¡Hola! :)

A lo largo del fic hay capítulos a los que estoy ansiosa por llegar para poder escribirlos, aunque sean los más difíciles, largos y me causen más sufrimiento que ningún otro. Éste en concreto, ha sido uno de ellos.

Cuando escribo ''El príncipe durmiente de las serpientes'' necesito estar descansada y con la mente despejada, y justo en el momento en que me enfrento a un folio en blanco es cuando me arropa y me acompaña la emoción que me transmiten todos y cada uno de vuestros maravillosos comentarios, que consiguen que este fanfic siga adelante. ¡Muchas gracias a los lectores/as que NO pasáis de largo por mi historia!

Gabriela Cruz, Luladark, Emma Felton, Romaaa, Maglucy, Tsuki-no-Haruka, Giinny Felton, Sam Wallflower, Viridiana, TTaticarri, Lunajely, Daniela Estrada, Tess21, miraura21, crazzy76, seremoon, ElaSalvatoreCM14, Fersha Malfoy, keki46livecom, Guest, princess-alice-malfoy-granger, Ishiro Shizuka, hanilok, Adarae, rosedrama, Circe Cullen, Raquel1292, Solunarox, FlokesW, mila0628, MJ777, lizhattu79, Yeglith, Katherine Malfoy, AMY, Jazzy Twilight, Jorge 4, Hermy Evans Black, Kary Lupin, Zeydi-Daren, BereLestrange, LuciaMalfoyBlack, CazadoraDeSombras, Effy Malfoy Reckless, GaLu Stark, Jane Meyer, Slytherin's pride always, capiroska94, Mei Fanel, Jean, Rosee, joss- 12, merylune, Dannythaax Higurashi, Candice Saint-Just, HikariGoth, May Traumend, Neuroticbelieve, Alesz, Tomoe-99, liliscamander4ever, Saori Haruno, MioKathx Malfoy Granger, AnniaW y Duhkha.

ADVERTENCIAS: VOCABULARIO SOEZ, SEXO Y FANGIRLEO DEL BUENO.

Contestaciones a las no registradas:

Emma Felton: Hola querida Emma :) Bueno, no sé si te lo dije pero yo estaba tranquila porque sabía que Hermione estaba en buenas manos! Draco es un cielo, '' a veces'', y me encanta que se haya preocupado por ella, porque ahí se confirma lo que realmente le importa. A parte que cuando estaba escribiendo la escena en la que finge un desmayo… madre mía jajajaja francamente estaba desesperado por quedarse a su lado. Anda que a Harry le sentó como una patada en el estómago porque él tuvo que irse. Bueno, de las vacaciones de Pascua no puedo decirte nada, ya irás viendo, pero no sé si va a salir Jane… además, tienen que pasar muchas cosas… en fin, hablando un poco de Astoria… a mí realmente no me cae mal. Yo la comprendo, se siente muy sola, aunque el modo que tiene de pagarlo con los demás no es muy correcto que digamos, pero después de la bofetada que le ha dado Daphne, esperemos que reaccione de una vez y cambie un poco. En cuanto a Cormac, ay… ay… me hace mucha gracia que fuese virgen pero que fingiese que tenía experiencia. Aunque teniendo en cuenta lo creído que es… pues… xDDD Y Ron y Pansy… entre estos dos empieza a haber algo. A ver si hablan en este capítulo. Pronto lo sabrás! Espero que te guste! Me ha costado un infierno, pero aún así he disfrutado de lo lindo ^^ Un beso muy fuerte guapa :D

TTaticarri: Hola TTaticarri :D Bueno ya sabes que por ahí hay gente muy mala, pero qué se le va a hacer. Lo importante es que tú estés orgullosa de quién eres :), y sí, me encanta el francés! y el alemán también me mola! Hace un tiempo fui a Berlín porque tengo amigos allí y me lo pasé pipa. A Francia todavía no he ido pero lo estoy deseando ^^ Espero que te guste mucho este capítulo! Un besito muy grande guapa :D

Daniela Estrada: Hola Daniela :D Ay, ay la mansión Zabini, pronto lo averiguarás! Recemos porque Ginny logre convencer a su madre y pueda pasar unos días junto a su querido Blaise :P Bueno Draco cada vez está más enamorado de Hermione jajajaja lo bueno es que ambos lo saben ya. Esperemos que nadie se meta por medio o los intente fastidiar. Aunque al menos, a Astoria le ha salido el tiro por la culata xDDD Que por cierto, hablando de ella, a mí me da muchísima pena. Yo creo que en el fondo… muy fondo, no es mala. Sólo una incomprendida. Pero claro, no es que esté haciendo las cosas muy bien que digamos, porque con Luna se pasó siete pueblos xDD En fin, ahora que Daphne la ha puesto en su sitio, esperemos que cambie y no se meta más en la relación de los demás! Y Harry ha pasado por mucho, pero por suerte tiene amigos que le quieren, y estoy segura de que ni Hermione ni Ron se separarán de él :) Bueno guapa, te dejo con el nuevo cap! Espero que te guste mucho :D Un beso muy fuerteee!

Tess21: Hola Tess :D ¿Ahh sí? Pues fíjate, no lo sabía. Bueno, si me pasase a mí, sería super feliz. De todas formas tengo pensado hacer una adaptación cuando termine el fic, obviamente cambiando bastantes cosas, y sé que me llevaría mucho tiempo, pero ya lo llevo pensando desde hace mucho y estoy decidida :) Hablando del capítulo, pff ahora que han descubierto los Horrocruxes no tengo ni idea de lo que va a pasar, pero esperemos que no empeore mucho la situación! Bueno guapa, te dejo con el capítulo que tengo muchas ganitas de que veas lo que va a pasar! Espero que te lo pases bien estas navidades y recibas muchos regalitos ^^ Este es el mío :P Un beso muy grande guapaaa!

ElaSalvatoreCM14: Hola Ela! Me alegra mucho que te gustase el cap y la reconciliación. Ya sabes que Harry, Hermione y Ron no pueden estar mucho tiempo enfadados :) Espero que te guste el nuevo capítulo! Un beso muy fuerteee :D

keki46livecom: Hola keki! Es que últimamente no dispongo de mucho tiempo para escribir, pero bueno... aún así hago lo que puedo :) A ver si termino de una vez la carrera, que ya estoy agotada XDD Espero que te lo pases genial estas navidades! Te dejo con el nuevo capítulo guapaa :P Un beso muy grandeee! ^^

Guest: ;)

Raquel1292: Hola Raquel :D Muchas gracias por tus dos comentarios! Cada vez que veo tus testamentos me pongo super contenta! Empezando por Astoria... pff a mí sinceramente me da pena, sé que todo lo que ha hecho a lo largo de la historia está mal, pero cada uno tiene sus motivos. En fin, esperemos que reaccione de una vez y encuentre a alguien que la haga feliz. Al menos tiene a su hermana, que se preocupa por ella y a pesar de todo, la quiere. Al igual que Pansy. Cada Slytherin es como es por algo en particular. Ninguno ha tenido una vida fácil, desde luego y conforme vaya avanzando la historia se irán descubriendo ciertos detalles que harán que comprendáis más a los personajes y por qué han llegado a ser como son. Por otra parte... pff el lemon de Lavender y Cormac ha sido uno de los más complejos hasta ahora, pero me lo pasé pipa. Porque a lo tonto a lo tonto, lo que empezó como un simple masaje en el hombro acabó en... ya tú sabes jajajajaja Cormac era virgen, pero vamos, disimuló de maravilla y le hizo creer a Lavender que sabía lo que hacía! XDDD Por cierto, cuando me pusiste lo de Parvati, me reí mucho! Es verdad, es la única que falta. OMG si llega a pasar ''algo'' entre ella y Goyle, me moriré! hahahaha a ver si hablan de una vez, aunque creo que todavía falta un poquitín para eso! Cuando leas este cap. ya lo entenderás :P Bueno, por otra parte está el tema de los Horrocruxes, que como dije en el capítulo anterior, es bastante complejo. A mí me daba mucho miedo llegar a esta parte porque tengo que tener muchísimas cosas en cuenta, pero bueno... ya irás viendo cómo se desenvuelve Draco ahora que los ha visto! Hay que tener en cuenta que están en quinto curso... así que hay cosas que van a ser diferentes. Ya lo entenderás a su debido momento ;) Bueno guapa, te dejo con el capítulo que tengo muchísimas ganas de que lo leas! He sufrido mucho porque era muy difícil, pero... ahora estoy contenta! A ver que te parece! Un besito muy grandeeee y feliz Navidad! ^^

MJ777: Hola MJ777 :) Me alegra mucho que te gustase el capítulo! Te dejo con el nuevo! Espero que lo disfrutes! ¡Feliz Navidad y un besito muy grande! ^^

Yeglith: Hola Yeglith! :D Me alegra mucho que los capítulos se te hagan cortos! Eso me hace muy feliz ^^ Hablando del capítulo... Harry el pobre lo ha pasado muy mal, pero el lado positivo es que ya ha hecho las paces con Ron y Hermione, y sé que ellos siempre van a estar a él y no lo van a dejar solo, pase lo que pase :) Ron debería tener mucho miedo de Pansy. Esperemos que no lo mate! jajajaja Bueno guapa, te dejo con el nuevo capítulo! Espero que te guste! Un beso muy fuerte y Feliz Navidad! :D

Katherine Malfoy: Hola Katherine :D He tardado más porque ahora estoy muy agobiada con los exámenes, las audiciones y el trabajo, pero aún así saco tiempo para escribir :) Me alegra mucho que te gustase el capítulo! A ver qué te parece éste! Un beso muy grande guapaaa! Feliz Navidad ^^

AMY: Hola AMY :D ay ay, yo no dudaría en echarle cremita a Cormac, con tal de verlo en su salsa! hahahahah Lavender me parece a mí que ha disfrutado a base de bien XDD aunque... ¿quién no lo haría? :P En cuanto a Harry, yo sabía que no podía estar mucho tiempo sin hablar a Ron o a Hermione! Pero vaya, lo de Snape lo tiene un poco descolocado. Creo que va a tardar más en asimilar eso. Aunque no sé si Snape (estando en sus cabales), le dirá la verdad. Lo veo complicado sinceramente, pero... quién sabe. Bueno guapa, te dejo con el nuevo capítulo que espero que te guste mucho! ^^ Un beso muy fuertee y feliz Navidad! Espero que te regalen muchas cosas y que te envíen un Draco medio desnudo! hahahaha

Jorge 4: Hola Jorge :) Me alegra muchísimo que te gustase el último capítulo! Draco supo improvisar cuando se dio cuenta de que no iba a poder quedarse en la enfermería (que por cierto, me estaba muriendo de la risa cuando escribí esa parte). Creo que este capítulo te va a gustar poque puede que Pansy y Ron tengan uno de sus encuentros... ¿acabarán bien o mal? Pronto lo sabrás jijiji Te dejo con el cap. Espero que te guste y que pases una feliz Navidad! Un beso muy fuerte :)

Kary Lupin: Hola Kary :D Ahora sabrás todo lo que va a pasar en el siguiente capítulo, que la verdad, va a ser movidito! Espero que te guste guapa! Feliz Navidad! Un besito! ^^

capiroska94: Hola capiroska :) Me hace mucha ilusión que ahora toleres un poco más el dramione! Pero lo que me hace muy feliz es que te haya gustado el Blaise/Ginny. Es una pareja que me deja K.O y con la que disfruto de lo lindo, porque chocan, porque siempre están luchando pero al final acaban cediendo. Así que creo que este capítulo te va a gustar porque van a aparecer mucho! Un beso y feliz navidad! ^^

Mei Fanel: Hola Mei :) Bueno ya sabes que tarde o temprano, todos debían enterarse! u.u a mí también me mola el tema secreto y eso, pero qué se le va a hacer! hahahaha uff uff uff, no sabes las ganitas que tengo de que leas este capítulo porque creo que te va a gustar. Ya puedes hacerte una idea de por qué. Porque cierta parejita va a aparecer, así que te dejo con la lectura! Espero que te guste mucho! Un beso muy grande y feliz Navidad guapaaa! ¡Yo me he pedido un Blaise Zabini, a ver si me lo traen! jijiji

Jean: Hola Jean :) Justamente con la parte de Draco en la enfermería y Ron hablando de Pansy, me reí mucho! Lo malo ahora es que Pansy cree que Ron ha sido el que ha contado lo de sus encuentros. Esperemos que no lo mate ni lo castre! ajajajajaa Te dejo con el nuevo capítulo guapaa! Un beso muy fuerte y feliz Navidad! ^^

rosee: Hola rosee :) Me alegra mucho que te gustase el último capítulo! Fue bastante complejo, aunque éste último ha sido todavía peor! A ver qué te parece! Ahora sabrás si has acertado a la pregunta! Un beso muy grande y feliz Navidad guapaaaa!

Que disfrutéis de la lectura :D


A scattered dream that's like a far-off memory. A far-off memory that's like a scattered dream. I want to line the pieces up. Yours and mine— Sora, (KH2).


CAPÍTULO 32: PREGUNTAS QUE NO NECESITAN RESPUESTAS

FLASHBACK

5 de Junio de 1990

Gregory Goyle observaba todo a su alrededor, intentando no perderse ningún detalle de los extensos jardines que rodeaban Malfoy Manor. Sujetaba con manos temblorosas un paquete bastante pesado y mientras caminaba, asentía como un autómata a todo lo que su padre le decía.

— Más vale que no causes ningún alboroto. Qué pensaría Lucius… ya me has defraudado demasiadas veces. Espero que hoy no me dejes en ridículo— espetó dándole un leve empujón para que aligerase el paso.

Gregory no dijo nada. Sólo asintió cabizbajo. Conocía a Draco Malfoy desde hacía unos cuantos años, pero era la primera vez que iba a su mansión y se sentía más nervioso que nunca. Ese día en concreto, era el cumpleaños de su amigo y su padre había invertido una fortuna en una reliquia del siglo XVIII.

Cuando atravesaron la entrada principal, Vincent Crabbe y su padre ya habían llegado. Ambos esperaban en el vestíbulo, impacientes porque Draco bajase de sus aposentos. Lucius, el cual hablaba con ellos haciendo gala de una exquisita pose aristocrática, al verles, guardó silencio y se acercó al señor Goyle y a su hijo para saludarlos.

— Vaya…— murmuró arrastrando las palabras y le alzó la barbilla a Goyle con el bastón, pues el muchacho no dejaba de mirar al suelo, inquieto y algo asustado— ¿Eso que traes es un regalo para Draco?

Gregory balbuceó sin saber qué decir hasta que su padre, exasperado, le dio disimuladamente un golpe en la espalda para que reaccionase.

— S-sí… señor Malfoy.

Antes de que Lucius despegase los labios nuevamente, Draco Malfoy hizo su aparición y comenzó a bajar las grandes escalinatas de mármol, vanagloriándose como de costumbre.

— ¡Crabbe, Goyle! Ya era hora de que llegaseis. Espero que hayáis traído mis regalos— exigió apremiante.

Crabbe se adelantó y le ofreció un gran paquete, el cual había envuelto minuciosamente con un sedoso papel de color esmeralda. Gregory, en cambio, se mantuvo estático, esperando a que Draco abriese el obsequio de Vincent. Inseguro, bajó la mirada y observó su regalo. No sabía si a su amigo le iba a agradar, pero esperaba que así fuese.

¿Qué clase de bazofia es ésta?— escupió Draco despectivamente al abrir el paquete de Vincent y encontrarse con un puto espejo. Aunque pareciese muy valioso, fuese de oro y estuviese ricamente ornamentado por innumerables piedras preciosas, él tenía diez años. ¿Para qué mierda quería eso?

Lucius, sin embargo, apretó los labios, contrariado.

— Draco, muestra un poco de respeto hacia el señor Crabbe y su hijo— espetó molesto, pero aún así intentó mantenerse afable—Recuerda que eres un Malfoy.

El rubio resopló y finalmente, rechinando los dientes, dio las gracias a Vincent Crabbe y a su padre.

— Goyle, dame el tuyo— reclamó Draco acercándose a él. Esperaba que al menos el retrasado de Gregory Goyle no le hubiese comprado un espejo. Lo que él quería era una escoba. Aunque faltase un año para que recibiese la carta de Hogwarts, deseaba aprender a manejar una, pero su padre no quería que perdiese el tiempo en estupideces. Lucius insistía en que tenía que leer libros de pociones y hechizos para estar bien preparado y puesto en la materia cuando llegase la hora. Debía demostrar que era superior a los demás.

Gregory, intentando controlar los nervios que lo hacían temblar como un flan, le dio el regalo a Draco, pero desgraciadamente, las manos le sudaban tanto, que el paquete se le resbaló y se estampó contra el suelo.

Crack.

Gregory se quedó blanco como si hubiese visto a un dementor al escuchar el sonido de la reliquia haciéndose trizas. Por unos momentos hubo un incómodo silencio en el tétrico vestíbulo de Malfoy Manor, hasta que Narcissa apareció de la nada rompiendo esa tensión tan angustiosa.

— ¿Qué ocurre?— preguntó la mujer observando el maltrecho paquete que había tirado en el suelo.

Gregory, totalmente fuera de sí, se agachó para recogerlo pero su padre lo agarró con fuerza por el cuello de la camisa y lo zarandeó como si fuese una hoja.

— ¡Mira lo que has hecho!— gritó enfadado, señalando el estropicio— ¡No sirves para nada! ¡Te encargo sólo una cosa, y como siempre, acabas decepcionándome!

Lucius suspiró de forma malévola y sacó su varita.

— Puede arreglarse, Goyle. No es necesario que castigues a tu hijo— repuso Lucius con una falsa sonrisa y luego le ofreció la varita a Draco— Draco, ten. Pon fin a este desastre.

El señor Goyle soltó una sarta de improperios por lo bajo, pero continuó sujetando con resentimiento a su hijo. Claro que podía arreglarse. Un Reparo y listo, fin al problema, pero aquel crío inútil, como siempre, lo había puesto en evidencia. Le había hecho quedar mal, y eso ya no podía arreglarse ni solucionarse.

Draco se puso tenso cuando su padre le ofreció la varita. Era la primera vez que lo hacía, nunca había utilizado ninguna y la única magia que había realizado desde que tenía uso de razón había sido involuntariamente, cuando se enfadaba o perdía el control. Sabía qué hechizo había que conjurar para arreglar un objeto roto, porque lo había estudiado en uno de los libros que le había obligado a leer su padre, pero no tenía ni idea de si iba a ser capaz de conseguirlo.

— Vamos Draco— lo instó Lucius— Eres un Malfoy. Demuéstralo de una vez.

El rubio, indeciso, carraspeó, alzó la varita de su padre y con voz insegura dijo— Reparo*.

Al instante, los trozos de cristal de la reliquia comenzaron a unirse y Draco se llevó una enorme decepción al observar la figura y darse cuenta de que aquello era algo meramente decorativo. Aún así, sintió un pequeño cosquilleo, una sensación de satisfacción, porque por primera vez en su vida, había lanzado un hechizo, y había conseguido ejecutarlo a la perfección.

Por unos momentos, se quedó en silencio pero finalmente y muy a su pesar devolvió la varita a su padre con reticencia y dio las gracias a Gregory Goyle y a su padre. Lucius hizo un gesto muy elegante a todos para que lo siguiesen al gran salón, donde los elfos domésticos ya se habían ocupado de servir todo tipo de suculentas exquisiteces y apetitosos manjares.

Gregory se relamió al percibir el olor a pastel, pero antes de que se encaminase al salón, su padre lo retuvo.

— Mira lo que has hecho— masculló haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para que la ira no le hiciese perder la compostura— Has vuelto a ridiculizarme. Ya no sé qué narices voy a hacer contigo. Deberías aprender de Draco. Fíjate, tan pequeño y ya sabe conjurar hechizos. Tú sólo sirves para incordiar y para humillarme. Así no vas a llegar a nada en tu vida y lo único que vas a lograr es ser un inútil. Un don nadie a los ojos de los demás.

Gregory se quedó en silencio escuchando el sermón de su padre, hasta que el señor Goyle se dio por satisfecho y se marchó al lóbrego salón a grandes zancadas.

— No entiendo para qué tuve un hijo. No sabe hacer nada… qué vergüenza, qué deshonra— murmuraba casi para sí mismo mientras se alejaba del vestíbulo.

Gregory, en cambio, se mantuvo clavado al suelo como una estatua, recapacitando, pensando. Esas palabras resonaban en su cabeza, haciendo que sintiese ganas de vomitar. Un elfo doméstico de la familia Malfoy se había acercado al verle allí plantado, pero a pesar de que le hablaba de forma persuasiva, él era incapaz de prestarle atención.

— Dobby cree que el amigo del señor Malfoy está muy pálido. Dobby piensa que debería comer algo— cloqueaba el elfo.

Goyle mantenía la mirada fija en un punto exacto, escuchando una y otra vez las palabras de su padre como una letanía.

Un inútil, un don nadie a los ojos de los demás.

¿Quizá su padre tenía razón?

—Goyle— repitió Blaise zarandeándole— Joder, Goyle. ¿Quieres reaccionar de una puta vez?

Gregory parpadeó un par de veces. Llevaba largo rato sentado en su cama, absorto, abstraído por completo, como si se hubiese perdido en una especie de ensoñación, o en su caso, en un angustioso recuerdo.

— Qué pasa— murmuró con voz rasposa, mirando a su amigo como si lo hiciese por primera vez.

Blaise se apartó un poco. Theo y Crabbe, por su parte, permanecían de pie junto a la puerta, como si estuvieran esperándole para ir a algún sitio.

— Vuelvo a preguntarte, ¿te vienes o no? Draco no aparece y casi es la hora de la cena. Vamos a ir a buscarle.

Gregory asintió sin fuerzas y se levantó de la cama. Buscar a Draco…todo giraba en torno a él. Siempre.

Una vez que salieron de la habitación, Blaise, Theo y Crabbe charlaron soltando risotadas de vez en cuando, pero Goyle se había quedado atrás, rezagado y sumido en sus problemas. Había estado pensando durante todo el día en Parvati y repentinamente, sin saber por qué, le había venido a la mente el recuerdo del décimo cumpleaños de Draco.

A partir de ese día, su inseguridad había aumentado y lo había acompañado a todas partes, y aunque Vincent siempre había estado a su lado, él se había sentido muy infeliz. Quizá ese hecho era el causante de que se hubiese refugiado en la comida durante todos esos años; No lo sabía con certeza, pero ahora algo había cambiado. Estaba seguro de ello. Se había sorprendido por poseer tanta fuerza de voluntad y todo había sido gracias a Parvati. Era la que le había animado a seguir hacia delante. La que había conseguido que no se rindiese.

Pero aún así, seguía sintiéndose como un inútil. No había sido capaz de confesarle sus sentimientos ni de decirle la verdad en su momento, y ahora, era demasiado tarde, ya no había solución. Jamás podrían estar juntos. Así que una vez más, su padre había tenido razón. Era un fraude, un don nadie y jamás haría nada bien por mucho que se esforzase.

No servía para nada.

— ¡Por fin! ¿Dónde te habías metido?— inquirió Blaise deteniéndose al cruzarse con Malfoy por uno de los corredores cercanos al vestíbulo.

El rubio, aparentemente agitado, los miró e hizo un rápido gesto para que le siguiesen.

— Tenéis que ayudarme a buscar a Granger inmediatamente. Es muy importante.

Nadie hizo preguntas ni puso objeción alguna. Sin embargo, Gregory Goyle no se sentía con ánimos suficientes para patear el castillo de arriba abajo en busca de Hermione Granger. Prefería encerrarse en su habitación, acostarse, cerrar los ojos y desvanecerse, pero como de costumbre, no se esforzó en replicar y se limitó a seguir a sus amigos hasta que finalmente dieron con la chica.

Hermione tenía que reconocer que se sentía bastante reconfortada después de haber comido algo. Además, sus amigos habían insistido en que no se moverían del Gran Comedor hasta que el color de su piel fuese parecido al de un ser humano. Cuando por fin salieron de la estancia para volver a la torre de Gryffindor, se toparon con Draco y sus amigos en el vestíbulo.

— Granger, estás aquí. Tienes que venir conmigo ahora mismo— exigió con nerviosismo.

Ron, por extraño que pareciera, no mostró interés alguno en Malfoy. Temeroso, miraba de un lado a otro del pasillo, sosteniendo entre sus manos el mapa del merodeador con todas sus fuerzas.

— ¿Por qué no nos explicas de una vez lo que ocurre?— preguntó Theo, impaciente. Había quedado con Luna en que iría a buscarla a su sala común y no quería hacerla esperar.

Pero Draco ni siquiera lo miró.

— Potter, tú también deberías venir. Hay algo que tienes que ver— comentó angustiado.

Harry dudó por un momento pero le había prometido a Hermione que le daría un voto de confianza, así que simplemente, cedió a su petición.

— Está bien— dijo muy serio.

Draco se giró sobre sus talones y comenzó a caminar sin dar explicaciones, esperando que todos le siguiesen. Hermione, rápidamente se adelantó y se puso a su altura. Los únicos que se habían quedado un poco rezagados eran Goyle, el cual seguía deprimido pensando en Parvati y Ron, que observaba el mapa sin apenas pestañear.

— Estás preocupándome, Malfoy. ¿Qué es lo que ocurre? ¿A dónde vamos?— Hermione sentía tanta curiosidad como los demás. Curiosidad, pero también miedo. No sabía por qué pero le había pasado por la mente la idea de que quizás Lucius se había enterado de todo. Sin embargo, una vez que Draco se detuvo frente a la entrada de la sala de los Menesteres y surgió la puerta en la pared, Hermione se sintió desconcertada.

Todos entraron en la sala algo suspicaces, puesto que en la penumbra de la estancia sólo podía vislumbrarse un espejo. Los chicos miraron el artilugio sin comprender nada, pero Hermione lo reconoció inmediatamente.

Ese espejo era el mismo que vio a principio de curso. El mismo que le mostró la habitación de Malfoy. ¿Qué significaba? ¿Acaso Malfoy había descubierto algo? Todos se quedaron en silencio y agrupados junto a la puerta sin saber muy bien qué hacían allí.

— Quiero que me digáis si alguno reconoce los objetos que aparecen... joder, acercaos de una puta vez y prestad atención— Draco se plantó frente al espejo y puso los brazos en jarras.

Los demás obedecieron, salvo Ron que continuaba atento a los movimientos de su ''querida'' Parkinson.

En un principio, Harry y los chicos de Slytherin se impacientaron porque no ocurría nada. No obstante, Hermione, que sabía cómo funcionaba el espejo, observó el cristal pacientemente. No tenía ni idea si era por la incertidumbre o por lo preocupada que estaba, pero su ansiedad iba en aumento.

Repentinamente, unas imágenes comenzaron a surgir en el cristal. Exactamente las mismas que había visto Draco Malfoy hacía unos momentos.

Un anillo.

Un diario.

Una tiara plateada con la figura de un águila.

Un guardapelo.

Una copa.

Una serpiente.

Y la imagen de Harry Potter.

La confusión no se hizo esperar. Blaise, Crabbe y Goyle comenzaron a murmurar entre sí confusos y Ron, por un momento, se olvidó del mapa al ver la imagen de su amigo reflejada en el cristal.

Pero Harry se había quedado pálido. No sólo por el hecho de haber visto su reflejo, sino por el diario.

El diario de Tom Ryddle.

Hermione también lo había reconocido, pero antes de que dijese algo, Theodore Nott se adelantó.

— Yo he visto esa diadema. Es la diadema perdida de Ravenclaw.

— ¿Y se puede saber dónde?— preguntó Draco.

— La vi hace tiempo. ¿Recuerdas el día que hicimos la fiesta en nuestra habitación? Esa tarde, vine con Luna a la sala de los Menesteres para guardar unas pociones, y la encontramos por casualidad. Luna me contó la historia de la diadema y...

Harry, que parecía haberse puesto muy nervioso de repente, se acercó a él.

— ¿Qué has hecho con ella?— estaba asustado. Realmente asustado.

Theo, al percibir la amenaza en los ojos del chico, intentó apaciguarle.

— Nada, la dejé donde estaba. Quería regalársela a Luna, pero Oníria percibió algo extraño. No le gustó y dijo que era mala. Supongo que sigue estando aquí.

Draco, que estaba al borde de perder la paciencia, agarró a Harry del cuello de la camisa.

— Cara cortada, ¿tú sabes de qué va esto? Porque si es así, exijo que me lo expliques ahora mismo.

Harry sentía que iba a explotar de un momento a otro.

— ¿Acaso no recuerdas el diario, Malfoy? ¿Te has olvidado de aquel día en Flourish y Blotts?— el chico notaba como el pánico corría por sus venas. Voldemort había usado el recuerdo que había mantenido guardado en aquel diario para poder regresar y si él no lo hubiese destruido, a saber qué hubiera ocurrido.

Draco se mantuvo en silencio. Ahora sabía donde lo había visto. Su padre era el que lo había tenido en un principio, pero nunca se había atrevido a preguntarle con qué propósito había introducido aquel viejo diario en el caldero de Ginny Weasley.

— Por favor, tranquilizaos— dijo Hermione con voz queda, interponiéndose entre ellos al ver que se lanzaban miradas cargadas de odio y resentimiento— Malfoy, ¿en qué estabas pensando exactamente antes de entrar en la sala de los Menesteres?

Draco la miró directamente a los ojos.

— En él, Granger. En cómo destruirle.

— Lo suponía...— comentó ella en voz baja, presa del pánico y luego miró a su amigo— A ver Harry, cuando destruiste el diario, evitaste que Voldemort regresase.

Crabbe y Goyle comenzaron a temblar al escuchar ese nombre. Sabían a ciencia cierta que sus padres estaban a favor del señor Tenebroso, pero a ellos les daba mucho miedo.

La mente de Hermione comenzó a maquinar a toda velocidad.

— Lo que quiere decir que... todos estos objetos, de una forma u otra están ligados a él. Si Malfoy se ha preguntado a sí mismo cómo podemos derrotar a Voldemort, probablemente tengamos que destruir estos objetos.

— ¿Y qué me dices de eso, Hermione?¿Qué quiere decir Horrocruxes?— dijo Ron señalando al espejo cuando unas extrañas letras comenzaron a surgir en el cristal.

Hermione se encogió de hombros.

— No lo sé, Ronald. No tengo ni idea, así que tendremos que ir a investigar a la biblioteca. Quizá se refiera a los objetos en sí. Volviendo al tema, si ha aparecido la imagen de Harry reflejada en el espejo, quiere decir que quizás él es el único que puede destruir a Voldemort.

— ¡¿Y si no es eso?!— gritó Harry muy nervioso. No sabía porqué pero tenía un mal presentimiento.

— ¿Qué iba a ser si no, Potter?— escupió Malfoy intentando mantener la calma— ¿Realmente piensas que a mí me hace gracia toda esta mierda? Tengo tantas ganas como tú de que él desaparezca.

— ¡Bueno, no discutáis ahora por favor!— intentó calmarles Hermione en vano.

Theo carraspeó.

— No eres el único, Draco. No sé si recuerdas la carta que me envió mi padre, pero el futuro que me espera no es nada alentador.

Hermione suspiró cansada.

— Por favor, olvidaos de Voldemort ahora mismo. Creo que lo más importante en este momento es que busquemos información acerca de los Horrocruxes y que encontremos estos objetos— luego se dirigió a Nott— Theo, has dicho que la diadema estaba aquí, ¿verdad?

Draco dio un respingo al oír Theo saliendo de los labios de Granger. ¿Por qué mierda no podía llamarle a él por su nombre delante de todo el mundo?

— Sí, pero como ya he dicho antes... Oníria nos advirtió a Luna y a mí de que era mala y...

Hermione frunció el ceño.

— Me da igual. Tenemos que encontrarla y destruirla. Ya pensaremos en los otros objetos más tarde.

Blaise, por una vez en su vida, agradecía no tener familiares relacionados con Voldemort.

— ¿Y qué me decís de la serpiente?— preguntó.

— Es de Voldemort, aparece en mis pesadillas — dijo Harry, que recordaba a la serpiente. Era la misma que se manifestaba en sus sueños. La misma que acompañaba a Voldemort.

Nadie dijo nada más. Los chicos simplemente se limitaron a abandonar la sala y una vez que estuvieron en el pasillo, Theodore Nott se adelantó, se acercó a la pared y comenzó a desear que apareciese la sala como el día que encontró la diadema. Al poco tiempo, la estancia había cambiado por completo. Parecía mucho más extensa y estaba repleta de viejos trastos y grandes montañas de artilugios inservibles.

—Seguidme. Tiene que estar por aquí, en alguna parte— murmuró mirando de un lado a otro, entre las montañas de cachivaches, intentando dar con el escritorio en el que había encontrado la caja— ¡Mirad! ¡Ahí está!

Todos se aproximaron rápidamente. Harry observó la caja con detenimiento y cuando por fin se atrevió a abrirla y tocó la diadema, la cicatriz comenzó a quemarle.

— Harry, ¿estás bien?— preguntó Ron preocupado, pero Harry lo apartó con tal de no sentirse agobiado.

Los demás miraron la diadema. Algunos con admiración. Otros con miedo.

— ¿Qué vamos a hacer ahora?— preguntó Zabini inquieto.

Draco le pegó un empujón para apartarle y sacó la varita.

— ¡Tú qué crees, imbécil!— espetó apuntando a la diadema—¡Reducto! ¡Bombarda! ¡Incendio!

Sin embargo, no sucedió absolutamente nada. La diadema seguía intacta.

— ¿Pero qué? No puede ser— murmuró Harry totalmente conmocionado y con manos temblorosas sacó su varita—¡Diffindo!

Nada, ni un pequeño rasguño. La diadema seguía estando en perfectas condiciones.

— Mierda— masculló Blaise. Su confusión crecía por momentos— No tenéis ni puñetera idea, sois unos incompetentes. Dejadme a mí.

Una nueva explosión de hechizos sacudió la sala, pero los esfuerzos de Blaise Zabini fueron en vano. Todos y cada uno de ellos intentaron destruir la joya sin éxito. Cuando finalmente, agotados, se dieron por vencidos, Harry se dejó caer en una vieja silla junto al escritorio.

— No lo entiendo. Pude destruir el diario, ¿por qué no podemos hacerlo ahora con la diadema?

Hermione caminaba de un lado a otro, pensativa.

— No lo sé, Harry— suspiró e hizo una pausa— Pero... ya es muy tarde. Creo que lo mejor es que la guardemos en un lugar seguro. Mañana a primera hora iremos a investigar a la biblioteca. Por ahora, no tenemos ni idea de cómo destruirla, así que no sirve de nada que sigamos aquí perdiendo el tiempo. Además, ni siquiera sabemos dónde están el resto de los objetos.

— ¡Pero yo destruí el diario!— insistió Harry frustrado— ¡No lo comprendo!

— Granger tiene razón, Potter— comentó Draco exhausto— Ha sido un día jodido. Es mejor que descansemos esta noche.

—¿Y quién va a quedarse con la diadema?— preguntó Theo— Si la dejamos aquí, alguien podría llevársela.

Harry no se lo pensó dos veces.

— Yo— dijo a secas— La guardaré en mi baúl hasta que averigüemos cómo podemos destruirla.

Harry se sentía perdido y más confuso que nunca. Deseaba que Dumbledore estuviese allí para ayudarle, para guiarle, pero no estaba. Era desconcertante que Malfoy y sus matones desearan lo mismo que él, pero aún así, en la única que podía depositar su confianza era en Hermione, porque era la más perspicaz e inteligente para ese tipo de cosas.

— Mañana, antes de las clases, iremos a la biblioteca— repuso Hermione— Cuantos más seamos, más fácil nos resultará encontrar información acerca de los Horrocruxes. Probablemente tengamos que echar un vistazo en la sección prohibida.

Draco se quedó en silencio. Tendría que ir a hablar con Snape para que le diese un permiso pero no creía que le resultase difícil conseguirlo.

Una vez que Harry cogió la caja con la diadema y todos abandonaron la sala de los Menesteres, la puerta se desvaneció. Estaban a punto de emprender su camino, cuando una voz se escuchó al fondo del pasillo.

— ¡Ahí estás comadreja asquerosa! ¡Por fin te encuentro!— chilló Pansy Parkinson.

Ron se echó a temblar nada más oír a la chica e inmeditamente, se escondió detrás de su amigo.

Draco, pese a que estaba bastante preocupado, no pudo evitar reírse con malicia y comenzó a soltar comentarios a sus amigos como:

— Quién lo hubiese dicho, la comadreja y Pansy han tenido una crisis. Espero que hagan las paces pronto porque si no, creo que no voy a poder dormir...¡Joder!— graznó al sentir el manotazo de Hermione en su nuca.

— No tiene gracia, Malfoy— espetó Hermione molesta— Creo que deberíamos irnos y dejar que hablen a solas. Parkinson parece estar bastante furiosa.

Y no hacía falta que Hermione lo corroborase. Sólo había que ver el rostro congestionado de Pansy, que había empezado a cambiar de color, tornándose de un tono morado intenso.

— No, no, Harry por favor, no me dejes solo. No te marches— suplicó Ron paralizado por el miedo al observar de forma impotente como su amigo le quitaba el mapa del merodeador y comenzaba a alejarse, pero ni las insistentes súplicas de Ron ni sus muecas consiguieron que Harry se quedase allí. Tanto él como Hermione se marcharon a la torre de Gryffindor, no sin antes haber quedado a una hora en concreto al día siguiente con los Slytherins.

— ¿Cómo está Weasley?— preguntó Blaise a Hermione antes de irse. El chico hundía las manos en sus bolsillos y miraba al suelo, como si se sintiese avergonzado por haber formulado esa pregunta.

Hermione lo escrutó con detenimiento.

— Está bien, Zabini— dijo con voz suave— ¿Quieres que le diga algo?

Pero Blaise no respondió. Se giró rápidamente sobre sus talones y se largó dejando a Hermione con la palabra en la boca. Prefería que Weasley no supiese que llevaba días sin sacársela de la cabeza.

Harry sujetó a su amiga del brazo.

— Vámonos antes de que venga Ron, Hermione— la urgió al advertir que el pelirrojo corría hacia ellos y tanto él como Hermione se marcharon a la torre de Gryffindor, mirando con recelo la caja que contenía la diadema.

Ron se quedó plantado en el pasillo hasta que percibió la presencia de alguien a sus espaldas que le puso la piel de gallina.

— No estarías pensando en huir, ¿verdad pobretón?— espetó Pansy empujándolo contra una de las paredes bruscamente.

Ron forcejeó sin esforzarse demasiado.

— Qué quieres. Suéltame— dijo enfadado— ¡Socorro! ¡Que alguien me ayude!

— ¿Que qué quiero?— aulló Pansy furiosa— ¡¿Por qué narices has ido contando por ahí lo que ha pasado entre nosotros?! ¿Acaso querías hacerte popular a mi costa, comadreja? ¡Ahora los de mi casa no me dirigen la palabra! ¡Me odian por tu culpa! Te aseguro que vas a arrepentirte durante el resto de tu asquerosa y miserable vida.

Ron chilló al notar que le tiraba del pelo.

— ¡Que yo no he sido, ¿vale loca?! ¡Fue Hermione!

Pansy ladró colérica.

— ¡¿Cómo?! ¿Esa sangre sucia?— dijo apartándose— ¡Ya verás cuando la pille!

Ron la sujetó con fuerza para retenerla.

— ¡No!— Pansy se quedó en silencio nada más escucharle. Nunca lo había visto hablar tan en serio— Fue mi culpa. Si yo no hubiese contado que ella estaba con Malfoy, Hermione no hubiera dicho nada.

Pansy, aparentemente agitada, inspiró profundamente hasta que se apaciguó un poco y se apoyó contra una de las paredes.

— ¿Y cómo narices sabe Granger que tú y yo nos enrollamos?

Ron se enderezó y se colocó bien la ropa.

— Malfoy y ella nos vieron hace varias semanas, pero ninguno de los dos dijo nada. Si yo no hubiese abierto la boca…

Pansy le dio un golpe con el puño cerrado en la cabeza.

— ¡Ay!

— ¡O sea, que al final yo tenía razon! ¡Tú eres el culpable, comadreja! ¡Si no fueses tan bocazas!

— ¡Y qué esperabas!— exclamó Ron sujetándola de los hombros. ¡Ohh no, mal empezaba! Sabía lo que iba a pasar si se acercaba demasiado—¿Es que no lo entiendes? ¡Los vi juntos y... tenía que hacer algo!

Pansy se puso muy roja de pronto. Pero no era por vergüenza, sino más bien, porque se sentía furiosa.

— Es decir…— masculló intentando contener la rabia y tiró de la corbata de Ron, queriendo estrangularle— ¡Que te pusiste celoso! ¡Te gusta esa tonta empollona!

Ron comenzó a toser como si se hubiera atragantado con su propia saliva.

— ¡Te has vuelto loca! — dijo escandalizado. Los alumnos que pasaban por el corredor los miraban asustados, pero ellos se habían olvidado de todo a su alrededor, o al menos, esa era la sensación que daban— ¡Hermione es sólo mi amiga!

— Sí, claro— murmuró Pansy cruzándose de brazos— Como si fuera a creerte.

Ron esbozó una sonrisa mordaz.

— ¿Y por qué te enfadas tanto? — soltó sin pensar.

Pansy, pese a que se sentía cada vez más cabreada, se rió con sarcasmo.

— ¿Yo? ¿Enfadada? ¡¿Qué estás insinuando rata de cloaca?!

Ron se encogió al observar que levantaba el puño con la intención de golpearle de nuevo, pero no flaqueó y escupió lo que verdaderamente pensaba.

— Pues que estás celosa.

Y nada más pronunciar esas palabras, se escuchó el sonido de un bofetón resonando por todo el corredor. A unas alumnas de primer curso se les cayeron los libros al suelo del sobresalto, pero ni siquiera se entretuvieron en recogerlos, porque salieron corriendo atemorizadas al ver la cara de Pansy.

— ¿Lo ves? Estás loca. O si no, ¿por qué me maltratas de esta forma?— masculló el pelirrojo frotándose la mejilla encendida, pero inmediatamente notó los labios de Pansy aplastando los suyos. En cuanto Ron sintió la suave caricia de la boca de Pansy se quedó flojo en sus brazos. Le tenía un poco de miedo, pero un calor agradable lo envolvió por completo.

Su voz interior le dijo que huyese enseguida, pero él no la escuchó. Se suponía que esa psicópata le caía mal, que no era buena para él. ¿Por qué no la detenía y ponía fin a aquella locura de una vez? ¡Ohh! ¿Y si de verdad le gustaba?

Pansy aumentó la intensidad del beso al darse cuenta de que él no oponía resistencia y con un movimiento premeditadamente suave, hundió la lengua en su boca hasta que sintió como poco a poco su ira iba aplacándose. Cuando finalmente se apartó del pelirrojo, lo miró muy seria.

— Y ahora dime, ¿por qué estabais todos juntos?— preguntó dejando a Ron desconcertado— ¿Qué narices hacías con Draco? ¿Qué estáis tramando?

Ron instintivamente dio un paso hacia atrás. Estaba replanteándose largarse de allí a toda velocidad. Así no tendría que darle explicaciones. Harry lo mataría si contaba algo, pero Parkinson no dejó que avanzase ni un paso.

— Cuéntame pequeña comadreja, cuéntame— dijo Pansy con voz sedosa y ojos brillantes pasándole los dedos suavemente por el pelo.

Ron no supo cómo pero al final se vio obligado a contarle toda la historia. Lo extraño era que cada vez que se desviaba del tema u omitía algún detalle, Pansy le tiraba del pelo. ¡Por Merlín, era peor que un detector de mentiras!

— ¡Ja, ja, ja, ja, ja!— exclamó Pansy liberándolo de sus garras cuando Ron finalmente terminó su relato. Ella no creía que el señor Tenebroso hubiese regresado, pero si resultaba ser así, el tema le era indiferente. No tenía nada que ver con ella— En el caso hipotético de que haya vuelto, pobretón, ¿cómo narices vais a poder derrotarle? ¡Estás loco!

— Habló la psicópata…— silbó Ron en voz baja.

— ¿Qué has dicho?

— Nada, nada — murmuró con nerviosismo al percibir la amenaza implícita en la voz de la chica.

Pansy suspiró cansada.

— En fin, la próxima vez que vayáis a la sala de los Menesteres, pienso estar allí.

— ¡Qué dices! ¡Harry me matará si se entera de que te lo he contado!

— Jódete comadreja— espetó sonriendo con maldad— Las únicas que no me hacen el vacío ahora mismo son Daphne, y Astoria más o menos… Además, en mi habitación me aburro demasiado. Así tendré con lo que entretenerme.

— ¡Y por qué no te vas a la biblioteca a estudiar para los TIMOS!

— No tengo ganas ni me hace falta comadreja. A diferencia de Granger, no necesito mil horas para prepararme. Con poco que estudie, apruebo sin problemas.

Ron movió la cabeza de un lado a otro.

— Bueno, pues haz lo que te dé la gana, pero a las reuniones no puedes venir.

Pansy se alejó un poco, dio media vuelta y comenzó a caminar.

— Sí, sí lo que tú digas— murmuró marchándose en dirección a las mazmorras—Ten cuidado rata de cloaca. Voy a estar vigilándote muy de cerca.

Ron entrecerró los ojos. Sabía muy bien qué pretendía esa loca. ¿Cómo iba a impedir que acudiese a las reuniones? ¿Y si directamente le pedía permiso a Harry? Imposible, su amigo no lo vería bien. ¡Aunque, no era justo! Incluso Crabbe y Goyle estaban involucrados en el tema de los objetos raros del espejo, ¿por qué no podía ir Pansy?

Definitivo, tendría que suplicarle a Harry, y así dejaría que ella también acudiese a la sala de los Menesteres. Aunque no era porque le apeteciese que fuese, sino porque más bien le tenía miedo. Sin embargo, lo que más le inquietaba era que Pansy probablemente estaba intentando que se enamorase de ella para luego burlarse de él con sus amiguitas. Así que ocurriese lo que ocurriese, ¡no podía caer en su trampa!

Mientras tanto…

Cuando Hermione entró en su habitación, las chicas estaban allí. Parvati y Ginny, cansadas de esperar en la sala común, habían decidido volver al dormitorio y Lavender, que acababa de llegar recientemente, parecía algo nerviosa.

— ¿Dónde os habíais metido las dos?— preguntó Ginny. Llevaba largo rato tumbada en su cama y parecía aburrida.

Hermione se metió un mechón de pelo detrás de la oreja, preocupada.

— Es una larga historia, Ginny. Será mejor que empieces tú, Lavender— añadió dirigiéndose a la chica.

Ninguna tuvo inconvenientes en sentarse junto a la pelirroja pero Lavender carraspeó, agitada.

— ¿Qué ha pasado con Cormac durante todo este rato, Lavender?— inquirió Parvati— ¿Habéis roto?

Lavender negó rápidamente con la cabeza.

— No, no, ¡qué va! Ya volvemos a estar bien— dijo esquivando sus miradas. Se suponía que ella era la chismosa por excelencia de Hogwarts, pero… ¡Por Merlín! ¿Cómo iba a explicarles todo lo que había pasado? ¡Era algo tan íntimo!

— ¿Y qué habéis hecho durante tanto rato?— preguntó Ginny inocentemente.

Lavender se puso histérica.

— ¡Nada! Qué vamos a hacer. S-sólo hemos hablado.

Ginny y Parvati se lanzaron miradas furtivas pero no hicieron más comentarios. Hermione, cerciorándose de que ninguna tenía nada más que añadir, explicó todo lo que había sucedido en la Sala de los Menesteres. Lavender se puso muy pálida. No sabía si tenía algo que ver con lo que había visto en reiteradas ocasiones en sus cartas del Tarot, pero si así era, no podía ocultarles el secreto a sus amigas por más tiempo.

— Hay algo que tenéis que saber— repuso con voz estrangulada— No os he dicho nada hasta ahora porque no quería preocuparos, pero...cuando estuvimos en tu casa en Nochebuena, Hermione, y consulté las cartas del Tarot… aseguraron que alguien iba a morir pronto.

Hermione, que en absoluto creía esa sarta de tonterías, no se lo tomó en serio. Sin embargo, Ginny y Parvati se asustaron.

— No digas bobadas, Lavender. Nadie va a morir, no te preocupes.

— ¡Pero las cartas nunca se equivocan!— exclamó la chica exasperada. Su amiga no lo entendía, no comprendía la gravedad del asunto.

Hermione ignoró por completo sus advertencias y cuando Lavender dejó de insistir en el tema, Ginny preguntó:

— ¿Quieres que nosotras te ayudemos mañana a buscar información en la biblioteca sobre los supuestos Horricruxis, Hermione?

Horrocruxes, Ginny— la corrigió ella— Sí, bueno… ya hemos quedado en que cuantos más seamos mejor. Si averiguamos como podemos destruir los objetos, nos quitaremos un peso de encima— comentó aflojándose la corbata— Por cierto, ¿vosotras sabéis algo sobre Fudge?

Parvati suspiró.

— Qué va… no nos hemos movido de aquí en toda la tarde. A lo mejor los profesores comentan algo mañana. ¡Ojalá nombren a Trelawney directora de Hogwarts! ¿Te imaginas, Lavender?

Hermione y Ginny se echaron a reír.

— Por cierto— añadió— Antes he quedado con Dean Thomas en que iría a la sala común para jugar a un ajedrez mágico, ¿os venís?

Hermione asintió en silencio y todas se levantaron de la cama.

— Espera Hermione— dijo Ginny y luego miró a Parvati y Lavender— Id vosotras. Enseguida bajamos.

Lavender frunció el ceño molesta al percatarse de que iban a contarse algún que otro secretillo, pero no tuvo nada que objetar. Por esa vez las perdonaría, porque ella no había sido sincera sobre lo de Cormac.

—¿Qué ocurre, Ginny?— le preguntó Hermione cuando se aseguró de que las chicas habían salido y cerrado la puerta de la habitación.

Ginny parecía bastante inquieta y se retorcía las manos con nerviosismo.

— Tenemos que hablar— comentó con una expresión inescrutable.

Hermione la observó con detenimiento, intentando descifrar qué era lo que le pasaba, pero no lo logró.

— ¿Sobre qué?— inquirió finalmente y añadió— Por cierto, antes he visto a Zabini y me ha preguntado por ti.

Ginny, que hasta ese instante había estado muy nerviosa, se fue relajando y en su rostro se dibujó una sonrisa de alegría que intentó disimular con poco éxito.

— Ahh, bueno— suspiró haciéndose la desinteresada— Precisamente se trata de él.

Hermione enarcó una ceja. En primer lugar, Zabini le había preguntado cómo estaba Ginny y ahora… ella parecía muy seria. Los indicios de que hubiesen tenido una pelea eran cada vez más numerosos.

— ¿Habéis discutido?— preguntó temiendo que su amiga rompiese a llorar de un momento a otro, pero Ginny cabeceó un par de veces.

— No, no es eso— dijo sosegada. No tenía ni idea de cómo explicarle a su amiga lo que planeaba y tampoco tenía la certeza de si aceptaría lo que iba a proponerle pero no iba a ser capaz de prescindir de su ayuda. Tenía que convencerla— Verás, hace varios días, Zabini me invitó a su mansión. Ya sabes, falta muy poco para Pascua y…

Hermione la miró a los ojos. Tenía la sensación de que su amiga estaba alargando la conversación con tal de no ir al grano.

— Ahh, ¿y tu madre lo sabe? ¿Va a dejar que vayas?

Ginny se tensó inmediatamente.

— Ese es el problema, Hermione. Lo dudo mucho— comentó con tristeza— A no ser… que le diga que voy a ir a tu casa.

Hermione abrió mucho los ojos.

— ¿Cómo? No deberías mentirle a tu madre, Ginny— Hermione se sintió molesta repentinamente. Ella no pensaba engañar a Molly Weasley. La idea no le atraía en absoluto.

Ginny frunció el ceño, contrariada.

— Tú lo harías si pudieras pasar tiempo con Malfoy— espetó con la esperanza de que aquellas palabras surtieran efecto en su amiga. Y efectivamente, así fue. Hermione se quedó en silencio. No podía negar que ella también hubiese engañado a su madre con tal de pasar algunas horas junto a Malfoy.

— De todas formas, yo tenía pensado ir a casa de Sirius durante las fiestas, Ginny— puntualizó— Con mis padres sólo estaré el primer fin de semana.

Ginny comenzó a cavilar. ¿Sólo iba a estar un fin de semana con sus padres? Eso quería decir que como mucho podría pasar uno o dos días con Zabini. Aunque eso era preferible a nada.

— Hmm, pues en ese caso...— dijo al cabo de un rato— podría decirle a mi madre que me voy contigo uno o dos días, usaría polvos flu y luego volvería al cuartel general de la orden antes de que llegues. Así no se enteraría.

Hermione se cruzó de brazos, exasperada.

— Te recuerdo que en mi casa no hay chimenea, Ginny— aclaró cansada. Jamás olvidaría la noche en que Malfoy y los demás tuvieron que quedarse en su casa precisamente por ese motivo.

— Ya lo sé, Hermione— afirmó esbozando una sonrisa astuta— Pero mi madre no lo sabe.

Hermione se mantuvo en silencio. Interesante. Las probabilidades de que Molly las descubriese eran relativamente escasas, pero aún así, se sentía recelosa.

— ¿Y qué va a pasar cuando Molly me vea y me pregunte, Ginny?— dijo con seriedad— ¿Pretendes que finja que nos lo hemos pasado estupendamente?

— Pues sí— repuso apuntando una sonrisa esperanzadora— Además, para entonces yo ya habré llegado y estaré ahí para respaldarte si le da por someterte a un interrogatorio. Venga Hermione… — rogó compungida— Hace muchos días que Zabini y yo no podemos tener un momento a solas y es la oportunidad perfecta. Además, si me ayudas…nunca más volveré a insultar al hurón asqueroso.

Hermione rodó los ojos. Estaba más que segura de que su amiga no cumpliría nunca su palabra.

— Lo acabas de hacer ahora mismo— espetó lanzándole una mirada desdeñosa pero finalmente suspiró, asumiendo su derrota— Bueno, está bien. A ver, yo llegaré el lunes por la tarde a casa de Sirius y probablemente utilizaré un traslador. Procura estar antes que yo, al medio día por ejemplo. Lo digo por tu bien. Si tu madre te descubre, será peor para ti— Ginny asintió como un robot, dándole la razón en todo— Por cierto, ¿la familia de Zabini está al corriente de esto?

— No— comentó la pelirroja con gran alivio— No hay nadie en su casa durante toda la semana, así que no hay problema.

Hermione advirtió la ilusión en su amiga y se alegró. Tenía mucha suerte... Ella no podría ver durante esos días a Malfoy. Además, le preocupaba la situación en su mansión. Deseaba, al menos, recibir noticias suyas. Una simple carta bastaría para hacerla feliz.

— Vale— repuso acercándose a la puerta— Vamos a la sala común. Ya lo planearemos detalladamente esta noche antes de acostarnos. ¿Te parece bien?

Ginny asintió más que satisfecha.

— Perfecto. Venga vamos.

Y así, las chicas se marcharon de la habitación para reunirse con sus amigas. No sabían lo que ocurriría a partir de ese momento, pero las abrigaba la esperanza de que todo mejorase. Al menos, eso era lo que deseaban.


Habían transcurrido varios días y Ginny no tenía otra cosa mejor que hacer que descansar en la cama de su hermano mientras escuchaba como él y Harry hablaban sobre la diadema perdida de Ravenclaw. Llevaban todo el fin de semana en casa de Sirius y si alguien le hubiese preguntado que cómo estaba, ella sin duda hubiera contestado que aburrida, impaciente, pero sobre todo, inquieta. Aunque… por fin era domingo. Le había costado un infierno convencer a su madre para que la dejase ir supuestamente a casa de Hermione, y finalmente y con reticencia, le había concedido dos días. Eran cerca de las cuatro de la tarde y había decidido marcharse a eso de las cinco. Así que todavía tenía que esperar y ser paciente un poco más.

— Ginny, tú podrías ayudarnos— replicó Ron, sentado en el suelo entre el equipaje y la ropa revuelta mientras le echaba una ojeada a la caja con la diadema. Harry, por su parte, estaba releyendo un libro, en busca de información.

La pelirroja suspiró y se hizo un ovillo. Los últimos días en Hogwarts habían sido un aburrimiento. Tanto ella como las chicas y los Slytherins habían pasado largas horas en la biblioteca en busca de información acerca de los Horrocruxes y hasta el último día, antes de las vacaciones, no habían encontrado nada. Por suerte, Hermione se había topado con el término Horrocruxes en uno de los libros que Malfoy había sacado de la sección prohibida, pero no es que hubiesen avanzado mucho. Apenas había datos sobre ello. Sólo explicaba que se trataba de magia muy oscura y que el término en sí designaba un objeto en el que una persona había escondido parte de su alma. Lo que quería decir que todas las imágenes que había mostrado el espejo, estaban relacionadas con partes del alma de Voldemort, aunque claro, Hermione ya había llegado a esa conclusión mucho antes al ver el diario. Lo preocupante era, sin duda, que seguían sin saber cómo destruirlos, por no hablar de que ninguno tenía ni idea de dónde podían encontrarse los objetos. Y lo que más desconcertaba a Ginny era, ¿por qué había aparecido el reflejo de Harry en el espejo? ¿Quizás él era el único que podía destruir los Horrocruxes? Por muchas vueltas que le diese, no le encontraba sentido.

Por otra parte, Fudge, después de sopesarlo mucho, había decidido nombrar a Snape director de Hogwarts. Teniendo en cuenta que faltaba poco para que el curso concluyese, era mejor que un profesor del colegio se hiciera responsable durante ese tiempo, aunque para desgracia de Severus, ahora tenía triple trabajo. Director, profesor de pociones y profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, así que se había tenido que hacer un reajuste de horarios para que los alumnos no perdiesen clases.

Ginny volvió a suspirar, pero esa vez, apesadumbrada. No había hablado mucho con Zabini, ni siquiera le había dicho que iba a ir ese fin de semana a su mansión, y le preocupaba el hecho de presentarse en su casa sin avisar porque no sabía si iba a molestarle, pero ya no podía aguantar más. Tenía que estar con él. Si seguía escuchando las quejas de su hermano o los bufidos de frustración de Harry por no encontrar nada sobre los Horrocruxes, iba a volverse loca. Por no hablar de los gritos del retrato de la señora Black, que cada vez que alguien pasaba por el vestíbulo o alzaba la voz, más de uno acababa con los tímpanos reventados.

— Sigo diciendo que esta diadema me da yuyu, Harry— comentó Ron observando la tiara sin tocarla.

— ¿Y qué pretendías que hiciese, Ron?— espetó Harry con desesperación. Él no había comentado nada de lo sucedido a Sirius y al resto de la orden, pero veía que era mejor así, al menos por el momento— No podía dejarla en la Sala de los Menesteres. Es el único Horrocrux que hemos encontrado por ahora y no podemos permitirnos perderlo. Mañana vendrá Hermione y ya podremos pensar qué hacer con él.

— Pero, pero… ¿y si quién-tú-sabes vuelve a entrar en tu mente y se entera de que lo tienes?— inquirió Ron, miedoso. Eso era uno de los puntos que más le preocupaba. Que Voldemort los descubriese y por otra parte… contarle a Harry que Pansy quería ir a las reuniones. Como los últimos días habían estado en la biblioteca y no habían ido a la Sala de los Menesteres, había estado evitando el tema, pero sabía que cuando terminaran las vacaciones de Pascua, empezarían a practicar hechizos, y por ende, Pansy acabaría haciendo su aparición. Aún así, era preferible esperar un poco más… ya se lo explicaría el último día de vacaciones.

— Tranquilo, Ron. Estoy intentando cerrar mi mente todo lo posible. Además, hoy he oído decir a Tonks y Lupin que Snape va a venir mañana.

Ginny se incorporó un poco y se levantó de la cama. La camiseta que llevaba no le gustaba nada y estaba replanteándose ponerse un vestido para ir a casa de Zabini. Pero ya… se había cambiado cien veces. ¿Por qué narices tenía que estar tan nerviosa?

— Entonces, ¿vas a hablar con Snape?— preguntó Ron mientras buscaba un paquete de grageas en su equipaje pero entrecerró los ojos cuando se percató de que no estaba. Seguramente se lo habían cogido Fred y George, que se aparecían y desaparecían en la casa cuando menos lo esperaba.

— Aún no lo sé, Ron. Supongo… ya veremos— musitó Harry cerrando de un golpe el libro que tenía en la mano. Sabía que debía hablar con Snape y ahora que Sirius y Lupin estaban cerca, se sentía más presionado en ese aspecto, pero no tenía elección. Si Voldemort descubría que sabía lo de los Horrocruxes, sería el fin. Y ahora, al menos tenía la certeza de que no iba a conseguir derrotarlo a menos que destruyese todos los objetos. Esos últimos días había estado tan agobiado, que ni siquiera había tenido tiempo para pensar en Cho. No sabía con exactitud por qué, pero sentía que, o bien estaba olvidándose de ella, o bien tenía que responsabilizarse tanto de lo demás, que tendría que dejarla de lado.

— Ginny, ¿cuándo te vas a casa de Hermione?— dijo Ron sin dejar de observar con repelús la diadema— Además, ¿por qué estás metiendo ese vestido en tu mochila?

La pelirroja se tensó inmediatamente al darse cuenta de que su hermano la miraba algo suspicaz y rápidamente sacó el vestido de la pequeña mochila que había preparado para la ocasión.

— ¿Y a ti qué te importa?— bufó mientras registraba la mochila, asegurándose de que no faltaba nada. Le había cogido un traslador a su padre sin que se diese cuenta. Un traslador que la llevaría inmediatamente al cuartel general de la orden en caso de emergencia. Aunque teniendo polvos flu, no lo veía necesario, pero le gustaba ser precavida— Me voy ya. Volveré mañana sobre el medio día más o menos.

— ¿Pero Hermione no llegaba por la tarde?— insistió Ron, extrañado— ¿Por qué vas a venirte antes?

Ginny resopló y optó por no contestarle. Era lo mejor. Así que sin más, se echó la mochila a la espalda y salió de la habitación dando un portazo.

Harry y Ron se miraron.

— ¿Has visto cómo se pone?— se quejó el pelirrojo— Desde que ''sale'' con el tonto de Zabini, está insoportable.

Harry se encogió de hombros, sin embargo, aún no asimilaba que Ginny estuviese con un Slytherin, y menos aún, que Hermione estuviese con Malfoy. Aunque más o menos lo había aceptado, seguía sin creerlo.

— ¿Y qué vas a hacer si algún día…los ves juntos en Hogwarts? Ya sabes, besándose.

Ron se llevó las manos a la cara y se frotó con fuerza como si intentara alejar de su mente esa perturbadora imagen.

— ¿Cómo quieres que me ponga, Harry? Es mi hermana. Ya sé que no va a cambiar de opinión aunque le diga algo, pero... aún así tengo que cabrearme un poco, ¿no crees?

Harry se rió.

— Por cierto, Ron— dijo poniéndose más serio— ¿Qué ha pasado con Parkinson? ¿Habéis vuelto a…hablar? ¿O te ha pegado de nuevo?— añadió con sorna.

Ron frunció el ceño pero aún así se puso nervioso.

— No tiene gracia, Harry. Está como una cabra. Ahora quiere…quiere…— tuvo que quedarse en silencio al darse cuenta de que iba a meter la pata. Había estado a punto de soltar lo de las reuniones y tuvo que verse obligado a rectificar— Quiere violarme otra vez.

Harry volvió a reírse al ver que su amigo estaba relativamente rojo. Esa era otra de las cosas que le descolocaba. Ron, en cambio, le arrebató el libro de las manos con tal de distraerse y comenzó a leer. Si ya de por sí había pasado un fin de semana horrible evitando en todo lo posible a Fred y George para que no le preguntasen sobre Pansy, ahora Harry tenía que sacar el tema.

— ¿He oído Parkinson por aquí?— dijo de pronto George que acababa de aparecerse en la habitación con Fred.

— ¡Venga hermanito! Estamos ansiosos por obtener información. ¿Hasta dónde habéis llegado? Por cierto, ¿lo sabe mamá?

Ron comenzó a lloriquear cuando ambos gemelos se sentaron junto a él en el suelo. Sabía que iba a esperarle una tarde muy dura. Y desde luego, las risas por parte de Harry no ayudaban en absoluto.

Mientras tanto, Ginny había bajado a la cocina ignorando las quejas y lamentaciones de Kreacher, con el que se había topado en las escaleras, pero por desgracia, cuando entró en la estancia, su madre y Tonks estaban allí. La pelirroja maldijo en silencio. Tenía pensado largarse por la chimenea de la cocina antes de que alguien pudiese acosarla a preguntas y ahora… si su madre estaba ahí, ¿cómo narices iba a marcharse?

— Hija, querida— dijo levantándose de la mesa dejando a medias la taza de té que estaba tomando— ¿Ya vas a marcharte? Sigo insistiendo en que te quedes aquí.

Ginny sintió como se le encogía el estómago al darse cuenta de que su madre seguía estando poco convencida. Echó un vistazo a la cocina y vio que no había rastro de Sirius o Lupin, lo que quería decir que con un poco de suerte, estaban arriba, dándole de comer a Buckbeak. Y su padre, probablemente estaría en el Ministerio. Tampoco había señales de Mundungus o Kingsley.

— Mamá, ya te lo he explicado. Volveré mañana al medio día, además voy a estar con Hermione. No va a pasarme nada.

Tonks, que ese día llevaba el pelo de un naranja intenso, se apartó un poco de la mesa para levantarse pero accidentalmente le dio un golpe a la taza de té, haciendo que se volcase y la bebida se derramase por todas partes. Aún así, con la varita limpió rápidamente el estropicio y miró a Molly con una sonrisa.

— No te preocupes tanto por Ginny. Ella sabe cuidarse sola, ¿verdad?— dijo guiñándole un ojo a la pelirroja.

Ginny suspiró aliviada ante el apoyo de la chica.

— ¿Ves mamá? Tonks también lo piensa— repuso enderezándose un poco deseando que dejase de insistir.

Molly fulminó con la mirada a Nymphadora.

— ¡Esto no es buena idea, Tonks!— exclamó casi fuera de sí y luego miró a su hija— Ginny, estoy muy preocupada por ti y tus hermanos. Y después de lo sucedido con Fred y George, no puedo estar tranquila.

— Yo no voy a largarme de Hogwarts, mamá. Sólo voy a ir a casa de Hermione y volveré mañana. No es para tanto— musitó cabizbaja porque después de todo, albergaba una pizca de culpabilidad. Aunque… iba a estar con Zabini, y no sabía por qué pero con él se sentía más segura que con cualquier otra persona.

Molly se quedó en silencio, con el ceño fruncido, pero finalmente acabó carraspeando.

— Bueno, está bien. Pero antes de marcharte, voy a traerte una chaqueta. No pienso dejar que te vayas sin nada de abrigo.

Ginny resopló pero no puso objeciones. ¡Por Merlín, estaban en abril! Pero por otra parte, esa era la oportunidad perfecta para que su madre se largase de la cocina y ella aprovechase el momento. Aún así había un problema. Su madre se había esfumado como una exhalación, pero Tonks seguía estando allí. Es más, se había vuelto a sentar en la mesa como si nada para tomarse el té con algunas pastitas.

Ginny cada vez se sentía más incómoda, pero no tenía más remedio.

— Tonks— dijo con apremio y sacó una pequeña bolsita con polvos flu del bolsillo de su pantalón— Me marcho. Dile a mi madre que llevo una chaqueta en la mochila y que no se preocupe— la chica fue a despegar los labios, pero la pelirroja no la dejó— Y una cosa más.

Tonks observó todos sus movimientos. Como cogía un puñado de polvos apretando la mano con fuerza, como se encogía y se metía en la chimenea de la cocina, y como la miraba.

— Por favor, no le digas a mi madre la verdad— comentó atropelladamente y antes de que Tonks pudiera preguntarle a qué se refería, exclamó— ¡Mansión Zabini!

Y rápidamente, arrojó los polvos, haciendo que una llamarada verdosa la consumiese.

Tonks se quedó en silencio mientras escuchaba como Molly Weasley subía las escaleras velozmente para ir a buscarle una chaqueta a Ginny y a saber qué más.

''Mansión Zabini''— resonaba una y otra vez en su cabeza, pero como si nada, se llevó la taza de té a los labios y le dio un sorbito. Había percibido tal seguridad en los ojos de Ginny, que no se preocupó. Además, estaba en esa edad… que era inevitable que dijese algunas mentirijillas de vez en cuando. Había oído hablar de la señora Zabini porque era una bruja muy famosa y sabía que tenía un hijo. Quizás era el novio de Ginny, así que no tenía que inquietarse mucho.

— ¡¿Dónde está?!— exclamó Molly jadeando cuando entró en la cocina— ¡¿Ya se ha ido?! ¡Has dejado que se marche! ¡Mis hijos van a matarme un día de estos!

Y tal como lo dijo, se desplomó en una silla, agotada. Veía a sus hijos muertos, en todas partes y después de lo sucedido a Arthur, no era seguro que deambulasen por ahí. Sabía que acabaría arrepintiéndose de haber dejado a Ginny a sus anchas. De hecho, ya lo hacía.

Tonks esbozó una sonrisa alentadora.

— Tranquilízate Molly. Ginny ya es mayor. Ya verás, estará bien y volverá mañana sana y salva.

Y cuando la angustia de la señora Weasley se hubo disipado un poco, ambas continuaron tomando el té, charlando y comentando los problemas inminentes que las acechaban.

Mientras tanto…

Los polvos flu hicieron su trabajo y Ginny apareció en la chimenea del salón de la mansión de Blaise Zabini. Exaltada, se apartó, sacudió un poco el polvo de su ropa y alisó su camiseta mientras miraba alrededor en busca de Zabini, pero no había absolutamente nadie. Sólo estaba ella, en una gran sala, bastante luminosa y de gran tamaño, acompañada del silencio que inundaba las paredes.

La decoración, aunque opulenta, era refinada y tanto los muebles como los cuadros, tapices y todo lo que contenía, encajaban armoniosamente en la estancia. Ginny se detuvo frente a un retrato en el que aparecía una hermosa mujer de tez oscura sonriendo. Sin duda era la madre de Zabini. Pese a que no la había visto nunca, le resultó muy atractiva, pero sobre todo, acaudalada y con clase. Sólo había que fijarse en el vestido y las joyas que llevaba. Inmediatamente se arrepintió de haber ido a ver a Zabini. Era una locura, ¿en qué mierda había estado pensando cuando había tomado esa decisión? Hasta que no había visto el lujo en el que él vivía no había sido consciente. Fue como despertar de un bonito sueño para volver a la cruda y maldita realidad. No es que se avergonzase de la Madriguera, bueno un poco sí, para qué iba a engañarse. No podía evitar preguntarse a sí misma, ¿qué pensaría Zabini si fuese a verla? No era una pregunta a la que tuviera que darle muchas vueltas. Probablemente saldría corriendo.

Quería largarse, sí, pero otra parte de ella la obligaba a quedarse. Ya no podía irse. Había engañado a su madre y se había arriesgado a ir a ese lugar, así que armándose de valor, se acercó a las puertas que daban al pasillo principal y fue explorando las habitaciones en busca de Zabini. Encontró una gran puerta al fondo, pero curiosamente cuando intentó abrirla, estaba cerrada, así que continuó buscando. Conforme iba explorando, la tristeza en ella iba aumentando y cuanto más admiraba la casa, más afligida se sentía.

¿Qué era lo que había entre ellos? ¿Se trataba de un capricho banal que finalmente acabaría consumiéndose? No, ella no lo veía así.

Pero Zabini, con todas las que había estado, siempre había actuado de la misma manera y ella no sería la excepción aunque lo desease fervientemente.

Sin saber cómo, acabó en una gran sala en la que el techo y las paredes eran de cristal, repleta de exuberantes plantas tropicales que casi rozaban el techo acristalado. La luz solar incidía en el agua de una enorme piscina ubicada en el centro del salón. Incluso había una zona de descanso con butacas y otomanes tapizados de alegres colores. De repente, un movimiento brusco en el agua llamó la atención de Ginny y supo que Zabini estaba allí al ver una sombra surgiendo del fondo de la piscina.

Blaise, que llevaba largo rato nadando con tal de abstraerse del aburrimiento que lo había estado agobiando esos últimos días, salió a la superficie para coger aire, pero se quedó sorprendido al ver a Ginny Weasley plantada frente a él con una mochila colgando de los hombros.

— ¿Weasley?— rápidamente comenzó a nadar en su dirección y cuando llegó al bordillo de la piscina, se impulsó para salir— Pensaba que no ibas a venir.

Ginny se quedó en blanco, literalmente con la boca abierta cuando lo vio salir del agua, pero no tuvo más remedio que reaccionar cuando él se acercó y completamente empapado, la abrazó haciendo que la ropa se le mojase. La pelirroja comenzó a forcejear y a maldecirle cuando se percató de que lo había hecho a propósito para fastidiarla.

— Te dije que vendría— espetó cuando por fin consiguió que la soltara— ¿Te das cuenta de lo que has hecho, Zabini? No me he traído más ropa. ¿Qué voy a hacer ahora?

Blaise sonrió de forma ladina pero evadió su pregunta.

— ¿Hasta cuándo vas a quedarte? Por cierto, ¿cómo has venido? ¿Por la chimenea?

— Sí, y… mañana tengo que volver a…casa— dijo carraspeando— Sobre el medio día más o menos.

Blaise frunció el ceño. Eso era muy poco tiempo, pero seguramente a ella le había resultado difícil ganar esas horas, así que no replicó. En silencio, se aproximó a la butaca donde había dejado una toalla, se secó un poco y se puso unas zapatillas.

— Ven, sígueme.

— ¿A dónde vamos?— preguntó ella.

— A mi habitación, te prestaré algo de ropa, pecosa.

Y Ginny no se negó. Su habitación. No era necesario que le preguntase si le apetecía verla. La curiosidad casi la estaba matando. Durante esos últimos días, había estado imaginándose cómo sería el dormitorio de Zabini. Era algo que le resultaba demasiado atrayente, como si se tratase de un paraíso prohibido al que no debía entrar. Así que, emocionada, siguió los pasos del chico, obviamente sin dejar de contemplar el resto de la casa. Las escaleras de mármol que llevaban a la segunda planta se le hicieron interminables, y el largo pasillo que tuvieron que atravesar después, aún más. Todas las puertas de las habitaciones estaban abiertas, así que aprovechó la ocasión para apreciar de soslayo el esplendor de la casa.

— Zabini, ¿por qué está cerrada la habitación que hay abajo? Antes, cuando intentaba encontrarte, no podía abrir esa puerta. ¿Qué hay tras ella?

No supo por qué, pero él aligeró el paso inmediatamente.

— La biblioteca. No hay nada interesante que ver ahí, Weasley.

Ginny no insistió en el tema al percibir la frialdad de sus palabras y hasta que no llegó a su habitación no volvió a abrir la boca.

— Vaya— murmuró fascinada al entrar en el dormitorio. Era como lo había imaginado, o incluso mejor. Unos grandes ventanales daban a un balcón y además, tenía una cama enorme. ¡Y dormía solo! Sin hermanos por todas partes que roncasen o lo molestasen— Tienes suerte.

— Yo no lo veo de la misma forma— murmuró acercándose a un armario para buscar algo de ropa.

— ¿Cómo dices?— preguntó Ginny, que no había entendido sus palabras.

— Nada, déjalo. Ten, ponte esto— comentó sacando del armario un negro albornoz de seda bastante suave.

Ginny lo cogió y le resultó muy agradable al tacto, así que no se lo pensó mucho, dejó la mochila en el suelo y comenzó a quitarse la camiseta humedecida por el agua. Blaise, con la excusa de que estaba en su habitación, se quitó los calzoncillos empapados, y completamente desnudo, buscó tranquilamente unos secos en el cajón donde tenía guardada la ropa interior.

Ginny se sonrojó violentamente al verle y sin saber por qué se dio la vuelta y continuó quitándose la ropa con manos temblorosas, dejándose el sujetador y las braguitas. Luego se cubrió rápidamente con el albornoz y se lo ató fuertemente. ¡Joder! ¿Por qué se ponía tan histérica? Si ya lo había visto varias veces desnudo, pero aún así, que él se exhibiese con tanta calma, la sacaba de quicio. Bueno, estaba en su casa… no podía reprenderle nada. Además, le gustaba lo que estaba viendo.

Blaise soltó una risita por lo bajo cuando la miró de reojo y se fijó en que estaba tan roja que parecía que iba a explotar de un momento a otro. Aún así, se puso los calzoncillos y buscó otro albornoz de seda, de un color verdoso.

— ¿Estás mejor ahora? ¿O tienes frío?— dijo él acercándose a Ginny, la cual había tenido que sentarse en el borde de la cama al sentir que iba a desmayarse del sofoco repentino que la estaba invadiendo.

— No, no. Estoy bien— murmuró. Ella quería besarle, ahí, ahora, en ese momento. ¡¿A qué estaba esperando?! Ya ni siquiera recordaba la última vez que había sentido el calor de sus labios, pero Zabini parecía tener otros planes.

— Ven, te enseñaré la casa.

Ginny asintió a regañadientes. Ahora no quería ver la casa. Lo necesitaba a él. No iban a estar juntos ni siquiera veinticuatro horas. ¿Por qué Zabini se empeñaba en perder el tiempo? En Hogwarts no podrían estar juntos ni lograrían tener un poco de intimidad. Aún así, se resignó y lo acompañó, haciendo un recorrido por toda la mansión que ocupó parte de la tarde. Blaise no se dejó ningún rincón sin explorar, pero hubo una habitación que no le mostró.

La biblioteca.

Ginny se extrañó. Zabini le había dicho que allí no había nada interesante. Nada que mereciese la pena ver. ¿Entonces por qué no se la enseñaba? Aún así, se tragó esa pregunta y no se atrevió a formularla. Cansados de vagar por la casa fueron al salón y observaron por la ventana como empezaba a oscurecer. Blaise se sentó en el sofá y Ginny se acomodó junto a él. En ese momento se fijó en la chimenea por la que había llegado, y vio el retrato de un hombre.

— ¿Es tu padre?— preguntó en voz baja e inmediatamente sintió que Zabini se quedaba muy rígido.

— No. Mi padrastro— dijo con amargura— El de ahora. Pero ya han pasado muchos retratos por ahí.

Ginny se quedó en silencio. Lo mejor era no seguir indagando, pero no lo podía evitar.

— ¿Cuántos padrastros has tenido, Zabini?— poco a poco lo miró a los ojos intentando darle a entender que si no contestaba a esa pregunta, no se enfadaría.

Blaise suspiró. Sentía un nudo en la garganta, joder. Una de las razones por las que no había invitado nunca a nadie a su casa era por las putas preguntas. No quería verse obligado a dar información sobre su familia, pero Weasley… era diferente. Si sólo hablaba del tema de forma superficial, ella no descubriría nada.

— He perdido la cuenta— dijo intentando parecer indiferente, pero Ginny continuó mirándolo con la misma intensidad.

— ¿Y tu padre? ¿Qué le ocurrió?

— Murió— espetó tajante.

Ginny abrió la boca pero volvió a cerrarla. Se movió un poco hasta estar más cerca de él y se echó el pelo hacia un lado.

— ¿Y tus padrastros?

— También han muerto.

Ginny no supo qué decir en esa ocasión. Quería decirle que lo sentía, pero no encontraba las palabras adecuadas para expresarse.

— Tu madre…— musitó en un hilo de voz— debe sentirse muy triste.

Blaise soltó una risa cáustica.

— No te imaginas cuánto— comentó con ironía— Pero… en fin, siempre acaba superándolo. No he visto mujer más fuerte—''Ni más ambiciosa''— pensó. Estaba jodido, tenía que cambiar de tema de conversación. Si Weasley seguía preguntándole iba a estallar, ella se largaría y no quería quedarse solo.

— ¿Y tú? — inquirió Ginny alejándole de su reflexión.

Blaise se quedó en silencio y Ginny se sintió obligada a hacer hincapié.

— ¿Tú…lo has superado?

Sus miradas se encontraron. Blaise miró a Ginny. Y Ginny lo miró esperando una respuesta. Una respuesta que nunca llegó, porque inmediatamente, Blaise la besó. Con su boca sobre la de ella, fue empujándola hasta que consiguió recostarla en el sofá y se entretuvo en sus labios, rozándole sutilmente la punta de la lengua hasta que logró que ella se olvidara por completo de la pregunta que le había hecho y consiguió que se fundiese en el placer que él le estaba ofreciendo.

Aún así, Blaise sintió que sus emociones salían a la superficie, golpeándole y provocando que su pulso temblase. Dentro de él se estaba librando una batalla entre el deseo y el miedo. Miedo porque veía que ella estaba acercándose demasiado a la puta verdad. Rápidamente se apartó, sacudido por una repentina ráfaga de pánico e intentando parecer sosegado, se levantó y carraspeó, dejando a Ginny lánguida y mareada.

— ¿Te apetece cenar?— más que sugerencia, sonó a exigencia.

Ginny no supo cómo tomarse su reacción. No la había besado durante toda la tarde y ahora que por fin lo hacía… ¿a qué venía que se pusiese tan alterado? Usando la misma energía generada por los nervios, asintió cabizbaja, se levantó del sofá y lo siguió a la cocina. Después de todo, no tenía más remedio. No entendía por qué Zabini estaba alargando el momento cuando era indudable que lo anhelaba tanto como ella pero...tenía que ser paciente. Era lo mejor.

Cuando entraron en la cocina, Ginny se fijó en que había dos elfos domésticos preparando la cena pero no se esperó en absoluto que Blaise se acercase a ellos, los echase e inmediatamente comenzase a cocinar él. La pelirroja, boquiabierta y curiosa, se aproximó para ayudarle.

— ¿Desde cuándo sabes cocinar, Zabini?

Blaise advirtió la sorpresa en su mirada y no pudo evitar reírse ásperamente.

— Desde hace algún tiempo— dijo preparando los ingredientes y utensilios sobre la encimera. Teniendo en cuenta que no podía hacer magia en vacaciones, no le había quedado otra que aprender a cocinar al estilo muggle, ¿quién lo hubiera dicho? Pero prefería hacerlo por sí mismo. Desde que había descubierto hasta dónde era capaz de llegar su madre, había tomado la decisión de que lo mejor era preparse él mismo su comida.

— ¿Y por qué no dejas que hagan la cena tus elfos?— a Ginny le extrañó bastante su reacción. En la Madriguera, su madre era la que siempre cocinaba, y ella le había ayudado en incontables ocasiones. No comprendía cómo Zabini, teniendo esa ventaja, rehusaba aprovecharse de ello.

Blaise se sentía cómodo con su cercanía pero aún así mantuvo el semblante taciturno.

— Prefiero hacerla yo— espetó intentando no cortarse con el cuchillo— Además, me gusta cocinar.

Era verdad. Aquello había empezado por miedo a morir envenenado, por temor a no poder confiar en nadie, pero al final, había terminado agradándole. Es más, disfrutaba y se olvidaba un poco del triste vacío que había en su vida. Aún así, los elfos domésticos que vivían en su casa, no dejaban de rondar por la cocina, insistiendo en encargarse de todo, pero él no lo permitía. Hacía tiempo que él podía valerse por sí mismo en ese aspecto, y daba las gracias a Circe.

Ginny lo miró de hito en hito. Jamás se hubiese imaginado que Zabini supiese cocinar. Es más, pensaba que vivía a expensas de que los demás se encargasen de él, pero no era así. Ciertamente pasaba de todo, parecía que los demás no le importaban en absoluto, pero cuanto más lo admiraba Ginny, más confusa se sentía. Había algo en él que se le estaba escapando, como una ilusión escurridiza entre sus dedos. ¿Si supuestamente, todo le resultaba indiferente, por qué le había dicho que la necesitaba? ¿Por qué la había invitado a su mansión?

Tenía que averiguar de una vez por todas qué era lo que lo atormentaba, qué era lo que le frustraba hasta el punto de haberle hecho llorar con tanta aflicción semanas atrás, pero no podía preguntarle directamente a él. Además, seguía sin comprender por qué se ponía a la defensiva cuando sacaba el tema de su madre.

Cuando por fin dejó las cavilaciones a un lado, se percató de que Zabini ya lo había preparado todo, había servido la comida en una mesa y había retirado las sillas para que se sentasen.

— Tiene muy buena pinta— murmuró sonrojada cuando se sentó a la mesa y se fijó en todos y cada uno de los platos. Olían de maravilla, y no sólo eso, la presentación era delicada y atrayente. Cuando finalmente, se atrevió a coger un cubierto y probó la carne que había en su plato, comprobó que estaba deliciosa.

— Está buena, ¿verdad Weasley?— dijo Zabini jactándose. Con tranquilidad cogió una copa de vino de las que había servido y la saboreó, esperando el veredicto de la pelirroja.

Ginny entornó los ojos al ver lo altivo que se ponía de pronto y bebió de su copa, pero antes de darle una respuesta, Blaise añadió:

— Bueno, en un principio no es que se me diese precisamente bien pero… supongo que he ido mejorando con el tiempo.

— Ahh— suspiró Ginny azorada. No sabía si era por nerviosismo o porque sin darse cuenta se había bebido demasiado rápido la copa de vino, pero tenía las mejillas muy calientes— Por cierto, esto está muy rico, ¿qué se supone qué es?— añadió cuando se hubo terminado el primer plato y comenzó con el segundo. Parecía una especie de crema anaranjada con verduras y el sabor era tan sumamente intenso que le explotó en la boca.

Blaise se rió con astucia.

— Puré de elfo.

A Ginny se le cayó la cuchara sobre la mesa y tuvo que servirse un poco más de vino para que se le pasase el ataque repentino de tos que la había estremecido.

— Eres un capullo— espetó cuando por fin se hubo recompuesto un poco, pero inmediatamente soltó una carcajada.

Y así, entre risas, transcurrió la cena hasta que ambos quedaron saciados. Ginny se sentía mareada, quizás porque llevaba dos o tres copas de más, pero cuando vio que Zabini se levantaba de la mesa y le daba la mano, se puso en pie tambaleándose un poco y lo acompañó. Ya había oscurecido por completo y si no hubiera sido por la luz de los candelabros que iluminaba toda la mansión, Ginny probablemente se hubiese tropezado.

— Vamos a bañarnos— dijo Blaise cuando entraron en la sala donde se encontraba la piscina y comenzó a deshacer el nudo de su albornoz para quitárselo.

— ¿Te has vuelto loco, Zabini? Acabamos de cenar— comentó Ginny— Y... seguro que está muy fría.

— Ya verás, no esta fría, pecosa. Quítate la ropa— al fijarse en que la chica no reaccionaba, recalcó:

—Toda la ropa.

Ginny sintió como la sacudía la excitación y lo miró a los ojos, mayormente porque él ya se había quitado el albornoz e iba a comenzar a bajarse los calzoncillos. Prefería no centrar mucho su atención en ciertas partes, al menos de momento. Antes tenía que tranquilizarse.

— A-Ahora… vengo, Zabini— tartamudeó alterada— Necesito ir al cuarto de baño. Volveré enseguida.

Y tal como lo dijo, desapareció de la sala. Blaise se rió de forma mordaz y cuando se hubo desvestido y dejado la ropa sobre una butaca, se zambulló en la piscina.

Ginny, por su parte, fue buscando por el frío corredor, de puerta en puerta, hasta dar con el cuarto de baño, y rápidamente se encerró en él. Intentando controlarse, abrió el grifo del lavabo con manos temblorosas, se echó un poco de agua en la cara y jadeando, se miró al espejo.

Nunca podría ni lograría alcanzar a Zabini. Había una barrera que los separaba y no sabía cómo romperla. Inmediatamente, su estómago sufrió un vuelco ante ese pensamiento. Ella había aprendido a reprimir sus sentimientos hacia él, pero… esa noche iban a estar juntos. Solos. El dolor en su estómago se desplazó hacia abajo hasta llegar a sus malditas piernas. Agitada, suspiró y comenzó a pasearse de un lado a otro del cuarto de baño.

Lo único que la había ayudado a reprimir sus sentimientos por Zabini era el miedo a que él le rompiese el corazón. Pero en ese momento, ni ese mismo miedo había podido impedir que se sintiese tan afectada por su cercanía, tan atraída por su deseo... y no sólo por eso, sino por todo él. Las rodillas comenzaron a flaquearle y la garganta se le atascó. ¿Qué ocurriría una vez que ellos pasaran toda la noche juntos? Era consciente de que se reforzaría esa conexión y afecto que estaba empezando a sentir por él, y ni siquiera sabía si iba a disponer de la voluntad suficiente como para ser capaz de marcharse al día siguiente. Pero a pesar de sus miedos, no podía evitar el revoloteo de anticipación. Esa noche, le tendría sólo para ella. Lo único que debía hacer era abandonarse y disfrutar, manteniendo su corazón al margen, así que rápidamente se miró una vez más al espejo, se pasó los dedos por el cabello y antes de que desapareciese el poco coraje que había logrado reunir se encaminó hacia la puerta y la abrió con determinación, dispuesta a olvidarse del mundo.

Blaise había perdido la noción del tiempo sumergido bajo el agua, y cuando por fin salió para volver a coger una bocanada de aire, se encontró con que Weasley ya había vuelto. En silencio, la observó y se dio cuenta de que parecía más tranquila que cuando se había marchado. De hecho, en su mirada podía verse reflejada claramente una valentía que antes no había existido. Muy despacio, salió de la piscina y fue acercándose a ella hasta estar a su altura. Sus miradas se sostuvieron durante unos segundos en los que a Ginny se le aceleró el corazón y sin decir una sola palabra, Blaise comenzó a desvestirla con lentitud hasta dejarla completamente desnuda y vulnerable, y ella, con manos vacilantes, deslizó las yemas de sus dedos por el torso desnudo de él y sintió el exultante sabor de la victoria cuando sus abdominales temblaron bajo su roce.

— Vamos a ir despacio, Weasley...no quiero que esto se acabe— murmuró cogiéndola de la mano y llevándola al filo de la piscina.

— Yo tampoco— dijo con voz temblorosa y cuando vio que se metía en la parte del agua que no cubría, no tuvo inconveniente en seguirle.

Blaise la arrinconó contra una de las paredes de la piscina y Ginny se sintió indefensa ante sus caricias y ante el hambre que brillaba en sus ojos. Él cubrió los labios con los suyos muy despacio, acariciándolos en un principio y los humedeció brevemente con la punta de la lengua justo antes de aprisionar con sus dientes su labio inferior.

Ginny tembló y gimió al sentir que él le acariciaba los muslos por debajo del agua mientras sus embriagadores e irresistibles besos le robaban el poco valor que le quedaba. Se estaba perdiendo, ahogándose en el sabor de sus besos. Necesitaba tocarle, sumergirse en cada una de las sensaciones que la estaban consumiendo. El aire a su alrededor estaba humedeciéndose con la desesperación que le inspiraban sus caricias y sus suaves mordiscos. ¿Cómo podía decirle Zabini que iba a ir despacio? Tenía ciertos límites y no sabía si iba a lograr controlarse en esa ocasión.

— Tus labios están jodidamente dulces, Weasley— murmuró Blaise hundiendo los dedos en sus caderas, como si acaso tuviese miedo de que ella se marchase, pero lo único que consiguió con ese gesto fue que Ginny lo abrazase— Y quiero saber… lo dulce que puedes llegar a ser. Lo necesito.

Ginny no respondió pero se asustó cuando él la sujetó aún más fuerte y haciendo acopio de su fuerza, la alzó sacándola del agua y la sentó en el bordillo de la piscina, separándole un poco los muslos para colocarse entre sus piernas. Ella se estremeció cuando se dio cuenta de cuáles eran sus intenciones y más aún cuando supo que no tenía escapatoria. Él la había hecho sentirse hambrienta, mareada, pero sobretodo, había conseguido que también le necesitase.

— Tranquilízate, Weasley— susurró él contra uno de sus muslos al notar que temblaba un poco, pero Ginny inmediatamente se puso firme.

— Si lo que pretendes es intimidarme, no vas a conseguirlo Zabini.

Pero él hizo caso omiso a sus palabras, la agarró con una mano de la muñeca para que no se moviese si era lo que pretendía y comenzó a deslizar los labios por su sexo.

Ginny se estremeció cuando sintió el roce de su boca. Se sentía indefensa, abrumada por la dulce sensualidad de observarlo mientras él la besaba, extasiada por el calor de sus labios y su lengua. Aquello era mucho más adictivo y embriagador que cualquier otra cosa y la boca de Zabini ardía y encendía un fuego dentro de ella que amenazaba con destruirla.

Blaise le sostuvo las piernas, separándolas un poco más y la devoró con deseo hasta que percibió que ella iba a perder el control. Tomándose su tiempo, besó y lamió, hasta que esparció el fuego que él sentía por su ardiente intimidad y le acarició los muslos con tal destreza y suavidad que Ginny empezó a jadear y a arquearse contra su boca. Estaba sintiendo tanto placer que no podía soportarlo. De hecho, no quería hacerlo. Necesitaba mucho más para alimentar la llama que la estaba abrasando por dentro. Quería llegar al orgasmo, pero cuando él estuviese enterrado en ella. No en ese momento.

— Blaise, por favor— suplicó agarrándole del pelo— Llévame a tu cama, ahora.

Zabini apartó la boca de su sexo nada más oír su nombre, la miró a los ojos y sonrió mordazmente.

— He estado esperando toda la puñetera tarde a que me lo pidas— y tal como lo dijo, salió del agua, la cogió en brazos y completamente empapado e intentando no resbalarse, atendió a su petición. Joder, ya no podía más. Pensaba que nunca iba a pedírselo pero por fin lo había hecho.

Ginny observó como el suelo se mojaba con cada paso que Zabini daba y no supo cómo demonios logró subir las escaleras de mármol con ella en brazos. Tenía un poco de frío por estar empapada, pero la calidez de su pecho hizo que se olvidase hasta de su nombre.

Cuando Blaise por fin atravesó el pasillo dejando a su paso la alfombra hecha un desastre, le dio una patada a la puerta de su dormitorio, la cual estaba entreabierta y cuando entró, dejó caer a la pelirroja en su cama. La luz de la luna se filtraba a través de las cortinas y cuando Ginny advirtió la lujuria en sus ojos, no pudo soportarlo, le pegó un empujón y se puso encima de él.

Blaise se rió. Joder, eso era lo que él quería. Ansiaba sentirla ardiendo de placer por él, saborear la caliente necesidad en su boca, oír como gemía una y otra vez su nombre hasta correrse y follársela hasta que ella no pensase en nada ni en nadie que no fuese él. Soltando un gruñido, la hizo rodar y nuevamente él quedó sobre ella.

—Weasley— dijo presionando los labios contra su hombro, dejando que su boca acariciase y humedeciese la zona donde se encontraban sus pecas.

—Qué— gimió Ginny deslizando la mano por su torso en busca de su miembro, pero él la sujetó de la muñeca.

—Espera— clavándole la mirada con una intensidad que la hizo estremecerse, la cubrió con su cuerpo y le mordisqueó los labios, atormentándola aún más— Ahora quiero besarte — añadió entre besos y con suavidad, le agarró las manos.

—Odio que me hagas esto— dijo siendo consciente de que no podía controlar sus jadeos.

Blaise la ignoró y fue moviendo la boca hacia abajo por su cuerpo, haciendo círculos con la lengua sobre sus pechos con besos suaves y calientes.

—Voy a conseguir que jamás olvides esta noche, Weasley— susurró con voz ronca sin soltar sus manos y deslizó la lengua sobre uno de sus pezones, haciendo que a ella se le nublasen los pensamientos.

Ginny se aferró a sus manos, desesperada, y notó que él pasaba a su otro pezón.

—No creo que pueda… olvidarla— musitó con los ojos cerrados pero enseguida se le escapó un grito al sentir la presión de su miembro contra su sexo.

Sin embargo, Blaise decidió esperar un poco más. Con un movimiento suave, volvió a aproximar la boca a sus labios haciendo que ella se retorciese y se agitase al sentir que empezaba a crecer una vorágine de sensaciones que la estaban abrumando. Ginny sentía que el aire de la habitación estaba sobrecargado como para poder respirar y tuvo que inhalar y exhalar profundamente para recomponerse. Ambos, empapados, resbalaban el uno sobre el otro.

Ginny arqueó el cuerpo y notó como una vez más, un gemido se escapaba de sus labios al sentir como Zabini se hundía en ella. Ya ni siquiera percibía dónde se encontraba, ni el calor que la estaba derritiendo. Sólo podía sentirle a él.

Cuando notó sus movimientos lentos pero constantes se mordió el labio y una vez que él fue aflojando su agarre, lo abrazó y deslizó las manos por su espalda hasta llegar a su cabello.

—No pares hasta que… —dijo cuando él se detuvo por un instante pero inmediatamente Blaise aumentó la presión, arrancándole un grito.

—No puedo ni voy a hacerlo, Weasley.

Y tras esas últimas palabras, la besó, haciendo que una oleada de emociones se apoderasen de Ginny hasta quedar presa de la más pura lujuria.

Ambos se revolcaron violentamente por la cama, sacudiéndose y moviéndose entre las sábanas hasta que Ginny terminó encima de él e inmediatamente, Blaise la arrastró con manos temblorosas hacia su boca para volver a devorarle los labios. Iba a estallar, y se sentía tan jodidamente abrumado que no sabía si iba a poder soportarlo cuando se corriese, pero necesitaba más. Su cuerpo se lo pedía a gritos. Era como si no hubiese follado nunca, como si fuese la primera vez que lo hacía.

Sólo que en esa ocasión, no había sido por dinero ni con una prostituta, sino con ella.

Con Weasley.

Y eso era suficiente aliciente como para hacer que se sintiese reconfortado y feliz por una puta vez en su vida.

—Mírame, Zabini—susurró ella apartándose un breve segundo de sus labios. Su pecho se sacudía con cada suspiro y con cada una de sus embestidas— Por favor, Blaise.

Blaise, aturdido y excitado, se apartó de su boca para mirarla a los ojos y al ver que sus pupilas estaban dilatadas, no pudo contenerse. Es más, aunque lo hubiese intentado, no lo hubiera conseguido. Los espasmos de su orgasmo hicieron que todo su cuerpo comenzase a temblar y Ginny, nada más sentir el agradable calor de su clímax dentro de ella, se arqueó con fuerza hasta que notó que su deseo por fin culminaba.

Consumida, Ginny cayó sobre él y aunque lo intentó con todas sus fuerzas, no pudo moverse por unos momentos.

— Weasley…— murmuró él acariciándole lánguidamente los hombros. Sin saber cómo habían terminado en el otro extremo de la cama. Las mantas y sábanas estaban esparcidas por el suelo y el colchón se había humedecido a causa del agua y el sudor— ¿Te quedan fuerzas?

— No, por qué...—jadeó hundiendo el rostro en su cuello— ¿Quieres hacerlo otra vez?

Blaise soltó una suave risa y se movió poco a poco.

— Weasley...tu pregunta no necesita respuesta.

Ginny se rió cuando él volvío a colocarse sobre su cuerpo. No supo cómo, pero tanto ella como él perdieron la noción del tiempo y al fin la tenue y cálida luz que entraba por los ventanales fue el anuncio de que finalmente había amanecido. Blaise, sudoroso y jadeante, descansaba junto a Ginny, intentando recuperarse. Ambos habían pasado la noche satisfaciendo las necesidades del otro y susurrándose palabras excitantes al oído.

Ginny podía sentir un dolor punzante en su corazón, un dolor que tenía miedo a experimentar si algún día Zabini se cansaba de ella, pero esa mañana él no se había apartado. De hecho, la estaba abrazando y acariciando, algo que en otro momento hubiese considerado extraño.

Blaise, que parecía haberse recompuesto un poco, se levantó al oír el rugido de las tripas de la pelirroja.

— Será mejor que vayamos a desayunar, Weasley— dijo entre risas y Ginny, avergonzada, lo fulminó con la mirada. Cansada y algo somnolienta, se sentó en la cama y miró como Zabini se paseaba desnudo por la habitación y abría el armario.

— Toma— comentó Blaise arrojándole un albornoz parecido al que se había puesto el día anterior. Ginny lo cogió al vuelo y comenzó a ponérselo sin apartar la vista de él, que estaba de espaldas, rebuscando entre la ropa del armario. Ella no podía dejar de observar su trasero. El mismo que había tenido que enjabonarle meses atrás en el vestuario de Slytherin.

Blaise, cuando encontró el albornoz rojo que estaba buscando, se giró y la sorprendió devorándole con la mirada pero no dijo nada y ahogó una risa. Estaba deseando desayunar para reponer energías y volver a la cama. Quedaban muy pocas horas para que Weasley se fuese y no podía desperdiciar el poco tiempo que les quedaba.

— ¿Qué vas a preparar para desayunar?— preguntó Ginny mientras se vestía y se ponía unas zapatillas que le quedaban bastante grandes.

Blaise, que también estaba ansioso por comer algo, le sonrió y ambos salieron de la habitación.

—Pues…déjame pensar…— murmuró indeciso cuando iban caminando tranquilamente por el largo pasillo en dirección a las escaleras— ¿Qué te parecen las tortitas de elfo? Me han dicho que están muy buenas.

— ¡¿De verdad?! ¿Y desde cuándo sabes cocinar tortitas de elfo supuestamente? ¡Que te den!— masculló Ginny conteniendo la risa en vano y alzó la mano para intentar golpearle, pero él no esperó a que lo hiciera y comenzó a correr escaleras abajo, así que ella no tuvo más remedio que perseguirle. Iba corriendo tras él, jadeante, con una de esas sonrisas tontas que se le dibujaban en el rostro en ciertas ocasiones, pero su alegría se esfumó cuando de repente, en la planta baja, Zabini se paró en seco frente a la puerta de la biblioteca, la cual estaba abierta. Ginny frunció el ceño confusa y caminó hasta estar lo suficientemente cerca como para preguntarle.

— Zabini, ¿qué pasa?

Pero se quedó en silencio al ver que la señora Zabini estaba allí, de espaldas, ricamente ataviada mientras servía varias copas en un mini bar.

— Qué haces aquí— las palabras de Blaise sonaron cortantes.

La madre de Zabini, con una copa en la mano, se giró nada más escuchar la voz de su hijo pero se sorprendió al ver que había alguien con él. Aún así, no se inmutó ni alteró su semblante, sino que esbozó una falsa sonrisa.

Avergonzada, Ginny intentó dar un paso hacia atrás pero no pudo retroceder porque Zabini la agarró fuertemente de la muñeca, como si no quisiera que se apartase de él. La pelirroja forcejeó pero no logró soltarse. Qué vergüenza sentía. ¡Por Merlín, iba medio desnuda! No entendía qué hacía allí la madre de Zabini, pero seguramente, al verlos únicamente con un albornoz, sospecharía lo que habían hecho. ¡Quería irse de la mansión inmediatamente...o que la tierra se la tragase!

Blaise suspiró con dificultad e insistió.

— Qué haces aquí.

La expresión de la madre de Zabini cambió repentinamente y se tornó afligida.

— Oh, Blaise. Cariño. Es terrible… pero antes, ¿no vas a presentarme a tu amiga?

A Ginny le pareció advertir un tono de desprecio en la voz de la señora Zabini, pero pensó que habían sido imaginaciones suyas así que no le dio importancia.

— Querida— le dijo a la chica sin dejar de mirar a su hijo, que parecía que no tenía la intención de soltarla— ¿Cómo te llamas?

Ginny se había quedado muda. Ni siquiera sabía si iba a ser capaz de articular más de dos palabras seguidas sin sufrir un ataque de ansiedad, pero al ver la encantadora sonrisa de la madre de Zabini, se tranquilizó y se sintió extrañamente segura.

— Me llamo Ginny, señora. Ginny Weasley.


¡Corre Ginny! ¡Huye! Es irónico, ¿no creéis? Se siente segura cuando debería estar aterrada. En fin, aquí se queda por hoy. Ojalá que hayáis disfrutado tanto como yo con este capítulo. Es uno de mis preferidos, así que espero ansiosa vuestra opinión ;)

*En el flashback de Gregory Goyle... como todos sabéis, en teoría los menores de edad no pueden hacer magia fuera de Hogwarts, pero incluso Rowling puso en el primer libro que Hermione había estado prácticando hechizos durante todo el verano. Realmente, está prohibido hacer magia (a no ser que sea involuntaria), pero me he tomado la licencia de que Draco pudiese conjurar un Reparo, para poder escribir esa escena en concreto.

Como ya dije antes, este capítulo me ha costado un infierno escribirlo y el siguiente va a ser mucho peor, así que agradecería mucho que me apoyaseis con vuestros reviews, y no me refiero a mensajes privados por fanfiction (que por cierto, los he bloqueado), mensajes privados por facebook o comentarios en mis otras historias para decirme que os gusta ésta, sino por aquí ^^

¡Bueno, eso es todo!

ESTE CAPÍTULO VA DEDICADO A LAS QUE ME PUSISTÉIS LA OPCIÓN C o D: Gabriela Cruz, Luladark, Emma Felton, Romaaa, Tsuki-no-Haruka, Giinny Felton, Sam Wallflower, Viridiana, TTaticarri, Lunajely, Daniela Estrada, Tess21, seremoon, ElaSalvatoreCM14, Fersha Malfoy, keki46livecom, princess-alice-malfoy-granger, Ishiro Shizuka, hanilok, rosedrama, Circe Cullen, Raquel1292, FlokesW, MJ777, lizhattu79, Katherine Malfoy, AMY, Jazzy Twilight, Hermy Evans Black, Kary Lupin, Zeydi-Daren, BereLestrange, LuciaMalfoyBlack, GaLu Stark, Jane Meyer, capiroska94, Mei Fanel, Rosee, joss- 12, merylune, Dannythaax Higurashi, Candice Saint-Just, May Traumend, Alesz, Tomoe-99, liliscamander4ever, Saori Haruno y AnniaW.

PREGUNTA PARA EL SIGUIENTE CAPÍTULO: ¿QUÉ VA A PASAR? (2 OPCIONES).

A) En el número 12 de Grimmauld Place se organizará una gran fiesta.
B) Ginny y la madre de Zabini se harán íntimas amigas y se irán de compras.
C) Hermione tendrá noticias de Malfoy.
D) Draco estará muy celoso.
E) Blaise sufrirá.

¡OS DESEO UNA FELIZ NAVIDAD Y QUE TODOS VUESTROS SUEÑOS Y ANHELOS SE HAGAN REALIDAD! :)

PD: ¡VIVA BLAISE ZABINI Y SU BLAISICONDA! (H) ¡FELICES FIESTAS!