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— ¿Diez? —Preguntó Hinata, levantando su voz en lo que Sasuke asumió era asombro— ¿Tenías solo diez años cuando saliste de casa para este entrenamiento de guerreros?
—Tev—respondió— Todos los machos deben irse para el entrenamiento guerrero a las diez rotaciones.
— Eso es... eso es una locura —exclamó, sus labios se separaron por asombro— eras sólo un niño pequeño.
De repente, sus ojos se posaron entre ellos para mirar sus brazos expuestos, donde una multitud de cicatrices marcaban su carne. Le había dicho que el entrenamiento de guerrero era... intenso. Asumió que ahí era donde había recibido sus cicatrices. Algunas sí, pero no todas.
— Estas son también de batallas, luxiva—le dijo a ella. Obito le dijo, en secreto una vez, que los humanos tendían a ser más adversos a la violencia y la guerra. Necesitaba pisar con cuidado — Poco después del entrenamiento guerrero completado... nos llamaron a la guerra. No estuve en Konoha durante mucho tiempo.
Estaban sentados en las orillas del arroyo, uno a lado del otro, el muslo de Sasuke presionó contra el de ella. Hinata tenía sus pies pequeños y pálidos en el agua, ya que le había dicho que hacía calor en la montaña. Los miraba a menudo, sintiendo afecto, asombro, el estrechamiento de su pecho. En algunos momentos, todavía no podía creer que había encontrado a su compañera predestinada. En algunos momentos, incluso cuando estaba con él, no se sentía real. Incluso cuando su olor llenaba su nariz, incluso cuando su calor era presionado contra él y su hermosa voz calmaba el zumbido dentro de él, no se sentía real. Suavemente, ella dijo:
— Rin nos contó sobre un ataque a tu planeta. Que mató a vuestras hembras, la mayoría de ellas y dejó el resto... incapaz de tener hijos — La mirada de Sasuke sostuvo la de ella cuando dijo:
—Tev, eso es cierto. Fuimos a la guerra poco después, durante cinco largas rotaciones.
— ¿Tú...? —Hinata comenzó a preguntar, sus dedos agarrando el musgo en su otro lado — ¿Perdiste a alguien?
— Mi madre —Dijo y Hinata contuvo el aliento— Muchas madres y hermanas perdidas y sus mayores. Muchos señores perdidos también, quienes tomaron sus propias vidas para estar con ellas en el mundo negro.
— Lo siento, Sasuke—dijo en voz baja— ¿Perdiste a tu padre también? — Sasuke inhaló un suspiro, su mirada se apartó, la familiar culpa de que le carcomía su pecho.
— Podría haberlo hecho — La vio fruncir las cejas, tal vez confundida por su extraña respuesta, pero no quiso hablar de su padre. No justo en este momento. Quería aprender sobre su mujer. Sasuke cambió el tema y preguntó: — ¿Me dirás sobre tu vida en la tierra?
Hinata frunció el ceño, claramente queriendo que continuara, claramente queriendo pedir más. En cualquier otro momento, podría dejarlo. Sasuke no tenía la intención de tener secretos, no tenía la intención de deliberadamente dejarla en la oscuridad sobre ciertos aspectos de su vida, sin embargo, cuando se trataba de su señor, se avergonzaba. Principalmente acerca de cómo había lidiado con la situación de su padre. No era algo de lo que estaba orgulloso y no quería que le viera su luxiva de manera diferente. No esa noche, su primera noche donde podían estar solos, donde podían hablar y tocarse libremente sin preocupación. Nada. Siendo egoísta, Sasuke la quería para él solo esa noche, sin que nada se interpusiera entre ellos, ni siquiera la larga culpa arraigada. Afortunadamente, su hembra parecía leerlo bien y le permitió el cambio de tema.
— ¿Qué quieres saber? —Preguntó, agitando los pies en el agua.
— Todo — Sonrió de una manera que le hizo sonreír. Una sonrisa tímida que Sasuke nunca sospecharía de una mujer como ella.
— 'Todo' tomaría un tiempo muy, muy largo —señaló. Sasuke dijo en voz baja:
— Es bueno que quiera un muy, muy largo tiempo entonces —Hinata se mordió el labio. Le dijo — ¿Dime que hacías en la Tierra? ¿Cuál es tu profesión? — Su lengua rosada salió para humedecer sus labios y su vientre se apretó de la necesidad
— Soy pianista —dijo. Las cejas de Sasuke se unieron.
— ¿Qué es eso?
—Soy un músico —explicó más lejos— Un piano es un instrumento musical. He estado tocándolo desde que tenía cuatro años. Supongo que puedes decir que es mi vocación en la vida. Mi verdadero talento — Su expresión se suavizó, algo encajándose en su lugar.
— Eso no me sorprende —Comentó.
— ¿Por qué?
— ¿Hay algo acerca de los músicos. Ven y oyen el universo de manera diferente y traducirlo para el resto de nosotros en algo más hermoso — Sasuke no pudo leer la expresión que cruzaba la cara de su mujer a sus palabras. Quizás… ¿reconocimiento? — Tenemos muy pocos músicos aquí en Konoha —Sasuke dijo suavemente— Pero siempre los he encontrado fascinantes. Quizás porque son muy diferentes a mí.
— ¿Cómo? —Preguntó, inclinando la cabeza hacia un lado.
— Prefiero los hechos concretos, los números, las ecuaciones. La base de la tecnología son estas cosas. Ellos son... concretos. Inmutables, pero los músicos, al escucharlos tocar sus instrumentos... — Se desvaneció, encontrando difícil ponerlo en palabras. — Pueden crear algo intrincado, a partir de algo tan sencillo — terminó por él— Notas. Sonidos. Tev. Son creadores. Hacen que otros sientan cosas, cosas inesperadas —Dijo Sasuke— Entonces, nix, no me sorprende que tú seas uno de ellos.
Hinata procesó sus palabras lentamente, dejando que el silencio se desarrollara entre ellos. Entonces, le dijo suavemente:
— Me alegra que veas la música de esa manera. Es cómo lo pienso también —exhaló un pequeño suspiro y preguntó — ¿Qué tipo de instrumentos tenéis en Konoha? — Sasuke sonrió, inclinando su cabeza para mirar la luna plateada antes de que la mirara.
— Lo verás cuando vengas a Troxva. Levantó una ceja.
—¿En serio? —Dijo ella.
—Tev. Se acerca la celebración lunar. Los músicos tocan entonces y es una ocasión animada con bailes y banquetes. Entre otras cosas — Hinata negó con la cabeza, riendo entre dientes.
— Eres incorregible, Sasuke.
—Nix, estoy decidido luxiva — Rápidamente regresó.
— ¿Realmente no me contarás sobre los instrumentos? —Preguntó, sus ojos bailaban con diversión.
—Nix, lo verás por ti misma — Hinata preguntó, sorprendiéndolo.
— ¿Qué significa luxiva? — Sasuke tragó, pero no vio ninguna razón para retener la verdad, ya le había dicho que lo que pasaba entre ellos, sobre que su instinto despertó, si quería creerlo o no.
— Significa predestinada — Hinata dijo suavemente
— Pensé que era algo por el estilo
— ¿Significa esto que lo has aceptado? —Preguntó, alcanzando a tocar un mechón de su hermoso cabello negro-azulado, sintiendo cómo de suave era entre sus dedos ásperos. Se mordió el labio y respondió
— No lo sé — Era un progreso, supuso. Antes, lo había negado completamente. El silencio cayó entre ellos de nuevo. En voz baja, dijo Sasuke
— ¿Es por eso que mueves tus dedos sobre superficies? Estás tocando tu instrumento en tu mente, ¿tev?
— Sí —murmuró suavemente, mirándolo con una suave, casi triste sonrisa que tiró de su pecho — Dejé de tocar el piano por un par de años, una vez que me mudé de casa de mis padres. Pensé que no tocar podría hacerme más feliz porque durante tanto tiempo lo había atribuido el tocar con la infelicidad — Sasuke frunció el ceño y observó el perfil de su mujer cuando se volvió para mirar por encima del prado. — No tocar el piano era como... perder un brazo. O como perder un sentido, como mi oído o mi vista —Hinata dijo suavemente— Tal vez no tan dramático como eso, pero lo sentí igual. Pero yo estaba siendo rebelde y terca, aun lo soy —enmendó cuando le lanzó una mirada y sus labios se curvaron en una sonrisa tímida.
— Pero comenzaste a tocar de nuevo —le dijo él, queriendo hacerle muchas preguntas, no entendiendo completamente algunos de los significados, algunos de los conceptos sociales detrás de sus palabras.
— Sí —dijo— Un día, estaba paseando por una tienda de música con mi amiga, Lucy. La pasaba casi todos los días, pero ese día, Lucy de repente me detuvo y me pidió que tocara una canción para ella. Lucy era mi mejor amiga, me rogó y no pude decir que no, a pesar de que me sentía mal del estómago por tocar un piano de nuevo. Enferma, pero con ganas de hacerlo al mismo tiempo, necesitándolo — Sasuke escuchó en silencio, escuchó las palabras de Hinata que fluían de ella, como si estuviera confesando algo, habló de una manera que Sasuke pensó que estaba perdida en el recuerdo, hasta que estuvo en otro lugar completamente y no sentada justo a su lado, con sus pequeños pies dibujando patrones invisibles en la corriente. — Fui a la tienda con ella. Estaba completamente vacía y yo vi un pequeño y barato teclado de piano en la parte posterior. Me senté, puse mis dedos en las teclas —susurró. Entonces parpadeó y lo miró, sus ojos ligeramente mojados por la humedad, la vista lo puso inquieto porque sabía que a los humanos se les escapaban de sus ojos cuando estaban tristes— Y toqué durante dos horas en directo ese día. Mis dedos lo recordaban todo, ¿cómo no podían? La música brotó de mí porque había estado bloqueada, alejada por tanto tiempo. Y Lucy se sentó allí y me dejó tocar en ese teclado barato. Incluso el dueño de la tienda me dejó quedarme, dijo que podía venir a tocar cuando yo quisiera. Y lo hice, volví al siguiente día, el siguiente y el siguiente, hasta que finalmente compré un piano para mí. Desde entonces, toqué todos los días... hasta el secuestro, es decir — Sasuke escuchó el anhelo en su voz, lo sintió llegar a él, hasta que pudo sentirlo con ella. — Estaba bien, ya sabes —Dijo en voz baja, mirándolo.
— ¿Tev, mujer?
— Sí —respondió— Estaba entrenado clásicamente. Algunos me decían que era un prodigio. Estaba tocando en las grandes salas de conciertos para cientos de personas para cuando yo tenía trece años. Tuve un futuro y luego lo tiré todo a la basura.
— Dijiste que te hacía infeliz —Murmuró, tratando de entender. Estaba tratando de descifrar a su hembra, pero Sasuke sabía que nunca podría ser posible y que estaba tan frustrado como encantado.
— No, no tocar el piano. Era todo lo demás que me rodeaba. Me tomó mucho tiempo darme cuenta de eso.
— Dime —murmuró. Sonrió y lo miró debajo de sus pestañas.
— Tal vez en otro momento. No eres el único que se permite secretos — Mujer enloquecedora, pensó, asombrado.
— Eso es justo —escupió.
Cuando la vio temblar de repente, pequeños saltos que se extendían sobre sus brazos, la arrastró hacia él, sacándole sus pies del agua momentáneamente hasta que se asentó entre sus muslos extendidos. La colocó de modo que su espalda estaba en su frente, su exuberante trasero se acomodó contra su duro pene.
— ¿Esa cosa baja alguna vez? —Bromeó, suspirando mientras sus brazos estaban envueltos alrededor de su cuerpo, protegiéndola de la brisa. Estaba empezando a hacer más frío. Le tomó un poco de tiempo darse cuenta de lo que quería decir. Río en su oído.
—Nix, no desde que te vi por primera vez.
— Eso debe ser horriblemente inconveniente —comentó, inclinando su cabeza hacia atrás para mirarlo. A Obito lo había visto realizar algo llamado —besar— con su compañera, Lin.
Era una expresión humana de afecto y los ojos de Sasuke se desviaron hacia los labios rosados de Hinata, el deseo le endureció su vientre. ¿Cómo sería besarla? ¿Cómo seria besar en absoluto? No era un acto que los Konohanos hicieran el uno con el otro... al menos no en la boca. Hinata lo vio mirar y vio que esos labios se curvaban un poco. En un tono que le hizo querer gruñir, preguntó
— Tú quieres besarme, ¿verdad, embajador?
—Tev—soltó. Sus contundentes dientes blancos brillaron con su sonrisa. Pero entonces esa sonrisa se apagó un poco y ella tragó
— Te lo digo ahora, Sasuke—dijo, volviendo a centrarse de vuelta. — Que lo que pase esta noche no significa que me hayas ganado. No significa nada de eso.
— Hembra —Gruñó, sus palabras haciendo que su instinto... se disgustara
— No puedo... — Hinata se lamió los labios que quería devorar, aparentemente sin palabras. Sus ojos, su expresión... parecían casi asustados, lo que le confundió mucho. Tenía que saber que nunca le haría daño. Jamás. Preferiría morir.
— Me voy a casa pronto. No puedo desarrollar sentimientos por ti, Sasuke — Sus músculos se tensaron, sus brazos la atrajeron incluso más a él.
— Lamento decepcionarte, mujer, pero ya lo has hecho —Gruñó en su oído y su respiración se detuvo— Negarme eso sería un desperdicio de palabras — Hinata se lamió los labios de nuevo y Sasuke realmente deseó que dejara de hacer eso. Le hizo difícil pensar.
— No negaré que me atraes —dijo suavemente— Tú sabes quién soy y si algo viene de eso, solo quiero ser sincera contigo acerca de lo que significa. O no significa — Sus palabras le irritaban.
Vrax, estaba... enloqueciéndolo. Aún no entendía, no se daba cuenta, calmándose un poco cuando recordaba que Hinata aún no entendía el poder de los destinos, el poder de su vínculo. Todavía no entendía qué tan cerca que iban a estar atados juntos, aún no entendía lo que podían ser el uno con el otro, dentro y fuera de las pieles pero podía hacerla entender. Todavía no había ganado su mente y su alma, pero podía poseer su cuerpo y ella podría poseer el suyo. Podría darle insondable placer, hazla gritar su nombre en éxtasis hasta que estuviera ardiendo en su mente, hasta que olvidara a todos los hombres que vinieron antes que él, hasta que lo ansiara.
Vrax, era un guerrero Konohano, después de todo. Eran conocidos no solo por su experiencia en la batalla, sino por su ferocidad y meticulosidad en las pieles. No se trataba de si podría complacerla. Era una cuestión de si lo dejaría. Pero lo que estaba insinuando era que le estaba diciendo que lo haría.
— Se puede pensar que por ahora, luxiva —Gruñó— Detén tu corazón cerca, por ahora. Con el tiempo, me lo darás de buena gana.
Había esa chispa en su mirada. Lo que le decía es que estaba irritada pero encantada al mismo tiempo. A su hembra le gustaba desnudar sus garras y él, las tomaría con mucho gusto, porque cuando se ponía así, si se daba cuenta o no, esos muros se derrumbaban, permitiéndole el acceso. La mano de Sasuke ahuecó la nuca e inclinó su boca hacia la suya.
— Bésame mujer —soltó.
Su respiración se volvió irregular a la orden y Sasuke lo supo, estaba dividida entre rasgarle por ordenarle a que hiciera cualquier cosa o... Estaba a punto de hacer mucho más que besarlo. Este flujo y reflujo constante entre ellos, esta lucha constante, el empuje y tirón… lo volvió loco. Pero era perfecta. Perfecta para él. Quizás no se había dado cuenta todavía, pero era perfecto para ella también.
Su cuerpo tembló y le apretó la nuca, pasando la yema de su pulgar hacia arriba y hacia abajo, raspando suavemente su garra contra su piel. Hinata se lamió los labios de nuevo. Soltó un suspiro.
Entonces lo beso.
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