Descargo de responsabilidad: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama, a quien le debemos tantas bromas que solo tienen sentido en español.
Petra se dejó caer en la silla del cafetín, agotada. Levi, del otro lado, detuvo el vaso de té helado a medio camino de sus labios.
—¿Qué pasa? —preguntó con su tono flemático habitual.
—Mis alumnos. Están volviéndome loca.
Levi levanto una ceja sutilmente, un gesto que denotaba interés.
—¿Oh?
—No han parado de burlarse de Mikasa desde que llegó aquí. Y ahora no dejan de meterse con la pobre Historia. Juro que no hay día que no la vea llorando. No sé qué hacer ni cómo detenerlo.
—Ah. ¿Y qué es lo que le dicen? A Mikasa, me refiero.
Petra se trabó, apenada. Lo último que quería era admitir ante el represente de la agraviada lo que se decía de ella, y menos cuando había sido incapaz de hacer nada para evitarlo.
—Pues le dicen… le dicen "Mi casa" y esas cosas.
La expresión apática de Levi no varió. La miró sin entender cuál era el problema en todo esto.
—Ese es su nombre, ¿por qué habría de ser un problema?
—"Mi casa" —repitió Petra—. "Mi", pronombre posesivo, más "casa", sustantivo. Sinónimo de "morada", "vivienda", "habitación"…
Levi parpadeó.
—Ya. Entendí.
—Le dicen "mi casa es tu casa" y cosas así.
—Son niños, Petra. Lo superarán. Mikasa no crecerá con un trauma por eso.
—Lloró el primer día.
Levi se revolvió en su asiento.
—Tal vez debería darles unas pescozadas.
—Eso es ilegal, Levi.
—Hablaba de Mikasa.
Petra frunció el ceño y se encogió de brazos en una posición ofensiva.
—Me esfuerzo en enseñarle a mis niños que la violencia no es la solución.
Levi rodó los ojos.
—Entonces la Srta. Tybur me presentó a la clase y un mocoso gordo del fondo se empezó a reír y burlarse de mi nombre, y todos los demás también se rieron.
—¿Y qué te decían, tío? —preguntó Mikasa, absorbida por la anécdota.
El rostro de Levi permaneció imperturbable.
—"Le vi los calzones" "Le vi las pelotas"
Mikasa abrió la boca asombrada. Petra lo reprendió.
—No digas el sinónimo de bo… de esferas delante de tu sobrina —susurró.
Levi le contestó sin mirarla.
—Todavía no conoce «ese» significado.
Petra suspiró. Mikasa ni se dio por aludida.
—¿Y siguieron metiéndose contigo?
Levi le dio una sonrisa torcida. Petra tuvo un mal presentimiento.
—Le di una patada en sus pelotas, y estiré sus calzones hasta que asomaron de su pantalón.
Mikasa abrió la boca asombrada.
—Y entonces nunca nadie más osó burlarse de mí.
Fin de la historia. Levi se incorporó con orgullo, disfrutando de la admiración de su sobrina. Al lado, su prometida, no lucía tan fascinada.
—¡Maestra, Mikasa le dio una patada a mis pelotas!
Petra se volvió escandalizada ante los sollozos. Jean hacía pucheros y se sorbía la nariz sonoramente. Tenía un aspecto tan patético que daba auténtica pena. La maestra se arrodilló ante él y rápidamente lo escaneó con la vista, buscando alguna señal de maltrato.
—¿Dónde… dónde te lastimó, Jean? —preguntó cautelosamente. Estas cosas eran delicadas.
—Ya le dije, en mis pelotas —sollozó el niño aun más fuerte.
Petra asió rápidamente un muñeco, y se lo presentó a Jean.
—¿Puedes mostrarme con el Sr. Pamplín dónde te pateó?
El niño le arrebató el muñeco, cruzó el salón hasta la otra punta, y usando la mano de la marioneta, señaló un par de retazos de caucho, encogidos en el suelo. A Petra le tomó un minuto reconocerlos.
Eran los balones de Jean. Dos balones del tamaño de una pelota de básquet y hechos con algún material barato que la mamá de Jean compró en una oferta del supermercado. El olor frutal seguía impregnado en el aire.
Petra se sostuvo el puente de la nariz e inhaló profundamente.
—Levi.
Petra empujó un pedazo de papel contra su pecho, haciéndolo tambalear. Estaba enojada.
—Es mi deber informarle, Sr. Ackerman —siseó el nombre—, que su representada tiene una falta disciplinaria, y que es SU deber responder ante los representantes del agraviado.
Levi tomó el papel, pero no lo leyó. Cuando Petra usaba palabras como "disciplinaria", "agraviado" y toda esa jerigonza pedagógica, significaba que había alguien en problemas, usualmente, alguien que no era él.
—¿Qué mierda significa eso? —exigió.
—Las pelotas de Jean—gruñó—. Le metiste esas ideas absurdas a Mikasa, y lo primero que hizo al llegar a la escuela fue desinflar a patadas los balones favoritos de su compañero. Ahora Jean es quien no deja de llorar y su madre exige que te hagas responsable y le compres unos nuevos a su «Jeanbo».
El tono al imitar el sobrenombre del niño fue de burla y frustración.
Levi asentó el papel en la mesa y le estampó su firma.
—Vale, ya está. Al menos te quedó claro que yo tenía razón.
Petra levantó una ceja, en señal de advertencia. No estaba de humor para jueguitos.
—Que Mikasa no entiende aun los otros significados de «pelotas».
Petra giró los talones y gimió de pura frustración.
Al final, las cosas resultaron bien para todos. Nadie osó burlarse más de Mikasa después de lo que aquella mañana, y Levi cumplió con la medida disciplinaria. Jean obtuvo un par de balones nuevos que resultaron ser mucho mejor que los que su mamá había comprado inicialmente, además de que, tras todas esas lágrimas por la pérdida de sus juguetes favoritos, Mikasa decidió no seguir con el otro consejo de su tío: jalarle los calzones hasta que salieran de su pantalón. Y eso, en el léxico de Levi, era un gran alivio para las otras pelotas de Jean.
No sé de dónde salió esto. Fue muy repentino. Trabajaba en una segunda parte con Historia, y la idea de Petra desahogándose con Levi y luego este contándole cómo se burlaban de su nombre cuando era niño, vino a mi mente. Eso era todo lo que tenía planeado, pero Jean y sus *ahém*, balones se atravesaron en medio y salió esto. Me divertí escribiéndolo, espero sacarles por lo menos una sonrisa.
Habrá otra parte esta vez con Historia, todavía no sé si la subiré aquí o en otra historia *guiño guiño* aparte.
—Fanfiction, 10 de febrero de 2020.
