Día 3 Daddy Kink: "Bragas verdes"
Hacía varias semanas.
No.
Meses que Dick había estado intentando conseguir a Bruce en su cama. Joder, no era de piedra y B era caliente como el infierno; además no tenía mucho tiempo —menos de un año—desde que se percató de que estaba enamorado de Bruce. En parte por eso lo deseaba con fervor, pero estaría mintiendo si no dijera que sus hormonas se ponían locas cada vez que lo veía.
¡POR TODOS LOS CIELOS! Bruce tenía el descaro de pasearse desnudo delante de él.
Okay, era solo en las duchas de la cueva y cuando estaba herido y necesitaba ayuda para sacarse el traje de encima, pero aun así, que le dijeran eso a sus hormonas adolescentes.
—B— lo llamó desde las escaleras de la cueva — ¿Cómo me veo?
Batman no contestó, aparentemente estaba muy ocupado examinando unas pruebas con ayuda de los rayos X.
—Batman.
—Bien.
—No me estás viendo.
Batman se giró, al verlo se quedó estático, sin saber qué decir ni qué hacer. Richard rió para sus adentros.
— ¿Qué te parece? Aun me quedan bien—Dick estaba con su clásica playera blanca de gimnasia, pero había sustituido sus pantaloncillos cortos por las pequeñas bragas verdes de su primer traje de Robin.
La prenda se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, no dejaba nada a la imaginación. Se podía distinguir perfectamente la redondez apabullante de su trasero y la gruesa longitud de su entrepierna.
—Entrenaré con esto, es más ligero de lo que recordaba—siguió hablando ante el silencio de su mentor— Creo que por eso me gustaba tanto.
—Dick
— ¿Sí?
—Quítate eso.
— ¿Eh?—Bruce apartó la mirada, volviendo a darle la espalda para trabajar. Dick se molestó. — ¿Por qué?
—Es pequeño.
— ¿Y?
—No te queda.
— ¡Pero tú dijiste que me veía bien!
—No estaba viendo.
Richard bufó, caminando rápidamente hasta él.
—Bruce—Dick aprovechó que Batman dejó un espacio delante de él para meterse en el hueco debajo de su mentón, apretando sinuoso su trasero contra él.
—Dick…—siseo en advertencia. Ese no era su primer intento en seducirlo y para ser sincero, estaba comenzando a cansarse de las negativas de su mentor.
—Vamos B, tu sabes porque me puse esto— dijo sin rodeos y ya harto de la situación— Mírame.
Él estaba consciente de que Bruce no era del todo indiferente a sus insinuaciones y prueba de ello era lo fuerte que estaba apretando los dientes en ese momento, además de su obvia dureza por debajo de su cintura.
—No sabes que estás haciendo—murmuró Bruce, resoplando por la nariz.
— ¿En serio?—contestó, tomándolo de las manos para ponerlas sobre sus caderas. —Yo creo que sí.
—Dick…—volvió a advertir.
—Bruce.
Se quedaron en silencio, sintiendo el ardor de sus cuerpos combinándose.
—Te arrepentirás.
—No lo haré, Daddy.
Dick supo que había ganado cuando sintió las manos enguantadas someterlo contra la camilla de la Batcave.
Una sonrisa se dibujó en su rostro, siempre podía confiar en el poder de las bragas verdes.
