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Crystal seguía manteniendo un ojo en ella. Durante toda la mañana, todo el desayuno, que consistía en carne ahumada, carne ahumada y más carne ahumada. Crystal mantuvo la boca cerrada sobre lo que había visto entre el embajador alienígena y ella, cuando los había interrumpido.
Hinata podía decir que estaba ansiosa por decir algo al respecto. Sin embargo, durante todo el desayuno, Sasuke las vigilaba desde su punto cerca de la puerta principal, con los brazos cruzados sobre el pecho y sus piernas abiertas de par en par. La mayoría de las veces, Hinata podía sentir sus ojos en ella, aunque hizo todo lo posible por ignorarlo. Lo ignoraba.
En otros momentos, cada vez que lo miraba y no estaba mirándola, lo encontraba... perdido en su propia mente. No parecía pacífico, aunque su mirada parecía lejana. Parecía cambiar de un lado a otro, sus dedos tocaban un ritmo en sus brazos cruzados y sus labios se movían de vez en cuando.
Parecía inquieto en esos momentos. Aunque cada vez que por casualidad, Hinata lo miró, lo cual, para ser perfectamente honestamente, la mayoría de las veces y se encontró su mirada en ella, estaba quieto. Parecía... presente.
Hinata no pudo evitar preguntarse qué pensaba en esos momentos de inquietud. Se preguntaba qué lo hacía estar así, qué preocupaciones y responsabilidades tenía un hombre como él con las que lidiar. Luego se sacudía, se decía a sí misma que dejara de pensar sobre él, a pesar de que la intrigaba a un nivel que nunca había visto ni sentido antes.
Después del desayuno, Sasuke los dejó solas por un breve momento. Fue durante un momento de inquietud y sin una palabra, salió por la puerta principal, aunque la dejó abierta detrás de él. A través de él, Hinata lo vio ir al balcón de la terraza, donde la agarró con ambas manos, con la cabeza baja entre sus hombros. Como si necesitara un momento de silencio para recomponerse. Hinata lo estaba mirando, sus ojos estaban pegados a él, cuando Crystal de repente susurró.
— ¿Qué demonios está pasando contigo? — Hinata tragó, su atención se desvió de Sasuke a la rubia sentada a su lado en los cojines que rodean el pozo de fuego.
— Nada —Hinata respondió de inmediato— ¿Por qué?
— ¿Por qué? —Repitió Crystal lentamente— Has estado rara toda la mañana. Sin mencionar que cuando entré, tú y ese alienígena... teníais un momento o algo así— Hinata se burló.
— No estábamos teniendo un momento. Por favor.
— Eso no es lo que me pareció —Crystal discutió en tono serio. Solía ser juguetona y optimista, pero en ese momento, su expresión no era ninguna de esas cosas — Por favor dime que tú no serás la siguiente — Hinata se hizo el tonta.
— ¿La siguiente? — Crystal suspiró.
—Hana, Izumi y ahora Hitomi. Sin mencionar a esa mujer llamada Rin. Una por una, se han ido con estos alienígenas y han vuelto... diferentes. Completamente y absolutamente enamoradas. Encaprichadas. Como quieras llamarlo.
— Sin mencionar el gran pene alíen —Hinata intentó bromear.
— Soy seria, Hinata—Dijo Crystal— La forma en que estabas mirándolo esta mañana... — Eso borró la sonrisa burlona de la cara de Hinata. Miró en su plato vacío.
— No tienes nada de qué preocuparte —dijo, tratando de tranquilizar a la rubia preocupada.
Hinata decidió en ese momento no decirle a Crystal lo que había sucedido la noche anterior. Para no decirle lo que ya temía, que algo había cambiado en ella desde el momento en que vio a Sasuke. Que lo que Izumi había dicho sobre una innegable conexión puede ser cierto. Porque Hinata también lo sintió. Y eso la asustaba más que nada.
— Encontrarán esa fuente de combustible —Dijo Hinata, dándose cuenta de que Sasuke estaba alejándose del balcón y regresando a ellas— Y luego nos iremos, de vuelta a la Tierra. Y yo iré a visitarte a Los Ángeles y tú me llevarás a la playa y al Paseo de la Fama y al Concierto de Disney Hall, como dijiste que harías ¿Bien?
Eso trajo una sonrisa a la cara de Crystal, el anhelo por su ciudad de origen evidente en sus ojos.
— Bueno —Cristal dijo, sus hombros cayendo con alivio. Ese centelleo que Hinata había presenciado a menudo durante las últimas pocas semanas volvieron a entrar en los ojos de la rubia y susurró — Dime la verdad sin embargo, deseas totalmente follar con él y ver de lo que todo ese alboroto se trataba.
Hinata se echó a reír. Sasuke estaba a unos pasos de la puerta de frente, pero se congeló cuando la oyó reír, sus ojos negros se acercaron a ella, se estremeció ante su mirada porque todo sobre él, era tan intenso, tan concentrado. Se preguntó cómo era eso en un hombre ¿sería así en el dormitorio? y decidió en ese momento que sería bueno. Malditamente bueno. Hinata no pudo evitar dejar que sus ojos recorrieran su cuerpo, porque seamos realistas... era un buen espécimen masculino.
— Nunca digas nunca —susurró de nuevo.
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Sasuke cerró la puerta principal detrás de él antes de acercarse a su hembra. Estaba parada en el borde de la terraza, con los brazos cubiertos sobre el balcón, mostrando su parte trasera que lo tenía enloquecido desde el primer momento que se había posicionado ella misma de esa manera. Se había mantenido escondido por la ventana como un joven inexperto. Los soles acababan de comenzar su descenso y Sasuke sabía que su tiempo con ella se estaba acabando.
Al menos por ese lapso, Vixron volvería pronto y Sasuke ya había recibido llamadas de Obito para regresar al centro de comando. A Sasuke no le gustaba la idea de mentirle a su amigo, pero sabía que si Obito supiera la verdad acerca de su instinto despertando por Hinata, el Primer Líder se pondría en una situación muy difícil.
Los hombros de Hinata se tensaron al acercarse y frunció el ceño, preguntándose si habría un tiempo en su futuro cuando reaccionará de manera diferente. Porque habría un futuro, tanto que Sasuke estaba seguro de ello.
— ¿Dónde está Crystal? —Preguntó cuándo apareció a su lado, echando una mirada nerviosa a la morada. Sasuke se inclinó de vuelta contra el balcón para que tuviera una línea de visión directa de la casa. Seguía siendo su deber, después de todo, proteger a ambas hembras.
— Duerme —Dijo Sasuke— Duerme la mayor parte del tiempo — Los ojos de Hinata se fijaron en los de él por un breve momento antes de que volviera su propia espalda al paisaje de Konoha.
Se inquietó un poco con él a su lado, poniendo espacio entre ellos. Sasuke lo permitió, aunque su instinto le dijo que estuviera lo más cerca posible de ella. Respondió encogiéndose de hombros y dijo:
— No hay mucho más para hacer. No es como si tuvieras Instagram o libros o Netflix.
Decidió que era algo humano que nunca podría comprender el significado, pero le gustaba escuchar su voz. Le gustó escuchar la suavidad, la forma en que su lengua pronunciaba las palabras de manera diferente de lo que lo hacía él, aunque se estaba sintiendo más cómodo con su idioma. Lo sorprendió cuando continuó, suavemente
— A ella le gusta dibujar. Me dijo eso. Tal vez puedas encontrarle una libreta y una lápiz ¿Tenéis algo así aquí?
— ¿Implementos de escritura manuales? —Preguntó, frunciendo el ceño —Nix, solo tal vez en los archivos. Pero puedo conseguir algo que pueda que sea suficiente. Una Com delgada... un... —buscó la palabra en su lenguaje— Como una computadora en la que puede hacer símbolos e imágenes.
Los labios de Hinata se curvaron hacia arriba y esto hizo que su corazón se acelerara. Le daría a su amiga un millón de coms si eso significaba ver esa pequeña sonrisa otra vez.
— ¿Como un iPad? —Preguntó, sus características empezaron a relajarse. Para Sasuke era obvio que se sentía incómoda con él y le frustraba que no supiera cómo tranquilizarla. Sus experiencias con las mujeres tendían a ser firmemente físicas, porque su mente estaba demasiado preocupada con sus invenciones y programas que no tenía espacio para una compañera.
— No estoy seguro —le confesó.
— No, por supuesto que no lo sabrías —Hinata dijo, parcialmente a sí misma.
Una ligera vergüenza lo llenó. No saber algo era novedoso para Sasuke. Si no sabía algo, aprendía tanto al respecto hasta que lo hacía. Le gustaba el conocimiento, le gustaba la información y estaba acostumbrado a saber. Y el hecho de que supiera tan poco sobre ella, sobre su cultura, sobre su especie y su mundo... era enervante. Le frustraba.
Ya podía sentir un zumbido irritante en su mente ante eso. De hecho y se movió sobre sus pies. No ahora, no ahora, se dijo, cerrando los ojos brevemente para recuperar el control. Cuando no funcionó, todo lo que tenía que hacer era mirar el perfil de su mujer, la forma en que sus labios y nariz suavemente curvados, para callar su mente. Sus músculos se relajaron. Lo vio mirarla pero rápidamente desvió su mirada. Sasuke siempre había sido un hombre directo, por lo que dijo:
— Te pongo nerviosa ¿Por qué? — Hinata hizo un sonido en el fondo de su garganta y lo miró de nuevo. Luego miró con fascinación como su columna vertebral se enderezaba y giró todo su cuerpo para enfrentarlo, girándose lejos de las vistas que había venido a la terraza para ver, como para probar sus palabras equivocadas. Mujer enloquecida, pensó encantado, incapaz de mirar lejos de ella.
— No me pones nerviosa —discutió, su tono de púas. Una advertencia, Sasuke lo sabía pero quería empujar un poco, para ver lo que le devolvía.
— ¿Esto se debe a esta mañana? —Preguntó, tomando un acercamiento —Hinata dejó caer la mirada en el espacio entre ellos, pero se mantuvo firme. Dijo más tranquilamente, su voz un poco mas áspera — ¿O por lo de anoche? Una vez más, hizo un pequeño sonido en la parte posterior de su garganta y fue suficiente para hacer sonreír a Sasuke. Hinata escupió:
— ¡Por supuesto no! No seas ridículo.
— Soñé contigo, mujer —le dijo, dando otro paso más cerca, un delicioso deseo recorriendo su cuerpo— Mi sueño comenzó contigo mirándome desde la ventana, pero terminaste en otro lugar.
Se quedó en silencio, abriendo y cerrando la boca, aunque ningún sonido salió. Sus mejillas se sonrojaron de nuevo de un rojo brillante. Eso no fue lo que hizo gruñir a Sasuke. Porque un momento después, un aroma embriagador e intoxicante encontró sus fosas nasales y envió a su instinto al borde de un frenesí. Su excitación. Hinata apartó la vista de él, volviendo su cuerpo a su posición original, su frente presionada contra el balcón. Sasuke gruñó de nuevo, sabiendo que se estaba retirando cuando la quería en sus garras.
— Puedo oler tu deseo, luxiva—Raspó, esa palabra fluía de su lengua, tan natural como el respirar—Necesitas un compañero. No lo niegues— Hinata contuvo el aliento, su mirada se ensanchó.
— ¿Lo puedes oler? Dios, ¿ya no hay privacidad?
— No conmigo —fijo suavemente. Sus hombros se pusieron rígidos.
— ¿Qué significa eso? —Preguntó ella en su tono tranquilo.
— Lo sientes —murmuró— Después de esta mañana, te conozco. Sé que es así. Quizás las otras hembras ya te hayan dicho lo que significa.
— No tengo idea de lo que estás hablando —le dijo las palabras rápidamente, como si hubiera estado anticipando decirlas, como si las tuviera listas
— La negación no te ayudará, Hinata. No conmigo. No te mentiré.
— Ni siquiera te conozco —lloró— Así que no me importa si me mientes. Y seguro que no me importa si te miento. Sasuke dejó escapar un suspiro.
— No creo que entiendas lo que esto significa. Para nosotros dos. No cambia que mi instinto...
— Detente —Dijo, apretando los dientes. Continuó, empujando hacia adelante, necesitando que entendiera.
— Mi instinto despertó para ti. Por ti, Hinata.
— ¡Detente!
— Sabes lo que significa —Dijo, sus sospechas, contestadas.
Hinata lo miró y sus hombros se hundieron ante el miedo en sus ojos. Odiaba verlo allí, quería quitárselo, pero sabía que no podía Solo ella podía tomar el miedo de sí misma.
— Estás equivocado —Dijo finalmente, con la voz quebrada. Se aclaró la garganta y su tono fue más parejo mientras repetía— Te equivocas, Sasuke — Era la primera vez que decía su nombre, pero juró a los destinos que no sería la última, continuó — Además, me iré pronto. No importa de todos modos una vez que encuentren ese cristal, me iré.
Sasuke gruñó, un suspiro frustrado escapó de su nariz. No entendía que esto era para siempre, no solo una temporal aflicción. La distancia no importaba. Sólo sería ella. Necesitaba cambiar de táctica. Sasuke estudió a su mujer predestinada. Era inteligente, eso era obvio. Tenía una afilada lengua que amaba y hasta garras más afiladas, que amaba más. Sasuke se dio cuenta de que le gustaba ser desafiado. Le gustaba ser probado. Había visto la chispa en sus ojos cuando la había enfrentado por espiarlo anoche. A pesar de su vergüenza, Sasuke sintió que la había intrigado, lo admitiera o no. Podía jugar juegos. Para ganarla, los jugaría muy bien. Y Sasuke tenía muy claro que tendría que ganar a su Luxiva, porque no se lo haría fácil a él.
— Incluso si ese cristal se encuentra alguna vez y se devuelve a la Ciudad Dorada —dijo, sin dejar de mirarla— Te garantizo que para entonces nunca querrás dejar mi lado —se inclinó más cerca, bajando su voz— O el calor de mis pieles.
El shock ensanchó sus ojos, seguido de indignación. Pero Sasuke buscó en su mirada, lo que estaba buscando y lo encontró. Esa chispa que quería, la que hizo que sus labios se levantaran y su pene palpitara con anticipación. Fue recompensado aún más cuando su excitación se hizo aún más evidente, perfumando el aire alrededor de ellos, haciéndolo gruñir cuando sus cuernos comenzaron a alzarse de su corona. Sus ojos grises se estrecharon y luego, muy lentamente, sus labios rosados se enroscaron en una sonrisa, su lengua salió disparada para mojarlos. Las pupilas de Sasuke se dilataron mientras miraba esa lengua, sus músculos crecían debajo de su túnica.
— Bueno, tengo noticias para ti, querido —ronroneó, inclinándose cerca, tan cerca de su pelo cepillo sobre su antebrazo. Sasuke dio un paso adelante con entusiasmo y casi gimió cuando pasó un dedo por el centro de su pecho. Su abdomen se apretó cuando detuvo el descenso allí
— Ningún hombre ha tenido ese tipo de control sobre mí y nadie lo hará jamás — Inmediatamente, su sonrisa cayó y dio un paso atrás, dejándolo tambaleándose, frustrado y dolorido por ella.
Hinata se volvió hacia la vista, aparentemente no afectada por su breve conversación, como si acabaran de hablar del clima y no la posibilidad de follarse. Sasuke ahora lo sabía mejor. Su excitación todavía colgaba en el aire y sus dedos se posaron inmediatamente en el balcón, sus gráciles y largos dedos que se movían a través de la piedra como un baile intrincado. Sonrió. Decidió que la dejaría sola, le daría espacio para reevaluar su situación y lo desesperado que sería negar lo que estaba pasando.
Los destinos simplemente no lo permitirían, pero antes de irse, extendió una mano y acuñó la parte posterior de su cuello, sintiendo la suavidad de su piel y su calor. Sus ojos se agrandaron y sus dedos dejaron de bailar sobre la piedra, tropezando hasta detenerse. Contra su oreja, soltó
— Es una suerte para mí entonces que no sea un hombre humano. Soy un guerrero de Konoha y me he ganado cada cicatriz que cruza mi cuerpo. He luchado y luchado, estoy acostumbrado a la victoria. La espero — Se quedó sin aliento y él se echó hacia atrás para ver su mirada nerviosa. Aunque Sasuke podía decir que intentaba desesperadamente endurecer su voz, todavía se quedó sin aliento mientras comentaba
— Eso suena como una amenaza.
—Nix — dijo, sus ojos tan grises y oscuros que vio su reflejo en ellos— Una promesa. Y te prometo esto, luxiva... te voy a ganar. Ganaré tu alma, tu mente... tu cuerpo —la respiración se lo cortó— Y te gustará — Luego se alejó, dejándola tambaleándose. Mientras caminaba de regreso a la morada, la oyó gritar.
— ¿Y? Sí... bueno... ¡ya veremos eso! — Sasuke sonrió.
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