"Munr."
Por B.B. Asmodeus.
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Fandom: How to Train Your Dragon, 1 & 2, Dragons: Riders/Defenders of Berk. (Sí, por fin he caído.)
Parejas: Hiccup/Toothless.
Rating: Volvemos a PG-13. (escucha los lamentos de fondo). ¡Lo siento! *sad face*
Categorías: Romance, Humor, Drama, Suspenso, Temas Espirituales, Hurt/Confort, Semi-Fusión con los Libros, Aventura. Lemon en algunos capítulos, pero no de una manera tradicional. Uso de mitología y lenguaje Nórdico.
Sinopsis: Post-HTTYD 2. Justo cuando Hiccup y Astrid están a punto de contraer nupcias, un ritual de una vieja espiritista vikinga expone una dura realidad a la pareja—el alma de Hiccup ya le pertenece a alguien más. Pero, el aceptar este hecho, tan sólo será el inicio de su nueva aventura.
Advertencias:
i. Menciones de maltrato físico (y tal vez, psicológico) hacia dragones.
ii. A pesar de que estoy leyendo los libros, para estar en terreno seguro, decidí crear mi propia versión de Camicazi, tomando el material de Cowell sólo como base.
iii. De igual manera, estaré basándome en circunstancias de los libros que me inspiraron para seguir escribiendo. En especial ciertos hechos del libro 8. Sin embargo, les agregaré mis propios giros. Nunca aclame ser tan original y creativa como Cowell.
Notas/Spoilers: Estaré basándome en los mapas de los libros de Cressida Cowell para describir el territorio del Archipiélago. Recomiendo que los busquen por Wikipedia cuando tengan tiempo libre por ahí.
Disclaimer: Todo es de Cressida Cowell, Dreamworks, y la Cultura Nórdica.
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VII.
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"Cuando sientas mi calidez
Mira mis ojos
Es donde se esconden mis demonios.
No te acerques demasiado.
Es oscuro adentro.
Es donde se esconden mis demonios."
-Imagine Dragons (Demons).
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"Oh, no, oh no, oh no, oh no, oh no..."
Su primera reacción fue en entrar en pánico.
Había sangre. En Camicazi.
Camicazi, quien estaba sonriendo, como si fuera una visita nada fuera de lo normal, lentamente desmoronándose en sus brazos. "No luzcas tan asustando, Haddock. Estoy bien."
"¿Qué te sucedió?" Trastornado, Hiccup tomó el peso de la chica para arrastrarla hasta una de las sillas de la cocina. "¿Qué haces aquí—? ¿Cómo te escurriste aquí, sin que nadie te viera? ¡Ugh, estúpida pregunta!" Estaba hablando de una Bog-Burglar, experta del robo y escape. No ser vistas mientras cometían sus hazañas, era la especialidad de la tribu.
"Entonces, también haces preguntas estúpidas—Ow, ow—cuando ves sangre."
"No me gusta la sangre. Mucho menos, ¡cuando debería estar adentro de la persona! ¿Qué hiciste ahora? ¡Toothless! ¡Toothless!" Tomó lo primero a su alcance para parar la sangre: su camisón. Sin embargo, seguía estando demasiado oscuro para descubrir de dónde provenía el daño. "Dioses, dioses…"
Una mano enterrándose en su nuca lo interrumpió. Cuando sintió el jalón hacia el rostro de Camicazi, no tuvo otra opción más que obedecerle.
"Hiccup—Escúchame. Necesitas darme un dragón. Ahora."
"¿Qué?" ¿Estaba ebria?
Toothless fue una tormenta de gruñidos, un salto esplendoroso retumbando con su aterrizaje al piso de abajo. Hiccup sintió más tranquilidad, inevitablemente, al verlo llegar.
"SANGRE. SANGRE. ¿HICCUP, LASTIMADO?"
"Yo no, amigo. Estoy bien." De inmediato, el vikingo apuntó a la fogata agonizante. "¡Enciéndela, rápido! Enciende todas las velas que puedas encontrar—Y ve por Ma'—O por Gobber—O por ambos. Creo que me voy a desmayar… ¿De donde está saliendo tanta sangre…?" Y hasta ahí llegó su corriente de mandatos, su mentón pasmado en posición abierta, una vez que fue adquiriendo una mejor imagen de su amiga, gracias a las llamas del Night Fury. "¿Qué demonios le pasó a tu cabello?"
La nariz redondita y aun siendo la pizca de una infancia que nunca se perdía en Camicazi, se retorció con incredulidad. "¿Acaso importa?"
"¡Claro que sí! Tu cabello es símbolo de respeto en tu tribu y ahora…" Si no fuera por los senos bien dotados que había heredado de su madre Bertha, ahora mismo, su amiga podría ser confundida con un chico. Su largo, puntiagudo y salvaje cabello dorado, había sido podado a una mínima existencia. Aún más corto, que el del propio Hiccup. ¡Y su vestimenta! Ahora, con la iluminación concedida, Hiccup notó que no había nada vikingo en el atuendo de la mujer. Sandalias de corte distinto, cubrían sus piernas y pies—aruñadas y moreteadas, tenía que notarse. Cuando Hiccup alzó la sucia capa que había estado cubriendo el torso de Camicazi, vio una falda roja y talones de piel, colgar de la cintura femenina. Piel de réptil.
Piel de dragón.
La mano sangrienta de Camicazi se posó sobre la suya, cuando los dedos de Hiccup se dirigieron hacia la textura en mención. "No es lo que parece."
"Eso temía." Hiccup tragó saliva. Con Camicazi, nada era tan simple. La vikinga era una marea de conflictos aún más peligrosa que Hiccup y Toothless, arrasando con todo a su favor. Camicazi no le tenía miedo a las consecuencias. "Es tu costado." Presionando sobre el flanco izquierdo, empapado de sangre, obtuvo la certeza de su suposición. Su preocupación creció al doble, al divisar una mueca de dolor de la rubia, cuando la presión fue aplicada. No era buena señal que Camicazi le dejará ver la extensión verdadera del daño. "Por la terquedad de todos los dioses, Camicazi, ¿qué te pasó?"
Ojos tan oscuros como las profundidades del mar, se clavaron en los suyos. Su rostro también lucía más bronceado de lo regular. O tal vez, era ilusiones del fuego. "Necesito un dragón—Hiccup. Ahora, necesito que me prestes un dragón."
"¿Por qué? ¿Para qué te caigas por el acantilado más cercano? No creo que necesites ayuda para eso."
"Hiccup—"
"¿Dónde está Valkyria?"
La chica oprimió sus labios juntos. No respondió.
Toothless se acercó a ambos, preocupado, pero cauteloso. Olfateó el cuerpo de la vikinga, y sus gruñidos posteriores, subieron de intensidad. Toothless intercaló miradas con su Munr, comunicándole malas noticias.
"Huele a enemigo."
"Ve por Ma', Toothless." Le suplicó, empujándolo suavemente, pero con la urgencia todavía latente. "Dile que es una emergencia, que llame a Gothi, por favor." Entre tantos sucesos desquiciados, Hiccup tuvo el surreal alivio de notar que el dragón se había aseado a sí mismo, antes de acudir a su llamado. Hiccup no querría ni pensar en la cara de Valka, si hubiera llegado a ver la evidencia cruda de lo que su hijo había estado haciendo, todo este tiempo.
Observó a Toothless tomar ruta por sus percheros, sin duda alguna, escogiendo salir de la choza, vía la ventana de la recámara.
Una vez a solas, se agachó para tomar el cuerpo trémulo de la Bog-Burglar entre sus brazos. Camicazi se lo permitió, sin quejarse tanto. Otra mala señal.
La llevó a la antigua recamará de su padre, la cual afortunadamente, se encontraba en el piso inferior. Procuró no inhalar el aroma de la habitación con mucha hondura, ni prestarle atención a las viejas pertenencias.
"A diferencia de ti, yo sí he estado haciendo algo sobre esta ridícula invasión."
Tal reclamo raspando por su oreja, lo congeló a mitad del camino hacia la cama. Oh, no. "Camicazi…"
"No te atrevas a regañarme, señor Conquistador. Están allá afuera, capturando dragones, sin siquiera—¿Sabes lo que están haciendo con ellos, Hiccup?"
Hiccup tenía una idea. Se había enterado de lo que los romanos traían entre manos, desde antes de la muerte de su padre, pero el mismo Stoick había declarado que no estaban preparados para provocar guerra con Roma, no cuando los romanos no se habían atrevido todavía a pasar de los límites del Fuerte Sinister. Después de lidiar con Drago, Valka había calificado a Berk demasiado débil como para enfrentarse a otro contrincante, tan pronto. Tenían rumores, vistazos de patrullajes no tan confiables, nada de pruebas concretas como para armar un ataque. Y Hiccup había aprendido su lección sobre adelantarse a la aventura, sin cerciorarse primero. Ya no sólo tenía su pellejo y el de Toothless, como única preocupación. Ahora, tenía que pensar en el pueblo. En no dejar a Valka sola, con todas las responsabilidades.
"Tienen a Valkyria." Susurró Camicazi, conforme fue acostada en la cama. Se lo confesó al techo, vacía de emoción. "Tengo que regresar por ella. Se lo prometí."
Ah. "¿Qué estabas haciendo con los romanos, Camicazi? ¿En qué estabas pensando?" Porque, podía parecer que Camicazi era reinada por sus impulsos. Sin embargo, era una farsa. Camicazi era una planeadora, como él. La diferencia entre los dos, era que los planes de Hiccup solían funcionar con más frecuencia, que los de la chica. -¿Por qué no me pediste ayuda, pequeña torbellino?
Otra pregunta estúpida. Ese maldito orgullo Bog-Burglar era de temerse. Eran las perfectas rivales para los Hairy Hooligans. Hiccup comprendía por qué la chica había recurrido a escabullirse dentro de su choza, tan secretamente. ¿Verse en estado tan lesionado frente a otros? Impensable. Hablaba mucho de la confianza que Hiccup se había ganado, a través de los años, que Camicazi pensara en él exclusivamente para socorrerse. Confiaba en él, y más importante que todo lo demás: confiaba en el juicio de Hiccup.
Su camisón estaba arruinado. Pero, Hiccup no dejó de presionar. Camicazi continuó viendo el techo.
"Los tienen en jaulas. Amontonados entre sí. No los alimentan—Unos mueren refundidos en esas prisiones, sin nunca más probar la libertad. Deberías escucharlos llorar, Hiccup. Es como escuchar al fantasma de La Nariz de Dragón misma."
Hiccup cerró sus ojos, pero su imaginación le brindó pesadillas. Los volvió a abrir, en un instante. "¿Estabas haciéndote pasar por uno de ellos? ¿Todo este tiempo, que no he sabido de ti?"
"Listo Hiccup. Por eso me agradas." Se le recompensó, junto con una curvilínea de sus labios resecos, partidos. "Escuché sobre tu padre."
Hiccup inclinó su cabeza, ante la mención. Fue todo lo que añadieron del tema.
Tal vez por el momento tan tenue, tejido con fragilidad, fue lo que provocó que el quiebre en la máscara de acero de Camicazi, resaltara, completa agonía deslumbrando de lo siguiente: "Tengo que regresar por ella."
Hiccup tomó una de las manos de su amiga. "Lo harás. Lo haremos."
Hasta en la profundidad de la recámara, se escuchó el estruendo de las puertas siendo abiertas, golpeando la pared del recibidor. Los gritos de Gobber trajeron consigo una sensación de todo-estará-bien-ahora-Gobber-sabrá-que-hacer, que estaba intrínsecamente sembrada en Hiccup, desde que tenía memoria.
"¡Rayos, centellas y relámpagos, Hiccup Horrendous Haddock III! Justo cuando uno piensa que será una noche tranquila—!" Pero, el reclamo murió en el umbral. "Por Hela."
Hiccup se tornó hacia el vikingo, perdiendo algo de su compostura, ahora que no era necesario que se mantuviera fuerte. "Creo que detuve el sangrado, Gobber."
"Tu madre fue por Gothi." Gobber se abalanzó hacia la paciente a cojones, revisando los pocos avances que Hiccup había hecho. "Aye, parece ser que sí, chico." Le asintió en aprobación, después de retirar la camisa arruinada de Hiccup. Cuando sus dedos comenzaron examinar la herida, Camicazi no pudo esconder su maullido. "Ah, ¿duele? Quizás la próxima vez piense dos veces, antes de llegar como queso agujerado, señorita. Hiccup, trame otro trapo limpio."
Camicazi hizo pucheros. "Me siento… mareada."
"Aye, ¿será porque te falta una cubeta de sangre en tus adentros?"
"…y tengo calor."
Gobber se detuvo, en pleno regaño que había estado preparando. "Óh, óh."
"Eso fue lo que dije." Hiccup murmuró entre dientes, observando la escena de la entrada de la recamara, después de haberle donado una camisa de dormir de Stoick.
"Tienes una fiebre. ¡Hiccup, trame un trapo mojado para su frente! ¡Que sea agua fría!" Fue lo que declaró el vikingo mayor, tras colocar una mano en la frente de la chica. Hiccup salió corriendo del cuarto para acatar las órdenes. Aprovechó para conseguirse un camisón para sí, en el proceso. Para cuando regresó, descubrió que no se había perdido de mucho. Gobber continuaba rabiando.
"¡Como te escurriste hasta la cabaña de los Haddock sin perder el conocimiento, no tengo idea!"
Hiccup resopló por su nariz. "Es una Bog-Burglar."
"¡Soy una Bog-Burglar!"
Gobber giró sus ojos a las alturas. "¿Y eso qué? ¿Te da siete vidas?"
"Estaré bien." Con eso, la chica tuvo las energías para levantar su nariz, pomposamente. "Unas vendas serán más que suficiente. No puedo quedarme por mucho tiempo."
Gobber volteó a ver a Hiccup, sus cejas casi saliéndose de su rostro. Todo en él declaraba: ¿Está hablando en serio? "Aye, no querríamos atrasar sus vacaciones."
Hiccup suspiró. Retomó los pasos para regresar a la cercanía de la cama. "Dime lo que hiciste, lo que sucedió, y más rápido te sacaré de aquí."
Camicazi abrió un ojo. Analizó a su amigo con desconfianza. "¿Lo juras con el meñique?"
Dicho meñique, Hiccup levantó. Lentamente Camicazi levantó el dedo opuesto, en poco tiempo, quedando anclada la promesa.
"Los romanos no están trabajando solos. Se han aliado."
Hiccup frotó su rostro, mientras que Gobber dejó salir una impresionante canción de maldiciones nórdicas. Que los romanos hayan hecho alianza con los terrenos cercanos—con su propia gente, por Odín—había sido uno de los peores miedos de los integrantes del pequeño Consejo.
"Guardan a todos los dragones cap—capturados en el Fuerte Sinister. Ahí es donde estuve estacionada la mayoría del tiempo."
"¿En verdad, nunca sospecharon de que eras mujer?"
"Puff. ¿Qué te he dicho sobre los romanos, Hiccup? Son apestosos gusanos con—"
"—cabezas huecas y ojos de murciélagos, lo recuerdo."
Ambos compartieron una sonrisa. Luego, Camicazi asintió con aprobación. "Listo, listo, Hiccup. Um." Un gesto de incomodidad torció la sonrisa, a una mueca menos grata. "Ow."
"Así es, Berthita: Ow. Deja de moverte tanto." Gobber había estado aprovechando el momento para continuar con la inspección del costado de la rubia. Hizo sonidos neutros como Tsk-Tsk, y Ahhhh, que pusieron los nervios de Hiccup de punta. Cuando se atrevió a acercársele, tragó saliva y bilis. Puesto que ahora, en la antes impecable piel de la heredera vikinga, ahora yacían tres largas líneas rojas. Lucían nacidas de garras de osos.
O de dragón.
-Pudo haber sido peor. Hiccup lo sabía. Aparentaban un horrible futuro para la vanidad de la chica, pero las franjas no eran muy profundas. Un poco más de fuerza, un poco más impulso del ataque enemigo, y aquellas garras anónimas hubieran atravesado los órganos de Camicazi. Hiccup chifló con fingida picardía, tratando de borrar la imagen horrenda de su mente. "Esas cicatrices te harán la envidia del archipiélago. Todos querrán pedir tu mano, cuando se enteren."
"Pues tendrán que meterse sus manos por donde no brilla el sol, porque no escapé de ser convertida en sacrificio humano, sólo para ser la esposa de cualquier mequetrefe— Ow, ow, ow."
"¡Gobber, ten más cuidado!"
"Lo siento, lo siento." Gobber levantó sus manos, culpable del cargo. "Tendremos que coserlas. Aunque las vendemos, se abrirán y continuarán sangrando, al más mínimo movimiento. Y si es que quieres dejar Berk lo más antes posible, coserlas acelerará la cicatrización. La fiebre debe ser regalo extra por las garras que te quisieron hacer tiritas. Traes una infección vivita y coleando. Pero, estoy seguro que Gothi tendrá algunos menjurjes para eso."
Hiccup estaba bastante impresionado con la conclusión. Sus días de dentista parecían haberle sentado como segunda piel al otro vikingo.
"Hiccup, trame una cubeta llena de agua caliente—y cuando digo caliente, me refiero a hirviendo como los mismos infiernos—¿Todavía tienes algunos aceites de manzanilla?" Hiccup asintió. "¡Bien, bien, trae esos también! Y más toallas—Todavía tienes toallas limpias, ¿cierto?" Ahora, Hiccup roló sus ojos. "¡No me mires así! No sé qué has estado haciendo con ese enorme dragón tuyo."
"Yo sé." Murmuró Camicazi, algo risueña con la fiebre. Hiccup sintió su rostro sonrojarse, al procesar lo dicho. "Pensé que eran tú y Hofferson—Pero, por las travesuras de Loki—Era otro nombre el que te tenía aullando como Fenrir, ¿eh, Hiccup…?"
"¡Iré por esa agua!" La huida fue inevitable. Si Camicazi quería compartir sus indagaciones, por lo menos, Hiccup no quería estar presente.
Colocó el agua a hervir en la cocina, su cabeza dando vueltas con todas las recientes revelaciones. Miró detenidamente las llamas de la pira, perdido en las implicaciones de los romanos, y sus acciones causándoles sufrimientos a otros dragones incautos. ¿Cómo manejar esto? Su primer instinto era montar a Toothless. Volar hacia el Fuerte Sinister. Pero, no podía hacerlo solo… Su equipo no sería suficiente.
Siluetas nuevas hicieron acto de presencia en su entrada. Hiccup levantó su rostro con alivio. Valka entró corriendo, directo hacia su hijo, y cuando lo envolvió en un fuerte abrazo, Hiccup le correspondió al triple, permitiéndose un poco de consuelo. Si tembló en el hombro de Valka, sólo la mujer lo supo.
"¿Estás bien?"
Hiccup asintió, un nudo en su garganta bloqueándolo.
Una cabeza escamosa, muy bien conocida, frotó contra su espalda desnuda. Hiccup sonrió para sí.
Cuando madre e hijo se separaron, Gothi ya había sido guiada a la recamara por Gobber. Valka acarició una mejilla de Hiccup, para luego inspeccionar el resto de su persona. "Oh, hijo. Tienes sangre en todo tu cuello. Y en tus manos." Dichas manos, Valka las apretó momentáneamente, entre las suyas. "Ve a asearte arriba. Yo me encargo de esto."
"El agua caliente. Gobber la necesita—"
"Dije que me encargaría, Hiccup."
Con ojos húmedos, y quijada apretada, Hiccup asintió.
Toothless lo obligó a montarlo, introduciéndose entre sus piernas hasta que Hiccup terminara deslizándose hasta su lugar predestinado. Agradecido, Hiccup se abrazó del cuello de su Munr, mientras llegaban a su objetivo, entre saltos de los percheros. "Así no es cómo hubiera deseado que nuestra tiempo juntos, terminara."
"No sorprendido."
Hiccup sonrió. "¿Ah, no?"
Al llegar al pasillo que los llevaría al sanitario, Toothless torció su cabeza hacia él. "Vikingos: locos. Problemas con ellos, siempre."
A pesar de todo, Hiccup encontró ánimo para reír con ligereza. "Pero, al menos, no somos aburridos, ¿cierto?"
Cuando entraron al baño, Hiccup se duchó por tercera en el mismo día. Cuando recorrió su pecho manchado con el estropajo, sólo le quedó suspirar vencido, al ver que su cuerpo entero era un mapa viviente. Un mapa, que indudablemente, Gobber había leído, en el momento que lo había visto sin camisa. La hendidura de los dientes de Toothless decoraban su hombro izquierdo con orgullo, el mensaje claro: Un Night Fury estuvo aquí. Hiccup terminó encogiéndose de hombros. "¿Qué más da?" No es como si Gobber hubiera ayudado a construir la cama, pensando que Tooth y Hiccup jugaríamos a guerras de almohadas.
Con la mitad de su cuerpo metido a la tina, el jinete miró la sangre dibujar siluetas en el agua. Meditó en la importancia de la sustancia.
Un poco de sangre no lastima a nadie. Construye tu carácter, era un viejo lema vikingo.
Pero, ¿tanta sangre como la derramada por Camicazi? Ni siquiera Stoick había sangrado tanto.
-No. No pienses en ello. Se concentró en tallar. En limpiarse del recuerdo. Nada más.
Toothless lo esperaba en la recamara, y Hiccup descubrió que había sido abandonado en favor a darle orden a su santuario privado. Toothless no era conocido por importarle las tareas domésticas de los humanos, pero se notó que hizo un esfuerzo por regresar algunas de las pieles a la cama, así como en esconder manchas sospechosas con un tapete, que había estado guardado en el baúl personal de Hiccup.
Conmovido ante la consideración, Hiccup caminó hasta su Munr, abrazándolo con todas sus fuerzas. Por un instante, se permitió pensar que sus Sáls lo estaban haciendo también, en acto de solidaridad y eterna alianza. "¿Te he dicho alguna vez que tan increíble eres?"
"No suficiente."
"No arruines el momento."
Toothless reposó su trompa sobre su cabeza. Hiccup lo percibió aspirarlo, grabando su esencia. Marcándolo.
Después, el momento llegó a su fin, y Hiccup se vistió. Completamente.
Mallas protectoras se deslizaron en su lugar, la armadura abrazó su torso, cinturones fueron halados, hombreras tronaron al ensamblarse, su bota fue pisoteada, escuderas cubrieron sus antebrazos, navajas sorpresa fueron escondidas—y para finalizar, sus mancuernas se engancharon a sus dedos cordiales correspondientes.
El procedimiento marcó, de forma definitiva, el final de la Luna de Miel.
Tras ajustar sus cinturones de torso por segunda ocasión, el mango de su espada se asomó por su periferia. Toothless le ofrecía a Inferno con un semblante aprobatorio. Sonriendo, Hiccup tomó el arma, sabiendo que el dragón había apreciado el espectáculo, tanto como cuando Hiccup había retirado su vestimenta. "Sigues tú, Tooth."
Por ocasión especial, al colocarle el arnés y la extensión de su ala prostética, Toothless no lo obligó a corretearlo por la habitación, debido a las circunstancias graves que los rodeaban. Sin embargo, Hiccup no se consideraría tan afortunado la próxima vez. Toothless amaba que Hiccup lo persiguiera como gallina sin cabeza, por un buen rato, antes de ceder.
Una vez preparados, Hiccup pausó en el primer escalón que marcaba la descendencia a la planta baja. Podía escuchar barullos conocidos, desde allí.
Respiró hondo. Rectificó sus hombros. Infló su pecho.
Y Toothless, impaciente, lo empujó el resto del camino abajo.
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La antigua habitación de su padre era un circo andante, para cuando regresó.
"Oh, miren lo que el lobito arrastró de vuelta."
Hiccup torció sus globos oculares, tumbando las piernas de Snotlout del escritorio de su difundo padre. -Gracias, Camicazi, por comunicarle a todos mi vida privada. "¿Por qué? ¿Me extrañaste?"
"¡Ja! Como una pulga extraña el lomo de su caballo, querrás decir." Snotlout carcajeó, demasiado escandaloso, como para tomarse como genuina.
Camicazi, por su parte, sonreía como boba—no había otra forma de describirlo—y apuntó hacia su costado semi-desnudo, el cual estaba siendo cocido por Gothi. "Mira, Hiccup. ¡Mira!"
"Estoy mirando." Estaba mirando a Camicazi sonreírle con el efecto, de lo que fuera que había ingerido para el dolor. Estaba mirando a Ruffnut tapándole la iluminación a Gothi mientras la mujer cocía, por estar asomándose a donde las próximas cicatrices madurarían. Hiccup, hasta estaba mirando los dientes que le faltaban a Snotlout.
Tuffnut entró después de Hiccup, y casi escupió los contenidos de su tarro al piso, cuando vio quien ocupaba la cama. "Whoa, Camicazi, esas heridas de batalla son atroces. ¿Quién te las hizo? ¡No, no!—Déjame adivinar."
"Ya está claro que vamos a estar aquí toda la noche." Fishlegs murmuró cerca de Hiccup, arrinconado contra la pared opuesta a la cama. Lucía nervioso por ver a la invitada siendo tejida como saco de patatas. Cuando intercalaron miradas, sin embargo, ambos se sonrieron. Mientras los gemelos debatían por cual animal responsable había querido hacer de Camicazi su almuerzo, Hiccup le entregó a Fishlegs los escritos que Ragna le había accedido.
"No es mucho." Se quiso disculpar, pero la manera que Fishlegs le arrancó los pergaminos, hablo de su perdón absoluto.
"Ugh, que envidia." Ruffnut gimió con adoración, mientras esquivaba los intentos de acercarse de su hermano y las miradas asesinas de Gothi. ¡Las cicatrices serán fenomenales! Por Baldir, justamente estaba pensando en conseguirme un par de esas en mi espalda. Verás, estaba pensando estrenarlas en mi noche de bodas…"
"¿Oh, en serio?" Snotlout se entrometió, su rostro perverso reflejan la gran gama de imágenes poco inocentes que estaba recorriendo su mente. "Debiste de habérmelo dicho antes, hermosa, para adelantar la fecha—"
Un codazo en dicha cara, lo interrumpió. "No me refería a ti."
"¡Debieron haber visto la sangre!" Camicazi gesticuló con sus manos, totalmente ignorando los dramas ajenos, para concentrarse en su propia persona. Era una excelente relatadora de historia, y los Thorston lo sabían. Como abejas a la miel, los dos rubios se plantaron a espaldas de Gothi para escuchar. "Al principio no sentí nada. ¡Estaba corriendo por mi vida, después de todo! Pero, luego ¡Woosh! Chorros y chorros—"
"Dudo que hayan sido chorros." Hiccup interceptó.
Camicazi roló sus ojos. "¿Cómo sabrías, Haddock? ¡No estabas ahí!"
"Porque no hubiera llegado ni a la puerta de mi casa, si eso fuera verdad. ¡Te hubieras desangrado!"
"Augh, no empieces, Señor-Gusano-de-Biblioteca. Estoy enferma, ¿ves? No me sometas a tu aburrida lógica." Camicazi le sacó la lengua.
Era un juego entre ellos, Hiccup le arruinaba su diversión, y Camicazi pretendía roncar nomás escuchaba la palabra "libro".
"Bien, bien, chorros de sangre salieron de ti, pero aun así, te arrastraste a mi choza en busca de tu salvador favorito."
Camicazi hizo una buena imitación de estar aguantándose las ganas de vomitar. "A decir verdad, buscaba por Fishlegs—Pero, debí haber hecho una vuelta en el callejón equivocado." Al arrojarle la atención al rubio, éste brincó, sus pergaminos casi cayendo de sus manos. Cuando Camicazi le envió un guiño, una sonrisa de tímida apareció en el muchacho.
"Siempre—Siempre serías bien-bienvenida, Cami."
Hiccup se cruzó de brazos, sonriendo ante la gentileza con la que la Bog-Burglar se dirigía con Fishlegs. Camicazi nunca había olvidado aquella ocasión que el chico le había salvado la vida, en una de sus tantas aventuras. A partir de aquel evento, durante sus visitas, la chica había adoptado cierta actitud defensora hacia Fishlegs, cortando pantalones con su espada, cuando las bravuconadas de Snotlout llegaban muy lejos. Solía tratarlo como un hermano menor, a pesar de que Fishlegs era el mayor en la ecuación. Y aunque podía ser que el chico idealizara el trato con más romanticismo—Hiccup había tenido el infortunio de descubrirlo escribiendo poesías sobre el asunto—Fishlegs nunca había intentado presionar por algo más, respetando los límites de su amistad con la vikinga. En lugar de eso, Fishlegs se había concentrado en suspirar por Ruffnut, al igual que Snotlout. Hiccup consideraba todo el asunto de lo más confuso, pero nunca había pensado en intervenir, aun si así le pagasen. Siempre había tenido sus propios líos amorosos para tenerlo ocupado.
"…y luego escuché ruidos extraños, y pensando que Hiccup estaba siendo atacado, acudí a su rescate de inmediato. Claro, ¡luego me di cuenta, que el rescate yo lo necesitaba más!"
"¡Oh, ya dale un descanso a ese tema!" Hiccup renegó, en cuanto alcanzó a escuchar las provocaciones de Camicazi. Cuando la rubia se disolvió en risas ridículamente infantiles, Hiccup alzó sus cejas. "Por Odín. ¿Qué te dieron a beber? ¿Polvo de hadas?"
"No tengo idea." Aun riendo, Camicazi se encogió de hombros. "Ow. Era verde y yucki. Ow."
"¡Es poderoso!" Gobber anunció, re-entrado a la habitación con Valka. Traía un tarro en su mano, y todo indicaba que se trataba del mismo menjurje que se le había dado a Camicazi. "Más picante que la misma sangre de dragones, yo diría." Gobber le ofreció a Valka, pero su madre, sabiamente, negó una probaba.
"¿Cómo va todo?"
"¡Fabuloso, Jefa!" Camicazi era la menos indicada para dar el reporte, pero eso no la detuvo.
"Bien, entonces." Valka asintió. Durante el movimiento, su mirada buscó por la de Hiccup. "Chicos, les voy a pedir que nos dejen a solas un momento. Necesitó hablar con la señorita Camicazi."
"Suena aburrido." Snotlout se encogió de hombros y fue el primero en salir. Ruffnut y Tuffnut lucieron más renuentes, pero todavía no le tenían confianza a Valka como para querer traspasar su autoridad. Fishlegs trató de fingir sordera, demasiado curioso por su propio bien, pero Hiccup lo tomó de un hombro para guiarlo a la puerta.
"Vamos, Fishlegs, sabes que no podemos dejar a esos tres, sin supervisión, por mucho tiempo."
"Me lo contarás, después, ¿verdad? Si es algo… ¿malo?"
Hiccup pausó en el proceso de cerrar la puerta. "Seguro."
Toothless se había escurrió a la habitación, al mismo tiempo que los vikingos adolescentes habían estado en retirada. Hiccup descansó una mano sobre su cuello, mientras tomó su lugar contra la puerta, recargándose en la madera. Valka se sentó cerca de Gothi, quien seguía cociendo con precisión, jalando la silla del escritorio de su difunto marido. Gobber le dio otro largo trago a la sustancia intoxicante, aunque seriedad enmarcaba su expresión.
Las frescas sonrisa risueñas de Camicazi se fueron desvaneciendo, lentamente, sus ojos febriles tomando turnos en inspeccionar a sus acompañantes.
Valka inició. "Gobber me ha informado de lo—"
"No se moleste. Sé lo que quieren saber." La chica dejó caer su cabeza en la almohada de plumas. "Me darán un dragón cuando termine, sin embargo. ¿Entendido?"
Hiccup asintió, porque fue a él, quien la joven buscó con su mirada. "Lo prometí."
"Mi plan era robar todas las llaves de los guardias. Abrir todas las jaulas. Bastante ambicioso, lo sé. Pero, era pan comido. Pensé… que sería pan comido. Lo fue, a primeras. Robé unas cuantas llaves, pero... el control sobre los dragones va más allá de las jaulas."
"¿A qué te refieres?"
Camicazi recorrió su mano por su cabeza trasquilada. "Los dragones no se mueven. No salen de las jaulas. Por más que los jales, o sin importar que tan alto les grites. No se van. No huyen. Casi fui descubierta la primera vez que intenté liberarlos. Esperé. Permanecí más tiempo en el Fuerte, queriendo averiguar la razón detrás de su comportamiento tan extraño."
"Y lo hiciste."
La vista de Camicazi pareció nublarse. "No me di cuenta antes. Pensé que los mismos romanos cazaban a los dragones. Veía barcos entrar y salir del archipiélago hacia el sur. Pero, en una noche miré un barco llegar con nuevos dragones. No era un barco romano. Era Berserker."
"Dagur." El Hooligan lo había, con la certeza de poder respirar. ¿A quién había estado engañando? Gobber, Stoick y Hiccup lo habían estado sospechando desde un principio. Ese tipo simplemente, no moría.
"Traía un cargado exclusivo de Monstruous Nightmares. ¿Cuándo haz visto una manada de Nightmares sumisos y obedientes? ¡Te lo digo, Hiccup, lo vi con mis propios ojos! Los bajaron del barco y los llevaron directo a las jaulas como si hubieran sido hipnotizados… Me escurrí fuera del Fuerte y llamé a Valkyria, quien había tenido escondida en otra de las islas Múltiples. No podía dejar ir ese barco. Sabía que tenía la clave a todo esto."
"¿Los seguiste?" Valka colocó una mano sobre una de las piernas de la chica. "¿Los seguiste a Berserk?"
Camicazi asintió. "Sí. Pero, su seguridad ha mejorado. Se han armado de artillería romana y tienen globos de vigilancia por toda la Bahía del Corazón Roto. Me capturaron en cuanto llegué a su territorio." Increíblemente, Camicazi indicó estremecerse, con tan darle vida a los recuerdos. Hiccup sintió enojo, en lugar de misericordia. ¿Por qué no había acudido a él, por ayuda? "Soy feliz de anunciar que sus costumbre siguen incluyendo sacrificios humanos… y de dragones, por igual. Fui seleccionaba como el desayuno."
"¿Sacrificio a qué?"
"La razón por las que los dragones sienten tan horrible miedo. La amenaza que cuelgan sobre sus cabezas para que se comporten: lo conocí en persona."
"No estás hablando con mucho sentido, querida. Es la fiebre. Podemos continuar en la mañana—"
"No."
"¡No!" Camicazi le hizo coro a la demanda del Hooligan, sus adormilados ojos despertando de golpe, al escuchar a Valka. "Tengo que decirle a Hiccup—No hay tiempo. Tienen a Valkyria. ¡Hiccup!"
"Ssssh. Aquí estoy." El aclamado se le acercó con bondad, buscando tranquilizarla. Reemplazó el lugar de Valka, colocando sus manos sobre la cama. "Dime, Camicazi. ¿Que viste?"
Los labios de su amiga temblaron, cuando se partieron. "A Furious."
"¿…Furious?" Acaso, ¿era el nuevo apodo que el ridículo de Dagur había adoptado para sí? "No es el nombre más original que Dagur pudo haber pensado. Idiota. Pobre de él, si lo escogió como extraño tributo a los Night Furies, porque…"
Toothless comenzó a gruñir, agachando su cabeza y desnudando sus encías rosadas.
"¿Dagur?" Parpadeando confusa, Camicazi batió su cabeza. "No, Haddock. Hablo de un dragón. Un… enorme dragón."
"¡Aaah!" Finalmente, buenas noticias. Con esto, Hiccup podía trabajar. "¿Para esto, tanto suspenso, Camicazi? Debiste mencionarlo desde un principio—"
"Hiccup, no entiendes. Estoy hablando de—"
"Dragón, sí, sí, sí." Suspirando con tremendo alivio, Hiccup rio incrédulo. "No hay problema, entraré en contacto con él, tendremos una pequeña platica, y en lo que menos piensas, estaremos fuera de Berserk con Valkyria a salvo."
La chica saltó con demasiada violencia de la cama. "Furious no es un dragón que se pueda entrenar, cabeza de-de-de ¡nuez! ¡Ow!"
"No te preocupes tanto, Toothless es dragón alfa ahora, estoy seguro que podrá lidiar con este tal Furious, en un dos por tres."
"¿Cuál parte de enorme no entiendes?"
"Hijo." Valka lo tomó de un hombro escudado. "Te pido que no te precipites."
Hiccup frunció su ceño. "No lo estoy haciendo. Es obvio lo que tengo que hacer. Sólo tengo que dejarme capturar por los enemigos—"
"Porque eso funcionó, tan bien, la última vez." Gobber interceptó su debut al interrogatorio. "Hiccup. Escucha a tu madre."
"No podemos seguir siendo los pasivos de la historia." Hiccup levantó su mentón. "Mucho menos si Dagur está detrás de todo esto. Dragones están siendo torturados y vendidos a un peor destino, y no me quedarse con los brazos cruzados, un día más."
"¡No tragues más de lo puedes masticar, niño!" Gobber le dio un manotazo a su nuca. "¿Romanos o Berserkers? Decídete. ¡No podemos hacernos cargo de los dos!"
"Rescatamos a Valkyria primero." Hiccup decidió.
"¡Pensé que no querías ser Jefe, Señor-Mandón!"
"Esto no se trata de ser el Jefe. Los dragones siempre han sido asunto mío. ¡Ellos siempre han sido mi responsabilidad!"
"Eso es cierto." Gobber aceptó con otro trago de su sangre-de-dragón. "Misiones suicidas son tu repertorio."
"¿Ya terminaron?" Valka se limitó a preguntar, más neutral de lo que Hiccup la había visto, desde su primer encuentro. "Dejemos a Camicazi descansar. Parece que se ha extenuado a sí misma, mientras ustedes debatían."
Ciertamente, Camicazi había caído inconsciente a estas alturas. Hiccup suspiró. No tenía dudas alguna de que su mera terquedad había sido lo que la había mantenido despierta todo este tiempo. Ahora que había librado gran parte de sus cargas emocionales, su amiga parecía haber encontrado paz. La chica hasta había comenzado a roncar. Perfecto, eso le daba más tiempo a Hiccup para planear.
"¡Hiccup, alguien asesinó tu mesa!" Tuffnut les recibió desde la cocina cuando el jinete abrió la puerta de la recámara. Piezas de la mesa destruida estaban siendo acogidas por las manos del rubio. "Demonios. ¡Desearía poder haberlo visto!"
"No, en verdad no lo hubieras deseado." Hiccup se detuvo en el umbral, puesto que Toothless todavía no salía de la habitación. Asomó su cabeza de regreso. El dragón permanecía sentado cerca de la cama, su cuerpo entero tenso. Continuaba gruñendo a casi un nivel imperceptible, una perpetua vibración recorriendo su monumental postura.
"¿Toothless?"
Resoplando, su Munr agachó su cabeza. Gothi estaba ensartando más hilo a su aguja para continuar con la tercera herida, tan callada como siempre.
"¿Qué pasa, amigo?"
Pupilas dilatas chocaron con su visión. "Piss-people."
Extendiendo su mano en un automático llamado, Hiccup relamió sus labios. "¿Qué clase de piss-people? ¿Dagur? ¿Puedes reconocer su olor en ella?"
Toothless aspiró profundamente. Se tomó un largo momento, antes de responder. "No sólo Dagur. Piss-people. Piss-dragon. Miedo. Apesta a miedo."
Hiccup mordió su labio inferior.
"Bog-Burglars no tienen miedo," les encantaba alegar a los cuatro vientos. "Vikingos no tienen sentimientos inferiores como el miedo", Stoick había adaptado, como su propia versión.
-Que montón de tonterías. Hiccup jaló a Toothless del arnés, y esta vez, su dragón se permitió ser movido. Aunque, su agresividad sutil, no desapareció. "No es la única."
Si tenías algo, o alguien, que perder, que amabas y adorabas y que querías mantener a salvo—siempre vivirías con miedo.
[+][+][+]
Había dormido, dormido, dormido por mucho tiempo.
Había soñado, soñado, soñado en lo que el futuro brindaría.
Había esperado, esperado, esperado por que este día llegara.
El día en el que se podría arreglar, arreglar, arreglar errores del pasado.
Desde lo frío de su capullo de ensoñaciones, desde la muralla de piedra que había creído tener alrededor de la mitad de su corazón: una flama.
Una flama brotó con vida, reviviendo después de cien años de hielo, aguardando su Sál.
Había despertado.
Era hora.
[+][+][+]
Fue el humo lo que les anunció malas noticias, apenas cruzaron la Isla Villainy.
Ayudados por la noche, Astrid le ordenó a Stormfly esconderse entre las nubes.
La más grande, de las Islas Bog-Burglar, estaba en llamas.
El fuego era tan intenso, que a pesar de los kilómetros faltantes, las llamaradas anunciaban de la alarmante situación.
Eret intercaló miradas con ella. No podían permanecer escondidos, sin hacer nada.
"¡No veo naves romanas!" Eret informó mientras volaron en perímetro. "¡O dragones atacando!"
Podían estar escondidos. Astrid estaba consciente de eso. Desde las alturas, se podían perder de vista muchos escondites para los enemigos.
Sin embargo, cuando los gritos de guerra—una guerra que no tenía rostro o cuerpo tangible, y que aun así, consumía todo a su paso—les llegaron a sus oídos, tuvieron que actuar. Nadie gritaba como una Bog-Burglar.
Mucho menos una Bog-Burglar luchando por su vida.
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Fin de Parte VII.
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NdA: ¡Gracias por sus reviews y su apoyo! No me importa que parezca grabadora. Nunca me cansaré de decirlo. Además, me encantaría invitarlos a un grupo que abrí en FB "Caldo de Toothcup para el Alma" para que nos juntemos y nos volvamos locos con este par sin sentir culpa por amarlos XD. El grupo ya cuenta con muchos miembros maravillosos, ¡así que dense una vuelta! La dirección del grupo está en mi profile. (Si todavía no se ve porque FFNET es lento en actualizar, les mando el link por PM).
No estoy segura como me siento con este capítulo. Me fue difícil porque estuve peleándome conmigo misma, sintiendo que me estaba adelantando demasiado, pero simultáneamente, que todo estaba yendo muy despacio. No sé. Necesito café. Y no Soul-Sex poético. Hasta yo me deprimí. Además, estoy nerviosa por la recepción de mi Camicazi XD.
En serio me interesa explorar el juego de poder entre Valka y Hiccup. Seamos honestos, Hiccup está acostumbrado a hacer las cosas a su modo. La mayoría de las veces, tenía buenas razones para desobedecer. Pero, Valka no es Stoick. Sí Valka dice "No hagas eso" te da la impresión de que realmente tiene buenas razones para darte la orden. Mientras escribía este capítulo, me di cuenta que Hiccup primero quiere frenarse, cambiar su estrategia, no apresurarse a la batalla con los Berserkers, pero conforme fui avanzando, sus impulsos y sed de justicia, fueron anulando su razón orgánicamente. El pasado con Dagur, ciertamente, no ayudó para mantenerlo controlado. Hiccup es tan terco como su padre.
Extras:
Fenrir: En la mitología nórdica, Fenrir (también conocido como Fenris, Fenrisúlfr, Hróðvitnir o Vánagandr) es un lobo monstruoso.
A los No-Logueados.
Can Len Kiry: Galleta, mmm. ;) Gracias. Yo te doy otra, por haber descifrado lo de Gobber. Ejem, respecto a tu review: En primera, ¿comparar a Astrid con Mérida? ESO NO TIENE PERDÓN. Ya quisiera Astrid tener tan enriquecedor fondo. ¿Qué demonios tienen en común? Astrid representa el interés amoroso del protagonista (su nombre hasta significa Amor/Amada), nada más, ni nada menos. ¡Sólo miren la secuela! ¿A qué fue reducido Astrid? Yeah, a la esposita de Hiccup en el SHOW-DE-HICCUP-Y-TOOTHLESS-Y-UN-MONTÓN-DE-DRAGONES. Mérida, en contraparte, representa la libertad de decir NO, NO NECESITO UN INTERÉS AMOROSO PARA SER GENIAL, FELIZ Y PLENA. Get out of here with that bullsh*t, kids. En fin, prosigamos. En segunda, me intrigaste con Snotlout. A lo que he visto de la primera temporada, no le prestan atención (admito que me he salteado algunos capítulos), me encantaría que me recomendaras algunos episodios donde él ha tenido la atención y más desarrollo. Me cae bien. Y Eret, pues sí, no SÓLO es Eret, es Jon Snow ;) *giggles* Hehe, Botti Bum.
Seth Liam Kiry: Sí, vaya que fue apresurado. No había ni necesidad de meter interés amoroso (Brave, I'm looking at you). Ni en los libros hay romance tan testarudo con Camicazi, y esos libros están bastante fuertes para ser infantiles XD. Y me pongo a pensar, que para los fans que no han visto la serie, que el compromiso entre Hiccup y Astrid en la secuela, debe verse aún más apresurado. Pero, en fin. Pasemos a otras cosas. Como pensar cual posición será la favorita de Gobber. Ok, no.
Hanasaki: Joder, no te estreses. XD. Espero con este capítulo hayas entendido más claramente el drama. Y sí, el pasado entre los ancestros de Hiccup es oscuro. Muy oscuro. Me quedé con el mentón colgando cuando leí al respecto. ¡Saludos!
