Día 4 AU No Capes: "Perdón".

— ¡Vivan los novios!—exclamó Diana, invitando a todos a hacer un brindis en nombre de ellos.

Dick le sonrió radiante, agradeciendo el gesto. Bruce por su lado se abstuvo de hacer algún gesto hacia la amazona, como apodaban a su amiga ganadora de varias medallas de oro en los juegos olímpicos, apretando a Dick por la cintura para presionarlo contra su pecho.

Dick miro hacia un lado mientras seguía riendo, lleno de dicha. O al menos eso era lo que estaba haciendo hasta que vio a Clark —el mejor amigo de Bruce— sentado al fondo del salón, desinflado como un globo y encogido sobre sí mismo.

Su pecho se estrujó, debatiendo si debería sentir culpa o dicha.

Dicha.

¿Cuándo se convirtió en un desgraciado egoísta?

Gruñó, apretando los dientes mientras apartaba a Bruce de su lado.

— ¿Pasa algo?—preguntó B extrañado.

—Nada—mintió—Voy por una copa.

Dick caminó lento hasta llegar con el reportero, que tenía los ojos clavados una rebanada de pastel.

—Big Blu—lo llamó, meciéndole el hombro— ¿No vienes? Debes estar aburrido aquí.

Clark lo miró tímidamente, aunque en la profundidad de esos cielos claros pudo distinguir algo más que solo timidez: Celos. Y para su pesar, Richard sabía perfectamente la razón.

Clark estaba perdidamente enamorado de Bruce. SU Bruce.

Hacía mucho tiempo, cuando Dick era un simple candidato a policía en Blüdhaven, fue descubierto por Clark Kent, un humilde reportero que con ayuda de Louis Lane y sus influencias en la farándula, lograron catapultarlo como modelo masculino.

El sexy rumano, como solían decirle al inicio de su carrera, fue la persona que le había terminado arrebatado a su amor platónico sin piedad.

Al inicio él no sabía que Clark estaba enamorado de Bruce, es decir, el hombre era un pan de Dios con todo el mundo. Siempre amable, siempre altruista y honesto con todo ser vivo, lo que lo llevo a creer que su interés en agrada todos y todo lo que lo rodeaba era un efecto secundario de su personalidad.

No logró ver que su nerviosismo y aparente obsesión con estar cerca del millonario eran en realidad señales obvias de su amor por él.

No lo vio hasta que fue demasiado tarde.

Clark le presentó a Bruce Wayne un día de invierno particularmente frío y en cuanto ambos se vieron, supieron que estaban destinados a amarse más allá de cualquier fuerza natural. Fue un atropello, una fuerza magnética que los atrajo casi contra su voluntad, enfermándolos de amor, obsesionándolos el uno con el otro.

Ahora estaban casados.

Y por más agradecido que él estuviese con Clark por haberle cambiado la vida, no podía renunciar a Bruce. Estaba tan dentro de él, tan profundo, tan duro y tatuado en su alma y corazón que arrancarlo sería desollarlo vivo.

—Sí, ahora voy—le contestó, tratando de pararse para seguirlo a la pista de baile.

Dick le dio una mirada seria. Debería sentir culpa y pedir perdón, pero para su desgracia… no podía sentirla.