Comentarios finales
Según la estadística, 5 personas están leyendo el fic. Aunque debe ser la misma persona que ingresó en 5 IP distintas, y seguramente esa persona soy yo leyendo mi propio fic xD. Por eso mismo decidí terminarlo acá por el momento, se va a la mierda.
Había un plan de una última parte basada en las Reliquias de la Muerte, pero muy probablemente no vaya a existir nunca. Me di cuenta qué es lo que realmente vende en fanfiction: el PORNO! Y es por eso que los invito a leer mi nuevo fic: "Hermione XXX Todas las poses Real – Manuscrito original con el que se tocaba Rowling / No fake – 1 Link" disponible próximamente!
Gracias a los 5 bots que leyeron esta historia, se van todos al carajo. Como diría Tinelli: Chau chau chau chau, chaaaaauuuuu!
ULTIMO CAPÍTULO
-Hueso del padre… -dijo Pettigrew, mientras echaba unos huesos al caldero gigante. Tras él había una lápida enorme que decía: "Mario Tomás Perón", de donde salió el hueso. Bajo ese nombre estaba el del mismo Juan Domingo, y bajo él se leía "Eva María Duarte de Perón".
El feto-Voldemort miraba sonriente la escena, desde los brazos de Pettigrew.
-Carne del vasallo…
Pattigrew se acercó al caldero y echó al feto-Voldemort dentro, que empezó a chillar mientras se fundía con la poción burbujeante, que cambió de color.
-Y sangre de los enemigos.
Pettigrew peló un frasquito del bolsillo de la túnica, que tenía sangre y una etiqueta que decía "Gorilas", con el dibujito de un gorila. La echó a la poción y se fue todo a la mierda: salían burbujas, chispas, luces, banderitas de Argentina y decretos de estatización por todos lados.
-¡AHHHHHhhh! -Pettigrew saltó de lado en el momento en que explotó todo a la mierda. Entonces apareció un tipo caminando tranquilo en el lugar donde estaba el caldero antes: Juan Domingo Perón.
Estaba vivo de nuevo.
-Mi Señor… -dijo Pettigrew, arrodillándose ante él. Perón lo miró con el rostro frío y cruel.
-¡AVADA KEDABRA!
Pettigrew cayó muerto sobre el césped, y Perón rió. Era todavía más hijo de puta que Voldemort.
-¡JA, JA, JA, JA! -dijo, mientras miraba su nuevo cuerpo, y caminó triunfante por el cementerio de Chacarita-. ¡JA, JA, JA, JA, JA!
Apuntó su varita al cielo y salió un rayo de todos colores que subió hasta el cielo. Entonces se acercó al cadáver de colagusano, buscó en sus bolsillos y le choreó el celular. Marcó un número y habló con una voz de ultratumba:
-Soy yo… -dijo, con una sonrisa maligna-. Llegó el momento.
-Entendido, mi Señor -respondió una voz del otro lado.
Empezaron a aparecer figuras por todo el cementerio. Todos iban con capas negras y máscaras de formas tenebrosas.
-Bienvenidos, mis mortífagos -dijo Perón, mirando alrededor-. Han sido 47 largos años desde mi ausencia… y en todo este tiempo, ninguno intentó revivirme -caminó alrededor del círculo de seguidores, sacándoles las máscaras por turnos-: ¡BERNI! ¡CÁMPORA! ¡DE PEDRO! ¡DUHALDE! ¡ALBERTO! ¡ANÍBAL! ¡MÁXIMO! ¡MOYANO…! Ni siquiera vos… Massa.
-Le juro, mi señor -dijo Sergio Massa-. Que si hubiéramos tenido una señal de usted, un solo signo…
-Hubo más que signos, Massa. Y más que señales. Pero vos estabas muy ocupado panquequeando por todo el congreso y cambiando de partido cinco veces por semana.
Massa se puso de rodillas en señal de disculpas.
-Pero debo decir que me han sido útiles -dijo Perón, caminando por el cementerio-. Gracias a ustedes, pudimos mantener vivos el peronismo. Gracias a ustedes, todavía hay gente que cree en esta ideología de mierda. Y esa gente es la que va a venerarme ahora, nuevamente, los que van a idolatrarme en mi regreso al poder.
-Señor, disculpe, Mi Señor -dijo Alberto, con una profunda reverencia-. ¿Cómo hacemos para ganarnos al pueblo de nuevo? Lamento decirle que, con el aumento de la carne, la cuarentena eterna, la inflación… La gente ya no está confiando como antes. Mi Señor. Disculpe, mi Señor.
-Fuiste bastante mal presidente, Alberto -dijo Perón-, pero también fuiste útil. Si no fuera por vos, capaz Macri estaría ahora en el poder. Sí, Alberto, fuiste muy útil. La gente va a venerarme, porque así son. No importa cuán pobres sean, cuán rotos estén, cuán cagados de hambre estén, ellos siempre van a depositar sus esperanzas en el peronismo… y así debe ser.
Todos hicieron profundas reverencias a su Señor.
Había un par de espacios vacíos entre los mortífagos, y Perón caminó hacia ahí.
-Acá debería estar Roberto Lavagna. Nos traicionó. Tendrá su merecido… Y acá debería estar Domingo Cavallo… También tendrá su merecido. Ah, acá, en este espacio, debería estar mi vasallo más fiel de todos.
Todos giraron la cara hacia ahí, envidiosos.
-Pero está en Hogwarts en este momento, cumpliendo una importante misión. Gracias a ella, pronto voy a tener el control del colegio, y, cuando eso pase, vamos a lavarle la cabeza a todos los chicos de edad escolar con pensamientos peronistas para que se vuelvan mortífagos desde chiquitos… como ya hicimos con la UBA y todas las Facultades de Ciencias Sociales de las universidades argentinas.
Empezó a reír de forma perversa, con los brazos extendidos. Varios mortífagos se atrevieron a reír también.
En ese momento, Harry Potter abrió los ojos y se quedó congelado del cagaso. Se había quedado dormido en el 160 encima del hombro de Luna.
-¡Luna! -dijo, cagado hasta las patas.
-¿Qué pasa, Harry?
-¡Acabo de tener una visión de la puta madre!
Neville y Madame da Silva despertaron también, asustados. El 160 iba a los pedos por una calle oscura de un barrio del conurbano.
-¡Están en el cementerio de Chacarita! -dijo Harry-. ¡Los vi en mi mente! ¡Volvió! ¡El Innombrable volvió!
-¿Te referís a Lord Voldemort, Harry? -preguntó Neville.
-¡No, Neville! ¡El otro! ¡El peor!
-¡Nooo! ¡¿Perón?!
-¡SÍ!
-¡LA PUTA MADRE, ESTAMOS TODOS MUERTOS!
El 160 frenó a unas cuadras de Hogwarts, y se bajaron todos a las chapas. Empezaron a correr hacia el colegio, y cuando habían hecho cuatro cuadras Neville se frenó de golpe.
-¡Paren! -dijo-. ¡Nos olvidamos a Xipolitakis!
Se quedaron todos congelados, mirándose entre sí.
-Bueno… ya fue -dijo Harry. Y siguieron todos corriendo.
Cuando entraban a los terrenos del colegio, Harry vio a dos figuras correr hacia él.
-¡HARRY!
-¡HARRYYY!
-Ron… Hermione… ¿Están bien?
Los dos estaban igual de asustados que él.
-¡Harry! ¿Dónde estabas?
-Es un quilombo de explicar… Estuve en el extranjero, en Córdoba. Y después Cho quiso matarme en el sótano de un supermercado chino. También salté de un avión estrellándose contra el obelisco… fue todo re loco. Pero che, ¿qué onda ustedes dos? Pensé que estaban peleados, ¿qué hacen juntos?
-Hermione vino a buscarme -dijo Ron, avergonzado consigo mismo-. Yo estaba en pedo tratando de chamuyarme a Cande Tinelli cuando Hermione me rescató de ahí y me dijo que me rescatara, que Perón estaba volviendo a la vida.
-Tenemos que apurarnos -dijo Harry-. Hay un infiltrado en el castillo. ¡Un mortífago! ¡Alguien que ayudó a Perón todo este tiempo, desde adentro! ¡Tenemos que…! Esperen -sonrió-. ¿Entonces están juntos, ahora? ¿Son novios?
Neville miró a Luna, sonriendo también.
-La verdad es que me di cuenta que estaba equivocada -dijo Hermione-. Pensé que para luchar contra el machismo tenía que hacerme lesbiana, pero cuando Lali me dejó ahí sola me di cuenta que no tiene que ser así. Me gustan los hombres, solo que no quiero estar con un forro machista y estúpido como Ron. Así que no, no estoy con él. Pero tampoco soy lesbiana.
-Y yo me di cuenta que no tengo que insistirle a Hermione hasta el cansancio ni querer ser posesivo con ella -dijo Ron-, cuando ni siquiera somos nada, porque es una actitud de mierda.
-Fua, mierda que progresaron en las cuatro o cinco horas que no estuve acá.
-¡Vamos! -gritó Hermione-. ¡Tenemos que buscar al mortífago!
-¡Momentinho! -gritó otra voz. Se frenaron todos y giraron a ver quién había hablado. Era Madame da Silva.
-Eu sé quém é o que trocó, o impóstor -dijo da Silva, como avergonzada de sí misma.
-¿Qué? ¿Quién, Madam da Silva? ¿Quién es?
-É muito tarde agora -dijo la directora, cabizbaja-. Desculpem, mininos. Eu sospechaba, máis eu nao sabía se verdaderamenti era asim.
-¿De qué hablás, da Silva? -dijo Harry, con los ojos re abiertos.
-Quando nós fuimos convocados para fazer tudo o torneo este… Eles nos dizeram que o objetivo era fazer lazos entre os mininos das diferentes culturas… das diferentes nações… debí sospechar… nos dizeram: "¡O peronismo é o melhor para a genti!" "¡Com este torneo, o Peronismo ficará de nuevo!" ¡Mais qué tonta fui!
-Pero, da Silva -dijo Harry, acercándose a ella-. ¿Quién? ¿Quién le dijo esas cosas?
-O organizador do torneo -dijo ella, muy seria-. O professor Dumblidor, por suposto.
Se miraron todos entre sí, aterrados.
-Dumbledore es el mortífago -dijo Hermione, entendiendo-. Claro, debimos darnos cuenta. Él siempre fue un viejo corrupto, pero últimamente se estaba yendo al carajo.
-Te digo que igual hizo bien su papel, eh -dijo Ron.
-Es un mortífago con poción multijugos -dijo Harry, entendiendo-. El verdadero Dumbledore era bastante garca, pero no sé si hubiera tratado de matar a una alumna, como quería hacer con Cho.
-Si, no sé, bah, capaz.
-No entiendo nada -dijo Neville-. Pero si Pettigrew estaba en contra de Dumbledore, ¿cómo va a ser él el mortífago?
-¿No te das cuenta, Neville? -dijo Hermione-. ¡Fue todo una tramoya! ¡Una cama! ¡Pettigrew no era nadie, seguro ya lo mataron, como hacen con todos los que usan y después descartan! ¡Les mintieron a todos, crearon dos bandos ficticios…! ¡Ellos mismos crearon la grieta! Pero es de ellos, ambos bandos eran de ellos, tenían gente con poción multijugos… ¡Todo estaba armado!
-Alta cama nos armaron -dijo Ron.
-Puta argéntina -dijo da Silva.
-¿Qué hacemos? -preguntó Luna, que había estado silbando una canción, distraída, y en ese momento pareció caer en lo que pasaba.
-Encontrar y matar a Dumbledore, a quien sea que sea el mortífago que lo estuvo suplantando, y después de eso…
-Matar a Perón -dijo Harry, decidido.
-No van a poder -dijo Neville-. Harry, aún no sos lo suficientemente fuerte para matar a alguien como Perón. Te faltan como tres años todavía para lograr algo así. Por el momento creo que deberíamos ir todos a tratar de matar al mortífago de Hogwarts, pero alguien más tiene que ser el que mate a Perón. Alguien más poderoso que nosotros.
-Pero, ¿quién? -preguntó Ron-. ¿Quién tiene el poder para matar a Perón? ¡Es el Señor Oscuro más poderoso que haya existido en toda la puta historia argentina!
-Y con solo doscientos años de historia… -se lamentó Neville-. Imaginate si el país tuviera mil años, la cantidad que habría.
-No hay chance -dijo Harry-. Este país no dura mil años ni en pedo. Si en veinte años no nos volvimos una provincia de Venezuela o una región comprada por China, me chapo a Nigel.
-Eso no importa ahora -dijo Hermione, frenética-. Creo que sé quién puede matar a Perón…
-¿Quién? -preguntaron todos.
-Estuve hablando con San Martín…
-¿Quéééé?
-Con su cuadro -dijo Hermione-. Y me dijo algo que no había pensado hasta ahora: Parece que Argentina está condenada, que se va a ir todo a la mierda. Pero… ¿acaso no pasa eso todos los años?
Se miraron todos entre sí, y entonces asintieron.
-¿Y quién nos salva cada vez que pasa? -preguntó Hermione.
-Bueno… eh… la economía no, eso está claro. Los políticos tampoco…
-¡El fútbol! -dijo Hermione-. Cada vez que caemos en crisis, hay un mundial, o una Copa América, o algo, y nos distraemos con eso. ¿No lo ven? Los verdaderos héroes del pueblo son los futbolistas. Estamos necesitando un héroe, pero no un héroe nuestro, sino un héroe del pueblo, de la gente, un héroe que todos identifiquen como un tipo noble, humilde y honesto, que tenga el valor, la valentía para enfrentarse a este villano, a Perón, y vencerlo…
-Hermione… -dijo Harry-. ¿Estás pensando en…? No, imposible. ¿Cómo vamos a…?
-Déjenmelo a mí -dijo ella-. Tengo familia en España. Voy a llamarlos. Ustedes vayan adelantándose. ¡Todavía tenemos que matar al mortífago de Hogwarts!
El sol ya salía en el horizonte. La noche estaba llegando a su fin. Los adolescentes corrían juntos por los pasillos del colegio, por al lado de las paredes sin revocar, los afiches de los centros de estudiantes de Hogwarts pegados por todos lados con boludeces políticas y llamados a elecciones, panfletos pro-aborto, y corrieron hasta llegar al Gran Salón, donde todos los estudiantes se habían reunido, siendo llamados desde la fiesta que todavía seguía, o desde sus camas.
-Gracias por venir -dijo Dumbledore-. Los llamé porque tengo una noticia que darles… A partir de ahora, vamos a instruirlos en el arte del peronismo. A partir de ahora, todos y cada uno de ustedes…
-¡NO! -gritó Harry, separándose del grupo de alumnos y levantando su varita hacia Dumbledore. Todos exclamaron gritos de asombro y lo miraron. -¡NUNCA, MORTÍFAGO! ¡YA SABEMOS QUE SOS UN IMPOSTOR! ¡REVELÁ TU IDENTIDAD, GUACHO!
Dumbledore sonrió y sacó su varita también.
-Pensé que podíamos llegar a tener este problema -dijo en voz baja-. Está bien, Potter… Me descubriste. Pero no se preocupen, alumnos. Cuando vean quién soy, van a tener todavía más ganas de pelear por la causa peroncha.
-¡¿DÓNDE ESTÁ EL VERDADERO DUMBLEDORE?!
-Está en mi despacho, en un baúl, Harry. Lo vengo suplantando desde el verano. Pero, ¿qué importa eso? Lo que importa es que nuestro líder, el Señor de las Tinieblas, está entre nosotros de nuevo. ¡PRONTO, TODOS USTEDES OBEDECERÁN A LAS ÓRDENES DE MI SEÑOR, LORD JUAN DOMINGO PERÓN!
-¡NOOO! -Ron y Hermione levantaron sus varitas también, y tras ellos Neville y Luna. De a poco, todos los Gryffindor dieron un paso al frente, apuntando a Dumbledore.
-¿Creen que un montón de mocosos de mierda puede vencerme? -dijo el mortífago, que aún lucía como Dumbledore-. ¿QUÉ TOMARON, VIVARACHOL? ¡NO PUEDEN CONTRA MÍ! ¡SOY DEMASIADO PODEROSA! ¡PARA USTEDES NO HAY CHORI, CHICOS! ¡SOY DIOSA Y PELIGROSA, CHORRA Y MENTIROSA, Y AL ABUELO AMARRATE LO DEJÉ EN EL BAÚL!
-Un momento -dijo Ernie Macmillan, en la mesa de Hufflepuff-. ¿Acaso…? ¿Acaso es…?
-¡NO HAY NADA QUE TEMER, CHICOS! -gritó el mortífago-. ¡SOLO HAY QUE TENERLE MIEDO A DIOS…! ¡Y A MÍ, UN POQUITO!
-¡NOOOOOOO! -empezó a los gritos Hannah Abbott-. ¡ES ELLA!
La cara y cuerpo del supuesto Dumbledore empezaron a transformarse, porque se ve que había olvidado tomar su poción esa noche, y entonces se transformó hasta convertirse, finalmente, en Cristina Kirchner.
-Soy su más mejor vasallo -dijo Cristina, que no sabía ni hablar bien, con una cara diabólica y llena de cirugías-. ¡NO SABEN CÓMO VA A RECOMPENSARME PERÓN, CUANDO VEA TODO LO QUE HICE POR ÉL, TODOS ESTOS AÑOS! ¡MATÉ A TODOS SUS ENEMIGOS, METÍ A TODOS SUS AMIGOS EN EL PODER, LAVÉ LA CABEZA DE MILES DE MILES DE PENDEJOS PELOTUDOS COMO USTEDES!
-¡NUNCA! -le gritó Harry-. ¡NO VAS A GANAR, CRISTINA!
Cristina metió la mano en su bolsillo y sacó su varita, dispuesta a matar.
-¡AVADA KEDAVRA! -gritó, apuntando a Harry, que saltó a la mierda justo a tiempo para esquivar el hechizo.
-¡EXPELLIARMUS! -gritó Harry.
-¡CRUCIO!
Y empezó una batalla de la re puta madre.
Mientras tanto, en el cementerio de Chacarita:
-El triunfo es mío -decía Perón, caminando entre las lápida-. Venceremos, compañeros, volveremos al poder y, una vez más, el peronismo se alzará en toda la Nación… ¡MUAAJAJAJAJAJJAJAJAJJA! ¡AJJAJAJAJJAJAAJJAAJJAJAJAJ!
-No si yo puedo evitarlo -dijo una voz.
Perón y todos los mortífagos giraron en redondo, para ver quién había hablado.
Atrás de ellos, a unos metros de distancia, una figura se acercaba caminando entre las lápidas, y todos los mortífagos lo miraron, sorprendidos. Una figura vestida de ropa deportiva Adidas, con una pelota de fútbol abajo del brazo.
Lionel Messi.
-Tu reinado de poder se acaba acá, Perón -dijo Messi, con una mirada furiosa que no había tenido ni en sus momentos de más bronca con la Conmebol-. Este partido no lo ganás.
Se borró la sonrisa de Perón.
-Messi -dijo, de forma despectiva-. El payaso del pueblo. ¿Te creés que vas a poder contra mí?
-Me da bronca -le dijo Messi-, porque nosotros hicimos un esfuerzo muy grande… Cambiaría mis cinco Balones de Oro por un Mundial… Pero cambiaría un Mundial por tu cabeza, Perón.
-Capaz te lleves mi cabeza, Leo -dijo Perón, sacando su varita finalmente-. Pero nunca vas a tener un Mundial. ¡NUNCA!
Eso hizo que explote. La furia de Messi creció hasta niveles nunca antes vistos por la humanidad. Sus ojos lanzaban chispas cuando Messi sacó su varita del bolsillo, una varita de endrino de diez centímetros, con fibras de caucho y cuero adentro, con pequeñas esferas como la Varita de Saúco, pero estas eran todas pelotas de fútbol.
-¡AAAAHHHHHGGGGGGGGGGGGGGGGG! -con toda la bronca, Messi empezó a atacar-. ¡PETRIFICUS TOTALLUS! ¡IMPEDIMENTA! ¡EXPELLIARMUS!
-¡NO ATAQUEN! -ordenó Perón a sus mortífagos, que habían sacado sus varitas también-. ¡ES MÍO! ¡AVADA KEDAVRA! ¡CRUCIO! ¡IMPERIO!
Harry, Ron y Hermione corrían por todo el Gran Salón, en medio de un alto caos de la re puta madre, peleando contra Cristina.
-¡EXPELLIARMUS!
-¡AVADA KEDAVRA! -la mina no dejaba de tirar maleficios asesinos por todos lados, re sacada. Uno le pegó a Colin Creevey y el flaco se cayó muerto al piso.
-¡HARRY! -gritó Hermione-. ¡ENSEGUIDA VENGO! -y la piba se fue a la mierda.
-¡NO TE PREOCUPES, HERMIONE, NOSOTROS PODEMOS SOLOS! -dijo Ron, irónicamente, mientras le tiraba hechizos a Cristina Kirchner-. ¡¿TIENE QUE IRSE CORRIENDO HASTA EN MOMENTOS ASÍ?!
Toda la mesa Slytherin se había ido a la mierda. Solo se quedaron algunos de Ravenclaw, algunos más de Hufflepuff, y casi toda la mesa Gryffindor. Entre todos le daban pelea a Cristina, pero era demasiado poderosa. Lanzaba hechizos de magia negra poderosísimos. Algunos alumnos empezaron a caer muertos ante ella: Justin Finch-Fletchley, Lavender Brown, Fred Weasley…
-¡FREEEEDDDD! -gritó Ron, sin poder creerlo-. ¡NOOOOO! ¡NOOOOOOOOOOOOOOO!
Y atacó a Cristina con más bronca, recontra sacado.
-¡MORÍTE, PERÓN! -Messi se movía con una agilidad impresionante por el cementerio, tirando hechizos por todos lados, pero Perón la tenía recontra clara, y manejaba una magia negra impresionante que nadie más había visto en la historia de la magia y que era re antigua y horrible. Salían serpientes por todos lados, fuego de debajo de la tierra, y hasta hizo que se levantaran algunos muertos de sus tumbas, onda los Inferi.
-¿Te pensás que unos inferi van a poder contra mí? -le dijo Messi, mirando alrededor-. Eso no es nada, Perón… Yo también puedo conseguir ayuda de los muertos…
Messi entonces empezó a hacer jueguito con la pelota. Nadie entendía un carajo. ¿Por qué hacía jueguito con la pelota en medio de la pelea?
-Adentro está la Piedra de la Resurrección, salame -dijo Messi, mientras contaba-. Esta necesita como cincuenta giros para funcionar, pero no pasa ná… cuarenta y seis, cuarenta y siete, cuarenta y ocho… -iba contando mientras hacía jueguito re tranqui, en medio de todos los hechizos que le tiraba Perón, sin ningún problema, sin perder la pelota por un segundo-. Cuarenta y nueve… Cincuenta.
Entonces, unas figuras aparecieron al lado suyo, figuras que hasta segundos atrás habían estado descansando en el cementerio de Chacarita pero ahora volvían a la vida: Gardel y Gustavo Cerati.
Perón los miró con algo nuevo en su mirada: miedo.
-¿Qué pasa, Perón? -dijo Gardel-. Parece que hubieras visto un muerto.
-De tu reinado peroncho, nada más queda -dijo Cerati, sonriendo.
-Gracias por venir, Gus -dijo Messi, guiñándole el ojo.
-Gracias a vos, Leo… Gracias… totales.
-¡ATAQUEN!
Los maleficios volaron por todos lados. Medio cementerio voló a la mierda. Se daban con de todo. Volaban lápidas rotas por el aire, Messi conjuraba océanos de agua gigantes que le tiraba encima, y Perón los convertía en un viento re poderoso, que Messi después convirtió en un polvo, que Perón protegió de su cuerpo con una especie de campo de fuerza, y después le tiró un montón de fuego re groso… Era onda la pelea de Dumbledore y Voldemort en La Orden del Fénix, una cosa así.
-¡AAHAHHGHGHGHGHGH! ¡MORÍTE, GORILA! ¡MORÍTE! -gritaba Cristina, más sacada que cuando la procesaron por vigésima quinta vez, tirándole a Harry con todo lo que sabía conjurar. Se la agarró con él, y quería matarlo como fuera posible. Harry repelía todos sus hechizos y le tiraba con los Expelliarmus, pero no le conseguía dar porque la vieja era una capa total esquivando lo que le tiraban. Hacía décadas que venía esquivando la cárcel, y los hechizos de Harry no iban a vencerla tan fácil.
-¡HARRY! -gritó Hermione entonces, apareciendo de nuevo-. ¡CONSEGUÍ AYUDA!
-¿A DÓNDE ESTABAS? -le gritó Ron, que daba pelea también.
-¡EN EL DESPACHO DEL DIRECTOR…! ¡ESTABA EN SU BAÚL!
Entonces vieron que Dumbledore, el verdadero, entraba al Gran Salón.
-Nadie ataca a los alumnos de mi escuela -dijo Dumbledore, mirando a Cristina fijamente-. No sin mi permiso, y sin arreglarlo conmigo previamente, y garparme lo que haya que garpar.
-Yo no necesito negociar con vos, ¡OLIGARCA! -le gritó Cristina, apuntándolo con la varita.
-¿Oligarca? -repitió Dumbledore-. Hipócrita de mierda, ¿tenés más guita que el Vaticano y te hacés la humilde? ¡PIERINO LOCOMOTOR!
Todas las estatuas del castillo de repente estaban con vida y caminaban junto a él, enfilando hacia Cristina.
Los ojos de Cristina se volvieron rojos, y muchos alumnos gritaron asustados.
-No podés contra mí, viejo -le dijo, con una voz multiplicada por seis, diabólica-. ¡CONTROLLAMENTI TOTALLUS!
-¿Qué carajo…? -dijo Ron.
Un montón de choripanes con Coca-Cola salieron de la varita de Cristina y volaron hacia los alumnos de Ravenclaw y Hufflepuff, que los atajaron en el aire y empezaron a comerlos, re contentos. Cuando se terminaron de bajar la coca, la mayoría sacaron sus varitas y apuntaron a Dumbledore, de forma amenazadora.
Los Gryffindor apuntaron con sus varitas a las otras casas, dispuestos a pelear.
-¡NO! -les advirtió Dumbledore-. ¡ESTÁN BAJO UN MALEFICIO MÁS PODEROSO QUE EL IMPERIUS! ¡NO LOS ATAQUEN!
Cristina se rió, más y más.
-¡AHHHHHHHHHHHHH! -Messi blandía su varita como loco. Ahora Perón había dado la orden a sus mortífagos de que peleen, pero Messi los fue venciendo, uno a uno. Al final, logró vencer a todos, que quedaron tirados en el piso, y solo quedaban él y Perón.
-¡NUNCA… VAS A VOLVER… A CAGAR… ESTE PAÍS! -le gritó Messi, luchando con todas sus fuerzas.
-¡Y VOS… NUNCA… VAS A GANAR… UN MUNDIAL!
La ira de Leo creció más y más, se tiraron con de todo un toque más, y entonces, por fin, Messi logró desarmarlo. Dejó a Perón en el piso, sin varita y con una mirada re cagada de miedo, porque acababa de perder la batalla.
Messi quedó de pie ante él, apuntándolo y respirando agitado. Perón tenía los ojos desorbitados.
-Terminó, Perón -le dijo Messi-. Yo gané. No voy a matarte. Vas a obtener el juicio que te merecés, y responder por tus crímenes…
Se formó una sonrisa en la cara de Perón.
-Tengo comprado a todo el senado, a todo el poder judicial. ¿Te pensás que van a mandarme a la cárcel? Ni siquiera domiciliaria, pelotudo. ¡Son todos peronistas! No podés hacer nada, Messi, no podés contra mí.
-No me dejaste terminar -dijo Leo, sin inmutarse-. Dije que vas a obtener un juicio y responder por tus crímenes, pero no dije dónde. Va a ser en España, no en Argentina. Y ante la cumbre internacional de Naciones Unidas.
Se borró la sonrisa de la cara de Perón.
-Andate a la puta que parió, Messi.
Messi sonrió, satisfecho.
-¡NUNCA! -gritó Perón.
-Estás desarmado… fíjate lo que hacés…
-¡NO! ¡PREFIERO MORIR! ¡NOOO!
Perón amagó a salir corriendo a buscar su varita, desesperado, pero Leo hizo un movimiento rápido con la varita y lo dejó inconsciente en el piso. Perón quedó ahí tirado, inconsciente, y Messi conjuró un par de esposas con las que lo ató, y le sacó la varita.
Entonces Messi se sacudió el polvo de la ropa, se dio un beso en el puño y apuntó con dos dedos al cielo, cerrando los ojos. Un periodista de Olé salió de atrás de una lápida y le sacó una foto, re contento.
-¡Esta es la foto de mi carrera! -dijo, llorando de emoción.
-¡NOOOOO! -gritó Harry, porque Dumbledore había caído muerto al piso, luego de recibir un Avada Kedavra de la Kretina. -¡DUMBLEDORE! ¡NOOOO!
-¡TRANQUILO, HARRY! -gritó una voz nueva. Todos giraron y vieron a Sirius Black aparecer en la puerta del Gran Salón. -¡YO ACABO CON ELLA, HARRY! ¡YO…!
Pero le llegó otro maleficio de Cristina, y Sirius cayó muerto también.
-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! -gritó Harry, desgarrado y hecho mierda por todo.
Cristina reía más y más, sin poder parar.
-Vas a pagar… vas a morir -dijo Harry, con una bronca terrible.
-Primero vas a tener que encontrar mis siete Horrocruxes -dijo Cristina, con una sonrisa diabólica-. ¿Sabés lo que te va a llevar, no? Como dos años, por lo menos.
-A menos que alguien ya los haya destruido a todos -dijo una nueva voz.
Todos se giraron de nuevo, y vieron aparecer a Cedric Diggory en la puerta del Gran Salón, sonriendo.
-¿Hablabas de esto? -dijo Cedric, y empezó tirar cosas al piso: el bastón presidencial, un pedestal con el símbolo nazi, un busto de Néstor Kirchner, la llave de una bóveda en Calafate, la escritura de una cadena hotelera para el lavado de activos, el DNI de Lázaro Báez y el título de abogada de la Universidad Nacional de La Plata falsificado mediante magia.
Los siete objetos estaban destruidos y hechos mierda. La sonrisa se borró de la cara de Cristina.
-Con la ayuda de R.A.B. y Dumbledore, los encontramos todos -dijo Cedric-. ¿Pensaste que eras la única que sabía usar poción multijugos?
Y entonces, la cara de Cedric empezó a mutar, su cuerpo se transformó, y se convirtió en una nueva persona.
Se convirtió en…
-¡NO PUEDE SER! -gritó Harry, sin poder creer lo que veían sus ojos.
Ahí estaba delante de ellos, la persona que había encontrado y destruido todos los Horrocruxes de Cristina Kirchner, personificando a Cedric Diggory. Apuntando con su varita directo al pecho de la ex presidenta, estaba nada más y nada menos que el Papa Francisco.
-¡YO LES DIJE! -gritó Luna, saltando de felicidad-. ¡LES DIJE QUE LA IGLESIA NOS IBA A AYUDAR!
-¡VOS! -gritó Cristina, colérica, apuntándolo también-. ¡ME DIJISTE QUE ESTABAS DE MI LADO!
El papa sonrió mientras la miraba con sabiduría.
-Puedo reconocer al diablo cuando lo veo, Cristina -le dijo-. Y tu falta de fé es tan visible como tu falta de humildad. Todo vos es una hipocresía, Cristina. Es la hora de que te entregues.
Todos estaban impactados por las palabras del papa.
Pero Cristina se rió de nuevo.
-¿Quién necesita a la Iglesia? -se burló-. ¡YO SOY EL PODER! ¡SOY MÁS GRANDE QUE JESÚS!
-Vas a pagar por tu blasfemia, hija de Satán… ¡AVADA KEDAVRA!
La agarró desprevenida. De hecho, el impacto de ver al papa tirarle un maleficio imperdonable a Cristina Kirchner fue tal, que nadie supo bien qué había pasado, hasta que todo terminó. Cristina quedó muerta en el piso, delante de todos, y se hizo un breve silencio, finalmente roto por George Weasley.
-¿El papa acaba de tirar un maleficio imperdonable?
-No va a ser la primera mancha de la iglesia -dijo el papa, guardando su varita-. A veces los fines justifican los medios… -hizo una señal de la cruz y bendijo a todos con su cruz-. Amén.
Y se fue del Gran Salón, en medio de una confusión de la puta madre.
Pasaron horas y más horas, y nadie salía del shock de todo lo que había pasado. Enterraron a los muertos, lloraron a Fred sobre todo (a nadie le importaba mucho Colin o Lavender Brown) y después los elfos les sirvieron el desayuno. Nadie había dormido nada.
-Qué resaca, loco -dijo Ron, masajeándose los ojos-. Fue una noche del orto.
Hermione se acercó a él y lo abrazó. Harry la miró sorprendido. Ella se hizo la boluda y cambió de tema.
-¿Así que vas a salir con Luna ahora, Harry? -le preguntó.
-No, no, fue un chape nomás -explicó él-. Ya le dije que terminamos. Me dijo que estaba bien, que su verdadero amor son los Snorckack de cuernos arrugados. Creo que se masturba con el cuerno de uno. Yo voy a esperar un par de añitos y le entro a la hermana de Ron, como planeé siempre.
Ron asintió, de acuerdo con él. Ya no era tan posesivo con la gente, la experiencia lo había hecho crecer internamente y madurar un poco.
-Creo que todos aprendimos una lección, después de esta noche de la re puta madre -dijo Harry.
-¿Cuál? -preguntó Ron, interesado.
-Que es un país del orto, son todos unos hijos de puta, pero mientras tengamos a Messi está todo piola.
-Amén -dijo Hermione.
Se pusieron a comer del morfi que habían llevado los elfos, y se compartieron unos buenos mates.
La cámara se fue alejando, mostrando todo el Gran Salón hecho concha, hasta que finalmente quedó visible el edificio a medio construir de Hogwarts desde afuera, brillando bajo el sol de la mañana en esas olvidadas tierras del conurbano bonaerense.
Y todos terminaron felices por siempre, hasta que con la inflación y los cambios de gobierno y la falta de empleo no aguantaron más y se fueron todo el grupete de amigos a vivir a Europa, donde ahí sí pudieron vivir felices por siempre.
FIN
