"Bienvenidos a Villa General Belgrano, Córdoba"

-¿Córdoba? -dijo Harry, asustado-. ¡Noo! ¡Nos fuimos del país!

El avión estaba estrellado y prendido fuego en unos campos donde no había nada, y Harry, Cho, Vicky y Neville habían caminado hasta la entrada de ese poblado muggle. Eran como las 3 de la mañana ya.

-Mejor -dijo Cho, aliviada-. Si estamos en el extranjero, Dumbledore no va a tener tanta influencia para encontrarnos. En Argentina los maneja a todos. Tiene guita y poder y los tiene a todos en el bolsillo.

Los cuatro caminaron hasta el borde de una colina que bajaba en lo que debía ser una vista hermosa de día, aunque a esa hora estaba todo oscuro. Se sentaron en el pasto y se quedaron ahí.

-Tengo hambre -dijo Vicky Xipolitakis-. Neville, andá a buscarme una comida. Debe haber algún fruto, algo en la naturaleza.

-Ya voy, Vicky, enseguida -re mulo, Neville fue corriendo colina abajo a buscar frutos entre los arbustos. Vicky volvió a las ruinas del avión a buscar su maquillaje, y Harry y Cho quedaron solos.

-Me salvaste la vida, Harry.

-Vos me la salvaste a mí -Harry la miró a los ojos-. Perdón por haber dudado de vos, Cho.

Se acercó a ella y la besó en los labios. Luego de un rato, se separaron.

-Capaz deberíamos quedarnos juntos acá, Harry -le dijo ella, en un susurro-. En el extranjero. Hacernos viejos, crecer juntos…

En esas, un auto que pasaba por la ruta de atrás bajó la velocidad hasta frenar y un tipo se bajó, todo cagado.

-¡CULIAAAAUUU! -gritó agarrándose la cabeza, mirando el avión hecho moco. Se dio vuelta, los miró a ellos y dijo: -¡Guaso! ¿Ta chomaso? -señaló el avión.

-Creo que no habla español -le susurró Cho a Harry.

-DISCULPE, SEÑOR CORDOBÉS -le dijo Harry, hablándole como si fuera sordo-. ¿HABLA ESPAÑOL? ¡VENIMOS DE ARGENTINA!

El tipo se lo quedó mirando.

-¡Porteños culiaos! -protestó con la re bronca, negando con la cabeza-. Viéne de Argéntina, dice…

-¡SÍ, DE ARGENTINA! -le gritó Harry-. ¡BUENOS AIRES! ¡NOS ESTRELLAMOS EN SU PAÍS! ¡NO SÉ SI ENTIENDE LO QUE DIGO…! ¡NOSOTROS ARGENTINA! ¡ARGENTINA! ¡MESSI! ¡FÚTBOL! ¡ASADO!

-Porteño tazudo tragásable -murmuró el tipo por lo bajo mientras se subía al auto de vuelta, re caliente, cerrando de un portazo-. Palanca aál techo…

-¡MATE! ¡FERNET! -le gritó Harry, mientras el tipo aceleraba para irse a la bosta-. ¡FERNET! ¡NOSOTROS FERNET!

-No te entiende, Harry -se lamentó Cho, cuando el tipo ya se había ido-. No hablan nuestro idioma. Es otra cultura.

-Tengo que volver al país, Cho.

-Pero Harry, si volvemos a Argentina van a tratar de matarme.

-No, yo tengo que volver, vos podés quedarte acá. Acá vas a estar a salvo, Cho. La gente de este país tiene fama de ser buena, hospitalaria. Usan ponchos y tocan la quena, creo, y en el invierno van a sus glaciares y alimentan sus ballenas en la península.

-Suenan como gente primitiva.

-Sí, los llamamos aborígenes, o "personas del interior" -le explicó Harry.

-En China también hay -dijo ella, recordando tiempos pasados-. Los caciques de las viejas tribus mongolas en el norte. Mi tío Wong me llevó a verlos un verano, de chiquita. Hacían fogatas donde toda la tribu se reunía para comer animales cazados durante el día, era algo muy natural y primitivo, muy parecido a estos "cordobeses". Jamás probé perro a la parrilla tan rico y jugoso como el de ahí… Luego el tío Wong consiguió ese empleo experimentando con virus respiratorios, en Wuhan, y jamás volví a verlo.

-Sí, acá es parecido. Cho, lo mejor va a ser que te quedes acá.

-¡No! Harry, no te voy a dejar.

-Ya volví -anunció Neville.

-¿Encontraste frutos?

-Convoqué con mi varita tres kilos de mandarina de una verdulería que vi por allá -dijo Neville, señalando la entrada del pueblo-. Pero no le digan a Vicky.

-Bueno, creo que tengo todo en orden -anunció Vicky, que acababa de llegar frotándose grasa de las manos con un trapo y limpiándose la frente con la manga de la blusa.

-¿Qué cosa? -le preguntó Harry-. ¿El maquillaje?

-No, el avión -Vicky señaló atrás suyo, y cuando todos se giraron para allá vieron que el avión ya no estaba prendido fuego, el ala ya no estaba partida sino enderezada, y se lo veía mucho mejor, como si nunca se hubiera estrellado.

-¡Wow! -dijo Neville, impresionado-. ¿Sos bruja? ¿Qué le hiciste?

-Sí, soy bruja -explicó ella-. Y además tengo 2 doctorados en aeronáutica, soy ingeniera en aviación, naval, civil y en hidrocarburos. Estudié en la UCA, la UBA, la UTN y también tengo 3 títulos PhD de Harvard. Sumado a mis habilidades como bruja, me llevó cinco minutos dejar el avión como nuevo.

Todos se quedaron mirando a Vicky Xipolitakis boquiabiertos e impresionados, sin poder creerlo. No solo por lo que había dicho, sino por la forma de decirlo: ya no hablaba como tonta, sino seria y de forma fluida, casi profesional. Parecía una experta en lo que decía.

-Sí, ya sé -agregó, revoleando los ojos-. Miren, es mi gran secreto, ¿está bien? No se lo pueden contar a nadie. Bah, igual si lo contaran nadie les creería. También estudie teatro varios años, y la tengo bastante clara. Hice bien mi papel de pibita tonta de la tele.

-Dejame ver si entiendo -dijo Harry-. ¿O sea que sos re grosa y re inteligente, estudiaste todos esos títulos, sos híper inteligente y capacitada y todo, pero todos estos años te hiciste la tonta en la tele a propósito, haciendo como que eras así re bobita y eso, cuando nada que ver?

-Claro -dijo ella-. Era tan inteligente, de chiquita, que supe que en Argentina no iba a triunfar con todos mis títulos doctorales y de posgrado y mis ingenierías. Supe que si realmente quería hacer guita, tenía que meterme en la farándula. En la tele es donde está la guita. Y la forma de triunfar como mujer en programas de chimentos y en MasterChef es hacerte la boluda, porque ser una mina inteligente no vende.

"Fue todo un acting, ¿entienden? Ese video mío en un avión hace unos años, en realidad yo la tenía re clara, sabía exactamente como pilotear un avión, pero tenía que hacerme la boluda para que se haga noticia. Es la forma de sobrevivir en Argentina, chicos. Si querés triunfar acá metete en la política o en la tele y la farándula. El conocimiento, la ciencia y los títulos universitarios acá están de adorno. Te cagás de hambre.

Todos se miraron entre sí totalmente impresionados por el secreto de Vicky Xipolitakis. Además les hablaba re seria y con una mirada distinta que no le habían visto antes, como re inteligente y despierta.

-¿Wanda Nara? -siguió Vicky-. Es médica y neurocirujana con 3 másters en neurociencias. ¿Jimena Barón? Antes de sacar su primer disco, "La tonta", escribía artículos de 5 mil páginas para revistas científicas europeas, desarrollaba robots para la NASA y descubrió una partícula subatómica capaz de curar el cáncer.

"¿Cinthia Fernández? Antes de ponerse en bolas en Showmatch, su tesis sobre la ley de las XII Tablas en Roma la posicionó como la mayor experta en leyes en todo el mundo. En su casa todavía tiene cinco subsuelos cargados de volúmenes de miles de páginas de Derecho Romano. Pero como el CONICET le recortó los fondos se metió en Tinelli. Todas terminaron haciendo lo mismo. Tarde o temprano te das cuenta que si querés triunfar en Argentina no te queda otra que meterte en la tele, sacarte la ropa y hacerte la "minita tonta y boluda". ¿Se dan cuenta?

Quedaron todos re impactados por la noticia.

-Bueno, vamos -dijo, haciéndoles señas-. El avión ya está funcionando perfecto, lo dejé como nuevo. Si Neville no vuelve a tirar toda la gaseosa en el tablero de comandos, no deberíamos volver a estrellarnos…

-Perdón -dijo Neville, cabizbajo.

-Bien, entonces Vicky y yo podemos volver a Argentina -dijo Harry, decidido.

-¿Cómo que a Argentina? -dijo Neville, sonriendo.

-¡No! -dijo Cho-. ¡Vamos con ustedes!

-No, Cho. A vos te quieren matar, tenés que esconderte. Yo voy a volver y acorralar a Dumbledore, hacerlo cantar, que desembuche. Tengo que desencubrir todo esto, revelar la verdad, capturar a los villanos…

-Momento, momento, momento -dijo Vicky, alzando las dos manos-. ¿Qué es todo eso de "desencubrir" que estás hablando, Harry? ¿Estás insinuando, si escuché bien… que querés luchar contra la corrupción y el poder político del país?

-Es exactamente lo que dije -dijo Harry, con una valentía digna de un Gryffindor-. No me dan miedo los políticos, ni Dumbledore. Ya vencí a Tinelli cuando tenía solo once años, y el tipo llevaba treinta años engañando a toda la población y comprando a la gente del poder. Lo hice una vez, y puedo hacerlo de nuevo.

-Wow -dijo Vicky, impresionada-. Luchar contra la corrupción… vencer a la gente que está comprada en el poder, que manejan el país… Harry, creo que debés ser la primera persona en la historia de Argentina que intenta hacer eso.

-Bueno, yo solo no puedo hacerlo -Harry señaló el avión-. No tengo escoba, no tengo edad para aparecerme y no hay polvos flú por acá. Necesito un piloto. ¿Qué decís, Vicky?

Vicky pareció dudarlo, y entonces asintió, infló el pecho y los miró con una seriedad que daba miedo.

-Hace años estoy haciéndome la boluda y la tonta cuando tengo un coeficiente intelectual de 183. ¡Me pudrí! ¡Vamos, Harry! ¡ALCÉMONOS CONTRA EL PODER!

-¡Joya! -Harry le chocó los cinco, y entonces se dirigió a Cho.

-Cho, quedate acá con Neville. Sé que él te va a cuidar bien -le acarició un mechón de pelo. -Y sé que no se va a animar a tocarte un pelo mientras no estoy, porque sabe que le prendo fuego al sapo. ¿Nocierto, Neville? -le tiró una mirada asesina y el pibe asintió re rápido, todo cagado.

-Dije que vamos con ustedes -repitió Cho, mirándolo desafiante.

-Pero, ¿y lo que hablamos de que se escondan en Córdoba, con los aborígenes de este lugar?

-Cambié de idea -dijo Cho, decidida-. Tengo que estar con vos, mi amor, no puedo dejarte.

-Pero…

-Puedo esconderme allá, así no me pasa nada.

-Ningún lugar en Argentina es seguro…

-Sé exactamente dónde esconderme. Me acabo de dar cuenta. Hay un lugar donde nunca me van a encontrar.

-¿Dónde?

-Ya vas a ver… -dijo Cho, con una sonrisa misteriosa.

-Bueno… -Harry lo dudó, y después asintió-. Está bien, vamos.

Volvieron todos al avión. Vicky empezó a apretar todos botones y palancas, de forma re experta. El avión empezó a moverse, haciendo luces y girando para el sentido opuesto a Villa General Belgrano, por la ruta hacia el lado de Buenos Aires.

-Acá vamos, cerramos puertas y cross-check -dijo Vicky, re profesional-. Aviso desde el cockpit, todos tomen su jumpseat. Preparados para el despegue -la tenía re clara.

-¿Cómo? -Harry no entendió un joraca.

-Que sientes el culo, Harry.

Vicky empezó a tocar botones y palancas y el avión empezó a acelerar, ganando velocidad rápidamente. Finalmente despegó, las ruedas de aterrizaje se plegaron y Harry solo pudo ver las oscuras nubes de la madrugada sobre ellos, mientras los cuatro volaban de regreso a Buenos Aires.

-¡Ron! ¿Qué te pasa? -eran Fred y George, que venían abrazados con dos minitas brasileras.

-Nada -dijo él, con cara de ojete. Estaba yéndose solo a su habitación.

-¿Estás caliente porque Hermione se chapó a Lali Espósito?

-Uh, no se puede tener ningún secreto acá, loco.

-Vení para acá, Ron. Dale que sabemos como subirte el ánimo.

-No sé…

-¡Dale! -dijo George. Las dos minitas brasileras se acababan de ir, y Fred agarró a su hermano del hombro. -¡Pudimos entrar al tercer Baile de Navidad, boludo! ¡El de los de séptimo! ¡Dale que te llevamos!

-¿Posta?

Subieron a Ron a la torre donde se hacía ese baile, en la parte del colegio mejor construida, y lo metieron por varios pasillos donde algunos alumnos ya adultos reían caminando de un lado al otro, igual que varios famosos.

-Jorge Rial vende merca ahí en la entrada -dijo George en voz baja-. Si le compras un poco te deja pasar… ¡Hola, Jorge!

-¿Pero qué hacés, Georgito Rial?

-No sé por qué me dice "Georgito Rial" -les susurró George en voz baja-. Pero síganle la corriente, está re duro… ¡Qué hacés, Jorgito! ¿Nos vendés un poquito de esa blanca?

-Para vos la que quieras, Georgito -Rial le guiñó un ojo, le pasó una bolsita a George y cuando el pibe le iba a pagar le rechazó la plata-. No seas boludo, Georgito. Estamos en confianza. Pasá nomás. ¿Este es tu hermano?

-Gracias, Jorge. Sí, mi hermano Ron.

-Pasenlo bien, chicos -Rial giró la cabeza hacia unas vedettes que acababan de llegar y les negó el paso-. Ustedes no entran.

-¡Pero Rial…!

-Volvé por donde viniste, bombacha ligera, no sos tan importante.

Mientras se peleaban, los hermanos Weasley entraron al baile. Había música re copada, alcohol y droga por todos lados, famosos empastillados, olor a guita y gente re puesta.

-Fua, qué zarpado esto -dijo Ron, intimidado por toda la escena-. Los más famosos están acá…

Y sí, aparte de Rial estaba Guido Kaczka, que tardaba veinte años en completar una frase.

-¡Y entonceeees… entonceeeees… entonceeees…! -les contaba a unos amigos suyos, con los ojos re abiertos, tratando de completar una anécdota sin mucho éxito-. ¡Entonceeees… entoncees se acerca el tipo yyyyy… yyyy… y entonceeeees… entonceeeeeees…!

También vieron a Dalma Maradona, Darín, Suar, Moria Casán, Pachu, al Polaco, Florencia Bertotti, Santiago del Moro y al fantasma de Ricardo Fort.

-¡Pará, Nick! -le decía Fort a Nick casi decapitado, que trataba de sacar unas tostadas al lado suyo con un cuchillo-. ¡Cortastes toda la loooooozzzzzz!

-¿Son todos magos? -preguntó Ron, mientras se servían un fernet áspero y se movían entre alumnos de séptimo, famosos y gente del poder.

-Algunos sí, otros no -explicó Fred-. Ángel de Brito es squib, pero se unió a los mortífagos con la promesa de botonear a otros famosos traidores a la sangre. Hay muchas familias de magos sangre pura muy antiguas en Argentina: los García, los Pérez, los Núñez… generaciones re antiguas de todos magos. Pero algunos son traidores a la sangre, como los Lopilato.

-¡Uh, no! -gritó Ron, porque acababa de ver a Hermione aparecer ahí adelante, en esa misma fiesta, de la mano con Lali-. ¡La puta madre! -puteó-. ¡Me voy a la mierda!

-¡Pará, Ron! -lo frenó George, atajándolo-. Bajá un cambio, pibe. Dejala que la flaca haga la suya, y vos hacés la tuya.

-¡No puedo, boludo! ¡Mirá cómo me la fui a cruzar acá también, qué bronca, loco!

-Calmate un poco, chabón. Vení, vamos a tomar unas birras.

Ron lo dudó, y al final aceptó. Mientras se servían unos porrones de birra artesanal que llevaba Dady Brieva, otro que hacía de mozo porque se estaba cagando de hambre (Nicolás Maduro le había prometido laburo y después lo re cagó y lo dejó pagando), caminaron hasta la otra punta del baile, buscando minitas.

-Vamos a hacer que te olvides de Hermione -le aseguró Fred, chupando birra y buscando alrededor-. Lo que necesitás es una buena minita. Esta vez tenés que apostar más bajo que con Charlotte, una que esté más a tu alcance. ¿Qué te parece esa de allá?

-Es Moria Casán.

-Sí, posta, me fui un poco al carajo. ¿Y aquella de ahí?

-Es Amalia Granata.

-No es tan fea -opinó George, mirándola.

-Es que es tan fea por dentro que es como que su fealdad sale para afuera…

Mientras tanto, en otro lugar lejos de ahí, un avión boening 747 perdía altura cada vez más, bajo una ciudad recontra iluminada, que se extendía en la noche todo bajo ellos.

-¡VICKY! -gritó Harry, asustado, porque todas las luces de la cabina del piloto se habían encendido y hacían ruidos como de advertencia o peligro, y el avión cada vez bajaba más, directo hacia la ciudad toda iluminada abajo. -¡¿QUÉ CARAJO PASA?!

-¡LA PUTA MADRE! -gritó Vicky, apretando todos los botones-. ¡NOS QUEDAMOS SIN NAFTA!

-¿Y NINGUNO DE TODOS TUS DOCTORADOS TE AYUDÓ A PREVEER ESO? -gritó Cho, asustada, abrazándose a Harry.

-¡CUANDO ARREGLÉ EL AVIÓN NO PUDE ARREGLAR EL MEDIDOR DE COMBUSTIBLE, POR ESO NO SABÍA CUÁNTO LE QUEDABA!

-¡ESTAMOS CAYENDO A MIL POR HORA DIRECTO HACIA ESA CIUDAD! -gritó Neville, señalando por la ventana del piloto del avión, que bajaba a full cruzando nubes y más nubes, y la ciudad bajo ellos era cada vez más visible. Podían ver desde la altura miles de miles de autos abajo, moviéndose en las calles nocturnas, las luces de cientos de edificios…

-¡ES CAPITAL FEDERAL! -gritó Vicky, cagada hasta las patas-. ¡VAMOS A ESTRELLARNOS CONTRA CABA!

-¡ALGUIEN LLAME A LARRETA! -gritó Neville-. ¡ÉL NOS PUEDE SALVAR!

-¡NO DIGAS PELOTUDECES, NEVILLE, SÉ REALISTA! ¡AGÁRRENSE DE ALGO! ¡VAMOS A ESTRELLARNOS DE NUEVO!

Se agarraron todos de los asientos y del techo, en el momento mismo en que el avión bajaba a la altura de la punta de los edificios más altos, el ala rozando la punta de la Torre Alvear.

-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! -gritó Cho, como loca, cuando Vicky piloteó el avión a través de un par de edificios, para no chocarlos, y hacia la calle más ancha que pudo encontrar, sacando las ruedas para un aterrizaje forzoso en esa calle.

-¡ES LA 9 DE JULIO! -gritó Neville, mirando con los ojos como platos la calle que empezaba bajo ellos-. ¡VAMOS A CHOCAR! ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

El avión cayó de forma re bruta con las ruedas patinando sobre la 9 de Julio, a la altura de Santa Fé, y se movió a toda velocidad por la avenida, con la velocidad que venía, a más de trescientos kilómetros por hora, tirando chispas y fuego por todos lados mientras avanzaba.

-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! -gritó Harry, mientras el avión rompía todo el Metrobús a la mismísima mierda y volaban todos los cartelitos y techos amarillos a la bosta. El avión derrapó prendiéndose fuego por la cola y sin bajar la velocidad, directo hacia la calle Corrientes.

-¡NOS LA VAMOS A PONER CONTRA EL OBELISCO! -gritó Harry-. ¡NO TE PREOCUPES, CHO, YO TE PROTEJO! -dijo, agarrándola fuerte.

-¡ME ESTÁS AGARRANDO UNA TETA! -gritó Cho, desaforada.

-¡PERDÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNN! -el grito de Harry murió cuando el avión arrancó el "BA" de pasto a la bosta, siguió de largo y se la puso directo contra el obelisco. El monumento se partió al medio con el avión volándolo al carajo, las rejas y el cemento voló todo a la mierda y el avión empezó a hacer combustión, explotando desde la parte de atrás hasta la de adelante, donde estaban ellos.

-¡VA A EXPLOTAR TODO! -gritó Harry-. ¡TENEMOS QUE SALIR!

-¡PERO NINGUNO SABE APARECERSE! -gritó Cho.

-¡VICKY DEBE SABER, ES ADULTA!

-¡YA ES TARDE, SE DESMAYÓ!

-¡NO HAGAS BOWLING CONMIGO, NEVILLE!

-¡SAAAAAAAAALLLLTEEEEEEEEEEENNNNNNNNNNNNNNNNNN!

-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

-¡AAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

Harry se cargó a Vicky Xiplotiakis al hombro, corrió en medio del caos y la explosión fuera de la cabina del piloto y saltó con ella por la puerta arrancada del avión a la calle borrosa que todavía pasaba a toda velocidad junto a ellos mientras el avión explosionaba cruzando ahora la esquina de Avenida de Mayo, destruyendo todo lo que había a su paso.

Saltaron todos por el agujero y hacia la calle, y segundos después el avión entero explotó a la recontra mierda y una línea de fuego quedó en medio de toda la calle justo donde este acababa de pasar. Todo el Metrobús había quedado hecho concha, el obelisco ya no existía y había caos y destrucción por todos lados.

Harry cayó al asfalto con un golpe tremendo que lo sacudió todo y giró junto con la Xipolitakis por todo el asfalto entre medio del fuego y la chapa ardiendo, rodando por el piso hasta que se la pusieron contra el poste de un semáforo y quedaron los dos ahí tirados, hechos pelota.

-¿Están todos bien? -preguntó Cho, a varios metros de distancia, rengueando frente al bar "Ronas" y pasando al lado de una boca de subte de la Línea C, mientras caminaba hacia Harry.

-Sí… estoy bien -dijo Neville, poniéndose de pie con esfuerzo a unos metros de distancia de Harry, en la dársena que separaba 9 de Julio y Bernardo de Irigoyen.

Entre los tres despertaron a la Xipolitakis, que abrió los ojos y miró confundida todo alrededor.

-¿Ya estamos muertos? -preguntó.

-Todavía no -dijo Harry, y clavó la mirada en Cho-. Tenemos que sacarte de acá. Ya están llegando los medios. Allá viene la camioneta de TN, y estoy seguro que la que está doblando la esquina de Rivadavia es la de C5N. ¡Si salís en la tele, Dumbledore va a saber que volviste al país!

-¡Tenemos que ir al escondite que te dije, Harry! ¡Rápido, todos! ¡Antes de que nos enfoquen las cámaras y se entere Dumbledore!

-Vicky, ¿podés aparecernos a todos ahí?

La Xipolitakis asintió y se puso rápido de pie, se limpió el polvo y lo quemado de la rompa y extendió las manos. Todos se agarraron de ella.

-¿A dónde? -preguntó, mirando a Cho.

-Al mejor escondite de este país -dijo Cho, inflando el pecho y asintiéndole a Harry, antes de mirar a Vicky y contestar-. Al sótano de "Fu Chung", en la esquina de O'Higgins y José Hernández… Es el sótano del supermercado chino de mi mamá… y el lugar donde los chinos escondemos el secreto mejor guardado en toda la historia de la República Argentina.