Disclaimer: Los personajes aquí representados pertenecen a Bryan Konietzko, Michael Dante di Martino y Nickelodeon. Esta es una historia ficticia basada en los personajes de Legend of Korra, así como en otros elementos basados en personajes reales y también ficticios, así que cualquier parecido con entidades vivas o muertas o situaciones y eventos es pura coincidencia o malviaje del autor, asi que no hagan mucho caso, después de todo esto es fanfic.

Korra: Vampire Hunter.

Capitulo 0

Joseph Smith mejor conocido como "Smitty" tenía cerca de 30 años en el mismo puesto de vigilante de los docklands de Londres, había visto todo tipo de nieblas en esos años de experiencia, pero esa noche, la madrugada del 22 de Abril de 1851 para ser específicos, era algo que él nunca había visto en todos sus años de experiencia.

Atisbó el mar, en busca de algo, sabía que algo se acercaba, lo sentía en sus tripas, en el cabello de su nuca al erizarse, pero no podía verlo. Maldijo sus viejos ojos y los entrecerró, buscando distinguir algo entre la densa niebla.

¡Hey Smitty!.- Gritó alguien detrás de él.

¿Qué quieres Malone?- Gruñó el viejo.

Solo pase por aquí. Es mi ultimo rondín y dormiré un poco en el almacén de Creed. –

Ve a dormir entonces holgazán, aun faltan horas para el alba y con esta niebla hay que estar vigilando.

El otro hombre hizo un gesto despectivo al anciano y se perdió entre la niebla, que seguía avanzando desde el mar y ya también cubría los muelles. El viejo Smitty, volvió a atisbar hacia el mar, humedeció sus labios y llevándose dos dedos hacia la boca lanzo un potente silbido. Momentos después un enorme pero viejo border collie salió corriendo de entre la bruma y con el mismo gesto inquisitivo del viejo, clavo su mirada hacia el océano cubierto de niebla.

Tú también lo sientes, ¿Verdad Ruffus? Hay algo que se mueve en esa maldita niebla…-

¡Smitty! ¡O'Reilly te está buscando! – Gritó una voz desde la parte de atrás de los almacenes.

¡Ya voy! – Contestó de mala gana Smitty, sin despegar la vista del mar. – Vámonos muchacho, lo que sea que este entre la niebla tendrá que esperar.-

El viejo comenzó a andar de nuevo hacia los almacenes, mientras Ruffus seguía observando hacia el mar, gruñéndole a algo aparentemente invisible, pero de repente su gruñido se convirtió en sonido ahogado, su rabo se escondió entre sus patas traseras y con un visible miedo en sus movimientos, corrió hacia donde su dueño ya tomaba la perilla de una vieja puerta de madera.

Creí que nunca se marcharía…- Dijo una figura alta saliendo del agua.

Bien pudiste… - Contesto una figura, un poco mas baja.

¿Me veis tan desesperado? Detesto el sabor de la sangre de los viejos.-

¡Ja!… Cuando os conocí no erais tan melindroso.-

Callad insensato, tenemos mucho por hacer. Ya solo falta una semana para la inauguración de la Feria.-

Y así ambas figuras parecieron desaparecer, aunque en realidad solo se habían movido demasiado rápido.

Un par de horas más tarde Jack Malone salía del Calloh pub en evidente estado inconveniente, en el camino al almacén de Creed había encontrado un tesoro: 10 libras.

Lo suficiente para pasar un buen rato, así que pagó por cerveza, comida y la compañía de Red Polly.

La mujer reía mientras él jugaba con sus enormes pechos que se desbordaban a través del apretado corsé, y sus obvias intenciones se hicieron aun más obvias cuando levantó su farola del piso y apago la llama, haciendo que quedaran solo iluminados por la mortecina luz del farol de gas en la calle, Malone tomó del brazo a Red Polly, empujándola al callejón más cercano, y tan pronto estuvieron en la esquina, Red Polly empujó al ebrio contra la pared, si bien tenía fama de hacer favores a cambio de unos peniques, su proceder evidenciaba que solo era un rumor.

¡Vamosh! ¡Tengoo plata! – Balbuceó Malone, mostrando las monedas en la mano, que brillaban pobremente a la luz de las lámparas de gas.

La codicia brilló en la mirada de Red Polly, pero esa noche no estaba de humor para eso, así que haciendo el ademán de levantar sus enaguas, y en cuanto Malone se inclinó para aflojar su cinturón, Polly se adelantó y con el pie enfundado en botines, dio un certero puntapié en las partes blandas del incauto Malone.

Rápidamente, mientras el hombre gemía del dolor, Red Polly recogió las monedas del suelo para después comenzar a correr de vuelta al pub, Malone estiró su mano, viendo a la mujer correr, pero en su dolor no hacía más que salivar y balbucear incoherencias.

Momentos después el furioso hombre caminaba dando traspiés buscando a Red Polly, le haría pagar por herir algo más que su orgullo.

M-maldita pu…- Maldecía.

Un sonido que parecieron muchas cosas cayendo vino del callejón de enfrente a donde estaba lo hizo voltear, y con sus vacilantes pasos se dirigió a la fuente del sonido, la luz de la farola en la calle no disipaba la oscuridad en el callejón, y solo había penumbra. Tembloroso, sacó una cajilla de fósforos, y encendió de nuevo la llama de su farola de vigilante, con pasos vacilantes levantó su fuente de luz para alumbrar el callejón y con su voz trémula y borracha, gritó:

¿Quién vive?-

La tenue luz iluminó pobremente a dos figuras embozadas, una más alta que otra.

Veamos si vuestra hambre supera a vuestro remilgo.- Rió el más bajo.

Calla… Me servirá por el momento…-

Malone fue embestido por una fuerza imposible, siendo que era un hombre corpulento que superaba los 90 kilos era difícil de creer, sobre todo para el mismo. Y que ahora fuera levantado en vilo por aquel hombre embozado, con una sola mano, lo hacía aun más pasmoso.

Un leve sonido metálico se escucho a los pies de víctima y victimario y medio segundo después, un destello cegador iluminaba por completo al callejón haciendo que la figura alta dejara caer al aun sorprendido Malone.

¿Qué coño?- Gruño el hombre alto.

El destello provenía de una bengala que despedía un fulgor y humo amarillos, Y a la entrada del callejón una figura igualmente alta y delgada, los miraba con gesto impasible, su calva cabeza tatuada, barba y su colorido ropaje lo identificaba como un monje, posiblemente chino, pero para el caso era un intruso que debía de ser eliminado.

El embozado más alto se lanzo hacia él, blandiendo sus manos como si fueran espadas, pero aquel hombre se movía con casi la misma rapidez y la soltura de sus movimientos, haciendo parecer que bailaba en vez de pelear.

Mientras, la otra figura embozada, más cauta, observaba cuanto pasaba con una mirada calculadora, como si quisiera memorizar todo cuanto pasaba.

¡Joder! – Gritó con mas ira el atacante, y redoblando su esfuerzo, consiguió acorralar al monje contra una de las paredes del callejón, y él sintiéndose acorralado, saco algo de entre sus ropas, pero sus movimientos fueron leídos y su mano detenida. Y un bofetón lo hizo rodar por el suelo junto con el objeto que había sacado de sus ropas: una estaca de madera.

La edad te está volviendo lento Tenzin.- Dijo otra voz, desde la entrada del callejón.

La voz la identificaba como una mujer, y su porte era grácil pero fuerte, y eso se podía percibir aun por sobre el abrigo que vestía, la luz amarillenta de la bengala mostró su tez era morena, coronada por una larga cabellera castaña sostenida en una coleta, pero lo que llamaba más la atención eran sus ojos, azules, que emitían un brillo casi sobrenatural.

¡Joder! ¿Una más? Qué suerte la mía, parece que mi cena será abundante.- Dijo el embozado, confiado.

El otro hombre que había mantenido sus brazos cruzados, ahora comprendía todo, y tomando una postura defensiva, gritó:

¡Stai attento idiota! ¡ E una cacciatrice!-

El otro se dio cuenta de su error, y aun y cuando su mano convertida en zarpa ya cortaba el aire donde un par de latidos antes estaba la mujer, ya no podía remediarlo. La mujer ya había esquivado, girado y contraatacado, por lo que los ojos del embozado evidenciaban la sorpresa al ver la punta de la estaca salir de su pecho, diciéndole que la gruesa madera de roble atravesaba su cuerpo de lado a lado.

El cuerpo del hombre se sacudió, pero ningún sonido salió de él, solo se ennegreció y pareció consumirse en llamas desde su interior, a los pocos instantes se elevaba hacia el cielo, como un papel que se quema.

La mujer giro sobre sus talones, obteniendo impulso, otra estaca salió de entre sus ropas e imposiblemente se clavaba en la pared de ladrillos, justo donde había estado el otro hombre, pero ya era tarde, el embozado ya huía y se perdía en las calles, con una carrera sobrehumana, pero la mujer llamada Korra lo vio escaparse con sus poco naturales ojos azules.

¡Maldición! Se me escapo…- Refunfuño la mujer, tendiéndole la mano al caído monje.

Buen trabajo Korra, pero aun puede mejorarse.- Dijo el calvo.

Ya lo sé, no es necesario que me lo hagas notar.- Volvió a refunfuñar la joven, sacudiéndose el polvo y la ceniza de su abrigo.

Peero que paasho…- Balbuceo Malone, que con su mente nublada en alcohol no alcanzaba a comprender lo que había pasado.

La joven de nombre Korra se acerco al ebrio sujeto, agitando su mano derecha frente a su cara, saludándolo con un ademan infantil y una sonrisa, mientras que su mano izquierda golpeaba en un punto específico haciéndolo dormir inmediatamente, y tomándolo por los brazos lo acomodo contra una pared, lo mejor era que pensara que todo lo ocurrido había sido parte de su borrachera.

¿Hacia donde ahora?- Preguntó la joven.

Al Templo, falta poco para el amanecer y necesitas dormir.-

Oooh, vaya… Ya no soy una niña… ¿Lo sabías Tenzin?-

Si actúas como una, te tratare como una.- Replicó el monje.

La pareja se retiró, dejando que el recuerdo de aquella figura se dispersara lentamente en la brisa salina que corría por los callejones cercanos a los muelles.

No muy lejos de ahí, un herrumbroso buque se mantenía convenientemente alejado de los muelles, anclado, pero esperando una señal para arribar a puerto. El pendón francés lo identificaba, pero lo sospechoso era que parecía estar desierto, solo unos pocos hombres se veían pobremente alumbrados en la cabina de mando. Una figura empapada saltó a la cubierta, moviéndose como si flotara en vez de caminar.

Se movió por la cubierta hasta llegar una escotilla que ostentaba una flor de lis y girándola entró.

Eres tu Luca… ¿Dónde está Batista?- Pregunto un vigía.

No regresara…- Contestó sin emoción.

Luca descendió por la escalera vigilada, y conforme bajaba el herrumbre era sustituido por el lujo y la ostentación: Las paredes estaban cubiertas por tapices persas, terciopelos, brocados, sedas y satines, numerosos retratos pintados al oleo de hombres y mujeres lujosamente ataviados, candiles de oro, numerosos divanes estilo francés, mesas, sillas, incluso una pequeña orquesta amenizaba la velada tocando el Rigoletto de Verdi.

Aunque para un ojo observador, algo faltaba en todo ese derroche de esplendor y vanagloriada suntuosidad, sin importar donde miraras, no había ningún espejo.

Alguna vez aquel enorme salón debió de ser la bodega del barco, pero ahora era un espacio reservado al regocijo y la degeneración.

Al centro y el fondo del lugar, estaba un trono estilo romano, casi un diván, y en el estaba recostada una mujer, ataviada únicamente con una bata de seda roja semitransparente, además de joyas y otras sutilezas que disimulaban su desnudez. Su rostro era marfil y alabastro, enmarcado por un largo cabello ondulado y negro como el ébano, y para rematar ese rostro de casi imposible existencia, estaban un par de esmeraldas por ojos y unos labios coloreados en carmín.

Mi Reina…- Dijo Luca, inclinándose ante la figura sentada en el trono, mientras que el resto de seres que ahí bebían y departían, guardaban silencio. – Debo de deciros que algo pasó en los muelles… - Con un ademán de su mano, la nombrada Reina calló al hombre.

No digas más mi niño… - La mujer puso su mano sobre la cabeza de Luca, la deslizó por el rostro y su propia marfileña faz mostraba un gesto divertido, que de pronto cambio a una expresión de curiosidad. – Así que los Cazadores nos siguieron…-

Sí, mi Reina, pido vuestra venia para…-

Calla mi niño...- Interrumpió de nuevo. – Si hubierais sido sensato, habríais dejado que os mataran ahí mismo, más ahora ellos tendrán la certeza de que huisteis para advertir al resto del aquelarre.-

Luca comenzó a sudar gotas de sangre, y en su rostro se comenzaron a dibujar expresiones muy humanas: Miedo y preocupación.

P-perdón mi Señora, creí que lo mejor era…-

Por tercera vez Luca no termino su frase, su boca se abría, pero si gritaba nadie podía escucharlo, la Reina retiró la mano del pecho del hombre, junto con algo palpitante de un vivido color rojo.

Con una mirada despectiva, la Reina hundió sus colmillos en aquel corazón y a los pocos segundos, la expresión de miedo quedo esculpida en el rostro de quien fuera llamado Luca. Las manos quedaron crispadas en un gesto desesperado que acompañaban sin duda el sentimiento de aquel rostro pálido que poco a poco se fue convirtiendo en una estatua, con una textura parecida a la terracota.

La Reina camino alrededor de aquel súbdito convertido en piedra, y con una de sus manos coronadas también por uñas pintadas en carmín, acarició el rostro y cuello de quien hacía poco pareció tener vida, y sin modificar su fría expresión, apretó el corazón en su otra mano, que igualmente estaba convertido en piedra y tal fue la presión del apretón, que aquella pequeña mole salto en escombros y polvo, haciendo que también el cuerpo siguiera el mismo destino.

Nadie me falla dos veces Luca.- Murmuró, dirigiéndose de nuevo a su trono.

Los presentes volvieron a beber y a conversar, tratando de no prestar atención hacia donde su similar había sido convertido en polvo y escombros, y rápidamente algunos sirvientes comenzaron a limpiar aquel vestigio y toda aquella fiesta continuó como si nada hubiera pasado.

La regia anatomía de la Reina regresó a su trono, y su rostro descansó sobre su mano con un gesto despectivo y si bien su expresión permanecía impasible, todos los presentes hicieron lo posible para no mirarla.

De las mismas escaleras de donde había descendido Luca, también bajó una mujer que vestía un traje de montar, su figura era estilizada y su andar, si es que podía aplicar la palabra, era felino. Sus facciones denotaban lo asiático de sus raíces, aunque el lunar en su cara cerca de sus ojos verde oliva, así como su tez aceitunada, le daban un toque exótico a su mezcla racial, quizás de la India, aunque lo más notorio de su apariencia eran los anchos brazales de plata o acero pulido que ostentaban el escudo de un jabalí alado y que adornaban ambos antebrazos, de la muñeca y casi hasta el codo.

La recién llegada hizo su larga trenza a un lado con un giro de su cabeza, y con un porte de confianza y autoridad, caminó hasta el trono, para después inclinarse respetuosamente a saludar, y posteriormente puso una rodilla en el alfombrado piso, ubicándose a la siniestra del trono.

Kuvira… Dirigíos a Londres y averigua lo que podáis sobre el paradero del Clan de los Cacciatore, no quiero que esas pestes entorpezcan mis preparativos y como vos sabéis, debemos de tener todo arreglado antes de la llegada de Padre.-

Como ordenéis mi Señora.- Asintió la mujer llamada Kuvira. Y haciendo una reverencia de nuevo se retiro del salón.

Algo parecido a la comezón atacó el antebrazo izquierdo de la Reina, y disimuladamente ella cubrió la parte apenas visible de algo que parecía un tatuaje, con una tira de terciopelo negro que simulaba un vendaje, y acallo cualquier mirada indiscreta con la suya, y volvió a aparentar el gesto aburrido que ostentaba antes de la llegada del dos veces difunto Luca.

Fin del Capítulo 0