Nota: Ya estaba escrito, sólo faltaba terminarlo y... Oficialmente me declaro amante de los Fushiguro (?).


I.

Es sábado por la mañana, cuando Yuuji se levanta de su cama y se viste de la forma más presentable para ir a la casa de Megumi, con quién ya lleva 5 años de relación desde la preparatoria.

Y no es un sábado común, hoy es uno especial.

Porque…

Yuuji tiene la intención de pedirle la mano de Megumi a su suegro, Toji Fushiguro.

II.

Está nervioso, no tanto como la vez en la que Megumi lo presentó a su familia. Pero no va a acobardarse.

Este es un gran paso, y él definitivamente, está seguro de querer pasar el resto de sus días junto a Megumi.

Y también, porque no quiere escuchar las burlas de su primo.

Por lo que, inhalando hondo y exhalando, traga saliva y, toca la puerta de su suegro.

III.

— ¿Qué?

— ¿Puedo tener a su hijo por el resto de mi vida? — pregunta, haciendo una profunda reverencia, tratando de que la voz no le tiemble y verse completamente seguro —. ¿Puedo tener su bendición?

A Toji le tiembla una ceja, y el impulso de cerrarle la puerta en la cara a Itadori, es enorme y tentador.

Pero Tsumiki lo va a regañar si se entera, por lo que decide ser honesto y claro.

— Permití que salieras con Megumi, pero no voy a darte a mi hijo.

Yuuji se endereza cuál resorte, atónito —. Entonces eso significa que...

— La respuesta es No.

Y le cierra la puerta.

IV.

— ¡Me cerró la puerta en la cara y me dijo que no! — es lo que Yuuji le cuenta a Nobara por teléfono, ofendido.

Nobara hace un titánico esfuerzo por no reírse, porque después de todo, esto es importante para su mejor amigo.

¿Y acaso eso significa que te vas a rendir?

Ya sabe la posible respuesta, y su sonrisa sólo crece más cuando él dice:

No. Aunque eso signifique escaparme con Megumi.

V.

— Te dije que no te voy a dar la mano de mi hijo — dice casi gruñendo Toji, molesto con la insistencia de Itadori.

Él no iba a darle su esperanza a cualquiera, y menos a ese idiota que su hijo tenía por novio.

Yuuji frunce el ceño, aplicando más fuerza en la puerta para que esta no se cierre (como la otra vez) —. ¡Yo quiero hacer las cosas bien, y usted es un grosero!

— ¡Y yo sigo diciendo que No! ¡Vete o llamaré a la policía, mocoso!

— ¡Ya tengo 25 años, usted es el infantil aquí!

Y otra vez, Toji le cierra la puerta en la cara. No sin antes propinarle una patada en el costado y decirle que se marche.

VI.

Cuando Yuuji le cuenta a Megumi lo grosero que fue su padre, cuando le dijo que quería su mano en matrimonio, su primera reacción fue enojarse.

Enojarse con su papá.

— ¿Por qué no me dejas casarme con Yuuji! ¡Si el que se va a casar con él soy yo, no tú!

Tsumiki está en su trabajo de medio tiempo, por lo que ambos hombres están en casa.

— Que permitiera su relación, no significa que la apruebe. Además, ese niño es un idiota. No voy a dejar que arruines tu vida por ese tipo.

— ¿Qué...? — escuchar que nunca tuvo la aprobación de su padre cuando presentó a Yuuji como su novio, le desgarró. Pero ese mismo dolor, se convirtió en furia porque... ¿Quién era él para decir que Yuuji era basura cuando él estuvo con mujeres (antes de conocer a su mamá) para ser mantenido por ellas? —. Suficiente. Voy a casarme con él, incluso si no tengo tu aprobación porque no necesito tu permiso para hacerlo, padre.

Tenía 26 años, era un adulto responsable y hasta trabajaba. Caso contrario a su padre.

Y aunque sonara muy de película cursi o típica novela romántica, él podría fugarse con Yuuji y así, casarse.

VII.

Toji no lo entendía, ¿Por qué su hijo se ponía en esos planes?

No era el mejor padre ni la mejor persona, era consciente de ello. Y aun así, él realmente quería a su Megumi.

Era su hijo, y un padre siempre querrá lo mejor para ellos. Incluso si se ganan su odio o rencor, su bienestar será prioridad.

Bufó, cruzándose de brazos recostado en el sofá.

Pero no, Megumi estaba encaprichado con ese Yuuji Itadori. Tanto así que, lo más seguro era, que terminaran casándose a sus espaldas como esas típicas historias de amor; porque eso nunca pasaba de moda y, porque sabía lo cursi que su hijo podía llegar a ser.

Suspiró frustrado.

VIII.

— ¿Por qué no quieres que Megumi se case con Yuuji, padre? — le preguntó Tsumiki, luego de haber cenado (en un tenso e incómodo silencio) y que su hermano subiera rápidamente a su habitación en silencio.

— ¿Tú también lo apoyas? ¿Qué tiene de bueno ese mocoso?

— Él hace sonreír a Megumi, lo cuida, se preocupa por él, lo ayuda y lo quiere — enumeró con los dedos de su mano, sonriendo —. Es educado y fácil de tratar, incluso me ha ayudado cuando nos topamos en el supermercado. Y no te ha faltado al respeto.

— Me dijo grosero e infantil.

— Porque lo fuiste, padre.

IX.

Cuando Yuuji le planteó la idea de fugarse, no pudo decir que no ni reprocharle. Porque era la última opción que les quedaba.

(Aunque muy en el fondo, seguían doliendo las palabras de su padre).

— ¿Estás seguro, Megumi? — preguntó Yuuji, al tenerlo en sus brazos luego de atraparlo cuando saltó por su ventana (junto a una pequeña mochila con algunas cosas).

El castaño notaba un deje de tristeza y dolor en su mirada jade.

— Sí, estoy seguro de esto — aseguró, con una pequeña sonrisa.

No iban a fugarse como tal, más bien, iban a la casa del abuelo de Yuuji. Dónde pasarían la noche, y también, dónde ambos tendrían una boda pequeña.

(La cual Nobara organizó junto a los demás —siendo financiada por Gojō—).

Yuuji le sonrió, acunando su mejilla con cariño —. Está bien.

X.

Realmente, se esperaba lo que se está suscitando frente a sus ojos. Después de todo, él también fue joven alguna vez.

Por lo que, no hace más que suspirar y preguntar:

— Mocoso, ¿Vas a cuidar de mi hijo el resto de tu vida?

— ¡...Sí! — responde de inmediato, luego de salir de la sorpresa que la llegada de su suegro. Sosteniendo con un poco más de fuerza –sin llegar a lastimarlo– la mano del pelinegro.

La mirada –casi resignada– de Toji se posó en su hijo, su esperanza. Y con una pequeña sonrisa, le preguntó —: Entonces, ¿puedo confiar en qué estarás bien, Megumi?

Megumi asiente (no puede hablar por el torbellino de emociones que está experimentando), dándole un apretón, pequeño, a la mano de Yuuji. Su esposo.

Toji suspiró levemente, y cuando se dispone a retirarse de ahí, un rostro familiar (y desagradable para él) aparece. Haciéndolo fruncir el ceño y poner una mueca de disgusto.

La cual, Gojō le devuelve –la mueca, más bien–.

— Tú… — es lo dicen ambos a la vez, incrementando más su disgusto y desagrado.

(Y entonces Megumi comienza a preguntarse de dónde Gojō y su papá se conocen.

–Aunque en realidad, todos en la pequeña celebración se lo preguntan–).

XI.

(Y final y oficialmente, son Yuuji y Megumi Itadori).