Dick salió corriendo del tubo de teletransportación de la Wachtower. Los héroes que lo veían pasar quedaban desconcentrados al ver cómo un civil adolescente corría a toda velocidad. Sin embargo no lo detenían porque sabían perfectamente a dónde se dirigía el chico.
— ¿Dónde está?—preguntó aturdido apenas vio a Superman y Wonder Woman parados en un pasillo en el ala médica.
—En cuidados intensivos, no deberías entr... ¡Dick!
Robin corrió hasta el fondo, ignorando los llamados de atención de la amazona y el Kryptoniano.
Una vez que entro a la estancia y divisó su figura postrada en la cama, sintió como el alma volvía a su cuerpo al mismo tiempo que su corazón se aceleraba de rabia y desosiego.
Batman estaba entubado con todo su cuerpo lleno de vendas y un ojo parchado. Dick se lanzó a la orilla de la camilla, enterrando sus dedos en la sábana.
—Sera mejor que me des una buena razón para no partirte la cara en este mismo momento—susurró— Maldito seas Bruce.
Batman debía estar inconsciente, pero contra todo pronóstico abrió los ojos en cuanto escucho la voz de su protegido.
Dick había escondido su cara en su antebrazo, jorobándose sobre la camilla.
Bruce lo observó.
El corazón se le retorció de culpa, de vez en cuando olvidaba que su vida ya no le pertenecía solo a él, sino también a ese hermoso joven héroe que tenía a su lado. Él le había prometido protegerlo, amarlo y respetarlo por encima de todas las cosas el día en el que los cuerpos de sus padres colapsaron en el aserrín del circo. Bruce le había entregado su alma a él, pero aun así el juramento hecho a sus padres acerca de proteger a los inocentes pesaba más y no podía evitar sacrificarse para que la tierra y su muchacho estuvieran bien.
Lo destrozaba verlo lastimado, aferrado a su brazo como si en cualquier momento pudiera partir al mundo del más allá.
— ¿Cómo están los demás?—murmuró escuchando como le crujían los huesos.
— ¡Bruce!—exclamo Dick sintiendo como le hervía la sangre de rabia. —¿En serio eso es lo primero que te viene a la mente?
B lo miro a los ojos, viendo lo furibundo y triste que Dick estaba.
Sabía que nada que dijera podría compensar su sufrimiento, pero aún así busco dentro de su mente, de sus recuerdos y vivencias con el chico, intentando encontrar algo que aminorara el dolor.
—Eres la mejor cosa que me ha pasado.
La voz de Dick se desgarró, saliendo como un gemido roto.
—Aun así pienso golpearte una vez que estés mejor.
El pecho de Bruce se inflamó, calentándole el corazón. A duras penas levantó la comisura de sus labios, simulando una débil sonrisa.
Estaba en casa.
