Empezaron a bajar las escaleras del sótano del súper chino. Era un lugar oscuro y lúgubre lleno de gallinas cacareando, un par de vacas, y niños de doce años trabajando sin parar, cabizbajos y tristes.
-¿Qué carajo es esto?
-Acá se produce todo lo que vendemos arriba -dijo Cho-. Los huevos los ponen esas gallinas, la leche La Serenísma en realidad la sacamos de esa vaca, Manuela. Casi todo lo producimos acá abajo, en el sótano, para ahorrar en costos. Chu Wi y Ji-Chun-Li diseñan los paquetes para que se parezcan al producto original, y Mao falsifica las fechas de vencimiento.
Tres de los nenes chinos los saludaron con la mano mientras trabajaban sin parar, a pesar de que eran las tres y media de la mañana.
-Manuela se quedó sin leche la semana pasada, así que ordeñaron a Jian Wu -dijo Cho, señalando a un nene de unos diez años, que les sonrió con tristeza mientras se masajeaba un pecho.
Neville estaba boquiabierto del horror.
-Todos los súper chinos tienen un sótano como este -explicó Cho-. Es el gran secreto de mi gente. Todo lo que se vende arriba es falso, ¿se dan cuenta? Todos los paquetes, aunque se parezcan a la marca original, están falsificados. Las Don Satur son hechas con caspa de aquella gallina, el kétchup Hellmanns en realidad es sangre de rata, y la yerba Playadito es pasto del patio de atrás.
-Y encima te lo cobran más caro, los hijos de puta -dijo Harry, explotando de bronca.
-Estos sótanos son súper secretos -dijo Cho-. Nadie sabe que existen, así que Dumbledore no va a encontrarme si me escondo acá.
-Bien, lo importante es que estés a salvo -dijo Harry-. Ahora nosotros mejor volvemos a Hogwarts y…
-Sí, pero tienen que esperar un segundo.
-¿Por?
-Todavía no. Dumbledore debe estar alerta, por la noticia del avión en la 9 de Julio. Seguro debe sospechar que fuimos nosotros. Esperen a mañana, la calle no es segura ahora.
-Cho, la calle nunca es segura, esto es Argentina…
-Está bien, Harry. Bueno, quédense acá abajo un segundo. Voy a subir a despertar a mamá, y ya vengo a despedirme. Después pueden ir a Hogwarts.
Cho se fue corriendo escaleras arriba, y Harry, Neville y Vicky se quedaron solos con los nenes chinos.
Inquieto, Harry empezó a pasear por el sótano. Mientras los nenes chinos trabajaban falsificando paquetes de 9 de Oro y Merengadas, y poniendo galletitas hechas de aserrín y plástico fundido dentro, Harry avanzó hacia una zona muy oscura en el fondo, donde no había nadie. Antes de entrar, miró por sobre el hombro para comprobar que los nenes no lo miraran. Entonces se metió dentro.
Era como una cámara frigorífica, pero tenía algo muy raro en ella. Las luces violetas del techo alumbraban apenas unos ganchos enormes de los que colgaba la carne. Hacía mucho frío. Pero había algo inusual, algo muy, muy turbio…
Y entonces Harry supo que era, y quiso gritar con todas sus fuerzas, pero no pudo. El grito había quedado atorado en su garganta.
Había cuerpos humanos colgando de los ganchos. Cuerpos humanos desmembrados y mutilados.
-Harry, Harry… -dijo una voz tras él, y Harry giró con la varita en alto, cagado hasta las patas. Cho lo miraba desde la puerta de la cámara frigorífica, con una sonrisa llena de maldad. -No tenías que entrar acá, Harry…
-Cho, ¿qué mierda es esto?
-No se suponía que descubrieras de donde viene la carne que vendemos arriba, Harry…
Harry volvió a mirar los ganchos, y el estómago se le revolvió al ver un torso humano mutilado con un cartel que decía "Colita de cuadril", una pierna humana mutilada con un cartel que decía "Bola de lomo" y una cabeza humana que decía "Pechito de cerdo".
-Ustedes están enfermos -dijo Harry, horrorizado-. Chinos enfermos de mierda…
-Todo se trata de bajar los costos, Harry -dijo Cho, avanzando lentamente hacia él, con demencia-. No tenemos plata, entendelo de una vez. Podríamos comprar cortes de carne reales, pero es más fácil mandar a Mao a matar a la noche. En Argentina es muy fácil matar. Las leyes son débiles. Es el lugar perfecto para ponerse un supermercado chino y que funcione bien…
-¡ESTÁN ENFERMOS!
-¡HARRY!
Los dos giraron en redondo y Harry vio que Luna Lovegood estaba parada en la puerta de la cámara, con su varita en alto.
-¿Luna?
-¡Harry!
-¿Cho?
-¡EXPELLIARMUS!
Se armó una pelea de la puta madre entre los tres. Harry escuchó gritos en el otro lado del sótano y lo entendió: los nenes chinos eran magos, y estaban atacando a Vicky y Neville.
-¡DESMAIUS!
-¡CRUCIO!
Harry se batió a duelo con Cho, Luna ayudando desde atrás, pero Cho estaba entrenada en ying-kung-tsu, una técnica ancestral china de magia, y los dejó desarmados a los dos.
-¡Harry! ¡Luna! ¿Están bien? -gritó Neville desde la otra parte del sótano. Por su voz, se dieron cuenta de que estaba reducido también. Los nenitos los habían vencido a ellos también.
Harry miró a Cho, sin varita e indefenso.
-Creí en vos, Cho…
Ella empezó a reír, de forma cruel.
-Yo voy donde esté la guita, Harry. Ya estoy totalmente nacionalizada. Cuando subí recién le mandé un murciélago al Señor de las Tinieblas, diciendo que te capturé. Ya viene para acá.
-¿Estás con Voldemort?
-Siempre estuve -dijo ella, sonriendo-. Sos muy tonto, Harry. Muy tonto… ¿De verdad pensaste que Dumbledore era el villano de la historia? ¡Qué gil!
-¡Dumbledore quería que me muriera en ese cementerio!
-Sí, admito que no le importás mucho al viejo, pero él quería que mueras para matar a Voldemort. Ahora él va a cumplir su plan, y vos vas a morir igual, pero sin haberlo derrotado. Y el poder oscuro va a gobernar de nuevo en el mundo mágico argentino.
-Pensé que ya estaba gobernando.
-Alberso es solo una parte del poder oscuro. Esperá a ver lo que se viene…
La sonrisa de Cho se ensanchó, y había un brillo rojo en sus ojos.
-¿Todo esto fue obra tuya? ¿Vos me tenías que engañar y traerme acá para que me quede prisionero en este sótano y lejos de Dumbledore, para que Dumbledore no pudiera detenerte a vos y a Voldemort?
-Sí, digamos. Fue obra mía, y de Peter Pettigrew.
-¡Pettigrew é um agénti doble! -gritó una voz, y todos se dieron vuelta. Acababa de aparecer Madame da Silva en la puerta, apuntando a Cho con su varita.
-¡IMPEDIMENTAAII!
-¡AVADA KEDAVRA!
-¡EZPELIARMUUU!
Pero Cho la desarmó también, y la varita de la directora de Castelobrouxo voló lejos, tras unos cadáveres con carteles que decían "Patys Express" y "Swift Clásica".
-¡Madame da Silva! -gritó Harry, sin entender nada-. ¿Pero qué…?
-Vino conmigo -explicó Luna-. Cuando estábamos en el baile, Harry, vi que te ibas y que Cho iba atrás tuyo, y la seguí. No confiaba en ella. Y cuando vi ese avión, pedí ayuda, y como Madame da Silva estaba ahí, me ayudó. Las dos nos subimos al avión y viajamos con ustedes. Estuvimos en ese avión todo el tiempo, en la parte de atrás.
-Máis eu le dize a Luna que melhor nós usábamos encantamentos disilussionadores -explicó da Silva-. Mais nós náo sabíamos se vocés ficaban alguma trampa o cozinha turbina.
-Y cuando saltamos en la 9 de julio, antes que ustedes, vimos que hablaban sobre venir acá, y decían la dirección del lugar y todo, por eso supimos dónde venir -terminó Luna.
-¿Pettigrew un agente doble? -dijo Cho, y empezó a reír-. ¡Tarados! ¡Está de parte nuestra! ¿Cómo pudieron creerse el cuento de que estaba del lado de ustedes?
-¡Dumbledore ficaba muito seguro! -dijo da Silva-. ¡Pettigrew era como Snape, um agénti doble!
-Pero a diferencia de Snape, Pettigrew sí respondía realmente a Voldemort y no a Dumbledore -explicó Cho-. Y le dijo al Señor de las Tinieblas todo lo que hablaron con Dumbledore y vos y el otro director tarado mexicano. Que tenían planeado que Harry muriera en ese cementerio, que querían frustrar su ascenso al poder… Él ya lo sabía todo.
Quedaron todos impactados por eso.
-Y por eso me dio esta misión a mí -terminó Cho-: Enamorar y engañar a Potter para traerlo a una trampa segura, para atraparlo finalmente mucho más fácil que con ese torneo del orto: trayéndolo lejos de la escuela, a este sótano, y listo. Más fácil. En este momento, el Señor de las Tinieblas está viniendo con sus más leales mortífagos a este sótano, y en pocos minutos todos ustedes van a morir, y mi familia va a ser recompensada con más guita de la que hayan soñado en su vida. Cuando las fuerzas oscuras gobiernen Argentina, mi familia va a tener cargos en el sector público, sueldos de diputados y bancas en el poder judicial.
-¿Voldemort va a postularse a presidente?
-No seas tarado, Harry. ¿Cuántas veces tenemos que decírtelo? El señor de las Tinieblas es un sicario, el más temible sicario de todos los tiempos, pero solo un sicario. No quiere poder para él. Responde a las órdenes de alguien más…
Mientras Cho hablaba, Harry le hizo señas a los demás, con carpa. Neville y Luna captaron su mensaje, y se acercaron con carpa a unas cajas que parecían contener latas de choclo y arvejas en mal estado.
-…Alguien más poderoso que nadie que hayas enfrentado antes -seguía diciendo Cho-. Él va a ascender al poder, ayudado por el Señor de las Tinieblas, y cuando lo haga…
-¡AHOORAAAA!
Harry, Neville y Luna tiraron cachos de carne humana, latas de arvejas y de choclo vencidos por el aire hacia Cho. Mientras ella se cubría la cara, protegiéndose de las sustancias venenosas, salieron corriendo a la mierda, y Harry cerró la puerta de la cámara frigorífica, dejando a Cho atrapada adentro. No había nadie en el otro lugar: los nenes se habían ido.
-¡Rápido! -gritó Harry a los demás-. ¡Tenemos que irnos, antes de…!
Pero, en ese momento, se escucharon ruidos arriba, en el supermercado. La cicatriz empezó a dolerle. Se le partía la cabeza. Podía ver, en su mente, un bebé horrible, el deforme feto en que estaba convertido Voldemort, en los brazos de Peter Pettigrew, caminando por entre las estanterías de los congelados en el piso de arriba.
-¡Están acá! -gritó Harry-. ¡Vicky, desaparecenos!
-¡No puedo, Harry! ¡No tengo varita! ¡Se las quedó todas Cho con ella, ahí adentro! ¡Y las nuestras se las llevaron esos nenes! ¡Estamos en el horno!
Escucharon el sonido de Cho lanzando hechizos contra la puerta trabada desde adentro, y los pasos de Pettigrew arriba. Estaban sin varitas, en bolas.
Harry corrió por entre las mesas y las gallinas, pensando a toda velocidad. Agarró un paquete de Surtido Bagley, lo abrió de un tirón y corrió a una heladera llena de Coca-Colas falsificadas.
-¿Qué estás haciendo? -dijo Luna, con curiosidad.
-¡ATENTOS, TODOS! -gritó Harry, mientras metía las galletitas dentro de la botella y empezaba a agitarla, y se empezaba a formar toda una espuma adentro-. ¡CUANDO DIGA "YA", CORRAN POR SUS VIDAS!
Harry tiró la botella de Coca-Cola trucha hacia las escaleras, donde Pettigrew ya bajaba, y vio cómo empezaba a escupir espuma y a hacer un chirrido recontra agudo, mientras los químicos de las rellenas de chocolate y las Sonrisas hacían contacto con la Coca-Cola.
-¡YAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
Todo se desmoronó al carajo. La explosión fue de la puta madre. Voló todo a la recontra mierda. Había polvo, caos y gritos de gallinas y maullidos de vacas por todos lados. El sótano entero se había desmoronado.
Pero Harry, Luna, Vicky, da Silva y Neville no se habían detenido a ver el quilombo. Habían corrido a toda velocidad entre los escombros para el lado de la escalera derrumbada, pasaron a las chapas al lado de Pettigrew, que estaba tirado en el piso tratando de proteger el feto-Voldemort de una avalancha de cajas de desodorante Rexona falsificado que explotaban como fuegos artificiales, subieron a los re pedos y cruzaron el supermercado a toda velocidad, hacia la calle.
Salieron a la fresca noche exterior y corrieron por sus vidas por las calles de Belgrano, sin mirar atrás, como seis cuadras, sin saber ni a dónde iban. Lo único que querían era alejarse tanto como fuera posible de ese lugar y del Barrio Chino, que estaba atrás. Al final, frenaron en la esquina de Libertador y Virrey Loreto.
-Tenemos que volver a Hogwarts -dijo Harry-. Rápido. Tenemos que buscar a Dumbledore.
-¿No querías enfrentarte a Dumbledore? -preguntó Neville, agarrándose el costado por el esfuerzo de correr tanto.
-Sí, pero creo que Voldemort es peor que Dumbledore. Así es esto, Neville. Son todos unos garcas, pero hay que elegir al menos garca de todos, y creo que prefiero a Dumbledore aunque sea un corrupto chorro que no le importa mi vida, antes que a los sádicos asesinos come-carne-humana estos.
-Estoy de acuerdo -dijo Luna.
-De acordó -dijo Madame da Silva-. Vamos com ó Dumbly-dore.
-¿Pero cómo vamos a llegar? -preguntó Vicky-. ¡Ninguno tiene su varita! ¡No podemos hacer magia!
-Ni tenemos plata para un taxi -dijo Neville, buscando en sus bolsillos.
-El 160 nos deja en Temperley -dijo Harry-. Mis tíos no viven lejos de acá, conozco la zona.
-¡Es verdad! -dijo Neville-. ¡Pasa por Tornquist! ¡Es acá a unas cuadras!
Corrieron todos por las calles de Belgrano, todo a lo largo de la Libertador y al lado de la autopista, hasta que después de una banda de correr pudieron cruzar al otro lado por Olleros. Fueron por toda la zona boscosa, hasta que llegaron a Tornquist. Mientras esperaban el bondi, Luna miraba el lago y cantaba una canción, Neville estaba tirado hecho mierda en el piso, igual que da Silva, y Vicky se había tirado en un banquito junto a los árboles.
Pasó como media hora, y no venía nada.
-A esta hora debe tener una frecuencia de mierda -dijo Harry.
Al final, vieron el número 160 brillando en la noche, y los cinco se pusieron de pie.
-¿Alguien tiene una SUBE?
Todos negaron con la cabeza.
-Yo me encargo -dijo Vicky, y se rompió la parte de arriba de la blusa, justo arriba de las gomas. Se subió primero, sonriendo y acomodándose el pelo.
-¡Uh! ¡Vos sos la Xipolitakis! -dijo el chofer, re al palo, mientras los demás se mandaban sin pagar y se iban para la parte de atrás. Un rato después, Vicky le dejó su número al chofer y se fue atrás con los demás.
-¿Le diste el número auténtico? -le preguntó Neville, mientras el 160 avanzaba para el lado de Palermo.
-Sí. Estaba bueno, ¿no? -dijo ella, sonriente.
Cruzaron todo CABA. No llegaban más. Vicky se había dormido sobre Neville, chorreándole baba encima, y él sobre Madame da Silva, abrazándola. Y da Silva sobre la ventana, toda abierta de piernas y despatarrada. Harry y Luna iban juntos en los asientos contra la otra ventana del fondo.
-Qué bajón, Harry -dijo Luna después de un rato de silencio, mientras el bondi cruzaba todas las avenidas importantes yendo siempre por Medrano-. Cho resultó ser re hija de puta. Ella te gustaba, ¿no?
-No importa -dijo él, un poco triste-. La vida es así, ¿no?
Luna apoyó una mano encima de la de él, y se miraron a los ojos.
-Sí, es una mierda -dijo la chica, y se encogió de hombros-. ¿Chapamos?
-Bueno, dale.
Se pusieron a chapar en el asiento del bondi, mientras cruzaban la 25 de Mayo y se metían a full en el conurbano, rumbo a Hogwarts. Después de un rato, Harry sacó la mano de las gomas de Luna y se quedó pensativo.
-Che, me quedé preocupado por eso que dijo Cho.
-Ya sé, Harry, ni me digas. La semana pasada me compré una caja de doce Patys Express en el chino de la vuelta de casa y todavía me quedan diez. Me los voy a comer igual, no los pienso desperdiciar, pero después…
-No, eso no -dijo Harry, reflexionando-. Lo otro. Lo de que Voldemort es solo un sicario. O sea, yo pensé que quería un cuerpo, para volver a la vida. Pero si todo esto es obra de alguien más… ¿quién puede ser? Tinelli ya está muerto. ¿Quién más puede querer todo ese poder y gobernar y generar el mal en Argentina?
-Ufff, no sé por dónde empezar -Luna empezó a contar sus dedos-. Los K, los M, los montoneros, Zulma Lobato…
-No, sonó como que hablaba de alguien más -dijo Harry, inquieto-. Alguien más turbio todavía, alguien nuevo. Alguien que nunca se nos ocurrió hasta ahora. Pero… ¿quién?
En ese momento, lejos de ahí, en Hogwarts, Ron, Fred y George bailaban al ritmo de la música, tratando de levantarse minitas, mientras Hermione y Lali Espósito charlaban en un rincón oscuro de la pista de baile.
-Sí, posta, Hermione -decía Lali, con los ojos muy abiertos-. Tal como te digo. Estuve en ese lugar re turbio, y este tipo me dijo que hay uno que está metido en algo re turbina pero mal… No quise que me cuente más, por las dudas. Pero creo que quieren gobernar todo el país y que el Innombrable los va a ayudar.
-Pero Lali -dijo Hermione, preocupada-. ¡Tenés que decirme lo que sabés! ¡Tenemos que salvar a la gente!
Lali lo dudó y entonces asintió.
-Bueno, te digo -le dijo por fin-. Acompañame.
Las dos salieron del baile, de la mano, pasaron al lado de Rial que estaba re drogado y piropeaba a Marley y cruzaron los corredores de Hogwarts hasta llegar a un pasillo desierto donde no había nada más que viejos retratos de antiguos personajes de la historia argentina.
-No entiendo, ¿por qué vinimos acá?
-Porque acá está la respuesta a todo esto, Hermione -dijo Lali, señalando uno de los retratos.
-¿San Martín? -dijo Hermione, confundida.
-Él puede explicarte todo -dijo Lali, y entonces miró alrededor con cagaso-. Pero yo me voy, no quiero que me vinculen con esto.
-Bueno… -Hermione le tiró una mirada-. Nos vemos después.
Lali le sonrió y se fue trotando, dejándola sola. Hermione se quedó mirando el cuadro de San Martín.
-Hola, San Martín.
-Hola, Hermione.
-¿Me conocés?
-Obvio -le dijo el retrato-. Soy un prócer. Sé de todo yo. Además tengo otro retrato mío en el baño de mujeres y a veces lo visito para ver minitas bañándose. Te vi varias veces…
Hermione ignoró eso último.
-San Martín, ¿hay un mago oscuro queriendo gobernar el país, y quiere usar a Voldemort para alzarse al poder?
-Sí, obvio -dijo él-. Hace décadas, Hermione. A veces se lo digo a la gente, pero nadie me da ni cinco de bola. Cuando sos un prócer la gente te quiere solo para mencionarte ahí de pasada en las escuelas, y nada más. Estoy tratando de decirle a todo el mundo esto hace bocha de tiempo, y no me dan ni pelota.
-¿Dumbledore tampoco?
-Dumbledore es un boludo -le dijo San Martín-. No entiende nada, quiso sacar mi retrato del castillo porque se enteró que nunca crucé los Andes y fue todo verso. ¿A quién carajo le importa si crucé o no los Andes? ¿No saben otra cosa de mí?
-La verdad que no, San Martín, pero decime más.
-¿No es obvio? -le dijo San Martín. El prócer sacó su espada y apuntó hacia otro de los retratos que había en ese pasillo. -El verdadero villano es él, Hermione. El mismo de siempre. El mismo que viene hilando los hilos hace décadas, para destruir este país hasta la mismísima mierda. Él es el culpable de que seamos un país tercermundista. Él abolió el modelo agroexportador, nos metió en la miseria, él tiene la culpa de todo, y ahora está usando a Voldemort para que lo ayude a volver a la vida. Con el hueso del padre, la sangre del enemigo y la carne del vasallo, va a tratar de volver a un cuerpo humano, a volver de la muerte, de la que nunca se fue realmente…
Hermione caminó hacia el retrato que señalaba San Martín, y sintió que se le caía el corpiño del cagaso.
Ahí estaba, delante de ella. Sonriente, en su traje de General. Mirándola con una mirada de maldad pura y terrible. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? En el retrato, Juan Domingo Perón se acomodaba el moño con el que lo habían retratado, clavando una mirada perversa y diabólica en Hermione.
