Disclaimer: Esta es una traducción/adaptación del fic de refya , The Better Man. Los personajes reconocibles pertenecen a J. K. Rowling. La historia original pertenece a Ayerf.
El mejor hombre.
Una sofocante oscuridad yacía sobre él.
La agonía de Nagini destrozando su garganta se mezclaba con el amargo aguijoneo de ver los ojos de Lily en el rostro de Harry Potter.
¡NO!
NO deseaba que aquello fuera lo último que viera. No quería morir. ¿Acaso no había ya pagado por sus pecados? Después de todo lo que había hecho, ¿aun así merecía morir?
Arthur Weasley había sobrevivido al ataque de esa jodida serpiente, entonces, ¿por qué no él?
Ah, pero el torpe Arthur era muy querido. Le importaba a mucha gente lo que pudiera pasarle a Weasley,
Pero a nadie le importará si muero yo.
Estaba jodido. Condenado. Condenado a desangrarse lentamente, si era que el veneno no le robaba la vida primero.
Potter y sus amiguitos no iban a tratar de salvar al asesino de Dumbledore. Casi se podría decir que fue un milagro que se molestaran en recolectar sus recuerdos.
Las sensaciones regresaron abruptamente.
Primero, el sabor de la sangre, pero había otro sabor allí… ¿salado?
Luego, esa ardiente suavidad en sus labios, acompañado de alguien apretando su nariz. El aire que era forzado en su boca, hacia sus pulmones, soplado por alguien más… alguien le estaba practicando primeros auxilios muggles… alguien lo estaba resucitando artificialmente.
Y luego llegó la tos, esas desesperadas bocanadas de aire. Podía oler el aroma a viejo y encierro de la casa de los gritos otra vez, mezclado con el atroz hedor de su propia sangre, y algo más… algo… ¿femenino? No era perfume. Era la fragancia natural de una mujer.
Abrió los ojos una fracción, tratando de enfocar el rostro que estaba tan cerca del suyo.
"¿Srta. Granger?" Dijo con voz rasposa y la garganta seca. Así que, al menos uno de los amiguitos de Potter si tenía algo de corazón.
La chica se enderezó de repente, como si se hubiera dado cuenta de pronto que había estado tan cerca como para besarlo.
Él torció el gesto, dándose cuenta en ese momento que yacía en un charco de su propia sangre y que las tablas del piso se sentían extrañamente suaves bajo su peso.
Un hechizo acolchonador, suponía. La chica de verdad velaba por él, viendo incluso por su comodidad.
Parpadeó. Su garganta… no dolía. Una mano fue de inmediato hasta allí, deslizando un dedo sobre la suave piel en donde Nagini había hundido sus colmillos.
Pero… ¿cómo?
Un movimiento cerca del hombro de Granger atrajo su atención. Algo escarlata. Un fénix. ¡Fawkes!
Incluso cuando Potter no pensó que merecía vivir, el fénix de Dumbledore, claramente, pensaba lo contrario. Y alguien más, por supuesto. Volvió a mirar a Granger, sucia de la batalla y manchada con su sangre, por sus esfuerzos para mantenerlo respirando.
Se veía hermosa.
Las mejillas se le encendieron al darse cuenta de lo que había pensado. ¿De dónde había salido eso? Lily era hermosa. Granger era… era…
Y Granger estaba allí. Viva. Y le importaba lo suficiente como para salvarlo. Lily estaba muerta desde hacía mucho, y…
Sé honesto, Severus.
A Lily no le había importado lo suficiente como para salvarlo siquiera de un camino de oscuridad. Hermione, sin embargo, lo había salvado de un camino tan oscuro que culminaba con la muerte aguardando por él al final.
"Gracias." Murmuró él.
Ella se sonrojó, mascullando algo sobre nada que agradecer, y luego lo ayudó a ponerse de pie.
De verdad necesitaba la ayuda, mareado como estaba, con la visión borrosa. Las lágrimas de fénix eran geniales para sanar heridas, pero no hacían nada con la pérdida de sangre. Se balanceaba. Mucho.
Terminó tambaleándose tanto que cayó sobre Hermione, aunque, por suerte, el suelo aún estaba acolchonado.
Debo levantarme. Pobre chica, debe estar sin aliento, a pesar de lo suave de las tablas.
Y cometió el error de mirarla, para chequear que no estuviera lastimada. La chica tenía las mejillas encendidas de rojo y se veía tan linda. Se miraron a los ojos y Severus pudo ver el mismo fuego en esos orbes color de miel.
Fue como si le quitaran el aire de repente.
Había pasado tanto tiempo desde que había tenido una mujer entre sus brazos. Tanto tiempo. Y ahora, tal tentación… de verdad, tenía que ponerse de pie de inmediato…
Pero la mano de ella fue a posarse en la nuca de él, enredando los dedos en su cabello, obligándolo a bajar la cabeza hasta ella y besarlo. Esos suaves labios. Ese dulce beso. Él no pudo evitar profundizar el beso, maravillado al sentir la lengua de la joven alcanzar la suya.
Casi por inercia, las manos de Severus se movieron bajo la ropa de Hermione, y…
Severus se despertó de pronto, con la ingle presionada contra la almohada que estaba debajo de su cuerpo… en donde se suponía que estaba Hermione.
¡Carajo! ¡Diablos! ¡Mierda!
No. NO había estado allí. Un sueño. Solo había sido un jodido sueño. ¡Diantres!
Se dio la vuelta, recostándose sobre su espalda. Su erección estaba más que viva que nunca.
Y aunque era mucho más placentero masturbarse, el despertar a la triste realidad, sin Hermione en su cama, y posiblemente nunca lo estaría, hacía que regresar al mundo de fantasía de sus sueños fuera imposible.
Maldito sueño. Torturándolo con lo que deseaba más y no podía tener…
Aun así, había sido un buen sueño… un muy buen sueño, incluso si Hermione no estaba desnuda. Mucho mejor que la realidad, cuando de verdad se había tambaleado tanto que había tenido que sostenerse de ella, debilitado por la pérdida de sangre, justo antes que Fawkes los llevara a ambos hasta la enfermería, en medio de un desorientador fogonazo de frío fuego, en donde el pobre hombre vomitó en los zapatos de la chica.
Desde la cama, podía ver un resplandor rojizo a través de la puerta del dormitorio. O se había olvidado de extinguir el fuego de la chimenea, o Fawkes, de nuevo, se rehusaba a buscar un mejor hogar.
A pesar que Severus consideraba que no merecía tener un fénix de mascota, solía poner un poco de resistencia, por costumbre.
Sería una locura querer deshacerse de Fawkes, sobre todo por el asunto de los ingredientes para pociones, pero claro, cualquier pluma o lágrima dependía enteramente de la cooperación del ave, sobre todo porque con Fawkes a su lado, Severus sentía que, en realidad, la mascota era él mismo y no el ave. Además, le debía una deuda de vida, o la mitad de la deuda, porque la otra mitad le correspondía a Hermione. No era como que resentía estar endeudado con ellos, solo deseaba que Fawkes no fuera del color de la casa de los leones…
Y que Hermione… su miembro se estremeció.
Piensa en algo feo.
Que no era nada fácil.
Hermione estaba casi siempre en su mente, como lo evidenciaba el jodido sueño, y esos pensamientos no tenían nada de puros.
Luego de ayudarla a recobrar la memoria de sus padres, y convencerlos que sus acciones habían sido absolutamente necesarias, por su seguridad, ella le había dicho que la deuda con ella estaba pagada.
Ella había tratado de convencerlo que sus acciones contra el Señor Tenebroso ya habían pagado la deuda antes de tener que salvarlo, pero Severus aún sentía una responsabilidad para con ella… ¿o era atracción?
¿Qué tan patético puedo ser? ¿Qué caso tiene mentirse a sí mismo?
Bueno, bueno, era amor entonces.
Pero era su suerte el enamorarse de otra mujer que no podía tener.
Severus rebuscó su varita. Con un veloz movimiento corrió las gruesas cortinas, dejando entrar la luz del sol a través de las ventanas.
Aunque sus habitaciones estaban en las mazmorras de Hogwarts, la ventana tomaba la vista que se ofrecía desde lo alto de la torre de astronomía, algo que todavía le causaba dolor, después de lo que le había pedido el viejo director. Siempre y cuando no mirara a través de la ventana, la fuente de luz estaba bien.
Salió de la cama y se arrastró hasta la cómoda para seleccionar ropa interior limpia, y…
Eso no era un par de medias… retiró la mano del cajón, observando el duro y pesado objeto en su mano. Esa cosa dorada brillaba en su cara. La medalla de la Orden de Merlín, primera clase, que le habían otorgado hacía seis meses, junto con el perdón del nuevo ministro de magia, Kingsley Shacklebolt.
A pesar de apreciar el finalmente tener una, después de todo lo que había sufrido, renunciaría a esa cosa en un instante si eso significara el poder tener a Hermione, aunque no pensaba que era una posesión que ganar
Arrojó la medalla de regreso al cajón de las calcetas. De cualquier manera, era depresivo manipularlo, considerando cuánta gente había recibido el mismo premio, póstumo, lo que llevaba a Severus, precisamente, dejarlo enterrado en medio de sus calcetas. Esa condenada cosa insistía en querer escapar, como si tuviera una mente propia y deseara ser enmarcado o ser orgullosamente exhibido. Tal vez por eso era que Weasley lo exhibía tanto como lo hacía, aunque Hermione se resistía a mostrar la suya.
De hecho, la chica se resistía tanto que había lanzado su medalla al lago, muy poco después de recibirla. Severus se preguntaba si la condecoración había regresado a ella por cuenta propia o si, en lugar de eso, ahora era apreciada por el calamar gigante o por la gente del agua.
Más adelante, cuando su amistad ya estaba bien cimentada, la chica había confesado que le recordaba demasiado a uno de los Horcruxes del Señor Tenebroso.
Entendible, aunque extraño… y Weasley había sido quien fue más afectado por el mismo artefacto oscuro, aun así, parecía no querer desprenderse de su preciosa medalla. Y eso también explicaba por qué el pelirrojo había sido tan susceptible a la influencia de la dichosa condecoración… idiota de mente débil.
Severus acabó de vestirse y se puso su capa. Aunque era domingo, había estado brindando tutorías para los alumnos que habían aceptado la oferta de los profesores para recibir asesoría privada. Debido al desastre que había provocado el Señor Tenebroso con los temarios de enseñanza, todo el alumnado había tenido que recursar el año que fuera en el que estuvieran, o deberían haber estado, pero se había tomado en cuenta que algunos estudiantes ya no encajaban en la categoría de 'comunes'.
Por suerte, Potter y Weasley habían aceptado la oferta de Shacklebolt para obtener sus calificaciones honorarias de los EXTASIS, y saltar directamente hacia el entrenamiento de Aurores.
Hermione, sin sorpresas allí, había considerado que eso era hacer trampa y había estado más que contenta con la oportunidad de finalizar su escolarización con un tutor para ella sola.
Por lo que había escuchado Severus en la sala de profesores, Hermione estaba estudiando, otra vez, cada materia disponible, con la posible excepción de Adivinación, viéndolo casi a diario para las materias de Pociones y Defensa… y, además, quedándose un buen rato al finalizar las clases para charlar de esto y aquello con él.
Severus adoraba que se quedara, poder estar en su presencia, a pesar de la dulce tortura que eso representaba para él.
La chica estaba con Weasley. Estaba lejos de sus posibilidades. Si le contaba de sus sentimientos, solo terminaría alejándola de él, o peor, se arriesgaba a que la chica sintiera lástima por él. Era muy claro que la joven solo lo veía como amigo y mentor.
Si sólo se diera cuenta de lo muy poco compatible que era Weasley con ella, entonces ella…
Olvídalo.
En su amarga experiencia, esos pensamientos sobre lo que podría ser, solo retorcía el cuchillo. Especialmente cuando se convertían en 'podría haber sido'.
Sin duda, un día Hermione se casaría con Weasley y tendría un montón de mocositos pelirrojos, (porque incluso siendo dominante el cabello castaño de ella, TODOS los Weasleys eran pelirrojos.)
Todo lo que Severus podía hacer, era aceptar que la chica estaba fuera de su alcance. Tal vez, podía juntar el coraje para hacerle ver a la joven, que tenía otras opciones, pero de ninguna manera tenía derecho a dictar su destino y decirle a quién debería escoger. Era una muy delgada línea la que había entre vocalizar sus sentimientos, tal vez incluso preguntar, (bueno, bueno, suplicar), que lo eligiera a él, y decirle que le diera al pelirrojo una patada en el trasero, y se quedara con él.
Una bandeja apareció en su mesita de noche con su desayuno habitual, que consistía en tostadas con marmita, un vaso de jugo de naranja y una taza de café.
Aquello era una no muy disimulada llamada de atención de los elfos, indicando que era tarde para bajar a desayunar al comedor, y que, si deseaba comer algo antes que llegara Hermione, sería mejor que se pusiera manos a la obra.
Y así lo hizo.
…
"Oh, diablos, ¿cómo pude haberlo olvidado?" Dijo Hermione, dándose un golpecito en la frente y volviéndose hacia Severus, cerrando la puerta de la oficina nuevamente.
"Claramente debes haber recordado lo que fuera que dices haber olvidado, porque aún no te retiras." Dijo Severus y le hizo una seña para que se acercara.
"Ven, siéntate. ¿qué necesitas?"
Hermione se sentó en el borde del escritorio.
"El asunto es… necesito un Maestro Pocionista personal… puedo preparar la mayoría de las pociones por mi cuenta, pero no sé si puedo confiar en mí misma con estas…No cuando sé que tú puedes hacerlo mucho mejor."
"¿Y qué puede hacer tu esclavo en pociones hacer por ti?"
"Es Crookshanks. Se está haciendo viejo… y…"
Severus vio que la garganta de la chica se movía al tragar saliva con dificultad, y se tuvo que esforzar para resistir el impulso de acariciar esa delicada y suave extensión de piel desnuda.
"Son sus articulaciones. Todavía puede moverse bastante, pero es claro que le causan dolor. Sé que debería preparar algo para él yo misma, o buscar algo de la tienda de mascotas, pero…"
"Yo puedo hacer un mejor trabajo, y lo haré, no te preocupes. Es mitad Kneazle, ¿sí?"
Ella asintió.
"Como pensé. Es importante saber eso, así podré preparar la poción precisa, y la dosis correcta."
Iba a ser más complicado de preparar, pero no había razón para que Hermione se sintiera más culpable por pedirle eso. Aunque para Severus era todo un misterio el por qué se sentía culpable por pedirle que preparara una poción contra la artritis felina.
"Gracias." La sonrisa de la joven era extrañamente titubeante. Claramente, había algo que la molestaba, pero ¿qué?
Se puso a pensar en lo que había dicho la chica cuando inició la conversación. Tal vez solo se la había escapado, pero estaba seguro que había implicado que esa no era la única poción que deseaba preparar.
"¿Hay algo más que pueda hacer por ti?"
"Yo… nada… puedo…"
"¿Prepararla tú misma? Estoy seguro que puedes, y que harás un…" Apenas tuvo tiempo de tragarse la palabra 'adecuado'. Los viejos hábitos son los más difíciles de dejar atrás.
"Tú puedes preparar mejores pociones que las que se venden los boticarios, pero aun cuando tu técnica es excelente, no eres… te falta…tienes que…"
¿Cómo diablos decirle sin insultarla?
"Está bien, Severus." Le sonrió genuinamente y le dio unas palmaditas en la cabeza.
Hasta hacía muy poco tiempo, ella no habría podido hacer semejante cosa. Severus todavía le echaba unas miradas reprobatorias por tomarse semejantes libertades, pero la verdad es que el reproche era mínimo.
"Sé que no soy tan buena como tú en lo que refiere a pociones. Pude haber preparado Multijugos en segundo año, pero apuesto que tú ya estabas modificándola al mismo tiempo.
"Adúlame todo lo que quieras, mi querida, pero eso no va a distraerme. ¿Qué poción puede ser tan terrible que no puedes juntar valor para pedírmela? ¿Es que, finalmente, has entrado en razón y decido envenenar a Weasley?"
"No voy a negar que eso suena muy tentador a veces, pero no. Sé que me quejo de él, pero es que… él…"
"Es tu novio." Dijo Severus, con apenas un poco del odio que sentía, permeándose en sus palabras. "Lo amas."
Hermione asintió, mirando a la lejanía. "Es solo que no estoy segura qué clase de amor es. Es que no creo que pueda estar seguras hasta que…" La chica se puso intensamente roja.
"Crees que solo podrás saber si es de verdad amor después de…" No podía decirlo. Ni siquiera quería pensar en eso.
El solo pensar en Hermione… haciendo… con Weasley. El mero pensamiento hacía que le hirviera la sangre. Quería vomitar.
"Eso espero. Y eso también haría que cerrara la boca con respecto a demostrarme cuánto me ama. Es que es más irritante cuando trata de cubrir sus lloriqueos sobre que no estoy lista… y, bueno… la verdad es que siento curiosidad sobre el tema."
"Sexo, Hermione. Cópula. Relaciones sexuales. Follar. Hacer el amor." Soltó él, con el estómago revuelto al asociar, sin quererlo, esas palabras con Weasley. "Si no puedes siquiera decir esas palabras, entonces no puedes estar preparada."
"Está bien. Sexo entonces."
Demasiado para esa discusión… tal vez debió mantener su bocota cerrada, porque hostigarla solo la encaminaba más hacia la cama de Weasley. Pero tenía que decir algo, aunque solo fuera para evitar que se pusiera de rodillas y le rogara para que fuera él quien satisfaciera esa curiosidad.
"El hecho es, que además de no haber estado lista hasta ahora, no había querido arriesgarme con la infame fertilidad Weasley. Si no estoy segura de estar enamorada de él, ciertamente no quiero terminar atrapada en un matrimonio de apuro con Ron."
Siempre existe el aborto.
Severus se mordió la lengua antes que se le escapara semejante cosa, además, ser igual de insensible que Weasley no iba a servir para evitar que cometiera esa locura.
"No confío en ningún anticonceptivo que conozca, porque ninguno es cien por ciento efectivo. ¿Conoces… conoces alguno que lo sea?"
La chica lo miró a los ojos y se veía como si quisiera huir corriendo del lugar.
Severus suspiró. Era muy tentador mentirle y decirle que no había nada tan confiable, pero era Hermione, y era muy posible que la joven ya supiera la respuesta y solo estaba testeando las aguas, para ver si él podía conseguirle la poción o no.
"Si lo hay." Respondió él con dificultad.
"¿Estás bien?" Se la veía con tan cálida preocupación que Severus deseó que fuera algo más que solo amistad.
"Estoy bien." Trató de sonar convincente, pero todavía se oía como si lo estuvieran estrangulando. Aclaró la garganta. "Solo porque tú la quieres, la preparé."
Incluso si significaba que no pudiera evitar imaginar con quién la iba a usar. De nuevo, trató de desviar su atención y no pensar en Hermione en la cama de Weasley.
¿Tal vez podría hacerle algo a la poción para que el pelirrojo la encontrara repulsiva? No, no. Eso no. Eso no haría más que lastimarla y era algo que Severus no deseaba que sucediera. Todo lo que podía desear, era que ella entrara en razón y no fuera tras el mocoso. Eso también la lastimaría, pero no tanto como si fuera ella la del corazón roto.
Era imposible que Weasley mantuviera el interés de la chica por siempre. Y aun usando la poción anticonceptiva que prepararía para ella, no era tan importante ser el primero de una mujer, mas importante era ser el último. Pero claro, el problema de Severus era que deseaba ser el primero y el último de Hermione.
Con eso en mente, valía la pena intentar hacer que lo pensara dos veces.
"Pero quiero que pienses con mucho cuidado sobre esto. No deberías sentir que debes dormir con él para callarle la boca."
Ella lo miró con enfado. "¡YA te lo dije! Esa no es la única razón, ni siquiera es la razón principal… ¡de verdad quiero tener sexo! Quiero saber de qué se trata, ¿y qué mejor que hacerlo con alguien que me ama?"
Severus no aguantó más y golpeó el escritorio con el puño. Hermione se sobresaltó, casi cayendo del lugar en donde estaba sentada, mirándolo con los ojos enormes. La había asustado, pero era eso o comenzar a gritar que la amaba.
Recuerda esa delgada línea… es su elección…
Pero también debía asegurarse que ella había pensado muy bien en el asunto, y talvez, solo tal vez, dejar en claro que sí tenía otra opción.
"No te merece. Los abandonó, a ti y a Potter. ¿Qué clase de tonto desalmado abandona no solo a su amigo, sino también a la mujer que dice amar?"
"Ya te dije, no fue su culpa. Estaba bajo la influencia del horcrux."
"No me mientas, o a ti misma. No estaba usando esa cosa cuando se fue, ¿o sí?"
La chica dejó caer los hombros. "No."
"E incluso sin estando bajo la malévola influencia, sin llevarlo puesto, ¿honestamente puedes afirmar que el medallón creó algo que no estaba ya allí?"
"Amplifica lo peor de nosotros, pero eso no importa, porque él regresó."
"Te lo suplico, piénsalo bien antes de enredarte más con ese niño. Te dejó. Puede hacerlo otra vez. Necesitas a alguien más… consistente."
"¿Cómo quién? No puedo siquiera imaginar que estás hablando de Harry, o Draco, tu precioso ahijado, que nunca en la vida querría tener algo que ver con una sangre sucia, y ni siquiera hablemos de su 'consistencia', y no es como si alguno de los dos me gustara. Nadie por quien me sienta atraída es así, excepto…" La chica se quedó de piedra, mirándolo, horrorizada y con el rostro blanco como una sábana.
"Oh, no…" Susurró la castaña. "Excepto tú. Y no solo estás en contra porque creas que Ron no es el indicado… es porque tú… yo… nosotros… oh, dios… qué desastre… lo siento."
Severus abrió la boca con la intensión de decirle que estaba equivocada, pero no pudo hacer salir las palabras. Tenía la sensación que ella sabría que estaba mintiendo, y eso solo provocaría que ella le tuviera más lástima. Y ya no sabía cuántas más disculpas afligidas sería capaz de tolerar.
Pero, no era culpa lo que veía en sus ojos. Era culpa. Un momento…
Las palabras de Hermione se reprodujeron en su mente.
Nadie por quien me sienta atraída es así, excepto tú.
¿Atraída? Se sentía atraída por él. Oh, por Merlín.
Y la culpa… se sentía atraída por Weasley también, después de todo, el mocoso era su novio, y conociendo a Hermione, el sentirse atraída por alguien que no era su propio novio, era motivo suficiente para sentir una enorme culpa.
Sí… qué desastre.
La solución era evidente para Severus. Hermione tenía que terminar con Weasley y luego…
No.
Era su elección. Obligarla a elegir entre los dos solo destruiría su amistad con ella. Y aunque Weasley, claramente, no era la persona correcta para ella, de hecho, a los ojos de Severus ni siquiera era un hombre de verdad, ella era quien debía escoger y ver esas diferencias entre los dos.
"Yo… lo siento…" Repetía ella, bajándose del escritorio y parándose frente a él. "Lo siento tanto, tanto… no sabía que tú… yo… tú…" Con un poco de inseguridad, Hermione alzó una mano y acarició la mejilla de Severus con suavidad. Él nunca había sentido una caricia más tierna. Inclinó la cabeza contra la mano de ella, cerrando los ojos.
Cuando ella volvió a hablar, su voz estaba muy cerca de su oído y su aliento mecía su cabello. "¿Es… es esto amor?"
Él abrió los ojos. Ella estaba tan cerca, lo suficiente como para que la sentara en su regazo. Apretó los puños, aguantándose las ganas. Tenía el rostro de la joven a un palmo del suyo. Todo lo que necesitaba hacer era alzar un poco la cara y entonces podría… no. Tenía que hacerlo ella.
Hermione rozó apenas los labios de Severus con los suyos, apenas unos instantes y luego se alejó como si algo la quemara, golpeándose contra el escritorio.
Tenía lágrimas en los ojos.
Típico. Severus sentía la garganta apretada, como si fuera a asfixiarse. Como siempre, besarlo provocaba que la chica llorara.
"No puedo." Dijo ella con la voz entrecortada. Las lágrimas se derramaron y rodaron por las mejillas.
Ah, ahí estaba de nuevo la culpa. Severus estaba muy familiarizado con ella como para ser capaz de reconocerla de inmediato.
Por supuesto, Weasley todavía era su novio, y ella había besado a alguien más, o casi, como fuera que pudiera ser calificado el breve contacto que habían compartido.
"Tengo que irme. Lo lamento mucho. Nunca quise lastimarte."
Y se largó corriendo.
…..
Crookshanks olisqueó la cuchara que su humana le ofrecía. Al menos ya había dejado de tratar de camuflar esa cosa horrible con la comida. Aquel era un acto del que no se podía fiar y se rehusaba a subyugarse. Esa cosa provocaba que su comida oliera asquerosamente.
Lo que le ofrecía ahora olía igual de repugnante, pero al menos no estaba contaminando su pollo, y a juzgar por las súplicas de su humana, si se comía ese dudoso regalo, ella sería muy feliz. Lamió con muchas dudas la cosa en la cuchara. La miró, achicó los ojos, el pelo se le erizó. No sabía cómo olía. Qué sospechoso… pero algo en sus sentidos de kneazle le susurraban que quien había creado esa cosa, era de confianza.
Lamió un poco más y en su mente apareció una imagen más clara. Ah, el rival del hombre – perro. El hombre con la nariz grande y ganchuda, el del cabello grasoso. Crooks limpió la cuchara con otro lengüetazo, saboreando el agradable sabor y conociendo más del creador de la poción a través de sus instintos.
Qué interesante… el Hombre Narizón deseaba unirse a su humana. Muchas más que eso. Deseaba permanecer junto a Cabello Rizado por siempre, como su compañero, solo con ella, en lugar de querer ir tras tantas hembras como pudiera encontrar. Los humanos eran extraños, pero al menos Hombre Narizón tenía buen gusto.
Bueno, claro, bajo ese concepto, el Mocoso Pelirrojo también tenía buen gusto. Crooks gruñó, demasiado bajo como para que su humana lo oyera. Le concedía eso a Mocoso Pelirrojo, pero nada más, porque Hombre Narizón era mucho mejor, porque le daba ese jarabe tan rico, aun cuando olía horrible.
Crooks se alejó de su humana, entrando en la sala de estar. Saltó sobre su silla y se quedó muy quieto. La tensión… la dolorosa tensión en sus articulaciones, ¡se había ido! Así que para eso era esa cosa que olía horrible y sabía rico.
Bueno. Parece que ese era el día de suerte de Hombre Narizón.
Crooks se bajó de la silla y se acercó a la chimenea, metió la pata en el cuenco lleno de ese polvo gris que estaba justo junto a la misma, para luego lanzar el polvo en las llamas hasta que se hicieron verdes, maullando su destino.
Llegó rodando y estornudando a la casa del Mocoso Pelirrojo. Ugh. La lengua le quedaría llena de cenizas la próxima vez que limpiara su pelaje.
Más vale que Cabello Rizado y Hombre Narizón apreciaran esto…
Crooks subió las escaleras y fue hasta la habitación de Mocoso Pelirrojo. Dio un salto y atrapó el pomo de la puerta. Un poco de movimiento y se abrió. Se dejó caer al suelo y caminó hasta la cama de Mocoso, arrastrándose bajo la misma.
Al cabo de un par de zarpazos, logró derribar las pilas de revistas brillantes, llenas de fotografías de mujeres desnudas y rebuscó hasta encontrar su objetivo. Clavó las garras en el cobertor y se las arregló para arrastrarse, llevándose su premio consigo.
Durante su estadía en casa de Mocoso, después que Cabello Rizado se viera forzada a abandonarlo allí, para ir con esos hombres malos, él había hallado el escondite de ese libro de dudosa reputación. Antes de esos meses lejos de Cabello Rizado, había visto a Mocoso mostrarle el libro a Cicatriz de Rayo, pero también le había dicho Cicatriz que ese libro era suyo, pero que le daría uno igual a él.
El solo acto de esconder el dichoso libro lo hacía verse sospechoso, pero fueron sus sentidos Kneazle los que gritaron a cuatro vientos que había algo raro en ese objeto, la primera vez que lo había visto. Y lo que Mocoso había comentado mientras hablaba con Cicatriz sobre el libro, solo había puesto sus sentidos en alerta máxima.
Hasta ese momento, Crooks no había hecho nada con el conocimiento que poseía del jodido libro, que en aquel momento se encontraba en sus garras, pero tampoco había conocido a un mejor compañero para su humana. Pero ahora que conocía a Hombre Narizón, las cosas habían cambiado.
Tomó al libro entre sus garritas delanteras, sosteniéndolo de manera que pudiera atraparlo con los dientes por el lomo. Alzó la cabeza y Crooks agradeció que no fuera un libro muy grueso, y comenzó a bajar las escaleras, dejando una habitación saqueada atrás.
Puso el libro en el suelo mientras subía hasta la encimera de la chimenea para volcar el cuenco en donde la familia pelirroja ponía el polvo gris. Luego echó un poco en la chimenea. De nuevo tomó el libro con sus garras y lo acomodó entre sus dientes, no sin antes maullar con claridad su destino, de regreso a la casa de su humana, para luego rodar, de mala gana, entre las llamas verdes, llevándose el libro consigo.
…..
Lo que sea que decidas, siempre estaré para ti. Como amigo o como algo más. Es tu elección.
Siempre tuyo,
Severus.
Hermione trazaba la firma con la punta de sus dedos.
Desde que había llegado la nota, junto con las pociones, una para Crookshanks y la otra, el anticonceptivo, había leído la nota al menos una vez por hora. La dobló cuidadosamente y la guardó en su bolsillo.
¿Qué debía hacer?
Normalmente, hablaría con alguien sobre un lío como ese, pero no podía hablarle a Ginny o Harry al respecto.
Estaban demasiado sesgados en favor de Ron. Y Severus, aunque iría con él bajo otras circunstancias, pero ahora, él era parte del problema.
Considerando todo, era posible que sus padres estuvieran atiborrados de trabajo. Si su madre no estuviera tan cansada y preocupada, seguramente insistiría en ayudar… pero no estaba segura cómo se tomaría su madre y también su padre, si les dijera que su nuevo amigo, Severus, estaba enamorado de su hija.
¿Era amor? ¿O era solo atracción? Lo que fuera, los sentimientos de Severus eran mucho más que solo el amor platónico entre amigos.
Y el mero roce de sus labios con los suyos, había sacudido su mundo hasta los cimientos, como ninguno de los más apasionados besuqueos de Ron habían sido capaces de hacerlo.
¿Acaso esa ardiente reacción era de lo que hablaban esas baratas novelas románticas? ¿Es que estaban en lo correcto cuando hablaban de la existencia de una pasión sin control?
NO era como si ella poseyera libros por el estilo, por supuesto, pero ¿estaba mal que hubiera leído esos libros, luego de confiscarlos durante su tiempo como Prefecta?
Y ahora quería experimentar más de ese ardor. Más de ese casi beso.
Excepto que… estaba Ron.
La culpa se enredó a su alrededor como una ceñida cadena.
No era correcto sentirse así por Severus cuando aún estaba con Ron. Pero la culpa era un arma de doble filo, porque sentía que tampoco estaba bien estar con Ron cuando Severus, claramente, sentía por ella lo que ella por él.
Las lágrimas le picaron en los ojos. No podía olvidar la expresión de Severus al revelar, sin querer, sus sentimientos por ella.
Hermione se había dado cuenta que él había estado tratando de mantener su rostro impasivo, pero la línea de su mandíbula se había puesto tan tensa, y sus ojos… el dolor que había visto en esos ojos.
Dolor que ella había causado.
Lo siento, Severus. Lo siento tanto…
No había querido lastimarlo, nunca. Eso jamás. Pero lo había hecho… y para dejar de lastimar a Severus, debía lastimar a Ron.
Bueno, estoy jodida de cualquier manera.
Tomó el frasquito con el anticonceptivo, viendo cómo reflejaba la luz en el líquido. Jugueteó con el tapón.
¿Con quién debía usarlo?
De verdad que había química con Severus. Era innegable. Pero, por otro lado, estaba su relación con Ron.
Severus estaba más cerca de la edad de sus padres que de la de ella, mientras que Ronald era apenas unos meses más joven.
Maduro contra inmaduro.
Los quería a ambos, incluso los amaba, pero en formas diferentes. Pero, ¿qué clase de amor?
¿A quién estaba engañando? La lógica no podía ayudar en estos casos. Los asuntos del corazón desafiaban a la lógica.
¿Pero es que cabía alguna discusión sobre Severus, siquiera? Ron era su novio. No podía traicionarlo. No podía lastimarlo, que era lo que iba a ocurrir si lo dejaba para ir con Severus. Pero a Severus ya lo había lastimado. Cierto, ella no había sabido en el momento de preguntarle por la poción, pero una vez sabido, debió ponerse firme e insistir en que olvidara sobre el anticonceptivo.
Se había aprovechado de él.
Tener sexo con Ron, usando el anticonceptivo que Severus había preparado, estaba mal.
¿No?
En la chimenea se encendieron las llamas verdes y llamaron la atención de la chica. Alzó la mirada. ¿Una llamada entrante?
Hermione se puso seria y guardó el frasquito de inmediato. Mejor que no fuera Ronald… él sabía bien que necesitaba un poco de tiempo a solas y que ella iría a verlo cuando estuviera lista.
Había sido sorpresivamente comprensivo al respecto.
Sospechosamente comprensivo y ella no estaba segura. Se dice que cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
Ronald había estado actuando raro desde antes de la boda de Bill y Fleur, ahora que lo pensaba.
Bueno, excepto cuando había llevado puesto el jodido horcrux. Entonces había actuado con más normalidad, aunque claro, en su peor forma.
La conexión Flú estaba tomando mucho tiempo… ¿una falla en el sistema? ¿Se habría quedado Ronald atorado en alguna parte? ¿O tal vez era alguien que pretendía entrar sin autorización? ¿Queriendo entrar por las guardas que Severus le había ayudado a levantar?
Se puso en guardia y apuntó su varita en dirección de la chimenea activada.
Una bola de pelos anaranjados apareció cubierta de cenizas, maullando a voz en cuello.
Hermione casi suelta su varita y se dejó caer en el sofá.
Era Crookshanks.
Sin pensarlo siquiera, limpió el pelaje del felino con un movimiento de su varita.
Crook, como toda respuesta, le ronroneó y se subió a su regazo. Dejó caer algo en sus manos y luego saltó hasta el apoyabrazos del sofá, junto a ella.
Era un libro. La cubierta estaba llena de marcas de garras.
Doce formas infalibles de encantar a una mujer.
La castaña se puso seria. Eso no sonaba bien.
Decía 'encantar a', no 'encantamientos para'. Hermione tenía un mal presentimiento sobre ese libro. Sobre lo que encontraría cuando lo abriera, pero bueno, al fin y al cabo, el año anterior había estado lleno de malos presentimientos.
Y ella había tenido que atemperarse y pasar por ellos.
Abrió la tapa del libro y achicó los ojos al ver el nombre escrito.
Para Ron.
Por su cumpleaños número 17, de parte de Fred y George.
Ay, por favor, que solo sea una broma… como una de esas guías tontas de auto ayuda… o incluso una guía seria…Ron ha sido bastante torpe con las mujeres. Esto es solo cómo aprendió a… a…
Pero con cada página que pasaba, Hermione se llenaba de más y más rabia. Eso y lo mucho que la lastimaba leer esa mierda.
El libro y su contenido era relativamente inocuo.
Lo que la hacía hervir de furia y la llenaba de tristeza, eran las anotaciones de Ron. Eso era lo que hacía el daño. Sus garabatos y sus propios recuerdos.
¿Cómo pudo?
Había visto cada libro en los anaqueles de la habitación de Ronald, pero este no estaba en medio de los demás. Lo había escondido a propósito. Lo había escondido de ella, si no, ¿por qué Crooks habría ido a buscarlo? Debió irritar sus instintos de Kneazle.
Algo sospechoso. Algo que no era digno de confianza.
Que lo haya escondido solo evidenciaba que sabía que estaba haciendo algo malo.
Sin duda, Fred y George se lo habían obsequiado como una broma, pero él se lo había tomado demasiado en serio. Pero no tanto como para darse cuenta de los errores que cometía, porque el libro comentaba que, para encantar a una mujer, era necesario interesarse en las cosas que le gustaban, prestarles atención a sus intereses… pero las palabras que Ron había escrito en las páginas eran la prueba cabal que a él le importaba muy poco qué cosas le gustaban a ella, que todo había sido una farsa: ¿Libros? ¿PEDDO? Voy a tener que practicar, para que no se dé cuenta lo mucho que me aburre.
Hermione inhaló, las lágrimas le hacían arder los ojos. Así que ello lo aburría. Si de verdad le importara algo de lo que decía, no estaría aburrido.
¿Alguna vez fue sincero?
¿Se había preocupado de verdad lo que pudiera ocurrirles a los elfos domésticos, durante la batalla contra Voldemort?
¿Acaso su primer beso había estado basado en mentiras?
Todos esos cumplidos y caricias desde el verano pasado, cuando debió molestarse en leer este libro ...
La forma en la que la había reconfortado después de haberle borrado la memoria a sus padres. El baile en la boda de Bill y Fleur.
El ser tan 'paciente' sobre esperar por ella, para que estuviera lista para su primera vez, aun cuando no dejaba intentar persuadirla de hacerlo cada vez que podía. Su repentina urbanidad en la mesa, como si esperara su aprobación. Los regalos y las disculpas después de una pelea…
¿Acaso todo había sido una mentira?
¿Alguna vez fue sincero en todas esas acciones? ¿O solo lo había hecho porque quería obtener lo que deseaba?
Para darle el beneficio de la duda, aunque no era algo que la entusiasmaba mucho, debió ser sincero en algún punto.
Pero, ¿un cambio genuino?
Y estaba su comportamiento bajo la influencia del horcrux. Basada en su propia experiencia, tenía que admitir que Severus tenía razón: no causaba nada que no estuviera ya latente, algo que ya estuviera allí.
Ni siquiera podía argumentar que Ron había aprendido algo de eso, y que de verdad había cambiado para mejor, no cuando lo había escuchado cómo hablaba de ella a sus espaldas, a sus amigos. Se reía de ella, se burlaba, la menospreciaba. Y siempre se disculpaba cuando ella se lo hacía notar. Siempre decía que solo se estaba divirtiendo, que no lo decía en serio, que no quería lastimarla.
Hasta ahora, ella siempre lo había perdonado, porque hasta ahora, ella no sabía que tenía otra opción.
¡Malditos sean Severus y Crookshanks, por hacerme notar el jodido hecho que mi novio es un bastardo manipulador!
Una cosa era segura. Ya no podía confiar en Ronald.
A pesar de lo que le había dicho a Severus, sí importaba que el pelirrojo los hubiera abandonado a ella y a Harry. Todavía dolía. Tal vez ella lo había perdonado, pero nunca lo olvidaría.
El fuego en la chimenea volvió a ponerse verde. La conexión flú se estaba activando de nuevo.
Si ese era Ron, estaba frito.
Y en efecto, Ronald apareció, con el rostro enrojecido y cubierto de cenizas.
Muy frito. Pensó la chica sombríamente, alzando la varita hacia él y cerrando el libro con una mano.
Movió su varita y limpió las cenizas que cubrían al pelirrojo, después de todo, si iba a limpiar el piso con el idiota, su mamá la mataría si ensuciaba la alfombra con cenizas.
"¡Hermione! ¡Tu maldito gato destrozó mi habitación…!"
Entonces vio el libro en la mano de la chica y las pecosas mejillas palidecieron, haciendo que las pecas resaltaran más.
"Oh, no…"
¡Aahhh! Tantos hechizos qué elegir… ¿cuál usaría? ¿Los canarios otra vez? No, ese ya se lo había mostrado. Algo diferente…
La mirada del pelirrojo se desvió hacia Crookshanks, quien todavía estaba reposando en el apoyabrazos del sofá, junto a Hermione.
"¡Jodido gato!"
La mano de Weasley intentó encontrar su varita en el bolsillo.
"¡Accio!"
Y la varita del pelirrojo voló de sus dedos, pero antes que ella pudiera atraparla, Crookshanks saltó y la atrapó con los dientes, para luego echarse a correr.
"¡Mi varita!" Ronald intentó correr tras el gato, pero se detuvo en seco cuando Hermione casi le clavó la varita en el cuello.
"Eso es el último de tus problemas. ¡Petrificus Totalus!"
El mocoso se quedó como de piedra y cayó, con los brazos rígidos a los lados y las piernas juntas. Ella lo empujó con el pie para que quedara de lado, viendo a la chimenea. Entonces, arrojó el libro al fuego y lo observó quemarse. Se volvió a mirar a Ronald cuando el libro estuvo hecho cenizas. Pudo ver lágrimas corriendo por las mejillas del pelirrojo. Qué gracioso, siempre había pensado que sería ella quien quedara devastada al ver un libro ardiendo.
Hermione, luego, sacó el frasco con el anticonceptivo de su bolsillo, sosteniéndolo en la palma de su mano. Por un momento, estuvo tentada a lanzarlo hacia el idiota, pero Severus envasaba sus pociones en frascos irrompibles. Y a pesar de lo muy enfadada que estaba con Ron, no quería causarle un daño permanente, porque era mucho más que probable que el daño rebotara hacia ella.
"Solo en caso de que esa pequeña demostración no te haya hecho llegar el mensaje, hemos terminado. Ve y búscate otra chica para tratar de timar para llegar a sus bragas, porque nunca lograrás llegar a las mías."
Puso el frasco frente al rostro pecoso, observando la agónica mirada de Ronald cuando leyó la etiqueta.
"Correcto. Le pedí a Severus que preparara una poción anticonceptiva para mí. De verdad tenía toda la intensión de usarla contigo, pero ahora… bueno, si voy a usarla con alguien, será con quien valga la pena, como la persona que preparó la poción."
Hermione se puso de pie y guardó el frasco.
"Finite."
Ronald se apresuró a ponerse de pie, inflando el pecho, juntando aire. Abrió la boca lo más grande que pudo, pero justo antes de comenzar a gritar, Hermione movió su varita de nuevo.
"Silencio. No hay nada que puedas decir que haga que cambie de parecer. Sal de mi vista."
Pichó el pecho del idiota con la punta de su varita, empujándolo hacia la chimenea.
Él estaba boqueando, evidentemente tratando de decir algo, con el rostro descompuesto de dolor e ira.
"¡LARGO!" Y lo pinchó otra vez.
Ronald señaló la varita de ella, luego en dirección a donde Crookshanks había desaparecido.
"No. Si veo tu varita en las próximas horas, la partiré a la mitad. Crooks te hizo un favor al robarla."
El mocoso se removió en su sitio, considerando si debía empujarla e ir a buscar al gato y su varita, pero el punzante hechizo que le lanzó ella lo hizo cambiar de opinión. Tomó un poco de polvo flú y lo lanzó al fuego, moviendo la boca para decir 'la madriguera', en completo silencio. Se desvaneció en medio de las verdes llamaradas, luego las llamas se redujeron y volvieron a la normalidad.
Hermione se preguntó si la falta de voz haría que Ronald quedara atrapado en la red hasta que el ministerio lograra sacarlo, o si era posible que funcionara, aunque no se dijera el destino en voz alta. Como fuera, no le importaba.
Ahora, Ronald era problema de alguien más.
Tal debería enviarle un mensaje a Molly. Después de perder a Fred, la mujer necesitaba saber dónde estaban sus otros hijos.
Le resultó más difícil que de costumbre el poder conjurar su patronus, lo que no la sorprendía después de los eventos de esos últimos días, en especial, los del día corriente.
Eventualmente, pensar en Severus hizo el trabajo, y la plateada nutria salió en busca de Molly.
Era posible que tuviera que lidiar con una enfurecida matriarca Weasley por lo que le había hecho a Ron, pero Hermione suponía que Molly entendería cuando le contara del libro. Imaginaba que ella tampoco aprobaría esa clase de triquiñuelas, o las acciones de Ron al usarlo.
Con un poco de suerte, Ron estaría ya en casa, a salvo, y Molly ya estaría muy ocupada, consolando al 'pobre Ronnie'.
¡Qué horror!
Necesitaba algo con qué distraerse, o terminaría yendo hasta la madriguera para descoser a Ronald a hechizos, bien merecidos, por cierto, porque le había salido bastante barato.
El frasco hizo contacto con su varita cuando la guardó en el bolsillo y el ruido reclamó su atención.
Usarla con alguien que lo merece… Severus…
…
Severus cerró la puerta de su oficina.
Apenas había regresado de la cena en el gran comedor, cuando su red flú se activó. De inmediato, sacó su varita y cerró la puerta con llave, activando las guardas de privacidad.
Sin importar quien fuera que estaba ingresando a esas horas, no quería que sus Slytherins estuvieran escuchando tras la puerta.
Pronto, fue Hermione quien apareció en la chimenea.
La chica se limpió las cenizas con la varita, y Severus agradeció las precauciones previas.
No iba a tomar mucho para que sus jóvenes serpientes descubrieran cuándo eran las lecciones privadas de Hermione, y que esa noche no estaba en el horario.
Él no estaba para nada avergonzado de ser visto con ella, pero no quería tampoco que los rumores maliciosos comenzaran a correr. Ella merecía algo mejor que eso.
"Buenas noches Hermione." Murmuró él, mientras ella se acercaba, acortando la distancia entre los dos con rapidez. "¿A qué debo el placer…?"
Sus labios estaban contra los suyos. Y no era solo un rozamiento de piel con piel esta vez. Era un beso apasionado.
Los labios de ella se abrieron y su lengua pidió permiso para entrar. Él emitió un gruñido y abrió su boca para permitirle entrar y explorar, encontrando su propia lengua.
Severus no se atrevía a pensar que Hermione había venido porque lo había elegido. ¿Tal vez era un beso de despedida?
Se forzó a dejar el duelo de lenguas y terminó el beso, alejándola un poco de él, sosteniéndola de los hombros.
"¿Severus?" Preguntó ella sin aliento. Tenía los ojos enormes, llenos de… ¿temor? ¿Acaso pensaba que la estaba rechazando?
Eso nunca.
"Te deseo." Farfulló él. "Pero, ¿qué sucede?"
"Oh, sí. Es que terminé con Ron. Encontré algo que puso las cosas claras… bueno, él… deja mucho que desear. Nunca cambiará. Tenías razón, él no es… no es el correcto para mí." Se liberó de las manos de él y rebuscó en su bolsillo, sacando a relucir el frasco con la poción anticonceptiva que él había preparado para ella.
"Yo también te deseo." Con el pulgar, destapó el vial. "Y deseo usar esto contigo." Iba a beberlo.
Severus tragó grueso. Ella lo deseaba. De verdad lo había escogido a él. Pero… no. Tenían que hacer las cosas de la forma correcta.
Detuvo el avance de la mano de ella, poniendo la suya sobre el frasco, antes que pudiera llevársela a la boca.
"No hay prisa."
Con firmeza y suavidad, bajó la mano con el frasco, poniendo el tapón en su lugar.
Luego alzó un poco el mentón de ella y se acercó para besarla con ternura. Se alejó un poco, para susurrarle.
"Me sentiría más cómodo si no lo hacemos aún. Quiero estar seguro que no estás tomando revancha por Weasley…"
"¡Pero no lo es! Ya me sentía atraída… ¡te amo!"
Y él recompensó esa confesión con otro beso, mas apasionado esta vez.
"También te amo, pero mantengo lo que dije."
"Pero, ¿por qué? Si ambos…"
Severus puso un dedo sobre los labios de Hermione.
"Hasta que termines con tus EXTASIS, técnicamente soy tu profesor, así que nada de saltar a la cama aún."
Hermione le echó una mirada al escritorio.
"Pero no es necesario que sea en la cama, específicamente…"
"Sabes lo que quiero decir… ¡No me tientes Hermione! No puedes imaginar lo mucho que te deseo, pero te respeto demasiado. Me niego a degradarte."
"¡Pero los EXTASIS serán en un mes!"
"Paciencia. No dije que pudiéramos tener relación, solo dije que no habrá… consumación. Tenemos tiempo. Y te prometo, será mucho mejor si esperas. Me aseguraré de darte lo mejor de mí."
"Fastidioso."
"Tentadora." Murmuró él contra sus labios.
Ella profundizó el contacto, convirtiéndolo en un beso apasionado, y sus lenguas se entrelazaban, como si quisieran resolver el asunto a fuerza de besarse hasta la locura.
Eventualmente, los dos tuvieron que separarse para respirar, pero frente contra frente, mientras trataban de recobrar el aliento.
"De acuerdo. Esperaremos, pero al minuto de haber finalizado el último examen, espero que estés listo para las festividades. De preferencia, si puedes llevarme a tu dormitorio primero, pero cualquier lugar privado está bien."
Severus asintió con una sonrisa.
"Lo prometo."
Fin.
N/T: Bueno, ahí tienen otro one-shot. Sé que no tiene todos los cítricos que les gustan tantos, pero al menos, hubo un poco de Ron bashing.
Un abrazo para todas y espero que estén bien. Muchas gracias por seguirme, aún después de tantos años.
¡Hasta la próxima!
