Descargo de responsabilidad: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.
Mikasa es tu casa
La niña nueva tenía un nombre muy raro.
—Niños, esta es la nueva compañera de quien les hablé.
La Srta. Ral sonreía mientras hablaba. Sostenía de los hombros a la aludida, en un gesto que buscaba inspirarle confianza. Levi le había advertido que su sobrina era algo tímida, y que le costaba hacer amigos.
La clase observó con atención a la visitante, admirados por sus rasgos orientales.
—Vamos, preséntate a la clase —le susurró la maestra, haciéndose a un lado.
La niña asintió, y le dio la espalda a la clase para dirigirse al pizarrón. Tomó la tiza y comenzó a garabatear su nombre, como su padre le había enseñado.
—Mi nombre es Mikasa Ackerman —dijo bajito, con un ligero acento japonés.
La clase estalló en risas.
—¡Mikasa es tu casa!
La primera en chillar el apodo fue una pecosa flacucha de pelo corto. Le secundó un niño de cabello rapado al ras, seguido de otra niña de cabello castaño recogido en una coleta. Pronto la clase entera estuvo riendo, incluso Annie, quien no era dada a las mofas de sus compañeros, sonreía disimuladamente.
Mikasa no lo comprendía. Miró a su maestra, como buscando una explicación, pero esta lucía como si no supiera que hacer.
—¡Niños! ¡Niños! —levantó la voz, pero el grupo siguió riendo—. ¡NIÑOS!
Tuvo que hacer falta unos cuantos decibeles más para que la escucharan.
—Mikasa es nuestra compañera y merece respeto. ¡El siguiente que vuelva a llamarla así se quedará sin receso!
La clase obedeció de inmediato.
Al menos hasta que la jornada terminó y olvidaron el temor a ser dejados sin recreo.
Oyó los sollozos de una vocecita femenina. Se asomó a ver qué pasaba, y se encontró con la niña nueva llorando.
—¿Por qué lloras? —le preguntó, deteniéndose a su lado.
La niña levantó su cabeza, y cuando sus grandes ojos grises reconocieron al niño, su mirada se tornó dura.
—Sabes porqué —contestó, apartando la mirada.
—¿Es por tu nombre? Tonterías —Mikasa levantó la cabeza—. Yo creo que es bonito.
Al decir aquello, Mikasa dejó de llorar. Sonrió conmovida, una sonrisa bonita que hizo que el niño se ruborizara.
—Toma —le extendió un pañuelo rojo, apartando la cara. Estas cosas lo mataban de pena pero su madre siempre le había dicho que debía ser educado con las niñas—. Y no llores más.
Mikasa asintió con fuerza y tomó la prenda entre sus manos.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó, ya poniéndose de pie.
—Eren.
—¿Quién Eren y qué haces en Mikasa?
Esa maldita pecosa volvió a hacerlo de nuevo. La clase estalló en risas una vez más, mientras que Eren perseguía a Ymir por todo el patio, no importándole ya que fuera niña; y la pobre Petra Ral se agarraba las sienes y reconsideraba su elección profesional.
Tenía esta idea en la cabeza desde hace un buen rato, pero hasta ahora pude plasmarla. Supongo que esto sería un chuugakku versión escuela primaria o algo así. No olviden comentar, por cada comentario un maestro recibirá una dosis de paciencia y un sueldo realista (?)
