que el motivo por el que Ginny había insistido tanto en quedarse en la habitación había sido por Harry.
— Parvati, tú eres preciosa, muy muyff preciosa— balbuceó Goyle sintiendo que perdía el equilibrio.
Parvati no tuvo más remedio que sujetarle del torso para que no se cayese y no pudo evitar sonrojarse, porque Harry nunca le había hablado así y ella siempre había tenido entendido que a él le gustaba Cho. Sin embargo, como vio que estaba borracho, decidió no hacerle caso y acompañarle a su habitación, a pesar de que tenía que buscar a Gregory, porque no le pareció bien dejarle tan mal, allí solo. Supo que lo castigarían y que se metería en un lío muy grande.
— Harry, échame el brazo por encima. Voy a llevarte a tu cuarto, venga— al ver que no se movía, lo agarró como pudo y comenzó a caminar hacia el retrato de la Dama Gorda pero él no parecía querer colaborar.
— Noff, noff. Tengo que quedarme aquí— dijo apartándose, aterrorizado por entrar en la sala común de Gryffindor a escondidas de Draco a pesar de que tuviera mucha curiosidad y es que, aunque hubiese estado en el dormitorio de las chicas, no había visto nada más.
Parvati resopló.
— Venga, Harry, deja de hacer tonterías— le espetó pero no pudo evitar sonrojarse un poco al percibir que lo tenía cerca. Demasiado cerca.
Goyle se rascó la nuca, queriendo decirle algo, porque se dio cuenta de que no sentía vergüenza por primera vez en su vida, de que se sentía capaz de hacer cualquier cosa.
— Nunca he besado a nadie— dijo con un hilo de voz, provocando que Parvati se congelase.
Ella, arrebolada, no supo a dónde mirar ante aquella indirecta. Ni siquiera entendió por qué se había puesto nerviosa cuando nunca antes se había sentido atraída por él.
— Yo tampoco— susurró sin saber siquiera por qué narices lo había dicho.
Goyle soltó una risita. Se sintió tan feliz que incluso olvidó por un momento que estaba atrapado en el cuerpo de Harry Potter. Sólo pensó en besarla.
A ella.
No a otra. Que Vincent se quedase haciendo el cursillo intensivo para buscar la novia de sus sueños. Él ya no quería pensar en otra que no fuese Parvati. Así que muy despacio, sin pedirle permiso, se acercó a sus labios y los besó, sin tener ni idea de cómo hacerlo. Pero aún así, empezó a abrirlos lentamente, con miedo a que ella se apartase asustada, pero Parvati no lo hizo. Se quedó rígida notando la suavidad de su boca. A ella nunca le había gustado Harry. Siempre lo había visto como un buen amigo, pero… el beso la estaba dejando sin respiración y no entendía por qué. Era como si hubiese algo…una extraña conexión entre ellos que no podía explicar.
Sin poder controlarse, soltó un gemido. Goyle se apartó al escucharla, preocupado, creyendo que había hecho algo mal aunque aún ni siquiera hubiera metido la lengua en boca.
— Parvati.
— N-no— musitó pesadamente— No te alejes, Harry.
Harry. A Goyle se le despejó la mente y lo vio todo claro. Vio lo que había hecho, que había metido la pata hasta el fondo. Instintivamente comenzó a alejarse de ella y sin replanteárselo, y cuando pudo reaccionar, salió corriendo hasta esfumarse por el pasillo. Parvati por un momento se mantuvo en silencio, perpleja, sin saber qué había significado todo aquello, que primero la besase y luego huyese como si nada.
Sin embargo, despertó cuando escuchó desde atrás las voces de Lavender y Crabbe llamándola.
— ¡Parvati! ¡Estás aquí! ¿Has visto a Gregory?— preguntó Vincent aproximándose hasta estar lo suficientemente cerca— Nosotros seguimos sin encontrarle.
Pero Parvati no abrió la boca. Mantuvo la mirada perdida, fija en el punto en el que había desaparecido Harry, deseando con todas sus fuerzas que volviese. Y justo ahí, se sintió despreciable. Despreciable por haber dejado que él la besase sabiendo que a Ginny le gustaba, preguntándose qué pensaría ella si se enteraba.
— No, no lo he visto— murmuró con la voz resquebrajada, sintiéndose fatal de repente.
Lavender, en cambio, estaba agobiada, porque no deseaba que Gregory se metiera en un lío.
— Será mejor que sigamos buscando. ¡Venga, vamos!
Sin embargo, Goyle había decidido ir a la biblioteca para buscar a Harry, siendo consciente del lío que había formado. Se sentía más lúcido y se dijo que lo mejor era recuperar su cuerpo y luego explicarle todo a Parvati. Contarle la verdad.
Cuando iba a entrar en la biblioteca se estampó bruscamente contra Harry, y ambos cayeron al suelo.
— ¡Te he dicho que no te movieses!— exclamó, exasperado, al verle allí. Aún así, lo ayudó a levantarse y luego sacó su varita— ¿Te ha visto alguien?
Goyle se tensó. Inconscientemente se aflojó un poco la corbata al notar que le faltaba el aire y desvió la mirada.
— Eh, no. ¿Has encontrado el contrahechizo?
Harry asintió y alzó la varita.
— Terminemos con esto de una vez, que quiero volver a mi habitación y a ser posible con mi cuerpo— le espetó, harto de todo. Y sin más, apuntó a Goyle con la varita y murmuró el hechizo para acabar con aquello de una vez por todas.
Volviendo a la habitación de Slytherin…
Luna había entrado al cuarto de baño para lavarle un poco la cara a Theodore y había cerrado la puerta, y es que el chico estaba fatal, dándole a entender a ella el motivo por el que no solía beber. Luna también estaba mareada y veía criaturas extrañas por todas partes. Incluso había decidido preparar a Oníria una camita y la había dejado en la mesita de noche de Theodore porque no se fiaba de si le podía pasar algo estando ella tan ebria... pero él, sin duda, se encontraba peor.
Mucho peor.
No balbuceaba ni hipaba, pero sí lloraba.
— Oh Theo, dime qué te pasa— preguntó desolada. Luego abrió el grifo y le echó un poco de agua para refrescarle la cara y el cuello.
Theodore apoyó la espalda contra la pared y se quedó muy quieto. Odiaba beber porque se ponía triste y depresivo y le dio vergüenza de que Luna lo viese así. En teoría sólo iba a tomarse una copa pero con el dichoso jueguecito del ''yo nunca'' había perdido la cuenta de todo lo que había bebido.
— Luna, todo esto es por mi culpa— musitó comenzando a sollozar y es que cada vez que estaba en ese estado, los remordimientos lo carcomían por dentro— Astoria y Pansy te hicieron daño porque yo no estuve contigo y te dejé sola.
A Luna se le rompió el corazón, se pegó a él y lo abrazó para consolarlo, pensando que la calidez de su cuerpo lo calmaría.
— No llores, no es tu culpa. No puedes estar protegiéndome constantemente— le susurró al oído y alzó la mano para acariciarle la mejilla.
Pero Theodore dejó de llorar de golpe y porrazo y la apartó, sujetándola de los hombros.
— No digas eso, Luna. No soy bueno para ti— susurró con agonía. Ella se sonrojó al ver con la intensidad que él la miraba, notó el tacto de sus manos por encima de la tela de la camisa de su uniforme y percibió que estaban calientes— Soy un mal novio.
Luna se rio y volvió a abrazarle.
— No lo eres Theo, no lo eres— le dijo pero inmediatamente notó que él se aferraba fuertemente a ella y empezaba a sollozar de nuevo. Y supo que debía hacer algo para animarle y que se olvidase de lo sucedido así que se retiró un poco y se puso de puntillas para poder darle un cálido beso en la boca. Con ello logró que él se mantuviera unos segundos en silencio pero luego, volvió a llorar.
Así que Luna insistió. Comenzó a esparcir pequeños besos por su rostro, se acercó a su cuello y abrió los labios para succionarlo sutilmente, procurando no dejarle ninguna marca. Theodore se mantuvo en silencio durante más tiempo esa vez pero tampoco funcionó. No del todo.
Luna tragó saliva, pensando en algo que no dejaba de rondarle por la mente. Algo en lo que había pensado desde el día en que hicieron el amor en la Sala de los Menesteres. Le dio una vergüenza repentina, pero quiso trasmitirle lo feliz que estaba ella y quitarle toda la tristeza, y supo cómo conseguirlo.
— Theo, verás como te pones bien. Volverás a ser feliz, ¿sabes?— dijo en un susurro y comenzó a deslizar las manos por su torso hasta llegar a sus pantalones— Voy a intentar hacerlo bien para que te olvides de lo que sucedió el otro día.
Theodore se sonrojó y dejó de sollozar al sentir que ella comenzaba a desabotonarle los pantalones. Inconscientemente, cerró los ojos y se quedó apoyado contra la pared.
— Luna, ¿qué quieres…hacer?— musitó entre jadeos al notar que ella metía la mano dentro de sus pantalones.
Ella sonrió con timidez.
— Tocarte un poco— le dijo dejando que sus dedos vagaran en busca de algo. En busca de su erección, estando segura de que si lo tocaba, él se pondría muy contento.
Theodore no se vio con fuerzas para decirle nada. Tenía vergüenza pero su cuerpo se lo estaba pidiendo a gritos y curiosamente había dejado de llorar, así que alzó las manos y la agarró para aproximarla más a él, y de paso para hacerle saber que quería que lo tocase. Luna gimió al notar su longitud y sentir que parecía estar muy dura. Y se preguntó por qué los Nargles no estaban allí para aconsejarla, para que le dijeran qué hacer en esa ocasión, pero luego se dijo que era probable que ellos no supieran mucho acerca de ese tema, así que sacudió la cabeza intentando olvidarse de las criaturas por un momento y apretó suavemente la mano, teniendo mucho cuidado de no hacerle daño.
— ¿Qué hago ahora?— preguntó inocentemente. Básicamente sabía qué era lo que tenía que hacer pero quiso asegurarse. Theodore deslizó las manos por su cintura bajando un poco más y se aferró a sus nalgas.
— Tú…sólo hazlo— murmuró inclinando la cabeza para besarle el lóbulo de la oreja y lo lamió tomándose su tiempo— El movimiento irá saliendo solo.
Luna esbozó media sonrisa.
— Vale— susurró y sin más, comenzó a deslizar la mano de arriba abajo muy despacio, casi con miedo, notando que su erección estaba dura pero era suave, cálida, como él. Y a Luna le gustó. La barrera que había sentido en un principio fue desmoronándose y poco a poco, dejó de sentirse cohibida.
Y cuanto más notaba que Theodore hundía los dedos en su trasero, más la embargaba el calor y el deseo. Sentía su cuerpo ardiendo, casi tanto como el de él.
— ¿Voy bien?— musitó deslizando una y otra vez la mano.
Theodore, sin dejar de jadear, hizo un gran esfuerzo por contestarle.
— Sí, aunque…— añadió, queriendo ser sutil y no asustarla— ¿puedes apretar un poco la mano? Necesito notar más presión.
Pensó que ella se sentiría incómoda, que quizás se avergonzaría pero Luna ni se inmutó porque lo deseaba tanto como él, sólo que no se atrevió a decirlo. No contestó y agarró un poco más fuerte su miembro sin dejar de moverlo, escuchando como la respiración de él se volvía más pesada conforme deslizaba la mano. Por un momento le asustó que alguien entrara en el baño y los viese, pero se relajó en seguida. Estaba ansiosa, húmeda y lo sentía. Sentía como el corazón le latía apresuradamente, deseando por más, así que comenzó a bombear más rápido.
Theodore gimió ante la sorpresa, y es que, que ella se lo hiciese, fue mucho mejor que masturbarse él solo. No podía ni compararse.
— Luna…— intentó hablarle pero fue incapaz porque el placer que estaba sintiendo era cada vez más fuerte y supo que si ella seguía moviendo de esa forma la mano y no controlaba la respiración, estallaría.
Sin embargo, ella, animada por los jadeos de él, aumentó un poco más la presión.
— Tranquilo, no voy a parar. Quiero hacerte feliz— dijo con un hilo de voz.
Y Theodore no pudo evitar sonreír. Porque sí. Lo hacía feliz. Estaba moviendo la mano de maravilla, tanto que sintió que no podría soportarlo por más tiempo. Su miembro se contrajo contra la mano de Luna y eyaculó, dejando que el placer los abrumara a los dos.
Y después de eso, sólo pudo jadear con fuerzas, notando lo desigual que se había vuelto su respiración. No supo durante cuánto tiempo se mantuvo en silencio, pegado a ella, inmóvil, notando como Luna seguía sin apartar la mano de su erección hasta que ella, finalmente, retiró la mano, sin romper el abrazo porque a Luna le resultó tan agradable el calor de su torso, que no quiso alejarse de él.
— Theo, ¿lo he hecho bien?— le susurró al oído.
— Creo…creo que tenemos que hacer esto más veces— murmuró mirándola a los ojos.
Luna soltó una risita y se apartó de él, dejando que se abrochase el botón de los pantalones mientras ella se lavaba las manos. Y justamente cuando Theodore se hubo recompuesto un poco, escucharon como Blaise canturreaba desde fuera. Theodore suspiró, hastiado, temiendo cómo pudiera acabar su amigo aquella noche. Aún así, volvió a echarse agua en la cara para refrescarse, cogió a Luna de la mano, y ambos salieron del baño. Una vez fuera, Theodore se fijó en que Hermione y Draco estaban charlando tranquilamente, sentados en una de las camas y que Blaise vagaba de un lado a otro, dando tumbos y hablando solo, pero los demás, no habían vuelto aún.
— Estoy preocupada— comentó Luna, asustada de que Filch los hubiera pillado fuera del toque de queda y borrachos, y hubiese avisado a Umbridge— ¿Y si vamos a buscarles?
Theodore asintió, cogió a Oníria y se la puso en el hombro.
— Sí, creo que será lo mejor. Por cierto, ¿y si nos vamos todos a la Sala de los Menesteres esta noche? Aquello es mucho más grande y estaremos más cómodos. Además, aquí terminarán descubriéndonos por el escándalo que está formando Blaise— sugirió porque el dormitorio estaba lleno de botellas y copas por todas partes y por si fuera poco, olía a destilería.
Draco esbozó una sonrisa indescifrable.
— Ni de coña. Yo me quedo aquí, pero el plan es... decente. Id vosotros.
Theodore se extrañó. Luego miró a Blaise y a Hermione para ver qué opinaban al respecto.
— A Granger le duele la cabeza— añadió Draco antes de que ella pudiese hablar, asegurándose de no dejarla ir a ninguna parte— Y antes de que preguntes, dentro de un rato se largará a su habitación.
Theodore despegó los labios y volvió a cerrarlos. Hermione, en cambio, se tensó y lo miró con nerviosismo, sin poder creer la mentira que acababa de escuchar saliendo por sus boca. El corazón le dio un vuelco al pensar que quizás se acostaban, pero luego cayó en la cuenta de que Zabini seguía allí, que estaba muy mal y que los iba a incordiar en lo que quedaba de noche. Aunque se dijo que era mejor, porque aún no estaba preparada. Sólo de imaginarse por un momento que le tenía encima, completamente desnudo, besándola y moviéndose dentro de ella, se enrojeció hasta la raiz del cabello.
Theodore vio que Hermione se ponía muy roja y no supo qué era lo que Draco tramaba pero Luna, que estaba al corriente de que había algo entre Hermione y Draco desde hacía meses, le dijo que no se preocupara y que los dejase, así que no le dio importancia y se marchó con ella para buscar a los demás cuanto antes.
Cuando se fueron, Blaise dejó la botella sobre el escritorio, sintiendo que ya no podía más ese día. El cuerpo le ardía como si tuviese fiebre y tenía tanto calor que necesitó refrescarse. Estaba decepcionado, frustrado y furioso con Weasley, por haberle plantado. Por no haberse dignado a aparecer. Y Blaise no pudo evitar sonreir amargamente, diciéndose que qué esperaba, que era otra mujer. Que siempre terminaban decepcionándole tarde o temprano, envenenándole con mentiras y manipulándole hasta conseguir lo que querían de él. Nunca podría confiar en ninguna.
Totalmente asqueado, observó a Draco y vio que estaba hablando con la sangre sucia. Y justo ahí, se dio cuenta de la tranquilidad que se respiraba en la habitación, de que todos los demás se habían marchado y de que él ni siquiera había sido consciente. Se sintió agobiado, con la cabeza embotada y notó que le faltaba la respiración. Supo que necesitaba aire fresco, y en su dormitorio, bajo el Lago Negro, no iba a poder abrir la ventana.
El Lago Negro- resonó en su cabeza, haciendo que se replanteara una locura por un segundo.
Supo que había perdido el juicio, sin duda. Que ni siquiera había terminado el invierno, pero se dijo que no era para tanto. Que el hielo incluso se habría derretido y el agua no estaría tan fría. Y él estaba hirviendo. Tanto que necesitaba algo que le bajase la temperatura, alguna excusa que evitara que acabase durmiendo solo esa noche en su maldita cama después de haber tenido la pesadilla.
— ¿A dónde vas, Blaise?— preguntó Draco al ver que abría la puerta de la habitación sin expresión alguna y que parecía dispuesto a marcharse sin decir nada.
Blaise se giró y lo miró de soslayo. También observó a la sangre sucia y fue consciente de que estaba sentada en su cama y de que los iba a dejar solos, pero luego se dijo a sí mismo que era Draco, que estaba imaginándose gilipolleces.
Draco follando con la sangre sucia. Absurdo e ilógico, desde luego.
— Me voy. Supongo que volveré mañana, o no, quién sabe. Díselo a los demás— antes de que Draco pudiese preguntarle que a qué venía eso, la puerta restalló contra el dintel.
Hermione se quedó en silencio, observándose las manos porque fue el único sitio al que se atrevió a mirar. Notó que le faltaba el oxígeno, que no podía quedarse allí por más tiempo, así que rápidamente se levantó de la cama de Malfoy y se dirigió a la puerta de la habitación pero Draco la cogió suavemente de la mano porque no pensaba dejarla escapar. No, otra vez.
— Granger, si lo que pretendes es largarte, no voy a dejar que lo hagas— murmuró aproximándose mucho a ella.
A pesar de que Hermione hizo un gran esfuerzo por mirarle a los ojos y no sentirse intimidada, fue incapaz.
— Yo… los demás volverán, Malfoy— dijo después de un largo silencio pero Draco no la soltó. En ningún momento.
— Ya les has oído. Blaise volverá mañana y los demás... a saber dónde narices terminan pero es evidente que no va a aparecer nadie por aquí— susurró ásperamente contra su cuello y la soltó para empezar a desabrocharle los primeros botones de la camisa muy despacio— No te preocupes.
Hermione no pudo continuar negándose por más tiempo. Porque lo ansiaba. Le gustaba y lo necesitaba. Necesitaba y quería acostarse con él.
— ¿Estás seguro de que estaremos solos?— dijo con voz entrecortada, bajando los párpados poco a poco. Rindiéndose, sobre todo, al placer que le provocaba el calor de sus manos desabrochándole la camisa del uniforme.
— Totalmente, Granger— su voz se volvió extremadamente ronca y el deseo lo abrumó por completo en ese momento, sabiendo que, definitivamente, no la iba a dejar marchar.
Ginny Weasley, por otra parte, había terminado de arreglarse después de muchos paseos frente al espejo. Desesperada, al final había optado por dejarse la melena suelta porque ese día, ilógicamente, su cabello estaba salvaje e indomable. Aún seguía muy nerviosa por lo que pudiera haber sucedido entre Hermione y Zabini en la fiesta pero había algo en lo que no dejaba de pensar, y es que, al echar un vistazo general en el mapa, Ginny se había dado cuenta de que Daphne Greengrass había estado casi toda la tarde en su habitación, que al final, Zabini no la había invitado, y por un momento se preguntó si habrían cortado, pero luego se preocupó aún más, porque se percató de que entonces era posible que se hubiera enrollado con Hermione, así que decidió no entretenerse más y volvió a coger el mapa del merodeador antes de marcharse para ver lo que estaba sucediendo. Llevaba mucho rato sin echarle una ojeada y no supo qué podía estar pasando. Sin embargo, cuando lo hizo, hubo algo que la dejó sin aliento.
El nombre de Blaise Zabini apareció en el embarcadero, junto al Lago Negro. En concreto, en el agua. Ginny se estremeció y notó una presión en la garganta que le dificultó respirar al pensar que quizás se estaba ahogando. Aterrorizada, arrojó el mapa del merodeador sobre su cama, preguntándose por qué estaba solo allí o si necesitaría ayuda.
No supo qué era lo que sucedía, pero sí tuvo claro que debía hacer algo.
Que la pillase Filch o Umbridge la descubriese y la castigase fue lo de menos para Ginny. Sólo pudo pensar en cómo habría llegado Zabini al Lago Negro. Ni siquiera cogió la varita, la túnica, o cayó en la cuenta de que se moriría de frío si salía del castillo solamente con el uniforme. Todo le dio igual porque creyó que Zabini podía estar muriéndose en ese momento mientras ella seguía allí plantada sin hacer nada, así que sin más dilación, salió corriendo de la habitación, dio un portazo y se marchó en dirección al Lago Negro a toda prisa.
Pero...si Ginny Weasley no hubiese estado tan centrada en el nombre de Blaise Zabini cuando miró el mapa del merodeador, se hubiese dado cuenta de que Hermione Granger y Draco Malfoy estaban en la habitación de Slytherin, completamente solos.
¡OOOOOMMMMMMMMMMMGGGGG! MUERO DE INTRIGA, por no decir de otra cosa jajajajajjaja bueno... la noche no ha terminado como podéis comprobar. He tenido que partir el capítulo porque si no hubiera tardado muchísimo en actualizar... El motivo, esta semana me voy de feria hasta el domingo que viene y seguramente estaré todos los días con resaca JAJAJAJA lo que quiere decir que no escribiré porque en ese estado no me hago responsable de lo que pueda salir jajajajjaja De todas formas, ya tengo un pequeño esbozo del siguiente capítulo y en cuanto termine la feria me pondré manos a la obra jajajaja
Hablando ahora de este capítulo... ¡POR FIN HAN SALIDO A LA LUZ LA PAREJA MISTERIOSA (RON Y PANSY) Y EL TRÍO AMOROSO (PARVATI, GOYLE Y HARRY)!
La única que acertó EL TRIÁNGULO AMOROSO FUE: LucyTheMarauder.
Y las que acertaron LA PAREJA MISTERIOSA fueron: Emma Felton, CoposdeHielo y Catiba.
Estos chicos han salido de unos problemas para meterse en otros XDD Ahora encima Ron cree que Pansy es su admiradora secreta. ¡LO QUE FALTABA! hahahahaa Y Parvati se siente mal porque cree que Ginny sigue enamorada de Harry (ayy si ella supiera XDD). Encima el beso le ha gustado pero lo que no sabe es que ese beso era de Goyle *-* Veremos a ver cómo se desarrolla este lío jajajajaja
Por otro lado... espero que os haya quedado claro el por qué del comportamiento de Blaise. No me extraña que sea como es... D: Espero que Ginny sea capaz de ayudarle. *-* No sé vosotras, pero yo AMO a Blaise Zabini.
Ahora... MOMENTO HORROCRUX. (Realmente en el libro la diadema perdida de Ravenclaw estaba sobre una estatua si no me equivoco pero he preferido dejarla en una caja como en la película). Ayy si Theo supiera lo que tenía entre manos... OMG veremos a ver... qué miedo... :S
Por último... ¿Qué os ha parecido el comienzo de la fiesta? Yo me he reído mucho con Draco celoso... jajajaja y Hermione borrachilla xDDD
Este capítulo va dedicado en primer lugar a las que acertaron la pareja y el triángulo: LucyTheMarauder, Emma Felton, CoposdeHielo y Catiba.
Y también a las que acertastéis la pregunta del capítulo anterior: Guest2, Luladark, Ishiro Shizuka, Leonor Snape, Schatzie0713, Kuki-Chan, Shirmione Malfoy, Viridiana, Romaaa, Melanie Lestrange, Connie1, Vale Malfoy, Karim MG, Alesz, Caroone, Isabel, Tess21, sirone aphrody, Alice Marie Fray, Angie, Sam Wallflower, BereLestrange, seremoon, Saori Haruno, En Resumen soy un Heroe, ian, Jane Meyer, Victoria88, Fersha Malfoy, somnie, ElaSalvatoreCM14, crazzy76, Katherine Malfoy, alissa-2012, rosedrama, Maglucy, Hikari Goth, dreapls y Morgana Argay Malfoy.
PD: ¿CUÁL ESVUESTRO ''YO NUNCA''? El mío... ''Yo nunca'' me he imaginado que besaba a Draco Malfoy JAJAJAJA
