Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.
CAPÍTULO 2: FAMILIA SNOW
POV CORIOLANUS
Escucho que alguien me llama, lo que me hace despertar y encuentro a mi hermana a los pies de la cama observándome con una sonrisa divertida.
−¿Rose? ¿Qué haces aquí?
−Mamá pidió que te despertara, ya está el almuerzo. ¿Quién es Lucy?
−¿De qué hablas? –me duele la cabeza un poco y sigo sintiéndome cansado.
−No parabas de decir su nombre en sueños.
Mi pequeña hermana brinca en la cama hasta acostarse a mi lado, ella es igual que yo, pero su cabello rubio es unos más oscuro que el mío, como el de nuestro padre.
Sigo en ese estado del sueño, cuando no eres consciente de todo y no sé de qué dice, mis ojos se cierran en un autoreflejo en un intento de ganar unos minutos más de sueño.
−Déjame dormir un rato más.
No me molesta, pero se acerca y descansa cerca de mí.
Los recuerdos de Lucy Gray esa chica que me atrapó completamente la noche anterior, vienen a mi mente. Cierto, hoy voy a verla de vuelta.
−Estaba preocupada –ella interrumpe mis pensamientos y ahora estando más alerta, puedo entenderle.
−¿Por qué, princesa?
−Porque usualmente no sales de noche, no tan tarde.
Eso es verdad, hace años que no salía en estos horarios por cuidar de mi padre o mi hermana, mi madre y yo nos turnábamos para eso.
−Solo salí con amigos, era el cumpleaños de Apollo. Lo recuerdas ¿no?
Ella asiente y yo sonrío mientras acaricio su cabello.
−Sejanus me trajo de regreso, cuando llegué, entré a verte a tu habitación y ya estabas dormida. ¿Qué es eso que decías recién?
−¿Sobre qué murmurabas el nombre una tal "Lucy"?
Asiento.
−¿Lo hice de verdad?
−Sí. ¿Quién es ella? ¿Ya tienes novia?
−No digas tonterías, no he tenido tiempo para esas cosas.
−Entonces, es alguien que te gusta –dice emocionada.
No lo niego, aunque tampoco lo afirmo.
Salgo de la cama y voy al baño dejándola sola con sus especulaciones.
−Esto no se quedará así, hermano –grita desde el otro lado de la puerta del baño.
Me río, sé que no me dejara en paz hasta que sepa los detalles.
−No puedo pensar con claridad ahora mismo. Dame tiempo, al menos hasta que me alimente.
−Está bien, pero quiero que me cuentes todo.
−Trato –acepto−. Ahora ve a comer –pido en tono cariñoso.
Escucho sus pasos más lejos y luego la puerta cerrarse, entonces me asomo por la puerta para asegurarme que ella no está en la habitación y poder darme una ducha y cambiarme.
Rose es curiosa por naturaleza e incluso con sus catorce años recién cumplidos es una chica muy despierta, a la que no se le pasa nada por alto. Pero yo la sigo viendo como una niña pequeña a la que debo proteger.
Cuando voy a comedor me encuentro con mi madre, mi hermana y Tigris. Los padres de Tigris, y también mis tíos se fueron a vivir a otro distrito por negocios, sin embargo, ella insistió en que no quería dejar el Capitolio, porque aún no terminaba su carrera de diseño de moda y ya tenía una vida aquí, así que como ya era mayor de edad, le permitieron quedarse, ella solo pasa tres o cuatro meses con sus padres en vacaciones, o cuando ellos vienen de visita al Capitolio. Mis padres insistieron en que se quedara con nosotros o con Madame, nuestra abuela, en uno pent-house que se ubica unos pisos más abajo. Pero a nadie le gusta dormir con Madame por su extraña costumbre de cantar el himno todas las mañanas apenas despierta, cuando vamos a visitarla o pasar tiempo con ella, nos aseguramos que sea luego del mediodía, para no escucharla. Viviendo en un edificio de doce pisos, el único lugar común que compartimos con ella es el tejado, que únicamente pertenece a los Snow.
−Buenos días.
Mi madre me sonríe y se acerca a mí, para darme un beso en la frente. Sé que lo hace con doble intención porque sabe donde estuve hace unas horas atrás. Luego de bañarme y cambiarme de ropa, dudo que pueda sentir algo más que la fragancia frutal del jabón líquido y el champú. Me siento en la mesa y me empiezo a servir la comida.
−¿La pasaste bien con tus amigos? –pregunta mi madre amable.
Sonrío ampliamente.
−Fue fantástico.
Escucho las risas contenidas de mi hermana frente a mí y mi madre nos mira a ambos con recelo desde la punta de la mesa
−¿Qué está pasando aquí?
−Nada –respondo.
−¡Oh, Lucy! Lucy... ven a mí. Lucy, eres hermosa –mi rostro debe parecer un tomate ahora mismo.
−No importa que tan angelical parezcas, eres un pequeño demonio ¿lo sabes? –replico.
Aparte no creo que haya dicho todas esas cosas ¿o sí? No recuerdo.
−¿A quién se refiere? –pregunta mi prima repentinamente atrapada por el chisme.
−¿Y por qué ustedes están peleando por eso? –agrega mi madre.
−Mi hermano está enamorado, quien sabe tal vez dijo que le fue fantástico porque se vio con esa chica, esa que nombraba en sus sueños. Exageré un poco con mi broma, no dijo nada de eso, pero lo escuché decir su nombre varias veces, algo extraño en él.
¿Solo un poco?
La observo con los ojos entrecerrados acusatoriamente. Solemos tener una relación de amor y odio como todos los hermanos. Sabemos que nos queremos, pero también tenemos nuestros momentos en los que nos gastamos bromas, nos sacamos de quicio mutuamente solo por diversión, o porque de verdad nos enojamos.
−No estoy enamorado –la contradigo.
Sin embargo, una pequeña parte de mi cerebro, sabe que no puedo descartar la posibilidad completamente, esa chica tiene algo me atrae como si fuera un imán.
Ahora que las tres centran mi atención en mí y me siento cohibido por la situación.
−Entonces, hijo ¿Por qué no empiezas desde el comienzo? ¿Quién es esa chica?
−La conocí anoche, me agrada. Estuvimos hablando por varias horas y comiendo juntos.
No tengo mucho para contar, porque no pasó nada aparte de eso y aunque hubiera pasado, no se los diría.
−¿No es mayor que tú, Coryo? –pregunta mi madre.
−No, no, no. Tenemos casi la misma edad. De hecho, es un año menor que yo más o menos.
Mi madre suspira aliviada.
−¿Qué imaginabas, mamá?
−Nada. ¿Cómo es ella?
−Es cantante y da shows los fines de semana, tiene una voz hermosa. Se llama Lucy Gray, es la sobrina de Pluribus Bell.
−¿Sobrina? Pensé que ella estaba fuera del Capitolio.
−¿La conoces? –pregunto intrigado.
−No estoy segura, tiene varias, la que conozco, ya no vive aquí, aunque no recuerdo su nombre. ¿Cuál dijiste que era su apellido?
−Gray Baird. Lucy es la hija de la media hermana de él, al menos eso me dijo.
Lo considera unos instantes.
−Entonces, no es ella. Debe ser la hija de Sabine Baird. Vaya que pequeño es el mundo –mi madre sonríe como si recordara algo alegre. Desde que papá murió no sonríe de forma autentica como ahora.
−Mamá...
No imaginé que mi madre tuviera algún tipo de relación con la familia de esa chica, pero tiene sentido, mis padres solían decir que cuando eran jóvenes iban seguido al bar de Pluribus. Y Lucy me aclaró que en el pasado su madre inicio junto al hermano el negocio. Probablemente, por eso la conoce.
−No sucede nada, solo estoy recordando viejos tiempos. Ella era mi amiga ¿sabes? Me refiero a su madre. A veces nos escribimos cartas al menos una o dos veces al año. Ella mencionó algo acerca de su hija en el Capitolio hace unos meses cuando me escribió para dar sus condolencias por... tu padre. Pero no pensé que estuvieras hablando la misma chica.
−¿Cómo la conociste?
−De la escuela, éramos compañeras y con el tiempo nos fuimos acercando, hasta que ella dejó casi toda su vida en el Capitolio cuando se casó. Recuerdo que quedó embarazada cuando tú aún eras un bebé y que volvió al Capitolio por casi un año para tenerla aquí y poder estar con su familia.
Al notar mi interés en su relato continua y descarto mi teoría inicial.
−Jamás pensé que ustedes dos se conocerían. Curioso. ¿Así que fueron al local de Pluribus Bell?
Asiento. Supuestamente lo eligió Apollo, pero viendo las intenciones de Festus seguro lo propuso él.
−¿Qué tipo de lugar es ese? –pregunta mi hermana.
−Uno al que no podrás ir hasta que seas mayor de edad, Rose –respondo.
−No me trates como si fuera una niña –dice con voz baja y tranquila–. Puedo entender más de lo que crees, hermano.
Mi hermana tiene un rosto y un cuerpo tan pequeño, que parece menor de lo que en realidad es. Es difícil verla de manera diferente. Eso debió sacarlo de mamá, quien, con sus cuarenta años, la mayoría cree que esta en sus treinta. Ahora mi hermana se queja de parecer tan chica, pero seguramente luego lo agradecerá
−Pero lo eres –me dirige una mirada molesta y trato de arreglar las cosas con lo siguiente−: en este caso.
−Cariño –le dice Tigris−, lo que está queriendo decir tu hermano, es que no puedes ir porque es un lugar para jóvenes y adultos; tú apenas tienes catorce años recién cumplidos. Pero no te preocupes que no te pierdes nada interesante, es un lugar común y corriente. ¿No, Coryo? –pregunta mi prima.
No diría que es común y corriente, pero no quiero que mi ella sepa lo que hacen los que van allí con litros y litros de alcohol en sus cuerpos. No obstante, anoche estuve más tiempo pendiente de Lucy, que de lo que pasaba a nuestro alrededor.
−Por supuesto, no es nada interesante. Aparte solo fui porque insistieron mucho.
Mi madre no comenta al respecto, no es algo que podamos hablar frente a ella, aunque probablemente no demore mucho más en descubrirlo ahora que ingresó a la secundaria.
−¿Qué te parece si salimos mañana? –propongo−. Podríamos ir al cine a ver esa película que tantas ganas tienes de ver y luego ir a los juegos, aún quedó bastante crédito en la tarjeta del parque desde la salida anterior.
Sus ojos se iluminan y se muestra entusiasmada.
−¿No podemos ir hoy? –pide–. Vamos con Tigris y mamá.
−No puedo, princesa. Ya hice planes con alguien y se molestará si no voy. Las promesas no pueden romperse. Aparte Tigris tiene trabajo en una boda.
Ella es estilista, debe asistir y preparar a los dos novios y sus familias para la ceremonia.
−Pensé que era la siguiente semana –dice mi hermana
−Lo era, pero la adelantaron –explica Tigris–. No estoy muy enterada sobre los motivos, seguramente lo sabré hoy, aparentemente hubo un error externo del salón o del registro civil.
−Mañana podremos salir los cuatro, te lo prometo –completa mi madre−. ¿Y tal vez deberíamos invitar a su abuela?
−No creo que quiera ir a esos lugares –comento.
−Mucho ruido –agrega mi prima–, ella dijo una vez que odia los cines.
−¿O planeas otra cosa? –pregunto.
−Tal vez, me gustaría que Madame saliera un poco más y mientras ustedes estén en el cine, podría llevarla a otro lugar. Sé que todo lo que nos ha pasado ha sido difícil, pero Crassus querría que todos fuéramos felices y siguiéramos adelante.
Admiro su fortaleza, siempre pensé que cuando eso pasara se derrumbaría, pero en vez de eso, se aferró a nosotros y se propuso ser fuerte para poder cuidarnos.
Nadie en la mesa habla, sin embargo, mi madre continua.
−Coriolanus, por casualidad ¿la persona con la que hiciste un plan es Lucy?
−Lo es, en el mismo lugar de anoche.
−Está bien, solo quiero saber con quién vas a estar. Has hecho un gran esfuerzo este año, ve y diviértete.
El almuerzo transcurre con tranquilidad. Tigris se alista para la boda y se va más rápido que un rayo. Mi madre dice que irá a trabajar al despacho y yo me quedo con mi hermana viendo una serie en televisión.
−¿Es linda? –pregunta durante los comerciales.
−Es especial –respondo.
−No entiendo.
−Es diferente a las demás y si, es linda. Tiene piel clara, ojos marrones o dorados, no sabría decirlo con certeza considerando la tenue iluminación que había en el salón, y cabello castaño con leves ondas. También es divertida, hace y dice cosas graciosas. Baila y canta muy bien. Nunca he conocido a una chica como ella.
−¿Más que mamá?
−Bueno, Lucy es más profesional. Mamá solo canta para calmarnos en nuestros días malos.
−Suena como alguien agradable.
−Es agradable. ¿Por qué preguntas?
−Curiosidad. Imaginé que debía ser realmente única para captar tu atención, considerando que tú no eres fácil de impresionar.
−¿Cómo sabes tanto?
−Soy tu hermana –responde, pasándome un trozo de chocolate de una tableta grande que acaba de abrir y lo acepto.
−¿De dónde lo sacaste?
Creí que no quedaba, ya que Rose se comió el último sola hace unos días y no me dejo nada.
−Mamá fue a hacer las compras hoy. Trajo varios para nosotros y los dejo en el lugar de siempre, por si te interesa.
Podría llevarle alguno a Lucy, a ella le gusta el chocolate.
−¿Fuiste con ella?
−No, se fue mientras todos dormíamos. Cuando llegó hicimos budín de pan con pasas de uva.
−Mi favorito.
−Lo dejamos en la heladera en un rato traeré para nosotros cuando tomemos algo.
−¿Has visto lo que te traje? También lo guarde en el refrigerador.
−No realmente, solo vi un paquete envuelto que no estaba ayer, aun así no lo abrí.
−Te traje comida de allí. Déjalo para la cena –le digo.
El resto de la tarde ambos discutimos sobre la serie y quien pudo ser o no el culpable del asesinato que ocurre en los nuevos episodios. Mientras yo uso un razonamiento lógico en base a lo que presentan, mi hermana se fija en algunos otros detalles que yo no noto para llegar a una conclusión.
En un momento, se queda dormida en una punta del sofá y yo apago la televisión y la cubro con una manta. Decido subir al tejado con una tijera de poda y diarios viejos en mano, y voy directo al invernadero con las palabras de mi abuela rondando en mi mente.
