Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.


CAPÍTULO 4: ESCUELA

POV CORIOLANUS

Las horas pasan muy lento durante el día escolar, quedamos en reunirnos el fin de semana, pero decidí ir a buscarla a la salida de la escuela. Converso con ella casi todos los días; y he tenido que aguantar las bromas de mi hermana y las miradas curiosas que Tigris y mi madre me dirigen cada vez que me ven respondiéndole a ella. Ahora en medio de la clase y a minutos de empezar el recreo, mi teléfono vibra en el bolsillo del pantalón unos segundos y Sejanus mira para abajo dándose cuenta que es el mío y no el suyo que estaba debajo de su asiento.

−¿Es ella ¿no?

Veo rápidamente la pantalla solo para asegurarme alguien de mi familia, pero no, es Lucy. Asiento y lo vuelvo a guardar, pensando que le podré responder en el almuerzo.

−¿Festus aún no lo sabe? −Sejanus pregunta mientras estamos en el comedor pidiendo nuestros almuerzos.

−No, y no tiene porque saberlo. Lucy no es nada suyo.

−Pero está interesado en ella, se pondrá furioso cuando sepa que estás saliendo con la chica.

Es un hecho que eso pasara.

−Solo la quiere para pasar el rato como a todas. Me da igual lo que me haga o diga. Aparte, aún no sé dónde estamos parados ambos, ha pasado mucho en estas dos semanas, pero al mismo tiempo no ha pasado nada −respondo.

He ido a verla al bar cuatro veces, una el fin de semana pasado, y tres días entre semana con un previo aviso de ella, diciéndome que estaría trabajando. En esas últimas ocasiones ambos bebimos café y comimos pasteles.

−Pero quieres que pase −comenta.

Estuvimos tan cerca de besarnos en dos ocasiones, en una yo me contuve y hace tres días nos interrumpieron. Recordar aquello hace que me sonroje, y Sejanus es bueno para leer entre líneas, incluso si no hay palabras de por medio.

−Supongo que eso es un sí.

−No lo voy a negar. Ella de verdad me gusta −confieso.

−¿Quién te gusta? −interrumpe alguien a nuestras espaldas. Sorprendidos por la interrupción, ambos nos damos vueltas con nuestras bandejas ahora llenas.

La persona a la que menos deseo decirle la verdad ahora... Festus.

−No es de tu incumbencia. ¿Por qué siempre acabas metiéndote en conversaciones ajenas? −respondo con rapidez.

Sejanus mira alternativamente entre ambos sin saber que decir.

−Porque somos amigos, ¿no?

−Ya quisieras −lo contradigo.

Me alejo deseando que así, él no me siga y no me vuelva a preguntar sobre Lucy Gray. Y confío en que Sejanus lo distraiga lo suficiente como para que se olvide del asunto.

−¿No está algo extraño estos días? −pregunta Festus.

−No sé de qué hablas, yo lo veo igual que siempre. Está de buen humor porque le está yendo bien en las materias y por la beca, eso es todo −miente mi otro amigo.

−Pero hablaba de una chica...

−Jamás mencionamos a ninguna chica, Festus. Me estaba hablando de una nueva mascota de su hermana. Ya sabes a ambos le gustan los animales y adoptaron una gatita. Ven conmigo y déjalo tranquilo. Tenemos un asunto pendiente.

¿Una gata? ¿Es lo único que se ocurre? Da igual, no hay muchas otras opciones. Tendré que seguir esa mentira un tiempo.

Ninguno de ellos me sigue, Sejanus consiguió desviar la conversación y llevarlo a otro sector para hablar sobre un algo relacionado con un trabajo escolar. Gracias a Dios.

Me siento en una mesa cerca de los grandes ventanales solo y empiezo a almorzar, mientras leo los últimos mensajes que me envió Lucy, ella está con sus amigas comiendo y me cuenta que hoy tiene clases extracurriculares de música, lo que significa que saldrá a las cinco de la tarde. Me pregunto si estaría mal si paso por ella, hoy no debo llevar a mi hermana a casa porque irá a estudiar a la casa de una de sus compañeras.

Una silla se mueve cerca de mí y yo me sobresalto.

−Coryo, que extraño que estés solo.

Giro mi cabeza hacia el costado y veo a Clemensia, fuimos compañeros y amigos desde jardín, es una de las pocas compañeras que me agrada.

−Tengo mis motivos −respondo.

−Estás diferente últimamente... y están corriendo muchos rumores.

−Soy consciente de ello.

−¿Y hay alguno que se acerque?

-¿Tú en cuál crees?

−Pienso que estás enamorado. Estás ausente en tus ratos libres, estás mandando mensajes y a veces sonríes de la nada como si... pero nunca te has fijado realmente en otras chicas y hasta eso lo veo difícil.

−Acertaste −contesto−. Estoy viendo a alguien. Pero nadie más debe saberlo, por ahora, mucho menos Festus.

No quiero que le haga pasar un mal rato a Lucy.

−Por favor, dime que no te gusta una sus ex novias. Te asesinará, si es el caso.

−¿Es una broma? Por supuesto que no.

Ninguna es mi tipo, aunque en realidad no sabía que tenía un tipo particular de gusto hasta ahora, excepto por el hecho de que nunca vi atractivas a las rubias con las suele salir él. Bebo mi refresco y me quedo pensando que decir a continuación.

−Pero si es alguien que le interesa y por quién fue rechazado varias veces. La chica nunca estuvo interesada en él No sé cómo va a reaccionar, por eso no lo sabe nadie, excepto Sejanus y ahora tú. ¿Prometes que no se lo dirás a nadie?

−Sabes que nunca te traicionaría. Tranquilo, no saldrá de mi boca.

−Gracias.

−Pero con una condición.

La miro extrañado.

−Estamos solos aquí. Satisface mi curiosidad y cuéntame sobre ella.

−¿Por qué?

−Porque a las mujeres nos gusta saber esas cosas. Debe ser una chica realmente particular para que haya calado hondo en ti, señor "no tengo tiempo para las relaciones y el amor porque tengo otros problemas más importantes".

Suspiro.

−De acuerdo. ¿Qué quieres saber?

Mi amiga sonríe y empieza a bombardearme con preguntas, sobre como la conocí, donde, cuando, como es físicamente, que hace, detalles de las veces que nos hemos vista y que siento por ella. Trato de responderle, pero muchas cosas me las reservo para mí y ella se queja, pero cuando le cuento lo mucho que esa chica me gusta y que creo que ella también siente lo mismo, se calla y simplemente me escucha. Parece que lo más le interesa saber es como ha sido nuestro contacto hasta ahora.


Diez minutos. Ya es la décima vez que veo el reloj en la última hora. Lucy debería estar por salir en breve, al final tras esa charla con Clemensia ella me terminó de convencer sobre venir a buscarla a clases, aludiendo a que a las chicas les gustan esas atenciones cuando vienen del chico que les gusta. Su escuela queda muy cerca de la mía, por lo cual venir por ella no supone ninguna dificultad.

El edificio de su escuela es bastante lindo, no luce tan diferente de La Academia, excepto por el hecho de que el terreno es más pequeño, porque funciona solo como escuela secundaria.

Me mantengo dentro del auto en el estacionamiento hasta que veo que empiezan a salir alumnos y salgo caminando hacia las escaleras y marco su número para enviarle un mensaje preguntándole casualmente si ya terminó su clase. Ella demora en contestarme unos tres minutos, para decirme que acaba de salir del salón donde ensayan y que planea ir directo al bar. Sonrío satisfecho por su respuesta, en lugar de contestarle me quedo esperando paciente su aparición, después de todo, a no ser que salga por el campo de deportes está es la única salida y entrada de la escuela.

Muchas adolescentes salen en grupos y estoy más atentas a las chicas que salen por el edificio y bajas las largas escaleras del frente. Casi me cuesta reconocerla a esta distancia, pero entonces, luego de unos minutos la veo con su cabello natural rizado y semi recogido cayendo en su espalda y su uniforme escolar. Contrario a su look atrevido y sexy del bar, se ve tan inocente ahora e igual de hermosa.

−¡Lucy Gray! −grito para llamar su atención cuando ya está a casi quince metros de mí, evitando que siga de largo.

Ella, que está perdida en una conversación con sus otras compañeras, todas sosteniendo fundas con diversos instrumentos; busca el origen de la voz y cuando se encuentra con mi mirada parece estar en shock, mientras sus amigas empiezan a hablarle y darle golpecitos en los hombros porque se detuvo en el descanso paralizada.

Aprovecho para subir los escalones y alcanzarla.

−Coriolanus −en su mano sostiene su guitarra y a verme acercarme, la apoya en el pasamanos de mármol de la escalera y me enfrenta−. ¿Qué haces aquí?

−¿No es obvio? Vine a buscarte; porque quería pasar un rato contigo.

Sus compañeras o tal vez amigas se detienen a nuestro alrededor, también.

−No te esperaba. ¿Por qué no me avisaste que vendrías?

−Hubiera arruinado la sorpresa −respondo.

Lucy me sonríe de una forma adorable y envuelve sus brazos a mi alrededor y eso lo tomo como una señal para también abrazarla y enterrar mi rostro en entre su cuello y su hombro.

−Pues vaya sorpresa me diste, cariño.

−¿No estás molesta?

Ella aleja su rostro del mío y me besa la mejilla y peligrosamente cerca de mis labios.

−¿Por qué lo estaría? Estuve pensando en ti toda la mañana y pensé que estaba imaginando cosas cuando me llamaste y te vi parado allí −muerde su labio inferior, como si hubiera dicho que no debía y se sonroja−. Lo siento −sacude su cabeza−; no me hagas caso.

Mi sonrisa se expande aún más y me inclino para besar su frente, mientras ambos cerramos los ojos. Siempre suele decir todo lo que piensa, o al menos gran parte; porque sabe cuándo es preferible mantener silencio sobre algo. Y esa es una de las cosas que me gusta de ella.

−Hola, Lucy.

−Hola, Coryo −nos saludamos por primera vez y siento sus manos recorrer mi espalda.

Un carraspeo interrumpe nuestro momento y ambos nos apartamos.

−Lucy ¿no nos piensas presentar a tu... amigo? −pregunta una de ellas, parece un poco menor tal vez, quince.

−Él es...

Se para a mi lado y yo tomo su mano. Enfrento a sus amigas; mientras ella me mira a mí y ellas alternativamente.

−Coriolanus Snow, mucho gusto −interrumpo.

Lucy me presenta a las cuatro chicas que la acompañan y les dice que yo era el chico sobre el que les había estado hablando la última vez.

−Entonces ¿él es el chico con el que sales? −pregunta una chica de cabello negro y piel oscura, que por su acento y aspecto debe venir del Distrito Once.

Lucy me mira como pidiendo ayuda y yo respondo.

−Creo que aún no hemos llegado a eso −respondo siendo sincero−. Aunque puede cambiar hoy.

−¿Que dices, Coryo? −pregunta Lucy.

La miro directo a los ojos y le sonrío.

−Dile a tu tío que demorarás un rato. Me gustaría llevarte a un lugar. Claro, solo si tú quieres.

−¿Quieres adelantar nuestra primera cita del fin de semana ahora?

−Sí, quiero. Pero no pienso renunciar a esa, tampoco.

Con mi mano libre acaricio su rostro y noto como ella baja la guardia ante ese contacto.

−De acuerdo, pero deberás llevarme a casa. Le diré a mi tío que no iré al club.

−¿Me darás toda tu tarde a mí?

Ella asiente felizmente y luego aparta mi mano para ver a sus amigas.

−Lo lamento, chicas. Vayan a tomar el tren solas, me quedaré con Coriolanus.

Todas se despiden y se marchan. Cuando nos quedamos solos, ella me vuelve a abrazar unos segundos y me suelta.

−Vamos, Coryo.

−¿Ni siquiera vas a preguntar dónde te voy a llevar?

−No, sorpréndeme. Y espero que me lleves primero a un lugar para comer, porque me estoy muriendo de hambre.

Largo una carcajada.

−Ese era el primer plan. Conozco una buena cafetería, donde podrán servirnos un banquete entero, si así lo deseamos. Vine de sorpresa por ti, yo invito esta vez.

−¿Qué esperas para llevarme? −bromea.

Agarro su guitarra por la tira de la funda y toma mi mano mientras bajamos. Una vez que me detengo cerca del auto, yo le entrego su guitarra.

−Muy elegante ¿Es tuyo?

−Era de mi padre, luego de su muerte, mamá me lo dio a mí y lo pasó a mi nombre.

−¿Por qué no te vi antes con el auto?

−¿Cuando voy al club nocturno a verte?

Ella asiente.

−Estuvo algunas semanas en reparación y me lo devolvieron hace pocos días. Nada grave, solo tenía algunos daños externos, alguien de La Academia chocó contra el auto mientras estacionaba el suyo y sufrió algunas abolladuras atrás y las luces traseras rotas.

−¿Fue en esos días que estaba nevando fuerte?

−Precisamente. Por suerte, yo no estaba dentro.

−Gracias a Dios. Aquí dicen que casi se murieron dos alumnos por un choque a causa del hielo y la nieve el año pasado.

−¿Y no pasó a mayores?

−Aparentemente, no. Sin embargo, estuvieron internados varios días por lesiones internas y externas menores. Cómo sea, siguen vivos.

−El que chocó sufrió un golpe en la cabeza y quedó inconsciente varios minutos. Se sintió culpable y me dijo que cubriría los gastos de reparación.

−¿Y lo hizo?

−No fue necesario, el seguro cubrió todo. Entra y dame tu guitarra.

Abro la puerta del copiloto y la dejó entrar; luego abro el baúl guardo su guitarra segura allí. Si alguien ve algo tan valioso, podría romper los vidrios y robarlo mientras no estamos cerca.

Cuando me siento al lado de Lucy, veo que ya se colocó el cinturón de seguridad y dejó su mochila a sus pies.

La falda tipo escocesa tableada, es corta, pero al mismo tiempo no tanto, pero no lleva nada debajo. Incluso, su campera es fina y el clima hoy es muy frío.

−¿Sientes frío?

−Un poco −reconoce.

Me quito mi abrigo, lo suficientemente largo para cubrirla hasta casi las rodillas en el caso de que se lo ponga y lo ubico en su regazo, cubriéndola desde la cintura. Ella parece sorprendida por mi gesto, pero sonríe.

−Gracias.

−Te lo presto. No solo ahora, úsalo el resto de la tarde −anuncio.

−Pero...

−Tú estás más vulnerable que yo, Lucy.

Mi abuela y mi madre me matarían si no fuera caballeroso con las mujeres, porque es lo me enseñaron toda la vida al estar rodeado de mujeres en la familia. Pero lo que mueve a cuidar a Lucy de esta forma, es algo más personal.

−La mayoría de los chicos hoy en día no hacen estas cosas.

−No soy como la mayoría de los chicos, creo habertelo dejado claro antes. Respecto a esto, no acepto un no como respuesta, Lucy Gray.

−No iba decir que no, caballero. Te lo agradezco.

−De nada. Por cierto, es la primera vez que te veo casi sin maquillaje. Eres muy linda.

−¿Te sorprendió verme sin vestidos, ni ropa, ni maquillaje llamativo?

−Solo un poco, sinceramente. Creo que prefiero tu versión al natural.

−Eres un pájaro extraño, Coriolanus Snow.

−¿Cómo debo tomar ese comentario? −pregunto sintiéndome inseguro.

−Como un halago muy positivo, guapo. Y para ser completamente sincera, soy completamente diferente fuera del Club Nocturno de mi tío. Con suerte, conocerás a mi verdadero yo. En mis presentaciones me veo obligada a actuar y arreglarme de una forma determinada. Durante el resto del tiempo, soy yo misma.

−¿Y ahora mismo eres tú misma?

−Contigo siempre lo seré, lo prometo. Aunque si quieres que saque a flote a la cantante y bailarina sexy alguna vez, solo debes enviarme una señal.

Contrario a incomodarme, ese comentario hace que una tonta sonrisa se dibuje en mi rostro. No importa cuántas veces nos veamos o hablemos, Lucy Gray Baird cada vez me gusta más.

−Lo tendré en cuenta −le aseguro.

Pongo la llave y enciendo el motor, emocionado por la idea de poder tener una cita con la chica más hermosa que que conocido por primera vez fuera de su lugar de trabajo.